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Giordano Bruno

l llegar la noche del 17 de febrero del año 1600 y cuando las estrellas cubren el firmamento, tantas veces escrutado con visionaria profundidad, se han disipado ya las cenizas del monje domínico, doctor en teología y filósofo renacentista Giordano Bruno, el Nolano. Había nacido 52 años antes en la ciudad de Nola, reino de Nápoles.


Su martirio había comenzado 8 años antes, frente al tribunal de Venecia, a donde fue conducido una vez que uno que se decía su discípulo lo traicionara entregándolo al Santo Oficio. Luego de un breve juicio fue trasladado a los calabozos subterráneos de iPiombi, en Roma, siempre bajo la tutela del tribunal inquisitorial. Sometido a 7 años de encierro y torturas tras negarse a desdecir sus afirmaciones, fue entregado finalmente al brazo secular en enero de 1600 y días más tarde quemado en la hoguera.


Fue el término de un largo peregrinar, desde que salió del convento de San Domínico Mayor en Nápoles, para iniciar un destierro autoimpuesto debido a las discrepancias manifestadas contra algunas nociones teológicas que lo habían llevado en un proceso hasta Roma. Desde ahí se trasladó a Suiza atraído por la postura reformista de los calvinistas, pero su espíritu demasiado inquieto y perspicaz lo enemista con éstos.


Más tarde, Francia parece darle una entusiasta acogida y obtiene cátedras en las universidades de Tolosa y Sorbona, publica sus primeros escritos y se ve beneficiado con la protección del monarca Enrique III. Pero Bruno es demasiado adelantado para su tiempo y su figura se vuelve peligrosa en Francia. Con cartas de recomendación en su mano, parte a Inglaterra. La fortuna le sonríe inicialmente y despierta el interés de la reina Isabel I y algunos de sus cortesanos.

Nuevamente su audacia juega en su contra, pues habiendo sido aceptado en Oxford, debe abandonar sus enseñanzas por la fuerte polémica que provoca. De todos modos, es una época fructífera y publica sus mejores obras. Las desavenencias provocadas lo obligan a dejar Inglaterra para dirigirse a Alemania, tras una breve estadía en Francia. El Santo Oficio ya sigue sus pasos.

Busca la amistad de los reformistas luteranos pero se decepciona al chocar con la estrechez de sus creencias, y a pesar de haber logrado una grata recepción en la Universidad de Wittemberg se traslada a Praga donde logra la simpatía del emperador Rodolfo II. Sin embargo, la temprana muerte de su protector dejan al Nolano nuevamente a la deriva. Publica más obras en Frankfurt. Perseguido y rechazado, despertando suspicacias y temido, decide aceptar la invitación del patricio veneciano Giovanni Mocenigo. Es el principio del fin.


Mocenigo le tiende una trampa en la que Bruno parece predestinado a caer. Tal vez, conciente de lo inexorable, arrostrando a los pusilánimes, los indecisos y los intolerantes viaja hasta Venecia. Muy poco tiempo después, su nuevo protector lo encierra mediante argucias en su casa y lo deja en manos de los agentes del tribunal.


Acusado de hereje impenitente por afirmar la existencia de infinitos mundos, en un universo infinito; por llevar las nociones de Copérnico hasta las aulas de las más importantes universidades de Suiza, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, y otras rutas desconocidas, constituyó un puente formidable entre la sabiduría antigua y los aires renovadores del renacimiento; entre la vacilante ciencia liberal y el hálito de misticismo que llama desde Oriente.


us biógrafos actuales coinciden en que Bruno fue más lejos que Copérnico y Galileo, pues su camino es más amplio y su visión más profunda que la que pudieran haber aportado éstos. Bruno es un revolucionario del espíritu. Es un ecléctico que trae a su siglo la filosofía de Platón y Plotino, la magia del Hermetismo y la matemática Pitagórica, los tímidos balbuceos de la astronomía y las acertadas presunciones de Nicolás de Cusa. Bucea en Raimundo Lulio al mismo tiempo que fustiga a su época con su crítica mordaz, para despertarlos y animarlos a buscar la luz.


Condenado por la Iglesia, sin embargo, no renegó de las enseñanzas de Cristo, sino más bien intentó desperezarla con sus conocimientos. No pretende sustituir una religión por otra, antes bien, su propuesta es dotar al cristianismo de una filosofía más amplia y profunda que la que ha elaborado en los siglos precedentes en que se ha asentado en Europa.


