Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Escritos de Jinarajadasa

La Evolución de la Conciencia

Escrito de Jinarajadasa


Comprendiérase lo que realmente es la Conciencia, y se habría encontrado la clave de todos los problemas de la evolución. Porque la conciencia es la expresión más alta de aquella Existencia Única, que es a la vez fuerza y materia, forma y vida.

in embargo, tal es la estructura de nuestra naturaleza, que necesitamos preguntar, y sólo encontramos satisfacción en vida cuando juzgamos haber hallado contestación a nuestras preguntas. La respuesta de ayer puede no satisfacemos hoy, pero no estaremos contentos mientras no encontremos alguna respuesta para hoy, aunque podremos desecharla mañana.

Comprender cómo se desarrolla la conciencia no es más que ponerse en camino de saber lo que es. No obstante, el conocimiento de la manera de desenvolverse la conciencia es la ciencia de las ciencias.

La primera gran maravilla acerca de la conciencia es que el todo esta en la parte, la totalidad esta en la unidad, pues aunque la conciencia encerrada en un electrón sea como una punta de alfiler, esta diminuta unidad esta ligada a la vasta totalidad; es decir, al LOGOS, y todo ÉL está allí, aunque nosotros con nuestras limitaciones sólo podemos ver de ÉL lo que hace un electrón. Lo mismo que las energías de un número incalculable de rayos del sol enfocados por una lente en un punto se concentran todas en él, así ocurre con todo tipo de conciencia que ánima una fuerza.

Todas las manifestaciones posibles de conciencia residen en cada unidad animada, grande o pequeña. El biólogo mendeliano no hace más que declarar la oculta verdad cuando dice que hubo “un tiempo en que Shakespeare existió como un punto de protoplasma no tan grande como la cabeza de un alfiler”.

Colocad una lente ante un gran Panorama que abarque millas, y la lente hará convergir todos los rayos que procedan de él en un punto focal. Todo el paisaje estará allí, y, sin embargo, ninguna imagen podrá verse. Solo alejándonos del punto focal aparecerán imagen tras imagen en una pantalla que refleje los rayos. De la distancia a que la pantalla este colocada desde el punto focal depende la magnitud de las imágenes, y de esta magnitud depende a su vez la perceptibilidad de sus detalles.

Todo el cuadro está allí, en el punto; pero sólo cuando nos alejamos de este sale aquel de la nada y viene a nosotros. Esta es una buena representación de la evolución de la conciencia.

La evolución de la conciencia es también como el descorrer de una cortina que oculta la luz, a la que nada añade el hecho; pero, a pesar de no haber de ganar nada con ello, la Luz quiere disipar la Oscuridad; y hasta que nos identifiquemos conscientemente con la Luz no sabremos por que lo quiere. Su acción es sacrificio y regocijo: el sacrificio esta en soportar la limitación; el regocijo en darse. Participar de este sacrificio y de este regocijo es alcanzar la Divinidad.

La evolución de la conciencia en el hombre se realiza por dación. El motivo del desarrollo en los reinos animal y vegetal es competencia, rivalidad y egoísmo; en el hombre es cooperación, renuncia, sacrificio. El LOGOS SE sacrifica eternamente en la cruz de vida y materia; y sólo imitándole desarrolla el hombre su semejanza. Este es el gran principio que hay que conservar siempre en la mente. La conciencia del hombre desarrolla sus ocultas capacidades etapa por etapa; pero sin sacrificio no hay paso de una etapa a otra. El hombre debe extinguir todo lo que queda en el de bruto, aunque esto implique cientos de vidas. Cuando después de muchos nacimientos y muertes el sacrificio de sí mismo se ha hecho instintivo en él, conoce que el sacrificio es regocijo, el único goce concebible.

Para poder evolucionar debe haber involucionado antes la conciencia, y esta involución es la que hemos bosquejado en la figura 1. Hay en ella divisiones horizontales, que señalan los grandes planos de nuestro sistema solar, y sobre todos ellos está el símbolo del LOGOS Inmanifestado antes de empezar el proceso creador. En el primer paso de su involución desciende al plano Adico, y allí los tres grandes aspectos: Shiva, Vishnu y Brahma, o Padre, Hijo y Espíritu Santo, funcionan en perfección.


Figura 1

Cuando el LOGOS desciende al siguiente plano, Anupadaka, experimenta una limitación, pues su aspecto de Primer LOGOS pasa al estado latente y sólo los aspectos de Segundo y Tercer LOGOS tienen expresión perfecta. A la siguiente etapa de descenso el LOGOS sufre otra limitación, y en el plano de Nirvana solo el Tercer LOGOS puede manifestarse plenamente, no siéndoles posible a los aspectos del Segundo y Primer LOGOS manifestar sus atributos en él.

Quizá alguien encuentre dificultad en comprender como un LOGOS omnipotente tiene que sufrir limitaciones al descender de plano en plano.

Nuestro conocimiento de las relaciones de espacio nos hará comprender la idea con un ejemplo. Todos sabemos lo que es un cubo. Tiene tres dimensiones: largo, ancho y alto. Para todo el que pueda circular en su derredor y mirarlo desde arriba y desde abajo levantándolo, es un sólido que tiene seis caras y doce aristas.

Pero supongámonos en la conciencia de un microbio que se halla en un pedazo de papel y es incapaz de elevarse sobre la superficie. Si ahora ponemos el cubo sobre el papel y se acerca el microbio y lo recorre por las cuatro aristas que están en contacto con el papel, sólo verá o percibirá cuatro líneas iguales e impenetrables. Con su imaginación más elevada podrá concebir en el un cuadrado; esto es, una superficie plana limitada por cuatro rectas iguales; pero como el microbio no puede elevarse sobre el plano del papel, el cubo jamás podrá revelársele como cubo.

Puede el cubo presentar sus seis caras una tras otra ante la vista del microbio; pero este dirá cada vez esto no es mas que un cuadrado. Así también cuando un objeto de tres dimensiones aparece a una conciencia que solo conoce dos, el objeto experimenta una limitación. Esta limitación no es de su naturaleza, sino que existe con referencia al poder que el objeto puede emplear en el mundo bidimensional. Lo mismo ocurre con las limitaciones que el Logos sufre al descender de plano a plano.

En su naturaleza es siempre el mismo; pero en su actuación en los planos que crea, sufre limitaciones de plano en plano, que corresponden al grado de materialidad de estos.

Durante todo el período del descenso del Logos a los tres planos superiores, la Monada humana permanece en Él. Esto esta simbolizado en el diagrama por una estrellita dentro del triángulo. No hay jamás un momento en que cada uno de nosotros como Mónada no viva, se mueva y tenga su ser en Él. Aunque nosotros nada sepamos de Él; aunque aun sabiendo contrariamos su Voluntad, en todas las etapas que hemos recorrido: de mineral a planta, de planta a animal y de animal a hombre, jamás ha podido haber separación de Él.


Así dice la antigua estancia de La Doctrina Secreta:

“La Chispa pende de la Llama por el finísimo hilo de Fohat. Viaja por los siete mundos de Maya. Se detiene en el Primero, y es un Metal y una Piedra; pasa al Segundo, y ¡mirad! una Planta. La Planta pasa por siete cambios, y se convierte en animal sagrado.

Los atributos combinados de estos forman al Manú el Pensador”.

La Chispa siempre pende de la Llama. El sentido de individualidad como actor empieza en la Mónada al encontrarse en el plano de Nirvana como triplicidad de Atma, Buddhi y Manas, separada de la Llama como chispa, y obteniendo, sin embargo, de la Llama todas las cualidades del fuego.

