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Los Peldaños de Oro

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LA ANTIGUA SABIDURÍA O FILOSOFÍA PERENNE, como también se le suele llamar, es un cuerpo de enseñanzas que conlleva una forma de conducta. A través de la doctrina del karma, el énfasis de la tradición en la responsabilidad por las decisiones y acciones personales crea una ética que es individual, situacional, y relativa, antes que categórica y absoluta.

De este modo, es inútil buscar “Diez Mandamientos” en la Antigua Sabiduría o una lista de cosas específicas que uno debe o no hacer.


De hecho, algunos de los principios generales de esta filosofía, heredada de la tradición de la India, han ejercido una notable influencia en el pensamiento moderno, entre ellos, el ahimsa (no hacer daño), viveka (discernimiento), y vairagya (carencia de apego). Tales conceptos han desarrollado una gran riqueza de asociaciones éticas en torno a ellos. Sin embargo, resulta más específica aún una breve declaración publicada por Нelena P. Blavatsky y titulada “Los Peldaños de Oro” [La Escala de Oro].


H. P. Blavatsky, a través de La Doctrina Secreta y de otros trabajos, fue una de las principales promotoras de la Filosofía Perenne en los tiempos modernos. De ahí, el resumen ético que promulgó en Los Peldaños de Oro, expone brevemente lo que la tradición dice al respecto. Sus trece frases son el equivalente más cercano a los Diez Mandamientos en la Antigua Sabiduría.

Los Peldaños de Oro fueron originalmente publicados por H. P. Blavatsky en 1890, cuando ella estaba muy preocupada por cuestiones de injusticia, lealtad y altruismo dentro de su propia vida. Luego dio a conocer una versión revisada de dicho documento. La diferencia en el léxico entre la versión original y la revisada es muy ligera, debida mayormente a que algunos términos de la versión original podían ser interpretados mal sin un comentario.

La versión original fue, sin embargo, reimpresa en el compendio titulado [en inglés] Collected Writings (503), que utilizamos aquí, como el que mejor expresa la declaración de la forma en que la Sra. Blavatsky deseaba darla a conocer.

(Originalmente, ésta se imprimió como un solo párrafo. Los espacios y los números se han agregado aquí para esclarecer la estructura de esta declaración, que analizaremos a continuación.)



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The Golden Stair

 

A clean life, an open mind,
A pure heart, an eager intellect,
An unveiled spiritual perception,
A brotherliness for all.


A readiness to give and receive advice and instruction,
A loyal sense of duty to the Teacher,
A willing obedience to the behests of TRUTH,
Once we have placed our confidence in,
And believe that Teacher to be in possession of it.


A courageous endurance of personal injustice,
A brave declaration of principles,
A valiant defense of those who are unjustly attacked,
And a constant eye to the ideal of human progression,
And perfection which the secret science depicts.

 

These are the golden stairs
Up the steps of which the learner may climb
To the Temple of Divine Wisdom.


H.  P.  Blavatsky





[prefacio]  Perciba la verdad que tiene ante sí:

[1] Vida limpia, [2] mente abierta, [3] corazón puro, [4] intelecto despierto, [5] percepción espiritual sin velos, [6] afecto fraternal hacia el condiscípulo, [7] presteza para dar y recibir consejo e instrucción, [8] leal sentido del deber hacia el Maestro, [9] obediencia voluntaria a los dictados de la VERDAD, una vez que hayamos puesto nuestra confianza [en el Maestro] y creamos que Él la posee; [10] valor para soportar las injusticias personales, [11] enérgica declaración de principios, [12] valiente defensa de quienes son injustamente atacados, [13] y mirada siempre fija en el ideal de progreso y perfección humana que revela la ciencia secreta (Gupta Vidya);

[conclusión]  Tal es la escala de oro, por cuyos peldaños el aprendiz puede ascender hasta llegar al Templo de la Sabiduría Divina.


H.  P.  Blavatsky

 


Esta declaración consiste de un mandato preliminar, trece frases sustanciales, y una declaración que concluye y sirve como código que lo resume todo. Es una declaración muy sencilla, y muchos lectores podrían sentirse inclinados a contemplarla como una colección de banalidades piadosas. Pero una lectura así interpretaría bastante mal este documento que, de hecho, es una guía sumamente estructurada de acción moral.

 

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Prefacio.

Los Peldaños de Oro es un consejo general que puede aplicarse a diversas situaciones, no es una lista específica de cosas que deben hacerse o no. Refleja más bien una creencia en una ética natural, que no en mandamientos revelados. En su mandato preliminar, hace énfasis en lo obvio y natural de la acción moral. Le dice al lector: ʺPerciba la verdad ante que tiene ante síʺ. Los principios éticos bajo los cuales debemos actuar son muy claros y están disponibles para todos, nos miran frente a frente, y lo único que necesitamos hacer es estar conscientes de ellos.

 

Sin duda, dada la realidad del karma —los efectos de nuestras pasadas acciones que determinan nuestro futuro—. no tenemos más alternativa que ponernos a tono con la Moral Imprescindible de la naturaleza. Nuestra única opción es si nos ponemos de acuerdo con el karma conscientemente y con pleno conocimiento del significado y los efectos de nuestros actos, o si dejamos que el karma nos tome desprevenidos —esto es, si seremos vencedores o víctimas de nuestras propias acciones.

En el Jainismo, una de las religiones de la India cuyo origen es más o menos contemporáneo con el Budismo, a los grandes santos les llaman jinas, “vencedores”, palabra que proviene de la raíz del verbo jayati, “el que conquista”. (La palabra jain significa “perteneciente a los vencedores”, y quienes se denominan a sí mismo como jainistas siguen los pasos de los victoriosos santos.) El Jina ha conquistado los actos ilusorios, los falsos deseos y la ignorancia; tiene la verdad ante sí. Ha ascendido por Los Peldaños de Oro y, por lo tanto, es el Victorioso, el Conquistador.

El mandato preliminar es una declaración sobre lo natural de la ley moral y su disponibilidad pública, y es también un llamado a nosotros mismos para que respondamos conscientemente a ello. La verdad moral de la vida está ante nosotros, y de nosotros depende percibirla. El proceso de percepción consiste en los trece escalones de Los Peldaños de Oro. Esos escalones forman tres agrupaciones: el primer grupo consta de cinco peldaños, y los grupos segundo y tercero tienen cuatro peldaños cada uno.

El primer grupo de peldaños se refiere a los principios más generales de conducta ética; pero los dos grupos siguientes son cada vez más específicos.

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Una_vida_limpia_Vajarayana_BlogUna_Vida_Limpia_Vajarayana_Blog

E_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogl primer peldaño es algo preliminar e ineludible: ʺuna vida limpiaʺ. En cierto sentido, este peldaño implica el resto. Si se consideraran en su totalidad, éste no sería el primer escalón, sino el peldaño final. La limpieza, dice la sabiduría popular, está más cerca de lo divino, y así es en un sentido más profundo de lo que generalmente se entiende ese dicho popular.

Una vida completamente limpia es una vida completamente moral. De este modo, en nuestro comienzo también está nuestro fin. Pero Los Peldaños de Oro no son una escalera por donde se asciende una sola vez.

Todas las metáforas tienen sus límites, y si pensamos en este grupo de principios éticos que llamamos Los Peldaños de Oro demasiado literalmente, como escalones que se suben uno detrás del otro hasta alcanzar un pináculo de perfección moral, habremos traspasado los límites de esta metáfora. Nosotros no ascendemos por Los Peldaños de Oro una sola vez, sino muchas veces, repetidamente. Cada acción nuestra es un escalón más en alguna dirección en esos peldaños. Por lo tanto, el primer escalón no se sube una sola vez, sino una y otra vez. Cuando nosotros hayamos dado el paso de llevar una vida perfectamente limpia, habremos pasado por sobre todos los demás y llegado hasta el templo al cual ellos nos conducen.

Aunque nuestros primeros esfuerzos para ascender este peldaño sean imperfectos, por él debemos comenzar. En sus Confesiones, San Agustín recordaba que él le había implorado a Dios: Da mihi castitatem et continentiam, sed noli modo. “Dadme castidad y continencia, pero no solo ahora.ʺ Esa es la forma en que la mayoría de nosotros actúa con las virtudes. Pensamos que nos harán la vida más difícil y menos agradable.

Sabemos que las debemos poseer y las queremos, pero no aún o ahora. Sin embargo, si esperamos poder avanzar por el sendero, debemos reconocer que la vida espiritual debe ser primero una vida limpia.

Una vida limpia incluye el hablar con verdad y bondad, obrar con justicia, ganarse la vida honradamente y de una forma útil, pensar bien de los demás, y mantenerse de buen ánimo aun en medio de los problemas. Estas son cualidades simples, pero la vida ética es básicamente simple y obvia. Nada hay secreto ni misterioso en ella.

Una vida limpia es una en la que estemos libres de las manchas que colorean nuestra visión. Una de las grandes obras de la espiritualidad de la India es el Vivekachudamani (La Joya de la Discriminación), de Shankaracharya, la cual indica cuatro cualidades preliminares para avanzar por el sendero. Una de estas cualidades es la carencia de apegos o deseos (vairagya). La palabra en sánskrito, como casi siempre ocurre en esa lengua, revela un doble significado. El significado literal de vairagya es “sin color”.

