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Los Mallos de Riglos

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ESTAn nuestra visita al Castillo de Loarre, estuvimos por la Hoya de Huesca y nos paramos cerca de los Mallos de Riglos. Nos quedamos prendados por su belleza e inmensidad y prometimos volver. El paisaje no deja indiferente, no en vano es uno de las postales más bonitas que da lugar al comienzo de la cordillera pirenaica.

Panorámicas de los mallos hay muchas a lo largo de la carretera, pero esta vez lo que nosotros queríamos era hacer una ruta para verlos un poquito más de cerca.

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El nombre del pueblo de Riglos está asociado a la escalada, siendo las paredes de los Mallos uno de los mejores sitios de Europa para practicar este deporte. Si se va a realizar el circuito que nosotros hicimos que va por los Mallos, es conveniente no pasar muy cerca, caen rocas muy a menudo.

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Como llegar

Desde Zaragoza hay que tomar la carretera que va a Huesca e ir en dirección Pamplona. Las indicaciones hacia Ayerbe nos llevarán a Riglos en unos 6 kilómetros más.

Ruta

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Una vez dejamos el coche en el parking vimos la descripción de la posible ruta que íbamos a hacer, El Camino del Cielo. Dado el calor que estaba haciendo decidimos hacerla en el sentido de las agujas del reloj empezando por la izquierda, cosa que agradecimos sobradamente ya que no sólo te quitaba parte del Sol, sino que ganaba altura más rápidamente para luego ir bajando lentamente hacia el fin del circuito.

Ya desde su base te quedas con la boca abierta al ver las paredes tan de cerca. Y es que estamos a los pies del Mallo Pisón, una vertical de 300 metros que hace las delicias de muchos escaladores tanto expertos como principiantes. Es aquí donde hay que tener especial atención a las rocas que pueden caer. En el tiempo que estuvimos nosotros allí, unos 10 minutos, cayeron varias.

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A partir de aquí y con una altitud de 650 metros ya comenzamos con la subida dejando a nuestra izquierda El Mallo Firé. La peor parte de la subida es en este tramo, donde ganamos altura de manera rápida, y lo peor de todo es que hay pocas sombras donde cobijarte del sofocante calor. En poco más de media hora ya estamos en el primer mirador, al que sólo nos acompañan los numerosos buitres que se dan cita sobre nuestras cabezas. Es la primera señalización que vemos, y nos tira a la derecha para continuar por el camino azul que sigue la senda.

A pocos metros esta el siguiente mirador, sobran las palabras, a lo largo de toda la subida miraras a donde miraras no dejabas de ver los impresionantes conglomerados. Es el sitio idóneo para hacer un alto en el camino y recrearte la vista.

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Mallo Pisón y el Firé a la derecha.

Pero no se vayan todavía que aún hay más. Continuamos la senda para en poco tiempo aparecer en una explanada con una especie de refugio. Es aquí donde se obtienen las mejores vistas de los mallos. No es difícil pasárselo, pues mucha gente tira por la senda de la caseta. El mirador de Espinable, que es así como se llama, tiene unas inmejorables vistas de el mallo Pisón y el mallo Firé,a la derecha al fondo se puede ver la Peña Rueba. Este es el punto más alto de toda la ruta, con 1035 metros.

En la caseta aprovechamos su sombra para tomar algo y descansar un poquito.

Seguimos la senda ahora casi todo el tiempo descendiendo y dejando los mallos principales a nuestra derecha. Es ahora cuando vemos a nuestra izquierda el Mallo Colorado.

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Y es a el Mallo Colorado precisamente al que nos vamos dirigiendo poquito a poco y en un descenso más o menos suave. La verdad es que los Mallos de esta parte son menos verticales y espectaculares, pero no le quitan ni un ápice de belleza al entorno. El más conocido es la Aguja Roja, al cual nos vamos acercando para bordearlo.

