Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

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I Ai Do (I)

I tiene el sentido de ser. AI el de unidad. IAI es la realidad y el medio de alcanzarla.

El DO japonés es lo que conduce al hombre a esta realidad. En cierto sentido, el IAIDO es SHIN JUTSU, el arte de controlar la mente.


ue en China donde el arte del sable, apoyándose en la filosofía, toma una dimensión excepcional. Durante el período Heian (794-1191), la filosofía china fue introducida en Japón y la práctica de las artes marciales fue momentáneamente relegada, a excepción del arte del sable, que representaba un medio único de supervivencia en estos tiempos tumultuosos.

A finales del siglo XII se constituye una nueva clase de tendencia aristocrática, la de los samurais, que jugó un papel importante a lo largo de la historia nipona tanto en la vida social como en la política. El samurai seguía un código de vida ideal llamado BUSHIDO o camino del guerrero, que daba amplia acogida a las actividades artísticas (pintura, poesía), a la filosofía y a la práctica de las armas.

Durante los períodos Kamakura y Muromachi (1.190-1.570), el sable tomó un auge excepcional y fue venerado como símbolo de la virilidad, de la pureza y del valor de los samurais. Siendo indispensable para defender la vida, llegó a representar el alma del guerrero. Además, el sable fue incorporado a los ritos religiosos del Shinto y adquirió un lugar de honor en la vida del Estado. Pero habrá que esperar al período Muramachi (1.337-1.570) para que el sable, llamado katana en japonés se convierta en un arte de vivir y en un medio de elevación espiritual.

La vida de los jóvenes guerreros nacidos en familias de rango imperial estaba marcada por dos acontecimientos importantes:

“El primero era la ceremonia de iniciación durante la cual se le daba un primer sable, el mamori-katana que el pequeño llevaba hasta la edad de cinco años. La segunda ceremonia era el Genbuku que marcaba el comienzo de su vida adulta. Recibía entonces un sable verdadero y una armadura, después se le peinaba como a un adulto. Desde entonces debería especializarse en las funciones reservadas a su rango, pero sin dejar de lado jamás la práctica del sable definida por el código militar como “el alma del samurai”.


El sable es mencionado en los archivos del Japón en conjunción a la historia de los dioses, y esto mucho antes del advenimiento de Jimmu Tenno, el primer emperador nipón.

La religión shintoista remonta el origen del sable al dios Izagami. Esta tradición cuenta que Izagami no Mikoto “sacando la espada (de empuñadura larga) de diez puños (de largo) que tenía augustamente ceñida, cortó el cuello de su hijo Kagutsuchi.”

El sable de los orígenes tenía diferentes apelativos como “espada violenta que mata la serpiente gigante” o “celeste cortador de gigantes” y es fácil descubrir en estos mitos la génesis misma del mundo, similar, con pocas diferencias, a la de otras religiones. Recordemos los mitos vinculados al sable en nuestras propias tradiciones occidentales, el de Excalibur, la espada del rey Arturo, o de Durandal, la de Roldán, y muchas más todavía…


A causa de la veneración que se tenía al sable (katana), el oficio de fabricante de sables se convirtió en una profesión religiosa que incorporó un gran número de dones filosóficos y sobre todo esotéricos. Cada escuela de forjadores poseía sus propias técnicas, descubiertas después de exhaustivas experimentaciones.

El descubrimiento de ciertas aleaciones, alcanzados a veces por inspiración, dio lugar a una verdadera alquimia, sobre todo por su estrecha relación con el chamanismo Shinto y con el budismo esotérico cuyos conocimientos tocaban la esencia misma de la materia y el control por el poder del espíritu.

Esta vinculación a las doctrinas místicas se nota por ejemplo en las hojas de sable donde a veces se gravaban signos esotéricos del Ju-ji (diez letras sagradas), como se puede ver en una de las hojas de Hiroyoshi de Yamashiro (Kyoto), célebre familia de forjadores de sables.

Tal como los alquimistas de la Edad Media, el forjador, además del trabajo en el horno, se entregaba a una intensa preparación espiritual que consistía en rezos y abluciones de agua fría. La pureza mental y física era de primera importancia, pues se suponía que la hoja tomaba las cualidades y los defectos de la personalidad del forjador.

Citemos, a modo de ejemplo, los sables del gran maestro Masamune (1.330) que tenían, además de su excelente calidad, el poder de dar a sus propietarios suerte en el combate así como pensamientos puros y elevados; por el contrario, Senzo Muramasa (1.550), hombre respetable pero violento, construyó sables por los que fueron heridos dos emperadores. Estas hojas fueron entonces buscadas y destruidas.

La leyenda ha hecho su efecto, hasta hoy ha quedado la imagen de Muramasa como un forjador maldito que vive en alguna ermita de montaña.

Verdaderamente muchos forjadores fueron alquimistas religiosos, y algunos de entre los más grandes acabaron sus vidas como monjes en monasterios.


Buen número de forjadores tuvieron revelaciones sobre la manera de fundir los metales, por efecto de la oración y la meditación. Lo mismo ocurrió con ciertos maestros de sable que descubrieron eficaces técnicas por el mismo método. Y fue así como el secreto se mantuvo y pocas cosas se saben acerca de la fabricación del katana.

Sin entrar en detalles, primero hay que extraer de la tierra el mineral de hierro magnético y de arena ferruginosa, y es aquí donde interviene el conocimiento alquímico que permite obtener hojas dotadas de cualidades excepcionales. La construcción de ciertas hojas se realizaba en la montaña.

En efecto, las cumbres estaban consideradas en los ritos Shinto como la morada de los grandes kami que propiamente inspiraban al forjador. Estas diferentes etapas, resultado de una ciencia misteriosa para el no-iniciado, dan a las hojas de katana un poder, una resistencia y una belleza que nunca fueron igualadas por ninguna otra nación del mundo.

Algunos filos podían incluso, en manos de expertos, cortar limpiamente el cañón de un fusil o abrir en dos el casco de un samurai.

“Desde los ardientes talleres de fragua hasta las feroces escuelas de lucha, se desvela el misterioso proceso detrás de la creación de la espada que muchos especialistas consideran la más eficaz del mundo.

Generaciones de herreros y guerreros han trabajado durante siglos para perfeccionar este proceso de arte y química, prueba y honor, disciplina y devoción, todos encarnados en la afiladísima hoja de la katana.”

 Video from:  National Geographic Channel.

El entrenamiento con katana en el seno del clan era muy peligroso y, con el fin de evitar todo riesgo inútil, se utilizaba un sable de madera (Bokkuto), lo que permitió una considerable evolución de la estrategia del sable, a tal punto que, en manos de un experto, el Bokkuto era tan peligroso como el katana.

Fue así como, desde el siglo IX hasta el fin de la dictadura Tokugawa, se pueden contar más de doscientas escuelas de ken-jutsu (ken = sable). Esta disciplina fue la más popular en esta época.

Fue el resultado de antiguas técnicas que habían sido codificadas por Chosai y Jion en 1.350.


En el campo de batalla, el samurai sacaba su espada y se precipitaba al combate. Por el contrario, el la vida cotidiana, eran frecuentes los ataques por sorpresa. Fue así como el arte de desenvainar se convirtió en una parte importante de la técnica del katana. Este método fue innovado por Shigenobu Heyashikai.

Se trataba de presentir el ataque antes de que fuera ejecutado (genshin), y este motivo es el que finalmente transformará el iai jutsu en iaido. El primero promovía una eficacia guerrera, el segundo buscaba una eficacia de paz.

La palabra IAI se compone de dos ideogramas:

-el primero, I, de iru, significa: estar presente, -el segundo, AI, de awaresu, significa: unir.

IAI es entonces la via que permite, por el acto espiritual, estar presente, es decir despierto en su Yo superior, y así poder unirse al pensamiento y a la acción de los adversarios.



Esta evolución de la estrategia del jutsu (técnica de guerra) al do (vía espiritual) afecta igualmente al ken jutsu y se transforma en el kendo o la vía del sable. Al convertirse en un arte de paz y de desarrollo personal, el ken fue reemplazado por el shinai (sable de bambú ligero). Los practicantes deben vestir una armadura que sin embargo permite una gran libertad de movimientos.

Convertido en una forma de vida, el Kendo está muy reglamentado. Tiene por objeto el desarrollo de facultades naturales en el hombre, tanto físicas como psíquicas, siempre permitiendo una integración correcta de la personalidad. La eficacia del kendo reside en el control de si mismo y en la posibilidad de hacer progresar al compañero, como con gran acierto señaló el maestro Ueshiba, fundador del Aikido, una disciplina que hunde sus raíces en el arte del sable:

“La verdadera vía de las armas consiste no solamente en neutralizar al enemigo, sino también en dirigirle de tal manera que voluntariamente abandone su espíritu hostil.”

Se puede resumir toda la disciplina del sable en tres etapas inseparables unas de otras: El ken jutsu

Por su práctica, el estudiante asimila el aspecto puramente estratégico y técnico bajo la forma de kata, o serie de movimientos, permitiendo el estudio de las posturas, del equilibrio, de la centralización ventral, de los encadenamientos, etc.

La eficacia es aquí lo importante. Se insiste entonces en la coordinación del cuerpo y de la respiración. Por descontado que una seria enseñanza ética se imparte dentro y fuera del entrenamiento. El ken jutsu permite, entre otras cosas, un perfecto control del cuerpo y la adquisición de cualidades de carácter como la paciencia, la resistencia, la modestia, la humildad y el espíritu de grupo.

En el plano de su mentalidad, la vía del ken permanece profundamente vinculada al espíritu Shinto, a sus reglas de honor y a su devoción por las fuerzas de la naturaleza.


