Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

b1

H. P. Blavatsky y su Misión

 

 

P. Blavatsky ha muerto, pero la gran alma que estuvo encarnada en su forma, vive aún. La mujer, que por no haber sido entendida sino por muy pocos, fue llamada “la Esfinge del siglo XIX”, ha rendido su espíritu; pero la gran alma (Maha Atma), que habitó aquella forma mortal usándola como instrumento para difundir en esta era de oscuridad mental los rayos de la luz espiritual, abandonó el cuerpo para volver a otra morada más congenial, descanso de sus trabajos.

Es dudoso, que haya existido algún gran genio y salvador de la humanidad, cuya personalidad, aun en su paso por la tierra, no haya sido mal comprendida por sus amigos, difamada por sus enemigos, mentalmente torturada y crucificada, y finalmente, objeto de idolatría por las siguientes generaciones. H. P. Blavatsky no parece ser una excepción a esta regla.

Ofuscado el mundo por la luz de sus doctrinas, que la mayoría no ha conseguido asir porque le eran completamente nuevas, la miraron con recelo; y los representantes de la ignorancia científica, saturados de pomposa vanidad, la llamaron “la mayor impostora del siglo”, porque sus mentes estrechas no pudieron elevarse a la comprensión de la grandeza de su espíritu. No es difícil profetizar que en un futuro próximo, cuando se hayan olvidado los nombres de sus enemigos, el mundo trabajará para conocer la verdadera misión de H. P. B., que verá en ella a un mensajero de luz, enviado para instruir a este mundo pecador, para redimirle de la ignorancia, locura y superstición; labor cumplida en cuanto que su voz fue oída y sus enseñanzas aceptadas.

El historiador futuro escudriñará los archivos con el propósito de encontrar algún trozo de historia de la vida de H. P. B., y a menos que las calumnias que sobre ella se escribieron no hayan desaparecido en el montón de basura de donde salieron, no es imposible que los escritorzuelos del futuro manchen su memoria, al igual que los irresponsables escritorzuelos modernos mancharon la memoria de Cagliostro, Teofrasto, Paracelso y otras grandes almas.


Por estas y otras razones que se evidencian, es muy de desear que se publique algo, digno de confianza, respecto a la vida de H. P. B., por alguna persona competente que haya estado bien relacionada con ella, que no sea un adorador de personalidades, sino capaz de estudiar y describir la vida del ser interno.

La verdadera vida de todo ser humano espiritualmente despierto, no es su externa, sino su interna vida. Relatar, simplemente, los acontecimientos de la vida terrestre de un genio encarnado y no hacerlo de su vida interior, de sus pensamientos y sentimientos, es describir la casa que aquel genio habitó en su paso por la tierra y no hacer caso del habitante. Así que, aun el mejor escrito que acerca de la vida de H. P. B. ha sido publicado, se parece a la pintura de un pájaro del paraíso, después de haber sido el pájaro despojado de su plumaje y aderezado para la cocina. Es el tratado de un sujeto altamente poético, vaciado cuidadosamente de toda poesía. Las plumas son partes tan esenciales en un pájaro como sus músculos y huesos, y el lado poético e ideal de un hombre es algo más esencial en su naturaleza que la estructura de su cuerpo físico o el corte de su vestido. Es la vida interna de H. P. B., su modo de pensar y sentir, lo que es de importancia y debe ser comprendido; lo restante pertenece a las cosas externas que no merecen la atención del verdadero ocultista.

Cada hombre es doble en su naturaleza, posee una vida externa y otra interna. H. P. B., no fue una excepción a esta regla. H. P. B., ni fue completamente humana, ni completamente divina.

 

Un poeta ha dicho:

Dos naturalezas hay en todo ser humano:
Una es, hija de la clara luz del día,
Nada oscuro hay en ella, todo es claridad
Allí, todo es resplandeciente, nada oculto,
Lo más íntimo tu ojo puede penetrar,
No hay allí misterio ni secreto;
En ella gobiernan: la sabiduría, justicia, amor y fe;
Sin motas, como el cristal en su pureza.


La otra es un ser nacido de la noche,
Llena de negras nubes que cambian una y otra vez,
Confunde la razón e ignora la luz;
Es un extranjero en sus propios dominios;
Insensiblemente llena nuestra vida diaria
De burlescos duendes; su reino discorde
Engendra errores y contiendas;
Enredando los hilos y dañando al designio.

 

 

Así, cada persona tiene bajo su mando una vida terrestre y otra celestial. Para la gran mayoría, enredada en las mallas de este mundo de ilusiones, estas ilusiones parecen ser la realidad, y la vida celestial meramente un sueño; pero hay otros en quienes la vida interna despierta, conocen la vida celestial como la verdadera, y esta vida terrestre sólo una ilusión o una pesadilla. Este hecho de la doble existencia fue reconocido de todo sabio y santo y es conocido de quien esté en posesión de la divina sabiduría del Yo.

Se hace mención de ello en muchos sitios en el Bhagavad Gita y en la Biblia. A esta doble vida de iniciado es a la que los apóstoles aluden cuando dicen: “Vivimos sobre la tierra, pero nuestra conciencia está en el cielo.”

Son aquellos en quienes la luz ha disipado las tinieblas; aquellos en quienes no existe ya el “cuerpo de pecado”. Hay Adeptos completamente desarrollados, y como uno de éstos se presenta San Pablo en su epístola a los Romanos, cap. VII, versículos 5 y 6 (1) donde dice: “Porque mientras estábamos en la carne, los efectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros, fructificando para muerte: mas ahora estamos libres de la ley, habiendo muerto a aquella en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en vejez de letra.”

Tales sabios y santos son los Buddhas y Arhats y los “Maestros de Sabiduría” con los que H. P. B. pretendía haber hecho conocimiento, y a los que cada cual puede conocer si crece más allá de su estrecho y pequeño Yo y se eleva al plano en que Ellos viven. El que la sociedad moderna no conozca nada de la existencia de santas personas, y que la ciencia moderna no haya descubierto aún ningún santo, no destruye la teoría de que hay seres humanos en quienes el germen de Divinidad, existente en todos los hombres, ha evolucionado tanto que un reino más elevado de conocimiento espiritual, inalcanzable para quienes se ocupan de cosas terrenas, se ha revelado a ellos, y que las almas de estas personas, por haber alcanzado la auto-conciencia en la luz del Espíritu, están en posesión de extraordinarias facultades. De estos regenerados dice la Biblia que no pueden pecar porque son nacidos de Dios (I Juan III 9). Y en Pedro I 22, leemos que estas almas, habiendo sido purificadas en obediencia de la verdad, por el Espíritu de amor sincero, “renacen, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la Palabra de Dios” obrando en ellos.

H. P. B. nunca deseó ser mirada como un dios, santo o adepto, y en una carta dirigida al autor de estas notas, repudia expresamente tales pretensiones, diciendo: que aunque marcha por el Sendero, no ha alcanzado todavía la meta. En H. P. B. había aún una naturaleza humana; pudo aún regocijarse con el alegre y simpatizar con el triste; esta parte de la naturaleza de H. P. B. fue objeto de una continua crítica por el “psiquista investigador”, que no conociendo nada acerca de la divinidad en la humanidad, sólo vió su propia imagen animal reflejada en ella. Cada punto nebuloso fue así por tales críticos investigado y exagerado en sus imaginaciones mórbidas; pero del lado luminoso de H. P. B., no percibieron nada porque en ellos no había luz.

Todo lo que descubrieron, si desechamos lo que sus fantasías añadieron, fue que H. P. B. era amable y generosa hasta el exceso, que era impulsiva y enérgica, y a veces se dejaba llevar por los extremos en sus nobles impulsos. Encontraron que fumaba cigarrillos, que exteriorizaba sus pensamientos sin gran ceremonia y rehusaba en absoluto ser como esos hipócritas, socarrones y santos de cara adulzada, que van continuamente disfrazados, y que son para el mundo como los pilares de la Iglesia y del Estado, mientras que detrás de su beatería está oculta su afectación y podredumbre.