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Una vez aquí ya enlazamos con el camino que no lleva a el pueblo de Riglos para dar por finalizada nuestra salida de hoy. La ruta se puede alargar considerablemente bajando por el sendero que conduce el rio Gállego, o haciendo alguna vía ferrata que en Riglos son muy conocidas. Nosotros nos bajamos en coche al rio Gállego a remojarnos un poco, cosa que nuestros pies agradecieron bastante.

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Es una ruta sencilla, en la que ganamos 400 metros de desnivel y unos 8 kilómetros de distancia total recorrida. Hacerla nos llevo tres horas y media con paradas.

Para ver más fotos de la ruta del Camino del Cielo pinchad aqui

 

 

Video de la ruta

 

Artículo & Fotografías:Lo mejor esta por llegar

 

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Link relacionados:

Wikiloc.

MiniNube.

Wikipedia.

Excursiones por Huesca.

Castillo de Loarre.

Senderos Hoya de Huesca.

Mallos de Riglos.

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Torres del Paine

Cordillera del Paine, Chile. (Fuente de la fotografía Wikipedia)

Fotografía original: Earth Nasa

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“La montaña no ha sido hecha para los débiles, para los corazones pusilánimes ni para los comodones de nuestras ciudades. Esos que no tienen más horizonte que el facilitado por las pantallas de cine.

La montaña no se conquista desde una butaca o con una Coca-Cola delante del televisor. Es para los valientes, esos de la raza de los Herzog, Terray, de los Tenzing y los Hillary. Esos que sienten el impulso de la audacia, la nostalgia de las alturas, el odio a los horizontes asfixiantes y pequeños del burgués. La montaña es un constante desafío para el hombre que vale.

¿Qué busca el montañista en su cima?

Si le hacemos esta pregunta al que viene bajando orgulloso de las alturas conquistadas quizás no nos sabrá responder. Es tanto lo que ha encontrado y tan difícil de expresar que nos mirará sonriente y nos invitará a realizar la experiencia.

Ante todo sentirá que ha vuelto de las cimas sintiéndose más hombre y ennoblecido.

Ese es el gran secreto que encierra en su corazón que ahora late más fuerte y parejo. Ha conocido un poco más nuestra tierra, esa que él ama profundamente, con sus indescriptibles paisajes y bellezas inaccesibles (…) ha escrutado los misterios de la creación con el sentido genuino de realeza que tiene el hombre sobre ella.

Se ha emparentado con el Infinito en la soledad de las cimas, donde el aire liviano y puro impregnando sus pulmones le hizo sentirse abrazando el mundo a sus pies con una sola mirada.

Ha comprendido que para captar plenamente el lenguaje de la Naturaleza (…) es necesario purificar el corazón y aceptar con humildad nuestros límites. Se ha sentido fortalecido para enfrentar los deberes más arduos de la existencia.

Para eso, el turista de autobús y aerocarril nunca alcanzará esa plenitud, esa alegría del montañero que llega a la cumbre agotado y sudoroso por el esfuerzo, el sol y la sed: ingredientes imprescindibles para que luego, perdido entre las nieves imponentes y silenciosas, casi tocando un cielo azul profundo y luminoso, oiga el canto que la tierra eleva a su Dios”.


       Pérez Aguirre

En el parque más grande de Chile cada viaje es distinto: por la época del año, el azar de la fauna que logra avistarse o simplemente por los senderos elegidos, por agua, hielo o tierra. Cualquiera —y ésta no es la excepción— es una Experiencia Inolvidable.

El cóndor de las alturas, la huella fresca del puma, el guanaco macho, el águila y esa aparición prehistórica que es el ñandú viven amparados por las Torres del Paine, un imponente macizo de roca volcánica que la fuerza geológica levantó hace 12 millones de años en la Patagonia chilena, donde aún hoy —después de los colonos y contra el eco de los aviones— persiste la sensación de territorio virgen.

