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Giordano Bruno

l llegar la noche del 17 de febrero del año 1600 y cuando las estrellas cubren el firmamento, tantas veces escrutado con visionaria profundidad, se han disipado ya las cenizas del monje domínico, doctor en teología y filósofo renacentista Giordano Bruno, el Nolano. Había nacido 52 años antes en la ciudad de Nola, reino de Nápoles.


Su martirio había comenzado 8 años antes, frente al tribunal de Venecia, a donde fue conducido una vez que uno que se decía su discípulo lo traicionara entregándolo al Santo Oficio. Luego de un breve juicio fue trasladado a los calabozos subterráneos de iPiombi, en Roma, siempre bajo la tutela del tribunal inquisitorial. Sometido a 7 años de encierro y torturas tras negarse a desdecir sus afirmaciones, fue entregado finalmente al brazo secular en enero de 1600 y días más tarde quemado en la hoguera.


Fue el término de un largo peregrinar, desde que salió del convento de San Domínico Mayor en Nápoles, para iniciar un destierro autoimpuesto debido a las discrepancias manifestadas contra algunas nociones teológicas que lo habían llevado en un proceso hasta Roma. Desde ahí se trasladó a Suiza atraído por la postura reformista de los calvinistas, pero su espíritu demasiado inquieto y perspicaz lo enemista con éstos.


Más tarde, Francia parece darle una entusiasta acogida y obtiene cátedras en las universidades de Tolosa y Sorbona, publica sus primeros escritos y se ve beneficiado con la protección del monarca Enrique III. Pero Bruno es demasiado adelantado para su tiempo y su figura se vuelve peligrosa en Francia. Con cartas de recomendación en su mano, parte a Inglaterra. La fortuna le sonríe inicialmente y despierta el interés de la reina Isabel I y algunos de sus cortesanos.

Nuevamente su audacia juega en su contra, pues habiendo sido aceptado en Oxford, debe abandonar sus enseñanzas por la fuerte polémica que provoca. De todos modos, es una época fructífera y publica sus mejores obras. Las desavenencias provocadas lo obligan a dejar Inglaterra para dirigirse a Alemania, tras una breve estadía en Francia. El Santo Oficio ya sigue sus pasos.

Busca la amistad de los reformistas luteranos pero se decepciona al chocar con la estrechez de sus creencias, y a pesar de haber logrado una grata recepción en la Universidad de Wittemberg se traslada a Praga donde logra la simpatía del emperador Rodolfo II. Sin embargo, la temprana muerte de su protector dejan al Nolano nuevamente a la deriva. Publica más obras en Frankfurt. Perseguido y rechazado, despertando suspicacias y temido, decide aceptar la invitación del patricio veneciano Giovanni Mocenigo. Es el principio del fin.


Mocenigo le tiende una trampa en la que Bruno parece predestinado a caer. Tal vez, conciente de lo inexorable, arrostrando a los pusilánimes, los indecisos y los intolerantes viaja hasta Venecia. Muy poco tiempo después, su nuevo protector lo encierra mediante argucias en su casa y lo deja en manos de los agentes del tribunal.


Acusado de hereje impenitente por afirmar la existencia de infinitos mundos, en un universo infinito; por llevar las nociones de Copérnico hasta las aulas de las más importantes universidades de Suiza, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania, y otras rutas desconocidas, constituyó un puente formidable entre la sabiduría antigua y los aires renovadores del renacimiento; entre la vacilante ciencia liberal y el hálito de misticismo que llama desde Oriente.


us biógrafos actuales coinciden en que Bruno fue más lejos que Copérnico y Galileo, pues su camino es más amplio y su visión más profunda que la que pudieran haber aportado éstos. Bruno es un revolucionario del espíritu. Es un ecléctico que trae a su siglo la filosofía de Platón y Plotino, la magia del Hermetismo y la matemática Pitagórica, los tímidos balbuceos de la astronomía y las acertadas presunciones de Nicolás de Cusa. Bucea en Raimundo Lulio al mismo tiempo que fustiga a su época con su crítica mordaz, para despertarlos y animarlos a buscar la luz.


Condenado por la Iglesia, sin embargo, no renegó de las enseñanzas de Cristo, sino más bien intentó desperezarla con sus conocimientos. No pretende sustituir una religión por otra, antes bien, su propuesta es dotar al cristianismo de una filosofía más amplia y profunda que la que ha elaborado en los siglos precedentes en que se ha asentado en Europa.


Reúne todas estas corrientes y las enlaza con un vigor y frescura desbordante que llena de admiración y pavor a sus amigos, seguidores y enemigos. No alcanza a ser dimensionado ni comprendido. El fulgor de sus intuiciones geniales se refleja en el cálculo de Leibnitz y la Física Cuántica, en los fundamentos de la ecología y la visión filosófica del siglo XXI.


Giordano Bruno es el fruto más maduro y completo del espíritu del Renacimiento y su hoguera elevó chispas hacia el Universo infinito que sólo él vislumbró.

Hoy, en que oscuros nubarrones presagian un futuro poco alentador, víctimas otra vez de cegueras e intolerancias, el furor bruniano golpea nuevamente como una campana alentando nuestro despertar. Su ánimo audaz y renovador campea nuevamente entre nosotros y nos señala un futuro mejor.

En su memoria, no sólo recordémosle, antes bien, atrevámonos a seguir su ejemplo.



Profesor Francisco Duque Videla.






Apolonio de Tyana (I)

n la “Historia de la Religión Cristiana hasta el año Doscientos”, de Charles B. Waite, A.M., anunciada y reseñada en el Banner of Light (1) (Boston), encontramos partes de la obra relacionadas con el gran taumaturgo del segundo siglo d.C. Apolonio de Tyana, sin rival en el Imperio Romano.

“El tiempo del cual este volumen toma especial conocimiento está dividido en seis periodos, durante el segundo de los cuales, 80 al 120 d.C., está incluida la ‘Era de los Milagros’, la historia que demostrará ser de interés para los espiritualistas como una forma de comparar las manifestaciones de inadvertidas inteligencias de nuestro tiempo con similares eventos de los días inmediatamente posteriores a la introducción del Cristianismo. Apolonio de Tyana fue la más notable personalidad de este periodo, y fue testigo del reinado de una docena de emperadores romanos. Antes de su nacimiento, Proteo, un dios egipcio, se le apareció a su madre y le anunció que encarnaría en el niño venidero.

Siguiendo las indicaciones dadas en un sueño, ella se dirigió a un prado para recoger flores. Estando allí, una bandada de cisnes formó un coro a su alrededor, agitando sus alas y cantando al unísono. Mientras estaban ocupados en ello, y el aire era abanicado por un delicado céfiro, Apolonio nació.”

Esta es una leyenda de las que, en tiempos pretéritos, hacían de cada personalidad notable un “hijo de Dios” milagrosamente nacido de una virgen. Y lo que sigue es historia. “En su juventud él tenía un poder mental y una belleza personal maravillosos, y hallaba su mayor felicidad en las conversaciones con los discípulos de Platón, Crisipo y Aristóteles. No comía nada que tuviese vida, se mantenía con frutas y productos de la tierra, era un admirador entusiasta y un discípulo de Pitágoras, y como tal, permaneció en silencio durante cinco años.

Dondequiera que él fue reformó el culto religioso y realizó actos maravillosos. En las fiestas, asombró a los invitando produciendo pan, frutos, verduras y varios bocados exquisitos que aparecían a su orden. Se animaron estatuas con vida, y las figuras de bronce de los pedestales tomaron posición y realizaron las labores de los sirvientes. Por ejercicio del mismo poder ocurrieron desmaterializaciones, vasos de oro y plata, con sus contenidos, desaparecieron; incluso los sirvientes desaparecían de la vista en un instante.

En Roma, Apolonio fue acusado de traición. Llevado a examen, el acusador avanzó, desplegó el rollo en el que había sido escrita la imputación, y quedó pasmado al encontrarlo completamente en blanco.

Encontrándose en un cortejo fúnebre, dijo a los asistentes: ‘coloquen el féretro y yo secaré las lágrimas que Uds. han vertido por la doncella’. Tocó a la joven mujer, profirió unas palabras, y la muerta volvió a la vida. Estando en Esmirna, fue convocado a Efeso, donde se había producido un brote de rabia. ‘No debe perderse la jornada’, dijo, y tan pronto pronunció esas palabras estaba en Efeso.

Cuando tenía casi cien años, fue llevado ante el Emperador romano, acusado de ser un encantador. Fue conducido a prisión. Allí alguien le preguntó cuándo recuperaría la libertad. ‘Mañana si depende del juez; en este momento si depende de mí’. Dicho esto, liberó sus pies de los grilletes y dijo: ‘Vea Ud. la libertad de que disfruto’. Él, entonces, lo reemplazó en los grilletes.

En el tribunal se le preguntó: ‘¿Por qué los hombres lo consideran un Dios?’
‘Porque –contestó- todo hombre bueno recibe tal denominación’.

‘¿Cómo pudo predecir la plaga de Efeso?’
Él contestó: ‘manteniendo una dieta alimenticia más ligera que la de otros hombres’.

Sus respuestas a los acusadores sobre estos y otros interrogantes exhibieron tal fuerza que el Emperador quedó muy impresionado, y lo declaró inocente del crimen que se le imputaba; pero ordenó que permaneciera detenido para sostener con él una conversación privada. El contestó: ‘podrá usted detener mi cuerpo, pero no mi alma; e incluso agregaré, tampoco mi cuerpo’. Habiendo proferido estas palabras, desapareció de ante el Tribunal, y aquel mismo día se encontró con sus amigos en Puteoli, a tres días de Roma.

Los escritos de Apolonio revelan que fue un hombre de erudición, con un conocimiento consumado de la naturaleza humana, imbuido de nobles sentimientos y de los principios de una filosofía profunda.

En una epístola a Valerio él dice:


‘Nada muere excepto en apariencia, y del mismo modo, tampoco, nada nace excepto en apariencia. Lo que ocurre en esencia dentro de la naturaleza aparenta ser el nacimiento, y lo que ocurre en esencia dentro de la naturaleza, en cierto modo, es la muerte; aunque nada realmente se origina, y nada alguna vez perece; pero tan solo ahora aparece a la vista, y ahora se desvanece. Aparece a causa de la densidad de la materia; y desaparece a causa de lo tenue de la esencia; pero siempre es la misma, solo difiere en movimiento y condición.’

El tributo más elevado a Apolonio le fue brindado por el Emperador Tito. El filósofo le escribió a él, poco después de su ascensión, aconsejándole moderación en su gobierno. Tito respondió:
‘En mi propio nombre y en nombre de mi país le doy las gracias, y estaré atento a esas cosas. De hecho, yo he conquistado Jerusalén, pero Usted me tiene capturado a mi’.

Las cosas maravillosas realizadas por Apolonio, consideradas como milagros, cuya fuente y causa productora el espiritualismo moderno reveló claramente, fueron creídas extensamente durante el segundo siglo y los años subsiguientes, por cristianos y otros.

imón el Mago fue otro prominente hacedor de milagros de la segunda centuria, y nadie negó su poder. Incluso los cristianos se vieron obligados a admitir que realizó milagros. Se alude a él en los Hechos de los Apóstoles, viii: 9-10. Su fama era mundial, tenía seguidores en cada nación, y en Roma fue erigida una estatua en su honor. Disputó frecuentemente con Pedro en concursos, eso que hoy llamaríamos torneos de milagros, para determinar quién de los dos tenía mayor poder.

Se declara en ‘Los Hechos de Pedro y Pablo’ que Simón produjo una serpiente de latón que se movía, estatuas de piedra que reían, y se elevó en el aire por sí mismo; a lo que se agrega: ‘a diferencia de esto, Pedro sanó al enfermo con una palabra, hizo que el ciego pudiera ver, etc.’ Simón, llevado ante Nerón, cambió su forma: de repente se volvió un niño, después un anciano; en otro momento un hombre joven. ‘Y Nerón, al ver esto, supuso que era un Hijo de Dios.’

En ‘Reconocimientos’, una obra de Petrine de edades tempranas, se relata una discusión pública entre Pedro y Simón el Mago, que es reproducida en este volumen.

Se da cuenta de muchos otros obradores de milagros y se muestra concluyentemente que el poder que poseían no se limitaba a un número determinado de personas, como el mundo cristiano enseñó, sino que esos dones mediumnísticos eran poseídos por muchos.

Las declaraciones citadas de escritores de los primeros dos siglos de que tuvieron lugar dichos hechos, contribuyó grandemente a reforzar la fe de los más crédulos, aún en esa época de maravillas. Muchos de estos relatos pueden estar muy exagerados pero no es razonable suponer que se trató de puras invenciones, sin una pizca de verdad en su origen; menos aún después de las revelaciones hechas al hombre desde el advenimiento del espiritualismo moderno.

Alguna idea de la minuciosidad con la que cada asunto es tratado en este volumen puede formarse mencionando que en el índice hay doscientas trece referencias a pasajes relacionados con “Jesucristo”; de lo que también puede inferirse con justicia que el contenido tiene que ser de gran valor para aquellos que buscan información que permita determinar si Jesús fue ‘Hombre, Mito o Dios’. ‘El Origen e Historia de las Doctrinas Cristianas’, como también ‘El Origen y Establecimiento de la Autoridad de la Iglesia de Roma sobre las demás Iglesias’, son totalmente expuestos, y mucha luz es arrojada sobre varias cuestiones oscuras y polémicas.

En una palabra, es imposible para nosotros, sin exceder por mucho los límites impuestos para este artículo, hacer completa justicia con este libro tan instructivo; pero creemos que ha sido suficiente para convencer a nuestros lectores de que su interés excede lo ordinario, y que se trata de una deseable adquisición de literatura para esta era progresista.”(2)

Algunos escritores pretendieron hacer aparecer a Apolonio como un personaje de carácter legendario, mientras devotos cristianos insisten en llamarlo un impostor. La existencia de Jesús de Nazareth fue también declarada por la historia y siendo él mismo conocido a medias por los escritores clásicos, como lo fue Apolonio, ningún escéptico puede dudar actualmente de la existencia de tal hombre como el hijo de María y José. Apolonio de Tyana fue amigo y corresponsal de la Emperatriz romana y de varios emperadores, mientras que de Jesús nada ha permanecido en las páginas de la historia, como si su vida se hubiese escrito en las arenas del desierto.

Su carta a Agbaro, el príncipe de Edesa, la autenticidad que le es concedida tan sólo por Eusebio –el Barón Munchausen de la jerarquía patrística- es llamada en las Evidencias del Cristianismo “un esfuerzo de falsificación” incluso por el propio Paley, cuya robusta fe acepta las más increíbles historias. Apolonio, entonces, es un personaje histórico; a la vez que muchos al nivel de los mismos Padres de la Iglesia, colocados ante el ojo escrutador de la crítica histórica, comienzan a fluctuar y muchos de ellos se desvanecen y desaparecen como el “fuego fatuo” o el ignus fatuus.

Apolonio de Tyana y Simon el Mago (I)

por H. P. Blavatsky

Titulo original: “Apollonius Tyaneus and Simon Magus”, The Theosophist, junio de 1881.
(Collected Writings, Vol. III) _ H.P.B.


Notas:

(1).- Estandarte de Luz (N. del T.).

(2).- Segunda Edición, Vol. I, 8vo., pp. 455. Chicago: C. V. Waite & Co. Thomas J. Whitehead & Co., agentes para Nueva Inglaterra, 5 Court Square, Departamento 9, Boston .


Giordano Bruno y la religión de la verdad

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Escrito de Andrea Sanguinetti


el17.jpgl 17 de febrero de 1600 ardía en Campo di Fiori, Roma, una hoguera que en crepitantes llamas, se llevaría el cuerpo físico de Giordano Bruno. Los cargos: herejía y apostasía. ¿Los motivos? Pudieron haber sido muchos o tal vez solo uno. Lo cierto es que el desarrollo de las ideas brunianas había sacudido los cimientos de la Iglesia de Roma y del pensamiento renacentista en general…

La condena tenía que ser y resultar ejemplificadora.

Este hombre que al momento de su detención en 1592 contaba apenas 44 años, llevaba ya, a esa altura de su corta vida, casi cuarenta libros escritos, y había recorrido toda Europa con sus enseñanzas. Su frente de batalla: la “asnalidad”, como a él le gustaba llamar a la ignorancia viniese de donde viniese, ya sea aristotélicos, hombres de la Iglesia o grandes doctores. Su lucha: la búsqueda de la verdad.

¿De dónde provenía su conocimiento? Bruno era monje dominico, aunque aún joven tuvo que abandonar sus hábitos y huir del convento por acusaciones de herejía. Se había ordenado sacerdote y más tarde había llegado a ser doctor en Teología. Desde casi su niñez había estudiado Lógica y Gramática. Su inquieto espíritu, sin embargo, y a pesar de su formación religiosa, lo llevó bien pronto a buscar otra fuente de información. Sus lecturas no se limitaron a las establecidas sino que se nutrieron de los clásicos y filósofos de todo tipo. Su inquieto intelecto no se detuvo ante nada.

Versiones no confirmadas lo hacen estudioso de otras filosofías, e incluso se habla de viajes que Bruno habría realizado al norte de África, donde habría tomado contacto con el hermetismo. No obstante no hallarse esto confirmado, lo cierto es que el desarrollo de sus ideas a partir de 1577 toma el cauce del pensamiento tradicional egipcio. La teoría de los innumerables mundos, que va a ser una de las principales causas por las cuales será condenado, está ya enunciada en el Kybalión, libro tradicional hermético.

Detenido en 1592, tras ocho años de largo proceso, primero en Venecia y luego en Roma, las acusaciones se resumen en cuatro proposiciones consideradas heréticas: dos teológicas y dos filosóficas.

Las teológicas: el rechazo de los dogmas de la Trinidad y de la transubstanciación de las almas.

Las filosóficas: la doctrina de la pluralidad de los mundos y la que proclama al alma presente en el cuerpo como un piloto al frente de su nave (inmanencia de lo divino en el alma humana).

Las dos primeras aparecieron ya en los primeros procesos y acusaciones de herejía de los tiempos de noviciado de Bruno, y son las que a la larga le obligarían, primero a huir a Roma desde Nápoles, y luego a deambular por toda Europa.

Para Bruno el dogma de la Trinidad formulado por la Iglesia chocaba con obstáculos insalvables. No parecía coherente identificar a cada figura de la Trinidad como personas separadas entre sí, sino como potencias que implicaban procesos sucesivos y a la vez simultáneos de la manifestación de una misma potencia, la del Padre. Bruno hizo así suyo aquel credo que expresara Virgilio en le Libro Sexto de la Eneida: Desde el principio del mundo, un mismo espíritu interior anima el cielo y la tierra y las líquidas llanuras, el Sol y las Estrellas… Ese espíritu mueve la materia y se mezcla al gran conjunto de las cosas. Si recordamos que Bruno tomó contacto con ideas herméticas, nos vamos a encontrar aquí la formulación de la primera ley hermética.

Otros estudiosos también han visto un enlace con la tradición vedantina de la India (Todo es Brahma). Bruno se inserta a sí mismo en la tradición gnóstica y en el cristianismo de neto corte juanino: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era el principio con Dios.

Pero Bruno va más allá al proclamar que la estructura del Universo es vandálica (circular) y cuaternaria. Este cuarto elemento es la Naturaleza misma a través de la cual se asciende a la Divinidad, pero sin la cual la Trinidad básica permanece inasequible para el hombre. Este cuarto elemento, el espíritu ctónico, terrestre, participa también de la naturaleza divina y a través de ella se transciende a sí mismo. No hay nada que no participe de lo divino. Lo que varía es sólo la gradación, pero tanto el Todo como las partes participan de una misma y única sustancia que permanece inmutable. Son todos grados de una única vía ascensional.

En cuanto al dogma de la transubstanciación de las almas, también Bruno se reinserta en la tradición gnóstica cristiana adoptando la idea de la transmigración de las almas. En el infinito Universo las formas son infinitas, pero la substancia es única y ésta no puede perderse. El alma va elevándose, adoptando las formas que le son necesarias para su desarrollo y evolución. El fin es la unión mental del sujeto con el objeto infinito.

Esta cuestión de la transmigración de las almas aparece expuesta en Expulsión de la Bestia Triunfante: lo divino es algo inmanente, interior, propio de cada sujeto, en contradicción con la forma de la divinidad trascendente, exterior, ajena, expuesta por la Iglesia.

Encontramos además en Bruno la idea del hombre como espejo de lo universal, microcosmos en donde se refleja la mente de Dios.

El hombre debe realizar un proceso de purificación moral fundado en el reconocimiento de la ley natural y en la exaltación del trabajo, la justicia y el amor, entendidos como fundamentos de la unidad ética de la Humanidad.

El espíritu así se encamina hacia una más profunda unidad con la universalidad divina.

La idea de los mundos innumerables se encuentra expuesta en Sobre el Infinito Universo y los Mundos. Allí expone que es un absurdo considerar que fuera del Universo conocido no hay nada. Si juzgamos de acuerdo a lo que vemos, la experiencia demuestra que todo es contrario al vacío. Si el Universo es un todo infinito que no tiene borde, término o superficie, todo este Universo está poblado por seres distintos, por existir distintos grados de perfección de las criaturas; desde el más bajo hasta el más alto, no hay nada muerto en el Universo, todo está vivo y participa de una misma y única sustancia, todo se mueve de acuerdo a su propia alma.

Ningún elemento es un engranaje ciego de una máquina, sino un ser que por su propia naturaleza está en determinado lugar y se mueve en forma coherente con su esencia y se relaciona con los demás Entes del Universo. Al primer Ente que crea el Universo le corresponde una potencia infinita, y en tal caso, ¿por qué habrían de estar limitados los mundos? Esta infinitud es extensiva. Todas las cosas animadas participan de una misma sustancia: la Sustancia Divina. Dicha Sustancia los incluye a todos, si bien la participación no es de igual grado.

Bruno, que se sentía libre en la esclavitud, alegre en la pena, rico en la necesidad y vivo en la muerte, que no envidiaba a quienes eran siervos en la libertad, sentían pena en el placer, eran pobres en la riqueza y muertos en la vida, entregó su cuerpo a la hoguera con la esperanza de que algo más allá de sí mismo viviese y llegase al futuro de forma útil y fructífera.



Fuente: Nueva Acrópolis Panamá


Mundos Infinitos



Breve história de Giordano Bruno, da Discovery.
(Idioma Portugués)


Giordano Bruno

Bruno el yogui

(O hacia una lectura orientalista de Bruno)

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(Italia 1548-1600)



“Este apartado tiene un plan secreto y diversos niveles de lectura, funciona como una metáfora acerca de la vida, la inspiración y la belleza”

Adolfo Vásquez Rocca (1)


“Toda la creación acabará consumándose
y se nos revelará como infinita y sagrada,
mientras que ahora nos parece limitada y corrupta.
Y esto ocurrirá gracias al perfeccionamiento de los sentidos.
Pero, antes de ello, tendremos que borrar la idea
de que el hombre posee un cuerpo diferente de su alma…
Si las puertas de la percepción estuvieran purificadas,
todo se nos aparecería tal cual es, es decir, infinito.
Pues el hombre se ha cerrado en sí mismo
y sólo ve todas las cosas a través de la estrecha abertura de su caverna.”

William Blake (2)



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Escrito de: Carlos Rebate Sánchez ©.
– Las imágenes y tablas han sido trabajadas
utilizando Photoshop CS e Illustrator CS.

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h.jpgace cuatro o cinco años escribí un trabajo sobre las conexiones entre Giordano Bruno y la tradición hermética; el hermetismo renacentista como punto decisivo para interpretar la obra de Bruno. Titulé aquel trabajo “Bruno el mago”.

Si algo me fascinó de Giordano Bruno en aquella ocasión, no fue sólo la magnitud del descubrimiento por el cual históricamente se le conoce (la filosofía del infinito), sino lo intrincada que estaba la magia en dicho desarrollo filosófico.

Terminé aquel trabajo con el convencimiento de que Bruno aspiraba a convertirse en un mago.

No en un mago en el sentido ordinario del término, de esos que sacan un conejo de la chistera o hacen desaparecer un naipe entre los dedos, sino en un mago religioso. Aspiraba a practicar la magia de modo que le condujera a estados superiores de conciencia y conocimiento; de modo que dotara de alas a su creatividad y a su imaginación, que configurara su mente para operar sobre el mundo, cambiarlo, reinventarlo.

Ese propósito de auto modificación o auto transformación para conseguir estados superiores de conciencia (a través de la magia y del arte de la memoria) me pareció una empresa absolutamente fascinante. De hecho, de los filósofos que he ido descubriendo y encontrando a lo largo de los últimos siete u ocho años de filosofía a distancia, pocos me han impactado tanto como Giordano Bruno.

