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Magia iniciática en el Egipto antiguo

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EGIPTO_SE_MANTIENE_Vajarayana_Bloggipto se mantiene ante nosotros, y aun ante los especialistas que nos hemos dedicado al estudio de su Historia, como un gran enigma, algo que no podemos entender. Tenemos que buscar, entonces, no solamente con nuestra mente racional, sino también en otras vías, el motivo de su extensa continuidad como Civilización. Egipto se va a proyectar, a través de los primeros Maestros Iniciáticos, hasta Grecia, llegando hasta su Siglo de Oro, de donde va a saltar al Imperio Romano; sus elementos, a través de todos los pueblos que se ponen en contacto con el Imperio, van a llegar, por medio de alquimistas y astrólogos, hasta nuestros días.

Hay un hecho francamente curioso que yo he visto varias veces. Cuando uno va al Louvre, al British Museum o al Metropolitan, se encuentra con un turismo masivo que marcha detrás de un guía; y mientras éste va mostrándoles las obras de Arte, las personas hablan, conversan entre ellas, se preguntan cosas… pero de golpe, deja de oírse ese murmullo, el guía ya no explica prácticamente nada y la gente camina en silencio, mira, observa... es que han llegado a la Sala Egipcia.

Incluso en el Museo de El Cairo se puede ver cómo entra la gente turísticamente, y a medida que se van internando, que ven esas grandes moles, esos ojos extraños que les miran desde las maderas, esos metales raros, van bajando la voz, se van callando y van penetrando en un sendero de misterio y enigma donde se preguntan a sí mismos qué es lo que están viendo.

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El Destino, las Moiras, la Suerte, como se quiera llamar, me ha permitido visitar muchos lugares en el mundo en donde se dice que se ha plasmado una Fuerza metafísica, y he podido ver de qué forma, en Aquello que hoy llamamos Egipto, esa Fuerza metafísica se plasmó de tal manera que no solamente tuvo una enorme continuidad histórica a través de su propia evolución, es decir, desde lo que podríamos llamar un Egipto Arcaico o Predinástico hasta el Egipto terminal, en la época de los Ptolomeos y los romanos, sino que todavía hoy tiene influencia.

Para hablar de dicha influencia, tal vez convenga definir lo que es la Magia. Es muy difícil definir algo que es eminentemente vital y espiritual. Todos podemos definir fácilmente cualquier objeto material, pero si tuviésemos que definir la vida, la muerte o el amor, el problema sería más complicado. Si bien todos sabemos lo que es el amor, cada uno tiene el suyo, y habría tan solo un común denominador que diferenciaría el amor del odio.

Así, cuando hablamos de Magia, lo primero que hemos de hacer es no identificarla con sacar un conejo de una chistera. Eso no es Magia, sino prestidigitación, o un recuerdo de algo que acaso una vez ocurrió.

A veces quedan recuerdos en los pueblos de cosas que sucedieron; como esos recuerdos que tenemos de cuando éramos niños, pero que no podemos situar exactamente, que no podemos decir dónde comienzan y dónde acaban, y que sin embargo influencian nuestra vida y sobrecargan incluso nuestra expresión y nuestro lenguaje.

Así, Magia no es ese conjunto de hechos más o menos fenoménicos, de prestidigitaciones, de cosas más o menos extrañas, que se pueden hacer para divertir al público. La verdadera Magia, la única que hay, no es para divertir al público, sino que es la Magna Ciencia, es el espíritu de las cosas, allí donde realmente se encuentran.

Nosotros amamos el Arte, la Ciencia, una forma de vida, una manera de ser; en ese lugar, en esa encrucijada donde se encuentran nuestros amores, donde se halla lo mejor de nosotros mismos, donde está el corazón de la vida, allí está la Magia.

Esa es la Magna Ciencia, ese es el Conocimiento, el interior esotérico de todas las cosas; es la semilla de todos los frutos, el motor que movió todos los mecanismos de la Historia, aquello que todos tenemos dentro, aunque no sepamos tal vez definirlo con palabras.

Los franceses lo llaman “charme”, nosotros podemos hablar de simpatía, y otros lo llamarán de mil modos distintos. Es aquello que tenemos dentro, que está más allá de nuestra cultura o incultura, de nuestra edad o de nuestra forma de vestir; es aquello que tenemos muy cerca del corazón, del Alma, lo que nos permite realizar prodigios, avanzar en la vida, hacer cosas; lo que nos permite, de alguna manera, ser quienes somos. Allí, en el corazón de la vida de cada uno de nosotros, está esa chispa que es la Magia.

Desde el comienzo de todos los tiempos, desde que la Humanidad lo es, parece ser que esa chispa que todos llevamos dentro, quiso, en algunos, en los más espirituales, unirse y conformarse, para constituir una fuerza espiritual de ayuda a todos los hombres.

Los viejos textos dicen que hemos sido ayudados por los Dioses para obtenerla; que estos Dioses, o Seres superiores, llegaron a los primeros hombres y les dieron esa chispa, así como la posibilidad de aplicarla en la Ciencia y en el Arte, de configurar los esquemas culturales y civilizatorios y de posibilitar ese contacto con lo invisible, más allá de la periodicidad histórica.

Si nos encontramos con los hechos religiosos que han sucedido a lo largo de la Historia, vamos a ver que el hombre en determinado momento se postra ante una concha marina, por ejemplo, en las costas de Africa, o ante un cráneo de oso en Centroeuropa, o ante un obelisco en Egipto, pero eso son formas exteriores. Hay algo anterior a todo eso.Ancient_Egyptian_Gallery_Blog_Vajarayana_2015

DICEN_LOS_ANTIGUOS_Vajarayana_Blogicen los antiguos libros que hace millones de años, de alguna manera, vino la Magia al mundo. Los hombres se iniciaron y fueron Adeptos de esa Magia, de esa capacidad de encontrar todas las cosas, de tener la llave que puede abrir las diferentes puertas de la Naturaleza, empezando por aquellas que tenemos nosotros mismos.

Así, el hombre empezó a conocerse a sí mismo, a comprender que era algo más que un poco de carne, que estaba constituido por cuerpos mucho más sutiles; que el Universo no era tampoco un simple fenómeno hostil, sino un Macrobios, un gran Ser vivo, y que había una unión física y metafísica entre el Universo, es decir, la parte que podríamos llamar exterior a nosotros mismos, y este microcosmos que es el ser humano.