Aquí nos sentimos los primeros en llegar, los descubridores del agua pura de la montaña, del hielo azul de los glaciares, de los picos nevados y de los pastos dorados de la pampa. Sus aborígenes ya no están, murieron hace un siglo por las guerras territoriales y las enfermedades de los blancos, pero su mística sigue en el viento.

El paisaje patagónico no escatima: de día las nubes van y vienen inventando sombras con el sol y en la noche, la negrura del firmamento se revienta en mil estrellas.

Sus vetustos bosques de cipreses, lengas y coigües tienen aura de lugar encantado, y en los distintos ecosistemas viven liebres, quirquinchos (armadillos), huemules (grandes ciervos), zorros, pájaros carpinteros de cabeza roja, guanacos, cóndores, águilas, cisnes y otras especies de aves. Un regalo será el vistazo fugaz del mítico puma y mala suerte será toparse con una mofeta solitaria y territorial.

Desde el ángulo sur, a orillas del Lago Pehoé, aparece la postal icónica del parque, con las alturas que componen el macizo del Paine: primero el cerro Paine Grande, con su Punta Bariloche de 2 .600 metros de altura y su cumbre principal de 3 .050; luego el Valle del Francés; más a la derecha los Cuernos del Paine, en los que se diferencia claramente la roca sedimentaria (gris oscuro) de la granítica (gris claro).

Atrás de ellos, las majestuosas Torres del Paine, las tres gigantes hermanas por cuya conquista los escaladores profesionales dan la vida y, finalmente, a la derecha, el extenso monte Almirante Nieto, de 2 .500 mts. de altura. Desde aquí todos parecen estar muy lejos, pero es posible caminar en sus faldas, incluso hacer escalada en algunas partes, o llegar hasta la base de las afiladas Torres y dejar allí tirada la vanidad.


En lengua aonikenk, una de las etnias que habitaron estos territorios hasta comienzos del siglo xx, paine significa azul. Azul el cielo y azules los lagos que lo reflejan. Entre las montañas y los valles circula un sistema hidrológico de numerosas lagunas conectadas por ríos, que son alimentados por el Glaciar Dixon, uno de los brazos del enorme Campo de Hielo Sur, que se extiende tanto por la Patagonia chilena como por la argentina.


Hielo azul


Una de las rutas para llegar al Glaciar Grey es desde el Refugio Pehoé, en la orilla norte del lago del mismo nombre. La distancia es de 11 kilómetros, unas tres o cuatro horas de caminata. En el primer tercio del recorrido abunda la lutita, roca oscura en forma de laja, muy frágil, que se formó hace unos 150 millones de años; en realidad es ceniza de volcán compactada por el tiempo. El paisaje es, más que todo, agua, y el viento sopla con tanta fuerza que parece como si quisiera llevarnos a volar con los cóndores que sobrevuelan nuestros pasos.

La vegetación que se aprecia en este recorrido es la del bosque siempre verde, y la del bosque deciduo (o caducifolio) de verano, con árboles como la lenga, que crece inclinada hacia el oriente por el viento. Aquí vive la única especie de loro de la Patagonia, la cachaña.

Nos cruzamos con varios arroyos de agua pura y fría para la sed. Y más adelante, al bordear el Lago Grey, empiezan a verse témpanos de hielo que se han desprendido del glaciar. Llegamos al Mirador del Glaciar donde el corazón empieza a bombear más rápido y entonces aceleramos el paso en bajada hacia el Refugio Grey, buen lugar para hacer un picnic.

Al abordar la embarcación que nos acercará a esa pared de hielo azul de 30 metros de altura, es necesario sacar el arsenal de prendas contra el frío porque entre más cerca estamos, el viento más se acelera y trae consigo una llovizna glaciar que pega duro en las mejillas. Es probable observar grandes masas de hielo que se desprenden y caen con violencia al agua, fenómeno que emite un tremendo eco que en la cosmogonía de la extinta tribu de los kawésqar es el rugido de Mwomo, espíritu del ruido.