Los chillones buhos de la sofistería científica que vinieron a preguntar al águila de los Himalayas, como no pudieron seguir su vuelo hasta las cimas de las montañas, fuera del alcance de su limitada visión, y no pudieron cortarle sus alas, creció en ellos la envidia y chillaron, arrojando calumnias sobre el pájaro real. En muchos casos, estos calumniadores se excedieron en su trabajo, y la extraordinaria virulencia de las calumnias evidencian suficientemente el carácter del espíritu que inspiró tales escritos y hacen completamente innecesaria la refutación.

Algunos de estos escritores la imputaron el haber cometido prácticas inmorales; y semejantes historias, tan pronto como fueron inventadas se imprimieron, y fueron siempre rápidamente tomadas y puestas en circulación por aquellos intrépidos periodistas, que ansiosos de aumentar la circulación de sus periódicos, están siempre alerta para dar a sus lectores algo sazonado y sensacional. Estas historias fueron frecuentemente absurdas y causaron no poca hilaridad entre aquellos que conocían los hechos.

Así, yo recuerdo que mientras estuve en la India circuló una noticia entre algunos periódicos ingleses y americanos: decían que se había suscitado una pendencia entre los Teosofistas de Adyar, porque H. P. B. estaba celosa del Coronel Olcott por causa de la Sra. Coulomb, y que el Sr. Coulomb, enfurecido, había rehusado el suministrar más fondos para sostener los asuntos de la Sociedad Teosófica.

Los que conocen las personas a que se hace referencia, y saben que los Coulombs no tenían un céntimo, y que se les sufría en Adyar por caridad, apreciarán el grito conque estas “noticias” fueron recibidas por los “Chelas”.

No tendrían fin los escritos ni la pérdida de tiempo, si todas las calumnias contra H. P. B. que fueron circuladas por los píos misioneros de Madras y de otros sitios, hubiesen de ser refutadas, especialmente, porque es más fácil sostener una calumnia que refutarla. Algunas de estas calumnias pueden, sin embargo, haber sido hechas con la mejor de las intenciones; por ejemplo: ciertas personas dudaron de la veracidad de H. P. B. por la misma razón que un rey africano está pronto a mandar decapitar a un viajero europeo, porque este último dijo al rey que en algunos sitios de Europa y en ciertas estaciones, el agua de los ríos y lagos se vuelve tan dura, que se puede andar sobre ella; por tal razón el rey decidió que no debía tolerarse que viviese semejante embustero.

Prestaría poca atención a la verdad si pretendiese que ninguna de las acusaciones que nacieron contra H. P. B. se fundaban en hechos; pero las causas que originaron tales molestias sin fin fueron: su deseo de juzgar el modo cómo los negocios mundanos debieran ser hechos, que a la manera de un niño confiaba que el mundo miraría las cosas del mismo modo en que aparecían para ella; una completa indiferencia a lo que el público pudiese decir o pensar de ella; el deseo de proteger a sus partidarios de las consecuencias de las estupideces que cometían, etc., etc.

Lo que H. P. B. deseaba, eso pensaba; lo que pensaba, decía; y lo que decía, hizo sin mirar las consecuencias. En ella, como en un niño inocente, pensamientos, palabras y actos, eran una sola cosa y en completa armonía.

H_P_B_and_H_S_OLCOTT_Blog_Vajarayana

H_P_B_Si_Intentasemos_Vajarayana_Blogi intentásemos solucionar el misterio de la “Esfinge del siglo XIX” y presentar la historia del verdadero Ego de H. P. B., deberíamos ante todo conocer la individualidad, la “nueva criatura” (2) encarnada en la forma de H. P. B., y saber algo de sus vidas anteriores, para que nos fuese posible comprender las causas por las que apareció en esta tierra en forma de mujer.

Entonces tendríamos que aceptar la teoría de que el alma del regenerado es capaz de vivir y obrar más allá de los límites del cuerpo físico, que es su morada e instrumento para su manifestación exterior, y que el alma espiritual de tal persona en una forma astral etérea puede estar en un país lejano, por ejemplo en el Tibet, en tanto que el cuerpo físico vive aún y actúa consciente e inteligentemente en Europa y América. Pero el mundo no está aún en disposición de recibir una historia seria, que contenga hechos todavía terra incógnita para Europa y la ciencia y cuya inteligencia se encuentra sólo en el Acta Sanctorum, hoy día mirado aún por la iglesia como “leyenda y fábula” o (para expresarlo con menos delicadeza) como un conjunto de mentiras. Tal historia requeriría lectores conocedores de las doctrinas de Reencarnación y Karma; lectores que hubiesen conquistado su propia naturaleza, y por su propia experiencia les fuese posible realizar lo que ello significa ser en el mundo, pero no de él.

Pero aunque la Biblia dice: “el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios” (Juan III 3), sin embargo, los términos renacimiento y regeneración se han convertido en palabras sin sentido para el moderno fanático y en absurdos para el hombre de ciencia. El religioso visionario se adula a sí mismo, con la creencia de que ya se ha regenerado y alcanzado la inmortalidad. No sabe que la regeneración en el espíritu es acompañada del despertamiento de los sentidos espirituales, y que esta “regeneración” no puede tener lugar mientras se es ciego a la luz de la verdad y sordo a la “voz del silencio”.

“Regeneración”, hoy es una palabra sin sentido para el mundano; y para el clérigo, a lo sumo, significa un cambio de creencia y un progreso moral. El moderno “Cristiano” no comprende pasajes de su Biblia como los siguientes: “Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros.” (Gálatas IV 19). “En Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura.” (Gálatas VI 15), etc., etc.

Ellos no creen que su maestro dice de sus verdaderos discípulos, que los regenerados, aquellos en quienes “el Hijo de Dios ha llegado a la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios IV 13), harán las mismas cosas maravillosas realizadas por él mismo. No quieren creer que a nadie es posible entrar en posesión de la conciencia inmortal, a menos que la “nueva criatura” haya nacido en él; y se envanecen presumiendo que su espíritu es ya inmortal. Pero la inmortalidad Espiritual del Espíritu de Dios no volverá inmortales a sus almas, si estas almas rehusan ser fertilizadas por el Espíritu de Dios y dar a luz a la divina criatura.

Que los “Cristianos” reflexionen sobre el significado de las palabras de la Biblia, donde dice: “El que no naciere de agua y Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: os es necesario nacer otra vez.” (Juan III 5). Poco servirá al devoto creer que su espíritu es inmortal en tanto que no exista espíritu que pueda propiamente (1) Galatas, VII 15. llamarle suyo; porque su alma no contiene al divino amor o espíritu, y por lo tanto, no puede engendrar “la nueva criatura” que pueda pretender la inmortalidad en el Cristo.

Esta unión del alma mortal con el Espíritu inmortal es el objeto y fin de todo Ocultismo y Teosofía. Esta regeneración fue lo que H. P. B. enseñó; porque “regeneración espiritual” e “iniciación” son términos sinónimos.

Una doctrina que no adula la vanidad humana, haciendo creer a los hombres que son ya inmortales gracias a los méritos de una persona que vivió en el pasado, sino que pretende que la inmortalidad es un don ganado exclusivamente por heróicos esfuerzos, combatiendo con los elementos más bajos de nuestra naturaleza, y que hace posible la acción de la divina gracia dentro de nosotros, no es bien recibida por los que prefieren correr tras el dinero y los placeres, y piensan que después de su muerte entrarán en el cielo sobre las espaldas de otro hombre; y por lo tanto, la historia de una alma regenerada pudo ser creída y entendida por unos pocos.

Mucho más fácil sería cubrir tal historia con la forma ficciosa de novela, sin pretensiones de ser creída, y que cada cual acepte lo que sea capaz de comprender y abandone el resto (2).

Para comprender el verdadero misterio que rodea a H. P. B., primero será necesario comprender el misterio llamado “Hombre”: porque el Iniciado comparado con el vulgar, es como un pájaro comparado con un huevo. El pájaro conoce los huevos y sus historias, pero los huevos nada saben de la existencia de los pájaros. Para resolver el gran misterio llamado hombre, la humanidad tendrá que deslizarse fuera del “huevo filosófico”, y convirtiéndose en libre, alcanzar el noble auto-conocimiento de la Divinidad en la Humanidad; pero en los tiempos presentes, parecen ser pocos los que, aun entre los llamados teosofistas, tiene el más débil concepto de lo que significa “divino autoconocimiento”.

