Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Enseñanzas de N. Sri Ram

La Iniciación

Escrito de N. Sri Ram


Hay un artículo de T. Subba Row, a quien H. P. B. tenía en gran estima como ocultista, titulado “El Ocultismo de la India del Sur”. De hecho habla de los dos Senderos, uno de los cuales es el sendero natural y constante del progreso, en el que el crecimiento es total y seguro.

El otro es a través de una serie de iniciaciones y solo unas cuantas naturalezas, especialmente organizadas y peculiares son adecuadas para ello. La gente que avanza por el sendero natural y más fácil, no sufre en absoluto con ello, ni tampoco lo que alcanzan al final es menos importante, pero el Sendero de la Iniciación esta hecho solo para ciertas personas, porque se trata realmente de un proceso forzado.

En lugar de desarrollarse muy gradualmente y de una manera relativamente fácil, el chela recibe ayuda para acelerar su propio crecimiento y para alcanzar prematuramente, por así decirlo, un conocimiento de su naturaleza espiritual.

Se establece una relación entre el discípulo o chela y el Adepto, que dirige a través del chela varias fuerzas ocultas que fuerzan su crecimiento.

Subba Row dice mas adelante que Sri Sankaracharya, de quien H. P. B. habla en La Doctrina Secreta como del mayor iniciado de toda la historia, recomendaba el sendero natural, fácil y constante, a aquellos que le seguían y a sus sucesores en su labor en particular.

No hemos de imaginar que el Adeptado y la Iniciación sean acontecimientos fortuitos; son estrictamente un producto de la Naturaleza.

La Jerarquía de Adeptos tiene su función importante, que consiste en mantener abierto el Sendero hacia arriba por el que descienden las fuerzas necesarias para el crecimiento de la humanidad.

El proceso forzoso puede resultar fácilmente peligroso para los que no están preparados y a veces ocurre que uno de aquellos a los que se les ha hecho seguir el sendero de la Iniciación se aparta de el y sufre temporalmente.


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Subba Row señala que “es eminentemente peligroso para quienes no poseen el talismán de una devoción totalmente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso de la humanidad, una auto-abnegación que no tiene nunca fin.”

La iniciación no es el cumplimiento de una ambición personal espiritual ni la consecución de un estado de grandeza o la posesión de poderes extraordinarios que pensamos manejar en beneficio de la humanidad cuando en realidad puede ser el placer de manejar tales fuerzas la verdadera motivación.

La ambición espiritual es una contradicción en términos, y resulta extremadamente peligrosa para aquel que quiera hollar el Sendero.

Lo que se requiere, vamos a repetirlo, es “el talismán de una devoción perfectamente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso (podríamos decir espiritual) de la humanidad”.

Esta abnegación significa una auto-abnegación en acción, así como en motivo, y no consiste en decir ” estoy dispuesto a practicar la auto-abnegación para poder conseguir algo”. No poseéis auto-abnegación, si tenéis en cuenta hasta que punto experimentareis contratiempo, sufriréis humillaciones, os colocareis detrás de todo para poderlo conseguir todo.

No, tiene que ser “una auto-abnegación que no tiene nunca fin.”

Son unas palabras muy hermosas que haríamos bien en llevar al corazón.

Subba Row sigue diciendo que sin este talismán el progreso del chela sea tal vez muy rápido durante cierto tiempo, pero llegara el momento en que su progreso hacia arriba quedara paralizado. Y por eso dice que es más sabio no buscar el sendero del discipulado, porque cuando uno busca siempre hay un motivo de egocentrismo en el yo.

Si vosotros, el yo, no existís en absoluto, como podéis querer nada?

El chela no necesita buscar nada, porque el sendero no dejara de encontrar a la persona adecuada. Tal vez parezca descorazonador, pero es de hecho algo muy excitante: Uno no busca nada, ni siquiera el Sendero, ni la eminencia, ni la consecución, sino solamente dar de lo que uno tiene y si el Sendero os encuentra, pues muy bien, ya lo seguiréis. Y si no, ya os iréis desarrollando en el curso natural de las cosas.

Es muy importante insistir en esto porque hay mucha gente que busca un guru, que quiere el Adeptado y la Iniciación y que intentan ir avanzando de distintas maneras. Finalmente encontraran que esta búsqueda no acaba con el éxito. Tal vez obtengan un cierto éxito, pero no en el sentido real.

El símil que se ha utilizado para describir el Sendero es el de un camino que va subiendo en sentido circular ascendente por una montaña hasta la cima. La gran mayoría de la humanidad están programados para irlo siguiendo, – la Cuarta Ronda, la quinta Ronda, etc., – y, finalmente, todos llegaran a la cima. Pero existe también la posibilidad de ascender directamente por la ladera escarpada, no por el sendero conocido, tomando un atajo que conduce a la cima.

Naturalmente es difícil. Si seguimos con este símil, el atajo directo se ira cruzando con el sendero que da las vueltas en varios puntos y cada uno de esos puntos de intersección puede considerarse como la señal de una de la Iniciaciones.

La Iniciación no esta dirigida a la personalidad sino al Ego que esta detrás de la personalidad y que presenta una nueva personalidad en cada encarnación. Es una apertura de la conciencia del Ego, que tiene varias posibilidades en el plano espiritual, pero que permanece dormido durante largo tiempo.

Naturalmente, todas esas posiciones acabaran por florecer y dar su fruto, y es posible, mediante ciertas fuerzas de las cuales podemos tener un concepto muy limitado, despertar esos poderes latentes.

El Ego es el individuo tal y como existe en el plano mental “superior”, el plano de la mente que no esta influenciado por distintas asociaciones y deseos materiales y que es la inteligencia pura. Puesto que esta es nuestra naturaleza espiritual a un cierto nivel, hemos de comprender esa naturaleza para averiguar como podemos forzarla a entrar en actividad.

La Sabiduría Atemporal nos da una cierta concepción de la constitución humana a distintos niveles: mas allá del Ego a un nivel mas profundo esta la Monada, que es la esencia espiritual del individuo. Cuando tiene lugar la Iniciación, se dice que la Monada desciende hasta el Ego. Estos dos niveles del ser se convierten en uno solo. Eso es lo que significa decir que la Monada desciende al Ego. Aunque el Ego sea espiritual e incorruptible, la naturaleza mas profunda que normalmente permanece quieta y apartada se pone en acción a través del Ego en el momento de la Iniciación cuando se ve sometida a ciertas fuerzas.