En nuestro lenguaje común, nosotros utilizamos colores para sugerir estados mentales y emocionales. Vemos rojo cuando estamos molestos; azul cuando estamos deprimidos; contemplamos el mundo a través de cristales color de rosa; nos ponemos verdes de envidia; estamos de un humor negro, o blancos de miedo, y otras expresiones. Los colores emocionales a través de los cuales contemplamos el mundo distorsionan nuestra visión de la realidad. Si hemos de ver el mundo como realmente es y contemplarlo por completo, debemos quitarnos nuestras gafas de colores, prescindir de los humores que nublan nuestra percepción y practicar vairagya.

Debemos estar sin color alguno, esto es, tener una vida limpia.

La primera frase tiene otra implicación que es importante para una visión teosófica de la vida. Estar limpio es estar libres de excrecencias foráneas, de toda la contaminación que se nos pega y que ensucia nuestra pureza nativa. La bondad no es una forma de conducta foránea que debamos aprender dolorosamente. No es como el maquillaje que tenemos que aplicarnos para cubrir las imperfecciones de nuestra complexión. Más bien es lo natural en nosotros cuando limpiamos la acumulación de suciedad que lo oculta.

Toda la naturaleza es fundamentalmente buena —y la naturaleza humana lo es también. En La Voz del Silencio, H. P. Blavatsky menciona que “la mente es como un espejo que atrapa el polvo a la vez que refleja” (párrafo 115).

La tarea que tenemos delante es limpiar el polvo que cubre el espejo, para que éste refleje perfectamente el sol.

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Una_mente_abierta_Vajarayana_BlogUna_Mente_Abierta_Vajarayana_Blog

S_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogi tenemos que buscar la forma de limpiar nuestras vidas, de quitar el polvo que ha cubierto el claro espejo de la naturaleza humana, debemos tener ʺuna mente abiertaʺ. Debemos estar dispuestos a considerar alternativas y a no acercarnos a cada tema o problema de la vida y a cada persona con la cual nos tropezamos, con la suposición de que nosotros ya sabemos cómo lidiar con ellos.

Una mente cerrada es una mente condicionada, cerrada al mundo de las nuevas experiencias, que sólo reacciona ante sus recuerdos como si fuera uno de los perros de Pavlov.

El fisiólogo ruso Ivan Petrovich Pavlov hizo experimentos con perros a los cuales les tocaban una campana cada vez que iban a darles de comer. Los perros pronto asociaron el sonido de la campana con la llegada de la comida, y comenzaban a evidenciar automáticamente procesos fisiológicos, como el de la salivación, tan pronto escuchaban sonar la campana, aun cuando ya no se les trajera la comida. Los perros habían sido condicionados para comportarse de una forma que podía ser inapropiada.

Y lo mismo ocurre con nosotros. Nuestras mentes están condicionadas por las experiencias anteriores, y éstas hacen que dejemos de responder a las situaciones nuevas y que reaccionemos simplemente de acuerdo con nuestro propio pasado.
Cuando estamos condicionados por nuestro pasado psicológico, no podemos llevar una vida limpia, porque ese pasado es el polvo que contamina el brillante espejo de la mente.

Así, para llevar una vida limpia necesitamos tener una mente despierta y abierta a nuevas posibilidades, una mente no condicionada. Ser abiertos de mente no significa, sin embargo, que tengamos que aceptar cuanto nos encontramos en el camino. La discriminación (viveka) es tan necesaria como la carencia de apego. Pero no podremos discriminar verdaderamente, a menos que estemos deseosos de aceptar nuevas ideas, alternativas frescas, y estemos dispuestos a concluir que nuestras viejas ideas, incluso aquéllas que durante largo tiempo hemos sostenido y acariciado, ya no son apropiadas. El pasado tiene que quedar en el pasado.

Tener una mente abierta es estar conscientes de nosotros mismos y de cuanto nos rodea, sin juzgar nada que creamos cierto, sino reconociendo simplemente lo que es.

Hace mucho tiempo, cartógrafos europeos trazaron mapas del mundo que se concentraban en las tierras del Mediterráneo, mostraban a África y Asia como si fuesen pequeñas islas, y ni siquiera mostraban a América. Alrededor de los bordes de los mapas escribieron advertencias que decían: “Aquí moran los Dragones”. Como dijo Alfred Korzybski, el fundador de la Semántica General, con frecuencia confundimos el mapa con el territorio. El mapa está en nuestras mentes; el territorio es el mundo.

Para descubrir el mundo como realmente es, los exploradores tuvieron que dejar sus viejos mapas y aventurarse a navegar esos territorios donde habían sido advertidos de que allí moraban dragones. Sin embargo, en vez de encontrar dragones, hallaron nuevos mundos. Para hacer esos descubrimientos, tuvieron que observar los territorios que estaban a su alrededor, no sus mapas. Necesitaron tener mentes abiertas, y nosotros también las necesitamos.

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Un_corazon_puro_Vajarayana_BlogUn_Corazon_Puro_Weblog_Vajarayana_2014

S_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogi mantenemos una mente abierta y consideramos nuevas ideas, ¿cómo podemos evitar que esas nuevas ideas se conviertan en más polvo cubriendo el espejo? ¿Cómo podemos hallar el camino en un territorio del cual no tenemos mapa?


¿Cómo podemos evitar el crear nuevos mapas que sean tan erróneos como los viejos sólo que de distinta forma? El próximo paso en Los Peldaños de Oro ofrece la respuesta a tales preguntas: “un corazón puro”.

La expresión “un corazón puro” alude a algo muy particular. Puro significa “no mezclado, uniforme, homogéneo”. Por lo tanto, “un corazón puro” significa una mente dirigida resueltamente hacia un objetivo con intensidad de propósito y con una completa devoción. Según el Vivekachudamani, éste es el cuarto punto de las cualidades preliminares para avanzar por el sendero de iluminación: mumukshutva, la voluntad de estar libre de cuanto es ilusorio y en unión con la Verdad.

Cuando nuestro corazón es puro, en él sólo existe la conciencia de la Vida Única que respira dentro de cada ser en el universo. Cuando nuestro corazón es puro, solo tenemos un deseo, el deseo de estar unidos conscientemente con esa Vida Única.
Cuando nuestro corazón es puro, hacemos todo con un solo propósito, el de actuar bajo la voluntad de esa Vida Única.

En el Sermón del Monte, Jesús dijo: “Benditos sean los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. Sólo quienes tienen una mente resuelta y un corazón puro pueden ver ese Principio Vital que mora dentro y fuera de nosotros.

En términos prácticos y cotidianos, “un corazón puro” significa conocer lo que es realmente importante en la vida, y no permitir que nada nos distraiga de prestarle atención. Esto equivale, en el lenguaje popular, a tener la cabeza bien puesta.

Henry David Thoreau escribió en Walden:

ʺSi un hombre no lleva el mismo paso que sus compañeros, quizás sea porque él escucha a un tamborilero diferente. Permítasele seguir el paso al ritmo de la música que oye, ya sea medida o fuera de tiempo ʺ.

Tener un corazón puro es escuchar a su propio tamborilero y marchar a su compás. “Un corazón puro” significa estar liberado de toda incertidumbre e indecisión respecto de lo que es definitivamente bueno y útil. Quienes tienen un corazón puro no se preguntan a dónde sus vidas están llevándolos, porque ellos saben que existe una sola dirección.

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Un_intelecto_anhelante__Vajarayana_BlogUn_Intelecto_Despierto_Vajarayana_Blog

P_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogara llevar a cabo esta unidad de propósito con un corazón puro, es preciso tener también “un intelecto despierto”. Esto es algo totalmente distinto del tener una mente abierta. Una mente abierta es una mente libre del condicionamiento de experiencias pasadas, pero si la mente está completamente abierta, si está abierta a ambos lados, no puede asirse a nada, todo simplemente pasa a través de ella.

Entonces, no es meramente una mente abierta, sino una mente libre. No hay virtud en la vacuidad.

Adán y Eva no eran buenos cuando estaban en el paraíso, eran simplemente ignorantes. Según el mito del Génesis, ellos no tenían conocimiento alguno del bien y del mal. Sólo cuando nos hacemos conscientes de la gran obra que fluye alrededor de nosotros y aun dentro de nosotros mismos como pequeños movimientos del oleaje de la vida, es que somos capaces de tener una conducta moral buena o mala, porque únicamente entonces podemos escoger. La ética implica poder escoger, y escoger requiere un conocimiento de las opciones.

Nosotros, los seres humanos, somos criaturas éticas porque tenemos libre albedrío, y tenemos libre albedrío porque tenemos mentes con las cuales podemos saber las alternativas que tenemos ante nosotros. Etimológicamente, el hombre es un ser con manas (mente). Ese hecho es crucial para la ética.


Las escrituras cristianas hablan de un pecado original que está más allá del perdón, un pecado contra el Espíritu Santo, pero no dice exactamente lo que es ese pecado. Podríamos decir que es el imperdonable pecado de rehusarnos a usar nuestro intelecto. Si no prestamos atención a nuestras mentes, si somos negligentes con la parte más humana de nosotros mismos, negamos nuestra propia humanidad, rehusamos el conocimiento que es lo único que posibilita el escoger moralmente. Por una curiosa perversión de la verdad, algunas veces identificamos la bondad con la ignorancia. Pero una “ignorancia bondadosa” es una contradicción de términos.

El conocimiento hace posible la maldad, con toda certeza, pero también hace posible la bondad. Cada virtud tiene un vicio como su sombra. En este mundo dual, no podemos escapar de los pares de opuestos, que son complementarios. Para que haya un “arriba”, debe haber un “abajo”; para tener luz, oscuridad; para sentir alegría, el pesar; para que haya un bien, tiene que existir el mal.

