Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Las Enseñanzas Tibetanas

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Autor: H. P. Blavatsky

I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet



“Aquellos que están en la cumbre de la montaña, pueden ver a la humanidad entera; análogamente, los que son inteligentes y libres del dolor, pueden ascender más allá del paraíso de los Dioses y, una vez allí, abren las puertas de lo inmortal porque han visto la sujeción del ser humano al nacimiento, a la muerte y a los dolores que lo afligen.”

Desde el “Tched-du brjod-pai tsomos” de Bkah-Hgyur

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Maitreya, el Buda del futuro (Monasterio de Tashilhunpo, Tibet)

Localizado en el Palacio de Penchen, en la ciudad de Zhigatse, “el Buda del Futuro” cuya altura y presencia imponente atrae a los visitantes a sus rodillas.

***


Habíamos prometido a nuestros lectores las opiniones de un venerable Choan-Lama (1), referente a ciertas conclusiones a las cuales llegó el autor de “Buda y el Budismo Antiguo” Gracias al amor fraterno de un discípulo del erudito Choan, quien es, en el Tíbet, el más profundamente versado en la ciencia del Budismo esotérico y exotérico, ahora podemos presentar algunas de las doctrinas que tienen un nexo con estas conclusiones.

Según nuestra firme creencia, las cartas del letrado Choan y las notas que las acompañan, no podían haber llegado en un momento más propicio. Además de las varias ideas erróneas acerca de nuestras doctrinas, a menudo, algunos de los espiritistas mas inteligentes nos han criticado severamente por haberlos extraviados en lo referente a la verdadera actitud y creencia de los hindúes y los budistas sobre los “espíritus de los fallecidos”.

Según algunos espiritistas: “a la creencia budista la embebe una nota distinta y particular del espiritismo moderno; es decir: la presencia de los espíritus de los difuntos y su protección” y los teósofos han sido culpables por haber mal representado tal creencia: “en la intervención de los espíritus humanos fallecidos”, era un anatema en el oriente; mientras, en realidad, es un principio clave del budismo.

Lo que todo hindú, de cualquier casta y educación, piensa de la “intervención de los espíritus fallecidos” es tan consabido en todo el territorio indo, que seria una perdida de tiempo repetir este notorio relato.

Hay unos pocos conversos al espiritismo moderno, véase Babu Peary Chand Mittra, cuya gran pureza de su vida personal haría esta relación inocua para él, porque: aunque no se quede indiferente a los fenómenos físicos, se adhiere solo al aspecto puramente espiritual y subjetivo de tal comunión. Sin embargo si exceptuamos a estos pocos, volvemos a afirmar, audazmente, lo que siempre sostuvimos: no existe un hindú que no deteste la mera idea de la reaparición de un espíritu fallecido, que siempre lo considera impuro.

Además, todo hindú, salvo excepciones citadas, cree que solo un espíritu malo puede retornar a la tierra, excluyendo los casos de los suicidas o la muerte por accidente. Por lo tanto: omitiendo a los hindúes de la cuestión, presentaremos la idea de los budistas del norte referentes a este tema, esperando, con el tiempo, agregar la de los budistas del sur.

Con la palabra: “budistas”, no incluimos las innumerables sectas heréticas que populan en Japón y China, las cuales han perdido todo derecho a tal apelación. Con ellas no tenemos nada que ver. Nos referimos solo a los budistas de las iglesias del norte y del sur, que podríamos definirlos como los católicos romanos y los protestantes del budismo.

El tema que nuestro letrado corresponsal trata, estriba en algunas interrogantes directas que le sometimos, pidiéndole, humildemente, que las contestara; incluyendo, también, los siguientes párrafos extraídos de “Buda y el Budismo Antiguo.”

Me he concentrado en esta cuestión de lo sobrenatural por amplio rato, porque es de suma importancia en nuestro tema. El budismo era, claramente, un aparato elaborado para anular la acción de los espíritus malos, valiéndose de la ayuda de los buenos, que operaban en su potencialidad mas elevada mediante el instrumento proveído por el cadáver o una porción del cadáver del espíritu auxiliador principal.