A continuación viene el iaido, la vía del sable, donde uno aprende a utilizar un verdadero katana. El entrenamiento se hace más frecuentemente en solitario. Se trata de adquirir un perfecto dominio de las emociones y de la mente. Otros aspectos se desarrollan paralelamente, como la estética, la intuición, la vitalidad.

La práctica mental se dirige a alcanzar ese estado de conciencia llamado MUSHIN, el vacío mental. Se alcanza este estado practicando una decena de movimientos sentados y de pie. El estudiante debe visualizar condiciones de ataque de tal suerte que sus paradas y contraataques se conviertan en reales y que en algunos instantes de concentración todas las sensaciones provenientes del dojo (estudiantes, instructor, ruidos, calor, etc.) desaparezcan.

El arte del iaido está siempre precedido de un ritual cuyo objetivo es poner la mente en una condición de perfecto apaciguamiento y de receptividad hacia la sensación de “ser” (ushin), para finalmente esperar en el vacío absoluto (mushin) una solicitación agresiva. Cuando la razón ya no razona más y cuando todo pensamiento se calla, entonces aparece la “vacuidad”.


La mentalidad del practicante de iaido está influida sobre todo por el espíritu del Zen. El Zen (Vacuidad), muy practicado durante el período Kamakura, se enseñaba como disciplina indispensable para el arte del sable. Permitía a los soldados vencer el miedo y la muerte. Enseñaba también a percibir intuitivamente los ataques.

Esta actitud Zen de no-pensamiento fue lo que Takuan, maestro Zen reputado, enseñó a Yagyu Tajima no Kami, que se convirtió en uno de los esgrimistas de mayor reputación del Japón. Hizo lo mismo con el célebre Miyamoto Mushashi, fundador de la escuela Nitoryu. Una de las actitudes mentales más `propicias para vencer se llamaba FUDOSHIN, y consistía en guardar un espíritu calmo y sereno frente a las situaciones más graves.


Gracias a las protecciones que llevan sus practicantes, el kendo permite encuentros libres, ya que e temor a herir al compañero ya no existe. Esto hace posible la armonización de nuestro espíritu con el del adversario y la anticipación de sus ataques, lo que es mucho más difícil en ken jutsu.

Estas confrontaciones rápidas y poderosas van siempre seguidas de kiai, grito que permite la liberación del ki con ocasión de un ataque en el que se requieren todas las fuerzas mentales y físicas. El ki, que se va desarrollando en el iaido, se manifiesta sobre todo en el kendo. La velocidad de los ataques deja muy poco tiempo al razonamiento; conviene únicamente presentir el instante en el que el adversario ofrece una posible abertura, sea ésta técnica o mental.

En este instante reside la esencia del do, que permite al practicante, por medio de una experiencia directa, llegar a la realidad de la vacuidad más allá de la forma y de la apariencia, y de realizar esa extraordinaria percepción interior que los maestros del budo llaman MUGA.

Aquí llegan únicamente los que han sabido unir en un todo armonioso la técnica del sable y la de la meditación. En esta unión de cuerpo y espíritu uno alcanza la realidad absoluta.

La disciplina del sable es una vía sagrada tanto del cuerpo como del espíritu, cuya filosofía el maestro Risuke Otake resume así:

“Si uno comienza a batirse, hay que ganar. Pero batirse no es el objetivo. El arte del guerrero es el arte de la paz, el arte de la paz es más difícil: hay que ganar sin batirse.”


ara terminar esta introducción, quisiera precisar algunos hechos que conciernen a lo que yo debo de haber podido profundizar en la esencia de este arte sin par. Durante mi estancia de algunos años en Japón, principalmente en la región de Shizuoka, tuve a menudo la ocasión de encontrar expertos del budo tradicional.

Pocos de estos expertos se elevaban sobre la técnica de su arte, pocos incluían una dimensión espiritual. Tuve, sin embargo, el privilegio de encontrar algunos maestros auténticos, pero nunca recibí de ellos una enseñanza personal, incluso en el caso del maestro Matsui Masakichi, décimo dan de Kyudo, quien supervisó mi instrucción por intermediación de un experto.

Por el contrario, situándome únicamente en la óptica espiritual, el encuentro con dos personajes fuera de lo común ha transformado profundamente mi manera de concebir el budo haciéndome pasar del mundo de la filosofía mística a la práctica directa de la vacuidad.

Esto fue primero con el sensei Masahiko Tokuda, experto de Kyudo (tiro con arco) en el dojo vinculado al budokan de Shizuoka, y después un maestro de iaido bajo cuya dirección estudié la doctrina del despertar en el arte del sable durante casi un año. Su doctrina se parecía a un abismo profundo, vertiginoso, rápido y terriblemente directo.


“¿Cuál puede ser el apoyo del que se lanza al vacío?”

Esta es la pregunta que le hizo una vez uno de sus alumnos. El maestro respondió enseguida: “¡Ninguno!”. El alumno pensaba en la necesidad de vencer el miedo a la muerte, en un eventual apoyo frente a este miedo. El maestro fue más lejos:

“Siendo la muerte inexistente ¿cómo el hecho de suprimir el miedo puede convertirse en un apoyo?”: El alumno, instruido en el Zen, usó el mismo tono:
“¿No es el sable este apoyo?”

El maestro le responde sin una sombra de reflexión:

“El abismo sólo es abismo si está rodeado de tierra. Mientras no se alcance el vacío de uno mismo, hay que pasar por el sable. Cuando el vacío se alcanza, no se ve más el sable ni la ausencia de sable.”


Esto es un ejemplo de la forma de enseñar del maestro, pues era un maestro sin ninguna duda, varios de sus amigos, altas personalidades en todos los sentidos, me lo han confirmado. Era duro también, pero su compasión no tenía límites, ni tampoco debilidades. Tenía muy pocos alumnos (pero muchos amigos) y los escogía solamente cuando éstos estaban, como el mismo dice “al borde del abismo”.

Yo hubiera deseado, como había hecho con otros, darlo a conocer por el gran público. Pero él era la encarnación misma de su enseñanza y rechazaba todo lo que despertaba el orgullo y la personalización. Rechazó grandes honores con motivo de haber alcanzado altos grados en la práctica marcial. Se desentendía de agradecimientos por servicios prestados y nada en su doctrina satisfacía ningún ego.


He aquí lo que aconsejaba a sus alumnos:

“Debe ser alcanzada la indiferencia más total hacia la propia personalidad antes de que pueda abrirse el loto del corazón.”

DAI NIPPON BUTOKU KAI

With the sanction of Emperor Meiji, in 1895 there was established in Kyoto the Dai Nihon Butoku Kai, for the purpose of standardizing, promoting and preserving the classical traditions of the various major japanese martial arts.

This medal, which is one of several grades, is bestowed on those who have achieved a certain requisite level of excellence in the martial arts.

l término “maestro” en occidente está desprovisto de todo sentido real, espiritual y trascendente. Considero que este ser estaba en la dimensión de los que han alcanzado un estado en el que no necesitan el apoyo de un título. Sin embargo, yo me dirigía a él siempre con el término “sensei”, como hacían todos los que tuvieron la suerte de estar cerca de él.

La palabra “sensei” designa a alguien que enseña. Literalmente quiere decir “el que ha nacido antes”. Es entonces quien nos precede en el sendero de la evolución y que, por demás, es capaz de indicarnos la vía y de evitarnos, en lo posible, sus muchos obstáculos. Utilizaré la palabra sensei en este sentido elevado.


En cuanto a su nombre, he jurado no desvelarlo jamás. Algunos de mis amigos o alumnos íntimos quizá lo descubran, pero respetaré la palabra dada. El mensajero, en la medida que es auténtico, sólo busca una cosa: transmitir su mensaje. La alteración de filosofías y religiones viene a menudo de fieles que confunden en un todo el mensaje y el mensajero.

Por razones personales que tienen que ver con el afecto que nos ha unido profundamente, para este libro le voy a personalizar con el nombre simbólico de maestro “Takeuchi”, un nombre que representa bien la esencia de su doctrina.

A lo largo de mis numerosas visitas al maestro Takeuchi, he tomado gran número de notas, e incluso a veces he tenido la suerte de registrar su voz. Esto es lo que me ha permitido escribir esta obra. Las fechas no son precisas, pus en esta época no podía imaginar que alguna vez iba a tener la necesidad de escribir.

Como la mayor parte de nuestros encuentros estaban condicionados por los acontecimientos de la vida japonesa, es decir, a las muchas fiestas y festivales que jalonan las estaciones, he podido encontrar el hilo de la enseñanza y trazar bastante fielmente la historia de este excepcional período de mi vida en Japón.

He hecho muy pocos comentarios sobre la enseñanza en sí misma. Hubiera podido hacerlo, pues mi pensamiento ha evolucionado desde entonces, pero esto hubiera traicionado el sentido de las palabras del maestro, que me las dirigió en un momento preciso de mi vida, y ciertamente hoy hubiera recibido una enseñanza muy diferente.


Debo advertir que después de haber recibido esta enseñanza he dejado de aplicar sus principios en su totalidad y continué de alguna otra manera mi experiencia de budoka, en las alegrías y en los problemas. Sólo después de algunos años, después de mi encuentro con el más grande Maestro de nuestro siglo, que de nuevo la doctrina del maestro Takeuchi volvió a mi memoria.

A partir de todo este montón de notas he escrito “Budo esotérico”, y ahora brindo al lector “La Vía de la Liberación por la práctica del sable japonés”.

Deseo sinceramente que este libro aporte a todos los buscadores lo que me ha aportado.