Hace aproximadamente dos años comencé a interesarme por las sabidurías orientales, por el pensamiento en la India y por el Budismo. Cual fue mi sorpresa al encontrarme, en el mismo programa de doctorado, una asignatura sobre Bruno, otra sobre Pensamiento en la India y otra sobre Nietzsche, otro de mis filósofos predilectos. No podía ser una casualidad; debía existir algo que los conectara.


Dicen que cuando la única herramienta de la que se dispone es un martillo todos los problemas nos parecen clavos, y que la realidad depende del cristal con que se mire; por lo que me preocupaba que una lectura orientalista de Nietzsche y Bruno no fuera “algo real”, sino sólo producto de mi martillo o de mis cristales.

Me tranquilizó saber que al menos contaba con un punto de partida conocido; tanto las sabidurías orientales, como la magia bruniana, como el eterno retorno de lo mismo y el superhombre nietzscheano, tenían algo en común: una firme voluntad de transformación. Cuando, a día de hoy, he rescatado mi trabajo sobre Bruno y he releído las anotaciones en los libros que empleé para realizarlo (3), no he podido evitar descubrir en Bruno a un místico oriental, a un yogui occidental.

Al releer textos sobre Nietzsche, no he podido evitar encontrar un Samsâra en su doctrina del eterno retorno de lo mismo, y disfrutar como un niño chico de la influencia de la filosofía india en Schopenhauer (que traslada a Wagner y Nietzsche) y de la influencia en Nietzsche de su amigo Paul Deussen, historiador de la filosofía y especialmente del pensamiento indio.


Mi intención con este trabajo es profundizar, a través de tres aspectos concretos, en las conexiones entre Giordano Bruno y las sabidurías orientales: la voluntad de transformación, la adecuación al modelo cognitivo-operativo oriental, y el paralelismo con las filosofías de la no dualidad.

En mi opinión, la filosofía bruniana del infinito dista mucho de ser “sólo” una filosofía. Se trata también de una religión y se trata también de una psicología. Estableciendo un paralelismo con la definición de Dharma de Anagarika Govinda:

“el Dharma –como experiencia y forma de realización práctica– es una religión; como la elaboración intelectual de esta experiencia, una filosofía, y como el resultado de la auto observación y el análisis sistemático, una psicología” (4).

En este trabajo se tratan los siguientes aspectos en Bruno:

Voluntad de transformación.Le monde est à réinventer!”. En relación a la voluntad en Bruno de llevar a cabo una reforma mágica de la imaginación destinada a la adquisición de niveles superiores de conciencia y conocimiento.

Modelo cognitivo-operativo oriental versus occidental. Adecuación de Giordano Bruno al modelo cognitivo-operativo oriental.

No dualidad. Conexiones entre el pensamiento de Bruno y las filosofías de la no dualidad (Por ejemplo el Budismo Mahayana, el Taoísmo y el Vedanta Avaita hindú)

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Voluntad de transformación: “Le monde est à réinventer!”

En el libro “Giordano Bruno y la tradición hermética”, Frances A. Yates hace referencia (5) a la voluntad y a la esperanza de Giordano Bruno de alcanzar la unidad que subyace a todas las cosas y, de este modo, conocer la realidad más allá de la multiplicidad aparente:

Bruno tiene la esperanza, o al menos así me lo parece, de que al imprimir en la memoria las imágenes celestes, las imágenes arquetípicas del cielo que son sombras situadas cerca de las ideas en la mens divina de la que dependen todas las cosas inferiores, conseguirá alcanzar la experiencia “egipcia” de convertirse, en verdadero sentido gnóstico, en el Aion, que encierra en sí mismo los poderes divinos. Imprimiendo en la fantasía las figuras zodiacales “se puede entrar en posesión de un arte figurativo que ayudará, no sólo a la memoria, sino a todos los poderes del alma para que puedan desarrollarse según cauces maravillosos. Cuando alguien construye por sí mismo las formas celestiales “llega, partiendo de la confusa pluralidad de las cosas, a la unidad que subyace en todas ellas”. […]


El sistema mágico bruniano de la memoria es, pues, representativo de la memoria de un mago, de alguien que conoce la realidad más allá de la multiplicidad aparente, que ha conformado la propia imaginación a las imágenes arquetípicas, y que, gracias a su penetración de la realidad, también ha conseguido obtener poderes operativos. Se trata de una derivación directa de la interpretación neoplatónica de Ficino sobre las imágenes celestes, pero que, en este caso, ha sido llevada hasta límites mucho más osados.

Según se desprende de estos textos, Bruno pretendía elaborar un complicado sistema de reforma mística y mágica de la imaginación, a través de la impresión en la memoria de las imágenes celestiales, que estaba destinado a la adquisición de niveles superiores de conciencia y conocimiento.


En disciplinas orientales como el Zen o el Vedanta, observamos la misma voluntad de transformación para el descubrimiento del nivel mental, tal y como se recoge en el libro “Sabidurías orientales de la antigüedad” de María Teresa Román que citamos (6) a continuación: En palabras de Ken Wilber, uno de los más destacados teóricos de la conciencia:

“Las disciplinas orientales como el Zen o el Vedanta no son teorías, filosofías, psicologías ni religiones, sino primordialmente un conjunto de experimentos, en el sentido más rigurosamente científico de la palabra. Contienen una serie de normas o preceptos que, debidamente ejecutados, conducen al descubrimiento del nivel mental” (7).

O la siguiente cita de Watts:
En las filosofías de Asia, Watts afirma:

“El meollo de todas estas filosofías orientales no es una idea, una teoría, y ni siquiera una forma de comportamiento, sino que es fundamentalmente una forma de experimentar una transformación de la conciencia cotidiana, de forma que se nos hace obvio cómo son las cosas. Cuando le sucede a uno, es muy difícil de explicar” (8).

Las representaciones brunianas del mundo y el arte de la memoria se asemejarían al conjunto de experimentos del Zen o del Vedanta, un conjunto de experimentos que el mago emplea como objeto de meditación y reflexión interior, y que están destinados a la propia transformación.


Volviendo (9) a Frances A. Yates:

El punto de las descripciones de las “representaciones del mundo” sobre el que quiero hacer hincapié […] es que tales figuras no han sido construidas simplemente para ser admiradas, sino para meditar sobre ellas para que se conviertan en objeto de reflexión interior.

El hombre que observa la representación del mundo que constituye el fresco de su dormitorio, imprimiéndola en su memoria junto a los colores dominantes de los planetas, cuando sale de su casa y observa el espectáculo que ofrecen las innumerables cosas individuales, está preparado para integrarlas en el marco de una cierta unidad gracias a las imágenes de una extraordinaria ilusión, que, años más tarde, debió inspirar los esfuerzos de Giordano Bruno encaminados a fundamentar la memoria sobre las imágenes celestes, sobre ciertas imágenes que son sombras de ideas en el alma del mundo, a fin de unificar y organizar las innumerables individualidades del mundo y todos los contenidos de la memoria.

El objetivo hermético de Bruno consistía en representar lo irrepresentable, imprimir la totalidad del universo en la memoria, a través de un esfuerzo imaginativo, e identificarse con él.

¿Por qué, digo yo, son tan pocos los que comprenden y hacen suyo el poder interior? […] Aquel que ve en sí mismo todas las cosas es, a un mismo tiempo, todas las cosas. (10)

Esta voluntad de transformación se haya también presente en el Corpus Hermeticum (XI, capítulo II), en la reflexión egipcia del universo en la mente (11), sobre todo en la parte final de la cita que marcamos en negrita:

Si no te haces igual a Dios, no podrás comprenderle, ya que toda cosa sólo es inteligible para otra similar a ella. Elévate hasta alcanzar una grandeza por encima de toda medida, libérate de tu cuerpo con un brinco, pasa por encima de todo tiempo, hazte Eternidad y entonces comprenderás a Dios. Convéncete de que nada es imposible para ti, piensa que eres inmortal y que estás en condiciones de comprenderlo todo, todas las artes, todas las ciencias, la naturaleza de todo ser viviente. Asciende hasta situarte por encima de la mayor altitud; desciende por debajo de la profundidad más abisal. Experimenta en tu interior todas las sensaciones de aquello que ha sido creado, del fuego y del agua, de lo húmedo y de lo seco, imaginando que estás en todas partes, sobre la tierra, en el mar, en el cielo. Imagínate que aún no has nacido, que te encuentras en el seno materno, que eres adolescente, viejo, que estás muerto, que estás más allá de la muerte. Si consigues abarcar con tu pensamiento todas las cosas en su conjunto, tiempos, espacios, substancias, cualidades, cantidades, podrás comprender a Dios”.


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La magia (12) de Bruno tiene como objetivo transformar al mago y acercarlo a la divinidad. Pero, ¿cómo alcanzar esta?, ¿cómo comunicarse con el mundo poblado de ángeles y demonios que llega a Bruno a través de Pseudo-Dionisio y Agrippa? La respuesta es sencilla, a través de los vínculos y de la configuración mágica de la memoria.

En cuanto a los primeros (los vínculos) son usados para hacer copular el mundo físico con el divino. Agrippa dividía su De occulta philosophia en tres partes, tres tipos de magia que se corresponden con los tres mundos existentes para el mago renacentista: el arquetípico o divino, el matemático o intermedio y el natural o físico. El mago necesita vincular el mundo arquetípico y divino con el natural o físico a través del matemático o intermedio, y esta es la función de los vínculos, posibilitar el camino ascendente hacia la divinidad.


En la obra de Bruno “Mundo, Magia, Memoria” (13) se ilustran los vínculos a través del siguiente ejemplo:

“Por ejemplo, en el caso de una afección gripal, el Mago tratará de vincular la salud (Mundo Arquetípico) a su paciente (Mundo Natural) mediante la medicina, la persuasión, el reposo, etc. La medicina es el agente físico y matemático por el que la salud entra en el paciente. La medicina es obviamente un cuerpo físico, pero su administración salutífera está presidida por el número (cantidad de medicina, ritmo diario en la medicación, etc.).”

Estos vínculos constituirían la vía de fusionarnos con una realidad superior, en palabras de María Teresa Román (14):

Cuando hemos hablado anteriormente de filosofía perenne, apuntábamos en dirección no sólo a las preguntas sobre las realidades trascendentes sino a la vía que nos permitirá acceder a esas mismas realidades, o mejor dicho, fusionarnos con ellas. Este nivel constituye lo que se conoce como “conciencia mística” y abarca la sensación de ser uno con el cosmos.

Esta sensación de ser uno con el cosmos aparece recurrentemente en Bruno.


Me gustaría terminar esta sección con una nota al pie extraída del libro “Mundo, Magia, Memoria” (15), que resume a la perfección la voluntad de transformación, que aquí denomina “reescritura” o “reinvención” a la que nos referimos:

Los vínculos hacen copular el Poder y la Acción del universo, disuelven la finitud de las “cosas”, sacan de sus cuajos las fronteras establecidas, y, con frenesí suspendido de la Distracción Absoluta, dan nuevos rostros al universo, proyectan nuevos coágulos de lenguaje desde donde vivir de otra manera el mundo. ¿Transformar el mundo, cambiarlo? No es eso. De lo que se trata es de reescribirlo. Le monde est à réinventer!


Modelo cognitivo-operativo Oriental versus Occidental (16)

Según Avicena (980-1037) y Sohravardî (s. XII), dos destacados filósofos musulmanes, que vivieron en épocas distintas, Oriente y Occidente representan dos espíritus diferentes y opuestos.

En los relatos en forma de visiones, ambos pensadores han establecido el inventario de perfiles que encarnan, según ellos, Oriente y Occidente. Si añadimos además declaraciones de determinados eruditos occidentales, las creencias místicas del Próximo Oriente, de la Antigüedad hasta la época actual, encontramos lo siguiente:

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No es difícil identificar a Bruno en el inventario de perfiles correspondientes a Oriente: el carácter místico e iniciático de sus textos, su naturalismo mágico y su noción de alma universal (las cosas tienen en sí mismas el principio del movimiento, realidad viva), su amor intelectual de Dios, siendo el mundo explicatio dei (explicación, manifestación, justificación, vestigio, manifestación, verbo o imagen de Dios), etc.

Como efecto necesario de la potencia divina en el que la misma se realiza plenamente, el universo infinito es imagen, vestigio, espejo y simulacro de la divinidad. […] El universo infinito es ciertamente la autoexpresión de Dios o –como Bruno dice, sirviéndose de la terminología del Cusano- la explitatio o contractio de lo que en absoluta unidad y simplicidad divina está implicado. (17)


Los dos espíritus diferentes y opuestos de Oriente y Occidente, a los que aludíamos antes, quedan patentes en sus filosofías, la occidental con intereses teórico-especulativos, y la oriental de orden más espiritual y que emana de necesidades prácticas:

“La filosofía occidental se ha encaminado hacia intereses teórico-especulativos. Dicha filosofía intenta presentar una teoría cósmica, poniendo en evidencia la naturaleza de la realidad; asimismo pretende desarrollar distintas doctrinas acerca de la naturaleza, el alma y la divinidad; sin embargo, no parece que exista ningún interés de orden espiritual en este afán. En Oriente, por el contrario, la filosofía emanó de necesidades prácticas. Hondas reflexiones sobre los temas concretos del quehacer humano y el esquema de valores convencieron a un importante sector de pensadores indios de que el único objetivo de la actividad filosófica “no es la teorización de sillón, sino la realización del valor supremo (18).


El prestigioso psiquiatra Carl Gustav Jung, es sus comentarios psicológicos publicados en “El Libro Tibetano de la Gran Liberación” advierte acerca de la existencia de dos estilos diferentes y antagónicos: la introversión, como el estilo de Oriente, y la extraversión, como el estilo de Occidente:

Oriente se basa en la realidad psíquica, es decir, en la psique, como la principal y única condición de existencia […]. La introversión es, si fuera posible expresarlo así, el estilo de Oriente, una actitud habitual y colectiva, exactamente como la extraversión es el estilo de Occidente […]. Cualquiera que tenga conocimientos prácticos del desprecio mutuo de introvertidos y extravertidos, respecto de sus respectivos valores, comprenderá el conflicto emocional entre el punto de vista oriental y la visión occidental […]. El Occidente cristiano considera que el hombre depende totalmente de la gracia de Dios, o por lo menos, de la iglesia como el único instrumento terrenal sancionado por la Divinidad, para ayudar a la redención del hombre. Sin embargo, Oriente insiste en que el hombre es la sola causa de su desarrollo superior, pues cree en la auto-liberación […]. (19)

Bruno no se limita a ejercer una filosofía de corte occidental, si se me permite, sino que transciende el modelo filosófico-científico buscando la mística en la comunión con Dios, en un mundo y un universo que, como decíamos antes, no es otra cosa sino explicatio dei.

En el universo bruniano, los planetas se presentan como seres animados que se mueven libremente a través de un espacio infinito, y, como la causa (Dios) es infinita, el efecto debe ser también infinito, no existiendo límites en cuanto al poder creador divino. Es aquí donde el hombre, que se sabe miraculum magnum, puede reconocer su origen divino porque, en tanto y cuanto Dios está en todas las cosas, también está en él mismo.

Para Bruno, la verdadera eucaristía o cena, la auténtica comunión con la divinidad, es la contemplación del universo infinito, obra del Todo que es Uno.

En esta misma línea, Bruno criticará a Copérnico el no haber comprendido el alcance real de su descubrimiento, quedándose en la superficie, en una interpretación matemática que no elimina la octava esfera y deja, por tanto, el universo cerrado.


En “La Cena de las cenizas”, Bruno afirmará:

“Así pues, ¿quién será tan villano y descortés con los trabajos de este hombre [Copérnico], como para olvidar todas sus realizaciones y el hecho de que los dioses le mandaran a nuestro mundo a modo de aurora que debe preceder la salida del sol que es la antigua y verdadera filosofía, por tantos siglos sepultada en las tenebrosas cavernas de la ciega y maligna ignorancia?”.


Si Copérnico representa la aurora del advenimiento de la verdadera religión, Bruno se erigirá en su más ilustre profeta. Si nos fijamos en el lenguaje empleado por Bruno en la cita anterior, y lo comparamos con los perfiles que enunciábamos antes para comparar el espíritu de Oriente en contraposición con el de Occidente, descubrimos que se ajusta con precisión milimétrica al modelo oriental. En cinco líneas describe el camino de las tinieblas a la luz (revelación, última meta); un proceso iniciático hacia la luz (sol, iniciación, iluminación), precedido de la aurora, que nos conducirá a la verdadera sabiduría (en contraposición a las tenebrosas cavernas de la ciega y maligna ignorancia).

Citando a Kitagawa, para Bruno reducir el pensamiento filosófico a conceptos no satisface su mentalidad, ya que él pretende establecer un contacto directo con lo real.

“Filosofía” es una palabra occidental; es amor a la sabiduría, que se funda sobre la razón, el juicio, la diferenciación. Reducir el pensamiento filosófico a conceptos no satisface la mentalidad oriental; ella quiere establecer un contacto directo con lo “real”.(20)

Y, enlazando con la siguiente sección, otro aspecto que caracteriza a la filosofía occidental es que se trata de una filosofía de dualismos.

La filosofía occidental, en general, es la griega y la filosofía griega es la filosofía de los dualismos. La mayoría de los principales temas filosóficos debatidos todavía hoy fueron creados y modelados por los filósofos de la antigua Grecia. Entre ellos se encuentra el dualismo de la verdad frente a la mentira, cuyo estudio recibe el nombre de “lógica”; el de la bondad frente a la maldad, denominado “ética”; y el de la apariencia frente a la realidad, llamado “epistemología”. Los griegos iniciaron también el estudio a gran escala de la “ontología”, o exploración de la naturaleza esencial o ser del universo, basando sus primeras investigaciones en los dualismos de uno frente a muchos, el caos frente al orden y la simplicidad frente a la complejidad. (21)

Mi impresión es que Bruno, cómo veremos más adelante, se aleja de esta dualidad buscando una nueva modalidad de experiencia no-dual; citando al propio Bruno llegar, partiendo de la confusa pluralidad de las cosas, a la unidad que subyace en todas ellas”.

Este conjunto de factores, la voluntad de transformación y las características del espíritu oriental, que descubrí en mi segundo encuentro con Bruno, es lo que me produjo la sensación de encontrarme ante un pensador del lejano oriente, en lugar de ante un filósofo occidental guiado por la ciencia y la razón.

Tal vez esa fuera una de las causas de su muerte, ya que sí que podría considerársele culpable de sembrar un principio revolucionario en el espíritu del hombre de su tiempo. Salvando las distancias, el siguiente párrafo, que dedica Hegel a la muerte de Sócrates, podría ser aplicable también a Bruno:


“El destino de Sócrates es, pues, el de la suprema tragedia. Su muerte puede aparecer como una suprema injusticia, puesto que había cumplido perfectamente sus deberes para con la patria y había abierto a su pueblo un mundo interior. Mas, por otro lado, también el pueblo ateniense tenía perfecta razón, al sentir la profunda conciencia de que esta interioridad debilitaba la autoridad de la ley del Estado y minaba el Estado ateniense. Por justificado que estuviera Sócrates, tan justificado estaba el pueblo ateniense frente a él. Pues el principio de Sócrates es un principio revolucionario para el mundo griego. En este gran sentido, condenó a muerte el pueblo ateniense a su enemigo y fue la muerte de Sócrates la suma justicia.” (22)

Cuando comencé el trabajo, pensé que la voluntad de auto transformación y auto modificación bruniana, a través de la magia y el arte de la memoria, constituiría el nexo entre Bruno y las diferentes sabidurías orientales, como el el Zen o el Vedanta, cuyas prácticas para el descubrimiento del nivel mental se mencionaron al principio. Me pareció un nexo suficiente para escribir diez o quince páginas. Pero a medida que fui profundizando en la conexión me fui dando cuenta de que el nexo era mayor de lo que esperaba, y que no sólo existía coincidencia en el empleo de métodos o experimentos para la adquisición de niveles superiores de conciencia y conocimiento, sino también en la naturaleza de la realidad última buscada, o en la modalidad de conciencia y experiencia perseguida.

Trataremos este punto en la siguiente sección.


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Filosofo italiano (Figline Valdarno 1433 – Careggi 1499)


No dualidad

David Loy, en su libro “No dualidad(23) distingue entre 3 tipos diferentes de no-dualidad:

1) negación del pensamiento dualista.

2) la no-pluralidad del mundo.

3) ausencia de diferenciación entre sujeto y objeto.

Aclaremos brevemente en qué consiste cada una de ellas:

1. Negación del pensamiento dualista:

El primer tipo de no-dualidad es el que cuestiona el “pensamiento dualista”, es decir, al pensamiento que escinde la realidad en dos categorías contrapuestas, ser y no-ser, éxito y fracaso, vida y muerte, iluminación e ignorancia, etc. El problema que suscita el pensamiento dualista es que, si bien establece este tipo de distinciones con la intención de elegir una sobre otra, tal disyuntiva, no obstante, resulta, en última instancia, ilusoria, porque, en el fondo, ambos extremos son interdependientes y, cuando nos inclinamos hacia uno de ellos, estamos fortaleciendo inadvertidamente el polo opuesto. (24)

2. No-pluralidad del mundo:

La superposición del pensamiento dualista genera una experiencia dualista del mundo en la segunda acepción del término, es decir, en tanto que colección de objetos discretos (entre los que se encontraría el yo) que interactúan causalmente en el espacio y el tiempo. En consecuencia, la negación del pensamiento dualista conlleva necesariamente la superación de esa manera de experimentar el mundo y nos introduce de lleno en la segunda acepción del término no-dualidad, es decir, que el mundo es no-plural y que las cosas que se hallan “en” él no son, en realidad, cosas diferentes, sino que forman parte de la misma totalidad integral. (25)

3. No diferenciación entre sujeto y objeto:

Ya hemos visto que el pensamiento dualista nos lleva a percibir el mundo como una pluralidad. Y la relación existente entre las no dualidades correspondientes es también la misma, ya que el mundo en tanto que colección de objetos discretos (entre los que se cuenta el yo) que se hallan ubicados en el espacio y tiempo, carece de realidad objetiva que podamos observar sin modificarla.

Es por ello por lo que cualquier cambio en nuestro modo de pensar habitual conlleva un cambio correlativo en nuestra percepción del mundo. Cuando el sujeto que lo percibe se halla separado del mundo, éste no puede ser experimentado realmente como una totalidad. Por tanto, la no-dualidad propia de este caso es aquella en la que se trasciende toda diferencia entre el sujeto y el objeto. (26)

La segunda aproximación, no-pluralidad del mundo, no es incompatible ni contradice la afirmación bruniana de los mundos innumerables en el infinito universo. Alude a la modalidad de experiencia que permite ver la unidad integral de todo más allá de la multiplicidad aparente.

En la siguiente tabla se recogen algunos paralelismos entre las diferentes aproximaciones a la no dualidad (citas en la columna de la derecha) y el pensamiento de Giordano Bruno (citas en la columna de la izquierda). Aunque aquí sólo recogeremos algunos ejemplos, el paralelismo en muchos de sus textos es sorprendente.


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La impresión que subyace a dichos textos, dos de los cuales citamos íntegros a continuación, es que Giordano Bruno aspiraba a conseguir una modalidad de experiencia no dual, para entrar en comunión con la divinidad, con el mundo y la naturaleza. Su técnica es iniciática, una técnica interior para la formación de un mago religioso, donde el iniciado experimenta la catarsis de la comprensión de ser Uno en el Todo, de manera bastante similar a la de los místicos orientales.


Bruno afirma lo siguiente de su filosofía:

Esta es la filosofía que abre los sentidos, contenta el espíritu, exalta el intelecto y reconduce al hombre a la verdadera beatitud que puede tener como hombre y que consiste en esta y tal compostura, porque lo libera del solícito afán de los placeres y del ciego sentimiento de los dolores, le hace gozar del ser presente y no temer más que esperar del futuro, porque la providencia, hado o suerte que dispone de los avatares de nuestro ser particular no quiere ni permite que sepamos de lo uno más de lo que ignoramos de lo otro, volviéndonos dudosos y perplejos ante la primera visión y el primer encuentro. Pero mientras consideramos más profundamente el ser y la sustancia de aquel en el que somos inmutables, hallaremos que no existe la muerte, no sólo para nosotros, tampoco para ninguna sustancia, mientras nada disminuye sustancialmente, sino que todo cambia de rostro discurriendo por el espacio infinito.

