Recuerdos de Daihonzan Soji_ji

•Octubre 30, 2009 • 1 comentario




E_zl Maestro Sawaki entró, se inclinó con las manos juntas, delante del responsable del templo, encendió incienso saludando tres veces, y comenzó a dar una vuelta alrededor de la sala a fin de verificar las posturas. Por último se sentó y dió tres golpes a la campana para indicar que zazen había comenzado.


Aquí la atmósfera era completamente diferente a la del Enkaku-ji. El silencio era tenso e impresionante desde luego, pero también era apacible.


Al cabo de treinta minutos, la palabra kusen (1) pronunciada por el Maestro resonó en toda la sala.


Como una piedra lanzada en el agua quieta de un estanque, esta voz despertaba mi conciencia en grandes círculos concéntricos. La intensidad de las inflexiones de cada frase parecían provenir de lo más profundo de los pulmones:

“Zazen es llegar a ser íntimo consigo mismo. Zazen es saber encontrarse solo en el seno del universo y aprender a conocerse, a familiarizarse perfectamente consigo mismo.


En zazen no hay que esperar a obtener nada, sea lo que sea. Hay que ser completamente mushotoku.(2) No hay que buscar el satori, ni alejar las dudas. Tampoco hay que esforzarse en rechazar los pensamientos enojosos, porque nada importa.


¡Zazen no es pensar con la cabeza! Es una disciplina de todo el cuerpo. La vía del Buda hay que percibirla a través de los sentidos y no a través del cerebro intelectual.

Esta disciplina física es en ella misma Satori (3).

La postura basta para alcanzar el Satori.

Durante zazen, se entra en contacto con el universo, se llega a contemplarlo de un vistazo.

Hacer zazen durante decenas de años sin comprender su esencia es algo inútil, que no tiene ninguna relación con la Vía del Buda.

No se puede beber una cerveza sin gas. Lo mismo sucede con la postura: No debe ser blandas sino majestuosa e imponente. No debe parecerse a esos tigres de papel cuya cabeza se balancea en todos los sentidos.”


Después nos dirigimos a un anfiteatro donde el Maestro nos dió una conferencia sobre el Shodoka. Las palabras fluían naturalmente de su boca, no tenía que buscarlas. Su inspiración le venía de los temas más inesperados. Esta perfecta facilidad me entusiasmaba.


“Aprended a trascender la historia.

No es más grande un hombre porque esté situado más alto. Ni se volverá más sabio porque gane más dinero.

Muy a menudo, un hombre modesto y oscuro tiene más sabiduría que el director de una gran firma o que un primer ministro.


Ni la reputación ni el dinero determinan el valor de un ser humano.


¿Por qué tenéis fe? Tengo la costumbre de preguntar.

Lo más a menudo, me responden: Porque quiero evitar el infierno”

Pero ¿Cómo sabéis que se está mejor en el paraíso que en el infierno?

Entonces mi interlocutor no sabe qué responder. Después de todo, el infierno es muy relajado

¡allí podéis beber con vuestros hermanos los demonios!”


“Los demonios y los ángeles tienen el mismo origen. Los árboles, las flores, los ríos y las montañas también. El santo es sin ego, pero no está desprovisto sin embargo de personalidad.

El cielo y la tierra son uno e infinitos, nadie existe fuera de sí mismo y el yo no existe fuera de los demás.

En nuestra época, los hombres prefieren el dinero a la religión. Es imposible cambiar su actitud. Sean cuales sean sus esfuerzos, es suficiente que persigan un beneficio o un provecho personal para desembocar inevitablemente en la caída al infierno.


La actitud de un hombre que cae por accidente a un río y lucha con todas sus fuerzas para no ahogarse, es totalmente diferente a la de un hombre que salta al río para salvarle. Lo mismo sucede con el infierno.

Áquel que cae en él por falta de atención y áquel que le salva tienen dos actitudes diametralmente opuestas.


Esto es lo que enseña la Vía del Bodhisattva (4) en el budismo Mahayana. No hay conducta más loable que darse a los demás totalmente olvidándose de sí mismo.


Hasta el momento presente, he huido de la reputación. Ya que ¿Qué es el triunfo? No necesito dinero y mi vida tampoco.

Sin embargo he luchado con pasión. Me he negado a hacer de mi vida una aventura intelectual. Es en el esfuerzo donde he encontrado la medida de mi mismo. He evitado el elogio tanto como la envidia. No sé que es la envidia.


El príncipe Satta, antes de ser devorado por un tigre, pronunció las siguientes palabras:

“Toda acción es efímera. Todo ser viviente está condenado inevitablemente a desaparecer. Nadie escapa a esta ley. La soledad de la muerte debe convertirse en nuestra alegría.”


Estas palabras pueden resultaros curiosas, pero demuestra la pasión que ponía Satta en su búsqueda de la Verdad. Poco le importaba su vida de cara a la urgencia de su búsqueda.


El príncipe Fuse daishi (uno de los discípulos de Buda) se retiró un día a la montaña, abandonando a su mujer, a sus hijos, su rango y todas sus riquezas. Y todo ésto con una sola meta. Simplemente con el fin de descubrir lo que él era en el fondo de sí mismo, ya que hasta entonces nunca se había conocido verdaderamente.”





Un_zn día acompañe a Kōdō Sawaki a una prisión a la que había sido invitado como capellán. En ella se encontraba encarcelado uno de los miembros más importantes del partido comunista, el profesor Sano (5). El Maestro se dirigió directamente a los prisioneros:

“ahora me veis vestido con el hábito de monje, pero yo también he estado en prisión, en Kobe, durante mi juventud. ¡Realmente tengo la impresión de que la policía contribuye eficazmente a que os multipliquéis!”


Los prisioneros salieron inmediatamente de su pasividad llena de desconfianza y se sintieron a sus anchas, porque comprendieron que estaban ante un capellán poco ordinario y que sabía ponerse a su nivel. Sorprendido, le pregunté al Maestro en qué ocasión había sido puesto entre rejas.


“Fue un error. Un día, cuando tomaba el barco en dirección a Kobe, un pasajero se dió cuenta de que le habían robado todo su dinero. Como yo tenia la apariencia de un vagabundo, fuí arrestado. No había hecho nada, me dirigía en peregrinación a Amagusa y, aunque era muy pobre, habría sido incapaz de robar nada. Intenté explicarles, pero se obstinaron en su error. ¡

Me preguntaba porqué había tenido la mala suerte de ser arrestado!

Fue una de las raras veces en mi vida que derramé lágrimas de despecho.

Impotente, intenté aclarar la situación haciendo haciendo zazen. Fue en prisión donde me dí cuenta de que nunca había llevado una vida tan sobria, tan depurada, acostándome sobre una plancha dura con una sola manta, despertado brutalmente cada mañana y recibiendo una comida repugnante, cortado del mundo y encerrado en una celda oscura.


Realmente no habría podido elegir un lugar mejor para familiarizarme conmigo mismo. Al final llegué a apreciar tanto este modo de vida que lo encontraba superior incluso al que podía llevar en el templo, ya que el entrenamiento espiritual que estaba obligado a aceptar en la prisión era definitivamente más profundo.”


Hacia 1940, Kōdō Sawaki me impulsó a formar parte de un comité para el desarrollo de las artes marciales que él presidía, rodeado de maestros de judo, de tiro con arco y de kendo. Por aquel entonces dió un discurso sobre el secreto de las artes marciales en relación al Zen:



“La escuela Unkoryu (6) tiene como primer precepto el deshacerse de todo egoísmo. Aquel en el que la intención de matar a su adversario está aún presente, deberá él mismo perder la vida.


La meta del combate tal y como lo enseña la escuela Unkoryu es tocar al adversario sin pensar en sí mismo. Durante todo el tiempo del combate, los dos adversarios deben abandonar toda preocupación vulgar, todo artificio, toda astucia y no temer a la muerte. El Zuijunsho expresa con condición la esencia misma de esta enseñanza.


“El adepto de las artes marciales debe llegar al no- pensamiento, al no-deseo, a la no-esperanza, al no-apego, a la no-relajación; debe estar preparado a lanzarse como el viento, ser tan móvil como él. Hay que ser libre como el aire que se desplaza a través del cielo y de la tierra, y puede alcanzar no importa qué rincón del universo.”


Es indispensable perseverar con determinación en la meta que se ha fijado inicialmente. ¡Si un hombre no es capaz de alcanzar el paraíso, al menos que acepte el infierno!


El individuo más despreciable es áquel que a semejanza del común de los mortales, no tiene la dureza necesaria para alcanzar el paraíso, pero que al mismo tiempo no es lo bastante intrépido para saltar al infierno.


Todo el mundo puede encontrar en las mujeres y en el vino o bien su infierno o bien su paraíso. Pero es absolutamente necesario que haga su elección y que someta a ella de manera resuelta los principios mismos de su vida.”


(Extraído del cuaderno de notas del Maestro Kōdō Sawaki)


Así terminó su discurso, dejando a la audiencia llena de entusiasmo y con deseo de oír aún más.




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Koodoo_Sawaki

Kōdō Sawaki, El Maestro Zen Errante


K_zōdō Sawaki nació en el seno de una familia acomodada cerca del santuario de Ise en 1880. Tuvo otros seis hermanos. Su nombre real era Tsaikichi.

Su madre murió cuando él contaba cinco años y a los ocho perdió a su padre. Fue adoptado entonces por un tío suyo muy estricto y brutal.

Su nombre era Sawaki Monchiki. Este era un hombre débil y perezoso que según sus propias palabras “sólo creía en el tabaco y en el sexo” y que había tenido once esposas. La última de ellas era una prostituta que sufría crisis de histeria. A los trece años tuvo que trabajar y para poder mantenerse se convirtió en vigilante a sueldo de apostadores, su labor consistía en descubrir a los tramposos.


En 1894 estalló la guerra chino-japonesa y Kōdō Sawaki fue llamado a combatir, demostró mucha valentía durante los combates y fue condecorado en diferentes ocasiones. Durante uno de esos combates resultó gravemente herido tras recibir un disparo en la boca, fue dado por muerto y arrojado a una fosa común.


Herido de gravedad e incapaz de moverse por el peso de los cadáveres que tenía sobre él, permaneció varios días bajo los cuerpos en descomposición. Cuando iban a ser incinerados, fue descubierto con vida y pudo regresar a Japón como inválido de guerra.


Así, a los dieciséis años, sin familia, sin dinero, sin amigos, sin alimentos y sencillamente con la ropa que llevaba puesta, viajó a pie al templo de Eiheiji. Los monjes, creyéndole un pordiosero y un loco (aún no podía hablar correctamente por el disparo que había recibido en la boca), se negaron a escucharle.

Sin mostrar desánimo, Kōdō Sawaki insistió en ser admitido en el templo. El responsable del templo, conmovido por la insistencia de aquel joven, finalmente le aceptó.

Durante este período conoció al maestro de la secta Soto, Sawada Koho Roshi, de quien finalmente recibió la transmisión.


Tras haber recibido las enseñanzas de su maestro, se mantuvo junto a él durante dos años y después se retiro a vivir a una ermita abandonada. Prácticamente no dormía porque le preocupaba mucho perder el tiempo, se dedicaba por completo a practicar shikantaza y a estudiar el Shobogenzo.


Para ahorrar tiempo solo comía arroz y judías, ambos crudos.

Después de cinco años de interrupción ingresó al templo Horyu-ji en Nara en donde realizó los estudios de filosofía sin descuidar jamás su práctica de zazen ni el estudio del Shobogenzo (texto primordial del maestro Dogen).


En 1912 se convirtió en el primer discípulo del templo de Yosenji. Luego vino un período de aislamiento que finalizó a la edad de treinta y siete años. Durante los años siguientes, ocupó diferentes cargos en diversos templos. En 1935 se convirtió en profesor de zazen en la universidad de Komasawa y primer discípulo en el templo Soji-ji (el otro templo principal de la escuela Soto).


Se hizo muy popular en Japón, organizando retiros y campos de verano en diversos lugares. Enseñó tanto a monjes como a laicos, dió conferencias en universidades y prisiones y participó en la fundación de diversos centros de práctica.

Debido a su resistencia a instalarse en un templo y a que se le encontraba siempre sólo, se le dio el sobrenombre de Kōdō el errante.

Kōdō Sawaki Roshi aportó un nuevo aire a un Zen moribundo, reintroduciendo la práctica universal de zazen, heredada del maestro Dogen.


A la edad de ochenta y seis años cayó gravemente enfermo y pasó sus tres últimos meses en Antaiji (templo que él había convertido en un lugar de práctica pura). Inmediatamente antes de su muerte, otorgo la ordenación monástica a su discípulo Taishen Deshimaru.


Desde su lecho, Kōdō Sawaki pasaba largos momentos contemplando el monte Takagamine y tres días antes de su muerte le comentó a una monja:

“Míralo. La naturaleza es magnifica. Comprendo los problemas de los seres humanos. Durante toda mi vida, jamás encontré a un hombre al que me pudiera someter y que yo hubiera podido admirar.

Pero este monte Takagamine me mira siempre desde lo alto y me dice: Kōdō, Kōdō”.

Estas fueron sus últimas palabras.

Kōdō Sawaki Murió el 21 de diciembre de 1966 a las 13:50 hrs.



Nota: Existe una discrepancia muy importante a la hora de situar histórica y temporalmente las graves heridas que Kōdō Sawaki recibió durante la guerra.

Algunos biógrafos (como Philippe Coupey, autor de la introducción de “La voz del valle” de T. Deshimaru), defienden la historia descrita en esta biografía, mientras que otros autores sitúan este episodio en la guerra que enfrentó a Rusia y a Japón en 1904, de este modo, Kōdō Sawaki tendría en ese momento 24 años.


En este último caso, el viaje al templo de Eiheiji que Kōdō Sawaki llevó a cabo a los 16 años se habría realizado sin problemas de salud.

Los demás datos que aparecen en esta biografía están contrastados y los diferentes autores coinciden en sus detalles.





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Roshi_Deshimaru

Taisen Deshimaru, El Maestro Zen de Occidente


T_zaisen Deshimaru fue educado por su abuelo, un maestro samurai antes de la revolución Meiji, y por su madre, una devota seguidora de la secta budista Shinshu.


Desde muy joven le atormentó la idea del efímero mundo que representaban el nacimiento y la muerte. El nembutsu, práctica habitual de su madre no le satisfacía, ni tampoco el estudio de la Biblia cristiana que desarrollo bajo la guía de un pastor protestante.

El cristianismo, que en un principio atrajo toda su atención, pronto perdió su atractivo para Taisen, que pensaba que esas enseñanzas se perdían en una imaginería abstracta y poética muy bella, pero poco eficaz en la práctica.


En su búsqueda de la paz para su mente, abandonó sus estudios sobre el cristianismo y volvió al budismo. Como consecuencia de esta decisión entró en contacto con la secta Rinzai. Insatisfecho tanto con la doctrina Rinzai como con sus propios resultados como empresario y hombre de negocios, Deshimaru comenzó a recorrer un tortuoso laberinto que le conduciría al maestro de la secta Soto, Kōdō Sawaki.


Se cuenta que al llegar por primera vez a a la ermita del maestro, encontró a Kōdō Sawaki de espaldas a la puerta de entrada, sentado en la posición perfecta. Superando la sorpresa inicial, Deshimaru se dirigió al maestro, pero Kodo no respondió, Taisen lo intentó nuevamente con el mismo resultado, al tercer intento, recibió la respuesta del maestro que no se había movido en absoluto. He estado esperando impacientemente tu visita dijo Kōdō Sawaki.

Taisen Deshimaru se convirtió en discípulo, y siguiendo directamente las enseñanzas de su maestro, se dedicó en cuerpo y alma a la práctica del shikantaza.


Sin embargo, tras el ataque del ejército japonés a la base americana del puerto de Pearl (Pearl Harbor), las circunstancias obligaron a separarse a maestro y discípulo. Deshimaru transmitió a su maestro su inquietud sobre las posibilidades de Japón de ganar la guerra, y su maestro le contesto:

Nuestra patria será destruida, nuestro pueblo aniquilado… y quizá sea esta la última vez que nos veamos. A pesar de todo, ama a toda la humanidad sin que te importe su raza o credo.


Deshimaru iba a ser enviado a una misión hacia aguas enemigas, su maestro lo sabía y le entrego su viejo rasuku (kesa de cinco bandas que se emplea para viajar) y un cuaderno que contenía el shodoka.

La tarea de Deshimaru consistía en dirigir una mina de cobre en Indonesia que estaba controlada por los japoneses, para ello, se embarcó en una flota de cargueros y destructores. Al poco de dejar atrás las aguas controladas por Japón, submarinos de los Estados Unidos realizaron un devastador ataque contra el convoy y fueron hundiendo los barcos uno tras otro.

El carguero en el que viaja Deshimaru llevaba un cargamento de dinamita, y cada vez que un torpedo pasaba junto al barco, los tripulantes, presa del pánico se lanzaban al agua.


El buque estaba en manos de un capitán muy capaz, así que Deshimaru permanecía sentado en perfecta posición de loto en el castillo de proa, bajo el entarimado del sollado donde se hallaba el capitán.

Cuarenta días más tarde, el carguero entró finalmente en Mekong y alcanzó puerto.

De una flota de 50 navíos, únicamente ese llegó a su destino.


En la isla de Bangka, cerca de la costa de Sumatra, Deshimaru enseñó la práctica del zazen a los habitantes chinos, indonesios y europeos que vivían allí.

Sin embargo, triste y decepcionado por el brutal comportamiento que las propias tropas japonesas tenían con los nativos, tomó parte activamente en favor de la gente de Bangka. Deshimaru fue perseguido por pertenecer a la resistencia que luchaba contra el ejército imperial japonés, y fue enviado a prisión.

Antes de que fuera ejecutado junto con todos los acusados de ese y otros delitos, llegaron órdenes de las más altas instancias militares y todos y cada uno de los detenidos fueron puestos en libertad.


Embarcó de nuevo hacia la isla de Billiton, donde debía hacerse cargo de una mina de cobre capturada a los holandeses. Y de nuevo su barco fue atacado, esta vez por cazas americanos. Deshimaru salió despedido y cayó al mar, sin salvavidas pero con el cuaderno de su maestro en sus manos.

Permaneció a flote durante un día y una noche, y finalmente fue encontrado con vida por una patrullera japonesa.

Cuando acabó la guerra, fue hecho prisionero por el ejército americano y enviado a un campo de prisioneros de guerra en Singapur. Tras muchos meses de penurias, finalmente fue puesto en libertad junto con otros veinte mil soldados.

Deshimaru se reunió de nuevo con su maestro y permaneció a su lado hasta la muerte de este último, acaecida catorce años más tarde.

Recibió la ordenación monástica poco antes de que su maestro cayera enfermo, obteniendo la Transmisión en el lecho de muerte de Kodo Sawaki.


Durante los momentos finales de Kodo Sawaki, este le encomendó a Deshimaru el que sería el objetivo de su vida a partir de ese instante; llevar la verdadera Transmisión del Buda a Occidente.

Tras morir Sawaki, Deshimaru permaneció sentado inmóvil durante cuarenta y nueve días.

Dos años después, dejo a su hijo al frente de la responsabilidad de su familia y se dirigió a Francia sin saber una sola palabra de francés, únicamente con su kesa y sus cuadernos de notas, en ese momento contaba con cincuenta y tres años.