La triple Mónada en el plano de Nirvana es una miniatura del Logos, imagen en todo de su HACEDOR. Esta representada en el diagrama por el triángulo pequeño.

También la Mónada como el Logos sufre un proceso de involución. Sus tres aspectos se manifiestan en su verdadero plano, el de Nirvana. En el momento en que desciende al plano Búddhico experimenta una limitación; Su aspecto Atma se vela, y solo se manifiestan Buddhi y Manas. De modo que uno de los lados del triángulo queda sin manifestación, latente. Del mismo modo, al bajar un plano más, al mental, experimenta otra limitación, y en el cuerpo causal que forma en él sólo aparece Su aspecto Manas, quedando latentes los otros dos en el plano mental superior. Ahora sólo un lado del triángulo, la base, puede manifestarse.

Una vez más empieza el proceso de involución; y ahora del Ego, que reside en el cuerpo causal. Al descender el Ego a la encarnación, experimenta limitaciones de plano en plano a medida que forma sucesivamente los cuerpos mental, astral y físico.

La evolución de la conciencia en el proceso de liberación de las energías ocultas: primero del Ego, luego de la Mónada y por último del Logos, a través de los vehículos formados en todos los planos. El procedimiento de liberación de la conciencia del Ego por adiestramiento de Sus vehículos ha sido ya descrito en la sección, El Hombre en Vida y en Muerte.

Cuando el Ego ha adquirido el dominio de Sus vehículos, viene la siguiente etapa de expansión de la conciencia, al ingresar en la Gran Fraternidad Blanca; y se le enseña en la Primera Iniciación el modo de funcionar en plena conciencia en el subplano inferior de Buddhi. Entonces por primera vez empieza a comprender como realidad presente y no como mera creencia la unidad de todo lo que vive y como su destino va indisolublemente ligado al de los millares y millares de almas que forman con él la Humanidad. Más aun, percibe como realidad que son parte de él y que todas estas divisiones de Yo y Tú, mío y tuyo, que caracterizan a la existencia en los planos inferiores a Buddhi, son ilusiones.

En esta etapa ascensional al plano Búddhico ha realizado dos lados de su triángulo. Ulteriores expansiones de conciencia en las Iniciaciones Segunda, Tercera y Cuarta le dan el dominio de los restantes subplanos del plano Búddhico, hasta que, a la Quinta Iniciación, la de Asekha, su conciencia actúa directamente en el plano de Nirvana. El triángulo de la Mónada está ya completo y el Eterno Peregrino ha vuelto a su morada, jubiloso, llevando consigo sus gavillas.


En esta etapa de Adepto Asekha conoce la Mónada por realización directa la maravilla de las maravillas. Que siendo chispa, es la Llama. Desde entonces es el Cristos, el Ungido, coronado con la mayestática corona que como el Hijo de Dios fue a ganar a la guerra. Desde ahora el triángulo de la Mónada se halla en contacto directo con El del LOGOS aunque solo por uno de sus lados, la base, que es el aspecto del Espíritu Santo.

De aquí que la tradición cristiana nos diga que hay dos bautismos: el uno de agua y el otro de fuego. Juan el Bautista pudo dar el primero con el agua, pero solo un Cristos pudo dar el segundo con el Espíritu Santo y el fuego: “Yo, a la verdad, os bautizo con agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mi más poderoso que yo es, cuyos zapatos yo no soy digno de desatar; él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego”

Cuando la Mónada es bautizada así con el Espíritu Santo y con fuego es cuando puede decir en triunfo y en dedicación: “Como el Padre me conoció, así también yo conozco al Padre. . . Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi aunque este muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mi no morirá nunca. . . Yo y mi Padre somos uno”.

A mayores alturas todavía, ahora inconcebibles para nosotros, escala el Eterno

Peregrino identificando en el plano Anupadaka su Buddhi con el Buddhi del gran Triángulo; y finalmente en el plano de Adi su Atma con el eterno Atma de todo lo que existe, existió y existirá jamás, el LOGOS de nuestro Sistema.

El ascenso del hombre hacia la Divinidad puede estudiarse desde varios puntos de vista, y otro de ellos es el que se ve en la figura 2. Su idea fundamental es que según el contacto que la conciencia recibe del exterior así es el descubrimiento que hace del mundo. La respuesta a los choques físico, astral y mental nos da conocimiento del mundo, y según el tipo de la respuesta es la expansión de la conciencia en el individuo.

Figura 2


Una piedra responde principalmente a los contactos de calor, frío y presión y, por lo tanto, solo conoce el mundo físico. La planta responde a las vibraciones astrales de agrado o desagrado, y de aquí su instinto de adaptación al medio ambiente; conoce los mundos físico y astral, aunque este ultimo oscuramente. El animal responde a las vibraciones del mundo mental inferior y, por la tanto, piensa y siente; conoce, pues, los mundos físico, astral y mental, aunque este último vagamente. Pero el hombre es capaz de afectarse por el mundo mental superior; lo cual significa que su visión del universo es desde este plano.

El mundo astral inferior se pone en actividad por los sentimientos animales del hombre, como la ira, la lujuria, la envidia y los celos. Cuando el cuerpo astral se refina y se hace capaz de cariño, devoción y simpatía, aunque vayan fuertemente teñidos por sus necesidades personales, descubre el mundo astral superior de sentimientos. De igual manera, los pensamientos desordenados e incoherentes que tenemos acerca de las cosas en general nos llevan al contacto con el mundo mental inferior, de pensamientos concretos. Sólo cuando podemos ordenar nuestras ideas en categorías de pensamientos y sentimientos y descubrir sus leyes, llegamos a la visión del mundo mental superior.

Pensar con el cuerpo causal es pasar por encima de los pensamientos concretos y llegar a los universales de religión, filosofía y ciencia, que caracterizan a la mente filosófica.

Más allá del atributo superior de pensamiento puro, tiene todavía el hombre otra facultad o instrumento de cognición a que, a falta de mejor termino, la llamaremos con una palabra filosófica inda, Buddhi (Mundo Intuicional). El carácter que lo distingue es que con él no se conocen las cosas por un examen externo sino por identificación del conocedor con ellas. Buddhi es un modo de conciencia que no es pensamiento ni sentimiento aislado, ni simple combinación de ambos; y, sin embargo, es los dos a la vez, y aún más, una especie de pensamiento sentimiento indescriptible.

Lo que se puede decir es que cuando Buddhi afecta al plano mental superior, la mente prende conceptos universales, y que cuando la fuerza de Buddhi se refleja en una naturaleza astral pura, resulta la más tierna de las simpatías. Es Intuición Divina, más segura que la ciencia porque juzga, no solo del pasado y del presente, sino también del futuro; más precisa en comprensión que la emoción mas profunda, porque a voluntad el conocedor es lo conocido.

Si carecemos ya de palabras para describir Buddhi, como se podrán describir las facultades de la Mónada que se expresan en el plano Nirvanico? Basta decir que, así como Buddhi al pensamiento y emoción puros, supera el aspecto Atma del alma a Buddhi en maravilla.