Así fueron naciendo las Ciencias, como la Astrología, por ejemplo, que relaciona las posiciones de los astros con las personas, no solamente en el momento del nacimiento, sino en el de la gestación, y también con aquello que les puede ocurrir en la vida, así como marca su naturaleza y características.

 

Tal vez habréis visto camafeos dedicados al Emperador Augusto. Augusto pertenecía astrológicamente al signo de Virgo, pero en todos sus camafeos aparece el símbolo de Capricornio. Esto es porque en la Antigüedad se hacía el horóscopo del momento en que la persona era gestada, y otro secundario del momento en que se le cortaba el cordón umbilical. En realidad, existe aun una tercera forma horoscópica, que se refiere a la individualización de la persona, en otros planos de conciencia y hace millones de años.

Estas antiguas magias fueron trasladándose de uno a otro lugar. Dicen los viejos libros que antiguamente la Tierra tenía otra conformación; esto se está comprobando hoy a través de medios científicos. Los continentes siguen las leyes de la balanza isostática; se han elevado, han bajado, se han desplazado y han cambiado varias veces. Incluso varió su relación con la eclíptica -ese plano donde teóricamente giran los planetas alrededor del Sol-, de tal suerte que hoy se han encontrado restos de carbón en la Antártida.

De manera que lo que hoy es el continente helado, donde sólo hay musgo, fue alguna vez un lugar con bosques y grandes animales, cuyos cadáveres se petrificaron y llegaron a convertirse en carbón. El mundo modificó varias veces su posición en cuanto al plano de la eclíptica, y varias veces cambió también su temperatura.

La Doctrina Secreta, por ejemplo, menciona continentes de los cuales nos llegan tan sólo, a través de la cultura occidental, los recuerdos de sus últimos fragmentos, como el continente atlante.

A través de las anotaciones de Platón, que dice haber recibido estos conocimientos de los egipcios, sabemos de la existencia del último resto del continente atlante, que él llamaba Poseidonis, y que se habría hundido hace unos once mil quinientos años, en el Océano Atlántico.

Las comisiones científicas francesas lograron detectar, desde el año cincuenta, una serie de elementos en medio del Océano Atlántico, que demuestran la anterior existencia de un continente. Se han encontrado, por ejemplo, restos de lava que se petrificaron en contacto con el aire, y también pequeños restos de peces de agua dulce debajo del mar.

Así pues, hoy día, la existencia de la Atlántida como continente está demostrada. Lo que no está demostrado científicamente, bien porque no tenemos material, bien porque no sabemos interpretar el que tenemos, es que haya existido una civilización dentro del continente. Pero si aun en las pequeñas islas del Pacífico, si aun en cualquiera de los lugares del globo, vamos a encontrar hombres que han poblado las tierras, tenemos que deducir, por lógica, que si hubo tan gran continente a no muchos kilómetros de lo que hoy es América, y a no muchos tampoco de lo que hoy es Europa y Africa, este continente tuvo que haber estado poblado también. Además, es mencionado y con datos bastante coincidentes, tanto por los pueblos históricos de América, como por los de Europa y Africa y aun de Asia, pues en los libros de la India, aparece con el nombre de Lanka, o sea, la Gran Isla.

Se dice que cuando este continente desapareció, o a medida que iba desapareciendo -ya que antes del hundimiento de Poseidonis pasaron miles de años de convulsiones, durante las cuales se fue destrozando el gran continente madre-, los Misterios, la Magia, esa Magia esencial que unía la Voluntad (Primer Rayo) con la Magia ceremonial (Séptimo Rayo), que se plasma en la Armonía por oposición (el Cuarto Rayo, el de color verde) fue trasladada al viejo Egipto, que no se llamaba así, porque “Egipto” es una palabra que ha derivado de otra griega que significa “Lugar Secreto”, “Lugar de los Misterios”.

Parece ser que Egipto, según lo que podemos percibir, se llamaba Kem, la Tierra quemada, la Tierra negra. Algunos dicen que esto es porque el sol quemaba la tierra, y otros porque el barro del Nilo, que es oscuro, empezó realmente a construir Kem o Egipto.

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Hoy se han confirmado viejas tradiciones. Sabemos que Egipto no tuvo siempre la misma conformación geográfica; por el contrario, en su parte norte, lo que conocemos como el delta del Nilo, y a partir de la última catarata hacia el norte, Egipto se ha levantado en épocas bastante cercanas a nosotros. Y lo que llamamos desierto, o Sáhara en árabe, es nada más que el fondo de un mar. Por eso se encuentran todavía, en sus arenas, fósiles de peces y animales marinos. Los anales esotéricos dicen que Egipto tuvo su comienzo hace unos setenta mil años, con los Grupos Iniciáticos que estaban en la parte sur, en los lugares donde se encuentran Luxor, Tebas, Abydos y otras ciudades; la parte de Nubia.

Al norte existían algunas islas, que todavía hoy se ven como tal en medio de la arena, donde se elevaron las misteriosas Pirámides y la Esfinge.

 

Los libros dicen que la Gran Pirámide contiene en su interior el cartucho con los jeroglíficos de Keops, que la datarían como mucho más moderna. Lo que no dicen normalmente los libros es el lugar donde está ese cartucho. Dicho cartucho no existe en ninguna parte de piedra de la Pirámide, sino que está en unas juntas de escayola que hay sobre las piedras de descarga de la, hoy llamada, cámara del Rey. Es, pues, algo que puede ser bastante posterior. Además, hay otro pequeño problema, y es que tampoco dice Keops, sino Kem. Ha sido interpretado como Keops a partir de los viajes de Herodoto y otros griegos, fundamentalmente Manetón, que fueron los que nos dejaron las relaciones de lo que hoy conocemos como Dinastías reales, y de Faraones. Así es que esta interpretación no la debemos a ningún documento egipcio, y salvo a partir del Egipto de las nuevas Dinastías, especialmente de la XVIII, es muy difícil de poder constatar y aun afirmar absolutamente nada.

Así pues, la vieja Magia, el viejo Conocimiento Integral, ese Conocimiento Secreto, pasó a través de distintas manos hasta llegar al Egipto histórico, el que nosotros podemos conocer, por lo menos relativamente.


¿Cómo es que hubo esa continuidad en el Misterio? ¿Cómo es que permaneció tanto tiempo esa Magia? ¿De qué manera?


