Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Reflexiones de Delia Steinberg G.

La Fuerza de la Unión. The Strength of Union.

 

 

no de los aspectos que más nos dañan en estos momentos es la falta de unión, que se aprecia en todas partes y en todos los ámbitos de la vida. Las críticas constituyen el pan de todos los días y la desconfianza es el sentimiento que prevalece, destruyendo toda relación solidaria entre los seres humanos.

Un concepto fundamental en la Filosofía es la Unión. No es solamente una idea, sino un coagulante que se manifiesta, además de en el pensamiento, en los sentimientos y en las acciones. La vida entera es un ejemplo de unión, desde las minúsculas células que se constituyen en tejidos, hasta la suma de estrellas que conforman una galaxia.

 

La palabra “unificar” procede del latín unus y facere, “hacer uno”, es decir, reunir varias partes diferentes, aunque coherentes y conjugarlas de modo que podamos lograr una unidad armónica y homogénea. Es un acto de acercamiento, de conexión que, de no existir, haría que cada una de las partes o de los seres siguieran caminos diversos –cosa que no está mal– pero divididos, desunidos y contrapuestos.
Sin ese gesto de unificación, nos tocaría vivir en un perpetuo caos en el cual sería muy difícil encontrar sentido a la existencia y a sus circunstancias variables.

 

Precisamente, la enfermedad que se abate sobre nuestro presente histórico –y ya hace bastante tiempo que la arrastramos larvada– es el separatismo, el desmembramiento, la lucha abierta entre facciones que cada vez se hacen más pequeñas, hasta llegar al enfrentamiento de un individuo con otro. Esto se vive en el ambiente político, cultural, religioso, artístico, social, familiar; se percibe en las calles de las grandes ciudades y ya va haciendo mella en los pequeños pueblos. La desconfianza es dueña y señora de los ánimos y eso se revierte en descortesía, brusquedad, irritación, falta de escrúpulos, carencia de sinceridad, egoísmo.

 

No hay convivencia posible cuando falta la generosidad del amor y cuando prevalece el sentimiento absorbente del que se considera único en el mundo. Para convivir hay que ensanchar la conciencia y dar cabida a todos los seres vivos, entender la vida en todas las cosas y concebir la infinitud del universo. Hay que conocer y valorar todo lo que es… Y tener el valor de compartir lo que somos con todos los que son. Nadie puede lograr su realización si desprecia la realización de los otros.

 

Una buena dosis de unificación es lo que necesitamos todos en general y cada uno en particular. Volver a experimentar la realidad de esa gran familia que es la Humanidad, la felicidad de la amistad, de la mutua confianza, del deseo de colaborar y ayudar, de poderse mirar a los ojos otra vez y encontrar verdades luminosas en lugar de sombras temerosas.

 

 

Delia Steinberg Guzmán.

 

 

ne of the aspects that causes us most harm today is the lack of union, which is visible everywhere and in every sphere of life. Criticism is a daily occurrence and mistrust is the prevailing feeling, destroying all sense of solidarity between human beings.

 

A fundamental concept in Philosophy is Union. It is not just an idea, but a cohesive force that is expressed not only in thought but also in feelings and in actions. The whole of life is an example of union, from the minute cells that form themselves into tissues to the totality of stars that make up a galaxy.

 

The word “unify” comes from the Latin unus and facere, “to make one”, that is, to bring together several different but coherent parts and to combine them so as to achieve a harmonious and homogeneous unity. It is an act of coming together, of connection. If this act did not exist, it would mean that each of the parts or beings in the world would follow different paths –not a bad thing in itself– but they would be divided, disunited and opposed to one another.

 

Without that movement towards unification, we would have to live in a perpetual chaos in which it would be very difficult to find any meaning to existence and its changing circumstances.