El desarrollo de la cultura en el hombre no será completo, hasta que todo pueda funcionar en el plano de Nirvana. La mayor hazaña de la humanidad, hasta ahora, ha sido tocar, gracias a los esfuerzos de unos cuantos genios, el plano Búddhico por el Arte. Pero casi fue ayer todavía cuando la humanidad descubrió que había un reino de existencia donde el hombre puede crear objetos de belleza que son júbilo eterno; y no para un día, sino para siempre. Lo que crea el genio, séalo en religión o arte, filosofía o ciencia, cuando se abre camino al plano Búddhico, contiene la esencia del arte. Si como científico trata de los hechos de la Naturaleza, los concibe y presenta tan artísticamente, que su ciencia se ilumina con intuiciones; si como filosofo crea un sistema, cobija con ternura lo pequeño y lo grande y los envuelve con belleza y unidad.

Los preceptos éticos de los grandes Maestros son revelaciones del arte más puro porque sus mandamientos son universales en su aplicabilidad a todos los problemas de los hombres y de frescura y belleza permanente en todas las épocas.

Toda expresión de arte contiene en si algunas características de todos los demás; un cuadro es un sermón, y una sinfonía es una filosofía. Cuando Buddhi da su mensaje, la religión es ciencia, y el arte, filosofía. El plano mental inferior de pensamientos concretos es donde la unidad se rompe en diversidad; y el que no puede sentir la unidad a través de una expresión concreta ve contradicciones entre las de esta clase.

El hombre, el pensador, el amador, el hacedor, cuando el Buddhi esta despierto en él, hace de si una unidad que no puede manifestar sino en el plano Búddhico.

La humanidad aprende a conquistar a AQUEL, que existe fuera del tiempo y del espacio, empleando el tiempo y el espacio. Hasta ahora, nuestro instrumento mas elevado de cognición es el arte creativo. Como sus variados aspectos se relacionan mutuamente, es uno de los problemas de la filosofía, y uno de los modos de esta relación la sugiere la figura 3


Figura 3

En la literatura del tipo más elevado tenemos un brillante dibujo de palabras y una dramatización gráfica de hechos e ideas. El desarrollo de las artes en literatura varia según se trate del valor-tiempo o valor-espacio. Por el lado del tiempo la literatura conduce al drama, y el drama tiende a la poesía, y la poesía por sus inherentes cualidades musicales lleva a la música. Del lado del espacio la expresión gráfica de las palabras esta ligada con la pintura, la pintura de dos dimensiones se eleva a la expresión tridimensional en la escultura y la escultura a las prodigiosas concepciones abstractas de ritmo y belleza que da la Arquitectura.

No es difícil de ver como el drama, narrando los sucesos en el tiempo, se relaciona con la pintura, que describe sucesos en el espacio. La escultura es como una poesía muda, puesto que esculpe imagen tras imagen con material de la imaginación. La declaración de Goethe y Lessing de que la Arquitectura es música congelada nos da la clave de la relación que hay entre la Música y la Arquitectura.

Todas las formas de arte conducen a la conciencia del hombre a prender los valores de vida que la Mónada encuentra en el plano Búddhico. El sentido artístico de la humanidad es rudimentario aun, pero con el crecimiento de la Fraternidad se sentirá más en la vida del arte. Por otro lado, con el despliegue del sentido artístico en los hombres aumentara el poder de realizar la Fraternidad.

Finalmente, cuando lleguemos a los últimos límites de creación artística y empecemos a sentirnos con poderes y efectividades que ni en el arte más elevado encuentran su expresión, habremos llegado al conocimiento de las actividades que caracterizan a la Mónada en su verdadero plano de Atma.

Pero como habremos de unir Nirvana con nuestra tierra en un mismo campo de acción es misterio del porvenir.


Comprender plenamente la evolución de la conciencia es descubrir el misterio de la naturaleza de Dios. Y, puesto que toda vida es ÉL y nosotros también somos fragmentos de ÉL, al crecer en conciencia LE descubrimos a ÉL y nos transmutamos en su imagen y al descubrirle a ÉL nos descubrimos a nosotros mismos.

Este es el misterio de la conciencia: que la parte es el Todo. Pero saberlo es una cosa y serlo otra. Ser el Todo solo es posible actuando como el Todo; y esto se realiza dándonos tan plena y francamente a todo dentro de nuestra pequeña esfera de existencia, como el Todo da de si a todo dentro de la vasta de la SUYA.

Parece increíble que nosotros hayamos de ser capaces de imitar al Todo. Sin embargo, por ser este nuestro destino, nos ha enviado de si a vivir nuestras vidas, separadas. Que la única vida digna de vivir es la comunión en su eternal Sacrificio lo atestiguan todos los que han venido de ÉL y han vuelto a ÉL.


Dr. Quantum y La tierra plana

Video visto originalmente en el Blog de Mauricio Orellana S.

Bibliografía de términos usados:

Âdi (Sánscrito).- Primero, primitivo, primordial [supremo; principio; origen; nacimiento].


Anupâdaka (Sánscrito).- Anupapâdaka y también Aupapâduka. Significa: “sin padres”, “que existe por sí mismo”, agénito, nacido sin padres o progenitores. Témino aplicado a ciertos dioses autocreados y a los Dhyâni Buddhas. (Véase Avatâra. [An-upâdaka “sin receptor”. El elemento radical de la materia que está por encima del Âkâza, así llamado porque no existe todavía ningun órgano o “receptor” desarrollado por la humanidad para ello. Bhagavân Dâs: La Ciencia de la Paz.]


Aseka o Asheka.- En el budismo, se designa con este nombre a aquel que no tiene ya que aprender nada más: un individuo de la jerarquía superior a la del Arhat. “Cuando el hombre ha alcanzado este nivel, adquiere el más pleno dominio sobre sus propios destinos y elige su futura línea de evolución”. (The Vâhan). – (P. Hoult).


Buddhi (Sánscrito).- Mente o Alma universal. Mahâbuddhi es un nombre de Mahat (véase Alaya). Es también el Alma espiritual del hombre (el sexto principio), el vehículo de Âtman, exotéricamente el séptimo. [Buddhi es la facultad que está por encima de la mente razonadora, y es la Razón pura, que ejerce la discernidora facultad de la intuición, de discernimiento espiritual.] (A. Besant). –Es el Yo espiritual, intelecto, entendimiento, conocimiento, intuición, discernimiento, razón; el poder pensante por sí mismo, independiente de las impresiones venidas del exterior, la facultad de juzgar, discernir y resolver; la potencia que transforma en conceptos claros y perfectos las impresiones procedentes de los sentidos por intermedio del Manas y Ahankâra. (Véase: Filosofía Sânkhya).-

Por su grande importancia, el Buddhi es calificado de “gran Principio” (Mahat tattva) o simplemente mahat (grande). –Tiene dicha palabra muchas otras acepciones: mente, ánimo, pensamiento, conciencia, juicio, percepción, intención, resolución, sabiduría, enseñanza, doctrina, etc. A veces equivale a voluntad.]


Logos (Griego).- La Divinidad manifestada en cada nación y pueblo; la expresión exterior, o el efecto de la Causa que permanece siempre oculta o inmanifestada. Así, el lenguaje es el logos del pensamiento; por esto se traduce correctamente con los términos “Verbo” y “Palabra” en su sentido metafísico. [Saliendo de las profundidades de la Existencia Una, del inconcebible e inefable Uno, un Logos, imponiéndose a sí mismo un límite, circunscribiendo voluntariamente la extensión de su propio Ser, se hace el Dios manifestado, y al trazar los límites de su esfera de actividad, determina también el área de su Universo. Dentro de dicha esfera nace, evoluciona y muere este universo, que en el Logos vive, se mueve y tiene su ser. La materia del universo es la emanación del Logos, y sus fuerzas y energías son las corrientes de su vida. El Logos es inmanente en cada átomo, es omnipenetrante; todo lo sostiene, todo lo desarrolla. Es el principio (u origen) y el fin del universo, su causa y objeto, su centro y circunferencia… Está en todas las cosas, y todas están en él (como penetrante perfume que impregna el aire y todos los objetos de un aposento, o bien como el agua del mar que penetra en toda la masa de una esponja contenida en su seno. (N. del T.).


