Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Recuerdos de Daihonzan Soji_ji

E_zl Maestro Sawaki entró, se inclinó con las manos juntas, delante del responsable del templo, encendió incienso saludando tres veces, y comenzó a dar una vuelta alrededor de la sala a fin de verificar las posturas. Por último se sentó y dió tres golpes a la campana para indicar que zazen había comenzado.

Aquí la atmósfera era completamente diferente a la del Enkaku-ji. El silencio era tenso e impresionante desde luego, pero también era apacible.

Al cabo de treinta minutos, la palabra kusen (1) pronunciada por el Maestro resonó en toda la sala.

Como una piedra lanzada en el agua quieta de un estanque, esta voz despertaba mi conciencia en grandes círculos concéntricos. La intensidad de las inflexiones de cada frase parecían provenir de lo más profundo de los pulmones:

“Zazen es llegar a ser íntimo consigo mismo. Zazen es saber encontrarse solo en el seno del universo y aprender a conocerse, a familiarizarse perfectamente consigo mismo.

En zazen no hay que esperar a obtener nada, sea lo que sea. Hay que ser completamente mushotoku.(2) No hay que buscar el satori, ni alejar las dudas. Tampoco hay que esforzarse en rechazar los pensamientos enojosos, porque nada importa.

¡Zazen no es pensar con la cabeza! Es una disciplina de todo el cuerpo. La vía del Buda hay que percibirla a través de los sentidos y no a través del cerebro intelectual.

Esta disciplina física es en ella misma Satori (3).

La postura basta para alcanzar el Satori.

Durante zazen, se entra en contacto con el universo, se llega a contemplarlo de un vistazo.

Hacer zazen durante decenas de años sin comprender su esencia es algo inútil, que no tiene ninguna relación con la Vía del Buda.

No se puede beber una cerveza sin gas. Lo mismo sucede con la postura: No debe ser blandas sino majestuosa e imponente. No debe parecerse a esos tigres de papel cuya cabeza se balancea en todos los sentidos.”


Después nos dirigimos a un anfiteatro donde el Maestro nos dió una conferencia sobre el Shodoka. Las palabras fluían naturalmente de su boca, no tenía que buscarlas. Su inspiración le venía de los temas más inesperados. Esta perfecta facilidad me entusiasmaba.


“Aprended a trascender la historia.

No es más grande un hombre porque esté situado más alto. Ni se volverá más sabio porque gane más dinero.

Muy a menudo, un hombre modesto y oscuro tiene más sabiduría que el director de una gran firma o que un primer ministro.

Ni la reputación ni el dinero determinan el valor de un ser humano.

¿Por qué tenéis fe? Tengo la costumbre de preguntar.

Lo más a menudo, me responden: Porque quiero evitar el infierno”

Pero ¿Cómo sabéis que se está mejor en el paraíso que en el infierno?

Entonces mi interlocutor no sabe qué responder. Después de todo, el infierno es muy relajado

¡allí podéis beber con vuestros hermanos los demonios!”

“Los demonios y los ángeles tienen el mismo origen. Los árboles, las flores, los ríos y las montañas también. El santo es sin ego, pero no está desprovisto sin embargo de personalidad.

El cielo y la tierra son uno e infinitos, nadie existe fuera de sí mismo y el yo no existe fuera de los demás.

En nuestra época, los hombres prefieren el dinero a la religión. Es imposible cambiar su actitud. Sean cuales sean sus esfuerzos, es suficiente que persigan un beneficio o un provecho personal para desembocar inevitablemente en la caída al infierno.

La actitud de un hombre que cae por accidente a un río y lucha con todas sus fuerzas para no ahogarse, es totalmente diferente a la de un hombre que salta al río para salvarle. Lo mismo sucede con el infierno.

Áquel que cae en él por falta de atención y áquel que le salva tienen dos actitudes diametralmente opuestas.

Esto es lo que enseña la Vía del Bodhisattva (4) en el budismo Mahayana. No hay conducta más loable que darse a los demás totalmente olvidándose de sí mismo.

Hasta el momento presente, he huido de la reputación. Ya que ¿Qué es el triunfo? No necesito dinero y mi vida tampoco.

Sin embargo he luchado con pasión. Me he negado a hacer de mi vida una aventura intelectual. Es en el esfuerzo donde he encontrado la medida de mi mismo. He evitado el elogio tanto como la envidia. No sé que es la envidia.