La idea superficial sobre la Iniciación es la de que una persona va a una sala especial, alguien viene y le dice varias cosas, después le dicen que se ponga una túnica diferente, se le da un talismán etc. Eso seria una visión muy pobre.

La Iniciación significa que el aspecto mas profundo de uno mismo se acerca a la superficie, y la Monada toma el voto a través del Ego.

Es en realidad un voto de auto-rendición, una resolución para darse completamente al servicio de la humanidad y de todo cuanto vive. No se administra desde fuera y es aceptada por varias razones; esa seria una manera mental de considerar todo el tema.
En realidad el voto es una evolución del propósito mas interno del mismo Ego.

No se acepta simplemente diciendo que lo desarrollareis según vuestra capacidad máxima, sino que significa un descubrimiento de vuestro propósito mas interno, de vuestra naturaleza mas interna. Es realmente un traslado de esa naturaleza a términos del intelecto o de la mente. Y hemos de considerar todo esto en los términos mas naturales posibles; cuanto mas natural parece una cosa mas probabilidades tiene de ser cierta.


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Pero mientras la Monada desciende al Ego, o podríamos decir que el Ego se unifica con la Monada, al mismo tiempo el Ego desciende a la personalidad. Hay un movimiento dual. No puede ser de otra manera, porque todos estos planos están relacionados entre si, y si el Ego recibe ciertas fuerzas de una potencia tremenda, hasta cierto punto tienen que filtrarse hasta la personalidad.

No podemos comprender demasiado bien la relación que existe entre el Ego y la Monada; podemos pensar mas fácilmente en la relación que hay entre el Ego y la personalidad. Cuando el primero desciende a la personalidad lo hace en su mejor expresión, mas noble y mas dignificado que normalmente.

Tiene una mayor profundidad, y expresa algo que no hace normalmente. Pero hemos de entender estas cosas en términos de nuestra experiencia real y no simplemente como un diagrama. El Ego puede describirse como un triangulo y la personalidad como un cuadrado y se establece una línea de conexión entre ellos; pero con ello no entendemos el significado que hay detrás del diagrama.

Todos los símbolos y diagramas tienen como objetivo solamente servir de ayuda, y por esto hemos de intentar penetrar el significado interno de todo ello.

Cada uno puede solamente hacerlo por si mismo y no se trata simplemente de tomar notas o de escuchar las palabras de otra persona.

Cuando se forma una conexión entre el Ego y la personalidad, hemos de recordar que esta puede caer en desuso y bloquearse después, porque esa es la naturaleza de todo cuanto pertenece a los tres mundos mortales.

Lo espiritual permanece incorrupto como canal y todo lo que fluye a través de ello sigue fluyendo. Pero en la naturaleza intelectual o psíquica el canal puede hacerse mas grande y continuar funcionando o puede obstruirse.

Siempre hay estas dos posibilidades respecto a nuestra naturaleza intermedia, la intelectual o psíquica y la naturaleza inferior, la material y física. Todo depende del individuo.

La palabra “iniciación” significa, “un principio”. Conseguimos un contacto definido con nuestra naturaleza espiritual en la Primera Iniciación, primero con budhi después con atman.

Este principio es realmente como plantar una semilla. Después de conseguir un pequeño contacto, uno empieza a ser más consciente de esa naturaleza.

La semilla crecerá y se convertirá en el Árbol de la Sabiduría. Ese es el significado de la palabra sánscrita Vidya, nacido dos veces, una manera simbólica de referirse al nacimiento del cuerpo de una madre al mundo físico y al segundo nacimiento en espíritu.

Que nace en espíritu? Es la conciencia humana, o mente; también se denomina a esto el nacimiento de Cristo o la naturaleza cristica en el corazón del hombre.

Hay dos maneras de considerarlo: como el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu o Verdad, o el nacimiento del Espíritu en la conciencia humana. Ambos son correctos.

La conexión establecida entre manas y lo que esta mas allá de manas, es decir atma-budhi, es el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu, y también el nacimiento del Espíritu en el campo de la conciencia humana.

El nacimiento del Cristo, atma-budhi o el principio divino, significa que la naturaleza del amor-sabiduría nace en el corazón del hombre; la conciencia queda inundada con la cualidad de esa naturaleza espiritual. La misma palabra “nacimiento” implica un crecimiento por etapas hasta un punto que ha sido descrito como la totalidad de la talla del Hombre Perfecto.

Esto no significa en absoluto que el desarrollo se detenga después de ese punto. Sigue adelante, pero esa es una etapa diferente, la del Hombre Perfecto o el Adepto.

La constitución del hombre representa siete principios compuestos.

El Perfecto Iniciado, el Adepto, es uno en el que la totalidad de los seis principios se funde en el séptimo. Así es como H. P. B. describe la realización en La Doctrina Secreta.

En la gente corriente los diferentes principios están desarrollados desigualmente y no están coordinados; y aunque están relacionados entre si, la relación esta lejos de ser perfecta. Pero el hombre Perfecto es uno en el que la totalidad de su naturaleza ha llegado a estar perfectamente integrada, unificada.

Es, esencialmente, el séptimo principio manifestándose a diferentes niveles cada uno de los seis principios se convierte en uno con el séptimo, y la naturaleza de atman es expresada por el a los distintos niveles de la mente, las emociones etc.

Cuando todos los principios inferiores quedan fundidos, no dejan de existir, pero quedan inundados con la cualidad del séptimo. Incluso a nivel del sexto, la naturaleza del séptimo queda expresada.

Debido a que un Adepto se convierte en una expresión de su séptimo principio, el Espíritu en su naturaleza pura y universal, se convierte en uno de los agentes de la Naturaleza y en un miembro de lo que se llama la Jerarquía de los Adeptos.

Cada Adepto es una expresión distinta a las demás del principio uno universal, pero hay una base común: están todos inspirados, informados y animados por el mismo Espíritu. La Jerarquía de los Adeptos es una comunión natural de Espíritus semejantes. Por esto en la iglesia cristiana usan la frase “la comunión de los Santos”.