[…] Lo contrario de esto no se manifiesta más que a quien no capta otra cosa que el ser presente, igual que la belleza del edificio no se hace aparente a quien vislumbra una parte mínima del mismo […] (38)


Y la define como “la verdadera vía a la verdadera moralidad”:

Esta es la razón de la mutación vicisitudinal del todo, por la cual no hay mal del que no se salga ni bien en el que no se incurra, mientras por el espacio infinito, por la perpetua mutación, la sustancia toda persevera idéntica y una. Gracias a esta contemplación sucederá, si estamos atentos a ella, que ningún extraño accidente nos descompondrá por dolor o temor y ninguna fortuna nos elevará por placer y esperanza, con lo cual tendremos la verdadera vía a la verdadera moralidad, seremos magnánimos despreciadores de lo que pueriles pensamientos estiman y seremos ciertamente más grandes que esos dioses que el ciego vulgo adora, porque nos habremos hecho verdaderos contempladores de la historia de la naturaleza, la cual está escrita en nosotros mismos, y regulados ejecutores de las leyes divinas, que están esculpidas en el centro de nuestro corazón. Conoceremos que volar de aquí al cielo no es diferente a volar del cielo aquí, ascender de aquí allí no es diferente a ascender de allí aquí; no hay diferencia en descender del uno al otro punto. Nosotros no somos más periféricos a ellos que ellos a nosotros; ellos no son más centro para nosotros que nosotros para ellos; nosotros también pisamos una estrella y estamos abrazados por el cielo igual que ellos. (39)


Con la frase “nos habremos hecho verdaderos contempladores de la historia de la naturaleza, la cual está escrita en nosotros mismos, y regulados ejecutores de las leyes divinas, que están esculpidas en el centro de nuestro corazón”, Bruno parece ser consciente que las leyes que nos rigen a cada uno de nosotros son las mismas leyes que rigen al resto de la naturaleza.


En la actualidad, la física cuántica se ha alejado de las concepciones dualistas y ofrece una imagen del mundo muy próxima a las doctrinas no-duales.

En este sentido, Mª Teresa Román, en su obra “Sabidurías orientales de la antigüedad”, recoge lo siguiente:

En 1927, el eminente físico alemán Werner Heisenberg formuló su famoso principio de incertidumbre, tema que surgió a partir del intento de estudiar y medir el comportamiento de las partículas subatómicas, iniciando así un largo debate filosófico entre los físicos cuánticos (si todo debe ser verificado, ¿cómo se verifica al verificador, ya que él también forma parte del todo?).

En términos muy simplificados, Heisenberg afirmaba que el observador altera lo observado por la simple acción de su observación. Ya no existía un mundo de fenómenos naturales “allí fuera” susceptible de ser observado objetivamente ni tampoco había un observador completamente separado de lo que estaba contemplando.

Según Fritjof Capra, brillante físico californiano: “En la física moderna, el Universo se experimenta como un conjunto dinámico, inseparable que siempre incluye al observador de una manera esencial. En esta experiencia, los conceptos tradicionales de espacio y tiempo, de objetos aislados, y de causa y efecto, pierden su significado. Tal experiencia, no obstante, es muy similar a la de los místicos orientales (40).

La física cuántica muestra, a diferencia de la visión newtoniano-cartesiana anterior, una imagen del mundo muy próxima a las doctrinas no-duales. Que físicos de merecido reconocimiento como Einstein, Heisenberg, Schrödinger, Bohm, etc., hayan incorporado a sus teorías una visión no-dualista, que recuerda en gran medida a las doctrinas orientales no-duales, es muy significativo. En efecto, estos eminentes científicos descubrieron que el tejido de la realidad es tal que el observador y lo observado, el sujeto y el objeto, el individuo y el medio, no se pueden separar.


En palabras de Schrödinger:
“La multiplicidad percibida es sólo apariencia, en realidad no existe” (41).

La comprensión de esta íntima unión, fusión, o disolución no-dualista entre sujeto y objeto permitiría al mago conectar con la divinidad, en virtud de la propia esencia divina del hombre.

Al tener esencia divina parece lógico que el orden que rige el universo sea el mismo que el que rige el ser humano (Macrocosmos versus Microcosmos). Si el hombre consigue reproducir en su memoria (Microcosmos) la organización divina del Macrocosmos se adueñará de los poderes cósmicos (que, por su esencia divina, ya se hallan en el hombre mismo). Bruno pretende “apresar el lenguaje de los dioses” para obtener poderes a través de una organización mágica de la imaginación.

Para terminar, me gustaría reproducir un texto (42) del matemático G. S. Brown (43), que recoge la relación microcosmos/macrocosmos que mencionábamos antes, y la capacidad del mundo de verse a sí mismo, eso sí, de manera mutilada, a través de la fragmentación entre sujeto y objeto (modo dual de experiencia):

“Vamos a considerar, por un momento, el mundo tal como lo describe el físico.

Consiste en un número de partículas fundamentales las cuales, lanzadas a través de su propio espacio, aparecen como ondas, y están dotadas, de la misma estructura laminada como perlas o cebollas, y otras ondas llamadas electromagnéticas que es conveniente considerar, según la norma de Occam, como viajando a través del espacio a velocidad constante, todas éstas parecen estar unidas entre sí por ciertas leyes naturales que indican la forma de su relación.


Ahora bien, el propio físico, que describe todo esto, según su punto de vista, está construido él mismo de igual manera. Es, dicho en forma breve, una conglomeración de partículas que describe, ni más ni menos, vinculadas entre sí y regidas por las mismas leyes generales que él mismo ha conseguido encontrar y definir.

Por consiguiente, no podemos escapar del hecho de que el mundo que conocemos está construido en orden (y por tanto el ser capaz) de verse a sí mismo.

Esto es increíble.

No tanto por lo que se ve, que ya de por sí puede parecer demasiado fantástico, sino en lo que respecta al hecho de que sea capaz de ver.

Pero, en orden a conseguirlo, evidentemente, debe primero dividirse a sí mismo en por lo menos un estado que ve y por lo menos otro estado que es visto. En dicha condición desunida y mutilada lo que ve es sólo parcialmente sí mismo. Podemos señalar que el mundo es indudablemente sí mismo (es decir, es indistinto de sí mismo) pero, en un intento de verse a sí mismo como un objeto, debe inexorablemente soportar una distinción de sí mismo y por lo tanto falso consigo mismo. En esta condición siempre se eludirá parcialmente a sí mismo” (44).

Los tres aspectos tratados a lo largo de este trabajo, la firme voluntad de transformación bruniana, la manera en que encaja en el modelo cognitivo-operativo oriental, y las similitudes entre su filosofía y las filosofías de la no-dualidad, hacen de Bruno un auténtico místico oriental, donde la filosofía constituye la prolepsis de una empresa de mayor envergadura, una empresa religiosa, mágica y transformadora.


Haz patente que el movimiento de todos proviene del alma interior, a fin de que con la luz de una contemplación tal procedamos al conocimiento de la naturaleza con pasos más seguros.(45)


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Notas:

(1) Adolfo Vásquez Rocca, artículo: Poética del ajedrez.

(2) William Blake, Matrimonio del cielo y del infierno. Madrid: Visor, 1983.

(3) Que son fundamentalmente tres:

Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998.

Giordano Bruno, Mundo, Magia, Memoria. Biblioteca Nueva, 1997.

Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía 1994.

(4) A. Govinda, Budismo vivo para Occidente, Heptada, Madrid, 1992, pág. 60.

(5) Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía 1994, págs. 231-232.

(6) Mª Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo 2004, pág. 75.

(7) K. Wilber, El espectro de la Conciencia, Kairós, Barcelona, 1990, págs. 206 y 207.

(8) A. Watts, Las filosofías de Asia, Edad, Madrid, 1996, págs. 39-40.

(9) Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía 1994, pág. 94.

(10) Dedicatoria a Hainzell antepuesta al De imaginum compositione.

(11) Texto extraído del libro: Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía 1994, págs. 231-232.

(12) Aunque en este trabajo no profundizaremos en ellas, son muchas las influencias mágicas en Bruno: los escritos herméticos (independientemente de sus fuentes y de los errores de datación), la tradición pitagórica (la música de las esferas, Ecfanto), el neoplatonismo ficiniano (Platón a través de Plotino y este último a través de Ficino) y su magia natural, el Pseudo-Dionisio y su jerarquía angélica, Pico y la cábala, Paracelso y la alquimia, Cornelio Agrippa, etc.

(13) Giordano Bruno, Mundo, Magia, Memoria. Biblioteca Nueva, 1997.

(14) Mª Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo 2004, pág. 82.

(15) Giordano Bruno, Mundo, Magia, Memoria, Biblioteca Nueva, 1997, pág. 279.

(16) Fragmentos extraídos del libro: Mª Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo 2004, capítulo 1 “Oriente y occidente” .

(17) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, págs. 45-46.

(18) María Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Editorial 2004, pág. 37.

(19) W. Y. Evans-Wentz, El Libro Tibetano de la Gran Liberación, Kier, Buenos Aires, 1977, págs. 17, 20, 21, 22, 23-24.

(20) J. M. Kitagawa, Religiones orientales, Payot, París, 1961, pág. 104.

(21) K. Wilber, El espectro de la conciencia, Barcelona, 1990, págs. 36-37.

(22) G.W.F. Hegel. Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal. Alianza Editorial.

(23) David Loy, No dualidad, Kairós 2000, pág. 31.

(24) David Loy, No dualidad, Kairós 2000, pág. 32.

(25) David Loy, No dualidad, Kairós 2000, pág. 36.

(26) David Loy, No dualidad, Kairós 2000, pág. 40.

(27) Frances A. Yates, Giordano Bruno y la tradición hermética, Ariel Filosofía 1994, págs. 231-232.

(28) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, págs. 89-91.

(29) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, págs. 88.

(30) No dualidad en su 2ª acepción.

(31) No dualidad en su 1ª acepción.

(32) Mª Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo 2004, págs. 88-89.

(33) Giordano Bruno, Mundo, Magia, Memoria. Biblioteca Nueva, 1997, pág. 278-279.

(34) Giordano Bruno, Mundo, Magia, Memoria. Biblioteca Nueva, 1997, pág. 258-259.

(35) E. Schrödinger, Mi concepción del mundo, Tusquets, Barcelona, 1988, págs. 35-36.

(36) No dualidad en su 3ª acepción.

(37) I am that. Conversaciones con Sri Nisargadatta Maharaj.

(38) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, págs. 89-91.

(39) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, pág. 88.

(40) F. Capra, El Tao de la Física, Luis Cárcamo, Madrid, 1974, págs. 98-99.

(41) E. Schrödinger, Mi concepción del mundo, Tusquets, Barcelona, 1988, págs. 35-36.

(42) Extraído del libro: Mª Teresa Román, Sabidurías orientales de la antigüedad, Alianza Ensayo 2004, pág. 84.

(43) G. S. Brown, Laws of form, George Allen and Unwin LTD, Londres, 1969, págs. 104-105.

(44) G. S. Brown, Laws of form, George Allen and Unwin LTD, Londres, 1969, págs. 104-105.

(45) Giordano Bruno, Del infinito: el universo y los mundos, Alianza Editorial 1998, pág. 242, fin del Diálogo Quinto.

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AD CAELVM

quod est secundus Sigillus

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AD ROTAM FIGULI

quae est XXI. Sigillus

quae-est-xxi-sigillus.jpg

Ad XXIX. Sigillus

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AD QVADRATVM ENCYCLIVM

qui est XVIII. Sigillus

qui-est-xviii-sigillus.jpg

FIGVRA SIGILLI SIGILLORVM

pro deductione et multiplicatione subiectorum et formarum

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AD PEREGRINVM

qui est XXVI. Sigillus

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AD CATENAM

ubi tertius est Sigillus

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Las lámparas perennes

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Referencia: “Las Enseñanzas Secretas de todas las Edades”
Del capítulo: “Maravillas de la Antigüedad”


Era una práctica común entre los primeros egipcios, griegos, y romanos sellar los sepulcros de sus muertos con lámparas encendidas como las ofrenda al Dios de la Muerte. Posiblemente también se creía que el difunto podría usar estas luces encontrando su camino a través del Valle de la Sombra. Luego, cuando la costumbre se estableció, no sólo se enterraron con el muerto las lámparas reales sino también miniaturas de ellas en terracota.

Algunas de las lámparas eran colocadas en vasos redondos para protección; y hay casos en que el aceite original que se encontró en ellas estaba en un perfecto estado de preservación, después de más de 2,000 años. Hay muchas pruebas que estas lámparas, que estaban ardiendo cuando los sepulcros fueron sellados, todavía estaban encendidas cuando las bóvedas se abrieron centenares de años después. La posibilidad de preparar un combustible perenne fue fuente de controversia considerable entre los autores del período medieval.

Debemos considerar, pues, la posibilidad de que los antiguos sacerdotes-químicos fabricaran lámparas que ardieran, si no indefinidamente, por lo menos largos períodos de tiempo.

Numerosas autoridades han escrito sobre el asunto de lámparas perennes. W. Gin Westcott estima el número de escritores que han hablado sobre esto en más de 150, y H. P. Blavatsky en 173.

Mientras las conclusiones alcanzadas por los autores varían, la mayoría admite la existencia de estas lámparas fenomenales. Sólo algunos mantuvieron la afirmación que las lámparas quemarían para siempre, pero muchos estaban deseosos de creer que ellas podrían permanecer encendidas durante varios siglos sin recambio de combustible.

Algunos consideraron a las luces perpetuas como artificios de astutos sacerdotes paganos, mientras que otros, admitiendo que las lámparas realmente existían, agregaban la afirmación que era el Diablo quien estaba usando este milagro para atrapar al crédulo, llevando su alma a la perdición.

En este asunto el sabio jesuita Athanasius Kircher, normalmente fidedigno, exhibe argumentos de una inconsistencia llamativa. En su OEdipus Ægyptiacus él escribe:

“Estas lámparas las de la luz perenne, son verdaderamente dispositivos diabólicos, (…) y afirmo que todas las lámparas que se encontraron en las tumbas de los gentiles dedicadas al culto de ciertos dioses, era de este tipo, no por su ardor, o supuesto ardor de llamas perennes, sino porque probablemente el diablo las puso allí, pensando malévolamente en obtener la creencia en un culto falso”.

Habiendo admitido que autoridades fidedignas defienden la existencia de las lámparas de luz perenne, y que incluso el Diablo se presta a su fabricación, Kircher mismo declaró que la teoría entera era imposible, identificándola con el movimiento perpetuo y la Piedra Filosofal.

Ya habiendo resuelto una vez el problema a su satisfacción, Kircher lo resuelve de nuevo–pero de forma distinta en las siguientes palabras: “En Egipto hay ricos depósitos de asfalto y petróleo. ¡Lo que hicieron estos hermanos diestros [los sacerdotes] fue conectar a un depósito de aceite por un conducto secreto una o más lámparas, con mechas de asbesto! ¿Cómo sino las tales lámparas podrían arder perpetuamente?” (…) “En mi opinión ésta es la solución del enigma de las lámparas perennes y sobrenaturales de la antigüedad”.

Montfaucon, en sus Antiquities, está de acuerdo en lo principal con las posteriores deducciones de Kircher, pensando que las lámparas perpetuas legendarias de los templos eran ingeniosas invenciones mecánicas. Él agrega que la creencia en las lámparas perennes de las tumbas fue el resultado de que en algunos casos, al entrar en bóvedas recientemente abiertas un poco de polvo se asemeja a humo. Al descubrir luego las lámparas esparcidas en el suelo, se asumía que ellas eran la fuente de los humos.

Hay varias historias interesantes acerca de los descubrimientos de las lámparas perennes, en varias partes del mundo. En una tumba en la vía Appia que se abrió durante el papado de Pablo III, se encontró una lámpara ardiente que había permanecido encendida en una bóveda herméticamente sellada durante casi 1,600 años. Según un registro escrito por un contemporáneo, el cuerpo de una muchacha joven y bonita con largo cabello dorado se encontró flotando en un líquido transparente desconocido conservada también como si la muerte hubiera ocurrido pero unas horas antes!.

En el interior de la bóveda se hallaron varios objetos significativos, entre ellos varias lámparas, y una de ellas encendida. Aquéllos que entraron en el sepulcro, declararon que al abrir la puerta se apagó la luz y la lámpara, no pudo ser encendida nuevamente.

Kircher reproduce un epitafio, “el TULLIOLAE FILIAE MEAE”, supuestamente encontrado en la tumba, pero que Montfaucon declara que nunca existió. Generalmente se creía que el cuerpo de la chica era el de Tulliola, la hija de Cicerón.

Se han descubierto las lámparas perennes en todas las partes del mundo. No sólo en los países mediterráneos sino también en India, Tíbet, China, y Sudamérica se han hallado noticias de lámparas que ardieron continuamente sin combustible.

Los ejemplos que siguen están tomados al azar y seleccionados de la imponente lista de lámparas perpetuas encontradas en épocas diferentes.

Plutarco escribió de una lámpara que ardió encima de la puerta de un templo a Júpiter Ammon; los sacerdotes declararon que había permanecido encendida durante siglos sin usar combustible.

San Agustín describió que una lámpara perpetua estaba en un templo a Venus en el sagrado Egipto y ni el viento ni el agua podrían extinguirla. Él creyó que era una obra del Diablo.

Una lámpara perenne se encontró en Edessa, o Antioquía, durante el reino del Emperador Justiniano. Estaba en un nicho encima de la verja de la ciudad, debidamente resguardada para protegerla de los elementos. La fecha inscripta en el nicho revelaba que la lámpara había estado encendida por más de 500 años. Fue destruida por los soldados.

Durante la temprana Edad media, una lámpara se encontró en Inglaterra que había estado ardiendo desde el tercer siglo después de Cristo. Se creía que el monumento que lo contenía era la tumba del padre de Constantino el Grande.

La antorcha de Pallas fue descubierta cerca de Roma en D.C. 1401. Se encontró en el sepulcro de Pallas, hijo de Evander, inmortalizado por Virgilio en su Eneida. La lámpara fue colocada a la cabecera del cuerpo y había ardido con una luz firme por más de 2,000 años.

En 1550 D.C. en la isla de Nesis, en la Bahía de Nápoles, una bóveda jaspeada magnífica fue abierta y allí se encontró una lámpara que seguía prendida y qué se había puesto allí antes de la Era cristiana.

Pausanias describió una hermosa lámpara áurea en el templo de Minerva que estuvo encendida firmemente durante un año sin repostar o tener la mecha arreglada. La ceremonia de llenar la lámpara tuvo lugar anualmente, lo cual era realizado en una ceremonia.

Según la Fama Fraternitatis, la cripta de Christian Rosencreutz, cuando se abrió 120 años después de que su muerte, fue encontrada brillantemente iluminada por una lámpara perpetúa suspendida del techo.
Numa Pompilius, el Rey de Roma y mago de poder considerable, creó una luz perpetua para arder en el domo de un templo que él había creado en el honor de un ser elemental.

En una tumba curiosa de Inglaterra se encontró un mecanismo automático que movía ciertas piedras en el suelo de la bóveda al ser pisadas por un intruso. En ese momento la controversia de los Rosacruces estaba en su punto más alto y se creía que la tumba era la de un iniciado Rosacruz. El lugareño que descubrió la tumba encontró el interior de la misma iluminado por una lámpara que colgaba del techo. Al caminar, su peso movió algunas de las piedras del suelo. Enseguida una figura sentada en una armadura pesada empezó a moverse. Mecánicamente golpeó la lámpara con un bastón férrico, destruyéndola completamente, y evitando así el descubrimiento de la sustancia secreta que mantuvo la llama encendido. No se sabe cuánto tiempo la lámpara había ardido, pero ciertamente había sido un considerable número de años.

También se afirma que estas lámparas han sido halladas en tumbas cerca de Memphis y en templos brahmánicos de la India, junto a cámaras selladas y vasos, pero la exposición súbita al aire las ha extinguido y causado que su combustible se evaporase.

Se cree ahora que las mechas de estas lámparas perpetuas eran hechas de trenzas tejidas de asbesto, llamado “piel de salamandra” por los alquimistas, y que el combustible era uno de los frutos de la investigación alquímica. Kircher intentó extraer aceite del asbesto, convenciéndose que como la propia sustancia era indestructible por el fuego, un aceite extraído de ella proporcionaría una lámpara con un combustible indestructible.
Después de pasarse dos años trabajando infructuosamente, él concluyó que la tarea era imposible de lograr.

Varias formulas para la fabricación del combustible para las lámparas han sido en preservadas. En Isis sin Velo, H. P. Blavatsky reimprime dos de estas fórmulas, de los antiguos autores Tritenheim y Bartolomeo Korndorf. Una de ellas bastará para comprender el proceso:

“Se toman cuatro onzas de sulfuro y alumbre y se subliman en flores hasta dos onzas. Añádase una onza de polvo de borax cristalino de Venecia y sobre estos ingredientes se vierte espíritu de vino muy rectificado, para que se dirigieran en él. Se evapora después en frío y se repite la operación hasta que puesto el sulfuro sobre un plato de bronce se ablande como cera sin despedir humo. Así se obtendrá el pábulo. En cuanto al pabilo se prepara como sigue: Tómense hebras de amianto del grueso del dedo del corazón y largo del meñique y pónganse en un vaso de Venecia recubriéndolas con el pábulo.

Déjese el vaso durante 24 horas dentro de arena lo bastante caliente para que el pábulo hierva todo este tiempo, y una vez embadurnado así el pabilo se le pone en un vaso de forma de concha, de manera que el extremo de las hebras sobresalga de la masa del pábulo. Colóquese entonces el vaso sobre arena caliente para que, derretido el pábulo, se impregne el pabilo y una vez encendido éste arderá con llama perpetua que se podrá llevar a cualquier sitio.


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Anatomía Oculta del Hombre (I)


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Indice I:

  • I) EL SIMBOLISMO DEL CUERPO HUMANO
  • II) LOS TRES MUNDOS
  • III) LA ESPINA DORSAL

Indice II:

  • IV) LOS MUNDOS INFERNALES
  • V) EMBRIOLOGÍA OCULTA
  • VI) MASONERÍA ESOTÉRICA

EL SIMBOLISMO DEL CUERPO HUMANO

PARTE I


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Cabeza de Minerva
(
pintura de Mihran K. Serailian) (1)


En la Escritura se nos dice que Dios hizo al hombre a su propia imagen y semejanza. Así ha sido declarado no solamente en la Biblia Cristiana, sino también en la mayoría de los escritos sagrados de los seres iluminados. Los patriarcas judíos enseñaron que el cuerpo humano es el microcosmos, o pequeño cosmos, hecho a la semejanza del macrocosmos, o gran cosmos. Esta analogía entre lo finito y lo infinito se ha dicho que es una de las claves por la cual se pueden develar los secretos de la Sagrada Escritura.

El Viejo Testamento es un libro de texto fisiológico y anatómico para aquellos que son capaces de leerlo desde un punto de vista científico. Las funciones del cuerpo humano, los atributos de la mente y las cualidades del alma humana, han sido personificados por los sabios de la antigüedad, y un gran drama ha sido elaborado acerca de sus relaciones entre si mismos y con los demás. Al gran egipcio semidios Hermes, la raza humana debe su concepto sobre la ley de analogía. El gran axioma hermético fue: Como arriba es abajo; como abajo es arriba.”

Todas las religiones antiguas estaban basadas en el culto a la Naturaleza, el cual, en una forma degenerada, ha sobrevivido hasta nuestros días como culto fálico. La adoración de las partes y funciones del cuerpo humano comenzó en el último período de los Lemures. Durante la época Atlante esta religión dio lugar al culto del sol, pero incorporando en sus doctrinas muchos de los rituales y símbolos de la creencia anterior.

La construcción de los templos en la forma del cuerpo humano es una costumbre común a todos los pueblos. El tabernáculo de los judíos, el gran templo egipcio de Karnak, las estructuras religiosas de los sacerdotes hawaianos, y las iglesias cristianas dispuestas en forma de cruz, son ejemplos de esta práctica.

Si el cuerpo humano fuera extendido sobre uno de estos edificios, con los brazos abiertos, se vería que el altar mayor ocuparía la misma posición relativa que el cerebro ocupa en el cuerpo humano.

Todos los sacerdotes de la antigüedad conocían anatomía. Aceptaban que todas las funciones de la Naturaleza eran reproducidas en pequeño en el cuerpo humano. Por lo tanto, consideraban al hombre como un libro y enseñaban a sus discípulos que entender al hombre era comprender el universo. Aquellos sabios creían que cada estrella en el cielo, cada elemento en la tierra y cada, función en la Naturaleza, estaba representado en el cuerpo humano por su correspondiente centro, polo o actividad.

Esta correlación entre la Naturaleza y la naturaleza interna del hombre que estaba oculta para las masas constituía las enseñanzas secretas del antiguo sacerdocio. La religión era considerada mucho más seriamente que lo que es en nuestros días, por los atlantes y egipcios. Era la vida misma de estos pueblos. Los sacerdotes tenían un control total sobre millones de ignorantes hombres y mujeres, a los cuales se les había enseñado desde su infancia que estos patriarcas, con sus atavíos y luengas barbas, eran los mensajeros directos de Dios; y se creía que toda desobediencia a lo ordenado por los sacerdotes atraería sobre la cabeza de los transgresores la cólera del Todopoderoso.

El templo dependía de su apoyo, basado en su secreta sabiduría, la cual daba a los sacerdotes control sobre ciertos poderes de la Naturaleza y los dotaba de una sabiduría y comprensión enormemente superior al estado seglar que ellos controlaban.

