¿Por qué tiembla la Tierra?

•Junio 28, 2009 • 1 comentario

Jorge-Livraga

A poco de mi llegada a Lima he tenido la experiencia, si bien no nueva para mí, de sentir temblar la tierra. Ante éste, como ante cualquier otro fenómeno natural más o menos impresionante, nuestra endoculturación materialista nos trae explicaciones más empíricas que filosóficas, y así el estudio final y las causas profundas mueren confortablemente arropadas en razones mecánicas que si bien explican los medios, jamás los fines ni los principios.

¿Por qué tiembla la tierra?

Sin ser expertos geólogos, conocemos las actuales teorías sobre deslizamientos en la franja del geosinclinal andino y de las contrapresiones explicadas por la teoría de Wogoner sobre el frente-sial del macizo de los Andes, sin descartar la acción de los fuegos subterráneos que, según los más modernos aparatos, no están en el centro del esferoide terrestre como hasta ahora se creía, sino bastante más cercanos a la superficie. Pero todas estas explicaciones no responden en profundidad a la pregunta anterior:

¿Por qué tiembla la tierra?, atiéndase bien que no preguntamos ¿Cómo? sino ¿Por qué?

Si un carro se traslada, por ejemplo, desde Lima al Cuzco, la explicación del porqué de su traslado estaría en relación con los seres inteligentes y vivos que le manejan y el cómo, con el juego de compresión de gases que trasladarían sus impulsos, a través de una maquinaria motora, a las ruedas que giran apoyándose en el suelo y provocando el movimiento del carro sobre la carretera. Así la segunda explicación, puramente mecánica es cierta y explica lo estrictamente mecánico, pero no basta para solucionar el problema de porqué va ese carro de Lima a Cuzco y no a Callao o a Nazca o a cualquier otra parte. Tampoco explicaría, la pura razón mecánica, porqué se puso en marcha, ya que la ignición es “en cadena” pero algo exterior a ella tuvo que provocarla o iniciarla. Y todo esto viene a colación de lo que sigue:

Los científicos a la moda se conforman con las explicaciones mecánicas sobre los temblores de tierra, deteniéndose en los cómos, sin llegar jamás a los porqués. Es evidente que la tierra mantiene una ecología termomecánica, por no hilar demasiado fino, que es propia a todos los seres vivos. Cómo éstos acusan oscilaciones periódicas de temperatura, desde las diarias a las glaciaciones, seguidas por alzas que a manera de fiebres le acometen con intervalos de muchos miles de años. Ha sido niña y ahora envejece, endureciendo su piel y cargándolo de arrugas. Ostenta las cicatrices de sus choques con el mundo circundante en cráteres meteoritos. Ha cambiado varias veces su inclinación referente al plano de la eclíptica tal cual un ser vivo lo hace, aún cuando duerme en el suelo.

La tierra para los filósofos platónicos y neoplatónicos fue siempre definido como un Macrobios, o sea, como una gran unidad viviente, semejante a un animal. Las representaciones arcaicas hindúes que muestran a los hombre levantando sus palacios sobre el lomo de un monstruo cósmico y que hoy se interpretan como meras formas de ignorancia, tenían más esotéricas acepciones y estaban más cerca de la verdad, que los científicos contemporáneos. La tierra es un ser vivo.

Nuestro planeta, se estremece, sufre enfermedades, envejece y un día morirá. Su cadáver se desmenuzara en polvo cósmico tal cual el cuerpo de cualquier otro ser vivo lo hace sobre el polvo terrestre. Como en los intersticios de nuestra piel portamos millones de microbios, así nos lleva la Madre Tierra sobre la piel de sus “Escudos Continentales”. Paralelo no significa identidad. Semejanza no es igualdad.

Nos adelantamos a las críticas aceptando desde ya las diferencias que nuestros ejemplos contienen, pero como filósofos pedimos que se medite, asimismo, sobre las semejanzas. Y pedimos que se medite, no por un simple afán especulativo ó sensacionalista, sino porque, al entender y percibir que la tierra es un ser vivo nos llevara inexorablemente a una cosmovisión diferente, aclarándose para nosotros muchos enigmas, confortándose nuestros corazones al percibir que no somos simples “casualidades” viviendo porque sí en una roca muerta que gira estupidamente en el vacío inerte, sino seres humanos en el mejor sentido de la palabra, enlazados por leyes de causa y efecto a nosotros mismos, a nuestros semejantes y a todos los seres que habitan el universo, tengan la forma y dimensiones que tengan.

Y la tierra es uno de ellos. Un ser vivo del cual nos alimentamos y en el cual vivimos, un compañero de viaje, finalmente, en este aventurero andar de los caminos del tiempo y del espacio, al que debemos cuidar de no envenenar con nuestros detritus artificiales y contaminantes, pues la suerte de la humanidad, por muchos miles de años está aún ligada a la suerte de la Tierra. Y porque debemos respetar y no destruir inútilmente ninguna forma de vida, sea un planeta o una hormiga.

¿Por qué tiembla la Tierra?

Por lo mismo que, ocasionalmente, tiemblas tú, lector. La tierra es un ser vivo.



La Escritura de Isis sin Velo

•Mayo 12, 2009 • Dejar un comentario

H-Steel-Olcott-2009Por Henry Steel Olcott

Publicado en Old Diary Leaves, Vol. I, 1895

Traducción y Redacción: Eulalia M. Díaz



De la escritura de Isis Sin Velo, de Madame Blavatsky, veamos qué recuerdos nos trae la memoria, sacados del cuarto oscuro donde se guardan sus imperecederos negativos.

Si pudiéramos decir alguna vez que un libro hizo época, sería éste. Sus efectos han sido tan importantes en cierto sentido, como lo fueron los primeros trabajos de Darwin. Ambos fueron ondas de la marea dentro del pensamiento moderno, y ambos tendieron a barrer las crudezas teológicas y reemplazar la creencia en el milagro con la creencia en la ley natural. Sin embargo, nada podría haber sido más común y poco ostentoso que el comienzo de Isis.

Un día, en el verano de 1875, H. P. B. me mostró algunas hojas manuscritas y me dijo: Escribí esto anoche por orden, pero no sé lo que será. Quizás sea para un artículo periodístico, o para un libro, o tal vez para nada. De todos modos, hice lo que me ordenaron.

Después lo guardó en una gaveta y nada más se dijo del mismo durante un tiempo. Pero en el mes de septiembre, si la memoria me es fiel, H. P. B. fue a Siracusa (N.Y.) a visitar a sus nuevos amigos, el Profesor y la Sra. Corson, de la Universidad de Cornell, y el trabajo prosiguió.

Me escribió diciéndome que sería un libro sobre la historia y la filosofía de las Escuelas Orientales, y su relación con las de nuestro tiempo. Dijo que estaba escribiendo sobre cosas que nunca antes había estudiado, y que estaba tomando citas de libros que jamás había leído en su vida

Para comprobar si esto era cierto, el Prof. Corson comparó sus citas con obras clásicas de la biblioteca de la Universidad y encontró que ella estaba en lo cierto.

Cuando regresó a la ciudad no estaba demasiado laboriosa al respecto, sino más bien escribía esporádicamente, y lo mismo sucedió durante la época en que vivió en Filadelfia. Pero un mes o dos después de la formación de la Sociedad Teosófica, ella y yo tomamos dos habitaciones en el 433 West 34 St., ella en el primer piso y yo en el segundo, y desde entonces la escritura de Isis comenzó sin parar y sin interrupción hasta completarse en 1877.

H. P. B. no había hecho labor literaria alguna en toda su vida; sin embargo, jamás yo conocí, ni siquiera a un periodista jefe de un diario, que pudiera comparársele por su tremendo aguante e incansable capacidad de trabajo. Pasaba desde la mañana hasta la noche en su mesa de trabajo, y rara vez nos íbamos a acostar antes de las 2:00 a.m.

Durante el día, yo tenía que atender mis labores profesionales, pero luego de una cena temprana, nos sentábamos juntos en nuestra gran mesa y trabajábamos como si nos fuera la vida en ello, hasta que la fatiga nos obligaba a parar.

¡Qué experiencia! La educación de una vida entera de lectura y pensamiento, de pronto se vio repleta y comprimida para mí en este período de menos de dos años. Yo no le servía únicamente como su amanuense o corrector de estilo, sino que me convirtió en su colaborador. Tal parecía que me hacía utilizar cuanto yo había leído o pensado, y estimulaba mi cerebro a pensar en nuevos problemas que me planteaba sobre ocultismo y metafísica, a los cuales mi educación nunca me había llevado, y que sólo pude comprender a medida que mi intuición iba desarrollándose bajo este proceso forzado. Ella no trabajaba con plan fijo alguno, sino que las ideas afluían a su mente como un perenne manantial cuyas aguas se derramaran.

En determinado momento estaba escribiendo sobre Brahma, y al minuto siguiente sobre el gato eléctrico meteórico de Babinet. A veces estaba citando con reverencia a Porfirio, y al instante siguiente estaba tomando una cita de un periódico o de algún panfleto moderno que yo acababa de traer a la casa. Podía estar adorando las perfecciones del Adepto ideal, y de pronto se distanciaba de ello para darle un porrazo al Prof. Tyndall o a alguna otra persona que no fuese de su agrado, con su crítica porra. De cualquier modo, como un arroyo incesante, cada párrafo completo continuaba viniendo, y podía ser cortado sin daño alguno del posterior o el precedente. Incluso como está ahora, después de todas sus numerosas revisiones, un examen del maravilloso libro mostrará que éste es el caso.

Si ella, a pesar de su conocimiento, carecía de plan de trabajo alguno, ¿no sirve eso para probar que ese trabajo no fue concebido por ella, sino que ella fue un canal por el cual esa oleada de fresca esencia vital se derramó sobre las estancadas aguas del pensamiento espiritual moderno?

Como parte de mi adiestramiento educacional, H. P. B. solía pedirme que le escribiera algo sobre un tema especial, y acaso me sugería los puntos más sobresalientes que debía contener, o me dejaba que yo hiciera lo mejor que pudiera con mis propias intuiciones. Cuando terminaba, si no le servía, usualmente imprecaba, y me soltaba unos cuantos improperios de esos que casi provocan un impulso homicida. Pero si yo estaba listo para romper mi desafortunada composición, ella me la quitaba de las manos y la dejaba a un lado para un posterior uso cualquiera después de acortarla un poco, y yo volvía a tratar de escribir algo de nuevo.

Su propio manuscrito con frecuencia era algo digno de ver. Estaba cortado, pegado, vuelto a recortar y a pegar de nuevo, de tal forma, que si uno lo miraba a trasluz, podía ver que tenía quizás seis, u ocho, o diez pedazos de papel cortados de otras páginas y pegados todos juntos, con el texto unido por palabras u oraciones interlineadas. Tan hábil se convirtió en hacer este trabajo, que con frecuencia se jactaba humorísticamente de esta capacidad suya ante los amigos presentes. Nuestros libros de referencia algunas veces sufrían igualmente en este proceso, porque el emplane de los textos se hacía sobre sus propias páginas, y hay volúmenes en las bibliotecas de la sede de Adyar y de Londres que aún portan las huellas.

Desde que hizo su primera aparición en el Daily Graphics en 1874, a través de su carrera americana, H. P. B. siempre estuvo rodeada de visitantes, y si entre ellos por casualidad había alguno que tuviera algún conocimiento especial de cualquier cosa conocida dentro de su campo de trabajo, invariablemente lo buscaba y, si era posible, hacía que escribiera sus puntos de vista o sus recuerdos para insertarlos en su libro.

Algunos ejemplos de esta clase son el recuento del Sr. O´Sullivan sobre un trance mágico que tuvo lugar en París; un interesante dibujo del Sr. Rawson de las iniciaciones secretas de los drusas del Líbano; las numerosas notas del Dr. Alexander Wilder con párrafos de texto en la Introducción y en ambos volúmenes, y otras más que añadieron valor e interés a la obra.

Conocí a un rabino judío que pasaba horas y noches enteras en compañía de H. P. B. discutiendo sobre la Cábala, y le escuché decir que, aunque él había estudiado la ciencia secreta de su religión durante treinta años, ella le había enseñado cosas con las que él ni siquiera soñaba, y le había dado una clara luz sobre pasajes que ni siquiera sus mejores maestros habían comprendido.

¿De dónde obtuvo ella este conocimiento? De que lo poseía no había duda alguna, ¿pero dónde lo obtuvo? No fue de sus institutrices en Rusia, ni de ninguna otra fuente conocida de su familia o sus amigos más íntimos, ni tampoco de los trenes o los barcos de vapor donde viajó cuando empezó a vagar por el mundo después de sus 15 años, ni de ninguna universidad porque jamás se matriculó en alguna, ni de las grandes bibliotecas del mundo.

A juzgar por sus conversaciones y sus hábitos antes de emprender esta enorme obra literaria, ella no había aprendido nada de esto, ni de una fuente ni de otra, pero cuando necesitaba la información la tenía a mano, e incluso en sus mejores momentos de inspiración –si el término es admisible– ella asombraba a los más eruditos por su conocimiento, como mismo asombraba a todos los presentes con su elocuencia y los deleitaba con su alegría y su burlón humorismo.

Uno creería, viendo las numerosas citas de Isis Sin Velo, que ella las escribió en una alcoba del Museo Británico o de la Biblioteca Astor en Nueva York. La realidad es, sin embargo, que nuestra biblioteca completa contenía escasamente unos 100 libros de referencia.

De vez en cuando, el Sr. Sotheran, el Sr. Marble, u otros amigos le traían un libro, y posteriormente ella le pidió prestado algunos más al Sr. Bouton. De algunos libros hizo gran uso, por ejemplo, Gnostics, de King; Rosicrucians, de Jennings; Sod and Spirit History of Man, de Dunlop; Hindu Pantheon, de Moor; de los furiosos ataques contra la magia, el mesmerismo, el espiritualismo, etc. hechos por Mousseaux, todos los cuales él denunció como obra del diablo; de varios trabajos de Eliphas Levi; de los 27 volúmenes de Jacolliot, y de las obras de Max Muller, Huxley, Tyndall, Herbet Spencer, y otros grandes autores de más o menos fama, pero que no pasaban de un centenar, diría yo.

Entonces, ¿qué libros consultó, y a qué biblioteca tuvo acceso? El Sr. W. H. Burr le preguntó al Dr. Wilder en una carta abierta enviada a la publicación Truth-Seeker, si el rumor que corría era cierto de que él había escrito Isis para H. P. B., a lo cual nuestro querido y viejo amigo respondió que ese rumor era realmente falso, y que él había hecho tanto por H. P. B. como yo había indicado anteriormente, que le había dado muchos buenos consejos, y que, por consideración, había preparado el enorme Índice, de unas 50 páginas, a partir de las pruebas de plana que le enviaron para tal finalidad. Eso fue todo.

Y también carece de fundamento alguno la historia, frecuentemente repetida, de que fui yo quien escribió el libro y ella fue quien le dio el toque final. Fue exactamente lo opuesto. Yo corregí cada página del manuscrito varias veces, e incluso revisé las pruebas. Escribí muchos párrafos para ella, que con frecuencia contenían solamente sus propias ideas, ya que ella incluso entonces (unos 15 años antes de su muerte, al igual que antes de su completa carrera como escritora de literatura inglesa) no podía a veces estructurar las ideas en inglés de una forma que fuese de su agrado. Yo la ayudaba a encontrar las citas y realizaba otros trabajos puramente auxiliares. Pero el libro es de ella sola en lo que a personalidades en este plano de manifestación se refiere, y ella debe recibir todos los elogios y todas las culpas que por ello merezca.

Ella hizo época con su libro y, durante su preparación, me convirtió a mí en su alumno y ayudante, tan adecuado como haya podido hallárseme realizando el trabajo teosófico durante estos pasados veinte años.

Entonces, ¿de dónde H. P. B. sacó los materiales con los cuales compuso Isis, que no pueden acreditarse a las fuentes literarias que ella tenía a su alcance para sacar las citas?

De la Luz Astral, a través de su intuición, y de sus Maestros, los “Hermanos”, “Adeptos”, “Sabios”, “Maestros”, todas las diversas maneras en que han sido llamados. ¿Cómo lo sé? Porque trabajé dos años con ella en Isis, y muchos más en otros trabajos literarios.