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Esta Jerarquía de Adeptos es descrita por H. P. B. “como un Árbol Baniano humano y siempre vivo”, con una única raíz y ramas que se extienden cada vez mas, pero perteneciendo siempre al mismo Árbol y de la misma raíz. Y al Jefe de la Jerarquía lo llama ella, “la Raíz –Base”. También se le conoce como el Iniciador único.

En nuestro esquema de evolución, representa el séptimo principio, el mas elevado y el mas profundo de la naturaleza de esa Fuente muy profunda de donde fluyen las fuerzas que entran en la naturaleza del Ego, y producen ese resultado que se llama la Iniciación.

Por consiguiente, convertirse en un Iniciado es forjar un lazo con la Jerarquía, con todos los Adeptos, convertirse en parte de la Fraternidad que les incluye a todos ellos. Es solo un principio, una entrada en un reino nuevo, pero incluso eso proporciona una cierta sensación de parentesco no solo con todos los demás individuos que se ha hecho igualmente conscientes de la unidad, sino también con todas esas vidas que son todavía, en gran parte, inconscientes.

Un Iniciado no solo reconoce su fraternidad con otros Iniciados sino que se siente como un hermano con todas las cosas vivientes.

Si pensamos en la Iniciación como en un acontecimiento peculiar es difícil entenderla, pero si pensamos en un Iniciado como en alguien que esta lleno del espíritu fraternal con todo cuanto vive, entonces logramos un verdadero entendimiento.

El Iniciado entra en el reino de la Vida donde ninguna vida es extraña a el, es un hermano de todo cuanto vive.

Naturalmente, esta Fraternidad existe principalmente al nivel en que los Hermanos son conscientes de su unidad.

Los iniciados en el plano físico, aunque pueden haber pasado por una experiencia que les ha asegurado la unidad de todo cuanto vive, sin embargo están dispuestos a olvidar esa unidad y actúan como individuos separados de los demás.

El Iniciado no es un hombre perfecto; es solamente un principiante en la vida espiritual.

Pero a nivel budhico, atmico, la unidad es un hecho vivo siempre presente; por consiguiente, la Fraternidad existe principalmente a esos niveles.

Cada Iniciación, y hay unas cuantas, es una entrada en un nuevo reino.

Hay una expansión de la conciencia que se hace más sensible y capaz de funcionar de varias maneras distintas. Esto también significa un conocimiento más profundo, una conciencia más amplia o realización de nuestra naturaleza espiritual.

Por consiguiente, esto requiere dejar a un lado las dudas, las ilusiones y las limitaciones, que no son más que trabas. Una limitación es la incertidumbre.

Cuando alguien no sabe con certeza cuales son las cosas importantes de la vida, no sabe como actuar.

Si una persona sufre de desilusiones, de ideas equivocadas, de prejuicios y fantasías, eso es también una traba, igual que lo son las diferentes reacciones equivocadas que no dejan de ser condicionantes. Hay que recordar que no tienen que suprimirse, ni las dudas, ni ninguna otra cosa.

Aunque una de las trabas sea la incertidumbre o las dudas y otra sea la superstición, el apartarlas no significa que cada vez que exista una duda tengáis que tratar de suprimirla, a menos de cometer un pecado. Al final, no se consigue nada suprimiéndola, lo cual no significa que tengáis que complaceros en ella. Todo cuanto se suprima volverá con nueva fuerza redoblada.

Controlar algo con comprensión es muy diferente a suprimirlo, un acto que se hace a ciegas.

Lo que hace falta es liberarse de esas perturbaciones y trascender las limitaciones.

Eso solo se consigue comprendiéndolas. Supongamos que un hombre sufra de avaricia, de lujuria, o de lo que sea, pero cuando comprende lo que significa, como aparece y actúa, y que consecuencias tiene en su propia vida y en la vida de los demás, vera que es capaz de trascender la limitación particular.

El Señor Buddha hablo de las cuatro Nobles Verdades, la última de las cuales se llamo “El Noble Sendero Octuple”, que indica unos pasos para practicar o requisitos que cumplir.

El primero es la Visión correcta, ver las cosas adecuadamente y no según como a uno le gustaría que fueran o según nuestras fantasías o ilusiones.

Cuando veis las cosas adecuadamente, cuando comprendéis que no hay final para la ambición de ningún tipo, que la ambición se alimenta con cada indulgencia, que es una limitación, cuando comprendías su acción, y como aparece, esa misma comprensión os liberara de la ambición.

En cierto modo, la primera traba, llamada la ilusión del yo, lo incluye todo, y es lo más importante. Lo que queremos decir con el yo es una cuestión a considerar por cada uno.

En una de las Cartas de los Maestros, están las palabras,

“Ahora todo ha pasado. Las festividades del Año Nuevo han terminado y yo soy “Yo” de nuevo.

Pero, ¿qué es Yo?

Sólo un huésped circunstancial cuyos intereses son todos parecidos a un espejismo del gran desierto…”

C. M.: 45/-379

Un espejismo existe durante cierto tiempo y después desaparece. El yo es igual.


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Como hemos dicho, citando a H. P. B.: el Adepto o el Iniciado Perfecto es aquel en quien todos los principios están fundidos en el séptimo, es decir, en el Espíritu uno y universal.

Si todo queda fundido allí, entonces, a donde esta el yo?. No existe. Porque solo existe el Espíritu uno y cada individuo es una manifestación única de ese Principio único y universal.

Es en el entretiempo, a la espera de esa fusión o realización, que existe lo que llamamos el yo.

En el ocultismo se hace una distinción entre el yo y el Espíritu. El Espíritu es uno y universal, pero el yo es diferente. El espíritu es indestructible, perenne; ni nace ni muere; no reencarna, porque no es el principio reencarnante.

También se hace una distinción entre el Espíritu y el Alma, si entendemos por alma el Ego que reencarna. El yo se identifica con uno u otro de ellos: a veces se usa como equivalente del Espíritu Uno y a veces del alma. Cada vez que se utiliza la palabra “yo”, hemos de pensar en el contexto; de otro modo simplemente estaremos haciendo disquisiciones sobre las palabras.

La traba llamada superstición se interpreta, generalmente, como una creencia en los ritos y las ceremonias, pero esa es una visión muy superficial.

Todas las formas de dependencia de algo externo a uno mismo llevan a la superstición

Además de estas tres, hay dos trabas más de las que hay que librarse antes de llegar a la Cuarta Iniciación, la del Arhat, que son el apego y la ira.