Esos sabios comprendieron que en la religión había algo mucho más grande que el mero canto de mantrams e himnos; ellos comprendieron profundamente que la senda de la salvación sólo puede ser recorrida con éxito por aquéllos que tienen conocimiento práctico y científico de las funciones ocultas de sus propios cuerpos. El simbolismo anatómico que ellos desarrollaron para perpetuar este conocimiento ha llegado hasta la cristiandad moderna, pero, aparentemente, su clave parece haberse perdido. Es una tragedia para los religiosos el estar rodeados por cientos de símbolos que no pueden comprender; pero, es más triste aún que ellos hayan llegado a olvidar totalmente que estos símbolos tienen otro significado que las tontas interpretaciones que ellos a su manera han urdido.

La idea predominante en la mente de los cristianos de que su creencia es la única y verdadera doctrina inspirada, y que vino huérfana al mundo, es irrazonable en extremo. Un estudio comparativo de las religiones prueba, sin lugar a dudas, de que la cristiandad ha mendigado, pedido prestado o se ha apropiado de los conceptos y filosofías de los tiempos antiguos y de los paganos del medioevo. Entre los símbolos y alegorías religiosas que pertenecían al mundo antes de la aparición de la cristiandad, hay algunos que nosotros deseamos someter a vuestra atención.

Los siguientes conceptos y símbolos cristianos son de origen pagano:

La cruz cristiana viene de Egipto y de la India; la triple mitra, del culto de Mithra; el cayado, de los Misterios Herméticos y Grecia; la inmaculada concepción, de la India; la transfiguración, de Persia; y la trinidad, de los Brahamanes. La Virgen María, como la madre de Dios, se encuentra en una docena de diferentes creencias. Hay más de veinte salvadores del mundo crucificado. El campanario de la iglesia es una adaptación de las pirámides y obeliscos egipcios, en tanto que el diablo de los cristianos es el Tifón de los egipcios con algunas variantes.

Mientras más profundiza uno el problema, mejor comprende que no hay, realmente, nada nuevo bajo el sol.

Un sincero estudio de la fe cristiana demuestra, claramente, que es la evolución natural de las doctrinas primitivas. Hay una evolución en la religión así como en la forma física. Si aceptamos e incorporamos en nuestras doctrinas el simbolismo religioso de cerca de cuarenta pueblos, esto nos permitirá comprender (al menos en parte) el significado de los mitos y alegorías de lo que hemos tomado prestado, y no ser más ignorantes que aquéllos a las cuales hemos recurrido.

Este pequeño libro está dedicado a procurar explicar el problema de la relación que existe entre el simbolismo del antiguo sacerdocio y las funciones ocultas del cuerpo humano.

Primero debemos comprender que se supone que toda escritura sagrada está sellada con siete sellos. En otras palabras, que se requieren siete interpretaciones completas para entender plenamente el significado de las revelaciones filosóficas antiguas, que nosotros hemos preferido llamar Escritura Sagrada. La escritura no debe entenderse como algo histórico. Aquellos que interpretan su significado literal, comprenden la parte mínima de ella.

Es un hecho bien conocido que, por razones de índole dramática, Shakespeare juntó en sus obras caracteres de individuos que habían vivido en épocas distintas separados por cientos de años; pero Shakespeare no estaba escribiendo historia sino drama. Lo mismo ocurre con la Biblia. La Escritura deja a los historiadores envueltos en desesperante desconcierto al formular su auto contradictorias tablas cronológicas, en las cuales la mayoría de ellos quedarán esperando el día del juicio final.

La Escritura brinda excelentes temas para debatir, y también es un terreno propicio para las discusiones sobre nimiedades, respecto a términos y ubicación de desconocidas ciudades.

La mayoría de las ciudades de la Biblia, hoy señaladas en las guías, recibieron su nombre cientos de años más tarde al nacimiento de Cristo, por peregrinos que suponían haber ocupado lugares próximos a los mencionados en la Biblia. Todo esto puede convencer a algunos, pero, para el pensador es de una evidencia concluyente que la historia es lo menos importante de la Escritura.

Cuando la emperatriz Elena, madre de Constantino el Grande, visitó Jerusalén en el año 326, descubrió que no sólo había desaparecido toda traza de cristiandad, sino que un templo dedicado a la diosa Venus permanecía en pie, sobre la colina hoy aceptada como el Monte Calvario. ¡Cerca de cuatrocientos años después de la muerte de Cristo no había, aparentemente, nadie en la Tierra Santa que hubiese oído hablar de él! Esto no implica necesariamente que él no haya vivido, pero si que el halo de milagros y atmósfera sobrenatural con que lo rodea la cristiandad moderna es grandemente mitológico.

Semejante a todas las otras religiones, la fe cristiana ha acumulado una colección de fantásticas leyendas que despiertan la superstición y que son sus propios enemigos, porque ellos han tomado al simple moralista de Nazareth – el hombre que amaba a sus prójimos – y construyeron una superestructura de idolatría que nadie ama y sólo sirve a su propio fin.

Así como Buddha en la India reformó, meramente, los conceptos que se tenía sobre Brahman en sus días, Jesús dio nueva forma a la fe de Israel y dio a sus discípulos y al mundo una doctrina basada sobre lo que había estado antes establecido, pero remodelada para enfrentar los problemas y necesidades de su pueblo. Los esenios que educaron a Jesús eran de origen egipcio o hindú, y su fe tomó lo mejor que había en el pasado.

Los recuerdos preservados son sumamente alegóricos, y el hombre simple es sumergido por ellos en un inmenso mar de súper naturalismo. Esto no fue hecho enteramente sin propósito, pues, así como Shakespeare se tomó la licencia de utilizar la historia para presentar verdades esenciales, parece ser que, del mismo modo, los historiadores de Jesús usaron el carácter del hombre como base fundamental de un gran drama. Él deviene el héroe de un relato siete veces sellado, y aquellos cristianos que han estudiado los símbolos pueden conseguir con ese relato la clave de los verdaderos Misterios Cristianos.

Entonces, ellos comprenderán que la Escritura es la eterna historia; que ella no pertenece a ninguna nación o pueblo en particular, y que sólo es narración o relato de todas las naciones y todos los pueblos.

Es una cosa maravillosa, por ejemplo, estudiar la vida de Cristo a la luz de la astronomía, pues él deviene el sol, y sus discípulos los doce signos del zodíaco. Entre las constelaciones encontramos las escenas de su ministerio, y en la precesión de los equinoccios el relato de su nacimiento, crecimiento, plenitud y muerte por los hombres. Por otra parte, las atormentadas substancias químicas en la retorta nos revelan simbólicamente la vida del Maestro, pues, con la clave de la química la Escritura se convierte en otro libro.

En este librito, en particular, sin embargo, nos referiremos solamente a la relación que existe entre estas alegorías y el cuerpo humano.

Descubrimos que la vida de Cristo, como la encontramos en los Evangelios, ha sido conformada artificiosamente hasta coincidir perfectamente con las vidas de una docena de salvadores de la humanidad, porque todos ellos son, también, mitos astronómicos y fisiológicos. Todos estos mitos nos llegan a nosotros desde la más remota antigüedad, en cuya época las razas primitivas utilizaban el cuerpo humano como la unidad simbólica, y los dioses y demonios eran personificados en los órganos y funciones del cuerpo.

Entre ciertos escritores cabalistas vemos que la Tierra Santa era delineada sobre la base del cuerpo humano, y las diversas ciudades se muestran como centros de conciencia en el hombre.

Aquí se encuentra un maravilloso campo de estudio para aquéllos que quieran investigar profunda y sinceramente los antiguos Misterios.

Nosotros no abrigamos la esperanza de agotar el tema, pero si vosotros obtenéis con este librito la clave para seguir esta línea de pensamiento hasta que logréis que sea vuestro íntimamente, se abrirá para vosotros, al final, uno de los secretos del Libro Divino de la Revelación.



LOS TRES MUNDOS

PARTE II

De acuerdo con las Escuelas de Misterios el cuerpo humano está dividido en tres grandes partes, y, en analogía con esto, el universo externo se dice que esta compuesto de tres mundos: cielo, tierra e infierno. El cielo es el mundo superior y por alguna razón desconocida se supone que está arriba, aunque Ingersoll ha probado concluyentemente que debido a la rotación de la tierra, arriba y abajo son siempre lugares cambiables.

Casi todas las religiones enseñan que Dios mora en el cielo. A sus componentes se les enseña que Dios está sobre ellos, por eso levantan sus manos en la oración y elevan sus ojos hacia el cielo al implorar o pedir algo. En algunos países se supone que Dios mora en la cima de las montañas, que son los lugares más elevados del mundo. Dondequiera que él esté y quienquiera que sea, el lugar de su morada está arriba, desde donde protege al mundo de abajo.

Entre el cielo de arriba y el infierno de abajo está la Tierra, llamada por los escandinavos Midgard, o jardín del medio. Está suspendida en el espacio y constituye la morada de los hombres y otros seres vivientes. Está conectada con el cielo por un arco iris que hace de puente y por el cual los dioses descienden. Sus cráteres volcánicos y fisuras, se dice que sirven de conexión con el infierno, el lugar de la oscuridad y el olvido. Aquí, “entre los dominios del cielo y de la tierra que maneja”, como dice Goethe, existe la Naturaleza. La verde campiña, los corrientes ríos, el poderoso océano, existen sólo en el mundo medio, el cual es una especie de campo neutral, en donde las huestes del bien y del mal libran su eterna batalla de Armageddon.

Abajo, en oscuridad y en llamas, tormentos y sufrimientos, esta el mundo de Hel, el cual nosotros hemos interpretado como infierno. Es lo más bajo; porque, seguramente, así como pensamos del cielo como lo de arriba, lo hacemos del infierno como lo de abajo, mientras que este lugar medio (Tierra) parece ser como la línea divisoria entre ambos. En el infierno están las fuerzas del mal, las lágrimas, los profundos dolores, los poderes destructivos, los cuales están siempre produciendo aflicción a la Tierra y luchando, incansablemente, para derribar el trono de los dioses en el cielo.

Este sistema en su totalidad es un mito anatómico, pues el mundo celestial de los antiguos – el templo de la justicia en la cima de la montaña – era el cráneo con su divino contenido. Es el hogar de los dioses en el hombre. Se lo denomina con el término de arriba porque ocupa el extremo norte de la columna vertebral humana.

Se dice que el templo de los dioses que gobiernan la Tierra está en el Polo Norte, el cual es, mencionándolo de paso, el hogar de Santa Claus, porque el Polo Norte representa el lado positivo de la columna vertebral del “Señor planetario”. Santa Claus, saliendo de la chimenea, con su ramita de siempreviva (Árbol de Navidad), en la estación del año cuando la Naturaleza esta muerta, tiene una hermosa interpretación masónica para aquéllos que quieran estudiarla.

Lo mismo es cierto respecto al maná que descendía para alimentar a los Hijos de Israel en el desierto, porque este maná es una sustancia que desciende por la médula espinal desde el cerebro. Los hindúes simbolizan la espina dorsal como el tallo del loto sagrado; por lo tanto, el cráneo y su contenido está simbolizado por la flor. La columna vertebral es la escala de Jacob, conectado el cielo con la Tierra, mientras que los treinta y tres escalones son los grados de la masonería y los años de vida de Cristo. En lo alto de estos escalones, el candidato asciende en el plano de la conciencia para alcanzar el templo de la iniciación, que se halla colocado en la cima de la montaña. En este lugar majestuoso, con su cúpula arriba de todo, con un agujero en su piso (foramen magnum), es donde se dan las iniciaciones del gran misterio. Las montañas de los Himalayas con sus picos, representan los hombros y la parte superior del cuerpo. Son las montañas más elevadas de la Tierra. En alguna parte, sobre la cima más alta, se levanta el templo, descansando (como en el cielo de los griegos) sobre los hombros de Atlas.

Es interesante notar que la vértebra superior de la columna vertebral del hombre es llamada atlas y sobre ella descansa la base del cráneo. En el cerebro hay un número de cavidades y circunvalaciones, y en ellas (según las leyendas orientales) viven los sabios – los yoguis y hermitaños -. Las cavernas de los yoguis, se dice, están ubicadas en los lugares cercanos al nacimiento del río Ganges. Toda religión tiene su río sagrado. Para los cristianos es el Jordán; para los egipcios, el Nilo; y para los hindúes, el Ganges. El río sagrado es el canal espinal que corre entre los picos de las montañas. Los santos, en su retiro, representan los centros sensorios del ojo espiritual ubicado en el cerebro humano y son los siete durmientes, del Corán, quienes deben permanecer en la oscuridad de sus cavernas hasta tanto el fuego espiritual los vitalice.

El cerebro es la habitación de arriba a que se refieren los Evangelios, en donde Jesús se encontraba con sus discípulos, y se ha dicho que los discípulos representan las doce sinuosidades del cerebro. Son estos doce senos del cerebro los que más tarde envían sus mensajes por medio de los nervios, al cuerpo que está abajo, para convertir a los Gentiles, o predicar el Evangelio a campo abierto. Estas doce sinuosidades se reúnen alrededor de la abertura central del cerebro (el tercer ventrículo), el cual es la santidad de santidades – el asiento de la misericordia -, en donde, entre las extendidas alas de los Ángeles, Jehováh habla con el sumo Sacerdote, y donde permanentemente, día y noche, se manifiesta la gloria de Shekinah.

Desde este punto asciende, finalmente, el espíritu; lugar del cráneo que representa al Gólgota. Es un hecho clarividente de que el espíritu no sólo deja el cuerpo sino que también entra en él, por la coronilla, lo cual probablemente ha dado origen al relato de Santa Claus y su chimenea.

La Trinidad en el hombre mora en las tres grandes cámaras del cuerpo humano, desde las cuales irradian su poder a través de los tres mundos. Estos centros son: el cerebro, el corazón y el sistema de reproducción. Estas son las tres cámaras principales de la pirámide y, también, los lugares en donde se dan las iniciaciones de Aprendiz, Compañero y Maestro masón, todos éstos, grados de la Logia Masónica Azul. En estas tres cámaras moran el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, los cuales son simbolizados por la palabra de tres letras: AUM.

La transmutación, regeneración y desarrollo de estos tres grandes centros se produce por la repetición de la Palabra Pérdida la cual es el gran secreto de la Orden Masónica. De los nervios espinales vienen impulsos y fuerzas vitales que hacen eso posible. Por lo tanto, al masón se le advierte que debe considerar con todo cuidado su palabra substituta, que significa “la médula de los huesos.”

En el cerebelo, o cerebro posterior – el cual tiene a su cargo el sistema motriz del cuerpo humano y es el único cerebro desarrollado en el animal -, se encuentra el desarrollo de un pequeño árbol, el cual, por su forma arborescente, ha sido simbolizado como una rama de acacia y como tal se refiere a una alegoría masónica.

Los dos hemisferios del cerebro fueron llamados por los antiguos Caín y Abel, y tiene mucho que hacer con la leyenda del castigo de Caín, que es, literalmente, el castigo por el desequilibrio. Porque Caín, matando el espíritu de equilibrio, es enviado a vagar por la faz de la tierra. Yo tengo en mi poder un cráneo muy notable que, originalmente, descansaba sobre los hombros de un homicida. Es de una cualidad orgánica elevada, pero lleva la maldición de Caín. Este individuo tenía odio por alguien, y lo alimentaba muy cuidadosamente.

El alimentar un rencor, algunas veces, deviene una de las cosas más peligrosas. Este individuo juró que cuando encontrara a cierta persona, le arrancaría el corazón y se lo echaría a la cara. Pasaron varios años; su odio aumentaba. Al final, encontró a su enemigo, lo atacó y cumplió la amenaza. Fue ahorcado por el crimen, pero el cráneo, llevando el testimonio de su cerebro, revela un hecho muy interesante.

La mitad derecha del cerebro está bajo el control de Mercurio – el planeta de la inteligencia – y como resultado de que lo cruzan nervios en la base del cráneo, domina el lado izquierdo del cuerpo. El lado izquierdo del cerebro, bajo el control de Marte – el espíritu de la ira y del impulso – gobierna el lado derecho del cuerpo y del mismo modo el fuerte brazo derecho. Como resultado de su odio y el gobierno de Marte, que crecía por ese odio, la parte posterior del lado, izquierdo del cerebro llegó a ser justamente el doble en volumen que la del lado derecho. El individuo permitió que Marte controlara su naturaleza. La impetuosidad de Marte lo gobernaba, y pagó con su vida la maldición de Caín.

La ciencia sabe que hay una línea muy fina que separa la genialidad de la insanidad; porque, cualquier vicio o virtud dominante, el hombre la debe pagar con el desequilibrio. La falta de armonía siempre altera nuestro punto de vista, y un punto de vista erróneo siempre produce sufrimiento.

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En el cráneo se halla “el tablero de los conmutadores” que controla las actividades del cuerpo. Toda función del hombre que tenga lugar debajo del cuello, tiene su control desde un centro de conciencia del cerebro. La prueba de esto es que cualquier lesión producida en determinados centros del cerebro, produce la paralización de varias partes del cuerpo. La ciencia médica sabe ahora que la médula espinal es una prolongación del cerebro, y algunos hombres con autoridad científica afirman que la médula es capaz de tener inteligencia, a lo largo de todo su recorrido. Esta médula es la espada flamígera que se supone está colocada verticalmente en los portales que cierran el Jardín del Edén. El Jardín del Edén es el cráneo, dentro del cual hay un árbol que tiene doce clases de frutos.

El cerebro está lleno de cámaras abovedadas y galerías, las cuales tienen su correspondencia en las bóvedas y arcos de los templos, siendo, indudablemente, el tercer ventrículo la Cámara del Rey de la Gran Pirámide. La médula espinal es la serpiente de los antiguos. En algunos lugares de la América Central y Sud América el Dios Salvador es llamado Quetzalcoatl. Su nombre significa: serpiente emplumada, y éste ha sido siempre su símbolo. Esta es la serpiente bronceada levantada por Moisés en el desierto. Los nueve anillos de la cola de la serpiente son llamados el número del hombre, y ellos representan las vértebras sacras y coxígeas, en cuyos centros se encuentra el secreto de la evolución humana.

Cada órgano del cuerpo físico esta reproducido en el cerebro, en donde está copiado por la ley de analogía. Hay dos formas humanas embriónicas, una masculina y otra femenina, entrelazadas en el cerebro. Éstas son el Yin y Yang de la China, los dragones blanco y negro mordiéndose entre si. Una de estas figuras tiene como órgano de expresión la glándula pineal, y la otra, el cuerpo pituitario. Estas glándulas de secreción interna, son dignas de consideración, pues ellas son factores de suma importancia en el desarrollo de la conciencia humana. Aunque aparecen como no teniendo ninguna función, no están atrofiadas, y como la Naturaleza no preserva ningún órgano innecesario, ellas deben tener un rol muy importante.

Es conocido que estas glándulas son mayores y más activas en las mentalidades con un alto grado de desarrollo y lo contrario ocurre en las de desarrollo inferior; y, en ciertos idiotas congénitos, ellas son muy pequeñas. Estas dos glándulas son llamadas la cabeza y la cola del dragón de la sabiduría. Ellas son los polos de cobre y de zinc de un circuito eléctrico, que tienen al cuerpo entero como una batería.

El cuerpo pituitario (que descansa en la “silla turca” del hueso esfenoide, directamente detrás y un poco debajo del puente de la nariz y conectado con el tercer ventrículo por un fino canal llamado: infundibulum) es el polo femenino, o centro negativo, que tiene a su cargo la expresión de la energía física. Su actividad regula en alto grado el tamaño y peso del cuerpo. Es también un termómetro que revela los desórdenes que hubieren en cualquiera de las cadenas de las glándulas internas.

La endocrinología (estudio de las glándulas internas y sus secreciones) esta todavía en un estado embrionario, pero algún día, se revelará como lo más importante de la ciencia médica.

En el mundo antiguo se conocía al cuerpo pituitario por los siguientes símbolos: la retorta de los alquimistas; la boca del dragón; la Virgen María; el Santo Grial; el cuarto creciente lunar; el baño purificador; uno de los querubines del Arca; la Isis de Egipto; Radha de la India; y la boca del pez. Puede ser muy bien llamado: la esperanza de gloria del hombre físico. En el extremo opuesto del tercer ventrículo y un poco más arriba, está la glándula pineal, la cual no deja de semejarse a una piña (de la cual toma su nombre).

Sir Ernest Alfred Wallis Budge (2), cuidador de las antigüedades egipcias en el Museo Británico, menciona, en una de sus obras, la costumbre egipcia de atarse conos de piñas sobre la cabeza. Declara que, en los rollos de papiros, esos conos están atados en lo alto de la cabeza de los muertos, cuando tienen que hacerse presente ante Osiris, señor del mundo inferior. Indudablemente que este símbolo se refiere a la glándula pineal.

Había, también, costumbre en ciertas tribus de África de atar pedazos de grasa sobre sus cabezas, y dejarlos que se derritieran al sol y les corriera sobre el cuerpo, como parte de normas religiosas. Es interesante observar que los Indios Americanos solían llevar su pluma – que originalmente era símbolo de su Cristo – en el mismo lugar en donde los monjes cristianos afeitan su cabeza. Los hindúes, enseñan que la glándula pineal es el tercer ojo, llamado el ojo de Dangma. Es Llamado por los buddhistas el ojo que todo lo ve, y en la cristiandad se habla de él como del ojo único.

Se nos dice que en épocas remotas la glándula pineal era un órgano de orientación, por el cual el hombre conocía el mundo espiritual, pero que, con la aparición de los sentidos materiales y los dos ojos objetivos, dejó de usarse, y, durante el tiempo de la raza lemur, se retiró al lugar que, actualmente, ocupa en el cerebro. Se dice que los niños, recapitulando sus períodos previos de evolución, tienen, alrededor de los siete años un uso limitado del tercer ojo, en cuyo tiempo los huesos del cerebro se desarrollan en conjunto.

Esto se relaciona con la condición semiclarividente de los niños, los cuales son, en el campo psíquico, mucho más sensitivo que los adultos. Se supone que la glándula pineal secreta un aceite, el cual es llamado resina, la vida del pino. Esta palabra parece estar relacionada con el origen de los Rosacruces, quienes trabajaban sobre las secreciones de la glándula pineal buscando la apertura del ojo único; porque en la Escritura se dice: “La luz del cuerpo es el ojo; por lo tanto, si tu ojo se hace único, el cuerpo todo será llenado con luz.”

La glándula pineal es la cola del dragón y en un extremo tiene una pequeña protuberancia parecida a un dedo. Esta glándula es llamada Joseph (José), porque es el padre del hombre Divino. La protuberancia semejante a un dedo, es llamada la vara de Dios; algunas veces, la lanza sagrada. Su contorno se asemeja a esas retortas que utilizaban los alquimistas para evaporar líquidos. Es un órgano espiritual, destinado, más tarde, a ser lo que fue al comienzo, esto es, el eslabón de enlace entre lo humano y lo divino.

El vibrante dedo en el extremo de esta glándula es la vara de Jesse y el cetro del alto Sacerdote. Algunos ejercicios, como se dan en las escuelas de Misterios del occidente y oriente, hacen vibrar este pequeño dedo, produciendo un sonido zumbante sordo, en el cerebro. Esto es, algunas veces, muy penoso, especialmente cuando el individuo que experimenta el fenómeno, lo que ocurre en la mayoría de los casos, no sabe nada de la experiencia a través de la cual está pasando.

En el medio del cerebro y rodeado por las circunvoluciones, está el tercer ventrículo, una cámara abovedada de iniciación. Alrededor de ella se sientan los tres reyes, tres grandes centros de vida y fuerza – el cuerpo pituitario, la glándula pineal y el thalamus óptico. En esta cámara hay, también una pequeña simiente como arenisca, la cual está indudablemente, conectada con el arca del rey que se halla en la Gran Pirámide. Se supone que el tercer ventrículo es el sitial del alma, y se dice que el aura que rodea la cabeza de los santos y sabios, representa el resplandor dorado que irradia este tercer ventrículo.

Entre los ojos y justo arriba de la raíz de la nariz, hay una dilatación en el hueso frontal del cráneo que es llamado el seno frontal. La ligera comba producida por la dilatación de este hueso, es conocida en frenología como el asiento de la individualidad. Es este lugar donde se colocan las joyas en la frente de los Buddhas, y es, también, desde este punto que la serpiente se levanta de la corona de los antiguos egipcios.

Varias de las Escuelas de Misterios enseñan que este es el sitial de Jehová en el cuerpo humano. Aunque su función se realiza por medio del sistema generativo, su centro de conciencia, como una parte del espíritu del hombre, esta localizado en un mar de éter azul, en el centro del seno frontal, llamado el velo de Isis. Cuando se estudia el cuerpo humano, clarividentemente, ese pequeño punto aparece, siempre, como un centro o punto negro y no puede ser analizado.

El monte Palatino de los antiguos, sobre el cual fueron construidos los templos de Júpiter y Juno, tiene, también, su lugar en el cuerpo humano. La estructura del hueso del paladar es una especie de colina, y arriba del mismo, en línea recta, están las dos órbitas de los ojos, las cuales son el Júpiter y Juno del mundo antiguo.