Reúne todas estas corrientes y las enlaza con un vigor y frescura desbordante que llena de admiración y pavor a sus amigos, seguidores y enemigos. No alcanza a ser dimensionado ni comprendido. El fulgor de sus intuiciones geniales se refleja en el cálculo de Leibnitz y la Física Cuántica, en los fundamentos de la ecología y la visión filosófica del siglo XXI.


Giordano Bruno es el fruto más maduro y completo del espíritu del Renacimiento y su hoguera elevó chispas hacia el Universo infinito que sólo él vislumbró.

Hoy, en que oscuros nubarrones presagian un futuro poco alentador, víctimas otra vez de cegueras e intolerancias, el furor bruniano golpea nuevamente como una campana alentando nuestro despertar. Su ánimo audaz y renovador campea nuevamente entre nosotros y nos señala un futuro mejor.

En su memoria, no sólo recordémosle, antes bien, atrevámonos a seguir su ejemplo.



Profesor Francisco Duque Videla.






Documental sobre GIORDANO BRUNO

Documental sobre GIORDANO BRUNO
(Narración en idioma Italiano)

Fuente: video google.com


Filosofía: Documentario su GIORDANO BRUNO
IV Parte

Filosofía: Documentario su GIORDANO BRUNO
III Parte

Filosofía: Documentario su GIORDANO BRUNO
II Parte

Filosofía: Documentario su GIORDANO BRUNO
I Parte


Giordano Bruno y la religión de la verdad

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Escrito de Andrea Sanguinetti


el17.jpgl 17 de febrero de 1600 ardía en Campo di Fiori, Roma, una hoguera que en crepitantes llamas, se llevaría el cuerpo físico de Giordano Bruno. Los cargos: herejía y apostasía. ¿Los motivos? Pudieron haber sido muchos o tal vez solo uno. Lo cierto es que el desarrollo de las ideas brunianas había sacudido los cimientos de la Iglesia de Roma y del pensamiento renacentista en general…

La condena tenía que ser y resultar ejemplificadora.

Este hombre que al momento de su detención en 1592 contaba apenas 44 años, llevaba ya, a esa altura de su corta vida, casi cuarenta libros escritos, y había recorrido toda Europa con sus enseñanzas. Su frente de batalla: la “asnalidad”, como a él le gustaba llamar a la ignorancia viniese de donde viniese, ya sea aristotélicos, hombres de la Iglesia o grandes doctores. Su lucha: la búsqueda de la verdad.

¿De dónde provenía su conocimiento? Bruno era monje dominico, aunque aún joven tuvo que abandonar sus hábitos y huir del convento por acusaciones de herejía. Se había ordenado sacerdote y más tarde había llegado a ser doctor en Teología. Desde casi su niñez había estudiado Lógica y Gramática. Su inquieto espíritu, sin embargo, y a pesar de su formación religiosa, lo llevó bien pronto a buscar otra fuente de información. Sus lecturas no se limitaron a las establecidas sino que se nutrieron de los clásicos y filósofos de todo tipo. Su inquieto intelecto no se detuvo ante nada.

Versiones no confirmadas lo hacen estudioso de otras filosofías, e incluso se habla de viajes que Bruno habría realizado al norte de África, donde habría tomado contacto con el hermetismo. No obstante no hallarse esto confirmado, lo cierto es que el desarrollo de sus ideas a partir de 1577 toma el cauce del pensamiento tradicional egipcio. La teoría de los innumerables mundos, que va a ser una de las principales causas por las cuales será condenado, está ya enunciada en el Kybalión, libro tradicional hermético.

Detenido en 1592, tras ocho años de largo proceso, primero en Venecia y luego en Roma, las acusaciones se resumen en cuatro proposiciones consideradas heréticas: dos teológicas y dos filosóficas.

Las teológicas: el rechazo de los dogmas de la Trinidad y de la transubstanciación de las almas.

Las filosóficas: la doctrina de la pluralidad de los mundos y la que proclama al alma presente en el cuerpo como un piloto al frente de su nave (inmanencia de lo divino en el alma humana).

Las dos primeras aparecieron ya en los primeros procesos y acusaciones de herejía de los tiempos de noviciado de Bruno, y son las que a la larga le obligarían, primero a huir a Roma desde Nápoles, y luego a deambular por toda Europa.