Si estamos pensando en hollar el Sendero en estos términos, el tema se convierte en algo real para nosotros. Hollarlo significa que hemos de librarnos de todas estas trabas. Esto se explica por si mismo e inmediatamente vemos la lógica de todo ello.

Después de las cuatro Iniciaciones, esta la Quinta, la del Adepto, anterior a la cual hay algunas trabas de naturaleza mas sutil que hay que abandonar, pero no necesitamos hablar de ellas aquí. Hemos de librarnos de estas trabas mas burdas antes siquiera de empezar a comprender lo que son las otras mas sutiles.

Sabemos que es la ira, o las antipatías, porque las hemos experimentado.

Pero estamos seguros de que son una traba? Tal vez si estoy enfadado me siento mejor, y resulta estimulante estar enfadado, pero tengo que darme cuenta de que es una limitación, de que me lleva por el mal camino, de que produce malas relaciones con los demás, me ciega ante ciertas condiciones y abre el camino a una acción mecánica influenciada por el strees de la ira.

Hemos de darnos cuenta de todo esto nosotros mismos, absolutamente, silenciosamente, y entonces seremos capaces de acabar con esa traba.

Insisto, una y otra vez, en esta necesidad de darnos cuenta, porque creemos que cuando conocemos los nombres de unas cuantas cosas ya hemos alcanzado el conocimiento necesario.

Creemos que si podemos repetir el Bhagavad Gita de memoria, ya somos santos, ¡aunque los demás tal vez no se den cuenta!. Existe esta superstición de que simplemente sabiendo las palabras se pueden conseguir las cosas.

Las Cuatro Iniciaciones también están comentadas en el simbolismo cristiano, donde se las denomina: el Nacimiento de Cristo; el Bautismo; la Transfiguración; y la Cuarta, que es la Crucifixión y la Resurrección, combinadas.

Una maravillosa explicación aparece en Cristianismo Esotérico de Annie Besant sobre el simbolismo de los supuestos acontecimientos de la vida de Cristo. El nacimiento de Cristo es la apertura de la conciencia espiritual. El Bautismo es el descenso de las fuerzas a través de la apertura que se ha hecho, y que aporta la posibilidad de intercomunicación entre lo interno y lo externo.

Cuando estas fuerzas descienden, dan lugar a la Transfiguración de lo inferior por lo superior, un cambio completo en la naturaleza de la individualidad. La cuarta etapa de la muerte de todo cuanto queda, la misma esencia del yo, que es la causa de la continuidad y de los renacimientos repetidos.

El sentido de la yoidad, la esencia del yo, es realmente la causa del renacimiento. Cuando eso se disuelve, donde esta el individuo?. Se ha convertido en nada, es decir en nada que se le pueda ocurrir, nada en términos de experiencia personal, “yo soy la persona que acepta o no, que actúa de una o de otra manera, que recuerda esto, siente aquello”.

Están todos estos recuerdos de si mismo, mediante los cuales me identifico. Pero esa identificación desaparece con aquella Muerte.

Al final de cada encarnación tenemos la muerte de los cuerpos físicos, astral y mental, pero eso no es una muerte total. Algo queda que produce la nueva personalidad, el karma pasado, los recuerdos y las tendencias pasadas.

La Cruxificación, la Muerte en la cuarta Iniciación es una muerte total, cuando el individuo queda por así decir, disuelto. Lo que resta es puramente espiritual. Esta muerte total es la contrapartida de una completa renovación, el resurgir de ave fénix o el ave del de sus cenizas.

La individualidad es la misma pero renovada, algo que resulta, en parte, difícil de comprender.

La Iniciación es, como hemos mencionado, un proceso forzado; a veces un individuo puede desarrollarse de esa manera a la fuerza, para poder servir de ayuda. Es el único motivo que cuenta para los Maestros, los Adeptos. No les interesa glorificar a una persona por encima de las demás. Son uno con todas.

Seria absurdo imaginar que porque una persona les prodiga un gran amor o reverencia la pusieran en un pedestal. Pero si esa persona puede estar preparada para ayudar a los demás, entonces tal vez valga la pena, con su consentimiento, desde luego.

El Maestro no llega y dice “Voy a desarrollarte”. Pero si una persona ofrece forzar su propio desarrollo, entonces el Maestro puede actuar como un instrumento para dar la forma; puede ayudar y ser un accesorio. Parece algo permisible según las leyes del Karma.

Se dice que el Señor Buddha forzó Su propio desarrollo hasta un punto increíble. Estaba tan lleno de amor y de compasión, anhelando hacer lo posible por ayudar a los demás, que emprendió esta tarea extraordinariamente difícil. Debe ser el único motivo para intentar un proceso de fuerza como este, pero el crecimiento para todos tiene lugar igualmente en el curso de la Naturaleza y todos finalmente llegaremos al mismo nivel, al mismo objetivo.


En Los Siete Principios del Hombre, de Annie Besant, leemos:

“Mientras estemos situados en el vértice de la personalidad, mientras las tormentas de los deseos y de los apetitos rujan a nuestro alrededor, mientras el oleaje de las emociones, nos vapulee de acá para allá, mientras la voz de los Manas superiores no lleguen hasta nuestro oídos; ni el fuego de los torbellinos, ni en los truenos de las tormentas, aparecen los mandatos del Ego; solamente cuando aparece la quietud de un silencio que puede sentirse, solo cuando el hombre envuelve su rostro con un manto que cierra sus oídos incluso al silencio de la tierra, solamente entonces resonara la voz que es mas silenciosa que el silencio, la voz de su verdadero Yo”.





Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram

  1. I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.
  2. II. Voluntad
  3. III. Verdad


  1. IV. Conocimiento
  2. V. Sabiduría
  3. VI. La Sabiduría Divina


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Pensamientos para Aspirantes_N. Sri Ram

RECOPILADOS DE NOTAS Y ESCRITOS DE
N. SRI RAM

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Aspiración es un movimiento del corazón y la mente de uno hacia algo puro y bello, del cual recibe la influencia benéfica y abraza su totalidad. Es una llama de conciencia que asciende y se fusiona en algunos aspectos de la belleza infinita del Espíritu eterno.