El Logos se despliega de sí mismo manifestándose en una triple forma: El Primer Logos, raíz u origen del Ser; de él procede el Segundo Logos, manifestando los dos aspectos de vida y forma, la primitiva dualidad, que constituye los dos polos de la Naturaleza entre los cuales se ha de tejer la trama del Universo: Vida-forma, Espíritu-materia, positivo-negativo, activo-receptivo, padre-madre de los mundos; y por último, el Tercer Logos, la Mente universal, en la que existe el arquetipo de todas las cosas, fuente de los seres, manantial de las energías formadoras, arca en donde se hallan almacenadas todas las formas originales que han de manifestar y perfeccionar en las clases inferiores de materia durante la evolución del universo. (A. Besant, Sabiduría Antigua).

En otros términos: De lo ABSOLUTO, o sea Parabrahman, la Única Realidad, Sat, que es a la vez Absoluto Ser y No-Ser, procede: 1) El Primer Logos, el Logos impersonal e inmanifestado, precursor del manifestado. Esta es la “Causa primera”, lo “Inconsciente” de los panteístas europeos. 2) El Segundo Logos: Espíritu-Materia (como dice H. P. Blavatsky en la Doctrina Secreta, Espíritu y Materia, Sujeto y Objeto, no son más que dos aspectos de la Realidad única en el universo condicionado. (N. del T.)), Vida; el “Espíritu del Universo”, Purucha y Prakriti, y 3) El Tercer Logos, la Ideación cósmica, Mahat o Inteligencia, el Alma universal del mundo, el Nóumeno cósmico de la Materia, la base de las operaciones inteligentes en y de la Naturaleza, llamado también Mahâ-Buddhi. (Doctrina Secreta, I, 44). (G.T. H.P.B.)


Nirvana (Sánscrito).- Según los orientalistas, es la completa “extinción” o “apagamiento”, como la llama de una bujía, la extinción total de la existencia. Pero, según las explicaciones esotéricas, es el estado de existencia y conciencia absolutas en que el Ego del hombre que, durante la vida, ha llegado al más alto grado de perfección y santidad, entra después de la muerte del cuerpo, y algunas veces, como en el caso de Gautama Buddha y otros, durante la misma vida. [Absorción, fusión, disolución, extinción, aniquilamiento, liberación; beatitud o bienaventuranza eterna, existencia espiritual abstracta; aniquilación de las condiciones de la existencia individual; extinción, fusión o completa absorción del Yo (o Espíritu individual) en el Espíritu universal, del que es una parte.

–Una vez terminada la evolución en este mundo, agotadas todas las experiencias y conseguida la plena perfección del Ser humano, el Espíritu individual, o Yo interno, enteramente libre para siempre de todas las trabas de la materia, vuelve a su punto de origen, abismándose y fundiéndose en el Espíritu universal, como gota de agua en el inmenso océano. En esa fusión se aniquila por completo la humana personalidad, con todo su cortejo de ilusiones, apegos, afanes, deseos, pasiones y dolores; pero no la individualidad; el hombre deja de existir como hombre, para existir como Dios en un estado de reposo consciente de la Omniscencia, en una condición perpetua de inefable y absoluta bienaventuranza. “En esta bienaventurada Nada gusta el alma paz divina”, según expresaba el gran místico S. Juan de la Cruz.

El abismarse en el Espíritu divino –dice el Brihadarânyaka– es como echar un terrón de sal en el mar; se disuelve en el agua (de la cual se había extraído), sin que pueda sacarse otra vez. La voz Nirvâna es sinónimo de Mokcha. No se confunda con el Svarga ni con el Devachan. –Véase: Nirvâni y Paranirvâna.] (G.T. H.P.B.)



1. Plano de Adi (Mundo Divino)

2. Plano de Anupadaka (Mundo Monádico)

3. Plano Nirvanico (Mundo Espiritual)

4. Plano Búddhico (Mundo Intuicional)


Los Instructores del Mundo

La Teoría acerca de los Instructores del Mundo

Recopilado de Escritos de Jinarajadasa.
Artículo original aparecido en
El Loto Blanco” Magazine.


La teoría concerniente a los Instructores del Mundo, según se expone por muchos estudiosos en la actualidad, contiene elementos que derivan de varias fuentes. Son ellas:

I.- La tradición hindú de los Avataras.
II.- La tradición budista concerniente a los Bodhisattvas.
III.- La tradición cristiana relativa al Cristo como el segundo aspecto de la trinidad de Dios.
IV.- La tradición del Ocultismo acerca del Instructor del Mundo, el segundo miembro del Triángulo Oculto de la Jerarquía que gobierna el mundo.


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I.- LOS AVATARAS

La palabra Avatara significa DESCENSO, y se usa en un sentido especial: el de descenso o encarnación de Dios. El hinduismo afirma que lo divino encarna periódicamente en la tierra a fin de ayudar a la humanidad. Diez de tales avataras se reconocen en el hinduismo.

Son ellos: 1Pez, 2- Tortuga, 3- Jabalí, 4- Hombre-león, 5- Enano, 6- Rama, con la Segur, 7- El Rey Rama, 8- Shri-Krishna, 9- Buddha, y 10Kalki.
Algunos hindúes no se hallan completamente seguros de que el Buddha sea un Avatara en la acepción ordinaria de la palabra. Al Avatara de Shri-Krishna sobresale entre todos los demás en la mente de los hindúes. El Avatara Kalki está aun por venir.
Todos estos Avataras son solamente de Víshnu, la segunda persona de la Trinidad hindú. No hay Avataras de la primera persona, Brahmá, o de la tercera persona, Shiva. La razón por la cual son necesarias encarnaciones periódicas de la Divinidad, fue dada por Shri-Krishna, el Avatara, en el Bhagavad-Gitá, IV. 7, 8.:

«Cada vez que la rectitud decae y el mal es exaltado, vengo yo para la protección de los buenos, para la destrucción de los perversos; con el fin de establecer firmemente la Rectitud, nazco Yo de edad en edad»

Por consiguiente, un Avatara es una manifestación DIRECTA de Dios Mismo sin intermediario. Dios DESCIENDE para establecer la Rectitud cada vez que, durante la evolución, la iniquidad comienza a prevalecer. Entonces, el advenimiento de un Avatara, es la señal de que ha comenzado una nueva era en el progreso humano. Sin el advenimiento del Avatara, la Humanidad que está tendiendo a retrogradar, a causa de que sus energías espirituales van declinando, tomaría definitivamente la mala dirección.

El hinduismo considera que algunos de los Avataras, como el Rey Rama y Shri-Krishna son Purna-Avataras, es decir completos, en tanto que los demás no son tan «completos». Además, ciertos hindúes creen que el Mismo Shri-Krishna se manifiesta como una especie de Avatar menor, a través de sus discípulos, algunas veces más plenamente, otras menos. En Bengala, los secuaces de Shri-Chaitanya consideran que él fue una encarnación de Shri-Krishna.



