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Espacio y Tiempo Sagrado

Una breve visión general del Espacio y Tiempo Sagrado.



Fred Alan Wolf es físico, escritor y conferencista que obtuvo su Doctorado en física teórica en UCLA, en 1963. Continúa escribiendo, diserta a lo largo del mundo, e investiga sobre la relación de la física quántica y la conciencia. Es autor de Taking the Quantum Leap que ganó el “National Book Award” y la participación en la película What the Bleep Do We Know? (A veces traducida como “¿De dónde venimos?”).

El presente artículo, es un extracto de su libro: The Yoga of Time Travel, Quest Books, 2004 (publicado en español como El Yoga del Viaje en el Tiempo, Ediciones Vesica Piscis, 2007).



“La percepción de la duración misma presupone una duración de la percepción”

{Edmund Husserl}



ealizar el “verdadero Yo” es una tarea que puede no ser fácil por varios razones. ¿Por qué debería ser tan difícil?

Una de las causas es que vivimos “dentro” del espacio y el tiempo.

Esta respuesta es fácil de articular pero difícil de apreciar en su totalidad. El problema tiene que ver con la realidad de que, mientras que el tiempo y el espacio parecen estar “allí afuera” como hechos objetivos, también resulta que están profundamente arraigados en el “aquí adentro” del mundo mental.


Podemos pensar en el mundo de “allí afuera” como ordinario o profano, y en el mundo de “aquí adentro”— aunque a menudo involucrado principalmente con eventos objetivos—como una corriente sagrada de tiempo situada en su corazón mismo. A veces, esta corriente sagrada no corre a la misma “velocidad” del tictac del reloj colgado en la pared.

El profesor de la Universidad de Texas, E. C. G. Sudarshan, relata la siguiente historia mitológica del Vishnu Purana que ilustra tal conexión:

En el Vishnu Purana hay una historia mitológica en la que el sabio Narada le pide al Señor Vishnu que le explique por qué las personas se engañan en vivir en el tiempo profano, cuando desde el comienzo podrían funcionar en el tiempo sagrado. El Señor Vishnu ofrece responderle, pero le solicita a Narada que mientras tanto le busque una taza con agua. Narada va a la casa más cercana y llama a la puerta para pedir el agua. Una hermosa y atractiva joven abre la puerta.

Narada queda completamente cautivado por sus encantos, olvida que le tenía que llevar una taza con agua al Señor, olvida que él es era un célibe declarado; la corteja y gana su mano. Luego de casados viven juntos en una casa y a su debido tiempo tienen dos hermosos niños en años sucesivos. De repente, mientras vivían felices, una súbita inundación sumerge su vecindario e incluso su casa.

Tenían que intentar escapar porque las aguas ascendían y la corriente se tornaba más fuerte. Su caudal se vuelve tan fuerte que primero un niño, luego el otro, y por último su esposa, son arrastrados por las enfurecidas aguas. El propio Narada apenas puede mantenerse aferrado precariamente a un árbol, y se siente terriblemente conmocionado por la tragedia que le ha ocurrido.

Mientras esperaba en tal condición, oye la llamada del Señor Vishnu, que le pregunta “¿dónde está la taza con agua?”, porque todavía estaba sediento. De repente, Narada se da cuenta que estuvo todo el tiempo parado en tierra firme ¡y que sólo unos momentos habían pasado!

La mayoría de nosotros ha experimentado alguna vez esa sensación particular de que el tiempo ha pasado demasiado rápido; o quizás, demasiado lento. Sé que cuando me siento a escribir un libro como éste lucho durante varios minutos al comienzo, pero una vez que encuentro el ritmo y las palabras empiezan a fluir, pierdo todo sentido del tiempo. Tal vez horas han pasado y no tengo la sensación de que lo hayan hecho en absoluto.


Por otro lado, el tiempo parece ir mucho más despacio si estoy en una situación molesta, o cuando visito al dentista y experimento su fresa. Los científicos—particularmente los psicólogos— llaman a esta experiencia relativa de tiempo “tiempo subjetivo”.


El tiempo objetivo, en contraste, es esa “cosa” que creemos puede ser mensurable por los relojes, y en términos de ritmos o frecuencias. De hecho, todos los relojes funcionan comparando ritmos; ellos presentan un tiempo objetivo simplemente contando repeticiones. Ahora, puede que esto no parezca una comparación de ritmos, pero ciertamente lo es.


Por ejemplo, si se escoge contar el número de balanceos de un péndulo—como hizo Galileo mucho tiempo atrás, una mañana de servicio dominical cuando miraba un candelabro oscilante—en realidad se está comparando el número de oscilaciones que se ven con el propio ritmo subjetivo interno (por ejemplo, el ritmo del corazón, el del pestañeo, o incluso el ritmo en que las palabras llegan a la mente).


