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Apuntes de un Apéndice Editorial

Subba Row, en su artículo: “Las Enseñanzas Esotéricas Aria-Arhats sobre el Principio Septenario del Ser Humano”, impreso en el “Theosophist” de Enero de 1882, enuncio ciertas declaraciones; acerca de las cuales H. P. B. agregó unos comentarios titulados: “Apuntes de un Apéndice Editorial”, que insertó al final del artículo mencionado. A cada uno de estos cinco apuntes de H. P. B. lo antecede, entre paréntesis, la declaración de Subba Row a la cual se refiere.





[Subba Row: ahora bien, es extremadamente difícil determinar si los tibetanos derivaron su doctrina de los antiguos Rishis de la India o si los brahamanes antiguos aprendieron su ciencia oculta de los adeptos del Tíbet o, también, si los adeptos de ambos países profesaron, originalmente, la misma doctrina, derivándola de una fuente común. ]


n esta coyuntura, vale la pena encauzar la atención del lector al hecho de que: el país que los chinos llaman “Si-dzang” y los geógrafos occidentales, Tíbet, es mencionado en los libros más antiguos preservados en la provincia de Fo-kien (el centro principal de los aborígenes chinos), como el gran asiento de aprendizaje oculto de las eras arcaicas.

Según estos archivos, ahí habitaron los “Maestros de Luz”, los “Hijos de la Sabiduría” y los “Hermanos del Sol.” Según se estima, el Emperador Yu el “Magno” (2207 A. de C.) un místico piadoso, obtuvo de Sidzang su sabiduría oculta y el sistema de teocracia que estableció, la autoridad temporal.

Este sistema era idéntico al que encontramos entre los egipcios y los caldeos antiguos y sabemos que existía en el período brahmánico indo y ahora es vigente en el Tíbet; es decir: todo el saber y el poder, tanto temporal como la sabiduría secreta, se concentraban dentro de la jerarquía de sacerdotes y estaban circunscritos a su casta.

Actualmente, ningún etnógrafo puede contestar, correctamente, a la interrogante: ¿Quiénes eran los aborígenes del Tíbet? Todo lo que sabemos de ellos es que practican la religión Bhon, su secta precede y se opone al budismo y se aglomeran, principalmente, en la provincia de Kam. Aun esto justificaría la suposición de que son los descendientes muy degenerados de antepasados poderosos y sabios.

Su tipo étnico muestra que no son turanios puros y, según algunas declaraciones, sus ritos, ahora los de la hechicería, de los encantamientos y del culto de la naturaleza, son más el eco de los ritos babilonios, como se observa en los archivos preservados de los cilindros exhumados, que de de las practicas religiosas de la secta china Tao-sse, (una religión basada en la razón pura y la espiritualidad).

Por lo general, casi no se hace distinción entre los Bhons y las dos sectas budistas rivales de los casquetes Amarillos y Rojos, aun por parte de los misioneros de Kyelang que se entremezclan con esta gente en las fronteras del Lahoul británico; aunque deberían tener más discernimiento.


Los Casquetes rojos Rojos se han opuesto a la reforma de Tzong-ka-pa desde el principio, adhiriéndose siempre al antiguo budismo que ahora se ha entreverado con las prácticas bhons. Si nuestros orientalistas tuviesen más conocimiento acerca de ellos y compararan el antiguo culto de Bel o Baal babilonio con los ritos de los bhons, descubrirían un nexo innegable entre los dos. Aquí no viene al caso empezar una argumentación para probar que el origen de los aborígenes del Tíbet esta relacionado con una de las tres grandes razas que se sucedieron en Babilonia, ya sea que las llamemos akadios (términos inventados por F. Lenormant) o los turianos primitivos caldeos y asirios. A pesar de todo, es plausible llamar caldeo-tibetana a la doctrina esotérica trans-himalayica.

Además, al tener presente que los Vedas procedieron, según todas las tradiciones, del lago Manssorowa, en Tíbet y que los mismos brahmines venían del norte lejano, estamos justificados a considerar a las doctrinas esotéricas de todas las poblaciones que las tuvieron o aún las tienen, como procedentes de la misma única fuente. Por ende podemos llamarla: la doctrina “Aria-Caldea-Tibetana” o la Religión SABIDURÍA Universal.

“Busquen la Palabra Perdida entre los hierofantes de la Tartaria, la China y el Tíbet”, aconsejaba Swedenborg, el vidente.

Monasterio budista sobre Shigatsé.

El mayor monasterio Gelugpa en la región de Tsang se encuentra en Shigatsé, la segunda ciudad del Tíbet. Aquí se ubica el monasterio Tashilumpo, la sede tradicional del Panchen Lama, el segundo más alto linaje tulku del rango en la jerarquía budista tibetana Gelugpa, después de el Dalai Lama y fue creada por Gedun Drup, un discípulo de Tsongkhapa, el fundador de la secta Gelungpa. (Gedun Drup más tarde fue reconocido como el primer Dalai Lama.)

El monasterio fue construido antes del 1447 y ampliado continuamente por el Panchen Lama. La escuela Ngagpa (Colegio Tántrico), una de sus cuatro universidades monásticas, fue la residencia permanente de los Panchen Lamas. La imagen más impresionante que se puede ver en el interior de este monasterio es la estatua del gigante Maitreya (el futuro Buda) construido por el 9 º Panchen Lama en 1914, y tardando cuatro años en su construcción.


Mapa con la ubicación de Shigatsé o Xigazê, situado en el Tíbet central, es el centro de una pequeña pero densamente poblada planicie fluvial cerca del río Yarlung Zangbo (Brahmaputra).





[Subba Row: su aserción en “Isis sin Velo”, según la cual el sánscrito era el idioma de los habitantes de dicho continente (Atlántida), puede inducirnos a suponer que, probablemente, los Vedas se originaron ahí; ¿dónde más podría ser el lugar nativo del esoterismo ario?]


osotros decimos que no es necesariamente así. Los Vedas, el brahmanismo y el sánscrito fueron importados a lo que hoy consideramos la India. Jamás fueron oriundos de ahí. Hubo un tiempo en que las naciones antiguas occidentales incluían, bajo el nombre genérico de India, a muchos países asiáticos que ahora tienen otros nombres. Existía una India superior, inferior y occidental aun durante el periodo relativamente reciente de Alejandro y, en algunos clásicos antiguos, a la Persia o Irán, se le llama India occidental. Ellos consideraban que los países cuyos nombres eran Tíbet, Mongolia y Gran Tartaria eran parte de la India.

Por lo tanto: cuando decimos que la India ha civilizado al mundo y había sido el Alma Madre de las civilizaciones, las artes y las ciencias de todas las naciones (incluyendo Babilonia y, quizá, también Egipto, nos referimos a la India arcaica y prehistórica. La India del período en el que el gran desierto de Gobi era un mar y la “Atlántida” perdida formaba parte de un continente ininterrumpido que empezaba en los himalayas, extendiéndose a lo largo de la India del sur, Ceilán, Java hasta la lejana Tanzania.

Rishis, los “videntes” de la antigua India.

Fueron los progenitores de los linajes tántricos que floreció en el Tíbet a partir del siglo séptimo. Con barba y pelo largo y vestido con pieles de animales o envolturas, estos adeptos del sendero tántrico representan un estado liberado más allá de las normas sociales y no comprometido por las posesiones materiales. En varias de las figuras se les ve usando el “cinturón de la meditación” que se cruzan en sus hombros.


En el camino del Dzogchen, la mente se ve directamente en su naturaleza esencial, reconociendo en ella que no es diferente de la mente de Buda.





[Subba Row: …los antiguos adeptos de la India aprendieron el conocimiento de los poderes ocultos de la naturaleza que poseían los habitantes de la Atlántida perdida y lo integraron a la doctrina esotérica que los residentes de la Isla sagrada enseñaban.]


ara dirimir estas cuestiones tan debatidas, se debe examinar y estudiar los sagrados anales históricos chinos, un pueblo cuyo origen se remonta casi a 4600 años (2697 A. de C.) Se debería confiar en los archivos de esta población tan meticulosa; ya que anticiparon, conocían y usaban, millares de años antes de que los europeos volvieran a descubrirlas, algunas de las invenciones europeas más importantes, de las cuales la ciencia moderna tanto se ufana, véase: la brújula, la pólvora, la porcelana, el papel, la estampa, etc.

A partir de Lao-tze, hasta Hiouen-Thsang, su literatura está salpicada de alusiones y referencias a esa isla y a la sabiduría de los adeptos himaláyicos. En: “La Cadena de las Escrituras Budistas de los Chinos”, escrito por el Rev. Samuel Beal, se encuentra un capitulo sobre “La Escuela Budista Tian-Ta’I”, que nuestros opositores deberían leer.

El autor traduce las reglas de la escuela y secta china más celebrada y sagrada, fundada por Chin-che-Khae, llamado Che-chay (el sabio), en el año 575 de nuestra era. Sin embargo, el autor y traductor pone, justamente, un signo de interrogación al final de la siguiente frase: “Eso que se refiere al atuendo (inconsútil) de los Grandes Maestros de las Montañas Nevadas, la escuela de los Haimavatas” (pag. 256) Los datos estadísticos de la escuela de los “Haimavatas” o de nuestra Hermandad Himaláyica, no son localizables en los archivos Generales del Censo de la India. Además, Beal traduce una regla que se refiere a: “los grandes instructores del orden superior, los cuales viven en las anfractuosidades de las montañas, remotas para los seres humanos”, los Aranyakas o ermitaños.

Así, con respecto a las tradiciones referentes a esta isla y aparte de los archivos que para (ellos) son históricos y se preservan en los Libros Sagrados chinos y tibetanos, la leyenda sigue vigente entre las poblaciones del Tíbet. La hermosa isla ya desapareció, sin embargo, el país donde en un tiempo prospero aun existe y el lugar es consabido por algunos de los “grandes maestros de las montañas nevadas”, a pesar de que el tremendo cataclismo dejó la topografía del territorio alterada e imbricada. Según se cree, cada séptimo año, estos maestros se reúnen en Sham-cha-lo, la “tierra feliz” y la creencia general la sitúa en la parte norte occidental del Tíbet.

Algunos la colocan en las regiones centrales inexploradas, inaccesibles hasta para las intrépidas tribus nómadas; mientras otros la ponen en el sur y en el norte, entre la cadena de las montañas Gangdisri y el margen septentrional del desierto de Gobi, mientras al occidente y oriente hay las regiones más pobladas de Khoondooz y Kashmir, de Gya-Pheling (la India británica) y la China, proporcionando a la mente curiosa una latitud muy amplia para ubicarla. Otros más la sitúan entre Namur Nur y las montañas Kuen-Lun; sin embargo, todos creen, firmemente, en Scham-bha-la y hablan de ella como una tierra fértil y maravillosa. En un tiempo era una isla, mientras hoy es un oasis de belleza sin paralelo; el lugar donde se congregan los herederos de la sabiduría esotérica de los habitantes similares a los dioses de la Isla legendaria.

En relación con la leyenda arcaica del Mar Asiático y el Continente Atlántico, no es, quizá, provechoso notar un hecho que todos los geólogos modernos conocen, que las vertientes himaláyicas proporcionan una prueba geográfica que la sustancia de estas cumbres elevadas, en un tiempo era parte de un estrato oceánico.

Canción de Shambhala”  Nicholas Roerich (1943)

Tempera on canvas. 79 x 137 cm. Museo Estatal de Arte Oriental, Moscú.




[Subba Row: Según usted, en casos donde las tendencias mentales de un ser humano son completamente materiales y todas las aspiraciones y los pensamientos espirituales están ausentes de su mente, el séptimo principio lo deja antes de la muerte o en el momento del fallecimiento y el sexto principio desaparece con el séptimo. Aquí, la mera proposición de que las tendencias mentales del individuo en cuestión son completamente materiales, sobreentiende la aserción de que en él no hay inteligencia espiritual o Ego espiritual. Usted hubiera debido decir que cada vez que la inteligencia espiritual cesa de existir en cualquier individuo particular, el séptimo principio deja de existir completamente para el individuo en cuestión. Es obvio que no va a ningún lugar; ya que jamás puede haber algo análogo a un cambio de posición en el caso de Brahamam.]


s cierto, desde el punto de vista del Esoterismo ario y de los Upanishads; pero hay una divergencia en el caso de la doctrina esotérica Arhat o tibetana. Según nuestro conocimiento, este es el único punto en la que las dos enseñanzas discrepan. Sin embargo, la diferencia es muy insignificante; ya que estriba sólo en los dos distintos métodos de considerar la misma cosa desde dos aspectos diferentes.

Ya indicamos que: según nosotros, la diferencia entre la filosofía budista y vedanta consiste en que la primera era un tipo de Vedantismo Racionalista y la segunda puede considerarse como Budismo Trascendental. Si el esoterismo ario atribuye el término jivatama al séptimo principio, el espíritu puro e inherentemente inconsciente, es porque la filosofía Vedanta, al postular tres clases de existencias (1) paramarthika (la verdadera y única real), (2) vyavaharika (la practica) y (3) pratibhasika (la vida aparente o ilusoria), considera la primera vida o jiva la unica verdaderamente existente.


Bramha o el Ser de un individuo, es su único representante en el universo, siendo la Vida universal completa, mientras las otras dos son sólo sus “apariencias fenoménicas”, imaginadas y creadas por la ignorancia y por las ilusiones totales que nuestros sentidos ciegos nos sugieren. En cambio: los budistas niegan, ya sea la realidad subjetiva u objetiva, incluyendo la Existencia del Ser uno. Buda declara que no hay Creador ni ser Absoluto. El racionalismo budista se había percatado de la dificultad insuperable para admitir una conciencia absoluta; ya que, en las palabras de Flint: “Dondequiera que hay conciencia, hay relación y dondequiera que hay relación, hay dualismo.


La vida Una es “Mukta” (absoluta e incondicionada), sin nexo con nada y nadie o es “Baddha” (vinculada y condicionada); entonces no se le puede llamar el Absoluto. Además: la condicionada necesita otra deidad tan poderosa como la primera para explicar todo el mal en este mundo. Por lo tanto: la doctrina secreta Arahat, acerca de la cosmogonía, admite sólo un absoluto, indestructible, eterno y una Incosciencia increada (por traducirla de alguna forma), de un elemento (por falta de un mejor término), absolutamente independiente de cualquier otra cosa en el universo. Un algo omnipresente o ubicuo, una Presencia que siempre ha sido, es y será; ya sea que haya un Dios, dioses o nadie y a pesar de que haya un universo o ningún universo; ya que existe durante los ciclos eternos de los Maha Yugas, los Pralayas y los períodos de Manvantara.


Este es el Espacio, el campo para la operación de las Fuerzas eternas y de la Ley natural, la base (como lo define justamente nuestro corresponsal) sobre la cual tienen lugar las eternas intercorrelaciones de Akasa-Prakriti, guiadas por las pulsaciones regulares e inconscientes de Sakti, el aliento o poder de una deidad consciente, según los teístas y la energía eterna de una Ley perenne e inconsciente, según los budistas. Entonces: el Espacio o “Fan, Bar-nang” (Maha Sunyata) o como lo define Lao-tze: “Vacío”, es la naturaleza del Absoluto budista. (véase: “La Alabanza Al Abismo”, de Confucio). Por lo tanto: Los Arahats jamás podrían atribuir la palabra jiva, al Séptimo Principio; ya que es sólo mediante su correlación o contacto con la materia que Fohat (la energía activa budista) puede desarrollar la vida consciente activa.

Con respecto a la pregunta: “¿Cómo puede la Inconsciencia generar la conciencia?”, contestaremos: “Fue la semilla que generó a un Bacon o a un Newton autoconscientes?”





[Subba Row: Por lo general, nuestros filósofos atribuyen el término Jivatma al séptimo principio cuando se le distingue de Paramatma o Parabrahamam.]


sí, el Parabrahmam impersonal es fundido o separado en un “jivatma” personal o el dios personal de toda criatura humana. Nuevamente, ésta es una diferencia precisada por la creencia brahmánica en un Dios, ya sea personal o impersonal; mientras los Arahats budistas, rechazando tal idea completamente, no reconocen otra deidad separada del ser humano.

En el caso de nuestros lectores europeos, quizá engañados por la similaridad fonética, no deben pensar que el nombre “Brahmán” es idéntico, en esta coyuntura, con Brahma o Iswara, el Dios personal. Los “Upanishads”, las escrituras vedantas, no hacen mención de tal Dios y uno buscaría en vano, en ellas, algunas alusión a una deidad consciente. Brahmam o Parabrahm, el Absoluto de los vedantinos, es neutro e inconsciente, inconexo con el Brahma masculino de la Tríada hindú o Trimurti. Según la creencia correcta de algunos orientalistas, el nombre deriva del verbo “Brih”, crecer o incrementar y ser, en este caso, la fuerza universal expansiva de la naturaleza, el principio o poder vivificante y espiritual que penetra el universo y que, en su colectividad, es la Absoluteza una, la Vida una y la única Realidad.

Continuará



El Tíbet Antiguo (I)

a amplia meseta tibetana, de más de 750.000 kilómetros cuadrados, tiene una altitud promedio de 3.900 metros sobre el nivel del mar. Está rodeada de montañas y es casi inaccesible. Al contrario de la opinión corriente que supone una región siempre cubierta de nieves, el Tíbet se distingue por su clima continental muy seco: es relativamente caluroso en verano y muy frío en invierno, con grandes tormentas eléctricas, pero escasas precipitaciones en forma de lluvias o nieve.

El Tíbet se encuentra rodeado por elevadas cordilleras montañosas. Al sur, los Himalayas, con los picos más altos del mundo, lo separan de la India, Nepal, Bhutan y Mianamar. Al oeste los Karakoram, de Kachemira, Pakistán y la U.R.S.S.; al norte, los Kunlums de la China continental.

El Tíbet es también la fuente de los ríos más importantes del Asia, como el Brahmaputra, el Indio, el Salween, el Ganges, el Yangtze, el Río Amarillo y el Mekong.


Este carácter de encierro y gran altura parece estar muy en relación con la cultura que se desarrolló en las tierras de los lamas. Sin embargo, no es la geografía el único factor determinante de las costumbres de este pueblo. Los escasos registros nos hablan de una vida muy vinculada a lo espiritual, introspectiva e influida fundamentalmente por el budismo originario de la India y el aporte racial y de costumbres provenientes de Mongolia y China.

Si bien la historia oficial del Tíbet es relativamente reciente-el propio Dalai Lama la hace partir desde dos mil años atrás-, existen restos arqueológicos y tradiciones que hablan sobre un glorioso pasado que se hunde en las brumas de la Prehistoria. Muy pocos datos históricos existen sobre la vida que se desarrolló allá a través de esos milenios.



¿Una civilización milenaria?

l registro histórico nos remite a crónicas tibetanas del siglo VII, que hablan de una federación política de principados, por su parte, el último Dalai Lama menciona como primer rey a Nya Tri Tsenpo, en el año 127 después de Cristo. Sin embargo, en el siglo XIX un explorador ruso, el general N. M. Przewalsky, encontró las ruinas de dos inmensas ciudades, la más antigua de las cuales, según la tradición local, fue destruida hace más de tres mil años por un héroe gigante, habiéndolo sido la otra por los mongoles en el siglo X de nuestra era.

El siguiente es el relato sorprendente de Przewalsky, quien, al referirse a restos descubiertos al norte del Tíbet, en la cuenca del Tarim, no habla precisamente de vestigios de “pueblos primitivos”.


“El emplazamiento de ambas ciudades hállase cubierto ahora, por virtud de las arenas movedizas y el viento del desierto, de reliquias extrañas y heterogéneas; fragmentos de porcelana, utensilios de cocina y huesos humanos. Los indígenas encuentran con frecuencia monedas de cobre y de oro, lingotes de plata fundida, diamantes y turquesas, y, lo que es todavía más notable, vidrio roto…Ataúdes de un material o madera incorruptible también, donde se encuentran cuerpos embalsamados y conservados admirablemente…Las momias de los hombres revelan individuos de una estatura y robustez extraordinarias, y con ondeadas cabelleras…Se encontró una bóveda con doce cadáveres.

Otra vez en un ataúd separado, encontramos el de una muchacha. Sus ojos estaban cerrados con discos de oro, y sus mandíbulas fuertemente sujetas por un aro de oro que le cogía la barba hasta la parte superior de la cabeza. Estaba vestida con túnica de lana, ceñida, tenía el pecho cubierto de estrellas de oro y los pies desnudos.”

A esto añade el viajero que durante todo el camino a lo largo del río Cherchen, llegaron a sus oídos leyendas referentes a veintitrés ciudades sepultadas hace mucho tiempo por las arenas movedizas del desierto. La misma tradición existe en el Lob-nor y en el oasis de Kenya.

Las huellas de tal civilización juntamente con estas y parecidas tradiciones dan derecho a conceder crédito a otras leyendas, autorizadas por indios y mongoles educados y eruditos, que hablan de inmensas bibliotecas salvadas de las arenas, y de otros varios restos de un antiguo “saber mágico”, todo lo cual se hallaría depositado en lugares secretos.

Estos descubrimientos de Przewalsky, junto con otros, como los del sueco Sven Hedin, que halló otra ciudad aparentemente abandonada antes de la llegada de los misioneros mahometanos en el siglo VII, hicieron afirmar a la investigadora rusa H. B. Blavatsky que se trata de “las huellas de una civilización inmensa, indudablemente prehistórica”. Presume luego la misma autora que esta civilización ha de haber contado con obras literarias y un saber inmemorial. En el párrafo sobre literatura tibetana nos referiremos a estos textos.

De acuerdo a tales hallazgos, no sería exactamente la India, como algunos creen, la que alimento culturalmente al Tíbet. De acuerdo a las tradiciones tibetanas, hubo desde muy antiguo centros de formación espiritual en este “techo del mundo”. Algunos eruditos sostienen que existía intercambio entre ambas culturas y que las dos recibieron el aporte ario proveniente del Asia central.


Dejando para investigadores y arqueólogos del futuro la dilucidación de estos misterios, saboreemos por ahora las verdades que puedan contener las tradiciones al respecto. Éstas hablan acerca de un budismo anterior a Siddharta Gautama (S. V antes de C.), del cual este avatar (envíado) había sido sólo un representante. Según dicho budismo primitivo, el conocimiento adquirido, a través del proceso de la “iluminación” y del despertar de una capacidad humana de intuición superior denominada budhi, había sido celosamente guardado en las criptas tibetanas por la llamada Logia Blanca.

Esta fraternidad o jerarquía, de acuerdo a las tradiciones, ha venido velando por el desenvolvimiento del mundo y contempla conflictos humanos de todo tipo como “juegos de niños”, aunque a veces muy peligrosos, como son actualmente ciertas aplicaciones atómicas de la doctrina de Demócrito.

Desgraciadamente, sobre estos “ancianos” (ancianos en cuanto a experiencia vital) existe gran cantidad de versiones de dudosa seriedad, como es el caso de las proporcionadas por el novelista inglés Lobsang Rampa, que llega al atrevimiento de presentarse como “reencarnación” consciente de un lama tibetano.

Sin embargo, hay textos tibetanos, como el Libro de Dzyan y el Bardo Todol-bastante coincidente con los Vedas de la India, el primero, y con el tratado egipcio De la Oculta Morada, el segundo-, que contienen teorías sobre el origen del cosmos, conocimientos de numerología y un pensamiento metafísico elaborado y antiguo.

El lenguaje por ellos utilizado habría sido el senzar, más antiguo que el sánscrito, cuyo origen atribuyen a la divinidad, como un aporte de seres superiores a la evolución humana.


Durante siglos el misterioso reino budista del Tíbet, encerrado tras las más altas montañas, ha atraído como un imán la imaginación de los occidentales. Qué tiene, por qué ha fascinado siempre tanto el Tíbet?

“Los hombres de hoy obligados a abandonar sus sueños, incompatibles con su existencia prosaica los trasladan a regiones ideales más en armonía con ellos y el Tíbet presenta todos los caracteres de las tierras maravillosas descritas en los cuentos…”

“Cómo explicar el poder magnético del Tíbet? Ninguna descripción puede dar idea de la serena majestad, de la grandeza, del encanto hechicero de los paisajes tibetanos.” _Alexandra David-Neel.


Religión prebúdica del Tíbet

e lo poco que se conoce del Tíbet, una de las cosas que han llegado al conocimiento de Occidente es el tantrismo tibetano. Al efectuar un estudio comparado de las diversas corrientes que confluyeron en la religiosidad de este pueblo, aparece éste como la búsqueda de una cosmovisión o explicación del cosmos, muy vinculada a los aspectos fenoménicos, lo cual hace pensar que se trata de un resto bastante deformado moralmente de la magia primitiva.

Otra vertiente de religión tibetana es la de los “bon”, probablemente originaria de Nepal y vinculada a prácticas chamánicas que en algunos casos decayeron en simple hechicería.

Cabe aquí hacer la salvedad de que una es la naturaleza de los núcleos internos de los templos donde se guardaba la tradición del budismo primitivo y muy otra de las diversas sectas. Debió haber habido notables diferencias entre el simple monje que vestía el hábito, asumiendo luego las costumbres de la comunidad de una manera no siempre muy sabia, y el lama iniciado, que por un acto consciente y voluntario se sometía a una serie de estudios y pruebas que lo convertían en “otro”; vale decir, que a través de un proceso pedagógico efectuado mediante ritos llamados angkur, tomaba conciencia de su cuerpo, sus emociones, su mente y sobre el rol que le correspondía desempeñar en el cosmos.

Estos iniciados tienen que haber obrado con un gran sentido de responsabilidad no sólo en relación a sus entorno inmediato, la lamasería, sino también a la humanidad toda y a los seres sensibles en general, ya que se sentían depositarios de una sabiduría que les permitía controlar sus procesos vitales y mentales, no con un fin personal, sino de beneficio común.

Desgraciadamente, casi toda la literatura sobre prácticas y conocimientos religiosos previos al budismo ha llegado hasta nosotros mezclada con este último, que hizo su ingreso durante el siglo VII después de Cristo de manera generalizada, si bien es posible que haya sido llevado algunos siglos antes a través de los Himalayas por los filósofos Nagaryuna y Aryasanga.


Los textos reflejan, sin embargo, ciertas constantes del pensamiento tibetano. Debemos destacar en este punto que el interés de los cronistas antiguos, como el de  muchos  otros pueblos  de la antigüedad, no residía en un relato de carácter cronológico; al presentar los hechos, los enlazaban con elementos míticos que percibían como cargados de sentido trascendente, como cumplimiento de su destino. Es lo que se ha llamado carácter transhistórico de estos pueblos, en oposición al sentido histórico del pensamiento contemporáneo, que se caracteriza por tomar como eje el tiempo, el espacio y lo comprobable por medio de los sentidos y del raciocinio.

Para los antiguos, lo importante era el espacio sagrado y el tiempo sagrado. Mediante los mitos y su puesta en practica a través del rito, sacralizaban el espacio.

Así, sin cuidado les tenia la ubicación del Shangrí-La, el lugar donde los lotos no se cierran jamás; si importaba comprender que en algún lugar del Tíbet existían hombres cuya virtud y clarividencia no se cerraba ante ninguna pasión humana, ante ninguna crisis de ningún estilo. Estos hombres habrían, por así decirlo, superado la etapa humana, transformándose en arhats perfectos.

Esto implicaba que el hombre tenia un destino trascendente, debía arribar algún día a ese Shangrí-La, como lo era para los griegos llegar a la mesa de los dioses en el Olimpo, o para Ulises arribar a su lejana patria, Itaca.


Para muchos orientales, Tíbet es el ombligo del mundo, su centro espiritual, antena de conexión con seres espirituales superiores en evolución. Es el lugar de los yoguis de las montañas blancas, los cuales, protegidos por los Himalayas, desarrollaron características particulares que influyeron en la vida del pueblo que hábito esos alejados lugares. Así, el tibetano no especulo sobre las verdades metafísicas: las vivió. Al pensamiento de la India le quito su dulce y paternal envoltura.

Sus parajes helados no se prestaban para el romanticismo, sino para hacer realidad aquello de que el hombre pende entre el espíritu y la materia, entre el cielo y la tierra, que allí, en el Tíbet, están muy cerca…

También en el Tíbet hubo, indudablemente, poesía, pero no exuberante; sólo para dejar traslucir la belleza propia de las cosas, como lo que escribió el rey Ti Srong, de Tsen.



Los primeros reyes

l último dalai lama, que actualmente reside en la India, luego que su país fuera ocupado por China, menciona el año del tigre de madera (127 después de Cristo) como punto de partida de la historia política del Tíbet. Nya Tri Tsenpo logró la fusión de trece principados, en los cuales vivía una mezcla de mongoles, arios y elementos indígenas.

A este rey lo sucedieron otros cuarenta. Durante los reinados de los primeros veintisiete, la religión bon floreció en el país junto con otras creencias tántricas (prácticas mágicas). Probablemente, como se dijo, hayan sido los filósofos indios Aryasanga y Nagaryuna quienes introdujeron el budismo en los primeros siglos de la era cristiana, pero sólo durante el reinado del vigésimo octavo soberano, Lha-Dho-Ri-Nyen-Tsen, comenzó su propagación generalizada, fuera de las lamaserías, luego que un texto budista llegó a las manos de ese gobernante.

Según algunas versiones, arysanga habría fundado un monasterio y predicado el budismo en el Tíbet.

El trigésimo tercer rey, Song-Tseng-Gampo, fue realmente el primer soberano budista. Sobre él contamos con más datos. Nació en el año del toro de tierra (629 después de Cristo o 1109 después de Buda); durante su juventud mandó a su primer ministro Thonmis-Sam-Bhota a estudiar a la India. De regreso a su patria, el funcionario esbozó el actual alfabeto tibetano.

Song-Tsen-Gampo, por su parte, reformó las costumbres espirituales y materiales, formulando diez reglas para los servicios religiosos y dieciséis para la conducta pública.


Muchos templos, incluidos el de Jokhang en Lhasa, la capital, fueron construidos durante su administración y se comenzó a edificar el Potala, palacio de gobierno. Además de sus tres mujeres tibetanas-pues estos reyes no eran cébiles como lo fueron luego los Dalai Lama-, desposó con una princesa china y con otra de Nepal.

Quizás a instancias de éstas se trajeron dos imágenes de Buda de esos países, delante de las cuales oró el último Dalai Lama a la edad de cuatro años, según él mismo relata.

Durante el reinado de Song-Tsen-gampo, el Tíbet contemplo su sabiduría espiritual con la religión budista y junto con ésta incorporó una serie de  oficios hasta entonces desconocidos, mejorando notablemente su economía hacia fines del siglo VII después de Cristo.

En próximos capítulos se desarrollaran otros aspectos de la vida de este pueblo que habitó el techo del mundo, como la medicina, la agricultura, el arte. Los registros sobre ellos son posteriores al ingreso del budismo, por lo cual los hemos dejado para más adelante, para no caer en anacronismos.



Literatura tibetana prebudista

a lengua tibetana se usa en todo el territorio tibetano propiamente dicho; en las regiones fronterizas se hablan dialectos híbridos, mezcla de tibetano con las diversas lenguas de los países limítrofes.

La lengua tibetana está clasificada por los filólogos en la familia de las lenguas tibeto-birmanas; su estructura es mixta, aglutinante y monosilábica, y refleja las diversas culturas subyacentes en el Tíbet.

La investigadora rusa Helena Petrovna Blavatsky rescató en el siglo XIX uno de los manuscritos más antiguos que se conocen en el mundo. Se trata de las estancias del Dzyan, escrito en hojas de palmeras tratadas en forma especial para hacerlas indestructibles a través del tiempo. La obra relata los esfuerzos de las grandes inteligencias rectoras del universo para crear el macrocosmos y, dentro de él, ese microcosmos que es el hombre.

Se desconoce cuando fue escrita esta obra, guardándose el mismo secreto con respecto a su autor. Las frases son escuetas y la poesía esta ausente; sin embargo, aparece traspasada por un halito de misterio y verdad que va más allá de la simple poesía o narración.

Su primera estancia o capítulo se inicia con las siguientes palabras:

“El eterno Padre, envuelto en sus siempre invisibles vestiduras, había dormitado una vez más por siete eternidades.

El tiempo no existía, pues yacía dormido en el seno infinito de la duración.”


El Bardo Todol (oculta morada), traducido por el Lama Kasi Dawa-Samdup, es un tratado referente a las etapas por las que va pasando la conciencia del hombre al morir, en una clave de interpretación, y las etapas del alma en busca de la inmortalidad, la otra. Las versiones que se conocen en Occidente distan bastante de los originales y están fuertemente mutiladas.

Este tratado recoge enseñanzas sobre ritual funerario, anteriores al budismo; narra el pasaje del alma a su mansión celeste, en la que permanecerá más o menos tiempo. La obra dice que hay que aprender a morir y que, en vida, hay que conocer los laberínticos pasajes de la psiquis de cada uno para poder dominar el pavor ante lo desconocido y la soledad de la muerte. La conciencia, atrapada por la ilusión, teme a las vicisitudes de la vida y la muerte: en la obra se dice:

“Aparte de las propias alucinaciones, en realidad fuera de uno mismo no existen tales cosas como Señor de la muerte, o dios o demonio.”

Las frases contenidas en esta obra formaban parte del ritual chod, un drama místico que se representaba mientras se guiaba al alma por los senderos de ultratumba mediante un actor humano que convocaba las distintas presencias espirituales a que ayudaran al candidato.

El escenario escogido para realizar el rito era generalmente algún sitio terrible y salvaje, a menudo sobre montañas nevadas de doce mil o quince mil pies de altura o en la solitaria selva. Antes de juzgar apto al novicio y de permitirle cumplir el rito síquicamente peligroso, se requerían largos períodos de preparación bajo la supervisión de un maestro chod.


El ritual consta de danzas sobre una pista geométrica de baile, apropiadas palabras mántricas que se entonan, al igual, al ritmo de un tambor llamado damaru, alternado con el sonido de la trompeta evocadora de espíritus. Debe también conocerse el modo correcto de armar la tienda simbólica y de emplear el dorje, la campana y los diversos objetos complementarios.