Avanzamos lentamente, el capitán debe saber que nadie quiere que se acabe el recorrido y, cuando ya nos hemos alejado del glaciar y algunos contemplan la estela crespa del motor. Después de la emoción y del intercambio de cámaras entre desconocidos, tomamos asiento en la parte cubierta de la embarcación y se hace un silencio de cansancio, pero también de ritual concluido

Pura agua

Por el camino que bordea el Lago Pehoé llegamos a las Lagunas Mellizas, cuya vista hoy adornan dos arcoiris. Muy cerca pastan dispersos algunos guanacos machos y más adelante aparecen rebaños de hembras con guanacos jóvenes, siempre alertas y preparados para la estampida ante el zarpazo del puma, su único depredador, pues ya no temen a las flechas de los aonikenk.

Antonio Pigafetta, el cronista de Fernando de Magallanes, los llamó “gigantes del fin del mundo”. Los hombres medían en promedio 1.80 metros, eran afinados cazadores nómadas y perseguían a los guanacos por sus pieles y carne.

A fines del siglo XIX llegaron a la Patagonia cientos de colonos, tanto chilenos como de diversas partes de Europa, estimulados por los territorios y las miles de ovejas que el Estado chileno les permitió tener para el desarrollo de la región. El ganado ovino fue presa fácil para los aonikenk, pero sus dueños lo defendieron a plomo y diezmaron así a la población de estos aborígenes, cuyo último cacique murió víctima de viruela hacia 1905.

La historia queda atrás y llegamos al mirador del Lago Nordenskjöld, heredero del apellido de un geólogo sueco que llegó a explorar la Patagonia en 1897. Desde aquí se pueden apreciar el Valle del Francés, el cerro Paine Grande y los Cuernos del Paine, que ameritan una sesión de fotografía.

Siguiendo la carretera, más al oriente, llegamos a la Laguna Amarga: costras de sal se forman en su playa de arena gruesa, sobre la que se desvanecen las crestas blancas de sus olas miniatura. El color de la laguna contrasta con el camuflado de las montañas que la guardan y, a lo lejos, sobre un cielo azul adornado por una pálida peca que es la luna, se ve copado de nieve el Macizo del Paine. La laguna también debe ser hermosa a fines del invierno, cuando desfilan en ella flamencos rosados.

El recorrido por los lagos puede terminar por la carretera que bordea el Lago Sarmiento, uno de los más grandes del parque y nombrado así en honor al astrónomo y explorador español Pedro Sarmiento de Gamboa, el primero en cruzar el Estrecho de Magallanes con fines científicos y quien, en 1579, fue encomendado por el rey Felipe II de España para perseguir por el Pacífico al pirata Francis Drake en sus correrías tras los barcos que llevaban riquezas del Virreinato de Perú a Europa.

Los desniveles

Caminando desde la posada Serrano se accede al Mirador del Toro en apenas media hora de subida a pie. La recompensa es una vista de 360 grados que incluye el Lago Toro, la pampa Serrano, el solitario cerro Ferrier y el Macizo del Paine. No hay que bajar la quijada sino inclinar el cuello hacia arriba, pues en la mañana es posible avistar cóndores, águilas, tiuques y carranchos, estos dos últimos parecidos al águila, pero no tan elegantes.

Vale la pena también dedicar un día para ir a ver lo que la naturaleza hizo en el Valle del Francés. Desde el Refugio Pehoé, el sendero empieza bordeando el Lago Skottsberg. Lo primero es una vista cercana de la Punta Bariloche —que en 1953 cobró la vida de los dos que primero intentaron escalarla—, de los glaciares colgantes del cerro Paine Grande y de los Cuernos del Paine.

Es territorio de zorros colorados, cóndores y los llamados rayaditos, unos pájaros que por su canto podrían hacer casting para Walt Disney. Poco antes de llegar hay que cruzar, una persona a la vez, el puente colgante del Río Francés para llegar a un bosque en el que se escucha el “toc toc toc” del pájaro carpintero. Y entonces, el estático chorro de nieve del Glaciar Fránces: estamos apenas a 150 metros de altura y por encima de nosotros la montaña aguanta toneladas cúbicas de nieve. Mejor ni estornudar.