II.- LOS BODHISATTVAS

La palabra Bodhisattva significa un «Sér de Bodhi» (Sabiduría), esto es, uno que está destinado a alcanzar la plena iluminación. El concepto de un Bodhisattva, es exactamente el reverso del de un Avatara, en el sentido de que el Bodhisattva es un ASCENSO del hombre hacia la Luz. Un Bodhisattva es un ser humano perfeccionado, quien se halla tan unificado con los sufrimientos de la humanidad, que por la más pura compasión renuncia a la liberación (Nirvána o Moksha) que había conquistado, a fin de hollar el largo y arduo sendero que lleva a la condición de Budha y mediante la cual da a los hombres la Sabiduría Perfecta. Por consiguiente, cada Bodhisattva llega a ser, a su tiempo, un Buddha, pero para lograrlo deberá tomar «el voto de llegar a ser un Buddha» ante un Buddha que viva en la tierra.

El Bodhisattva da instrucción a la humanidad sólamente como Buddha. Durante todas las vidas que El pasa en la tierra desde el tiempo de tomar el voto, trabaja en su propia purificación, adquiriendo las «Diez Perfecciones» las cuales lo conducirán hacia el Buddhado. Pero no da instrucción, y en los intervalos de sus vidas terrenales él mora en el «Cielo Tusita». La enseñanza que un Buddha da a la humanidad, es la misma que fue dada por los previos Buddhas, pues no hay más que un solo Sendero hacia la Liberación.

El Budismo afirma que hasta hoy han aparecido veintiocho Buddhas sobre la tierra, proclamando la Ley, la misma Ley, para la humanidad. El último Buddha fue Gautama; su sucesor es el Bodhisattva Maitreya, quien, llegado Su tiempo, aparecerá como el Buddha. En las tradiciones budistas, por lo menos en el Budismo del Sur, no hay idea de que el Bodhisattva Maitreya aparezca sobre la tierra para enseñar, antes de Su aparición final como el Buddha.

Cada Buddha enseña la Ley, no solamente a la humanidad, sino también a los Devas o Angeles. Un Buddha se llama «El Instructor de Devas y de Hombres». El Budismo afirma que una persona, «después de entrar en el Sendero» puede, si lo desea, entrar en el reino de los Devas y vivir desde entonces como un Deva.

Ya no encarnará después como un ser humano. Mas, puesto que el problema de la Liberación o de alcanzar el Nirvana es exactamente el mismo para los Devas como para los hombres, los devas requieren también un instructor que les enseñe el «Sendero». Por consiguiente, cuando un Buddha aparece sobre la tierra para instruir a la humanidad, El instruye al mismo tiempo a los Devas.
Los devas aprenden de un Buddha, de la misma manera que los discípulos humanos aprenden de un gurú humano.



III.- EL CONCEPTO LOGOS DEL CRISTO

El Cristianismo afirma que Jesús vino de Dios y que es Su Hijo. El es al mismo tiempo igual al Padre e inferior al Padre; y se alude a esta relación mística cuando se afirma que es el Padre el que «envía» al Hijo. El Cristo. Como hijo, actúa de Mediador entre la

Humanidad y el Padre. El vino a la expiación por los pecados de la Humanidad, y por consiguiente Su vida y Su muerte constituyen un sacrificio voluntario.


Mezclada con esta idea del Cristo se halla otra corriente de ideas, que se encuentra en el Evangelio de San Juan y la cual está íntimamente aliada con las ideas místicas de Philo Judaeus concernientes al Logos o «El Verbo». Sospechan algunos que San Juan tomó sus ideas de Philo, quien, a su vez, como es bien sabido, tomó su pensamiento capital del concepto que Platón tenía del Demiurgo, o Constructor del Universo. Cristo, como Logos, es el «Verbo hecho Carne». Es una parte del Plan de Dios, desde el principio de los tiempos, que el Logos vendría. «POR ESTA CAUSA YO VENGO EN ESTA HORA». Al aparecer así, el Logos Cristo efectúa un sacrificio Cósmico y es «EL CORDERO INMOLADO DESDE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO». Así como el Logos vive en el Padre, así todos los hombres viven en el Logos. «YO SOY EN MI PADRE, Y VOSOTROS SOIS EN MI Y YO EN VOSOTROS».

Nadie podrá ver directamente la más elevada Divinidad, sino tan sólo cuando ELLO se refleja en el Logos o Hijo. «NINGÚN HOMBRE HA VISTO AL PADRE EXCEPTO AQUEL QUE ES DE DIOS». Por consiguiente, el Cristo es el único Mediador entre el hombre y Dios, y de aquí que él es «LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA».
En la Religión Popular se Le denomina el Rey de los Angeles. Ellos cumplen Sus órdenes para ayuda de la humanidad.



IV.- LA TRADICIÓN OCULTA

Conforme ésta, hay un gobierno oculto del mundo, que se llama «La Gran Jerarquía». Los tres Jefes Ejecutivos de esta Jerarquía son:
I. El Señor del Mundo. II. El Bodhisattva. III. El Maha-chohan.


Cada uno de estos Tres, en cierta mística manera, es la manifestación de un Aspecto del Logos Solar. El Señor del Mundo es una manifestación del Primer Aspecto que es Ley-Voluntad: se le representa en la Trinidad Hindú por Shiva, y en el Cristianismo por Dios-Padre. El segundo aspecto del Logos es siempre dual, Sabiduría-Amor, y se refleja en el Bodhisattva. En el Hinduismo este Aspecto es Víshnu, y en el Cristianismo Dios- Hijo. El Tercer Aspecto que está representado por el Maha-chohan, es la Mente Creadora-Inteligencia; en el Hinduismo es Brahma, y en el Cristianismo Dios Espíritu Santo.

La Tradición Oculta afirma que durante los varios millones de años que dura la evolución de la humanidad en un globo, como nuestra Tierra, hay tres Señores del Mundo, siete Bodhisattvas que alcanzan el Buddhado, un número mayor aún de Maha-Chohans. Cada uno de estos desempeña un puesto en la Jerarquía, uno tras otro. Cada uno es producto de la evolución humana, con la excepción de que, justamente ahora, no estando la humanidad suficientemente adelantada para producir Señores del Mundo, este puesto ha sido desempeñado por los Adeptos de la humanidad del planeta Venus.

Estos miembros de la Jerarquía no son Avataras, es decir, «DESCENSOS» de lo Divino; cada uno es un ASCENSO de hombre a Adepto y Dhyanchohan. Sin embargo, quienquiera que desempeñe uno de estos tres cargos en la Jerarquía llega a ser, entretanto, una «ENCARNACIÓN», porque un Aspecto del Logos se mezcla con su ser y él representa para la humanidad aquel Divino Aspecto.
El deber del Bodhisattva es guiar el crecimiento espiritual de la humanidad y de los Devas adscritos a este globo, durante el período de su cargo. La duración de este período es de una Raza Raíz. Durante ese tiempo, cada religión y cada movimiento educacional en todos los países, se halla bajo Su vigilancia. El arregla un Plan estatuido por el Logos Solar. Cuando se hace cargo del puesto, asume la dirección de las religiones existentes, tal como fueron establecidas por sus predecesores; y funda nuevas religiones por Sí mismo, cada una con el sello de Su propio tipo de influencia particular.