Al principio, se orienta al celebrante para que visualice a la diosa de la sabiduría que-todo-lo-realiza, por cuya voluntad oculta recibe el poder místico. Luego se hace sonar  la trompeta, invocando a los gurús y a las diferentes órdenes de seres espirituales, y empieza la danza ritual, con la mente y energía consagradas por entero a comprender el supremo misterio. Luego siguen capítulos relativos a los fenómenos síquicos resultantes, tiempo de celebración, importancia de las imágenes mentales, visualización del esqueleto humano y de la iracunda Dákini, estado mental requerido, aplicación exitosa y meditación final.

Es probable que el rito fuera originalmente poco más que una danza ritual de exorcismo sacrificatorio. Los campesinos tibetanos aún la llaman La danza del demonio del Tigre-Rojo, deidad bon de historia prebudista.


“Lhasa: Situada en la meseta tibetana rodeada por las montañas del Himalaya. Cuenta con una población de alrededor de 250.000 habitantes. Se encuentra a una de altura de 3.650 metros sobre el nivel del mar, en el valle del río Brahmaputra siendo la ciudad más alta de Asia y una de las más altas del mundo.

La ciudad es la sede tradicional de los lamas y lugar donde se encuentran los palacios de Potala, Norbulingka y el Templo de Jokhang, incluidos en el Patrimonio de la Humanidad)[1] y es considerado por el budismo tibetano como el centro más sagrado en el Tíbet.”


Budismo tibetano

as distintas formas de budismo que se desarrollaron en el Tíbet son la síntesis del pensamiento del mahayana y del vajarayana; ambas fueron corrientes dadas en el norte de la India durante el período de mayor transmisión hacía el Tíbet, en los siglos VII al XI. Ambas tradiciones se influyeron recíprocamente.

La primera condensó una gradual comprensión de la doctrina, y la otra, un mayor uso de medios místicos para adquirir una transformación más rápida.

El budismo tibetano ha adoptado y modificado, además, muchos usos y creencias del culto bon, tales como los sacerdotes oraculares, algunas divinidades locales y una noción teocrática del poder.

En general, podemos decir que las diversas escuelas que se iban a desarrollar oscilarían entre el método (místico) y la doctrina (conocimiento para lograr la iluminación), poniendo el énfasis en uno u otro aspecto del sendero hacia la realización suprema.


Otra característica fundamental de la religión tibetana es el tantra, sistema de prácticas que tienden al aprovechamiento, con fines espirituales, del prana, energía de la naturaleza, latente en el hombre hasta que mientras no se la activa.

Al abusar de estos poderes, sin embargo, en algunos casos se resbaló hacia el ritualismo, el formalismo e incluso la grosería. El tantra-de origen indio-se amalgamó con bastante facilidad con los antiguos ritos bon, también de características chamánicas.

El tantra, que no fue muy importante en China ni en Japón, aunque existió en esos países, jugó en el Tíbet un rol importante. El budismo, luego de su introducción al Tíbet  en el siglo VII, sólo a mediados del siguiente siglo, con la llegada de Padmasambhava, un maestro tántrico de la India, comenzó a asimilar las prácticas chamánicas llamadas bon.

Fue en ese momento que los tibetanos decidieron seguir el budismo indio en vez del chino. Una curiosa mezcla de chamanismo, tantrismo y madhyamika indio, gradualmente se convirtió en el coro de los que iba a ser conocido como el lamaísmo, significando la religión de los superiores.

Este auge del budismo recibió un activo entusiasmo de Tri Khri-srong-Ide-btsan, durante cuyo reinado (775-797) el primer monasterio fue construido en Samye. Siete monjes fueron entonces ordenados. Padmasambhava, aureolado de una imagen de poseedor de grandes sidhis (poderes), fue invitado desde la India. A él se le atribuye el hecho de subyugar los espíritus bon y los demonios, y de ponerlos al servicio del budismo.


Kamalaksila, discípulo de otro monje, contemporáneo de Padmasambhava, representó el punto de vista indio en el debate que se dio en el consejo de Samye (792-794) sobre diversas corrientes del budismo, indias y chinas. La corriente india (de acuerdo a un punto de vista ortodoxo) fue proclamada ganadora.

El budismo también entusiasmo a Ral-pakan (815-838), el tercero de los reyes budistas, tras de cuyo asesinato, en 838, sufrió un período de depresión e incluso persecución.

Padmasambhava, que luego alcanzaría un carácter semimítico, y figura en el alma de muchos tibetanos en segundo lugar después de Buda, creó la llamada escuela de los Bonetes Rojos o Rnyng-ma-pá (vieja orden). Al inaugurarla, hizo un llamado a conservar el más puro espíritu de las enseñanzas (siglo VIII). La escuela propició, más adelante, un mayor uso que otras sectas de un grupo de textos redescubiertos, que se decía habían estado escondidos durante el período de la persecución antibudista en el siglo IX.


Rnyng-ma-pá dividía en nueve los estados progresivos de autorrealización espiritual, y los subdividía de acuerdo a los tantras, separándose así de la clasificación tradicional.


Los seis grupos enumerados son:

1) Kriya o ritua;

2) Upa-yoga, convergencia de dos verdades y meditación en las cinco enseñanzas del Buda;

3)Yoga, la evocación de un dios y la identificación del ser con ese dios, a través de la meditación en un mándala (dibujo ritual);

4) Maha-yoga, meditación en los elementos (skandas) de la conciencia humana como las formas divinas;

5) Anu-yoga, iniciación secreta en la presencia del dios y de su consorte, meditación en los espacios vacíos para destruir la ilusión de las cosas, y

6) Ati-yoga, meditación en la unión del dios y de su consorte, hasta alcanzar la experiencia de la bienaventuranza.

Aquellos iniciados en el kriya-tantra demoran siete vidas en obtener el estado de buda; cinco, en el upa-yoga; tres vidas, en el yoga. El maha-yoga permite lograrlo en la próxima existencia; el anu-yoga, al morir, y el ati-yoga en la presente existencia.


En algunas de estas iniciaciones se utilizaban pinturas sagradas, a las que se atribuían poderes mágicos. Están realizadas sobre algodón, seda, papel y pieles de carnero, según ritos antiquísimos, usando unas especies de clichés hechos en los monasterios. Con tales pinturas se esperaba lograr una transferencia mágica. Los lamas pintores trabajaban recitando mantrams de manera continua, y salmodiando trozos de libros sagrados desconocidos para los demás.

Los discípulos iban mezclando los colores, y a veces un ayudante recitaba por él o lo acompañaba. Finalmente, tanto estas pinturas como los bronces eran consagrados en una compleja ceremonia que los cargaba de poderes chamánicos. Esta consagración, llamada ras-tu-gnas-pa, era una verdadera vivificación o encarnación, sobre la materia, de las fuerzas o poderes que se deseaba poseer.

Materializados estos fantásticos objetos, el sacerdote repetía 108 veces una formula que rezaba aproximadamente: “Ningún vicio se cometa; toda virtud debe ser practicada a la perfección; la mente debe ser por completo dominada; ésta es la enseñanza de todos los budas.”

Luego, reafirmando la voluntad de consagrar la imagen, la cubría de flores, la mojaba con agua sagrada y la manipulaba, pronunciando el AUM (¡om!) en tres partes, una de ellas síntesis de las otras dos. Finalmente, la imagen era tapada con una mantilla roja y cubierta de flores. Entonces, la estatuilla “humanizada” y tratada como un neófito, era iniciada en los misterios.

Cuando se trataba de una imagen con cavidades, los ritos finales incluían la colocación de rollitos de papel con escritos mágicos en su interior.

Las últimas aspersiones se hacían sobre la imagen de la estatua reflejada en un espejo también mágico. Muchos de estos espíritus  titulares, representados bajo formas feroces, como protectores, han sido tomados por los occidentales por “diablos”, cuando en realidad eran todo lo contrario.

Algunas de estas deidades eran representadas con sus contrapartes femeninas; Yab-yum o “dios-diosa” era el nombre asignado a la pareja cuando la unión se hacía íntima. No eran pornográficos, sino que significaban el sacrificio de la unidad personal en bien de la unidad total, simbolizada al principio y al fin de los tiempos por la pareja primordial, donde el yo y el tú se conjugan y desaparecen. Una deidad poderosísima, Yamantaka, aparecía a veces en ese acto de danza-apareamiento con su contraparte. A veces representaba esta unión la lanza y un espejo.

“Las enseñanzas del Buda incluyen tanto sutras como tantras. Los sutras presentan los temas básicos de la práctica para obtener la liberación de problemas incontrolablemente recurrentes (sct. samsara) y, más allá, para alcanzar el estado iluminado de un Buda, con la habilidad de ayudar a los demás tanto como sea posible. Los temas incluyen métodos para desarrollar auto disciplina ética, concentración, amor, compasión y un correcto entendimiento de cómo existen las cosas realmente. Los tantras presentan prácticas avanzadas basadas en los sutras.

La palabra sánscrita tantra significa la urdimbre de un telar, o la hebra de una trenza. Como los hilos de un telar, las prácticas del tantra sirven como una estructura para entrelazar los temas del sutra para tejer la alfombra de la iluminación. Más aún, el tantra combina expresiones físicas, verbales y mentales de cada práctica y las entreteje creando un sendero holístico de desarrollo. Como no se puede integrar y practicar simultáneamente todos los temas del sutra sin previamente haberse entrenado en cada uno individualmente, la práctica del tantra es extremadamente avanzada.

La raíz de la palabra tantra significa estirar o continuar sin descanso. Enfatizando esta connotación, los académicos tibetanos tradujeron el término como gyu (rgyud), que significa continuidad ininterrumpida. Aquí, la referencia es a la continuidad sobre el tiempo, como en una sucesión de momentos en una película; más que la continuidad en el espacio; como una sucesión de segmentos de pavimento. Más aún, las sucesiones que se discuten en el tantra son como películas eternas: no tienen principio ni fin.

No hay dos películas iguales, inclusive dos copias idénticas de la misma película nunca pueden ser el mismo rollo de película. Similarmente, las sucesiones interminables siempre mantienen su individualidad. Más aún, los cuadros de la película corren uno a uno, y todo cambia en cada cuadro. De la misma manera, los momentos en las sucesiones interminables son efímeros, con un sólo momento ocurriendo a la vez y sin nada sólido que perdure a través de las sucesiones.”   Alexander Berzin


Durante esta primera época de los celebres Bonetes Rojos se incrementó el poder político del Tíbet y los territorios vecinos bajo su dominio aumentaron.

Relata el último Dalai Lama:

En el reinado del cuadragésimo rey, Nga-Thag-Tri Ral, nacido en el año del perro de fuego (866 después de Cristo y 1.346 años desde la muerte de Buda), el número de monjes del Tíbet había aumentado grandemente. De nuevo hubo guerra con China durante este reinado y de nuevo los tibetanos se apoderaron de grandes zonas de ese país. Pero tanto los lamas tibetanos como los monjes chinos, conocidos como hansangs, actuaron de mediadores y consiguieron la paz.

En la frontera chino-tibetana, en la zona llamada Khung-Khu-Meru, la frontera quedó marcada con una columna de piedra; y otras similares se erigieron frente al palacio del emperador chino y frente al Jokhang, en Lhasa. En los tres pilares se grabó idéntica plegaria, en caracteres chinos y tibetanos; en ella se decía que ni uno ni otro país debían traspasar las fronteras señaladas.

Sin embargo, en el año del pájaro de hierro (901 después de Cristo y 1.381 años después de la muerte de Buda) ascendió al trono el cuadragésimo primer soberano, de nombre Lang-Dar-Mar, cuyo reinado se caracterizó por el afán en deshacer lo que habían hecho sus antecesores. Tanto él como sus ministros se esforzaron en destruir la religión de Buda y en cambiar las costumbres del Tíbet. Tras un indigno reinado, que duró seis años, murió asesinado.

Por tanto, habían transcurrido más de mil años desde que reinara el primer monarca tibetano hasta la muerte del cuadragésimo primero. Durante este tiempo, el país había ido acrecentando incesantemente su poder material y espiritual. Pero tras la muerte de Lang-Dar-Mar, el reino se disgrego.

El rey tenía dos esposas y dos hijos, uno de los cuales no era realmente hijo suyo. Las reinas se enfrentaron, los ministros tomaron partido por una o por otra, y el Tíbet quedó finalmente dividido entre los dos príncipes. Esta secesión condujo a posteriores subdivisiones y el Tíbet pasó a convertirse en una tierra de pequeños reinos. Así permanecería durante 347 años.


El renacimiento del budismo en el Tíbet tuvo lugar a fines del siglo X. Los nobles que gobernaban en el territorio occidental promovieron los viajes de tibetanos a la India, en procura de maestros y traducciones de textos sagrados. Uno de los grandes traductores de entonces fue Ring-Tseng-Sang-po. Con el arribo, en 1042, del renombrado maestro indo Atisha, el budismo recupero su calidad de religión dominante del Tíbet.

Atisha, al igual que los otros maestros mahayanas, enfatizó la importancia de la disciplina monástica y la transmisión directa de la doctrina de maestro a discípulo (“boca a oído”).

La escuela fundada por Atisha y continuada por Brom-ston, su principal discípulo, fue la Bka-gdams-pa (la de “aquéllos regulados por preceptos”), que, como lo dice su nombre, imponía una austera disciplina. La practica central de esta secta, absorbida en el siglo XV por la secta de los Dgelug-pa, era la purificación de la mente, que requería la eliminación de todo defecto, tanto intelectual como moral, para obtener una clara visión del vacio (shunyata). La enseñanza descansaba en los Prallna paramita y otros textos; también hacía uso de los mantrams.


En esta misma época, siglos XI-XII, floreció otra importante escuela, la Bkargyut-pa, la cual, como resultado de un movimiento reformista, se separo de los Bonetes Rojos. Bkargyut-pa, la “orden transmitida”, acentuaba la transmisión directa de la enseñanzas esotéricas de maestro a discípulo, sin la cual estas enseñanzas se hubieran perdido.

Esta orden hacia remontar su linaje espiritual al maestro indio Tilota, que había transmitido sus enseñanzas al yogui indio Naropa, quien a su vez había sido maestro de Marpa, el preceptor de Milarepa (1040-1123).

Este gran asceta es el más celebrado poeta del Tíbet; sus últimos cantos, generalmente muy difíciles de entender, son la profunda expresión de sus experiencias espirituales. El seguidor de Milarepa, Sgam-po-pa (1079-1153), tuvo varios discípulos, que establecieron diversas subescuelas separadas, basadas en sus enseñanzas; una de ellas fue la karma-pa, que tanto influyó en lo sucesivo.


La Bkargyut-pa fijó como su meta suprema el maha mudra (gran sello); es decir, la dicotomía del pensamiento en pleno nirvana. Esta secta, que hacia referencias frecuentes a las “seis enseñanzas de Naropa”, empleó, entre otras técnicas, los ejercicios del hatha-yoga (yoga que enfatiza la respiración y posturas especiales). Con estas y otras técnicas inducía una serie de experiencias encaminadas a obtener la iluminación en esta vida, o en el momento de la muerte:

1) El calor autoproducido.

2) El cuerpo ilusorio.

3) Sueños.

4) La experiencia de la luz, en la mente.

5) Los estados de la existencia intermedia entre la muerte y el nacimiento descritos en el Bardo Todol, y

6) El paso de una existencia a la otra.


Continuará.


Monjes Tibetanos realizando estudio de los Sutras


 

 

 


El Árbol Sagrado de Kum Bum

I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet


The Sacred Tree of Kum Bum

Reivindicando la veracidad de lo que dijo el Abate Huc, que fue puesto en entredicho por un visitante más reciente del monasterio de Kum Bum, Huc un misionero Lazarista, en su Viajes en la Tartaria, el Tibet y la China; escribió que había visto aparecer caracteres tibetanos perfectos en las hojas de un Árbol que, según la leyenda, había brotado de la cabellera de Tsong-ka-pa. HPB puntualiza que las inscripciones que crecían en las células y en los tejidos de las hojas eran en Sensar.

(The Theosophist, marzo de 1883)

Hace 37 años, dos misioneros lazaristas valientes, miembros de la Misión Católica Romana establecida en Pekín, emprendieron la hazaña desesperada de penetrar en el territorio del Tibet, llegando hasta Lhassa, para predicar el cristianismo entre los budistas sumidos en la ignorancia. Se llamaban Huc y Gabet; la narrativa de su viaje muestra su valentía y entusiasmo extremos.

El volumen más interesante apareció en París, hace más de 30 años y, desde entonces, se tradujo al inglés dos veces y, quizá, a otros idiomas.

En esta coyuntura no nos importan sus méritos generales; sino que limitaremos nuestra consideración a la parte del libro (Vol. II, pago 84, de la edición americana de 1852) donde el autor, Huc, describe el maravilloso “Arbol de las diez mil Imágenes”, que ellos vieron en la Lamasería o Monasterio de Kum Bum o Koun Boum.

Huc nos dice que, según la leyenda tibetana, cuando la madre de Tsong-Ka-pa, el famoso reformador budista, lo entregó a la vida religiosa, siguiendo la tradición: “cortó su pelo y lo arrojó. Donde cayó, nació un árbol, cuyas hojas llevaban inscritos caracteres tibetanos.” La traducción inglesa de Hazlitt (Londres 1856) es más literal (aunque no sea la exacta) versión del original. Sin embargo, hemos entresacado (Pág.324-6.) los siguientes particulares interesantes:

Sobre cada una de las hojas, transpiraban caracteres tibetanos bien formados. Todos eran verdes, algunos más oscuros y algunos más claros que la hoja misma.

Nuestra primera impresión fue sospechar un fraude por parte de los Lamas; pero, al examinar minuciosamente todo detalle, no pudimos descubrir el más mínimo engaño. A nuestro juicio, todos los caracteres nos parecieron parte integrante de la hoja, recorridos por las mismas venas y nervios. La posición no era la misma en todas. En unas hojas los caracteres se encontraban en la parte superior, en otras en el medio y, en otras más, en la base o a un lado.

Las hojas más jóvenes representaban los caracteres sólo en un estado de formación parcial. También la corteza y las ramas, que se parecen a las de un árbol ordinario, están cubiertas con estos caracteres. Si se remueve un trozo de la vieja corteza, la nueva, que está detrás, exhibe los bosquejos individuales de los caracteres en un estado embrionario y, lo que es particular, a menudo, estos nuevos caracteres son distintos de los que remplazan.

A nuestro juicio, el árbol de las Diez mil Imágenes era vetusto. Su tronco, que tres hombres casi no podían abrazar, no supera los ocho pies. Las ramas, en lugar de crecer hacia arriba, se expanden en la forma de un penacho de plumas particularmente densas, algunas están muertas. Las hojas son siempre verdes y la madera, que es de un tinte rojizo, emite un aroma exquisito, similar a la canela. Los Lamas nos informaron que, durante el verano, alrededor de la octava luna, el árbol produce flores rojas gigantescas y extremadamente hermosas.

El mismo abate Huc, describe lo antedicho más enfáticamente. “Estas letras son tan perfectas que los caracteres tipográficos de Didot, no tienen nada que las supere.” Que el lector tenga presente tal afirmación, porque tendremos ocasión de recurrir a ella.

El vio en las hojas, no sólo simples letras; sino: “oraciones religiosas” ¡que la naturaleza había auto impreso en la clorofila, en las células y en la fibra de madera! La superficie, interna y externa, estrato tras estrato, de las hojas, las ramitas, las ramas y del tronco, estaban inscritos por las letras maravillosas y no había dos caracteres idénticos, superpuestos.

“No se imaginen que estos estratos sobrepuestos repitan la misma impresión. Al contrario; ya que, al levantar cada hoja, se nos presenta un tipo distinto. ¿Cómo es posible, entonces, sospechar un fraude? Me he esmerado, en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana y mi mente, desconcertada, no pudo encontrar la más pequeña sospecha.”

¿Quién dice esto? Un devoto misionero cristiano que fue intencionalmente al Tíbet con el objeto de probar que el Budismo era falso y el Cristianismo verdadero; por lo tanto, se hubiera aferrado, ansiosamente, a la más mínima prueba que corroborase su posición, exhibiéndola delante de los oriundos.

En Tíbet, él vio otras maravillas y las describe; aunque la edición americana las omite y algunos de sus críticos ortodoxos más viscerales, las atribuyen al diablo. En Isis sin Velo, especialmente en el primer volumen, (versión inglesa), se describen y se discuten algunos de estos prodigios, tratando de mostrar su reconciliació n con la ley natural.

El tema del árbol de Kum Bum ha vuelto a nuestra mente gracias a una reseña en la revista Nature, por A. H. Keane, sobre la Relación, recientemente publicada, de Herr Kreitner, acerca de la expedición al Tíbet en 1877-80, por parte del Conde Szechenyi, un noble húngaro.

El grupo dio un paseo de Siningfu hasta el monasterio de Kum Bum: “con el propósito de verificar el relato extraordinario de Huc acerca del famoso árbol de Buda. No encontramos ninguna imagen [del Buda en las hojas] ni las letras, sino una sonrisa burlona en los labios del anciano sacerdote que nos guiaba. Al contestar a nuestras preguntas, nos dijo que, hace mucho tiempo, el árbol producía realmente hojas con la imagen de Buda; sin embargo, ahora, tal prodigio ocurría raramente. Sólo unos pocos hombres, favorecidos de Dios, tuvieron el privilegio de descubrir tales hojas.”

Para este testigo, lo antes dicho es suficiente: a un sacerdote budista, cuya religión le enseña que no hay personas favoritas por algún Dios, que no existe un ser tal que llamamos Dios que otorga favores y que cada ser humano cosecha lo que siembra, ni más ni menos, se le hace decir tal insensatez.

¡Esto muestra lo que vale el testimonio de este explorador para su adorada ciencia escéptica! Sin embargo, parece que hasta el sacerdote, con la sonrisa burlona, les haya dicho que los hombres buenos pueden ver y, en realidad, ven las maravillosas hojas con las letras; entonces, Herr Kreitner, a pesar de sus esfuerzos, avala, en lugar de desacreditar, la narrativa del abate Huc.

Si nunca hubiéramos podido verificar, personalmente, la veracidad de la historia, deberíamos admitir que las probabilidades facilitan su aceptación; ya que los peregrinos han llevado las hojas del árbol Kum Bum a todo rincón del imperio chino (hecho reconocido aun por Herr Kreitner); por lo tanto, si todo el asunto era un fraude, los adversarios chinos contra el budismo, cuyo nombre es Legión, lo hubieran denunciado sin piedad.

Además: la naturaleza ofrece muchas analogías que confirman lo descrito. Según se dice, ciertas conchas del Mar Rojo tienen impresas las letras del alfabeto hebraico y sobre ciertos saltamontes son visibles las del alfabeto inglés. Además en la revista The Theosophist, Vol. 11., pago 91, un corresponsal inglés traduce un relato de Sheffer, titulado “Luz y más Luz”, que habla de las características particulares de ciertas mariposas alemanas (Vanissa Atalanta) que llevan inscritas las cifras del año 1881.

Los muebles de los entomólogos modernos pululan con ejemplares que muestran que la naturaleza produce, continuamente, animales con características miméticas, asumiendo el aspecto de vegetales. Por ejemplo: hay orugas que se parecen a la corteza de un árbol, al musgo o a ramas muertas, e insectos que no pueden distinguirse de las hojas verdes, etc. Hasta las rayas del tigre es mimetismo de los tallos de la hierba de la jungla donde él hace su guarida.

Todos estos hechos separados contribuyen a que la historia de Huc del árbol Kum Bum, sea un hecho probable; ya que muestran que la misma naturaleza, sin intervención milagrosa, es capaz de producir vegetales en la forma de caracteres legibles.

Esto es también el punto de vista de otro corresponsal de Nature, W. T. Thiselton Dyer, quien, en el número del 4 de Enero de esta estimable revista, después de sumar las pruebas, llega a la conclusión de que: “en el tiempo de Huc, hubo un árbol cuyas hojas llevaban inscritos ciertos caracteres, sin embargo, la imaginación del piadoso abate, lo indujo a asociarlos a las letras tibetanas.” ¿Piadoso? Deberíamos recordar que su testimonio no procedía de un piadoso y crédulo budista tibetano, sino de un enemigo abierto de esa fe, M. Huc, quien se fue a Kum Bum para denunciar el fraude y que se esmeró “en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana”; sin embargo, su mente desconcertada: “no pudo encontrar la más pequeña sospecha.”

Así, hasta que Herr Kreitner y Dyer puedan mostrar que el cándido motivo del Abate era el de mentir en detrimento de su religión, debemos exonerarlo de los acusados, considerándolo un testigo irrecusable e importante. Sí; el árbol de las letras tibetanas es un hecho, además, las inscripciones en las células de las hojas están en Sensar o el idioma sagrado usado por los Adeptos y, en su totalidad, constituyen todo el Dharma del budismo y la historia del mundo.

En lo que atañe a alguna similaridad fantástica con caracteres alfabéticos reales, la confesión de Huc, según el cual son tan hermosamente perfectos: “que los caracteres tipográficos de Didot (famosa tipografía parisiense) no tienen nada que los supere”, dirime la cuestión de manera perentoria. Con respecto a la aserción de Kreitner, que el árbol pertenece a la especie de lila, la descripción que Huc hace del color, de la fragancia de canela emitida por su madera, y de la forma de las hojas, lo confirman sin duda.

Quizá, el viejo monje burlón conocía el mesmerismo común y “biologizó” al grupo del Conde Szechenyi, haciéndole ver y no ver, lo que a él se le antojaba, así como el difunto profesor Bushell hizo imaginar, a sus sujetos indos, cualquier cosa que él desease que vieran.



Bardo Thodol (I)

El Bardo Thodol ha sido reconocido durante siglos como un clásico de la sabiduría budista y del pensamiento religioso. Más recientemente, ha alcanzado gran influencia en el mundo occidental por sus penetraciones psicológicas sobre el proceso de la muerte y del morir, y por lo que puede enseñamos acerca de nuestras vidas.

También ha resultado de ayuda en los procesos de duelo de personas que recientemente han perdido a algún ser querido. Compuesto en el siglo VIII (d. de C.), su intención es la de preparar al alma para las adversidades y transformaciones del más allá. Su profundo mensaje es que el arte de morir es tan importante como el de vivir.

Extraído de las tradiciones espirituales tibetanas, nos muestra los funcionamientos de la mente en sus diversas manifestaciones -aterradoras y tranquilizadoras, iracundas y hermosas-, que aparecen más claramente en la conciencia del difunto. Reconociendo dichas manifestaciones podremos alcanzar el estado de iluminación, tanto en esta existencia como en la venidera.

A este respecto el Dalai Lama escribe:

El Bardo Thodol,conocido en Occidente como “El Libro Tibetano de los Muertos”, es uno de los libros más importantes producidos por nuestra civilización. Nosotros, los tibetanos, gozamos de la reputación de ser muy espirituales, aunque solemos consideramos a nosotros mismos como bastante prácticos y realistas. Por ello consideramos nuestro sistemático estudio y análisis del proceso de la muerte humana como una cauta y práctica preparación para lo inevitable. Después de todo, no hay uno solo de nosotros que no vaya a morir, más tarde o más temprano.

Así que el cómo prepararse para la muerte, el cómo pasar a través del proceso con el menor trauma posible, y lo que viene después de la muerte, son cuestiones de vital importancia para cada uno de nosotros. Sería poco práctico no estudiar estos temas con el sumo cuidado y no desarrollar métodos para tratar con la muerte y el morir de una manera hábil, compasiva y humana.

El Libro de la Liberación Mediante la Comprensión en el Estado Intermedio” ha sido muy popular en el Tíbet a lo largo de muchos siglos. Es un manual de útiles instrucciones para las personas que se enfrentan a la muerte, así como para sus familiares y amigos. Guarda relación con una extensa literatura en tibetano que investiga seriamente el fenómeno del morir.

La verdad es que la realidad de la muerte siempre ha sido un gran acicate para la acción inteligente y virtuosa en todas las sociedades budistas. Su contemplación no se considera algo mórbido, sino liberadora del miedo, e incluso beneficiosa para la salud de los vivos.

Bardo Thodol. Atribuido a  Padmasambhava

Prefacio Por Lama Anagarika Govinda.

Hace más de medio siglo, el lama Kazi Dawa Samdup realizó una traducción del Bardo- Thodol que el doctor Evans-Wentz redactó y publicó con el título de Libro de los Muertos tibetano.

Se trataba, para aquella época, de una importante realización, debido a lo poco que se conocía del budismo tibetano, hasta el punto de que varios sabios de renombre pusieron en duda la autenticidad del texto, presumiendo que Evans-Wentz había sido víctima de un engaño y que le habían entregado un manuscrito falsificado.

Olvidaban, quienes así pensaban, que la falsificación de semejante manuscrito en tibetano clásico no podía deberse sino a la mano de un sabio de gran categoría, y en ese caso no era plausible imputarle esa intención a quien se hubiera encargado de semejante trabajo.

En efecto, ofrecer al mundo ese trabajo firmado con su propio nombre hubiera sido mucho más sencillo que firmarlo con el nombre de Padmasambhava. Esto no es más que un ejemplo del escepticismo de la época frente al Tíbet y a la literatura tibetana, desconocidos en la mayoría de los círculos.

Mientras, el Bardo-Thodol se había convertido en una de las obras más célebres de la literatura internacional. A este respecto, merece toda la atención, no sólo de los filólogos, sobre todo de los tibetólogos, sino también la de los psicólogos que hicieron importantes descubrimientos gracias al conocimiento del Bardo-Thodol.

C. G. Jung, por ejemplo, escribió unos comentarios significativos a este respecto.

La traducción al inglés fue publicadaporprimera vez en 1927, desde entonces ha generado gran interés en occidente. Entre otros atrajo la atención del gran psicólogo Carl Jung, quien en su obra:Comentario psicológico sobre el Libro Tibetano de los Muertos, publicado en la Tercera Edición de la traducción, por ejemplo, escribió unos comentarios significativos a este respecto:

Durante años, desde que se publicó por primera vez, el Bardo Thodol ha sido mi compañero constante y a él debo, no solamente muchas ideas estimulantes y descubrimientos, sino también muchas percataciones fundamentales.

Este es el testimonio de C. G. Jung considerado por muchas personas como uno de los psicólogos más grandes que haya producido occidente.

Gracias a eso, el Bardo-Thodol ha pasado a ocupar el centro del pensamiento moderno y de la investigación científica. Se empieza a considerar a esta obra, no ya sólo como un documento importante de una especulación religiosa o de un pensamiento mitológico, sino como el fundamento de un conocimiento psicológico que como tal pertenece a toda la humanidad, y deja de ser patrimonio de una religión o de una cultura particular.

Debemos revisar nuestro juicio sobre lo que considerábamos producto de un folklore primitivo. Así mismo, tenemos que reconsiderar nuestro concepto de progreso de una civilización. Es posible que los tibetanos hayan quedado rezagados en el terreno del desarrollo técnico, pero están mucho más adelantados en el terreno de la psicología, y sobre todo en las técnicas de meditación.

Basta leer obras como Lam-rim-chen-po, de Tsonkapa, o el mkas-grub-rje, el Fundamentals of the Buddhist Tantras (rGyud-sde-spihi-rnam-par-gzag-par-brjod), para maravillarse del desarrollo extraordinariamente refinado de la psicología en la escolástica tibetana. Hasta hoy no hemos empezado a comprender esas ideas tan adelantadas, gracias a la nueva psicología de las profundidades, que por vez primera se ha atrevido a traspasar las fronteras de nuestra conciencia despierta para aventurarse en las capas profundas de la psique humana.

La psicología moderna descubría de este modo las estructuras universales del consciente profundo y su condicionamiento por los arquetipos. Estos no sólo desempeñan un papel determinante en el consciente humano. Sabemos ahora que la verdad de los dioses y diosas consiste precisamente en esos arquetipos, rechazados por el pensamiento del hombre occidental de hoy, así como por tantas generaciones anteriores.

Por tanto, esta perspectiva nos permite ver que lo que nos parecía simplemente la simbología mítica de una cultura particular, tiene en realidad un significado universal y encierra una verdad para la humanidad tanto presente como futura. Por esta razón, consideramos las enseñanzas del Bardo-Thodol como una obra preciosa de la literatura universal, como la Biblia, el Corán, los Upanishads, el Yi-King, el Tao-te-king, y como los dramas de Shakespeare, de Goethe, la Divina Comedia de Dante y las grandes obras del Renacimiento.

En la imagen: Kazi Dawa Lama-Sandrup & W. Evans-Wentz

Cuanto más profundicemos en su comprensión más traducciones e interpretaciones encontraremos, más versiones diferentes tendremos a nuestra disposición y mejor descubriremos la verdad contenida en cada uno de los escritos esotéricos del pasado. Escribía Evans-Wentz hace más de medio siglo, en su introducción del Bardo-Thodol:

Los textos tibetanos tántricos resultan particularmente difíciles de verter al inglés; por su forma abreviada, a veces hay que recurrir a la interpolación de palabras o de frases. En los próximos años, al igual que ocurrió con las primeras traducciones de la Biblia, esta versión podrá ser objeto de revisión (1).

La traducción literal de obra tan abstrusa en su verdadero significado, y escrito en lenguaje simbólico, resulta ardua, sobre todo si la emprenden europeos que, con frecuencia, difícilmente logran trascender su mentalidad occidental, por ser primero cristianos y luego eruditos. Pueden perderse, como suele ser el caso de las traducciones de Vedas realizadas a partir del sánscrito. Incluso para un tibetano, si no es un lama versado en tantrismo, el Bardo-Thodol es un libro cuasi-hermético.

Felizmente, la traductora de la presente obra no es sólo especialista en budismo tibetano y profesora de tibetología en la universidad de Munich, sino que está profundamente vinculada a la práctica de la tradición tibetana. Su colaborador, formado por el Dalai Lama, es un lama notable, igualmente lector de tibetano en la famosa universidad de Viena. Creo, pues, que podemos dejarnos guiar con toda confianza por estos dos investigadores, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de documentos de la tradición Gelugpa que no se aparta prácticamente de los Nyingmapa y Kargyüpa. Esta tradición transmite fielmente lo esencial de esos textos, desde hace cerca de mil años.