Ojalá pueda demostrar que el iaido es menos un arte de matar al adversario que un arte de vencer el ego, y que es un medio altamente privilegiado para alcanzar la paz suprema y el despertar perfecto, y que pueda “desde el centro, donde todos los conflictos se anulan, brillar la luz del amor”, tal como el maestro Takeuchi me dijo antes de mi partida.

 

n una ocasión, un fiero samurái escuchó hablar de un asceta que vivía en el profundo bosque que rodeaba una montaña sagrada. Se decía de él que poseía el don de materializar de la nada una «espada de invulnerabilidad» que le concedía la victoria sobre cualquier adversario.

El samurai escaló la montaña y no tardó en encontrar al asceta. Orgulloso de su fuerza y de su habilidad, le preguntó al monje: ¿Es verdad que eres capaz de materializar una espada que concede la invulnerabilidad? El anciano, observando atentamente al guerrero, le respondió afirmativamente, a la vez que, mágicamente, hacía aparecer de la nada la misteriosa espada.

Asombrado, el samurai intentó esgrimirla impetuosamente, pero el monje lo detuvo con un gesto: «¡Detente, insensato, si la tocas ahora, morirás inmediatamente!».

Algo turbado, el samurái retrocedió unos pasos. El ermitaño le dijo entonces: «Si de verdad quieres poseer esta espada, debes hacer cuanto yo te diga.

Tienes que volver al mundo y durante veinte años, practicar la prudencia, la compasión hacia todas las criaturas, entregarte a largas horas de profunda meditación cada día; deberás también cantar cada mañana y cada tarde el Sutra del Corazón, llevar una vida sobria, casta, austera, huir de los combates y de los placeres del mundo; ser caritativo, hasta con tus enemigos, asumir las peores tareas, los penosos trabajos que los demás rechacen, y dedicarte en cuerpo y alma a purificar tu mente y tu espíritu.

¡Olvídate de ti mismo y sé una bendición para cuantos se te acerquen¡ Si lo haces, podrás volver aquí y materializaré para ti la “ espada de invulnerabilidad”.

El samurái comprendió y guardó silencio.


Descendió de la montaña y durante largos veinte años se consagró a poner en práctica, seguro de su ki, las enseñanzas del monje. Transcurrido ese tiempo, volvió a la montaña y encontró sentado al asceta. El anciano le miró profundamente.

El rostro del samurái, ya arrugado, reflejaba el paso de los años. Su cabello, encanecido, brillaba bajo la luz de la luna y sus párpados pendían, seguramente de tanto llorar.

Sus ojos, esos ojos otrora vehementes, que antaño reflejaban el deseo, el orgullo y a menudo la cólera que caracteriza a los hombres de armas, a los guerreros, expresaban ahora una serena espera, una compasión cálida, una trémula ternura y una profundidad abismal.

Sin mediar palabra, el anciano monje materializó la mágica espada, que brilló iluminando la noche, y se la entregó al samurái. Este, desapegadamente, la sostuvo entre sus manos un instante, y sonriendo, la devolvió al monje diciendo: ¡ya no la necesito!


Continuará.

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Kendo

História

origem do Kendo foi escrita pelos nossos antepassados há mais de 657 anos A.C., isto significa que remota à Idade dos Deuses. Assim, pode-se dizer que a arte do uso da espada vem sendo praticada tradicionalmente, e tem longa história. Desde de épocas remotas não se limitava só à defesa pessoal, ou à sua utilização em guerras, mas continha um outro objetivo, que era adquirir um espírito. Houve no transcorrer da história algumas fases em que o homem desinteressou-se do aprendizado, e outras em que se dedicava assiduamente.

Assim, foram inúmeras as dificuldades para essa arte chegar aos dias atuais. Uma vez que a prática com espadas de combate em aço ou em madeira maciça, provocava tantas vítimas desnecessárias, criou-se por volta de 1710 a prática com espadas de bambu, menos perigosas, que seimpôs até hoje.

Por volta de 1740, inspirados nos escudeiros japoneses, os mestres em espadas improvisaram protetores de tórax e de crânio, bem como grossas luvas. Mas as espadas de treinamento em bambu eram grosseiramente primitivas e de simples confecção. Com o passar dos séculos foram ficando mais elaboradas até chegar ao formato funcional e artístico que o equipamento de Kendo nos assegura hoje.

O Kendo, a arte japonesa do manejo da espada, possui uma história rica e extensa. As armas japonesas e seus escudos tiveram longa influência proveniente da China. Originariamente, as espadas japonesas não tinham o aspecto curvo como as atuais, mas eram retilíneas-planas de concepção estrutural primitiva, empregadas em estocadas e golpes simples.

As armas japonesas atualmente em voga apareceram por volta de 940 D.C., com uma lâmina de corte única e levemente curva. Até serem introduzidas estas espadas de duas mãos, nas batalhas concentravamse guerreiros protegidos por pesadas armaduras e brandindo espadas em suas mãos direitas.


Etiqueta e comportamento

A Origem e o sentido do termo DOJO

Esse termo é originário do local onde os sacerdotes budistas recebiam os ensinamentos divinos. Como o Kendo compõe-se de ensinamentos de moral, semelhantes aos dos sacerdotes, o local de treino chamou-se DOJO, local sagrado, pois não se trata apenas de atacar e defender com o SHINAI, razão porque fazer distinção entre DOJO e QUADRA DE ESPORTES.


Porque reverenciar o DOJO

Ao adentrar devemos rogar para que possamos receber o verdadeiro espírito humano e de cordialidade e prometer a Deus conservá-lo. E na saída do DOJO devemos reverenciá-lo, como sinal de agradecimento pelo que recebemos espiritalmente.


Filosofia

O Conceito de Kendo é disciplinar o caráter humano através da aplicação dos princípios da Katana. Objetivos da prática do Kendo Modelar mente e corpo, desenvolver um espírito vigoroso e através de adestramento enérgico e aprorpiado, empenhar-se ardorosamente no aperfeiçoar-se na arte do Kendo.

Destacar-se no apreço da honra e cortesia humana, associando-se aos demais com sinceridade, e dedicando-se incansavelmente ao aperfeiçoamento de si mesmo.


Desta forma estará um indivíduo apto a reverenciar a própria pátria e seu povo, concorrer para a consolidação da cultura e promover a paz e a properidade no seio das nações. O Kendo, é uma prática de vida, que ocorre para o auto aperfeiçoamento mediante treinamentos disciplares básicos que regem a arte do manejo da espada.

Mediante rigoroso treinamento em Kendo o praticante capacita seu corpo e o espírito, desenvolve uma forte consciência, aprende a tratar apropriadamente seus semelhantes, a julgar a verdade, a cultivar a sinceridade, a dedicar-se com ardor constante ao autoaperfeiçoamento, a amar a comunidade eo povo e a contribuir para a paz e a prosperidade da humanidade.

Não se deve ter a competição como ponto principal do treino. Ter como meta apenas a vitória, prejudica as verdadeiras artes e sentimentos humanos: não há evolução da cultura espiritual-tradicional, produzindo então um homem defeituoso.


Equipamento

O equipamento de kendo consiste em uma armadura, que em japonês é chamada BOGU, uma espada de bambu, chamada de SHINAI e as roupas: Hakama e keiko gi.


O Bogu é dividido em:

  1. Men: Espécie de capacete feito em tecido e couro e metal (aço, duralumínio ou titânio).
  2. Do: Protetor de peito feito de bambu ou resina plástica.
  3. Kote: Luvas feitas em tecido reforçado por costuras e couro.
  4. Tare: Protetor de cintura feito com tecido reforçado e couro.


Dicas de conservação do seu Bogu

Importante: sempre após os treinos retire o bogu da sacola e deixe em local arejado

Uma vez por mês:
• Passe um produto especial para couro em todas as partes de couro (cera incolor
para sapatos);
• Passe cera de carro na parte laqueada do Do;
• Escove todas as partes de fazenda com uma escova de sapatos;
• Passe um spray anti-bactericida chamado Lisoform ou Lysol em todo o bogu, inclusive nas partes internas do men e do tare (este produto é encontrado em farmácias e supermercados e retira todo tipo de cheiro e mofo)


Veste: Hakama

Parece uma saia e é na verdade um tipo de calça pregueada, usada por cima de um Kimono ou um tipo de vestimenta. Hakama é usado hoje em ocasiões formais, e também usado na prática de artes marciais tradicionais como: Aikido, Kendo, Kenjutsu e nas artes do Arco e Flecha. Freqüentemente usado nas cores azul marinho, preto ou branco (geralmente usado por mulheres)

Diz-se que as 7 pregas de um Hakama representam as setes virtudes do Bushido que são:

  1. Gi _a decisão certa;
  2. Yu _bravura;
  3. Jin – amor universal, benevolência com a humanidade, compaixão;
  4. Rei _ação correta, cortesia;
  5. Makoto _sinceridade, veracidade;
  6. Meyo _honra;
  7. Chugi _devoção, lealdade

Parece que a pré forma do primeiro Hakama desenvolvido no velho Japão, por volta do ano 900, era usado tanto por homens como por mulheres. Quanto a classe de guerreiros samurais formou-se no fim do século XII, o Hakama parecia ter sido espalhado na sociedade, os próprios samurais usavam esse tipo de calças largas quando estavam fora das campanhas de batalhas, poderia dizer que durante a vida civil, mas o tipo de denominação não está inteiramente correto, visto que os samurais estavam sempre de plantão por toda sua vida.

Keiko Gi

Veste superior da indumentária de muitas artes marciais. Pode ser feita em algodão liso ou trançado, como no judo, ou de brim. As cores mais usados são preto, azul marinho e branco.