Puesto que todos los sesenta mil millones de egos humanos están a su cuidado, su trabajo se lleva a cabo en todos los planos, visibles e invisibles. De un modo misterioso todos viven en El; así como una madre suple el alimento necesario para la criatura que lleva en su seno y la cual no puede obtenerlo por sí misma, así el Bodhisattva ayuda a la humanidad, mediante su acción, a crecer más rápidamente que lo haría sin ayuda. El ha sido denominado «EL CORAZÓN DEL MUNDO» porque todos los sufrimientos de los hombres se reflejan en su ser.

El Bodhisattva tiene como ayudantes a sus órdenes Adeptos y Devas, así como también aquellas almas que ya han «ENTRADO EN EL SENDERO» . Estas se dan cuenta de Su plan y están cooperando conscientemente con él para llevarlo a cabo; pero a la vez hay millares que, sin darse cuenta de Su plan, son sus agentes inconscientes. Tales son los sacerdotes de las religiones, así como todos los maestros que se dedican a la educación. El jamás constriñe a nadie a servir en Su plan, pero vigila las oportunidades de inspirar y guiar en la recta dirección a los ministros de religión que son altruistas, y a quienes se dedican a la educación de los niños.

A grandes intervalos de tiempo el Bodhisattva da un impulso nuevo a la humanidad afectando los reinos de la religión y de la educación. El hace esto ya sea encarnando sobre la tierra o fundando nuevas actividades o bien usando el vehículo de un discípulo que haya sido entrenado para tal propósito. El primer modo es raro. Cada vez que él desciende a la tierra, ya sea en directa encarnación, o mediante un discípulo, solamente una mínima parte de su conciencia, como Segundo Aspecto del Logos, puede manifestarse sobre la tierra, ya que ningún organismo humano podría suministrar expresión adecuada al espléndido ser de un Bodhisattva, cuando reside y trabaja en los planos invisibles para los sesenta mil millones de egos que están bajo Su cuidado. Todas las religiones son siempre sus canales; bien sea que él se halle directamente encarnado o bien que trabaje a través de un discípulo, Su labor para toda la humanidad continúa sin interrupción.


La tradición oculta enseña que el Buddha Gautama, durante sus vidas como Bodhisattva, apareció muchas veces sobre la tierra como Instructor y fundador de Religiones. De las muchas ocasiones en las que apareció El en la Raza Aria, cinco son dignas de especial mención pues en ellas inició movimientos religiosos de un carácter poco usual. Fue conocido en lo pasado como:

1. Vyasa, al principio de la primera sub-raza hindú de la Raza Aria.
2. Tehutí o Toth, cuando dio nuevo impulso religioso a los Egipcios arianizados que pertenecieron a la segunda sub-raza.
3. Zoroastro, el primero, quien apareció en la tercera sub-raza en Persia.
4. Orfeo, de Grecia, el instructor de la Cuarta sub-raza, la Céltica.
5. Gautama, cuando apareció otra vez en la sub-raza hindú, pero trayendo Su mensaje no sólo para la religión hindú, sino también para formar una Religión Mundial que se extendiera allende las fronteras de la India.
Por lo que hace a los planos inferiores, la ardua y dilatada tarea de un Bodhisattva culmina con la dación de Su Mensaje como Buddha. Entonces trasmite aquella parte de la labor de su departamento a su sucesor, el que ha actuado como su lugarteniente.
Habiendo terminado Su obra el Buddha Gautama, trasfirió las labores de Su departamento a su Sucesor el Bodhisattva Maitreya.


El Bodhisattva Maitreya apareció en la India, dos o tres siglos antes de J. C., como Shri Krishna , el Maestro de Devoción. Esta fue una encarnación directa, habiendo vivido el Gran Instructor como el Niño Divino. Después apareció en Palestina, pero en esta ocasión ocupó el cuerpo de un discípulo, Jesús, cuando éste tenía treinta y un años de edad. Posteriormente, El inspiró y guió a su discípulo Mahoma, sin haber ocupado tal cuerpo, para que diera las enseñanzas del Islam.
Puesto que el Bodhisattva trabaja ya sea directamente, o mediante discípulos suyos como intermediarios, todas las enseñanzas religiosas del mundo son en cierto modo Sus enseñanzas, si bien no es El responsable de las aberraciones de la Sabiduría Divina que han surgido de tiempo en tiempo.


Continuará…



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La Teosofía como filosofía del pensamiento y de la acción

Conferencia dada en París el 23 de abril de 1927

Traducido de “Le Revue Théosophique”, por Brillante, publicado en la revista “El Loto Blanco” de Agosto de 1927.

En la literatura inglesa existe un poema muy conocido debido a la pluma de Georges Herbert, que vivió hace doscientos años. En él se lee lo siguiente:


“Cuando Dios creó al hombre, tenía a Su lado una copa llena de bendiciones.
“Démosle, dijo, todas las posibles bienaventuranzas; que en él se compendien todas las felicidades del mundo”.

Y el hombre tuvo la fuerza en primer lugar; después la belleza, la sabiduría, el honor, la alegría. Casi todo el contenido de la copa había ya pasado al hombre, cuando Dios se detuvo. De todos aquellos tesoros, en la copa sólo quedaba el descanso.

“Si diera también esa joya a mi criatura, dijo Dios, adorará él mis dádivas y no a mí. Adoraría el descanso, el reposo en la creación y no al Dios Creador; y sería un mal para el Creador y para la criatura. Que conserve, pues, las otras dádivas; pero en una agitación dolorosa. Sea él rico y que se fatigue para que, al menos, si la bondad no le guía, que el cansancio le traiga al fin a mi corazón”.

Hay instantes en la vida del alma en que ese cansancio se afirma día y noche. Son aquellos en que el alma quiere y debe comprender; aquellos en que se presenta la pregunta: ¿Qué soy yo?

A las almas que han llegado a ese punto de su evolución, les presenta la Teosofía su doctrina psicológica, su teoría del yo.
Ese problema del yo, lo resuelve la Teosofía. Ella afirma que todo ser humano, es un fragmento del Gran Universo. A ese fragmento le llamamos el alma, y llamamos Dios al proceso de la vida universal. ¿Qué lazos, qué relaciones unen aquella Unidad a este Todo, aquella alma a este Dios?
El concepto que de Dios presenta la Teosofía es el de todas las grandes fes, de todas las grandes religiones. Dios es el gran todo, omnisciente, omnipotente, belleza absoluta.

En verdad, cuando nos contemplamos con nuestros pecados, con nuestras limitaciones, sobre todo a través de las ideas cristianas, nos parece Dios un Ser trascendente, distinto de la vida humana. Pero la Teosofía afirma que todas las maravillas de belleza que en Dios están, están igualmente en el hombre.
El hombre es un fragmento que lo contiene todo. La Teosofía proclama que el hombre tiene en sí la naturaleza misma de lo divino.

¿Qué debe ser, pues, nuestra vida en nuestra actividad diaria?
Nuestra vida debe consistir en manifestar lo divino que está en nosotros.
Cuando piensan los cristianos en la relación que les une con Dios, lo hacen en general, como se dice en las reuniones piadosas para ponerse bien con Dios. La Teosofía afirma que la finalidad, la única finalidad de nuestra vida, consiste en revelar lo divino que está en nosotros mismos.