En 1967, en París, alojado en la trastienda de un almacén de dietética, Deshimaru practica zazen todos los días y se gana la vida dando masajes shiatsu y conferencias. Sostenido por su profunda fe en la práctica de zazen y en la transmisión de su maestro, consigue hacer accesible para los occidentales la enseñanza de los grandes maestros zen.


Impresionados por el zazen y por la personalidad de Taisen Deshimaru, cada vez más gente practica con él. Abre un dojo, dirige las primeras seshines y empieza a ordenar a sus discípulos como bodhisattvas, monjes y monjas.


Su actividad no se limita a la enseñanza en el dojo. Tiene un profundo deseo de ayudar al ser humano de la civilización actual, cuyo desequilibrio percibe, y de hacer que consiga por medio de zazen una comprensión más profunda de sí mismo y de su vida.

Con la ayuda de sus discípulos, que cada vez son más numerosos, crea más de cien dojos en Europa y funda el templo de la Gendronnière, el mayor dojo zen de Occidente.

Al mismo tiempo educa a sus discípulos. Su enseñanza es muy concreta y está enraizada en la vida cotidiana. Reconocido por los principales templos del zen soto de Japón, se le nombra kaikyosokan (responsable de la enseñanza del zen) para toda Europa. En su país se le llama el Bodhidharma de los tiempos modernos”.

Para sus discípulos es sencillamente Sensei, el Maestro. En sus últimos años, cada vez más consciente de la urgencia de ayudar al ser humano en el desequilibrio del mundo moderno, intensifica sus actividades, trabajando incansablemente, sin permitirse un descanso.


A principios del año 1982 se pone enfermo, lo que no le impide seguir haciendo zazen todos los días con sus discípulos. En primavera se va de Francia a Japón y muere el 30 de abril. Sus últimas palabras para sus discípulos son:

Por favor, continuad zazen.


Sh-N


Otera_Nihon

Soto-Zen-History

F_zue durante el período Sung del Sur, cuando Dogen Zenji viajó a China para estudiar el Dharma.

Tras visitar muchos templos, a la edad de 26 años, conoció a Nyojo Zenji, el abad del monasterio de Tendosan Keitokuji y heredero en el Dharma del linaje del Soto Zen. Debido a este afortunado encuentro, Dogen Zenji pudo estudiar con éxito, junto con Nyojo Zenji, el Buda Dharma Transmitido Auténticamente, tal y como se ha transmitido desde el Buda Shakyamuni.


Inmediatamente después de su regreso a Japón, a la edad de 28 años, Dogen Zenji escribió el Fukan-zazengi (Principios universales de Zazen) para proclamar el Buda Dharma Transmitido Auténticamente. A pesar de la oposición de escuelas japonesas más antiguas de budismo, especialmente los monjes del monte Hiei, Dogen Zenji lo sintió como una tarea urgente el fomentar verdaderos seguidores del camino, para proclamar las enseñanzas verdaderamente transmitidas.


Con esto en mente, se asentó primero en el templo de Koshoji, en Uji, y posteriormente en el templo de Eiheiji, en Echizen. Fiel a su compromiso de que bastaría una, o incluso media persona, se dedicó enteramente al objetivo de captar verdaderos seguidores del Camino del Buda.


Este pensamiento de Dogen Zenji fue transmitido a sus sucesores: Koun Ejo Zenji, el segundo abad de Daihonzan Eiheiji, y de Ejo Zenji, Tettsu Gikai Zenji, que fundó el templo Daijoji en Kaga. El discípulo de Tettsu Gikai Zenji, Keizan Zenji, heredó entonces el Dharma.


De entre los discípulos de Keizan Zenji, fue Meiho Sotesu Zenji el que más tarde heredaría el templo de Yokoji, y Gasan Joseki Zenji el que heredaría Daihonzan Sojiji. Estos maestros también formaron a muchos estudiantes brillantes que difundieron las enseñanzas de la escuela Soto Zen por todo Japón.


Aunque la escuela Rinzai Zen, que también había heredado una corriente del Zen chino, tenía el apoyo y contaba con gente muy poderosa entre sus creyentes, incluyendo al gobierno Shogun y a la nobleza, la escuela Soto Zen encontraba a sus adeptos principalmente entre las familias acaudaladas en los distritos rurales, así como entre la población general.

Por esta razón, la escuela Soto Zen popularizó sus enseñanzas principalmente en zonas rurales.

Durante el final del período Kamakura, y en el período Muromachi, la escuela Rinzai Zen estableció cinco templos principales en Kyoto y Kamakura, inaugurando así el sistema de “Cinco montañas-Diez templos” (Gozan-Jissetsu). Esto animó de forma importante el desarrollo de una cultura influenciada por la mentalidad Zen, especialmente en el movimiento literario conocido como Gozan-Bungaku (Literatura de las cinco montañas).


En contraste, la escuela Soto Zen evitaba conexiones con el poder central, prefiriendo mezclarse con las masas y responder a las necesidades más simples de la gente común, mientras continuaba un camino lento, pero constante, de actividades de enseñanza. Por supuesto, a través del flujo de la historia, la escuela Soto Zen ha experimentado períodos de confusión y cambio.


El establecimiento del jidan seido (el templo impone el sistema al feligrés) por el gobierno Shogun en el período Tokugawa, condujo a la organización central y control de los templos en todo el país. Fue entonces que muchos grandes maestros que impartían sus enseñanzas en la escuela Soto Zen, hicieron su aparición, donde se incluían a Gesshu Soko, Manzan Dohaku y Menzan Zuiho.

Estos maestros fueron fundamentales para corregir los (errores) en la transmisión del Dharma, mientras hacían énfasis en la necesidad de regresar al cuidado original de Dogen Zenji en la auténtica transmisión cara a cara (menju-shiho). Esto fue una parte de un movimiento para resucitar la revelación original de la escuela Soto Zen.


Esto también condujo a una copiosa investigación y edición de clásicos de la escuela Soto Zen, comenzando por la obra maestra de Dogen Zenji, Shobogenzo (El Tesoro del verdadero ojo del Dharma).


Con la llegada de la restauración Meiji, el nuevo gobierno se sustentaba en la autoridad del emperador, ya que la teología sintoísta le confería su divinidad. Debido a la estrecha relación entre el sistema imperial y la religión popular, el gobierno instaló la religión sintoísta tradicional en el centro de la sociedad, separando budismo y sintoísmo, así como tratando de hacer desaparecer el budismo.

El gobierno, incluso llegó a promulgar la necesidad de “eliminar al Buda y derrocar a Shakyamuni” (haibutsu-kishaku). Este hecho fue un grave contratiempo para el mundo budista, pero las diversas escuelas budistas consiguieron sobreponerse a los problemas.


En este período, la Escuela Soto Zen contempló el surgimiento de Ouchi Seiran Koji, que editó la versión original de Shushogi (El significado de la práctica y la realización). Azegami Baisen Zenji, del templo Daihonzan Sojiji, y Takiya Takushu Zenji, del templo Daihonzan Eiheiji, revisaron los textos de Ouchi y lo promulgaron como el estándar para la difusión de las enseñanzas de la escuela Soto Zen.


El Shushogi ha jugado un papel importante en la popularización de las enseñanzas entre los laicos. Hoy en día, la escuela Soto Zen se ha convertido en un movimiento religioso mayoritario que cuenta con alrededor de 15.000 templos y unos ocho millones de devotos en Japón.




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Notas:


(1).-Kusen: Enseñanza durante Zazen. Constituye la transmisión oral de la enseñanza del maestro.

(2).-Moshotoku: Sin meta ni espíritu de provecho.

(3).-Satori: El despertar, la iluminación.

(4).- La vía del Bodhisattva o Bosatsu Do, la doctrina que enseña que la perfección personal debe estar acompañada de la compasión universal.

(5).-Hay que precisar que antes de la guerra, los comunistas japoneses eran el objeto de una persecución implacable.

(6).- Unkoryu: Una de las escuelas de artes marciales más antigua de Japón.



::: Los textos del presente artículo, corresponden a extractos del libro: Autobiografía de un Monje Zen de Taisen Deshimaru.

Editorial Luis Cárcamo (Madrid)


::: Referencia de las biografías del Maestro Kōdō Sawaki y Taisen Deshimaru: web zazen.es

::: La fuente original de los Videos presentados al igual que los textos de Historia de la Escuela Soto Zen, son una producción realizada por la Escuela Budista Zen Soto_Shu de Japón.

Website: global.sotozen-net.or.jp

Gr-Z

Estoicismo, para nuestros días

•Septiembre 19, 2009 • 2 comentarios

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L0 que Podemos Controlar y Lo que No


La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no.

Sólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior.

Bajo control están las opiniones, las aspiraciones, los deseos y las cosas que nos repelen. Estas áreas constituyen con bastante exactitud nuestra preocupación, porque están directamente sujetas a nuestra influencia. Siempre tenemos la posibilidad de elegir los contenidos y el carácter de nuestra vida interior.

Fuera de control, sin embargo, hay cosas como el tipo de cuerpo que tenemos, el haber nacido en la riqueza o el tener que hacernos ricos, la forma en que nos ven los demás y nuestra posición en la sociedad.

Debemos recordar que estas cosas son externas y por ende no constituyen nuestra preocupación. Intentar controlar o cambiar lo que no podemos tiene como único resultado el tormento.

Recordemos: las cosas sobre las que tenemos poder están naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción o impedimento; pero las cosas que nuestro poder no alcanza son debilidades, dependencias, o vienen determinadas por el capricho y las acciones de los demás.

Recordemos, también, que si pensamos que podemos llevar las riendas de cosas que por naturaleza escapan a nuestro control, o si intentamos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos se verán desbaratados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y criticonas.



Ocúpate de Tus Propios Asuntos


Presta atención únicamente a tus verdaderas preocupaciones y da por sentado que lo que pertenece a los demás es asunto suyo y no tuyo. Si obras así, serás impermeable a la coacción y nadie te podrá retener.

Serás auténticamente libre y eficaz, pues darás buen uso a tus esfuerzos en lugar de malgastarlos criticando u oponiéndote a los demás.



Inculca en tu Mente Ideales Superiores


Manténte unido a lo que es espiritualmente superior, prescindiendo de lo que hacen y dicen los demás. Sé fiel a tus verdaderas aspiraciones pase lo que pase a tu alrededor.

Si conoces y prestas atención a tus verdaderas preocupaciones, nada ni nadie te hará actuar contra tu voluntad; los demás no podrán herirte, no ganarás enemigos ni padecerás ningún mal.

Si tienes el propósito de vivir siguiendo estos principios, recuerda que no será fácil: deberás renunciar por completo a algunas cosas y posponer otras por ahora. Es probable que debas privarte de la riqueza y el poder si quieres asegurarte de alcanzar la felicidad y la libertad.



Seremos Objeto de Burla


Quienes buscan una vida superior en la prudencia, quienes aspiran a vivir fieles a sus principios espirituales, deben estar preparados para ser objeto de burla y condena.

Muchas personas que bajan progresivamente el listón de sus aspiraciones personales en un intento de ganar aceptación social y más comodidad en la vida terminan amargamente resentidos con quienes tienen inclinaciones filosóficas y se niegan a comprometer sus ideales espirituales en su búsqueda por mejorarse a sí mismos.

Nunca vivas en función de estas almas desdichadas. Compadécete de ellas al tiempo que te mantienes firme en lo que tú sabes que es bueno. Cuando inicies tu programa de progreso espiritual, es probable que las personas que te rodean se mofen de ti y te acusen de arrogancia.

Tu cometido es comportarte con humildad y ser consecuente con tus ideales morales. Aférrate a lo que en el fondo de tu corazón sabes que está bien. Así, si eres constante, las mismas personas que se burlaban de ti terminarán por admirarte.Pero si permites que las opiniones malintencionadas te hagan titubear en tus propósitos, incurrirás en una doble falta.



El dominio de Uno Mismo es el objetivo al que la Voluntad Divina desea que Aspiremos


El mal no reside de forma natural en el mundo, en los acontecimientos ni en las personas.

El mal es consecuencia del descuido, la pereza o la distracción: aparece cuando perdemos de vista el verdadero propósito de nuestra vida.

Cuando recordamos que el propósito es el progreso espiritual, volvemos a esforzarnos en dar lo mejor de nosotros mismos. Así es como se alcanza la felicidad.

Acepta con calma los acontecimientos tal como ocurren

No exijas que los acontecimientos sucedan como deseas. Acéptalos tal como son realmente. Así te será posible la paz.



Haz Tuya la Voluntad de La Naturaleza


Descubre la voluntad de la Naturaleza. Estúdiala, préstale atención y hazla tuya.

La voluntad de la naturaleza nos es revelada mediante experiencias comunes a todos. Por ejemplo, si el hijo de un vecino rompe un tazón o algo por el estilo, decimos de buen grado: «Estas cosas pasan». Cuando el tazón que se rompa sea el tuyo, deberías responder de la misma forma en que lo haces cuando se rompe un tazón ajeno.

Traslada esta premisa a asuntos de mayor importancia emocional y material. ¿Que muere el hijo, la esposa u otro ser querido de otra persona? En tales circunstancias, cualquiera puede decir: «Es el ciclo de la vida. La muerte tarde o temprano llega. Hay cosas inevitables».

Pero cuando quien muere es nuestro hijo o nuestro amor, tendemos a exclamar: «¡Ay de mí! ¡Qué desgraciado soy!»

Recuerda lo que tú sientes cuando le sucede lo mismo a otra persona. Transfiere ese sentimiento a tus circunstancias actuales. Aprende a aceptar los acontecimientos, incluso la muerte, con inteligencia.



No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas.

La envidia es el adversario de los más afortunados.

La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre.

La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte. No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel, ni de la muerte. De lo que hay que tener miedo es del propio miedo.

El infortunio pone a prueba a los amigos y descubre a los enemigos. En la prosperidad es muy fácil encontrar amigos, en la adversidad no hay nada más difícil.

Reflexionad mucho antes de decir o hacer algo, porque no podréis remediarlo después de dicho o hecho.

En los festines acuérdate que tienes dos invitados: el cuerpo y el alma. Lo que des al cuerpo lo perderás; lo que des al alma lo conservarás eternamente.

Engrandecerás a tu pueblo no elevando los tejados de sus viviendas, sino las almas de sus habitantes.

Cuando sea llegada mi hora, moriré; pero moriré como debe morir un hombre que no hace más que devolver lo que se le confió.

El Sol no espera a que se le suplique para derramar su luz y su color. Imítalo y haz todo el bien que puedas sin esperar a que se te implore.

Epicteto, filósofo estoico (55-135 d.C.)

Fuente: Upasika (Revista Digital Atenea - 2009)

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“Las lecciones de Epicteto nos recuerdan en estas horas de la modernidad, tan contaminadas del apego a los bienes materiales y, a la vez, tan vacías, que hay otra senda para ser hombres, para vivir y morir con dignidad.

Desde esa lejanía clásica, como una llama viva, nos llega el eco de una voz que el oído finísimo de Montaigne, de Pascal, o de Simone Weil, más cercanos a nosotros, han captado como hilo de una tradición espiritual, testimonio de la humana grandeza,  acerca de los valores: la construcción del sujeto ético y, por ende, una vida colmada de sentido…”


Filosofía y Matrix

•Septiembre 16, 2009 • Dejar un comentario

Filosofia-en-Matrix

“Un recomendado y excelente documental inspirado en el exitoso film de los hermanos Wachowski. La película nos habla del Universo Matrix, enfocada con una visión y análisis filosófico que intenta responder: El quiénes somos, Dónde estamos, Existe el Libre Albedrío, Qué es nuestra “realidad”…ilusión o verdad?

Este mini documental, que hace un resumen de la misma trilogía Matrix, acompañada de las ideas de reconocidos filósofos, científicos, cosmólogos, religiosos, entre otros, nos da a conocer singulares e interesantes puntos de vista totalmente actuales, junto a un repaso de las ideas filosóficas de todos los tiempos (Oriente y Occidente), tratando cuestiones intrínsecas vinculadas al Ser Humano y su búsqueda de Sí Mismo.

Se destaca aquí también la intervención del filósofo y escritor Ken Wilber.”



Los méritos del video original sobre la trilogía Matrix, se deben aianuaStella



“La Filosofía siempre necesita ejemplos. Necesita ilustraciones. Y cuanto más vivas y sustanciales sean esas ilustraciones…más eficazmente te harás entender.”

“Existe un término budista, “Samsāra… que tiene relación con la manera en que percibimos el mundo.

Matrix, una red de espejismos que atrapa a la gente es una acertada semejanza a la noción budista de “Samsāra”.

En la Matrix, como en el budismo, el problema es la ignorancia y la solución es el despertar que se alcanza por el Conocimiento.”

“Los temas filosóficos de The Matrix te golpean el rostro.”

“Sus creadores han actualizado las analogías filosóficas clásicas…como la “Alegoría de la caverna”, de Platón, y la historia…Cada personaje es como una metáfora de la realidad en la filosofía, las matemáticas o la ciencia, la física, la biología, el lenguaje de las computadoras y la religión.

Es un despertar, es una manera de mirar el mundo de estar en él, de tratar a otra gente.”

“Es como un experimento de pensamiento que nos ayuda a pensar en cosas que serán importantes en el futuro.

El mundo de The Matrix que se describe en la película te lleva a la metafísica radical de como tendrían que ser las cosas.

No sólo se trata de hacer una película, también hay un mensaje profundo. Es un mensaje muy profético, muy progresista y sin embargo es entretenido, divertido, perturbador, sosegado, todo lo que el arte debería ser.”

“Aun así, hay que aplicar la ciencia, la moral y el arte. La filosofía actúa como coordinador. La filosofía se retira y dice: “Así es cómo encajan.”

Esto te lleva a preguntarte: ¿Qué hago aquí, qué ocurre?”

-Las preguntas profundas.

-La gente sabe más filosofía de lo que cree, porque la filosofía está a su alrededor. En la cultura que viven y respiran.”

“No son tipos de fe. Debes creer en esto y estás salvado. Son formas de liberación y de despertar.

Si llevas a cabo ciertas prácticas conscientemente puedes despertar a esa vida, o a esa realidad interior o a ese espíritu definitivo.

Vives en un sueño hasta que despiertas a esa realidad.”

“Kant reflexionó sobre esta pregunta:

“¿Cómo podemos saber qué cosas lo son por sí mismas? ¿La apariencia es un reflejo razonable de la realidad?”

Kant es famoso por llegar a la conclusión de que sabemos muy poco sobre cómo es la realidad en sí misma.

Su teoría era que la mente tiene unos esquemas que estructuran el mundo, creando mundos de varias formas, de manera que no percibimos los anteriores sino las estructuras de la mente que produce fenómenos desarrollados tanto por la mente como por lo que hay ahí fuera.

Cuando te sientas a una mesa, la tocas y ves la mesa se producen estos fenómenos. Es una experiencia consciente de color, de forma, de presión táctil.

Pero estos fenómenos no son las causas determinantes.

Kant estaba convencido de que había algo más, lo que era razonable, porque no controlamos nuestros fenómenos.

Si miro al cielo, no puedo convertir el azul en rosa. Hay algo externo que genera estas percepciones sensoriales estos fenómenos y llegan hasta nosotros.

Una manera sencilla de resumir a Kant es diciendo que él sostenía que el mundo era el resultado de una matriz. Las estructuras de la mente son las que originan el mundo.”