Debido al universal error existente con respecto a la naturaleza del hombre, y la ignorancia de lo que es divino en esta naturaleza, H. P. B. ha sido universalmente mal comprendida y desnaturalizada. Después de una larga y paciente observación, refuerza una convicción, que yo mismo insistentemente he rehusado el aceptar, esto es, que en este respecto mucho más daño ha sido hecho por los celosos amigos y admiradores de H. P. B. que por sus enemigos.

H. P. B. jamás pidió ser deificada y negó la posesión de poderes milagrosos; pero hubo muchos de sus partidarios que rindieron a su persona una adoración fetichista, haciendo las más rudas y extravagantes relaciones en su favor, que investigadas se encontraron sin valor, y sí sólo trajo el descrédito sobre ella y la Sociedad, en tanto que, con muy pocas excepciones, estos amigos entusiastas fueron los primeros en abandonarla convirtiéndose en sus enemigos, cuando las ilusiones que ellos mismos creaban se desvanecían.

Conforme a las historias inventadas, creídas y circuladas por estos admiradores, H. P. B. estaba continuamente acompañada de espíritus, invisibles “Maestros del Tibet”, esperando servirla, y verbatim le dictaban sus escritos o “precipitaban” manuscritos mientras ella echaba la siesta. (3)

Gnomos, silfos, ondinas y salamandras estuvieron siempre bajo su mando, llevando sus cartas e inspeccionando la cocina. No ocurría nada en cualquier parte del mundo que; según tales historias, no conociese H. P. B.: pero fue perfectamente evidente a los independientes, que H. P. B. no lo sabía todo y que igualmente, en sus más grandes turbaciones, el bello correo no funcionaba; que para recibir noticias se valía, como los demás mortales, de los terrestres correos y telégrafos. Ello es, que en la base de tales aserciones, había una cierta cantidad de verdad, pero los hechos fueron exagerados más allá de todo límite por sus entusiastas amigos.

H. P. B., según confesión propia, no era instruida. No era ni aun inteligente (clever). Por el contrario, las grandes cosas que hizo, lo fueron con la ayuda de alguno de sus asociados, del modo más torpe, y frecuentemente perjudicó al buen resultado. Al ser llamada “el más grande impostor del siglo” por el agente de la “Soc. de Invest. Psíq.”, y presentarla con ese título, certifica simplemente su propia incapacidad para juzgar sus carácter, porque H. P. B., como todos los que la conocieron pueden atestiguar, no fue capaz nunca de disfrazarse, y cualquiera impostura, grande o pequeña, que hubiese intentado, habría sido inmediatamente descubierto, aun por un niño.

H. P. B. no fue ni inteligente ni ingeniosa, pero estuvo en posesión de aquello que la mayoría de sus críticos tristemente ignoran, esto es, sabiduría del alma, un apartado de la “ciencia” aún no descubierto por los modernos científicos y pseudo-filósofos.

El alma que vivió en ella fue una gran alma, un Mahatma (de Maha, grande, y Atma, alma). Esta gran alma y no la vestidura que H. P. B. usó, será el objeto de nuestra investigación, no con el fin de regalar la curiosidad científica, sino para beneficiar con el ejemplo.

Maestra_H_P_Blavatsky_Blog_Vajarayana_S_A

 

H_P_B_Oigo_Mil_Voces_Vajarayana_Blogigo mil voces que me preguntan: ¿Qué es la sabiduría del alma y cómo puede ser obtenida? ¿Hay algún otro conocimiento que el del cerebro que razona? ¿Puede uno conocer otras cosas que las que se nos enseñó en la escuela, hemos leído en libros o recordamos haber oído?

A esto contestaremos: Infeliz del pueblo que no sabe por el corazón lo que es bueno y hermoso. Desgraciados de aquellos que no poseen percepción interior para la justicia y la verdad; que no pueden sentir verdadero amor, esperanza, fé, y que tienen que estudiar la enciclopedia para encontrar el significado de los términos, benevolencia, caridad, generosidad, espiritualidad, virtud, etc., etc. todo esto no es creación de la imaginación ni producto del cuerpo físico, sino poderes espirituales vivientes, dotando con sus cualidades el alma que los posee. Si se permite a estos poderes crecer y desarrollarse, su verdadera naturaleza se presentará clara a la mente; pero el que no los posea no podrá, por la especulación intelectual, llegar a realizar lo que son.

El estudio de estos poderes y el arte de desarrollarlos por la práctica, constituyó la ciencia del alma, que la Sra. Blavatsky enseñó. El resto de sus doctrinas, en cuanto respecta a la constitución del hombre, evolución de los mundos, etc., etcétera, fueron accesorios para facilitar el auto-conocimiento, destruir el fanatismo y la superstición, para libertar la mente de prejuicios, darla un más ancho campo de ennoblecedor pensamiento y posibilitarla una más grande y elevada concepción de Dios, de la Naturaleza y del Hombre. ¿Qué tiene que ver tal estudio con las historias de espíritus, investigaciones psíquicas, cafeteras, trampas y otras frioleras que frecuentan la mente de quien busca en las cosas externas la prueba de la existencia de lo que ellos mismos deben poseer, antes de que puedan merecer verdaderamente ser llamados hombres hechos a imagen de Dios? En verdad, aquellos que se convirtieron en enemigos porque no pudieron satisfacer su curiosidad, deben ser vituperados por su porfiada repulsa de la verdad divina.

La primera cosa necesaria para adquirir la sabiduría del alma es la posesión de un alma, que significa el poder del sentir. Entre los adversarios de H. P. B., es raro el elemento del alma. Parecen existir sólo en el plano de la mente, esa parte del hombre que especula y razona solamente, pero que no tiene conocimiento real; los antiguos escritores la comparaban con la fría luz de la luna, porque en ella nada hay del solano caliente amor.

El elemento del alma es la voluntad, y la voluntad divina es amor universal como para crear un paraíso, no en la imaginación, sino en el corazón de los que están en posesión de él. Cuando la estrella matutina del divino amor nace en el alma, la paz entra con él. Así, pues, no se dice que los Angeles canten en el nacimiento de Cristo dentro del corazón humano: “Gloria a los que están bien versados en ciencia y sofistería”; sino que se dice que cantan: “Gloria a aquel Dios, que es Amor universal, y paz a los hombres de buena (esto es, divina) voluntad.”

De gran cantidad de enseñanzas puede ser rellenado el cerebro durante una vida, pero cuando llega la muerte, toda esta moralla sin valor en el reino de la eternidad será abandonado; pero el desarrollo de la divina flor de loto del alma en el claror del divino amor, puede necesitar muchas sucesivas encarnaciones. Con el primer rayo de este amor, asimilado por el alma y haciéndole consciente de su propia y elevada naturaleza y destino, el “Chelado” desciende sobre el peregrino en el camino que conduce a la iniciación e inmortalidad. Cuando el fuego de amor es encendido en el corazón, la luz se eleva e ilumina la mente produciendo ciertos cambios aun en la forma física. (Efesios IV 16). Sin este amor divino, toda enseñanza es inútil, vanos todos los esfuerzos: porque Dios es Él mismo Amor (I Juan IV 8), y no puede haber unión con Dios si es desechado el Amor (I Corintios XIII 2).

 

 

Quien encuentra Amor, encuentra Vida espiritual (Proverbios VIII 35); pero quien repudia el Amor, repudia la luz y busca la oscuridad y la muerte. El hombre ha sido llamado un “ser mixto” porque no es completamente material, sino también espiritual en su naturaleza.