Shinai

Espada para treinos feito de bambu ou material sintético (fibra de carbono).

É importante a conservação do Shinai e certificar-se do seu bom estado antes de utilizá-lo. Dificilmente acontecem acidentes graves no Kendo, a não ser desligamento de tendão. Entretanto, por utilizar Shinai irregular ou quebrado, podem ocorrer acidentes. Por isso recomenda-se não utilizar os seguintes Shinais:

  1. Shinai quebrado ou que tenha lascas
  2. Bichado ou trincado
  3. Com sakigawa rasgada
  4. Com folga ou com tsuru arrebentado
  5. Com folga no tsukagawa
  6. Com tiguiri imperfeito
  7. Com tsuba sem firmeza
  8. Consertado com material impróprio (fitas, Silver Tape, outros)
  9. Shinai que tenha material estranho além do ponteiro de borracha (sakigomu) e tiguiri.

Como Montar o Shinai Kendo – Parte 1 de 2 (Tsuka Sakigawa e Tsuru)

Equipamento

Como colocar o Tare

Coloque a parte central sobre o abdómen inferior e atravesse as costas através da parte inferior do koshita. Amarre-o num hanamusubi atrás da othare central.


Como colocar o Kote

Primeiro calce o kote esquerdo e depois o direito.


Como colocar o Do

Ponha-o sobre o peito e abdómen cobrindo mais ou menos metade da parte superior do tare obi. Coloque o mune himo esquerdo sobre o braço direito e para o mune chichigawa e amarre-o como mostra a imagem. Repita a manobra com o mune himo direito. Amarre o koshi himo nas costas num hanamusubi.


Como colocar o Men

Primeiro coloque o queixo e seguidamente guie o men para trás. Puxe o men himo para cima de dez partes de mengane para apertar o men sobre a cabeça e cara. Depois, passe o men himo por trás da cabeça e faça um hanamusubi. Faça um laço no fim do men himo de uma largura aproximadamente igual a 40cm ou 15,5 polegadas. Certifique-se que os laços e as pontas livres do men himo têm o mesmo comprimento. Ponha os dois men himo paralelos de cada lado do men sem os torcer.


Treinamento

No Kendo há duas maneiras de abordar o ataque: Batidas e Estocadas. Só são permitidos golpes em três partes do corpo: na parte superior do crânio, o tronco, lados direito e esquerdo, e os antebraços.

Nomalmente e permitido estocar apenas o pescoço. Em competição não basta que o próprio bambú apenas esbarre no adversário, só se ganha ponto se os golpes de ataque de ataque forem aplicados conforme a técnica no alvo em precição, com controle adequado e um brado ou Kiai. A primeira pessoa a somar dois pontos ganha a luta


Kihon

São exercícios básicos, tipicamente ensinados a iniciantes antes de serem introduzidos a exercícios mais complexos. Através desses exercícios, cada um pode individualmente reforçar os elementos básicos como: balanço do Shinai, movimentação, tempo e distância. Uma vez que o básico é dominado, o Kenshi pode avançar para exercícios e técnicas mais complexas.

“4 º Dan” es acerca de un estudiante de kendo que está entrenando para su examen de promoción. Él está decidido a triunfar y demostrar su valía a su padre. Sin embargo, cuando se acerca el examen, él debe confrontar su propio ego más oscuro y deberá llegar a un acuerdo con sus propias debilidades.

La película fue filmada en Budapest, en estrecha colaboración con el Kendo y el Club de Budapest Fonix Iaido.



Ashi Sabaki (Treinamento com os pés)

Okuri-Ashi

É o passo mais usado durante o Keiko. Quando avançando, impulsione com o pé de trás; quando recuando, impulsione com o pé da frente. Em Ashi-Sabaki, é importante que seus movimentos sejam suaves, e não deve haver um movimento pendular ou lateral do corpo.

Okuri-Ashi é usado para encurtar pequenas distâncias e logo após de golpe ser aplicado, como parte do movimento de zanchin.


Ikari-Ashi É usado quando atacando seu adversário por um dos lados, e quando posicionando seus pés em reposta a um ataque.



Tsugi-Ashi

É usado para encurtar a distância entre os pés. Aproximando os pés, você está apto a atacar de uma distância maior, encurtando a distância rapidamente entre você e seu adversário.

Ayumi-Ashi

É mover seu pé esquerdo e o pé direito alternadamente, como o seu andar normal. Este Ashi-Sabaki é usado quando você quer se mover rápido em uma longa distância. Não deve ser aplicado logo após um golpe, como parte do movimento de Zanchin.


DICA: Mantenha os dedos dos pés abaixados durante o Ashi Sabaki.

Durante esses exercícios, deslize seus pés junto ao chão, sem levantar seus dedos em direção ao teto. Isso possibilita que seus movimentos sejam suaves e imperceptíveis. Se você se mover com os dedos voltados para cima, seu movimento se tornará ineficaz e seu adversário perceberá seus movimentos, e ao menor erro em seu movimento, ele o atacará.

Imediatamente após o ataque, o Kenshi deve se mover para frente, rápido e com muita energia, usando Okuri-Ashi, e se passos largos forem dados, seus dedos apontarão para o alto. Então, deve-se dar passos mais curtos, tornando o movimento mais rápido.

Um outro exemplo de dedos apontando para o alto é quando, depois de um ataque, o kenshi relaxa e se move para frente usando Okuri-Ashi. Ashi-Sabaki deve ser executado o mais longo possível movendose com os pés paralelos.

Suburi

Suburi é um exercício individual.

É simplesmente um movimento de balanço do Shinai coordenando movimento de braços e pernas. Pode ser feito sem nenhum alvo determinado, mas usualmente se treina golpeando o men. Um espelho é uma ferramenta muito útil quando se treina Suburi.

Suburi também pode ser praticado com um movimento mais rápido, com pequenos saltos. Este tipo de Suburi (Haya-suburi ou Choyaku-suburi) se faz dando um pequeno salto a frente coordenado com um golpe de men, e um pequeno salto para trás levantando o Shinai até uma posição de Jodan no kamae.

Suburi é muito usado como um exercício de aquecimento.

1. Assuma a posição Chudan-no-kamae.

2. Faça um movimento de subida do Shinai o mais amplo possível, para que a ponta faça um movimento centrado.

3. Continue o movimento até que o Shinai passe pela sua cabeça e encoste em suas costas, alinhado com a sua coluna.

4. Faça esse movimento para frente e para trás, sempre mantendo o Shinai em uma linha centrada, cuidando sempre para que ele não se desvie. Combine esses movimento com Ashi-Sabaki. Mantenha seus ombros e pulsos relaxados, e seus olhos sempre olhando a frente.

5. Tenha cuidado para que seu corpo não pendule, para frente e para trás.



Golpes Básicos

Estas sequências, feitas com um parceiro, são um bom caminho para reforçar a distância apropriada (Maai) e a postura no momento do contato. Para cada uma das tres áreas de contato (men, kote, do), cada golpe é feito em tres etapas:

É importante que o defensor providencie um bom alvo, abrindo explicitamente a área a ser atingida. É também importante que se faça um pausa a cada passo executado. Dessa forma o kamae, e a postura no momento do impacto, poderão ser corrigidos.


  • Ichi-Men-San

ICHI: Os dois começando em Chudan no kamae, o atacante assume uma posição ofensiva, Jodan no kamae. O defensor inclina o seu shinai para baixo e ligeiramente para direita, abrindo o men.

MEN: O atacante avança um passo e golpeia o men.

SAN: O atacante recua um passo e se posiciona em Chudan no kamae.


  • Ichi-Kote-San

ICHI: Os dois começando em Chudan no kamae, o atacante assume uma posição ofensiva, Jodan no kamae. O defensor inclina o seu shinai para baixo e ligeiramente para esquerda, abrindo o kote.

KOTE: O atacante avança um passo e golpeia o kote.

SAN: O atacante recua um passo e se posiciona em Chudan no kamae.


  • Ichi-Do-San

ICHI: Os dois começando em Chudan no kamae, atacante e defensor assumem a posição Jodan no kamae.

DO: O atacante avança um passo e golpeia o do.

SAN: O atacante recua um passo e se posiciona em Chudan no kamae.


Técnicas

Suriage Waza: Suriage envolve a deflexão do ataque oponente com um movimento de subida do Shinai. Com esse movimento, o defensor pode rapidamente atacar seu oponente.

Uma aplicação clássica dessa técnica é o Kote-Suriage-Men. Começando em issokuitto- no-maai com os dois lados em chudanno- kamae, e o atacante golpeia o kote. O defensor bloqueia o ataque com um rápido movimento de subida do Shinai, atacando logo em seguida o men do adversário.


Nuki-waza: Começa se evitando o golpe do adversário simplesmente movendo o alvo de seu ataque. Uma vez que o golpe do atacante se perde no ar, o defensor pode realizar seu ataque. Uma aplicação clássica dessa técnica é o Kote-Nuki-Men.

Começando em issoku-itto-no-maai com os dois lados em chudan-no-kamae, e o atacante golpeia o kote. O defensor evita o golpe puxando para trás e para cima o kote. Dependendo da profundidade do ataque, o defensor pode dar um pequeno okuri-ashi para trás. Uma vez que o atacante perdeu seu golpe, o defensor pode realizar seu ataque diretamente em seu men.


Debana-waza: Esta é uma técnica muito difícil porque requer que o defensor antecipe o ataque do seu adversário. Quando um dos lados toma a iniciativa do ataque, ele se torna vulnerável no momento exato em que começa o movimento de ataque.