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Gelukpa-14 Dalai Lama. Región de Lhasa, (Potala)

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El templo budista, los ritos budistas y la liturgia budista parecen basarse todos en esta idea: la necesidad del cadáver completo o de una parte de él.

¿Qué eran estos espíritus asistentes?

Todo budista antiguo o moderno admitirá, a la vez, que un espíritu que aún no ha alcanzado Bodhi o el departamento espiritual, no puede ser un espíritu bueno. No puede ser nada bueno; más aún: debe hacer el mal.

“El budismo del norte contesta que los espíritus buenos son los Budas, los profetas muertos. Proceden de ciertos “campos de los Budas” para comunicarse con la tierra”

He aquí lo que nuestro erudito amigo budista escribe:

“Permítaseme decir que los monjes y los legos occidentales dan un compendio muy ridículo y absurdo de la ley de Fe, las creencias populares del Tíbet. El relato del capuchino Della Penna de la hermandad de ‘Byang-tsiub’ es simplemente absurdo. El toma algunos extractos de descripciones literales del ‘Bkahhgyur’ y de otros libros de las leyes tibetanas, adornándolos con su interpretación.

Así habla de los mundos maravillosos de los espíritus, donde viven los ‘Lha, que son como dioses’, agregando que los tibetanos imaginan que:

“estos lugares se encuentran en el aire encima de una gran montaña a 160.000 leguas de altitud y 32.000 leguas de diámetro. Este lugar estaría constituido por cuatro partes: cristal en oriente; rubí rojo en occidente; de oro en el norte y de lapislázuli la preciosa piedra…en el sur. En estas regiones de dicha, los Lhas permanecen cuanto quieren y luego pasan al paraíso de otros mundos.”

Si mi memoria del período en que iba al escuela de los misioneros en Lahoula no me engaña, esta descripción se asemeja más a la ‘nueva Jerusalén que desciende de Dios desde el paraíso’ en la visión de Juan, que a la ciudad de Jang-Chhub, ya sea en el ‘Bkah-hgyur’ o en las ideas de los tibetanos; ya que la nueva Jerusalén media ‘12.000 octavos de millas’ , sus paredes eran de ‘jaspe’, los edificios de ‘oro puro’ y los cimientos de los muros estaban ‘salpicados con toda clase de piedras preciosas’ y ‘las doce puertas eran doce perlas’.

En primer lugar: el canon sagrado de los tibetanos, el ‘Bkah-hgyur’ y el ‘Bstan-hgyur’, comprende 1707 obras distintas; de las cuales, 1083 son publicas y 624 secretas. A las primeras las componen 350 volúmenes en folio y a las otras, 77.

Supongamos que, por casualidad, los profanos las hubiesen visto, puedo asegurar que nadie, desprovisto de la clave de su carácter particular y significado secreto, pudiera jamás comprender los contenidos de estos volúmenes.

En nuestro sistema, toda descripción de una localidad es simbólica, cada nombre y palabra esta velado intencionalmente y un estudiante antes de que reciba alguna instrucción ulterior, debe estudiar la manera de descifrar y luego de comprender y aprender el termino secreto o sinónimo equivalente de casi cada palabra de nuestro lenguaje religioso.

El sistema Hierático egipcio (los jeroglíficos) es un juego de niños si lo comparamos con el desciframiento de nuestros enigmas sagrados. Aún en los volúmenes accesibles a las masas, toda frase tiene un sentido doble; uno para los profanos y el otro para quienes recibieron la clave de estos archivos.


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El Palacio de Potala, en época de Ceremonia.

El Palacio de Potala es el símbolo de Lhasa y un tesoro de la historia, religión, cultura y artes del antiguo pueblo tibetano, ubicado en las impresionantes mesetas nevadas del Himalaya.