Con un intelecto despierto, sin embargo, nosotros no sólo reconocemos la existencia de estos opuestos, incluyendo el bien y el mal, sino que también disponemos de una base para escoger entre ambos. Un intelecto despierto permite la discriminación entre lo real y lo irreal. De este modo, en la tradición de la Antigua Sabiduría hay una premisa básica de que el aprendizaje lleva a la bondad, y de que el intelecto es parte de la ética. Para ser buenos, necesitamos el conocimiento.

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Una_percepcion_espiritual_sin_velos_Vajarayana_BlogUna_Percepcion_Espiritual_Vajarayana_Blog

E_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogl intelecto solo, no importa cuan ávido sea éste, no es suficiente para guiarnos en la ética. El intelecto es como dicen quienes debaten lógica necesario, pero no suficiente. Además de tener una mente activa, también es preciso tener “una percepción espiritual sin velos” por medio de la cual podamos discriminar. Esto es, tenemos que quitarnos la cubierta de polvo de nuestra intuición.


La intuición o buddhi es la facultad mediante la cual vemos directamente adentro del corazón de todas las cosas, y por medio de la cual reconocemos la esencia que se halla tras las apariencias superficiales, y así podemos discriminar entre lo real y lo irreal; lo más importante y lo menos importante.

Se le denomina percepción espiritual, porque no está limitada a los sentidos —a lo que vemos, oímos, tocamos, degustamos u olemos. Tampoco está limitada a la mente —a lo que podemos razonar, deducir, concluir inductivamente, o probar por medio de teorías y lógica. Esta percepción no es física ni intelectual, pero tenemos que experimentarla para poder comprenderla.

La percepción espiritual no se desarrolla de la forma en que uno hace que un árbol de cedro crezca de una bellota. No es una facultad “mía”, que yo la desarrollo. No es “mía” en un sentido personal, sino que se trata de algo que ya existe allí, completamente desarrollado, y disponible para quien sea capaz de llegar a ella. Sólo necesita ser develada, como una estatua acabada y lista para ser mostrada a los espectadores. El proceso de develarla es practicando la meditación.

Habiendo utilizado el intelecto despierto al máximo, entonces serenamos la mente y develamos el secreto de esa poderosa intuición, que nos permite adentrarnos en la naturaleza de las cosas escondidas bajo la superficie de nuestras mentes. El intelecto se dirige hacia afuera; la intuición, hacia adentro. Por medio del intelecto aprendemos; por medio de la intuición, reconocemos, es decir, “conocemos de nuevo”, llegamos a la vieja gnosis, a la Antigua Sabiduría (reconocer proviene de las raíces re-, que significa “de nuevo”; co- “con”, y el verbo gnoscere “conocer, tener conocimiento o gnosis de…”).

En las primeras cinco etapas de Los Peldaños de Oro están reflejadas las cualidades que forman la base de toda acción ética: correcto vivir; estar libres de condicionamiento del pasado; tener la mente debidamente enfocada; estar mentalmente despiertos, y tener una intuición activa. Los restantes ocho pasos se relacionan con los frutos de los primeros cinco, comenzando por el cuarto, que se refiere a las relaciones humanas.On_Line_Weblog_Filosofia_Perenne_Vajarayana

Afecto_fraternal_hacia_el_condiscipulo_Vajarayana_BlogFraternidad_Vajarayana_Blog

P_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogrimero, ¿qué es lo que reconocemos por medio de nuestra percepción espiritual? ¿Cuál es la esencia de la Sabiduría Antigua? Su enseñanza fundamental y el terreno de la experiencia meditativa es la unidad de toda la vida.

Más allá de las dualidades de la mente, hay una unidad de intuición. Una vez que hemos percibido esa unidad en el universo, nada volverá a ser lo mismo. Hay una moral imperativa que nos dice que debemos actuar según nuestra percepción. La acción hacia la cual ésta nos lleva es la fraternidad. Si toda la vida es una, entonces todos los seres humanos son nuestros hermanos, e incluso más que hermanos, y como tal debemos tratarlos.

Las palabras que utilizó la Sra. Blavatsky al referirse a este punto fueron: “fraternidad hacia el condiscípulo”. Acaso porque esas palabras parecían un tanto restrictivas, como si se limitasen a la práctica de la fraternidad entre un grupo selecto de estudiantes de un mismo maestro, la versión revisada de Los Peldaños de Oro se cambió por “una fraternidad hacia todos”. Sin embargo, ambas versiones realmente dicen lo mismo.

Como a menudo se ha dicho, el mundo donde vivimos es una vasta escuela, una universidad que ofrece todas las materias imaginables, con una verdadera gama de estudiantes, desde alumnos que cursan el primer año hasta los de postgraduado.

Dentro de esta escuela universal, todos somos compañeros de clase o condiscípulos. No hay un ser humano que no sea nuestro condiscípulo. Así, quien es fraternal hacia el condiscípulo lo es con todos. Cada ser humano está, literalmente hablando, relacionado con todos los demás seres humanos. Si pudiéramos trazar nuestro árbol genealógico y llevarlo muy atrás, encontraríamos que las ramas de nuestro árbol eventualmente se entrecruzan con las ramas de todos los demás árboles de la raza humana. Todos crecen de un mismo tronco.

No hay comunidades humanas que hayan estado completamente aisladas desde el inicio de los tiempos, sino que todos estamos interconectados por el entrecruzamiento de nuestros ancestros. Todos estamos unidos en una red fraternal humana para la cual no hay expresión más apropiada que la de fraternidad. Todos somos parientes.On_Line_Weblog_Filosofia_Perenne_Vajarayana

Buena_voluntad_para_dar_y_recibir_consejo_e_instruccion_Vajarayana_BlogPresteza_para_Dar_y_Recibir_Vajarayana_Blog

E_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogn qué consiste la fraternidad? ¿Cómo podemos demostrar nuestra fraternidad hacia todos? Cuando Dios le habló a Caín, le preguntó: “¿Dónde está tu hermano Abel?” Y Caín le contestó con una pregunta: “¿Soy yo el que cuida a mi hermano? Caín quiso que su pregunta fuese retórica, que implicara su propia respuesta. Y la implica. Pero la respuesta no es lo que Caín pensó. Nosotros somos quienes cuidamos de todos nuestros hermanos.

De este modo, el séptimo peldaño es “presteza para dar y recibir consejo e instrucción”. Esto es lo que los hermanos deben hacer.

Dar consejo e instrucción es fácil. No sólo es fácil, sino que con frecuencia es un gran placer. Hace que quien actúa como consejero e instructor se sienta importante y conocedor; fomenta el ego. El recibir consejo e instrucción es con frecuencia un poco más difícil y oneroso. Pero lo importante es que el consejo e instrucción debe ser dado mutuamente. Cada uno de nosotros puede ayudar a alguien en algún momento, y cada uno de nosotros necesita ayuda algunas veces.

En la obra Hamlet, de Shakespeare, Apolonio le dice a Laertes, entre una serie de otras sentenciosas recomendaciones, que él no debe pedir prestado ni prestar. Eso podrá ser un buen consejo en lo que al dinero se refiere, pero respecto de otras cosas, cada uno de nosotros necesita dar y recibir.

Sim embargo, hay otro detalle importante respecto de este peldaño. No se nos dice que vayamos dando consejo o pidiendo recibirlo. Se nos dice más bien que estemos prestos para darlo y recibirlo, y eso es algo muy distinto. Algunas personas aconsejan cuando no hace falta hacerlo o cuando esto no se desea, y otras lo buscan cuando deberían tratar de desarrollar sus propios recursos, en vez de depender de los demás.

Debemos estar prestos para dar consejo e instrucción cuando sea apropiado hacerlo y no de otra manera. La diferencia entre un entrometido y un buen samaritano es que el samaritano presta atención a las palabras estar preparado.

La presteza para dar y recibir consejo e instrucción es una manifestación práctica de fraternidad entre todas las personas. Todas las personas en el mundo, cualesquiera que sean las relaciones que tengan entre sí, tienen una obligación mutua: la obligación de servirse de apoyo, de socorrerse en la adversidad, de compartir en medio de la necesidad, de alegrarse de la buena fortuna. Esta es la cualidad que los romanos llamaban pietas —comportarnos con los demás de una forma apropiada, según las diversas relaciones que tengamos con ellos.

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Leal_sentido_del_deber_hacia_el_Maestro_Vajarayana_BlogLeal_Sentido_del_Deber_Vajarayana_Blog

U_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogna de las relaciones que tenemos es con la persona de la cual aprendemos. De este modo, el próximo paso es “un leal sentido del deber hacia el Maestro”. La frase es importante y realista, y puede entenderse de varias formas porque la palabra maestro, como co-discípulo, tienen más de una interpretación. Podemos considerar varias de ellas.

Primeramente, sin duda aprendemos cosas de los demás, y al hacer esto contraemos una deuda con ellos. Confucio especificó cinco relaciones humanas básicas que crean deberes mutuos: padres e hijos; hermanos mayores y menores; marido y mujer; jefe y subordinado; maestro y discípulo.


En India, la relación entre el discípulo y su gurú se considera sagrada, porque involucra “un leal sentido del deber”. Hasta en occidente actualmente se le confiere reconocimiento a tal relación.

Cuando un estudiante universitario de un grado avanzado, especialmente de un doctorado, es aceptado por uno de los principales catedráticos para servirle de tutor y dirigir sus trabajos, se crea una obligación mutua entre ellos, hasta el punto de que incluso después de graduarse y alcanzar el doctorado, el estudiante continuará aludiendo a “ese maestro que lo ayudó a graduarse”, esto es, a su “gurú”.