En él (como dice Jacobo Böhme) está el campo de batalla de tres reinos: el de la luz, el de la oscuridad y el de la naturaleza. “Continuamente la luz del día brilla en la oscuridad y la oscuridad no la comprende”, pero cuando la oscuridad es disipada por la luz y el Espíritu en el hombre despierta su divina auto-consciencia, entonces aparece en el hombre una nueva colección de facultades interiores, una nueva clase de poderes y percepciones espirituales y la memoria que pertenece al Ego reencarnado asirá la mente terrestre y externa.

Estas enseñanzas, que son incomprensibles para la mayoría porque pertenecen a una clase que está por encima de su experiencia, son de la más grande importancia como estímulo de los pocos que desean seguir el sendero hallado por aquella gran alma que estuvo encarnada en el cuerpo de H. P. B., y nosotros deberíamos, por lo tanto, en vez de perder tiempo en investigar trivialidades como las que pertenecieron a su personalidad (por ejemplo, la omisión de citas), intentar el estudio de su vida interna y seguir a su alma en su vuelo hacia el trono de la Divina Sabiduría.

 

 

 Line_Apuntes_Blog_Vajarayana

 

Escrito de  F. H.

Notas:

(1)_ Las citas bíblicas que contiene este artículo no se hacen como para presentar mis ideas basadas en especulaciones sobre dichos de la Biblia: se ponen simplemente como corroborativa evidencia para aquellos que las conceden alguna importancia.

(2)_ En “Talking Image of Urur”, tales hechos han sido retratados. Allí el “Maestro de la Imagen” representa el verdadero Ego, el alma regenerada; mientras que la misma Imagen no es sino el cuerpo elemental, la personalidad, por la que el verdadero Ego, obra.

(3)_ Después de haber sido escrito esto, vino a mis manos el número de Lucifer del 15 de mayo, en donde encontré esto mismo corroborado por ella misma, en la página 243.

 Line_Apuntes_Blog_Vajarayana

Dr_Franz_Hartmann_Vajarayana_Blog

 

 

 

 

 

 Theo_Sophia_Filaleteos_Blog_Vajarayana

 

 

 


La Voz del Silencio

S_Z_Voz_del_Silencio_Vajarayana_Blog

Dedicado_a_los_pocos_Vajarayana_Blog

Las_paginas_siguientes_Vajra_2015_Blogas páginas siguientes son entresacadas del Libro de Los Preceptos de Oro, una de las obras que figuran en manos de los Estudiantes de Misticismo en Oriente.

Su conocimiento es obligatorio en aquella escuela, cuyas enseñanzas son admitidas por gran número de teósofos. Así es que, como muchos de estos preceptos los sé de memoria, su traducción ha sido para mí un trabajo relativamente fácil.

Bien sabido es que, en la India, los métodos de desarrollo psíquico varían según los Gurús (preceptores o maestros), no sólo por el hecho de pertenecer a diversas escuelas filosóficas, de las cuales se cuentan seis, sino también porque cada Gurú tiene su propio sistema que, en general, mantiene muy secreto. Pero, más allá de los Himalayas, el método seguido en las escuelas esotéricas no varía, a menos que el Gurú sea un simple Lama de conocimientos no mucho mayores que los de aquellos a quienes enseña.

La obra a que pertenecen los fragmentos que aquí traduzco, forma parte de aquella misma serie de la cual han sido sacadas las estancias del Libro de Dzyan, en las que está basada La Doctrina Secreta. El Libro de Los Preceptos de Oro reclama igual origen que la gran obra mística denominada Paramârtha, la cual, según nos dice la leyenda de Nâgârjuna, fue entregada al gran Arhat por los Nagas o «serpientes» (título que se le daba a los antiguos Iniciados). Sin embargo, sus máximas y sus ideas, aunque nobles y originales, se encuentran con frecuencia bajo formas diversas en las obras sánscritas tales como el Dnyaneshari, soberbio tratado místico en el cual Krishna describe a Arjuna con brillantes colores la condición de un Yogui plenamente iluminado, y también en ciertos Upanishads. Esto es muy natural puesto que, si no todos, la inmensa mayoría de los más grandes Arhats, los primeros discípulos de Gautama Buddha, eran indos y arios, y no mongoles, especialmente aquellos que emigraron al Tíbet. Las obras dejadas sólo por Aryasanga son numerosísimas.

Los Preceptos originales están grabados en delgadas placas cuadrangulares, y muchas de las copias están en discos. Tales discos o placas se guardan generalmente en los altares de los templos anexos a los centros en que se hallan establecidas las escuelas llamadas «contemplativas» o Mahâyânas (Yogachârya). Están escritos de distintas maneras, algunas veces en tibetano, pero principalmente en caracteres ideográficos.

La lengua sacerdotal, además de tener su alfabeto propio, puede expresarse por medio de varios sistemas de escritura cifrada, cuyos caracteres participan más de la naturaleza del ideograma que de las sílabas. Otro método (lug, en tibetano) consiste en el empleo de los números y colores, cada uno de los cuales corresponde a una letra del alfabeto tibetano (que consta de treinta letras simples y setenta y cuatro vi compuestas), formando así un alfabeto criptográfico completo.

Cuando se emplean los signos ideográficos, hay una manera definida de leer el texto, pues en tal caso los símbolos y signos usados en astrología —esto es, los doce animales del Zodiaco y los siete colores primarios, cada uno de ellos triple en gradación o matiz, a saber: claro, primario y oscuro— representan las treinta y tres letras del alfabeto simple, en lugar de palabras y frases, porque en este método los doce ʺanimalesʺ repetidos cinco veces y asociados con los cinco elementos, y los siete colores, proporcionan un alfabeto completo compuesto de sesenta letras sagradas y doce signos.

Un signo colocado al principio del texto determina si el lector tiene que descifrarlo según el sistema indio, en el cual cada palabra es simplemente una adaptación sánscrita, o si debe hacerlo con arreglo al principio chino de leer los signos ideográficos. El método más fácil, sin embargo, es aquel que permite al lector no emplear ninguna lengua especial, o emplear la que más le plazca, puesto que los signos y símbolos eran, como los guarismos o números arábigos, propiedad común e internacional entre los místicos iniciados y sus discípulos. La misma peculiaridad es característica de una de las formas de escritura china, la cual puede leerse con igual facilidad por cualquiera que conozca los caracteres; por ejemplo, un japonés puede leerla en su propia lengua tan fácilmente como un chino en la suya.

El Libro de los Preceptos de Oro —algunos de los cuales son prebúddhicos, mientras que otros pertenecen a una época posterior— contiene unos noventa pequeños tratados distintos. De éstos aprendí, hace años, treinta y nueve de memoria. Para traducir los restantes, tendría que recurrir a innumerables notas diseminadas entre los papeles y cuadernos de apuntes coleccionados durante los últimos veinte años y jamás puestos en orden, siendo su número demasiado grande para que la tarea resultara cosa fácil.

Por otra parte, tampoco podrían ser todos ellos traducidos y presentados a un mundo sobrado, egoísta y apegado a los objetos de los sentidos, para estar en disposición de recibir en su verdadero espíritu una moral tan sublime. Pues, a no ser que el hombre persevere formalmente en su empeño de lograr el conocimiento de sí mismo, jamás prestará complaciente oído a reflexiones y enseñanzas de tal naturaleza.

Y, sin embargo, semejante ética llena volúmenes y más volúmenes en la literatura oriental, especialmente en los Upanishads. «Mata todo deseo de vida», dice Krishna a Arjuna. Tal deseo radica tan sólo en el cuerpo, el vehículo del Yo encarnado, no en el YO que es «eterno, indestructible, que ni mata ni es matado». (Katha Upanishad) «Mata la sensación», enseña el Sutta Nipata; «considera iguales el placer y el dolor, la ganancia y la pérdida, la victoria y la derrota». Además: busca tu refugio solamente en la «eterno». (Idem) «Destruye el sentimiento de separatividad», repite Krishna en todas formas. «La mente (Manas) que se abandona a los errantes sentidos, deja el alma (Buddhi) tan desvalida como la barquilla que es arrebatada por el huracán sobre las olas». (Bhagavad Gíta, II, 67.)