***

Si los esfuerzos de estos hombres bien intencionados, estudiosos y concienzudos, como los autores de: ‘Archivos Budistas del Mundo Occidental’ y ‘Buda y el Budismo Antiguo’, cuyas hipótesis poéticas pueden derrumbarse y refutarse, una a una, con gran facilidad, resultaron en nada, deja constancia que las tentativas de los antecesores y sucesores de los abates Huc, Gabet y otros, son un triste fracaso; ya que los primeros autores mencionados no se proponen desfigurar, intencionalmente, las enseñanzas sin paralelo y gloriosas de nuestro bendito maestro Shakya Thub-pa (Gautama Buda); pero los segundos autores, los clérigos, si.

En el ‘Theosophist’ de Octubre de 1881, un corresponsal informa correctamente al lector que Gautama Buda, el sabio, ‘insistía en que la iniciación se hiciese accesible a todos los que llenaban las calificaciones necesarias.’ Esto es cierto; tal era el plan original que el gran San-gya puso en práctica por un cierto tiempo, antes de que se convirtiera en el Omni-Sapiente.

Sin embargo, tres o cuatro siglos después de su separación con su vehículo terrenal, cuando Asoka, el gran protector de nuestra religión, dejo el mundo, los iniciados Arhat, debido a la oposición secreta, sin embargo firme, de los brahamanes a su sistema, tuvieron que emigrar, uno a uno, del país, buscando refugio mas allá de los himalayas.

Entonces, aunque el budismo popular no se difundió en Tíbet antes del séptimo siglo, los iniciados budistas de los misterios y del sistema esotérico de los Arios Nacidos Dos Veces, al dejar su tierra madre, la India, se refugiaron con los ascetas prebudistas; aquellos que tenían la Buena Doctrina aun antes de los días de Shakya-Muni.

Estos ascetas habían habitado más allá de la cadena himalayica desde un tiempo inmemorable. Son los sucesores directos de esos sabios Arios que, en lugar de acompañar a sus hermanos en la emigración prehistórica desde el lago Manasasarovara al otro lado de la Cadena Nevada en las planicies calurosas de los Siete Ríos, prefirieron permanecer en su inaccesible y desconocido receso.

Por eso no hay que sorprenderse si la doctrina esotérica Aria y las doctrinas Arhat son casi idénticas. La verdad, como el sol encima de nuestras cabezas, es una; sin embargo, parece que esta eterna verdad tan trillada debe repetirse constantemente para que toda la humanidad la recuerde. Pero, para que la verdad pueda conservarse pura y prístina, ajena a las exageraciones humanas, debe esconderse en las reconditeces lejanas de la vista profana, porque sus devotos, tratando de adaptarla a sus fines egoístas, mistifican y desfiguran su cara hermosa.

Desde los días de los misterios universales antiguos, hasta el tiempo de nuestro gran Sahkya Tathagata Buda, quien resumió e interpreto el sistema para la salvación de todos, la Voz divina del Yo, conocida como Kwan-yin, se oía sólo en la soledad sagrada de los misterios preparatorios.


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Mujer Tibetana, portando en su mano “la rueda de las oraciones”

“La rueda de las oraciones” está entre los más simbólicos objetos religiosos para los tibetanos. Los mediadores sostienen la rueda de la oración y durante las innumerables rotaciones de la rueda, ellos van repitiendo diferentes mantras. De esta manera, el mediador manda cientos de oraciones, cada uno llamando, por la compasión universal hacia todos los seres vivientes.

***


Nuestro venerable Tsong-kha-pa, al terminar su quinto Damngag, nos recuerda que: ‘toda verdad sagrada, que los ignorantes no pueden comprender bajo su luz verdadera, debería ocultarse dentro de un estuche triple, para que se esconda, así como la tortuga retira su cabeza en el carapacho, mostrando su cara solo a los que desean obtener la condición de Anuttara Samyak Sambodhi’, el corazón mas misericordioso e iluminado.

Por lo tanto, aun el canon presentado a la gente y recientemente a los eruditos occidentales, tiene un sentido dual. Ahora tratare de corregir los errores que, en el caso de los escritores jesuitas, me duele decirlo, fueron demasiado intencionales.