INDICE (II PARTE)

· IV. Conocimiento
· V. Sabiduría
· VI. La Sabiduría Divina


IV.
CONOCIMIENTO


73. El verdadero conocimiento es del corazón y también de la mente. No es una mera percepción mental de las formas de las cosas o un conocimiento de su naturaleza material; debe incluir el alma de las cosas, las ideas divinas que ellas encierran.

74. Cuando no hay ninguna brecha entre el conocedor y lo conocido, entre el sujeto que percibe y experimenta, y su objeto, hay conocimiento por identificación absoluta y directa.

75. Conocer y sin embargo permanecer sin el grillete del apego a ese conocimiento, es el estado ideal del conocedor.

76. Hay una clase de conocimiento que no necesitamos buscar en absoluto. Si permanecemos completamente quietos y negativos, el conocimiento fluye en nosotros debido a la receptividad, a la atracción del positivo por el negativo.

77. Sólo hay integridad de conocimiento cuando hay respuesta de todo el orden de nuestro ser a la naturaleza de la cosa o persona que está ante nosotros.

78. Lo que se necesita no es tanto el conocimiento que se obtiene del mundo externo sino el conocimiento al cual llegamos desde dentro de nosotros mismos.

79. Podemos obtener todo el conocimiento de donde estamos, si los medios de percepción están abiertos dentro de nosotros.

80. No conocemos una cosa o una persona a menos que podamos conocer también su naturaleza interna, y esa naturaleza sólo se conocerá en un estado semejante al sentimiento de identidad, no una identificación con esa persona o cosa como un acto autoconsciente.

81. Ese conocimiento es del máximo valor al cual uno llega en las profundidades del propio corazón, con una calidad de realización que no puede existir en el conocimiento recibido de ninguna fuente externa.

82. Es a la luz de un conocimiento interno, con una mente no prejuiciada, que trazamos nuestro camino en el campo espiritual.

83. Más importante que cualquier cantidad de conocimiento cerebral es un conocimiento de nosotros mismos tal como somos, los valores, verdad y falsedad presentes en nuestro modo de vivir, incluida nuestra relación con los demás.

84. Sólo conocemos realmente una cosa o un individuo cuando respondemos a lo que es bueno y bello en ellos.

85. La pureza de mente y corazón es esencial para el conocimiento que no es superficial, no un conocimiento de la mera apariencia de las cosas.

86. Conocer realmente demanda una completa respuesta a la verdad de la cosa que se quiere conocer, no sólo a su forma externa sino también a lo que está tras de la forma y que se expresa a través de ella.

87. El conocimiento de las cosas externas no puede ser un sustituto para el conocimiento de nosotros mismos, el cual debe incluir lo que somos tras de lo exterior que es superficial y pasajero.

88. Sólo conoceremos verdaderamente a un hombre cuando bajo las diversas máscaras de raza, nacionalidad, religión, ideas, hábitos, gustos y todo lo demás que es parte de un acondicionamiento, nos ponemos en contacto con la naturaleza humana en él en sus aspectos fundamentales.


V.
SABIDURÍA


89. La sabiduría es un florecimiento de nuestra naturaleza pura, un conocimiento que es también amor, con un sentido consciente de la belleza y el profundo significado de las cosas.

90. Esa sabiduría que puede ordenar todas las cosas está no sólo en la Naturaleza sino también en profundidades que existen dentro de nosotros mismos; solamente puede surgir de esas profundidades cuando el camino es claro.

91. La señal de la sabiduría está en ver todas las cosas en la correcta perspectiva.

92. Lo que ha de asociarse con la Sabiduría es un conocimiento de los valores y de los diferentes modos en que la vida fluye y se realiza, más que con hechos concretos áridos o abstracciones.

93. Un estudiante de la Sabiduría tiene que aprender a unir su mente con su corazón, y a responder a los aspectos cualitativos de la vida, distinguiendo entre sus melodías y sus disonancias.

94. No hay ninguna sabiduría real a menos que uno considere por sí mismo la naturaleza y validez de la razón sobre la cual están basadas sus diferentes ideas.

95. La manera en que respondemos internamente a hechos e ideas determina si somos cuerdos o necios, aun aparte de lo que podamos hacer o no hacer externamente en relación a ellos.

96. La sabiduría consiste en un infalible sentido de rectitud, en conocer instintivamente el curso que se persigue, en la recta evaluación y juicio. La sabiduría está en la expresión de nuestro ser, en el modo en que pensamos o sentimos, en nuestro comportamiento, gustos y acciones.

97. El aliento de sabiduría pertenece a la vida en su pureza genuina.

98. La sabiduría real sólo puede surgir de una naturaleza pura, y tal sabiduría dará lugar a un nuevo ser sin ninguna mancha o sombra del pasado.

99. Rechazar a la carrera algo a lo cual no hemos respondido favorablemente, no es el camino para llegar a ser sabio; así sólo puede haber una reacción a un conjunto de ideas e influencias que surgen del pasado.

100. La sabiduría es una cualidad que tiene que florecer de las raíces de nuestro ser, una cualidad de nuestro corazón y no de la mente, que se expresa en todos nuestros actos.

101. Aun un poco de sabiduría debiera hacernos conscientes de que lo que es de importancia es el modo como vivimos, y no las diferencias en puntos de vista que son comparativamente transitorios.

102. La sabiduría consiste en pensar, sentir y actuar en acuerdo con la Verdad de todas las cosas en la vida.

103. En donde quiera que hay Sabiduría, que es distinta del conocimiento, allí está la luz de la humildad. La humildad lo hace a uno sabio.

104. Uno aprende a ser sabio sólo en la medida en que actúa con conocimiento e integridad y no mecánicamente; la acción sin sabiduría es locura, y la sabiduría sin acción es solamente un substituto cojo y tieso.

105. La sabiduría en su perfección se muestra como una síntesis de todas las virtudes; se ha dicho que entre todas ellas es la primera.

106. Es solamente cuando ponemos atención a nuestros pensamientos, sentimientos y actos, que realmente obtenemos sabiduría. No podemos tomarla prestada de fuentes externas a nosotros mismos.

107. La sabiduría del alma pertenece a la naturaleza interna de las cosas y es un producto de la propia realización del Ser; es un néctar dador de vida que nos rejuvenece y nos hace diferentes de lo que éramos, más serviciales y más hermosos en todo sentido.