Nesse momento inicial, o atacante ainda não desenvolveu toda a força necessária para efetivar seu golpe. O defensor precisa antecipar este momento, e realizar seu ataque antes que o atacante realize o movimento e ganhe força para completar o seu ataque. uma aplicação clássica dessa técnica é o Debana-Kote.

Começando em issoku-itto-no-maai com os dois lados em chudan-no-kamae, e o atacante golpeia o men. No momento em que o atacante começa a realizar o movimento de ataque, seu Shinai sobe e o kote se expõe. O defensor precisa atacar o kote sem hesitação antes que seu adversário complete o movimento de ataque.

“Manual Ilustrado de kendo”. Texto e Ilustraciones Kendo Portugal

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Shugendo, La Vía de los Poderes (I)

A todos aquellos que a través del sendero espiritual del Budō buscan silenciosa y pacientemente la verdad.


Autores del presente escrito: Michel Coquet & Carmelo Ríos.

Temario:

* * *

“Arduo hallaras caminar por el filo de la navaja.”

Mundaka-Upanishad

“¿De qué sirve contemplar la mar, si lo que deseamos es encontrar la perla?”

Djalat-Do-Din-Rûmi

“Es necesario tener el coraje de entrar en las peligrosas olas que aterrorizan a los hombres, para hallar el pez excepcional.”

Ingen Zenji, Maestro Zen

fudo-myo-o

Fudo-Myo-Ô, divinidad

as Artes Marciales y el pensamiento oriental han despertado un inusitado interés en las últimas décadas, debido no sólo a la necesidad de autodefensa ante la violencia reinante en las grandes ciudades, para lo cual las técnicas de Extremo Oriente parecen aportar una panacea, por lo demás discutible, sino por una causa mucho más importante: la necesidad imperiosa del hombre de hoy de encontrar respuesta a los grandes enigmas de su existencia.

Frente a un mundo de eterna dualidad, el hombre occidental mira hacia Asia en espera de una respuesta que satisfaga su sed, no sólo de conocimiento real, sino de calma y de serenidad interior, ese extraño estado que, aparentemente, sigue siendo patrimonio de los grandes sabios de Oriente.


Hace algún tiempo, un periodista entrevistaba a un antiguo sacerdote europeo que durante más de treinta años había sido misionero en la India. Este hombre singular, promotor de grandes obras humanitarias en beneficio del pueblo indio, era también un profundo conocedor de la historia y la mística de los adeptos brahamanes y amante de la filosofía de oriente. El periodista, ávido de sensaciones, pregunto al humilde genio: “¿Que prefiere usted más, Europa o Asia?”. La insólita respuesta, que posiblemente dejara perplejo al profanador de templos, no se hizo esperar: “Cuando cierro los ojos, es Oriente; cuando los abro, es Occidente…”

Esta magistral declaración llevaba implícita una sobrecogedora y profunda enseñanza. En efecto, al igual que en las perlas, la parte más pura de un hombre es su oriente. Ese mundo interior es la dirección que inexorablemente es preciso tomar en un determinado en el estudio de cualquier ciencia, arte o filosofía. El secreto sigue siendo la entrada en sí mismo.


El meditante muere dos veces al día, nos dice la tradición sufí. El artista, el místico, el filósofo o el adepto de las artes marciales-un poco de todo ello- debe esforzarse en saber morir a cada momento de su existencia, fundirse en cada gesto, proyectarse en cada flecha o cortarse a sí mismo en cada tajo del sable. Encontrar en su propio interior la fuente única del verdadero conocimiento trascendental y la inspiración.

Esta es la ley básica del verdadero progreso y la enseñanza mil veces repetida y jamás del todo comprendida de los grandes maestros de la vida. La lucha exterior es siempre la consecuencia visible de la propia guerra interior, la eterna batalla del alma por la conquista de sí misma.


Las Artes Marciales, a condición de ser estudiadas dentro de un marco espiritual, aparecen como técnicas de una extraña eficacia en la búsqueda del equilibrio y la paz interior. El lector no iniciado en la práctica de esta ciencia milenaria de la evolución, se preguntará con toda justicia cómo se puede llegar a la paz a través de la violencia. Por respuesta, evocaríamos el antiguo principio paracélsico de la medicina homeopática: simila similibus curantur! Lo similar se cura con lo similar.

Es necesario buscar en uno mismo las raíces de la guerra, de la injusticia o de la ignorancia y combatirlas con una singular terapia: un poco de violencia en el momento oportuno, en la dirección oportuna, con la dosis oportuna. Hacer estallar la guerra exterior con un poco de guerra interior. Llegados a este nivel de comprensión, seria preciso entonces modificar la antigua máxima del César, que sigue siendo el leit-motiv con el que actúan los estados, las religiones, las economías y los hombres: si quieres paz prepárate para la guerra.


Las Artes Marciales son la homeopatía de la violencia. Esta declaración tomará por sorpresa a numerosos practicantes del Budō en Occidente, que sin saberlo se han estado entregando durante largos años a una verdadera autocuración que nos lleva al reencuentro de la perdida unidad del ser.

El Japón, pueblo profundamente dualista, sumergido ahora en una hiperindustrialización que, con seguridad, será la causa de no pocos desequilibrios en su inmediato futuro, sigue siendo, no obstante, el guardián de grandes tradiciones esotéricas, ocultistas y místicas.

Incluso si el Budismo Zen, convertido en Occidente en una especie de misticismo para materialistas, ha sido la vía más aceptada en nuestro hemisferio, no debemos olvidar otros senderos reservados generalmente a una minoría de iniciados, que son celosamente preservados de las profanaciones del mundo exterior por monjes, magos, chamanes y adeptos japoneses. Estas vías secretas se encuentran en ciertas ramas del Vajrayana, como las sectas Shingon y Tendai, y otras menos ortodoxas pero plenas de enseñanzas esotéricas, de las cuales el Shugendo sigue siendo la más inaccesible.


El portal hacia estas vías ocultas permanece escrupulosamente cerrado a los no iniciados y su acceso reservado a una élite de seres, verdaderos atletas de la evolución, llenos de pureza moral y sincero deseo de servicio a la Humanidad, dispuestos a pasar las terribles pruebas de todo aspirante a la verdadera iniciación. El precio a pagar es alto, no necesariamente en riquezas mundanas, sino de sacrificio del ego ilusorio, de aspiraciones egoístas, deseos de poder o la ambición del progreso rápido.

Aquello que es preciso depositar simbólicamente a la puerta del templo o a los pies del maestro no es en modo alguno comparable a lo que se recibe: sabiduría, serenidad, visión universal, compasión infinita, comunión o éxtasis en algunos casos; un poder psíquico inconcebible para la mente moral, en otros.

Sólo unos pocos peregrinos de la senda divina han osado atravesar el portal de estas tradiciones auténticas, armados con un valor y paciencia admirables. Estos hombres universales, desconocidos en su mayoría, son las verdaderas luminarias en las que cada siglo se han visto reflejado.


hugendo es la búsqueda, gracias a prácticas y ejercicios específicos de índole mágico, de ciertos poderes sobrenaturales. Shugen es el conjunto de reglas, formas de entrenamiento y ascesis esotéricos necesarios para alcanzar el dominio de la fuerza interior. A los seguidores de esta vía se les conoce como Shugen-ja o Yamabushi-No-Gyoja (literalmente: monjes que duermen en las montañas). Sus moradas se encuentran tanto en el aislamiento de los espesos e impenetrables bosques de todo el Japón, como en la cima de ciertas montañas, célebres por la presencia de estos chamanes.


El Shugendo nunca ha sido una secta independiente, y su origen emana principalmente de las técnicas ocultas de los monjes Tendai y Shingon.

El Japón, pueblo muy vinculado a sus tradiciones religiosas, se ha visto también imperiosamente atraído hacia todo tipo de prácticas mágicas. Los Yamabushis son generalmente considerados como formando parte de hermandades de magos o brujos (notemos la notable diferencia entre ambos términos), es decir, adeptos de ciertas doctrinas y prácticas que conllevan al desarrollo de poderes o facultades suprahumanas que les permiten realizar proezas increíbles dignas del mejor fakir, de las cuales he sido testigo en numerosas ocasiones y que más adelante relataré.


ORIGEN

Fue probablemente en el año 538 cuando el Budismo fue introducido en el Japón. En esa fecha, el rey Syong envió al Emperador algunos presentes entre los que se encontraba una estatuilla de un Budha y algunos sûtras. A partir de entonces el Budhismo comenzó a formar parte de la vida del pueblo japonés, compartiendo un relevante lugar en su cultura junto a la religión oficial, el Shinto.

Como es habitual, una religión nueva es solamente aceptada si permite la continuación de otras prácticas, a menudo supersticiones, más antiguas. Tal es el caso de la propia historia del cristianismo, lleno todavía de creencias de índole mucho más mágico- e incluso necromántico- que religioso (la técnica de los ex votos es un vivo ejemplo).


El Shugendo, considerado por algunos estudiosos más como una desviación del Budismo esotérico que como una secta de éste, se vio notablemente influenciado por las corrientes de alquimia taoísta, magia shinto (Ko-Shinto) y arcaicas ceremonias cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Este esoterismo mezclado (Zo-Mitsu), convirtió el origen idealista de budismo, la vía del Boddhisatva, en una forma de chamanismo animista conocida como Ubasoku.