No cabe duda de que las llamadas Escrituras chinas y tibetanas, las obras estándar de la China y Japón, están pletóricas de asuntos mitológicos y legendarios mas idóneos para un folklore infantil que para una exposición de la Religión Sabiduría, como lo predico el salvador del mundo; ya que algunas fueron escritas por nuestros eruditos mas preclaros, muchos de los cuales, siendo no iniciados, aunque piadosos y sinceros, comentaron sobre asuntos que jamás entendieron correctamente.

Sin embargo: ninguna de estas escrituras es localizable en el canon y, aunque se preservan en la mayoría de las bibliotecas de las Lamaserías, sólo los crédulos y los piadosos, cuya sencillez les impide siempre cruzar el umbral de la realidad, las leen y creen en su contenido implícitamente.

A esta clase de obras pertenece ‘El Cosmo Budista’ escrito por el Bonzo Jin-ch’an de Pequín; ‘Shing-Tao-ki’ o ‘Los Archivos de la Iluminación de Tathagata’, por Wang-Puh, en el séptimo siglo e ‘Hi-shai Sutra’ o ‘El libro de la creación’, que consta de varios volúmenes sobre el paraíso y el infierno, ficciones poéticas que se desarrollaron alrededor de un simbolismo que se desenvolvió como un pensamiento ‘teológico’ sucesivo.

Sin embargo, los archivos de los cuales nuestro letrado autor, el monje Della Penna cita o, mejor dicho, cita erróneamente, no contiene ninguna ficción; sino una simple información para las generaciones futuras que, por aquel entonces, podrán haber obtenido la clave para interpretarla correctamente. Los ‘Lha’ acerca de los cuales Della Penna habla, sólo para burlarse de la fábula, son ‘los que alcanzaron la santidad en este mundo’, siendo simplemente los Arhats iniciados, los adeptos de muchos y varios grados, conocidos generalmente bajo el nombre de Bhanté o Hermanos.

En el libro conocido como: ‘Avatamsaka Sutra’, en la sección sobre el ‘Atman supremo, el Yo, según se manifiesta en el carácter de los Arhats y de los Pratyeka Budas,’ se lee que: ‘Como desde el comienzo, todas las criaturas dotadas de sentidos han confundido la verdad, abrazando lo falso, vino a la existencia un conocimiento secreto llamado Alaya Vijnana.’

¿Quién posee el verdadero saber oculto? Los grandes maestros de la Montaña Nevada, responde ‘El Libro de la Ley’.


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Lokapala

La imagen del Guardián muestra además una esfera en su pata derecha, simbolizando nuestro mundo y que éste se encuentra bajo su protección.

***


La Montaña Nevada, es la ‘montaña que consta de 160.000 leguas de altura.’ Analicemos el significado de todo esto. Si omitimos los últimos tres ceros, tenemos 160 leguas. Una legua tibetana es casi cinco millas, lo cual nos da 780 millas desde cierto lugar sagrado, mediante un camino preciso hacia occidente. Para quien vislumbre hasta un simple atisbo de verdad, lo antes dicho se hace lo más claro posible aún en la descripción sucesiva de Della Penna.

El monje dice:

“Según su ley, en el lado occidental de este mundo, existe un mundo eterno, un paraíso, habitado por un santo llamado Ho-pahme, que quiere decir Santo de Esplendor y de Luz Infinita.”

Este Santo tiene muchos ‘poderes’ distintos llamados ‘Chang-chub’, que, en una nota, el monje explica que son ‘los espíritus de los que, gracias a su perfección, no quieren convertirse en santos y, por lo tanto, entrenan e instruyen los cuerpos de los Lamas que renacen para que puedan ayudar a los vivos.

Esto muestra que dichos ‘Chan-chubs’, presumiblemente muertos, son Bodhisatwas o Bhante vivientes, que la gente tibetana conoce bajo varios nombres; mientras otros los conocen como Lha o espíritus; ya que se suponen que tienen una existencia más espiritual que carnal. A menudo, cuando mueren, renuncian al Nirvana, la beatitud de un descanso eterno o el olvido de la personalidad, para permanecer en sus seres astrales espiritualizados para el bien de sus discípulos y de la humanidad en general.