Es muy fácil decir que los egipcios, en las primeras Dinastías, estaban prácticamente en una edad neolítica, y que de repente construyeron las pirámides, los templos y todo lo demás. Pero esto es algo completamente irracional. Las medidas científicas tomadas en la Gran Pirámide, por ejemplo, revelan una perfección técnica que solamente hoy podemos alcanzar; o tal vez ni siquiera eso, porque a medida que el hombre avanza va descubriendo más prodigios sobre la colosal construcción. Veamos un ejemplo.

 

La Pirámide era admirada en el siglo pasado, cuando se aplicaban los primeros teodolitos, por la exactitud que tenía; pero cuando se aplicó la cinta de Invar, se vio que era mucho más exacta. Y hoy, que ha llegado a ser medida con sistemas electrónicos, se ha descubierto una exactitud superior aún. Esto debería sobrecogernos, y hacernos pensar que tal vez en el futuro, si desarrollamos técnicas superiores a las actuales, podamos apreciar un nivel de perfección aun superior. Si observamos que sólo su revestimiento llevaba veinticinco mil bloques, y que cada uno de ellos tenía la misma perfección que la que puede tener un gran espejo parabólico de los que se utilizan para las observaciones astronómicas, es difícil creer en un hombre que está con una piedra tallando otra.

Los que hayan visitado las ruinas de Menfis (lo poco que queda), tal vez hayan visto a un hombre sentado en el suelo, que con una piedra está tallando otra. Hace muchos años que ese hombre está allí con la misma piedra, y cuando pasan los turistas, los guías afirman que así se hicieron todas las piedras de Menfis. Francamente, todavía hoy tendrían que estar trabajando en el Muro de las Cobras, sobre todo considerando que la población del Egipto antiguo nunca sobrepasó los doce o catorce millones de habitantes.

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MAGIA_PUES_ES_Blog_Vajarayanaagia, pues, no es sacar un conejo de una chistera, o hacer aparecer una moneda en el aire. Magia es un conjunto de conocimientos que abarcan desde lo metafísico, como el conocimiento de encarnaciones anteriores, el contacto con el Alma o saber donde radican nuestras virtudes y defectos, hasta la aplicación en el aquí y el ahora de la parte científica o de la artística. Egipto a través de esta Magia, de este conocimiento, obró prodigios. Por ejemplo la diorita, una piedra cuya dureza puede ser sólo superada por el diamante, los egipcios la cortaban como si fuese mantequilla.

En el Metropolitan Museum de Nueva York existe un gran cánope, en que se muestra que lo que cortó la diorita -que no sabemos lo que es-, avanzaba diecisiete veces más de lo que puede avanzar un diamante, o sea, tenía una dureza diecisiete veces superior a un diamante. Pero hay un problema: los egipcios no conocían los diamantes. Y hay otro problema: se ha hecho un análisis espectrográfico sobre los cortes y aparece cobre, y está claro que el cobre no puede cortar la diorita.

En el Museo Rodrigo Caro existe un pequeño vaso isíaco que contuvo agua del Nilo. Está hecho de una aleación de cobre, estaño y otros materiales que darían cierto bronce, pero ante el tensionómetro da una dureza de hierro. Todo esto son muestras de lo que se podía hacer con un conocimiento íntimo de la Naturaleza.

Mucho antes de que se hablase de la Física atómica, cuando se pensaba que el mundo estaba hecho de moléculas solamente, cuando se despreciaban las teorías de los griegos de la época de Demócrito, que nos hablan de los átomos, y aun de lo que está más allá de lo que nosotros hoy llamamos átomos, puesto que “a-tomo” significa “lo que no se puede partir”, las pequeñas partículas que permiten que no solamente pueda haber diferenciaciones en cuanto a las cosas físicas sino que los elementos mismos puedan ser transmutados y cambiados, ya existía la vieja Alquimia, que algunos hacen derivar de una palabra árabe, que sería alcemún, y otros del antiguo nombre de Egipto, “Kem” o “Kemur”, aquello que está quemado, aquello que es negro.

Sabemos también, que los egipcios mantuvieron a través de los siglos una serie de conocimientos técnicos. Ver al natural un bloque de mil toneladas en un lugar cerrado, que no tenga ni una marca de algo que lo haya movido, es algo increíble. Hay solamente dos posibilidades: que hayan poseído instrumentos completamente desconocidos por nosotros, de los que no ha quedado ni rastro, o que hayan podido desgravitar de alguna forma las grandes masas de piedra, cosa que hoy sabemos no sería un imposible desde el punto de vista científico. Los egipcios mantuvieron estos conocimientos secretos y poderosos a través del tiempo.

 

Muchos se han quejado de que el arte egipcio es un arte petrificado. Y dicen, en parte con razón y en parte sin ella, que el arte egipcio en las primeras Dinastías es prácticamente el mismo que podemos encontrar en la época saíta. Para los especialistas no es exactamente igual, ya que se distingue perfectamente un jeroglífico de las primeras Dinastías de otro del Imperio Nuevo, leyéndose además de manera diferente. Los primeros son jeroglíficos gráficos que se leen por conceptos, luego van a ser silábicos, y después alfabéticos. Más tarde pasan a ser la llamada escritura demótica (de “demos”, pueblo), y esto a su vez será origen de lo que hoy se conoce como el árabe, que se escribe de derecha a izquierda.

Estos jeroglíficos tenían otra característica, y es que el color también tenía significado. En un escarabajo del Museo Rodrigo Caro, hay unos jeroglíficos en negro y rojo, y no significa lo mismo lo que dicen los negros que lo que dicen los rojos. Se trata de un encantamiento para evadir las serpientes físicas y también las metafísicas, las serpientes de la luz astral, una especie de Elementales que nos pueden atacar en los momentos en que nuestras defensas psicológicas están bajas.

Todo esto que encontramos a mediados o fines del Imperio Nuevo, lo encontramos también a comienzos de las primeras Dinastías. Y es que el arte, aunque tenga pequeñas diferencias, en líneas generales sigue siendo el mismo a través de miles de años.

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Si nos fijamos en la representación de una de las Tríadas divinas que existieron en Egipto, Osiris, Isis y Horus, vemos que se dan unos colores rituales que son específicos en su representación. Isis tiene que ir sobre una banda roja, Osiris sobre una azul (en estado funerario) y Horus sobre una amarilla o dorada solar. En Egipto no hay nada casual, los colores tienen su significado, hecho que nosotros descubrimos recientemente, en el siglo XVIII, cuando se logró dividir la luz en sus distintos espectros, y se supo, algo más tarde, que había espectros de luz invisibles al ojo humano, tales como el ultravioleta o el infrarrojo.