Verla trabajar era una experiencia insólita e inolvidable. Usualmente nos sentábamos en lados opuestos de una gran mesa, desde donde yo observaba todos sus movimientos. Su pluma iba volando sobre las páginas cuando de pronto ella paraba, se quedaba mirando al espacio con esa vaga mirada del clarividente, enfocaba su vista como para ver algo invisible que estuviera flotando en el aire delante de ella, y comenzaba a copiar en el papel lo que veía. Cuando la cita terminaba, sus ojos asumían de nuevo su expresión natural, y luego ella continuaba escribiendo hasta que de nuevo se detenía para realizar otra interrupción similar.

Recuerdo dos ocasiones en que también yo pude ver, e incluso tocar, libros de cuyos duplicados astrales ella había copiado citas para su manuscrito, cuando H. P. B. se vio obligada a “materializarlos” para mí, para yo poder corroborar las referencias cuando estuviera leyendo las pruebas, y rehusé aprobar las páginas tal y como estuvieran, a menos que mis dudas sobre la exactitud de su copia quedasen satisfechas. Uno de ellos era un trabajo francés sobre fisiología y psicología. El otro, también de un autor francés, era sobre una rama de la neurología. El primero estaba escrito en dos volúmenes, encuadernado en piel, y el otro en papel. Por entonces, vivíamos en el 302 West 47th Street, la famosa “lamasería” y sede ejecutiva de la Sociedad Teosófica.

Le dije: “No puedo dejar pasar esta cita así, porque estoy seguro de que no puede ser como está escrita.” Ella me contestó: “Ah, no te preocupes, así está bien, déjala pasar”. Rehusé hacerlo, hasta que finalmente me dijo: “Bueno, espérate un minuto y trataré de buscarla”. La mirada distante vino de nuevo a sus ojos, y al momento ella me señaló una esquina lejana de la habitación donde había un estante con algunos adornos, y con una voz hueca me dijo: “¡Allí!”, y entonces volvió a ser ella misma.

¡Ve allí, ve a buscarla allí” Fui hasta allí y encontré los dos volúmenes que quería, a pesar de que yo, hasta ese momento, no tenía conocimiento alguno de que los mismos estuviesen en la casa.

Comparé el texto con la cita de H. P. B., y le mostré que yo estaba en lo cierto respecto de mi sospecha de que había un error, hice la corrección en la prueba y entonces, a petición suya, volví a colocar los dos volúmenes en el mismo sitio sobre el estante del cual los había tomado. Regresé a mi asiento a trabajar, y al poco rato, cuando volví a mirar hacia allí, ¡los libros habían desaparecido! Después de narrar esta historia (absolutamente cierta), los escépticos e ignorantes pueden sentirse en completa libertad para dudar de mi salud mental. Espero que les asiente. Lo mismo pasó en el caso de otro aporte de otro libro, pero éste no desapareció, sino que se encuentra en posesión nuestra en estos momentos.

La “copia” de H. P. B. presentaba las más marcadas faltas de parecido en distintos momentos. Pese a que la escritura en general tenía una característica peculiar que hacía que quienes estuvieran familiarizados con ella la reconocieran siempre como una página escrita por H. P. B., cuando uno examinaba las hojas cuidadosamente, descubría por lo menos tres o cuatro variaciones en el estilo, y cada una de ellas se mantenía a lo largo de varias páginas, dando paso luego a otras variantes caligráficas. Vale decir que casi nunca –o nunca, según ahora recuerdo—había más de dos estilos en una misma página, e incluso dos solamente cuando un mismo estilo prevalecía a lo largo del trabajo de una noche, o quizás de la mitad de la noche, y luego cedía el paso súbitamente a otro, que continuaba durante el resto de la noche, o durante la noche entera, o hasta la “copia” de la mañana.

Una de estas letras de H. P. B. era muy pequeña, pero plana; otra era fuerte y libre; otra, plana y de mediano tamaño, pero muy legible, y otra eran unos garabatos muy difíciles de leer, con extrañas letras a, x y e. También había una enorme diferencia en el inglés utilizado en estos diversos estilos. Algunas veces yo tenía que hacer varias correcciones en cada línea, mientras que otras veces podía pasar varias páginas sin que hubiera una falta idiomática o gramatical que necesitara corrección. Los manuscritos más perfectos de todos eran los que se escribían mientras ella dormía. El comienzo del capítulo sobre la civilización del Antiguo Egipto (vol. I, cap. XIV) es una ilustración.

Habíamos parado de trabajar allí la noche antes alrededor de las 2:00 a.m., como era lo usual, y ambos estábamos demasiado cansados para pararnos a fumar y conversar antes de separarnos. Ella prácticamente se quedó dormida en su silla cuando yo le estaba dando las buenas noches, conque me apresuré a irme a mi habitación. A la mañana siguiente, cuando bajé luego de tomar mi desayuno, ella me mostró una pila de por lo menos treinta o cuarenta páginas bellamente escritas para el manuscrito de H. P. B. que, según me dijo, fueron escritas para ella por… bueno, por un Maestro, cuyo nombre nunca ha sido tan degradado como los de otros. Eran perfectas en todo sentido y se fueron a la imprenta sin más revisión.

Ahora, un hecho curioso era que cada cambio en el manuscrito de H. P. B. estaba precedido por la salida de ella de la habitación un momento, o por la entrada en ese estado de trance o abstracción, cuando su mirada se tornaba inexpresiva y parecía mirar al espacio que estaba más allá de mí, y luego regresar casi de inmediato a su estado normal. Después había un evidente cambio de personalidad, o más bien de rasgos personales en su forma de andar, en la voz, en la vivacidad de sus maneras y, sobre todo, en su temperamento.

El lector de su libro Caves and Jungles of Hindustan (Las Cuevas y Selvas de Indostán) recordará cómo la pitonisa salía a cada rato y regresaba bajo el control, como alegaba, de una diosa diferente. Así mismo ocurría con H. P. B. Salía de una habitación como una persona y regresaba a ella como otra. No es que fuese otra en algún cambio visible de su cuerpo físico, sino en cuanto a su forma de moverse, de hablar y a sus maneras, con una distinta agudeza mental, con diferentes puntos de vista, con un distinto dominio de la ortografía en inglés, del idioma y la gramática, y un control muy distinto de su temperamento, que en sus momentos más alegres era casi angelical, y en otros era lo contrario. Algunas veces, mi estúpida incapacidad para redactar las ideas como ella deseaba que yo las escribiera, las tomaba con paciente benevolencia.

Otras veces, quizás ante errores más ligeros, ¡parecía estar lista para estallar de furia y aniquilarme en el acto! Esos accesos de ira eran, sin duda, explicables a veces por su estado de salud y de aquí que fuesen normales. Pero esta teoría no sería suficiente para explicar algunas de sus crisis.

A. P. Sinnett la describe admirablemente en una carta privada como una mística combinación de diosa y tártara, y observando sus cambios de conducta dice al respecto:

“Ella no tenía ciertamente ninguno de los atributos superficiales que uno puede esperar de un maestro espiritual. Y el hecho de cómo ella podía ser tan filosófica como para dar el mundo entero a cambio del avance espiritual, y ser al mismo tiempo igualmente capaz de entrar en un apasionado frenesí por cualquier molestia común, constituyó un profundo misterio para nosotros durante largo tiempo…” (174). (1)

Pero con la teoría de que, cuando su cuerpo era ocupado por un sabio ella tenía que actuar con la tranquilidad del sabio, y cuando no, pues no, el rompecabezas queda resuelto. Su bien amada tía, la señora N. A. F., quien la quería mucho y a quien ella quiso con pasión hasta el día de su muerte, le escribió al Sr. Sinnett que su extraño temperamento excitable –una de sus más marcadas características–siempre se hizo evidente desde su juventud.

Incluso por entonces le daban arrebatos ingobernables, y mostraba una enorme tendencia a rebelarse contra cualquier clase de autoridad o control.

H. P. B., hablando sobre sí misma en una carta familiar (Op. Cit., p. 157), se refirió a su experiencia física cuando escribía su libro:

“Cuando escribía Isis, la escribía muy fácilmente, tanto que ciertamente no era trabajo alguno, sino un verdadero placer. ¿Por qué he de ser elogiada por ello? Cuando me dicen que escriba, me siento y obedezco, y puedo escribir fácilmente de casi cualquier cosa: metafísica, psicología, filosofía, religiones antiguas, zoología, ciencias naturales, y de qué no. Nunca me pregunto: “¿podré escribir sobre este tema?” o “¿estoy apta para esta tarea?”, sino que simplemente me siento y escribo. ¿Por qué? Porque alguien que lo sabe todo me lo dicta: mi Maestro, y ocasionalmente otros a quienes conocí en mis viajes hace años.

Por favor no se imaginen que he perdido mis facultades. Ya les he hablado con anterioridad ligeramente sobre ellos…, y les digo sinceramente que cuando escribo sobre un tema, sé muy poco o nada del mismo. Yo simplemente me entrego a Ellos y uno de Ellos me inspira, o por ejemplo, me permite sencillamente copiar lo que escribo de otros manuscritos, e incluso de materiales impresos que pasan en el aire por delante de mis ojos, durante un proceso en el cual nunca he estado inconsciente ni un solo instante.”

Una vez le escribió a su hermana Vera sobre el mismo asunto: su forma de escribir.

“Podrás no creerme, pero te aseguro que al decirte esto estoy diciéndote la verdad. Yo estoy ocupada, no sólo con la escritura de Isis, sino con Isis misma. ¡Vivo en una especie de encantamiento permanente, una vida de visiones y visitaciones con los ojos abiertos, y sin posibilidad alguna de ser engañada por mis sentidos!

Me siento y observo a la clara diosa constantemente, y según ella despliega ante mí el significado oculto de sus secretos, largo tiempo perdidos, y el velo se torna más fino cada hora y más transparente, éste gradualmente se cae ante mis ojos y yo contengo el aliento y difícilmente puedo dar crédito a mis sentidos!

Durante varios años, para no olvidarme de lo que aprendí en otros sitios, me hacían tener permanentemente delante de mis ojos todo lo que necesitaba ver. Así, noche y día, las imágenes del pasado siempre están desfilando ante mi ojo interno. Lentamente, y deslizándose en silencio como las imágenes de un panorama encantado, siglo tras siglo aparece ante mí… Y yo tengo que conectar esas épocas con ciertos sucesos históricos, y yo sé que no habrá error. Razas y naciones, países y ciudades, emergen en siglos pasados, luego se desvanecen y desaparecen durante otro, y luego me dicen la fecha precisa…

Las mayor antigüedad da paso a períodos históricos, los mitos se explican con hechos reales y personajes que existieron en la realidad, y cada acontecimiento importante o no importante, cada revolución, es una nueva hoja que se pasa en el libro de la vida de las naciones, con su incipiente curso y consecuencias naturales, y permanecen fotografiados en mi mente como si se hubiesen quedado impresos en colores indelebles… Cuando veo y observo mis pensamientos, éstos aparecen ante mí como si fuesen pequeños trozos de madera de varias formas y colores de un rompecabezas.

Voy cogiendo las piezas, una por una, y las voy poniendo a un lado hasta que encuentro la pieza que encaja con la otra, y al final siempre aparece algo geométricamente correcto… Yo ciertamente rehúso atribuir eso a mi propio conocimiento o a mi memoria, porque yo nunca podría llegar sola a ninguna de esas premisas o conclusiones. Te digo muy seriamente que estoy siendo ayudada. Y quien me ayuda es mi gurú.” (Op. Cit., 157-8).

Los lectores a quienes les gusta comprobar estos asuntos psíquicos tan únicos llevándolos hasta el final, no dejarán de comparar las explicaciones anteriores que ella da sobre sus estados de conciencia, con una serie de cartas enviadas a su familia que comenzaron a imprimirse en la revista Path (N.Y., 144 Madison Ave.), en diciembre de 1894. En ellas, H. P. B. admite francamente que su cuerpo era ocupado en esos momentos, y el trabajo literario era hecho por otras entidades que me enseñaron a través de sus labios y que entregaron un conocimiento que ella misma no poseía en modo alguno en su estado normal.

Tomada en forma literal, tal y como se lee, esta explicación difícilmente sea satisfactoria, pero si los pensamientos disgregados de su rompecabezas psíquico siempre encajaban juntos como para hacer el mapa de su rompecabezas estrictamente geométrico, entonces su trabajo literario debería estar libre de errores, y sus materiales seguir un esquema ordenado de lógica y secuencia literaria. Ni falta hace decir lo opuesto en este caso, que incluso cuando Isis Sin Velo salía de la prensa de Trow, después que Bouton gastó más de $ 600 en hacer las correcciones y los cambios requeridos en las pruebas de galera, en las páginas, y en las pruebas de las placas (2), eso era, y sigue siendo hasta hoy día, algo sin un definido plan literario.

El volumen I dice estar dedicado a asuntos de Ciencia. El volumen II, al tema de la Religión, pero hay muchas partes dentro de cada volumen que corresponden a otro sitio, y la Srta. Kislingbury, quien hizo un esquema del Índice del volumen II la misma noche en que yo estaba haciendo el del volumen I, puede dar testimonio de las dificultades que ambos confrontamos tratando de determinar características que nos permitieran trazar un plan concreto para cada uno de nuestros volúmenes.

Entonces, de nuevo, cuando el editor se negó rotundamente a invertir más capital en esta aventura, ya habíamos preparado suficiente material para hacer un tercer volumen, pero éste fue rudamente destruido antes de que abandonáramos América. H. P. B. ni soñaba que pudiera llegar a utilizarlo en la India, en momentos en que el Theosophist, la Doctrina Secreta y otras posteriores producciones literarias ni siquiera habían sido pensadas. ¡Con cuánta frecuencia ella, y también yo, nos lamentamos por todo aquel valioso material que desperdiciamos sin pensarlo!

Habíamos trabajado en el libro durante varios meses y ella ya había entregado las 870 páginas del manuscrito, cuando una noche me preguntó si yo estaría dispuesto y de acuerdo (para complacer a nuestro Paramagurú), ¡en empezarlo todo de nuevo!

Recuerdo bien la impresión que me llevé al pensar que todas esas semanas de ardua labor, de tormentas psíquicas y de enredos arqueológicos que le rompían a uno la cabeza, debían contar –como yo, en mi tremenda e ignorante ceguera imaginaba– para nada. Sin embargo, como mi amor, reverencia y gratitud hacia este Maestro, y hacia todos los Maestros por darme el privilegio de compartir este trabajo suyo no tenía límites, consentí en ello y pusimos manos a la obra.

Fue bueno para mí que así lo hice, porque habiendo probado mi firmeza de propósito y mi lealtad a H. P. B., obtuve una amplia recompensa espiritual. Los principios me fueron explicados, me dieron numerosas ilustraciones de la forma en que operan los fenómenos psíquicos, y recibí ayuda para experimentar por mí mismo.

Se me permitió conocer y beneficiarme del haber conocido a varios Adeptos hasta donde estaba apto para ello –tanto como mi enorme terquedad y autosuficiencia mundana práctica me lo permitían– para el entonces insospechado futuro trabajo público que desde entonces fue historia.

Muchas personas con frecuencia han pensado que era muy extraño, de hecho incomprensible, que de todos aquellos que ayudaron al movimiento teosófico, con frecuencia a costa de sus mayores sacrificios, yo fuese el único más favorecido con experiencias personales con los Mahatmas, y el hecho de que su existencia sea para mí tan real como la de mis propios parientes o amigos más íntimos. La razón no sabría explicarla. Yo sé lo que sé, pero no por qué muchos de mis colegas no saben lo mismo.

Pero, por lo visto, muchas personas me dicen que su fe en los Mahatmas comenzó después de mi testimonio firme y resuelto, que complementa las declaraciones de H. P. B. Probablemente fui tan bendecido porque tenía que impulsar esa nave llamada “Teosofía” con H. P. B. y los Maestros de H. P. B. adentro, y guiarla a través de muchos remolinos y ciclones, cuando nada menos que el actual conocimiento de la sólida base de nuestro movimiento, me habría impulsado a mantenerme firme en mi puesto.