Hay que decir, por otra parte, que la tibetología ha realizado enormes progresos en los últimos cincuenta años; de tal forma que hoy disponemos de medios de investigación que no existían en tiempos de Evans-Wentz. El sería el primero en acoger con los brazos abiertos las nuevas traducciones e investigaciones, ya que carecía de todo orgullo personal. Su único deseo era transmitir fielmente el budismo tibetano en el que se refleja el Dharma de Buda. Para cumplir sus deseos, tenemos que desentrañar los pensamientos conductores de este libro, que no concierne sólo a los tibetanos sino al mundo entero.

Se atribuyen las enseñanzas del Bardo-Thodol al gran apóstol budista Padmasambhava. A mediados del siglo VIII de nuestra era, invitado por el rey Ti-song-de-tsen, llevó el budismo al Tíbet y fundó el primer monasterio (samye). Su personalidad excepcional causó una impresión tan profunda en sus contemporáneos, que aun hoy, doce siglos después, el recuerdo de su vida y de sus actos sigue vivo en la memoria del pueblo tibetano.

Por lo que de él sabemos, era un hombre que transmitía el Conocimiento de forma práctica, dando unas enseñanzas desacostumbradas; estaba al mismo tiempo dotado de fuerzas psíquicas que emanaban de su profunda espiritualidad. De otro modo, no hubiera podido conseguir en tan pocos años someter al sacerdocio hostil de un país bárbaro en la cumbre del poder y que tenía dominada a China en aquella época.

Las dificultades con que se tropezó en su tarea, pese a la simpatía del rey y de la corte, nos recuerdan a las del gran sabio y santo Shantarakshita, que fue primero llamado al Tíbet y luego tuvo que abandonar rápidamente el país, no pudiendo regresar a él hasta después de su pacificación por Padmasambhava.

Si bien Shantarakshita quiso llevar el budismo al pueblo tibetano sin tener en cuenta su mentalidad y sus tradiciones, Padmasambhava, por el contrario, se mostró más diplomático, pues era un buen psicólogo a la vez que gran sabio. No condenó en absoluto la antigua religión de los tibetanos, sino que respetó a los genii loci, incluyéndolos en el círculo de las divinidades, con tal de que se respetara y practicara el Dharma. Se comportaba en esto igual que Buda, que jamás combatió a las divinidades de la tradición veda sino que demostró cómo el budismo las englobaba, al haber anulado la noción de karma cualquier influencia nefasta que hubieran podido tener sobre el alma del pueblo tibetano.

Los versos de la Dedicatoria, al comienzo de la obra, nos indican que deben atribuirse a Padmasambhava las ideas esenciales y quizá incluso una versión primitiva del Bardo- Thodol, tal y como se ha conservado en la parte métrica de la obra. Estos versos nos permiten identificar al autor. Nos presentan en cualquier caso las bases espirituales sobre las que reposa la obra.

¡Oh! Amitabha, luz infinita del Cuerpo de Vacuidad

¡Oh! Apariciones apacibles e iracundas

[Jinas y Boddhisattvas] (Lha) (2)

¡Oh! Orden del Loto, Cuerpo de Gozo.

¡Oh! Padmasambhava, salvador de todos los seres, encarnación terrestre (Nirmanakaya).

Venerados seáis los Tres Cuerpos de Buda.

Estos versos apelan al conocimiento de los mándalas, a la simbología de las imágenes y, sobre todo, a la enseñanza de los Tres Cuerpos [trikaya], que concierne a la naturaleza de las realizaciones espirituales de un Buda. Volvemos a encontrar la representación de estos Tres cuerpos de Buda en el MahayanaShraddhotpada-Shastra.

Estas nociones son fundamentales para la comprensión del Bardo-Thodol. La explicación de estos versos de introducción es, por tanto, la clave del Bardo-Thodol. La naturaleza de nuestro ser profundo no es diferente de la de un Buda. La diferencia reside en que un Buda es consciente de esa naturaleza, mientras que el hombre apegado a la tierra no lo es, por culpa de la ilusión del ego, del yo.

Esta naturaleza profunda del ser se llama Sunhyata, pura potencialidad, pura vacuidad del «aún sin formar» que presupone toda forma; para la conciencia del espíritu iluminado será el Dharma, la más alta verdad, la ley de virtud inmanente. Representa el estado espiritual de un Buda. El Dharma Kaya (3), o Cuerpo de Vacuidad, Cuerpo del Dharma en Sí, es el más alto principio de la Budeidad.

El Sambhogakaya (4), el Cuerpo de Gozo espiritual bienaventurado, es el fruto del Dharmakaya a nivel de la visión intuitiva.

Aquí lo indecible se convierte en visión creadora, forma simbólica espiritual, experiencia de dicha bienaventurada. Es la herencia que nos han dejado por su actuación en el mundo las almas que han alcanzado la iluminación. Ellas fueron la encarnación visible de esa experiencia que conoce el hombre imbuido de ese espíritu y cuya forma corporal se va metamorfoseando a imagen de la vida anterior.

Según la concepción búdica, el cuerpo es una conciencia hecha visible. La iluminación interior transforma, pues, el cuerpo visible en Cuerpo de Metamorfosis, llamado Nirmanakaya, que es la descripción del cuerpo de todo ser humano que ha pasado por la vía de una metamorfosis espiritual.

Por tanto, nuestro verso significa que Padmasambhava es el amo y protector de cuantos se confían a él y le veneran en esos Tres Cuerpos de Buda, o principio del orden del Loto, a saber:

a) en el plano de la ley universal de Dharmakaya como luz ilimitada o Amitabha.

b) y en el plano de la aparición corporal (Nirmanakaya) en su forma humana, que no es sino la encarnación de las formas antes mencionadas.

No es, pues, la personalidad histórica a la que se venera en su forma humana, sino a la forma del principio interior, imperecedera, que se expresa en ella.

Como observa acertadamente Kern (5), el objeto del culto religioso, el Buda, no fue nunca un ser humano para los budistas. El Buda tampoco era un dios, como observaba él expresamente en uno de sus discursos. Era el Iluminado; y por tanto, más que un dios, que para alcanzar la redención ha de volver a tomar forma en una vida humana, ya que la vida humana es la vida de la decisión.

Padmasambhava Indian Teacher & DeityFromHimalayan Art


Sigue diciendo Kern: La figura histórica del maestro Sakyamuni recibe erróneamente el nombre de Buda o Tathagata. Efectivamente; el objeto de culto no es la divinización del hombre Sakyamuni. Es lo que le trasciende, más allá de la forma de aparición que adopta una vez; lo que le relaciona con todos los Budas que le han precedido y que le sucederán.

La Bodhicitta, la conciencia del despertar, es sobre todo ese espíritu suprapersonal que todo lo abarca y que se encuentra en estado potencial en todo ser vivo.

Mientras esa conciencia no pueda vivirse o realizarse en su totalidad (lo que sólo logra el Buda), deberemos contentarnos con los reflejos de la visión interior en donde los principios y las cualidades de la iluminación están separados como los rayos del sol cuando pasan por un prisma.

Las formas de los símbolos de estas visiones no son creaciones arbitrarias, sino, por así decirlo, las huellas luminosas que deja la experiencia milenaria de la espiritualidad en el alma humana; son los cuerpos luminosos de todos los espíritus del despertar que nos han precedido en la tierra, los cuerpos creados por sus méritos, cuerpo de recompensa de todos los Budas, también llamado Sambhogakaya, cuerpo nuevo que elaboramos con nuestro estado de veneración.

De este modo, los Jinas y Boddhisattvas que aparecen en la visión profunda, son cada uno cierto aspecto de la iluminación (pensamiento del despertar) y, por tanto, también un aspecto latente de cada conciencia del despertar. Para preservar el espíritu de una dispersión arbitraria, los maestros de las diferentes escuelas proponen unos dibujos geométricos concéntricos, llamados mándalas. Son unas representaciones del espíritu en las que se fijan las posiciones y relaciones recíprocas de los diferentes símbolos e imágenes nacidas de la visión profunda. A esta descripción se le llama “loto del quíntuple desarrollo de la visión profunda”.

Sin desarrollar aquí el estudio de los mándalas, nos limitaremos a indicar que los Jinas o Vencedores de la ignorancia, los Boddhisattvas y demás figuras que les acompañan (reunidos en tibetano bajo la expresión Lha) están repartidos en cinco desarrollos:

El desarrollo del Vajra, el desarrollo del Ratna, el desarrollo de Padma, el desarrollo del Karma, cuyos símbolos representan la circunferencia del mándala, mientras que el centro es el desarrollo del Buda, la reunificación de todos esos principios cuyo símbolo está representado por la rueda de la ley del Dharma-cakra.

El Vajra (El Centro de diamante, traducido siempre erróneamente por el dibujo del rayo, que sería sin embargo válido para el hinduismo) significa la indestructibilidad, la inquebrantabilidad de la conciencia del despertar, semejante a la gran vacuidad, Sunhyata, y personificado por el Dhyani-Buda-Aksobhya.

El Ratna es el don de los Tres Rayos y Sublimes (6) a través de los cuales el Buda da su propia persona, su doctrina y su comunidad. En este caso está personificado en Ratnasambhava y se le representa con el gesto del don.

El Loto (Padma), o desarrollo de la meditación, se expresa por Amitabha, representado en la postura de la meditación (Dhyana-mudra).

El doble-vajra, o Karma, significa en este caso la realización del saber por la compasión y el constante amor al prójimo. Se le representa por medio de Amoghasiddhi en el gesto de la «impasividad» (Abhaya-mudra). Cuando la compasión (Karuma) surge de un amor espontáneo al prójimo, suprime los efectos consecutivos del karma (Karma-vipaka). Aquí se considera al karma como acción pura, no como una serie de acciones.

La rueda de la ley (Dharma-cakra) representa la presencia potencial de las cuatro cualidades anteriores, simbolizadas por Vairocana, que es el desarrollo del Buda, en el centro de la esfera del Dharma (Dharmadhatu).

Cada una de las cuatro cualidades anteriores puede desarrollarse a distintos niveles. En tanto que potencialidad, a nivel de las leyes universales; en tanto que idea creadora, a nivel de la experiencia espiritual; en tanto que materialización o encarnación de la idea, a nivel de la aparición corporal.

Cuando se considera a Padmasambhava como encarnación del desarrollo del loto, nacido del loto como su nombre indica, significa que se hace uno con la idea y las cualidades de Amitabha.

El ejercicio de esta meditación del mándala de Amitabha lleva a la realización interior.

Estas enseñanzas de origen propiamente suprahumano no eran una mera transmisión de teorías filosóficas. Reposaban sobre experiencias de orden meditativo, pues Padmasambhava quería dejarle al mundo no un nuevo sistema, sino la vía de la experiencia individual, la realización de la meta, que son posibles en cada vida humana desde este momento y no sólo en un futuro lejano.

¡Efectivamente, sólo los que están dispuestos a recorrer el camino propuesto, poniendo en práctica los mandamientos, pueden entrever las observaciones, indicaciones, símbolos y visiones descritos en el Bardo-Thodol. Mientras que los que meten la nariz en los secretos de esta obra por mera curiosidad, verán cómo aumentan sus dudas e incertidumbres, o no harán más que añadir un nuevo trofeo a su colección de curiosidades exóticas!

El Bardo-Thodol se ha hecho célebre bajo el título de Libro de los Muertos tibetano, título muy impresionante, sobre todo por su analogía con el Libro de los Muertos egipcio. Sin embargo, como vamos a demostrar, este título de Libro de los Muertos tibetano no corresponde verdaderamente al contenido de la obra.

Nada puede inducir más a error que comparar estos dos libros. C. G. Jung, en su comentario a la traducción alemana, distingue perfectamente las dos obras cuando dice:

Sin comparación con el Libro de los Muertos egipcio, del que no se puede decir sino demasiado o demasiado poco, el Bardo-Thodol contiene una filosofía comprensiva y humana que se dirige a los hombres y no a los dioses o a hombres primitivos. Su filosofía es la quintaesencia de la psicología crítica búdica y, como tal, puede decirse que es una reflexión extrema.


En el título del Bardo-Thodol, la palabra muerte no aparece por ninguna parte. Este término desvía totalmente el sentido de la obra que reside en la idea de liberación, es decir, liberación de las ilusiones de nuestra conciencia ego céntrica que oscila perpetuamente entre nacimiento y muerte, ser y no ser, esperanza y duda, sin alcanzar el despertar, la paz del nirvana, ese estado estable, lejos de las ilusiones del samsara y de los estados intermedios.

Relacionar bardo y muertos sería un retorno a las representaciones del mundo más primitivas. La palabra bardo tiene un significado infinitamente más amplio y no concierne al concepto de la muerte más que un caso particular.

Para quien confía en la metafísica búdica, está claro que nacimiento y muerte no son los únicos fenómenos de la vida y de la muerte, sino que intervienen en nosotros de forma ininterrumpida. En cada instante, algo muere dentro de nosotros y algo nace.

Los diferentes Bardos no son sino los diferentes estados de conciencia de nuestra vida: el estado de conciencia despierta, de la conciencia de sueño, de la conciencia de agonía, de la conciencia de muerte y el estado de la conciencia de renacimiento.

Todo esto se describe claramente en los versos radicales de los Seis Bardos (Bar-do-rnam drug-rtsa-tsig), que constituyen el núcleo original de la obra. Esto demuestra que nos enfrentamos aquí con la verdad de la vida, y no sólo con una instrucción sobre la muerte, o con una misa de muertos, como podría hacernos creer la obra posteriormente degradada.

No es una guía de muertos, sino una guía de cuantos quieren traspasar la muerte, metamorfoseando su proceso en un acto de liberación. Efectivamente, al morir, pasamos por las mismas etapas que atravesamos en los estados progresivos de la meditación.

Ya decía Plutarco:

En el instante de la muerte, el alma alcanza los mismos misterios que los grandes iniciados.

Al cortar automáticamente con la envoltura corporal y con todas las voliciones e impedimentos de la conciencia superficial, la muerte nos da visiblemente una ocasión excepcional de liberarnos del dominio de nuestros instintos oscuros, y nos permite percibir la luz liberadora, aunque sólo sea un instante. El que logre permanecer atado a ese instante, y mantenerse a la altura de ese conocimiento, alcanzará esa liberación. Por el contrario, la caída de quien no pueda permanecer en ese nivel, acarreará un retorno más o menos difícil al círculo de los nacimientos.

Sólo se enfrentan a la impetuosidad de ese instante quienes se hayan preparado durante su vida. Por eso la iniciación de los grandes misterios de la antigüedad consistía en una muerte simbólica del iniciado. Padmasambhava también la utilizó, como podemos comprobar en su advertencia del último verso, en el que vemos que, en la idea de la aproximación a la muerte, no se trata de querer rehusar los intereses insignificantes del deseo de vivir, sino de consagrarnos al Dharma mientras la vida nos lo permita.

A este fin, conviene incluir la muerte en la vida cotidiana, no como un rechazo de la vida, sino como parte inseparable y necesaria de la vida. Para penetrar en esta esfera de experiencias, no se trata de hacer consideraciones morbosas -que pertenecerían a un mundo muy distinto y servirían a unos fines muy diferentes-, sino de descender al fondo del núcleo del ser en el que encontramos a la vida y a la muerte indisolublemente unidas.

Bardo Thodol: Video relatado en Castellano (45 minutos)



La Experiencia de la Muerte en las Tradiciones Míticas

Presentación Por  Eva K. Dargyay

En casi todas las culturas de la humanidad, la muerte, experiencia horrible y terrorífica, inspira la reflexión sobre el sentido de la vida, sobre las causas que llevan a tamaña prueba y la acción apremiante que la hace inevitable. Se intenta, desde el albor de la humanidad, dar un sentido al horror y captar lo incomprensible con imágenes míticas.

No conocemos ninguna cultura que no haya tratado de resolver el enigma de la muerte. Todas las culturas nos transmiten esencialmente la misma imagen (1).

Al principio, cuando el hombre era aún totalmente uno, inseparable del ser divino, no conocía la muerte. No tuvo que padecerla hasta haber caído del orden divino celestial, hasta haberse separado de él. El estado primero del hombre era paradisíaco.

Vivía en el jardín del Edén, no conocía ningún deseo, ningún odio, formaba uno con los demás seres vivos y conocía la felicidad contemplando al ser verdadero. Las más antiguas culturas ven el estado original del hombre de una forma aún más concreta: los frutos están a su disposición en abundancia, le basta con cogerlos.

Desconoce hostilidades y luchas. Pero, sin embargo, por paradisíaco que sea ese estado original del hombre, lleva en sí la marca de la inmovilidad y de la permanencia, sin ninguna creatividad, ninguna libertad. Así aparece la muerte en su sentido profundo, como una consecuencia necesaria a la ausencia de flexibilidad del estado original paradisíaco. Para poder desarrollarse, el hombre tiene que morir, como harán todos los santos, los místicos, los chamanistas y los maestros espirituales.

La muerte tiene la cabeza de Jano; mira al mismo tiempo al mundo y al más allá, pero es también el umbral en que se confunden sufrimiento y dicha, inmovilidad y movimiento.

Desde los tiempos más remotos, el tema de la muerte ha ocupado un lugar preponderante en el pensamiento humano. Nuestra época no puede evitar la cuestión de la muerte que nos asalta a diario. Cada tarde viene a golpear nuestras conciencias a través de las antenas de televisión. Nunca una época ha sentido la muerte de forma tan unidimensional como la nuestra. La muerte, en general, no es más que el final absurdo de una vida carente de sentido. La muerte no es más que el siniestro segador que nos lleva.

Cuando, en Occidente, empezamos a despojar a la muerte del significado que le daban la religión y los mitos, la profanación total de la vida humana no fue más que cuestión de décadas. No podemos ya darle un significado a la muerte, en la que no vemos más que la detención de ciertas funciones orgánicas. La muerte se ha convertido en un estado fisiológico.

Pero esta idea nos resulta tan poco satisfactoria que nos las componemos para no mirar a la muerte de frente. Encerramos a los enfermos y a los moribundos en habitaciones desnudas, llenas de aparatos, y sobre todo apartados de toda presencia humana. No queremos tener nada que ver con la muerte. No queremos meter a los muertos en ataúdes y enterrarlos. Queremos apartar a la muerte de nuestro camino y olvidarla sencillamente.

La interpretación fisiológica de la muerte, tal y como se admite hoy en Occidente, no nos permite entender esta obra que se ha hecho famosa bajo el título de “Libro tibetano de los Muertos.”

Sin embargo, empiezan a producirse algunas aperturas en Occidente que permiten alcanzar una mejor comprensión de la muerte. Querría citar aquí el libro del médico americano Moody, sobre ciertos testimonios acerca de la muerte.

Raymond A. Moody, en “Vida después de la Vida” (edit. en Madrid en 1977 por vez primera), interroga a diferentes pacientes, considerados como clínicamente muertos, al habérseles detenido el corazón durante varios minutos y no observarse corrientes cerebrales.

Este médico reúne más de 150 testimonios que sorprenden por la semejanza de las experiencias y de las percepciones: el muerto oye al médico declarar su defunción. Acompañado por ruidosos zumbidos, le parece atravesar un túnel sombrío y encontrarse entonces fuera de su cuerpo, si bien tiene la impresión de tener un cuerpo liviano, inmaterial, desde el cual puede observar cuanto ocurre en torno a su cadáver.

Seres inmateriales como él vienen a su encuentro, resplandecientes de amor y de armonía, en una deslumbrante luz sobrenatural. Vuelve a ver espontáneamente los actos de su vida; y pese a las advertencias del Amor y de la Paz que quieren retenerle, se siente impelido a reintegrarse a su cuerpo.

Cierra esta experiencia de la muerte el sentimiento de no estar aún “maduro” para el más allá.

Estos testimonios de personas muy diversas procedentes de todas las capas de la sociedad americana del siglo XX, concuerdan de forma pasmosa con el “Libro tibetano de los Muertos.” Encontramos en él cada uno de los fenómenos expuestos.

Para ilustrar el trasfondo religioso del “Libro tibetano de los Muertos”, me gustaría invitar al lector a volver la vista hacia el pensamiento de nuestros antepasados, para ver cómo entendían ellos la muerte.

La arqueología nos puede ayudarnos a conocer lo que las culturas antiguas pensaban de la muerte. Los mitos, y cada relato que a ellos hace referencia, pueden aportarnos datos, como si transmitieran una historia sucedida en cierta época. Volveremos a encontrar estos mitos, en su verdad y en sus palabras, dentro de los eternos sueños de la humanidad. Estos sueños no son “pompas de jabón”, como pretende hacernos creer un proverbio engañoso, sino que contienen la más profunda visión de nuestro ser.

No en vano el psicoanálisis se vale de los sueños para curar el alma del hombre.

Todos los mitos de la humanidad consideran a la muerte como un acontecimiento excepcional, que no forma parte de lo natural.

La muerte no es una necesidad inherente a la naturaleza. No puede comprenderse más que como una perversión, o inversión de la propia naturaleza del hombre. Así, algunos mitoscomparan la llegada de la muerte a un acto de desobediencia: el hombre se niega a obedecer un mandamiento de Dios. Casi siempre es la curiosidad la que impulsa al hombre a infringir el mandamiento.

Otros mitos ven la muerte como la consecuencia de un acto particularmente odioso, cometido por un ser demoníaco. Volvemos a encontrar tales mitos en los antiguos habitantes de Australia, de Asia Central, de Siberia y de América del Norte. Otros mitos consideran a la muerte más como un error de la creación: se abre por descuido la “caja de Pandora”, el mensajero que ha de anunciar a los hombres la inmortalidad se retrasa tanto que el segundo mensajero que ha de anunciar la muerte llega antes a los hombres.

Estos mitos se encuentran preferentemente en África.

En el “Libro tibetano de los Muertos”; el Bardo- Thodol (2), la muerte interviene en primer lugar en razón de los actos de los que es responsable el moribundo. Se llama Karma a la suma de todos esos actos. Hablaremos más adelante de estos conceptos. Por el momento, recordemos que en el Bardo-Thodol aparece la muerte en función de nuestras propias acciones. La muerte sobreviene, pues, tan sólo como consecuencia de la perversión y del desorden de los dioses, pero procede del error del individuo.

Más allá de esta primera argumentación, encontramos en el “núcleo” del Bardo-Thodol lo que enseñan los mitos; a saber, que el hombre, de hecho, está al amparo en el regazo luminoso de la divinidad, en donde participa de la verdad en sí, en función de su propia naturaleza espiritual.

El Bardo-Thodol no dice que el hombre haya caído de su paraíso original por culpa de un acto mítico de desobediencia o de estupidez; por el contrario, desarrolla todo un proceso metafísico de pensamientos; a saber, que la naturaleza espiritual de luz del hombre consiste en algo inaprehensible, silencioso y luminoso, que se eleva en el corazón de cada uno cuando se apagan todos los pensamientos, todos los deseos, todas las ataduras con cualquier clase de objetos. Es el espíritu puro. Nuestro texto le llama “desnudo”. Esta naturaleza espiritual de luz no es algo captable o presentable, no se experimenta de forma inmediata más que en lo más hondo de la meditación, tras un largo camino y un largo desarrollo espiritual.

Esta naturaleza espiritual de la luz es la propia naturaleza del ser humano. Por ella, el hombre en su esencia está unido a todos los Budas, uno con todos los seres. Se le llama naturaleza de Buda o germen de Tathagata (3).

El Paraíso, que los mitos sitúan al comienzo de la historia de la humanidad, se considera en el Bardo-Thodol como la cualidad primera del ser del hombre, como su fundamento ontológico. En los mitos, el hombre pierde el paraíso por su desobediencia y su estupidez. En nuestro texto, la naturaleza espiritual de luz se ensombrece y cae cuando el hombre, a causa de su insaciable necesidad de encuentro, se pone a errar por el mundo de los objetos y a desgarrar al ser indivisible entre el yo y el tú.

De forma que estos objetos sólo existen en la falsa representación del hombre, que, por último, se ve decepcionado en su espera puesto que esos objetos no son ni eternos, ni siquiera duraderos. He aquí la fuente de todo sufrimiento, que corresponde a la expulsión del Paraíso en los mitos.

El sufrimiento no es algo que venga del exterior y se apodere del hombre. Consiste en esa insaciabilidad del hombre que le une al mundo de los objetos, en esa espera que jamás podrá satisfacerse. En el Bardo-Thodol, el espíritu del hombre es el pivote de la reconquista del Paraíso.

En primer lugar, consideremos cómo interviene en los mitos la reconquista del Paraíso.

Sucede, exactamente, en sentido contrario a la pérdida del Paraíso; si la desobediencia ha provocado su pérdida, la obediencia permite volverlo a encontrar. La pérdida del Paraíso ha dado lugar a la separación del cielo y de la tierra, y el chamán, con ayuda de una cuerda espiritual del árbol del mundo, o con ayuda de una escalera del cielo, vuelve a subir al Paraíso, el mundo de los antepasados (4).

Evidentemente, no todos pueden regresar al mundo del paraíso, pues el camino sólo les está abierto a los maestros espirituales y a los héroes. Como los antepasados, que moraban en el Paraíso antes de la caída, se encuentran aún en él, ese lugar es el de los antepasados por excelencia. Por tanto, sólo penetra en él quien pasa por la experiencia de una transformación total, a través de la muerte o a través de los estados comparables al éxtasis y a la meditación.

Al morir, el antiguo ario de la India, gracias a los cantos védicos, asciende hacia el mundo luminoso de la luna en donde le acogen sus antepasados en la inmutabilidad eterna (5). Aquí los mitos indican hasta qué punto la hora de la muerte está cargada de significado profundo. Sólo ella puede operar la metamorfosis del hombre, sólo ella le devuelve a su paraíso original.

El Bardo-Thodol tiene en común con los mitos esa convicción de que la hora de la muerte es, de toda la vida, el instante incomparable. Nuestro texto no cree ya que la reconquista del Paraíso original sea posible gracias a cánticos rituales, sino gracias a la visión de las relaciones esenciales del mundo, gracias al desvelarse del auténtico carácter del espíritu humano.

Por último, echemos un vistazo a uno de los atributos de ese Paraíso recuperado: está lleno de luz resplandeciente, irradia, brilla, deslumbra. En el mismo instante en que la naturaleza espiritual del ser humano se ve inundada por esa luz, se convierte a su vez en esa luz. Esta concepción está muy extendida entre los gnósticos, los maniqueos; en la antigua India, en el sureste influido por ella, y en el Asia central. Así mismo, encontramos entre los taoístas algunos documentos, e incluso en América del Sur, entre las tribus indias.

Los mitos llaman a ese paraíso original “Luna” o “Sol”. A veces ese Paraíso se sitúa también del otro lado de este mundo terrestre, en una zona de luz supraterrestre.

Nos encontramos al Paraíso representado por la luz, no sólo en los mitos, sino también en los escritos místicos de diversas culturas. Nos refieren la experiencia de una luz que aparece espontáneamente. Conocemos numerosos testimonios según los cuales el rostro de algunos hombres se ilumina en ciertas ocasiones. Las máscaras de oro colocadas sobre el rostro de los cadáveres en Micenas, por ejemplo, debían representar esa luz de la cara, puesto que el muerto, al alcanzar el reino de la luz, se ha convertido en eterno resplandor de la luz.

En el Bardo-Thodol, desde las primeras páginas, encontramos esta luz, la luz fundamental (Chii eussel) (6) que es la realidad misma de la naturaleza espiritual. La naturaleza espiritual es parte integrante tanto del Buda como de la luz.

Por eso aparecen los Budas en los colores espectrales del arco iris, de forma “que no son dos”, como se dice en nuestro texto. Esta representación del espíritu de luz se encuentra ya en los textos del Palikanon, por ejemplo en Aguttara-Nikaya (7), en donde se llama “luminoso” al pensamiento.

De este modo se repite siempre que el pensamiento purificado de toda ceguera es comparable al oro puro. En los sutras del Mahayana se desarrolla más esta idea: en los Lankavatarasutras (8), todos los seres establecidos en la naturaleza del Buda se definen por la luz.

En los Prajnaparamita (9), encontramos algunos párrafos en los que el no-pensamiento es luz.

De ahí se abre directamente el camino que conduce a las representaciones que encontramos en nuestro texto; a saber, que el espíritu, cuando mora en sí mismo, ve la luz fundamental. Hablar de toda esta concepción de la luz nos llevaría aquí demasiado lejos.

Se trataba sólo de indicar que esta concepción fundamental del Bardo-Thodol no debe vincularse necesariamente con otras tradiciones espirituales externas al budismo.

El texto del “Libro tibetano de los Muertos” está, en el trasfondo, tejido con mitos hindúes, y por ello nos transmite una serie de representaciones religiosas míticas muy importantes.

Los mitos de este país tienen su paralelismo en casi todas las tradiciones culturales, de tal manera que este “Libro de los Muertos” se asienta sobre la sólida base de una visión mítica universal. Sin embargo, hay que insistir sobre el hecho de que esos mitos no son historias más o menos incomprensibles, sino la visión que el hombre tiene de sí mismo, tal y como la ha entendido a lo largo de muchos milenios.


La metáfora mítica más sorprendente del Bardo-Thodol es sin duda el “tribunal de la muerte”: Yama, el dios de la muerte, preside el tribunal por encima de los muertos. Dos genios, que son las dos partes del alma del muerto, presentan, en forma de guijarros blancos o negros, las acciones del muerto. Y para reconocer el verdadero carácter del muerto, el dios consulta un espejo.

En estas escenas de tribunal de la muerte, aparecen las experiencias humanas que habían engendrado el miedo y la angustia.

Numerosas culturas antiguas nos presentan al mundo de los dioses y de los espíritus construido en las mismas proporciones que los del mundo terrestre. En la India, el Maitrayaniyopanisad, en el “Libro de las leyes de Manu”, habla del tribunal de la muerte,

como en Occidente lo hace “la Odisea”, y, en última instancia, la literatura escatológica judeo-cristiana (10).

Esta escena del tribunal ofrece cierto parecido con el “Libro de los Muertos egipcios”, que tiene, sin embargo, una finalidad distinta (11). Si se compara esta escena del tribunal del Bardo-Thodol con las demás escenas de esta misma obra, se comprueba que no está construida sistemáticamente y que no se halla plenamente desarrollada, sino que sólo se indica brevemente, a modo de ejemplo, al igual que los criados cojos, la niebla, el alarido y los símbolos del miedo existencial del muerto. Como nos muestra Poucha en su relato, se aplican diferentes símbolos para describir el estado post mortem.

El “Libro tibetano de los Muertos” se vale de estas representaciones míticas fundamentales.

El Bardo-Thodol utiliza unas imágenes míticas del dios de la muerte como juez, o las visiones de los estados infernales, por ejemplo, para ayudar al hombre a acercarse lo más posible a su realidad: reconoce todas tus percepciones, que crees ser objetos reales, como apariciones de tu propia realidad espiritual.

Los hombres a los que se dirigía en un principio el Bardo-Thodol pensaban y vivían según esas imágenes míticas, aplicadas en esa enseñanza a la que recurre el hombre como a su verdad misma, en el momento de morir. Debemos guardarnos de creer que el Libro de los Muertos sea un mito por el hecho de que contenga imágenes y representaciones míticas.

Pero ¿qué puede ser entonces el “Libro de los Muertos”?

Antes de tratar de responder a esta pregunta, me gustaría despejar otra “raíz” que da al “Libro tibetano de los Muertos” la dimensión de sus ideas filosóficas y religiosas.

La Rueda de la Vida


El Bardo-Thodol y su Mundo Espiritual

El Concepto de Existencia en el Budismo

En los Pali-sutras están recogidas las conversaciones (12) en que el Buda Sakyamuni, que fue en nuestro mundo el Buda, pregunta a sus discípulos cómo se creó el mundo vivo que es el campo de experiencia de los sentidos del ser humano.

El mundo de los sentidos se divide entonces en cinco constituyentes o agregados (13):

Forma,

Sensación,

Percepción-Concepción,

Impulsiones,

Conciencia.

Pregunta entonces el Buda a sus monjes:

¿Qué pensáis, monjes, la forma es eterna o perecedera?

Perecedera, ¡oh Señor!

¿Qué es entonces lo perecedero, el sufrimiento o la alegría?

El sufrimiento, ¡oh Señor!

Lo que es entonces perecedero, lleno de sufrimiento y sometido a transformación, ¿Puede deducirse que es propio de mí, de mi propio ser?

¡No, Señor!

Estas preguntas y respuestas se aplican igualmente a los otros cuatro agregados, según sus características. Así se describe el conjunto de la experiencia sensorial como perecedero, y de esta forma no alcanza ninguna realidad sustancial independiente o imperecedera.

Los filósofos budistas han tratado de captar siempre con mayor intensidad el fenómeno de esa impermanencia general.

Han llegado al fin a la concepción de que no sólo los objetos tienen todos visiblemente un final, sino que no subsisten ni un instante en su identidad. La imagen del objeto que nos aparece, y que no subsiste más que unos días o unos años, se presenta como una película: en unidades de tiempo ínfimas, el objeto transforma su existencia fugitiva. A velocidad vertiginosa, impensable, en que a una fase de existencia sucede otra, interviene en cada momento una ligera transformación visible. Esta enseñanza se transmitió principalmente en la escuela de los Savastivadins, que se desarrolló, en todo el norte de la India, en los primeros siglos de nuestra era (14).

Si la existencia de cada objeto se disuelve así en una sucesión de innumerables fases, cabe preguntarse lo que le ocurre al muerto cuya impermanencia es evidente para todos. Como todos los sistemas de pensamiento, en número apabullante en la India, el budismo admite desde siempre que la vida no se limita a un nacimiento.

Los deseos engendrados por las distintas acciones tienden a una descarga, como partículas de energía; es decir, a una nueva objetivación, a una materialización, al renacimiento, por lo que la existencia humana es como una concatenación de fases que llevan de la muerte a un nuevo nacimiento. Este fue el tema del Abhidharmakosa (15), la famosa obra de Vasabandhu (siglos IV-V d. de C.).