 

Los egipcios ya sabían todo eso, tal como puede constatarse en los restos de sus papiros e inscripciones; algunos de ellos hablan sobre sus luces visibles y las luces invisibles, y de qué manera las visibles están rechazando lo que nosotros vemos, y no son del color que apreciamos. Así, si vemos una pintura de color azul, eso significa que dicha pintura retiene todos los colores menos el azul, que es el que devuelve, y ese es el que se ve.

Estos conocimientos, cuyo redescubrimiento fue reciente, por el avance de la técnica, eran ya conocidos por los egipcios.

¿Por qué no cambió el arte egipcio, y los pies figuran de costado y los ojos de frente, y todo parece tan artificial? No es artificial, sino que simplemente obedece a determinados cánones de relaciones secretas que conocen aquellos que están Iniciados.

Si nosotros presentamos, por ejemplo, un circuito impreso a alguien que no conozca nada de electricidad, se preguntará por qué es así, por qué tiene colores diferentes y para qué sirve. Es obvio que nosotros hacemos lo mismo ante elementos que desconocemos. La representación pictórica egipcia es una Ciencia perdida, un Arte perdido. Al menos, públicamente.

 

 

 

EL_ARTE_LITERATURA_EGIPCIA_ANTIGUA_Vajarayanal Arte y la Literatura egipcia presentan variaciones sobre un mismo tema, lo que demuestra también una permanencia de lo que llamamos lo mágico, el corazón de las cosas. Esto obedece a cierta apreciación propia de los egipcios, que a través de los griegos podemos recoger nosotros. Cuando llegamos a la perfección de las cosas, hay que aprovecharlas sin modificar. Por ejemplo, si alguien camina para llegar a la cima de una montaña, si cuando llega a lo más alto sigue caminando, baja; así pues, el hombre que es inteligente, cuando llega arriba, no camina más; puede girar sobre sí mismo, pero ya no desciende.

Lo que muchos se preguntan es, si esta Magia no tiene nada de diabólico o inmoral, ¿por qué no es conocida por todos? Por lo mismo que hoy no son conocidos una serie de fenómenos sobre las explosiones atómicas: porque es demasiado peligroso.

Utilizar la Magia, poder dominar la voluntad, no solamente la propia, sino también la de los demás, traería una serie de desgracias para nosotros, provocadas por los que hicieran uso de este gran Conocimiento sin escrúpulos y de forma inmoral.

Lo que ha tratado de salvar siempre el sentido mágico ha sido la posibilidad de caer en manos de hombres de mala voluntad. De ahí las Pruebas de Iniciación, en las que sólo los que las superaban podían ser dueños, podían entrar en contacto con los elementos de la Magia, que permitían, ante todo, tener un concepto de lo que es este mundo en su integridad.

Lo primero que podemos hacer sobre este tema es tratar de ver qué relaciones existen entre las distintas partes del Universo y nosotros mismos, qué relaciones se dan en nuestro interior y qué relaciones existen dentro del Universo; y no sentirnos solos, ni angustiados, ni pensar que entre cada uno de nosotros hay una barrera, sino darnos cuenta de que formamos parte de una gran Unidad, de una gran Vida, de algo que está dirigido, obviamente, por la voluntad de Dios, de lo que está más allá de nosotros; poder cultivar la voluntad interior, la voluntad de ser, aquí y en cualquier parte.

 

Decía una de las grandes Iniciadas del siglo pasado, H.P. Blavatsky, que todos somos inmortales, pero que muchos al morir fallecen realmente, porque de alguna forma se convencen de que no son inmortales. Haría falta llegar con la humildad de los viejos viajeros, de aquellos peregrinos que iban a Santiago con los pies desnudos, y ver estas viejas figuras, estas viejas muestras de un conocimiento perdido, y tratar de preguntar humildemente qué significan, qué son, qué es lo que permitió a través de miles y miles de años mantener una forma de Cultura y Civilización, cuando las nuestras están cambiando íntegramente con los choques generacionales y con la tecnificación que hoy nos agobia y destruye.

 

Tenemos que reencontrar el hilo de esa continuidad mágica para poder conformar un mundo unido, un mundo de manos juntas, un Mundo Nuevo, un Mundo Mejor, donde no rechacen ese Mágico Mundo Viejo. Recordemos siempre los símbolos de Osiris, el látigo y el gancho. Son las dos Fuerzas de la Naturaleza, la que atrae y la que rechaza. Eso no lo inventaron los egipcios, está tomado de la Naturaleza. En todas las cosas hay una fuerza que rechaza y otra que atrae. Nuestro planeta da vueltas alrededor del Sol porque hay una fuerza centrípeta que atrae y una fuerza centrífuga que rechaza. Entre estas dos fuerzas está el equilibrio y la marcha.

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Nosotros estamos siempre entre dos fuerzas. Tratemos de entender los símbolos del Antiguo Egipto; no son decorativos. En Magia no hay símbolos decorativos. En la mesa ceremonial egipcia, los agujeros y distintos canales no son decorativos (¡no son tampoco para que corra la sangre de las víctimas!); son como el circuito impreso del que os hablaba, son lugares para que pasen las energías. Cada energía precisa de un color, de una forma. No podemos atraer a un pez de la misma forma que a un gato o a un perro; cada uno tiene su forma, su idioma, su tentación. Así también, las Fuerzas de la Naturaleza, las que se mueven a través nuestro y a nuestro alrededor tienen su forma y tienen su tentación para marchar.

El Mago no las invoca, sino que las evoca. El Mago conoce los caminos de las Fuerzas y rige esos caminos, y hace que Ellas, en unión con él mismo, realicen prodigios para bien de la Humanidad.

Ese es el verdadero Mago y lo demás es mentira, es para distraer los ocios; o son viejos recuerdos, como el de la señora que mira las cartas o lee las líneas de las manos. Está haciendo algo sin saber por qué, simplemente tiene cierta sensibilidad y acierta muchas veces. Pero son Ciencias perdidas que existían en la Antigüedad. Las líneas de nuestras manos, de nuestros pies, y la forma de nuestro rostro y sus expresiones, tienen un significado mágico, como lo tiene el vuelo de los pájaros, o la voz del viento o las aguas cuando corren. Así, todo el mundo es susceptible de convertirse en un Gran Libro, en una inmensa Biblia, en donde podemos leer los Designios de Dios.

Cuando lleguemos a contactar con la Magia, podremos leer dichos Designios divinos.