“Debes romper con la mentalidad gregaria. El hombre se superará siendo un superhombre. Dios se hizo hombre para que el hombre pueda ser Dios.

The Matrix es la mentalidad de grupo. Tienen una alucinación colectiva y todos piensan lo mismo y eso es una pesadilla para quien desee despertar y también debió serlo para Nietzsche.”

“Muchas tradiciones dicen que el espíritu es amable y benévolo hasta que lo combates.

Entonces es como un demonio o como una máquina horrenda. Neo avanza hacia su despertar o liberación y regresará al origen, o sea se fusionará con el espíritu o la luz.

La primera parte puede entenderse como una sencilla historia dualística en la que Matrix es “mala”. Y es “bueno” salir de ella.

Pero ésta sería una interpretación muy simplista. En el contexto de la trilogía, es una afirmación no dualística.

Porque su conciencia y su materia están entremezcladas.”

“Cuando el Creador de Llaves dice: “Todo debe hacerse como una sola cosa. Si uno falla, todos caerán”, suena como los Upanishads y oigo alusiones al Advaita Vedanta.

Los Upanishds son textos que hablan de filosofía con mucha profundidad. Es probable que sean los textos filosóficos más antiguos.

Atman es la enseñanza del monismo. Es la creencia de que todas las cosas están unidas en una sola.

Todas las cosas tienen el mismo origen, Brahmán que es el fundamento de todo ser. La meta de esta forma de hinduismo es encontrar tu identidad en el todo.”

“Elección. El problema es la elección.

Schopenhauer fue un gran filósofo que explicó muy detalladamente el mundo manifiesto que en cierto aspecto, es Matriz y fuera del mundo manifiesto hay un mundo con una realidad más profunda.

Schopenhauer dice que nuestra percepción, nuestra conciencia es nuestro cerebro físico visto desde dentro. Y que lo que externamente parece como causa y efecto. Si golpeo un jarrón, se cae. Eso parece, externamente, ser causa y efecto. El proceso correspondiente son muchos poderosos impulsos presionando hacia un lado y el otro pero que se combinan en una enorme voluntad.”

“Cuando publicaron los Upanishads en latín Schopenhauer se entusiasmó tanto como yo cuando salió The Matrix.

Dijo él, “Esta gente había descubierto las mismas nociones y había evolucionado toda una religión centrada en el proceso de iluminación al mirar a través de esa ilusión”.

Ésta es una de las interesantes diferencias entre la filosofía oriental y la occidental. La filosofía occidental, en cierto modo se basa en la autosatisfacción.

Nos sentamos a desarrollar unas teorías escribimos nuestras nociones influidas por Berkeley y Schopenhauer pero no las integramos a nuestras vidas.”

“Todo ser humano lleva en el centro de su propio ser esta realidad espiritual. Así que, por intuición, sabrías que en cierto sentido estás viviendo en un mundo de sueños hasta que despertaras y Schopenhauer fue uno de los primeros filósofos modernos en escribir sobre ello.”

“Está la imagen de Trinity y Neo sobrevolando ese mundo hasta un mundo de luz que podría ser el Cielo, el Pleroma en la terminología gnóstica. Podría ser el Nirvana, podría ser Moshka. Podría ser el eterno e innombrable Tao.

Podría ser la forma platónica del bien. Y no es nombrado porque es indescriptible.

Por eso todas las tradiciones dicen que es inevitable porque no se puede nombrar, pero se puede percibir y experimentar.

La escena en la que salen del mundo de Sión, el mundo de las máquinas para ir a otro nivel, para mí, crea la idea de que existen otros niveles.”

“Aparece, y el Tao lo deja ser. Se disuelve, y el Tao lo deja ser”.

“Debes morir para resucitar tu espíritu, y eso es un tema bastante común, no sólo en la tradición cristiana.

Es común en el budismo. Mueres y te separas de tu cuerpo para poder despertar al Todo. Trinity ha de morir porque Neo también va a morir en su cuerpo físico.

Y ha de sufrir la misma muerte en Matrix.”

“Toda la Trilogía Matrix es increíblemente sutil y compleja.

Las tres son un trabajo artístico impecable. Es una de las pocas películas que ha intentado hacer una declaración sobre las grandes dimensiones de la existencia humana influidas por las grandes tradiciones…Si ves toda la trilogía queda claro que destaca esta visión general del cuerpo, alma y espíritu y lo que ha de ocurrir cuando se ven alienados.

Y se ven alienados por la vanidad y la corrupción de hombres y mujeres y que pueden ser reunidos de nuevo cuando alguien sea un individuo o algún salvador ayudando a otros, reconecte con el espíritu, y eso realinea las tres dimensiones diferentes que componen a un ser humano completo.

Es la historia que cuenta la trilogía. No conozco ninguna película que haya intentado hacer eso y por ello creo que hay que rendirse ante tal extraordinaria ambición.”


Distinguir-La-Verdad-de-la-Ilusion

Enlaces-Relacionados

  1. ianua Stella (Español)
  2. Filo Matrix (Español)
  3. neurociencia-neurocultura (Español)
  4. Matrix Trilogía (Español)
  5. The Animatrix (Español)
  6. Secretia (Español)
  7. What is the Matrix (Inglés)

Afrodita Venus

•Septiembre 12, 2009 • 1 comentario

Escrito de Víctor Cuenca



I. La Tradición


La tradición nos habla del nacimiento de Afrodita de la blanca espuma del mar, acunada en una concha; el viento la empujó hacia Chipre, donde las Horas le colocan un collar resplandeciente y una corona y la conducen al Olimpo.

Con frecuencia se infravalora el sentido de la mitología. Superficiales observaciones pueden confundir al investigador, que puede caer en el error de tomar los elementos poéticos de segunda mano por la verdadera creencia de los pueblos.

Nos vemos obligados entonces a recordar que el verdadero conocimiento sobre los Dioses sólo se comunicaba en los teúrgicos ritos de Iniciación. No pocos estudiantes se han asombrado con palabras misteriosas en los libros de Platón, y alusiones no menos misteriosas a la necesidad de no hablar en público de los temas divinos. La poesía sólo nos da una imagen superficial y esterilizada ex profeso. Sólo la comparación, la analogía y la síntesis nos dan la verdadera medida…en el caso improbable de lograr descorrer el velo.

Hesíodo dice que Afrodita nace desde la espuma, pero de una espuma muy especial, la que se forma al caer el sexo de Uranos al ser mutilado por su hijo Cronos. Es decir: la parte generatriz del Dios del cielo cae en las aguas, el rayo espiritual vitaliza las aguas de la materia; y esto porque no podemos caer en el error antropomórfico de creer a los Dioses como hombres.

Nos cuenta la tradición de los muchos amores de Afrodita con Dioses, Héroes y Hombres, que podemos interpretar como la dación del atributo divino del Amor a los diversos niveles, e incluso nos hablan del rapto de Faetón, hijo del Sol y de la estrella de Alba y del atardecer (Venus).


AFRODITA-VENUS-I

II. La Espuma


Hemos visto la espuma surgir del choque de la parte generatriz del cielo, el rayo sobre las aguas. Pero la espuma en sí es ya un himno a Dios.

Las olas son ondas sinusoidales que, como todas las ondas, no transportan materia; el agua no se traslada, lo que se transporta en las ondas es un mensaje, mensaje que viene de cientos de kilómetros y muere a nuestros pies en la playa. La ola trae un mensaje y al entregarlo se rompe, se da. (Fig. 1)

Al llegar a la orilla, la sinusoide se cierra de nuevo en el circulo primordial del que ha salido (recordemos que la sinusoide es un movimiento circular desarrollado). Lo que poéticamente, decimos de entregar un mensaje (Fig. 2) se convierte en la destrucción de algo tan perfecto y hermoso como una onda, que viaja numerosos kilómetros casi sin gasto de energía y se convierte en Caos de espuma al romper.

Al romper la ola, al entregar su esfuerzo a la tierra, se da un fenómeno de Amor: el elemento Agua se entrega al elemento Tierra. Pero por la ley de las compensaciones, en su dación, en su entrega, en su autoinmolación encuentra el premio al ser beneficiada por su mezcla con el elemento superior, el Aire. Así se forman millones y millones de burbujas que iluminadas por el sol (elemento fuego) dan el color blanco. De una manera extraña se forma la eterna cadena mística, en que lo superior se sacrifica por amor en aras de lo inferior.

Cada burbuja, cada pompa es una maravilla de la naturaleza; se forma por un tiempo muy corto y por la combinación de dos tensiones superficiales, la interna y la externa, manteniendo un equilibrio entre la presión interna y la externa. Influyen muchos factores, desde la composición del agua y sus substancias en solución, hasta la solución del agua en el aire (humedad) y los agentes externos perturbadores. La burbuja adopta la forma perfecta, al decir de Platón, quien a su vez lo tomo de Pitágoras, la esfera es la forma perfecta por naturaleza y cuando no puede asumir esa forma adopta otra lo más perfecta posible (Fig. 3) ¿tendrá relación con la Afrodita Morfo, de la perfección en lo formal, que se adoraba en Esparta?

Hoy se estudia en Ingeniería y Arquitectura la espuma de jabón en diferentes circunstancias, ya que permite el perfecto equilibrio de fuerzas y da la forma más económica en material y superficie, siendo al mismo tiempo la más resistente.

Las burbujas son transparentes, pero…al incidir la luz en su superficie, produce millones de irisaciones, reflejos de los más hermoso colores, y al conjugarse los de millones de burbujas forman por combinación el reflejo blanco níveo y luminoso, símbolo de la pureza.


AFRODITA-VENUS-III

III. La Concha


Expresión de la matriz, conjuga en sí un complejo conjunto de mensajes al ojo atento del que quiera leer en el libro de la Naturaleza.

El hombre rudimentario, casi animal, sólo entiende la recta; cree en lo que sube o en lo que baja, cree-al igual que los seguidores del materialismo-en la recta de crecimiento (ver la teoría del Materialismo Histórico). El hombre con más luces comprende la curva; cree en el nacimiento, apogeo, decrecimiento y muerte; son los fatalistas que ven en cada niño el futuro anciano achacoso, aunque ya no incurren en el error de creer que todo niño sigue creciendo hasta explotar. (Fig. 4)

El hombre un poco superior concibe el ciclo, la sinusoide, la vida y la muerte como una misma cosa (Fig. 5)

En la naturaleza, la sinusoide se expresa muchas veces en la helicoide cuando entra en la tercera dimensión espacial. Así el ADN y el ARN, fundamentos de la vida, son helicoidales. También el sublime Hesíodo compuso su teogonía al pie del Monte Helicón (¿casualidad?) Y el mundo Elemental se manifiesta por la helicoide y la espiral. En la Fig. 6 se ve el fundamento espiral de una concha y en la Fig. 7 diversas conchas con su estructura logarítmica.

La espiral espiral lo llena todo en el espacio y nuestra galaxia como las demás, forma una espiral. Nuestro sistema solar está totalmente rodeado por la órbita de los cometas, que forman entre ellas una tremenda espiral (Fig. 8) Al mismo tiempo, la concha es la matriz protectora, por fuera rugosa y dura, y por dentro el nácar purísimo que acuna la perla.

En las representaciones de Afrodita vemos otro ejemplo de la naturaleza germinal, generatriz, dadora de vida: la Venus de Milo se ve girando sobre sí misma en forma de espiral, su parte superior desnuda y la inferior cubierta, como si surgiera hacia arriba abandonando las ropas. De alguna manera es símbolo del alma que abandona los ropajes de la materia y también de las dos Venus que menciona Platón y luego explicaría Plotino.


IV. Las diferentes Venus


Dice Plotino que nuestra Alma tiene –en su naturaleza de crucificada entre hacia lo Uno y lo Múltiple- dos movimientos. El movimiento ascendente hacia lo Uno, lo Real, o sea la contemplación; y el otro hacia lo Múltiple, lo ilusorio, para ponerlo en el orden de lo superior ya captado y entendido: es el movimiento de amor y entrega hacia lo inferior que se manifiesta por la Organización.

El movimiento hacia lo alto y el movimiento hacia lo inferior, son inherentes a la naturaleza del alma y ambos son necesarios.

También nos hablan del Amor, la tendencia hacia lo Uno, hacia Dios: ésta es la Venus Urania o celeste y divina, o sea, liberadora.

Por otro lado, como aún no somos capaces en nuestro estado evolutivo de inteligir lo Uno más que superficialmente, lo buscamos en lo múltiple. Como el que admira a Beethoven por la belleza de sus obras, aún cuando le es imposible conocerlo personalmente. Así es el que busca a Dios en sus obras, amando humanamente; este amor profano sería Venus-Pandemos.

El peligro del amor profano se ve claramente en el culto que en Argos, se profesaba a la Venus Tumborichos, la que cava la tumba.

El sentido esotérico y oculto se ve en la Venus Maleinis, la sombría.


AFRODITA-VENUS-II


V. Venus


El planeta Venus, estrella o lucero del alba, es desde siempre el símbolo de Lucifer, el ángel caído, el Prometeo mitológico, el que por amor a los hombres, les entrega la chispa y el fuego de los Dioses, en otras palabras: el que entrega el discernimiento o chispa mental al protohumano, que por esa razón, entra en el reino de lo humano.

Es el mismo tentador del paraíso en la mitología judeo-cristina, el que hace probar la fruta del bien y del mal, es decir, el elemento discernidor, la mente dual que diferencia y separa, analiza y compara. Por esto debe caer, debe vivir pendiente de la humanidad-niña, hasta que supere el tránsito humano, simple puente inestable entre el animal y el superhombre.

Es la imagen del Prometeo encadenado, que sufre el martirio diario de vivir en contacto con los humanos, hasta que surja de entre los hombres el Héroe salvador que los libere.

Quizás con este panorama se pueda intuir el sentido del rapto de Faetón, el hijo del Sol, que acercó el carro solar a la tierra. Afrodita-Venus es el Amor, la fuerza total, la entrega desinteresada, la fuerza que puede convertir a un pecador, enfangado en el vicio, en un santo luminoso; es la fuerza de los mártires, de los profetas, de los líderes. Se han dado miles de interpretaciones intelectuales al sentido mesiánico, profético y carismático de los líderes de la historia. Pero nunca se ha podido con esas lecciones eruditas, con esos análisis profundos, fabricar ni un solo líder. Sólo han logrado esas tragi-cómicas pantomimas de cartón-piedra, que son las actuales presidentes y monarcas del mundo, crueles caricaturas sin alma.

Un solo hombre tocado por la Diosa del Amor puede más que mil intelectuales vacíos.

Vivimos épocas sombrías, vanas, artificiales como el plástico y crueles como el acero inoxidable. ¿Cuántos son los que al ver una ola bendicen a Dios por la maravilla del Universo?



VI. Dicen…


Dicen los viejos libros casi olvidados de la India y el Tíbet, que el planeta Venus es cuna de una forma de vida, diferente a la nuestra, pero vida. Dicen que es superior evolutivamente, y que sería para nuestro planeta lo mismo que nosotros somos para los animales.

Hablan estas tradiciones de antiguos contactos y de animales que aún conviven con nosotros y que tienen su origen en Venus. Se habla de la influencia de este planeta en la actividad de estos animales y de la influencia de este planeta en el comportamiento humano.


VII. Decimos:


Que en tiempos de Ciencia sin Fe y Fe sin Ciencia, urge implantar un nuevo tipo de conocimiento, se impone rescatar la antigua sabiduría y preservarla de todo peligro en tiempos de cambio.

Necesitamos constituir un núcleo humano que intente salvar lo rescatable de la Cultura, la Ciencia, el Arte, y las Religiones, uniéndolo en un todo sincrético; que logre una síntesis del saber humano de todos los tiempos, que dé sentido a la existencia. Es imprescindible forjar un Módulo de Supervivencia para lo Bello, lo Bueno y lo Justo.

Y para hacerlo la fuerza debe sacarse del Amor a la Humanidad, a la Naturaleza y a Dios.




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…la Naturaleza es UNA

•Agosto 16, 2009 • Dejar un comentario

PITAGORAS

Los dioses antes que nada; los dioses que son inmortales honra y sé fiel al sagrado juramento como lo quiere la Ley; venera además a los genios ocultos, en tu rito cotidiano, y a los preclaros héroes, por tanto a padre y madre honra y a todos tus parientes.


En cuanto a los otros, amigo te sea aquel que en virtud se distingue. Habitúa tu labio a decir palabras gentiles, tu mano a hacer obras útiles; no te encolerices si a veces el amigo se mancha con golpes veniales.


Hasta que tú puedas; que el poder, recuerda, está cerca, bastante cerca de la necesidad.


Y, por una parte, está bien que todo sea así, pero, por la otra, aprende a dominarte; en primer lugar el estómago, luego el sueño, el instinto sexual y la cólera que enceguece.


Nunca hagas, sólo o junto con los otros, nada vergonzoso, y sobre todo ten siempre respeto de ti mismo.


Trata de practicar la justicia, con las palabras y con las acciones; aprende a ser juicioso y razonable en todas las circunstancias de la vida.

Pero sabe, que la Muerte es el destino de todos, y diversa es la fortuna, que tanto sube como baja.


Los muchos sufrimientos que sufren los mortales por el hado, que proviene de los dioses, y tu mismo destino, soporta con paciencia. Más bien, debes aprender a corregir el destino en lo que sea posible para ti.


Repítete a menudo a ti mismo: “el destino no puede infligir al hombre, si es justo, un trabajo excesivo”.

Muchas palabras pronuncian los hombres, buenos y malos: Ninguna de ellas te turbe, que no te afecte su influencia.


Si alguna vez una mentira llega a tu oído, entonces tú, con mucha dulzura, cede.

En cada ocasión cúmplase lo que ahora te digo: Nadie te induzca, nadie, por palabra o fuerza, a decir o hacer algo que no sea lo mejor.


Antes de actuar, piensa, para no realizar actos absurdos. Es de débil adoptar palabras vanas y actuar sin sintido.


Más bien actúa para no tener que sentir, más tarde, arrepentimiento o remordimiento. No actuar no hacer algo que no sepas, pero aprende lo necesario, y tendrás días largos y felices.


Ni te conviene descuidar el cuerpo, la salud del cuerpo, pero descubrir debes la justa medida en el alimento y en la bebida como en el ejercicio de los miembros.


Llamo así, justa medida, a aquella que para ti nunca será causa de daño.

Habitúate a un tipo duro de vida, y sobrio, y limpio y viril.


Evita, hasta que puedas, hacer cosas que suscitan envidia. No derroches tu dinero como hace aquel que no conoce qué es bueno y bello.

Atento a no ser avaro. La medida en toda cosa es aquello que es mejor.


Haz pues aquello que no te acarrea daño; antes de hacerlo medita, reflexiona.

No ofrezcas a tus ojos el dulce sonido sin haber recorrido tres veces todas las acciones de tu jornada.


“¿En qué he fallado? ¿Qué he hecho? ¿Cuál es el deber que no he cumplido?”


Volver a recorrer así, por completo tu gesta cotidiana, a partir de la primera; y si has cometido acciones vergonzosas siente remordimiento y repruébate: pero de las acciones honestas ten alegría.


Y en ellos debes ejercitarte; esta es la dura tarea que pretende tu máxima entrega; éstas las cosas que debes preferir: lo que a ti te llevará a las secretas huellas de la virtud divina.