Se dice en el tercer capítulo: Si se describen los agregados solamente con sus nombres, es que no se niega su existencia. Pero ¿hay que aceptar entonces que los agregados pasan de este mundo al otro?

Los agregados desaparecen en cada instante. Por eso mismo no son capaces de moverse.

“Sin embargo, llegan a la matriz a través de la corriente de los estados intermedios (16), influidos por el peso de los actos pasados.

Al igual que para la luz, aunque desaparezca en cada instante, la corriente es ese instante capaz de ir a otro lugar. Los agregados se comportan de igual manera. Por eso no se puede hablar de migración. Está, pues, demostrado, aunque no exista el sí, que la corriente de agregados, bajo la influencia de las acciones realizadas a ciegas, vuelve a entrar en la matriz (17).”

Esto no es más que una breve cita de toda la argumentación que se prolonga a lo largo de muchas páginas. Vasubandhu trata de demostrar la afirmación de la existencia de un estado intermedio con citas de los sutras. En diversas ocasiones, los sutras hablan de un Arhat que, después de la muerte, pasa del último estado intermedio al nirvana (18).

Vasubandhu y las escuelas filosóficas búdicas, nacidas de su argumentación, ven en esto la afirmación de un estado intermedio del que se benefician en principio todos los seres vivos después de su muerte. Ha existido igualmente toda una serie de escuelas que se han negado a establecer semejante conclusión partiendo de los párrafos de esos sutras en cuestión. Son, por ejemplo, los Theravadin, los Mahasamghikas, los Lokottaravadin, por citar sólo a los más famosos.

El concepto de estado intermedio aparece igualmente en otros textos dedicados al Mahayana, por ejemplo en el Bodhisattvabhumi (19), compuesto poco antes del Abhidharmakosa. Se dice muy claramente: “Los muertos entran en el estado intermedio.” En la obra Vijnaptimatratasiddhi (20), el estado intermedio es un dato de la realidad. Sólo se discute en él el paso de los agregados del estado de existencia al estado intermedio, particularmente en el caso de un nuevo nacimiento.

El budismo considera, pues, la existencia humana como la liberación de una serie ininterrumpida de breves fases inapreciables y sometidas a los cinco agregados de la existencia. Estos cinco agregados componen el conjunto de la naturaleza corporal y espiritual de cada existencia individual. Pero de ninguna manera hay que considerar a esos constituyentes o agregados como objetos captables.

Son más bien unas categorías que permiten al pensamiento captar mejor las fases de la existencia. Y como esas categorías quedan liberadas con la muerte de su dependencia recíproca, se podría cometer el error de creer que se interrumpen en su duración. Pero en realidad sólo se interrumpen las fases del agregado de la forma, al menos en el caso de la materia grosera. Al instante sobrevienen unas fases más sutiles que pertenecen igualmente al agregado de forma.

El Bardo-Thodol habla de la forma de un cántaro o de un cuerpo espiritual (21) que posee el muerto. Y puesto que los otros cuatro agregados de sensación, percepción-concepción, impulsiones y conciencia pertenecen todos ellos al mundo espiritual, su continuidad después de la muerte, en la fase intermedia, no plantea ningún problema.

La existencia individual, ya esté viva, muerta en el estado intermedio, o renacida, se halla constituida precisamente por las fases de esos cinco agregados.

La concepción de un yo eterno como núcleo invariable de la personalidad no tiene cabida en esta representación de la existencia humana. No es éste el momento de explicar la enseñanza de la vacuidad. Se trataba sencillamente de precisar que esta afirmación del “Libro tibetano de los Muertos” se basa en el principio esencial de la filosofía búdica.

Continuará


Notas del Prefacio

(1) Se me encargó esta revisión cuando, al morir el lama Dawa Samdups, el doctor Evans-Wentz me llamó como consejero tibetano. La nueva edición del “Libro tibetano de los Muertos”, revisada y corregida por mí, apareció hace unos años en Olten, editada por Walter.

(2) Lha, en tibetano, no puede nunca sustituirse por el concepto de dios. La apelación de “dios” es grotesca para los Budas e induce a error.

Los dioses también pertenecen al ciclo de las existencias, mientras que sólo un Buda alcanza la liberación perfecta. He aquí los diferentes significados de la palabra Lha según el contexto:

1º Habitante de un grado de existencia más elevado que el de los hombres. Corresponde al Devas de la religión hindú y a las jerarquías celestes de los ángeles en la religión cristiana;

2º Espíritu vinculado a la tierra; demonios y genios de ciertos lugares y de ciertos elementos;

3º Formas de aparición de las realizaciones espirituales como los Dhyani Budas y los Boddhisattvas.

(3) Ver: Enseignements Bouddhiques tibétains, por Kalou RIMPOCHE, Ediciones Kagyu-Dzong, 1975, pág. 65. (N. del T.)

“Dharmakaya, literalmente el cuerpo del Dharma; es decir, el cuerpo informal y omnipresente de los Budas. Abarca y penetra todo, carece de cualquier característica limitativa, de toda determinación, trasciende a todas las categorías que emanan del espíritu. Se puede decir que es el cuerpo de la vacuidad.”

(4) Idem., p. 72 (N. del T.) “Sambhogakaya, cuerpo de gozo de los Budas, asi llamado porque goza de todo, los atributos y de todas las cualidades formales e informales.”

(5) H. KERN, “Manuel de bouddhisme hindou”, en Grundriss der indoarischen Philologie und Altertumskunde, Estrasburgo, 1896.

(6) En sánscrito, Triratna = Tres Joyas. (N. del T.) En tibetano, Keunchosoum = Tres Rayos y Sublimes. (N. del T.)



Notas de la Presentación

– La Experiencia de la Muerte en las Tradiciones Míticas

– El Bardo-Thodol y su Mundo Espiritual

(1) Mircea Eliade, Mythologies de la mort, en: Occultism, Witchcraft and Cultural Fashions. Chicago, 1976, p. 32.

(2) Tib Bar-do thos-grol.

(3) VgI. D. S. Ruegg, La Théorie du Tathagaragarbha et du Gorra. Paris, 1969, pp.245-393.

(4) E. G. Parrinder, God in African Myrhology, en: Myths and Symbols, Studies in Honor of Mircea Eliade, ed. J. M. Kitagawa y Ch. H. Long, Chicago, 2ª ed., 1971, página 117.

(5) H. von Glasenapp, Der Hinduismus. Münich, 1922, p. 49; Heinrich Zimmer, Attindisches Leben. Hildesheim, 1973 (Repr.), p. 410.

(6) Tib. gzhi’i od-gsal.

(7) Anguttara-nikaya, I,6.

(8) The Lakavatara-Sutra, traducción de Daisetz Teitaro Suzuki. Londres, 1966 (Repr.), p. 68 ss.

(9) E. Conze, Prajnaparamita-Literature. La Haya, 1960, p. 9 ss. Ver, así mismo, las numerosas indicaciones de D. S. Ruegg, en: La Théorie du Tathagatagarbha et du Gorra, Paris,1969, p. 411 ss.; ver, así mismo, la nota 3.

(10) Vgl. P. Poucha, Le livre des Morrs tibétain dans le cadre de la littérature eschatologique, en: Archiv Orientalni, 1952, p. 144 ss.

(11) E. A. Wallis Budge, The Book of the Dead, 2 vol., Londres, 1913.

(12) Z. B. Majhima-Nikaya, núms. 28 y 109; y Samyutta-Nikaya, 22.

(13) Sánscrito, “skandha”; tibetano, “phung-po”.

(14) E. Frauwallner, Die Philosophie des Buddhismus. Berlín, 3ª ed., 1969, p. 64 ss.

(15) Traducción de La Vallée Poussin, L ‘Abhidharmakósa de Vasubandhu. Mélanges chinois et bouddhiques. Vol. XVI, Bruselas, 1971.

(16) Sánscríto, “antarabhava”; tibetano «bar-do».

(17) Ver E. Frauwallner, op. cit., p. 78.

(18) Samyutta-Nikaya, 37-20. Digha-Nikaya, III, 237.

(19) Editado por Nalinaksha Dutt, Bodhisattvabhumi. Patna, 1966, p. 269.

(20) La Siddhi de Hinan-tsang. Trad. y anotado por L. de La Vallée Poussin. París, 1928, tomo I, pp. 191, 200, 358, 401.

(21) Tibetano, “sgyu-lus, yi-lus”.


Padmasambhava

Escultura de bronce, 24 cms de alto.

1600 – 1699 (17th Century), Linea Nyingma

© Collection of Museum der Kulturen, Basel



Las Doctrinas de los Santos “Lha”

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Escrito de H.P.B.


I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet


“Las formas bajo las cuales cualquier ser humano puede renacer son séxtuplas. La clase más elevada son los Lha, “espíritus, seres superiores, dioses”; se colocan después de los Budas y habitan en las seis regiones celestiales. Dos de estas pertenecen a la tierra; mientras las otras cuatro, consideradas como mansiones superiores, yacen en la atmósfera, mucho más allá de ella.”

“Como consecuencia de un deceso prematuro, el “Bardo” es prolongado. Este es el estado intermedio entre la muerte y el nuevo renacimiento, que no es inmediato; pero existe un intervalo que es más breve para el bueno que para el malo.”

(“Budismo en Tíbet”, Emil Schlagintwet)



Las siguientes notas se han compilado o, mejor dicho, traducido, lo más fielmente posible y considerando las dificultades idiomáticas, de cartas y manuscritos tibetanos que recibimos como respuestas referentes a las ideas erróneas occidentales acerca del Budismo del Norte o Lamaísmo. La información procede de un Gelung del Templo Interno, un discípulo de Bas-pa Dharma, la Doctrina Secreta.

Mi reverendo, Ngag-pa, me ordena que conteste a las preguntas de los Hermanos residentes en Gya-P-heling, la India Británica, los cuales han llamado, respetuosamente, la atención de mi maestro, acerca de ciertas declaraciones incorrectas y extraviantes sobre la presunta aplicación de la Buena Doctrina de nuestro bendito Phag-pa-Sang-gyas, el Buda más sagrado, en Bhod-Yul, la tierra de Tíbet. Las respuestas englobaran lo que nuestras reglas me permiten exponer abiertamente sobre un tema tan sagrado. No puedo hacer más que esto; ya que, será casi inútil tratar de erradicar dichas ideas erróneas hasta el día de hoy en que nuestro Pban-chhen-rin-po-chhe renacerá en las tierras de Phelings, los extranjeros y, apareciendo como el gran Chom-den-da, el conquistador, destruirá, con su mano poderosa, los errores y la ignorancia de la era.”

Una profecía de Tosng-ka-pa es vigente en el Tíbet y según la cual: la verdadera doctrina se mantendrá en su pureza sólo hasta que el Tíbet no esté sujeto a las incursiones de las naciones occidentales, cuyas ideas rudimentarias de la verdad fundamental, tendrán un inevitable efecto enceguecedor sobre los seguidores de la Buena Ley. Cuando el mundo occidental sea más filosóficamente maduro, Pban-chhen-rin-po-chhe, la Gran Joya de la Sabiduría, uno de los Lamas Teshu, se reencarnará y el esplendor de la verdad iluminará al mundo entero. Aquí se encuentra la verdadera clave del exclusivismo tibetano.

Nuestro corresponsal continúa:

“De entre las numerosas concepciones erróneas sometidas a la consideración de nuestro maestro, tengo su permiso de tratar las siguientes, primero: el error muy común entre los Ro-lang-pa, espiritistas, que los seguidores de la Buena Doctrina se relacionan y reverencian los fantasmas Ro-lang o las apariciones de los muertos. En segundo lugar: que los Bhanté, Hermanos, o “Lha”, comúnmente llamados, son espíritus desencarnados o dioses.”

El primer error se encuentra en: “Buda y el Budismo Antiguo”; ya que esta obra ha dado origen a la noción inexacta, según la cual el espiritismo fue la verdadera raíz del budismo.

El segundo error esta en: “Un Resumen Sucinto del Gran Caos de las Leyes Tibetanas”, por el monje capuchino Della Penna y los relatos de sus compañeros, cuyas absurdas calumnias, sobre la religión y las leyes tibetanas, escritas en el siglo pasado, han sido recientemente publicadas en el libro: “Tíbet”, de Markham.

“Comenzaré con el primer error.

Los budistas del sur y del norte, de Ceilán, Tíbet, Japón o China, no aceptan las ideas occidentales referentes a las capacidades y calificaciones de las “almas desnudas.”

“Ya que nosotros execramos, de manera absoluta y perentoria, toda relación entablada sin conocimiento con los Ro-lang.

¿Quiénes son los que retornan? ¿Qué clase de criaturas son las que pueden comunicarse a voluntad, de forma objetiva o mediante una manifestación física?

Son almas impuras y burdamente pecaminosas, “a-tsa-ras”; los suicidas y los que, debido a cualquier accidente, han experimentado muertes prematuras y, por ende, permanecen en la atmósfera terrenal hasta que su ciclo natural de vida termine.

Ninguna persona cuerda, ya sea un Lama o un Chhipa, un no budista, estará dispuesto a defender la práctica de la nigromancia que, por instinto natural, ha sido condenada en todos los grandes Dharmas, leyes o religiones; ya que el relacionarse con estas almas vinculadas a la tierra y el uso de sus poderes es simplemente nigromancia.

“Ahora bien: los seres incluidos en la segunda y tercera clase, los suicidas y las victimas de accidentes, no han completado su ciclo de vida y, por ende, aunque no sean necesariamente malos, están apegados a la tierra. El alma que ha sido lanzada fuera del cuerpo prematuramente, se encuentra en un estado no natural. El impulso original bajo el cual el ser se ha desarrollado y fue arrojado a la vida terrenal no se ha extinguido, el ciclo necesario no ha completado su curso; sin embargo debe cumplirse.

“Estos seres desdichados, victimas voluntarias o involuntarias, aunque estén vinculados a la tierra, podríamos decir que están suspendidos en la atracción magnética terrenal, diferenciándose, entonces, de las almas groseramente pecaminosas, las cuales sienten atracción hacia los vivos, porque su vitalidad nutre el hambre salvaje que tienen por ella.

Los suicidas o las victimas de accidentes se encuentran, generalmente, en una condición de aturdimiento y estupefacción y su único y ciego impulso es el de entrar en el remolino del renacimiento lo más pronto posible. Su estado es el que llamamos un Bar-do falso, período entre dos encarnaciones. Este intervalo será largo o breve, según el karma del individuo que esta afectado por su edad y los méritos en el último nacimiento.

“Nada puede atraerlos voluntariamente hacia los vivos, excepto una atracción irresistiblemente intensa, como el amor sagrado por un ser querido que está en gran peligro. Sin embargo: pueden ser forzados, en nuestra presencia, mediante el poder mesmérico de un Ba-po, un nigromante, término usado atinadamente; ya que el hechizo necromántico es Dzu-tul o la que podemos llamar una atracción mesmérica. Sin embargo, los que se atienen a la Buena Doctrina condenan, sin reservas, esta evocación; ya que el alma evocada tendrá que sufrir mucho, aunque no sea ella misma, sino su imagen la que ha sido desgarrada y expoliada de si misma, para convertirse en una aparición. “Jang-khog”, el alma animal, debido a su prematura separación violenta del cuerpo, abunda aún de partículas materiales; ya que todavía no se ha dado una disgregación natural de las moléculas más groseras de las más sutiles; así, podríamos casi decir que el nigromante, induciendo esta separación artificialmente, hace sufrir al alma como si a nosotros nos despellejaran vivos.

“Así, evocar a las de la primera clase, las almas groseramente pecaminosas, es peligroso para los vivos; obligar la aparición de la segunda y tercera clase es extremadamente cruel para los muertos.


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Instrucciones Esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa (2)

a) Tibetano: Chos drug gi man ngag
Sánscrito: Saddharmopadesha

Autor: Tilopa (988-1069) Tengyur Vol. 53, 2330.

b) Tibetano: bKaā yang dag paāi tshad ma zhes bya ba mkhaā Īgro maāi man ngag
Sánscrito: Ajnasamyak-pramana-nama-dakinyupadesha

Tengyur Vol. 53, 2331.


“En el caso de quien murió naturalmente, existen condiciones muy distintas. El alma casi trasciende el alcance del nigromante y si es muy pura, lo trasciende completamente; por lo tanto está más allá del círculo de los que la evocan o los espiritistas; quienes, inconscientemente, practican un verdadero Sang-nyag del nigromante o conjuro magnético.

Según el karma del nacimiento previo, el intervalo en estado latente, generalmente transcurrido en una condición de estupor, durará algunos minutos o hasta un promedio de algunas semanas y, quizá, meses. Durante ese tiempo, el “jang-khog”, el alma animal, se prepara, en reposo solemne, a trasladarse a una esfera superior, si ha alcanzado su séptima evolución humana local o a un renacimiento más elevado, si aun no ha recorrido la última ronda local.

“Entonces: no tiene ni la voluntad ni el poder, en ese momento, de transmitir algún pensamiento a los vivos. Después de que su estado latente termina y el nuevo ser entra en conciencia plena a la región bendita del Devachan, momento en que todas las neblinas terrenales se disipan y las escenas y relaciones de la vida pasada aparecen claramente delante de su vida espiritual, puede elevar hasta si los espíritus de los vivos que amó y que reciprocaron su amor en la tierra, reuniéndose. Esto acontece, ocasionalmente, mediante la atracción del amor y, cuando los espíritus de los vivos retornan a su condición normal, se imaginan que el alma del ser querido descendió a ellos.

“Así: discrepamos, radicalmente, de los Ro-lang-pa, espiritistas occidentales, en lo que concierne a lo que ven o eso con lo cual se comunican en sus círculos y mediante su nigromancia inconsciente. Nosotros decimos que: eso que ven son simplemente las escorias físicas o los restos sin espíritu del ser fallecido; eso que ha sido arrojado, descartado y abandonado cuando sus partículas más finas han penetrado el gran Más Allá.

“En estos restos permanecen algunos fragmentos de memoria y de intelecto. Es cierto que en un tiempo eran parte del individuo y así no son muy interesantes; pero no es el verdadero ser. Están formados por materia, a pesar de lo etéreo que sea, entonces deben, a la larga, ser arrastrados en vórtices donde existen las condiciones para su desintegración atómica.

“Los otros principios se deslizan del cadáver, juntos. Algunas horas después, el segundo principio, el de la vida, ha llegado su completa extinción, separándose, entonces, de las vestiduras humanas y etéreas.

El tercer principio, el doble vital, se disipa cuando las últimas partículas se han desintegrado. Ahora se quedan el cuarto, el quinto, el sexto y el séptimo principio: el cuerpo de la voluntad; el alma humana; el alma espiritual y el espíritu puro que es un aspecto del Eterno. Los últimos dos, unidos o separados del yo personal, forman la individualidad eterna y son imperecederos. El resto, el ser astral y lo que sobrevivió en él de la voluntad, antes de la disolución del cuerpo físico, entra en el estado de gestación.

“Por lo tanto, para que, en dicho estado, se actúe conscientemente, se necesitan las cualidades de un adepto o un amor intenso, imperecedero, ardiente y santo, por un ser que el fallecido dejó en la tierra. De otra manera, el ego astral se convierte en un “bhuta”, “ro-lang” en tibetano o sigue sus ulteriores transmigraciones en esferas más elevadas.

“En el primer caso, el Lha u “hombre-espíritu”, puede quedarse entre los vivos durante un lapso indefinido, según su voluntad. En el segundo caso, el llamado “espíritu” se demorara, posponiendo su traslación final por un breve período; ya que el cuerpo de deseo mantiene cierta cohesión, proporcional a la intensidad del amor que el alma sintió por sus seres queridos y al no estar dispuesta a separarse de ellos.

“Tan pronto como la voluntad se relaja, el cuerpo de deseo se disipa y el yo espiritual, perdiendo temporalmente su personalidad y todo recuerdo de ella, asciende a regiones más elevadas.

Esta es la enseñanza: solo los electos, los “Realizados”, los “Byang-tsiub” o los “Bodhisatwas”, pueden iluminar a los mortales y, habiendo penetrado en el gran secreto de la vida y de la muerte, pueden prolongar, voluntariamente, su estancia en la tierra después del “fallecimiento”. Si traducimos lo anterior en lenguaje ordinario, diremos que tal custodia implica “renacer una y otra vez” para el beneficio de la humanidad.”

Los espiritistas se acercarían más a la verdad si, en lugar de otorgar el poder de “controlar” y “guiar” a los vivos, a todo fantasma que dice llamarse “Juan” o “Pedro”, limitaran la facultad de impulsar e inspirar a unos pocos electos seres humanos puros, sólo a estos Bodhisatwas o iniciados santos, no importando que hayan nacidos budistas o cristianos, brahmanes o musulmanes y, en casos excepcionales, a personajes sagrados y santos, cuyo motivo es cumplir una misión verdaderamente benéfica, después de haber fallecido.

Atribuir, como lo hacen los espiritistas, este privilegio sagrado a todo “elementario” y “elemental”, que se disfraza con plumas prestadas, armando una aparición sólo para decir: “¿Cómo está señor Sánchez?” y para beber té y comer galletas, es un sacrilegio y una triste visión para quien tiene algún sentimiento intuitivo acerca del misterio muy sagrado de la traslación física, por no mencionar la enseñanza de los adeptos.


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Sutra del paso de Una Existencia a Otra. (3a)

Tibetano: ÎPhags pa srid pa Îpho ba zhes bya baâi mdo
Sánscrito: Bhavasamkranti-Sutra

Kangyur Vol.
35, Nº 892. Edición de Lasha 227 Tsa 284a5-287a2.


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Sutra de la Muerte y de la Transmigración de las Almas. (3b)

Tibetano: Tshe 316 pho ba ji ltar 316 gyur ba zhus pa342 i mdo
Sánscrito: Ayupatti-yathakara-paripriccha-s
Kangyur vol 39,
974. Edición de Lhasa 311 La 223b7-237b3.



“Enseguida Della Penna escribe:
“Estos chan-chüb, discípulos del santo principal, aun no se han convertido en santos; pero poseen, en grado más elevado, cinco virtudes:

(1) la caridad temporal y espiritual; (2) la observancia perfecta de la ley; (3) una gran paciencia; (4) una gran diligencia para trabajar hacia la perfección y (5) la contemplación más sublime.”

¡Nos gustaría saber cómo podrían tener todas estas cualidades; especialmente la última, el trance, si estaban físicamente muertos!

“Estos chang-chub han terminado su curso y no deben seguir transmigrando, pasando de un cuerpo de un Lama a otro. Sin embargo, el Lama (es decir, el Dalai Lama), está siempre imbuido por el alma del mismo chang-chub, aunque pueda encontrarse en otros cuerpos para el beneficio de los vivos, a fin de enseñarles la Ley; objetivo por el cual no desean convertirse en santos, porque entonces, no podrían instruir a los seres vivientes. Como la compasión y la misericordia es lo que los inspiran, desean permanecer chang-chüb para enseñar la Ley a los vivos, para que terminen, rápidamente, su curso laborioso de transmigraciones. Además, si estos chang-chüb lo desean, están libres de transmigrar en este mundo y en otros, siempre con el mismo objetivo.

“El sentido interior de esta descripción tan confusa, sugiere dos hechos, primero: los budistas tibetanos, es decir, las clases cultas, no creen en el retorno de los espíritus de los difuntos y, a menos que un alma, en su estancia terrena, se haya purificado a tal grado de crear, por si misma, un estado de Bodhisat, el nivel más elevado de perfección después de Buda, ni los santos, en el sentido ordinario del término, pueden instruir o controlar a los vivos después de la muerte.

Segundo: como rechazan las teorías de la creación, de Dios y del alma-en su sentido cristiano y espiritista- y de una vida futura para la personalidad del fallecido, así atribuyen al ser humano una tal potencialidad de voluntad, que depende de él convertirse en un Bodhisatwa y adquirir el poder de regular sus existencias futuras; ya sea en una forma física o semi-material.

“Los Lamaístas creen en la indestructibilidad de la materia, como elemento. Rechazan la inmortalidad y hasta la sobrevivencia del yo personal; ya que enseñan que puede sobrevivir sólo el yo individual: el agregado colectivo de los numerosos yoes personales que este Uno representó durante las largas series de varias existencias. Este último puede, aun, hacerse eterno; si bien, entre ellos, el término eterno implica sólo el período de un gran ciclo. Por lo tanto, eterno en su individualidad integral, hecho factible sólo llegando a ser un Dhyan Chohan, un “Buda celestial” o lo que un cabalista cristiano podría llamar un “espíritu planetario” o uno de los Elohim.

Una parte del “todo consciente”, compuesta por el agregado de inteligencias en su colectividad universal; mientras el Nirvana es el “todo inconsciente.” Aquél que se convierte en un Tong-pa-nyi, aquél que ha alcanzado el estado de libertad absoluta de algún deseo de vivir personalmente, la condición de santo mas elevada, existe en la no existencia y ya no puede beneficiar a los mortales.

El se encuentra en “Nipang”, ya que ha alcanzado el término de “Thar-lam”, el sendero de la liberación o salvación de las transmigraciones. No puede encarnarse voluntariamente (Tul-pa), ya sea temporalmente o toda una vida, en el cuerpo de un ser humano vivo; ya que él es un “Dang-ma”, un alma absolutamente purificada. Entonces, ha trascendido el peligro de “Dal-jor”, el renacimiento humano, porque ha cruzado las siete formas de existencias sujetas a la transmigración, de las cuales, sólo seis se divulgan al no iniciado.

“El observa con indiferencia toda esfera de transmigración ascendente, durante todo el período de tiempo que cubre los lapsos más breves de la existencia personal”, dice “El Libro de Khiu-ti.”

“Sin embargo, ‘como se necesita más valor para aceptar el ser que el no-ser; la vida que la muerte,’ entre los Bodhisatwas y los Lha, hay aquellos que, ‘tan raros como la flor de udambara’, renuncian, voluntariamente, a la beatitud resultante de la libertad perfecta y permanecen en sus yoes personales, en formas visibles o invisibles a la vista mortal, para enseñar y ayudar a sus hermanos más débiles.

“Algunos de ellos prolongan su vida terrenal; aunque a ningún nivel sobrenatural. Otros llegan a ser “Dhyan Choans”, una clase de espíritus planetarios o devas, quienes se convierten, por asi decirlo, en ángeles de la guarda de la humanidad, siendo la única clase, de la jerarquía septenaria de espíritus en nuestro sistema, que preserva su personalidad. Estos Lha sagrados, en lugar de cosechar los frutos de sus acciones, se sacrifican en el mundo invisible como lo hizo el señor Sang-gya, Buda, en esta tierra, permaneciendo en Devachan, el mundo de la beatitud más cerca de la tierra.”


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Representación de Buda (4)
Cachemira, India (Siglo IX d.C.)
Aleación de cobre con plata, con una altura de 26 cm.

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Continuará…


Notas de las Fotografías:


(1).- Buda Shakyamuni
(Imagen © de Gregory y Maricel Hillis)

El histórico Buda Shakyamuni se muestra aquí en su más popular forma iconográfica. El esta sentado en la “postura loto” (padmasana) con su mano derecha en “la tierra con gesto conmovedor” (bhumi-sparsha-mudra, sa la reg paâi phyag rgya) significando su logro del nirvana, y su mano izquierda, en el gesto de meditación (dhyana-mudra, bsam gtan gyi phyag rgya), sosteniendo un cuenco en su regazo. Él está llevando un vestido monacal como el de los primeros miembros de la comunidad budista, y su cuerpo dorado se presenta en silueta por el azul oscuro (ligeramente lineado con los delgados rayos de oro) y los halos verdes.

El paisaje circundante refleja una influencia china, y pintado al estilo tibetano Oriental.
Esta es la forma del Buda que, se dice, ha proferido Sutras y Tantras, que normalmente es llamada “la Palabra de El Buda” (buddha-vachana).


(2).- Instrucciones Esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa

El trabajo titulado Instrucciones esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa, que se compone en realidad de dos textos más pequeños, se incluye en la sección del Tántrico tibetano Ten-gyur o ” Tratado Traducidos”

Se centra en las prácticas de yoga reunida por el gran indio Tilopa (988-1069) de los maestros espirituales de varios linajes de la enseñanza tántrica.

Estas series de enseñanzas yoga, que más tarde Tilopa transmitió a su discípulo, Naropa (c.956-1040), se convirtió en la principal fuente de las llamadas “Seis Doctrinas (o Yogas), de Naropa” (Naro Chö-druk, na Ro Chos drug)

Las Seis Doctrinas se componen de los yogas: Calor místico (tum-mo, gtum mo), La radiante luz clara (ö-sel, Īod gsal), El cuerpo ilusorio (lu-gyu, sgyu lus), El estado onírico (mi-lam, Rmi lam), El estado intermedio (bardo), y Transferencia de la conciencia.

De estas seis técnicas avanzadas, sólo tres están directamente relacionadas con las prácticas yóguicas que rodean la muerte y los moribundos, a saber, Radiante luz clara, Estado intermedio, y Transferencia de la conciencia. (Vamos a hablar de estos temas con más detalle en un próximo artículo).


(3a).- Sutra del paso de Una Existencia a Otra.
(3b).- Sutra de la Muerte y de la Transmigración de las Almas.

El sánscrito original de los textos Sutra sobre la entrada o paso de Una Existencia a Otra y en el Sutra de muerte y la transmigración de las almas ya no son vigentes y sólo se conocen a través de sus versiones tibetano.
Ambos Sutras tratan principalmente de dos temas, el karma y su relación con el renacimiento.



(4).- Representación de Buda

Imagen: © Nyingjei Lam © Nyingjei imágenes Lam
Fuente: http://www.asianart.com

Esta muy lograda imagen representa al Buda en el gesto de la enseñanza religiosa (dharmacakra pravartana mudra).

El Buda se muestra de acuerdo con las normas de la iconografía establecidas de seres iluminados, con los dedos palmeados, los lóbulos largos, una marca entre sus frentes (urna), una protuberancia craneal (usnisa) y un tocado que hace pensar en el pelo que esta dispuesto con firmes rizos.

La imagen se presenta con exquisita sutileza, expresando una presencia luminosa, con un enfoque interior poderoso.


Traducción libre del inglés by Horus




Glosario de Términos usados:

Buddhismo (Budhismo o budismo) (Véase Buddha).- [Es la filosofía religiosa enseñada por Gautama Buddha.] El Buddhismo está actualmente dividido en dos Iglesias distintas: la del Sur y la del Norte. Dícese que la primera es la forma más pura, por haber conservado más religiosamente las doctrinas originales del Señor Buddha.

Es la religión de Ceilán, Siam, Birmania y otros países, mientras que el Buddhismo del Norte se halla limitado al Tíbet, China y Nepal. Tal distinción, sin embargo, es incorrecta. Si la Iglesia del Sur, en aquello que no se ha apartado (excepto quizás en algunos dogmas insignificantes debidos a los numerosos concilios celebrados después de la muerte del Maestro), está más cerca de las enseñanzas públicas o exotéricas de Zâkyamuni, la Iglesia del Norte es resultado de las doctrinas esotéricas que Siddhârta Buddha reservó únicamente para sus bhikchus y arhats escogidos. En verdad, el Buddhismo en nuestros tiempos no puede juzgarse debidamente por ninguna de sus dos formas populares exotéricas.

El verdadero Buddhismo sólo puede apreciarse combinando la filosofía de la Iglesia del Sur con la metafísica de las Escuelas del Norte. Si la una parece sobrado iconoclasta y rígida, y la otra harto metafísica y trascendental, hasta haberse desarrollado con exceso gracias a los hierbajos del exoterismo indo (puesto que muchos de los dioses de su Panteón han sido transplantados con nuevos nombres al suelo tibetano), todo ello es debido enteramente a la expresión popular del Buddhismo en ambas iglesias.

Hállanse éstas mutuamente en las mismas relaciones que el Protestantismo y el Catolicismo romano. Una y otra yerran por un exceso de celo y por erróneas interpretaciones, si bien ni el clero budista del Sur ni el del Norte se han apartado jamás de la verdad a sabiendas, y mucho menos han obrado bajo los dictados de la ambición clerical o puesto los ojos en el poder y lucro personales, como lo han hecho las dos Iglesias cristianas.

[El Buddhismo, tal como existe en su forma septentrional, está enteramente de acuerdo con las religiones más antiguas, pero en su forma meridional parece haber abandonado la idea de la Trinidad lógica como de la Existencia Una, de la cual esta Trinidad procede.

El Logos en su triple manifestación es como sigue:
Primer Logos, Amitâbha, la Luz infinita;
El segundo, Avalokitezvara o Padmapâni (Chenresi);
El tercero, Mandjusri, que “representa la Sabiduría creadora y corresponde a Brahmâ”. (Eitel, Diccionario Sánscrito-Chino).

El Buddhismo chino parece no contener la idea de una Existencia primordial, fuera del Logos; pero el Buddhismo de Nepal postula a Âdi-Buddha, de quien procede Amitâbha. Según Eitel, Padmapâni representa la Providencia compasiva y corresponde en parte a Ziva, pero como aspecto de la Trinidad búdica que emite encarnaciones, parece más bien representar la misma idea que Vichnú, con el cual está relacionado por llevar el Loto (fuego y agua, o Espíritu y Materia como primordiales constituyentes del universo).- A. Besant, Sabiduría Antigua.]

Bodhisattva (Sánscrito).- Literalmente: “Aquel cuya esencia (sattva) se ha vuelto inteligencia (bodhi)”, aquel a quien falta sólo una encarnación más para llegar a ser Buddha perfecto, esto es, para tener derecho al Nirvâna. Este, como aplicado a los Buddhas Manuchi (terrestres).

En sentido metafísico, Bodhisattva es un título que se da a los hijos de Dhyâni Buddhas celestes. [El que posee el don o cualidad de Bodhi (sabiduría suprema e iluminación). En el orden jerárquico, el Bodhisattva es inferior al “Buddha perfecto”. En el lenguaje exotérico se confunden mucho estos dos términos. Sin embargo, el innato y justo sentimiento popular, por razón del gran sacrificio que de sí mismo ha hecho el Bodhisattva, en su respetuosa estimación ha colocado a éste en lugar más eminente que al Buddha.