La cruz, desde luego, representa el cuerpo humano. Su parte superior es la cabeza del hombre, irguiéndose sobre la línea horizontal de los dos brazos abiertos. Como ya lo dijéramos, las grandes iglesias y catedrales del mundo han sido construidas en forma de cruz, y contienen (donde estaría la cabeza) el altar con sus velas encendidas. Estas velas simbolizan los centros espirituales que se hallan en el cerebro, y la costumbre de colocar una ventana sobre el altar, sugiere el delicado lugar que se halla en la parte superior del cráneo. El cráneo – la habitación superior – es el sanctum sanctorum del Templo Masónico, y a él sólo pueden aspirar los puros.

El hueso en forma de ala, que la ciencia médica conoce como esfenoide, es el escarabajo egipcio, llevando en sus garras el cuerpo pituitario y teniendo, también, en lo alto, las centelleantes chispas de la inmortalidad localizada en el seno frontal.

Se nos dice, en las mitologías antiguas, que los dioses bajaban del cielo y andaban entre los hombres, instruyéndoles en las artes y ciencias. De manera similar, los poderes divinos del hombre, descienden del mundo celestial de su cerebro para llevar a cabo la obra de construir y reconstruir las sustancias naturales. Se nos dice que al final de la evolución del cuerpo humano, éste se irá disolviendo lentamente retornando al cerebro (que fue su origen) hasta que no quede nada más que siete centros globulares irradiando siete sentidos de percepción perfectos, que son los espíritus ante el trono y los salvadores que son enviados al mundo para redimirlo por medio de los siete períodos de su desarrollo.

El hombre es una planta invertida; se nutre del sol como la planta lo hace de la tierra. Así como la vida de la planta asciende por su tronco para nutrir sus ramas y hojas, la vida del hombre (arraigada en el cerebro) desciende para producir el mismo resultado.

Esta vida descendente se simboliza por el mundo de los salvadores, que bajan al mundo para morir por los hombres. Más tarde, estas vidas retornan al cerebro, en donde ellas glorifican al hombre ante todos los mundos de la creación. Es suficiente ya, como relato sobre el cerebro.

Ahora, consideraremos la otra parte maravillosa del hombre, es decir, la espina dorsal.



LA ESPINA DORSAL
PARTE III



Conectando los dos mundos (arriba el cielo y abajo la esfera de la oscuridad) está la espina dorsal, una cadena de treinta y tres segmentos, que protege en su interior a la médula espinal. Esta escalera de huesos juega un rol muy importante en el simbolismo religioso de los antiguos. A menudo, se la menciona como un camino o escalera en espiral. Algunas veces se le llama la serpiente, otras, la vara o cetro.

Los hindúes enseñan que hay tres distintos canales o tubos en el sistema espinal. Los llaman Ida, Pingala y Sushumna. Estos canales conectan los centros inferiores generativos del cuerpo con el cerebro. Los griegos los simbolizaban por el caduceo, o báculo alado de Hermes. Éste consistía en un bastón largo (el Sushumna que va al centro), que terminaba en una perilla o bolita (que está en el centro de la médula oblongata).

A cada lado de esta perilla, están las alas arqueadas, que se utilizaban para representar los dos lóbulos cerebrales. Arriba de este báculo suben, alternativamente y en forma de espiral, dos serpientes, una negra y la otra blanca. Éstas representan el Ida y Pingala.

Los antiguos hindúes tienen una leyenda concerniente a la diosa Kundalini, en la cual se dice que ella descendió del cielo, por medio de una escalera o cuerda, a una pequeña isla que se halla flotando en el inmenso océano. Relacionando esto con la embriología, es evidente que la escalera o cuerda representa al cordón umbilical, y la islita el plexo solar.

Cuando la escalera es cortada y se desconecta del cielo, la diosa huye aterrorizada a refugiarse en una caverna (el plexo sacro), en donde ella se oculta totalmente a la vista de los hombres. Como Amaterasu, la diosa japonesa del Rostro Refulgente, ella debe ser sacada de su caverna, pues, mientras permanece ahí y se resiste a salir fuera, el mundo está en la oscuridad.

Kundalini, es una palabra sánscrita cuyo significado es: “una fuerza serpentina, o gas enroscado”. Esta fuerza, según lo declaran los sabios orientales, puede ser dirigida hacia arriba a través del canal espinal central (Sushumna). Cuando esta esencia se encuentra con el cerebro, abre el centro de la conciencia espiritual y percepción interna, llevando con ello la iluminación espiritual. El sistema cultural por el cual eso es posible, es la enseñanza más secreta de los santos orientales, porque ellos saben que esta fuerza serpentina o enroscada no sólo lleva a la iluminación sino que, como la serpiente que es un símbolo, es, también, mortalmente venenosa.

Conocimientos superficiales o fragmentos de ocultismo oriental están llegando frecuentemente al mundo Occidental, pero, lamentamos decirlo, con ellos vienen interminables sufrimientos y males, porque estas grandes verdades en las manos de individuos incapaces de comprenderlas o aplicarlas correctamente, destruyen la inteligencia y la razón.

A lo largo de la espina dorsal hay cierto número de nervios, ganglios y plexos. Todos estos tienen lugar en el simbolismo religioso. Por ejemplo, se nos dice, que los antiguos judíos llamaban al plexo sacro y al ganglio sacrocoxígeo, las ciudades de Sodoma y Gomorra.

Hay un pequeño plexo en la región de los riñones llamado plexo sagitario, al cual los antiguos llamaron la ciudad de Tarso, donde San Pablo luchó con las bestias. El ocultismo superior enseña que las flores de loto (centros nerviosos de la espina dorsal) son como polos negativos, que dan testimonio de los siete grandes centros positivos de conciencia localizados en el cerebro. Estos siete centros funcionan por medio de los otros centros que se hallan en la espina dorsal en la misma forma, aproximadamente, en que los siete espíritus ante el trono funcionan por medio de los cuerpos planetarios.

El discípulo es advertido de no trabajar con los centros que se hallan en la espina dorsal, sino que debe hacerlo con los centros gobernantes – los centros del cerebro.

El caminar errante de los Hijos de Israel en el desierto, el peregrinaje de los mahometanos a la Meca, los interminables peregrinajes de los santos hindúes que se pasan la vida yendo de un templo a otro, representan el peregrinaje del fuego espiritual (kundalini) a través de los centros nerviosos que se hallan a lo largo de la espina dorsal.

Siguiendo ciertas instrucciones particulares, la fuerza es llevada a estos centros, uno tras otro, hasta que, visto clarividentemente, se convierten estas áreas en una especie de flores luminosas, de las cuales dimanan rayos de luz, semejando los pétalos. Cada uno de estos lotos tienen diferentes números de pétalos de acuerdo con las ramificaciones nerviosas que dependen de él.

Se dice que el Logos, cuando llegó el momento de crear el universo material, entró en estado de profunda meditación, concentrando el poder de su pensamiento en los siete centros, semejantes a flores, de los siete mundos. Esa fuerza vital, descendiendo gradualmente del cerebro (el cual era el gran mundo superior) y penetrando en las flores de loto, una por una, dio nacimiento a los mundos inferiores.

Cuando, al final, ese fuego espiritual penetró en el centro más bajo, el mundo físico fue creado, y su fuego estaba en la base de la espina dorsal.

Cuando el mundo retorne a él de nuevo, y el Logos vuelva a ser supremo en conciencia, será porque retiró la vida de estos siete centros, comenzando por los inferiores, llevándolas nuevamente, al cerebro. Así es que la senda de evolución de todas las cosas vivientes es elevar este fuego, cuyo descenso hizo posible su manifestación en estos mundos inferiores y cuyo ascenso les pondrá, otra vez, en armonía con los mundos superiores.

Este mito de la fuerza vital que desciende y toma a su cargo el gobierno de los mundos, se encuentra en todos los pueblos civilizados de la tierra. Esto es el Hiram Abiff quien construyó el Templo Masónico (los cuerpos), y que fue muerto por los tres vehículos que él había formado. Tiene su similitud con el Cristo, muerto por los pecados del mundo.

Por el hecho de que este fuego espinal es una fuerza enroscada, serpentina, en todas partes del mundo se ha usado la serpiente para representar a los salvadores del mundo. El uraeus (emblema de serpiente) usado por los sacerdotes egipcios en su frente, era un símbolo del Kundalini, la sagrada cobra que, cuando fue elevada en el desierto, salvó a todos aquéllos que la contemplaron (Moisés y la serpiente de bronce).

Así como el cerebro es el centro del mundo divino, el plexo solar es el centro del mundo humano que, representando la semiconciencia, une la inconsciencia de abajo con la conciencia de arriba. El hombre no sólo es capaz de pensar con el cerebro; cierta fase del pensamiento es producida por los centros nerviosos del plexo solar.



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Representación de los 7 puntos Chakras y del Sistema Nervioso en el ser humano


Probablemente, antes de ir más adelante, será prudente describir la diferencia que hay entre un médium y un clarividente. Para la mayoría de las personas no hay ninguna diferencia, pero, para el místico, estas dos fases de la vista espiritual, están separadas entre si por los límites de las etapas totales en la evolución humana.

Un clarividente es aquél que ha elevado al cerebro la fuerza espinal serpentina y por su desarrollo ha merecido el derecho de percibir los mundos invisibles con la ayuda del tercer ojo, o glándula pineal. Este órgano de conciencia, que millones de años ha, conectaba al hombre con los mundos invisibles, se cerró durante el período lemúrico, cuando los órganos sensorios, perceptores del mundo objetivo, comenzaron a desarrollarse.

Los ocultistas, sin embargo, por el proceso de desarrollo al cual nos hemos referido someramente antes, pueden volver a abrir este ojo y por medio de él explorar los mundos invisibles. El clarividente no nace, se hace. Los médiums no se hacen, nacen.

El clarividente puede llegar a serlo sólo después de años, algunas veces, de vidas, de auto preparación; por el otro lado, el médium, sentándose en una habitación a oscuras o por otras prácticas similares, puede obtener ciertos, resultados en muy pocos días.

El médium usa el plexo solar como un espejo, y en sus nervios sensitivos son reflejados cuadros registrados en los éteres invisibles. A través del bazo (que es el portal del cuerpo etérico) el médium permite la entrada, en su constitución espiritual, de inteligencias desencarnadas, dando como resultado el oír voces y otras manifestaciones psíquicas.

La escritura automática se consigue permitiendo, al brazo etérico de una inteligencia extraña, el control temporario del brazo físico del médium. Esto no es posible hasta tanto el médium no quita su doble etérico del brazo, pues dos cosas no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo. El resultado de la separación periódica de las fuerzas vitales del brazo físico, es muy desastroso, llegando, frecuentemente, hasta la parálisis.

La mediumnidad es antinatural para el hombre, mientras que la clarividencia es el resultado natural del crecimiento y desarrollo de la naturaleza espiritual. Hay cien médiums por un clarividente, porque sólo puede llegarse a ser clarividente por el autodominio y el ejercitamiento de un tremendo poder; mientras que, el más débil, el más enfermo y más nervioso de los individuos, es el que mejor médium resulta. El clarividente desarrolla su mente llenándola de benéficos conocimientos, en tanto que la primera instrucción que se le da al que quiere ser médium, es: “Trate de dejar su mente vacía.”

La razón por la cual la mediumnidad, a través del plexo solar, es una retrogradación, puede ser resumida como sigue: Los espíritus-grupo, que controlan el reino animal, desempeñan sus cargos produciendo imágenes en el plexo solar, pues el animal no tiene mente autoconsciente. Su resultado es que, en lugar de pensar con su propio cerebro, piensa con el cerebro del espíritu-grupo, a quien esta unido por invisibles hilos magnéticos.

Estos hilos conducen sus impresiones y las fotografías en el sistema nervioso simpático. No teniendo voluntad propia, el animal es incapaz de combatir sus impulsos y, en consecuencia, los obedece implícitamente.

El hombre se gobierna a si mismo por medio del sistema cerebro espinal, porque ha desarrollado la individualidad, y el sistema simpático ya no lo gobierna más. Exponiéndose a los impulsos que le llegan por el plexo solar, el médium obstaculiza su propio desarrollo al no permitir que el sistema nervioso cerebro espinal controle su destino.

Al hombre siempre le ha gustado apoyarse en las cosas externas. No le agrada enfrentar cada problema y resolverlo con el cerebro que Dios le ha dado. Por eso, busca el apoyo de los mundos invisibles, pidiéndoles ayuda para realizar la obra que debiera llevar a cabo por su propio esfuerzo.

Miles de personas deben participar de la responsabilidad del médium, porque muchos de ellos siguen ese camino debido a que cientos de personas desean hablar con sus parientes muertos o tener informaciones reservadas sobre los valores de la Bolsa. Aquéllos que alientan cosas que ellos no harían por si mismos, son personalmente responsables por el daño que, por su egoísmo, han permitido que les llegue a otras personas.

La diferencia, por lo tanto, entre la mediumnidad y la clarividencia se halla cerca de la mitad de la columna vertebral. Es la diferencia entre lo negativo y lo positivo; es la diferencia que hay entre la oscuridad de una habitación en donde se realiza, a medianoche, una sesión espiritista y la ceremonia al mediodía en un templo.

Todos los órganos que se encuentran dentro del cuerpo humano tienen su significación religiosa. El corazón, con sus cámaras, es en si un templo erigido sobre la montaña del diafragma. El bazo, con su pequeño cuerpo en forma de sombrilla, concentra los rayos solares y tiene a su cargo el cuerpo etérico. Es este cuerpo etérico, enrollado dentro del bazo, el que inyecta en el sistema circulatorio los corpúsculos blancos de la sangre.

Nosotros sabemos que el cuerpo humano ha servido de inspiración para casi todas las invenciones mecánicas. Las bisagras han sido copiadas del cuerpo humano; lo mismo las perillas y la cuenca o alvéolo que las contienen.

Se nos ha dicho que la primera instalación de plomería fue reproducida de los sistemas circulatorios arterial y venoso. Centenares de máquinas e implementos han sido inspirados por los sutiles movimientos del funcionamiento de nuestros propios vehículos, porque el cuerpo humano es la más maravillosa máquina que pueda concebirse y, por eso, la mejor que pueda la mente humana estudiar.

La estrecha relación que existe entre el sistema generativo inferior y el cerebro en la parte superior (porque el cerebro es un sistema generativo positivo) se debe, desde luego, a la médula espinal que los conecta. En un momento determinado, cierto número de pequeñas puertas, que ahora separan el cerebro del sistema generativo, se abren, y el Sushumna se convierte en un abierto túnel y, así, cada impulso es llevado inmediatamente a ambos extremos del cuerpo.

Es por esta razón que el candidato hace voto de castidad, ya que la estrecha conexión existente en los discípulos avanzados entre el cerebro y el sistema reproductivo, exige una absoluta conservación de todas las energías vitales.

Las amígdalas están conectadas directamente con el sistema generativo; en realidad, ellas son parte de su polo positivo formado por el cerebro.

La deplorable costumbre actual de vacunar y de cortar las amígdalas a los niños apenas llegan al mundo, producirá en alguna época una definida degeneración de la raza. La mayoría de las amígdalas se infectan a causa de que el niño, en los primeros años, come demasiados dulces. La moral es no cortar las amígdalas, y suprimir los dulces.

La mayor parte de los padres son responsables por la enfermedad de sus hijos. Ya sea por su ignorancia o por indulgencia, ellos permiten que la inconsciencia infantil, que todavía no esta controlada por los vehículos superiores, los destruya antes de que la vida se exprese plenamente.

Cuando los niños están enfermos en los primeros años de vida, el médico encontrará, habitualmente, la causa del mal en los padres, y el padre o la madre – no el niño – deberá ser medicamentado por las píldoras que necesite. Si el estómago se mantiene en condiciones adecuadas, las amígdalas se mantendrán también en buenas condiciones.

La absoluta economía demostrada por la Naturaleza en la construcción de todas sus estructuras sería prueba suficiente de que el Señor no estuvo perdiendo su tiempo cuando hizo las amígdalas y el apéndice. Él tuvo, aparentemente, su razón para hacerlo, pero estos pobres, inofensivos órganos, se han convertido en una mina de oro para los médicos, quienes los quitan a la más ligera provocación.

Se nos dice que la posición vertical asumida por el cuerpo humano, que fuerza el contenido de la región intestinal a viajar, parte del tiempo, cuesta arriba, es la razón de la existencia del apéndice, que se ha perdido en las criaturas de porte horizontal. Cada órgano no sólo tiene su propósito visible sino, también, un invisible propósito espiritual, y puede ser envidiado el individuo que trata de llevar su vida preservando intactos, en todo lo que le sea posible, sus miembros y partes anatómicas originales.

En cuanto a la deuda de la ciencia para con el cuerpo humano, debemos agregar que el sistema decimal es el resultado del contar con los dedos del hombre primitivo, por lo cual el número diez se convirtió en la unidad de enumeración. El antiguo codo fue, también, la distancia entre el codo y el extremo del segundo dedo, o aproximadamente, dieciocho pulgadas. Así sucede si retrocedemos en el estudio de las cosas, encontrando que, casi todo con lo que el hombre se ha rodeado, es una adaptación del cuerpo con el cual Dios ha envuelto su espíritu.

El hombre va conquistando, gradualmente, el control no sólo de los órganos de su cuerpo sino, también, de sus funciones. La ciencia establece que ciertos órganos funcionan mecánica o automáticamente, pero el ocultismo considera que no hay nada mecánico en lo que se refiere a las funciones del cuerpo humano. Tomemos el ejemplo de un obrero tirando un trozo de hierro entre las ruedas y palancas de una maquina en perfectas condiciones de marcha. Se oirá un chirrido y la maquina se detendrá.

Por otro lado, si se tira, figuradamente, una llave inglesa dentro del cuerpo humano, éste, inmediatamente, comenzará el proceso de eliminarla. Rodeará al elemento extraño con una envoltura y tratará de absorberlo. Si esto es imposible, tratará de arrojarlo hacia afuera por algún canal adecuado para ese propósito. Si estos medios fracasan, se acostumbrará, en muchos casos, a la presencia del obstáculo y procurará seguir sus funciones de algún modo.

Esto demuestra, sin duda alguna, que las partes orgánicas del hombre poseen cierta forma inherente de inteligencia; por lo tanto, ellas no son máquinas, porque ninguna invención mecánica es capaz de tener inteligencia.

Paracelso, el gran médico suizo, quien, después de estar muchos años en el lejano Oriente retornó a Suiza para enseñar medicina, fue el primero que dio al mundo europeo su concepto de los espíritus de la Naturaleza. Enseñó que las funciones de la Naturaleza estaban bajo el control de pequeñas criaturas, invisibles para los sentidos normales pero que, trabajando a través de los reinos de la vida, minerales, plantas, animales, y partes del cuerpo humano, mantenían a todos ellos desenvolviéndose de una manera inteligente, bajo el control de la gran jerarquía celestial de Escorpión, que tiene a su cargo la construcción de los cuerpos en la Naturaleza, estos elementales son las inteligencias invisibles que gobiernan el cuerpohumano y sus funciones.

Como resultado de la siempre evolucionante conciencia del hombre, éste está adquiriendo un control más completo de las funciones de sus diversos órganos. Hay dos clases de músculos – voluntarios e involuntarios – siendo la diferencia que los músculos voluntarios, que son controlados por la mente consciente del individuo, tienen sus fibras que corren en dos modos y cruzándose entre si, mientras que los involuntarios no tienen fibras que los crucen.

El corazón ha sido considerado un músculo involuntario, pero está comenzando, ahora, a mostrar fibras cruzadas, prefigurando así los días en que el hombre consciente e inteligentemente regulará los latidos de su propio corazón. Lo mismo reza, con respecto a todos los otros órganos que sobreviven a los periódicos cambios que van teniendo lugar en la constitución del hombre.

Los santos orientales pueden, con todo éxito, vivir sin que su corazón lata; pueden pararlo y hacerlo latir a su voluntad. Echando la lengua hacia atrás y tapando así el pasaje del aire a los pulmones, pueden permanecer por meses inmóviles. Muchos chelas orientales, hacen esto mientras reciben iniciaciones espirituales fuera del cuerpo físico.

Se han registrado casos de santos que han sido enterrados vivos. Semanas más tarde, al ser desenterrados, se encontró que el cuerpo estaba seco como un cuero. Se le echó agua encima, y después de un cierto lapso, el hombre, que no había respirado durante semanas, se levantó y empezó a caminar. Éste es el resultado del extraordinario control que la mente es capaz de conquistar sobre las funciones del cuerpo.

El ocultismo enseña que hay todo un universo dentro del cuerpo humano; que él tiene sus mundos; sus planos, dioses y diosas. Millones de diminutas células son sus habitantes. Éstas están agrupadas en reinos, naciones y razas. Hay las células óseas y las células nerviosas, y millones de estas pequeñísimas criaturas, al agruparse, se transforman en una cosa compuesta de muchas partes.

El Gobernador Supremo y Dios de este gran mundo es la conciencia del hombre que dice: “yo soy“. Esta conciencia toma su universo y lo lleva hasta otra ciudad. Cada vez que va y viene por las calles, ella toma sus centenares de millones de sistemas solares y los lleva consigo, pero, siendo tan infinitesimales, el hombre no puede comprender que ellos son realmente mundos.

Igualmente, nosotros somos células individuales en el cuerpo de una creación infinita que se mueve a si misma a través de la infinitud, a una velocidad desconocida. Los soles, las lunas y estrellas, son, meramente, huesos del gran esqueleto compuesto de todas las sustancias del universo.

Nuestras propias minúsculas vidas son, simplemente, partes de esa infinita vida que circula y palpita a través de las arterias y venas del espacio. Pero todo eso es tan vasto que esta más allá de la comprensión de este pequeño “yo soy” en nosotros. Por lo tanto, podemos decir que ambos extremos son, igualmente, incomprensibles.

Vivimos en un mundo medio, con infinita grandeza por un lado e infinita pequeñez por el otro.

A medida que nuestro desarrollo se va ampliando, también lo hace nuestro mundo, dando como resultado el que vayamos comprendiendo cada vez más todas estas maravillas.



Continuará…

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En Meditación. fotografia© from: taller54.net
Temario Biología Digital 3D


Notas:

-Cabeza de Minerva (1)
This painting of the head of Minerva shows the activities of the pineal gland & pituitary body at the time of the phenomenon commonly termed “the opening of the Third Eye.” The Kundalini fire is seen rising upward through the spinal canal into the pons of the medulla oblongata. The golden light radiating from the base of the brain, at the back, gradually increases in size and intensity until it forms the nimbus, or halo, of the saint.


-SIR ERNEST ALFRED WALLIS BUDGE (2)
Nació en Cornwall (1857-1934) se educó en el Christ´s College de Cambridge, donde se hizo especialista en las culturas asiria y hebrea. En 1883, entró al servicio del museo británico y finalmente llegó a ser conservador de antigüedades egipcias y asirías. En 1920, fue nombrado caballero por los servicios prestados a la arqueología. Hizo muchas expediciones al mediterráneo oriental, y además de dirigir excavaciones, consiguió gran número de antigüedades para el museo británico así como papiros y manuscritos en lengua griega, copta, árabe, Siria y Etíope. Su adquisición más importante fue, sin embargo, una colección de documentos escritos de finales de la dinastía XVIII, conocida bajo el nombre de Tablas de Amarna.

Datos del libro: “El mundo de la arqueología” Autor: C. W. Ceram (Pág. 202)


Sir Ernest Alfred Wallis Budge, conservador de las colecciones egipcias del museo Británico, manifestó que Carter llevaba muchos años trabajando, y debía tener derecho a quedarse con algunos de los objetos. Es posible que Budge se hiciera la ilusión de ver los destellos del oro de Tutankamon en el museo Británico.

Datos del libro: “Los últimos secretos del Valle de los Reyes” Autor: John Romer (Pág. 273)




La Estrella de Seis y la de Cinco Puntas


Por Helena P. Blavatsky

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Los más famosos kabalistas occidentales, tanto de la Edad Media como de la Moderna, representan o simbolizan el Microcosmos por medio del pentagrama o estrella de cinco puntas, y el Macrocosmos por el doble triángulo o estrella de seis puntas. Eliphas Levi (el abate Constant) y creemos que también Kunrath, uno de los más insignes ocultistas de pasados tiempos, dan la razón de ello.

En la obra Rosacruces de Hargrave Jermings aparece la exacta relación del Microcosmos con el hombre en el centro del pentagrama. Se necesitaría un espacio mucho más amplio del que nos consiente un artículo para explicar con toda claridad el esoterismo de ambos símbolos.

Los genuinos kabalistas occidentales saben que el Espíritu y la Materia están simbolizados por los respectivos colores de los dos triángulos enlazados, sin relación alguna con las líneas o lados de los triángulos.