¡Sí, gracias a aquél que en nuestra alma transfunde su sagrada tetraktys, fuente de la naturaleza infinita!

¡Vamos, pues, al trabajo! Y pide humildemente a los dioses que santifiquen tu esfuerzo.


Con estos preceptos, si los vives fielmente, un día sabrás que lazo conjuga a los supremos, los dioses, los inmortales, con el viviente, contigo, hombre mortal.

Aprenderás, por ti solo, a reconocer los elementos que pasan y los que permanecen.


Por lo que le ha sido concedido a un ser humano sabrás, así, que la Naturaleza es UNA y que es similar en todo.

Por lo cual no esperarás lo que es inesperable; por lo cual ya nada te será ocultado.


Entonces sabrás que los mortales padecen los males que han elegido ellos mismos: desafortunados que no ven lo que los une y los acerca al dolor y raros son aquellos que saben desprenderse del mal.


¡Tal es el destino que su espíritu enceguece! Y como piedra que cae de lo alto del monte así son sacudidos también ellos, ora de una lado otra del otro, sufriendo infinitos tormentos.


Aún no saben reconocer la funesta discordia, ínsita en nosotros, que nadie debería alimentar, sino evitar, huyendo.


Zeus, padre nuestro, a este ser humano, tú solo podrías liberarlo de sus muchos afanes si le mostrases a cada uno el genio que lo guía.

Pero tú, hombre, ten fe, porque sí es de origen divino la raza de los mortales.


Al que sabe despertar en su corazón lo que de sagrado el alma esconde, la naturaleza luego le desvela cada cosa.


Y si eres de éstos, y sabes participar de este don de la naturaleza, entonces pon en práctica lo que te ordeno: Una vez curado, podrás de cualquier otro mal liberar al alma.


Considera y distingue, considera y reflexiona en cada caso, y como auriga del carro del alma toma sólo la espléndida razón.


Y cuando, finalmente, dejes tu cuerpo de tierra y vayas hacia el éter libre, te darás cuenta de que ya no eres mortal; sino un dios, un inmortal, también tú.

BUSQUEDA-P-II



Nota: La foto utilizada corresponde al busto de Pitágoras, de la Villa dei Papiri de Herculano - Nápoles, Museo Archeologico Nazionale.

Y la imagen del banner ha sido realizada en Photoshop CS4.

A la Busqueda de una Civilización Natural

•Julio 15, 2009 • Dejar un comentario

Una-Civilizacion-NaturalArtículo de Jorge  Livraga R.


LAa preocupación política, o sea referente a la conducción de los grupos humanos, es una de las más antiguas. El hombre ha sido y es un Ser social por naturaleza y no sabemos que jamás haya dejado de serlo. Todos los testimonios tradicionales y arqueológicos confirman, cada vez con más intensidad, la preocupación sociopolítica de los seres humanos; tan temprana como la religiosa y la de supervivencia individual a través del sexo.

Las comunidades humanas han tratado, desde los más antiguos tiempos, dentro de lo que sabemos, de convivir con la Naturaleza. Se sentían parte de la misma y la figura mental de la madre física se trasfundió siempre con la de la Madre del Mundo; siendo así las Deidades femeninas más antiguas que las masculinas en cuando a la importancia de sus Culto. Un “secreto Instinto” avisaba al hombre, desde las mismas entrañas de su consciencia, que su imperio sobre los minerales, vegetales, animales, distancias y tiempos, estaba atado inexorablemente a su entorno cósmico y que su propio cuerpo y psique eran también componentes de esa naturaleza, cuyo origen ontológico no era otra cosa que Aquello superior a toda dualidad y a todo razonamiento discursivo que hoy llamaos Dios. Así, Dios-naturaleza-Humanidad formaron la Primera Tríada de todos los Cultos, desde los predinásticos Egipcios hasta el mismo Cristianismo.

El Culto a los dólmenes y “Piedras del Cielo”, al Árbol de la Vida, a las formas animales es, asimismo, patrimonio espiritual de toda la Humanidad, de todos los tiempos. El Sol, la Luna, las Estrellas, los Ríos, el Mar, las Montañas, los Abismos, figuran siempre asociados con los Dioses y con los primeros hombres.


La Civilización, como arquetipo de la plasmación de la Cultura, fue concebida entonces, en colaboración y no en lucha contra la Naturaleza, lo contrario de esto se tuvo siempre por suicidio colectivo y por peligrosísimo desafío al Destino.

Tal vez convenga diferenciar el concepto vulgar de “Salvaje” del de “Natural”, dado que el primero encierra la actitud pasiva de hombres movidos por su entorno y el segundo de hombres que se mueven modificando el entorno, pero sin oponerse a él, sino colaborando activamente con él.

La más grande Civilización de que tenemos un recuerdo detallado es la Romana. No quiero decir con esto que haya sido la más importante, ni menos la más antigua, sino que de ésta tenemos elementos a la mano en número y calidad tal, que nos permiten una reconstrucción bastante ajustada de sus características.

Su misma costumbre de narrarlo todo; su alineación histórica, nos permite hoy saber más sobre lo que se habló en el Senado en épocas de Cicerón o de las campañas y muerte de Julio César, que sobre la entrevista de Yalta o el asesinato del presidente Kennedy. Aunque esto parezca un absurdo es auténticamente cierto y no creemos que toda la responsabilidad de nuestra ignorancia de hechos tan reciente la tengan “Secretos de Estado”, sino una forma de mentalidad diferente que ha restado valor al detalle en los actos del Hombre.


ESTAsta Civilización Romana, a pesar de los politicastros que la atacan en base a abstracciones, es para los historiadores un verdadero modelo de “Civilización Natural”, dentro de las posibilidades que hasta ahora ha demostrado la humanidad. O sea, que dejando de lado las utopías debemos reconocer que, en la práctica, fue un modelo de Civilización multinacional bellamente injertada en la Naturaleza.

No nos detendremos en la mención de sus caminos, que generalmente corren por debajo de los actuales; ni de sus acueductos que daban a Roma ocho veces más agua por habitante que en la actualidad, ni en tantas cosas extraordinarias, desde sus conceptos artísticos a los filosóficos. Tampoco en sus defectos, que también los tenían y de los cuales ningún grupo humano se ha mostrado carente.

Simplemente queremos destacar, a la luz de los últimos descubrimientos arqueológicos, que la Civilización Romana transformaba los elementos naturales, pero sin destruirlos y sin contaminar el medio ambiente. Desde sus templos de madera y piedras que mansamente vuelven de la Madre Tierra de donde han salido, hasta sus baños y gabinetes higiénicos en los cuales no se echaban papeles que hoy motivan las talas de los bosques y la putrefacción de las tierras, sino esponjas de larga utilización, gracias a ser lavadas cada vez que se usaban, en aguas corrientes y vinagre.

Sus carros se movían por tracción animal y si bien menos veloces y menos cómodos que los nuestros, sus “motores” consumían pasto, los que eran luego abonados con sus desechos…para que crecieran nuevos pastos.

Las chatarras de sus metalurgias, al basarse en metales naturales o en aleaciones simples, vuelven hoy a la Naturaleza sin contaminarla. Sus buques eran movidos por los vientos, que no se ensuciaban por ello y por remeros que hacían su gimnasia, voluntaria o involuntaria, pero siempre útil a la Comunidad, cosa que tanto contrasta con las individuales gimnasia estériles y a las contracciones por descarga eléctrica que endurecen los músculos y tornan elásticas las arterias de nuestros contemporáneos, sin más beneficio que para el que lo hace.

Sus fuentes lanzaban sus chorros de agua cristalina a muchos metros de altura sin recurrir a otro motor que los vasos comunicantes que llevan, por la fuerza de la gravedad, a la estabilización de los líquidos.

Sus relojes lo eran de sol, o hidráulicos, o de pesas.

Sus taxímetros, aplicados a carruajes y a naves, eran simples bolitas que caían en un recipiente según las distancias recorridas…y servían para cargar el aparato otra vez.

Sus expendedores de agua lustral y de bebidas automáticos se basaban en una poco complicada maquinaria, que al peso de una moneda en el extremo de una barra, dejaba por el otro lado salir una cantidad calculada de liquido, hasta que la moneda resbalaba al deposito y la expedición se cerraba, al volver el mecanismo a la posición original.

Sus armas mataban al enemigo, pero sin contaminar la Tierra ni el Cielo y las destrucciones de floras y faunas estaban estrictamente controladas y eran compensadas con largueza.

Su sistema monetario no era muy apto para inflaciones. Y una única unidad económica abarcaba a la tercera parte de los habitantes del mundo de aquel entonces. Así como también le abarcaban sus leyes y un mando unificado político que permitía convivir a cientos de pueblos de diferentes colores de piel, creencias y lenguas.

Su eclecticismo en materia de filosofía y religión eran extremos. La tan mentada luego persecución de los primeros cristianos se debió a que éstos, que por ese entonces se sentían tan sólo una suerte de secta de los hebreos, querían imponer su creencia a todo el mundo, aún de manera violenta, como podemos constatar por lo que hizo “San” Chirlillo de Alejandría con la Filósofa Hipatya.


No creemos que debamos extendernos. Tan sólo hemos dado unos esbozos de lo que fue una forma de Civilización Natural. Sabemos que no fue perfecta, ni mucho menos. Pero la Civilización actual es peor.




Severn Cullis-Suzuki nació y se crió en Vancouver, Canadá. A los nueve años (mientras asistía a la escuela primaria) fundó la Organización Infantil del Medio Ambiente (Environmental Children’s Organization – ECO), un grupo de niños dedicados a enseñar a otros jóvenes diversos temas sobre medio ambiente. En 1992, a la edad de 12 años, Suzuki-Cullis recaudó dinero con los miembros de la ECO para asistir a la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo “The Earth Summit”, celebrada por la ONU en Río de Janeiro.

Video visto originalmente en la web Ética Universal.



NUESTROSuestros medios de transporte se mueven en base a un combustible irreemplazable: el petróleo y el carbón. Además, sus detritus contaminan el medio ambiente y estamos provocando la esterilización del Planeta, tan sólo por querer llegar más rápido a lugares donde luego perderemos el tiempo lastimosamente sin saber qué hacer o recurriendo a viles distracciones para no aburrirse.

Nuestros desperdicios, especialmente los plásticos, son prácticamente indestructibles y ya llenan buena parte de playas, campos y “vaciaderos”, que no son otra cosas que hermosos valles convertidos en cubos de basura. En el mar se vierten constantemente residuos radioactivos en envases que no presentan mayores índices de seguridad para las generaciones futuras.

Nuestras fuentes urbanas mueven una y mil veces la misma agua reciclada gastando para ello electricidad costosamente producida.

Nuestros aparatos necesitan de pilas, motores, cohetes, etc. Todo esto es más o menos contaminante y hay que fabricarlo continuamente, pues continuamente se destruye o deteriora.

Nuestras armas de guerra afectan no sólo a los hombres y sus edificios, sino que modifican toda la naturaleza y pueden llegar, si son atómicas, a destruir el Planeta mismo.

Nuestra estúpida idea de la competencia ha fragmentado el mundo ya no en Naciones naturales, sino en artificiales Países y hay cien monedas en puja. El concepto de Unidad Natural se ha olvidado totalmente y se confunde la cosa, pues ya no nos semejamos con definiciones, sino con injurias, y a todo aquel que quiera retornar a una unidad planetaria o por lo menos de una zona, se le llama “Imperialista”, “Fascista”, etc.

Hemos perdido contacto con la Naturaleza y realizamos esfuerzos inútiles que harán reír a las futuras gentes, como esos de las bicicletas fijas, de las bandas vibradoras, de los juegos con pesas.

Pero si esos mismos esfuerzos lo hiciésemos en algo útil desfalleceríamos diciendo que no aguantamos tanto trabajo. Somos débiles y artificiales.

Nuestra forma civilizatoria produce y consume constantemente y lo más rápido que puede, sumiéndonos a todos en una loca carrera.

Todo lo que hacemos es poco duradero; así lo podemos reemplazar más rápido. No se busca lo bueno, sino lo nuevo. No importa tanto la calidad como la cantidad. El voto de dos imbéciles vale más que el de un genio.

Existe una realidad: no nos salvarán las lamentaciones ni las reprimendas a la manera de la farsa que llamamos ONU. Nos salvara nuestro propio reencuentro con la Naturaleza; con nosotros mismos y con el entorno.


Así, nuestra Filosofía Acropolitana propone un retorno a la naturaleza. Pero no al salvajismo ni a las posiciones exteriores más o menos exóticas, como dejarse el pelo a lo africano o vestirse de chino. Nos referimos a algo mucho más “Interior” y Espiritual. Y que se refleje en todo lo que el hombre haga y deshaga.

Tenemos sed de bellos paisajes, de bosques frondosos, de hermosos mármoles tallados, de música sin aditivos electrónicos, de cuadros sin clisés de serigrafía ocultos bajo la pintura, de aire puro, de aguas puras…y de hombres y mujeres puros.

Que las drogas las tomen los enfermos para mitigar sus dolores, pero no los jóvenes para llenar sus ocios. Que no se vea al trabajo como una maldición sino como una de las mejores herramientas pedagógicas.

Que el hombre crea en Dios y en sí mismo. Y que para ello no haya que hacer un referéndum… ni consultar una computadora.

Seamos Naturales; seamos nada más…ni nada menos que NOSOTROS MISMOS.



¿Por qué tiembla la Tierra?

•Junio 28, 2009 • 2 comentarios

Jorge-Livraga

A poco de mi llegada a Lima he tenido la experiencia, si bien no nueva para mí, de sentir temblar la tierra. Ante éste, como ante cualquier otro fenómeno natural más o menos impresionante, nuestra endoculturación materialista nos trae explicaciones más empíricas que filosóficas, y así el estudio final y las causas profundas mueren confortablemente arropadas en razones mecánicas que si bien explican los medios, jamás los fines ni los principios.

¿Por qué tiembla la tierra?

Sin ser expertos geólogos, conocemos las actuales teorías sobre deslizamientos en la franja del geosinclinal andino y de las contrapresiones explicadas por la teoría de Wogoner sobre el frente-sial del macizo de los Andes, sin descartar la acción de los fuegos subterráneos que, según los más modernos aparatos, no están en el centro del esferoide terrestre como hasta ahora se creía, sino bastante más cercanos a la superficie. Pero todas estas explicaciones no responden en profundidad a la pregunta anterior:

¿Por qué tiembla la tierra?, atiéndase bien que no preguntamos ¿Cómo? sino ¿Por qué?

Si un carro se traslada, por ejemplo, desde Lima al Cuzco, la explicación del porqué de su traslado estaría en relación con los seres inteligentes y vivos que le manejan y el cómo, con el juego de compresión de gases que trasladarían sus impulsos, a través de una maquinaria motora, a las ruedas que giran apoyándose en el suelo y provocando el movimiento del carro sobre la carretera. Así la segunda explicación, puramente mecánica es cierta y explica lo estrictamente mecánico, pero no basta para solucionar el problema de porqué va ese carro de Lima a Cuzco y no a Callao o a Nazca o a cualquier otra parte. Tampoco explicaría, la pura razón mecánica, porqué se puso en marcha, ya que la ignición es “en cadena” pero algo exterior a ella tuvo que provocarla o iniciarla. Y todo esto viene a colación de lo que sigue:

Los científicos a la moda se conforman con las explicaciones mecánicas sobre los temblores de tierra, deteniéndose en los cómos, sin llegar jamás a los porqués. Es evidente que la tierra mantiene una ecología termomecánica, por no hilar demasiado fino, que es propia a todos los seres vivos. Cómo éstos acusan oscilaciones periódicas de temperatura, desde las diarias a las glaciaciones, seguidas por alzas que a manera de fiebres le acometen con intervalos de muchos miles de años. Ha sido niña y ahora envejece, endureciendo su piel y cargándolo de arrugas. Ostenta las cicatrices de sus choques con el mundo circundante en cráteres meteoritos. Ha cambiado varias veces su inclinación referente al plano de la eclíptica tal cual un ser vivo lo hace, aún cuando duerme en el suelo.

La tierra para los filósofos platónicos y neoplatónicos fue siempre definido como un Macrobios, o sea, como una gran unidad viviente, semejante a un animal. Las representaciones arcaicas hindúes que muestran a los hombre levantando sus palacios sobre el lomo de un monstruo cósmico y que hoy se interpretan como meras formas de ignorancia, tenían más esotéricas acepciones y estaban más cerca de la verdad, que los científicos contemporáneos. La tierra es un ser vivo.

Nuestro planeta, se estremece, sufre enfermedades, envejece y un día morirá. Su cadáver se desmenuzara en polvo cósmico tal cual el cuerpo de cualquier otro ser vivo lo hace sobre el polvo terrestre. Como en los intersticios de nuestra piel portamos millones de microbios, así nos lleva la Madre Tierra sobre la piel de sus “Escudos Continentales”. Paralelo no significa identidad. Semejanza no es igualdad.

Nos adelantamos a las críticas aceptando desde ya las diferencias que nuestros ejemplos contienen, pero como filósofos pedimos que se medite, asimismo, sobre las semejanzas. Y pedimos que se medite, no por un simple afán especulativo ó sensacionalista, sino porque, al entender y percibir que la tierra es un ser vivo nos llevara inexorablemente a una cosmovisión diferente, aclarándose para nosotros muchos enigmas, confortándose nuestros corazones al percibir que no somos simples “casualidades” viviendo porque sí en una roca muerta que gira estupidamente en el vacío inerte, sino seres humanos en el mejor sentido de la palabra, enlazados por leyes de causa y efecto a nosotros mismos, a nuestros semejantes y a todos los seres que habitan el universo, tengan la forma y dimensiones que tengan.

Y la tierra es uno de ellos. Un ser vivo del cual nos alimentamos y en el cual vivimos, un compañero de viaje, finalmente, en este aventurero andar de los caminos del tiempo y del espacio, al que debemos cuidar de no envenenar con nuestros detritus artificiales y contaminantes, pues la suerte de la humanidad, por muchos miles de años está aún ligada a la suerte de la Tierra. Y porque debemos respetar y no destruir inútilmente ninguna forma de vida, sea un planeta o una hormiga.

¿Por qué tiembla la Tierra?

Por lo mismo que, ocasionalmente, tiemblas tú, lector…

La tierra es un ser vivo.

La Escritura de Isis sin Velo

•Mayo 12, 2009 • Dejar un comentario

H-Steel-Olcott-2009Por Henry Steel Olcott

Publicado en Old Diary Leaves, Vol. I, 1895

Traducción y Redacción: Eulalia M. Díaz



De la escritura de Isis Sin Velo, de Madame Blavatsky, veamos qué recuerdos nos trae la memoria, sacados del cuarto oscuro donde se guardan sus imperecederos negativos.

Si pudiéramos decir alguna vez que un libro hizo época, sería éste. Sus efectos han sido tan importantes en cierto sentido, como lo fueron los primeros trabajos de Darwin. Ambos fueron ondas de la marea dentro del pensamiento moderno, y ambos tendieron a barrer las crudezas teológicas y reemplazar la creencia en el milagro con la creencia en la ley natural. Sin embargo, nada podría haber sido más común y poco ostentoso que el comienzo de Isis.