En los países búdicos del Norte, cada nuevo Bodhisattva, o gran Adepto iniciado, recibe el nombre de “libertador de la humanidad”. (Voz del Silencio, III).]

Bhons (Tibetano).- Secuaces de la antigua religión de los aborígenes del Tíbet; de los templos y ritualismo prebúdicos. Lo mismo que Dugpas, “casquetes rojos”, si bien esta última denominación generalmente se aplica sólo a los hechiceros. [Véase: Dugpas o Daddugpas.]

Devachan [o Devakhan] (Tibetano).- La “morada de los dioses”. Un estado intermedio entre dos vidas terrestres, en el cual el EGO (Âtmâ-Buddhi-Manas, o sea la Trinidad hecha Uno) entra, después de su separación del Kâma-Rûpa y de la desintegración de los principios inferiores después de la muerte del cuerpo en la tierra.

[Devachan es el nombre que en lenguaje teosófico se da al cielo o mansión de bienaventuranza, y literalmente traducido significa: morada resplandeciente o mansión de los dioses. Devasthan, residencia de los dioses, es su equivalente término sánscrito. Es el Svarga de los indos, el Sukhâvati de los budistas, el cielo de los zoroastrianos y cristianos, así como de los musulmanes menos materialistas.

Es una parte del plano o mundo astral especialmente protegida, de la que están excluídos todo sufrimiento y todo mal por las grandes Inteligencias espirituales que presiden la evolución humana. (A. Besant, Sabiduría Antigua). –Un estado subjetivo de bienaventuranza de los principios anímicos superiores después de la muerte del cuerpo.

(Véase: Anyodéi). Corresponde a la idea de cielo o paraíso, en donde cada mónada individual vive en un mundo que se ha creado por sus propios pensamientos, y en donde los productos de su propia ideación espiritual se le aparecen substanciales y objetivos. (F. Hartmann). (G.T. H.P.B.)

Deva (Sánscrito).- Un dios, una divinidad “resplandeciente”. Deva-Deus, de la raíz div, “brillar”, “resplandecer”. Un Deva es un ser celestial, sea bueno, sea malo o indiferente. Los Devas habitan “los tres mundos”, o tres planos superiores al nuestro. Hay treinta y tres grupos o trescientos treinta millones de ellos.

[Los Devas son en la India lo que los ángeles y arcángeles entre los cristianos. El príncipe de estos genios celestes o divinidades inferiores es Indra, rey del firmamento o cielo. –Deva, como adjetivo, significa: divino, celeste, glorioso, resplandeciente, etc.] (G.T. H.P.B.)

Dharma (Sánscrito).- La Ley Sagrada; el Canon búdico. [“El Dharma es la naturaleza interna, caracterizada en cada hombre por el grado de desenvolvimiento adquirido, y además, la ley que determina el desarrollo en el período evolutivo que va a seguir. Esta naturaleza interna, puesta por el nacimiento físico en un medio favorable para su desarrollo, es lo que modela la vida exterior, que se expresa por medio de pensamientos, palabras y acciones.

Lo primero que hay que comprender bien es que el Dharma no es una cosa exterior, como la ley, la virtud, la religión o la justicia; es a ley de la vida que se despliega y modela a su propia imágen todo lo que es exterior a ella. (A. Besant: El Dharma).

–A esta palabra, pues, se le han dado numerosos significados, tales como: ley, religión, justicia, deber, piedad, virtud, mérito, condición, atributo, cualidad o propiedad esencial; doctrina, credo; código, derecho; conocimiento, sabiduría; verdad; práctica, costumbre; bien; obra piadosa, etc. –Dharma es también uno de los nombres de Yama, dios de la justicia.] (G.T. H.P.B.)

Dhyân-Chohans (Sánscrito).- Literalmente: “Los Señores de la Luz”. Los devas o dioses más elevados, correspondientes a los Arcángeles de la religión católico-romana. Las Inteligencias divinas encargadas de la superintendencia del Kosmos. [Hijos de la Sabiduría; Espíritus planetarios, cuyo agregado colectivo forma el Verbo manifestado del Logos inmanifestado y constituye al mismo tiempo la Mente del universo y su Ley inmutable. – (Doctrina Secreta, I, 298, edic. inglesa).] (G.T. H.P.B.)

Dugpas (Tibetano).- Literalmente: “Casquetes rojos”, una secta del Tíbet. Antes del advenimiento de Tsong-ka-pa en el siglo XIV, los tibetanos, cuyo budismo, deteriorado por ellos, había sido horriblemente adulterado con las doctrinas de la antigua religión de los Bhons, eran todos dugpas. Desde aquel siglo, sea como fuere, y después de las rígidas leyes impuestas a los gelupkas (“casquetes amarillos”) y de la reforma y depuración del budismo (o Lamaísmo), los dugpas se entregaron más que nunca a la hechicería, a la inmoralidad y a la crápula.

Desde entonces, la palabra dugpa ha venido a ser sinónima de “hechicero”, “adepto de la magia negra” y de toda cosa vil. En el Tíbet oriental hay pocos dugpas, si es que hay alguno, pero se congregan en Bhután, Sikkim y países limítrofes en general. Como no se permite a los europeos penetrar más allá de aquellas fronteras, y como los orientalistas no han estudiado nunca el Budo-Lamaísmo en el Tíbet propiamente dicho, sino que juzgan de él sólo de oídas y por los que Cosme di Köros, Schlagintweit y unos pocos más han aprendido de él por conducto de los dugpas, confunden ellos ambas religiones y las juntan bajo un solo título.

Así, exponen al público Dugpaísmo puro en vez de Budo-Lamaísmo. En una palabra, el budismo del Norte en su forma purificada, metafísica, es casi enteramente desconocido. [Los Dugpas o Bhons, la secta de los “Casquetes rojos”, son tenidos como los más versados en hechicería. Habitan en el Tíbet occidental, el pequeño Tíbet y el Bhután. Todos ellos son tantrikas (gente que practica la peor forma de Magia negra).

Es altamente ridículo ver algunos orientalistas que han visitado las fronteras del Tíbet, tales como Schlanginweit y otros, confundiendo los ritos y repugnantes prácticas de los dugpas con las creencias religiosas de los Lamas orientales, los “Casquetes amarillos” y sus Narjols u hombres santos (Voz del Silencio, III). –Véase: Bhons y Dorje.] (G.T. H.P.B.)

Gelukpa (Tíbet).- Literalmente: “Casquetes amarillos”; la más importante y más ortodoxa secta búdica del Tíbet; la antítesis de los dugpa (o “casquetes rojos”), los antiguos “adoradores del diablo”.

[La secta de los gelukpa fue fundada por el gran reformador tibetano Amitâbha, el Dhyâni-Buddha de Gautama Zâkyamuni. (Doctr. Secr., I, 134). –Véase: Dorje y Dugpas.] (G.T. H.P.B.)

Lama (Tíbet).- Se escribe “Clama”. Este título, si se aplica debidamente, corresponde sólo a los sacerdotes de grados superiores, aquellos que pueden oficiar como gurus en los monasterios. Desgraciadamente, cada miembro ordinario del gedun (clero) se llama, o permite que le llamen, “Lama”. El verdadero lama es un gelong ordenado y tres veces ordenado. Desde la reforma hecha por Tsong-kha-pa, no pocos abusos se han deslizado de nuevo en la teocracia del país. Hay “Lamas astrólogos”, los chakhan o tsikhan (de tsigan “gitano”) ordinarios, y “Lamas adivinos”, de una condición tal que se les permite casarse y no pertenecen absolutamente al clero. Sin embargo, se cuentan en muy escaso número en el Tíbet oriental, perteneciendo principalmente al Tibet occidental y a ciertas sectas que nada tienen que ver con los gelupkas o “casquetes amarillos”. Por desgracia, los orientalistas, que casi nada saben del verdadero estado de las cosas del Tíbet, confunden el Choichong de la Lamasería (Lhasa) de Gurmakhayas –los esotéricos iniciados- con los charlatanes y dugpas (hechiceros) de la secta de los bhons. No es de extrañar que –como dice Schlagintweit en su Buddhismo del Tíbet- “si bien las imágenes del rey Choichong (el “dios de la astrología”) se encuentran en la mayor parte de los monasterios del Tíbet occidental y de los Himalayas, mis hermanos no han visto jamás un lama Choichong”. Esto es muy natural. Ni el Choichong ni el Khubilkhan (véase esta palabra) invadieron el país. Lo mismo que el “Dios” o “Rey Choichong” dista tanto de ser “dios de la astrología” como cualquier otro Dhyân Chohân “planetario”. (G.T. H.P.B.)

Libro de Dzyan.- Este libro, cuyo nombre deriva de la voz sánscrita dhyân (meditación mística), es el primer volumen de los Comentarios sobre los siete folios secretos de Kiu-te, y un glosario de las obras públicas de igual nombre. En la biblioteca de cualquier monasterio pueden hallarse en posesión de los lamas gelugpa tibetanos, treinta y cinco volúmenes de Kiu-te para fines exotéricos y para uso de los laicos, y además, catorce libros de comentarios y anotaciones sobre los mismos, escritos por Maestros iniciados. Estos catorce libros de Comentarios, algunos de los cuales son de una antigüedad incalculable, contienen una recopilación de todas las ciencias ocultas. (Doctrina Secreta, III, 405). (G.T. H.P.B.)

Lha (Tibet).- Espíritus de las esferas más elevadas; de esta palabra deriva el nombre de Lhassa, residencia del Dalai-Lama. El título de Lha se da frecuentemente en el Tíbet a algunos Narjols (santos y yoguîs adeptos), que han alcanzado grandes poderes ocultos. [Lha es un antiguo término de lsa regiones situadas más allá de los Himalayas; significa “Espíritu”, un Ser celestial o superhumano cualquiera, y comprende toda la serie de jerarquías celestes, desde un Arcángel o Dhyâni, hasta un Ángel de tinieblas, o espíritu terrestre. (Doctr. Secr., II, 25).] (G.T. H.P.B.)

Tantra (Sánscrito).- Literalmente: “regla” o “ritual”. Ciertas obras místicas y mágicas, cuya principal peculiaridad es el culto del poder femenino, personificado en Zakti. Devî o Durgâ (Kalî, esposa de Ziva) es la energía especial relacionada con los ritos sexuales y poderes mágicos: La peor forma de hechicería o magia negra.

[El lenguaje empleado en tales obras es altamente simbólico, y las fórmulas de credo son poco más que expresiones algebraicas sin clave alguna provechosa hasta el presente. (Râma Prasâd). La mayor parte de los Tantras están dedicados a una de las múltiples formas de la esposa de Ziva, y está escritos en forma de diálogo entre ambas divinidades.

Estos libros son muy útiles, provechosos e instructivos; encuéntranse en ellos toda la ciencia oculta; pero pueden dividirse en tres clases; los que tratan de magia blanca, los que versan sobre magia negra y los que tratan de lo que podemos llamar magia gris, una mezcla de una y otra. Los Tantras contienen todo lo referente a la Magia, el lado oculto del hombre y de la naturaleza, los medios en virtud de los cuales pueden hacerse descubrimientos, los principios por cuyo medio puede el hombre crearse de nuevo a sí mismo; todo esto se halla en los Tantras. La dificultad del caso es que tales libros son muy peligrosos si uno no tiene un maestro que le guíe, sobre todo si trata de poner en práctica los métodos en ellos expuestos.

Otra dificultad está en que las obras tántricas contienen varios “velos” que impiden ver clara y desnuda la verdad; ya sea en lo referente a la exactitud de los chakras y padmas (lotos o plexos) del cuerpo humano, o ya en lo que atañe a los colores de los diversos tattvas, o al verdadero número de éstos. (Doctr. Secr., III, 509). Por otra parte, dichas obras usan muchas veces el nombre de un órgano del cuerpo para representar un centro astral o mental.

Hay para ello alguna razón, porque todos los centros de los diversos cuerpos (físico, astral, mental) se hallan en mutua relación y correspondencia; pero ningún maestro digno de confianza permitirá que su discípulo trabaje sobre sus órganos corporales hasta que haya adquirido cierto dominio sobre los centros superiores y hasta purificado cuidadosamente el cuerpo físico. “Leed los Tantras, si queréis, a título de enseñanza; son en verdad interesantes, pero no los practiquéis sin una explicación aclaratoria: va en ello la salud de vuestro cuerpo”. (A. Besant, Introducción al Yoga, 22-23)

Kâma-loka (Sánscrito).- El plano semi-material, subjetivo e invisible para nosotros, donde las “personalidades” desencarnadas, las formas astrales, llamadas Kâmarûpa, permanecen hasta desvanecerse del todo, gracias al completo agotamiento de los efectos de los impulsos mentales que crearon esos eidolons de las pasiones y deseos humanos y animales. (Véase: Kâma-rûpa). Es el Hades de los antiguos griegos y el Amenti de los egipcios, la región de las sombras silenciosas; una división del primer grupo de los trailokas. (Véase: Kâmadhâtu).

– [Es el limbo o purgatorio de los católicos-romanos, y el Summerland de los espiritistas americanos. (Doctr. Secr., III, 373). Kâma-loka es la región o mansión del deseo, la esfera anímica (tercero y cuarto principios) de la tierra –no necesariamente en la superficie de la tierra- donde los restos astrales de los difuntos se corrompen y descomponen.

En esta región, las almas de los muertos que no son puras, viven (ya conscientemente, o ya en un estado de estupor) hasta que sus kâmarûpas (formas de deseo) son abandonados por una segunda muerte, y al desintegrarse, se verifica la separación de los principios superiores.

Al despojarse de los principios inferiores, la entidad inmortal del hombre, con sus afectos purificados y los poderes que haya adquirido durante su existencia terrena, entra en el estado de Devachán. (F. Hartmann). Así, pues, el Kâmaloka es la primera condición por la que pasa la entidad humana, después de la muerte, la condición que precede al Devachán.] (G.T. H.P.B.)




Las Enseñanzas Tibetanas

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Autor: H. P. Blavatsky

I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet



“Aquellos que están en la cumbre de la montaña, pueden ver a la humanidad entera; análogamente, los que son inteligentes y libres del dolor, pueden ascender más allá del paraíso de los Dioses y, una vez allí, abren las puertas de lo inmortal porque han visto la sujeción del ser humano al nacimiento, a la muerte y a los dolores que lo afligen.”

Desde el “Tched-du brjod-pai tsomos” de Bkah-Hgyur

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Maitreya, el Buda del futuro (Monasterio de Tashilhunpo, Tibet)

Localizado en el Palacio de Penchen, en la ciudad de Zhigatse, “el Buda del Futuro” cuya altura y presencia imponente atrae a los visitantes a sus rodillas.

***


Habíamos prometido a nuestros lectores las opiniones de un venerable Choan-Lama (1), referente a ciertas conclusiones a las cuales llegó el autor de “Buda y el Budismo Antiguo” Gracias al amor fraterno de un discípulo del erudito Choan, quien es, en el Tíbet, el más profundamente versado en la ciencia del Budismo esotérico y exotérico, ahora podemos presentar algunas de las doctrinas que tienen un nexo con estas conclusiones.

Según nuestra firme creencia, las cartas del letrado Choan y las notas que las acompañan, no podían haber llegado en un momento más propicio. Además de las varias ideas erróneas acerca de nuestras doctrinas, a menudo, algunos de los espiritistas mas inteligentes nos han criticado severamente por haberlos extraviados en lo referente a la verdadera actitud y creencia de los hindúes y los budistas sobre los “espíritus de los fallecidos”.

Según algunos espiritistas: “a la creencia budista la embebe una nota distinta y particular del espiritismo moderno; es decir: la presencia de los espíritus de los difuntos y su protección” y los teósofos han sido culpables por haber mal representado tal creencia: “en la intervención de los espíritus humanos fallecidos”, era un anatema en el oriente; mientras, en realidad, es un principio clave del budismo.

Lo que todo hindú, de cualquier casta y educación, piensa de la “intervención de los espíritus fallecidos” es tan consabido en todo el territorio indo, que seria una perdida de tiempo repetir este notorio relato.

Hay unos pocos conversos al espiritismo moderno, véase Babu Peary Chand Mittra, cuya gran pureza de su vida personal haría esta relación inocua para él, porque: aunque no se quede indiferente a los fenómenos físicos, se adhiere solo al aspecto puramente espiritual y subjetivo de tal comunión. Sin embargo si exceptuamos a estos pocos, volvemos a afirmar, audazmente, lo que siempre sostuvimos: no existe un hindú que no deteste la mera idea de la reaparición de un espíritu fallecido, que siempre lo considera impuro.

Además, todo hindú, salvo excepciones citadas, cree que solo un espíritu malo puede retornar a la tierra, excluyendo los casos de los suicidas o la muerte por accidente. Por lo tanto: omitiendo a los hindúes de la cuestión, presentaremos la idea de los budistas del norte referentes a este tema, esperando, con el tiempo, agregar la de los budistas del sur.

Con la palabra: “budistas”, no incluimos las innumerables sectas heréticas que populan en Japón y China, las cuales han perdido todo derecho a tal apelación. Con ellas no tenemos nada que ver. Nos referimos solo a los budistas de las iglesias del norte y del sur, que podríamos definirlos como los católicos romanos y los protestantes del budismo.

El tema que nuestro letrado corresponsal trata, estriba en algunas interrogantes directas que le sometimos, pidiéndole, humildemente, que las contestara; incluyendo, también, los siguientes párrafos extraídos de “Buda y el Budismo Antiguo.”

Me he concentrado en esta cuestión de lo sobrenatural por amplio rato, porque es de suma importancia en nuestro tema. El budismo era, claramente, un aparato elaborado para anular la acción de los espíritus malos, valiéndose de la ayuda de los buenos, que operaban en su potencialidad mas elevada mediante el instrumento proveído por el cadáver o una porción del cadáver del espíritu auxiliador principal.


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Gelukpa-14 Dalai Lama. Región de Lhasa, (Potala)

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El templo budista, los ritos budistas y la liturgia budista parecen basarse todos en esta idea: la necesidad del cadáver completo o de una parte de él.

¿Qué eran estos espíritus asistentes?

Todo budista antiguo o moderno admitirá, a la vez, que un espíritu que aún no ha alcanzado Bodhi o el departamento espiritual, no puede ser un espíritu bueno. No puede ser nada bueno; más aún: debe hacer el mal.

“El budismo del norte contesta que los espíritus buenos son los Budas, los profetas muertos. Proceden de ciertos “campos de los Budas” para comunicarse con la tierra”

He aquí lo que nuestro erudito amigo budista escribe:

“Permítaseme decir que los monjes y los legos occidentales dan un compendio muy ridículo y absurdo de la ley de Fe, las creencias populares del Tíbet. El relato del capuchino Della Penna de la hermandad de ‘Byang-tsiub’ es simplemente absurdo. El toma algunos extractos de descripciones literales del ‘Bkahhgyur’ y de otros libros de las leyes tibetanas, adornándolos con su interpretación.

Así habla de los mundos maravillosos de los espíritus, donde viven los ‘Lha, que son como dioses’, agregando que los tibetanos imaginan que:

“estos lugares se encuentran en el aire encima de una gran montaña a 160.000 leguas de altitud y 32.000 leguas de diámetro. Este lugar estaría constituido por cuatro partes: cristal en oriente; rubí rojo en occidente; de oro en el norte y de lapislázuli la preciosa piedra…en el sur. En estas regiones de dicha, los Lhas permanecen cuanto quieren y luego pasan al paraíso de otros mundos.”

Si mi memoria del período en que iba al escuela de los misioneros en Lahoula no me engaña, esta descripción se asemeja más a la ‘nueva Jerusalén que desciende de Dios desde el paraíso’ en la visión de Juan, que a la ciudad de Jang-Chhub, ya sea en el ‘Bkah-hgyur’ o en las ideas de los tibetanos; ya que la nueva Jerusalén media ‘12.000 octavos de millas’ , sus paredes eran de ‘jaspe’, los edificios de ‘oro puro’ y los cimientos de los muros estaban ‘salpicados con toda clase de piedras preciosas’ y ‘las doce puertas eran doce perlas’.

En primer lugar: el canon sagrado de los tibetanos, el ‘Bkah-hgyur’ y el ‘Bstan-hgyur’, comprende 1707 obras distintas; de las cuales, 1083 son publicas y 624 secretas. A las primeras las componen 350 volúmenes en folio y a las otras, 77.

Supongamos que, por casualidad, los profanos las hubiesen visto, puedo asegurar que nadie, desprovisto de la clave de su carácter particular y significado secreto, pudiera jamás comprender los contenidos de estos volúmenes.

En nuestro sistema, toda descripción de una localidad es simbólica, cada nombre y palabra esta velado intencionalmente y un estudiante antes de que reciba alguna instrucción ulterior, debe estudiar la manera de descifrar y luego de comprender y aprender el termino secreto o sinónimo equivalente de casi cada palabra de nuestro lenguaje religioso.

El sistema Hierático egipcio (los jeroglíficos) es un juego de niños si lo comparamos con el desciframiento de nuestros enigmas sagrados. Aún en los volúmenes accesibles a las masas, toda frase tiene un sentido doble; uno para los profanos y el otro para quienes recibieron la clave de estos archivos.


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El Palacio de Potala, en época de Ceremonia.

El Palacio de Potala es el símbolo de Lhasa y un tesoro de la historia, religión, cultura y artes del antiguo pueblo tibetano, ubicado en las impresionantes mesetas nevadas del Himalaya.

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Si los esfuerzos de estos hombres bien intencionados, estudiosos y concienzudos, como los autores de: ‘Archivos Budistas del Mundo Occidental’ y ‘Buda y el Budismo Antiguo’, cuyas hipótesis poéticas pueden derrumbarse y refutarse, una a una, con gran facilidad, resultaron en nada, deja constancia que las tentativas de los antecesores y sucesores de los abates Huc, Gabet y otros, son un triste fracaso; ya que los primeros autores mencionados no se proponen desfigurar, intencionalmente, las enseñanzas sin paralelo y gloriosas de nuestro bendito maestro Shakya Thub-pa (Gautama Buda); pero los segundos autores, los clérigos, si.

En el ‘Theosophist’ de Octubre de 1881, un corresponsal informa correctamente al lector que Gautama Buda, el sabio, ‘insistía en que la iniciación se hiciese accesible a todos los que llenaban las calificaciones necesarias.’ Esto es cierto; tal era el plan original que el gran San-gya puso en práctica por un cierto tiempo, antes de que se convirtiera en el Omni-Sapiente.

Sin embargo, tres o cuatro siglos después de su separación con su vehículo terrenal, cuando Asoka, el gran protector de nuestra religión, dejo el mundo, los iniciados Arhat, debido a la oposición secreta, sin embargo firme, de los brahamanes a su sistema, tuvieron que emigrar, uno a uno, del país, buscando refugio mas allá de los himalayas.

Entonces, aunque el budismo popular no se difundió en Tíbet antes del séptimo siglo, los iniciados budistas de los misterios y del sistema esotérico de los Arios Nacidos Dos Veces, al dejar su tierra madre, la India, se refugiaron con los ascetas prebudistas; aquellos que tenían la Buena Doctrina aun antes de los días de Shakya-Muni.

Estos ascetas habían habitado más allá de la cadena himalayica desde un tiempo inmemorable. Son los sucesores directos de esos sabios Arios que, en lugar de acompañar a sus hermanos en la emigración prehistórica desde el lago Manasasarovara al otro lado de la Cadena Nevada en las planicies calurosas de los Siete Ríos, prefirieron permanecer en su inaccesible y desconocido receso.

Por eso no hay que sorprenderse si la doctrina esotérica Aria y las doctrinas Arhat son casi idénticas. La verdad, como el sol encima de nuestras cabezas, es una; sin embargo, parece que esta eterna verdad tan trillada debe repetirse constantemente para que toda la humanidad la recuerde. Pero, para que la verdad pueda conservarse pura y prístina, ajena a las exageraciones humanas, debe esconderse en las reconditeces lejanas de la vista profana, porque sus devotos, tratando de adaptarla a sus fines egoístas, mistifican y desfiguran su cara hermosa.

Desde los días de los misterios universales antiguos, hasta el tiempo de nuestro gran Sahkya Tathagata Buda, quien resumió e interpreto el sistema para la salvación de todos, la Voz divina del Yo, conocida como Kwan-yin, se oía sólo en la soledad sagrada de los misterios preparatorios.


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Mujer Tibetana, portando en su mano “la rueda de las oraciones”

“La rueda de las oraciones” está entre los más simbólicos objetos religiosos para los tibetanos. Los mediadores sostienen la rueda de la oración y durante las innumerables rotaciones de la rueda, ellos van repitiendo diferentes mantras. De esta manera, el mediador manda cientos de oraciones, cada uno llamando, por la compasión universal hacia todos los seres vivientes.

***


Nuestro venerable Tsong-kha-pa, al terminar su quinto Damngag, nos recuerda que: ‘toda verdad sagrada, que los ignorantes no pueden comprender bajo su luz verdadera, debería ocultarse dentro de un estuche triple, para que se esconda, así como la tortuga retira su cabeza en el carapacho, mostrando su cara solo a los que desean obtener la condición de Anuttara Samyak Sambodhi’, el corazón mas misericordioso e iluminado.

Por lo tanto, aun el canon presentado a la gente y recientemente a los eruditos occidentales, tiene un sentido dual. Ahora tratare de corregir los errores que, en el caso de los escritores jesuitas, me duele decirlo, fueron demasiado intencionales.

No cabe duda de que las llamadas Escrituras chinas y tibetanas, las obras estándar de la China y Japón, están pletóricas de asuntos mitológicos y legendarios mas idóneos para un folklore infantil que para una exposición de la Religión Sabiduría, como lo predico el salvador del mundo; ya que algunas fueron escritas por nuestros eruditos mas preclaros, muchos de los cuales, siendo no iniciados, aunque piadosos y sinceros, comentaron sobre asuntos que jamás entendieron correctamente.

Sin embargo: ninguna de estas escrituras es localizable en el canon y, aunque se preservan en la mayoría de las bibliotecas de las Lamaserías, sólo los crédulos y los piadosos, cuya sencillez les impide siempre cruzar el umbral de la realidad, las leen y creen en su contenido implícitamente.

A esta clase de obras pertenece ‘El Cosmo Budista’ escrito por el Bonzo Jin-ch’an de Pequín; ‘Shing-Tao-ki’ o ‘Los Archivos de la Iluminación de Tathagata’, por Wang-Puh, en el séptimo siglo e ‘Hi-shai Sutra’ o ‘El libro de la creación’, que consta de varios volúmenes sobre el paraíso y el infierno, ficciones poéticas que se desarrollaron alrededor de un simbolismo que se desenvolvió como un pensamiento ‘teológico’ sucesivo.

Sin embargo, los archivos de los cuales nuestro letrado autor, el monje Della Penna cita o, mejor dicho, cita erróneamente, no contiene ninguna ficción; sino una simple información para las generaciones futuras que, por aquel entonces, podrán haber obtenido la clave para interpretarla correctamente. Los ‘Lha’ acerca de los cuales Della Penna habla, sólo para burlarse de la fábula, son ‘los que alcanzaron la santidad en este mundo’, siendo simplemente los Arhats iniciados, los adeptos de muchos y varios grados, conocidos generalmente bajo el nombre de Bhanté o Hermanos.

En el libro conocido como: ‘Avatamsaka Sutra’, en la sección sobre el ‘Atman supremo, el Yo, según se manifiesta en el carácter de los Arhats y de los Pratyeka Budas,’ se lee que: ‘Como desde el comienzo, todas las criaturas dotadas de sentidos han confundido la verdad, abrazando lo falso, vino a la existencia un conocimiento secreto llamado Alaya Vijnana.’

¿Quién posee el verdadero saber oculto? Los grandes maestros de la Montaña Nevada, responde ‘El Libro de la Ley’.


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Lokapala

La imagen del Guardián muestra además una esfera en su pata derecha, simbolizando nuestro mundo y que éste se encuentra bajo su protección.

***


La Montaña Nevada, es la ‘montaña que consta de 160.000 leguas de altura.’ Analicemos el significado de todo esto. Si omitimos los últimos tres ceros, tenemos 160 leguas. Una legua tibetana es casi cinco millas, lo cual nos da 780 millas desde cierto lugar sagrado, mediante un camino preciso hacia occidente. Para quien vislumbre hasta un simple atisbo de verdad, lo antes dicho se hace lo más claro posible aún en la descripción sucesiva de Della Penna.

El monje dice:

“Según su ley, en el lado occidental de este mundo, existe un mundo eterno, un paraíso, habitado por un santo llamado Ho-pahme, que quiere decir Santo de Esplendor y de Luz Infinita.”

Este Santo tiene muchos ‘poderes’ distintos llamados ‘Chang-chub’, que, en una nota, el monje explica que son ‘los espíritus de los que, gracias a su perfección, no quieren convertirse en santos y, por lo tanto, entrenan e instruyen los cuerpos de los Lamas que renacen para que puedan ayudar a los vivos.

Esto muestra que dichos ‘Chan-chubs’, presumiblemente muertos, son Bodhisatwas o Bhante vivientes, que la gente tibetana conoce bajo varios nombres; mientras otros los conocen como Lha o espíritus; ya que se suponen que tienen una existencia más espiritual que carnal. A menudo, cuando mueren, renuncian al Nirvana, la beatitud de un descanso eterno o el olvido de la personalidad, para permanecer en sus seres astrales espiritualizados para el bien de sus discípulos y de la humanidad en general.

Por lo menos algunos teósofos comprenderán claramente lo que quiero decir, aunque algunos no aceptaran, seguramente, esta explicación. Entonces: consideramos que no hay posibilidad de que un ‘yo’ enteramente puro, permanezca en la atmósfera terrenal, en la personalidad que uso en la tierra, después de su liberación del cuerpo físico. Esta regla contempla solo tres excepciones.

La intención sagrada que induce a un Bodhisattwa, un Sravaka o Rahat, a ayudar hacia la misma beatitud a los que se quedaron atrás, los vivos. En este caso, el se detendrá para instruirlos en los planos internos o externos.

La segunda excepción son los que, a pesar de su pureza, inofensividad y una relativa impermeabilidad al pecado durante sus vidas, se han enfocado tanto en alguna idea particular, en relación con una de las mayas humanas, que transitaron absortos completamente e este pensamiento.

La tercera excepción son las personas cuyo amor intenso y santo, como el de la madre por su hijo huérfano, crea o engendra una voluntad impertérrita, alimentada por ese amor ilimitado que las hace permanecer con los vivos en sus seres internos.

Los períodos concedidos a estos casos excepcionales varían.

En el primero, debido al conocimiento adquirido en su condición de Anuttara Samyak Sambodhi, el corazón más sagrado e iluminado, el Bodhisattva no tiene un límite fijo.

Como durante su vida solía quedarse en su forma astral durante horas y días, después de la muerte tiene el poder de crear, alrededor, sus condiciones calculadas para detener la tendencia natural de los otros principios para que vuelvan a sus respectivos elementos. Además: el puede descender o hasta permanecer en la tierra por siglos y milenios.

En el segundo caso: el período durará hasta que la omnipotente atracción magnética del tópico del pensamiento, intensamente concentrado en el momento de la muerte, se difuminara y gradualmente se desvaneciera.

En el tercer ejemplo: a la atracción la interrumpe la muerte o el desmerecimiento moral de los seres queridos. En ambos casos no puede durar más de una vida.

En todos los otros casos de apariciones o comunicaciones mediante cualquier vehículo, el espíritu será un bhuta malevolo o, en las mejores de las hipótesis, un ‘ro-lang’, el cascaron desalmado de un elementario. A la ‘Buena Doctrina’ se le rechaza por la acusación injustificada de que solo los adeptos afirman tener el privilegio de la inmortalidad.

Ningún adepto o iniciado oriental jamás expreso tal pretensión. Por supuesto; nuestros maestros nos enseñan ‘que la inmortalidad es condicional’ y que las probabilidades de un adepto versado en Alaya Vijñana, el cenit de la sabiduría, son diez veces más grandes que las de uno quien, ignorando las potencialidades centradas dentro de su Yo, hace que permanezcan latentes y en quietud, hasta que es demasiado tarde para despertarlas a esta vida.

Sin embargo el conocimiento del adepto en la tierra y sus poderes no superaran el saber y los poderes de un ser humano bueno, cuando este alcance su quinto y especialmente su sexto ciclo o ronda. Nuestra humanidad actual aun se encuentra en la cuarta de las siete grandes rondas cíclicas.

La humanidad es un niño que apenas se ha quitado los pañales y el adepto más elevado actual sabe menos de lo que sabrá en su infancia durante la séptima ronda. Dado que la humanidad es, colectivamente, un infante, así lo es el ser humano en su presente desarrollo individual.

Como es muy improbable que un niño, a pesar de lo precoz que sea, recuerde su existencia desde la hora de su existencia y de día a día, incluyendo las varias experiencias de cada jornada y la distinta ropa que se le hace poner, así no hay un ‘yo’ capaz de recordar las varias y distintas vidas por las cuales paso, excepto el de un adepto que alcanzo Samma-Sambuda, durante la cual un iluminado ve la larga serie de sus vidas pasadas a través de sus nacimientos previos en otros mundos.

Sin embargo, algún día, la hora sonara.

A menos que un ser humano sea un sensualista inveterado, condenándose a un aniquilamiento completo después de una de estas vidas pecaminosas, rayara el día en que, al haber alcanzado el estado de libertad absoluta de todo pecado o deseo, el vera o rememorara sus vidas pasadas completas de manera tan fácil como un ser humano de hoy recorre y pasa revista, uno a uno, los días de sus existencia.

Agregaremos unas palabras para explicar un pasaje previo referente a Kwan-yin.

Finalmente, los ritualistas budistas chinos antropomorfizaron este poder divino en una deidad distinta, andrógena, con mil manos y mil ojos, denominándola: Bodhisatwa Kwan-shai-yin, la Voz de la Deidad; pero en realidad significa: la voz de la omnipresente conciencia latente y divina en el ser humano. La voz de su verdadero Yo, evocable y audible plenamente solo mediante una gran pureza moral.