El filósofo kabalista y hermético considera trino todo cuanto existe en la Naturaleza; cada cosa es una multiplicidad y una Trinidad en la Unidad, por lo que representa estos aspectos por medio de figuras geométricas. Dice Platón que “Dios geometriza. Los Tres Rostros kabalísticos son las Tres Luces y las Tres Vidas de Ain –Suph (el Parabrahman de los occidentales) llamado también el invisible Sol central. El Universo es su Espíritu, Alma y Cuerpo, sus Tres emanaciones.


Esta Trina Naturaleza, la puramente Espiritual, la puramente Material y la intermedia (o Materia imponderable que constituye el Alma Central del hombre) está representada por el triángulo equilátero, cuyos tres lados iguales simbolizan que dichos Tres Principios están difundidos por todo el Universo en la misma proporción y que son eternos y coexistentes, según la ley natural de equilibrio perfecto.


Así vemos que, con leve variación, la simbología occidental es la misma que la de los arios. El doble triángulo que simboliza el Macrocosmos o Universo mayor entraña las ideas de Unidad, de Dualidad (en los dos colores y los dos triángulos) de Espíritu y Materia, de Trinidad, de la
Tetraktys pitagórica, del cuadrado perfecto, hasta el dodecágono y el dodecaedro.


Los antiguos kabalistas caldeos, maestros e inspiradores de la Kábala judía, no tuvieron el antropomórfico concepto de Dios que se advierte en el Antiguo Testamento y subsiste en nuestros días. Su Ain–Supl, ilimitado e infinito, “tiene y no tiene forma” según dice el Zohar, aunque después explica esta aparente contradicción añadiendo: “El invisible asumió forma al poner el Universo en existencia”.

Esto equivale a la idea puramente panteísta de que sólo es posible concebir a Dios en la naturaleza objetiva.


Los tres lados de los triángulos simbolizan para los ocultistas, lo mismo que para los arios, el Espíritu, la Materia y la Naturaleza intermedia (identificada en su significado con el espacio), así como también simbolizan las Energías Creadora, Conservadora y Destructora representadas en las Tres Luces.


La Primera Luz infunde vida inteligente y consciente en todo el Universo, en correspondencia con la Energía Creadora. La Segunda Luz construye incesantemente formas con la Materia Cósmica preexistente dentro del círculo cósmico y por ello es la Energía Conservadora. La Tercera Luz produce el conjunto universal de la materia física densa, que según se aparta de la céntrica Luz espiritual, pierde su brillantez y se convierte en tinieblas o en mal, que conduce a la muerte, por lo que es la Energía Destructora manifestada en lo mudable y perecedero de las formas. Los Tres Rostros kabalísticos del Anciano de los Ancianos que sin embargo no tiene rostro, son las divinidades arias llamadas Brahma, Vishnu y Shiva.


El doble triángulo de los kabalistas está inscrito en un círculo formado por una serpiente que se muerde la cola (el emblema egipcio de la Eternidad) y a veces en un sencillo círculo geométrico.


La única diferencia entre los símbolos oriental y occidental del doble triángulo –según explica Krishna Shankar Laishankar en el artículo publicado con el mismo título que el presente– consiste en omitir el profundo significado de lo que dicho autor llama el Cenit y el Cero.


Según los kabalistas occidentales, el vértice superior del triángulo blanco se pierde en el Cenit (1), en el Mundo de pura Espiritualidad o inmaculado Espíritu, mientras que el vértice inferior del triángulo negro se pierde en el nadir y simboliza, según prosaica expresión de los ocultistas medievales, la materia grosera, los desechos del Fuego Celestial (el Espíritu) caídos en el vórtice de aniquilación, en el mundo inferior, donde las formas y la vida senciente se dispersan para retornar a su fuente originaria, la Materia Cósmica. Según las enseñanzas puránicas, el punto central “es la sede de Brahma Avyakta o Divinidad inmanifestada”.


En efecto, como el punto geométrico carece de dimensiones, es un símbolo apropiado del invisible Sol central, de la Luz de la Divinidad inmanifestada; pero los ocultistas trazan en la figura, en vez del punto geométrico, la Cruz Ansata o la Tau Egipcia, en cuya parte cenital dibujan un círculo como símbolo del ¡limitado e increado espacio. Así modificada, la Tan Egipcia tiene casi el mismo significado que la cruz mundana de los antiguos herméticos egipcios, o sea una cruz inscrita en un círculo.


Por lo tanto, es erróneo decir que el doble triángulo sólo simboliza el Espíritu y la Materia, pues contiene muchos otros símbolos. Dice nuestro crítico: Si el doble triángulo sólo representa el Espíritu y la Materia, no se explica ni se rebate la objeción de que con dos lados no es posible trazar un triángulo, ni que el Espíritu y la Materia estén simbolizados por la distinción de blanco y negro de dos triángulos.


Creyendo ya haber explicado suficientemente algunas dificultades y expuesto que los kabalistas occidentales siempre vieron la Trinidad en la Unidad y la Unidad en la Trinidad, podemos añadir que los pitag6ricos rebatieron ya, hace 2500 años, la objeción levantada por el autor de las precedentes palabras.


La idea cardinal de los pitagóricos era que, bajo las fuerzas y cambios fenomenales del Universo, subyace un permanente principio de Unidad. Los Sagrados Números de dicha escuela no incluyen el Dos o la Duada, pues los pitagóricos no reconocían este número ni como idea abstracta, fundándose en que geométricamente es imposible construir una figura con sólo dos líneas rectas; por tanto no puede identificarse el número dos con ninguna figura geométrica plana o sólida para simbolizar la Unidad en la multiplicidad, como puede simbolizarla una figura poligonal.

Así es que los pitagóricos no consideraban el Dos como Número Sagrado, porque representado en geometría por dos líneas horizontales = y en numeración romana por dos verticales II, y careciendo la línea de anchura y profundidad, sin otra dimensión que la longitud, era necesario añadirle al dos otra unidad para emplearlo simbólicamente en figura de triángulo.


Así resulta evidente por qué los herméticos emplearon dos triángulos enlazados para simbolizar el Espíritu y la Materia (el Alfa y el Omega del Kosmos) y representaron el triángulo que simboliza el Espíritu de color blanco y el de la Materia, de color negro. En cuanto a la pregunta de que si el vértice del triángulo blanco que se dirige hacia arriba simboliza el Espíritu, ¿qué simbolizan los otros dos vértices del triángulo blanco?, responderemos que, según los kabalistas, simbolizan el Espíritu caído en la generación, es decir, la pura Chispa Divina mezclada ya con la materia del mundo fenomenal.


La misma explicación conviene al simbolismo de los dos vértices de la base del triángulo negro, cuyo tercer vértice representa la progresiva densificación de la Materia.


Por otra parte, decir que “toda idea de ascenso y descenso, de arriba y de abajo en el sublime concepto del
Kosmos no sólo es repulsiva sino falsa”, equivale a negar la posibilidad de que una idea abstracta esté simbolizada por una imagen concreta.
Entonces, ¿Por qué no invalidar toda clase de signos, incluso los de Vishnu y las eruditas explicaciones puránicas que de ello nos da el autor? Lo anteriormente expuesto da la clave de la fórmula pitagórica de la Unidad en la multiplicidad, del Único manifestado en muchos.


Esta idea está simbolizada en la Década (1+2+3+4=10) lejos de ser repulsiva es positivamente sublime. El Uno es la Divinidad. El Dos es la Materia, que por sí misma no puede ser una entidad consciente (2). El Tres (el triángulo) resulta de la combinación de la Mónada y la Duada, participa de la naturaleza de ambas y es la Tríada o mundo fenomenal. La Tétrada o sagrada Tetraktys es la forma de la Perfección para los pitagóricos y expresa o simboliza al propio tiempo la ilusión fenomenal o Maya–La Década o suma total simboliza el Kosmos.



Decimos en Isis sin Velo: “El Universo es la combinación de mil elementos; y sin embargo la expresión de un solo Elemento: del Espíritu o Absoluta Armonía. Es un caos para los sentidos y un perfecto Kosmos para la razón”.


Pitágoras aprendió filosofía en la india y de aquí la similitud entre las ideas fundamentales de los antiguos Iniciados brahmánicos y las de los pitagóricos. Al definir al Shatkon dice el autor que “representa el gran Universo (Brahmanda), el ilimitado Mahakasha, con todos los mundos estelares en él contenidos”. Con esto no hace más que repetir, en diferentes palabras, la explicación dada por Pitágoras y los filósofos de la estrella hexagonal o doble triángulo, como anteriormente indicábamos.

En cuanto a los restantes tres puntos de los dos triángulos, los tres lados de cada uno de ellos y el círculo en que están inscritos, como quiera que los herméticos simbolizaban todas las cosas visibles e invisibles, no podían menos que simbolizar completamente el Macrocosmos.

Los pitagóricos incluían en su Década todo el Kosmos, pero aún reverenciaban mayormente el número Doce, porque representaba la sagrada Tetraktys multiplicada por tres, de donde resulta una Trinidad de cuadrados perfectos llamados Tétradas.


Los filósofos herméticos u ocultistas, siguiendo los pasos de los antiguos Maestros pitagóricos, representaron el número Doce en el doble triángulo, el Macrocosmos, e incluyeron en él el pentagrama o Microcosmos, al que dieron el nombre de Universo menor.


Dividiendo las doce letras de los ángulos externos en cuatro grupos de tríadas o tres grupos de tétradas, obtuvieron el dodecágono, un polígono regular de doce lados iguales con doce ángulos también iguales, que para los antiguos caldeos simbolizaban los doce Dioses mayores, y para los kabalistas hebreos los diez Sephiroth o Potestades Creadoras de la Naturaleza emanados de Sephira (la Divina Luz) que era jefe de los Sephiroth, emanada a su vez de Hakoma, la Suprema e Inmanifestada Sabiduría, y de Ain –Suph el infinito, esto es, tres grupos de tríadas de Sephiroth, y una cuarta tríada constituida por Sephira, Ain –Suph y Hakoma, que “no puede comprenderse por reflejo” y que “está oculta dentro y fuera del cráneo de Rostro Largo”, según consta en el Idra Rabba.


La cabeza superior del triángulo de arriba forma los Tres Rostros kabalísticos que constituyen los doce. Además, las doce figuras dan dos cuadrados o la doble Tetraktys que en la simbología pitagórica representan los mundos físico y espiritual. Los dieciocho ángulos internos y los seis centrales dan además de veinticuatro, dos veces el Sagrado Número Macrocósmico; también las veinticuatro Divinas Potestades Inmanifestadas.



Dice
Jámblico que “las Divinas Potestades se indignan contra quienes revelan la manera de inscribir en una esfera el dodecaedro, uno de los cinco cuerpos sólidos geométricos, compuesto por doce pentágonos regulares”.


El pentagrama situado en el centro del doble triángulo da la clave del significado para los filósofos herméticos y los kabalistas. Tan conocido es este doble signo que se ve en la entrada de los templos budistas, en las lamaserías y en los relicarios del Tíbet.

Los kabalistas medievales nos dan en sus escritos el significado del doble triángulo con el pentagrama central. Dice Paracelso: “El hombre es un Microcosmos contenido en el interior del Macrocosmos, como un feto sostenido por sus Tres principales Espíritus en la matriz del Universo”.


Estos Tres Espíritus son dobles, a saber:


1º. El Espíritu de los elementos (cuerpo terrestre y Principio Vital).
2º.
El Espíritu de las estrellas (el cuerpo astral y la Voluntad que lo gobierna)
3º.
El Espíritu del mundo espiritual (las Almas animal y Espiritual). El séptimo Principio es un espíritu casi inmaterial, el divino Augoeides, el Âtma, representado por el punto central, que corresponde al ombligo humano. Este séptimo Principio es el Dios personal de cada hombre, según dicen los ocultistas orientales y occidentales.


Al hablar de los cinco triángulos compuestos de cinco veces cinco o veinticinco puntos, dice el aludido autor que el pentagrama es un “número correspondiente con los veinticinco elementos constitutivos del ser humano”.

Supongamos que el autor entiende por elementos lo que los kabalistas decían cuando enseñaban que las emanaciones de las veinticuatro Potestades Divinas e inmanifestadas, que con el inexistente o céntrico punto son veinticinco, constituyen un perfecto Ser Humano.


Sin discutir el relativo valor de las palabras elementos y emanación, y teniendo en cuenta la observación adicional del autor de que “toda la figura” del Microcosmos es “el signo de Brahma o la deificada Energía Creadora”, resulta esta afirmación incongruente con el parecer de eminentes herméticos y kabalistas, para quienes las cinco puntas del pentagrama simbolizan los cinco miembros cardinales del cuerpo humano.


Aunque no pertenecemos a la escuela kabalística occidental, afirmamos que tienen razón en este punto, porque si los veinticinco elementos representados por la estrella de cinco puntas constituyen un ser humano, dichos elementos han de ser vitales, ya sean mentales o físicos, y si la figura simboliza la Energía Creadora, el concepto kabalístico resulta reformado. Los cinco elementos groseros: tierra, agua, fuego, aire y éter, entran en la constitución del hombre, y lo mismo da decir cinco órganos de acción que cinco miembros o cinco sentidos.


En el Codex Nazaræus, el libro más kabalístico, Mano, el supremo rey de Luz y jefe de los Eones, emana de sí los cinco Eones que con Mano y el Señor Ferho (la Vida ignota y sin forma de la que surgió Mano) forman los siete, que simbolizan los siete Principios constituyentes del hombre. Los cinco inferiores son puramente materiales y semimateriales y los dos superiores casi inmateriales y espirituales.


De cada uno de los siete Eones surgen cinco refulgentes rayos de luz, y en todos los antiguos ejemplares del Codex Nazaræus se ve que la cabeza, brazos y pies del hombre, están simbolizados en las cinco puntas del pentagrama.


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NOTAS

(1)
En la pirámide egipcia tiene el mismo significado. El notable arqueólogo francés, Dr. Rebold demuestra la gran cultura de los egipcios de 5000 años antes de la Era Cristiana, al afirmar, apoyado en varias autoridades, que en aquel tiempo existían no menos de treinta o cuarenta colegios de Iniciados que estudiaban Ciencias Ocultas y Magia práctica.

(2)
Compárese este concepto de los pitagóricos con el del sistema Sankia de Kapila, en el que Purusha y Prakriti sólo pueden manifestarse en el mundo sensorio cuando están combinados el uno con el otro.



Magia (III parte)

Temario Magia:



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FIGURA IX

DIAGRAMA DEMOSTRATIVO DE CÓMO UN CUERPO VITAL SANO PROTEGE AL HOMBRE DE LA MAGIA NEGRA Y DE LA ENFERMEDAD



EL MECANISMO DE LA MAGIA


54. — El hombre se compone de tres partes principales: espíritu, mente y cuerpo. A su vez, el cuerpo consta de vehículos y esencias. Las esencias, a su vez, se clasifican en dos categorías: una emanación quintaesenciada de la conciencia corporal llamada alma y los arquetipos o moldes. Éstos, a menudo, son designados como los patrones, estructuras o diseños según los cuales se crean y conforman los cuerpos.


55. — El hombre posee cuatro vehículos, cada uno de los cuales posee su molde respectivo dentro de los cuales han sido fundidos, si bien conservará una condición fluidica o cambiante. Estos cuerpos son: el cuerpo físico, compuesto de sólidos, líquidos y gases; el cuerpo vital, compuesto de dos substancias atómicas y dos esencias elementales; el cuerpo astral o emocional, compuesto de siete niveles de volátiles átomos ígneos llamados asteroides; y el cuerpo mental, compuesto de dos subdivisiones superiores llamadas rupa y arupa por los hindúes, y conocidas comúnmente como mundos de pensamiento con forma y sin forma, o mente concreta y mente abstracta.

Estos cuatro cuerpos constituyen, a la vez, la cadena de cue rpos que conocemos como naturaleza inferior del hombre y los cuerpos invisibles que accionan y reaccionan en la materia física o a través de ella. En la India estos cuerpos son llamados el collar de cuentas enhebradas con el hilo de vida o conciencia que conecta unos con otros. Esta idea está bellamente expresada por Krishna en el Bhagavad Gita.


56. — Desde el Hombre Macrocósmico irradian cuatro áreas de actividad que culminan con la formación del cuerpo humano (ver diagrama II). Desde la boca del Prototipo Adámico fue eyectado Brahma, el nacido con mente, como una personificación del antiguo elemento de aire. Sin el elemento del fuego y luz, esa manifestación, el aire, era incoloro, y era considerado por los antiguos como la verdadera oscuridad. El gran Roberto Fludd llamaba a esto la Corona del Caos.


Es la verdadera oscuridad que precede a la luz, y bien puede ser llamada la Matriz del Cosmos. Debe recordarse que esta alegoría representa solamente a Brahma en el aspecto de Shiva, o el creador del mundo de la forma. Es el Querubín de Cuatro Cabezas descripto por Josefo, y también el Brahman hindú en su aspecto tetracápite después que su quinta cabeza, el akasha, fuera destruida por Shiva. En lenguaje más sencillo, diremos que la figura representa los planos inferiores de nuestro sistema planetario y solar, aquellos niveles de fuerza vibratoria que reaccionan tangibles o intangiblemente sobre las substancias conocidas como inteligencia, sensación o percepción.


57. — Sabemos que nuestro esquema de mundos comenzó como formas de pensamiento o, como a la ciencia le place expresarlo, como nebulosas obscuras. Esta oscuridad es la sustancia original a partir de la cual se diferenciaron los cuerpos mentales de la actual raza humana. La palabra “sustancia”, aquí, se refiere a la intangible masa de mentoides que integraron el cuerpo mental del Adam arquetípico. En la actualidad, los Señores de la Mente o devas amorfos del aire, actúan en cuerpos compuestos de esta tenue sustancia, que Herbert Spencer define como la base del poder del pensamiento. Fue a partir de ese “primum hyle” que se diferenció el universo visible, cuando la nebulosa obscura, en el proceso de su esfuerzo —para emplear la terminología de Jacob Boehme— se hicieron visibles por la luz generada por la fricción de los átomos obscuros.


58. — El pensamiento despertó al sentimiento, y nacieron los mundos ardientes, y nuestro sistema celeste y terrestre surgió como una nebulosa flameante. (Los filósofos ocultos están en parte de acuerdo con la llamada hipótesis nebular referente al origen de nuestro sistema solar. Por su parte, ellos enseñan que los planetas nunca se desprendieron del padre sol o núcleo, sino que en realidad siguen siendo centros individualizados dentro del cuerpo áurico del globo padre).


Los mundos de fuego, según los brahmines, nacieron de los brazos y hombros del hombre arquetípico. Fueron llamados los Hijos Rojos, o nacidos del fuego, y las contorsiones y el crepitar de las llamas eran símbolo de sus luchas.
Representan el cuerpo astral o emocional del hombre, porque todo lo de fuego en la naturaleza humana es una expresión del eterno principio del fuego en el hombre cósmico.


59. — La emoción dio origen al impulso, la vitalidad quedó establecida, y nació el hombre moreno de las vísceras del prototipo divino. Era el nacido del agua, y fue ordenado que laborara en los campos y en las cosechas, porque fue el principio de la fuerza y de la energía. Los geólogos y los astrónomos saben que cuando los planetas estaban en proceso de enfriamiento, grandes nubes de vapor envolvían al planeta en fusión. Este éter húmedo era considerado por los antiguos como los velos de la Virgen del Mundo.

Bajo su influencia se individualizaron los dioses de la faz lunar, los de la oscuridad o de las sombras. Ello corresponde al cuerpo vital del hombre. Finalmente, la cristalización de la humedad tuvo por resultado la tierra sólida, vinculada al hombre negro, llamado a menudo “sudra” o criatura nacida en la esclavitud, predestinado a vivir encadenado hasta que la noche de los dioses remueva sus grilletes. Éste es el cuerpo físico de todas las cosas, que testimonia con sus funciones y poderes su constitución cuaternaria.


60. — Es interesante cotejar cuán estrecho es el paralelismo de la mitología de los brahmines con los últimos descubrimientos de la ciencia. En los antiguos himnos budistas se encuentran muchas referencias a átomos todavía sin desenvolver.
Millares de años antes de la era cristiana, los tibetanos sabían que el átomo era como el sistema solar, pero como sus ideas eran expresadas simbólicamente, no se dio crédito a esta penetración filosófica de la mente oriental.


61. — Así como el universo comenzó como una obscura nebulosa de materia mental, así el hombre, ese pequeño universo creado a semejanza de su Padre, y que sirve de canal a las funciones de su modelo creativo, también comenzó su manifestación física como una forma mental mineral. Más tarde surgió como altivo vegetal, y gradualmente, después de muchas edades de transición, este vegetal devino un animal sagrado provisto de un cuerpo de éter húmedo. Más tarde, a semejanza de su arquetipo, encarnó en el mundo físico como ser humano.


62. — Como forma de pensamiento no tenía sino un cuerpo; como planta astral dos: uno de éter mental y otro de éter de fuego; como un animal sagrado etérico, agregó a esos dos cuerpos otro de éter ácueo; y como ser humano añadió un cuarto, compuesto de éter físico-químico denso.


63. — De acuerdo con la Sabiduría Antigua, el hombre permanece en el mundo físico por aproximadamente ochocientas vidas terrestres, durante las cuales pasa por una infinita diversidad de formas humanas y ambientes, y aprende a dominar las diversas cualidades orgánicas de que están compuestos los vehículos físicos densos. Su tarea más importante durante ese lapso, es dominar el elemento tierra, y luego incorporar gradualmente en sus cuerpos de agua, fuego y aire las cualidades y esencias que extrajo de sus experiencias en la materia densa.


64. — El hombre posee además tres cuerpos superiores, los cuales, aunque invisibles, son todopoderosos. Sin su cuerpo vital sería un mineral, porque las rocas y los metales no han individualizado ningún otro vehículo aparte de la estructura física densa. En la actualidad, los cuerpos de agua, fuego y aire se manifiestan sólo a través del organismo físico (terrestre) y en el que el elemento aire otorga el poder del pensamiento, el elemento fuego el poder de moción y emoción, y el elemento agua el poder de reproducción y crecimiento. Por lo que antecede se observa que, si bien no son percibidos, hay manifestaciones y funciones que atestiguan el poder de la parte invisible de la constitución del hombre.


65. — Los ocultistas llaman cuerpo mental al elemento de aire oscuro, cuerpo astral al elemento de flamígero fuego; cuerpo vital al elemento de ácuea humedad y cuerpo físico al elemento químico denso. Estos cuerpos, uno dentro de otro, o más bien, interpenetrándose uno con otro, integran lo que la mente humana reconoce como su vehículo de conciencia.

Mediante el cuerpo mental, el hombre consigue esa facultad de pensamiento y reflexión que le hacen superior al animal; con el cuerpo astral, la de movimiento y emoción —sensación, color y sentimientos, entre otras cualidades— cuya expresión hacen superior al animal con relación al vegetal; y mediante el cuerpo etérico o vital, gana el poder de reproducción de su especie y también las funciones de asimilación y excreción, porque en ese aspecto el vegetal es superior al animal. Naturalmente que el mineral, con su existencia concreta, prueba su superioridad sobre miríadas de esencias amorfas y turbulentas que no han adquirido todavía ni el poder de manifestarse en el plano físico.


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66. — A través de los canales que ofrece esta constitución cuaternaria, la conciencia o ego (espíritu) observa, conoce, percibe y reflexiona sobre su medio ambiente. Aquellos cuerpos podrían ser considerados como los pies y las manos del espíritu. Son las herramientas con las cuales el hombre abstracto produce resultados concretos. Los cuerpos físico y etérico pueden considerarse como correspondiendo a los pies, porque son el basamento, y los cuerpos astral y mental a las manos, porque son elementos de atracción, repulsión y destreza.


El espíritu, si bien es superior a todos ellos, no puede manifestarse si no es por medio de esa agrupación de vehículos. Esta chispa divina queda limitada por la calidad de sus cuerpos. En la inmensa mayoría de los casos, se ve sometida a los que deberían ser sus subordinados. En realidad, en vez de gobernar a su mundo mediante una sucesión apostólica el espíritu es doblegado y abrumado por las incesantes exigencias de su naturaleza inferior. Los apetitos, deseos e inclinaciones egoístas aprisionan al espíritu, mientras que un falso y cruel monarca usurpa el poder.


67. — Algunos de los antiguos griegos solían simbolizar al hombre con una mano, en la que los cuatro dedos paralelos representaban al cuerpo y sus cuatro grandes divisiones, mientras que el pulgar, que actúa, por así decirlo, contra los restantes, simbolizaba la conciencia. En las Escrituras se afirma que Dios se puso en contra de sus propios hijos. Es interesante observar que el hombre es la única criatura que posee un dedo pulgar que actúa en oposición a los demás dedos, pues aún en los monos más evolucionados, el pulgar actúa en el mismo sentido que los demás dedos, pudiendo considerárselo como un dedo extra.