Por lo tanto, se ha considerado más oportuno hacer una juiciosa selección tan sólo de aquellos tratados que son más provechosos a los pocos místicos verdaderos de la Sociedad Teosófica, y que con seguridad responderán a sus necesidades. Éstos son los únicos que apreciarán aquellas palabras de Krishna-Christos, el Yo Superior:

«Los sabios no se afligen ni por los vivos ni por los muertos. Jamás he dejado yo de existir, ni tú, ni ninguno de estos caudillos, ni tampoco dejará de existir en lo venidero ninguno de nosotros». (Bhagavad-Gíta, II, 11-12.)

En esta traducción me he esmerado todo lo posible para conservar la belleza poética del lenguaje y las imágenes que caracterizan al original. Hasta qué punto ha coronado el éxito mis esfuerzos, el lector es quien ha de juzgarlo.

 

 Indice_F_Voz_del_Silencio_Vajarayana_Blog

 

 

 

 La_Voz_del_Silencio_S_Vajarayana_Wblog

 

Las_Presentes_Vajra_2015_Blogas presentes instrucciones son para aquellos que ignoran los peligros de los Iddhi (1) inferiores.

Aquel que pretenda oír la voz del Nâdâ(2) «el Sonido insonoro», y comprenderla, tiene que conocer la naturaleza de Dhâranâ.(3)

Habiéndose vuelto indiferente a los objetos de percepción, el discípulo debe buscar el rajah de los sentidos, el Productor del pensamiento que despierta la ilusión.

La Mente es el gran destructor de lo Real.

Destruya el discípulo al Destructor. Porque:

Cuando su propia forma le parezca ilusoria, como al despertar, todas las formas que en sueños ve.

Cuando él haya cesado de oír los muchos sonidos, entonces podrás discernir el UNO, el sonido interno que mata el externo.

Entonces únicamente, y no antes, abandonará la región de Asat, lo falso, para entrar en el reino de Sat, lo verdadero.

Antes de que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la Armonía interior, y los ojos carnales han de estar cegados a toda ilusión.

Antes de que el alma pueda oír, es menester que la imagen (el hombre) se vuelva tan sorda a los rugidos como a los susurros; a los bramidos de los elefantes furiosos, como al zumbido argentino de la dorada mosca de fuego.

Antes de que el alma sea capaz de comprender y recordar, debe estar unida con el Hablante silencioso, de igual modo que la forma en la cual se modela la arcilla, lo está al principio con la mente del alfarero.

Porque entonces el alma oirá y recordará.

Y entonces al oído interno hablará,

LA VOZ DEL SILENCIO, y dirá:

Si tu alma sonríe mientras se baña en la luz del Sol de tu vida; si canta tu alma dentro de su crisálida de carne y materia; si llora en su castillo de ilusiones; si pugna por romper el hilo argentino que la une al Maestro(4) sabe, discípulo, que tu alma es de la tierra.

Cuando tu alma en capullo(5) presta oído al bullicio mundanal; cuando responde a la rugiente voz de la Gran Ilusión(6); cuando temerosa a la vista de las ardientes lágrimas de dolor, y ensordecida por los gritos de desolación se refugia tu alma como una cautelosa tortuga dentro de la concha de la Personalidad, sabe, discípulo, que tu alma es altar indigno de su «Dios» silencioso.

Cuando, ya más fortalecida, tu alma se desliza de su seguro refugio, y arrancándose del tabernáculo protector, extiende su hilo de plata y se lanza adelante; cuando al contemplar su imagen en las olas del Espacio, murmura: «Éste Soy yo», declara, discípulo, que tu alma está presa en las redes de la ilusión(7).

Esta tierra, discípulo, es la Mansión de dolor, en donde hay colocados, a lo largo del Sendero, de tremendas pruebas, diferentes lazos para recoger a tu Yo, engañado con la ilusión llamada «Gran Herejía»(8).

Esta tierra, oh ignorante discípulo, no es sino el sombrío vestíbulo por el cual uno se encamina al crepúsculo que precede al valle de la luz verdadera; luz que ningún viento puede extinguir; luz que arde sin pabilo ni combustible.

Dice la gran Ley:

«Para llegar a ser Conocedor del Yo Entero(9) debes primeramente ser conocedor del Yo». Para lograr el conocimiento de tal Yo, tienes que abandonar el Yo al No-Yo, el Ser al No-Ser, y entonces podrás tú responder entre las alas de la Gran Ave(10). Sí, dulce es el reposo entre las alas de aquello que no ha nacido ni muere, antes bien es el AUM a través de las eternidades(11) .

Monta en el Ave de la Vida, si pretendes saber (12).

Abandona tu vida, si quieres vivir(13).

Index_Line_Vajarayana_Blog

Tres_Vestibulos_Vajra_2015_WBlogres Vestíbulos, oh fatigado peregrino, conducen al término de los penosos trabajos.

Tres Vestíbulos, oh vencedor de Mara, te conducirán por tres diversos estados(14) al cuarto(15) y de allí a los siete mundos(16) a los mundos del Eterno Reposo.

Si deseas saber sus nombres, oye y recuerda:

El nombre del primer Vestíbulo es Ignorancia (Avidya).

Es el Vestíbulo en que tú viste la luz, en que vives y en que morirás(17) .

El nombre del segundo es Vestíbulo de la Instrucción(18). En él encontrará tu alma las flores de vida, pero debajo de cada flor una serpiente enroscada(19).

El nombre del tercer Vestíbulo es Sabiduría, más allá de la cual se extienden las aguas sin orillas de Akshara, la fuente inagotable de Omnisciencia(20).

Si quieres cruzar seguro el primer Vestíbulo, haz que tu mente no tome por la Luz del Sol de Vida los fuegos de concupiscencia que allí arden.

Si pretendes cruzar sano y salvo el segundo, no te detengas a aspirar el aletargador perfume de sus flores. Si de las cadenas kármicas quieres libertarte, no busques a tu Gurú en aquellas mayávicas regiones.

Los Sabios no se detienen jamás en los jardines de recreo de los sentidos.

Los Sabios desoyen las halagadoras voces de la ilusión.

Aquel que ha de darte nacimiento(21) búscalo en el Vestíbulo de la Sabiduría, el Vestíbulo que está situado más allá, donde son desconocidas todas las sombras y donde la luz de la verdad brilla con gloria inmarcesible.Vestibulo_Sabiduria_Weblog_Vajarayana_2015

Aquello que es increado reside en ti, discípulo, como reside en aquel Vestíbulo. Si quieres llegar a él y fundir los dos en uno, debes despojarte de las negras vestiduras de la ilusión. Acalla la voz de la carne, no consientas que ninguna imagen de los sentidos se interponga entre su luz y la tuya, para que así las dos puedan confundirse en una, y tan pronto te hayas persuadido de tu propio Agnyana(22), huye del Vestíbulo de la Instrucción. Este Vestíbulo, tan peligroso en su pérfida belleza, es necesario sólo para tu prueba. Cuidado, lanú, no sea que, deslumbrada por el resplandor ilusorio, se detenga tu alma, y en su engañosa luz quede presa.

Esta luz radiante emana de la joya del Gran Engañador (Mara)(23); hechiza los sentidos, ciega la mente, y convierte al incauto en un náufrago desvalido.

La pequeña mariposa, atraída por la deslumbradora luz de tu lámpara de noche, está condenada a perecer en el viscoso aceite. El alma imprudente que deja de luchar aferrarla con el demonio burlón de la ilusión, volverá a la tierra como esclava de Mara.

Contempla las legiones de almas. Mira cómo se ciernen sobre el proceloso mar de la vida humana, y cómo exhaustas, perdiendo sangre, rotas las alas, caen una tras otra en las encrespadas olas. Sacudidas por los huracanes, acosadas por el furioso vendadal, precipítanse en los regolfos, y desaparecen abismadas en el primer gran vórtice.

Si desde el Vestíbulo de la Sabiduría pretendes pasar al Valle de Bienaventuranza, cierra por completo tus sentidos, discípulo, a la grande y espantable herejía de la separatividad que te aparta de los demás.

No permitas que tú «nacido del Cielo», sumido en el mar de Maya(24) se desprenda del Padre Universal (Alma), antes deja que el ígneo Poder(25) se retire al recinto más interno, la cámara del corazón(26) y morada de la Madre del Mundo(27).