Por eso se dice que Kwan-yin es el hijo de Amitabha Buda, quien engendro ese Salvador, el Bodhisatwa misericordioso, la Voz o el Verbo, universalmente difundido, el Sonido eterno. Tiene el mismo sentido místico del Vach de los Brahamanes. Mientras estos últimos afirman la eternidad de los Vedas por la eternidad del sonido, los budistas declaran, mediante la síntesis mental, la eternidad de Amitabha, siendo el primero que probó la eternidad de Kwan-Yin nacido de Si. Kwan-yin es el Vachishvara o la Voz de la deidad de los Brahamanes.

Ambos proceden del mismo origen que el Logos de los griegos neoplatónicos. La ‘deidad manifestada’ y su ‘voz’ se encuentran en el Yo del ser humano. Su conciencia. El Yo es el Padre invisible y la ‘voz del Yo’ es el Hijo; cada cual es el relativo y el correlativo del otro. Tanto Vachisvara como Kwan-yin desempeñaron y aún desempeñan, un rol prominente en los Ritos Iniciáticos y en los Misterios de las doctrinas esotéricas brahmánicas y budistas.

Cabe puntualizar que los Bodhisatwas o Rahats no tienen que ser adeptos; aún menos brahmanes, budistas o hasta ‘asiáticos’; sino sólo seres humanos santos y puros, pertenecientes a cualquier nación o fe, que hayan dedicado todas sus vidas al bien de la humanidad.


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Monje Tibetano, colgando banderas de plegarias al viento

Junto al monje se puede observar una estatua de piedra (color oro), llamada “Rueda de la Ley”. La rueda tiene ocho rayos, simbolizando el Dharma y las nobles enseñanzas del Budismo.

*******


Continuará


Nota: (1) Director de los Archivos de las bibliotecas que contienen manuscritos sobre doctrinas esotéricas pertenecientes a los Lamas tibetanos Rim Poche Ta-loï y Ta-shü-hlumpo.



Nota
de las Fotografías:

1- Maitreya: Crédito de la fotografía: Getty Images

2- Gelukpa-14 Dalai Lama: Fotógrafo: Hugh E. Richardson. Fecha de la Fotografía: 11 de abril, 1937

3- El Palacio de Potala: Derechos de la fotografía: Museo de Bowers y Museo del Tíbet. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

4- Mujer Tibetana: Derechos de la Imagen: El Museo de Bowers. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

5- Loka pala: Fotografía- Colección de Hugh E. Richardson. Fecha de la toma: entre 1936-50, en la región de Lhasa, palacio de Norbu Lingka (entrada Verandah).

6- Monje Tibetano: Derechos de la fotografía: Michal Sosna


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Los Instructores del Mundo

La Teoría acerca de los Instructores del Mundo

Recopilado de Escritos de Jinarajadasa.
Artículo original aparecido en
El Loto Blanco” Magazine.


La teoría concerniente a los Instructores del Mundo, según se expone por muchos estudiosos en la actualidad, contiene elementos que derivan de varias fuentes. Son ellas:

I.- La tradición hindú de los Avataras.
II.- La tradición budista concerniente a los Bodhisattvas.
III.- La tradición cristiana relativa al Cristo como el segundo aspecto de la trinidad de Dios.
IV.- La tradición del Ocultismo acerca del Instructor del Mundo, el segundo miembro del Triángulo Oculto de la Jerarquía que gobierna el mundo.


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I.- LOS AVATARAS

La palabra Avatara significa DESCENSO, y se usa en un sentido especial: el de descenso o encarnación de Dios. El hinduismo afirma que lo divino encarna periódicamente en la tierra a fin de ayudar a la humanidad. Diez de tales avataras se reconocen en el hinduismo.

Son ellos: 1Pez, 2- Tortuga, 3- Jabalí, 4- Hombre-león, 5- Enano, 6- Rama, con la Segur, 7- El Rey Rama, 8- Shri-Krishna, 9- Buddha, y 10Kalki.
Algunos hindúes no se hallan completamente seguros de que el Buddha sea un Avatara en la acepción ordinaria de la palabra. Al Avatara de Shri-Krishna sobresale entre todos los demás en la mente de los hindúes. El Avatara Kalki está aun por venir.
Todos estos Avataras son solamente de Víshnu, la segunda persona de la Trinidad hindú. No hay Avataras de la primera persona, Brahmá, o de la tercera persona, Shiva. La razón por la cual son necesarias encarnaciones periódicas de la Divinidad, fue dada por Shri-Krishna, el Avatara, en el Bhagavad-Gitá, IV. 7, 8.:

«Cada vez que la rectitud decae y el mal es exaltado, vengo yo para la protección de los buenos, para la destrucción de los perversos; con el fin de establecer firmemente la Rectitud, nazco Yo de edad en edad»

Por consiguiente, un Avatara es una manifestación DIRECTA de Dios Mismo sin intermediario. Dios DESCIENDE para establecer la Rectitud cada vez que, durante la evolución, la iniquidad comienza a prevalecer. Entonces, el advenimiento de un Avatara, es la señal de que ha comenzado una nueva era en el progreso humano. Sin el advenimiento del Avatara, la Humanidad que está tendiendo a retrogradar, a causa de que sus energías espirituales van declinando, tomaría definitivamente la mala dirección.

El hinduismo considera que algunos de los Avataras, como el Rey Rama y Shri-Krishna son Purna-Avataras, es decir completos, en tanto que los demás no son tan «completos». Además, ciertos hindúes creen que el Mismo Shri-Krishna se manifiesta como una especie de Avatar menor, a través de sus discípulos, algunas veces más plenamente, otras menos. En Bengala, los secuaces de Shri-Chaitanya consideran que él fue una encarnación de Shri-Krishna.



II.- LOS BODHISATTVAS

La palabra Bodhisattva significa un «Sér de Bodhi» (Sabiduría), esto es, uno que está destinado a alcanzar la plena iluminación. El concepto de un Bodhisattva, es exactamente el reverso del de un Avatara, en el sentido de que el Bodhisattva es un ASCENSO del hombre hacia la Luz. Un Bodhisattva es un ser humano perfeccionado, quien se halla tan unificado con los sufrimientos de la humanidad, que por la más pura compasión renuncia a la liberación (Nirvána o Moksha) que había conquistado, a fin de hollar el largo y arduo sendero que lleva a la condición de Budha y mediante la cual da a los hombres la Sabiduría Perfecta. Por consiguiente, cada Bodhisattva llega a ser, a su tiempo, un Buddha, pero para lograrlo deberá tomar «el voto de llegar a ser un Buddha» ante un Buddha que viva en la tierra.

El Bodhisattva da instrucción a la humanidad sólamente como Buddha. Durante todas las vidas que El pasa en la tierra desde el tiempo de tomar el voto, trabaja en su propia purificación, adquiriendo las «Diez Perfecciones» las cuales lo conducirán hacia el Buddhado. Pero no da instrucción, y en los intervalos de sus vidas terrenales él mora en el «Cielo Tusita». La enseñanza que un Buddha da a la humanidad, es la misma que fue dada por los previos Buddhas, pues no hay más que un solo Sendero hacia la Liberación.

El Budismo afirma que hasta hoy han aparecido veintiocho Buddhas sobre la tierra, proclamando la Ley, la misma Ley, para la humanidad. El último Buddha fue Gautama; su sucesor es el Bodhisattva Maitreya, quien, llegado Su tiempo, aparecerá como el Buddha. En las tradiciones budistas, por lo menos en el Budismo del Sur, no hay idea de que el Bodhisattva Maitreya aparezca sobre la tierra para enseñar, antes de Su aparición final como el Buddha.

Cada Buddha enseña la Ley, no solamente a la humanidad, sino también a los Devas o Angeles. Un Buddha se llama «El Instructor de Devas y de Hombres». El Budismo afirma que una persona, «después de entrar en el Sendero» puede, si lo desea, entrar en el reino de los Devas y vivir desde entonces como un Deva.

Ya no encarnará después como un ser humano. Mas, puesto que el problema de la Liberación o de alcanzar el Nirvana es exactamente el mismo para los Devas como para los hombres, los devas requieren también un instructor que les enseñe el «Sendero». Por consiguiente, cuando un Buddha aparece sobre la tierra para instruir a la humanidad, El instruye al mismo tiempo a los Devas.
Los devas aprenden de un Buddha, de la misma manera que los discípulos humanos aprenden de un gurú humano.



III.- EL CONCEPTO LOGOS DEL CRISTO

El Cristianismo afirma que Jesús vino de Dios y que es Su Hijo. El es al mismo tiempo igual al Padre e inferior al Padre; y se alude a esta relación mística cuando se afirma que es el Padre el que «envía» al Hijo. El Cristo. Como hijo, actúa de Mediador entre la

Humanidad y el Padre. El vino a la expiación por los pecados de la Humanidad, y por consiguiente Su vida y Su muerte constituyen un sacrificio voluntario.


Mezclada con esta idea del Cristo se halla otra corriente de ideas, que se encuentra en el Evangelio de San Juan y la cual está íntimamente aliada con las ideas místicas de Philo Judaeus concernientes al Logos o «El Verbo». Sospechan algunos que San Juan tomó sus ideas de Philo, quien, a su vez, como es bien sabido, tomó su pensamiento capital del concepto que Platón tenía del Demiurgo, o Constructor del Universo. Cristo, como Logos, es el «Verbo hecho Carne». Es una parte del Plan de Dios, desde el principio de los tiempos, que el Logos vendría. «POR ESTA CAUSA YO VENGO EN ESTA HORA». Al aparecer así, el Logos Cristo efectúa un sacrificio Cósmico y es «EL CORDERO INMOLADO DESDE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO». Así como el Logos vive en el Padre, así todos los hombres viven en el Logos. «YO SOY EN MI PADRE, Y VOSOTROS SOIS EN MI Y YO EN VOSOTROS».

Nadie podrá ver directamente la más elevada Divinidad, sino tan sólo cuando ELLO se refleja en el Logos o Hijo. «NINGÚN HOMBRE HA VISTO AL PADRE EXCEPTO AQUEL QUE ES DE DIOS». Por consiguiente, el Cristo es el único Mediador entre el hombre y Dios, y de aquí que él es «LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA».
En la Religión Popular se Le denomina el Rey de los Angeles. Ellos cumplen Sus órdenes para ayuda de la humanidad.



IV.- LA TRADICIÓN OCULTA

Conforme ésta, hay un gobierno oculto del mundo, que se llama «La Gran Jerarquía». Los tres Jefes Ejecutivos de esta Jerarquía son:
I. El Señor del Mundo. II. El Bodhisattva. III. El Maha-chohan.


Cada uno de estos Tres, en cierta mística manera, es la manifestación de un Aspecto del Logos Solar. El Señor del Mundo es una manifestación del Primer Aspecto que es Ley-Voluntad: se le representa en la Trinidad Hindú por Shiva, y en el Cristianismo por Dios-Padre. El segundo aspecto del Logos es siempre dual, Sabiduría-Amor, y se refleja en el Bodhisattva. En el Hinduismo este Aspecto es Víshnu, y en el Cristianismo Dios- Hijo. El Tercer Aspecto que está representado por el Maha-chohan, es la Mente Creadora-Inteligencia; en el Hinduismo es Brahma, y en el Cristianismo Dios Espíritu Santo.

La Tradición Oculta afirma que durante los varios millones de años que dura la evolución de la humanidad en un globo, como nuestra Tierra, hay tres Señores del Mundo, siete Bodhisattvas que alcanzan el Buddhado, un número mayor aún de Maha-Chohans. Cada uno de estos desempeña un puesto en la Jerarquía, uno tras otro. Cada uno es producto de la evolución humana, con la excepción de que, justamente ahora, no estando la humanidad suficientemente adelantada para producir Señores del Mundo, este puesto ha sido desempeñado por los Adeptos de la humanidad del planeta Venus.

Estos miembros de la Jerarquía no son Avataras, es decir, «DESCENSOS» de lo Divino; cada uno es un ASCENSO de hombre a Adepto y Dhyanchohan. Sin embargo, quienquiera que desempeñe uno de estos tres cargos en la Jerarquía llega a ser, entretanto, una «ENCARNACIÓN», porque un Aspecto del Logos se mezcla con su ser y él representa para la humanidad aquel Divino Aspecto.
El deber del Bodhisattva es guiar el crecimiento espiritual de la humanidad y de los Devas adscritos a este globo, durante el período de su cargo. La duración de este período es de una Raza Raíz. Durante ese tiempo, cada religión y cada movimiento educacional en todos los países, se halla bajo Su vigilancia. El arregla un Plan estatuido por el Logos Solar. Cuando se hace cargo del puesto, asume la dirección de las religiones existentes, tal como fueron establecidas por sus predecesores; y funda nuevas religiones por Sí mismo, cada una con el sello de Su propio tipo de influencia particular.

Puesto que todos los sesenta mil millones de egos humanos están a su cuidado, su trabajo se lleva a cabo en todos los planos, visibles e invisibles. De un modo misterioso todos viven en El; así como una madre suple el alimento necesario para la criatura que lleva en su seno y la cual no puede obtenerlo por sí misma, así el Bodhisattva ayuda a la humanidad, mediante su acción, a crecer más rápidamente que lo haría sin ayuda. El ha sido denominado «EL CORAZÓN DEL MUNDO» porque todos los sufrimientos de los hombres se reflejan en su ser.

El Bodhisattva tiene como ayudantes a sus órdenes Adeptos y Devas, así como también aquellas almas que ya han «ENTRADO EN EL SENDERO» . Estas se dan cuenta de Su plan y están cooperando conscientemente con él para llevarlo a cabo; pero a la vez hay millares que, sin darse cuenta de Su plan, son sus agentes inconscientes. Tales son los sacerdotes de las religiones, así como todos los maestros que se dedican a la educación. El jamás constriñe a nadie a servir en Su plan, pero vigila las oportunidades de inspirar y guiar en la recta dirección a los ministros de religión que son altruistas, y a quienes se dedican a la educación de los niños.

A grandes intervalos de tiempo el Bodhisattva da un impulso nuevo a la humanidad afectando los reinos de la religión y de la educación. El hace esto ya sea encarnando sobre la tierra o fundando nuevas actividades o bien usando el vehículo de un discípulo que haya sido entrenado para tal propósito. El primer modo es raro. Cada vez que él desciende a la tierra, ya sea en directa encarnación, o mediante un discípulo, solamente una mínima parte de su conciencia, como Segundo Aspecto del Logos, puede manifestarse sobre la tierra, ya que ningún organismo humano podría suministrar expresión adecuada al espléndido ser de un Bodhisattva, cuando reside y trabaja en los planos invisibles para los sesenta mil millones de egos que están bajo Su cuidado. Todas las religiones son siempre sus canales; bien sea que él se halle directamente encarnado o bien que trabaje a través de un discípulo, Su labor para toda la humanidad continúa sin interrupción.


La tradición oculta enseña que el Buddha Gautama, durante sus vidas como Bodhisattva, apareció muchas veces sobre la tierra como Instructor y fundador de Religiones. De las muchas ocasiones en las que apareció El en la Raza Aria, cinco son dignas de especial mención pues en ellas inició movimientos religiosos de un carácter poco usual. Fue conocido en lo pasado como:

1. Vyasa, al principio de la primera sub-raza hindú de la Raza Aria.
2. Tehutí o Toth, cuando dio nuevo impulso religioso a los Egipcios arianizados que pertenecieron a la segunda sub-raza.
3. Zoroastro, el primero, quien apareció en la tercera sub-raza en Persia.
4. Orfeo, de Grecia, el instructor de la Cuarta sub-raza, la Céltica.
5. Gautama, cuando apareció otra vez en la sub-raza hindú, pero trayendo Su mensaje no sólo para la religión hindú, sino también para formar una Religión Mundial que se extendiera allende las fronteras de la India.
Por lo que hace a los planos inferiores, la ardua y dilatada tarea de un Bodhisattva culmina con la dación de Su Mensaje como Buddha. Entonces trasmite aquella parte de la labor de su departamento a su sucesor, el que ha actuado como su lugarteniente.
Habiendo terminado Su obra el Buddha Gautama, trasfirió las labores de Su departamento a su Sucesor el Bodhisattva Maitreya.


El Bodhisattva Maitreya apareció en la India, dos o tres siglos antes de J. C., como Shri Krishna , el Maestro de Devoción. Esta fue una encarnación directa, habiendo vivido el Gran Instructor como el Niño Divino. Después apareció en Palestina, pero en esta ocasión ocupó el cuerpo de un discípulo, Jesús, cuando éste tenía treinta y un años de edad. Posteriormente, El inspiró y guió a su discípulo Mahoma, sin haber ocupado tal cuerpo, para que diera las enseñanzas del Islam.
Puesto que el Bodhisattva trabaja ya sea directamente, o mediante discípulos suyos como intermediarios, todas las enseñanzas religiosas del mundo son en cierto modo Sus enseñanzas, si bien no es El responsable de las aberraciones de la Sabiduría Divina que han surgido de tiempo en tiempo.


Continuará…



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El libro de las “Estancias del Dzyan”: Una realidad (I)

Escrito de: Mª Paz de Benito Alvarado

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El libro de las Estancias del Dzyan: Una realidad (I)



El año pasado [1990] se celebró en todo el mundo el 390 aniversario de la muerte de Giordano Bruno, figura histórica indiscutible. En su tiempo conocido en toda Europa como filósofo y científico, poeta y teólogo, fue quemado en la hoguera por no abjurar de sus ideas. Bruno formuló una visión global del mundo 400 años antes de que la ciencia volviera a descubrir el enorme valor de su obra. En especial a través de la mecánica cuántica ha sido posible comprender la exactitud de sus deducciones.


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Sin embargo, el “fenómeno Bruno” sigue siendo entre ciertos grupos fanatizados un ejemplo claro de “herejía e influencia demoníaca”, tal y como lo pudimos comprobar en 1991 en diferentes ciudades austriacas: en nuestras acciones de recogida de firmas para dedicar una plaza pública a Giordano, varios paseantes nos hicieron saber que “si hoy existieran las hogueras, ellos le harían quemar de nuevo”.

Si bien estos casos son extremos, no se puede negar la reticencia de ciertos círculos de poderosa influencia pública, en teoría serios, para aceptar estos errores históricos y corregir la imagen de figuras hoy completamente rehabilitadas. Un coetáneo de Bruno puede servirnos también de ejemplo: el médico Paracelso, del que también en el año 92 se celebrará su aniversario.

Quizás fue su actuación más diplomática, lo que le valió no ser llevado también a la hoguera.

El caso de Helena Petrovna Blavatsky es un ejemplo más, quizás uno de los más dolorosos por tener lugar ya en nuestro tiempo, y seguir siendo una de las figuras más calumniadas en las páginas de tantos y tantos escritos. Ya Platón en su obra La República dijo que una calumnia pública representa un perjuicio más grave que el haber sido condenado a muerte por las propias ideas.



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El 8 de Mayo de 1991 se cumplirán 100 años desde que H.P.B. (como era llamada por sus discípulos) abandonara su encarnación física. Desde hace un siglo se siguen escribiendo artículos, enciclopedias, libros y demás obras de consulta en los que únicamente se lee la versión tendenciosa (por otra parte siempre la misma, dando la sensación de que los unos plagian a los otros) que ofrecieron determinadas instituciones (1), contrarias a los postulados de Blavatsky. Con ello se demuestra una falta de investigación y seriedad científica sorprendente. Esas calumnias fueron ya en su tiempo rechazadas por medios legales, cosa que no se menciona generalmente.

La principal “piedra de escándalo” sin embargo fueron una serie de textos provenientes del Tíbet, que H.P.B. tradujo y utilizó como base para sus estudios comparativos de las religiones y doctrinas de la Filosofía Natural, así como para demostrar el origen común de una ciencia de carácter mistérico en los albores de la Humanidad. El problema se cifró en que H.P.B. no trajo de Oriente ningún pliego original y por lo tanto no se podía aceptar la existencia real de estos textos arcaicos.

Estos textos fueron descritos por H.P.B. en su obra “La Doctrina Secreta” en la sección(2) titulada “Los libros Secretos de Lam-Rim y Dzyan” de la siguiente manera (3): “El Libro del Dzyan derivado de la palabra sánscrita dhyân (meditación mística) (4) es el primer volumen de los Comentarios a los siete volúmenes secretos de Kiu-te, y un glosario de las obras accesibles públicamente del mismo título. En poder de los lamas gelugpas del Tíbet, en la biblioteca de cualquier monasterio, hay treinta y cinco volúmenes de Kiu-te para uso profano (exotérico); y también catorce libros de los comentarios y anotaciones sobre lo mismo, por los instructores iniciados. En rigor, aquellos treinta y cinco libros deberían titularse Versión Popular de la Doctrina Secreta, pues están llenos de mitos, velos y errores. Por otra parte, los catorce tomos de Comentarios con sus citas, anotaciones y un extenso glosario de términos ocultos, todo ello desarrollos de la pequeña obra esotérica titulada: Libro de la Sabiduría Secreta del Mundo, constituye un verdadero digesto de todas las ciencias ocultas…”

Si bien todo esto lo sabemos desde el fin del siglo pasado, la identidad de los libros públicos del Kiu-te ha constituido un enigma por largo tiempo, excepto quizás para unos pocos que, haciendo gala de un verdadero espíritu de búsqueda, se molestaron en investigar realmente las fuentes y pistas dadas por H.P.B. De ahí que se tachara a estos libros de puras invenciones fantásticas de H.P.B., y por consecuencia todo lo demás en su voluminosa obra “La Doctrina Secreta” .La gran mayoría de los especialistas de Occidente han negado la existencia de libros bajo este nombre. En cierta clase de literatura se puede leer incluso que los monjes tibetanos no conocen estos libros, pero esos autores, a nuestro parecer, o son poco serios, o bien han recogido sus informaciones de santones sin erudición suficiente, ya que simplemente el periodo de estudios en cualquier monasterio de monjes gelugpas dura 20 años (5).

Pero tras el análisis detallado de los datos que ella misma menciona en sus referencias, estos libros han podido ser finalmente identificados. Tal y como ella dijo, han sido encontrados en la biblioteca de cada monasterio gelugpa del Tíbet, así como en otros pertenecientes a diversas sectas, como por ejemplo los Kargyupda, Nyingmapa y Sakyapa (6). La constatación no deja lugar a dudas: se trata de obras realmente ocultas, que la más pura tradición tibetana y budista considera como las doctrinas secretas de Buddha por excelencia. Como veremos a lo largo de este trabajo, fue entre otras cosas la transcripción de los fonemas, es decir, la forma que utilizó o eligió H.P.B. para reflejar con el alfabeto occidental la fonética de los vocablos en lenguas tan antiguas, lo que impidió a lo largo de este tiempo poder identificar los mismos textos. Tenemos que hacer notar, sin embargo, que no fue H.P.B. la que se “inventó” estás transcripciones. Como veremos más abajo las tomó de otros viajeros anteriores a ella.

Personalidades tan reconocidas en el mundo de la investigación antropológica y en los estudios comparativos de las simbologías antiguas como Mircea Elíade aceptan los datos de H.P.B. y valoran sus estudios. Obras tan serias como la enciclopedia titulada “Arqueología en texto e imágenes” (Munich, 1975) aceptan las fuentes mencionadas en la Doctrina Secreta y las citan sin ningún género de reticencias. Veamos lo que se dice en el primer párrafo de la pág. 1 del 5º volumen de esta obra, bajo el título de “El surgimiento de la humanidad” (7).
“Tanto en tiempos históricos como prehistóricos existieron y existen diferentes ideas y teorías sobre el origen(o creación), así como sobre la antigüedad del universo, de la tierra y del hombre.

En el “Libro del Dzyan”, una compilación de las tesis quizá mas antiguas que nos sean conocidas, encontramos ya una cosmogonía madurada hasta el más mínimo detalle y una teoría de la evolución que se refiere no sólo a una, sino a cinco “humanidades”, las llamadas “razas”, que se desarrollaron cíclicamente. Estas tesis, de las que se piensa serían más antiguas que los Vedas y que posiblemente fuera religión extendida en todo el mundo prehistórico, se reflejan más tarde en la religión hindú, zoroastriana, islámica, judía y cristiana, si bien bajo una forma diferente y expresadas en un lenguaje cargado de imágenes mitólogicas.


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Monje recitando los textos sagrados

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Las “Estancias” (tesis o dogmas del Dzyan) postulan lo siguiente en relación al hombre:
1) Un origen poli genético
2) Diferentes formas de reproducción
3) Una evolución animal (por lo menos en lo referente a los mamíferos) que siguió a la de los hombres, en lugar de precederla, tal y como postula nuestra ciencia moderna.

Los períodos de tiempo para la evolución del hombre que se dan en las Estancias se remontan a muchos más millones de años atrás, en correlación a nuestras ideas actuales, y son tan inaceptables para la ciencia como la hipótesis de cinco humanidades (o “Razas Raíces”), cuando no la de que los animales hayan surgido después del hombre. Sin embargo es interesante el que se den, visto en detalle, una serie de parecidos sorprendentes entre algunas de esas tesis y las hipótesis de la biología moderna. (…)

P. Blavatsky, la primera comentadora de las estancias (las estancias fueron interpretadas de nuevo por el Dr. F. Hartmann a principios de siglo y en el año 1958 por el Dr. Viktor Eckert), escribió en 1888 al respecto: “Esto debe parecer al lector ridículamente absurdo. Sin embargo, está estrictamente en las líneas de la analogía evolucionaría, que la Ciencia percibe en el desarrollo de las especies animales vivientes. Primero la procreación semejante al Móneron, por “división propia”; después de unas cuantas etapas, la ovípara, como en el caso de los reptiles, a los que siguen los pájaros; después finalmente, los mamíferos con sus modos ovovivíparos de producir pequeñuelos…” (8).

En otro volumen de la misma enciclopedia escribe Philip Rawson (9):
“Tanto (William Batler) Yeats como (Hermann) Hesse fueron sobre todo influenciados por la obra de la teósofa rusa Helena Petrovna Blavatsky (1831-91), que anteriormente a ellos había propagado con gran ahínco una propia interpretación del pensamiento indo. El movimiento iniciado por ella jugó un papel importante tanto en la política de la India como en la vida cultural de Europa…”

Ya dentro de la voluminosa obra “La Doctrina Secreta” intentó dar H.P.B. dar al lector algunas pruebas de la existencia de estos libros. Así, por ejemplo cita al monje capuchino Orazio della Penna, misionero en el Tíbet de principios del siglo XVIII. En la sección ya citada de “La Doctrina Secreta” encontramos una nota a pie de página (10) con los siguientes datos:

“El monje italiano della Penna se mofa en sus Memorias (véase la obre Tíbet, por Markham, pág. 309 y ss.) de ciertas afirmaciones contenidas en los Libros de Kiu-te, y al efecto cita “la gran montaña de 160.000 leguas de altura” (una legua tibetana tiene 5 millas) en la cordillera de los Himalayas. Y dice el monje: “Según sus creencias, en el occidente del mundo hay un paraíso en donde un santo llamado Ho pahme que significa santo de esplendor e infinita luz. Este santo tiene varios discípulos, todos los cuales son Chang-chub”, esto es “espíritus que por su perfección no necesitan santidad y educan a los lamas renacidos ayudándoles a vivir”. De eso se infiere que los que della Penna llama Chang-chub, y cuyo verdadero nombre Yang-chhub ( presumiblemente considerados “muertos”) son ni más ni menos que boddhisatvas vivientes, conocidos algunos por “los hermanos” (Bhante)…”

El monje Orazio della Penna (11) extrajo pasajes de textos antiguos con la intención de demostrar con ello lo absurdo de esas doctrinas orientales. Esos datos fueron por otra parte comentados por el Chohan Lama en un artículo aparecido bajo el título de “Enseñanzas tibetanas” (12), antes de que sus informaciones fueran utilizadas para la nota citada de “La Doctrina Secreta” (13)en el párrafo anterior. Este artículo, que explicaba el significado de la gran montaña “de 160.000 leguas de altura”, indicaba que los mencionados datos estaban extraídos del Kanjur, una parte del Canon Budista Tibetano. De modo que existe una relación entre los libros Kiu-te y el Kanjur. Pero, ya que el Kanjur se compone, según sea la edición, de 100 o más capítulos extensísimos, esta información demostró ser insuficiente.

La citada nota de “La Doctrina Secreta”indica la fuente de estos datos, “la obra Tíbet, por Markham, pág. 309 y ss.”

De investigaciones posteriores resultó que no existía ningún libro con el título “Tíbet”, de ninguna persona llamada Markham. Pero sin embargo Sir Clemens Robert Markham, famoso geógrafo y viajero (1830-1916), había publicado un libro bajo el título “Narraciones de la Misión de George Bogle al Tíbet” y “El viaje de Thomas Manning a Lhasa” (14), que apareció en Londres en 1876, con una segunda edición en 1879. en este libro se encuentra efectivamente en la página 309 y ss. Un anexo que lleva el título “Breves explicaciones sobre el Reino del Tíbet”, escrito por della Penna en 1730. en la pág. 328 de este anexo se encuentra la historia de la gran montaña de 160.000 leguas, extraída de Kanjur (o bien: bKa-gyur, en transcripción fonética), y que él deletrea “K´hagiur” en la pág. 334 se lee la información sobre los libros de Kiu-te.

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El Potala: Residencia del Dalai  Lama en Tíbet

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Della Penna escribe:
“Ese Shakia Thupba reestableció las leyes, de las que se dice que habían decaído, y de las que ahora se dice que están recopiladas en 106 volúmenes, en los que los discípulos de Shakia Thupba escribieron, después de su muerte, el contenido total de la enseñanza tal y como la habían oído de la boca de su maestro.

Estos libros se dividen en dos categorías de leyes. Una contiente 60 volumennes, llamadas Leyes de Dote, y otra categoría se compone de 38 volúmenes, llamados Khiute.”

Shakia Thupba, o más correctamente Sykya Thup-pa es naturalmente Gautama Buddha y sus leyes las del Kanjur. Es fácil notar que las dos categorías a las que se refiere della Penna, Dote y Khiute, son respectivamente el mDo-sde y el rGud-sde, es decir: la parte (sde) de los Sutras (mDo) y la del Tantra (rGud) de la palabra del Buddha, o sea del Kanjur.

El número de volúmenes mencionados por della Penna hemos de considerarlo como poco fiable, pues (dicho aparte: ¡69 y 38 no suman 106!) en las enumeraciones de della Penna existen otras varias discrepancias (por ej. dice en otro lugar que los volúmenes del Khiute son 36, etc.). El número real de volúmenes de cada una de las categorías, que se encuentran en las bien conocidas ediciones del Kanjur, se resumen en la siguiente tabla:

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La Doctrina Secreta” habla de 7 textos (folios) secretos del Kiu-te, así como de 14 volúmenes de comentarios a los mismos, de los cuales el primero es “Libros del Dzyan”. Hay motivos para creer según dice David Reigle que citas provenientes de esos 14 Volúmenes Secretos de Comentarios se pueden leer también en determinados comentarios accesibles, que se encontraron en el Tanjur (transcripción moderna: bsTan-gjur, también Bstan-hgyur), otra de las más importantes compilaciones de partes del Canon Buddhista Tibetano.

Una tradición muy extendida habla de versiones originales de los libros Kiu-te. Esta tradición fue ya incluso anotada en el siglo XIV por Budon (Bu-ston, 1290-1364) en su “Historia del Buddhismo” (Chos-´byun) y más tarde recordada en los comentarios al Kiu-te (rGyud-sde) por él mismo. Aunque estas versiones originales no pueden ser encontradas entre los textos conocidos en India y Tíbet, sí se pueden contar entre los existentes en lugares como Sambhala, etc. Determinados sabios, como Aryasanga, habrían tenido acceso a estos textos y algunos de ellos escribieron comentarios en los que citan esos libros. Un ejemplo de ello son las citas contenidas en la única obra conocida del Bodhisatva Vajragarbha. El Dr. L. Snellgrove observa:
“Los pasajes, que él realmente cita, no provienen de ningún Tantra normal; son siempre explicativos y dogmáticos, y él se refiere con frecuencia a esa obra cuando busca un significado figurativo del pasaje”.
No provienen de “ningún Tantra normal” porque éstos no son generalmente explicativos. Es característico teniendo en cuenta las aseveraciones de H.P.B. en “La Doctrina Secreta” el que los 14 Volúmenes Secretos sean Comentarios y Anotaciones del Kiu-te, así como que contengan un glosario sobre volúmenes profanos del mismo nombre. Tal y como el Bodhisattva Vajragarbha constata en su comentario:
“De la manera en que se enseña la versión abreviada sólo se puede entender el significado obvio (neyartha); el verdadero significado (nitartha) se enseña a través del Mula Tantra.”
Está claro que las versiones abreviadas de los libros Kiu-te de que disponemos actualmente son obras esotéricas, y que determinados comentarios existentes explican correctamente su significado.

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Simplemente el hecho de que los manuscritos originales de todos los escritos de H.P. Blavatsky se conserven en el British Museum, en una cámara hermética extraordinariamente acondicionada con todos los adelantos técnicos, a la que sólo se tiene acceso con un permiso especial, nos hace pensar que sus obras son consideradas de verdadera importancia. En esta última década han venido apareciendo estudios realmente exhaustivos basados en estos libros, como por ejemplo “El hombre como medida de todas las cosas: Comentarios sobre las Estancias del Dzyan” por Sri Krishna Prem y Sri Madhava Hashish, publicado por la editorial francesa Rocher, en el año 1980.

La misma H.P.B. parece prever en sus obras este desarrollo. Así leemos por ejemplo:
“Y si Troya fue negada y considerada como un mito; la existencia de Herculano y de Pompeya declaradas ficción; si se han reído de los viajes de Marco Polo y los han llamado fábulas, tan absurdas como los cuentos del Barón Münchhausen, ¿por qué había de ser mejor tratada la escritora de Isis sin Velo y de La Doctrina Secreta? (…)”

“Ningún incrédulo que considere como una sofisticación La Doctrina Secreta está obligado, ni se le pide, que dé crédito a nuestras afirmaciones, las cuales han sido ya proclamadas como tal por cierto periodista americano muy hábil, aún antes de que la obra entrase en prensa.”