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En-No-Gyoja, El practicante austero

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Incluso si el Shugendo no tuvo un fundador oficial, todos los yamabushi se dicen a sí mismos descendientes de un extraño personaje que fue conocido como En-NoGyoja (El practicante austero), quien es considerado como el líder espiritual de la secta. Su verdadero nombre parece haber sido En-No-Otsunu, también llamado En-No-Ubasoku. El Shoku-Nihongi nos dice al respecto: El 3º año, el 5º mes, día Hi-No-To-Ishi (30 de junio de 699), En-No-Otsunu fue exiliado a la isla de Izu. Habiendo vivido en el monte Katsugari, era muy conocido por su conocimiento de la magia. Al parecer, calumniado por uno de sus discípulos, consiguió que el mago fuera exiliado.

Otsunu dominaba un tipo de magia superior que le permitía invocar a los Kajin, espíritus de la Naturaleza, quienes extraían agua de los pozos y recogían leña para él. Este antiguo libro de crónicas japonesas nos dice en su capítulo 28: Sus acciones consistían en practicar el Kujaku-Myoo, para obtener poderes sobrenaturales extraordinarios tales que le permitían volar por los aires.

Originario de una familia de Kano, de la villa de Chihara, se dice que ya desde su nacimiento se revelo como un ser extraordinario lleno de inteligencia y discernimiento espiritual. La leyenda nos cuenta que cada noche ascendía en una nube de cinco colores y volando a través del espacio, en compañía de los guardianes del Palacio Celestial (Sen), se dirigía a los jardines de la Villa Eterna. Al cumplir cuarenta años, tras una vida consagrada por entero a la magia animista, se hizo ermitaño, habitando en una cueva, vistiéndose con hojas y arbustos y alimentándose con hojas y cortezas de pino; llevando a cabo ritos de purificación en los helados ríos de la montaña y limpiando su espíritu de cualquier escoria terrena.


Esta dura vida de asceta desarrollo aún más en él sus latentes capacidades, llegando a realizar las más asombrosas proezas psíquicas. Acusado de conspirar contra el Emperador, intentaron hacerle prisionero, pero merced a sus poderes extraordinarios no lograron capturarle. No pudiendo apresarlo, secuestraron a su madre; En-No-Otsunu se entregó voluntariamente, y fue exiliado a la isla de Izu. Se dice que en esa época ya era capaz de correr sobre las aguas, volar por los aires y posarse en la cima de las montañas.

Estas asombrosas hazañas de atletismo psíquico son también muy comunes a todos los pueblos y culturas de la tierra. Recordemos a los ascetas tibetanos practicantes del Tummo, o meditación sobre la nieve, quienes merced a una técnica de control respiratorio sudan hasta derretirla; o el ejercicio de Po-Wa o proyección psíquica, o las proezas de los chamanes de la India y Oriente Medio, quienes dicen ser poseídos por el espíritu de ciertos animales, y que realizan en estado de trance acciones increíbles.

Hechos similares han sido realizados por numerosos santos cristianos a los que se les atribuyen centenares de casos de levitación, estigmatización, bilocación, todavía más asombrosos que los relatos llegados de Oriente (a tal respecto sería interesante estudiar la vida de Francisco de Asís, Luisa Loteau, Santa Magdalena de Pazzi, o el célebre Padre Pío, entre otros, o los hechos maravillosos del gran yogui y santo tibetano Milarepa. Acciones parecidas, consecuencia de la experiencia mística, fueron también realizadas por el Maestro Ueshiba, fundador del Aikido, quien poseía grandes cualidades de clarividencia, clariaudencia y precognición, desarrolladas tras su experiencia de iluminación).


Al parecer, es condición sine qua non para la posesión de tales disposiciones psiquicas la adquisición de un particular estado espiritual.

En-No-Otsuno permanecía durante el día en su exilio, según la voluntad imperial, pero por la noche viajaba al santuario de Suruga, en el monte Fuji, donde se entregaba a sus prácticas mágicas. Condenado a la muerte, cuenta la leyenda que logró huir cuando la espada estaba a punto de caer sobre su cabeza. Durante tres años vivió oculto en el monte Fuji, lamentando su injusto destino, hasta un día en que escuchó la voz de la misericordia y tuvo una visión del Boddhisatva de la infinita compasión, Kannon (Avalokiteswara); alcanzando el más elevado estado de conciencia se elevó hacia el reino de los Boddhisatvas…

Más de cuarenta años después de su misteriosa transición, un ilustre monje japonés, Dosho, obedeciendo a una orden imperial, viajo a China para buscar el Dharma. Solicitado por más de quinientos paisanos, se dirigió a Sil-la, y en las montañas predicó el Hoke-Kyo, el Sutra del loto.


En una de sus públicas predicaciones, cuando atacaba duramente ciertas sectas al parecer desviadas del sendero búddhico y entre ellas el Shugendo y a su fundador, un extraño hombre elevó la palabra entre la masa, recriminando al monje por su falta de información real y haciendo pública la verdadera doctrina del Shugendo; de tal forma que el propio Dosho quedó admirado de la asombrosa elocuencia, profundos conocimientos y vivencias del enigmático personaje, quien, aunque esto fuera imposible, parecía conocer a fondo los mínimos detalles de la doctrina y las practicas shugen, a la par que poseía una información exacta de la vida y el pensamiento del mítico mago.

Perplejo, desconcertado y rodeado de una masa de atónitos espectadores, el monje preguntó al desconocido erudito: ¿Quién eres tú que conoces tan a fondo la vida y la enseñanza del practicante austero? Y una voz, como proveniente de otro mundo, y tan profunda que dejó helados los corazones de los presentes, contestó: Soy yo, En-No-Gyoja. Cuando los aterrados asistentes y el propio Dosho quisieron acercarse al peregrino, éste había desaparecido.


PRACTICAS SHUGEN

Hoy en día es prácticamente imposible trazar el origen de las enseñanzas del Shugendo, ciencia que comporta una sabia mezcla de doctrinas taoístas, traídas de china, el chamanismo Shinto y los elaborados rituales del Budismo esotérico (Mikkyio), aunque de una forma ciertamente alterada de su fundamento real.

Una de las ciencias asociadas al Shugendo es aquélla del Ommyo-Do, enseñanza de las fuerzas Yin y Yang, con objeto de alcanzar la longevidad. Recordemos que los taoístas, alquimistas adeptos de esta ciencia sagrada, eran llamados en China Lo-Han, inmortales, y se dice que habitan todavía en las cumbres de inaccesibles montañas.

La ciencia del Shugendo estaba compuesta por elevados estudios de astrología, ejercicios psíquicos, similares a los yogas superiores de la India (Kriya, Laya, Raja, etcétera), adivinación, magia chamánica, y sobre todo el uso de los sonidos (Mantras) en forma de letanías (Daranis).


El Shugen-ja, generalmente aislado en las montañas, se entregaba a complicados rituales, terribles entrenamientos e inhumanas austeridades. La información que ha llegado hasta nosotros demuestra que la ascesis del shugendo era extremadamente difícil y penosa. En el plano alimenticio, ni la carne ni los cereales estaban permitidos. Su alimento consistía (y consiste aún en nuestros días) en hojas, hierbas, agujas de pino y la segunda corteza de este árbol.

Personalmente he visto a grupos de shugen-ja caminando descalzos sobre la nieve, salmodiando una misma letanía, cubiertos por un simple koromo (túnica budista) y un gran sombrero plano de paja. Estos practicantes se entregaban a la terrible ascesis del Keiho-gyo, la marcha sobre la montaña, que consiste en caminar del alba al ocaso, recitando un mismo mantra, semidesnudos, incluso durante el duro invierno, por espacio de seis años.

Con rostros desencajados, sus manos llagadas por la ejecución mil veces repetidas de un mismo mudra, con los pies desollados, a través de las desoladas montañas de Hiei-Zan, es una imagen verdaderamente fantasmagórica, de un dramatismo sobrecogedor.


Aparte de otras practicas igualmente terribles, el shuguen-ja ejecuta complicados rituales como el de Homa o Goma, la ceremonia del fuego, y la marcha sobre las brasas ardientes. Todo ello forma parte de las ascesis de la montaña, Sengaku-Shugyo. Algunos de sus ritos son de una rara severidad, como la practica de nueve días de continua meditación, durante los cuales el shuguen-ja, en total inmovilidad, no puede comer ni beber, ni dormir. Los ermitaños de esta secta viven aislados en grutas de la montaña y semidesnudos.


El sufrimiento y las austeridades del shuguen-ja, lejos de tratarse de un masoquismo enfermizo, tienen por objeto hacer sobrepasar la naturaleza humana; son un medio de purificar el propio karma, las deudas adquiridas en esta vida o en las precedentes.

Todo esto es simbólicamente representado por la entrada en la montaña (Nyo-Bu). Aislado del mundo, el yamabushi asume en sí mismo, en vida, los tormentos de las diez vías del más allá (similares prácticas son realizadas por los lamas adeptos a la ciencia del Bardo-Thödol a fin de ser liberados tras la transición).


Durante los ejercicios de meditación, los ascetas shugen han de identificarse con divinidades -un tanto alteradas- del panteón buddhico, tales como Fudo-Myo-O, Dai-Nichi-Nyorai o Zao-Konguen. Otro tipo de meditación creativa –técnicas de visualización por casi todas las ramas del Buddhismo, a excepción del Zen-consiste en sentarse sobre una roca y visualizar –ver interiormente- combates mentales (dojitsu-sempo) con animales cada vez más feroces.

La imagen mental llega a ser de tal realidad que el asceta evidencia agotamiento, abundante sudoración, o convulsiones, llegando en casos extremos a la pérdida de cono cimiento y la catalepsia. Estas y otras muchas técnicas, unidas al conocimiento de las hierbas y la medicina, la astronomia, la astrología y la psicología, fueron enseñadas por los yamabushi, como ya vimos, a los ahora excesivamente célebres ninjas, quienes, afortunadamente, han perdido en la actualidad la llave de tales misterios.