Algunas personas que nunca se adentran en educación superior, con frecuencia contemplan a algún maestro del pasado, ya fuera de su escuela primaria o secundaria, como alguien que ejerció una gran influencia en sus vidas. Y así, la lealtad a nuestro maestro es un deber universalmente reconocido, tanto si el maestro es secular o sagrado.

Segundo, el maestro a quien le debemos lealtad también puede ser cualquier otro ser humano. La noción de maestro es correlativa a la de estudiante o discípulo.

Teniendo en cuenta que el sexto peldaño puede interpretarse en el sentido de que todos somos co-discípulos y que el séptimo peldaño nos dice que tenemos que instruirnos y aprender unos de otros, cada uno de nosotros es claramente un maestro de los demás y, de esta forma, como mismo somos condiscípulos también somos coinstructores.

La fraternidad es una red de relaciones en la cual todos los participantes están en calidad de igualdad, debido a que todos participan de esa relación a un mismo nivel (aunque no tengan el mismo grado de acercamiento entre cada uno).

La relación maestro-discípulo es jerárquica, porque el maestro y el estudiante se encuentran en distintos niveles respecto del conocimiento que los une. Una relación jerárquica, sin embargo, no está exenta de variación. Un día uno puede ser es un estudiante que aprende lo que otro le enseña, y mañana uno puede ser un maestro instruyendo a esa misma persona sobre otro tema diferente.

Todos estamos vinculados unos a otros por estos dos sistemas —por la red de la fraternidad y la jerarquía del deber— pero ambos sistemas fluyen en gran medida, y así cada uno de nosotros cumple con diversos papeles dentro de ambos.

Tercero, no es irrelevante el hecho de que la Sra. Blavatsky escribiera con letra inicial mayúscula el nombre de Maestro en este peldaño. La mayúscula sugiere que ella pensaba que el maestro en este caso no era un ser humano, sino el Yo Superior dentro de cada uno de nosotros. La Voz del Silencio (párrafo 221) dice: “Maestros hay muchos; Alma Maestra hay una sola, Alaya, el Alma universal. Vive en ese Maestro como su rayo en vosotros”.

Finalmente, el maestro a quien somos leales y con quien tenemos un sentido del deber no es un gurú terrenal, no es un profesor universitario, no es un líder de organización alguna, no es un maestro de alguna fraternidad, sino la Vida Una que mora en nosotros. Lo más que cualquier maestro humano puede hacer es conducirnos hacia el Maestro interno.

Apolonio le dio a Laertes un pequeño consejo: “Sé fidedigno con tu propio serʺ. Si redactamos un poco esas palabras, el mensaje es el octavo peldaño: “Por sobre todo, sé fiel a tu Yo Uno”. Nuestros egos internos son el Yo Uno, y ése es finalmente el único Maestro. Tener un leal sentido del deber hacia el Maestro es ser fieles a la parte interna de nuestra propia naturaleza, al Alma universal.

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C_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Webloguando tenemos un leal sentido del deber hacia el Maestro, ¿qué hacemos? ¿Qué sobreviene como un compromiso con el maestro de la Verdad, tanto si el maestro es un mortal o es el Alma universal? El noveno peldaño alude a ello: “voluntaria obediencia a los mandatos de la Verdad, toda vez que hayamos puesto nuestra confianza en el Maestro y creamos que él la posee”.

Habiendo encontrado al Maestro interno y estando convencidos de la realidad de la Verdad que mora dentro de nosotros, como para que le tengamos fe y podamos poner nuestra confianza en ello, debemos entonces actuar en forma consecuente. Cada idea tiene repercusiones sobre nuestra conducta. Una vez que hemos aceptado la Verdad de la Vida Una como una idea, tenemos que enfrentarnos con los dictados de la verdad que nos impulsan a la acción que se deriva de ello. Las ideas son lo más poderoso del mundo, porque nos impelen a actuar.

La obediencia a los mandatos de la Verdad no es algo que se requiera externamente. Nadie se nos encarama encima y nos dice: ʺ¡Usted tiene que obedecer!ʺ
Esta es una obediencia voluntaria que nace dentro de uno mismo, y surge como el resultado natural e inevitable de reconocer la Verdad. Cuando una planta se expone a la luz del sol, nadie tiene que decirle que crezca. El crecimiento es la respuesta natural de la planta a la luz. Con ʺnuestra obediencia a los dictados de la Verdadʺ ocurre algo similar.

Los escalones seis al nueve de Los Peldaños de Oro, definen nuestras relaciones con otras personas, tanto dentro de la red de la fraternidad como dentro de la jerarquía de deberes, y éstos se relacionan con las consecuencias de esas relaciones, nuestras responsabilidades como hermanos, unos con otros y como estudiantes, a los dictados morales implícitos en la verdad de la Unidad. Los últimos cuatro peldaños tratan en forma más explícita los dilemas morales y nuestras respuestas a los mismos.

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Sufrimiento_animoso_de_la_injusticia_personal_Vajarayana_BlogValor_para_Soportar_las_Injusticias._Vajarayana_Blog

C_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Webloguáles son los mandatos de la Verdad? ¿Cuáles son las implicaciones prácticas para una conducta ética en cuanto a la Verdad de la Unidad? El peldaño número diez nos lo indica: “valor para soportar las injusticias personales”. Todas las personas experimentan en su vida situaciones que parecen ser injustas, y que sin duda lo son desde el punto de vista de la personalidad.

Sin embargo, cuando creemos que la vida es una y que un orden perfecto gobierna todas las cosas, debemos soportar con valor esas aparentes injusticias.

Este consejo es el mismo que Cristo dio a sus seguidores cuando les habló en la montaña (Mateo, 5.38-45):

“Ustedes han oído decir: ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que se resistan al mal, que cuando los golpeen en la mejilla derecha, vuelvan la cara y pongan la otra también. Y si alguien los demandara ante la ley y les quitara su abrigo, dénles también su túnica. Y si les invitan a caminar una milla, caminen dos.

Den cuanto les pidan, y no vuelvan la espalda a quienes les piden prestado. Ustedes han oído decir: Amen al prójimo y odien a sus enemigos. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, bendigan a quienes los maldicen, hagan el bien a quienes los odian, y oren por quienes los usan con desprecio y los persiguen, para que puedan ser hijos de Su Padre que está en el cielo, porque Él hace que su sol nazca en el mal y en el bien, y envía la lluvia sobre los justos y los injustos.”


A estos mandatos del Sermón del Monte se les denomina algunas veces “los consejos de perfección”, se dice que son una guía para la santidad y que no atan a persona común alguna en el mundo. Pero no hay nada de impráctico en ellos; por el contrario, pueden ser consejos muy prácticos. Se ha señalado que si lo único que hiciéramos fuese seguir la estricta justicia de “ojo por ojo”, el resultado sería un mundo de ciegos. Desde Thoreau hasta Gandhi y Martín Lutero King, la doctrina de la desobediencia civil, del satyagraha, o la resistencia pasiva —esa amorosa, pero firme renuencia a participar en el mal o a responder al mal con el mal —ha probado ser valiosa. No tenemos que creer que el concepto se haya aplicado siempre perfectamente para reconocer que funciona.

El impulso de nuestros egos es responder ante la injusticia, pero es más efectivo soportar el mal valientemente, que responder con el mal mismo. Como dice el Dhammapada, “El odio no cesa con el odio; el odio cesa con el amor —esta es una vieja regla”.

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Declaracion_valiente_de_los_principios_Vajarayana_BlogEnergica_Declaracion_Vajarayana_Blog

U_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogna respuesta pasiva al mal y a la injusticia puede tomarse como timidez o como una admisión del mal mismo. Para distinguir entre valor para soportar algo y cobardía, el próximo peldaño recomienda: “una enérgica declaración de principios”. Tenemos que salir al paso y que nos oigan.


Algunos de nosotros, para estar seguros, estamos demasiado dispuestos a explicar el motivo de nuestra acción y lo hacemos en cada oportunidad que tenemos. Pero hay una fina línea divisoria entre ʺuna valiente declaraciónʺ y una auto-justificación, de una moral farisaica y una auto-felicitación. Los que declaran constantemente sus principios no son héroes, sino aburridos.

Sin embargo, hay ocasiones cuando tenemos que hacer esta declaración. Los antiguos mártires cristianos que fueron cruelmente torturados y asesinados para entretener a las multitudes en la arena de Roma, iban a la muerte cantando salmos. Sus respuestas eran conocidas como “testimonios”, porque ellos eran perseguidos por sus respuestas, pero éstas servían al mismo tiempo como un testimonio de la Verdad que habían experimentado.

Pocos de nosotros nos vemos hoy día en una situación semejante, en la cual tengamos que hacer una valiente declaración de principios, pero hay otros contextos menos dramáticos en los que debemos hacerlo aunque aceptemos la injusticia, pero dejando clara nuestra postura. Si la declaración requiere un genuino valor, y si al hacerla nos concentramos en nuestros principios, lo más probable es que ésta sea tomada a bien. Pero si buscamos obtener algo personal al hacer esta declaración, o si lo hacemos para justificarnos, entonces probablemente sea mejor no decir nada.

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Defensa_valerosa_de_los_que_son_injustamente_atacados_Vajarayana_BlogValiente_Defensa_Vajarayana_Blog

N_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogo importa cómo contemplemos el mal y la injusticia según éstos nos afectan, debemos responder al mal y a la injusticia de una manera distinta. Cristo nos aconsejaba que si nos golpeaban en una mejilla, mejor pusiésemos la otra antes que atacar a nuestro enemigo.