Entonces, desde el corazón aquel Poder ascenderá a la región sexta, la región media, el lugar situado entre tus ojos, cuando se convierte en el aliento del Alma Una, la voz que todo la llena, la voz de tu Maestro.

Sólo entonces podrás tú convertirte en «Paseante del Cielo»(28) que con su planta huella las auras sobre las olas, sin que a su paso los pies toquen las aguas.

Antes de que puedas sentar el pie en el peldaño superior de la escala, la escala de los místicos sonidos, tienes que oír la voz de tu Dios interno(29) de siete modos distintos.

Como la melodiosa voz del ruiseñor entonando un canto de despedida a su compañera, es el primero.

Percíbese el segundo a la manera del sonido de un címbalo argentino de los Dhyanis, despertando las centelleantes estrellas.

Suena el siguiente como el lamento melodioso del espíritu del océano aprisionado dentro de su concha.

Y éste va seguido del canto de la Vina (30) .

El quinto, a manera de flauta de bambú, suena vibrante en tu oído.

Y luego se convierte en sonido de trompeta.

El último vibra como el sordo retumbar de una nube tempestuosa.

El séptimo absorbe todos los demás sonidos. Éstos se extinguen, y no se les vuelve a oír más.

Cuando los seis(31) han sido muertos y abandonados a los pies del Maestro, entonces el discípulo está sumido en el Uno(32), se convierte en este Uno, y en él vive.

Antes de entrar en aquel sendero, debes destruir tu cuerpo lunar(33), expurgar tu cuerpo mental(34), y purificar tu corazón.

Las puras aguas de eterna vida, claras y cristalinas, no pueden mezclarse con los cenagosos torrentes del tempestuoso monzón.

La gota de rocío celeste que acariciada por el primer rayo de sol matutino brilla en el seno del loto, una vez caída al suelo, conviértese en barro; mira: la perla es ahora una partícula de cieno.

D_Pensamientos_M_WBlog_Vajarayana_2015

Lucha con tus pensamientos impuros antes de que ellos te dominen. Trátalos como pretenden ellos tratarte a ti, porque si, usando tolerancia con ellos se arraigan y crecen, sábelo bien, estos pensamientos te subyugarán y matarán.

Cuidado, discípulo, no permitas que ni aun la sombra de ellos se acerque a ti. Porque crecerá, aumentará en magnitud y poder, y entonces esta cosa de tinieblas absorberá tu ser antes de que te hayas dado cuenta de la presencia del monstruo negro y abominable.

Antes que el «místico Poder»(35) pueda hacer de ti un dios, oh lanú, debes haber adquirido la facultad de destruir a voluntad tu forma lunar.

El Yo material y el Yo espiritual jamás pueden estar juntos. Uno de los dos tiene que desaparecer: no hay lugar para entrambos.

Antes de que la mente de tu alma pueda comprender, el capullo de la personalidad debe ser aplastado, y el gusano del sensualismo ha de ser aniquilado, sin resurrección posible.

No puedes recorrer el Sendero antes de que tú te hayas convertido en el Sendero mismo(36).

Haz que tu alma preste oído a todo grito de dolor, de igual modo que descubre su corazón el loto para absorber los rayos del sol matutino.

No permitas que el sol ardiente seque una sola lágrima de dolor, antes de que tú mismo la hayas enjugado en el ojo del afligido.

Pero deja que las ardientes lágrimas humanas caigan una por una en tu corazón, y que en él permanezcan sin enjugarlas, hasta que se haya desvanecido el dolor que las causara.

Estas lágrimas, oh tú de corazón tan compasivo, son los arroyos que riegan los campos de caridad inmortal. En este suelo es donde crece la flor de la medianoche, la flor de Buddha(37), más difícil de encontrar y más rara de ver que la flor del árbol Vogay.

Es la semilla que libra del renacimiento al Arhat(38), cubierto de toda lucha y concupiscencia, y le guía a través de las regiones del Ser a la paz y beatitud conocidas únicamente en la región del Silencio y del No-Ser.

Mata_el_deseo_2015_Vajraata el deseo; pero si lo matas, vigila atentamente, no sea que de entre los muertos se levante de nuevo.

Mata el amor a la vida, pero si matas el tanha(39), procura que no sea por la sed de vida eterna, sino para sustituir lo pasajero con la perdurable.

Nada desees. No te irrites contra el Karma(40), ni contra las leyes inmutables de la Naturaleza. Lucha tan sólo contra lo personal, lo transitorio, lo efímero y lo perecedero.

Ayuda a la Naturaleza y con ella trabaja, y la Naturaleza te considerará como uno de sus creadores y te prestará obediencia.

Y ante ti abrirá de par en par las puertas de sus recintos secretos, y pondrá de manifiesto ante tus ojos los tesoros ocultos en las profundidades mismas de su seno puro y virginal. No contaminados por la mano de la materia, muestra ella sus tesoros únicamente al ojo del Espíritu, ojo que jamás se cierra, y para el cual no hay velo alguno en todos sus reinos.

Entonces te indicará los medios y el camino, la puerta primera, y la segunda, y la tercera, hasta la misma séptima, y luego te mostrará la meta, más allá de la cual hay, bañadas en la luz del sol del Espíritu, glorias inefables, únicamente visibles para los ojos del alma.

Sólo existe una vereda que conduce al sendero; sólo al término de ella puede oírse la «Voz del Silencio». La escala por la cual asciende el candidato está formada por peldaños de sufrimiento y dolor, y éstos únicamente pueden ser acallados por la voz de la virtud. ¡Ay de ti, discípulo, si queda un solo vicio que no hayas dejado atrás!

Porque entonces la escala cederá bajo tus plantas y te precipitará; su base descansa en el profundo cenegal de tus pecados y defectos, y antes que puedas aventurarte a cruzar este ancho abismo de materia, tienes que lavar tus pies en las aguas de la Renuncia.

Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escala. ¡Ay de aquel que se atreva a ensuciar con sus pies fangosos un escalón tan solo! El cieno inmundo y pegajoso se secará, se hará tenaz, pegará sus pies en aquel sitio, y como el pájaro cogido en la liga del cazador astuto, quedará imposibilitado para un nuevo progreso. Sus vicios adquirirán forma y le arrastrarán hasta el fondo. Sus pecados levantarán la voz, semejante a la risa y al aullido del chacal después de la puesta del sol; sus pensamientos se convertirán en un ejército y se lo llevarán tras de sí como a un esclavo.

Mata tus deseos, lanú; reduce tus vicios a la impotencia antes de dar el primer paso en el solemne viaje.

Ahoga tus pecados, enmudécelos para siempre, antes de levantar un pie para subir la escala.

Aquieta tus pensamientos y fija toda la atención en tu Maestro, a quien todavía no ves, pero a quien tú sientes.

Funde tus sentidos en un solo sentido, si quieres estar seguro contra el enemigo. Por medio de este sentido único, que está oculto en la concavidad de tu cerebro, es como puede mostrarse ante los ofuscados ojos de tu alma el escarpado sendero que a tu Maestro conduce.

S_Rayo_eres_Tu_WBlog_2015_Vajarayana

Largo y penoso es el camino que tienes ante ti, discípulo. Un solo pensamiento(41) acerca de lo pasado que dejaste en pos de ti te arrastrará al fondo, y tendrás que emprender de nuevo la subida.

Mata en ti mismo todo recuerdo de pasadas experiencias. No mires atrás, o estás perdido.

No creas que la concupiscencia puede extirparse satisfaciéndola o saciándola, pues esto es una abominación inspirada por Mara. Alimentando al vicio es como se desarrolla y adquiere fuerza, como mismo el gusano se ceba en el corazón de la flor.

La rosa tiene que convertirse nuevamente en el capullo nacido de su tallo generador, antes de que el parásito haya roído su corazón y chupado su savia vital.

El árbol de oro produce las yemas preciosas antes de que la tormenta haya maleado su tronco.