Un día, en el verano de 1875, H. P. B. me mostró algunas hojas manuscritas y me dijo: Escribí esto anoche por orden, pero no sé lo que será. Quizás sea para un artículo periodístico, o para un libro, o tal vez para nada. De todos modos, hice lo que me ordenaron.

Después lo guardó en una gaveta y nada más se dijo del mismo durante un tiempo. Pero en el mes de septiembre, si la memoria me es fiel, H. P. B. fue a Siracusa (N.Y.) a visitar a sus nuevos amigos, el Profesor y la Sra. Corson, de la Universidad de Cornell, y el trabajo prosiguió.

Me escribió diciéndome que sería un libro sobre la historia y la filosofía de las Escuelas Orientales, y su relación con las de nuestro tiempo. Dijo que estaba escribiendo sobre cosas que nunca antes había estudiado, y que estaba tomando citas de libros que jamás había leído en su vida

Para comprobar si esto era cierto, el Prof. Corson comparó sus citas con obras clásicas de la biblioteca de la Universidad y encontró que ella estaba en lo cierto.

Cuando regresó a la ciudad no estaba demasiado laboriosa al respecto, sino más bien escribía esporádicamente, y lo mismo sucedió durante la época en que vivió en Filadelfia. Pero un mes o dos después de la formación de la Sociedad Teosófica, ella y yo tomamos dos habitaciones en el 433 West 34 St., ella en el primer piso y yo en el segundo, y desde entonces la escritura de Isis comenzó sin parar y sin interrupción hasta completarse en 1877.

H. P. B. no había hecho labor literaria alguna en toda su vida; sin embargo, jamás yo conocí, ni siquiera a un periodista jefe de un diario, que pudiera comparársele por su tremendo aguante e incansable capacidad de trabajo. Pasaba desde la mañana hasta la noche en su mesa de trabajo, y rara vez nos íbamos a acostar antes de las 2:00 a.m.

Durante el día, yo tenía que atender mis labores profesionales, pero luego de una cena temprana, nos sentábamos juntos en nuestra gran mesa y trabajábamos como si nos fuera la vida en ello, hasta que la fatiga nos obligaba a parar.

¡Qué experiencia! La educación de una vida entera de lectura y pensamiento, de pronto se vio repleta y comprimida para mí en este período de menos de dos años. Yo no le servía únicamente como su amanuense o corrector de estilo, sino que me convirtió en su colaborador. Tal parecía que me hacía utilizar cuanto yo había leído o pensado, y estimulaba mi cerebro a pensar en nuevos problemas que me planteaba sobre ocultismo y metafísica, a los cuales mi educación nunca me había llevado, y que sólo pude comprender a medida que mi intuición iba desarrollándose bajo este proceso forzado. Ella no trabajaba con plan fijo alguno, sino que las ideas afluían a su mente como un perenne manantial cuyas aguas se derramaran.

En determinado momento estaba escribiendo sobre Brahma, y al minuto siguiente sobre el gato eléctrico meteórico de Babinet. A veces estaba citando con reverencia a Porfirio, y al instante siguiente estaba tomando una cita de un periódico o de algún panfleto moderno que yo acababa de traer a la casa. Podía estar adorando las perfecciones del Adepto ideal, y de pronto se distanciaba de ello para darle un porrazo al Prof. Tyndall o a alguna otra persona que no fuese de su agrado, con su crítica porra. De cualquier modo, como un arroyo incesante, cada párrafo completo continuaba viniendo, y podía ser cortado sin daño alguno del posterior o el precedente. Incluso como está ahora, después de todas sus numerosas revisiones, un examen del maravilloso libro mostrará que éste es el caso.

Si ella, a pesar de su conocimiento, carecía de plan de trabajo alguno, ¿no sirve eso para probar que ese trabajo no fue concebido por ella, sino que ella fue un canal por el cual esa oleada de fresca esencia vital se derramó sobre las estancadas aguas del pensamiento espiritual moderno?

Como parte de mi adiestramiento educacional, H. P. B. solía pedirme que le escribiera algo sobre un tema especial, y acaso me sugería los puntos más sobresalientes que debía contener, o me dejaba que yo hiciera lo mejor que pudiera con mis propias intuiciones. Cuando terminaba, si no le servía, usualmente imprecaba, y me soltaba unos cuantos improperios de esos que casi provocan un impulso homicida. Pero si yo estaba listo para romper mi desafortunada composición, ella me la quitaba de las manos y la dejaba a un lado para un posterior uso cualquiera después de acortarla un poco, y yo volvía a tratar de escribir algo de nuevo.

Su propio manuscrito con frecuencia era algo digno de ver. Estaba cortado, pegado, vuelto a recortar y a pegar de nuevo, de tal forma, que si uno lo miraba a trasluz, podía ver que tenía quizás seis, u ocho, o diez pedazos de papel cortados de otras páginas y pegados todos juntos, con el texto unido por palabras u oraciones interlineadas. Tan hábil se convirtió en hacer este trabajo, que con frecuencia se jactaba humorísticamente de esta capacidad suya ante los amigos presentes. Nuestros libros de referencia algunas veces sufrían igualmente en este proceso, porque el emplane de los textos se hacía sobre sus propias páginas, y hay volúmenes en las bibliotecas de la sede de Adyar y de Londres que aún portan las huellas.

Desde que hizo su primera aparición en el Daily Graphics en 1874, a través de su carrera americana, H. P. B. siempre estuvo rodeada de visitantes, y si entre ellos por casualidad había alguno que tuviera algún conocimiento especial de cualquier cosa conocida dentro de su campo de trabajo, invariablemente lo buscaba y, si era posible, hacía que escribiera sus puntos de vista o sus recuerdos para insertarlos en su libro.

Algunos ejemplos de esta clase son el recuento del Sr. O´Sullivan sobre un trance mágico que tuvo lugar en París; un interesante dibujo del Sr. Rawson de las iniciaciones secretas de los drusas del Líbano; las numerosas notas del Dr. Alexander Wilder con párrafos de texto en la Introducción y en ambos volúmenes, y otras más que añadieron valor e interés a la obra.

Conocí a un rabino judío que pasaba horas y noches enteras en compañía de H. P. B. discutiendo sobre la Cábala, y le escuché decir que, aunque él había estudiado la ciencia secreta de su religión durante treinta años, ella le había enseñado cosas con las que él ni siquiera soñaba, y le había dado una clara luz sobre pasajes que ni siquiera sus mejores maestros habían comprendido.

¿De dónde obtuvo ella este conocimiento? De que lo poseía no había duda alguna, ¿pero dónde lo obtuvo? No fue de sus institutrices en Rusia, ni de ninguna otra fuente conocida de su familia o sus amigos más íntimos, ni tampoco de los trenes o los barcos de vapor donde viajó cuando empezó a vagar por el mundo después de sus 15 años, ni de ninguna universidad porque jamás se matriculó en alguna, ni de las grandes bibliotecas del mundo.

A juzgar por sus conversaciones y sus hábitos antes de emprender esta enorme obra literaria, ella no había aprendido nada de esto, ni de una fuente ni de otra, pero cuando necesitaba la información la tenía a mano, e incluso en sus mejores momentos de inspiración –si el término es admisible– ella asombraba a los más eruditos por su conocimiento, como mismo asombraba a todos los presentes con su elocuencia y los deleitaba con su alegría y su burlón humorismo.

Uno creería, viendo las numerosas citas de Isis Sin Velo, que ella las escribió en una alcoba del Museo Británico o de la Biblioteca Astor en Nueva York. La realidad es, sin embargo, que nuestra biblioteca completa contenía escasamente unos 100 libros de referencia.

De vez en cuando, el Sr. Sotheran, el Sr. Marble, u otros amigos le traían un libro, y posteriormente ella le pidió prestado algunos más al Sr. Bouton. De algunos libros hizo gran uso, por ejemplo, Gnostics, de King; Rosicrucians, de Jennings; Sod and Spirit History of Man, de Dunlop; Hindu Pantheon, de Moor; de los furiosos ataques contra la magia, el mesmerismo, el espiritualismo, etc. hechos por Mousseaux, todos los cuales él denunció como obra del diablo; de varios trabajos de Eliphas Levi; de los 27 volúmenes de Jacolliot, y de las obras de Max Muller, Huxley, Tyndall, Herbet Spencer, y otros grandes autores de más o menos fama, pero que no pasaban de un centenar, diría yo.

Entonces, ¿qué libros consultó, y a qué biblioteca tuvo acceso? El Sr. W. H. Burr le preguntó al Dr. Wilder en una carta abierta enviada a la publicación Truth-Seeker, si el rumor que corría era cierto de que él había escrito Isis para H. P. B., a lo cual nuestro querido y viejo amigo respondió que ese rumor era realmente falso, y que él había hecho tanto por H. P. B. como yo había indicado anteriormente, que le había dado muchos buenos consejos, y que, por consideración, había preparado el enorme Índice, de unas 50 páginas, a partir de las pruebas de plana que le enviaron para tal finalidad. Eso fue todo.

Y también carece de fundamento alguno la historia, frecuentemente repetida, de que fui yo quien escribió el libro y ella fue quien le dio el toque final. Fue exactamente lo opuesto. Yo corregí cada página del manuscrito varias veces, e incluso revisé las pruebas. Escribí muchos párrafos para ella, que con frecuencia contenían solamente sus propias ideas, ya que ella incluso entonces (unos 15 años antes de su muerte, al igual que antes de su completa carrera como escritora de literatura inglesa) no podía a veces estructurar las ideas en inglés de una forma que fuese de su agrado. Yo la ayudaba a encontrar las citas y realizaba otros trabajos puramente auxiliares. Pero el libro es de ella sola en lo que a personalidades en este plano de manifestación se refiere, y ella debe recibir todos los elogios y todas las culpas que por ello merezca.

Ella hizo época con su libro y, durante su preparación, me convirtió a mí en su alumno y ayudante, tan adecuado como haya podido hallárseme realizando el trabajo teosófico durante estos pasados veinte años.

Entonces, ¿de dónde H. P. B. sacó los materiales con los cuales compuso Isis, que no pueden acreditarse a las fuentes literarias que ella tenía a su alcance para sacar las citas?

De la Luz Astral, a través de su intuición, y de sus Maestros, los “Hermanos”, “Adeptos”, “Sabios”, “Maestros”, todas las diversas maneras en que han sido llamados. ¿Cómo lo sé? Porque trabajé dos años con ella en Isis, y muchos más en otros trabajos literarios.

Verla trabajar era una experiencia insólita e inolvidable. Usualmente nos sentábamos en lados opuestos de una gran mesa, desde donde yo observaba todos sus movimientos. Su pluma iba volando sobre las páginas cuando de pronto ella paraba, se quedaba mirando al espacio con esa vaga mirada del clarividente, enfocaba su vista como para ver algo invisible que estuviera flotando en el aire delante de ella, y comenzaba a copiar en el papel lo que veía. Cuando la cita terminaba, sus ojos asumían de nuevo su expresión natural, y luego ella continuaba escribiendo hasta que de nuevo se detenía para realizar otra interrupción similar.

Recuerdo dos ocasiones en que también yo pude ver, e incluso tocar, libros de cuyos duplicados astrales ella había copiado citas para su manuscrito, cuando H. P. B. se vio obligada a “materializarlos” para mí, para yo poder corroborar las referencias cuando estuviera leyendo las pruebas, y rehusé aprobar las páginas tal y como estuvieran, a menos que mis dudas sobre la exactitud de su copia quedasen satisfechas. Uno de ellos era un trabajo francés sobre fisiología y psicología. El otro, también de un autor francés, era sobre una rama de la neurología. El primero estaba escrito en dos volúmenes, encuadernado en piel, y el otro en papel. Por entonces, vivíamos en el 302 West 47th Street, la famosa “lamasería” y sede ejecutiva de la Sociedad Teosófica.

Le dije: “No puedo dejar pasar esta cita así, porque estoy seguro de que no puede ser como está escrita.” Ella me contestó: “Ah, no te preocupes, así está bien, déjala pasar”. Rehusé hacerlo, hasta que finalmente me dijo: “Bueno, espérate un minuto y trataré de buscarla”. La mirada distante vino de nuevo a sus ojos, y al momento ella me señaló una esquina lejana de la habitación donde había un estante con algunos adornos, y con una voz hueca me dijo: “¡Allí!”, y entonces volvió a ser ella misma.

¡Ve allí, ve a buscarla allí” Fui hasta allí y encontré los dos volúmenes que quería, a pesar de que yo, hasta ese momento, no tenía conocimiento alguno de que los mismos estuviesen en la casa.

Comparé el texto con la cita de H. P. B., y le mostré que yo estaba en lo cierto respecto de mi sospecha de que había un error, hice la corrección en la prueba y entonces, a petición suya, volví a colocar los dos volúmenes en el mismo sitio sobre el estante del cual los había tomado. Regresé a mi asiento a trabajar, y al poco rato, cuando volví a mirar hacia allí, ¡los libros habían desaparecido! Después de narrar esta historia (absolutamente cierta), los escépticos e ignorantes pueden sentirse en completa libertad para dudar de mi salud mental. Espero que les asiente. Lo mismo pasó en el caso de otro aporte de otro libro, pero éste no desapareció, sino que se encuentra en posesión nuestra en estos momentos.

La “copia” de H. P. B. presentaba las más marcadas faltas de parecido en distintos momentos. Pese a que la escritura en general tenía una característica peculiar que hacía que quienes estuvieran familiarizados con ella la reconocieran siempre como una página escrita por H. P. B., cuando uno examinaba las hojas cuidadosamente, descubría por lo menos tres o cuatro variaciones en el estilo, y cada una de ellas se mantenía a lo largo de varias páginas, dando paso luego a otras variantes caligráficas. Vale decir que casi nunca –o nunca, según ahora recuerdo—había más de dos estilos en una misma página, e incluso dos solamente cuando un mismo estilo prevalecía a lo largo del trabajo de una noche, o quizás de la mitad de la noche, y luego cedía el paso súbitamente a otro, que continuaba durante el resto de la noche, o durante la noche entera, o hasta la “copia” de la mañana.

Una de estas letras de H. P. B. era muy pequeña, pero plana; otra era fuerte y libre; otra, plana y de mediano tamaño, pero muy legible, y otra eran unos garabatos muy difíciles de leer, con extrañas letras a, x y e. También había una enorme diferencia en el inglés utilizado en estos diversos estilos. Algunas veces yo tenía que hacer varias correcciones en cada línea, mientras que otras veces podía pasar varias páginas sin que hubiera una falta idiomática o gramatical que necesitara corrección. Los manuscritos más perfectos de todos eran los que se escribían mientras ella dormía. El comienzo del capítulo sobre la civilización del Antiguo Egipto (vol. I, cap. XIV) es una ilustración.

Habíamos parado de trabajar allí la noche antes alrededor de las 2:00 a.m., como era lo usual, y ambos estábamos demasiado cansados para pararnos a fumar y conversar antes de separarnos. Ella prácticamente se quedó dormida en su silla cuando yo le estaba dando las buenas noches, conque me apresuré a irme a mi habitación. A la mañana siguiente, cuando bajé luego de tomar mi desayuno, ella me mostró una pila de por lo menos treinta o cuarenta páginas bellamente escritas para el manuscrito de H. P. B. que, según me dijo, fueron escritas para ella por… bueno, por un Maestro, cuyo nombre nunca ha sido tan degradado como los de otros. Eran perfectas en todo sentido y se fueron a la imprenta sin más revisión.

Ahora, un hecho curioso era que cada cambio en el manuscrito de H. P. B. estaba precedido por la salida de ella de la habitación un momento, o por la entrada en ese estado de trance o abstracción, cuando su mirada se tornaba inexpresiva y parecía mirar al espacio que estaba más allá de mí, y luego regresar casi de inmediato a su estado normal. Después había un evidente cambio de personalidad, o más bien de rasgos personales en su forma de andar, en la voz, en la vivacidad de sus maneras y, sobre todo, en su temperamento.

El lector de su libro Caves and Jungles of Hindustan (Las Cuevas y Selvas de Indostán) recordará cómo la pitonisa salía a cada rato y regresaba bajo el control, como alegaba, de una diosa diferente. Así mismo ocurría con H. P. B. Salía de una habitación como una persona y regresaba a ella como otra. No es que fuese otra en algún cambio visible de su cuerpo físico, sino en cuanto a su forma de moverse, de hablar y a sus maneras, con una distinta agudeza mental, con diferentes puntos de vista, con un distinto dominio de la ortografía en inglés, del idioma y la gramática, y un control muy distinto de su temperamento, que en sus momentos más alegres era casi angelical, y en otros era lo contrario. Algunas veces, mi estúpida incapacidad para redactar las ideas como ella deseaba que yo las escribiera, las tomaba con paciente benevolencia.

Otras veces, quizás ante errores más ligeros, ¡parecía estar lista para estallar de furia y aniquilarme en el acto! Esos accesos de ira eran, sin duda, explicables a veces por su estado de salud y de aquí que fuesen normales. Pero esta teoría no sería suficiente para explicar algunas de sus crisis.

A. P. Sinnett la describe admirablemente en una carta privada como una mística combinación de diosa y tártara, y observando sus cambios de conducta dice al respecto:

“Ella no tenía ciertamente ninguno de los atributos superficiales que uno puede esperar de un maestro espiritual. Y el hecho de cómo ella podía ser tan filosófica como para dar el mundo entero a cambio del avance espiritual, y ser al mismo tiempo igualmente capaz de entrar en un apasionado frenesí por cualquier molestia común, constituyó un profundo misterio para nosotros durante largo tiempo…” (174). (1)

Pero con la teoría de que, cuando su cuerpo era ocupado por un sabio ella tenía que actuar con la tranquilidad del sabio, y cuando no, pues no, el rompecabezas queda resuelto. Su bien amada tía, la señora N. A. F., quien la quería mucho y a quien ella quiso con pasión hasta el día de su muerte, le escribió al Sr. Sinnett que su extraño temperamento excitable –una de sus más marcadas características–siempre se hizo evidente desde su juventud.

Incluso por entonces le daban arrebatos ingobernables, y mostraba una enorme tendencia a rebelarse contra cualquier clase de autoridad o control.

H. P. B., hablando sobre sí misma en una carta familiar (Op. Cit., p. 157), se refirió a su experiencia física cuando escribía su libro:

“Cuando escribía Isis, la escribía muy fácilmente, tanto que ciertamente no era trabajo alguno, sino un verdadero placer. ¿Por qué he de ser elogiada por ello? Cuando me dicen que escriba, me siento y obedezco, y puedo escribir fácilmente de casi cualquier cosa: metafísica, psicología, filosofía, religiones antiguas, zoología, ciencias naturales, y de qué no. Nunca me pregunto: “¿podré escribir sobre este tema?” o “¿estoy apta para esta tarea?”, sino que simplemente me siento y escribo. ¿Por qué? Porque alguien que lo sabe todo me lo dicta: mi Maestro, y ocasionalmente otros a quienes conocí en mis viajes hace años.

Por favor no se imaginen que he perdido mis facultades. Ya les he hablado con anterioridad ligeramente sobre ellos…, y les digo sinceramente que cuando escribo sobre un tema, sé muy poco o nada del mismo. Yo simplemente me entrego a Ellos y uno de Ellos me inspira, o por ejemplo, me permite sencillamente copiar lo que escribo de otros manuscritos, e incluso de materiales impresos que pasan en el aire por delante de mis ojos, durante un proceso en el cual nunca he estado inconsciente ni un solo instante.”