¿Cómo, pues, puede el alma llegar a revelar al mundo las joyas del divino tesoro? Una parábola titulada «los lapidarios», lo explica en estos términos:

“Las gemas rugosas cuya superficie sólo hace un instante estaba cubierta de la arcilla secular, están ahora sobre la mesa del lapidario. Él las coge una tras otra, y las coloca sobre la rueda que gira rápida. A medida que se pulimentan, se oye un quejido agudo, como si la piedra preciosa llorase en su sufrimiento. Pero el lapidario no tiene derecho a detenerse, pues conoce el fin y los medios. Una a una, se ensanchan las facetas; lentamente, seguramente, cada piedra toma su forma. Por fin, a pesar de los quejidos, se termina la obra. La gema refulge ahora transmitiendo la pura luz del Sol, relumbra para regocijo de las almas sin guardar nada para sí”.

Tal es la posición en que nos encontramos. Somos diamantes brutos colocados en la rueda del lapidario, para ser allí pulimentados, hasta que todas las facetas de nuestra alma reflejen armoniosamente las maravillas de la vida que envía el Sol a la tierra.

Mas para recorrer todo ese proceso del alma humana, se precisan muchas existencias. Sin una idea de la larga serie de vidas a través de las cuales debemos pasar para revelar poco a poco lo divino que está en nosotros, es imposible comprender cómo pueda llegar el hombre a la perfección.

Es preciso, digo, que el alma ocupe cuerpo tras cuerpo, para hacer de ellos instrumentos de sus revelaciones sucesivas. Esta es la idea que formula Tennyson, el célebre poeta inglés, cuando dice:

“El Señor alquiló la casa del bruto al alma del hombre, y el hombre dijo: ¿os debo algo? y el Señor respondió: Todavía no; pero límpiala lo mejor que puedas, y te alquilaré otra mejor”.

Así pues, á través de estas moradas carnales, cada una de las cuales es temporal y nos conduce a otra mayor, nos elevamos hacia la perfección de la revelación de lo divino que está en nosotros.

En el curso de esas vidas sucesivas, el objeto principal es crear, producir, modelar, formar. En cuanto comprendemos lo que significa ese florecimiento de lo divino en nosotros, nos damos cuenta de que la vida es una creaci6n análoga a la que realiza el artista que toma un bloque de mármol bruto, y con la imagen de la estatua futura en sus ojos, martillea y cincela hasta que ha quitado del bloque todo lo que no es su imagen.

La vida, con sus torturas, sus sufrimientos, sus agonías, es una creación continua, una escultura ininterrumpida. Los dolores son el mallete y el cincel del escultor.
Si comprendemos que así es, trabajaremos útilmente, y poco a poco se operará la revelación de la imagen divina latente en nosotros. La materia que tenemos que esculpir, son nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y emociones, nuestros actos.

Pensamientos, sentimientos, actos de la vida corriente, he aquí la materia que debemos moldear para revelar la imagen divina.
Para ayudarnos a llevar a cabo este trabajo largo y difícil, los grandes fundadores de religiones vienen en nuestra ayuda. Hay en efecto una ciencia, una técnica de ese arte de la escultura del alma; y la religión es la filosofía misma de esa creación continua.

Cometemos errores sin número porque en nosotros existe una dualidad. Por un lado, lo animal en nosotros. Por otra parte, tenemos un ideal que se opone a los instintos que nuestra pasada herencia ha dejado en nosotros. Nuestros errores se acumulan, pero la obra de la escultura tiene que continuarse. Sin cesar, sin descanso, debemos crear en nosotros, debemos crearnos a nosotros mismos.
Pero aquí hay un punto particularmente importante: hay que crear, no hay que imitar.

Sin duda, al comienzo de la vida no podemos privarnos de imitar. El niño es un imitador. Pero sólo cuando empezamos a crear, empezamos vivir. La verdadera vida cristiana no consiste en imitar las formas que de ella han dado los cristianos del pasado. Sólo cuando el alma crea su propia y nueva forma de cristianismo, se convierte en el verdadero espejo de la vida vivida por el Maestro que fundó la religión cristiana.

Cada uno de los hombres ejecuta esa labor según su temperamento, en diferentes dominios: religión, ciencias, artes, filantropía. A cada hombre, Dios le ha concedido un don: su particular temperamento. Cada hombre es el revelador de un aspecto especial de lo divino, y cada uno manifiesta al exterior el arquetipo del pensamiento divino en él colocado. Únicamente en la medida en que creamos ese arquetipo en las formas visibles de nuestra vida, percibimos la inmortalidad que está en nosotros.

La meditación no nos conduce a ese resultado. La ciencia, en el dominio de la cual se trata de probar la inmortalidad por medio de fenómenos, no conduce tampoco al objetivo de que hablo. Sólo cuando hemos creado algo de esa imagen de lo divino que está en nosotros, conocemos por experiencia personal, un poco del misterio de la inmortalidad.

Así como cada alma está destinada a la creación, así el mundo va creando perpetuamente. Hay grados en esa creación, razas en la evolución humana. Unas son creadas sencillamente; otras con esplendidez. Cada raza es una historia de la creación humana.
Si se consideran así las cosas, se ve la cultura del mundo desde un nuevo punto de vista. Entonces se presenta como una serie de creaciones sucesivas. Y si aceptamos la doctrina de la reencarnación, sabemos que nosotros mismos hemos tomado parte en esas creaciones pasadas; de modo tal, que habiendo conocido ya la inmortalidad por medio de nuestra creación, conocemos también lo que es Dios en realidad.

No es por medio de oraciones; no es por las maceraciones, los sacrificios o la penitencia, como se llega al conocimiento de Dios.
Es creando, dando libertad, en la naturaleza y en la vida, a las fuerzas creadoras, que son el mismo Dios y que está en nosotros.
Eso es lo que revela a Dios, que se descubre a medida que nosotros creamos, que formamos objetivamente la imagen de Dios que está en nosotros, exteriorizándola.

¡Qué importa que él alma dé un nombre a ese conjunto de que forma parte! Los nombres sólo son etiquetas que se pueden cambiar; la realidad sobre la cual se fijan, permanece igual. Así pues, al llegar al pináculo de nuestra creación, nos percatamos de que esas etiquetas sólo son nombres; pues entonces, con nombres o sin ellos se conoce al mismo Dios.

Por lo tanto, si la obra de la vida consiste en crear, vemos que la obligación en que estamos, consiste en observar una regla de nuestras acciones.
Creamos para sentir nuestra unidad con el gran Creador. En esas condiciones, el verdadero pecado” de esta rellgi6n, es la pereza.

Estar satisfecho y gozar de la vida sin crear, ese es el gran pecado en la vida del hombre. Se puede gozar de la vida y crear; se puede sufrir y crear: Tanto en un caso como en otro, lo que importa es la creación. Lo esencial es que cada hombre produzca una fuerza, emane una fuerza, traiga un cambio al mundo exterior.

Quizá al comienzo pueda la fuerza parecer que produce efectos deplorables. Vale más la maldad que la ociosidad. Vale más la fuerza que crea, que la ociosidad que deja al mundo en el estado en que lo ha encontrado.
Debemos tener presente sin cesar que nuestro verdadero Evangelio es el de la producción perpetua; que nuestro deber consiste en crear, traer cambios, modificar la sociedad, modificar el Universo.