El discípulo ha de recobrar el estado infantil que perdió, antes de que el sonido primero pueda herir su oído.

La luz del Maestro Uno, la luz áurea e inextinguible del Espíritu, lanza desde el principio mismo sus refulgentes rayos sobre el discípulo. Sus rayos pasan a través de las densas y oscuras nubes de la materia.

Ora aquí, ora allí, estos rayos la iluminan, de igual modo que a través del espeso follaje de la selva los rayos del sol alumbran la tierra. Pero, a menos de ser pasiva la carne, fría la cabeza, y el alma tan firme y pura como deslumbrador diamante, sus irradiaciones no llegarán a la cámara(42), sus rayos no calentarán el corazón, ni los místicos sonidos de las alturas Akásicas(43) llegarán al oído del discípulo, a pesar de todo su entusiasmo en el grado inicial.

A menos de oír, tú no puedes ver.

A menos de ver, tú no puedes oír. Oír y ver: he aquí el segundo grado.

Cuando el discípulo ve y oye, y cuando huele y gusta teniendo cerrados los ojos, los oídos, la boca y la nariz; cuando los cuatro sentidos se confunden y se hallan prestos a pasar al quinto, al del tacto interno, entonces él ha pasado al grado cuarto.

Y en el quinto, oh matador de tus pensamientos, todos éstos tienen que ser muertos de nuevo sin esperanza alguna de reanimación(44).

Aparta tu mente de todos los objetos externos, de toda visión exterior. Aparta las imágenes internas, no sea que proyecten una negra sombra en la luz de tu alma.

Tú estás ahora en el Dharana(45), el grado sexto.

Una vez hayas pasado al séptimo, oh tú dichoso, no verás ya más el Tres sagrado(46), porque tú mismo habrás venido a ser dicho Tres. Tú mismo y la mente, como gemelos en una línea, y la estrella, que es tu meta, ardiendo encima de tu cabeza(47).

Los tres que moran en la gloria y bienaventuranza inefables han perdido ahora sus nombres en el mundo de Maya. Se han convertido en una estrella única, el fuego que arde pero que no consume, aquel fuego que es el Upadhi(48) de la Llama.

Y esto, oh Yogui afortunado, es lo que los hombres denominan Dhyân (49) el precursor dírecto del Samâdhi(50).

Y ahora tu Yo se halla perdido en el Yo, tú mismo en Ti Mismo, sumido en Aquel Yo del cual tú emanaste primitivamente.

¿En dónde está tú individualidad, lanú? ¿En dónde está el lanú mismo? Es la chispa perdida en el fuego, la gota en el océano, el rayo siempre presente convertido en el Radiación universal y eterna.

Y ahora, lanú, tú eres el agente y el testigo, el radiador y la radiación, la Luz en el Sonido y el Sonido en la Luz.

Conoces ya los cinco obstáculos, oh tú bienaventurado. Tú eres su vencedor, el Maestro del sexto, el expositor de los cuatro modos de Verdad(51). La luz que sobre ellos se difunde irradia de ti mismo, oh tú, que fuiste discípulo y eres en la actualidad Maestro.

Y en cuanto a estos modos de Verdad:

¿No has pasado tú por el conocimiento de toda miseria, la Verdad primera?

¿No has vencido al Rey de los Maras en Tsí, el pórtico de la asamblea(52), la verdad segunda?

¿No has exterminado el pecado en la tercera puerta y adquirido la Verdad tercera?

¿No has entrado en el Tau, el «Sendero» que conduce al conocimiento(53), la verdad cuarta?

Y ahora reposa bajo el árbol Bodhi, que es la perfección de todo conocimiento; porque sábelo, tú eres Maestro de SAMADHI, el estado de visión perfecta.

¡Mira! Tú has llegado a ser la Luz, tú te has convertido en el Sonido, tú eres tu Maestro y tu Dios. Tú eres TÚ MISMO, el objeto de tus investigaciones, la incesante VOZ que resuena a través de las eternidades, libre de cambio, exenta de pecado, los siete sonidos en uno, la VOZ DEL SILENCIO.

OM   TAT   SAT

 

 

 

 

 

H_P_B_E_S_Vajarayana_Blog_2015Notas_del_Fragmento_I_Vajarayana_Wblog

1) La palabra pali Iddhi es sinónima de la voz sánscrita Siddhis, o facultades síquicas, los poderes anormales del hombre. Hay dos clases de Siddhis. Un grupo de ellos comprende las energías síquicas y mentales inferiores, groseras, y el otro requiere la más elevada educación de los poderes espirituales.

Dice Krishna en el Shrimad Bhagavad: «Aquel que vive consagrado a la práctica del Yoga, que ha subyugado sus sentidos y ha concentrado su mente en mí (Krishna) , es un yogui a quien todos los Siddhis están prestos a servir».

2) La «Voz insonora», o la «Voz del Silencio». Literalmente, quizás debería leerse: «Voz en el Sonido espiritual» siendo Nâdâ el término equivalente en sánscrito a la palabra Sen-zar.

3) Dahranâ, la intensa y perfecta concentración de la mente en algún objeto interno, acompañada de una completa abstracción de todas las cosas pertenecientes al universo exterior o al mundo de los sentidos.

4) «Gran Maestro» es la expresión usada por los lanús o chelas para indicar el «yo superior» de uno. Es el equivalente de Avalokiteswara, y lo mismo que el Adi-Buda de los ocultistas budistas, el ATMAN, el «Yo» (el Yo superior) de los brahmanes, y el CHRISTOS de los antiguos gnósticos.

5) Alma se usa aquí para expresar el Yo humano o Manas, al que se hace referencia en nuestra división septenaria oculta, con el nombre de «Alma humana» (véase la Doctrina Secreta), para diferenciarla de las Almas espiritual y animal.

6) «Gran Ilusión» (Maha Maya), el universo objetivo.

7) La ilusión de la personalidad (Sakkáyaditti), la errónea idea de que «yo soy yo», un hombre o mujer de talo cual nombre, una entidad independiente, en lugar de ser una parte inseparable del Todo.

8) Attavada, la herejía de la creencia en el Alma, o mejor dicho, en la separatividad del Alma o Yo, del Yo único, universal e infinito.

9) El Tatwagyani es el «conocedor» o discernidor de los principios de la naturaleza y del hombre; y el Atmagyani es el conocedor del ATMAN, o el YO ÚNICO universal, el Alma del mundo o Espíritu del universo.

10) Kala Hamsa el Ave o Cisne. (Véanse notas siguientes). Dice el Nada-Bindu: Upanishad (Rig-Veda), traducido por la Sociedad Teosófica de Kumbakonam: «La sílaba A se considera que es su ala derecha (del ave Hamsa); U, la izquierda; M, la cola, y de Ardha matra (medio metro) se dice que es la cabeza».

11) La Eternidad, entre los orientales, tiene una significación enteramente distinta de la que tiene entre nosotros. En general se aplica a los Cien años o «Edad» de Brahma, a la duración de un Kalpa, o sea un periodo de 4 320.000.000 de años.

12) Dice el Nada-Bindu antes citado: «El Yogui que cabalga en el Hamsa (esto es, contempla el AUM), no es afectado por las influencias kármicas o crores (medida india) de pecado».

13) Abandona la vida de la personalidad física, si quieres vivir en el espíritu.

14) Los tres estados de conciencia, que son: ]agrat, el estado de vigilia; Swapna, el de sueño; y Sushupti, el de sueño profundo. Estas tres condiciones del Yogui conducen a la cuarta, Turya. (Véase la nota siguiente)

15) Turya, el estado que excede al de sueño sin ensueños, el superior a todos, un estado de elevada conciencia espiritual.

16) Algunos místicos sánscritos fijan siete planos de existencia, los siete lokas o mundos espirituales, dentro del cuerpo del Kala-Hamsa, el Cisne fuera del Tiempo y del Espacio, convertible en el Cisne en el Tiempo, cuando se convierte en Brahma en lugar de Brahma (neutro).

17) El mundo fenomenal de los sentidos y de la conciencia terrestre, solamente.

18) El Vestíbulo de la instrucción probatoria.