 

This is precisely the disease that is afflicting our time of history, though it has been in incubation for some time: separatism, dismemberment and the open struggle between increasingly smaller factions, ending with confrontation between one individual and another. It is experienced in the environments of politics, culture, religion, art, society and family; it can be seen on the streets of the big cities and is now having an impact on small towns. Mistrust is the lord and master of souls and makes itself felt in rudeness, irritability, unscrupulousness, insincerity, selfishness and so many other ways.

 

There can be no harmonious coexistence when the generosity of love is lacking and the prevailing feeling is that one is the only person in the world. In order to coexist harmoniously with others one has to expand one’s consciousness and give space to all living beings, understand life in all things and be able to imagine the infinity of the universe. It is necessary to get to know and value everything that is… And to have the courage to share what we are with others. No one can achieve their own fulfilment if they disregard the fulfilment of others.

 

A good dose of unification is what we all need in general and what each of us needs in particular: to experience once more the reality of that great family which is Humanity, the happiness of friendship, of mutual trust, of the desire to work together and to help; to be able to look into each other’s eyes again and find radiant truths instead of fearful shadows.

 

 

 

Delia Steinberg Guzmán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Filosofía para vivir (I)

Introducción

 

ablar hoy de vida, de vivir, de Filosofía para vivir, adquiere, tal vez, un significado muy profundo porque en estos últimos tiempos nos hemos acostumbrado-desgraciadamente-a que todos los días nos lleguen noticias de destrucción, de muertes, de sufrimiento. Ante esta avalancha que nos cae se nos hace muy necesario plantearnos una vez más la importancia de la vida.


De esto quiero hablar hoy, no de muerte sino de vida. Y, además, aportando una fórmula para la vida, una fórmula muy vieja que se ha utilizado durante siglos y siglos, y es la Filosofía: la Filosofía para la vida, la Filosofía para vivir.

No quiero aburrir a nadie con las mil y una definiciones que se podrían dar sobre Filosofía. Estas definiciones dependen mucho de la época, dependen del filósofo, de si se ha enfocado con el criterio del pensamiento oriental o con una mentalidad occidental, o si a la Filosofía se le da un valor de un tipo o de otro tipo. Es muy difícil encontrar una definición que nos satisfaga.


Por eso me voy hacia atrás, a más de 2500 años, y recurriré a la definición que se atribuye a Pitágoras, tan simple que todos la podemos tener en cuenta, porque Pitágoras no pretendía definir la Filosofía sino que contestó a una observación que alguna vez le hicieron sus discípulos.

Se cuenta que quienes rodeaban a Pitágoras y escuchaban sus enseñanzas estaban tan admirados de su profundidad, de su manera de enfrentar la vida y sus misterios que, llevados por esta admiración, le dijeron: –Maestro, tú eres realmente un sabio. Y él respondió: –No, yo no soy un sabio, yo no soy sophos, yo soy solamente un filo sophos; yo soy un amante de la sabiduría, un buscador de la sabiduría.

Así, según la tradición, se acuñó esta palabra, «Filosofía», que significa, ni más ni menos, amar el conocimiento, buscarlo, no sentirse poseedor de él, sino ir detrás de algo que sabemos que existe, aunque tendremos que ver dónde está y cómo lo podemos encontrar.


Este concepto de amor a la sabiduría es el que sirve de fundamento para lo que vamos a denominar Filosofía a la manera clásica, y no simplemente Filosofía clásica. Si habláramos de Filosofía clásica nos podríamos remitir al clasicismo de muchísimas culturas, porque cada civilización, cada pueblo, ha tenido su período clásico, elevado, de oro.

Para nosotros, en Occidente, hablar de Filosofía clásica es remitirse a la Grecia clásica, a la Grecia de los grandes filósofos, de un Sócrates, de un Platón, de un Aristóteles, y de todos los que vinieron después, y de todos los que estuvieron antes. Pero esa Filosofía clásica nos ceñiría a un tiempo, a una época.