Para esto es precisa una virtud, la virtud de creer, descrita por la Biblia, que la llama inocencia de las manos, integridad del corazón; virtud que consiste para el hombre en volverse ese mito de que hablaba Cristo.
¿Cómo llegar a ello? Podemos hacerlo bastante bien, obedeciendo al principio de esta liberación de lo divino que está en nosotros, no reclamando nunca un salario, no buscando jamás una recompensa. Debemos actuar porque en nosotros está el Dios creador, y no para obtener la aprobación de algunos o para glorificarse y regocijarse del éxito.
En una poesía titulada «El salario», el poeta inglés Tennyson ha expuesto magníficamente este concepto de la vida:

“La gloria de las armas, de la oratoria, del cantar,
gloria es que se funda en fugaz palabra, y se pierde en el mar,
Tampoco tiende el alma, tampoco ama la gloria,
sólo por la virtud, y pugnando en justicia llegar a la victoria
Lo único que ella quiere es la gloria de ser,
de marchar a su frente, aun sin vencer.
La pena del pecado es la aniquilación,
y si el premio a la virtud fuera caer en polvo,
¿qué tendría de útil el valor del tesón,
para llegar a ser una lombriz de tierra o un gusano hediondo?
El alma no desea parodias de placeres,
ni salvación austera del justo que va al cielo;
no quiere reposar bajo verdes laureles,
ni gozar de un Edén que calme todo anhelo.
Lo único que ambiciona es ir, alta la frente,
sabiendo que jamás le alcanzará la muerte”.

A partir del momento en que ha podido uno elevarse a ese concepto de la vida, se reconoce en verdad lo que es la pureza. No hay ya idea del mérito ni aquí ni después de esta vida, no hay recompensa. Ya no se busca tan siquiera la aprobación de Dios. Desde este momento, surge la gloriosa visión.
Ya se había obtenido la visión de la inmortalidad, ya el hombre tenía la visión de lo que es Dios. Ahora sucede otra visión a aquellas. El hombre ve que es un miembro de una multitud inmensa de trabajadores; que forma parte de la cohorte de los que conservan el gran programa que va realizando el divino Creador; se reconoce como uno de los discípulos de los Grandes Instructores, que no anhelan ni desean nada más que otras ocasiones de crear o de ser instrumentos entre las manos del gran Escultor, para llevar a cabo la obra maravillosa de la perpetua creación del mundo.

Cuando hemos llegado a este grado de poder reconocer que toda vida verdadera es creación, empezamos a ver que todos los hombres son necesarios. Ninguno de esos hombres es rival de otro; ninguna religión es rival de otra. La ciencia no es enemiga de la religión; el arte no es rival de la filosofía. Sólo hay, en todos los dominios, un gran compañerismo para llevar a efecto una obra común.
Todos los actos de la vida, ya se manifiesten en la iglesia, en el laboratorio, en el taller, en la granja, son necesarios para que la revelación de lo divino que está en el hombre, sea completa en toda la humanidad. Cada uno de nosotros tiene necesidad de muchos martillazos y cortes de cincel para que esa revelación se acerque. Las circunstancias varían en la vida; los sufrimientos nos son impuestos, para que cada alma pueda revelar la belleza del arquetipo divino que está en ella.

Cuando nos esforzamos en reconocer a ese Dios latente en nosotros, cometemos errores; pero sólo son faltas, sólo son errores; no son pecados. Esas faltas revelan únicamente una técnica torpe de nuestro arte de vivir.
Que el aprendiz de escultor estropee un bloque de mármol a causa de un golpe de cincel torpe, y no cometerá por ello un pecado. Ha sido torpe, no culpable.
Muchos que quieren crear, que buscan la realización de lo divino en sí mismos, creen encontrar la luz cuando no siguen más que a fantasmas…
Caen en el mal, como decimos, y se percatan de que no han seguido la luz. Se presenta un fantasma, y le siguen; surge otro, y abandonan al primero para ir con el segundo.
Pero puesto que esa técnica torpe puede perfeccionarse, lo mismo que la del aprendiz escultor, no se pueden considerar como pecados los errores cometidos.

Esto es lo que explica en términos precisos, el gran místico sufí Omar Khayam:“Pues he aprendido lo siguiente: Sea que la luz de la única verdad lleve al amor, o que la gloria me consuma por completo, vale más haberla vislumbrado un momento en la cantina, que estar ciego de ella en la iglesia”.

Cuando Beatriz divisa al Dante, después de su larga lucha hacia la luz, recordad lo que le hace decir el gran poeta de Italia: “Sé muy bien ya por instinto que la luz eterna resplandeciente en una sola visión, inflama de amor. Si alguna otra cosa seduce al amante, no es más que un rayo mal vislumbrado de esa misma luz”.

Por lo tanto, lucha tras lucha, sufrimiento tras sufrimiento, martillazo tras martillazo, ascendemos hacia la luz. Nos imaginamos ver la luz, y nos engañamos. De ahí el sufrimiento, debido a que vemos mal.
Pero sufrir es aprender la técnica de arte de esta revelación de lo divino. Hace muy poco, recientemente, un poeta americano, en una obra de insignificante valor literario, exponía esta lección en una composición poética, titulada

“El látigo”:

“¡Qué más da el sufrimiento! ¡Qué me importa que mi corazón se rompa!
Hay palabras que debo escribir, hay canciones que debo cantar.
Defoe (el autor de Robinson Crusoe), ha dado alaridos en su asilo. Raleigh ha gemido en su prisión. Shakespeare, Dante y muchos otros, han gritado bajo el látigo. ¿Cómo un pobre vagabundo iba a ser poeta sin ser encarcelado, o al menos sin lágrimas y sin tortura?
La obra de la vida es amarga. ¡Rómpanse, pues, vuestros corazones! Hay palabras que se deben escribir, hay canciones que se deben cantar…”

Así es como hay que comprender el sufrimiento, las tragedias de nuestras existencias. Si pudiéramos ver detrás de esos sufrimientos, más allá de esos sufrimientos, así como vemos en invierno un seto en el que no se ven más que ramas y espinas, con la visión próxima de la rosa que florezca en la primavera, igual que lo canta el Dante en los versos que siguen, entonces aprenderíamos la lección última de la vida.

Escuchad lo que el Dante dice:

“He visto todo el invierno las duras espinas: mas he aquí una rosa que ha florecido en este tallo…”

Aquí abajo, en el invierno de nuestra vida, podemos obtener una visión de la rosa de la primavera. Si aprendemos que la vida no es la felicidad, ni el sufrimiento, sino una creación continua, llevaremos a cabo nuestra obra por medio de la dicha, por medio del sufrimiento, ¿Qué se precisa para alcanzar tal resultado?
Por de pronto, cambiar los móviles de nuestros actos. No reclamar recompensa, salario ni material ni espiritual. Después, encontrar en nosotros esa pureza que hace que seamos realmente libres, que la creación es una obra que se basta a sí misma, y no un trabajo que deba ser retribuido.
Después, si hemos obtenido esa visión de la inmortalidad de Dios, si comprendemos el compañerismo en el servicio, llegaremos al conocimiento de lo que es realmente la salvación. Quedamos liberados de esta pequeña personalidad que encierra al Dios en nosotros, y llegamos a la visión del Creador en nosotros mismos.

Conocer la unidad de nuestro yo y del Creador, tal es la salvación. Cuando la conciencia humana sabe que la criatura es el mismo Dios, ve a Dios, ya no ve a la criatura.

Esto es como decir que la salvación no se obtiene por la plegaria, por la meditación, por las buenas obras. Se obtiene por la utilización de todo esto en la creación de una vida que reconoce lo divino trabajando en nosotros y fuera de nosotros, para crear y para ofrecer al mundo.
Poco importa que entendamos que esta ofrenda se dirige al hombre o que se dirige a Dios; cuando se sabe lo que es ofrecer la propia creación al mundo, está uno salvado.

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