“Tampoco, después de todo, es necesario que nadie crea en las Ciencias Ocultas y en las Enseñanzas Antiguas, antes de que sepa algo de su propia Alma o crea siquiera en ella. Ninguna gran verdad ha sido jamás aceptada a priori, y generalmente ha transcurrido un siglo o dos antes de que haya empezado a vislumbrarse en la conciencia humana como una verdad posible (…). Las verdades de hoy son las falsedades y errores de ayer, y viceversa. Sólo en el siglo XX será cuando algunas partes, si no el todo de la obra presente, serán vindicadas.”

Lo demostrado en este trabajo parece haber sido pensado ya hace un siglo, como lo demuestran las siguientes palabras en otra parte de “La DoctrinaSecreta”:

“A la verdad, lo que se da a luz en estos volúmenes, ha sido entresacado así de enseñanzas orales como escritas. Esta presentación primera de las doctrinas esotéricas está basada sobre Estancias que constituyen los anales de un pueblo que la etnología desconoce. Están escritas aquellas, según se afirma, en una lengua que se halla ausente del catálogo de los lenguajes y dialectos que conoce la filología; se asegura que han surgido de una fuente que la ciencia repudia: esto es, el Ocultismo; y finalmente son ofrecidas al público por el intermedio de una persona desacreditada sin cesar ante el mundo por todos cuantos odian las verdades venidas a deshora, o por los que tienen alguna preocupación particular que defender. Así es que el repudio de estas enseñanzas es cosa de esperarse, y aún debe esperarse de antemano. Ninguno de los que se llaman a sí mismos eruditos en cualquiera de las ramas de la ciencia exacta, se permitirá mirar estas enseñanzas seriamente. Durante este sigo (el XIX) serán escarnecidas y rechazadas a priori; pero en este siglo únicamente, porque en el siglo XX de nuestra Era, comenzarán a conocer los eruditos que la Doctrina Secreta no ha sido ni inventada ni exagerada, sino por el contrario, tan sólo bosquejada; y finalmente, que sus enseñanzas son anteriores a los Vedas. No es esto una pretensión de profetizar, sino la sencilla afirmación fundada en el conocimiento de los hechos. En cada siglo tiene lugar una tentativa para demostrar al mundo que el Ocultismo no es una superstición vana. Una vez que la puerta quede algo entreabierta, se ira abriendo más y más en los siglos sucesivos. Los tiempos son a propósito para conocimientos más serios que los hasta la fecha permitidos, si bien tienen todavía que ser muy limitados.”


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Banderas para las plegarias al viento en las cercanías de Lhasa

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En otro pasaje leemos:
“…cuando llegue el tiempo para el impulso del siglo XX… (se) encontrará una gran comunidad unida de hombres que estarán preparados para dar la bienvenida a los nuevos portadores de las antorchas de la verdad…(este próximo impulso) Encontrará la mente del hombre capacitada para recibir su mensaje, y una forma de expresión apropiada, en la cual él podrá vestir la nueva verdad que viene a traer , así como una Organización que esperará su llegada y que podrá barrer los obstáculos y dificultades puramente materiales y mecánicos de su camino. Calcúlese cuánto podrá alcanzar aquél, a quien le hayan sido dadas tan favorables posibilidades…”

Lo que posiblemente se completa con las siguientes palabras extraídas así mismo de diferentes pasajes de La Doctrina Secreta:
“…el ocultismo triunfará antes de que nuestra era alcance el “triple septenario de Shani (Saturno)” del ciclo occidental, en Europa; o sea antes de terminar el siglo XXI”.

“Verdaderamente, el barbecho del remoto pasado no está muerto; tan sólo reposa. El esqueleto de los sagrados robles druídicos aún puede retoñar de sus ramas secas y renacer a nueva vida, como brotó «hermosa cosecha» del puñado de trigo hallado en el sarcófago de una momia cuatrimilenaria. ¿Y por qué no? La verdad es mucho más extraordinaria que la ficción. Cualquier día puede vindicarse inopinadamente y humillar la arrogante presunción de nuestra época, probando que la Fraternidad Secreta no se extinguió con los filaleteos de la última escuela ecléctica; que todavía florece la Gnosis en la tierra, y que son muchos sus discípulos, aunque permanezcan ignorados. Todo esto puede llevarlo a cabo uno o varios de los Grandes Maestros que visitan Europa, poniendo en evidencia a su vez a los presuntuosos difamadores y detractores de la Magia.”

“Entre los mandamientos de Tsong Kha-pa hay uno que ordena a los arhats hacer un esfuerzo cada siglo, en cierto periodo del ciclo, para iluminar al mundo, incluso a los “bárbaros blancos”. Hasta hoy ninguna de tales tentativas ha tenido buen éxito. Los fracasos sucedieron a los fracasos. ¿Trataremos de explicarlo a la luz de cierta profecía? Dícese que hasta que Pban-chhen-rinpochhe (la gran joya de la Sabiduría) consienta renacer en el país de los P´helings (occidentales) como conquistador espiritual (Chom-denda) y disipe los errores y la ignorancia de los tiempos, de poco servirá el intento de extirpar los prejuicios de los habitantes de P´helingpa (Europa), porque los hijos de ésta no escucharán a nadie.

Otra profecía declara que la Doctrina Secreta se conservará en toda su pureza en Bhod-yul (Tíbet) sólo mientras los extranjeros no invadan el país. Las mismas visitas de los europeos, aunque amistosas, serían mortales para los tibetanos. Este es el verdadero motivo del exclusivismo del Tíbet.”

Sólo queda preguntarnos si esos esfuerzos e impulsos podrán despertar definitivamente el sentido de la responsabilidad, que el Occidente ha contraído automáticamente al hacerse depositario de tantos y tantos textos rescatados del Oriente, tras las terribles invasiones de los últimos tiempos.

¡Dios lo quiera!

Mª Paz de Benito Alvarado


ruedadelasoraciones.jpgLama peregrino caminando junto a las “ruedas de las oraciones”

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Información ofrecida por la
Asociación Cultural Nueva Acrópolis – Málaga


Continuará…

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NOTAS:

(1)
“En sus libros había exaltado la validez de las antiguas Iniciaciones Mistéricas de todos los pueblos, pero combatía ferozmente sus deformaciones y sus cleros, desde los hindúes hasta los cristianos y judíos, a la vez que ridiculizaba la ciencia materialista y el positivismo ateo, tanto como el entonces muy de moda Espiritismo. Si sumamos a esto el hecho de que H.P.B. carecía de lo que hoy llamaríamos “don de relaciones publicas”, que se había enfrentado a la Masonería, y que despreciaba defenderse ante cualquier ataque de manera racional y accesible veremos que tenia en su contra muy poderosos enemigos (…) La Sociedad de Estudios Psíquicos de Londres y mas tarde René
Guenon lograron pulverizar su imagen y afirmaban, entre otras cosas, que el libro de Dzyan no existía…”
(Profesor Jorge A. Livraga, articulo aparecido en 1979: “Las Estancias del Dzyan existen”)

(2)
Sección XLVII del volumen VI de la edición española. Por lo demás, la mayoría de las citas de esta obra se acortaran en las próximas notas con las siglas: D. S.

(3)
Los caracteres en negrita reflejan aquellas partes o palabras en el texto que no se encuentran publicado en el volumen V y VI de la edición española de la D. S. y que fueron compilados por la Dra. Annie Bessant partiendo de manuscritos y apuntes dejados por H. P .B., y por lo tanto publicados post mortem. El texto que se emplea ahora es el de los manuscritos originales que la Dra. A. Bessant utilizo para su compilación, recuperados por el Sr. Boris Zirkoff y publicados en el año 1985 ( The Theosophical Publishing House, Wheaton, Illinois, USA, en colaboración con las sociedades de Madras y Londres) bajo el titulo “ Collected Writings”. (Véase Bibliografía)

(4)
David Reigle, autor del libro “The books of Kiute or the tibeten buddhist Tantras…” en la pagina 46 y sub siguientes (ss.) hace un exhaustivo análisis de la palabra Dzyan, proveniente de “dyhan”, con toda clase de pruebas. Esto es importante porque otro de los reproches hechos a H. P. B. fue que esta palabra no existía en ningún texto.

(5)
Ibid, Paginas 24-40. En este pasaje se trata de una detallada exposición del programa de estudios en los monasterios, tanto de los monjes y sus pruebas, como de las materias esotéricas que se tratan dentro de las escuelas de misterios tibetanas, dando las fuentes pertinentes.

(6)
Ver descripción de estas en la D. S. vol. VI, Pág. 62 David Reigle (Ibid) constata estos datos, dando ejemplos.

(7)
Este V vol. De los XX que contiene la obra tiene por autor al Dr. Jhon Waechter, docente en el Instituto de Arqueología y Prehistoria en la Universidad de Londres, junto con el asesoramiento científico de Jhon Boardman (catedrático extraordinario de arqueología clásica en la Universidad de Oxford), Basil Gray (antiguo director de la sección oriental del British Museum en Londres) y David Oates (Catedrático de Arqueología de Asia Occidental en la Universidad de Londres). El prologo fue escrito por el Dr. En Filosofía Wolfgang Brunbauer, del cual extractamos estas palabras. Véase la Bibliografía anexa.

(8)
D. S. vol. III, Pág. 169 de la edición española.

(9)
“India and Southest Asia” (1975) by Elsevier Publishing Proyect S.A. Lausanne; P.S. Rawson (curador del Museo de Arte Oriental de la Universidad de Dirham, Tutor del Royal Collage of Art, entre otros).

(10)
Pág. 53, vol. VI de la D. S.

(11)
Fra Francesco Orazio della Penna: Misionero italiano, nacido en 1680 en Macerata, muerto en el Patán, Nepal, el 20 de julio de 1747. Entro tempranamente en la orden de los capuchinos. Nombrado en 1719 cabeza de la misión para convertir al Tíbet. Junto con otros doce monjes se dirigió a Lhasa. Tras varios anos de trabajo allí, la misión se vio reducida a tres monjes. Volvió a Roma en 1735. Pidió y obtuvo nuevos hermanos, emprendiendo el retorno con ellos en 1738. Llego al Tibet en 1741, llevando consigo cartas de recomendación. La Congregación de Propaganda (del Vaticano) publico en Roma en el ano 1742 los siguientes Informes basados en sus datos: “Relazione del principio e estato presente Della missione del regno del gran Tíbet…”. Este informe fue publicado en francés con comentarios de Klaproth en el Nouveau Journal Asiatique, Paris 1835.

(12)
Publicado más tarde en la Revista Lucifer, Vol. VX, NJ 85 y 86.

(13)
“Collected Writings”, Vol. VI Pág. 94. (Véase bibliografía al final de este artículo)

(14)
Orig. “Narratives of the Mission of George Bogle to Tibet, The Journey of Thomas Manning to Lhasa”.

(15)
El Kanjur (en las transcripciones: bKa”gyur, y otras muchas variaciones) es calificado actualmente como “la Biblia tibetana”, y así lo leemos en muchos libros actuales de especialistas o viajeros.

(16)
Estas y otras muchas clasificaciones de los textos del Kangyur y el Tangyur se encuentran en la obra citada de David Reigle.

(17)
La mayoría de los datos que se aportan en los siguientes párrafos están extraídos de la magnifica obra de este autor (ver bibliografía), en la que el investigador interesado puede encontrar una enorme cantidad de datos, así como una exhaustiva bibliografía (incluidos microfilms, material sonoro y registros de bibliotecas indias, chinas, nepalesas, butanesas y tibetanas), clasificación de los textos sánscritos y tibetanos, etc. Se trata de un intensivo trabajo, una de cuyas partes mas interesantes trata de los “programas de estudio” en los monasterios, así como en el marco de las iniciaciones tradicionales del Budhismo Tibetano, aportando para cada información toda clase de fuentes fidedignas y constatables. A lo largo de toda la obra un paralelo exacto con las aseveraciones de H. P. B. referentes a estos temas y demuestra su exactitud.

(18)
“History of Budhismo (Choshbyung) by Buston”, II parte, traducido por E. Obermiller, Heidelberg, 1932, páginas 170-171.

(19)
“The Hevajra Tantra: A Critical Study”. I parte, por D.L. Snellgrove, Londres, 1959, página 17.

(20)
“Sckoddesatika of napada (Naropa)”, editado por Mario E. Carelli, Baroda. 1941.

(21)
“En Julio de 1888, cuando los manuscritos de esta obra no habían aun abandonado mi mesa de trabajo, y la Doctrina Secreta era absolutamente desconocida para el mundo, ya era denunciada como siendo no mas que el producto de mi cerebro. He aquí los términos lisonjeros en el que Evening Telegraph (de América) se refirió a esta obra, aun no publicada entonces, en sus edición del 30 de junio de 1888: “Entre los libros fascinadores para leer en julio figura el nuevo libro de Mad. Blavatsky sobre Teosofía… (!) La Doctrina Secreta…Pero porque puede ella remontarse al pasado de la ignorancia brahamanica…(!?) no es esto prueba de que todo de lo que dice sea verdad”.

Y una vez dictado el preconcebido veredicto sobre la errónea noción de que mi libro estaba publicado, y que el revistero lo había leído nada de lo cual era ni podía ser cierto, ahora que realmente se ha publicado, la critica tendrá que sostener su primera declaración, sea o no correcta, y saldrá probablemente del paso con una critica mas dura que nunca”. (Nota original de H. P. B., Doctrina Secreta, volumen III, página 421 de la edición española)

(22)
En el caso de Giordano Bruno podemos decir que han pasado ¡ más de 400 años!

(23)
Ibid., vol. III, página 421.

(24)
Pero, como hemos visto al principio de este articulo, hoy ya sabemos por lo menos aceptar que existió “una religión generalmente extendida entre los pueblos de la prehistoria”.

(25)
La filologia del siglo XIX.

(26)
H.P.B. sabia que el siglo XIX estaba “retrasado” todavía con respecto al producto de sus escritos.

(27)
¡Vease la cita del Dr. W. Brunbauer en este mismo trabajo!

(28)
Doctrina Secreta, vol. I, página 61 de la edición española.

(29)
H. P. B., “La Clave de la Teosofía”, palabras finales.

(30)
D. S., vol. V, página 39.

(31)
Ibid., vol. V, página 39 y ss.

(32)
Ibid., vol. VI. Página 60.



BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:


H.P.Blavatsky: La Doctrina Secreta, Editorial Kier, Buenos Aires 1974.

Archeologie in Word und Bild, enciclopedia de 20 vol. aparecida en Lektüre Verlag, Munich 1975. Traducida del inglés. Diferentes autores.

David Reigle: The Books of Kiute or Tibetan Buddhist Tantras: A Preleminary Analysis, Wizards Booksshelf, San Diego 1983.

Boris Zirkoff (compilador): H.P. Blavatsky Collected Writings, 1985 in The Theosophical Publishing House, Weathon, Illinois, USA, en colaboración con las sociedades de Madrás y Londres.

H. P. Blavatsky: The Book of Dzyan, 1979, Concord Grove Press, Santa Barbara, California.

H. P. Blavatsky: Two Books of the Stanzas of Dzyan. The Teosophical Publishing House, Adyar 1981.

H. P. Blavatsky: La Voz del Silencio, Editorial Kier, Buenos Aires 1974.

Edición del Kanjur

Chone (Cone)
Derge (sDedge)

Lhasa (Lhasa)
Narthang (sNarthan)

Peking
Manuscrito del Palacio Tog

Categoría mDosde (DOTE)
83 vol.
76 vol.
78 vol.
78 vol.
81 vol.
91 vol.

Categoría rGudsde (Kiute)
25 vol.
26 vol.
21 vol.
22 vol.
25 vol.
18 vol.


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Detalle de un picaporte (de puerta) a la entrada de un templo

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Los misterios del Tíbet

Cada pueblo tiene su forma característica de pensar influida por muchos factores. Entre ellos podemos enumerar la experiencia pasada por sus componentes, que queda reflejada, de forma más o menos fidedigna, por la historia. Otro factor importante es el geográfico, sabido es que los ríos y mares favorecen la comunicación con el exterior; y que las montañas la dificultan.

Contamos también con el tipo de vida que provoca la forma y calidad del terreno, esto hace, entre otras cosas, que sus habitantes sean más o menos cómodos, que se acostumbren a la seguridad y estabilidad producida por cosechas abundantes o a la inseguridad producida por riesgos constantes de inclemencias climáticas o geológicas.

Todo este preámbulo nos sirve para comprender mejor la mentalidad y forma de vida tibetana. Un factor geográfico decisivo son las montañas del Himalaya, estas montañas mantuvieron un gran nivel de aislamiento de este pueblo durante muchísimos años. Asimismo, el clima seco y frío no animaba a otros pueblos a intentar su conquista.

Estos factores influyen en el carácter del tibetano, los hacen personas duras, resistentes y predispuestas al sacrificio necesario para conseguir metas materiales, morales y espirituales. Su mentalidad es menos especulativa que la nuestra, más dispuesta a vivir que a discutir lo que se aprende.

De manera que, con la única excepción del Budismo, durante varios cientos de años, ninguna forma de cultura exterior penetró en este mágico lugar.

Dicen algunos orientales que el Tibet es el “Ombligo del Mundo”, o sea un centro espiritual en el cual tuvo su origen el ser humano. Lo mismo decían los incas respecto a Cuzco o los griegos respecto a Delfos. Cuentan otras tradiciones que allí se guardan las reliquias más antiguas que el hombre pueda imaginar e incluso conocimientos no alcanzados aún por la ciencia. No faltan tampoco leyendas que hablan de seres superiores, espirituales. Todo esto contribuye a crear el clima de misterio que siempre rodeó a Tíbet.

La filosofía de Tíbet es distinta a la de la India. Esencialmente nos habla de lo mismo, pero la mentalidad tibetana le ha sacado al pensamiento hindú su dulzura. Eso no significa que sean fríos, pero en su forma de expresar las ideas y sentimientos no hay exuberancia de ningún tipo, sino que dejan traslucir la belleza natural que se halla en todas las cosas.

Los conocimientos y vivencias tibetanas fueron ocultándose y terminaron perdiéndose, prácticamente, con la invasión china. Pero una parte de ese legado se ha podido conservar a través de algunos libros rescatados. Uno de ellos es “El Libro de los Preceptos de Oro”, del que Helena Petrovna Blavatsky (H.P.B) ha extraído una parte que ha titulado “La Voz del Silencio”.

Este libro es una pequeñísima muestra de un pensamiento lleno de vivencias espirituales e impregnado de confianza en la Naturaleza y sus leyes.

Exponemos solamente un fragmento de dicho libro:

“Haz que tu alma preste oído a todo grito de dolor, y no permitas que el sol ardiente seque una sola lágrima de pena antes que tú la hayas enjugado en el ojo del que sufre. Pero deja que las ardientes lágrimas humanas caigan una a una en tu corazón y en él permanezcan sin enjugarlas hasta que se haya desvanecido el dolor que las causaba.

Estas lágrimas, oh tú, de corazón compasivo, son los arroyos que riegan los campos de caridad inmortal. En este suelo es donde crece la flor de media noche, la flor de Buda, más difícil de encontrar y más rara de ver que ninguna otra.”

Este párrafo es una muestra de la filosofía profunda que baña el pensamiento tibetano, que va siempre a buscar la causa del dolor, que, a veces, no es la que parece. Todo lo que nos sucede tiene un por qué, aunque nosotros no lleguemos a encontrarlo. La lluvia siempre caerá, el sol siempre saldrá, aunque nosotros no sepamos por qué.

Pero podemos aumentar nuestra capacidad de atención, nuestra capacidad de esfuerzo y, tal vez, llegaremos a conocer, un poquito más el pensamiento y el corazón humanos.

Quizás nos falta valor para enfrentar esa búsqueda porque no sabemos lo que vamos a encontrar, pero esconderse, y no ver, no evita que las cosas sucedan, que la vida siga adelante sin que nosotros seamos partícipes de nuestro propio destino.

Otro pilar fundamental es la compasión ante el dolor ajeno, pero una compasión inteligente, que nos lleva a ayudar al que sufre sin quedarnos en el hecho concreto, en lo puntual. Esta ayuda no termina hasta que hayamos localizado y anulado la causa de ese dolor. Porque si no es así el dolor volverá y se repetirá.

Esta filosofía nos presenta una idea bellísima, que aparece en religiones, filosofías, alquimia…, y es que ayudando a los demás es como mejor nos ayudamos a nosotros mismos. También podemos recordar la frase que se podía leer en el Templo de Apolo, en Delfos: “Conócete a Ti mismo y conocerás el Universo y los Dioses.”


Vemos, pues, que la verdad, la generosidad, el conocimiento…, no son patrimonio de nadie y son patrimonio de todos, se pueden encontrar analogías en los lugares y épocas más distantes, sólo hace falta un verdadero espíritu de investigación alejado de prejuicios e intereses creados.

Articulo original escrito por: Maria Angeles Castro ©



Blavatsky e os Mistérios Tibetanos

Escrito por Marco Aurélio Bilibio de Carvalho

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Esta palestra marca a abertura de um ciclo de estudos sobre o tantrismo tibetano que a loja Alvorada, às sextas-feiras, começa a empreender. Durante alguns meses nós vamos nos concentrar em alguns tópicos importantes do budismo, especialmente dessa vertente conhecida como budismo tântrico, ou budismo secreto, ensinado por Gautama para aqueles que sentem a energia e a disposição para caminhar com mais rapidez em direção à luz interior.


O Vajrayana é uma escola complexa. É uma escola profunda da psicologia oriental, tal como todo o budismo, mas que tem algumas características que a tornam, especialmente para os membros da Sociedade Teosófica – os estudantes das filosofias ocultas -, um assunto de especial interesse.

O título que eu preferi dar ao nosso encontro de hoje, Blavatsky e os Mistérios Tibetanos, remete-nos à obra mais importante da Blavatsky, “A Doutrina Secreta”, em que já no seu título, síntese de toda a sua obra, ela faz uma proposição na qual resgata uma antiga idéia dos mistérios pagãos: que todas as verdadeiras tradições da humanidade, em seus momentos áureos foram verdadeiras psicologias da transformação. Tinham uma apresentação religiosa para o público e uma apresentação filosófica e secreta para aqueles que haviam trilhado o caminho da ética e do desenvolvimento interior mais seriamente.


Então, ela percorre o fio da história, nesse livro, mostrando como entre os babilônios, entre os egípcios, entre os gregos, entre os hindus, entre os persas e outros, co-existiram essas duas facetas da cultura mística desses povos. Suas filosofias religiosas estavam representadas no que era chamado de Escolas de Mistérios, que dividiam-se em Mistério Maiores e Mistérios Menores.


E ela assegura que pela natureza dos temas que eram ensinados nos Mistérios Maiores (a imortalidade da alma) e principalmente pelas transformações psicológicas e espirituais pelas quais passavam os que eram iniciados nos seus graus secretos (experiência direta dos mundos do post mortem) aqueles ensinamentos e a própria instituição dos Mistérios não poderiam desaparecer e que, portanto, estariam vivos ainda hoje, através da ação de homens especiais, muito especiais, que atingiram um alto nível de desenvolvimento da sua natureza espiritual.

Homens que podem estar usando corpos físicos ou não, mas que certamente são muito atuantes nos níveis físicos e não físicos, a favor do desenvolvimento interno e do desenvolvimento espiritual de toda a humanidade.

Então, fica a pergunta: HPB teve experiência direta do que escreveu? Será isso real? Será que ela escreveu de ouvir falar ou será que ela teve também, ela própria, suas iniciações, teve suas experiências pessoais no âmbito das verdadeiras tradições?

Então, como esse encontro de hoje será um encontro muito rápido e com pouco tempo para explorar tantos aspectos, alguns, infelizmente, terão de ficar de fora. Eu pretendo apenas fazer uma trajetória junto com vocês, dando primeiro uma breve introdução sobre o budismo tântrico, tema que já tenho abordado aqui em outros momentos, e que, tenho certeza, muitos de vocês conhecem melhor do que eu.


Vamos fazer também um acompanhamento da trajetória da própria Helena Blavatsky. Alguns relatos a respeito de como ela entrou no Tibet. O que teria acontecido com ela, de acordo com os relatos encontrados na sua biografia, e em algumas outras fontes. E eu acredito que no final nós vamos chegar à conclusão, aliás, conclusão a que qualquer um que tenha estudado com suficiente seriedade a obra dela vai chegar: de que ela não falava de teorias.


Curiosamente, suas vivências foram inspiradas por um cenário cultural, o Tibet, que infelizmente, uma das grandes tragédias no século vinte veio modificar: sua invasão pela China e o genocídio dos tibetanos. Aquele cenário foi talvez onde Blavatsky viveu suas descobertas mais profundas. Talvez seja um exagero dizer isso. Na verdade a trajetória interior de Blavatsky começou antes, prosseguiu depois, e na essência, talvez ela independesse do Tibet, como do budismo tibetano em si próprio.


Porque como nós vamos ver no nosso encontro de hoje, provavelmente o budismo tibetano foi ou é, eu não sei, uma das portas que esta inquebrável linha de instrutores do sagrado conhecimento utilizou para que aquelas pessoas espiritualmente mais dotadas pudessem ter acesso a essa que é a maior herança que a humanidade já possuiu e que os antigos chamavam de a Ciência Sagrada.


Vamos começar fazendo uma rápida introdução sobre o que é o Budismo Tibetano, sem me repetir, até porquê esse assunto é exaustivamente tratado em outros encontros. É um assunto de fácil acesso, tem livros maravilhosos sobre esse tema. Numa outra ocasião eu trouxe aqui o que chamei de “As Yogas Secretas”, inspirado num livro de Evans-Wentz, um escritor que no começo dos anos trinta foi pioneiro em trazer os textos originais do sânscrito para o Ocidente e deu esse nome a um de seus livros: “A Yoga Tibetana e as Doutrinas Secretas.”


O Budismo Vajarayana gerou centenas de sábios, místicos, pessoas capazes de operar leis da natureza, em geral, desconhecidas da humanidade. Por essa razão o Tibet foi um lugar notoriamente associado à magia e aos mistérios. Viajantes ocidentais que foram ao Tibet registraram coisas interessantes que viram, e conheceram um povo para o qual os níveis invisíveis da vida eram tão reais quanto os níveis visíveis. Esse povo se acostumou a ver, a procurar e receber instrução de seres humanos cuja qualificação psíquica e espiritual só pode ser definida como notável.


Homens devotados a um tal nível ao bem da humanidade e a todas as outras formas de vida, que seriam capazes de dar suas próprias vidas pelo bem dos outros. Ainda recentemente esse ideal foi exemplificando através da vida de um dos últimos yogues tibetanos muito próximo de uma realização do Budado, Kalu Rinpoche. Um homem que viveu doze anos em cavernas nos Himalaias e que era incapaz de matar nenhum dos mosquitos que terrivelmente, dolorosamente, buscavam compartilhar um pouco do sangue dele e, apesar das dores e incômodo, esse homem mantinha-se por horas e horas em meditação, em suas práticas interiores, incapaz de machucar até mesmo um mosquito que lhe prejudicava.


Exemplo de grandeza de alma, grandeza de alma que não é um presente aleatório que a natureza deu a este ser. Ao contrário, ele, como seus irmãos, trilhou um caminho gradual, passo a passo. E esse é um dos aspectos mais interessantes do budismo tibetano: é um caminho passo a passo. Um caminho que pode ser trilhado por qualquer um, independente do momento psicólógico em que esteja. Nesse sentido vejo o Budismo como uma Escola de Psicologia Oriental, com instruções práticas para superar dificuldades naturais da mente e atingir estados interiores de maior harmonia, consigo mesmo, com o próprio corpo e com todos os outros.


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Todos nós somos conscientes dos nossos limites, das nossas dificuldades. Nenhum de nós é perfeito. E nada melhor para aquele que tem consciência das suas próprias dificuldades do que um caminho que contempla essas dificuldades sem, em nenhum momento, usar de culpa ou de exigência. Em nenhum momento vocês vão ver um verdadeiro budista culpando a outros pelas suas falhas. Sequer exigindo de outros que sejam melhores do que são.


Em nenhum momento. Outra coisa que vocês vão observar no budista: ele nunca vai pregar. O budista jamais vai ensinar a sua filosofia a não ser que isso lhe seja pedido, demonstrando um profundo respeito pelo caminho e pelas crenças do outro. Isso é hoje maravilhosamente exemplificado nas palavras do Dalai Lama. Um de seus livros completou 70 semanas como best-seller. No Brasil inteiro os leitores descobrem o Dalai Lama e se encantam quando ele diz que não acha que seja fundamental para o ser humano ter uma religião.


O essencial para o ser humano é amar. A religião é secundário. Quem diz isso é o maior líder de uma comunidade imensa que busca a espiritualidade.

Dalai Lama sugere que cada um tenha o seu próprio caminho. Se o indivíduo é cristão, seja um bom cristão, se é judeu, se é mulçumano, que seja um bom judeu, um bom mulçumano. E que no aprofundamento de sua caminhada ele próprio descobrirá essa energia que está além do aspecto formal de sua religião, dos seus cânones e demais diferenciações que em geral nós fazemos, mas que diz respeito à essência da vida espiritual.

Uma energia latente nas profundezas de cada um de nós e que pode ser acessada, se compreendido o caminho para acessá-la, e que existe como a mais maravilhosa realidade. Uma transformação da mente ocorre na vivência dessa energia.

Sem descobrí-la eu não acredito que qualquer um de nós possa se considerar um ser humano completo. Eu acho que a presença e a descoberta dessa energia do sagrado em alguma medida dentro de nós, e se vocês já não tivessem tocado essa dimensão eu acredito que vocês nem estariam aqui, na busca, porque o fato de estarem aqui representa a busca. Só essa descoberta torna o ser humano pleno…


Então, o budismo tibetano é essa psicologia, essa filosofia religiosa, essa yoga, literalmente. Existem seitas budistas que não são yoga. O budismo tibetano é uma yoga. O que chamo de yoga é um modo de vida cuja atitude e as práticas são dedicadas à união dessas duas naturezas que habitam em nós: a mortal e a imortal. O budismo tibetano é um caminho de preparação dos alicerces, conhecendo os mecanismos da mente e através de práticas adequadas ao seu próprio momento e às suas características, você vai galgando novas descobertas sobre a sua natureza interior.


E o budismo tibetano tem uma característica especial. Ele torna explícito o que era implícito nos mistérios pagãos, que como disse antes eram formados por Escolas maiores e Escolas menores, as chamadas Escolas de Mistérios. O budismo tibetano – e estudando a vida dos ascetas, dos místicos, observa-se claramente isso – reconhece que as práticas podem ser levadas até um determinado estágio, mas quando o indivíduo chega nesse ponto, aí então ele precisa de instruções que não vão ser encontradas em livros.


Precisará esse indivíduo, de uma iniciação dada por alguém que já viveu essa realidade transcendente, e aí então, ele pode começar um treinamento avançado que poderá levá-lo a penetrar nesses reinos mais internos.

O budismo tibetano foi expulso da sua pátria e se tornou patrimônio da humanidade. Isso é uma coisa fundamental. É o lado luminoso de um episódio extremamente sombrio. O budismo tibetano foi descoberto pela psicologia. Está sendo descoberto pelas pessoas e está sendo um ponto de inspiração para muitos, cada vez mais. E é por isso que nós vamos fazer esse ciclo de estudos na Loja Alvorada, para compartilhar investigações sob uma ótica teosófica, que é um pouco diferente da ótica budista clássica, porque considera informações sobre o mundo oculto que são apenas simbolizadas em ensinamentos budistas. Então, nós vamos fazer esse estudo para cobrir alguns dos aspectos mais importantes dessa filosofia.


Muito bem. Então vou falar um pouquinho da trajetória da Helena Blavatsky; sobre o que foi que aconteceu com esta mulher. A Helena nasceu numa família de diplomatas e de guerreiros, militares em geral. Ela tinha um temperamento bastante forte e ao mesmo tempo… ela tinha, ainda menina, um psiquismo que a colocava em situações muito diferentes. Ela via coisas, falava com seres que outros não viam. Já pequenininha inventava histórias sobre reencarnação, enfim, causou muito estranheza o seu psiquismo precoce.


Mais tarde, estudando o material que para mim é o material mais inspirador do movimento teosófico, as Cartas dos Mahatmas, nós encontramos uma passagem em que um dos Mestres que instruiu Blavatsky, Mestre a quem ela encontrou fisicamente no Tibet, disse que durante um século, vejam bem, um século, ele e seus irmãos, o Mestre e seus Irmãos espirituais, procuraram um corpo europeu com condições de levar para a Europa essas informações que eram restritas ao Oriente- a Europa era absolutamente fechada para isso – e que só conseguiram esse corpo com Helena Blavatsky.

Esse psiquismo espontâneo dela precisou ser trabalhado. E um divisor de águas na vida de Blavatsky foi quando ela, que desde menina contemplava nas suas visões psíquicas a figura de um hindu que lhe impressionava muito, encontrou esse hindu fisicamente por ocasião de uma viagem à Inglaterra. Quase todos vocês já conhecem essa história. Ela, no encontro que teve com esse personagem, ouviu dele que ele tinha um grande desejo de conhecê-la e que precisava da ajuda dela para um trabalho que precisava empreender.

Esse trabalho dizia respeito a levar essa luz da integração das fontes do conhecimento, da existência dessa dimensão não sectária da espiritualidade, levar isso do Oriente para o Ocidente. Só que, se ela estivesse interessada em participar desse trabalho, teria que (não foram essas as palavras do Mestre, mas imagino que é o que ele queria dizer) aprender a controlar o seu psiquismo. E precisava fazer isso com aqueles que já tinham a ciência do desenvolvimento psíquico. Então ele diz que Helena Blavatsky precisaria viver por três anos no Tibet.

Acredito que não era só desenvolvimento psíquico não, porque na visão tibetana, o desenvolvimento psíquico por si só, não só é prejudicial, como é extemporâneo, fora de hora, se não vem como conseqüência do amadurecimento espiritual, e é na verdade, quando fora de hora, prejudicial ao verdadeiro processo que é o da espiritualidade. Então, na visão tibetana todo o treinamento é direcionado para despertar os níveis mais internos da consciência. Os poderes que vêm são conseqüência desse desenvolvimento.