108. La sabiduría es verdad en acción; cuando estamos llenos de una cierta verdad o realización, la acción que resulta de allí, si no está mezclada con otros factores, puede decirse que es sabia.

109. La sabiduría no consiste en recolectar más y más conocimiento o información, sino más bien en el mostrar rectitud, y aplicar el conocimiento que poseemos de manera correcta.

110. Es sólo el sabio quien aprende por experiencia; el carácter recto de la mente debiera conducirlo a uno a reflexionar y comprender el significado de cada experiencia, ya sea agradable o desagradable, aparentemente trivial o importante, que afecta a otros o solamente a uno mismo.

111. La sabiduría que puede dar lugar a un nuevo orden de cosas, debe surgir de nuestro modo de pensar y actuar que se demuestra en nuestras relaciones con los demás.

112. Estar sin complicaciones, sin ninguna falsedad en pensamiento o acción, ignorante del yo, es el camino de simplicidad, belleza y libertad; no necesitamos ninguna otra sabiduría.

113. Para ser verdaderamente sabio uno debe tener gran flexibilidad de mente y corazón, una condición de receptividad y sensibilidad internas.

114. Cuando la Sabiduría encuentra su camino en la vida, la vida asume un significado diferente, un nuevo lustre y calidad.

115. Es la naturaleza de la verdad que se desenvuelve desde adentro cuando el camino es claro, la que aparece a la vista cuando las nubes se van o desaparecen, la que se manifiesta como Sabiduría y constituye lo extraordinario de la vida.

116. Un hombre se vuelve sabio cuando realiza plenamente su verdadera relación con el universo del cual es parte.



VI.

LA SABIDURÍA DIVINA

117. La Sabiduría Atemporal se expresa en esa verdad que está en toda la Naturaleza y en todas las cosas que existen; cuanto atañe a esa verdad o sea parte de ella, debe tener una relación con la vida del hombre directa o indirectamente.

118. Si consideramos la Sabiduría Divina como una Sabiduría sempiterna que ilumina todos los aspectos de la existencia, la vida y el progreso del hombre, entonces podemos ver que es una Sabiduría para vivirse, con un mensaje de eterna fuerza y validez.

119. La Sabiduría que buscamos y de la cual somos devotos, debiera transformar continuamente nuestra vida, ampliar y profundizar nuestro pensamiento y purificar nuestras aspiraciones.

120. Lo vital e importante es la vida, el espíritu y el panorama que se asocia con la Sabiduría que denominamos divina, más que cualquier comprensión intelectual o doctrinas que se convierten en meras abstracciones.

121 La Sabiduría Divina es una síntesis de toda verdad conocida, y en su totalidad incluye también la desconocida; por esto su influencia se dirige hacia la creación de un panorama de unidad y simplicidad que resulta de allí.

122. La Sabiduría Divina, como la conocemos, debe incluir un sentido de lo que está latente en la vida, su naturaleza y propósito, como también un conocimiento de la naturaleza de sus manifestaciones en los procesos de la vida.

123. Siendo la Sabiduría Divina una Sabiduría infinita, no puede estar confinada a ningún conjunto de doctrinas. Su verdadera naturaleza tiene que ser descubierta y comprendida por uno mismo antes de que pueda compartirse con otros.

124. Siendo la Sabiduría Divina Sabiduría central, nada en la vida puede estar fuera de su campo de acción; por tanto, nada en la Naturaleza o que concierna al bien de la humanidad, puede estar fuera de los intereses de un verdadero discípulo.

125. Dondequiera que encontremos una verdad que apele a esa naturaleza íntima en nosotros, la cual es siempre incontaminada, allí hay un rayo de Sabiduría.

126. La Sabiduría Divina es conocimiento de la verdad en todos sus aspectos, muy especialmente del corazón de la verdad que pertenece a una naturaleza o Principio presente en todo lo que existe.

127. La Sabiduría Divina existe en la Naturaleza, como la belleza de la tierra, el cielo y las flores; no se deriva de ninguna autoridad.

128. La Sabiduría Atemporal es un estudio que, una vez comenzado, continúa por siempre, cubriendo no sólo la vida actual de uno sino también las vidas por venir.

129. El que ama esa Sabiduría, de la cual podemos ciertamente decir que es Divina porque es nacida del cielo, cesa de atribuir importancia a la clase de grandeza apreciada por el mundo en general.

130. Aun un pequeño conocimiento de la Ciencia del Ser que llamamos Sabiduría Divina, pone en movimiento un proceso de cambio por medio del cual llegamos a ver todas las cosas con diferentes ojos.



Continuará…


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Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram

I PARTE


I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.

II. Voluntad

III. Verdad


2) La Iniciación, N. Sri Ram



Pensamientos para Aspirantes – N. Sri Ram

RECOPILADOS DE NOTAS Y ESCRITOS DE N. SRI RAM

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Aspiración es un movimiento del corazón y la mente de uno hacia algo puro y bello, del cual recibe la influencia benéfica y abraza su totalidad. Es una llama de conciencia que asciende y se fusiona en algunos aspectos de la belleza infinita del Espíritu eterno.


INDICE (I PARTE)

I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.
II. Voluntad
III. Verdad



I.
CONOCIMIENTO PROPIO, CONFIANZA EN SÍ MISMO, REALIZACIÓN DEL SER


1. El conocimiento propio es la única base para cualquier cambio profundo o transformación en uno mismo, que debe venir de dentro si ha de perdurar y tener la cualidad espiritual pura que no puede marchitarse ni languidecer.

2. Debemos aprender a caminar a la luz interna de nosotros mismos, aunque al presente esa luz pueda ser débil y apagada.

3. El conocimiento del mundo externo tiene que equilibrarse por el conocimiento propio. Cuando uno cava profundo dentro de sí mismo, comenzará a sentir allí la identidad básica de la vida y la unidad de toda la humanidad.

4. Esa identidad compuesta, el ‘yo’, pierde su identidad y poder cuando uno descubre por sí mismo los diferentes elementos que lo constituyen.

5. La confianza en sí mismo implica la no dependencia psicológica en nada externo a uno mismo. Tal no dependencia acaba con el temor y le confiere una dignidad que es completamente natural a quien logra tal condición.

6. El conocimiento propio, aun en sus comienzos, da lugar a la sabiduría.

7. Cada uno de nosotros está aún en la etapa de tener que descubrir la verdadera nota o fibra de su individualidad y talento básicos.