Una vez le escribió a su hermana Vera sobre el mismo asunto: su forma de escribir.

“Podrás no creerme, pero te aseguro que al decirte esto estoy diciéndote la verdad. Yo estoy ocupada, no sólo con la escritura de Isis, sino con Isis misma. ¡Vivo en una especie de encantamiento permanente, una vida de visiones y visitaciones con los ojos abiertos, y sin posibilidad alguna de ser engañada por mis sentidos!

Me siento y observo a la clara diosa constantemente, y según ella despliega ante mí el significado oculto de sus secretos, largo tiempo perdidos, y el velo se torna más fino cada hora y más transparente, éste gradualmente se cae ante mis ojos y yo contengo el aliento y difícilmente puedo dar crédito a mis sentidos!

Durante varios años, para no olvidarme de lo que aprendí en otros sitios, me hacían tener permanentemente delante de mis ojos todo lo que necesitaba ver. Así, noche y día, las imágenes del pasado siempre están desfilando ante mi ojo interno. Lentamente, y deslizándose en silencio como las imágenes de un panorama encantado, siglo tras siglo aparece ante mí… Y yo tengo que conectar esas épocas con ciertos sucesos históricos, y yo sé que no habrá error. Razas y naciones, países y ciudades, emergen en siglos pasados, luego se desvanecen y desaparecen durante otro, y luego me dicen la fecha precisa…

Las mayor antigüedad da paso a períodos históricos, los mitos se explican con hechos reales y personajes que existieron en la realidad, y cada acontecimiento importante o no importante, cada revolución, es una nueva hoja que se pasa en el libro de la vida de las naciones, con su incipiente curso y consecuencias naturales, y permanecen fotografiados en mi mente como si se hubiesen quedado impresos en colores indelebles… Cuando veo y observo mis pensamientos, éstos aparecen ante mí como si fuesen pequeños trozos de madera de varias formas y colores de un rompecabezas.

Voy cogiendo las piezas, una por una, y las voy poniendo a un lado hasta que encuentro la pieza que encaja con la otra, y al final siempre aparece algo geométricamente correcto… Yo ciertamente rehúso atribuir eso a mi propio conocimiento o a mi memoria, porque yo nunca podría llegar sola a ninguna de esas premisas o conclusiones. Te digo muy seriamente que estoy siendo ayudada. Y quien me ayuda es mi gurú.” (Op. Cit., 157-8).

Los lectores a quienes les gusta comprobar estos asuntos psíquicos tan únicos llevándolos hasta el final, no dejarán de comparar las explicaciones anteriores que ella da sobre sus estados de conciencia, con una serie de cartas enviadas a su familia que comenzaron a imprimirse en la revista Path (N.Y., 144 Madison Ave.), en diciembre de 1894. En ellas, H. P. B. admite francamente que su cuerpo era ocupado en esos momentos, y el trabajo literario era hecho por otras entidades que me enseñaron a través de sus labios y que entregaron un conocimiento que ella misma no poseía en modo alguno en su estado normal.

Tomada en forma literal, tal y como se lee, esta explicación difícilmente sea satisfactoria, pero si los pensamientos disgregados de su rompecabezas psíquico siempre encajaban juntos como para hacer el mapa de su rompecabezas estrictamente geométrico, entonces su trabajo literario debería estar libre de errores, y sus materiales seguir un esquema ordenado de lógica y secuencia literaria. Ni falta hace decir lo opuesto en este caso, que incluso cuando Isis Sin Velo salía de la prensa de Trow, después que Bouton gastó más de $ 600 en hacer las correcciones y los cambios requeridos en las pruebas de galera, en las páginas, y en las pruebas de las placas (2), eso era, y sigue siendo hasta hoy día, algo sin un definido plan literario.

El volumen I dice estar dedicado a asuntos de Ciencia. El volumen II, al tema de la Religión, pero hay muchas partes dentro de cada volumen que corresponden a otro sitio, y la Srta. Kislingbury, quien hizo un esquema del Índice del volumen II la misma noche en que yo estaba haciendo el del volumen I, puede dar testimonio de las dificultades que ambos confrontamos tratando de determinar características que nos permitieran trazar un plan concreto para cada uno de nuestros volúmenes.

Entonces, de nuevo, cuando el editor se negó rotundamente a invertir más capital en esta aventura, ya habíamos preparado suficiente material para hacer un tercer volumen, pero éste fue rudamente destruido antes de que abandonáramos América. H. P. B. ni soñaba que pudiera llegar a utilizarlo en la India, en momentos en que el Theosophist, la Doctrina Secreta y otras posteriores producciones literarias ni siquiera habían sido pensadas. ¡Con cuánta frecuencia ella, y también yo, nos lamentamos por todo aquel valioso material que desperdiciamos sin pensarlo!

Habíamos trabajado en el libro durante varios meses y ella ya había entregado las 870 páginas del manuscrito, cuando una noche me preguntó si yo estaría dispuesto y de acuerdo (para complacer a nuestro Paramagurú), ¡en empezarlo todo de nuevo!

Recuerdo bien la impresión que me llevé al pensar que todas esas semanas de ardua labor, de tormentas psíquicas y de enredos arqueológicos que le rompían a uno la cabeza, debían contar –como yo, en mi tremenda e ignorante ceguera imaginaba– para nada. Sin embargo, como mi amor, reverencia y gratitud hacia este Maestro, y hacia todos los Maestros por darme el privilegio de compartir este trabajo suyo no tenía límites, consentí en ello y pusimos manos a la obra.

Fue bueno para mí que así lo hice, porque habiendo probado mi firmeza de propósito y mi lealtad a H. P. B., obtuve una amplia recompensa espiritual. Los principios me fueron explicados, me dieron numerosas ilustraciones de la forma en que operan los fenómenos psíquicos, y recibí ayuda para experimentar por mí mismo.

Se me permitió conocer y beneficiarme del haber conocido a varios Adeptos hasta donde estaba apto para ello –tanto como mi enorme terquedad y autosuficiencia mundana práctica me lo permitían– para el entonces insospechado futuro trabajo público que desde entonces fue historia.

Muchas personas con frecuencia han pensado que era muy extraño, de hecho incomprensible, que de todos aquellos que ayudaron al movimiento teosófico, con frecuencia a costa de sus mayores sacrificios, yo fuese el único más favorecido con experiencias personales con los Mahatmas, y el hecho de que su existencia sea para mí tan real como la de mis propios parientes o amigos más íntimos. La razón no sabría explicarla. Yo sé lo que sé, pero no por qué muchos de mis colegas no saben lo mismo.

Pero, por lo visto, muchas personas me dicen que su fe en los Mahatmas comenzó después de mi testimonio firme y resuelto, que complementa las declaraciones de H. P. B. Probablemente fui tan bendecido porque tenía que impulsar esa nave llamada “Teosofía” con H. P. B. y los Maestros de H. P. B. adentro, y guiarla a través de muchos remolinos y ciclones, cuando nada menos que el actual conocimiento de la sólida base de nuestro movimiento, me habría impulsado a mantenerme firme en mi puesto.


“…La muerte no existe, y el hombre jamás

sale de la vida Universal. Aquellos a quienes

creemos muertos, viven todavía en nosotros,

como nosotros vivimos en ellos…Cuanto más

uno vive por sus semejantes, tanto menos temor

debe tener en morir. El que vive por la humanidad

hace más aún que aquel que por ella muere.”

(H. P. Blavatsky – Isis sin Velo)

Isis-cover

Notas:

(1). Sinnett, A. P. Incidentes en la Vida de Madame Blavatsky. Londres: Theosophical Publishing House, 1913.

“… La más ligera contradicción provocaba una explosión de pasiones, casi un ataque de convulsiones.” (Ibid. 19).

(2). [Bouton] me escribe el 17 de mayo de 1887: “Las correcciones ya han costado alrededor de $ 280.00 y, a ese paso, para cuando el libro se publique se verá afectado por un costo tan alto, que cada copia de los primeros 1,000 ejemplares costarán mucho más que lo que obtendremos por ellos, lo cual, en principio, es algo muy desalentador.

El costo de la composición del primer volumen solamente (con el mecanografiado) asciende a $ 1,359.69, y esto es por un volumen nada más, ¡sin contar el papel, la impresión y la encuadernación! Queda de usted, sinceramente, J. W. Bouton.” No sólo ella hizo un sin fín de correcciones en el texto mecanografiado, sino que después de quemadas las placas, hizo que las cortaran para eliminar el material viejo y sustituirlo con nuevas cosas que se le habían ocurrido, o que se le ocurrieron durante su lectura.

Lámpara Inextinguible

•Mayo 8, 2009 • Dejar un comentario

HPB-LotoBlanco

Lámpara Inextinguible,

Encendida en el Inmemorial

Río del Misterio.



Luz cálida en la fría noche

del oscuro tiempo.



Mensajera de la memoria,

Ofrenda pura del Inmortal

Recuerdo.



Gracias por el Altar de Gloria

y el Honor del Reencuentro;



Por permanecer despierta,

por velar sin tregua

trazando el rumbo.



Gracias por Vencer

en el campo de los derrotados,

por la Buena Nueva,



Por mantener el Viejo Pacto.

Gratitud por más de un siglo

de Sueños y Peregrinajes.



Gloria eterna a los Maestros y Guardianes.

En la cima de esa Vieja Montaña

un nuevo Loto Blanco se abre.



L. A. V.

FireLamp

El Mito de Prometeo

•Abril 28, 2009 • Dejar un comentario

Escrito de: Franziska M. Roos.

Traducido del inglés por: Roelan O. Roos.



Prólogo

¿Quién, confiando en su propia habilidad, va a marcar con regla y trazo la línea divisoria que separa lo Humano de lo Divino?

“La historia religiosa y esotérica de cada nación estaba embebida en símbolos; jamás fue expresada en tantas palabras. Todos los pensamientos y emociones, todo el aprendizaje y el conocimiento, revelado y adquirido, de las primeras razas, encontraron su expresión pictórica en la alegoría y la parábola.”


En tiempos antiguos el método favorito para inculcar ciertas verdades en la mente del hombre fue por medio de los mitos. Los eventos históricos, los hechos científicos e ideas religiosas y filosóficas fueron el meollo de la verdad en torno al cual se tejía un ornamento mítico, y los actores eran dioses, semidioses o aun animales. Blavatsky, en La Doctrina Secreta, nos da una clave septenaria para la interpretación de estos mitos.


Ella nos dice: “Ahora bien, todos los dioses del Olimpo así como aquellos del Panteón Hindú y los Rishis, fueron personificaciones septiformes:

1- del noúmeno de los Poderes inteligentes de la naturaleza; 2- de las Fuerzas Cósmicas; 3- de los cuerpos celestes; 4- de los dioses o Dhyân Chohanes; 5- de los poderes psíquicos y espirituales; 6- de reyes divinos en la Tierra (o las encarnaciones de los dioses); y 7- de héroes terrestres u hombres.


El conocimiento de cómo discernir entre estas siete formas la que se requiere, perteneció siempre a los Iniciados, cuyos primeros antecesores crearon este sistema de simbología y alegoría.”

Podemos preguntarnos hoy en día por qué estos antiguos maestros emplearon este método semivelado para expresar ideas. ¿Por qué adornar la verdad con toda esta vestimenta alegórica si podía darse en forma sencilla y práctica?

Yo creo que una de las razones de esto fue la misma para ellos en la antigüedad como es para nosotros hoy en día, si queremos que nuestros hijos se den cuenta cabalmente de una lección moral mediante una fábula; para estimular los poderes de reflexión, análisis e intuición y dejar al oyente encontrar la verdad por sí mismo.

Mi propósito será tratar de explicar un mito muy antiguo y uno de los más grandiosos en el Panteón griego, el del héroe cultural Prometeo, y hacer notar, con la ayuda de la Filosofía Tradicional, una parte de la verdad en él contenida.


Existen diferentes narraciones en la mitología griega sobre el mito de Prometeo, una por Hesiodo y la otra por Esquilo; además de esto, Prometeo aparece también en diferentes leyendas griegas. Pero de esto no debe inferirse que el mito tuvo su origen con los griegos.

Mucho antes de este tiempo se representaba durante los Misterios Sabatianos y sólo se repitió en forma dramática por Esquilo. Él fue acusado de sacrilegio por los atenienses y condenado a ser apedreado hasta la muerte por haber profanado los Misterios exponiéndolos en sus trilogías en los estrados públicos.

Por lo pronto voy a utilizar principalmente el mito dado por Hesiodo en su Teogonía, y sólo tomando de aquí y allá algunos detalles de Esquilo, como se verá a continuación.



I) El Mito de Prometeo

Prometeo es el hijo de Iapetus, el Titán, y de la ninfa del océano, Climene; es hermano de Atlas, Menoetius y Epimeteo, y padre de Deucalión. “Cuando los dioses, después de su conquista de los Titanes, estuvieron negociando con la humanidad sobre el honor que se les debería rendir, a Prometeo se le encargó el deber de dividir una víctima como sacrificio a los dioses. Él se esforzó por embaucar a Zeus dividiéndola de tal manera que hábilmente ocultó la mitad que consistía de carne y las entrañas comestibles debajo de la piel del animal, y encima poner la peor parte, el estómago, mientras que juntó los huesos en un montón y los cubrió con sebo.

Zeus adivinó la estratagema, pero por su enemistad hacia el hombre, escogió adrede la peor porción y se vengó rehusándoles a los mortales el uso del fuego. En seguida Prometeo se robó el fuego del Olimpo y se lo llevó al hombre en un carrizo hueco. Como contraste a esta gran bendición, Zeus resolvió enviar un mal igualmente grande. Hizo que Hefestos creara del barro una mujer hermosa llamada Pandora, esto es, la toda talentosa; ya que los dioses la obsequiaron con toda clase de adornos y encanto, pero también de mentiras, palabras lisonjeras y una mente astuta.


Hermes se la llevó al llamado Epimeteo (este es, el hombre de la idea tardía, ya que nunca pensaba en lo que hacía hasta que no se metía en un lío), hermano de Prometeo, con una jarra [caja] como su dote, en donde estaban encerrados toda clase de males. A pesar de las advertencias de su hermano de no recibir ningún obsequio de Zeus, quedó atrapado por sus encantos y se casó con ella. Pandora abrió la jarra [caja], y de allí surgieron toda clase de males, problemas y enfermedades, antes desconocidos por el hombre, que se desparramaron por todo el mundo.

Sólo la Esperanza ilusoria quedó en la jarra [caja], ya que antes de que pudiera escapar, Pandora le puso de nuevo la tapa [cerró la caja]. Pero Prometeo tuvo que encararse con su castigo. Zeus lo amarró con grillos diamantinos a un pilar con un águila para que en el transcurso del día se comiera su hígado, que crecía de nuevo durante la noche. Al fin Heracles, con el consentimiento de Zeus, que deseaba acrecentar el renombre de su hijo, mató al águila y dejó en libertad al hijo de Iapetus.”



II) Zeus y Prometeo

Ciertamente sería muy difícil para ti aguantar mis sufrimientos, ya que a mí no me está permitido la muerte por destino. Eso hubiese sido encontrar inmunidad de mi desgracia; pero ahora frente a mí yace una labor sinfín hasta que llegue la hora en que Zeus caiga de su dictadura.


Antes de examinar la interpretación del mito, me referiré previamente a algunas enseñanzas con respecto a la formación del hombre. De acuerdo con estas enseñanzas, el hombre no es la creación milagrosa de un ser omnipotente, tampoco es un producto de fuerzas mecánicas evolutivas. No creemos que sea posible que la materia por sí sola podría ocasionar ni siquiera la producción de un cuerpo humano, mucho menos de un ser humano en sus aspectos mental y espiritual.


La Filosofía Esotérica nos enseña que “Todo el Kosmos está guiado, controlado, y animado por una serie casi sinfín de Jerarquías de Seres sensibles, cada una teniendo una misión que cumplir, y que…son los agentes de las Leyes Kármicas y Cósmicas. Estos varían infinitamente en sus grados de consciencia e inteligencia respectivos;…”


En otras palabras, creemos en seres inteligentes y activos detrás del velo de la materia, y que fueron algunos de ellos los que ayudaron a la producción del hombre, proporcionándole los principios para su ser. Mientras que una hueste de una posición evolutiva inferior le proporcionó a la humanidad un cuerpo y principios inferiores, otro, y más elevado, la dotó con las cualidades intelectuales y espirituales de su naturaleza. A estos Poderes creativos y formadores se les llama Pitris (Pitaras en Sánscrito) o “Padres” en La Doctrina Secreta y en alguna literatura oriental, y en la Biblia los Elohim.

Ahora, regresando a nuestro mito, son Zeus y Prometeo los tipos de estas dos huestes creativas. El hecho de que se dice que Zeus les negó a los mortales el uso del fuego, nos da la clave de su naturaleza. Él no hubiera dado el fuego al hombre simplemente porque no le podía proporcionar un elemento que no estaba en su propia naturaleza.


Aquí el fuego representa un símbolo de las cualidades mentales y espirituales y Zeus de las huestes creativas inferiores que moldearon la naturaleza inferior del hombre, cuyo hecho se simboliza en nuestro mito al escoger él las peores partes del animal sacrificado, el estómago y los huesos cubiertos de sebo. Pero es Prometeo el que roba el fuego divino del Olimpo y se lo lleva a los mortales, ese fuego que hasta ese momento había estado en la posesión únicamente de los dioses.

Este fuego celestial es el Manas Superior en el hombre y Prometeo la hueste que se lo dotó. Antes de esta época el hombre “…en un principio tenía ojos, pero toda su visión era vana; tenía oídos, pero no podía oír. En cambio, era como las formas que vemos en los sueños, y a través de su larga vida mezcló todas las cosas sin designio,…” (Prometeo Encadenado)


Por lo tanto, “en el caso de Prometeo, Zeus representa la hueste de los progenitores prístinos, de los Pitaras, los “Padres” que crearon al hombre sin sentido y sin mente alguna; mientras que el Titán divino representa a los creadores Espirituales, los devas que “cayeron” en la generación. Los anteriores hombres son espiritualmente inferiores, pero físicamente más fuertes, que los “Prometeanos”; por lo tanto, a estos últimos se les presenta como conquistados.


La hueste inferior, cuyo trabajo arruinó el Titán frustrando los planes de Zeus,” estaba en la tierra en su propia esfera y plano de acción; mientras que la hueste superior era una desterrada del Cielo, que se había enredado en las mallas de la materia. Los de las huestes inferiores, fueron amos de todas las fuerzas Cósmicas y titánicas inferiores; el Titán superior poseía únicamente el fuego intelectual y espiritual.”


En todas las teogonías antiguas aparece el tipo Prometeo, y en todas ellas él es el héroe cultural y filántropo sublime que salva al hombre de la obscuridad mental trayendo la chispa divina que Zeus no podía darle. Con él aparece el conocimiento y se inicia la civilización. Pero la chispa divina de la mente con el pasar del tiempo se vuelve más y más un esclavo de las pasiones ahora estimuladas y excitadas por los poderes mentales del pensamiento, la imaginación, la memoria y todo sustentado por la voluntad.


La Doctrina Secreta nos dice: “Este drama de la lucha de Prometeo con el tirano y déspota del Olimpo, el sensual Zeus, lo vemos representado cada día dentro de nuestra humanidad actual; las pasiones bajas encadenan a las aspiraciones más elevadas al peñasco de la materia, para producir en muchos casos el buitre de la pena, dolor y arrepentimiento.”