“…La muerte no existe, y el hombre jamás

sale de la vida Universal. Aquellos a quienes

creemos muertos, viven todavía en nosotros,

como nosotros vivimos en ellos…Cuanto más

uno vive por sus semejantes, tanto menos temor

debe tener en morir. El que vive por la humanidad

hace más aún que aquel que por ella muere.”

(H. P. Blavatsky – Isis sin Velo)

Isis-cover

Notas:

(1). Sinnett, A. P. Incidentes en la Vida de Madame Blavatsky. Londres: Theosophical Publishing House, 1913.

“… La más ligera contradicción provocaba una explosión de pasiones, casi un ataque de convulsiones.” (Ibid. 19).

(2). [Bouton] me escribe el 17 de mayo de 1887: “Las correcciones ya han costado alrededor de $ 280.00 y, a ese paso, para cuando el libro se publique se verá afectado por un costo tan alto, que cada copia de los primeros 1,000 ejemplares costarán mucho más que lo que obtendremos por ellos, lo cual, en principio, es algo muy desalentador.

El costo de la composición del primer volumen solamente (con el mecanografiado) asciende a $ 1,359.69, y esto es por un volumen nada más, ¡sin contar el papel, la impresión y la encuadernación! Queda de usted, sinceramente, J. W. Bouton.” No sólo ella hizo un sin fín de correcciones en el texto mecanografiado, sino que después de quemadas las placas, hizo que las cortaran para eliminar el material viejo y sustituirlo con nuevas cosas que se le habían ocurrido, o que se le ocurrieron durante su lectura.

Lámpara Inextinguible

•Mayo 8, 2009 • Dejar un comentario

HPB-LotoBlanco

Lámpara Inextinguible,

Encendida en el Inmemorial

Río del Misterio.


Luz cálida en la fría noche

del oscuro tiempo.


Mensajera de la memoria,

Ofrenda pura del Inmortal

Recuerdo.


Gracias por el Altar de Gloria

y el Honor del Reencuentro;

por permanecer despierta,

por velar sin tregua

trazando el rumbo.


Gracias por Vencer

en el campo de los derrotados,

por la Buena Nueva,

por mantener el Viejo Pacto.


Gratitud por más de un siglo

de Sueños y Peregrinajes.


Gloria eterna a los Maestros y Guardianes.


En la cima de esa Vieja Montaña

un nuevo Loto Blanco se abre.


L. A. V.

FireLamp

El Mito de Prometeo

•Abril 28, 2009 • Dejar un comentario

Escrito de: Franziska M. Roos.

Traducido del inglés por: Roelan O. Roos.



Prólogo

¿Quién, confiando en su propia habilidad, va a marcar con regla y trazo la línea divisoria que separa lo Humano de lo Divino?

“La historia religiosa y esotérica de cada nación estaba embebida en símbolos; jamás fue expresada en tantas palabras. Todos los pensamientos y emociones, todo el aprendizaje y el conocimiento, revelado y adquirido, de las primeras razas, encontraron su expresión pictórica en la alegoría y la parábola.”


En tiempos antiguos el método favorito para inculcar ciertas verdades en la mente del hombre fue por medio de los mitos. Los eventos históricos, los hechos científicos e ideas religiosas y filosóficas fueron el meollo de la verdad en torno al cual se tejía un ornamento mítico, y los actores eran dioses, semidioses o aun animales. Blavatsky, en La Doctrina Secreta, nos da una clave septenaria para la interpretación de estos mitos.


Ella nos dice: “Ahora bien, todos los dioses del Olimpo así como aquellos del Panteón Hindú y los Rishis, fueron personificaciones septiformes:

1- del noúmeno de los Poderes inteligentes de la naturaleza; 2- de las Fuerzas Cósmicas; 3- de los cuerpos celestes; 4- de los dioses o Dhyân Chohanes; 5- de los poderes psíquicos y espirituales; 6- de reyes divinos en la Tierra (o las encarnaciones de los dioses); y 7- de héroes terrestres u hombres.


El conocimiento de cómo discernir entre estas siete formas la que se requiere, perteneció siempre a los Iniciados, cuyos primeros antecesores crearon este sistema de simbología y alegoría.”

Podemos preguntarnos hoy en día por qué estos antiguos maestros emplearon este método semivelado para expresar ideas. ¿Por qué adornar la verdad con toda esta vestimenta alegórica si podía darse en forma sencilla y práctica?

Yo creo que una de las razones de esto fue la misma para ellos en la antigüedad como es para nosotros hoy en día, si queremos que nuestros hijos se den cuenta cabalmente de una lección moral mediante una fábula; para estimular los poderes de reflexión, análisis e intuición y dejar al oyente encontrar la verdad por sí mismo.

Mi propósito será tratar de explicar un mito muy antiguo y uno de los más grandiosos en el Panteón griego, el del héroe cultural Prometeo, y hacer notar, con la ayuda de la Filosofía Tradicional, una parte de la verdad en él contenida.


Existen diferentes narraciones en la mitología griega sobre el mito de Prometeo, una por Hesiodo y la otra por Esquilo; además de esto, Prometeo aparece también en diferentes leyendas griegas. Pero de esto no debe inferirse que el mito tuvo su origen con los griegos.

Mucho antes de este tiempo se representaba durante los Misterios Sabatianos y sólo se repitió en forma dramática por Esquilo. Él fue acusado de sacrilegio por los atenienses y condenado a ser apedreado hasta la muerte por haber profanado los Misterios exponiéndolos en sus trilogías en los estrados públicos.

Por lo pronto voy a utilizar principalmente el mito dado por Hesiodo en su Teogonía, y sólo tomando de aquí y allá algunos detalles de Esquilo, como se verá a continuación.



I) El Mito de Prometeo

Prometeo es el hijo de Iapetus, el Titán, y de la ninfa del océano, Climene; es hermano de Atlas, Menoetius y Epimeteo, y padre de Deucalión. “Cuando los dioses, después de su conquista de los Titanes, estuvieron negociando con la humanidad sobre el honor que se les debería rendir, a Prometeo se le encargó el deber de dividir una víctima como sacrificio a los dioses. Él se esforzó por embaucar a Zeus dividiéndola de tal manera que hábilmente ocultó la mitad que consistía de carne y las entrañas comestibles debajo de la piel del animal, y encima poner la peor parte, el estómago, mientras que juntó los huesos en un montón y los cubrió con sebo.

Zeus adivinó la estratagema, pero por su enemistad hacia el hombre, escogió adrede la peor porción y se vengó rehusándoles a los mortales el uso del fuego. En seguida Prometeo se robó el fuego del Olimpo y se lo llevó al hombre en un carrizo hueco. Como contraste a esta gran bendición, Zeus resolvió enviar un mal igualmente grande. Hizo que Hefestos creara del barro una mujer hermosa llamada Pandora, esto es, la toda talentosa; ya que los dioses la obsequiaron con toda clase de adornos y encanto, pero también de mentiras, palabras lisonjeras y una mente astuta.


Hermes se la llevó al llamado Epimeteo (este es, el hombre de la idea tardía, ya que nunca pensaba en lo que hacía hasta que no se metía en un lío), hermano de Prometeo, con una jarra [caja] como su dote, en donde estaban encerrados toda clase de males. A pesar de las advertencias de su hermano de no recibir ningún obsequio de Zeus, quedó atrapado por sus encantos y se casó con ella. Pandora abrió la jarra [caja], y de allí surgieron toda clase de males, problemas y enfermedades, antes desconocidos por el hombre, que se desparramaron por todo el mundo.

Sólo la Esperanza ilusoria quedó en la jarra [caja], ya que antes de que pudiera escapar, Pandora le puso de nuevo la tapa [cerró la caja]. Pero Prometeo tuvo que encararse con su castigo. Zeus lo amarró con grillos diamantinos a un pilar con un águila para que en el transcurso del día se comiera su hígado, que crecía de nuevo durante la noche. Al fin Heracles, con el consentimiento de Zeus, que deseaba acrecentar el renombre de su hijo, mató al águila y dejó en libertad al hijo de Iapetus.”



II) Zeus y Prometeo

Ciertamente sería muy difícil para ti aguantar mis sufrimientos, ya que a mí no me está permitido la muerte por destino. Eso hubiese sido encontrar inmunidad de mi desgracia; pero ahora frente a mí yace una labor sinfín hasta que llegue la hora en que Zeus caiga de su dictadura.


Antes de examinar la interpretación del mito, me referiré previamente a algunas enseñanzas con respecto a la formación del hombre. De acuerdo con estas enseñanzas, el hombre no es la creación milagrosa de un ser omnipotente, tampoco es un producto de fuerzas mecánicas evolutivas. No creemos que sea posible que la materia por sí sola podría ocasionar ni siquiera la producción de un cuerpo humano, mucho menos de un ser humano en sus aspectos mental y espiritual.


La Filosofía Esotérica nos enseña que “Todo el Kosmos está guiado, controlado, y animado por una serie casi sinfín de Jerarquías de Seres sensibles, cada una teniendo una misión que cumplir, y que…son los agentes de las Leyes Kármicas y Cósmicas. Estos varían infinitamente en sus grados de consciencia e inteligencia respectivos;…”


En otras palabras, creemos en seres inteligentes y activos detrás del velo de la materia, y que fueron algunos de ellos los que ayudaron a la producción del hombre, proporcionándole los principios para su ser. Mientras que una hueste de una posición evolutiva inferior le proporcionó a la humanidad un cuerpo y principios inferiores, otro, y más elevado, la dotó con las cualidades intelectuales y espirituales de su naturaleza. A estos Poderes creativos y formadores se les llama Pitris (Pitaras en Sánscrito) o “Padres” en La Doctrina Secreta y en alguna literatura oriental, y en la Biblia los Elohim.

Ahora, regresando a nuestro mito, son Zeus y Prometeo los tipos de estas dos huestes creativas. El hecho de que se dice que Zeus les negó a los mortales el uso del fuego, nos da la clave de su naturaleza. Él no hubiera dado el fuego al hombre simplemente porque no le podía proporcionar un elemento que no estaba en su propia naturaleza.


Aquí el fuego representa un símbolo de las cualidades mentales y espirituales y Zeus de las huestes creativas inferiores que moldearon la naturaleza inferior del hombre, cuyo hecho se simboliza en nuestro mito al escoger él las peores partes del animal sacrificado, el estómago y los huesos cubiertos de sebo. Pero es Prometeo el que roba el fuego divino del Olimpo y se lo lleva a los mortales, ese fuego que hasta ese momento había estado en la posesión únicamente de los dioses.

Este fuego celestial es el Manas Superior en el hombre y Prometeo la hueste que se lo dotó. Antes de esta época el hombre “…en un principio tenía ojos, pero toda su visión era vana; tenía oídos, pero no podía oír. En cambio, era como las formas que vemos en los sueños, y a través de su larga vida mezcló todas las cosas sin designio,…” (Prometeo Encadenado)


Por lo tanto, “en el caso de Prometeo, Zeus representa la hueste de los progenitores prístinos, de los Pitaras, los “Padres” que crearon al hombre sin sentido y sin mente alguna; mientras que el Titán divino representa a los creadores Espirituales, los devas que “cayeron” en la generación. Los anteriores hombres son espiritualmente inferiores, pero físicamente más fuertes, que los “Prometeanos”; por lo tanto, a estos últimos se les presenta como conquistados.


La hueste inferior, cuyo trabajo arruinó el Titán frustrando los planes de Zeus,” estaba en la tierra en su propia esfera y plano de acción; mientras que la hueste superior era una desterrada del Cielo, que se había enredado en las mallas de la materia. Los de las huestes inferiores, fueron amos de todas las fuerzas Cósmicas y titánicas inferiores; el Titán superior poseía únicamente el fuego intelectual y espiritual.”


En todas las teogonías antiguas aparece el tipo Prometeo, y en todas ellas él es el héroe cultural y filántropo sublime que salva al hombre de la obscuridad mental trayendo la chispa divina que Zeus no podía darle. Con él aparece el conocimiento y se inicia la civilización. Pero la chispa divina de la mente con el pasar del tiempo se vuelve más y más un esclavo de las pasiones ahora estimuladas y excitadas por los poderes mentales del pensamiento, la imaginación, la memoria y todo sustentado por la voluntad.


La Doctrina Secreta nos dice: “Este drama de la lucha de Prometeo con el tirano y déspota del Olimpo, el sensual Zeus, lo vemos representado cada día dentro de nuestra humanidad actual; las pasiones bajas encadenan a las aspiraciones más elevadas al peñasco de la materia, para producir en muchos casos el buitre de la pena, dolor y arrepentimiento.”

Este buitre es el águila de nuestro drama, el ministro de Zeus, que consume el hígado de Prometeo durante el día y que vuelve a crecer durante la noche, cuando el hombre, el pensador, puede por algunas cuantas horas retirarse a su propio plano durante el sueño del cuerpo, o si tomamos un ciclo mayor, entonces el “día” sería una encarnación en un cuerpo físico y un descanso en la condición subjetiva después de la muerte.



III) Hefestos y Pandora

En esos días primitivos de los masculinos-femeninos (hermafroditas); hubo criaturas humanas con cuatro brazos, con una cabeza, sin embargo con tres ojos.”

Veamos ahora a los siguientes dos personajes de nuestro drama, Hefestos y Pandora. Hay alguna semejanza entre Prometeo y Hefestos en la mitología griega. Este último también es un dios-fuego y héroe cultural, pero mientras que Prometeo origina toda la civilización con el don del fuego, Hefestos es principalmente un héroe cultural como un artesano en un aspecto secundario. Es el forjador divino del Olimpo y el dios del elemento fuego, especialmente en relación a volcanes. En realidad, su conexión con fuegos volcánicos es tan cercana que algunos consideraban que había sido originalmente un dios-volcán.


Para Homero, Hefestos trabaja en el Olimpo donde hace palacios de bronce para sí mismo y para las otras deidades. También tiene una forja en la isla sagrada o la isla de Hefestos en las islas Lipari, donde se le oye trabajar con sus compañeros los Cíclopes. Ya vimos que él fue el creador de Pandora, la primera mujer de acuerdo con Hesiodo; de su jarra [caja] se esparcieron sobre toda la Tierra todos los males. Sin embargo, de acuerdo con una historia posterior la jarra [caja] no contenía males, sino bendiciones, que se hubieran preservado para la raza humana sino se hubiesen perdido cuando el hombre mismo, por curiosidad, abrió la jarra [caja].


Se dice que Hefestos es idéntico a Vulcano, Caín y Marte, los cuales representan el poder de la generación. Cito de la Doctrina Secreta y de The Source o Measures [La Fuente de las Medidas] lo siguiente: “Ahora Marte era el señor del nacimiento y de la muerte, de la generación y de la destrucción,…Él fue el principio prístino, desintegrándose en la modificación de dos opuestos para la producción….Él, como nacimiento era bueno, como muerte era malo. Como bueno era la luz; como malo era la noche. Como bueno era hombre; como malo era mujer.”


Hefestos creando a Pandora, la primera mujer, tipifica ese gran cambio en la evolución de la humanidad cuando ocurrió la separación de los sexos del estado de hermafrodismo, como sucedió en la Tercera Raza Raíz, los Lemures. El hombre, habiendo sido andrógino, se volvió masculino y femenino. Fue otro peldaño en el proceso de la diferenciación como se alude en diferentes escritos religiosos.

En la Biblia se describe como la formación de la mujer a partir de una costilla de Adán, en el Banquete de Platón se dice lo siguiente sobre este tema: “Nuestra naturaleza de antaño no era la misma como lo es ahora. Era andrógina, la forma y el nombre siendo comunes tanto al masculino como al femenino….Sus cuerpos eran redondos, y su manera de correr era circular. Fueron terribles en su fuerza y vigor, y tenían una ambición prodigiosa. Por lo tanto, Zeus dividió cada uno de ellos en dos, haciéndolos más débiles; Apolo, bajo su dirección, cerró su piel.”


Y ahora Pandora, el regalo de Zeus, se volvió la compañera de por vida de Epimeteo, el hombre del “pensamiento tardío”. Evidentemente Epimeteo es un hombre de una mentalidad inferior que actúa más bajo el deseo momentáneo que bajo la guía de la reflexión y la intuición. Él rechaza el consejo de su hermano más sabio y se casa con un ser de apariencia hermosa pero de mente corrupta. La curiosidad no fue el menor de sus defectos y a través de esta sembró las semillas de un sufrimiento muy difundido para la humanidad. Lo único bueno que quedó en la jarra [caja] prohibida fue la Esperanza, que se quedó en el fondo como un bálsamo para todos esos males.