8. La total aceptación de una Ley justa que gobierna el universo, basada en el conocimiento de su existencia, no significa ni el rechazo ni la búsqueda de lo que esa Ley trae o contiene. Pero aun sin ese conocimiento, uno puede tomar lo que viene con ecuanimidad.

9. El camino hacia el verdadero yo interno, es cesar de identificarse uno mismo con ese yo irreal, el externo; alcanzamos automáticamente lo superior retirándonos de lo inferior.

10. La no dependencia no implica mantenerse aislado; puede existir junto con una dulce interdependencia, confiando en otro, y sin ningún elemento de buscar obtener algo de él para uno mismo.

11. Cada uno tiene que conocerse tal como es, dándose cuenta de las influencias que modelan su pensamiento y acción, si ha de evitar poner sus conceptos favoritos, sus ilusiones e ideas con las cuales está encariñado, en la morada sagrada de la Verdad.

12. El primer paso en el conocimiento propio es darse cuenta de esa dura concha de nuestras naturalezas que está compuesta por nuestros arraigados hábitos de pensamiento y acción, un objeto de sombras opaco a los rayos de nuestra propia comprensión. El mismo conocimiento de su existencia abre camino a los rayos de nuestra inteligencia e inicia el proceso de su disolución.

13. Estar solo en la mente y el corazón de uno mismo con una naturaleza no mezclada con el mundo, es ser uno con toda Vida, responsivo a su llamado en cada forma. Excepto en tal soledad no hay ninguna realización del Ser.



II
VOLUNTAD


14. La voluntad, en el sentido espiritual, debe coexistir con la inteligencia y el amor; está impregnada con todas las cualidades que pertenecen a la naturaleza espiritual del hombre.

15. El universo, incluidas todas las vidas y todas las cosas en él, puede concebirse como sustentado en la existencia, en la manifestación, por una Voluntad para existir.

16. La perfectibilidad del hombre puede concebirse como una posibilidad cuando hay un cambio de voluntad o disposición en uno que apunta hacia ese fin.

17. Tiene que haber la renunciación de la voluntad personal egotista del yo separativo, antes de que la Voluntad Divina pueda manifestarse y actuar a través nuestro.

18. La Voluntad del Espíritu no es la voluntad de la materia ciega, de autoafirmación mecánica o autodefensa agresiva.

19. Una vez hayamos establecido nuestra voluntad, la cual es una inclinación del corazón, sobre esas cosas que podemos compartir libremente en lugar de las cosas que dividen, la fraternidad, la libertad y la cooperación constituirán nuestra manera de vivir.

20. Sólo puede haber libre albedrío en un estado de libertad interna, el cual es la libertad de la conciencia humana de todas las compulsiones tanto externas como internas.

21. La voluntad egoísta puede convertirse en voluntad desinteresada por una comprensión que entra en todos los aspectos de nuestro vivir.

22. Lo que podemos denominar Voluntad del Espíritu es un movimiento totalmente libre que, surgiendo de las profundidades de nuestro ser, crea y fluye dentro de una forma que lo expresa y contiene perfectamente.



III
VERDAD


23. La Verdad, en el sentido real, pertenece al aspecto espiritual del hombre y fluirá en cada uno cuando su naturaleza sea suficientemente pura para recibirla; no puede encontrarse fuera de sí mismo.

24. Hay aspectos de la Verdad que sólo pueden descubrirse dentro de uno mismo, y de ninguna otra manera; y éstos son la parte más valiosa de la vida.

25. Antes de que podamos llegar a la verdad tiene que haber una actitud de humildad, ausencia de orgullo, un reconocimiento de nuestras propias limitaciones, y buena voluntad para aprender.

24. La lealtad más elevada posible está en la conformidad de nuestra naturaleza externa con la verdad dentro de nosotros, el aspecto espiritual de nuestro ser que envuelve esa verdad.

25. Antes de que la Verdad que es trascendente, aunque presente en la naturaleza de las cosas, pueda realizarse en uno mismo, tiene que haber una limpieza en el propio corazón, un bautismo real metafóricamente hablando.

26. Uno debe encontrar por sí mismo qué es la verdad. Cuando uno está pleno de ella será capaz de expresarla libremente sin exageración o defecto.

27. Quien desea encontrar la verdad, primero debe confrontarse consigo mismo tal como es y prepararse para dejar de lado ese molde que es la creación de su pasado.

28. Cada uno, siendo en su ser más intimo una unidad espiritual imperecedera, llegará a la Verdad de la cual es inseparable, a su propio modo y en la plenitud de los tiempos.

29. Debemos ser cuidadosos a cada paso para ver cómo procedemos en el camino de la Verdad, que también es el camino del amor.

30. Percibir el carácter falso o la fealdad de algo significa percibir la verdad o la belleza que allí falta.

31. El camino hacia la verdad tiene tanto significado como la verdad misma, siendo un aspecto o extensión de ella. La verdad no es meramente lo que está al final, sino también está en el movimiento que revela el final.

32. Nunca podemos llegar a la verdad por medio de argumentos cuando todo lo que urge tras el argumento es para establecer nuestra condición, para afirmar nuestro punto de vista y hacer que prevalezca.

33. Toda formulación de una conciencia pura en un estado de armonía dentro de sí, es una expresión de un aspecto de la Verdad, una creación del Espíritu, una porción de su vida.

34. La verdad a la cual uno llega por sí mismo es la que realmente transforma la propia vida; otros pueden indicar su naturaleza general, sugerir su forma y expresión.

35. La cima de la Verdad debe encontrarse en el estado en el cual la vida ha revelado sus potencialidades y plenitudes ocultas. Debemos trepar hacia ella a pesar de todas las dificultades, perseverando en la jornada.

36. Esa verdad que pertenece a la esencia de las cosas, sólo se ve en sus manifestaciones y a través de su acción.

37. Puede pensarse de la verdad como el significado que se da a cualquier cuerpo de hechos, por el Espíritu dentro de él; y ese significado tiene un encanto y un poder que puede penetrar en las mismas raíces de nuestro ser.

38. Más que todo necesitamos darnos cuenta de esas verdades que pertenecen a la naturaleza fundamental de las cosas; las verdades de la más práctica importancia y también de la más profunda significación.