68. — Algunos estudiantes de la antigüedad habían relacionado todavía las tres falanges del pulgar con la Trinidad. La primera falange (o distal) que incluye a la uña, era consagrada al Padre, y de sus dimensiones y conformación se podía determinar el poder de la Voluntad; la segunda falange era tenida en cuenta para establecer las facultades mentales reflexivas del sujeto, mientras que la tercera falange, generalmente más amplia, integrante de la palma de la mano, y que muy desarrollada era considerada como indicadora de una recia naturaleza animal o física, era consagrada al Espíritu Santo o el Shiva hindú.


69. — Estos cinco elementos, la conciencia y sus cuatro cuerpos, eran simbolizados por la estrella de cinco puntas o pentagrama. Los alquimistas de la Edad Media conocían a este signo como la Estrella de Belén y cuando se mostraba invertido como el símbolo diabólico de la pezuña hendida. De acuerdo con el sistema pitagórico de geometría, el mandil masónico, con sus cuatro esquinas y el punto descendente de su faldilla triangular simbolizan lo mismo. La faldilla baja simboliza el asesinato de Hiram; el levantamiento de la misma, su resurrección.


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70. — El individuo cociente no advierte que la vida; la conciencia y la inteligencia son algo aparte de la sustancia física, y que lo que solamente hacen es actuar a través de cuerpos químicos durante el lapso temporal que llamamos vida en el mundo químico. Una de las grandes leyes ocultas dice que: para actuar en cualquier esfera o plano de sustancia determinada es necesario poseer un cuerpo sensible y capaz de asimilarse a ese plano.

El estudiante ha de saber que cada cuerpo puede dominar a los otros, así como ser dominado por cuerpos o fuerzas superiores. Desarrollar cualquier aspecto parcial de la propia naturaleza es crearse un tirano que dominará y vampirizará al resto de la propia constitución.


71. — El poder que otorgan la sabiduría y el conocimiento es lo que hacen al ocultista superior a sus semejantes, siendo esta superioridad proporcional a su elevada inteligencia. En todos los aspectos de la vida el no iniciado se verá enfrentado con misterios. Así, para el hombre corriente, el funcionamiento de un motor a explosión será tan misterioso como el cálculo infinitesimal para un niño de jardín de infantes, pero una frecuentación más íntima y el estudio conducirán a esa familiaridad que hace fácil el manejarlos y conducirlos.

Se ha dicho que nadie es un desconocido para su valet. El filósofo es un servidor de Dios, y el perfecto servicio muy pronto lo capacita para comprender cabalmente los deseos y dictados de su divino Maestro.


72. — Hay una verdadera ciencia aún en el clavetear zapatos. Después de años de aprendizaje puede el hombre aspirar a la maestría en su oficio. A pesar de lo estricto del sistema de castas de la India, es interesante observar que cuando un individuo sobresale aún en la cosa más simple, es reconocido y puede mezclarse con los de una casta superior. Pero son muy pocos los que sobresalen en algo, mientras que los mediocres en todos los aspectos de la vida son numerosísimos.


¿No han visto nunca cómo un individuo manipula impunemente potenciales eléctricos enormes? Al verlo os daréis cuenta de que el conocimiento es poder.
El electrotécnico está a salvo porque conoce las leyes que rigen la energía que está manipulando, pero si él se descuida un instante, o uno que no conoce la materia intentase hacer lo mismo, correrían un peligro mortal.


73. — Las leyes de la Naturaleza no obedecen al hombre. No conocen ni la virtud ni el pecado. A semejanza de los Cíclopes griegos, de un solo ojo, son gigantes que cumplen con su prefijado propósito, sin inmutarse por el buen o mal uso de su poder. El sabio se sujeta a las leyes de la energía que está empleando y con ello hace que accedan a trabajar para él. Pero en cuanto quebranta las leyes que gobiernan las energías que está controlando, se volverán contra él y lo destruirán sin discriminación ni escrúpulo alguno.


74. — Un ocultista es un experto en la ciencia de la vida. Como mago operativo puede manejar fuerzas de la Naturaleza para la satisfacción de cualquier finalidad que se proponga ¡Pero guay de aquél cuyos fines no estén en armonía con el plan de la Naturaleza! Con sus poderes puede obrar milagros, como los magos de la India; pero sus proezas aparecen como milagros solamente ante aquellos que no conocen como él las leyes relativas a las fuerzas sutiles de la Naturaleza.


75. — El dominio que otorga el conocimiento sobre la ignorancia en los planos espirituales es mucho mayor que el que da la riqueza sobre la pobreza en el plano físico. La riqueza puede ser una bendición o una maldición, lo mismo que el conocimiento, que es riqueza mental. El sabio será siempre superior al ignorante, porque posee una mentalidad capaz de imponer respeto y el ignorante deberá inclinarse ante lo que no comprende.

En todas las épocas, unos pocos han logrado la actualización de los tremendos poderes de la Naturaleza, y de un modo u otro, legítimo o no, se han convertido en detentadores momentáneos del cero serpentino. Alguien puede robar dinero y seguir rico hasta que caiga a disposición de la ley, y así, del mismo modo, un mago negro puede robar una cierta cantidad de poder divino y emplearlo para la satisfacción de sus propios fines hasta que al final, el abuso del poder será causa de su propia destrucción.


76. — Durante la existencia del mundo atlante, y también en nuestra actual civilización, ha habido y hay mentes poderosas pero no virtuosas, y no siempre estas dos palabras son sinónimas. Algunos de esos poderosos seres son hoy semidioses, tan gloriosos como el mismísimo Satanás, pero sus fechorías y falsedades los arrojan al olvido, como astros extraviados en el espacio. Estos dioses demoníacos hacen renacer la magia negra (la perversión del poder) en las mentes de los hombres, y fomentada hoy por el pecado del egoísmo.


77. — El mal nunca cesará de existir hasta que el egoísmo y la codicia sean desechados como factores determinantes de las actitudes de los hombres. Para la mente concreta, es corriente sacrificar lo eterno por lo temporal. El hombre, limitándose al reducido recinto de lo conocido, pierde de vista los efectos de sus acciones en la región ilimitada de lo desconocido. La cortedad de miras es causa de miseria sin fin. La miopía moral desemboca en el vicio, la miopía filosófica en el materialismo, la miopía religiosa en el dogmatismo y la miopía racional en el fanatismo.


78. — Sabio es el que sirve a las finalidades más amplias. Cualquiera sea el costo, aquello que el hombre llama armonía y que la Naturaleza conoce como perfecto ajuste, vale todo cuanto haya que pagar por ella. Una adaptación tal es el establecimiento de relaciones armoniosas entre los planos universales de la Naturaleza y los centros individuales de conciencia en el hombre.


79. — El egoísmo promueve el autointerés y la autosatisfacción. El mundo poco a poco se desvanece y el alma vive cada vez más para el logro de sus propios deseos y, antes de no mucho, el reinado de Mammón se habrá establecido totalmente en esa vida. Esto significa que lo mejor muere y sólo permanece la cáscara externa de la personalidad; que la ardiente aspiración ya no es sentida y que el espíritu inmortal y superior queda encadenado al servicio de un organismo animal, condenado al suplicio del aprisionamiento entre los muros de la perversión.


80. — Vivimos en una época que brilla en todo cuanto al cuerpo se refiere pero calamitosamente ignorante en lo concerniente a lo divino. Cada día el espíritu del mercantilismo se nutre con la sangre de millones de seres, y cada día la lucha y la competencia absorben más la energía y el tiempo del hombre, hasta que la parte mas sutil de su naturaleza sucumbe por falta de atención, y la virtud es considerada un impedimento para el avance del materialismo avasallador. Este punto de vista siniestro es la fuente nutricia de las larvas de la magia negra, la maldición de la raza humana.


81. — La magia negra es una enfermedad. Es un cáncer racial; sus ramificaciones se asemejan a los tentáculos de un pulpo. Infesta por igual al estado y a la iglesia; se introduce en la choza del pobre como falsa esperanza, llevándolo hacia el crimen y la propia aniquilación. Entra también en los salones del opulento como ambiciones y cambia el corazón humano en un órgano creador de planes para la acumulación de riquezas. La magia negra se nutre con el egoísmo, con la codicia, y es tolerada solamente por la hipocresía; es el fruto corriente de esta época mercantilista.


82. — La magia no es una superstición medieval dominada por la ignorancia: es un hecho concreto. Esta época, considerada como iluminada es en realidad una transferencia del énfasis de una función mental a otra; y mientras la arrogancia y el egoísmo sigan arraigados en el alma de los hombres, venderán su alma, como Fausto, para gratificación del yo, o mejor dicho, del no yo. La honestidad es una joya inapreciable y las fuerzas del mal ejercen poca influencia sobre una vida vivida de acuerdo a principios. El hombre, en su ambición, ha de poner primero su alma en venta, para que el Demonio esté en situación de comprarla.


83. — La Naturaleza es un ámbito de entrelazadas energías, y quienes tienen el poder necesario, pueden someterlas a su obediencia para bien o para mal, y la fuerza— que carece de discernimiento entre uno y otro— obedecerá. Pero así como la fuerza tiene sus leyes, también tiene sus sanciones, y el hombre ha de acatar a aquellos o sufrirá las consecuencias e su insensatez.

El mago negro en su exacerbado egoísmo, se cree superior a Dios o a la ley y viola reiteradamente las leyes de la fuerza; pero, tarde o temprano, también como el Doctor Fausto, será destruido por las mismas fuerzas que hasta entonces le servían. (Se dice que el Dr. Fausto existió realmente, en Alemania, al comienzo de la Edad Media. Tenía a su servicio a un espíritu familiar. Cierto día, el Dr. Fausto fue hallado muerto con un puñal en su espalda, y la gente del pueblo creía que su elemental lo había matado).


84. — En nuestro mundo moderno, la magia negra encuentra suelo fértil en los deseos del hombre. Edad tras edad, sus propios deseos lo aniquilan. En su ignorancia, juega con fuego y asombra de que sobre su cabeza se desencadenen tempestades y que la lava y las cenizas volcánicas sepulten sus ciudades, de que la guerra asole sus campos y de que poderosos cataclismos hagan desaparecer continentes y naciones en un día. No obedece a las leyes de las fuerzas ni tampoco reconoce que la ley de causa y efecto lo gobierna todo, y que por ello, día tras día, siembra insensatez y cosecha miserias.


85. — El mago blanco consagra su vida al estudio, a la meditación y al servicio, a fin e conocer las leyes de las fuerzas y dirigirlas hacia objetivos señalados. Se adapta al Plan, integra su divino ritmo sacrificándose a sí mismo y abdicando sus deseos se somete a la voluntad del Infinito, pidiendo tan sólo se le indique cuál es su deber y cómo ser más útil para el mayor número.


86. — Por el contrario, el mago negro se encierra en su creencia de que sabe bien lo que necesita, cuando en realidad sólo sabe lo que desea. Trata de amoldar el Plan a sus propios deseos. Está convencido de que el Universo entero espera que él sobresalga de entre todos sus semejantes, cuando en realidad el Todo Cósmico ignora que existe aparte de su papel de mero átomo que marcha junto a miríadas de otros análogos hacia un fin señalado.


87. — Veamos ahora cómo el mago, con su conocimiento de lo invisible, opera con las fuerzas invisibles de la Naturaleza. En primer lugar, el estudiante debe grabar en su mente el hecho de que el sabio siempre trata de saber qué es lo que la Naturaleza espera de él, mientras que el arrogante siempre sabe y trata de forzarla a actuar al compás de sus propios deseos.


88. — En ninguna parte es más evidente la magia negra como en las modalidades actuales de la religión. Tanto en las antiguas como en las nuevas doctrinas, en lugar de establecer la voluntad del Logos como la ley para los hombres, se enseña al estudiante que hay que peticionar al Infinito y que Él debe obedecer. Nadie puede exigir nada justificadamente que no sea el fruto de su propio trabajo. Sin embargo, son millones los que sirviéndose de la psicología y la metafísica tratan de cosechar donde no han sembrado, creyendo que la posesión de un conocimiento les da superioridad sobre sus semejantes y derecho a esclavizar a quienes son más débiles o menos ilustrados.


89. — Consideremos ahora los cuatro cuerpos del hombre como elementos dentro del proceso mágico y establezcamos netamente la diferencia entre su recta función y la que no lo es.


90. — En primer término estudiemos todos los cuerpos como formando un conjunto. Podemos afirmar que fueron creados para ser auxiliares de su amo, el espíritu, simbolizados por Eva, creada del costado de Adán. Los atributos de estos cuerpos son numerosos, y cada uno tiene sus propios rasgos.

También puede decirse de los cuerpos del hombre lo que de los niños: permítaseles cuando jóvenes hacer sus caprichos y cuando lleguen a adultos no irán a ninguna parte. A nuestra naturaleza no puede permitírsele un crecimiento caprichoso, así como a los niños no se les permite la frecuentación promiscua en su medio ambiente si se quiere esperar algo de ellos; nuestra na turaleza debe ser entrenada y debe existir un claro discernimiento de quién es el amo y quién el servidor.


91. — Un seudo filósofo permite a su mente vagar de aquí para allá creando una multitud de abominables y absurdos entrelazamientos de vacuos pensamientos. Se enreda a sí mismo, y a los demás, en argumentaciones, disensiones e inacabables series de auto-contradicciones. Trata de resolver la situación económica, de crear nuevas religiones, sin estudiar las viejas, siendo su principal función en la vida el estar siempre destruyendo algo. Es como algunos escritores de la literatura medieval que se empeñaban en hacer ver que otros autores mentían.


92. — Su mente, que debería servir para aclarar los hechos de la vida, no hace sino complicarlos y sólo la emplea como un medio para dar satisfacción a sus sentidos y excitación a sus nervios. Su sistema emocional es un conglomerado de apetitos y caprichos. Toma la ambición por aspiración, la cobardía por prudencia, la codicia por economía y la lujuria por amor. Podemos ver así, que la conciencia, en todo este encadenamiento de cuerpos, en lugar de aclararse mediante ellos, queda cada vez más desesperadamente enredada en ellos.

Podemos decir, a modo de definición, que la magia blanca es el servicio a lo real, la consagración de la vida a la protección y desarrollo de lo real. Es el empleo de las fuerzas de la Naturaleza para el bien de todos. La magia negra es la utilización de la sabiduría y el poder que implica, para la satisfacción de la sensación, la ambición, los deseos, la codicia y de toda esa mezcla confusa de funciones que es lo que llamemos personalidad. Su resultado inevitable es el aniquilamiento de toda la estructura física y espiritual.


93. — El mago blanco procura lograr control sobre sí mismo; el mago negro trata de obtenerlo sobre los demás. El hombre posee cuatro centros de conciencia, cuatro puntos de partida concretos para consagrarse a la conquista de la realidad: su mente, su corazón, su vitalidad y su cuerpo físico. Un hombre podría ser obligado a servir a otro si éste pudiera lograr, temporaria o permanentemente, dominio sobre alguno de esos cuatro centros. El dominar el cuerpo físico de otro es convertirlo en esclavo.

El ejercer dominio sobre su cuerpo vital es robarle su vitalidad como en el vampirismo, en el que un individuo extrae la esencia vital de otro. Un ejemplo común es el que ofrecen los jóvenes que conviven con ancianos. La radiante energía de los niños es compartida por los ancianos, y como consecuencia, los niños son nerviosos y raramente fuertes. Otro ejemplo del control del sistema vital es el caso de la mediumnidad, en el que espíritus desencarnados extraen el ectoplasma del bazo del médium para conseguir materializarse, lo cual se traduce en agotamiento, tanto físico como nervioso, del médium, porque ha entregado su propia vitalidad como vehículo para el agente externo.


94. — El cuerpo astral es dominado mediante los excesos emocionales, tales como el frenesí religioso, el dolor, el temor o el odio. Cuando alguien se da cuenta de que puede influir sobre otros cuando su razonamiento está obstaculizado por un exceso emocional, y si además procura despertar esos excesos con la finalidad de dominar a otros, esa mente instigadora es un mago negro. El irradiar hacia otros amor, odio o sentimientos similares, para despertar en ellos emociones análogas con fines egoístas o personales, tambié n es magia negra.


95. — La magia negra mental es mucho más compleja, porque incluye prácticamente todo: prosperidad, metafísica, autosugestión, sugestión mental, procedimientos ocultos, influencia sobre el medio ambiente, abuso del hipnotismo mesmerismo, culto de la personalidad y otras modalidades demasiado numerosas para seguir enumerándolas.

De un modo u otro, incluyo prácticamente toda clase de deshonestidades religiosas y económicas; de hecho, abarca todos los procedimientos que una persona emplea sobre otra para engrandecimiento del más fuerte. Abarca todas las formas de lograr superioridad sobre otros, ajenas al mérito personal, pues quienes puede hacer las cosas mejor que lo s demás no necesitan de la magia negra para sobresalir Así, como perversión de esta idea, tenemos la psicología en el arte de vender, etc. Los procedimientos ejercitados actúan admirablemente bien, pero acarrean infortunio incesante a quienes han acudido a ellos.


96. — Quienes emplean esos falsos sistemas, en su mayoría tratan de justificarse a sí mismos en base a dos argumentos inconsistentes: 1) que Dios destinó al hombre para conseguir los antojos de su mezquino intelecto; 2) que el hombre sabe lo que quiere. Ambas son falsas premisas, pues el hombre no ha sido creado por Dios para que sea rico, inteligente, sano, gracioso, bien educado o para conseguir un matrimonio feliz. Tampoco significa esto que el Señor tenga objeciones para alguna o todas esas situaciones, sino que simplemente significa que si el hombre desea esas cosas, habrá de seguir ganándose el pan con el sudor de su frente, como se le ordenó a Adán, y no con el sudor de la frente de otros.


97. — El aura espiritual del hombre es su hogar, su recinto feudal, y aún cuando sea exilado de su casa, de su mundo, ése es su santuario. Nadie , ni para bien ni para mal, tiene el derecho de entrar en él que no sea por la puerta de entrada, así como nadie tiene derecho a entrar en la casa de nadie por la ventana de la cocina. La puerta de entrada del santuario es, en este caso, el mundo físico, porque en él todos tienen el privilegio de poder ver a su adversario, y en este mundo todos tienen la oportunidad de poder luchar contra aquellas cosas que no desean; en él, nuestros semejantes tienen ocasión de poder rechazar o de aceptar nuestros ofrecimientos, según sean sus deseos.

Pueden permitirnos entrar o mantenernos fuera de su santuario, según les sea conveniente, pues, al menos, hay alguna igualdad. Los hombres pueden decir “sí” o “no” según sus impulsos morales, y pueden gozar del privilegio de defender con su vida su integridad.


98. — Uno puede dirigirse a un amigo y decirle: “deseo que no sigas fumando, no debes seguir haciéndolo”, pero a lo que uno no tiene derecho, independientemente de cuán virtuosos o altruistas puedan ser nuestros deseos, es a introducirse subrepticiamente en su cerebro e implantar allí una idea que él no pueda combatir porque ignora que ha sido puesta allí. Quien así proceda, asume la responsabilidad de la vida a la que ha apartado de su curso natural.


99. — Los mismos Maestros, nuestros Hermanos Mayores, jamás penetran en el santuario del hombre a menos que sean invitados, pues ellos respetan el derecho de todo ser a vivir su propia vida. Si un ocultista se quebrase ambas piernas y pidiese de alguna manera que un experto sanador acudiese a curarle la pierna izquierda, este así lo haría y se volvería, aún sabiendo que la otra también está quebrada, y no la tocaría, porque sólo ha sido autorizado a actuar sobre una sola pierna.


100. — La sabiduría no se da al hombre hasta que no la busca empeñosamente, pues en la Naturaleza le es acordada a toda criatura la posibilidad de poder desarrollar su propio destino y ser cuidado y protegido por aquellas inteligencias allí ubicadas a tal propósito. Aquellos de entre quienes nos rodean que tratan de interferir en la vida de otros, están desdeñando la ley del desarrollo individual, siempre perjudican y nunca hacen bien.



DIAGRAMA DEMOSTRATIVO DEL ASCENSO
DE LA CONCIENCIA A TRAVES DE LOS CUERPOS INFERIORES

101. — Una vez, un anciano sabio chino expresó sus deseos de viajar hasta una lejana ciudad, y envió un mensajero para que comunicara a la buena gente que iba a darle albergue que le prepararan únicamente arroz para su comida; pero cuando llegó encontró una mesa llena de abundantes y variados platos, porque esa familia sintió que así era como debía honrar su presencia. El filósofo reprobó esto y dijo:


“Pedí arroz y me habéis servido maíz; pedí arroz y me habéis servido carne; pedí arroz y me habéis servido dulces; y en medio de todo esto no habéis servido arroz”. Observando que la familia se sintió herida por esas palabras, prosiguió:
“He vivido muchísimos años y después de haber estudiado cuidadosamente este cuerpo que Dios me ha dado, he llegado a la conclusión que puede vivir noblemente alimentado con arroz; es con sabiduría que ordené mi arroz y es con ignorancia que vosotros me habéis insultado ofreciéndome otros alimentos.


Vosotros me tenéis por un gran filósofo, sostenéis que soy más sabio que todos los demás y sin embargo no me consideráis lo suficientemente sabio como para poder disponer de mi propia comida”. Del mismo modo, cuando un hermano nuestro nos pide arroz, no tenemos derecho a ofrecerle carne por el hecho de que nosotros pensemos que eso es lo que se le debe dar. No importa que la carne sea física o espiritual y que el arroz sea real o simbólico.


102. — Ningún enfermo recuperará su salud por el mero hecho de quejarse; deberá asimilar la lección implícita en la enfermedad que él mismo se ha acarreado.
Simplemente afirmar de palabra la salud es una tontería. Lo adecuado y sabio es investigar las causas que lo afligen, contrarrestarlas y recuperar la salud. Y mejor filosofía aún es ser moderado, sabio y cuidadoso para no caer enfermo. Es magia negra —y de la peor especie— cualquier clase de interferencia en la independencia individual y mental de cualquier ser humano. Si este individuo es peligroso para la sociedad, podrá llegar a ser necesario encarcelarlo, para bien de la comunidad, pero esto en nada interferirá el funcionamiento consciente de su mente.


103. — Si un hecho demuestra a alguien el error de los medios que empleó, bien estará; pero cualquiera que sea el resultado de lo emprendido, tal individuo ha permanecido como rector de su propio destino y capitán de su alma, y por lo menos ha vivido su propia vida y elegido el modo de morir; habrá razonado bien y habrá fracasado; ha desdeñado recomendaciones y ruegos, y todos han hecho lo humanamente posible.

Que nadie irrumpa en el santuario del espíritu, ni aún en el del alma criminal, porque el espíritu es una parte de Dios, dotado con el inalienable poder de elección; y la venganza del Creador caerá sobre quien intente así penetrar furtivamente y obscurecer la chispa divina contra su propia voluntad. Muchos son los que han causado estragos en las leyes de la Naturaleza al no permitir a otros seres humanos cumplir su propio destino.


104. — Nunca podremos decir por qué las almas encarnan siguiendo un destino de pobreza o riqueza, por qué algunas crecen fuertes y sobreviven y otras sucumben; pero lo que sí podemos afirmar es que la ley de Karma rige todas esas cosas, la cual ubica a cada vida en el lugar preciso para mejor aprender la lección que la hará crecer. Algunas deben aprender en el dolor y la enfermedad; otras en la alegría y el gozo; algunas han de aprender a ser exaltadas, otras a humillarse; pero todas están aquí para salvar sus almas con el sudor de su frente, a amasar el pan de su propia existencia, aunque tengan que hacerlo con su propia sangre.


105. — ¿Quién habrá de ser tan miope como para osar decretar la salud para el enfermo o la enfermedad para el sano? ¿Quién se atrevería a establecer: éste debe ser pobre y aquél rico? ¿Conocería las razones para ello? ¿Conocería las virtudes y vicios que, desde el pasado, son las causas determinantes de su condición actual? ¿Conocería las razones de ser de las condiciones ambientes en que ahora se halla o los impulsos que lo han conducido a su estado presente? Si así no fuere, deberá guardar silencio.


106. — No queremos decir con esto que el mundo sea inmisericorde e incapaz de auxilio; lo que sí decimos es que la ayuda debe ser simplemente dada y no forzadamente impuesta a nadie. Se quiere significar que cada cual debe servir, ayudar y amar a los demás sin tratar jamás de obtener por ello ventajas de nadie ni de la Naturaleza.


107. — ¿Qué derecho tiene nadie a creer que el hombre ha venido a este mundo para ser feliz? En las “Mil y una Noches” está escrito que la “felicidad debe ganarse”.

Nacemos con ciertos derechos divinos de nacimiento: una mente, un corazón, dos manos y dos pies. Si alguno de ellos falta en el momento de nuestro advenimiento, tendremos alguna otra función proporcionalmente más desarrollada para reemplazarla. Es con esas herramientas que ha de seguirse el esfuerzo tras la felicidad, pero no tenemos ningún derecho a imaginar siquiera que ella nos haya de ser prestada o dada. Venimos aquí para adquirir experiencia, como un niño que va a la escuela; podremos tener éxito en nuestros estudios o deberemos seguir cursándolos durante toda nuestra vida.