Es evidente que Epimeteo y Pandora significan la subsiguiente humanidad física después de la separación de los sexos, cuando la Edad de Oro de la humanidad hubo llegado a su fin. Conforme avanzaba el progreso material del hombre, su naturaleza sensual y su inteligencia física empezaron a dominar a su ser y perdió su poder espiritual de la intuición. Desde Prometeo, el hombre de previsión, con el correr del tiempo la humanidad se convirtió en Epimeteo, el hombre de la idea tardía.


Pero Pandora y su jarra [caja] de los males significa también el muy indeseado don de la mediumnidad; levanta la tapa de la jarra [caja] prohibida y un médium se expone a los males del plano astral.

El hecho de que los Cíclopes son los compañeros de Hefestos es otro indicio de la Raza Lemur. Están descritos en la mitología griega como de tamaño y fuerza gigantescas y con un sólo ojo en la frente. Esta última característica es una referencia al Tercer Ojo que la humanidad poseía en esos tiempos. “Los Cíclopes de un sólo ojo, los gigantes que en las fábulas se les conocía como hijos de Coelus y Terra (tres en total, de acuerdo con Hesiodo), fueron las tres últimas sub-razas de los Lemures, el “ojo único” refiriéndose al ojo de la Sabiduría; ya que los dos ojos frontales se desarrollaron completamente como órganos físicos únicamente al principio de la Cuarta Raza.”


Una referencia adicional a la misma Raza Raíz y a su continente Lemuria, lo encontramos en el hecho de que Hefestos hace palacios de bronce y es un dios-volcán. Los poetas griegos llamaron a la Tercera Edad (Tercera Raza) la Era de Bronce, que así como el bronce, es una mezcla de dos elementos (una alusión a la separación de los sexos) y Lemuria, la patria de esa Raza, se destruyó por actividad volcánica, y posteriormente se hundió.



IV) Heracles y Prometeo

Todos ustedes que podéis leer entre líneas, estudien la sabiduría arcaica en los antiguos dramas de los hindúes y los griegos; lean con cuidado… aquel representado hace 2400 años en los teatros de Atenas, a saber, Prometeo Encadenado.”

En el “Prometeo Encadenado” hay una profecía proferida por Hermes, el mensajero de los dioses. Al describir a Prometeo los sufrimientos que le esperaban por mucho tiempo, Hermes añade: “Y no esperes un fin por mucho tiempo a dolores como estos, hasta que no aparezca un dios para llevar a cuestas la carga de tus sufrimientos…”


El dios que aparece como el libertador de Prometeo es Heracles, o Hércules, un hijo de Zeus. Él representa en la mitología griega la encarnación de la fuerza viril y el aguante paciente.

En sus múltiples contiendas con amigos y enemigos, estos últimos en su mayoría con forma de animal, sale victorioso; pero su mayor enemigo a través de su vida es Hera, su propia madre. Cuando joven, tuvo que escoger si su gran fuerza la dedicaría al bien o al mal. Él se encontró con dos mujeres hermosas, llamadas Placer y Deber, y ambas le suplicaron a su vez que las siguiera. Después de haber escogido a Deber como su guía, le llegó la tarea de cumplir con sus doce labores, de las cuales la undécima era cortar tres manzanas doradas del árbol que estaba en el jardín de las Hespérides, que tenía como guardián a un dragón de cien cabezas que no dormía.


Ningún hombre sabía donde estaba ubicado este jardín, y Heracles al buscarlo, se topó con el lugar donde Prometeo yacía encadenado a una roca. En un principio vio al águila volando en su cruel misión, y la mató con una de sus flechas. Guiado así al lugar del castigo, le fue fácil al héroe desatarlo; Zeus no resintió esa osadía de su hijo, y dejó a un lado su disputa con el amigo del hombre. El prisionero agradecido, sabio con la edad y con la pena que sufrió en la soledad, pagó por su libertad dando buenos consejos a Heracles.


A primera vista, parece curioso que un hijo de Zeus se volviera el libertador de Prometeo cuando Zeus había sido su mayor oponente. Pero también notamos que existe una gran diferencia entre padre e hijo. El padre había sido un déspota de naturaleza pasional, mientras que el hijo es paciente y escogió como su guía en la vida al “Deber” en vez de al “Placer”. Pero mientras tanto la naturaleza de Zeus también parece haber sufrido un cambio, porque está de acuerdo con la liberación de Prometeo en vez de oponerse a ella.

Heracles representa aquí un nuevo tipo de humanidad por venir, una nueva Raza en la que el tirano apasionado, nuestra naturaleza inferior, se habrá transformado en un ser con paciencia, poder y conocimiento. Fue durante el onceavo juicio de Heracles, al ir en busca del Jardín de las Hespérides para cortar las manzanas doradas, que encontró a Prometeo.


El significado de estas manzanas lo encontramos en La Doctrina Secreta donde se dice que: “Universalmente en la antigüedad el Símbolo para el Conocimiento Secreto y Sagrado fue un Árbol, el cual también quería decir una Escritura o Registro. De aquí,…los “Dragones”, símbolos de la sabiduría, que protegen al Árbol del conocimiento; el Árbol de la manzana “dorada” de las Hespérides; los “Árboles exuberantes” y la vegetación del Monte Meru defendida por una serpiente. Juno dándole a Júpiter, en su matrimonio con él, un Árbol con fruto dorado es otra forma de Eva ofreciéndole a Adán la manzana del Árbol del Conocimiento.”

En otras palabras: el hombre va a encontrar, su naturaleza interna más noble, su Prometeo, cuando acepte como su guía al “Deber” en vez de al “Placer”, y cuando le dé fin a sus pasiones fieras y obscuras que están en una eterna contienda con lo Divino en el hombre. Entonces lo Divino le dará consejo de nuevo y se establecerá la armonía entre los dos.



Conclusión

Ciertamente el Mito de Prometeo es una profecía; pero no se refiere a ninguno de los salvadores cíclicos que periódicamente han aparecido en varios países y entre varias naciones, en sus condiciones transitorias de evolución.

Indica el último de los misterios de transformaciones cíclicas, en cuyas series la humanidad, habiendo pasado del estado etéreo al estado físico sólido, de la procreación espiritual a la fisiológica, es ahora acarreado hacia adelante en el arco opuesto del ciclo, hacia esa segunda fase de su estado primitivo, cuando la mujer no conocía a ningún hombre, y la progenie humana era creada, no engendrada.


Ese estado regresará a ella y al mundo en general, cuando este último descubra y realmente aprecie las verdades que están en la base de este vasto problema del sexo. Va a ser como la luz que nunca brilló en el mar o en la tierra y tiene que llegarle al hombre en su momento… Esa luz le enseñará el camino y le conducirán a la intuición espiritual verdadera.”



Esoterismo Práctico

•Marzo 25, 2009 • 1 comentario

Escrito original de Delia Steinberg Guzmán


delfos



cuandouando nos reunimos alrededor de un título como este, sé que hay por medio muchas inquietudes. Las más importantes, las de quienes me leen esperando encontrar algo especial, extraño, diferente. También están por medio mis propias inquietudes, que me hacen desear ser sincera, fiel a mi propia verdad, y poder exponer aquello que verdaderamente pienso.


Hemos querido hablar de esoterismo práctico, de este esoterismo que tantas veces encontramos en publicaciones, en conversaciones, charlas, explicaciones, y que, a fuerza de usarse y usarse, le sucede aquello que le pasa a tantas de nuestras palabras: que ya no sabemos muy bien de qué estamos hablando.


Como he expresado en muchas oportunidades, no soy experta en definiciones. Pero si nos vamos a referir a cosas sencillas y prácticas, vamos a entender por esoterismo lo opuesto a “exoterismo”.


Lo exotérico, lo externo, lo que se ve, lo que está al alcance de la mano, de los sentidos o de nuestra comprensión, conforma una serie de elementos que no tienen ningún secreto para nosotros. Vamos a reservar, en cambio, la definición de “esotérico” para lo que está guardado, escondido. No es que no exista, sino que simplemente no aparece fácilmente ante el entendimiento.


Así pues, todo lo que existe y todo lo que se nos muestra manifestado tiene, además de un aspecto concreto y visible, otro invisible, que conforma la esencia escondida, el alma, el espíritu que yace detrás de todas las cosas y que habita en todos los seres. A esa esencia es a lo que llamaremos lo “esotérico”. Llamaremos también “esotérico” al conjunto de ideas y conocimientos a los que todavía no hemos tenido acceso; es decir, a todo aquello que aún ignoramos.


En realidad, estamos rodeados de muchas cosas esotéricas; hay cosas que vemos y otras que no, y lo aceptamos así. Igualmente, hay cosas que sabemos y otras que ignoramos. El conjunto de las cosas que ignoramos constituye para nosotros lo esotérico, porque permanecen todavía ocultas.


El conocimiento esotérico, si bien constituye todo aquello que aún no poseemos, no indica quietud o pasividad. Sabemos, como decía Sócrates, que no sabemos, pero que queremos saber; sentimos que necesitamos algo más.


Todo filósofo, si es verdaderamente un amante y un buscador de la sabiduría, es un esoterista. El filósofo busca lo que no tiene. Cuando buscamos el conocimiento, no buscamos aquello que ya tenemos, sino lo que nos falta.

Nuestra ansiedad se lanza tras aquello que sentimos que aún no está con nosotros. Nuestro anhelo es fruto de nuestra falta de plenitud.

Somos filósofos esoteristas porque buscamos lo que no sabemos, lo amamos y lo queremos llevar hacia nuestro interior.


Ahora bien, hay una enorme diferencia entre la búsqueda intelectual del conocimiento y la práctica de estos conocimientos que podemos llegar a adquirir. La inquietud que nos lleva a buscar intelectualmente, a leer, a conversar, a escuchar, a investigar, es un primer paso muy importante, pero no es todo el camino.


Un camino no puede estar hecho nada más que de ansiedad y de búsqueda intelectual. Para que los conocimientos que atraemos hacia nosotros demuestren su efectividad, tenemos que aplicarlos.


El conocimiento se nos muestra en su perfección, integridad y validez cuando lo podemos llevar a la práctica.

De esta forma, ya sea en el esoterismo actual o en el viejo esoterismo de tantas y tantas civilizaciones que llenan las páginas de nuestra Historia, se trató siempre de la doble vertiente: una búsqueda intelectual y una aplicación de dicha búsqueda.


Desde este punto de vista, el esoterismo no es un conocimiento más, sino un conjunto de conocimientos que llevan al hombre poco a poco a conocerse a sí mismo y a dominarse cada vez mejor, a comprender cada vez más la Naturaleza y a poder mantener los ojos abiertos ante sus misterios.


Si este conocimiento esotérico que lleva a abrir nuestros ojos, nuestra comprensión y nuestra alma no puede aplicarse, es como si estuviese muerto. Si consideramos que los conocimientos que hemos recogido intelectualmente son válidos, tienen que serlo también en su aplicación.


Es más, cada uno de los actos de nuestra vida, cada una de nuestras palabras, cada uno de nuestros gestos, tienen que demostrar la validez, la autenticidad de aquellos conocimientos que hemos recogido por buenos, por grandes, por verdaderos.


Es aquí donde nos encontramos con una de las tantas paradojas del tiempo que nos ha tocado vivir. Se habla mucho, se escribe mucho, se piensa mucho y se hace poco… Y de lo poco que se hace, generalmente se hace a la inversa de lo que se dice, de lo que se asegura pensar, de lo que se sostiene como idea propia.

Hoy el ser humano ya no quiere esforzarse por vivir sus convicciones.

La vida diaria ofrece generalmente estos ejemplos, que son los que acaban por definirnos. Es muy doloroso para la gente joven con ilusiones el empezar a estudiar filosofía, lenguas, artes o aun esoterismo y encontrarse con que quien nos explica todos estos conocimientos nos habla de cosas grandes, elevadas y nobles, pero no las vive ni las aplica.


Se nos venden grandes ideales, pero quienes los venden no los sienten. Creemos que el conocimiento esotérico, aquel que va detrás de las grandes verdades, tiene que tornarse práctico.

Es evidente que hay grandes problemas que dificultan la práctica, no solo de las grandes verdades, sino aun de esas pequeñas e íntimas que nosotros sentimos como nuestras.


Y ya que de esoterismo hablamos, quiero hablar de los problemas que el mismo nos presenta. El más grave es que se ha puesto de moda, y esto lo desvirtúa, lo desgasta, lo pone en boca de muchos, y aun quienes no saben absolutamente nada lo intentan manejar de manera profana.


En esta moda general del esoterismo encontramos algunos elementos que nos parecen altamente perniciosos. Por ejemplo, dentro del esoterismo “de moda” hay una corriente que tiende a alejarse del mundo en que nos ha tocado vivir, a despreciarlo, a criticarlo, a no proponer nada en su beneficio y a encerrarnos, cual si fuésemos el Viejo de la Montaña, en la soledad de nuestros pensamientos y en extrañas y raras meditaciones.


Es un esoterismo de puertas para adentro, que nos parece un tanto egoísta. Si queremos ser esotéricos, lo primero que deberíamos aceptar es que cada cual ha nacido en el momento que se merece, en el tiempo que le corresponde y en la época justa.

Luego evadirnos de todo esto, por muy malo que sea, no puede considerarse positivo.


Otro defecto es que cada una de las instituciones, grupos, escuelas o conjuntos de amigos que se dedican al esoterismo se consideran los mejores, los únicos, los más válidos y auténticos.

Cada cual cree haber recibido la inspiración y la iniciación de algún soberano maestro, y todos los demás venimos a ser una suerte de tontos que les pisamos los talones, pero que nunca llegamos a ninguna parte.

Lo lógico es que quien busca con verdaderas intenciones se desespere ante esta enorme cantidad de contradicciones.


Todos dicen poseer la Verdad, el único Maestro y la Instrucción. Naturalmente, esto desengaña a quien busca, porque uno empieza a preguntarse si la Verdad es una o múltiple, y si la tienen algunos, todos o ninguno.


En el esoterismo de moda hay también otros inconvenientes: un manejo de palabras exagerado, que nos aleja de las verdades esenciales. Hoy todo el mundo habla de meditación, de “iniciación”, de introspección, de invocaciones a los dioses, de magia práctica, del nirvana; una gran cantidad de cosas que dejan de encerrar conceptos profundos para convertirse en una especie de ensalada.


Tanto es así que en cualquier sitio uno se encuentra con “iniciados”. Y olvidando las enseñanzas de los viejos Maestros, que explicaban que, generalmente, el que lo es no lo dice, vemos a múltiples personajes que aseguran de sí mismos serlo, y que piensan que por conceder cinco minutos a los que hablan con él, uno ya puede recibir algo de esa fabulosa iniciación.


¿Qué es la Iniciación? ¿Qué es la meditación y la concentración? Muy difícil de explicar, porque por mucho que nos digan que hay que centralizarse en uno mismo, a veces es bueno preguntarse qué es uno mismo, quién es uno mismo, dónde estamos nosotros mismos…


Nos encontramos ante una suerte de magia por imaginación con la que la gente cree conseguir cosas que, en realidad, no tiene. Se nos explica que todo está tan cerca, tan al alcance de la mano, tan fácil… somos todos tan sabios, tan perfectos, extraordinarios e iluminados que ya nos imaginamos en ese estado de perfección, y la imaginación nos agota la capacidad de acción.


En lugar de buscar aquello que teníamos que buscar, nos conformamos con lo que imaginamos. Pero ¡ay de nosotros cuando caemos en el difícil pozo de la ignorancia!


Nos encontramos con una popularización exagerada de ciertas artes y creencias esotéricas… Hoy todo el mundo sabe de alquimia y de astrología; hoy todo el mundo habla de zen y de las prácticas tántricas. E incluso resulta que la Iniciación, la sabiduría y el cielo están fácilmente al alcance del hombre, porque ahora con prácticas sexuales se llega también al nirvana…


Esto también minimiza el esoterismo, tornándolo pequeño y presentándolo falso; fácil, pero falso. Nos aleja de la exploración de la personalidad, de la verdadera práctica y de todo tipo de esfuerzo. Nos aleja del camino arduo y estrecho que todos los verdaderos Maestros han enseñado.