19) La región astral, el mundo psíquico de percepciones supersensibles y de visiones engañosas – el mundo de los médiums. Es la gran «Serpiente Astral» de Eliphas Levi. Ninguna flor cogida en aquellas regiones ha sido nunca aportada a la tierra sin su serpiente enroscada alrededor del tallo, es el mundo de la Gran Ilusión.

20) La región de la plena Conciencia espiritual, más allá de la cual no existe ya peligro alguno para aquel que la ha alcanzado.

21) El Iniciado, que, por medio del saber que le comunica, conduce al discípulo a su nacimiento segundo o espiritual, es llamado el Padre, Gurú o Maestro.

22) Agnyana es la ignorancia o no-sabiduría, lo contrario de «conocimiento» (gnyana).

23) Mara, en las religiones exotéricas, es un demonio, un Asura; pero en la filosofía esotérica, es la tentación personificada por los vicios de los hombres, y traducida literalmente la palabra, significa «lo que mata» al alma, Es representado como un Rey (Rey de los Maras), con una corona en la cual brilla una joya con un resplandor tal que ciega a cuantos la miran, figurando, naturalmente, este brillo la fascinación producida por el vicio sobre ciertas naturalezas.

24) Ilusión.

25) El «Ígneo Poder» es el Kundalini, (Véanse las notas 27 y 31)

26) La cámara interna del Corazón, llamada en sánscrito Brahma poori.

27) «Poder» y «Madre del Mundo» son nombres dados al Kundalini, uno de los místicos «Poderes del Yogui». Es el Buddhi considerado como principio activo en lugar de pasivo, como lo es generalmente cuando se le considera como simple vehículo o estuche del Espíritu Supremo, ATMA. Es una fuerza electro-espiritual, una potencia creadora, que una vez despertada su actividad, puede matar tan fácilmente como puede crear.

28) Keshara, o «paseante del cielo» o «el que va al cielo». Según se expone en el 6to Adhyaya del rey de los tratados místicos. El Dhyaneswari, el cuerpo del Yogui, se vuelve como formado de aire; como «una nube de la cual han brotado miembros», después de lo cual «él (el Yogui) ve las cosas existentes más allá de los mares y de las estrellas; oye y comprende el lenguaje de los Devas (dioses) y percibe lo que pasa en la mente de la hormiga».

29) El YO superior.

30) La Vina es un instrumento de cuerda indo, parecido al laúd.

31) Los seis Principios que constituyen el hombre; alusión a cuando la personalidad inferior es aniquilada, y la individualidad interna se sume y pierde en el Séptimo, o sea el Espíritu (ATMAN).

32) El discípulo se unifica con Brahma o el ATMAN.

33) La forma astral producida por el principio Kámico, el Kama Rupa, o cuerpo de deseo.

34) Manasa rupa. Así como el Kama Rupa se refiere al yo astral, o personal, el Manasa rupa se relaciona con la individualidad o Yo que se reencarna, cuya conciencia en nuestro plano, o sea el Manas inferior, tiene que ser paralizada.

35) Kundalini, el «Poder serpentino» o fuego místico. Es denominado poder «serpentino» o anular, por razón de su modo de obrar o de su progreso en espiral, en el cuerpo del asceta que desarrolla en sí mismo tal poder. Es una fuerza eléctrica, ígnea, oculta o Fohática, la grande energía primordial, que existe en el fondo de toda materia orgánica e inorgánica.

36) Este Sendero se halla mencionado en todos los tratados místicos, Como dice Krishna en el Dhyaneswari: «Cuando este Sendero es percibido… ya parta uno hacia las magnificencias del Oriente o en dirección de las cámaras del Occidente, sin moverse, oh. tú que empuñas el arco, está el viajero en este camino, En este Sendero, a cualquier lugar adonde uno quiere ir, aquel lugar se convierte en el propio yo de uno mismo». «Tú eres el Sendero, se le dice al adepto gurú, y este último lo dice al discípulo después de la iniciación.» «yo soy el camino y la vía», dice otro MAESTROʺ.

37) El adaptado, «la flor de Bodhisattwa».

38) Iniciado del grado superior.

39) Tanha, «la voluntad de vivir», el temor a la muerte y el amor a la vida, la fuerza o energía que es causa de los renacimientos.

40) Karma. La ley de causa y efecto de causalidad ética, que da a cada uno su merecido, tanto por sus buenas como por sus malas acciones (ley de Retribución).

41) Se refiere al deseo de repetir los actos y sensaciones que han sido ya vividos y de los que se alcanzó la experiencia. (N. E.)

42) La cámara interna del Corazón.

43) Estos místicos sonidos, o sea la melodía que oye el asceta en los comienzos de su ciclo de meditación, son llamados Anâhad-shabd por los Yoguis.

44) Esto significa que en el sexto grado de desarrollo, que en el sistema oculto es el Dhâranâ, cada sentido, como facultad individual, ha de ser «muerto» (o paralizado) en este plano, pasando al Séptimo sentido, el más espiritual, y sumiéndose en él.

45) Véanse notas anteriores.

46) Cada grado de desarrollo esta simbolizado en el Raja Yoga por una figura geométrica. La de que se trata aquí es el Triángulo sagrado, y precede al Dhâranâ. El triángulo es el signo de los chelas superiores, al paso que otra especie de triángulo es el de los altos Iniciados. Es el símbolo «I» de que habla Buddha, y es empleado por él como emblema de la forma encarnada de Tathâgata (Buddha) cuando se ha sustraído a los tres métodos del Pragna.

Una vez superados los grados preliminares e inferiores, el discípulo ya no ve el triángulo, sino el…, abreviatura del … el Septenario completo. No se expresa aquí su verdadera forma, pues casi con seguridad se apoderarían de ella algunos charlatanes y la profanarían usándola para fines ilícitos.

47) La estrella que arde encima de la cabeza, es «la estrella de la Iniciación». La señal de casta de los Saivas, o devotos de la secta de Siva, el gran patrono de todos los Yoguis, es una marca negra redonda, símbolo del Sol ahora: quizá, pero el de la estrella de la Iniciación, en Ocultismo, en los tiempos antiguos.

48) La base (Upadhi) de la «LLAMA», siempre inasequible, en tanto que el asceta se halla aún en esta vida.

49) Dhyâna, el penúltimo grado en esta tierra, a no ser que se convierta uno en MAHATMA completo. Conforme se ha dicho ya, en tal estado el Raja Yogui permanece todavía espiritualmente consciente del Yo y de la operación de sus principios superiores.

Un paso más, y se encontrará en el plano más allá del Séptimo, o cuarto, según ciertas escuelas, Estas últimas, después de la práctica del Pratyehara (proceso de educación preliminar que tiene por objeto dominar la mente y los pensamientos de uno), cuentan el Dhasena, el Dhyana y el Samadhi, comprendiendo a los tres bajo el nombre genérico de SANNYAMA.

50) El Samadhi es el estado en el cual el asceta pierde la conciencia de cada individualidad, incluso la suya propia, Él se convierte en el TODO.

51) Los «cuatro modos de Verdad», en el Budismo del norte, son; Ku, «sufrimiento o miseria» ; Tu, el conjunto de las tentaciones»; Mu, «su destrucción», y Tau, el «sendero». Los «cinco obstáculos» son; el conocimiento de la miseria, la verdad respecto a la fragilidad humana, los refrenamientos penosos, y la absoluta necesidad de arrancarse a todos los lazos de la pasión y aun de los deseos. El «Sendero de Salvación» es el último.

52) En el portal de la «asamblea» está el Rey de los Maras, el ʺWaha Mara, intentando deslumbrar al candidato con el resplandor de su «joya».

53) Este es el cuatro «Sendero» de los cinco senderos del renacimiento, que conducen e impelen de un lado a otro a todos los seres humanos, llevándolos a continuos estados de tristeza y alegría, Estos «senderos» no son más que subdivisiones del Único, el Sendero seguido por el Karma.

 

 

 

 Fragmento_Primero__Vajarayana_2015_WBlog

 

 

 

 

 

 

 

 Line_Apuntes_Blog_Vajarayana