 

Nosotros optamos por a la manera clásica. ¿Qué significa a la manera clásica? Significa esa manera de vida que ha llevado a todos los pueblos a un período clásico, de oro, a su punto culminante. Es buscar el denominador común que ha permitido a todas las civilizaciones llegar a ese momento tan especial y elevado. ¿Cómo lo han hecho?

Buscando la sabiduría de una manera amplia, general, haciendo de la Filosofía algo que se pueda aplicar a todos los campos de la vida y no solamente a un núcleo determinado de definiciones o a una parte específica del pensamiento.

Busto de Pitágoras, de la Villa Papiri de Herculano.


 

 

odos los pueblos que han llegado a una Edad de Oro han empleado su Filosofía como un abanico inmenso que se despliega y abarca todo, y que puede encontrar soluciones, respuestas, vías de acción para cualquier actividad humana. Por eso nos interesa una Filosofía para vivir a la manera clásica, una Filosofía que haga despertar en nosotros también una cumbre, un espíritu clásico, un estado superior, una chispa de oro.

Esta Filosofía a la manera clásica es la de las grandes preguntas y la de las necesarias respuestas. Está bien preguntarse, todos nos hacemos preguntas, pero no podemos vivir solo de preguntas. Vivir de preguntas es como acercarse a una mesa bien servida, repleta de manjares, pero no poder comer ninguno.

Todos nos hacemos preguntas, pero lo que realmente nos alimenta es la respuesta.

Esta naturaleza inquieta del hombre, que lo lleva a plantearse interrogantes, es algo ancestral, muy antiguo. Desde que el hombre es hombre se hace preguntas. Y si hoy nos parece que ha dejado de hacérselas, no nos engañemos. Sigue teniendo las mismas inquietudes.

Sucede que algunos están muy cansados de no encontrar respuestas y, ante ese cansancio, optan por olvidar sus preguntas.

Otros están cansados de encontrar muchísimas respuestas, tantas que no saben qué hacer con ellas; tantas que varias son contradictorias entre sí, y cuando uno no sabe qué elegir ni cuál de estas respuestas es la que vale, las deja todas de lado.

Otros están cansados de que nadie les muestre un camino práctico, simple, para encontrar las respuestas, ya que también hay que aprender a encontrarlas. Si, como en todas las cosas de la vida, no tenemos a alguien que nos enseñe a hacerlas, alguien que nos indique por dónde ir, o cuáles son las respuestas, cómo encontrarlas y qué hacer con ellas, pasamos de largo sin advertir que tenemos preguntas importantes.

No pensemos que hoy la gente ha perdido el interés o que carece de inquietudes.

No. Simplemente, se han cansado, y hay que devolverles una esperanza a través de una Filosofía que sea tan atemporal, tan sin-tiempo y tan sin-moda como esas mismas preguntas, humanas, de siempre, que no siguen ninguna moda.


Para responder a esas preguntas profundas, íntimas, no podemos recurrir a una Filosofía de moda. Tenemos que recurrir a una Filosofía atemporal. La que está de moda nos va a decir hoy una cosa y mañana otra. Además, para estar de moda hay que ser original. Para estar de moda, no se puede decir lo que dijo otro.

Una Filosofía atemporal no puede estar de moda ni puede pertenecer a nadie.

Una Filosofía atemporal que responda verdaderamente a nuestras inquietudes, además de no estar sujeta a la moda, tiene que ser práctica, muy práctica.


Cuando tenemos una inquietud y nos ofrecen una respuesta, hay que poder llevarla a la vida. Si una respuesta es práctica significa que es vital, que la puedo introducir en mi manera de vida. Si no puedo hacer nada con esa respuesta, ¿para qué la quiero? Si la respuesta no va a pasar nunca más allá de mi mente, ¿para qué la quiero?

Si la respuesta no resuelve mis problemas ni mis dolores, ¿para qué la quiero?