Pero él no sugería en modo alguno que si una persona agresiva golpea a alguien que está a nuestro lado, nosotros debamos agarrarle la cabeza al pobre desafortunado y torcérsela para que el agresor pueda golpearlo por la otra parte también.

Tenemos que soportar el mal que se nos hace, pero no se nos pide que soportemos las desgracias de los demás. Por el contrario, se nos pide hacer “una valerosa defensa de quienes son injustamente atacados”. Lo que no hacemos por nosotros mismos, debemos hacerlo por los demás.

Los Peldaños de Oro no contemplan un total pacifismo como una ética ideal. En esto se hace eco del Bhagavad Gita, cuando Krishna le pide a Arjuna que luche por los derechos de sus hermanos y contra el engaño de sus primos. Arjuna está a punto de entrar en una guerra terriblemente destructiva, no en beneficio propio, sino por el bien de sus hermanos, porque se ha hecho un mal y hay que repararlo.

A Arjuna se le dice que luche sin preocuparse de las consecuencias, de quién saldrá victorioso o vencido, quién reinará o será asesinado. Tiene que luchar porque el orden de las cosas ha sido alterado y hay que restablecerlo, y sólo mediante la batalla de Kurukshetra el equilibrio volverá a reinar.

Finalmente, somos responsables unos de otros. Somos el que cuida de nuestro hermano. Debemos hacer por los demás lo que no debemos y no podemos hacer por nosotros mismos. Esa es la clave del altruismo.

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Constante_mirada_al_ideal_de_la_evolucion_y_de_la_perfeccion_Vajarayana_BlogMirada_fija_en_el_Ideal_Vajarayana_Blog

U_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogna incisiva pregunta nos queda. ¿Cuán lejos podemos llegar defendiendo a quienes son injustamente atacados? ¿Cuáles son los límites de la acción moral? ¿Se justifica mentir, o matar? El código moral más simple nos dice: ʺNo levantar falso testimonioʺ y ʺNo matarʺ.

Estos sencillos códigos morales a menudo resultan útiles, pero fallan al tratar de aplicarse a muchas de las situaciones en las que nos vemos a veces en la vida.

Si una mentira le hubiera salvado la vida a un judío escondido de la Gestapo, ¿sería incorrecto mentir? Si el matar a un terrorista que amenaza a todos dentro de un avión repleto de personas salva a los pasajeros, ¿es incorrecto matar? ¿Cómo distinguir entre una acción necesaria y una inmoral?

El último peldaño nos dice cómo obtener la respuesta a tales asuntos; “mirada siempre fija en el ideal de progreso humano que revela la ciencia secreta (Gupta-Vidya)” Todas nuestras acciones deben llevarse a cabo contemplando el ideal evolutivo. Lo que contribuye al mejoramiento humano es bueno; lo que no contribuye, es malo. Esa es la piedra angular para el toque final.

De seguro que algunas veces podríamos estar errados en lo que contribuye a la evolución —ser humanos es cometer errores. Sin embargo, mientras nuestra intención esté alineada con el ideal, mientras que nuestro móvil sea ayudar al progreso de la humanidad hacia la perfección, nuestro acto es moral.

Si nos preocupamos demasiado por los resultados de nuestras decisiones —de si están correctas o incorrectas— y nos tornamos incapaces de tomar libremente cualquier acción, hemos caído en el síndrome de Arjuna. No podemos sentarnos en el suelo de nuestro carruaje, desanimados ante cuál es la línea de acción correcta que debemos tomar. Como Krishna le dijo a Arjuna, los efectos de la acción no son asunto nuestro. No debemos preocuparnos por esto, sino por hacer lo que creemos correcto, lo que entendemos que contribuye a la evolución humana, y ahí termina nuestra responsabilidad.

Un punto adicional. La declaración preliminar dice que la verdad está abierta a todos, y el último paso dice que la base de la acción ética se deriva de ʺla ciencia secreta.ʺ Estas dos declaraciones no son contradictorias. La ciencia en cuestión es secreta, esotérica u oculta, no porque haya sido inscrita en el registro de propiedad literaria o de marca registrada, para ventas al por menor por parte de una logia de misteriosos adeptos, sino porque por su propia naturaleza es algo que no puede decirse ni escucharse, sino que cada individuo tiene que experimentarlo por sí mismo.

Lo que está abierto a todos es el tener esa experiencia, pero hasta que no la tengamos, esa ciencia seguirá siendo un secreto para nosotros.


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Conclusión.

Y así llegamos al final de Los Peldaños de Oro y sólo nos queda la conclusión.

“…estos son los peldaños de oro, por donde el aprendiz puede ascender hasta llegar al Templo de la Sabiduría Divina”.

E_Articulo_Puertas_de_Oro_Vajarayana_Weblogsto es, que la Sabiduría Divina sólo puede ser alcanzada por quienes viven una vida ética. Pero Los Peldaños de Oro no constituyen una lista de mandamientos que le dicen al mundo lo que debe pensar sobre la pena capital, el aborto, la homosexualidad, la resistencia pasiva, la vivisección, ni cualquiera de los demás asuntos sociales de nuestro tiempo.

Es una responsabilidad ineludible de cada persona individualmente, el hacer un juicio personal sobre esos difíciles asuntos morales que tenemos ante nosotros. Esto es consecuencia de la libertad individual.

Y el respeto a las decisiones que otros toman, incluso cuando nosotros mismos llegamos a decisiones diferentes, es la marca de una verdadera fraternidad.

Los Peldaños de Oro no eliminan la ambigüedad moral de nuestras vidas ni resuelven la crisis de conciencia que enfrentamos cada día, pero señalan el camino para nuestra participación colectiva en el mejoramiento de la sociedad y en levantar un poco el pesado karma del mundo.

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Tal_es_la_Escala_de_Oro_Vajarayana_Blog.

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Artículo escrito por  John Algeo.

Referencias:

Blavatsky, Helena P. Collected Writings, ed. Boris de Zirkoff, vol. 12. Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1980.

La Voz del Silencio, publicado por primera vez en 1892, y reimpreso varias veces (en diferentes idiomas).

_ Sankaracharya. Vivekachudamani. Muchas ediciones, incluyendo Viveka-Cudamani, ed. Mohini M. Chatterji (Adyar, Madras: Theosophical Publishing House, 1932,1973).

The Pinnacle of Indian Thought, ed. Ernest Wood (Wheaton, IL: Theosophical Publishing House, 1967). (Edición en inglés).

 

 

 

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Fraternidad: Una Realidad En La Naturaleza

por Nils A. Amnéus
Fuente:
www.theosociety.org

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La Fraternidad es una realidad en la Naturaleza, declara la Sabiduría Antigua. Esta afirmación está basada sobre la unidad espiritual interna de toda vida.

Toda unidad de vida, o Mónada, es una emanación de la Vida Única Universal, la cual es la causa oculta más allá del universo visible.

Nosotros, los seres humanos, constituimos un grupo de Mónadas, unidas unas a las otras mediante un origen común y un destino también común — peregrinos compañeros con un propósito común. Por lo tanto, la base para la armonía y la cooperación ya existe, y una fraternidad in actu, es la relación natural y normal entre los hombres.

Indicaciones Externas de Unidad

El alcance al cual nuestra unidad espiritual es reconocida, depende de nuestro desarrollo, y difiere enormemente con los diferentes individuos.

La indiferencia hacia el sufrimiento y las penas de los demás demuestra una falta de desarrollo espiritual.

Un sentido de unidad, piedad, sentimiento de compañerismo y solidaridad por el que sufre, demuestra una comprensión de la unidad interna.

Un testigo de un accidente, aunque no sea físicamente afectado, puede sentirse enfermo, y aún desmayarse, como resultado de este sentimiento de unidad interna con la víctima.

Cuando vemos u oímos de algún hecho heroico, o algún acto de abnegación, de alguna responsabilidad hecha al enfrentarse a una dificultad o peligro, experimentamos un afecto de corazón, y una fe renovada de que existe algo noble o divino en nuestros prójimos. Existe una cuerda en nuestra naturaleza que responde cuando una nota verdadera es tocada por alguien más, ¿Y por qué debería esta cuerda vibrar al unísono con la nota tocada, a menos que exista algo de divinidad en todos los corazones humanos?

La separatividad que sentimos externamente, no es tan completa como puede parecer en la superficie. Cuando abordamos un autobús o un tren, por ejemplo, nuestra custodia está en las manos de quienes manejan esos vehículos. Nuestra vida puede depender en el mecánico que reparó nuestro carro, y cuando estamos viajando en él, nuestra vida está casi tan dependiente del cuidado de otros motoristas, como lo está en el nuestro. Cuando cruzamos un puente, o usamos un elevador, estamos confiando nuestras vidas en quienes los diseñaron y los construyeron. Lo que hacemos, afecta a los demás, y lo que ellos hacen, nos afecta a nosotros. Somos “el Guarda de nuestro Hermano”, y él es nuestro “Guarda,” y somos responsables, recíprocamente, por nuestros actos.

Encontramos en la Naturaleza que ciertos animales, como las abejas y las hormigas, han desarrollado cierto tipo de conciencia de grupo, porque forman grandes colonias en las cuales ellos cooperan por el bien común. Como resultado, la colonia prospera, y las unidades individuales son capaces de sobrevivir, lo cual no se podría lograr si trabajaran cada una por su cuenta.