El sabio es feliz cumpliendo su deber; cuando queremos imponer al universo que sane al enfermo o que enriquezca al pobre no sabemos lo que hacemos, porque en nuestro celo ignorante podemos causar un daño irreparable a quienes amamos, como los padres que no pueden rehusar a sus hijos las golosinas que desean; gratificando sus deseos hacemos peligrar su vida y su capacidad futura.


108. — Colaboremos para que todos se adapten a las cosas tal como ellas son, ayudándoles a construirse un más noble destino, no tratando de darles algo o forzarlos a lo desconocido, sino ayudando a desarrollar aquellas facultades que los harán merecedores de las cosas que desean y de aquella paz que todos ansían.

Cuando roguemos al Padre Infinito que nos conceda aquellos beneficios de que carecemos o que enderece los tortuosos caminos por los que andamos, agreguemos siempre a nuestra larga lista de deseos, esta afirmación: Señor, que estos deseos me sean concedidos si es que han de ser lo mejor para mí, si no, que se haga tu voluntad y no la mía”. Subordinemos siempre el logro de nuestros deseos personales, con gran deferencia, a la Voluntad Divina, que es la única que obra con perfecta exactitud. Y ello servirá de garantía a nuestra marcha, y esta humildad nos salvará del gigantesco adversario del orgullo que nos susurra al oído que somos más grandes que lo Infinito.

Como dijo Milton: seremos expulsados del cielo cada vez que tratemos de sentirnos superiores al Poder que crea todas las cosas.


109. — Todos queremos lo mejor de la vida; todos queremos estar rodeados de amigos, pero no esperemos obtener nada de eso a menos que por nuestra vida nos hayamos hecho merecedores a ser honrados, respetados y admirados. La lucha, en medio de nuestra moderna ética competitiva, es muy dura, pero ofrece un premio al vencedor por mantenerse firme en ella. El ambiente que ofrecen las actuales condiciones sociales fue creado por cualidades y temperamentos humanos, y el hombre se ubica en medio de eso para aprender a adaptarse a sus complicaciones e incertidumbres. La victoria consiste en el control que obtiene sobre sí mismo, sobre su propio punto de vista, su temperamento y sus hábitos.


110. — El hombre ha creído que la felicidad consiste en dominar a los demás. A través de edades, ha luchado ya por imitar ya por dominar a los otros, en lugar de lograr autodominio y desarrollar su individualidad, que es la que lo diferencia de los otros seres y la que le da la posibilidad de superarlos en algo. Cuando el hombre cambia su vida diaria de servicio por atajos mentales y trata de justificar sus vicios en lugar de dominarlos, es que ya está cayendo bajo el dominio de la magia negra, sutil poder que nutre lo peor de él. La gente siempre trata de esquivar las dificultades en lugar de superarlas. El resultado siempre será fatal, porque el problema evadido será constantemente un problema ingobernable.


111. — En el diagrama I vemos los cuerpos áuricos del individuo; en el centro está el cuerpo físico, el núcleo material denso; encima y en torno de éste se irradian líneas de fuerza, a las que denominamos cuerpos sutiles. Estos cuerpos sutiles requieren dominio, siendo causa constante de esclavitud, descansando la responsabilidad de los mismos sobre los hombros del que los posee. Rodeando esta silueta negra del cuerpo físico sigue la “armadura de enfermedad”, llamada aura vital, representada por un área cuadriculada debido al entrecruzamiento e interpenetración de los dos éteres superiores con los dos éteres inferiores.


Bajo condiciones normales, este cuerpo etérico o vital se irradia a través de los poros de la piel en forma análoga a un forro de fina piel que se extiende varias pulgadas hacia afuera del cuerpo físico. El ocultismo enseña que los gérmenes son más astrales y suprafísicos que físicos; mientras el aura vital irradie desde el cuerpo, protege al hombre de malas influencias y fuerzas negativas de los mundos físico y etérico.

Si decae, se debilita o su fuerza vital disminuye, esta aura vital pierde su poder y ello permite a miles de influencias externas abatir su fuerza y su valor; resultando de ello que penetran los elementos de la enfermedad y el resultado a menudo es fatal.


112. — Externamente al vital, sigue el cuerpo astral, de conformación ovoidea, cuyo centro de gravedad es el hígado y con su extremo más ancho rodeando las áreas de máxima sensación. Es de color siempre cambiante, y a través de él desfilan incesantes sombras e imágenes que expresan el conjunto de emociones y sentimientos del hombre. Es glorioso, radiante, opalino, sin aparecer dos veces seguidas igual a sí mismo. Más al exterior aún sigue el cuerpo mental, tal como aparecería en un Adepto altamente desarrollado, como un gran vehículo de forma ovoidal con su parte más ancha hacia arriba, cubriendo el área de máxima inteligencia. Es el azulado de la nebulosa obscura de que se habló en párrafo 61.


Estos cuerpos son visibles al clarividente, y también físicamente con las pantallas de Killner, como globos de luz que se interpenetran y que constituyen los cuerpos fundamentales que están más allá del movimiento de la emoción y de la realidad expresada por la envoltura física.


113. — En un punto entre las cejas, en la frente, se localiza la conciencia humana, en el lugar sagrado de Su tabernáculo, entronizada entre los globos que forman Sus cuerpos. El hombre con sus acciones, desarrolla gradualmente sus posibilidades latentes en el cuerpo físico. Mediante la preservación de su energía, desarrolla progresivamente los centros de fuerza de la conciencia vital, lo cual sólo se alcanza con un vivir inteligente, porque la vitalidad se extrae de la atmósfera, de los rayos del sol, de nuestro alimento ordinario y de otras fuentes.


Después de una gradual purificación y regeneración de sus emociones y sentimientos — control de sus cuerpos ardientes, con sus explosiones y excesos— el hombre alcanza poco a poco las alturas vibratorias del cuerpo astral y desarrolla sus posibilidades latentes, redimiendo así su alma animal. Con sus pensamientos, ideales y aspiraciones, auxiliado por las facultades gemelas de lógica y razón, el hombre conquista paulatinamente el control de aquel brillante vértice mental que habrá de ponerlo en armonía con la mente divina del Dios solar.


114. — El ocultista llega a conocer que los llamados planos de la Naturaleza son los cuerpos del Hombre Solar, y que cada uno de esos cuerpos se corresponde con cada uno de los vehículos sutiles, aunque más groseros, del hombre mismo. Esta armonización de su cuerpo mental con el plano mental de la Naturaleza lo unifica con la mente de Dios, y todos los demás cuerpos siguen análogo proceso.


115. — Cada pensamiento, cada emoción y cada acción, tiene valor, acercando día a día, la liberación individual. Toda fuerza o peculiaridad que detenga o retrase este proceso, es perjudicial para el hombre, y todo aquél que conscientemente busca su mejoramiento en detrimento de sus semejantes, no es apto para la vida, si bien éste es el aspecto saliente de la ética de nuestros tiempos.


Si el hombre aprendiese solamente a ser honesto, dándose cuenta de que el universo es honesto, y que somos recompensados de acuerdo a nuestros motivos o intenciones tanto como por nuestras acciones, libraríamos al mundo de muchas cosas indeseables.


116. — La magia negra acude a la mente masiva, a los principios de la civilización, ofrece algo por nada, y en tanto exista concupiscencia en el corazón del hombre, ello será una amenaza para la honestidad y la integridad de la raza. Si el estudiante de ocultismo solamente recordara que la honestidad es el enemigo mortal de la magia negra, y que ella no puede aterrorizar a quienes son sinceros para consigo mismos, y sinceros en el cumplimiento de las Reglas de Oro, podría proteger su propia alma y la de aquellos que ama, de sus insidiosos y antinaturales influjos.



FIN DE LA TERCERA INSTRUCCIÓN

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Magia (I parte)

Magia temario:

LOS HIJOS DE LA FALSA TINIEBLA


1.Desde hace mucho tiempo el hombre ha estado cometiendo el error de llamar MAGIA NEGRA a la perversión del poder oculto. Ésta es una aceptación inadecuada de la palabra NEGRA, porque negro no significa necesariamente perverso. El negro es el incoloro fundamento de las cosas; es la fuente de todo ser y representa el cuerpo de la Inteligencia Absoluta.

Toda conciencia y toda luz han surgido de la oscuridad del caos, y la Noche Cósmica —con su tenebroso Pralaya— es el Padre-Madre de la Creación. Las negras tinieblas encubren el trabajo del Infinito, y pese a toda luz que pueda existir en el alma humana, ésta siempre se encontrará rodeada por oscuridad, por las hirvientes sustancias del caos. Toda manifestación es una concreción de las tinieblas, y una inmensurable posibilidad.


DIAGRAMA I

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2. — Los HIJOS DEL OBSCURO ORIGEN, que elaboran en las tinieblas de esta sustancia, moldeándola en miríadas de formas invisibles e incalculables, no son perversos. Son los hijos de Saturno (Satán), el Padre Negro quien, como la negrura del caos mismo, terminará devorando a sus propias obras, y, al hacerlo, las vuelve a la vida sustrayéndolas de esa muerte que los hombres llaman creación.

Todos provenimos de ese negro abismo y no tenemos derecho a considerarlo malo; es el padre de dioses y de hombres, siempre envuelto en los inescrutables mantos de su propio misterio. El hombre debe extraer la piedra de su propia alma de esa abismal negrura —insondable cofre de los tesoros de la Naturaleza— del mismo modo que el minero arranca el diamante de entre el negro carbón que lo envuelve.


3. — Los obscuros SEÑORES DE SATURNO son los constructores de la aurora de la primera luz después de la tiniebla, y de la fricción de sus esfuerzos surgieron las primeras rutilantes chispas de embrionaria conciencia. Son los Nacidos de la Mente, y son los Brahmines de nuestra cadena de Globos, surgidos del cerebro y de la boca de Brahma. Su tronco está hecho de substancias y elementos químicos de la materia sólida.



DIAGRAMA II

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EL HOMBRE MACROCÓSMICO



Los Cuatro Nacimientos desde el Cuerpo de Brahma Son las emanaciones satánicas, los espíritus de la fría tiniebla.


4. — En el diagrama II se indican los cuatro nacimientos que han tenido lugar desde el cuerpo de Brahma (BrAUM), la Tiniebla Desconocida, la x del Ser.


5. — Hay una falsa tiniebla y una tiniebla verdadera. La verdadera tiniebla es la matriz de la luz; la falsa oscuridad es la perversión de la Luz que se irradia desde la verdadera oscuridad. La oscuridad natural es el principio básico de todas las cosas, mientras que la falsa es el resultado de la degradación del poder de los ángeles de Satán.

6. — El demonio, el arquetipo del abuso, no es un hijo de Saturno sino un hijo del hombre y de la falsa oscuridad de la Tierra. E1 hombre es la encarnación del germen de inteligencia mental, y la magia negra sólo es posible para gente inteligente.


7.El Espíritu Absoluto, despojado de todas las envolturas de los vehículos no compuestos, sin forma, es verdadera Oscuridad, el fundamento adimensional de todo cuanto es, ha sido y será, y el velo final tras del cual ha de ocultarse toda la creación.


8. — La falsa oscuridad es Cristalización Absoluta y constituye el extremo incoloro inferior del espectro, en oposición al colorido extremo superior del espectro de vibraciones. Ambos extremos, en última instancia, son absorbidos en la oscuridad: uno en la oscuridad del espíritu y el otro en la oscuridad de la materia.


9. — La vida palpita en la oscuridad y se extingue en la luz, muriendo verdaderamente viene a la vida, porque la vida, tal como la conocemos, es pura muerte.


10. — La oscuridad natural es posibilidad latente; la falsa oscuridad es oportunidad degradada.



La Filosofía de la Oportunidad


11. — Si las varias formas de la oportunidad no existiesen, no habría perversión del poder. Un antiguo proverbio dice: “La ocasión hace al ladrón”. La oportunidad es la eterna tentación, sin tentación no habría pecadores. Por eso, cuando los poderes superiores le ofrecen al hombre una oportunidad, también le están ofreciendo pecado y muerte; quien le trae luz le trae falsa oscuridad. Luz y sombra son inseparables; la sombra de la luz es la falsa oscuridad, porque la creación de la primera acarrea la segunda.

Para liberarse de la tentación el hombre deberá liberarse de la razón; para liberarse de la oscuridad deberá renunciar a la luz; tendrá que renunciar a los opuestos, pues si acepta uno, necesariamente debe aceptar el otro.


12.La Tentación es el precio que el género humano paga por la inteligencia; por eso es que la Serpiente de la Sabiduría es también la Eterna Tentadora. Cuando el hombre aprende con su creciente comprensión de los poderes de la Naturaleza y principalmente de sus propios poderes, con el aumento de su conocimiento se acrecienta su responsabilidad. Si el hombre actual conociese los poderes divinos aún dormidos en su interior, se convertiría en la criatura más peligrosa del universo, tanto para sus semejantes como para él mismo.

El alma debe crecer paralelamente al conocimiento que adquiere; de no ser así, los organismos se destruirán entre sí. La acción y la reacción han de fortalecer al carácter para que la voluntad así ganada pueda siempre someter a los deseos. En caso contrario, si el deseo impera, sea cual fuere el nivel alcanzado por el individuo en el Sendero, se convertirá en un mago negro.


13. — En su estado actual, el hombre carece de libre voluntad, y lo único que posee es cierta capacidad de elección entre los acontecimientos que se verifican dentro de un limitado campo de experiencia, y que llegan a su comprensión a través de su creciente conciencia. Estos acontecimientos se han diferenciado por sus organismos en desarrollo desde el oscuro PRIMUMHYLE o verdadera oscuridad. Cuanto más grande es su crecimiento, más vasto es el campo de sus elecciones y mayor su independencia. Porqué, * ha sido el eterno interrogante en la Naturaleza, y la letra Y es su equivalente fonético, porque ella conforma la honda que arrojó la blanca piedra contra la frente de Goliat. Aquella representa la falsa oscuridad, mientras que la piedra simboliza la verdadera iluminación.


14. — En Egipto, el punto en que convergen los dos brazos de la Y era llamado el punto de la bifurcación de los caminos. El aspirante siempre se encuentra en el lugar en que concurren los tres brazos de la Y, llevando en sus manos las escalas del discernimiento. En tanto valore con equidad, con los ojos vendados como la justicia, sus juicios serán justos; pero desgraciado de aquél que se quita la venda porque los dos ojos al descubierto darán origen al bien y al mal.


15. — El diagrama III muestra la Y de la elección pasando a través de las cuatro creaciones de Brahma. La línea que atraviesa los círculos indica el sendero de la evolución a través de aquellos reinos de la naturaleza en los que no hay uso de razón consciente y, por lo tanto, en los que no se contrarían las leyes de Dios. El pequeño círculo al cual concurren las tres líneas señala la situación actual del ego del hombre que mora en la mente de Brahma.

A partir de él se bifurca el sendero y el hombre habrá de elegir su camino, en lugar de seguir dependiendo de la naturaleza. Ha alcanzado, en espíritu y en verdad, el punto en que los platillos de Libra fueron insertados en la escisión que dividió en dos al signo Escorpio-Virgo, y con lo cual quedó dividido el sendero de desarrollo.

“Why” en inglés. La explicación que sigue se basa en la consonante y final de dicho vocablo sajón. (N. del T.)/



DIAGRAMA III

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EL SENDERO DEL DESARROLLO HUMANO Y LA SEPARACION DE LOS CAMINOS


16. — Durante la primera mitad de este cuarto Globo, los Grandes Seres se acercaron al hombre para fortalecerlo a causa de su elección y darle las enseñanzas básicas mediante las cuales aprendería a redimir su alma. En la actualidad consideramos a esos semidioses como seres mitológicos, pero fueron en realidad quienes colaboraron en la creación del género humano, sembrando en los hombres la simiente del discernimiento que es, en definitiva, el redentor de la razón humana.

17. — Aquellos que siguieron el sendero de la derecha entraron en alguno de los siete rayos que conducen a la inmortalidad, mientras que aquellos que eligieron el de la izquierda ingresaron en el rayo que lleva a la cristalización final. Ambos desembocan en la oscuridad. Uno en la oscuridad inmortal de la unión divina; el otro en la mortal oscuridad de la aniquilación divina. El diagrama IV podrá, tal vez, hacer más claro este punto:


DIAGRAMA IV

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EL PODER DE ELECCION

El mayor don de Dios al Hombre y causa de todo sufrimiento: La esperanza de Inmortalidad.

El Fruto de la Magia Negra: El Sendero de la Izquierda


Aquellos que adoptaron este camino (N° 1) han aceptado el que sus espíritus inmortales deban estar sometidos a sus cuerpos inferiores, incrustándose en una materialidad cada vez más densa y enredando más y más su conciencia en la materia. Si se persiste en esa práctica, el espíritu no podrá desembarazarse de la materia de los mundos inferiores, en los que habrán de permanecer atados hasta la disolución del universo cuando la noche de Brahma sobrevenga, cuando la chispa divina sea arrojada a las tinieblas del infinito a través de los anillos de Saturno.

Siguiendo este sendero el ego llega a las tinieblas, pero ellas serán las tinieblas de la tumba y de la inconsciencia, alcanzadas después de un trayecto de perversión y negación. Su recompensa es la muerte negra, la pérdida del alma.


Tales egos vagan en lo ignoto sin esperanza, razón ni comprensión, mientras los engranajes del Caos van disolviendo los cuerpos de que no supieron hacer uso adecuado.



El Fruto de la Magia Blanca: El Sendero de la Derecha


Hollando este sendero (N° 3) el espíritu se identifica con aquellos que aspiran a liberar la divina esencia de sus cuerpos y convertir a éstos en servidores en lugar de amos. La conciencia se desembaraza de la materia con movimiento espiral, actuando en medios cada vez más sutiles, hasta lograr librarse totalmente de la forma y alcanzar conscientemente la resurrección. Adquiere así el poder de modelar la materia en cualesquiera formas que sean necesarias para su trabajo.


Atraviesa el mundo del espíritu y penetra en lo que el hombre sólo puede conocer como tinieblas. La luz es una emanación-forma, y cuando penetramos en la divina Presencia, penetramos en la Omnipotente Tiniebla. Es la divina Sombra, sobre la cual tenemos perfecto dominio y que contiene en sí misma todas las cosas en latente potencialidad. Nos hermanamos con la obscura causa, la matriz de la luz, y nos convertimos en arquitectos del esquema cósmico.



El Sendero N° 2

Representa la Línea No-Se-Pasa, el inexistente ecuador espiritual que separa los polos, la divisoria, de los senderos blanco y negro, análogo a la mística línea que separa el día de la noche. En este sendero, el espíritu desconoce la oportunidad, desecha la razón y de esta manera cae bajo la ley y el misterio de:


La Mecánica de la Oportunidad

18. — A toda acción sobreviene de inmediato la actuación de la ley de reacción, a la que los antiguos sabios llamaron ley de karma, que es el factor que emplea la Naturaleza para la creación del alma. Desechar o desconocer la oportunidad, caer bajo la ley de indiferencia o inercia, acarrea hambre al alma. Quienes han ignorado la experiencia son los llamados “criaturas sin alma” y ocupan el mismo rango de aquellos reinos que, como el de los ángeles, carecen de inteligencia individual.


La ley de reacción de inmediato va incorporando en los organismos los resultados de los esfuerzos realizados, transmutando poco a poco toda la cadena de vehículos en bien fundados símbolos o imágenes del Sendero elegido por la conciencia. Como polos opuestos creciendo dentro del ser, así los átomos de opuestas sustancias van acumulándose progresiva o forzadamente, o bien disipados, por falta de cohesión. La lucha de estas opuestas cualidades en los múltiples organismos vivos constituye el principal fundamento de la gran batalla hindú de Kurukshetra o del Armagedón de la teología cristiana.

Mediante este proceso sutil, el estudiante que sigue el sendero blanco poco a poco hace morir de inanición o transmuta la fuerza del rayo negro en sí mismo, es decir, que es capaz de mantenerse firme en el conflicto que primeramente habrá de tener lugar en el interior de sus propios vehículos. Por el contrario, el estudiante que sigue el sendero negro, elimina o destruye poco a poco sus más finos principios internos hasta convertirse en un verdadero demonio encarnado, y una vez destruida su conciencia, hará el mal por el placer de hacerlo.



Definiciones de la Magia

Magia es el arte de operar con las fuerzas invisibles de la Naturaleza.
Mago es aquél capaz de prestidigitar los cuatro elementos de los cuerpos.
Mago es aquél capaz de moldear conscientemente las substancias de tres y medio mundos de sustancia material.

19. — Mago blanco es aquél que labora a fin de ganarse la confianza, ante los poderes que son, y probar, con la pureza de su vida y la sinceridad de sus motivos, que se le puede confiar el gran arcano (la vara del Mago).
Mago negro es aquél que busca obtener dominio sobre los poderes espirituales más por la fuerza que por merecimientos. En otras palabras: es aquél que trata de tomar por asalto los portales del cielo, que anda tras el poder espiritual y el dominio oculto con intenciones inconfesadas.

La divisa del mago negro es: “el poder es el derecho” (supervivencia del más apto).
La divisa del mago blanco es: “el derecho es el poder” (supervivencia de todos).


Magia gris es la perversión inconsciente o subconsciente del poder.
Magia amarilla es el fracaso en el aprendizaje de cómo prevenir la perversión del poder.
Magia negra es el uso de los poderes espirituales para satisfacer inclinaciones animales o egoístas.
Magia blanca es el uso correcto, objetivo y consciente de los poderes espirituales.

20. — Todos los hombres pertenecen a alguna de estas cuatro clases de magia, y es importante que cada cual se analice a sí mismo y trate de ver en cual de ellas está. Nada hay en el universo más sutil que las fuerzas de la falsa oscuridad.


Constantemente debemos examinar y vigilar nuestra vida diaria, porque nunca nadie está en lugar seguro. Cuanto mayor sean el poder y la luz de que se dispone, mayores serán las tentaciones para abusar de ellos o de emplearlos con fines egoístas. También ha de saberse que cuanto mayor sea el conocimiento, tanto más grande es el castigo por abusar de él. El pecado que es perdonable en el niño es imperdonable en el hombre.


Motivos


21. — La finalidad que se proponga es la clave para el problema de la magia. Aun el más grande de los magos blancos podría transformarse en un degenerado si sus motivos, por un solo instante, fuesen indignos. El mago blanco está al servicio de la humanidad; el mago negro sólo aspira a servirse a sí mismo.

22. — La magia negra del pasado —la oscuridad que fue la causa de la inmersión de la Atlántida, cuando el hombre esclavizó a los demonios de los elementos y los obligó a cumplir sus mandatos— todavía perdura. La magia negra de la Edad Media, con sus hechicerías y orgías no ha muerto; tan sólo su forma ha variado, como cambian otras formas en la Naturaleza.

Ha encarnado en nuestra época con toda su furia y todo su poder, y está carcomiendo, como ayer, el corazón mismo de nuestra civilización, y si continúa así terminará por derrumbar y aniquilar nuestra raza. Bajo una apariencia externa de justicia se disfraza de enviado del Altísimo, y tras el manto de palabras promisorias acecha constantemente la amenaza del demonio cabrío de Mendes. En sus falsas sombras ocúltanse las furias del infierno y los vampiros del plano astral.

23. — Como el mago negro no tiene medios legítimos para mantener su poderío, no habiendo pasado por la escuela del perfeccionamiento, vaga errante por la tierra como los primitivos hombres lobos, vampirizando a la humanidad a fin de conseguir la vitalidad que necesitan para seguir actuando.

24. — Todos cuantos no se han afirmado conscientemente en el sendero de la derecha son víctimas posibles de esos monstruos de iniquidad; todos cuantos no estén conscientemente en el sendero blanco y firmemente establecidos en el camino de la verdad y de la sinceridad están permanentemente bajo las amenazas de esas arpías que se mantienen al margen del curso de la evolución como espectadores desalmados.

Tienen el poder de invocar a los demonios que les sirven de instrumento, en tanto que la imparcial ley natural es constantemente violada a fin de poder ellos perpetuarse.

En sus manos, el poder de la luz se convierte en cetro de muerte, pues muchos que esgrimen poderes espirituales tienen yerto el corazón. Sus mentes son muladares de iniquidad y sus almas hace tiempo que se han extraviado. Están condenados hasta la próxima oleada de vida, pues en ésta han anulado dentro de ellos mismos todo germen de bien. Sin embargo, luchan desesperadamente, apegándose a la vida a todo precio, al darse perfecta cuenta de que la eternidad nada les reserva.


Que la Gracia de Dios quede con ellos!



DIAGRAMA V

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Espíritu en materia invertida y materia en espíritu invertido.
La bestia es Dios profanado.




Fin de la primera instrucción