Esta es, pues, una Filosofía para la vida, práctica, atemporal. Es la que, creo, buscamos todos…


 

I) Filosofía para Evolucionar


“Toda la vida es un largo viaje y la velocidad
no es más que una ilusión; no importa el carruaje
que usamos, sino el camino que andamos.”

D. S. G.


La evolución, una necesidad del alma

omo filósofos, no nos satisface la idea de una Humanidad estática, sometida al logro de avances materiales, pero sin mayores modificaciones internas. La evolución se impone como algo necesario y admirable, como un camino más o menos largo según nuestro deseo de andar, y con unas metas tan altas como grandes son esas escondidas aspiraciones del alma que se manifiestan en vagas intuiciones despojadas de palabras.

Todo ello, enmarcado en el maravilloso e inevitable concepto de Destino.


Un camino largo o corto: depende de nosotros.

Respecto a la longitud de nuestro camino, debemos recapacitar y constatar que el camino será tan largo como lenta sea nuestra decisión de evolucionar realmente.

Si jugamos a «ser» mientras seguimos manteniéndonos en la inopia de todos los días, el camino será largo, muy largo… Si cada día, en cambio, es un tiempo precioso para hacer algo concreto en relación con nuestro despertar interior, las distancias se acortarán prodigiosamente. Y puede que tras esos pequeños logros que hemos señalado más arriba, se produzcan en nosotros transformaciones que ni habíamos llegado a imaginar.


¿En qué nos ayuda la Filosofía?

Estudiamos Filosofía para buscar la sabiduría que nos falta, para descubrir paulatinamente las leyes que rigen la vida y, por lo tanto, a nosotros mismos. Para gobernar nuestras personalidades y hacerlas más armoniosas y para ofrecer a los demás el resultado de nuestras experiencias, evitándoles, si es posible, dolores innecesarios.

Para conocer el porqué de tantos hechos que aparentemente resultan incongruentes: dolor, enfermedad, miseria, violencia, locura, odios, miedos… Para reconocer, tras las incongruencias, ejercicios que nos pone la vida para colaborar en el avance evolutivo que pretendemos.


Para ser activos ante la Historia y no dejar pasar el tiempo en vanas lamentaciones. Para apoyarnos en los legados de la tradición y generar nuevas vías de transmisión hacia el futuro. Para despertar el sentimiento dormido de solidaridad humana y ver a todos como seres dignos de nuestra comprensión.

Para desvelar el misterio de Dios y cubrir nuestras almas con esos velos misteriosos, devolviéndolas a su patria de origen.
¿Qué hemos de ganar? ¿Hace falta mayor ganancia que la expuesta en las líneas anteriores?


¿Tener más o ser mejor?

Se trata de ser más, antes de querer tener más. Después de todo, son muchos los que vienen demostrando que se pueden tener muchas cosas, malgastarlas o perderlas en un día, pero pocos los que demuestran poseer la llave del ser interno, el control de su existencia, de sus emociones, la comprensión para el dolor, la fortaleza para las pruebas, la sabiduría para distinguir quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.


Tras una Filosofía activa

La desgraciada deformación de las ideas y de las palabras que las representan ha hecho que casi siempre se confunda la Filosofía con una actitud pasiva y meditativa, como una fórmula mental que no tiene por qué poner en marcha nuestro cuerpo físico ni influir en nuestros sentimientos.


Ser filósofo no es lo mismo que estudiar Filosofía

Una Filosofía que no se siente, que no se ama, un conocimiento que no nos conmueve, que no nos hace vibrar, ¿para qué sirve?, ¿para que vibren las neuronas? Es muy poca cosa.

Necesitamos que vibren nuestras neuronas, de acuerdo, pero también el corazón.

Necesitamos que un fuerte sentimiento acompañe todo lo que pensamos.

Y el asunto no termina allí: hace falta pensar, sentir y actuar. Y hace falta poner de acuerdo lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, y cuando esos tres elementos están de acuerdo, entonces somos filósofos, porque hay una enorme diferencia entre estudiar Filosofía y ser filósofo.