Eso no da felicidad; da simplemente Sabiduría. La Felicidad, como dijo Pitágoras, no es planta de la Tierra.

 

 

 

Escrito de  Jorge Á. Livraga Rizzi.

 

 

 

 

 

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H. P. Blavatsky y su Misión

 

 

P. Blavatsky ha muerto, pero la gran alma que estuvo encarnada en su forma, vive aún. La mujer, que por no haber sido entendida sino por muy pocos, fue llamada “la Esfinge del siglo XIX”, ha rendido su espíritu; pero la gran alma (Maha Atma), que habitó aquella forma mortal usándola como instrumento para difundir en esta era de oscuridad mental los rayos de la luz espiritual, abandonó el cuerpo para volver a otra morada más congenial, descanso de sus trabajos.

Es dudoso, que haya existido algún gran genio y salvador de la humanidad, cuya personalidad, aun en su paso por la tierra, no haya sido mal comprendida por sus amigos, difamada por sus enemigos, mentalmente torturada y crucificada, y finalmente, objeto de idolatría por las siguientes generaciones. H. P. Blavatsky no parece ser una excepción a esta regla.

Ofuscado el mundo por la luz de sus doctrinas, que la mayoría no ha conseguido asir porque le eran completamente nuevas, la miraron con recelo; y los representantes de la ignorancia científica, saturados de pomposa vanidad, la llamaron “la mayor impostora del siglo”, porque sus mentes estrechas no pudieron elevarse a la comprensión de la grandeza de su espíritu. No es difícil profetizar que en un futuro próximo, cuando se hayan olvidado los nombres de sus enemigos, el mundo trabajará para conocer la verdadera misión de H. P. B., que verá en ella a un mensajero de luz, enviado para instruir a este mundo pecador, para redimirle de la ignorancia, locura y superstición; labor cumplida en cuanto que su voz fue oída y sus enseñanzas aceptadas.

El historiador futuro escudriñará los archivos con el propósito de encontrar algún trozo de historia de la vida de H. P. B., y a menos que las calumnias que sobre ella se escribieron no hayan desaparecido en el montón de basura de donde salieron, no es imposible que los escritorzuelos del futuro manchen su memoria, al igual que los irresponsables escritorzuelos modernos mancharon la memoria de Cagliostro, Teofrasto, Paracelso y otras grandes almas.


Por estas y otras razones que se evidencian, es muy de desear que se publique algo, digno de confianza, respecto a la vida de H. P. B., por alguna persona competente que haya estado bien relacionada con ella, que no sea un adorador de personalidades, sino capaz de estudiar y describir la vida del ser interno.

La verdadera vida de todo ser humano espiritualmente despierto, no es su externa, sino su interna vida. Relatar, simplemente, los acontecimientos de la vida terrestre de un genio encarnado y no hacerlo de su vida interior, de sus pensamientos y sentimientos, es describir la casa que aquel genio habitó en su paso por la tierra y no hacer caso del habitante. Así que, aun el mejor escrito que acerca de la vida de H. P. B. ha sido publicado, se parece a la pintura de un pájaro del paraíso, después de haber sido el pájaro despojado de su plumaje y aderezado para la cocina. Es el tratado de un sujeto altamente poético, vaciado cuidadosamente de toda poesía. Las plumas son partes tan esenciales en un pájaro como sus músculos y huesos, y el lado poético e ideal de un hombre es algo más esencial en su naturaleza que la estructura de su cuerpo físico o el corte de su vestido. Es la vida interna de H. P. B., su modo de pensar y sentir, lo que es de importancia y debe ser comprendido; lo restante pertenece a las cosas externas que no merecen la atención del verdadero ocultista.

Cada hombre es doble en su naturaleza, posee una vida externa y otra interna. H. P. B., no fue una excepción a esta regla. H. P. B., ni fue completamente humana, ni completamente divina.

 

Un poeta ha dicho:

Dos naturalezas hay en todo ser humano:
Una es, hija de la clara luz del día,
Nada oscuro hay en ella, todo es claridad
Allí, todo es resplandeciente, nada oculto,
Lo más íntimo tu ojo puede penetrar,
No hay allí misterio ni secreto;
En ella gobiernan: la sabiduría, justicia, amor y fe;
Sin motas, como el cristal en su pureza.


La otra es un ser nacido de la noche,
Llena de negras nubes que cambian una y otra vez,
Confunde la razón e ignora la luz;
Es un extranjero en sus propios dominios;
Insensiblemente llena nuestra vida diaria
De burlescos duendes; su reino discorde
Engendra errores y contiendas;
Enredando los hilos y dañando al designio.

 

 

Así, cada persona tiene bajo su mando una vida terrestre y otra celestial. Para la gran mayoría, enredada en las mallas de este mundo de ilusiones, estas ilusiones parecen ser la realidad, y la vida celestial meramente un sueño; pero hay otros en quienes la vida interna despierta, conocen la vida celestial como la verdadera, y esta vida terrestre sólo una ilusión o una pesadilla. Este hecho de la doble existencia fue reconocido de todo sabio y santo y es conocido de quien esté en posesión de la divina sabiduría del Yo.

Se hace mención de ello en muchos sitios en el Bhagavad Gita y en la Biblia. A esta doble vida de iniciado es a la que los apóstoles aluden cuando dicen: “Vivimos sobre la tierra, pero nuestra conciencia está en el cielo.”

Son aquellos en quienes la luz ha disipado las tinieblas; aquellos en quienes no existe ya el “cuerpo de pecado”. Hay Adeptos completamente desarrollados, y como uno de éstos se presenta San Pablo en su epístola a los Romanos, cap. VII, versículos 5 y 6 (1) donde dice: “Porque mientras estábamos en la carne, los efectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros, fructificando para muerte: mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra.”

Tales sabios y santos son los Buddhas y Arhats y los “Maestros de Sabiduría” con los que H. P. B. pretendía haber hecho conocimiento, y a los que cada cual puede conocer si crece más allá de su estrecho y pequeño Yo y se eleva al plano en que Ellos viven. El que la sociedad moderna no conozca nada de la existencia de santas personas, y que la ciencia moderna no haya descubierto aún ningún santo, no destruye la teoría de que hay seres humanos en quienes el germen de Divinidad, existente en todos los hombres, ha evolucionado tanto que un reino más elevado de conocimiento espiritual, inalcanzable para quienes se ocupan de cosas terrenas, se ha revelado a ellos, y que las almas de estas personas, por haber alcanzado la auto-conciencia en la luz del Espíritu, están en posesión de extraordinarias facultades. De estos regenerados dice la Biblia que no pueden pecar porque son nacidos de Dios (I Juan III 9). Y en Pedro I 22, leemos que estas almas, habiendo sido purificadas en obediencia de la verdad, por el Espíritu de amor sincero, “renacen, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios” obrando en ellos.