Hay también una exasperante utilización de la palabra mística. Hoy todo es místico, todo; hasta la forma en que se come y el ritmo con el que se mastica la comida.

Si uno se corta el cabello es un místico; si se lo deja largo, también; depende de las escuelas…

Hay toda una corriente de pensamiento que ha llegado a decir que el hombre se espiritualiza nada más que por pronunciar repetidas veces el nombre de Dios, y nos hemos olvidado de que, tal vez, la espiritualidad se consiga actuando en nombre de Dios, no importando las veces que repitamos su nombre.


Todos estos problemas que hemos mencionado hacen que sea difícil hablar de esoterismo y, mucho más, del esoterismo práctico.


vamosamos a resumir algunos elementos que el esoterismo puede aportar al hombre, así como algunas fórmulas prácticas, mediante las cuales podremos profundizar en ciertos consejos e ideas fundamentales.

Para el esoterismo tradicional, todo nuestro universo y, por consiguiente, nosotros mismos como seres humanos estamos compuestos de dos grandes elementos.


En nosotros y en el universo juega siempre la dualidad espíritu-materia. No hay contradicción real entre ambos. No es que el espíritu esté arriba y sea bueno, ni que la materia esté abajo y sea mala. El espíritu es fuente de luz, de conocimiento y verdad; desciende y se plasma hasta condensarse, oscurecerse y tornarse materia. Pero estos dos extremos de la escala, a nosotros nos vuelven verdaderamente locos.


Por poco que nos analicemos a nosotros mismos, en silencio y con dedicación, vamos a descubrir nuestra parte de espíritu, superior, noble, sutil; pero también, nuestra parte de materia, que vive y se complace en un mundo de cosas materiales.


Nuestro gran problema, y de ahí el esoterismo práctico, es que no sabemos congeniar estas dos partes: o bien nos volcamos hacia una espiritualidad exagerada y mal entendida, y aprovechamos mal ese instrumento que también nos ha dado Dios –que es el cuerpo físico–, o bien nos volcamos totalmente en lo material, con desprecio absoluto de lo espiritual. Una de las primeras cosas que deberíamos aprender es a congeniar esa dualidad con la que hemos de vivir: espíritu y materia.


Otro elemento esotérico antiguo y tradicional, que vamos a encontrar en todas las culturas, es el referido a la antigüedad del universo y del hombre. Ni el universo ha nacido hace pocos miles de años ni el hombre deambula sobre la faz de la Tierra desde hace apenas unos pocos días históricos.

Para todas las tradiciones, la antigüedad del universo es enorme; y tanta como la del universo es la del hombre, aunque este haya tenido muchas formas, múltiples apariencias, aunque haya sido a veces tan solo una pompa de jabón, un trozo de espuma, un glóbulo de aire… no importa la forma.

El hombre y el universo han pasado por numerosos ciclos, que tienen la particularidad de repetir elementos semejantes. Ciclos de vida y de muerte, de aparecer y de desaparecer, de tener cuerpo y de no tenerlo.


El esoterismo ha tratado de explicar qué es lo que vive y qué es lo que muere, llegando a la conclusión de que lo que permanece vivo es el espíritu, y lo que muere, lo que viene y se va, lo que aparece y desaparece, lo efímero como el reflejo de una ilusión, es el cuerpo.


Así se entienden más y más conceptos esotéricos como el de la eternidad, eternidad que afecta al espíritu, mas no al cuerpo. Conceptos tales como la evolución, que hace que este espíritu tome conciencia paulatinamente de lo que significa la vida; de este agregado que le supone el cuerpo, y de las dificultades y ventajas que le supone poseer uno.


Conceptos tales como el sentido mismo de la vida, la respuesta a para qué estamos aquí y qué vamos a hacer en este mundo. ¿Cuál es nuestra función, hacia dónde caminamos? ¿Es simplemente vivir, vegetar, comer, dormir, o hay algo más que podamos hacer?


Se nos aclaran conceptos como las famosas pruebas que la vida nos depara; pruebas que no son simplemente dolores para vejarnos, sino que pasan a ser sistemas de enseñanza para fortalecernos.

Para el esoterismo de todos los tiempos, ha habido siempre una ley fundamental, que nos permite conjugar este universo y sus criaturas con sus apariciones y desapariciones. Me refiero a la ley de causa y efecto, la ley que anula la casualidad y, en cambio, pone en pie la responsabilidad.

En nombre de la causa y el efecto, todos nosotros somos artífices absolutos de lo que nos sucede, de lo que vivimos, de lo que tenemos, de lo que pensamos, de lo que sentimos. Y aun somos artífices de nuestro propio futuro y de todo aquello que podemos plasmar alrededor de nosotros.


Para este esoterismo fundamental, el mundo en el que vivimos está sujeto a la acción. No hay nada que pueda dejar de actuar. Aunque creamos que cuando nos sentamos en un rincón en una postura más o menos oriental, inmóviles durante 15 minutos o una hora, vamos a eliminar la acción de alguna manera, estamos equivocados.


Eliminamos un tipo de acción, pero el corazón sigue latiendo; nosotros seguimos respirando, nuestra mente sigue pensando, nuestros sentimientos siguen fluyendo… Por lo tanto, hay múltiples formas de acción a las cuales no podemos restar nuestra colaboración.


Para este esoterismo tradicional siempre han existido poderes paranormales, supranormales o como se los quiera llamar. Pero, a pesar de esta terminología, no hay nada paranormal ni supranormal en el seno de la Naturaleza. Hay cosas normales, solo que a veces están a nuestro alcance y otras no; a veces podemos aplicarlas y otras no.

Algunos creen que el esoterismo consiste únicamente en la adquisición de poderes paranormales.

Para el verdadero esoterista, la idea de Dios es imprescindible, puesto que nadie ha conseguido jamás que el hombre pueda ser eterno, evolucionar, dar sentido a su vida, entrar en la gran corriente de acción sin sentir que Aquello, no importa de dónde venga, está por encima de toda nuestra comprensión, de todas nuestras definiciones y limitaciones.

Me refiero a Aquello que ha puesto en movimiento esta máquina que, si bien la miramos, es una gran maravilla.

Estos conocimientos requieren mucho tiempo y necesitan de una acción, de una práctica fundamental para poder llegar a vivirlos.


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Algunas Consideraciones Prácticas


hay-variosay varios sistemas para poner en práctica el conocimiento esotérico. Vamos a mencionar algunos muy sencillos, que no tienen nada de extraordinario ni de paranormal.

Un elemento fundamental es no soñar jamás con conocimientos superiores para beneficio personal o para tener más poder.

El conocimiento no se ha hecho para poder sobre los demás; se hizo, en todo caso, para poder, en principio, sobre uno mismo. El egoísmo es planta que hay que desterrar, si de verdad nos interesa el esoterismo.


La vanidad personal sobra. Aquel que sabe algo no debe decirlo en todo momento y a toda persona que encuentra. Eso es, simplemente, vanidad.


El que sabe, reconoce humildemente que lo único que ha hecho es tomar un poco del conocimiento que hay en la Naturaleza, y lo usa como se bebe agua o se respira el aire.


Está de más también nuestro gusto contemporáneo por las cosas perecederas. Si estamos pendientes continuamente del tamaño de la casa en que vivimos, de los muebles que tenemos, si nuestra ropa es más importante que nuestro espíritu, indudablemente es muy difícil poder transitar el camino del esoterismo.


Hay que eliminar la vanidad personal; pero sí conviene desarrollar un cierto orgullo espiritual, que falta últimamente en el hombre. Orgullo espiritual no es vanidad, sino esa sensación de fuerza y tranquilidad interior de aquel que siente que lleva algo grande dentro, algo que no tiene tamaño ni precio, algo que no se puede adquirir en un simple mercado de oferta y demanda; algo que está con uno mismo. Eso da una sensación de orgullo, sí, pero un orgullo espiritual.


Si bien no hay que atarse a los elementos perecederos, hay que ser prácticos y aprovechar todos los que la vida nos brinda, para hacer de ellos objetos de bien, que puedan favorecer a otros seres humanos.


No proponerse grandes empresas que no vamos a ser capaces de realizar.

No se puede acudir al esoterismo soñando que vamos a ser Cristo o Buda porque lo más normal es que no lo logremos. Es bueno tener la humildad interior de reconocer que podemos ser unos buenos seres humanos, buena gente, y ayudar a los que están a nuestro alrededor, aunque no seamos ni Cristo ni Buda. No es que no se pueda llegar a ser una gran figura, pero llegar cuesta mucho más trabajo que esta pequeña empresa que exponemos ahora.


El esoterismo y su práctica requieren una gran pureza.

Sé que hablar de esto hoy está pasado de moda, pero es necesario y, además, es verdad.

Una pureza física y una gran higiene tendrían que llegar a penetrar dentro de nosotros en todos los planos en los que vivimos. Una higiene física, psicológica y mental. Cuidar nuestros sentimientos y nuestras ideas.

Higiene en el ambiente circundante y en nuestras conversaciones.

Esto es lo que se pide. No es posible que en medio del fango broten flores delicadas, y cuando brotan son excepciones. Ahora estamos hablando de un esoterismo práctico que nos sirva a todos, en el que la higiene y la pureza son fundamentales.


Tampoco vamos a promover un vegetarianismo a ultranza, ni que se suprima absolutamente la bebida. Lo ideal sería comer con mucho cuidado, escoger los alimentos, evitar los excesos, no caer en la gula, no caer en el alcoholismo, evitar las drogas.


Más consejos prácticos: se enseña que la mente es un instrumento para pensar, que relaciona el mundo del espíritu con el mundo de la materia. Pero nuestra mente tiene una particularidad: al estar en medio, depende de cómo balanceemos este equilibrio para que ascienda y se dedique a las grandes ideas, o caiga y se banalice.


Ya lo dijeron muchos pensadores: es mucho más fácil caer que subir.

Por eso hay que cuidar mucho nuestra mente y nuestras pasiones; no nos referimos a las pasiones del alma, ni a las artísticas, ni a aquellas que nos ponen en contacto con elementos sutiles. Nos referimos a las pasiones que nos destrozan, que nos arrastran, que nos hacen perder todo tipo de capacidad, estos arranques de desesperación y de ira, que nos tornan verdaderos guiñapos humanos incapaces de nada.


Estas pasiones no son del espíritu, sino de la materia, y hay que intentar dominarlas poco a poco. Esto no significa no enojarse jamás, pero sí al menos no ceder a la ira.


Una fórmula práctica muy olvidada: amor para toda la Humanidad, no tan solo para algunos.


Es bien patente que esto nos falta hoy. Estamos tan insensibles que somos capaces de leer cualquier cosa tal como si pasara en otra galaxia. Esto sucede, en gran parte, porque todos los días suceden muchas cosas y cada vez peores: muertes, guerras, accidentes, desastres, asesinatos; ya casi ni conmueven nuestros corazones. Ya casi somos incapaces de temblar por otro, de sufrir por otro.


El hecho es que resulta muy difícil penetrar verdades esotéricas cuando solo somos capaces de pensar en nosotros mismos.


Como vemos, el camino es sencillo y difícil a la vez. Y si quisiéramos, nos tornaríamos más prácticos todavía; podríamos escoger alguna de las fórmulas que muchos maestros, a lo largo de muchos años, han recomendado a sus discípulos.


Son cuestiones simples, pero también difíciles. Veamos algunas.


Tener por costumbre iniciar las mañanas con alguna idea, alguna frase, algún pensamiento.

No abandonarlo a lo largo del día, y cada vez que estamos un minuto en paz o tenemos un instante de reposo, traer esta idea a nuestra mente, pensarla, sentirla, aplicarla.


Evitar la pereza, levantarse pronto y rápidamente.

Anular los momentos que solemos pasar en la cama entre la vigilia y el sueño. Ahí es cuando se cruzan las ideas más disparatadas de la vida.


Recurrir a la oración.

Aprender a hablar desde dentro, a dirigirse desde dentro hacia arriba y no tener miedo de ello.


Autoanalizarnos.

No mucho, porque eso también es pernicioso. Ser sinceros con los propios defectos, y prometerse día a día que no los vamos a volver a repetir. Y si caemos, prometerse otra vez que no lo volveremos a hacer.

Hace falta tener mucha paciencia con uno mismo, mucho valor para vernos cómo vamos, para darnos cuenta de cómo caemos en el mismo error y seguir intentando ser mejores y ser diferentes.


Acostumbrarse a la soledad.

No temerla. En realidad, nunca estamos solos, ese es el error. Acostumbrarse a compartir momentos con uno mismo, a estar con el propio yo, que no es ningún enemigo. Lo peor que puede pasar es que a veces no esté.

Pero hay que tener paciencia y llamarle y dejarle crecer; permitir que se presente ante nosotros y compartir momentos con él.


Evitar todo lo innecesario. ¿Ideas innecesarias? Se desechan. ¿Sentimientos innecesarios? También. ¿Palabras innecesarias? Callarlas, pensar siempre en lo que vamos a decir. ¿Qué necesidad tenemos de herir a los demás tan solo porque nosotros estemos de mal humor?


Hablar lo justo.

Rendir culto a la amistad, pero no posponer nuestros ideales más caros en su nombre. Ejercitar la voluntad día a día, momento a momento, y con las cosas más sencillas. No hartarse jamás de comida, no dormir demasiado; mantener el cuerpo al ritmo de la voluntad.


No leer demasiado.

Puede parecer paradójico, pero la excesiva lectura puede llegar a conturbamos. Leer lo justo y acostumbrarse a leer y a pensar un poco en lo que leemos; leer y asimilar.


Acostumbrarse a estar contentos.

Dicen que aquel que encuentra las grandes verdades, que entra en contacto con elementos fundamentales, se muestra alegre de ánimo.


¿Cómo podría ser de otra manera? Estar contento con la propia situación, no despotricar contra la existencia que nos ha tocado vivir, sino aceptarla.

Como enseñaron los grandes Maestros, el problema no es evitar los dolores que sufrimos, sino los que van a venir.


No se crece de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera.


Nuestra posibilidad de evolución depende, en parte, de las circunstancias externas, pero no totalmente. Nuestras energías negativas no se pueden matar ni reprimir.


Aquellas energías que hemos perdido en idear cosas inútiles y torpes deben ser transmutadas por proyectos útiles y nobles… Si nos gusta algo que sabemos positivamente que no es conveniente, hay que intentar volcar esa energía en otra cosa.


otratra fórmula práctica: No abatirse jamás.

La desesperación no hace a un esoterista, sino a un vencido.Un hombre con convicciones, que busca la verdad, no se desespera. Cae una y otra vez, y se levanta de nuevo; si cae diez, diez veces se levantará.

El conocimiento crece en la misma medida en que se entrega, y esto lo saben muy bien todos aquellos que se han visto en la oportunidad de enseñar.

Cuanto más enseñamos, más sabemos. Todo aquello que nos hace bien debe ser entregado; todo aquello que recibimos debemos dejarlo correr, transmitir, enseñar, proyectar.

No creamos que la felicidad resida simplemente en el confort material, porque esa es una cadena sin fin. Cuantas más cosas tenemos, más necesitamos, y la felicidad no llega nunca.


Y una última fórmula:

No creamos que no hay ninguna salvación, ninguna redención, ninguna iluminación que venga desde fuera.

Es verdad que si tan sencillo fuese, los Maestros y los dioses, así, en plural, como eran para las antiguas civilizaciones, ya nos habrían regalado esa salvación y seríamos totalmente libres.

Pero ellos han señalado un camino, han depositado fórmulas en nuestras manos, y el resto es lo que tenemos que hacer nosotros. Dentro está la verdadera fuerza, el verdadero esoterismo.


Este esoterismo al que nos referimos es una creencia tradicional, una ciencia secreta. Y no porque se pretenda mantener escondida, sino porque no siempre ha estado al alcance, y no siempre ha sido objeto de conocimiento de los hombres, pero ofrece prácticas directas para que aprendamos a vivir en el mundo y a realizarnos en él.


El esoterismo es un legado de la Humanidad hacia la Humanidad. No es ni debemos creer que consiste en un sistema para sociedades hastiadas y aburridas. No es un entretenimiento, no es jugar a una copa que se mueve por encima de una mesa; aunque esta pueda moverse, esto no es esoterismo.