Nosotros, los seres humanos, nos encontramos ubicados por la Naturaleza como parte de varias combinaciones, tales como familias, pueblos, naciones, etc. Como miembros de esos grupos, hacemos mucho de nuestro trabajo colectivamente. Reconocemos que somos parte de algo más grandioso que nosotros mismos, y que hay algo para ser ganado, tanto por el individuo, como por el grupo, por tal cooperación.

El cuerpo humano es un ejemplo maravilloso de cooperación entre varias células y órganos, todos trabajando conjuntamente por el beneficio del cuerpo como un todo. Inconscientemente, el hombre copia el método de cooperación de la Naturaleza, como cuando un trabajo público grande tiene que hacerse, y él encuentra que se beneficia de ese modo. Así, él se une a otros para formar lo que él llama una “organización,” con alguien como su “cerebro,” y varios comités y subordinados para llevar a cabo los detalles, de la misma forma como los órganos del cuerpo ejecutan sus funciones variadas. Cuando nos referimos a nuestra comunidad, o estado, como un todo, y le llamamos “el cuerpo social” o “el cuerpo político,” subconscientemente reconocemos una realidad interna.

Cualquiera que sea el objetivo, ya sea religioso, político, científico, comercial o de otra índole, y ya sea que el motivo sea egoísta o altruista, los hombres ponen por obra lo que más pueden llevar a cabo, al actuar colectivamente que haciéndolo individualmente.

No podemos esperar mucha evidencia de unidad en el plano exterior, donde nuestra separatividad es más pronunciada. Sin embargo, como ya lo hemos visto, las indicaciones de que estamos unidos en alguna forma unos con otros, no están faltando completamente. Como quiera que sea, la unidad verdadera de toda vida se encuentra en los planos espirituales de la Naturaleza, y porque el hombre común hasta ahora no se ha vuelto consciente en esos planos, es incapaz de demostrar esa unidad para que pueda ser observada directamente.

Evidencia Indirecta de Unidad

Las indicaciones externas y directas de unidad pueden que no sean suficientes, pero existe abundancia de evidencia indirecta de que no estamos separados, porque vemos el resultado desastroso que sigue cuando los hombres actúan egoístamente y contra las leyes de la armonía.

Esas leyes no pueden romperse impunemente, porque se hacen respetar por ellas mismas. Si vamos a construir una bóveda de piedra, las piedras deben ser labradas y colocadas de acuerdo a las leyes de la mecánica. No existe autoridad externa que nos obligue a obedecer esas leyes, pero si fallamos al hacerlo, la bóveda se nos viene abajo. Tampoco la Naturaleza nos exige a vivir en armonía con nuestros prójimos, pero dejar de hacerlo resulta en el colapso de una sociedad bien organizada, tanto como dejar de obedecer las leyes de la mecánica da como resultado el colapso de la bóveda.

Vemos ejemplos de esto en toda situación, tanto en las pequeñas como en las grandes, en la familia y en la comunidad, nacional e internacionalmente. Egoísmo e indiferencia por los derechos de otros, practicado por algunos individuos, acarrea sufrimiento e infelicidad, e incrementa las cargas sobre otros. Cada año que pasa nuestra unidad se vuelve más y más aparente. Los inventos modernos nos han traído a todos a juntarnos, porque los actos de egoísmo y agresión que anteriormente fueron localizados, y que pasaron inadvertidos afuera en un pequeño círculo, ahora le afecta a toda la raza humana. Si una nación agresora ataca a un vecino más débil en alguna parte remota del mundo, podemos pensar que no tiene que ver con nosotros, pero antes de que la cadena de sucesos que ha sido puesta en acción se detenga, podemos haber sido arrastrados dentro del conflicto, y nos damos cuenta que sí tuvo que ver con nosotros también.

La Piedra de Tropiezo Es el Egoísmo

El ideal de la Fraternidad siempre ha atraído la imaginación del hombre. En sus mejores momentos, él sueña con el Milenio, y algo por dentro le dice que no es una Utopía imposible, sino que algún día se convertirá en una realidad viviente.

Las enseñanzas éticas de las religiones grandiosas también enseñan Fraternidad. En el Sermón de la Montaña, Jesús incita a los hombres a practicar altruismo, perdón, generosidad, a amar al prójimo como a uno mismo, a aplicar la Regla de Oro en la vida de cada día, y así, hacer de la Fraternidad una realidad viviente. Otros Maestros espirituales han enseñado las mismas éticas.

Generalmente es convenido que las enseñanzas sencillas del Sermón de la Montaña, si se tomaran seriamente y se pusieran en práctica, serían suficientes para establecer Fraternidad, y el fracaso del hombre para hacerlo no se ha debido a la falta de enseñanzas éticas sobre el tema.

El altruista y el humanitario sí toman esas enseñanzas seriamente y buscan beneficiar a sus prójimos sin motivos egoístas. Muchos intentos sinceros han sido hechos por religiosos y otros grupos para practicar Fraternidad, y si no fuera por los esfuerzos de esa gente de buena voluntad, este mundo estaría en una condición más pésima que la que ya tiene. Pero aquellos que tratan de practicar Fraternidad se encuentran con muchas dificultades. Ellos tienen que tratar con otros que, por su egoísmo, impiden que esos esfuerzos se materialicen en Fraternidad, al volver inefectivos tales esfuerzos.

Es el egoísta quien causa la disensión y la discordia en el mundo. A él también se le han presentado las enseñanzas éticas de la religión, pero las ha ignorado durante las edades pasadas, y está haciendo lo mismo ahora. A menos que él pueda ser inducido a cambiar su posición egoísta, la Fraternidad no se convertirá en una realidad. Evidentemente, las enseñanzas éticas, tan maravillosas como lo son, no son suficientes para llevar a cabo esto si permanecen solas, volviéndose inefectivas allí donde ellas más se necesitan.

El egoísta siente que el egoísmo ofrece ventajas inmediatas y concretas, mientras que los beneficios que resultan del altruismo son inciertos y que nunca podrían materializarse. Él ve que otros practican egoísmo con resultados aparentemente favorables, y por ello, concluye que el egoísmo “paga” mejor que el altruismo, y que esa es la razón por la que actúa egoístamente.

El egoísmo y el crimen no pueden ser eliminados en tanto el hombre crea que le son lucrativos. A menos que se demuestre que ellos son infructuosos y nocivos para el bienestar del hombre, el egoísmo, la corrupción y el crimen continuarán, se volverán más agravantes, y finalmente destruirán nuestra civilización, como lo han hecho con muchas otras en el pasado.

La eliminación del egoísmo, entonces, depende de eliminar el motivo de lucro escondido detrás de él, y la solución del problema del egoísmo depende de la respuesta a la pregunta: ¿Acaso el egoísmo paga?

¿Nos “Beneficiamos” del Egoísmo?

Si vamos a beneficiarnos del egoísmo, debemos obtener de los demás más de lo que damos a cambio, o mejor dicho: “obtenemos algo a cambio de nada.” Debemos ser capaces de cosechar utilidades que no las hemos ganado, y debemos ser capaces de escapar de las consecuencias de nuestros hechos de maldad.

Debemos notar que todos los éxitos obtenidos mediante el egoísmo están basados en la suposición de que podemos recoger utilidades sin sembrarlas antes, y de sembrar maldad sin recoger sus consecuencias, en otras palabras, todo depende de nuestra habilidad para burlar la Ley de Causas y Efectos. Si podemos burlar esa Ley, somos capaces de beneficiarnos del egoísmo. De lo contrario, no puede haber ganancia del egoísmo.

Demostrar que las acciones humanas están gobernadas por la Ley de Causas y Efectos, es demostrar que no existe ganancia del egoísmo, y de aquí, que no existe razón para practicar egoísmo.

Todo aquel que acepta la Ley de Causas y Efectos, debe rechazar el egoísmo como método de obtener ganancias.

Todo aquel que actúa egoístamente, esperando ganar de ese modo, demuestra con su acción que él no cree en la Ley de Causas y Efectos. Él puede alabarla, pero por su acto, él realmente dice: “Estoy seguro que no tendré que sufrir del efecto malvado de mi acción. Puede que realmente no haya ningún efecto, y si lo hay, lo puedo evitar.” Un acto de maldad solamente puede basarse en la creencia de que el malhechor puede evitar las consecuencias de su acto, en otras palabras, en su habilidad para desafiar la Ley de Causas y Efectos.

Un Llamado al Egoísta

El egoísta vive en un plano inferior al del altruista. Su conciencia está centrada en su Personalidad; y por lo tanto, está más conocedor de su separatividad física de sus prójimos, que de la unidad espiritual con ellos. El llamado ético de la religión se vuelca sobre su cabeza. Si esperamos cambiar su posición egoísta, debemos tratar de hacerlo en el plano donde él funciona; debemos estimular su interés propio.

La Ley de Causas y Efectos, además de gustarle al altruista, también tiene un atractivo efectivo para el egoísta.

Cuando el egoísta se convenza de que recogerá lo que sembró, él se dará cuenta que cualquier acto que ejecute para el beneficio de alguien más, inevitablemente resultará en un beneficio similar que regresa a él, y que beneficiando a los demás, así también se beneficiará por él mismo.

De igual manera, él se dará cuenta de que cualquier sufrimiento que pueda haber causado, cualquier daño que le pueda haber hecho a otro, también le será devuelto, y de que, por dañar a otro, él también se causa daño a sí mismo. Bajo estas condiciones, es solamente sentido común el practicar Fraternidad, y de evitar dañar a los demás. Hacer lo contrario, es actuar en contra de nuestro propio interés. El conocimiento de que recogeremos lo que sembramos tiene un efecto doble: refrena al egoísmo, y promueve la Fraternidad.