H. P. B. nunca deseó ser mirada como un dios, santo o adepto, y en una carta dirigida al autor de estas notas, repudia expresamente tales pretensiones, diciendo: que aunque marcha por el Sendero, no ha alcanzado todavía la meta. En H. P. B. había aún una naturaleza humana; pudo aún regocijarse con el alegre y simpatizar con el triste; esta parte de la naturaleza de H. P. B. fue objeto de una continua crítica por el “psiquista investigador”, que no conociendo nada acerca de la divinidad en la humanidad, sólo vió su propia imagen animal reflejada en ella. Cada punto nebuloso fue así por tales críticos investigado y exagerado en sus imaginaciones mórbidas; pero del lado luminoso de H. P. B., no percibieron nada porque en ellos no había luz.

Todo lo que descubrieron, si desechamos lo que sus fantasías añadieron, fue que H. P. B. era amable y generosa hasta el exceso, que era impulsiva y enérgica, y a veces se dejaba llevar por los extremos en sus nobles impulsos. Encontraron que fumaba cigarrillos, que exteriorizaba sus pensamientos sin gran ceremonia y rehusaba en absoluto ser como esos hipócritas, socarrones y santos de cara adulzada, que van continuamente disfrazados, y que son para el mundo como los pilares de la Iglesia y del Estado, mientras que detrás de su beatería está oculta su afectación y podredumbre.

Los chillones buhos de la sofistería científica que vinieron a preguntar al águila de los Himalayas, como no pudieron seguir su vuelo hasta las cimas de las montañas, fuera del alcance de su limitada visión, y no pudieron cortarle sus alas, creció en ellos la envidia y chillaron, arrojando calumnias sobre el pájaro real. En muchos casos, estos calumniadores se excedieron en su trabajo, y la extraordinaria virulencia de las calumnias evidencian suficientemente el carácter del espíritu que inspiró tales escritos y hacen completamente innecesaria la refutación.

Algunos de estos escritores la imputaron el haber cometido prácticas inmorales; y semejantes historias, tan pronto como fueron inventadas se imprimieron, y fueron siempre rápidamente tomadas y puestas en circulación por aquellos intrépidos periodistas, que ansiosos de aumentar la circulación de sus periódicos, están siempre alerta para dar a sus lectores algo sazonado y sensacional. Estas historias fueron frecuentemente absurdas y causaron no poca hilaridad entre aquellos que conocían los hechos.

Así, yo recuerdo que mientras estuve en la India circuló una noticia entre algunos periódicos ingleses y americanos: decían que se había suscitado una pendencia entre los Teosofistas de Adyar, porque H. P. B. estaba celosa del Coronel Olcott por causa de la Sra. Coulomb, y que el Sr. Coulomb, enfurecido, había rehusado el suministrar más fondos para sostener los asuntos de la Sociedad Teosófica.

Los que conocen las personas a que se hace referencia, y saben que los Coulombs no tenían un céntimo, y que se les sufría en Adyar por caridad, apreciarán el grito conque estas “noticias” fueron recibidas por los “Chelas”.

No tendrían fin los escritos ni la pérdida de tiempo, si todas las calumnias contra H. P. B. que fueron circuladas por los píos misioneros de Madras y de otros sitios, hubiesen de ser refutadas, especialmente, porque es más fácil sostener una calumnia que refutarla. Algunas de estas calumnias pueden, sin embargo, haber sido hechas con la mejor de las intenciones; por ejemplo: ciertas personas dudaron de la veracidad de H. P. B. por la misma razón que un rey africano está pronto a mandar decapitar a un viajero europeo, porque este último dijo al rey que en algunos sitios de Europa y en ciertas estaciones, el agua de los ríos y lagos se vuelve tan dura, que se puede andar sobre ella; por tal razón el rey decidió que no debía tolerarse que viviese semejante embustero.

Prestaría poca atención a la verdad si pretendiese que ninguna de las acusaciones que nacieron contra H. P. B. se fundaban en hechos; pero las causas que originaron tales molestias sin fin fueron: su deseo de juzgar el modo cómo los negocios mundanos debieran ser hechos, que a la manera de un niño confiaba que el mundo miraría las cosas del mismo modo en que aparecían para ella; una completa indiferencia a lo que el público pudiese decir o pensar de ella; el deseo de proteger a sus partidarios de las consecuencias de las estupideces que cometían, etc., etc.

Lo que H. P. B. deseaba, eso pensaba; lo que pensaba, decía; y lo que decía, hizo sin mirar las consecuencias. En ella, como en un niño inocente, pensamientos, palabras y actos, eran una sola cosa y en completa armonía.

H_P_B_and_H_S_OLCOTT_Blog_Vajarayana

H_P_B_Si_Intentasemos_Vajarayana_Blogi intentásemos solucionar el misterio de la “Esfinge del siglo XIX” y presentar la historia del verdadero Ego de H. P. B., deberíamos ante todo conocer la individualidad, la “nueva criatura” (2) encarnada en la forma de H. P. B., y saber algo de sus vidas anteriores, para que nos fuese posible comprender las causas por las que apareció en esta tierra en forma de mujer.

Entonces tendríamos que aceptar la teoría de que el alma del regenerado es capaz de vivir y obrar más allá de los límites del cuerpo físico, que es su morada e instrumento para su manifestación exterior, y que el alma espiritual de tal persona en una forma astral etérea puede estar en un país lejano, por ejemplo en el Tibet, en tanto que el cuerpo físico vive aún y actúa consciente e inteligentemente en Europa y América. Pero el mundo no está aún en disposición de recibir una historia seria, que contenga hechos todavía terra incógnita para Europa y la ciencia y cuya inteligencia se encuentra sólo en el Acta Sanctorum, hoy día mirado aún por la iglesia como “leyenda y fábula” o (para expresarlo con menos delicadeza) como un conjunto de mentiras. Tal historia requeriría lectores conocedores de las doctrinas de Reencarnación y Karma; lectores que hubiesen conquistado su propia naturaleza, y por su propia experiencia les fuese posible realizar lo que ello significa ser en el mundo, pero no de él.