Por lo menos algunos teósofos comprenderán claramente lo que quiero decir, aunque algunos no aceptaran, seguramente, esta explicación. Entonces: consideramos que no hay posibilidad de que un ‘yo’ enteramente puro, permanezca en la atmósfera terrenal, en la personalidad que uso en la tierra, después de su liberación del cuerpo físico. Esta regla contempla solo tres excepciones.

La intención sagrada que induce a un Bodhisattwa, un Sravaka o Rahat, a ayudar hacia la misma beatitud a los que se quedaron atrás, los vivos. En este caso, el se detendrá para instruirlos en los planos internos o externos.

La segunda excepción son los que, a pesar de su pureza, inofensividad y una relativa impermeabilidad al pecado durante sus vidas, se han enfocado tanto en alguna idea particular, en relación con una de las mayas humanas, que transitaron absortos completamente e este pensamiento.

La tercera excepción son las personas cuyo amor intenso y santo, como el de la madre por su hijo huérfano, crea o engendra una voluntad impertérrita, alimentada por ese amor ilimitado que las hace permanecer con los vivos en sus seres internos.

Los períodos concedidos a estos casos excepcionales varían.

En el primero, debido al conocimiento adquirido en su condición de Anuttara Samyak Sambodhi, el corazón más sagrado e iluminado, el Bodhisattva no tiene un límite fijo.

Como durante su vida solía quedarse en su forma astral durante horas y días, después de la muerte tiene el poder de crear, alrededor, sus condiciones calculadas para detener la tendencia natural de los otros principios para que vuelvan a sus respectivos elementos. Además: el puede descender o hasta permanecer en la tierra por siglos y milenios.

En el segundo caso: el período durará hasta que la omnipotente atracción magnética del tópico del pensamiento, intensamente concentrado en el momento de la muerte, se difuminara y gradualmente se desvaneciera.

En el tercer ejemplo: a la atracción la interrumpe la muerte o el desmerecimiento moral de los seres queridos. En ambos casos no puede durar más de una vida.

En todos los otros casos de apariciones o comunicaciones mediante cualquier vehículo, el espíritu será un bhuta malevolo o, en las mejores de las hipótesis, un ‘ro-lang’, el cascaron desalmado de un elementario. A la ‘Buena Doctrina’ se le rechaza por la acusación injustificada de que solo los adeptos afirman tener el privilegio de la inmortalidad.

Ningún adepto o iniciado oriental jamás expreso tal pretensión. Por supuesto; nuestros maestros nos enseñan ‘que la inmortalidad es condicional’ y que las probabilidades de un adepto versado en Alaya Vijñana, el cenit de la sabiduría, son diez veces más grandes que las de uno quien, ignorando las potencialidades centradas dentro de su Yo, hace que permanezcan latentes y en quietud, hasta que es demasiado tarde para despertarlas a esta vida.

Sin embargo el conocimiento del adepto en la tierra y sus poderes no superaran el saber y los poderes de un ser humano bueno, cuando este alcance su quinto y especialmente su sexto ciclo o ronda. Nuestra humanidad actual aun se encuentra en la cuarta de las siete grandes rondas cíclicas.

La humanidad es un niño que apenas se ha quitado los pañales y el adepto más elevado actual sabe menos de lo que sabrá en su infancia durante la séptima ronda. Dado que la humanidad es, colectivamente, un infante, así lo es el ser humano en su presente desarrollo individual.

Como es muy improbable que un niño, a pesar de lo precoz que sea, recuerde su existencia desde la hora de su existencia y de día a día, incluyendo las varias experiencias de cada jornada y la distinta ropa que se le hace poner, así no hay un ‘yo’ capaz de recordar las varias y distintas vidas por las cuales paso, excepto el de un adepto que alcanzo Samma-Sambuda, durante la cual un iluminado ve la larga serie de sus vidas pasadas a través de sus nacimientos previos en otros mundos.

Sin embargo, algún día, la hora sonara.