Esses poderes latentes que começam com o discernimento, com a sabedoria, com a compreensão e através da penetração em certos mistérios da natureza, a mente, amadurecida, passa espontaneamente a expressar uma capacidade de interferir, através de certas leis, na estrutura geral do mundo físico… da matéria.


Então, Blavatsky começa uma trajetória de viagens e dá várias vezes a volta ao mundo. Esteve em 1840, 50, não sei bem, na América do Sul, na América do Norte. Procurou os índios norte americanos que tinham os seus segredos. Os xamãs americanos, hoje se sabe, eram grandes curadores, eram homens que faziam a ligação entre o visível e o invisível. Vejam os livros de Castañeda.

Viajou para o Egito, viajou para a Grécia, entrou na Índia, ilha de Creta, e ela viajou pelo mundo inteiro sempre atrás de indícios desses mistérios que para ela já eram de uma evidência muito rica pelo contato que teve com o Instrutor. Ela, então, penetra na Índia.

E aí vocês vão encontrar na biografia dela, relatos das tentativas frustradas de Blavatsky de entrar no Tibet. A biografia dela relata que por três vezes ela tentou entrar espontaneamente no Tibet. E não conseguiu. Foram frustradas as tentativas por várias razões. Uma delas ela passou risco de vida, num episódio muito interessante que já prenunciava o que ia acontecer depois. Ela tentava entrar acompanhada por um xamã da Tartária que levava um amuleto com ele.


E ela, muito curiosa, perguntou várias vezes sobre o amuleto e ele dizia que não poderia responder sobre o amuleto, que o amuleto responderia por si só a ela, no momento devido, e ela assim veria do que o amuleto era capaz. Então, eles perambularam, tentando entrar nas fronteiras do Tibet. E viram-se perdidos numa região desabitada, extremamente perigosa. Foi quando ela então descobriu o que aquele amuleto significava.


Ela relata uma experiência em que esse xamã coloca esse amuleto na boca e entra em catalepsia e, murmurando, ela e ele conversam, ele não estando mais em corpo físico. Ela então pede a ele: “dirige o seu movimento fora do corpo para buscar ajuda”. E esse xamã passa horas fora do corpo. Quando horas depois uma comitiva de vinte e cinco cavaleiros, chefiada por um lama, um Adepto, um homem de alto desenvolvimento, residente em um dos mosteiros daquela região, vem em socorro de Blavatsky e do xamã. Ou seja, esse indivíduo foi buscar ajuda fora do corpo a uma pessoa que o relato biográfico diz, chama de o Kut de Lhasa.


E chega esse lama a cavalo, conduz Blavatsky em segurança até fora do país, e olha que interessante, não leva para o mosteiro, leva para fora do país, e diz que ele era amigo, conhecia pessoalmente o tal Kut de Lhasa e tinha sido mandado até onde ela estava pelo tal Kut de Lhasa. E vários episódios dessa natureza ocorrem na vida de Blavatsky, e ela finalmente consegue entrar no Tibet.


Há algumas cartas, publicadas no livro Cartas dos Mestres de Sabedoria a A.P. Sinnet, que dizem que os verdadeiros lamas, os verdadeiros “Lhas”, espíritos vivos, os verdadeiros Adeptos, os verdadeiros homens da ciência sagrada, eles não são encontráveis em corpo físico e é absolutamente inútil ir buscá-los.

E essa tentativa de busca-los, mesmo no Tibet, é uma tentativa ingênua. Nessa passagem, eles dizem que não há possibilidade de serem encontrados, mas que se eles quiserem, encontrarão o buscador já nas fronteiras do seu país. Eles é que definem quando encontram ou não, aqueles que os buscam. Uma outra passagem das Cartas fala de um jovem devotado que, muito tocado pelo que veio a conhecer do conhecimento teosófico, decidiu se tornar um lama tibetano, isso no final do século passado. Ele queria ser uma lama tibetano.

E decidiu que mudaria para o Tibet. E então numa carta, o Mahatma diz que aquele jovem, na sua decisão, “não sabia a diferença entre o Lama e seu treinamento e os que eram os Lhas ou Irmãos. Mas deixe-o tentar”, deixa ele tentar o caminho, o Mestre dizia. E isso para nós é muito interessante para definir até onde a gente está falando de budismo tibetano, até onde a gente está falando de uma outra coisa.


O Mestre dizia que alguns dos verdadeiros detentores dessa ciência atuavam, naquela época, através do budismo tibetano. No entanto sabe-se que atuavam também através de outras tradições. Existem referências que falam que Blavatsky, nas suas andanças, conheceu a fraternidade egípcia, chamada Fraternidade de Luxor, e teve instruções de Mestres ligados àquela vertente dos mistérios. Mas quando ela encontra o seu Mestre, que é um hindu, este estava vinculado a uma outra seção da mesma fraternidade, a seção Trans-Himalaica, ou uma seção que envolvia Índia, Tibet, Nepal e adjacências.

E nas Cartas nós vamos encontrar essa interessante idéia de que aquelas Escolas do passado ainda existem hoje, não no mundo físico talvez, mas existem hoje, como existiram na época. E quando ele faz essa diferenciação entre um Lama tibetano e um Irmão, ele queria falar de uma Fraternidade que existia dentro do budismo tibetano. Essa Fraternidade Blavatsky chama de Fraternidade de Khelan e dá algumas referências sobre ela.


O fato de que ela realmente entrou em contato com o budismo secreto pode ser corroborado através de alguns fatos históricos interessantes. O primeiro deles, talvez seja o próprio livro “A Voz do Silêncio”. “A Voz do Silêncio” ela diz ser a tradução que ela fez de memória de textos com que entrou em contato quando esteve vivendo no Tibet. Ela traduz esses textos de memória.

Nós temos uma das obras mais inspiradoras, uma das obras mais maravilhosas que é “A Voz do Silêncio”, absolutamente respeitada por todos os teósofos, durante esses quase cento e trinta anos de existência da ST. Um livro que eu demorei muito para entender.

Eu levei quase dez anos, eu acho, para entender esse livro. Não tinha condições internas, eu acho, morais, para entender esse livro, e felizmente hoje eu começo a entender o livro. Esse livro foi reeditado na China, dentro do conjunto de livros do budismo mahayana. O cânone budista foi publicado e incluíram “A Voz do Silêncio” e o Panchen Lama da época, que era ou que é uma figura importante na transmissão espiritual dos conhecimentos tibetanos (assim como o Dalai Lama é o chefe político, o Panchen Lama era o chefe espiritual, místico do budismo tibetano) é o autor de um sutra que a seu próprio pedido foi incluído naquela edição do livro (1927).


Existem outros dados históricos que mostram experiências da Blavatsky nesse período. Um deles foi oferecido como documento à Sociedade Teosófica por um Príncipe Indiano. Este documento existia dentro dos arquivos reais do Príncipe e ele cede à Sociedade Teosófica porque no documento havia uma referência à Helena Blavatsky. Era uma carta de alguém, um hindu, que conheceu um lugar na China ou na Mongólia, onde havia uma grande caverna.

Ele diz que esse lugar é dos mais belos que a natureza já produziu e era um retiro para lamas avançados.

Essa carta é do início do século.o lama e diz que os lamas que lá meditavam tinham como chefe o lama Kut te Hum, que os teósofos saberão identificar quem é. Diz que esse lama Kut te Hum, naquele momento, ele próprio estava lá. Tinha entrado talvez há um mês e meio em samadhi, estava lá em samadhi com vários de seus discípulos próximos a ele, também absorvidos em meditação, buscando entrar na mesma sintonia do Mestre. E este Adepto levaria mais três meses e meio, se eu não me engano, em samadhi. Contaria cinco meses em estado de investigação das realidades internas.

E que esse lugar era de tal forma especial que ele, o correspondente, que era capaz de meditar três horas na cidade dele, lá conseguia meditar por oito, nove horas, sem parar. Ele estava convencido que para praticar as yogas avançadas era absolutamente fundamental um lugar com aquela atmosfera. E a Blavatsky, num outro texto, faz referência a algumas das condições necessárias para isto. E que este lugar, …, oferecia: “Na verdade não há absolutamente necessidade de ir ao Tibet ou a Índia para encontrar algum conhecimento e poder que estão em estado latente em cada alma humana.

Mas a aquisição deste conhecimento e deste poder mais elevados requer não somente muitos anos do mais severo estudo iluminado por uma inteligência superior e uma audácia que não se curva diante de nenhum perigo, mas também de retiro para uma relativa solidão e associação com estudantes que buscam os mesmos objetivos. Num local onde a própria natureza preserve, como o neófito, uma completa tranqüilidade. E se possível, total silêncio, onde o ar esteja livre por centenas de quilômetros de toda influência poluidora.

Onde a atmosfera e o magnetismo humano estejam absolutamente puros e nenhuma gota de sangue animal tenha sido derramada.” “Condições e Ensaios das Práticas Avançadas de Yoga”. E o interessante é que esse hindu, visitando esse lugar, um lugar onde ocorria um fato extremamente especial que é um Adepto em estado de samadhi, ouviu falar pelos lamas que Blavatsky tinha feito o treinamento dela também nesse lugar.

E ouviu falar de algumas realizações que Blavatsky tinha atingido. E mais. Dizia também que pelas conversas que teve com os lamas, entendeu que essa idéia de um budismo esotérico ou de algumas das proposições que a Sociedade Teosófica trouxe, diziam respeito a aspectos internos do budismo.


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Um outro exemplo disso foi uma experiência de psicometria, não sei se é esse o nome, em que uma muito competente psíquica da época que era capaz de pegar um objeto e entrar em sintonia com o objeto e saber a história do objeto, visualizando várias pessoas que tiveram contato com o objeto, o que tinha acontecido com o objeto, coisas assim.

A ela foi dada uma carta de Franz Hartmann ,que posteriormente tornou-se um escritor, e que fazia parte do núcleo interno, um grupo de estudantes que estavam muito próximos da Blavatsky recebendo instruções e praticando meditação e estudos místicos. Ele recebeu essa carta de um Adepto e pede para ela usar o seu poder para identificar de onde vinha a carta. E é muito interessante vocês pegarem o relato no livro da Blavatsky.

A médium, a psíquica, fica absolutamente impressionada com o lugar e descreve um templo, que depois Blavatsky diz ser o templo privado do Panchen Lama.


E aí a gente entra num ou tro capítulo que é o papel do Panchen Lama nessa história. A Blavatsky diz que ela própria não teve autorização para entrar nesse templo mas sabia que o Panchen Lama era chefe de uma Escola – e aí talvez por quê ele é considerado o chefe místico do budismo tibetano, e não o Dalai Lama – Ele chefiava uma Escola que havia sido criada por Tson Khapa, o criador da Linhagem Gelupa, um dos grandes reformadores do budismo.


Essa era uma Escola secreta. Era uma Escola onde atuavam Adeptos de várias nacionalidades, não apenas tibetanos. E muitos dos lamas que viviam ali nas adjacências e junto do Panchen Lama, não tinham a menor idéia da existência dessa Escola. Ela, quando foi ao Tibet, ficou na região de Shigatze, ela falava muito nesse termo. Ficou no ashram do Mestre dela, aquele que a treinava. Então, ela ficou no ashram do Instrutor, que ficava na região de Shigatze.

E ela fala num dos relatos do que viveu nessa região. E uma coisa que vai chamar muita atenção dos estudantes é uma descrição que ela faz do início dos seus estudos ocultos quando ela viu Mestres, Adeptos, retirarem os discípulos do corpo para um treinamento fora do corpo. E ela diz que ela própria passou por essa experiência, tendo ficado onze semanas fora do corpo, sem se dar conta que estava fora do corpo. Ela andava para todo lado e ficava muito indignada que ninguém a procurava, se sentindo sozinha, não entendendo o que estava acontecendo, e quando voltou foi que ela começou a entender o que se passou.

Essa experiência que ela teve, nos mostra ou corrobora o fato de que as verdadeiras escolas de mistérios têm a função de permitir ao indivíduo descobrir, em consciência física, ou seja, antes de morrer, o que se passa nos outros lados da vida, ou nas regiões para onde vamos depois que morremos. O indivíduo passa a ter consciência e controle de si próprio nessas regiões invisíveis. Vocês lembram, alguns de vocês estiveram presentes provavelmente, quando eu falei das yogas secretas e falei da yoga dos sonhos de Naropa que é uma yoga que tem essa função.

O indivíduo toma consciência que está sonhando sem sair do sonho. Ele passa a atuar no sonho e logo ele descobre a ilusão do sonho e vê que existe uma realidade sutil na dimensão onírica, e que se essa realidade da dimensão onírica é limitada ainda. Mais limitada ainda é a realidade física, que para o budista, é apenas outro nível de sonho. É como se nós estivéssemos sonhando, agora mesmo. Despertaremos um dia.


Mas então, ela passa por essa experiência. E essa experiência é corroborada depois por um outro documento que nós poderíamos estudar, mas que é muito difícil de encontrar. Eu não consegui encontrar. Eu só tive contato com esse documento através de um ex membro da Sociedade Teosófica, um estudioso muito sério desse assunto, que é o Alberto Brum, que apresentou há dez anos atrás, alguns trechos desse manuscrito aqui para nós. Então, eu tenho alguns registros do que ficaram gravados numa fita de vídeo. E é muito interessante esse manuscrito.

>Chama-se Manuscrito de Urga. Urga é um local da Mongólia, onde depois eu vim a saber, residia um ser de enorme evolução espiritual, um lama muito capaz nas artes interiores. E essa carta é mandada por um secretário do Panchen Lama para um amigo correspondente que tinha familiaridade com esses assuntos. Nessa carta o autor pede autorização ao seu chefe, o Panchen Lama, para escrever e apresentar alguns fatos.

Pede autorização do seu próprio eu interno para fazer isso e então escreve a carta. E essa carta, por várias razões, diz esse amigo nosso, acabou, depois da morte do correspondente, caindo nas mãos de um, nas mãos de outro, que fez umas cópias para alguns amigos e depois acabam sendo publicadas. Não era para ser publicada.

É um documento privado. E dessa carta publicada sob o título “Manuscrito de Urga, o correspondente, secretário do Panchen Lama, diz coisas do tipo: “eu fiz o meu treinamento (eu vou falar de memória do que eu ouvi) budista em Lhasa. Quando a iniciação caiu sobre mim, eu descobri que o budismo que conhecia era de luzes para crianças. Vi que havia uma religião para os muitos, mas algo completamente diferente para os poucos.” Nessa Escola o trabalho é feito do mundo astral – em linguagem teosófica – do mundo astral para cima.

Eu vou, se vocês permitem, colocar alguns detalhes: “Isso foi uma curiosa descoberta que a partir daí comecei a viver. Ingressei no templo interno em …(um lugar).” No Tibet há muitos que não sabem da existência destes templos interiores. Tinha uma vida secreta superior e aqueles que viviam uma vida externa, nada sabiam disso. Nesse nível estuda-se a força imensurável que a partir dessa iniciação o nível astral é considerado primário.

Muitos anos atrás eu havia aprendido sobre a suposta existência de Mestres Cósmicos. Seres que não possuem forma física ainda que instruam aqueles que estão em forma física. Eu já havia convivido com grandes Mestres encarnados mas agora, depois da regeneração que o templo interior produziu sobre mim, meu entendimento sobre os Mestres mudou. Eles são uma força espiritual impessoal.

Eles são seres de nível muito elevado e quase nunca se revelam a si mesmos.” Isso é uma coisa interessante porque vocês vão encontrar mesmo referências, tanto nas Cartas quanto nos pontos de vista clássicos, que o Adepto, o verdadeiro Lama iniciado, ele só é realmente um Adepto quando ele funciona com a consciência do seu nível interior, não no seu cérebro físico.

Ou seja, é como se no mesmo ser existisse uma dimensão pessoal, evidentemente muito mais preparada, muito mais saudável e lúcida e pacífica mas que a fonte da clareza não existe, não está diretamente ligada a personalidade, e sim ligada a dimensões interiores.

Vocês querem ver onde isso fica extremamente claro, com uma visão mais realista do que é o treinamento interior, qual é a ótica que os Instrutores têm desse processo? Eu vou ler uma passagem de uma carta de um dos Mahatmas ao Sinnett. Nessa carta, entre vários assuntos interessantíssimos, encontra-se essa passagem: “Compreenda, meu amigo, que os afetos pessoais têm pouca ou nenhuma influência sobre qualquer Adepto verdadeiro no cumprimento do seu dever. À medida que ele se eleva em direção ao perfeito adeptado, as fantasias e antipatias do seu eu inferior são enfraquecidas.

Como K.H. explicou, o Adepto acolhe toda a humanidade em seu coração e a considera em comum. O seu caso é uma exceção. (…toda a história do Sinnett, a gente vai ver isso também no nosso estudo) Você se impôs a eles. Você se impôs a um Adepto. Circunstâncias históricas levaram a essa troca de correspondência. E conquistou a sua posição pela própria violência e intensidade do seu afeto por Ele.

Uma vez que Ele o aceitou terá que arcar com as conseqüências no futuro.” Agora, o que interessa: “Entretanto, não pode ser um problema para Ele, o Adepto, o que o Sinnett visível possa ser. Os seus impulsos, os seus fracassos e êxitos em seu rumo, a sua consideração maior ou menor por Ele, o Mestre. Com o indivíduo visível nós nada temos a ver (olha que interessante) ele é para nós apenas um véu que oculta dos olhos profanos o outro ego em cuja evolução nós estamos interessados. No rupa externo, ou seja, na casca externa, no veículo externo, faça você o que quiser, tente o que quiser.

Só quando os efeitos dessa ação voluntária são vistas no corpo que está em sintonia conosco, é nosso dever prestar atenção a ela.” Olha que coisa interessante. Os verdadeiros Mestres do budismo secreto atuam num nível nosso mais profundo do que a personalidade. Nós podemos não estar conscientes disso e ainda assim, já estarmos em sintonia com Estes Seres. Porque eles atuam na nossa dimensão imortal que é como uma sementinha. É lá que os sonhos ocorrem, é lá que um outro nível de trabalho, de simpatia para o amadurecimento desse ser interior vai ocorrendo.

O que se passa no mundo físico é retirar as obstruções para que essa natureza interior desenvolvida possa se expressar através da personalidade. A personalidade pode bloquear completamente o aparecimento desta luz interna, dependendo dos seus condicionamentos, dependendo dos seus obstáculos interiores. Portanto, toda a caminhada, no nível psicológico, psicofisiológico, vamos dizer assim, se dá para suavizar a estrutura interior, a vida emocional, física e mental para que essa luz interna possa fluir através. Agora, esta luz interior já está sendo nutrida numa outra dimensão pela ação dos verdadeiros Adeptos. Essa é a ação das verdadeiras Escolas interiores.

O Mestre atua numa outra dimensão sua. E é seu dever levar sua prática interior para que a personalidade deixe de atrapalhar … Quando a gente deixa de atrapalhar com nossas limitações pessoais, vem o que já existe dentro de nós. Então, estes Mestres que podem usar o corpo físico, podem ser conhecidos por um nome, vocês podem estar perto deles e não ter a menor idéia de quem realmente são. Porque é fora da personalidade que eles vão mostrar sua verdadeira capacidade.


Outras passagens desse manuscristo de Urga mostram que o aprendizado e o amadurecimento de um iniciado se dá de uma forma espantosamente rápida. Porque se o seu corpo físico – o caso dos tibetanos – ficasse em repouso em algum templo guardado, o seu eu interior ganhava uma liberdade de ação nas dimensões superiores que lhe permitia conhecer o que ocorria em qualquer parte do mundo mesmo que seu corpo físico tivesse adormecido em algum lugar, em alguma montanha dos Himalaias.

Então, estes seres aprendiam com tudo o que ocorria na humanidade. Eram capazes de compreender os pensamentos mais íntimos da humanidade, aprofundar sua compreensão do funcionamento da humanidade, desenvolver qualificações para servir às necessidades interiores dos seres humanos, mesmo que o corpo que não tivesse absolutamente em movimento.


Lá pelas tantas, num destes níveis, diz o manuscrito de Urga, “o indivíduo ganha condições de escolher o seu nascimento”. Ou seja, aí é o tulku, a hoje conhecida tradição dos tulkus. E um escritor chamado Geoffrey Barborka lançou um livro chamado “Blavatsky, Tibet e Tulku”, onde ele defende que o treinamento interno da Blavatsky torna claro que ela poderia ser classificada como um tulku, ou um ser que tem já consciência dos seus nascimentos prévios e que tem capacidade de escolher o próximo nascimento, porque já conhece toda a dinâmica da ocupação do corpo, porque já conhece, com o auxílio de seu mestre, já conhece alguns condicionantes kármicos. Portanto, nesse nível maior pode fazer escolhas que qualquer um de nós não poderia fazer.

Um outro tópico interessante a respeito da relação de Blavatsky com o tantrismo tibetano se dá numa confusão que acabou sendo gerada através dos termos que ela usou. Por exemplo: nesse livro aqui eu encontrei uma passagem em que ela fala que “quase todos os indianos versados nesse assunto já teriam ouvido falar do, se não me engano, Banda-chan Rambouji.., algo assim,. E eu passei reto por isso. E lendo a segunda vez, a terceira vez, foi que caiu a ficha de que o que Blavatsky escreveu como Banda-chan Rambouji… não é mais do que Rinpoche que hoje todos nós conhecemos o que é.

Mas quando ela esteve no Tibet, não havia qualquer tradução do tibetano para as línguas ocidentais. Então, coisas do tipo, livros de kyu-te, onde ela fala que baseia as suas obras, no livro de Kiltare, …, foi saber o que era o livro de Kyu-te, até que um filólogo americano descobre que o livro de kyu-te que Blavatsky chamava, a exemplo do Rambouji, não passava do livro de Gyud que significa tantra em tibetano. Ou seja, livros de Kyu-te são os tantras tibetanos e foi nisso que Blavatsky baseou a sua obra. Ela conheceu os livros tântricos no seu treinamento interior numa época em que ninguém sabia disso.

Então, muitos outros pequenos relatos poderiam ser dados a respeito desse detalhe. Talvez nas perguntas a gente possa expor isso um pouquinho melhor. Mas, então, onde que eu quero chegar com isso tudo?


Os poderes extraordinários que esta mulher demonstrou ter no seu período de ação, quando ela foi para a Europa, foi aos Estados Unidos primeiro, depois à Europa, e ela então começa um movimento que teve a grande função de resgatar para o Ocidente, a sabedoria do Oriente. E essa interessante idéia de que sempre existiram os guardiões do sagrado, vivos, em todas as épocas da humanidade, inclusive hoje, e que esse sagrado na verdade é uma ciência que pode ser conhecida e será conhecida por aquele que tiver qualificação para pedir e ser aceito.

Bater e a porta se abrir. Tudo isso que ela desenvolve, esse trabalho maravilhoso que ela faz, as obras que escreve, o efeito impactante e profundo que esse movimento provoca porque não era confiando apenas na Sociedade Teosófica. A Sociedade Teosófica foi uma das pioneiras. Mas quantos outros pensadores atuaram na mesma direção fazendo com que hoje essas idéias sejam tão populares para muitos de nós, coisa que não se tinha como chegar nem perto disso, cento e vinte anos atrás.

Pois todo o trabalho que ela fez, a força interior que ela desenvolveu para poder desenvolver esse trabalho, tiveram a sua origem na sua preparação interior que foi feita, segundo esses relatos, em Escolas Secretas pertencentes ao budismo tibetano mas que não são restritas ao budismo tibetano.

Na verdade, nessa dimensão já não se pode falar de budismo, de cristianismo, de judaísmo, do que for. Lá só se pode falar da Força Imensurável. Se pode falar da realidade por trás das palavras, por trás das divisões, por trás do racional. Ela viveu .., teve o seu treinamento e trouxe para nós algumas indicações de que essa é uma faceta da realidade extremamente interessante para todo aquele que é sério na busca da sua espiritualidade essencial.


Então, creio, para concluir esse trabalho, que Blavatsky não foi teórica nas coisas que escreveu. Ela viu de perto. Ela conviveu com o Mestre dessa … Esteve lá e fez o seu treinamento. E se o budismo tibetano hoje guarda ainda essa dimensão secreta, quem poderia dizer? Tampouco quero eu mistificar o budismo tibetano e seus representantes através dessa apresesentação. Porque a natureza dessas escolas transcende absolutamente qualquer representação religiosa no tempo e no espaço.

Os budistas tibetanos viveram sim, espero eu que ainda tenham essa porta aberta, como os cristãos viveram isso, como os judeus em seu tempo viveram isso também. Como todas as grandes tradições em seu tempo áureo, também puderam viver. Então, era apenas isso que eu queria compartilhar com vocês.


(Alguém faz uma pergunta que não ficou gravada. A resposta, sim)


As polaridades em que … (barulho). da luz e da sombra. Você vai encontrar nas Cartas referências a isso o tempo todo. Que cada passo – isso é uma coisa extremamente interessante pelos efeitos práticos – Cada passo que nós damos em direção à luz, ou cada passo que nós damos genuinamente, na direção de nós próprios, vai sofrer uma oposição em igual medida. Em igual proporção. Não existe caminho linear em direção à luz. O caminho é um caminho de confrontação da sombra.

Parece que em muitos níveis diferentes esse processo se dá. Nós vamos encontrar isso na natureza que exemplifica a polaridade de várias formas, da mais clássica à mais básica. O dia e a noite. O Tao e o Todo foi a grande lição de que não é possível ter a realidade sem ter também os dois aspectos, sempre dialeticamente. Alguém uma vez .se é verdade, se tiver alguém mais qualificado em línguas, por favor me corrija. Alguém me disse que o chinês antigo ele trabalhava. Por exemplo, o termo chi significava espírito, era traduzido como não paixão.

Quer dizer, remete para o oposto, para o negativo para você compreender o que é. Estamos vendo mais um exemplo de que a dialética nesse nível da realidade é altamente chave.


Mas concretamente falando, assim como existe a fraternidade daqueles que trabalham na direção do crescimento, existe a fraternidade que trabalha na direção da degeneração. São todos irmãos que empreendem caminhos diferentes e que fazem trabalhos opostamente diferentes. E o tempo todo esses Adeptos que trabalham com a luz precisam confrontar a oposição dos seus opositores que usam todos os recursos para isso, inclusive a própria religião. Dentro das próprias religiões é que a gente vai encontrar o. das forças negras.

Vocês vão ver (barulho) alguns traços muito curiosos, como por exemplo, o assassinato dos Dalai Lamas, coisas assim. Então, é normal. Impressionante a clarividência deles porque nas Cartas, muitas vezes, eles anunciam com meses de antecedência crises que estão já se formando nos mundos mentais e que vão acabar logo ali, em geral pela ação da confusão mental de um ou de outro, ou pela deliberada má intenção de um com o outro. Houveram organizações religiosas, inclusive, que fizeram verdadeiros trabalhos de boicote contra o trabalho que o Dalai Lama empreendeu. (não ficou claro se as três últimas palavras são mesmo essas)


Alguém pergunta: Qual seriam os interesses deles? Porque eles querem fazer o negócio regredir? O que se ganha com isso?


Eu acho que para entender isso, precisa lembrar daquela coisa de que nós somos de uma natureza dual. Todos nós somos uma natureza dual. Nós temos uma personalidade cuja força básica é a auto manutenção. E para essa personalidade baseada na auto manutenção, os prazeres decorrentes do mundo nos servindo é a coisa mais gostosa para a personalidade. O movimento espontâneo da personalidade é fazer o mundo ficar a nosso serviço. Tanto que você vai ver que nos estágios de desenvolvimento infantil a criança começa a manipular o mundo.

Ela começa a colocar o mundo a seu serviço em determinado momento. Quer dizer, nos níveis mais inferiores da consciência, a ação é sempre essa. É a manipulação… (terminou a fita I). esquecer alguns parâmetros éticos básicos. Na medida em que ele começa a esquecer isso e não tem mais limites para a sua ação, a primeira coisa que ele faz é entrar no crime. Um passo além, é usar forças ocultas para o crime ou para criar situações para si próprio. A gente não pode ver a questão das forças da oposição como uma coisa muito abstrata, não, porque é absolutamente concreta.

Esse mundo que nós vivemos é o reino das forças de oposição. É ou não é? Basta ver como os países estão organizados, basta ver como a economia está organizada, e vocês vão ver ali a ação dessas forças da oposição. Quando o Dalai Lama propõe que as relações entre os países deveriam ser repartidas meio a meio, sem explorar. Por que um país explora outro?


Vamos nos relacionar sem exploração. Parece um vento de tão abstrato num mundo tão denso em relação a outros princípios completamente diferentes. Princípios que levam, que motivam todo o processo exploratório, imperialista, que considera sempre o meu acima de tudo e “vamos usar os outros para me favorecer.”

Então, nos níveis mais profundos, vocês só vão ver o exagero desse princípio nas nossas vidas pessoais, mas também, às vezes…


Ao contrário, o caminho das forças brancas, ele é muito mais difícil, mas evidentemente mais poderoso. Mas ele é muito mais difícil porque envolve esforço, envolve esquecimento de si próprio para priorizar o outro. Aquele que vai no caminho da mão direita, pensa no outro primeiro. Pensa sempre mais no outro. Até o ponto em que ele já não pensa mais em si próprio. Isso é muito interessante.

O indivíduo que deixa de pensar em si próprio – não é não ter consciência de si próprio, isso aí é outra história – ter consciência de si próprio, mas deixar de pensar em si próprio e viver absolutamente a serviço de todas as formas de vida, torna a vida absolutamente leve, deliciosa. É a única leveza sustentável do ser, possível. Agora, a dificuldade é que nós todos temos como referência de felicidade, os nossos prazeres. Em geral os nossos prazeres dependem de terceiros. Aí começa a grande confusão.


Alguém – É aí que as forças negras entram em ação.


Exatamente. A função delas, dentro da trajetória oculta, a função das forças negras dentro da trajetória oculta, é identificar em você cada semente de egoísmo que você guarda. E há uma passagem interessante aqui nas Cartas que os Mestres dizem que eles dão carta branca para as forças negras para atuarem sobre os seus discípulos. Porque só assim os discípulos podem se desenvolver. O ser humano não se desenvolve sem essa oposição. E se o mais nefasto não vier à tona, aquilo vai ficar lá dentro guardado e como um obstáculo ao verdadeiro desenvolvimento.

Por isso que a verdadeira caminhada ela é exatamente oposta da caminhada externa da religião que mostra – aqui tem uma passagem, uma passagem belíssima – que mostra que, olha só. Este Mahatma está se referindo ao julgamento que o correspondente dele, o Sr.Sinnett, fez em relação a um personagem. Este personagem chamava-se Bennett e era um camarada extremamente ativo socialmente, lutando por causas sociais, humanitárias e sendo perseguido de uma forma cruel.

Este Bennett era um americano e ele usava as mãos sujas, não tirava a sujeira das unhas, o colarinho estava meio desgrenhado, estava meio sujo também e ele falava de um jeito meio grosseiro, meio direto, assim. Então para o refinamento de um inglês como Sinnett, que era um cavalheiro, aquilo era absolutamente inadmissível. Ele tinha um preconceito pelo Bennett. Aí ele recebe uma carta, mas uma carta do Mahatma, avaliando.

O Mahatma viu o coração dele, o Mahatma viu o que ele sentia pelo Bennett e Ele diz o seguinte: “Você só viu que as mãos de Bennett não estavam lavadas, que tinha as unhas sujas, usava uma linguagem grosseira e tinha, na sua opinião, um aspecto geral desagradável. Mas se esse modo de apreciar é seu critério de excelência moral, sahib, quantos Adeptos ou Lamas que produzem maravilhas passariam em seu exame?

Esta é parte de sua cegueira. (Este Mahatma tem um estilo impressionante de falar. Olha que bonito) Se ele morresse neste minuto, e empregarei uma fraseologia cristã para fazê-lo compreender melhor, o Anjo Registrador da Morte derramaria, por outros homens igualmente maltratados, poucas lágrimas mais amargas dos que as que derramaria por Bennett. Poucos homens têm sofrido e sofrido injustamente tanto como ele. E também poucos têm o coração mais bondoso, altruísta e sincero. Isso é tudo. E o sujo Bennett é moralmente tão superior ao cavalheiresco Hume, (que é outro personagem) como você é superior ao seu carregador.”

Agora vejam essa passagem: “A doce polpa da laranja está dentro da casca, Sahib. (Sahib é a forma como os hindus se dirigem a outro). Tente localizar as jóias dentro das caixas e não confie naquelas que estão desenhadas na tampa. Digo novamente. O homem Bennett é honesto e muito decidido. Não exatamente um anjo. Esses têm que ser procurados nas igrejas elegantes, em festas e mansões aristocráticas, teatros e clubes e outros locais semelhantes.” O que ele dizia é que o caminho da aparência é exatamente o oposto do caminho do ocultismo.

No caminho do ocultismo é fundamental que as sementes de egoísmo, de maldade, de qualquer coisa que nós tenhamos, venham à tona. Por isso que o verdadeiro ocultista tem que ser uma pessoa meio difícil também. Porque é normal. Não pode estar escondendo de si próprio, e provavelmente dos outros, as questões ainda primitivas no interior de si próprio. Ele tem que ter consciência ao lidar com isso e ele é ajudado a lidar com isso da forma mais cruel, ou seja, pela ação das forças negras.


E existe uma passagem interessante citada num livro teosófico que faz referência ao Anjo Negro, que impede até o fim o progresso final da alma. Mas quando a alma consegue por fim se livrar de todos os seus empecilhos, de todas as artimanhas, e entra na luz, esse Anjo Negro solta seu sorriso de glória. Ou seja: missão cumprida. Conseguiu fazer o Adepto chegar até o seu destino. Se não fosse pela ação das forças da oposição, não haveria a possibilidade do fortalecimento dele até à luz.


Alguém – Quer dizer que nós também temos que usar as forças negras a nosso favor e não deplorar elas?
Nós vamos ter que usar a nosso favor.


Alguém – Veja bem. Você é humilhado por alguém. Em vez de você ficar com raiva, você perceba o que está passando.
Isso é extremamente difícil mas é o caminho. Eu falho freqüentemente.


O mesmo alguém – Não só você.



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