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Cuerpo automomificado de un Yamabushi

as prácticas ascéticas de los monjes de la montaña alcanzaron su cota más elevada cuando algunos yamabushi decidieron una última y terrible ascesis: la automomificación. Movidos por un sentimiento de gran compasión hacia todos los seres, estos yamabushi se autoinmolaron de forma increíble-un enterramiento en vida-en espera de la llegada de Moroku Bosatsu, el Bodhisatva Maitreya, quien según la tradición, llegaría al final del presente siglo.

La automomificación se realizaba de la forma siguiente: aparte de la repetición de una misma plegaria, las abluciones de agua helada (Mizuyari) y una estricta forma de alimentación, en el primer período de tres años y tres meses, se prohibían la carne, los cereales y legumbres, alimentándose exclusivamente de frutos salvajes y bellotas. Más tarde sólo comerían cortezas de árboles.


El objeto de este régimen era lograr una progresiva atrofia de los músculos y las vísceras. Se dice que en los últimos tiempos de la vida del asceta, éste se alimentaba únicamente de hortigas y su piel se volvía de color verde. De esta forma, el cuerpo se resecaba como el cuero y comenzaba la momificación.

Cuando el monje intuía que se acercaba su última hora, cavaba un agujero de la altura de un hombre y se sentaba en él en postura de meditación, con su rosario y su campanilla. El hueco era tapado cuidadosamente con ramas, hojas y tierras por un discípulo, que colocaba una caña de bambú como única entrada de aire. Inmóvil, en meditación, sin alimento ni agua, hacia sonar de vez en cuando su campanilla para indicar que todavía estaba vivo. Esta lenta agonía podía durar varios meses. Una vez que el discípulo dejaba de escuchar el sonido de la campanilla, debía esperar tres meses hasta exhumar el cuerpo.


El desarrollo de ciertas facultades psíquicas, así como el dominio absoluto de su mente, permitía al asceta abandonar su envoltura física, mucho antes de producirse la definitiva transición. Este hecho es igualmente constatado en los Bonzos, que como protesta, se incineran vivos, sin dar la menor muestra de dolor o sufrimiento. Es también la forma habitual de muerte de los grandes meditantes. Tal es el caso de numerosos lamas del Himalaya, Tomo Geshe Rimpoche entre otros, o ciertos verdaderos maestros del Zen.

La posibilidad de desdoblamiento o proyección de conciencia de conciencia hacia mundos interiores o dimensiones diferentes a las habituales, erróneamente conocido como viaje astral, no posee nada de extraordinario. Los adeptos del Vajrayana tibetano conocen bien esta técnica, que llaman transferencia de conciencia (Po-Wa). De igual forma, esta ciencia era utilizada en antiguas y secretas escuelas del budō japonés, donde el adepto era iniciado de la siguiente forma: una vez que éste había concluido un largo y penoso proceso de estudio y purificaciones, el maestro lo estrangulaba literalmente con presiones en determinados puntos de la garganta y la columna vertebral, provocándole artificialmente el desdoblamiento psíquico.


El propio maestro, quien conocía y dominaba perfectamente las sucesivas etapas de la iniciación, debido a su propia experiencia, se proyectaba a si mismo de forma voluntaria. Cuando el discípulo había tenido su experiencia espiritual, generalmente personificada en la visión de una divinidad protectora (Dhyani Buddha), era reanimado de su trance por medio de un método de presiones en puntos secretos, conocido como Kwappo o Kassei-Ho. Idénticos procedimientos iniciativos pueden ser encontrados en las tradiciones egipcias, del Tíbet, India, e incluso en los indios de Norte y Sudamérica.


Según la leyenda, el propio Kobo-Daishi (Kukai) se momifico vivo a la edad a la edad de sesenta y dos años. Su momia es celosamente guardada por los monjes shingon en su santuario de Koya-San. Siguiendo el ejemplo de su Maestro, otros ascetas yamabushi realizaron esta última ascesis. Trece momias en la región de Senizawa han sido encontradas hasta el momento. Personalmente he visto varias de ellas en el transcurso de mi peregrinación a los todavía existentes santuarios del Shugendo en Japón.

Los Yamabushi celebran, una vez por año un Festival de los Poderes (Genkurabe), al que asisten ascetas y magos de todo el país, quienes realizan acciones sorprendentes: meditar dentro de un bidón de agua hirviente, caminar sobre brasas, ascender descalzos por una escalera hecha con hojas de katana, o incluso matar a un hombre por medio de un síncope y volverlo después a la vida. Las experiencias de adivinación, telequinesia (mover objetos a distancia) o invisibilidad, son por demás comunes en estas reuniones. He visto a un chamán adepto del Shugendo elevarse varias veces del suelo, a más de dos metros de altura, en el transcurso de un gran rito de Goma (ceremonia del fuego).


La realización completa del Yamabushi comporta tres etapas:

* La ascesis, que consiste en un retiro del mundo durante un período de tiempo predeterminado, generalmente según la tradición buddhista, un mínimo de tres años, tres meses y tres días. En este período se somete al asceta a extremos entrenamientos. La naturaleza inferior, deseos, recuerdos, pasiones, etcétera, es totalmente aniquilada, para dar paso a la segunda etapa.

* La identificacióncon los espíritus o elementos de la Naturaleza, con el maestro instructor, y por fin, después del largo período de preparación, la iniciación que lleva a la identificación con la divinidad tutelar. En este instante se produce la verdadera entrada en el sendero, generalmente precedida por el rito de Kanjo (Sank. Abhiseka). La identificación es la meta de la primera etapa y la preparación para la última.

* Las obras, que consiste en descender al valle de lágrimas del mundo, a fin de, una vez adquirido el poder real, ayudar a los necesitados, a los sufrientes, a los oprimidos (los yamabushi se hicieron también célebres por su carácter revolucionario), gracias a sus facultades psíquicas, ahora extraordinariamente desarrolladas (curación, exorcismo, adivinación, etcétera). Esta tercera etapa fue a menudo olvidada por los chamanes shugen, quienes prefirieron dedicarse a desarrollar aún más sus poderes ocultos.


PEREGRINACIÓN

Existen varios tipos de peregrinación a los altos lugares del Shugendo, que son realizados tanto por yamabushi como por laicos, llamados Entrada en la Montaña. Incluso los neófitos pueden realizarlos una vez preparados. Son guiados por un Sendatsu, un yamabushi experto, quien conoce perfectamente el itinerario a seguir a través de profundos y peligroso bosques, donde siempre han desaparecido algunos peregrinos (en 1981 uno de ellos, que quiso aventurarse solo, no volvió a ser visto).

En el curso de esta peregrinación se veneran algunas divinidades localizadas en enclaves que permiten realizar ciertos ejercicios especiales. La duración del trayecto es de unas pocas semanas hasta varios meses. Los centros más activos aún hoy en día son los de Kimbusen-ji, situado en Yoshino y los del monte Ominé, quince kilómetros más al sur.

En el año 1983 me decidí a llevar a cabo una de estas peregrinaciones. Esto no es fácil para un occidental, pero hablar japonés es un verdadero salvoconducto, sobre todo si se ha llevado a cabo antes una buena preparación y si se conoce en profundidad el esoterismo japonés.


El primer estudio serio lo llevé a cabo en el santuario de kimbusen dónde conocí al Maestro Gojo-Kaku-Yu, gracias al cual pude realizar fotografías hasta ahora inéditas, y tomar buen número de notas. En este templo es adorado Zao-Kongen, una divinidad sintética formada por Miroku (Maitreya), Shaka-Nyorai (sakyamuny) y Kanzeon-Bosatsu (divinidad similar a Avaloki-teswara).

El responsable del templo, comprendiendo mi deseo sincero de una participación menos teórica que practica, me aconsejo que fuera al monte sanjo-ga-take (1.720 m.) que, según él, sigue siendo el núcleo más importante de las practicas del Shugendo. A partir de esa montaña inicié un gran recorrido que me llevó hasta el Santuario de Kumano, único en Japón que todavía conserva la muy antigua tradición de Nyonin-Kinsei, es decir, la prohibición de entrada a las mujeres. (En Occidente la mayor parte de los monasterios perpetúan esta arcaica costumbre.)


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Ceremonia del Fuego (Goma); en la imagen se observa a los Yamabushi portando sus elementos rituales


AL PIE DE LA MONTAÑA

Al día siguiente me encontré a los pies de esta montaña sagrada, sin saber qué camino tomar. Afortunadamente me encontré con un Yamabushi laico que había venido a realizar esta misma peregrinación. Menos ascéticos que hace algunos siglos, visten un llamativo atuendo blanco, llevan un minúsculo sombrero ritual (Tokio) sobre la frente y un amplio sombrero plano de paja, como sus antecesores, para protegerse de la lluvia, la nieve o el sol. Llevan todos un manto de ciervo (Hishiki) que les sirve como protección del frío y la humedad durante la noche y el pectoral buddhista o Kesa, compuesto por seis pompones de colores vivos.


Los Yamabushis jamás se separan de sus objetos rituales, y transportan a la espalda un altar completo: velas (generalmente de pino), incienso, cetro (vajra), campanilla ritual (Kané), rosario de 108 cuentas (Nenju), pequeños recipientes en cobre para las ofrendas, y otros atributos más relacionados con el Shinto que con el buddhismo, por ejemplo, un Kamizama, u hogar simbólico de la divinidad en madera, un espejo (Kegami), etcétera. Otro atributo muy característico de los yamabushi es una enorme caracola (Hora) que hacen sonar hábilmente y que, aparte de su uso ritual, es utilizado para comunicarse a través de los bosques de la montaña.