Piénselo: ¿Cómo sabemos que un péndulo es un “buen” reloj, uno que mantiene la hora “correcta”, si no por comparación? (Note cómo aquí entran sutilmente en escena las valorizaciones de “bueno” y “verdadero”). Ciertamente comparamos un reloj cuestionable con otro que confiamos da la hora correcta. Sin embargo, aún cuando podemos verificar nuestro reloj contra otro confiable; quizás notamos más frecuentemente que nuestros relojes mecánicos funcionan incorrectamente a través de una comparación con nuestro sentido interno del tiempo.


La mente humana es capaz de percibir las diferencias entre una vasta serie de ritmos— desde las increíblemente rápidas vibraciones del cristal de cuarzo de un reloj de pulsera hasta el viaje anual de la Tierra alrededor del sol—y, basada en esas diferencias, construye un “paisaje temporal” objetivo, una vista panorámica o extensión de tiempo que todos vemos y con la que estamos de acuerdo. El hacer estas comparaciones requiere un sentido interno y subjetivo del tiempo.


Sin embargo, como vimos cuando examinamos las cinco fluctuaciones de la mente en el capítulo 1, este sentido del tiempo puede ser una ilusión que nos lleve a pensar que algo que ha pasado está pasando ahora, o pasará de nuevo. Tal conexión interna, y quizás ilusoria, dada a notros por el gran Dios del Tiempo, se convierte en la primera traba que nos ata al tiempo y al espacio, y nos somete a la temporalidad.


Sin tal conexión, las vibraciones de la música y del sonido no podrían jugar sobre nosotros su vital papel de encantamiento; como tampoco el Sol elevándose en el horizonte, el movimiento de las mareas y las cambiantes estaciones.

Sin embargo, a pesar del hecho de que estos ritmos naturales son cíclicos, en Occidente los hemos interpretado como significando algo diferente. Hemos aprendido a trazarlos linealmente, implicando que, si bien se repiten, nunca se repiten de la misma manera.


¿Qué es lo que está cambiando? Este sentido de que algo cambia nos da una experiencia que llamamos “el paso de tiempo”, y hemos aprendido a ver tal experiencia en términos de una línea recta.


Una Línea de Tiempo


a noción de tiempo lineal es una construcción objetiva de la mente humana, una que está particularmente arraigada en la actitud occidental frente a la vida. Nosotros, en Occidente, le damos más crédito al tiempo objetivo o mecánico del reloj que a nuestro sentido interno y subjetivo del tiempo.

En última instancia reducimos todo sentido subjetivo del tiempo a la más mera continuidad de la conformidad objetiva. Sin embargo, nuestro sentido interno y subjetivo del tiempo es tan real como cualquiera de los otros sentidos.


Pensamos que como no podemos medirlo no puede ser real. Pero ¿qué podría ser más verdadero para nosotros que el sentido interno del tiempo a través del cual experimentamos variaciones rítmicas como la música e incluso el paso de nuestros propios pensamientos y sentimientos?

Podemos no ser capaces de compararlo con el sentido temporal de otra persona, pero esto no debería hacerlo menos real.

Hemos abandonado nuestro sentido interno del tiempo, no debido a las enseñanzas del Gita, sino para reemplazarlo con el sentido externo normalmente aceptado que llamamos el tiempo de reloj. Sin embargo, el tiempo de reloj lineal no existe realmente “allí afuera” más de lo que lo hace el tiempo subjetivo. Aquel es también abstracto e imaginario. Pero basados en esa imaginada línea objetiva del tiempo, generamos un enorme flujo de innovación creativa y tecnológica.


Por ejemplo, construimos las nociones de la semana laboral de cuarentas horas, el horario de oficina de nueve a cinco, el yugo de trabajo diario, la dos o tres semanas de vacaciones, la igualdad de oportunidades de empleo, la igualdad de carga horaria para todos los empleados, las horas extra, el haraganear, y así sucesivamente. En cuanto a las invenciones tecnológicas, casi todas ellas implican esencialmente el tiempo lineal.


Porque ¿qué son esas invenciones sino dispositivos para ahorrar tiempo de modo de aumentar nuestro rendimiento horario, diario y anual; o para ayudarnos a pasar el tiempo que hemos ahorrado?


Caminamos en una cuerda floja temporal que se extiende desde el momento de nuestro nacimiento hasta que exhalamos el último aliento. Esta noción lineal de tiempo parece tener sentido para nosotros, y ciertamente parece igualitaria y “real”; no obstante, en última instancia, emerge de una percepción subjetiva.