Estudiar Filosofía puede hacerlo cualquiera. Puede gustarle o no, puede entenderla o no, pero la puede estudiar. Ser filósofo es algo diferente. Es una actitud, es un arte. Sin embargo, también lo puede ser cualquiera.

Precisamente, es mucho más fácil ser filósofo que estudiar Filosofía, porque ser filósofo lo es cualquiera que se haga preguntas con una auténtica inquietud, con sinceridad, y emprenda también con sinceridad la búsqueda de las que serán las respuestas.

Lo que queremos es ser filósofos y no simplemente estudiar Filosofía.


Filosofía constructora

Proponemos una Filosofía para un ser humano constructor, para un constructor de sí mismo. Considero que este es el título más grande que pueden concedernos.

Si alguna vez nos gustara obtener una condecoración, un título, todos deberíamos pedir este de constructor, para ser constructores de nosotros mismos y de las sociedades en las cuales vivimos, para poder mejorarnos a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos.


Filosofía como amor y transformación

Si la Filosofía es amor a la sabiduría, en virtud de ese amor debe surgir el movimiento. El amor no puede quedarse quieto porque busca lo que necesita, lo que ansía.


Ser filósofo requiere movimiento, porque es:

* Un amor que siempre pide más e impulsa a andar para conseguirlo.

* Una actualización permanente de todo lo que se sabe o se cree saber. Releer lo que se ha leído, volver a escuchar lo que se cree haber entendido, porque esta nueva búsqueda proporciona nuevos tesoros.

* Una actualización permanente de los medios a emplear para conseguir los resultados propuestos. Nosotros no somos siempre los mismos, y lo que ayer pudo haber sido herramienta hoy puede ser obstáculo en el camino.

* Una revisión y transformación de sí mismo. La revisión es una forma de nacer todos los días.

* Una comprensión por quienes nos rodean, por sus sueños y necesidades.
“Hacer las cosas por uno mismo es de sabios, pero no tener de quién aprender es de ignorantes”.


La naturaleza de la Filosofía

maginemos un árbol. Su vida vegetal se expresa en una naturaleza fundamental de madera. Su tronco de madera se expande en múltiples formas de vida, en numerosas ramas que se abren en todas las direcciones. A su vez, las ramas se cargan de hojas, flores y frutos cuyas particularidades dependen del tipo de árbol.

Pero sería insensato por nuestra parte definir el árbol por la cantidad y tamaño de sus ramas, o de sus hojas, sus flores y sus frutos. Lo que nos importa es cómo se manifiestan y la relación que mantienen con su tronco, de tal forma que, sin tronco, tampoco existiría lo demás.

Así es la naturaleza filosófica. Es el tronco firme del árbol. De su estabilidad y su inalterable condición de madera, dependerán sus ramas y hojas, y la calidad de sus flores y frutos.

Si nuestro tronco es el amor a la sabiduría, la fuerza del amor dará lugar a las ramas del saber, y de allí vendrán las flores del conocimiento, que se convertirán en frutos para la Humanidad.

La naturaleza filosófica tiene la doble cualidad de buscar y de dar, de encontrar y de compartir, de ser ricos y generosos al mismo tiempo.

Continuando con el árbol, una cosa es lo que se ve y otra es la raíz que se esconde en el interior de la tierra, que constituye, sin embargo, su aspecto más importante.

Sin raíz no hay vida, y sin vida no hay Filosofía. ¿Cómo puede haber amor a la sabiduría si no hay vida? El amor es esencialmente vital, necesita raíces que lo alimenten y le permitan sobrevivir a todas las tormentas y dificultades.

Las raíces escondidas no intentan escapar de la búsqueda sincera del que participa de la naturaleza filosófica. Solamente piden una búsqueda más profunda, dirigida a las causas y no a los efectos evidentes.