Pero aunque la Biblia dice: “el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios” (Juan III 3), sin embargo, los términos renacimiento y regeneración se han convertido en palabras sin sentido para el moderno fanático y en absurdos para el hombre de ciencia. El religioso visionario se adula a sí mismo, con la creencia de que ya se ha regenerado y alcanzado la inmortalidad. No sabe que la regeneración en el espíritu es acompañada del despertamiento de los sentidos espirituales, y que esta “regeneración” no puede tener lugar mientras se es ciego a la luz de la verdad y sordo a la “voz del silencio”.

“Regeneración”, hoy es una palabra sin sentido para el mundano; y para el clérigo, a lo sumo, significa un cambio de creencia y un progreso moral. El moderno “Cristiano” no comprende pasajes de su Biblia como los siguientes: “Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros.” (Gálatas IV 19). “En Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.” (Gálatas VI 15), etc., etc.

Ellos no creen que su maestro dice de sus verdaderos discípulos, que los regenerados, aquellos en quienes “el Hijo de Dios ha llegado a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios IV 13), harán las mismas cosas maravillosas realizadas por él mismo. No quieren creer que a nadie es posible entrar en posesión de la conciencia inmortal, a menos que la “nueva criatura” haya nacido en él; y se envanecen presumiendo que su espíritu es ya inmortal. Pero la inmortalidad Espiritual del Espíritu de Dios no volverá inmortales a sus almas, si estas almas rehusan ser fertilizadas por el Espíritu de Dios y dar a luz a la divina criatura.

Que los “Cristianos” reflexionen sobre el significado de las palabras de la Biblia, donde dice: “El que no naciere de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer otra vez.” (Juan III 5). Poco servirá al devoto creer que su espíritu es inmortal en tanto que no exista espíritu que pueda propiamente (1) Galatas, VII 15. llamarle suyo; porque su alma no contiene al divino amor o espíritu, y por lo tanto, no puede engendrar “la nueva criatura” que pueda pretender la inmortalidad en el Cristo.

Esta unión del alma mortal con el Espíritu inmortal es el objeto y fin de todo Ocultismo y Teosofía. Esta regeneración fue lo que H. P. B. enseñó; porque “regeneración espiritual” e “iniciación” son términos sinónimos.

Una doctrina que no adula la vanidad humana, haciendo creer a los hombres que son ya inmortales gracias a los méritos de una persona que vivió en el pasado, sino que pretende que la inmortalidad es un don ganado exclusivamente por heróicos esfuerzos, combatiendo con los elementos más bajos de nuestra naturaleza, y que hace posible la acción de la divina gracia dentro de nosotros, no es bien recibida por los que prefieren correr tras el dinero y los placeres, y piensan que después de su muerte entrarán en el cielo sobre las espaldas de otro hombre; y por lo tanto, la historia de una alma regenerada pudo ser creída y entendida por unos pocos.

Mucho más fácil sería cubrir tal historia con la forma ficciosa de novela, sin pretensiones de ser creída, y que cada cual acepte lo que sea capaz de comprender y abandone el resto (2).

Para comprender el verdadero misterio que rodea a H. P. B., primero será necesario comprender el misterio llamado “Hombre”: porque el Iniciado comparado con el vulgar, es como un pájaro comparado con un huevo. El pájaro conoce los huevos y sus historias, pero los huevos nada saben de la existencia de los pájaros. Para resolver el gran misterio llamado hombre, la humanidad tendrá que deslizarse fuera del “huevo filosófico”, y convirtiéndose en libre, alcanzar el noble auto-conocimiento de la Divinidad en la Humanidad; pero en los tiempos presentes, parecen ser pocos los que, aun entre los llamados teosofistas, tiene el más débil concepto de lo que significa “divino autoconocimiento”.

Debido al universal error existente con respecto a la naturaleza del hombre, y la ignorancia de lo que es divino en esta naturaleza, H. P. B. ha sido universalmente mal comprendida y desnaturalizada. Después de una larga y paciente observación, refuerza una convicción, que yo mismo insistentemente he rehusado el aceptar, esto es, que en este respecto mucho más daño ha sido hecho por los celosos amigos y admiradores de H. P. B. que por sus enemigos.

H. P. B. jamás pidió ser deificada y negó la posesión de poderes milagrosos; pero hubo muchos de sus partidarios que rindieron a su persona una adoración fetichista, haciendo las más rudas y extravagantes relaciones en su favor, que investigadas se encontraron sin valor, y sí sólo trajo el descrédito sobre ella y la Sociedad, en tanto que, con muy pocas excepciones, estos amigos entusiastas fueron los primeros en abandonarla convirtiéndose en sus enemigos, cuando las ilusiones que ellos mismos creaban se desvanecían.

Conforme a las historias inventadas, creídas y circuladas por estos admiradores, H. P. B. estaba continuamente acompañada de espíritus, invisibles “Maestros del Tibet”, esperando servirla, y verbatim le dictaban sus escritos o “precipitaban” manuscritos mientras ella echaba la siesta. (3)

Gnomos, silfos, ondinas y salamandras estuvieron siempre bajo su mando, llevando sus cartas e inspeccionando la cocina. No ocurría nada en cualquier parte del mundo que; según tales historias, no conociese H. P. B.: pero fue perfectamente evidente a los independientes, que H. P. B. no lo sabía todo y que igualmente, en sus más grandes turbaciones, el bello correo no funcionaba; que para recibir noticias se valía, como los demás mortales, de los terrestres correos y telégrafos. Ello es, que en la base de tales aserciones, había una cierta cantidad de verdad, pero los hechos fueron exagerados más allá de todo límite por sus entusiastas amigos.

H. P. B., según confesión propia, no era instruida. No era ni aun inteligente (clever). Por el contrario, las grandes cosas que hizo, lo fueron con la ayuda de alguno de sus asociados, del modo más torpe, y frecuentemente perjudicó al buen resultado. Al ser llamada “el más grande impostor del siglo” por el agente de la “Soc. de Invest. Psíq.”, y presentarla con ese título, certifica simplemente su propia incapacidad para juzgar sus carácter, porque H. P. B., como todos los que la conocieron pueden atestiguar, no fue capaz nunca de disfrazarse, y cualquiera impostura, grande o pequeña, que hubiese intentado, habría sido inmediatamente descubierto, aun por un niño.

H. P. B. no fue ni inteligente ni ingeniosa, pero estuvo en posesión de aquello que la mayoría de sus críticos tristemente ignoran, esto es, sabiduría del alma, un apartado de la “ciencia” aún no descubierto por los modernos científicos y pseudo-filósofos.