Dentro de nuestras mentes yace un sentido del tiempo que nos dice, incluso sin un reloj en nuestras muñecas, qué requiere más o menos tiempo.


Ajustamos ese sentido de tiempo a medida que realizamos cualquier clase de tareas diarias, desde hacer la cola de la caja de una tienda de comestibles, hasta cepillarnos los dientes antes de ir a dormir. Los relojes y los calendarios ciertamente fueron inventados para representar exteriormente este sentido interno del tiempo, permitiéndonos hacer comparaciones.


Porque sin comparar el tiempo del reloj con nuestro sentido interno y subjetivo del tiempo, no tendríamos ninguna medida de la diferencia entre nuestros sueños y fantasías, y la realidad que creemos vivir en el presente.

Sin ese sentido temporal interno no seríamos capaces de medir la longitud del dedo pulgar o la altura de un árbol, ni—para poner un ejemplo más sofisticado—la elevación de un rascacielos, la altitud de vuelo de un avión de pasajeros a reacción, o la distancia al Sol, a otras estrellas y galaxias.


Nuestro sentido temporal interno nos permite comprender y medir el espacio, simplemente porque el hacerlo toma tiempo y repeticiones. Puede no parecer que se está repitiendo algo cuando se utilizan los ojos para medir la longitud del dedo pulgar con una cinta métrica, pero la luz que llega a los ojos consiste en muchas frecuencias, y esas rápidas repeticiones proporcionan, a su vez, el sentido de la vista.

Muchas otras sociedades occidentales han desarrollado también la idea del tiempo lineal; de hecho, de una manera u otra, a veces con cierta dificultad, todas las civilizaciones han adoptado o se han formado un concepto lineal del tiempo; uno que moldeó sus actitudes y les permitió tener una perspectiva histórica y anticiparse al futuro.

El profesor Sudarshan nos recuerda que las dos grandes civilizaciones de Asia—la china y la india—han tratado al tiempo de manera distinta al modo en que lo hace la civilización occidental. Los chinos mantuvieron una cronología meticulosa, pero valoraron el tiempo ancestral más que el presente.


Los antepasados inmediatos eran tenidos en la más alta estima, y el deber del individuo era trabajar duro para el bien de la sociedad. En tanto las personas trabajaran duro y mantuvieran en mente a los antepasados, la sociedad progresaría y la vida sería mejor para todos.

La sociedad india, por otra parte, “parece tener la noción de que el tiempo experimentado depende del estado de conciencia del individuo, y por lo tanto el tiempo funciona en una variedad de formas subjetivas.


Así, la cronología en la India no es de confianza en ningún sentido objetivo lineal, y la mayoría de los eventos se produjeron simplemente ‘hace mucho tiempo’.” Es decir, la mente india no ve al tiempo como un simple andamiaje imaginario; algo “allí afuera” proyectado por la mente como un esqueleto o armazón sobre el cual los asuntos reales del mundo son medidos y comparados. Por el contrario, el tiempo existe en forma integral e inseparable del espacio y la materia y, como resultado, puede cambiar de una manera no lineal.


Los Ciclos y la Era del Ensueño


os chinos y los indios no son los únicos que miran el tiempo de manera diferente a como lo hacen los occidentales. En un capítulo de mi libro The Dreaming Universe, escribo sobre las costumbres de los aborígenes australianos.

En su libro White Man Got No Dreaming, W. H. Stanner hace mención a la Era del Ensueño (Dreamtime), o Alcheringa de la tribu Arunta o Aranda, introducido en occidente por primera vez por dos ingleses: el antropólogo Baldwin Spencer y el investigador Frank Gillen Stanner, prefiere llamarlo “El Soñar” o simplemente “Ensueño” (Dreaming).


“Era del Ensueño” es un término curioso. Sorprendentemente, no es originario de los aborígenes australianos; más bien, fue acuñado por Gillen, en 1896, tras su esfuerzo por entender el concepto aborigen del tiempo, y fue usado por Gillen y Spencer en su ahora clásico trabajo de 1899. Aunque los aborígenes no piensan en el Alcheringa tanto como la Era del Ensueño sino más bien como la ley o la comprensión sagrada de la vida, el tiempo de todos modos está involucrado.


La Era del Ensueño se refiere principalmente a un tiempo de héroes que vivieron antes de que la naturaleza y los humanos vinieran a la existencia como son ahora. Fue hace mucho tiempo, como en: “Érase una vez…”. Es decir, ni tiempo ni historia están realmente implícitos en el significado de “El Ensueño”.

El tiempo como un concepto abstracto, objetivo, no existe en los idiomas aborígenes. “El Ensueño” tampoco puede entenderse en términos de historia. Se refiere a un estado complejo que elude la descripción occidental del tiempo lineal y las formas de pensar lógicas de los occidentales.