Lo que estamos buscando es algo bien diferente; buscamos llegar a la verdad.


Podríamos resumir esta búsqueda en una necesidad de autoeducación que permita al ser humano superarse a sí mismo, a través de una formación del carácter práctica, real y efectiva. Exigirse a sí mismo, desarrollar la mente de manera armónica, clara, limpia, sencilla. Aceptar las propias características de nuestro destino y aprovecharlas al máximo, extrayendo la mejor enseñanza de aquello que se ha puesto en nuestras manos.


Aprender a sentirnos unidos a todos los seres humanos, unidos en nuestra semejanza espiritual, y en un destino común.


Estamos acostumbrados a la competencia, la lucha por la existencia, la supervivencia del más apto y el egoísmo. Hoy no se trata de educarse; se trata nada más que de pasar el examen, pero podemos obtener una excelente nota y no saber nada de nada; y podemos no tener notas en ninguna parte y saber: saber vivir.


A veces, es necesario ponerse frente a uno mismo, y no delante del espejo que falsea nuestra imagen. Ponerse ante la propia conciencia y decidirse a tomar parte en esta corriente de vida, de evolución. Darse cuenta de que estamos inmersos en esta gran corriente, y de que nuestra acción, por mínima que sea, no es innecesaria; de que nuestras acciones tienen un valor, por pequeñas que sean.


Es importante decidirse a dar valor a esa pequeña parte de acción que somos capaces de realizar. Hay que decidirse a crecer día a día, no dejándolos transcurrir unos tras otros.


Sé que hoy la moda es pasar, una palabra que no entiendo muy bien, pero que se emplea tanto… Sé que hay que pasar, reírse de las cosas, no darles importancia. Y sollozar por dentro, porque en el fondo, pasamos tan rápidamente que alguna vez añoramos detenernos y preguntarnos: “¿qué estoy haciendo?”.


Por esto es necesario un compromiso con uno mismo.

Sentir la vida, el tiempo y la Historia.

Sentir que somos capaces de hacer algo.

Y sentir, por último, que el esoterismo comienza dentro.

Esoterismo es, ni más ni menos, la fórmula mágica que iluminó a tantos y tantos espíritus:

CONÓCETE A TI MISMO, Y CONOCERÁS EL UNIVERSO”.


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Visión

•Febrero 7, 2009 • Dejar un comentario

Khalil Gibrán (1883-1931)

Visión



cuando2uando la noche llego y el sueño extendió su manto sobre la faz de la tierra, deje mi cama y camine hacia el mar diciendo: El mar nunca duerme, y en su vigilia, el alma insomne encuentra consuelo.


Cuando llegue a la playa la bruma de las montañas ocultaba la región como un velo que adorna el rostro de una mujer.


Contemple la abundancia de las olas y escuche su alabanza a Dios, y medite en la fuerza eterna escondida en ellas, esa fuerza que corre con la tempestad y que se levanta con la erupción del volcán, y que sonríe a través de los labios de las rosas y canta con los arroyuelos.


Después vi tres fantasmas sentados sobre una roca, me tropecé con ellos como si una fuerza me empujara en contra de mi voluntad.

Pocos pasos más allá de los fantasmas, me detuve como si también me atajara una fuerza mágica.

En ese momento, uno de ellos se levanto y con voz que parecía salida del fondo del mar dijo:

La vida sin amor, es como un árbol sin frutos ni retoños. Y el amor sin la belleza, es como una flor sin fragancia o como un fruto sin semilla.

…La Vida, El Amor y La Belleza son tres en una, las cuales no se pueden separar ni cambiar.



Un segundo fantasma hablo con voz que bramaba como agua que cae en una cascada y dijo:

La vida sin rebeldía, es como las estaciones sin primavera. Y la rebeldía sin justicia, es como la primavera en un árido desierto. La Vida, La Rebelión y La Justicia son tres en una y no se pueden separar.



Entonces el tercer fantasma con voz como de trueno hablo así:

La vida sin libertad, es como un cuerpo sin alma y la libertad sin razón, es como un espíritu confundido. La Vida, La Libertad y La Razón son tres en una, son eternas y nunca desaparecerán.


Entonces los tres fantasmas se pusieron de pie juntos y con voz formidable dijeron:


El que Tiene Amor, Engendra,

El que Tiene Rebeldía, Crea,

El que Tiene Libertad, Edifica,

Todas son manifestaciones de Dios

y Dios es la Expresión del Universo Inteligente.


En ese momento el silencio se unió a ellos con un susurro de alas invisibles y con un temblor de cuerpos etéreos y prevaleció.

Yo cerré los ojos y escuché los ecos de las palabras que acababa de escuchar.

Y cuando los abrí, no vi nada sino el mar envuelto en la bruma. Camine hacia la roca en que habían estado sentados los fantasmas, pero no vi nada excepto una columna de humo de incienso que subía en espiral hacia el cielo.




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Shugendo, La Vía de los Poderes (I)

•Enero 21, 2009 • 3 comentarios

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A todos aquellos que a través del sendero espiritual del Budō buscan silenciosa y pacientemente la verdad.


Autores del presente escrito: Michel Coquet & Carmelo Ríos

Temario:

  • I) Shugendo, la vía de los poderes.
  • II) El esoterismo en el Budō.
  • III) Sensei, maestro.
  • IV) Mudra, la magia del gesto.
  • V) El Maestro Kukai (Kobo Daishi).
  • VI) Shingon, la vía del ser completo.



* * *


Arduo hallaras caminar por el filo de la navaja.

Mundaka-Upanishad


¿De qué sirve contemplar la mar, si lo que deseamos es encontrar la perla?

Djalat-Do-Din-Rûmi


Es necesario tener el coraje de entrar en las peligrosas olas que aterrorizan a los hombres, para hallar el pez excepcional.

Ingen Zenji, Maestro Zen




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Fudo-Myo-Ô, divinidadueno




lasaammas Artes Marciales y el pensamiento oriental han despertado un inusitado interés en las últimas décadas, debido no sólo a la necesidad de autodefensa ante la violencia reinante en las grandes ciudades, para lo cual las técnicas de Extremo Oriente parecen aportar una panacea, por lo demás discutible, sino por una causa mucho más importante: la necesidad imperiosa del hombre de hoy de encontrar respuesta a los grandes enigmas de su existencia.

Frente a un mundo de eterna dualidad, el hombre occidental mira hacia Asia en espera de una respuesta que satisfaga su sed, no sólo de conocimiento real, sino de calma y de serenidad interior, ese extraño estado que, aparentemente, sigue siendo patrimonio de los grandes sabios de Oriente.


Hace algún tiempo, un periodista entrevistaba a un antiguo sacerdote europeo que durante más de treinta años había sido misionero en la India. Este hombre singular, promotor de grandes obras humanitarias en beneficio del pueblo indio, era también un profundo conocedor de la historia y la mística de los adeptos brahamanes y amante de la filosofía de oriente. El periodista, ávido de sensaciones, pregunto al humilde genio: “¿Que prefiere usted más, Europa o Asia?”. La insólita respuesta, que posiblemente dejara perplejo al profanador de templos, no se hizo esperar: “Cuando cierro los ojos, es Oriente; cuando los abro, es Occidente…”


Esta magistral declaración llevaba implícita una sobrecogedora y profunda enseñanza. En efecto, al igual que en las perlas, la parte más pura de un hombre es su oriente. Ese mundo interior es la dirección que inexorablemente es preciso tomar en un determinado en el estudio de cualquier ciencia, arte o filosofía. El secreto sigue siendo la entrada en sí mismo.


El meditante muere dos veces al día, nos dice la tradición sufí. El artista, el místico, el filósofo o el adepto de las artes marciales-un poco de todo ello- debe esforzarse en saber morir a cada momento de su existencia, fundirse en cada gesto, proyectarse en cada flecha o cortarse a sí mismo en cada tajo del sable. Encontrar en su propio interior la fuente única del verdadero conocimiento trascendental y la inspiración.

Esta es la ley básica del verdadero progreso y la enseñanza mil veces repetida y jamás del todo comprendida de los grandes maestros de la vida. La lucha exterior es siempre la consecuencia visible de la propia guerra interior, la eterna batalla del alma por la conquista de sí misma.


Las Artes Marciales, a condición de ser estudiadas dentro de un marco espiritual, aparecen como técnicas de una extraña eficacia en la búsqueda del equilibrio y la paz interior. El lector no iniciado en la práctica de esta ciencia milenaria de la evolución, se preguntará con toda justicia cómo se puede llegar a la paz a través de la violencia. Por respuesta, evocaríamos el antiguo principio paracélsico de la medicina homeopática: simila similibus curantur! Lo similar se cura con lo similar.


Es necesario buscar en uno mismo las raíces de la guerra, de la injusticia o de la ignorancia y combatirlas con una singular terapia: un poco de violencia en el momento oportuno, en la dirección oportuna, con la dosis oportuna. Hacer estallar la guerra exterior con un poco de guerra interior. Llegados a este nivel de comprensión, seria preciso entonces modificar la antigua máxima del César, que sigue siendo el leit-motiv con el que actúan los estados, las religiones, las economías y los hombres: si quieres paz prepárate para la guerra.


Las Artes Marciales son la homeopatía de la violencia. Esta declaración tomará por sorpresa a numerosos practicantes del Budō en Occidente, que sin saberlo se han estado entregando durante largos años a una verdadera autocuración que nos lleva al reencuentro de la perdida unidad del ser.

El Japón, pueblo profundamente dualista, sumergido ahora en una hiperindustrialización que, con seguridad, será la causa de no pocos desequilibrios en su inmediato futuro, sigue siendo, no obstante, el guardián de grandes tradiciones esotéricas, ocultistas y místicas.

Incluso si el Budismo Zen, convertido en Occidente en una especie de misticismo para materialistas, ha sido la vía más aceptada en nuestro hemisferio, no debemos olvidar otros senderos reservados generalmente a una minoría de iniciados, que son celosamente preservados de las profanaciones del mundo exterior por monjes, magos, chamanes y adeptos japoneses. Estas vías secretas se encuentran en ciertas ramas del Vajrayana, como las sectas Shingon y Tendai, y otras menos ortodoxas pero plenas de enseñanzas esotéricas, de las cuales el Shugendo sigue siendo la más inaccesible.


El portal hacia estas vías ocultas permanece escrupulosamente cerrado a los no iniciados y su acceso reservado a una élite de seres, verdaderos atletas de la evolución, llenos de pureza moral y sincero deseo de servicio a la Humanidad, dispuestos a pasar las terribles pruebas de todo aspirante a la verdadera iniciación. El precio a pagar es alto, no necesariamente en riquezas mundanas, sino de sacrificio del ego ilusorio, de aspiraciones egoístas, deseos de poder o la ambición del progreso rápido.

Aquello que es preciso depositar simbólicamente a la puerta del templo o a los pies del maestro no es en modo alguno comparable a lo que se recibe: sabiduría, serenidad, visión universal, compasión infinita, comunión o éxtasis en algunos casos; un poder psíquico inconcebible para la mente moral, en otros.


Sólo unos pocos peregrinos de la senda divina han osado atravesar el portal de estas tradiciones auténticas, armados con un valor y paciencia admirables. Estos hombres universales, desconocidos en su mayoría, son las verdaderas luminarias en las que cada siglo se han visto reflejado.


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shuhugendo es la búsqueda, gracias a prácticas y ejercicios específicos de índole mágico, de ciertos poderes sobrenaturales. Shugen es el conjunto de reglas, formas de entrenamiento y ascesis esotéricos necesarios para alcanzar el dominio de la fuerza interior. A los seguidores de esta vía se les conoce como Shugen-ja o Yamabushi-No-Gyoja (literalmente: monjes que duermen en las montañas). Sus moradas se encuentran tanto en el aislamiento de los espesos e impenetrables bosques de todo el Japón, como en la cima de ciertas montañas, célebres por la presencia de estos chamanes.

El Shugendo nunca ha sido una secta independiente, y su origen emana principalmente de las técnicas ocultas de los monjes Tendai y Shingon.

El Japón, pueblo muy vinculado a sus tradiciones religiosas, se ha visto también imperiosamente atraído hacia todo tipo de prácticas mágicas. Los Yamabushis son generalmente considerados como formando parte de hermandades de magos o brujos (notemos la notable diferencia entre ambos términos), es decir, adeptos de ciertas doctrinas y prácticas que conllevan al desarrollo de poderes o facultades suprahumanas que les permiten realizar proezas increíbles dignas del mejor fakir, de las cuales he sido testigo en numerosas ocasiones y que más adelante relataré.


ORIGEN

Fue probablemente en el año 538 cuando el Budismo fue introducido en el Japón. En esa fecha, el rey Syong envió al Emperador algunos presentes entre los que se encontraba una estatuilla de un Budha y algunos sûtras. A partir de entonces el Budhismo comenzó a formar parte de la vida del pueblo japonés, compartiendo un relevante lugar en su cultura junto a la religión oficial, el Shinto.

Como es habitual, una religión nueva es solamente aceptada si permite la continuación de otras prácticas, a menudo supersticiones, más antiguas. Tal es el caso de la propia historia del cristianismo, lleno todavía de creencias de índole mucho más mágico- e incluso necromántico- que religioso (la técnica de los ex votos es un vivo ejemplo).

El Shugendo, considerado por algunos estudiosos más como una desviación del Budismo esotérico que como una secta de éste, se vio notablemente influenciado por las corrientes de alquimia taoísta, magia shinto (Ko-Shinto) y arcaicas ceremonias cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Este esoterismo mezclado (Zo-Mitsu), convirtió el origen idealista de budismo, la vía del Boddhisatva, en una forma de chamanismo animista conocida como Ubasoku.



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En-No-Gyoja, El practicante austero




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Incluso si el Shugendo no tuvo un fundador oficial, todos los yamabushi se dicen a sí mismos descendientes de un extraño personaje que fue conocido como En-No-Gyoja (El practicante austero), quien es considerado como el líder espiritual de la secta. Su verdadero nombre parece haber sido En-No-Otsunu, también llamado En-No-Ubasoku. El Shoku-Nihongi nos dice al respecto: El 3º año, el 5º mes, día Hi-No-To-Ishi (30 de junio de 699), En-No-Otsunu fue exiliado a la isla de Izu. Habiendo vivido en el monte Katsugari, era muy conocido por su conocimiento de la magia. Al parecer, calumniado por uno de sus discípulos, consiguió que le mago fuera exiliado.

Otsunu dominaba un tipo de magia superior que le permitía invocar a los Kajin, espíritus de la Naturaleza, quienes extraían agua de los pozos y recogían leña para él. Este antiguo libro de crónicas japonesas nos dice en su capítulo 28: Sus acciones consistían en practicar el Kujaku-Myoo, para obtener poderes sobrenaturales extraordinarios tales que le permitían volar por los aires.

Originario de una familia de Kano, de la villa de Chihara, se dice que ya desde su nacimiento se revelo como un ser extraordinario lleno de inteligencia y discernimiento espiritual. La leyenda nos cuenta que cada noche ascendía en una nube de cinco colores y volando a través del espacio, en compañía de los guardianes del Palacio Celestial (Sen), se dirigía a los jardines de la Villa Eterna. Al cumplir cuarenta años, tras una vida consagrada por entero a la magia animista, se hizo ermitaño, habitando en una cueva, vistiéndose con hojas y arbustos y alimentándose con hojas y cortezas de pino; llevando a cabo ritos de purificación en los helados ríos de la montaña y limpiando su espíritu de cualquier escoria terrena.

Esta dura vida de asceta desarrollo aún más en él sus latentes capacidades, llegando a realizar las más asombrosas proezas psíquicas. Acusado de conspirar contra el Emperador, intentaron hacerle prisionero, pero merced a sus poderes extraordinarios no lograron capturarle. No pudiendo apresarlo, secuestraron a su madre; En-No-Otsunu se entregó voluntariamente, y fue exiliado a la isla de Izu. Se dice que en esa época ya era capaz de correr sobre las aguas, volar por los aires y posarse en la cima de las montañas.