El alma que vivió en ella fue una gran alma, un Mahatma (de Maha, grande, y Atma, alma). Esta gran alma y no la vestidura que H. P. B. usó, será el objeto de nuestra investigación, no con el fin de regalar la curiosidad científica, sino para beneficiar con el ejemplo.

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H_P_B_Oigo_Mil_Voces_Vajarayana_Blogigo mil voces que me preguntan: ¿Qué es la sabiduría del alma y cómo puede ser obtenida? ¿Hay algún otro conocimiento que el del cerebro que razona? ¿Puede uno conocer otras cosas que las que se nos enseñó en la escuela, hemos leído en libros o recordamos haber oído?

A esto contestaremos: Infeliz del pueblo que no sabe por el corazón lo que es bueno y hermoso. Desgraciados de aquellos que no poseen percepción interior para la justicia y la verdad; que no pueden sentir verdadero amor, esperanza, fé, y que tienen que estudiar la enciclopedia para encontrar el significado de los términos, benevolencia, caridad, generosidad, espiritualidad, virtud, etc., etc. todo esto no es creación de la imaginación ni producto del cuerpo físico, sino poderes espirituales vivientes, dotando con sus cualidades el alma que los posee. Si se permite a estos poderes crecer y desarrollarse, su verdadera naturaleza se presentará clara a la mente; pero el que no los posea no podrá, por la especulación intelectual, llegar a realizar lo que son.

El estudio de estos poderes y el arte de desarrollarlos por la práctica, constituyó la ciencia del alma, que la Sra. Blavatsky enseñó. El resto de sus doctrinas, en cuanto respecta a la constitución del hombre, evolución de los mundos, etc., etcétera, fueron accesorios para facilitar el auto-conocimiento, destruir el fanatismo y la superstición, para libertar la mente de prejuicios, darla un más ancho campo de ennoblecedor pensamiento y posibilitarla una más grande y elevada concepción de Dios, de la Naturaleza y del Hombre. ¿Qué tiene que ver tal estudio con las historias de espíritus, investigaciones psíquicas, cafeteras, trampas y otras frioleras que frecuentan la mente de quien busca en las cosas externas la prueba de la existencia de lo que ellos mismos deben poseer, antes de que puedan merecer verdaderamente ser llamados hombres hechos a imagen de Dios? En verdad, aquellos que se convirtieron en enemigos porque no pudieron satisfacer su curiosidad, deben ser vituperados por su porfiada repulsa de la verdad divina.

La primera cosa necesaria para adquirir la sabiduría del alma es la posesión de un alma, que significa el poder del sentir. Entre los adversarios de H. P. B., es raro el elemento del alma. Parecen existir sólo en el plano de la mente, esa parte del hombre que especula y razona solamente, pero que no tiene conocimiento real; los antiguos escritores la comparaban con la fría luz de la luna, porque en ella nada hay del solano caliente amor.

El elemento del alma es la voluntad, y la voluntad divina es amor universal como para crear un paraíso, no en la imaginación, sino en el corazón de los que están en posesión de él. Cuando la estrella matutina del divino amor nace en el alma, la paz entra con él. Así, pues, no se dice que los Angeles canten en el nacimiento de Cristo dentro del corazón humano: “Gloria a los que están bien versados en ciencia y sofistería”; sino que se dice que cantan: “Gloria a aquel Dios, que es Amor universal, y paz a los hombres de buena (esto es, divina) voluntad.”

De gran cantidad de enseñanzas puede ser rellenado el cerebro durante una vida, pero cuando llega la muerte, toda esta moralla sin valor en el reino de la eternidad será abandonado; pero el desarrollo de la divina flor de loto del alma en el claror del divino amor, puede necesitar muchas sucesivas encarnaciones. Con el primer rayo de este amor, asimilado por el alma y haciéndole consciente de su propia y elevada naturaleza y destino, el “Chelado” desciende sobre el peregrino en el camino que conduce a la iniciación e inmortalidad. Cuando el fuego de amor es encendido en el corazón, la luz se eleva e ilumina la mente produciendo ciertos cambios aun en la forma física. (Efesios IV 16). Sin este amor divino, toda enseñanza es inútil, vanos todos los esfuerzos: porque Dios es Él mismo Amor (I Juan IV 8), y no puede haber unión con Dios si es desechado el Amor (I Corintios XIII 2).

 

 

Quien encuentra Amor, encuentra Vida espiritual (Proverbios VIII 35); pero quien repudia el Amor, repudia la luz y busca la oscuridad y la muerte. El hombre ha sido llamado un “ser mixto” porque no es completamente material, sino también espiritual en su naturaleza.

En él (como dice Jacobo Böhme) está el campo de batalla de tres reinos: el de la luz, el de la oscuridad y el de la naturaleza. “Continuamente la luz del día brilla en la oscuridad y la oscuridad no la comprende”, pero cuando la oscuridad es disipada por la luz y el Espíritu en el hombre despierta su divina auto-consciencia, entonces aparece en el hombre una nueva colección de facultades interiores, una nueva clase de poderes y percepciones espirituales y la memoria que pertenece al Ego reencarnado asirá la mente terrestre y externa.

Estas enseñanzas, que son incomprensibles para la mayoría porque pertenecen a una clase que está por encima de su experiencia, son de la más grande importancia como estímulo de los pocos que desean seguir el sendero hallado por aquella gran alma que estuvo encarnada en el cuerpo de H. P. B., y nosotros deberíamos, por lo tanto, en vez de perder tiempo en investigar trivialidades como las que pertenecieron a su personalidad (por ejemplo, la omisión de citas), intentar el estudio de su vida interna y seguir a su alma en su vuelo hacia el trono de la Divina Sabiduría.

 

 

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Escrito de  F. H.

Notas:

(1)_ Las citas bíblicas que contiene este artículo no se hacen como para presentar mis ideas basadas en especulaciones sobre dichos de la Biblia: se ponen simplemente como corroborativa evidencia para aquellos que las conceden alguna importancia.

(2)_ En “Talking Image of Urur”, tales hechos han sido retratados. Allí el “Maestro de la Imagen” representa el verdadero Ego, el alma regenerada; mientras que la misma Imagen no es sino el cuerpo elemental, la personalidad, por la que el verdadero Ego, obra.

(3)_ Después de haber sido escrito esto, vino a mis manos el número de Lucifer del 15 de mayo, en donde encontré esto mismo corroborado por ella misma, en la página 243.

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