A menos que un ser humano sea un sensualista inveterado, condenándose a un aniquilamiento completo después de una de estas vidas pecaminosas, rayara el día en que, al haber alcanzado el estado de libertad absoluta de todo pecado o deseo, el vera o rememorara sus vidas pasadas completas de manera tan fácil como un ser humano de hoy recorre y pasa revista, uno a uno, los días de sus existencia.

Agregaremos unas palabras para explicar un pasaje previo referente a Kwan-yin.

Finalmente, los ritualistas budistas chinos antropomorfizaron este poder divino en una deidad distinta, andrógena, con mil manos y mil ojos, denominándola: Bodhisatwa Kwan-shai-yin, la Voz de la Deidad; pero en realidad significa: la voz de la omnipresente conciencia latente y divina en el ser humano. La voz de su verdadero Yo, evocable y audible plenamente solo mediante una gran pureza moral.

Por eso se dice que Kwan-yin es el hijo de Amitabha Buda, quien engendro ese Salvador, el Bodhisatwa misericordioso, la Voz o el Verbo, universalmente difundido, el Sonido eterno. Tiene el mismo sentido místico del Vach de los Brahamanes. Mientras estos últimos afirman la eternidad de los Vedas por la eternidad del sonido, los budistas declaran, mediante la síntesis mental, la eternidad de Amitabha, siendo el primero que probó la eternidad de Kwan-Yin nacido de Si. Kwan-yin es el Vachishvara o la Voz de la deidad de los Brahamanes.

Ambos proceden del mismo origen que el Logos de los griegos neoplatónicos. La ‘deidad manifestada’ y su ‘voz’ se encuentran en el Yo del ser humano. Su conciencia. El Yo es el Padre invisible y la ‘voz del Yo’ es el Hijo; cada cual es el relativo y el correlativo del otro. Tanto Vachisvara como Kwan-yin desempeñaron y aún desempeñan, un rol prominente en los Ritos Iniciáticos y en los Misterios de las doctrinas esotéricas brahmánicas y budistas.

Cabe puntualizar que los Bodhisatwas o Rahats no tienen que ser adeptos; aún menos brahmanes, budistas o hasta ‘asiáticos’; sino sólo seres humanos santos y puros, pertenecientes a cualquier nación o fe, que hayan dedicado todas sus vidas al bien de la humanidad.


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Monje Tibetano, colgando banderas de plegarias al viento

Junto al monje se puede observar una estatua de piedra (color oro), llamada “Rueda de la Ley”. La rueda tiene ocho rayos, simbolizando el Dharma y las nobles enseñanzas del Budismo.

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Continuará


Nota: (1) Director de los Archivos de las bibliotecas que contienen manuscritos sobre doctrinas esotéricas pertenecientes a los Lamas tibetanos Rim Poche Ta-loï y Ta-shü-hlumpo.



Nota
de las Fotografías:

1- Maitreya: Crédito de la fotografía: Getty Images

2- Gelukpa-14 Dalai Lama: Fotógrafo: Hugh E. Richardson. Fecha de la Fotografía: 11 de abril, 1937

3- El Palacio de Potala: Derechos de la fotografía: Museo de Bowers y Museo del Tíbet. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

4- Mujer Tibetana: Derechos de la Imagen: El Museo de Bowers. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

5- Loka pala: Fotografía- Colección de Hugh E. Richardson. Fecha de la toma: entre 1936-50, en la región de Lhasa, palacio de Norbu Lingka (entrada Verandah).

6- Monje Tibetano: Derechos de la fotografía: Michal Sosna


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One response

  1. BeT

    Me he quedado maravillada con este Blog.
    La cantidad de material interesante y el buen gusto y diseño de la página en su totalidad.

    Las imágenes…. el aire que se respira aquí… todo muy bello.
    Seguiré navegando estos mares, agradeciendo a Gorka de Mandala 7 ya que a través de su página llegué aquí.

    Gracias por brindarnos este oasis, un verdadero tesoro!

    Saludos desde el bosque mar: BeT

    Me gusta

    20 de Febrero de 2008 en 0:19