Estas asombrosas hazañas de atletismo psíquico son también muy comunes a todos los pueblos y culturas de la tierra. Recordemos a los ascetas tibetanos practicantes del Tummo, o meditación sobre la nieve, quienes merced a una técnica de control respiratorio sudan hasta derretirla; o el ejercicio de Po-Wa o proyección psíquica, o las proezas de los chamanes de la India y Oriente Medio, quienes dicen ser poseídos por el espíritu de ciertos animales, y que realizan en estado de trance acciones increíbles.

Hechos similares han sido realizados por numerosos santos cristianos a los que se les atribuyen centenares de casos de levitación, estigmatización, bilocación, todavía más asombrosos que los relatos llegados de Oriente (a tal respecto sería interesante estudiar la vida de Francisco de Asís, Luisa Loteau, Santa Magdalena de Pazzi, o el célebre Padre Pío, entre otros, o los hechos maravillosos del gran yogui y santo tibetano Milarepa. Acciones parecidas, consecuencia de la experiencia mística, fueron también realizadas por el Maestro Ueshiba, fundador del Aikido, quien poseía grandes cualidades de clarividencia, clariaudencia y precognición, desarrolladas tras su experiencia de iluminación).

Al parecer, es condición sine qua non para la posesión de tales disposiciones psiquicas la adquisición de un particular estado espiritual.

En-No-Otsuno permanecía durante el día en su exilio, según la voluntad imperial, pero por la noche viajaba al santuario de Suruga, en el monte Fuji, donde se entregaba a sus prácticas mágicas. Condenado a la muerte, cuenta la leyenda que logró huir cuando la espada estaba a punto de caer sobre su cabeza.
Durante tres años vivió oculto en el monte Fuji, lamentando su injusto destino, hasta un día en que escuchó la voz de la misericordia y tuvo una visión del Boddhisatva de la infinita compasión, Kannon (Avalokiteswara); alcanzando el más elevado estado de conciencia se elevó hacia el reino de los Boddhisatvas…

Más de cuarenta años después de su misteriosa transición, un ilustre monje japonés, Dosho, obedeciendo a una orden imperial, viajo a China para buscar el Dharma. Solicitado por más de quinientos paisanos, se dirigió a Sil-la, y en las montañas predicó el Hoke-Kyo, el Sutra del loto.

En una de sus públicas predicaciones, cuando atacaba duramente ciertas sectas al parecer desviadas del sendero búddhico y entre ellas el Shugendo y a su fundador, un extraño hombre elevó la palabra entre la masa, recriminando al monje por su falta de información real y haciendo pública la verdadera doctrina del Shugendo; de tal forma que el propio Dosho quedó admirado de la asombrosa elocuencia, profundos conocimientos y vivencias del enigmático personaje, quien, aunque esto fuera imposible, parecía conocer a fondo los mínimos detalles de la doctrina y las practicas shugen, a la par que poseía una información exacta de la vida y el pensamiento del mítico mago.

Perplejo, desconcertado y rodeado de una masa de atónitos espectadores, el monje preguntó al desconocido erudito: ¿Quién eres tú que conoces tan a fondo la vida y la enseñanza del practicante austero?
Y una voz, como proveniente de otro mundo, y tan profunda que dejó helados los corazones de los presentes, contestó: Soy yo, En-No-Gyoja. Cuando los aterrados asistentes y el propio Dosho quisieron acercarse al peregrino, éste había desaparecido.



PRACTICAS SHUGEN

Hoy en día es prácticamente imposible trazar el origen de las enseñanzas del Shugendo, ciencia que comporta una sabia mezcla de doctrinas taoístas, traídas de china, el chamanismo Shinto y los elaborados rituales del Budismo esotérico (Mikkyio), aunque de una forma ciertamente alterada de su fundamento real.

Una de las ciencias asociadas al Shugendo es aquélla del Ommyo-Do, enseñanza de las fuerzas Yin y Yang, con objeto de alcanzar la longevidad. Recordemos que los taoístas, alquimistas adeptos de esta ciencia sagrada, eran llamados en China Lo-Han, inmortales, y se dice que habitan todavía en las cumbres de inaccesibles montañas.

La ciencia del Shugendo estaba compuesta por elevados estudios de astrología, ejercicios psíquicos, similares a los yogas superiores de la India (Kriya, Laya, Raja, etcétera), adivinación, magia chamánica, y sobre todo el uso de los sonidos (Mantras) en forma de letanías (Daranis).

El Shugen-ja, generalmente aislado en las montañas, se entregaba a complicados rituales, terribles entrenamientos e inhumanas austeridades. La información que ha llegado hasta nosotros demuestra que la ascesis del shugendo era extremadamente difícil y penosa. En el plano alimenticio, ni la carne ni los cereales estaban permitidos. Su alimento consistía (y consiste aún en nuestros días) en hojas, hierbas, agujas de pino y la segunda corteza de este árbol.

Personalmente he visto a grupos de shugen-ja caminando descalzos sobre la nieve, salmodiando una misma letanía, cubiertos por un simple koromo (túnica budista) y un gran sombrero plano de paja. Estos practicantes se entregaban a la terrible ascesis del Keiho-gyo, la marcha sobre la montaña, que consiste en caminar del alba al ocaso, recitando un mismo mantra, semidesnudos, incluso durante el duro invierno, por espacio de seis años.

Con rostros desencajados, sus manos llagadas por la ejecución mil veces repetidas de un mismo mudra, con los pies desollados, a través de las desoladas montañas de Hiei-Zan, es una imagen verdaderamente fantasmagórica, de un dramatismo sobrecogedor.

Aparte de otras practicas igualmente terribles, el shuguen-ja ejecuta complicados rituales como el de Homa o Goma, la ceremonia del fuego, y la marcha sobre las brasas ardientes. Todo ello forma parte de las ascesis de la montaña, Sengaku-Shugyo. Algunos de sus ritos son de una rara severidad, como la practica de nueve días de continua meditación, durante los cuales el shuguen-ja, en total inmovilidad, no puede comer ni beber, ni dormir. Los ermitaños de esta secta viven aislados en grutas de la montaña y semidesnudos.

El sufrimiento y las austeridades del shuguen-ja, lejos de tratarse de un masoquismo enfermizo, tienen por objeto hacer sobrepasar la naturaleza humana; son un medio de purificar el propio karma, las deudas adquiridas en esta vida o en las precedentes.

Todo esto es simbólicamente representado por la entrada en la montaña (Nyo-Bu). Aislado del mundo, el yamabushi asume en sí mismo, en vida, los tormentos de las diez vías del más allá (similares prácticas son realizadas por los lamas adeptos a la ciencia del Bardo-Thödol a fin de ser liberados tras la transición).

Durante los ejercicios de meditación, los ascetas shugen han de identificarse con divinidades -un tanto alteradas- del panteón buddhico, tales como Fudo-Myo-O, Dai-Nichi-Nyorai o Zao-Konguen. Otro tipo de meditación creativa –técnicas de visualización por casi todas las ramas del Buddhismo, a excepción del Zen-consiste en sentarse sobre una roca y visualizar –ver interiormente- combates mentales (dojitsu-sempo) con animales cada vez más feroces.

La imagen mental llega a ser de tal realidad que el asceta evidencia agotamiento, abundante sudoración, o convulsiones, llegando en casos extremos a la pérdida de cono cimiento y la catalepsia. Estas y otras muchas técnicas, unidas al conocimiento de las hierbas y la medicina, la astronomia, la astrología y la psicología, fueron enseñadas por los yamabushi, como ya vimos, a los ahora excesivamente célebres ninjas, quienes, afortunadamente, han perdido en la actualidad la llave de tales misterios.


momificacion

Cuerpo automomificado de un Yamabushi




lasaammas prácticas ascéticas de los monjes de la montaña alcanzaron su cota más elevada cuando algunos yamabushi decidieron una última y terrible ascesis: la automomificación. Movidos por un sentimiento de gran compasión hacia todos los seres, estos yamabushi se autoinmolaron de forma increíble-un enterramiento en vida-en espera de la llegada de Moroku Bosatsu, el Bodhisatva Maitreya, quien según la tradición, llegaría al final del presente siglo.

La automomificación se realizaba de la forma siguiente: aparte de la repetición de una misma plegaria, las abluciones de agua helada (Mizuyari) y una estricta forma de alimentación, en el primer período de tres años y tres meses, se prohibían la carne, los cereales y legumbres, alimentándose exclusivamente de frutos salvajes y bellotas. Más tarde sólo comerían cortezas de árboles.

El objeto de este régimen era lograr una progresiva atrofia de los músculos y las vísceras. Se dice que en los últimos tiempos de la vida del asceta, éste se alimentaba únicamente de hortigas y su piel se volvía de color verde. De esta forma, el cuerpo se resecaba como el cuero y comenzaba la momificación.

Cuando el monje intuía que se acercaba su última hora, cavaba un agujero de la altura de un hombre y se sentaba en él en postura de meditación, con su rosario y su campanilla. El hueco era tapado cuidadosamente con ramas, hojas y tierras por un discípulo, que colocaba una caña de bambú como única entrada de aire. Inmóvil, en meditación, sin alimento ni agua, hacia sonar de vez en cuando su campanilla para indicar que todavía estaba vivo. Esta lenta agonía podía durar varios meses. Una vez que el discípulo dejaba de escuchar el sonido de la campanilla, debía esperar tres meses hasta exhumar el cuerpo.

El desarrollo de ciertas facultades psíquicas, así como el dominio absoluto de su mente, permitía al asceta abandonar su envoltura física, mucho antes de producirse la definitiva transición. Este hecho es igualmente constatado en los Bonzos, que como protesta, se incineran vivos, sin dar la menor muestra de dolor o sufrimiento. Es también la forma habitual de muerte de los grandes meditantes. Tal es el caso de numerosos lamas del Himalaya, Tomo Geshe Rimpoche entre otros, o ciertos verdaderos maestros del Zen.

La posibilidad de desdoblamiento o proyección de conciencia de conciencia hacia mundos interiores o dimensiones diferentes a las habituales, erróneamente conocido como viaje astral, no posee nada de extraordinario. Los adeptos del Vajrayana tibetano conocen bien esta técnica, que llaman transferencia de conciencia (Po-Wa). De igual forma, esta ciencia era utilizada en antiguas y secretas escuelas del budō japonés, donde el adepto era iniciado de la siguiente forma: una vez que éste había concluido un largo y penoso proceso de estudio y purificaciones, el maestro lo estrangulaba literalmente con presiones en determinados puntos de la garganta y la columna vertebral, provocándole artificialmente el desdoblamiento psíquico.

El propio maestro, quien conocía y dominaba perfectamente las sucesivas etapas de la iniciación, debido a su propia experiencia, se proyectaba a si mismo de forma voluntaria.
Cuando el discípulo había tenido su experiencia espiritual, generalmente personificada en la visión de una divinidad protectora (Dhyani Buddha), era reanimado de su trance por medio de un método de presiones en puntos secretos, conocido como Kwappo o Kassei-Ho. Idénticos procedimientos iniciativos pueden ser encontrados en las tradiciones egipcias, del Tíbet, India, e incluso en los indios de Norte y Sudamérica.

Según la leyenda, el propio Kobo-Daishi (Kukai) se momifico vivo a la edad a la edad de sesenta y dos años. Su momia es celosamente guardada por los monjes shingon en su santuario de Koya-San. Siguiendo el ejemplo de su Maestro, otros ascetas yamabushi realizaron esta última ascesis. Trece momias en la región de Senizawa han sido encontradas hasta el momento. Personalmente he visto varias de ellas en el transcurso de mi peregrinación a los todavía existentes santuarios del Shugendo en Japón.

Los Yamabushi celebran, una vez por año un Festival de los Poderes (Genkurabe), al que asisten ascetas y magos de todo el país, quienes realizan acciones sorprendentes: meditar dentro de un bidón de agua hirviente, caminar sobre brasas, ascender descalzos por una escalera hecha con hojas de katana, o incluso matar a un hombre por medio de un síncope y volverlo después a la vida. Las experiencias de adivinación, telequinesia (mover objetos a distancia) o invisibilidad, son por demás comunes en estas reuniones. He visto a un chamán adepto del Shugendo elevarse varias veces del suelo, a más de dos metros de altura, en el transcurso de un gran rito de Goma (ceremonia del fuego).

La realización completa del Yamabushi comporta tres etapas:

- La ascesis, que consiste en un retiro del mundo durante un período de tiempo predeterminado, generalmente según la tradición buddhista, un mínimo de tres años, tres meses y tres días. En este período se somete al asceta a extremos entrenamientos. La naturaleza inferior, deseos, recuerdos, pasiones, etcétera, es totalmente aniquilada, para dar paso a la segunda etapa.


- La identificación con los espíritus o elementos de la Naturaleza, con el maestro instructor, y por fin, después del largo período de preparación, la iniciación que lleva a la identificación con la divinidad tutelar. En este instante se produce la verdadera entrada en el sendero, generalmente precedida por el rito de Kanjo (Sank. Abhiseka). La identificación es la meta de la primera etapa y la preparación para la última.


- Las obras, que consiste en descender al valle de lágrimas del mundo, a fin de, una vez adquirido el poder real, ayudar a los necesitados, a los sufrientes, a los oprimidos (los yamabushi se hicieron también célebres por su carácter revolucionario), gracias a sus facultades psíquicas, ahora extraordinariamente desarrolladas (curación, exorcismo, adivinación, etcétera). Esta tercera etapa fue a menudo olvidada por los chamanes shugen, quienes prefirieron dedicarse a desarrollar aún más sus poderes ocultos.


PEREGRINACIÓN

Existen varios tipos de peregrinación a los altos lugares del Shugendo, que son realizados tanto por yamabushi como por laicos, llamados Entrada en la Montaña. Incluso los neófitos pueden realizarlos una vez preparados. Son guiados por un Sendatsu, un yamabushi experto, quien conoce perfectamente el itinerario a seguir a través de profundos y peligroso bosques, donde siempre han desaparecido algunos peregrinos (en 1981 uno de ellos, que quiso aventurarse solo, no volvió a ser visto).

En el curso de esta peregrinación se veneran algunas divinidades localizadas en enclaves que permiten realizar ciertos ejercicios especiales. La duración del trayecto es de unas pocas semanas hasta varios meses. Los centros más activos aún hoy en día son los de Kimbusen-ji, situado en Yoshino y los del monte Ominé, quince kilómetros más al sur.

En el año 1983 me decidí a llevar a cabo una de estas peregrinaciones. Esto no es fácil para un occidental, pero hablar japonés es un verdadero salvoconducto, sobre todo si se ha llevado a cabo antes una buena preparación y si se conoce en profundidad el esoterismo japonés.

El primer estudio serio lo llevé a cabo en el santuario de kimbusen dónde conocí al Maestro Gojo-Kaku-Yu, gracias al cual pude realizar fotografías hasta ahora inéditas, y tomar buen número de notas. En este templo es adorado Zao-Kongen, una divinidad sintética formada por Miroku (Maitreya), Shaka-Nyorai (sakyamuny) y Kanzeon-Bosatsu (divinidad similar a Avaloki-teswara).

El responsable del templo, comprendiendo mi deseo sincero de una participación menos teórica que practica, me aconsejo que fuera al monte sanjo-ga-take (1.720 m.) que, según él, sigue siendo el núcleo más importante de las practicas del Shugendo. A partir de esa montaña inicié un gran recorrido que me llevó hasta el Santuario de Kumano, único en Japón que todavía conserva la muy antigua tradición de Nyonin-Kinsei, es decir, la prohibición de entrada a las mujeres. (En Occidente la mayor parte de los monasterios perpetúan esta arcaica costumbre.)


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Ceremonia del Fuego (Goma); en la imagen se observa a los Yamabushi portando sus elementos rituales



AL PIE DE LA MONTAÑA

Al día siguiente me encontré a los pies de esta montaña sagrada, sin saber qué camino tomar. Afortunadamente me encontré con un Yamabushi laico que había venido a realizar esta misma peregrinación. Menos ascéticos que hace algunos siglos, visten un llamativo atuendo blanco, llevan un minúsculo sombrero ritual (Tokio) sobre la frente y un amplio sombrero plano de paja, como sus antecesores, para protegerse de la lluvia, la nieve o el sol. Llevan todos un manto de ciervo (Hishiki) que les sirve como protección del frío y la humedad durante la noche y el pectoral buddhista o Kesa, compuesto por seis pompones de colores vivos.