Antes de toda ceremonia, ascesis o entrenamiento, el asceta agita varias veces su bastón de exorcismo (shakujo) para hacer huir los demonios del miedo, la pereza, la dispersión, el orgullo, etcétera. En un pequeño cofre (Oi) lleva algunos textos sagrados de la secta, y camina siempre acompañado de su inseparable bastón de peregrino, que en el pasado fue también utilizado como arma.

Por regla general, el peregrinaje ha de hacerse con un itinerario determinado. Los Yamabushi iniciaron el sendero llevando un hacha ritual como atributo. Detrás de él va un portador del Hora, haciéndolo sonar con ritmo largo y cadencioso. Detrás, otros llevan un pequeño Gorin (Stupa) y cofres con textos rituales (generalmente algunos sûtras). El director de la peregrinación va más atrás, acompañado por monjes más antiguos (Doshui) y por algunos principiantes (Shinkakui).

La marcha a través de la montaña puede durar varios días o semanas; la idea simbólica y alegórica es atravesar el infierno, el mundo de la oscuridad y de la ignorancia, hasta llegar al Reino de la Luz o de Buda, después de haber purgado los sufrimientos del mundo. El sendero iniciativo esta marcado por los numerosos santuarios, en los que son realizados los ejercicios, las purificaciones y las oraciones.


EL ASCENSO

La ascensión del monte Sanjo no me pareció muy difícil, salvo por el hecho de sentirme imperiosamente atraído por el esplendor del valle de mil colores, de sus bosques salvajes y sus sonidos maravillosos, que llegaron a fascinarme de tal forma que estuve a punto de caer en el vacío; varias veces rodé con grave peligro de romperme los huesos. Mi amigo se detenía en cada estación y junto recitábamos delante de las imágenes de En-No-Gyoja las letanías y los mantras requeridos.

Habíamos realizado ya la etapa mas larga de la ascensión cuando mi compañero me señalo un lugar muy peligroso que debíamos también franquear. Este punto estaba totalmente cubierto por la niebla; el ambiente era realmente fantasmagórico y un paso en falso podía acarrear graves consecuencias. Caminábamos sobre losas de piedras resbaladizas, y el decorado cambiaba cada minuto. Simbólicamente, ¡habíamos llegado al infierno!


El canto de los pájaros había cesado completamente, salvo el de algunos cuervos, y a la anterior emoción de plenitud y alegría espiritual se había sucedido una extraña sensación de inquietud y desasosiego y la intuición de estar en un territorio peligroso. Los árboles muertos, sumergidos en la espesa niebla, parecían espectros prestos a atacarnos, en medio de la semi oscuridad, y sobre todo del impenetrable silencio.

Todo este ambiente parecía estar hecho para infundir temor y hacer huir a los peregrinos impíos o indignos, cuyo corazón no estuviera lleno de justas intenciones y un deseo sincero de alcanzar la luz de la sabiduría en beneficio de la humanidad sufriente. A mi memoria acudían las visiones infernales de Dante en La Divina Comedia, y comprendí el secreto objetivo de esta entrada en el propio infierno interior. Poco después llegamos a un albergue para peregrinos donde un té caliente nos esperaba.


Los pocos ascetas que guardaban este lugar sagrado se extrañaban mucho de vernos. Por fin uno de ellos se decidió a conducirme a uno de los templos, inmenso privilegio, ya que, como más tarde supe, éste iba a ser demolido pocos meses después y construido un poco más lejos. El templo, arcaico edificio construido con madera del viejo bosque, estaba saturado del aroma del incienso y de las vibraciones espirituales de miles de ascetas.

En el centro se encontraba el altar de las ceremonias del fuego (Goma), rodeado de estatuas. En la bruma misteriosa que rodeaba al templo, me pareció ver formas extrañas…El monje me hizo una señal para que entrara y me propuso pasar la noche en aquel lugar.

Más tarde pude ser presentado al abad de aquellos santuarios, un hombre que, al parecer, estaba dotado de grandes poderes yóguicos (Siddhis), adquiridos tras largos y penosos años de entrenamiento. Sus ojos meditativos y cansados, aunque llenos de una extraña profundidad, brillaban con la luz de las velas. Me escuchó paciente y atentamente, confiándome su inquietud, ya que, según él, los jóvenes ya no se sienten atraídos por la rápida y dura vía del Shugendo. Sus espíritus y sus cuerpos son débiles, y a causa del miedo que mora en su corazón, su fe muere lentamente. Había en aquel hombre una extraña mezcla de sobriedad, ascetismo y un amago de tristeza ante la posible extinción de esta tradición milenaria.


El Shugendo impone, es cierto, un duro entrenamiento dirigido a sobrepasar las limitaciones humanas y las inercias o tendencias del ego. Es cierto también que las prácticas rituales son menos duras que antaño. Sin embargo, esta vía ascética solo puede convenir a seres de una voluntad férrea y un corazón liberado de todo deseo egoísta.

La noche llego rápidamente y debí dejar aquel templo de un extraño atractivo que parecía evocarme viejos recuerdos…Decididamente, este lugar no me resultaba desconocido, al contrario, sentía una profunda familiaridad con los monjes, los templos y el ambiente misterioso de la montaña. No hubiera tenido mucha dificultad en quedarme a vivir con los ascetas, separado del mundo y dedicado a una vida de prácticas ascéticas, meditación, silencio y armonía interior.

El destino me ha hecho nacer en otro lugar…!quién sabe! Quizás algún día…El maestro pareció leer en mi pensamiento. Con una sonrisa y sin pronunciar palabra alguna me hizo acompañarle hacia una visión extraordinaria. Atravesamos un largo pasadizo oculto detrás del altar principal, y ante mí, cara a cara, apareció la imagen sobrecogedora de En-No-Gyoja. Por sí sola, esta visión justificaba todo el penoso peregrinaje a la montaña mágica de los Yamabushi.


kyoto

Yamabushis en las cercanías del Fuji san.

Fotografía© Prometeo Media.

Habiendo tomado por arco la gran arma de los Upanishads, se dispone la flecha puntiaguda para el homenaje y que cubre por medio de su espíritu que alcanza la entidad. Has de saber, mi amigo, que esa es la diana a alcanzar.

La silaba OM es el arco; el Alma (Ser) es la flecha, el Brahma (la Divinidad en el Ser) es la diana, enseñaban. Es preciso llegar sin distraerse. Es preciso parecerse a la flecha.


La Vida es como un arco;

el Alma como una flecha;

el Espíritu Absoluto

como Diana a traspasar…


Markandya Purana

CONCLUSIÓN

ras un periplo que me llevó del sur al norte de Japón y a realizar un estudio sobre el pueblo Aino de Hokkaido, me dirigí al dojo del Maestro Otake, cuya escuela de Budo tradicional, lejos de estar vinculada al Zen, posee numerosas enseñanzas emanadas del Shugendo, donde pude continuar el estudio de esta escuela secreta. Quisiera matizar el hecho de que aquello que a los occidentales hace esbozar una irónica sonrisa, en Oriente es considerado como un asunto de vital importancia, pues yo mismo he podido ser testigo de la realidad y eficacia de estas practicas, a menudo tomadas como supercherías.

También quisiera poner en guardia a los principiantes y amantes de las sensaciones exóticas, acerca del peligro inherente que conllevan tales practicas en un ser poco desarrollado, egocéntrico o débil, sin un guía adecuado, una preparación minuciosa y una salud física y mental a toda prueba. la vía del Shugendo puede ser extremadamente peligrosa, pudiendo llevar al desdichado aprendiz de brujo a serios e irreversibles problemas psicológicos y desequilibrios de toda índole.

Quiero en especial referirme a las nuevas versiones del Nin-jutsu, dirigidas por aventureros de lo oculto, de escasa preparación, moral dudosa y objetivos de difícil calificación. Una vez más se impone la seriedad y el más estricto discernimiento, ya que lo que está en juego no es otra cosa que la propia cordura y la salud de nuestro cuerpo. Es necesario estar bien alerta ante tales falsos maestros, fácilmente reconocibles por su modo de vida y comportamiento en el dojo de la existencia cotidiana.


Esta ciencia arcaica, ahora también agonizante en el Japón, amenaza con una total extinción-como el Budo actual- a falta de estudiantes sinceros, capaces de liberarse de los espejismos que caracterizan al profano– aquel que se encuentra aún en el exterior del templo- decididos a entregarse de corazón a esta vía dura y, a veces, peligrosa.

El Shugendo, no obstante, en un sendero lleno de profundidad, historia, doctrina y prácticas espirituales, dirigidas a hacernos realizar aquello que los maestros de Extremo Oriente llaman el Buda Secreto, un poder maravilloso, que una vez conquistado ha de ser dirigido hacia la humanidad sufriente, sumida en el bosque de la ignorancia.

Su doctrina y sus prácticas mágicas y de alquimia mística tienen como principal objetivo, a pesar de la utilización oscura que algunos de sus seguidores hicieron de ella, llevar al adepto a tomar conciencia de su naturaleza interior, que en crisálida vive en el corazón y en la mente de todo buscador de la senda divina.

La enseñanza real del Shugendo podría resumirse en las magistrales palabras de su místico inspirador, el gran Maestro Kobo Daishi: Sokushin Jobutsu!Llegar a ser un Buda en esta vida, con este cuerpo


Video SHUGENDO, relatado en Nihongo (duración 30 mtos.)


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Continuará

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