Para Bruno el dogma de la Trinidad formulado por la Iglesia chocaba con obstáculos insalvables. No parecía coherente identificar a cada figura de la Trinidad como personas separadas entre sí, sino como potencias que implicaban procesos sucesivos y a la vez simultáneos de la manifestación de una misma potencia, la del Padre. Bruno hizo así suyo aquel credo que expresara Virgilio en le Libro Sexto de la Eneida: Desde el principio del mundo, un mismo espíritu interior anima el cielo y la tierra y las líquidas llanuras, el Sol y las Estrellas… Ese espíritu mueve la materia y se mezcla al gran conjunto de las cosas. Si recordamos que Bruno tomó contacto con ideas herméticas, nos vamos a encontrar aquí la formulación de la primera ley hermética.

Otros estudiosos también han visto un enlace con la tradición vedantina de la India (Todo es Brahma). Bruno se inserta a sí mismo en la tradición gnóstica y en el cristianismo de neto corte juanino: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era el principio con Dios.

Pero Bruno va más allá al proclamar que la estructura del Universo es vandálica (circular) y cuaternaria. Este cuarto elemento es la Naturaleza misma a través de la cual se asciende a la Divinidad, pero sin la cual la Trinidad básica permanece inasequible para el hombre. Este cuarto elemento, el espíritu ctónico, terrestre, participa también de la naturaleza divina y a través de ella se transciende a sí mismo. No hay nada que no participe de lo divino. Lo que varía es sólo la gradación, pero tanto el Todo como las partes participan de una misma y única sustancia que permanece inmutable. Son todos grados de una única vía ascensional.

En cuanto al dogma de la transubstanciación de las almas, también Bruno se reinserta en la tradición gnóstica cristiana adoptando la idea de la transmigración de las almas. En el infinito Universo las formas son infinitas, pero la substancia es única y ésta no puede perderse. El alma va elevándose, adoptando las formas que le son necesarias para su desarrollo y evolución. El fin es la unión mental del sujeto con el objeto infinito.

Esta cuestión de la transmigración de las almas aparece expuesta en Expulsión de la Bestia Triunfante: lo divino es algo inmanente, interior, propio de cada sujeto, en contradicción con la forma de la divinidad trascendente, exterior, ajena, expuesta por la Iglesia.

Encontramos además en Bruno la idea del hombre como espejo de lo universal, microcosmos en donde se refleja la mente de Dios.

El hombre debe realizar un proceso de purificación moral fundado en el reconocimiento de la ley natural y en la exaltación del trabajo, la justicia y el amor, entendidos como fundamentos de la unidad ética de la Humanidad.

El espíritu así se encamina hacia una más profunda unidad con la universalidad divina.

La idea de los mundos innumerables se encuentra expuesta en Sobre el Infinito Universo y los Mundos. Allí expone que es un absurdo considerar que fuera del Universo conocido no hay nada. Si juzgamos de acuerdo a lo que vemos, la experiencia demuestra que todo es contrario al vacío. Si el Universo es un todo infinito que no tiene borde, término o superficie, todo este Universo está poblado por seres distintos, por existir distintos grados de perfección de las criaturas; desde el más bajo hasta el más alto, no hay nada muerto en el Universo, todo está vivo y participa de una misma y única sustancia, todo se mueve de acuerdo a su propia alma.

Ningún elemento es un engranaje ciego de una máquina, sino un ser que por su propia naturaleza está en determinado lugar y se mueve en forma coherente con su esencia y se relaciona con los demás Entes del Universo. Al primer Ente que crea el Universo le corresponde una potencia infinita, y en tal caso, ¿por qué habrían de estar limitados los mundos? Esta infinitud es extensiva. Todas las cosas animadas participan de una misma sustancia: la Sustancia Divina. Dicha Sustancia los incluye a todos, si bien la participación no es de igual grado.

Bruno, que se sentía libre en la esclavitud, alegre en la pena, rico en la necesidad y vivo en la muerte, que no envidiaba a quienes eran siervos en la libertad, sentían pena en el placer, eran pobres en la riqueza y muertos en la vida, entregó su cuerpo a la hoguera con la esperanza de que algo más allá de sí mismo viviese y llegase al futuro de forma útil y fructífera.



Fuente: Nueva Acrópolis Panamá


Mundos Infinitos



Breve história de Giordano Bruno, da Discovery.
(Idioma Portugués)