Los Yamabushis jamás se separan de sus objetos rituales, y transportan a la espalda un altar completo: velas (generalmente de pino), incienso, cetro (vajra), campanilla ritual (Kané), rosario de 108 cuentas (Nenju), pequeños recipientes en cobre para las ofrendas, y otros atributos más relacionados con el Shinto que con el buddhismo, por ejemplo, un Kamizama, u hogar simbólico de la divinidad en madera, un espejo (Kegami), etcétera. Otro atributo muy característico de los yamabushi es una enorme caracola (Hora) que hacen sonar hábilmente y que, aparte de su uso ritual, es utilizado para comunicarse a través de los bosques de la montaña.

Antes de toda ceremonia, ascesis o entrenamiento, el asceta agita varias veces su bastón de exorcismo (shakujo) para hacer huir los demonios del miedo, la pereza, la dispersión, el orgullo, etcétera. En un pequeño cofre (Oi) lleva algunos textos sagrados de la secta, y camina siempre acompañado de su inseparable bastón de peregrino, que en el pasado fue también utilizado como arma.

Por regla general, el peregrinaje ha de hacerse con un itinerario determinado. Los Yamabushi iniciaron el sendero llevando un hacha ritual como atributo. Detrás de él va un portador del Hora, haciéndolo sonar con ritmo largo y cadencioso. Detrás, otros llevan un pequeño Gorin (Stupa) y cofres con textos rituales (generalmente algunos sûtras). El director de la peregrinación va más atrás, acompañado por monjes más antiguos (Doshui) y por algunos principiantes (Shinkakui).

La marcha a través de la montaña puede durar varios días o semanas; la idea simbólica y alegórica es atravesar el infierno, el mundo de la oscuridad y de la ignorancia, hasta llegar al Reino de la Luz o de Buda, después de haber purgado los sufrimientos del mundo. El sendero iniciativo esta marcado por los numerosos santuarios, en los que son realizados los ejercicios, las purificaciones y las oraciones.



EL ASCENSO

La ascensión del monte Sanjo no me pareció muy difícil, salvo por el hecho de sentirme imperiosamente atraído por el esplendor del valle de mil colores, de sus bosques salvajes y sus sonidos maravillosos, que llegaron a fascinarme de tal forma que estuve a punto de caer en el vacío; varias veces rodé con grave peligro de romperme los huesos. Mi amigo se detenía en cada estación y junto recitábamos delante de las imágenes de En-No-Gyoja las letanías y los mantras requeridos.

Habíamos realizado ya la etapa mas larga de la ascensión cuando mi compañero me señalo un lugar muy peligroso que debíamos también franquear. Este punto estaba totalmente cubierto por la niebla; el ambiente era realmente fantasmagórico y un paso en falso podía acarrear graves consecuencias. Caminábamos sobre losas de piedras resbaladizas, y el decorado cambiaba cada minuto. Simbólicamente, ¡habíamos llegado al infierno!

El canto de los pájaros había cesado completamente, salvo el de algunos cuervos, y a la anterior emoción de plenitud y alegría espiritual se había sucedido una extraña sensación de inquietud y desasosiego y la intuición de estar en un territorio peligroso. Los árboles muertos, sumergidos en la espesa niebla, parecían espectros prestos a atacarnos, en medio de la semi oscuridad, y sobre todo del impenetrable silencio.

Todo este ambiente parecía estar hecho para infundir temor y hacer huir a los peregrinos impíos o indignos, cuyo corazón no estuviera lleno de justas intenciones y un deseo sincero de alcanzar la luz de la sabiduría en beneficio de la humanidad sufriente. A mi memoria acudían las visiones infernales de Dante en La Divina Comedia, y comprendí el secreto objetivo de esta entrada en el propio infierno interior. Poco después llegamos a un albergue para peregrinos donde un té caliente nos esperaba.

Los pocos ascetas que guardaban este lugar sagrado se extrañaban mucho de vernos. Por fin uno de ellos se decidió a conducirme a uno de los templos, inmenso privilegio, ya que, como más tarde supe, éste iba a ser demolido pocos meses después y construido un poco más lejos. El templo, arcaico edificio construido con madera del viejo bosque, estaba saturado del aroma del incienso y de las vibraciones espirituales de miles de ascetas.

En el centro se encontraba el altar de las ceremonias del fuego (Goma), rodeado de estatuas. En la bruma misteriosa que rodeaba al templo, me pareció ver formas extrañas…El monje me hizo una señal para que entrara y me propuso pasar la noche en aquel lugar.

Más tarde pude ser presentado al abad de aquellos santuarios, un hombre que, al parecer, estaba dotado de grandes poderes yóguicos (Siddhis), adquiridos tras largos y penosos años de entrenamiento. Sus ojos meditativos y cansados, aunque llenos de una extraña profundidad, brillaban con la luz de las velas. Me escuchó paciente y atentamente, confiándome su inquietud, ya que, según él, los jóvenes ya no se sienten atraídos por la rápida y dura vía del Shugendo. Sus espíritus y sus cuerpos son débiles, y a causa del miedo que mora en su corazón, su fe muere lentamente. Había en aquel hombre una extraña mezcla de sobriedad, ascetismo y un amago de tristeza ante la posible extinción de esta tradición milenaria.

El Shugendo impone, es cierto, un duro entrenamiento dirigido a sobrepasar las limitaciones humanas y las inercias o tendencias del ego. Es cierto también que las prácticas rituales son menos duras que antaño. Sin embargo, esta vía ascética solo puede convenir a seres de una voluntad férrea y un corazón liberado de todo deseo egoísta.

La noche llego rápidamente y debí dejar aquel templo de un extraño atractivo que parecía evocarme viejos recuerdos…Decididamente, este lugar no me resultaba desconocido, al contrario, sentía una profunda familiaridad con los monjes, los templos y el ambiente misterioso de la montaña. No hubiera tenido mucha dificultad en quedarme a vivir con los ascetas, separado del mundo y dedicado a una vida de prácticas ascéticas, meditación, silencio y armonía interior.

El destino me ha hecho nacer en otro lugar…!quién sabe! Quizás algún día…El maestro pareció leer en mi pensamiento. Con una sonrisa y sin pronunciar palabra alguna me hizo acompañarle hacia una visión extraordinaria. Atravesamos un largo pasadizo oculto detrás del altar principal, y ante mí, cara a cara, apareció la imagen sobrecogedora de En-No-Gyoja. Por sí sola, esta visión justificaba todo el penoso peregrinaje a la montaña mágica de los Yamabushi.



kyoto

Yamabushis en las cercanías del Fuji san.

Fotografía© Prometeo Media.


Habiendo tomado por arco la gran arma de los Upanishads, se dispone la flecha puntiaguda para el homenaje y que cubre por medio de su espíritu que alcanza la entidad. Has de saber, mi amigo, que esa es la diana a alcanzar.

La silaba OM es el arco; el Alma (ser) es la flecha, el Brahma (la divinidad en el ser) es la diana, enseñaban. Es preciso llegar sin distraerse. Es preciso parecerse a la flecha.


La vida es como un arco;

el alma como una flecha;

el Espíritu Absoluto como

diana a traspasar…


Markandya Purana

nara



CONCLUSIÓN

trasras un periplo que me llevó del sur al norte de Japón y a realizar un estudio sobre el pueblo Aino de Hokkaido, me dirigí al dojo del Maestro Otake, cuya escuela de Budo tradicional, lejos de estar vinculada al Zen, posee numerosas enseñanzas emanadas del Shugendo, donde pude continuar el estudio de esta escuela secreta. Quisiera matizar el hecho de que aquello que a los occidentales hace esbozar una irónica sonrisa, en Oriente es considerado como un asunto de vital importancia, pues yo mismo he podido ser testigo de la realidad y eficacia de estas practicas, a menudo tomadas como supercherías.


También quisiera poner en guardia a los principiantes y amantes de las sensaciones exóticas, acerca del peligro inherente que conllevan tales practicas en un ser poco desarrollado, egocéntrico o débil, sin un guía adecuado, una preparación minuciosa y una salud física y mental a toda prueba. la vía del Shugendo puede ser extremadamente peligrosa, pudiendo llevar al desdichado aprendiz de brujo a serios e irreversibles problemas psicológicos y desequilibrios de toda índole.

Quiero en especial referirme a las nuevas versiones del Nin-jutsu, dirigidas por aventureros de lo oculto, de escasa preparación, moral dudosa y objetivos de difícil calificación. Una vez más se impone la seriedad y el más estricto discernimiento, ya que lo que está en juego no es otra cosa que la propia cordura y la salud de nuestro cuerpo. Es necesario estar bien alerta ante tales falsos maestros, fácilmente reconocibles por su modo de vida y comportamiento en el dojo de la existencia cotidiana.


Esta ciencia arcaica, ahora también agonizante en el Japón, amenaza con una total extinción-como el Budo actual- a falta de estudiantes sinceros, capaces de liberarse de los espejismos que caracterizan al profano- aquel que se encuentra aún en el exterior del templo- decididos a entregarse de corazón a esta vía dura y, a veces, peligrosa.

El Shugendo, no obstante, en un sendero lleno de profundidad, historia, doctrina y prácticas espirituales, dirigidas a hacernos realizar aquello que los maestros de Extremo Oriente llaman el Buda Secreto, un poder maravilloso, que una vez conquistado ha de ser dirigido hacia la humanidad sufriente, sumida en el bosque de la ignorancia.


Su doctrina y sus prácticas mágicas y de alquimia mística tienen como principal objetivo, a pesar de la utilización oscura que algunos de sus seguidores hicieron de ella, llevar al adepto a tomar conciencia de su naturaleza interior, que en crisálida vive en el corazón y en la mente de todo buscador de la senda divina.

La enseñanza real del Shugendo podría resumirse en las magistrales palabras de su místico inspirador, el gran Maestro Kobo Daishi: Sokushin Jobutsu! Llegar a ser un Buda en esta vida, con este cuerpo



Video SHUGENDO, relatado en Nihongo (duración 30 mtos.)



* * * *

Continuará



Relacionados:

I.- Bodhidharma

II.- Acerca de las Vías Marciales de Japón

III.- El Arte de la Paz

IV.- Despertarse con el gallo y empuñar la Espada

V.- Katana, la Espada Samurai (Video en castellano)


El cielo en movimiento

•Diciembre 31, 2008 • 1 comentario

Video visto originalmente en: http://observatorio.info


“¿Todavía precisas idear un buen propósito para el año nuevo?

Considera uno apropiado en 2009, el Año Internacional de la Astronomía; sólo tienes que mirar hacia arriba, experimentar, aprender y disfrutar del cielo cambiante.

Este vídeo, grabado a intervalos de 4 minutos, se compone de una serie de 7.000 imágenes resaltando mucho de lo que se puede ver.

Haciendo un arco a través del cielo, en un majestuoso reflejo de la propia rotación de la Tierra, están la Luna, el Sol y las estrellas.

Pero la secuencia también muestra satélites y estelas de meteoros en lo alto, nubes moviéndose por el horizonte mudando en hermosa iridiscencia, además de radiantes rayos crepusculares.”

***

Still need to come up with a good new year’s resolution?

Consider one appropriate for 2009, the International Year of Astronomy; just look up — experience, learn, and enjoy the changing sky.

This 4-minute, time-lapse video is composed from a series of 7,000 images highlighting much of what you could see. Arcing through the sky in a stately reflection of planet Earth’s own rotation are Moon, Sun and stars.

But the sequence also features satellites and meteors streaking overhead, clouds moving along the horizon changing in a beautiful iridescence, and beaming crepuscular rays.

***


Gemas de Oriente: Mes Diciembre

•Diciembre 8, 2008 • 4 comentarios

Gemas de Oriente

Recopiladas por: H. P. BLAVATSKY


“Tañed y sacad lo viejo, y haced entrar lo nuevo,

Tañed, felices campanas, sobre la nieve:

El año se va, dejad que se vaya;

Tañed y echad lo falso, y haced entrar lo verdadero.


Tañed y echad el dolor que corroe la mente,

Por quienes ya no veremos más;

Tañed y echad el feudo de los ricos y los pobres,

Y haced entrar la armonía para toda la humanidad.

TENNYSON, In Memoriam


hpb-diciembre

1.- El don más preciado que ha recibido el hombre sobre

la tierra es el deseo de alcanzar la sabiduría.


2.- En la salud y en la riqueza al hombre nunca le faltan

los amigos. Pero los verdaderos amigos son los que se

quedan cuando se les necesita.


3.- De todos los animales que hay sobre la tierra, sólo el

hombre es capaz de hacer daño moral.


4.- El hombre contiene tres clases de mal: el mal causado

por su naturaleza (inferior); el mal que le causa un

hombre a otro hombre; y el mal que se causa el

hombre a sí mismo.


5.- Un gran hombre es aquel que está por encima de los

halagos, de la vanidad, de la injusticia y del amor por la

pompa y el poder.


6.- El hombre sabio es el que puede tomar o dejar a

voluntad lo que hemos llamado las necesidades de la

vida y que otros hombres no pueden controlar.


7.- Aguantar con fortaleza en una situación y con

sobriedad en otra demuestra tener una gran alma y

una inexpugnable virtud.


8.- Procurad realizar todas vuestras acciones con

perfecta seriedad, humanidad, libertad y justicia y

llevadlas a cabo como si esa acción fuera a ser la última.


9.- Un hombre raramente puede ser feliz si ignora los

pensamientos de otro; pero el que no presta atención

a los suyos propios es ciertamente infeliz.


10.- No dejéis que los accidentes perturben vuestros

pensamientos ni que los objetos externos los absorban;

mantened la mente en paz y libertad para

poder aprender las cosas buenas.


11.- Sed conscientes de vuestras acciones, palabras y

pensamientos, porque en cualquier momento podéis

abandonar la vida.


12.- .Qué importa morir? Si los dioses existen, no

podéis sufrir nada, porque no os harán ningún daño.


13.- Y si los dioses no existen, o no se preocupan de los

mortales, entonces , francamente, un mundo sin dioses

es un mundo en el que no vale la pena vivir.


14.- La existencia de los dioses y su preocupación por

los asuntos humanos es algo que se halla fuera de toda

disputa.


15.- Recordad que la vida se está consumiendo y cada

día se pierde una pequeña parte de ella.


16.- No dependáis de ayudas externas, ni baséis vuestra

tranquilidad en otro. En una palabra, no os deshagáis

nunca de las piernas para apoyaros en muletas.


17.- Si examináis a un hombre disciplinado y purificado

por la filosofía, no encontraréis nada en él que sea

erróneo, falso o sucio.


18.- La vida se mueve en un círculo muy limitado; sí, y

también los hombres viven en un pequeño rincón del

mundo.


19.- Los pobres mortales transitorios conocen poco

incluso de ellos mismos y mucho menos de los que

murieron antes.


20.- La muerte y la generación son, ambos, misterios de

la naturaleza y se parecen entre sí; la primera no hace

sino disolver aquellos elementos que la otra había combinado.


21.- No penséis que estáis heridos y vuestra queja

cesará. Cesad vuestra queja y no estaréis heridos.


22.- Lo que no empeora al hombre tampoco empeora su

vida; y entonces no se perjudica ni por dentro ni por

fuera.


23.- Actualmente vuestra naturaleza sobresale; pero

dentro de poco desapareceréis en el todo: regresaréis

a esa razón universal que os dio el ser.


24.- Retornad a los principios de la sabiduría, y los que

ahora os toman por un mono o una bestia salvaje os

convertirán en un dios.


25.- No actuéis como si os quedaran diez mil años que

desperdiciar. La muerte está a un paso. Sed de algún

beneficio, mientras sigáis en vida y podáis hacerlo.


26.- El que desea fervientemente que hablen de él una

vez muerto no piensa que todos los que le conocieron

se irán muy pronto.


27.- Si dependéis demasiado servilmente de las buenas

palabras de otras personas, seréis indignos de vuestra

propia naturaleza.


28.- Todo lo que es bueno tiene esa cualidad por sí

mismo; se determina por su propia naturaleza y las

alabanzas no le afectan.


29.- No os alejéis del camino; mantened vuestras

intenciones honestas y vuestras convicciones firmes.


30.- Tanto el que hace una acción memorable, como

quienes la transmiten, no hacen sino cosas efímeras.


31.- Abandonaros de corazón en manos del Destino y

dejad que él os lleve adonde decida la fortuna.