La noción ilógica de que estamos aquí por una sola vida es lo que engaña al hombre para que crea que puede obtener ventajas mediante el egoísmo. Visto a la luz del Karma y la Reencarnación, es aparente que tales ganancias son solamente transitorias e imaginarias. En lugar de ser verdaderas, ellas no son más ventajosas que incurrir en deudas, las que finalmente tienen que ser liquidadas.

La importancia de las doctrinas del Karma y de la Reencarnación en sus efectos sobre la conducta humana, no puede ser sobrestimada, porque sostienen la solución al problema del egoísmo, el más grande de los obstáculos para el progreso humano.

Egoísmo Revertido

Cuando el egoísta se dé cuenta que el altruismo es ventajoso para él, empezará a practicarlo. No podemos esperar que altere todo su carácter de una sola vez, porque sus viejos hábitos y su forma de pensar, son difíciles de cambiar. Su primer intento será hecho con vista hacia los beneficios que espera se deriven desde allí. Su motivo todavía es egoísta, pero la dirección del egoísmo está revertido; ya no daña a otros, los beneficia. Él ha hecho un comienzo en la dirección correcta, lo cual es mejor que no haya empezado, y él no ha almacenado problemas futuros para sí.

Los resultados beneficiosos pueden ser desilusionantes, pero él ha abierto una nueva puerta al mejor lado de su naturaleza. Él tiene la experiencia nueva de hacer felices a otros, y esto le acarrea felicidad a él también.

A medida que avanza gradualmente en su evolución, la experiencia feliz de beneficiar a otros, o de hacer desaparecer todo pensamiento de recompensa o de castigo, será su propia recompensa. Entonces, el altruismo se convertirá en la forma natural de su vida.

La Ética Basada sobre las Leyes de la Naturaleza

En su esfuerzo para determinar la validez o la verdad de una doctrina, el hombre tiene tres métodos por los cuales él puede investigar el tema. Ellos son: la religión, la filosofía y la ciencia, y cada una de ellas revela una fase diferente del tema en consideración. Si la doctrina es cierta, debe tener una explicación que sea satisfactoria desde todos estos tres puntos de vista.

En su aspecto religioso, la doctrina debe satisfacer las intuiciones morales del hombre, sus aspiraciones y anhelos por una vida superior y más noble; debe enseñarle cómo ajustar su vida en armonía con sus prójimos. Pero sólo la religión, sin la filosofía y la ciencia, puede conducir al dogmatismo y a la superstición.

En su aspecto filosófico, la doctrina debe satisfacer el razonamiento y la lógica del hombre. Pero la filosofía, sin religión y ciencia, puede conducir a un intelectualismo frío, estéril y lejano del entendimiento y solidaridad humanos.

En su aspecto científico, la doctrina debe armonizar con hechos y leyes establecidas de la Naturaleza, pero a menos que también satisfaga las aspiraciones religiosas del hombre, su razonamiento y lógica, su presentación es incompleta, y puede conducir al materialismo irresponsable.

No hay religión superior que la Verdad,” dice la Sabiduría Antigua. Y agrega que no puede haber conflicto entre religión verdadera, filosofía cierta y ciencia verídica. Una doctrina que fracase en satisfacer todos los tres métodos de investigación, es errónea o incompleta en su presentación.

Cuando buscamos determinar el por qué las enseñanzas éticas no han tenido una influencia más grande sobre la conducta del hombre de la que tienen, encontramos que ellas han sido presentadas desde el punto de vista religioso solamente. Lo que está faltando es una filosofía que demuestre el por qué el hombre debiera practicar ética, y una ciencia para demostrar que esa filosofía se basa en hechos de la Naturaleza.

Las doctrinas del Karma y la Reencarnación dan la base filosófica en la cual la ética se apoya. Esas doctrinas, a su vez, están basadas sobre la Naturaleza, porque la ciencia ha demostrado que el lado material de la Naturaleza está gobernado por la ley; y el razonamiento y la lógica nos dicen que esta ley debe aplicarse en todas partes del universo.

Si examinamos las enseñanzas éticas, encontramos que si ellas no se refieren a la Ley de Causas y Efectos, ellas se basan en ella. En el Sermón de la Montaña, Jesús les enseña a los hombres que “primero busquen el Reino de Dios y Su Justicia,” y entonces, las necesidades del cuerpo serán proveídas. ¿Y qué es “el Reino de Dios y Su Justicia,” sino practicar altruismo, generosidad, en breve, vivir de acuerdo a la Regla de Oro? Tales acciones deben tener sus efectos, porque la Naturaleza reaccionará en la misma forma a nuestras acciones, y los efectos son dirigidos de regreso a nosotros. Por lo tanto. Jesús dice efectivamente: Da, y el logro proveerá por él mismo, una declaración que tiene base en la Ley de Causas y Efectos.

Existen muchos viejos aforismos o reglas que pertenecen a la conducta humana, los cuales han sido pasados de generación en generación, porque el hombre siente intuitivamente que son ciertos. Cuando son analizados, se encuentra que ellos también tienen base en el Karma.

“Cuánto más das, cuánto más tienes, esa es la ley del amor,” es uno de tales dichos. Lo más que damos, lo más que lo hacemos altruistamente y sin buscar recompensa, lo más Karma bueno que “almacenamos” para nosotros mismos, para ser recogido en el futuro.

“La honestidad es el mejor de los principios”. Honestidad y deshonestidad acarrearán sus efectos apropiados, de acuerdo con la Ley de Causas y Efectos. La primera, naturalmente será favorable, mientras que la última será desfavorable; de aquí que la honestidad sea el mejor principio.

Otro aforismo nos dice que: “Es solamente lo que has dado lo que tendrás en tu mano fría cuando mueras.” Lo que hemos dado sin recibir recompensa, el Karma se encarga de regresárnoslo en su debido tiempo.

La intuición le dice al hombre que hay verdad en esos viejos dichos, pero su mente razonadora también debe estar convencida de ello, antes de ponerlo por obra.

Resumiendo:

La Religión enseña ética.

La Filosofía demuestra el por qué el hombre debe practicar ética.

La Ciencia demuestra que la ética está basada en las leyes de la Naturaleza.

Tomadas como un todo, ellas nos dan el conocimiento y el entendimiento que se necesitan para hacer de la Fraternidad, una realidad.

La Unidad Es la Causa — La Fraternidad Es el Efecto

Como fue indicado previamente, la base de la Fraternidad es la unidad de toda vida. Cuando esta unidad esté completamente comprendida, la Fraternidad seguirá por impulso propio. Vendrá como la manifestación exterior de una condición que ya existe en los planos internos y espirituales de la Naturaleza.

Es el fracaso del hombre en reconocer esta unidad lo que conduce a toda disensión y discordia en el mundo. En su Naturaleza Superior interna, el hombre siente un vínculo de unión con sus prójimos, y cuando él está bajo la influencia de este sentimiento, él actúa en armonía con ellos. Una gran calamidad de la Naturaleza saca este lado bueno del hombre, y él reconoce de inmediato su obligación de ayudar a aquellos en desgracia.

Pero él todavía no ha evolucionado hasta el punto en donde él pueda reconocer esta unidad, en donde las penas y el sufrimiento toman una forma menos espectacular. Así, él se aísla por sí mismo, al retirarse dentro de la cubierta de la personalidad inferior, y toma refugio en la separatividad que existe allí. Él no se da cuenta que la separatividad en la cual él trata de protegerse a sí mismo, es un engaño causado por el hecho de que su visión está limitada al plano material de la Naturaleza solamente, y fracasa en informarse de la unidad que existe en los planos internos.

Si él tuviera visión interna, él vería que su aislamiento no fue más verdadero que ese de un inquilino de una casa grande de apartamientos, que se acomoda pensando que un incendio en el apartamento de alguien más no es una amenaza para su propia seguridad.

Debemos darnos cuenta que vivimos en “la gran casa de apartamentos de la Naturaleza,” y “un incendio en cualquier apartamento, si no es controlado, al final nos afectará a todos los inquilinos. Como naciones, estamos comenzando a aprender que nuestra paz, libertad y prosperidad, dependen de otras naciones que también gozan de esos privilegios; que un ataque sobre una de nuestras naciones hermanas, es un ataque sobre todas, que “el incendio en el apartamento de nuestro vecino, también es nuestro.”

A medida que el hombre evoluciona y se torna completamente más conocedor de los vínculos que lo atan a sus prójimos, él ya no puede sentirse indiferente hacia ellos. Su entendimiento de los problemas y penas de ellos, se vuelven tan vivificados, tan intensos, que le parecen como propios de él. No tendría tranquilidad de ánimo, hasta que haya hecho todo lo que esté a su alcance para traer alivio a aquellos que lo necesitan.

Cuando hayamos alcanzado este punto, el “Cuerpo Social” ya no será una mera figura, será una realidad viviente. En tal sociedad, condiciones de barrios bajos y falta de oportunidad para el desamparado y otras injusticias sociales, serían tenidas como enfermedades del Cuerpo Social, y todo lo posible sería hecho para su eliminación, exactamente como un individuo buscaría limpiar y curar una llaga ulcerada, para que no enferme al resto del cuerpo.

Miembros de tal sociedad no competirían entre ellos por ventajas egoístas, sino más bien cooperarían en un esfuerzo para contribuir para el bienestar común. A cambio de la ley de la jungla, “cada cual que rece por su santo,” la consigna sería: “cada cual ayude a aquellos menos avanzados que él,” y no habría nadie que se quede atrás en la marcha del progreso. Aún el menos importante tiene algo para dar, y el holgazán de hoy podrá, después de vidas de esfuerzos, ser el líder del futuro, y entonces, devolver la ayuda que se le prestó.