39. La verdad que pertenece a la vida, su acción y naturaleza, sólo puede conocerse en su plenitud y experimentarse en uno mismo cuando la mente y el corazón están completamente abiertos.

40. Solamente podemos descubrir la verdad, ya sea la verdad en nuestro interior o la verdadera naturaleza y esencia de cualquier cosa en el universo, por medio de una condición en nosotros en la cual la mente cesa de idear a partir de su ignorancia y se convierte en la servidora de una Inteligencia que trasciende a la mente.

41. Vivir una vida de veracidad significa mucho más que hablar de ella; toda nuestra naturaleza tiene que purificarse y llenarse de un sentimiento de veracidad. Tiene que estar en un perfecto acuerdo con la verdadera naturaleza de las cosas.

42. Sólo una mente que está tranquila y relajada puede aproximarse siempre a la verdad.

43. Uno tiene que descubrir la verdad por medio de la recta clase de vivir y de la recta acción en todo nivel del ser, y prepararse así para encontrarla.

44. La realización de la Verdad que revoluciona y armoniza la vida sólo puede tener lugar cuando el yo, que es una concentración de reacciones y una amalgama de ideas personales imbuidas de un espíritu de agresión, ha desaparecido y dejado lugar para ella.

45. Cualquier verdad de profunda importancia tiene que experimentarse con la totalidad de uno mismo.

46. La verdad no es ni vieja ni nueva, y debe accederse a ella con una mente fresca y abierta, una mente dispuesta a aprender.

47. Esa verdad que puede tomar forma como la única propia comprensión de la vida, del universo, de todas las cosas en existencia, reside muy profundo dentro de nosotros, oculta bajo muchas capas de pensamiento y hábitos. La principal empresa del vivir consiste en disolver estas capas y traer la verdad a la vida.

48. Uno tiene que tener un espíritu de investigación libre e imparcial para llegar a la verdad en relación con cualquier cosa.

49. Es sólo por medio de la práctica de la verdad que conocemos en nuestros corazones, en todas las maneras posibles, que podemos llegar a su plenitud que se encuentra dentro de nosotros.

50. La verdad más elevada que podemos encontrar debe ser una verdad que es idéntica a la naturaleza más profunda de nosotros mismos, cada uno debe descubrirla por sí mismo.

51. El modo como debe encontrarse la verdad dentro de uno mismo es echando de sí todo lo que ha acumulado y con lo cual ha llegado a identificarse, reduciéndose así a una condición en donde uno es un punto sin dimensiones.

52. Libre así de trabas uno llega a ser sencillo de corazón y de mente, una condición de sencillez lo mismo que de libertad en la cual la total disposición y capacidad de uno están al servicio de esa verdad.

53. El intelecto por sí mismo sólo puede concebir la forma de las cosas; se necesita una facultad diferente para comprender la verdad de la vida que manifiesta su naturaleza y calidad por medio de esa forma.

54. Necesitamos hacer una clara distinción entre la verdad y la apariencia de verdad, su substituto o semejanza.

55. Las verdades fundamentales son las que pertenecen a nuestro propio ser y son inseparables de él.

56. Debemos encontrar nuestro camino al corazón de las cosas, la verdad esencial que está allí, que es fuente de vida, que puede transformar nuestro ser y revolucionar nuestras vidas.

57. En relación con todas las cosas externas, la Verdad consiste en ver las cosas tal como son; no sólo la apariencia y los hechos crudos acerca de ellas que no nos tocan profundamente, sino también esas formas internas o ideales que subyacen tras esas apariencias.

58. A la Verdad en sus aspectos más sutiles y profundos, en donde asume un significado difícilmente imaginado por nosotros, no se llega por el pensamiento, sino se revela a las facultades que perciben mejor, o sólo se perciben, cuando la mente está quieta.

59. La Verdad tiene muchos aspectos y es infinita; debemos estar abiertos a todo nuevo aspecto de ella que pueda descubrirse o que tenga la posibilidad de que lo descubramos.

60. Es sólo cuando libre y voluntariamente nos tornamos hacia la Verdad que puede describirse como espiritual, que captamos los rayos de su iluminación.

61. Uno sólo puede percibir la verdad totalmente cuando la mente está vacía de todas las urgencias, de todas las perturbaciones, de todas las demandas, y de cualquiera otra manifestación del yo separativo.

62. No es tan importante que aceptemos cualquier verdad particular como el que estemos dispuestos a comprender todas las cosas por nosotros mismos y llegar a la plenitud de la Verdad.

63. Para estar abierto a la verdad tiene que existir la sensibilidad en uno mismo que viene de apartar de nuestra naturaleza todos los obstáculos e impedimentos que se han ido formando en el proceso del tiempo, distorsionando su estado original.

64. No hay nada ‘moderno’ o ‘antiguo’ en relación con la Verdad de la naturaleza fundamental de las cosas, aunque el acceso a ella puede variar.

65. La verdad es la verdad y no admite ninguna atenuación o compromiso.

66. Antes de que busquemos difundir la Verdad debemos no sólo comprenderla intelectualmente sino también establecernos en ella de manera tal que se convierta en algo propio.

67. Cuando estamos en una condición receptiva, la Verdad fluirá dentro de nosotros; no necesitamos hacer un gran esfuerzo para encontrarla.

68. El camino hacia la verdad tiene tanto significado como la verdad misma, siendo un aspecto o extensión de ella. La verdad no es meramente lo que está al final, sino también está en el movimiento que revela el final.

69. Nunca podemos llegar a la verdad por medio de argumentos cuando todo lo que urge tras el argumento es para establecer nuestra condición, para afirmar nuestro punto de vista y hacer que prevalezca.

70. Toda formulación de una conciencia pura en un estado de armonía dentro de sí, es una expresión de un aspecto de la Verdad, una creación del Espíritu, una porción de su vida.

71. La verdad a la cual uno llega por sí mismo es la que realmente transforma la propia vida; otros pueden indicar su naturaleza general, sugerir su forma y expresión.

72. La cima de la Verdad debe encontrarse en el estado en el cual la vida ha revelado sus potencialidades y plenitudes ocultas. Debemos trepar hacia ella a pesar de todas las dificultades, perseverando en la jornada.




Continuará…


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II PARTE

IV. Conocimiento

V. Sabiduría

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