Después de haber visto los paisajes que vieron los ojos del navegante inglés Fitz Roy y los de Darwin a bordo del legendario Beagle, después de haber experimentado la naturaleza salvaje que enamoró a Florence Dixie y después de haber respirado el mismo viento helado que permitió a Magallanes descubrir el estrecho que lleva su nombre, nos queda la convicción de que el corazón de la Patagonia, más que un lugar muy lejano, es en esencia un lugar silencioso, de diálogos interiores, donde la nieve pone la mente en blanco.

Antes de partir, sólo queda visitar el monumento que se levanta en la plaza central de Punta Arenas y besar el dedo gordo del pie del indio patagón que la adorna, pues dicen que quien lo hace siempre termina por volver.

El clima en el parque es cambiante: hay días lluviosos, nevadas, tormentas y muchos días despejados y soleados: cualquier época es buena para visitarlo. Pero en la primavera, que va de octubre a diciembre, hay flores, nacen los chulengos (guanacos bebé) y llegan manadas migratorias de flamencos y cisnes.

En el mapa que entrega gratuitamente la Conaf (Corporación Nacional Forestal de Chile) están señaladas las rutas. Las hay también para navegar en kayak, en lanchas o catamaranes, escalar, dar paseos en bicicleta, pescar salmón en temporada (octubre y abril) y cabalgar junto con gauchos baqueanos. Lo ideal es planear cada noche, conversando con los guías, el destino del día siguiente.

Cómo llegar

Ubicado unos 2.500 kilómetros al sur de Santiago de Chile, para llegar al parque hay que tomar un vuelo de cuatro horas de la capital chilena hasta Punta Arenas. De allí el traslado hasta el parque es de aproximadamente cinco horas, la mitad del recorrido por carretera pavimentada. (ver links insertados en el presente artículo)


Cómo vestir

Ropa de trekking, idealmente con capas. Es necesario llevar rompevientos impermeable, pantalones cómodos y calzado con suela gruesa de goma. Guantes, gorro, lentes de sol y protector solar.

Dónde dormir

En el interior del parque, en sus alrededores y en Puerto Natales, hay desde posadas para mochileros hasta hoteles de lujo. Todos son amigables con el entorno y tienen programas de estadía que incluyen alojamiento, comidas, traslados de y hacia el aeropuerto de Punta Arenas, y varias opciones de excursiones.


  • Escrito de: Mauricio Gaviria
  • Fotografías ©: Prometeo_Media

George Leish Mallory reflexionaba sobre su ascenso al Mont Blanc:

¿Hemos vencido a un enemigo?

A nadie más que a nosotros mismos.

¿Hemos obtenido éxito?

Esa palabra no significa nada aquí.

¿Hemos conquistado un reino?

No…y sí.

Hemos logrado la última satisfacción…satisfecho un destino.

Luchar y entender, nunca esto último sin lo otro; tal es la ley…

¿Hemos estado sólo obedeciendo una antigua ley entonces?

¡Ah! pero se trata de la Ley”.

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Viaje alrededor del circuito más grande de Torres del Paine, el que llaman la “O”. 50 scouts por un mismo sendero, unidos con un solo propósito, rodear y limpiar Torres del Paine.

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Journey of 50 scouts around the biggest circuit around the national park Torres del Paine in the Chilean Patagonia. One of the most extreme and beautiful places in the world.

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Ruta del Paine.Video relatado en Castellano & Subtitulado en Inglés.

Producción: Primo Works ©

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“This video was written and produced while traveling through Chile & Patagonia with my girlfriend. We spent 5 weeks exploring this amazing country, and this is how we chose to document it. Thanks so much for checking it out.”


Producción: Gnarly bay Productions, Inc.