La Fraternidad no vendrá como el resultado de cualquier arreglo artificial y sintético impuesto desde fuera, sino que vendrá cuando los hombres lleven a cabo su unidad con sus prójimos. Entonces, ellos actuarán y vivirán como hermanos, lo cual ellos realmente son. Cuando esto ocurra, el Reino de los Cielos ya no será un sueño utópico, sino una realidad viviente “en la tierra como en el Cielo”, o en los planos espirituales.

Las Ideas Gobiernan el Mundo

La idea de que el egoísmo es provechoso ha dado como resultado el predominio del egoísmo, pero es evidente que nunca será provechoso, al contrario, siempre será perjudicial. Esta consecuencia eliminará al egoísmo. Pero esta eliminación no vendrá totalmente de una sola vez. La Ley del Karma, en la cual la idea está basada, tendría que ser entendida y asimilada primero. En asuntos como estos, deberíamos de “pensar en siglos,” más bien que en años y décadas.

Imaginariamente, adelantémonos un siglo y asumamos que durante esos años, la doctrina del Karma ha sido entendida y asimilada, primero, por los de mentalidad seria y reflexiva, y desde ellos, impartida gradualmente a los demás, hasta que finalmente haya saturado todos los estratos sociales. Entonces será aceptada como un hecho evidente, exactamente como aceptamos ahora la ley de la gravedad, y será enseñada en nuestras iglesias y escuelas.

Los niños que crezcan en tal sociedad, enseñados por sus padres y por todos sus mayores, se empaparían desde sus primeros años de la idea de que ellos son responsables por todos sus actos, y de que ellos, inevitablemente sufrirán por cualquier daño que le puedan causar a los demás.

¿Puede haber alguna duda de que estas ideas producirían una generación de individuos con sus tendencias egoístas grandemente bajo control? ¡Pensemos en la ventaja del efecto controlable que tendría sobre el aspecto negativo del Karma! ¡Pensemos en el sufrimiento y la miseria que la humanidad suprimiría a partir de ello!

Una vez el egoísmo esté dominado, las facultades superiores de la naturaleza humana serían liberadas y empezarían a expresarse por ellas mismas. Agreguémosle a esto la certeza positiva que el Karma nos brinda, al saber que los beneficios que sembremos nos serán retornados como tales. Entonces, ¿Habrá alguna duda de que el resultado será la armonía y la buena voluntad entre los hombres, lo cual constituye el primer paso hacia la Fraternidad?

Respuestas a Algunos de los Enigmas de la Vida

Ahora podemos regresar a las preguntas planteadas al principio de este libro, las cuales forman parte del “Enigma de la Vida,” y veamos como son contestadas por las enseñanzas de la Sabiduría Antigua.

Un resumen de esas preguntas está dado a continuación:

¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?

Es el resultado de la manera equivocada de pensar del hombre, de su vivir erróneo y de su actuar injusto en el pasado. Es la reacción de la Naturaleza a nuestra falta de autodominio, nuestro egoísmo y al sufrimiento que le hemos causado a los demás. No es impuesto sobre nosotros por ningún poder extraño, o por casualidad; sencillamente lo hemos acarreado sobre nosotros mismos.

Si perseveráramos en una manera correcta de pensar y en un actuar justo, el sufrimiento gradualmente dejará de ser.

¿Por qué hay tanta injusticia?

La injusticia no existe. Las circunstancias en las que nos encontramos, las experiencias a las que nos enfrentamos, las hemos hecho por y para nosotros mismos. Es solamente nuestra creencia en la teoría de una sola vida en la tierra la que nos previene de reconocer la justicia de todo lo que nos pasa.

¿Tenemos libre albedrío o somos títeres del destino?

El hombre tiene libre albedrío o libertad de elección. Su carácter, el cual aparentemente guía su preferencia, ha sido hecho por él mismo. Al cambiar su carácter, él puede cambiar su destino. Su destino es obra de sus propios esfuerzos, el cual no está predestinado por algo que provenga desde fuera de él mismo.

¿Somos responsables por nuestros actos? ¿Recogeremos lo que hemos sembrado?

El hombre puede actuar libremente con un sentido de derecho o de error. Él puede actuar como él escoja, pero no puede escapar de las consecuencias de su acto. Recogerá lo que ha sembrado, no más, no menos; ni mejor, ni peor.

¿Hay vida después de la muerte?

Sí. La Muerte no es más que un sueño — el Hombre Verdadero todavía vive. Todo lo que fue lo mejor y más amable, es eterno. La edad no es sino una condición del cuerpo — el Alma nunca envejece. La vida del Ego es continua, y existe después de la muerte, así como también él vivió antes de nacer.

El nacer y la muerte son portales a través de los cuales el Ego pasa, a medida que cambia de un estado de conciencia a otro. En la muerte, el Ego se retira de un estado activo de conocer su propia existencia, a un estado pasivo de sueño. Después de un período largo de descanso, el Ego regresa al estado activo de conocer su propia existencia, a través del portal del nacimiento.

La Reencarnación es la llave maestra que resuelve la mayoría de los problemas fastidiosos de la vida.

¿Cuál es el propósito de la vida?

Evolución, crecimiento, extensión de facultades latentes. Un levantamiento de la imperfección hacia la perfección, un avance gradual hacia la unión con el Dios Interno del hombre, con posibilidades infinitas de crecimiento cuando esa unión ha sido consumada — una aproximación siempre más cercana hacia un ideal siempre de avance.

La vida es una escuela en la cual nunca es demasiado tarde para aprender. Lo que es dominado con maestría en una vida, retornará en una forma mucho más fácil en la siguiente reencarnación.

¿Es éste un Universo fortuito, gobernado por fuerzas ciegas,
o existe un plan detrás de él?

El Universo visible es una personificación de una porción de la Conciencia Universal, la que en este plano se expresa por ella misma mediante una infinita variedad de unidades de vida, o Mónadas, en diferentes etapas de desarrollo. Todas esas Mónadas están, al presente, avanzando en su evolución en los varios Reinos de la Naturaleza. Ellas están lentamente levantándose de estados inferiores de existencia, hacia los superiores; los que están abajo del Hombre, avanzan hacia la etapa humana, y el Hombre está ascendiendo en su evolución hacia la etapa Crística.

En este plan, y de acuerdo a la Sabiduría Antigua:

La Perfección es el objetivo.
La Evolución es el método
La Dualidad provee las herramientas de trabajo.
El Karma es el maestro, y
La Reencarnación provee el tiempo.

La llama divina natural o Rayo de Divinidad, que en el principio emanó de la Vida Universal, tiene que atravesar todas las formas de vida, y después de ganar conocimiento de su propia existencia en el reino humano, se levantará más alto a lo largo del Rayo de Divinidad hasta que se reincorpore a su fuente divina original, donde, todavía reteniendo su identidad como un ser consciente de sí mismo, su conciencia se vuelva universal.

Esto marcará el final de nuestro período evolutivo, pero no el final de la evolución. Las Mónadas que hayan completado exitosamente esta etapa de evolución, entonces ingresarán en un largo período de descanso, después del cual comenzarán un nuevo período de evolución, en un plano todavía mayor, y así continuarán sus ascensos a estados de conciencia más altos y mayores ad infinitum.

Un tema tan vasto como éste, del cual hemos tratado brevemente en este libro, no puede ser cubierto adecuadamente en un espacio tan pequeño. Solamente está presentado aquí como una idea general, con la esperanza de que guiará al investigador a estudiar algunas de las grandes obras sobre la Sabiduría Divina, tales como The Secret Doctrine de H. P. Blavatsky, The Esoteric Tradition, Man in Evolution ambas de G. de Purucker, y otras obras por los mismos autores. Ellas contienen la información que el hombre necesita para entender la vida, y la parte que él tiene que desempeñar en ella.

Las siguientes citas son de la pluma de H. P. Blavatsky:

“El punto principal es desarraigar la fuente más fértil de todos los crímenes y de la inmoralidad — la creencia de que es posible para los hombres escapar de las consecuencias de sus propias acciones. Todo junto lo enseñan las más grandes de todas las leyes, Karma y Reencarnación, y además se siente dentro de ellas, la verdadera dignidad de la naturaleza humana. Ellas disuadirán de la maldad y la evitarán por más que un peligro físico lo quiera imponer.”— The Key to Theosophy (páginas 243-4)

La Edad de Oro de la Fraternidad

Si la sabiduría Divina prevaleciera en la lucha, su filosofía universal impresionará raíces profundas en las mentes y corazones de los hombres; si sus doctrinas de la Reencarnación y el Karma (en otras palabras, de Esperanza y Responsabilidad) encontraran hogar en las vidas de las nuevas generaciones, entonces, ciertamente amanecerá el día de gozo y alegría para todos los que ahora sufren y están marginados.

Porque la verdadera Sabiduría ES ALTRUISMO, y no podemos repetirlo muy frecuentemente. Es amor fraternal, ayuda mutua, devoción inquebrantable a la Verdad.

Si todos los hombres, tan sola una vez, se dieran cuenta que únicamente en esto puede encontrarse el verdadero gozo, y nunca en la riqueza, posesiones, o en cualquier otra gratificación egoísta, entonces, las tinieblas desaparecerán, y una nueva humanidad nacerá sobre la tierra. Entonces, la Edad de Oro estará allí, ciertamente.

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