Este buitre es el águila de nuestro drama, el ministro de Zeus, que consume el hígado de Prometeo durante el día y que vuelve a crecer durante la noche, cuando el hombre, el pensador, puede por algunas cuantas horas retirarse a su propio plano durante el sueño del cuerpo, o si tomamos un ciclo mayor, entonces el “día” sería una encarnación en un cuerpo físico y un descanso en la condición subjetiva después de la muerte.



III) Hefestos y Pandora

En esos días primitivos de los masculinos-femeninos (hermafroditas); hubo criaturas humanas con cuatro brazos, con una cabeza, sin embargo con tres ojos.”

Veamos ahora a los siguientes dos personajes de nuestro drama, Hefestos y Pandora. Hay alguna semejanza entre Prometeo y Hefestos en la mitología griega. Este último también es un dios-fuego y héroe cultural, pero mientras que Prometeo origina toda la civilización con el don del fuego, Hefestos es principalmente un héroe cultural como un artesano en un aspecto secundario. Es el forjador divino del Olimpo y el dios del elemento fuego, especialmente en relación a volcanes. En realidad, su conexión con fuegos volcánicos es tan cercana que algunos consideraban que había sido originalmente un dios-volcán.


Para Homero, Hefestos trabaja en el Olimpo donde hace palacios de bronce para sí mismo y para las otras deidades. También tiene una forja en la isla sagrada o la isla de Hefestos en las islas Lipari, donde se le oye trabajar con sus compañeros los Cíclopes. Ya vimos que él fue el creador de Pandora, la primera mujer de acuerdo con Hesiodo; de su jarra [caja] se esparcieron sobre toda la Tierra todos los males. Sin embargo, de acuerdo con una historia posterior la jarra [caja] no contenía males, sino bendiciones, que se hubieran preservado para la raza humana sino se hubiesen perdido cuando el hombre mismo, por curiosidad, abrió la jarra [caja].


Se dice que Hefestos es idéntico a Vulcano, Caín y Marte, los cuales representan el poder de la generación. Cito de la Doctrina Secreta y de The Source o Measures [La Fuente de las Medidas] lo siguiente: “Ahora Marte era el señor del nacimiento y de la muerte, de la generación y de la destrucción,…Él fue el principio prístino, desintegrándose en la modificación de dos opuestos para la producción….Él, como nacimiento era bueno, como muerte era malo. Como bueno era la luz; como malo era la noche. Como bueno era hombre; como malo era mujer.”


Hefestos creando a Pandora, la primera mujer, tipifica ese gran cambio en la evolución de la humanidad cuando ocurrió la separación de los sexos del estado de hermafrodismo, como sucedió en la Tercera Raza Raíz, los Lemures. El hombre, habiendo sido andrógino, se volvió masculino y femenino. Fue otro peldaño en el proceso de la diferenciación como se alude en diferentes escritos religiosos.

En la Biblia se describe como la formación de la mujer a partir de una costilla de Adán, en el Banquete de Platón se dice lo siguiente sobre este tema: “Nuestra naturaleza de antaño no era la misma como lo es ahora. Era andrógina, la forma y el nombre siendo comunes tanto al masculino como al femenino….Sus cuerpos eran redondos, y su manera de correr era circular. Fueron terribles en su fuerza y vigor, y tenían una ambición prodigiosa. Por lo tanto, Zeus dividió cada uno de ellos en dos, haciéndolos más débiles; Apolo, bajo su dirección, cerró su piel.”


Y ahora Pandora, el regalo de Zeus, se volvió la compañera de por vida de Epimeteo, el hombre del “pensamiento tardío”. Evidentemente Epimeteo es un hombre de una mentalidad inferior que actúa más bajo el deseo momentáneo que bajo la guía de la reflexión y la intuición. Él rechaza el consejo de su hermano más sabio y se casa con un ser de apariencia hermosa pero de mente corrupta. La curiosidad no fue el menor de sus defectos y a través de esta sembró las semillas de un sufrimiento muy difundido para la humanidad. Lo único bueno que quedó en la jarra [caja] prohibida fue la Esperanza, que se quedó en el fondo como un bálsamo para todos esos males.


Es evidente que Epimeteo y Pandora significan la subsiguiente humanidad física después de la separación de los sexos, cuando la Edad de Oro de la humanidad hubo llegado a su fin. Conforme avanzaba el progreso material del hombre, su naturaleza sensual y su inteligencia física empezaron a dominar a su ser y perdió su poder espiritual de la intuición. Desde Prometeo, el hombre de previsión, con el correr del tiempo la humanidad se convirtió en Epimeteo, el hombre de la idea tardía.


Pero Pandora y su jarra [caja] de los males significa también el muy indeseado don de la mediumnidad; levanta la tapa de la jarra [caja] prohibida y un médium se expone a los males del plano astral.

El hecho de que los Cíclopes son los compañeros de Hefestos es otro indicio de la Raza Lemur. Están descritos en la mitología griega como de tamaño y fuerza gigantescas y con un sólo ojo en la frente. Esta última característica es una referencia al Tercer Ojo que la humanidad poseía en esos tiempos. “Los Cíclopes de un sólo ojo, los gigantes que en las fábulas se les conocía como hijos de Coelus y Terra (tres en total, de acuerdo con Hesiodo), fueron las tres últimas sub-razas de los Lemures, el “ojo único” refiriéndose al ojo de la Sabiduría; ya que los dos ojos frontales se desarrollaron completamente como órganos físicos únicamente al principio de la Cuarta Raza.”


Una referencia adicional a la misma Raza Raíz y a su continente Lemuria, lo encontramos en el hecho de que Hefestos hace palacios de bronce y es un dios-volcán. Los poetas griegos llamaron a la Tercera Edad (Tercera Raza) la Era de Bronce, que así como el bronce, es una mezcla de dos elementos (una alusión a la separación de los sexos) y Lemuria, la patria de esa Raza, se destruyó por actividad volcánica, y posteriormente se hundió.



IV) Heracles y Prometeo

Todos ustedes que podéis leer entre líneas, estudien la sabiduría arcaica en los antiguos dramas de los hindúes y los griegos; lean con cuidado… aquel representado hace 2400 años en los teatros de Atenas, a saber, Prometeo Encadenado.”

En el “Prometeo Encadenado” hay una profecía proferida por Hermes, el mensajero de los dioses. Al describir a Prometeo los sufrimientos que le esperaban por mucho tiempo, Hermes añade: “Y no esperes un fin por mucho tiempo a dolores como estos, hasta que no aparezca un dios para llevar a cuestas la carga de tus sufrimientos…”


El dios que aparece como el libertador de Prometeo es Heracles, o Hércules, un hijo de Zeus. Él representa en la mitología griega la encarnación de la fuerza viril y el aguante paciente.

En sus múltiples contiendas con amigos y enemigos, estos últimos en su mayoría con forma de animal, sale victorioso; pero su mayor enemigo a través de su vida es Hera, su propia madre. Cuando joven, tuvo que escoger si su gran fuerza la dedicaría al bien o al mal. Él se encontró con dos mujeres hermosas, llamadas Placer y Deber, y ambas le suplicaron a su vez que las siguiera. Después de haber escogido a Deber como su guía, le llegó la tarea de cumplir con sus doce labores, de las cuales la undécima era cortar tres manzanas doradas del árbol que estaba en el jardín de las Hespérides, que tenía como guardián a un dragón de cien cabezas que no dormía.


Ningún hombre sabía donde estaba ubicado este jardín, y Heracles al buscarlo, se topó con el lugar donde Prometeo yacía encadenado a una roca. En un principio vio al águila volando en su cruel misión, y la mató con una de sus flechas. Guiado así al lugar del castigo, le fue fácil al héroe desatarlo; Zeus no resintió esa osadía de su hijo, y dejó a un lado su disputa con el amigo del hombre. El prisionero agradecido, sabio con la edad y con la pena que sufrió en la soledad, pagó por su libertad dando buenos consejos a Heracles.


A primera vista, parece curioso que un hijo de Zeus se volviera el libertador de Prometeo cuando Zeus había sido su mayor oponente. Pero también notamos que existe una gran diferencia entre padre e hijo. El padre había sido un déspota de naturaleza pasional, mientras que el hijo es paciente y escogió como su guía en la vida al “Deber” en vez de al “Placer”. Pero mientras tanto la naturaleza de Zeus también parece haber sufrido un cambio, porque está de acuerdo con la liberación de Prometeo en vez de oponerse a ella.

Heracles representa aquí un nuevo tipo de humanidad por venir, una nueva Raza en la que el tirano apasionado, nuestra naturaleza inferior, se habrá transformado en un ser con paciencia, poder y conocimiento. Fue durante el onceavo juicio de Heracles, al ir en busca del Jardín de las Hespérides para cortar las manzanas doradas, que encontró a Prometeo.


El significado de estas manzanas lo encontramos en La Doctrina Secreta donde se dice que: “Universalmente en la antigüedad el Símbolo para el Conocimiento Secreto y Sagrado fue un Árbol, el cual también quería decir una Escritura o Registro. De aquí,…los “Dragones”, símbolos de la sabiduría, que protegen al Árbol del conocimiento; el Árbol de la manzana “dorada” de las Hespérides; los “Árboles exuberantes” y la vegetación del Monte Meru defendida por una serpiente. Juno dándole a Júpiter, en su matrimonio con él, un Árbol con fruto dorado es otra forma de Eva ofreciéndole a Adán la manzana del Árbol del Conocimiento.”

En otras palabras: el hombre va a encontrar, su naturaleza interna más noble, su Prometeo, cuando acepte como su guía al “Deber” en vez de al “Placer”, y cuando le dé fin a sus pasiones fieras y obscuras que están en una eterna contienda con lo Divino en el hombre. Entonces lo Divino le dará consejo de nuevo y se establecerá la armonía entre los dos.



Conclusión

Ciertamente el Mito de Prometeo es una profecía; pero no se refiere a ninguno de los salvadores cíclicos que periódicamente han aparecido en varios países y entre varias naciones, en sus condiciones transitorias de evolución.

Indica el último de los misterios de transformaciones cíclicas, en cuyas series la humanidad, habiendo pasado del estado etéreo al estado físico sólido, de la procreación espiritual a la fisiológica, es ahora acarreado hacia adelante en el arco opuesto del ciclo, hacia esa segunda fase de su estado primitivo, cuando la mujer no conocía a ningún hombre, y la progenie humana era creada, no engendrada.


Ese estado regresará a ella y al mundo en general, cuando este último descubra y realmente aprecie las verdades que están en la base de este vasto problema del sexo. Va a ser como la luz que nunca brilló en el mar o en la tierra y tiene que llegarle al hombre en su momento… Esa luz le enseñará el camino y le conducirán a la intuición espiritual verdadera.”


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Esoterismo Práctico

•Marzo 25, 2009 • 1 comentario

Escrito original de Delia Steinberg Guzmán


delfos



cuandouando nos reunimos alrededor de un título como este, sé que hay por medio muchas inquietudes. Las más importantes, las de quienes me leen esperando encontrar algo especial, extraño, diferente. También están por medio mis propias inquietudes, que me hacen desear ser sincera, fiel a mi propia verdad, y poder exponer aquello que verdaderamente pienso.


Hemos querido hablar de esoterismo práctico, de este esoterismo que tantas veces encontramos en publicaciones, en conversaciones, charlas, explicaciones, y que, a fuerza de usarse y usarse, le sucede aquello que le pasa a tantas de nuestras palabras: que ya no sabemos muy bien de qué estamos hablando.


Como he expresado en muchas oportunidades, no soy experta en definiciones. Pero si nos vamos a referir a cosas sencillas y prácticas, vamos a entender por esoterismo lo opuesto a “exoterismo”.


Lo exotérico, lo externo, lo que se ve, lo que está al alcance de la mano, de los sentidos o de nuestra comprensión, conforma una serie de elementos que no tienen ningún secreto para nosotros. Vamos a reservar, en cambio, la definición de “esotérico” para lo que está guardado, escondido. No es que no exista, sino que simplemente no aparece fácilmente ante el entendimiento.


Así pues, todo lo que existe y todo lo que se nos muestra manifestado tiene, además de un aspecto concreto y visible, otro invisible, que conforma la esencia escondida, el alma, el espíritu que yace detrás de todas las cosas y que habita en todos los seres. A esa esencia es a lo que llamaremos lo “esotérico”. Llamaremos también “esotérico” al conjunto de ideas y conocimientos a los que todavía no hemos tenido acceso; es decir, a todo aquello que aún ignoramos.


En realidad, estamos rodeados de muchas cosas esotéricas; hay cosas que vemos y otras que no, y lo aceptamos así. Igualmente, hay cosas que sabemos y otras que ignoramos. El conjunto de las cosas que ignoramos constituye para nosotros lo esotérico, porque permanecen todavía ocultas.


El conocimiento esotérico, si bien constituye todo aquello que aún no poseemos, no indica quietud o pasividad. Sabemos, como decía Sócrates, que no sabemos, pero que queremos saber; sentimos que necesitamos algo más.


Todo filósofo, si es verdaderamente un amante y un buscador de la sabiduría, es un esoterista. El filósofo busca lo que no tiene. Cuando buscamos el conocimiento, no buscamos aquello que ya tenemos, sino lo que nos falta.

Nuestra ansiedad se lanza tras aquello que sentimos que aún no está con nosotros. Nuestro anhelo es fruto de nuestra falta de plenitud.

Somos filósofos esoteristas porque buscamos lo que no sabemos, lo amamos y lo queremos llevar hacia nuestro interior.


Ahora bien, hay una enorme diferencia entre la búsqueda intelectual del conocimiento y la práctica de estos conocimientos que podemos llegar a adquirir. La inquietud que nos lleva a buscar intelectualmente, a leer, a conversar, a escuchar, a investigar, es un primer paso muy importante, pero no es todo el camino.


Un camino no puede estar hecho nada más que de ansiedad y de búsqueda intelectual. Para que los conocimientos que atraemos hacia nosotros demuestren su efectividad, tenemos que aplicarlos.


El conocimiento se nos muestra en su perfección, integridad y validez cuando lo podemos llevar a la práctica.

De esta forma, ya sea en el esoterismo actual o en el viejo esoterismo de tantas y tantas civilizaciones que llenan las páginas de nuestra Historia, se trató siempre de la doble vertiente: una búsqueda intelectual y una aplicación de dicha búsqueda.


Desde este punto de vista, el esoterismo no es un conocimiento más, sino un conjunto de conocimientos que llevan al hombre poco a poco a conocerse a sí mismo y a dominarse cada vez mejor, a comprender cada vez más la Naturaleza y a poder mantener los ojos abiertos ante sus misterios.


Si este conocimiento esotérico que lleva a abrir nuestros ojos, nuestra comprensión y nuestra alma no puede aplicarse, es como si estuviese muerto. Si consideramos que los conocimientos que hemos recogido intelectualmente son válidos, tienen que serlo también en su aplicación.


Es más, cada uno de los actos de nuestra vida, cada una de nuestras palabras, cada uno de nuestros gestos, tienen que demostrar la validez, la autenticidad de aquellos conocimientos que hemos recogido por buenos, por grandes, por verdaderos.


Es aquí donde nos encontramos con una de las tantas paradojas del tiempo que nos ha tocado vivir. Se habla mucho, se escribe mucho, se piensa mucho y se hace poco… Y de lo poco que se hace, generalmente se hace a la inversa de lo que se dice, de lo que se asegura pensar, de lo que se sostiene como idea propia.

Hoy el ser humano ya no quiere esforzarse por vivir sus convicciones.

La vida diaria ofrece generalmente estos ejemplos, que son los que acaban por definirnos. Es muy doloroso para la gente joven con ilusiones el empezar a estudiar filosofía, lenguas, artes o aun esoterismo y encontrarse con que quien nos explica todos estos conocimientos nos habla de cosas grandes, elevadas y nobles, pero no las vive ni las aplica.


Se nos venden grandes ideales, pero quienes los venden no los sienten. Creemos que el conocimiento esotérico, aquel que va detrás de las grandes verdades, tiene que tornarse práctico.

Es evidente que hay grandes problemas que dificultan la práctica, no solo de las grandes verdades, sino aun de esas pequeñas e íntimas que nosotros sentimos como nuestras.


Y ya que de esoterismo hablamos, quiero hablar de los problemas que el mismo nos presenta. El más grave es que se ha puesto de moda, y esto lo desvirtúa, lo desgasta, lo pone en boca de muchos, y aun quienes no saben absolutamente nada lo intentan manejar de manera profana.


En esta moda general del esoterismo encontramos algunos elementos que nos parecen altamente perniciosos. Por ejemplo, dentro del esoterismo “de moda” hay una corriente que tiende a alejarse del mundo en que nos ha tocado vivir, a despreciarlo, a criticarlo, a no proponer nada en su beneficio y a encerrarnos, cual si fuésemos el Viejo de la Montaña, en la soledad de nuestros pensamientos y en extrañas y raras meditaciones.


Es un esoterismo de puertas para adentro, que nos parece un tanto egoísta. Si queremos ser esotéricos, lo primero que deberíamos aceptar es que cada cual ha nacido en el momento que se merece, en el tiempo que le corresponde y en la época justa.

Luego evadirnos de todo esto, por muy malo que sea, no puede considerarse positivo.


Otro defecto es que cada una de las instituciones, grupos, escuelas o conjuntos de amigos que se dedican al esoterismo se consideran los mejores, los únicos, los más válidos y auténticos.

Cada cual cree haber recibido la inspiración y la iniciación de algún soberano maestro, y todos los demás venimos a ser una suerte de tontos que les pisamos los talones, pero que nunca llegamos a ninguna parte.

Lo lógico es que quien busca con verdaderas intenciones se desespere ante esta enorme cantidad de contradicciones.


Todos dicen poseer la Verdad, el único Maestro y la Instrucción. Naturalmente, esto desengaña a quien busca, porque uno empieza a preguntarse si la Verdad es una o múltiple, y si la tienen algunos, todos o ninguno.


En el esoterismo de moda hay también otros inconvenientes: un manejo de palabras exagerado, que nos aleja de las verdades esenciales. Hoy todo el mundo habla de meditación, de “iniciación”, de introspección, de invocaciones a los dioses, de magia práctica, del nirvana; una gran cantidad de cosas que dejan de encerrar conceptos profundos para convertirse en una especie de ensalada.


Tanto es así que en cualquier sitio uno se encuentra con “iniciados”. Y olvidando las enseñanzas de los viejos Maestros, que explicaban que, generalmente, el que lo es no lo dice, vemos a múltiples personajes que aseguran de sí mismos serlo, y que piensan que por conceder cinco minutos a los que hablan con él, uno ya puede recibir algo de esa fabulosa iniciación.


¿Qué es la Iniciación? ¿Qué es la meditación y la concentración? Muy difícil de explicar, porque por mucho que nos digan que hay que centralizarse en uno mismo, a veces es bueno preguntarse qué es uno mismo, quién es uno mismo, dónde estamos nosotros mismos…


Nos encontramos ante una suerte de magia por imaginación con la que la gente cree conseguir cosas que, en realidad, no tiene. Se nos explica que todo está tan cerca, tan al alcance de la mano, tan fácil… somos todos tan sabios, tan perfectos, extraordinarios e iluminados que ya nos imaginamos en ese estado de perfección, y la imaginación nos agota la capacidad de acción.