Según el especialista australiano W. Love, cuando los primeros aborígenes australianos llegaron a Australia, hace entre 40.000 y 120.000 años, se enfrentaron a una flora y fauna muy diferente a la que habían conocido en su propia tierra. Esta macrofauna, como la llama Love, se transformó en los animales de la Era del Ensueño de los mitos y leyendas; y sus historias se convirtieron en modelos para la conducta humana, que se conservaron en patrones ceremoniales.


Como explica Stanner, un aborigen puede considerar su tótem, o el lugar de donde vino su espíritu, como su Ensueño. También puede considerar la ley tribal como su Ensueño.

Según otro experto, Ebenezer A. Adejumo, la Era del Ensueño no era sólo una fantasía de los aborígenes. Por el contrario, tiene tanto significado para ellos como el que ponen hoy los psicólogos y psiquiatras en nuestros sueños.

Los mitos de la Era del Ensueño contienen registros asociados con ciertos sitios geográficos, preocupaciones sociológicas, y experiencias personales. Dado que los aborígenes recrean las historias de la Era del Ensueño a través del ritual, podemos deducir que todo el pasado, presente y futuro coexisten en la Era del Ensueño como mundos paralelos de experiencia. Juntos, estos reinos constituyen una realidad en la que nuestro sentido del tiempo presente es meramente una pequeña parte.

La Era del Ensueño es eterna y atemporal, y también lo son los espíritus de las personas e están conectados con ésta: han existido en el pasado, existirán en el futuro en los corazones y mentes de los niños por nacer, y existen ahora en los corazones y mentes de las personas de su tierra. Los aborígenes se ven de esta manera a sí mismos tanto como a todos los seres humanos. No hay división entre tiempo y eternidad; todo tiempo es esencialmente tiempo presente.


Para mantener viva esta conciencia deben entonarse canciones, realizarse danzas, y estos actos creativos se convierten en la repetida reencarnación del espíritu recreado por formas humanas a través de incontables repeticiones. Manteniendo presentes las historias y leyendas el espíritu mantiene, en un sentido real, la memoria de sí mismo; de su sendero y patrón a lo largo del tiempo histórico.


Esta recreación sirve como una solución a la alienación de los humanos con su propio planeta. Todos dependemos completamente de la Tierra para sobrevivir. La cultura aborigen no ve a la naturaleza de forma separada, como lo hace nuestro mundo científico occidental, ajustándose luego a la vida en la Tierra a través de la ciencia aplicada. Por el contrario, aquélla se ve a sí misma como parte de la naturaleza.


Los aborígenes australianos hoy en día están bien versados acerca del tiempo lineal. Sin embargo todavía se refieren al tiempo en su propia manera original. Por lo tanto, sus construcciones gramaticales en inglés pueden parecer extrañas a los oídos occidentales, pero les aseguro que su uso del inglés es correcto en términos de su propio sentido del tiempo. Como en un poema que un viejo “tipo” negro le recitó una vez a Stanner:

El hombre blanco no tiene ensueños. Él va “hacia otra parte” El hombre blanco, va diferente. Todo camino pertenece a él.

El tiempo para el aborigen es muy concreto. Se fundamenta en la observancia de los ritmos naturales, como las estaciones, los ciclos lunares y solares.


Así el tiempo está señalado, no por los puntos en una línea que se estira desde menos infinito a más infinito, como en la cosmovisión Newtoniana, sino en un círculo: el tiempo es contado por repeticiones cíclicas. La regulación del tiempo de los eventos diarios es indicada por la posición del Sol. Los nativos de Australia central miden su tiempo en “dormidas”.

Ellos dicen que regresarán a un lugar luego de tantas dormidas o noches. Las duraciones de tiempo son determinadas por procesos cotidianos. Por ejemplo, una hora puede indicarse por el tiempo que toma cocinar un ñame. Un momento podría ser el pestañear del ojo de un cangrejo.


Tiempos más largos pueden estar señalados por la duración de un viaje en particular. Así, los registros de tiempo no están definidos. Lo que importa, es el tiempo concreto del “ahora”.

Cuando el tiempo se ve como circular y sagrado, parece tener una cualidad imaginaria.


Esta cualidad imaginaria no es única en los aborígenes. Creo que todos los humanos perciben la cualidad imaginaria del tiempo. Pero en occidente tendemos a despreciar esta percepción subjetiva del tiempo en nuestro compromiso con una visión lineal de eventos.

Me gusta pensar en la cualidad imaginaria del tiempo como un gran aro que rueda a lo largo de la línea recta imaginada para nuestro tiempo lineal.



Los méritos del video original “Descifrando el Tiempo”, se deben a ianuaStella.