 


Fuente del presente artículo: Revista Esfinge



Continuará


Um mundo para valentes

Délia Steinberg Guzmán



inútil fechar os olhos ante as incontáveis catástrofes que atingem o mundo, algumas produto da Naturaleza em seu indecifrável movimento, outras filhas da mente e das mãos humanas. Quando não são terremotos, furacões, enchentes, são mostras de inusitada violência, guerras à espreita…

Enfim, e para não aumentar a lista, uns poucos exemplos das muitas situações que nos torturam.


Do ponto de vista da Filosofia, sabemos que os clássicos predicaram uma atitude valente e positiva às pessoas, não ficar imóvel ante a dor, nem a alheia nem a própria, mas, ao contrário, colocar em jogo as forças de cada um para atenuár-la na medida do possível. E é isso o que queremos, o que tratamos de fazer, ainda que não consigamos mais que uma pequena parte do que se anseia.


Mas, às vezes, nos assalta o desejo de fugir da mentira, da feiúra, da grossería, do desequilíbrio. Há uma sede intensa de paz, de beleza, de armonía, e muito poucos lugares onde encontrá-las. Daí que se amplie o reduto interior, esse lugar que nos pertenece e onde, se desejamos e sabemos fazê-lo, podemos guardar os maiores tesouros.


Há poucos lugares serenos, mas em troca existe um imenso jardim dentro de cada ser humano. E continua havendo centenas de coisas belas que aquietam o espírito e permitem recuperar forças.


Quando tudo rui e parece que vamos tombar sem chegar a entender porquê lutamos, nem aonde vamos, todavía brota uma flor, um som, uma cor, uma forma graciosa, uma idéia profunda, uma palabra brillante, um sentimento generoso, uma mostra de gratidão, um poema, um canto, um templo…


Sem estar em guerra, hoje quase todos vivemos em guerra. O mundo fere, as sociedades que propõem o encontro humano são as que, consciente ou inconscientemente, agridem aos que nelas vivem. O mais comun é padecer de angústia, cansaço, ansiedade; e o pior e também habitual é carecer de palavras para explicar essa ansiedade que nos corrói.


Não é um problema que afeta aos adultos, aos mais comprometidos com a vida; também os jovens, os adolescentes estão cansados e esgotados mesmo antes de terem começado a viver, e temem o futuro que os espera, ou o ignoram sob outra das máscaras do temor.


Em meio aos conflitos é quando se valorizam as pequenas coisas, as coisas boas, simples, belas. Em meio ao assédio de mil e uma agressões, nada tão maravilhoso quanto o oásis de um livro pleno de experiências atemporais, um violino que lança melodias através de um moderno aparelho que, no entanto, nos transporta a tempos passados ou vindouros, tempos tranqüilos; uma voz que se eleva vitoriosa em meio ao ruído, impondo sua harmonia sonora; um pouco de história que se realiza ante nossos olhos ansiosos de aprender despertando pontos adormecidos na memória.


Mas são instantes fugazes. São apenas o repouso do guerreiro, que não sabe porquê está na guerra, nem contra quem deve batalhar, mas sente que tudo ferve ao redor em um espasmo de dor e incerteza. Recobrado a ânimo, o guerreiro assume a outra face do filósofo e volta-se à ação.


Sabe que para além de seus sofrimentos há um mundo que sofre ainda mais, que há milhares de pessoas que necessitam ao menos do alívio de uma mão amiga ou de uma palavra, de uma idéia reconfortante, de um esboço de futuro esperançoso.


Por isso não há quietude; só a ação do que reconhece a pequenez de seu trabalho e o tempo que julga sua necessidade, a ação do que após uma dura jornada abrirá a porta de seu jardim interior e encontrará as belas flores de seu breve descanso


Talvez, algum dia, essas flores possam abrir-se em toda a face da terra.



OL_Photo: Gettyimages©