En lugar de buscar aquello que teníamos que buscar, nos conformamos con lo que imaginamos. Pero ¡ay de nosotros cuando caemos en el difícil pozo de la ignorancia!


Nos encontramos con una popularización exagerada de ciertas artes y creencias esotéricas… Hoy todo el mundo sabe de alquimia y de astrología; hoy todo el mundo habla de zen y de las prácticas tántricas. E incluso resulta que la Iniciación, la sabiduría y el cielo están fácilmente al alcance del hombre, porque ahora con prácticas sexuales se llega también al nirvana…


Esto también minimiza el esoterismo, tornándolo pequeño y presentándolo falso; fácil, pero falso. Nos aleja de la exploración de la personalidad, de la verdadera práctica y de todo tipo de esfuerzo. Nos aleja del camino arduo y estrecho que todos los verdaderos Maestros han enseñado.


Hay también una exasperante utilización de la palabra mística. Hoy todo es místico, todo; hasta la forma en que se come y el ritmo con el que se mastica la comida.

Si uno se corta el cabello es un místico; si se lo deja largo, también; depende de las escuelas…

Hay toda una corriente de pensamiento que ha llegado a decir que el hombre se espiritualiza nada más que por pronunciar repetidas veces el nombre de Dios, y nos hemos olvidado de que, tal vez, la espiritualidad se consiga actuando en nombre de Dios, no importando las veces que repitamos su nombre.


Todos estos problemas que hemos mencionado hacen que sea difícil hablar de esoterismo y, mucho más, del esoterismo práctico.


vamosamos a resumir algunos elementos que el esoterismo puede aportar al hombre, así como algunas fórmulas prácticas, mediante las cuales podremos profundizar en ciertos consejos e ideas fundamentales.

Para el esoterismo tradicional, todo nuestro universo y, por consiguiente, nosotros mismos como seres humanos estamos compuestos de dos grandes elementos.


En nosotros y en el universo juega siempre la dualidad espíritu-materia. No hay contradicción real entre ambos. No es que el espíritu esté arriba y sea bueno, ni que la materia esté abajo y sea mala. El espíritu es fuente de luz, de conocimiento y verdad; desciende y se plasma hasta condensarse, oscurecerse y tornarse materia. Pero estos dos extremos de la escala, a nosotros nos vuelven verdaderamente locos.


Por poco que nos analicemos a nosotros mismos, en silencio y con dedicación, vamos a descubrir nuestra parte de espíritu, superior, noble, sutil; pero también, nuestra parte de materia, que vive y se complace en un mundo de cosas materiales.


Nuestro gran problema, y de ahí el esoterismo práctico, es que no sabemos congeniar estas dos partes: o bien nos volcamos hacia una espiritualidad exagerada y mal entendida, y aprovechamos mal ese instrumento que también nos ha dado Dios –que es el cuerpo físico–, o bien nos volcamos totalmente en lo material, con desprecio absoluto de lo espiritual. Una de las primeras cosas que deberíamos aprender es a congeniar esa dualidad con la que hemos de vivir: espíritu y materia.


Otro elemento esotérico antiguo y tradicional, que vamos a encontrar en todas las culturas, es el referido a la antigüedad del universo y del hombre. Ni el universo ha nacido hace pocos miles de años ni el hombre deambula sobre la faz de la Tierra desde hace apenas unos pocos días históricos.

Para todas las tradiciones, la antigüedad del universo es enorme; y tanta como la del universo es la del hombre, aunque este haya tenido muchas formas, múltiples apariencias, aunque haya sido a veces tan solo una pompa de jabón, un trozo de espuma, un glóbulo de aire… no importa la forma.

El hombre y el universo han pasado por numerosos ciclos, que tienen la particularidad de repetir elementos semejantes. Ciclos de vida y de muerte, de aparecer y de desaparecer, de tener cuerpo y de no tenerlo.


El esoterismo ha tratado de explicar qué es lo que vive y qué es lo que muere, llegando a la conclusión de que lo que permanece vivo es el espíritu, y lo que muere, lo que viene y se va, lo que aparece y desaparece, lo efímero como el reflejo de una ilusión, es el cuerpo.


Así se entienden más y más conceptos esotéricos como el de la eternidad, eternidad que afecta al espíritu, mas no al cuerpo. Conceptos tales como la evolución, que hace que este espíritu tome conciencia paulatinamente de lo que significa la vida; de este agregado que le supone el cuerpo, y de las dificultades y ventajas que le supone poseer uno.


Conceptos tales como el sentido mismo de la vida, la respuesta a para qué estamos aquí y qué vamos a hacer en este mundo. ¿Cuál es nuestra función, hacia dónde caminamos? ¿Es simplemente vivir, vegetar, comer, dormir, o hay algo más que podamos hacer?


Se nos aclaran conceptos como las famosas pruebas que la vida nos depara; pruebas que no son simplemente dolores para vejarnos, sino que pasan a ser sistemas de enseñanza para fortalecernos.

Para el esoterismo de todos los tiempos, ha habido siempre una ley fundamental, que nos permite conjugar este universo y sus criaturas con sus apariciones y desapariciones. Me refiero a la ley de causa y efecto, la ley que anula la casualidad y, en cambio, pone en pie la responsabilidad.

En nombre de la causa y el efecto, todos nosotros somos artífices absolutos de lo que nos sucede, de lo que vivimos, de lo que tenemos, de lo que pensamos, de lo que sentimos. Y aun somos artífices de nuestro propio futuro y de todo aquello que podemos plasmar alrededor de nosotros.


Para este esoterismo fundamental, el mundo en el que vivimos está sujeto a la acción. No hay nada que pueda dejar de actuar. Aunque creamos que cuando nos sentamos en un rincón en una postura más o menos oriental, inmóviles durante 15 minutos o una hora, vamos a eliminar la acción de alguna manera, estamos equivocados.


Eliminamos un tipo de acción, pero el corazón sigue latiendo; nosotros seguimos respirando, nuestra mente sigue pensando, nuestros sentimientos siguen fluyendo… Por lo tanto, hay múltiples formas de acción a las cuales no podemos restar nuestra colaboración.


Para este esoterismo tradicional siempre han existido poderes paranormales, supranormales o como se los quiera llamar. Pero, a pesar de esta terminología, no hay nada paranormal ni supranormal en el seno de la Naturaleza. Hay cosas normales, solo que a veces están a nuestro alcance y otras no; a veces podemos aplicarlas y otras no.

Algunos creen que el esoterismo consiste únicamente en la adquisición de poderes paranormales.

Para el verdadero esoterista, la idea de Dios es imprescindible, puesto que nadie ha conseguido jamás que el hombre pueda ser eterno, evolucionar, dar sentido a su vida, entrar en la gran corriente de acción sin sentir que Aquello, no importa de dónde venga, está por encima de toda nuestra comprensión, de todas nuestras definiciones y limitaciones.

Me refiero a Aquello que ha puesto en movimiento esta máquina que, si bien la miramos, es una gran maravilla.

Estos conocimientos requieren mucho tiempo y necesitan de una acción, de una práctica fundamental para poder llegar a vivirlos.


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Algunas Consideraciones Prácticas


hay-variosay varios sistemas para poner en práctica el conocimiento esotérico. Vamos a mencionar algunos muy sencillos, que no tienen nada de extraordinario ni de paranormal.

Un elemento fundamental es no soñar jamás con conocimientos superiores para beneficio personal o para tener más poder.

El conocimiento no se ha hecho para poder sobre los demás; se hizo, en todo caso, para poder, en principio, sobre uno mismo. El egoísmo es planta que hay que desterrar, si de verdad nos interesa el esoterismo.


La vanidad personal sobra. Aquel que sabe algo no debe decirlo en todo momento y a toda persona que encuentra. Eso es, simplemente, vanidad.


El que sabe, reconoce humildemente que lo único que ha hecho es tomar un poco del conocimiento que hay en la Naturaleza, y lo usa como se bebe agua o se respira el aire.


Está de más también nuestro gusto contemporáneo por las cosas perecederas. Si estamos pendientes continuamente del tamaño de la casa en que vivimos, de los muebles que tenemos, si nuestra ropa es más importante que nuestro espíritu, indudablemente es muy difícil poder transitar el camino del esoterismo.


Hay que eliminar la vanidad personal; pero sí conviene desarrollar un cierto orgullo espiritual, que falta últimamente en el hombre. Orgullo espiritual no es vanidad, sino esa sensación de fuerza y tranquilidad interior de aquel que siente que lleva algo grande dentro, algo que no tiene tamaño ni precio, algo que no se puede adquirir en un simple mercado de oferta y demanda; algo que está con uno mismo. Eso da una sensación de orgullo, sí, pero un orgullo espiritual.


Si bien no hay que atarse a los elementos perecederos, hay que ser prácticos y aprovechar todos los que la vida nos brinda, para hacer de ellos objetos de bien, que puedan favorecer a otros seres humanos.


No proponerse grandes empresas que no vamos a ser capaces de realizar.

No se puede acudir al esoterismo soñando que vamos a ser Cristo o Buda porque lo más normal es que no lo logremos. Es bueno tener la humildad interior de reconocer que podemos ser unos buenos seres humanos, buena gente, y ayudar a los que están a nuestro alrededor, aunque no seamos ni Cristo ni Buda. No es que no se pueda llegar a ser una gran figura, pero llegar cuesta mucho más trabajo que esta pequeña empresa que exponemos ahora.


El esoterismo y su práctica requieren una gran pureza.

Sé que hablar de esto hoy está pasado de moda, pero es necesario y, además, es verdad.

Una pureza física y una gran higiene tendrían que llegar a penetrar dentro de nosotros en todos los planos en los que vivimos. Una higiene física, psicológica y mental. Cuidar nuestros sentimientos y nuestras ideas.

Higiene en el ambiente circundante y en nuestras conversaciones.

Esto es lo que se pide. No es posible que en medio del fango broten flores delicadas, y cuando brotan son excepciones. Ahora estamos hablando de un esoterismo práctico que nos sirva a todos, en el que la higiene y la pureza son fundamentales.


Tampoco vamos a promover un vegetarianismo a ultranza, ni que se suprima absolutamente la bebida. Lo ideal sería comer con mucho cuidado, escoger los alimentos, evitar los excesos, no caer en la gula, no caer en el alcoholismo, evitar las drogas.


Más consejos prácticos: se enseña que la mente es un instrumento para pensar, que relaciona el mundo del espíritu con el mundo de la materia. Pero nuestra mente tiene una particularidad: al estar en medio, depende de cómo balanceemos este equilibrio para que ascienda y se dedique a las grandes ideas, o caiga y se banalice.


Ya lo dijeron muchos pensadores: es mucho más fácil caer que subir.

Por eso hay que cuidar mucho nuestra mente y nuestras pasiones; no nos referimos a las pasiones del alma, ni a las artísticas, ni a aquellas que nos ponen en contacto con elementos sutiles. Nos referimos a las pasiones que nos destrozan, que nos arrastran, que nos hacen perder todo tipo de capacidad, estos arranques de desesperación y de ira, que nos tornan verdaderos guiñapos humanos incapaces de nada.


Estas pasiones no son del espíritu, sino de la materia, y hay que intentar dominarlas poco a poco. Esto no significa no enojarse jamás, pero sí al menos no ceder a la ira.


Una fórmula práctica muy olvidada: amor para toda la Humanidad, no tan solo para algunos.


Es bien patente que esto nos falta hoy. Estamos tan insensibles que somos capaces de leer cualquier cosa tal como si pasara en otra galaxia. Esto sucede, en gran parte, porque todos los días suceden muchas cosas y cada vez peores: muertes, guerras, accidentes, desastres, asesinatos; ya casi ni conmueven nuestros corazones. Ya casi somos incapaces de temblar por otro, de sufrir por otro.


El hecho es que resulta muy difícil penetrar verdades esotéricas cuando solo somos capaces de pensar en nosotros mismos.


Como vemos, el camino es sencillo y difícil a la vez. Y si quisiéramos, nos tornaríamos más prácticos todavía; podríamos escoger alguna de las fórmulas que muchos maestros, a lo largo de muchos años, han recomendado a sus discípulos.


Son cuestiones simples, pero también difíciles. Veamos algunas.


Tener por costumbre iniciar las mañanas con alguna idea, alguna frase, algún pensamiento.

No abandonarlo a lo largo del día, y cada vez que estamos un minuto en paz o tenemos un instante de reposo, traer esta idea a nuestra mente, pensarla, sentirla, aplicarla.


Evitar la pereza, levantarse pronto y rápidamente.

Anular los momentos que solemos pasar en la cama entre la vigilia y el sueño. Ahí es cuando se cruzan las ideas más disparatadas de la vida.


Recurrir a la oración.

Aprender a hablar desde dentro, a dirigirse desde dentro hacia arriba y no tener miedo de ello.


Autoanalizarnos.

No mucho, porque eso también es pernicioso. Ser sinceros con los propios defectos, y prometerse día a día que no los vamos a volver a repetir. Y si caemos, prometerse otra vez que no lo volveremos a hacer.

Hace falta tener mucha paciencia con uno mismo, mucho valor para vernos cómo vamos, para darnos cuenta de cómo caemos en el mismo error y seguir intentando ser mejores y ser diferentes.


Acostumbrarse a la soledad.

No temerla. En realidad, nunca estamos solos, ese es el error. Acostumbrarse a compartir momentos con uno mismo, a estar con el propio yo, que no es ningún enemigo. Lo peor que puede pasar es que a veces no esté.

Pero hay que tener paciencia y llamarle y dejarle crecer; permitir que se presente ante nosotros y compartir momentos con él.


Evitar todo lo innecesario. ¿Ideas innecesarias? Se desechan. ¿Sentimientos innecesarios? También. ¿Palabras innecesarias? Callarlas, pensar siempre en lo que vamos a decir. ¿Qué necesidad tenemos de herir a los demás tan solo porque nosotros estemos de mal humor?


Hablar lo justo.

Rendir culto a la amistad, pero no posponer nuestros ideales más caros en su nombre. Ejercitar la voluntad día a día, momento a momento, y con las cosas más sencillas. No hartarse jamás de comida, no dormir demasiado; mantener el cuerpo al ritmo de la voluntad.


No leer demasiado.

Puede parecer paradójico, pero la excesiva lectura puede llegar a conturbamos. Leer lo justo y acostumbrarse a leer y a pensar un poco en lo que leemos; leer y asimilar.


Acostumbrarse a estar contentos.

Dicen que aquel que encuentra las grandes verdades, que entra en contacto con elementos fundamentales, se muestra alegre de ánimo.


¿Cómo podría ser de otra manera? Estar contento con la propia situación, no despotricar contra la existencia que nos ha tocado vivir, sino aceptarla.

Como enseñaron los grandes Maestros, el problema no es evitar los dolores que sufrimos, sino los que van a venir.


No se crece de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera.


Nuestra posibilidad de evolución depende, en parte, de las circunstancias externas, pero no totalmente. Nuestras energías negativas no se pueden matar ni reprimir.


Aquellas energías que hemos perdido en idear cosas inútiles y torpes deben ser transmutadas por proyectos útiles y nobles… Si nos gusta algo que sabemos positivamente que no es conveniente, hay que intentar volcar esa energía en otra cosa.


otratra fórmula práctica: No abatirse jamás.

La desesperación no hace a un esoterista, sino a un vencido.Un hombre con convicciones, que busca la verdad, no se desespera. Cae una y otra vez, y se levanta de nuevo; si cae diez, diez veces se levantará.

El conocimiento crece en la misma medida en que se entrega, y esto lo saben muy bien todos aquellos que se han visto en la oportunidad de enseñar.

Cuanto más enseñamos, más sabemos. Todo aquello que nos hace bien debe ser entregado; todo aquello que recibimos debemos dejarlo correr, transmitir, enseñar, proyectar.

No creamos que la felicidad resida simplemente en el confort material, porque esa es una cadena sin fin. Cuantas más cosas tenemos, más necesitamos, y la felicidad no llega nunca.


Y una última fórmula:

No creamos que no hay ninguna salvación, ninguna redención, ninguna iluminación que venga desde fuera.

Es verdad que si tan sencillo fuese, los Maestros y los dioses, así, en plural, como eran para las antiguas civilizaciones, ya nos habrían regalado esa salvación y seríamos totalmente libres.

Pero ellos han señalado un camino, han depositado fórmulas en nuestras manos, y el resto es lo que tenemos que hacer nosotros. Dentro está la verdadera fuerza, el verdadero esoterismo.


Este esoterismo al que nos referimos es una creencia tradicional, una ciencia secreta. Y no porque se pretenda mantener escondida, sino porque no siempre ha estado al alcance, y no siempre ha sido objeto de conocimiento de los hombres, pero ofrece prácticas directas para que aprendamos a vivir en el mundo y a realizarnos en él.


El esoterismo es un legado de la Humanidad hacia la Humanidad. No es ni debemos creer que consiste en un sistema para sociedades hastiadas y aburridas. No es un entretenimiento, no es jugar a una copa que se mueve por encima de una mesa; aunque esta pueda moverse, esto no es esoterismo.


Lo que estamos buscando es algo bien diferente; buscamos llegar a la verdad.


Podríamos resumir esta búsqueda en una necesidad de autoeducación que permita al ser humano superarse a sí mismo, a través de una formación del carácter práctica, real y efectiva. Exigirse a sí mismo, desarrollar la mente de manera armónica, clara, limpia, sencilla. Aceptar las propias características de nuestro destino y aprovecharlas al máximo, extrayendo la mejor enseñanza de aquello que se ha puesto en nuestras manos.


Aprender a sentirnos unidos a todos los seres humanos, unidos en nuestra semejanza espiritual, y en un destino común.


Estamos acostumbrados a la competencia, la lucha por la existencia, la supervivencia del más apto y el egoísmo. Hoy no se trata de educarse; se trata nada más que de pasar el examen, pero podemos obtener una excelente nota y no saber nada de nada; y podemos no tener notas en ninguna parte y saber: saber vivir.


A veces, es necesario ponerse frente a uno mismo, y no delante del espejo que falsea nuestra imagen. Ponerse ante la propia conciencia y decidirse a tomar parte en esta corriente de vida, de evolución. Darse cuenta de que estamos inmersos en esta gran corriente, y de que nuestra acción, por mínima que sea, no es innecesaria; de que nuestras acciones tienen un valor, por pequeñas que sean.


Es importante decidirse a dar valor a esa pequeña parte de acción que somos capaces de realizar. Hay que decidirse a crecer día a día, no dejándolos transcurrir unos tras otros.


Sé que hoy la moda es pasar, una palabra que no entiendo muy bien, pero que se emplea tanto… Sé que hay que pasar, reírse de las cosas, no darles importancia. Y sollozar por dentro, porque en el fondo, pasamos tan rápidamente que alguna vez añoramos detenernos y preguntarnos: “¿qué estoy haciendo?”.


Por esto es necesario un compromiso con uno mismo.

Sentir la vida, el tiempo y la Historia.

Sentir que somos capaces de hacer algo.

Y sentir, por último, que el esoterismo comienza dentro.

Esoterismo es, ni más ni menos, la fórmula mágica que iluminó a tantos y tantos espíritus:

CONÓCETE A TI MISMO, Y CONOCERÁS EL UNIVERSO”.


serpiente