El príncipe Satta, antes de ser devorado por un tigre, pronunció las siguientes palabras:

“Toda acción es efímera. Todo ser viviente está condenado inevitablemente a desaparecer. Nadie escapa a esta ley. La soledad de la muerte debe convertirse en nuestra alegría.”


Estas palabras pueden resultaros curiosas, pero demuestra la pasión que ponía Satta en su búsqueda de la Verdad. Poco le importaba su vida de cara a la urgencia de su búsqueda.

El príncipe Fuse daishi (uno de los discípulos de Buda) se retiró un día a la montaña, abandonando a su mujer, a sus hijos, su rango y todas sus riquezas. Y todo ésto con una sola meta. Simplemente con el fin de descubrir lo que él era en el fondo de sí mismo, ya que hasta entonces nunca se había conocido verdaderamente.”

Un_zn día acompañe a Kōdō Sawaki a una prisión a la que había sido invitado como capellán. En ella se encontraba encarcelado uno de los miembros más importantes del partido comunista, el profesor Sano (5). El Maestro se dirigió directamente a los prisioneros:

“ahora me veis vestido con el hábito de monje, pero yo también he estado en prisión, en Kobe, durante mi juventud. ¡Realmente tengo la impresión de que la policía contribuye eficazmente a que os multipliquéis!”

Los prisioneros salieron inmediatamente de su pasividad llena de desconfianza y se sintieron a sus anchas, porque comprendieron que estaban ante un capellán poco ordinario y que sabía ponerse a su nivel. Sorprendido, le pregunté al Maestro en qué ocasión había sido puesto entre rejas.


“Fue un error. Un día, cuando tomaba el barco en dirección a Kobe, un pasajero se dió cuenta de que le habían robado todo su dinero. Como yo tenia la apariencia de un vagabundo, fuí arrestado. No había hecho nada, me dirigía en peregrinación a Amagusa y, aunque era muy pobre, habría sido incapaz de robar nada. Intenté explicarles, pero se obstinaron en su error. ¡

Me preguntaba porqué había tenido la mala suerte de ser arrestado!

Fue una de las raras veces en mi vida que derramé lágrimas de despecho.

Impotente, intenté aclarar la situación haciendo haciendo zazen. Fue en prisión donde me dí cuenta de que nunca había llevado una vida tan sobria, tan depurada, acostándome sobre una plancha dura con una sola manta, despertado brutalmente cada mañana y recibiendo una comida repugnante, cortado del mundo y encerrado en una celda oscura.

Realmente no habría podido elegir un lugar mejor para familiarizarme conmigo mismo. Al final llegué a apreciar tanto este modo de vida que lo encontraba superior incluso al que podía llevar en el templo, ya que el entrenamiento espiritual que estaba obligado a aceptar en la prisión era definitivamente más profundo.”


Hacia 1940, Kōdō Sawaki me impulsó a formar parte de un comité para el desarrollo de las artes marciales que él presidía, rodeado de maestros de judo, de tiro con arco y de kendo. Por aquel entonces dió un discurso sobre el secreto de las artes marciales en relación al Zen:

“La escuela Unkoryu (6) tiene como primer precepto el deshacerse de todo egoísmo. Aquel en el que la intención de matar a su adversario está aún presente, deberá él mismo perder la vida.

La meta del combate tal y como lo enseña la escuela Unkoryu es tocar al adversario sin pensar en sí mismo. Durante todo el tiempo del combate, los dos adversarios deben abandonar toda preocupación vulgar, todo artificio, toda astucia y no temer a la muerte. El Zuijunsho expresa con condición la esencia misma de esta enseñanza.

“El adepto de las artes marciales debe llegar al no- pensamiento, al no-deseo, a la no-esperanza, al no-apego, a la no-relajación; debe estar preparado a lanzarse como el viento, ser tan móvil como él. Hay que ser libre como el aire que se desplaza a través del cielo y de la tierra, y puede alcanzar no importa qué rincón del universo.”


Es indispensable perseverar con determinación en la meta que se ha fijado inicialmente. ¡Si un hombre no es capaz de alcanzar el paraíso, al menos que acepte el infierno!

El individuo más despreciable es áquel que a semejanza del común de los mortales, no tiene la dureza necesaria para alcanzar el paraíso, pero que al mismo tiempo no es lo bastante intrépido para saltar al infierno.

Todo el mundo puede encontrar en las mujeres y en el vino o bien su infierno o bien su paraíso. Pero es absolutamente necesario que haga su elección y que someta a ella de manera resuelta los principios mismos de su vida.”


(Extraído del cuaderno de notas del Maestro Kōdō Sawaki)


Así terminó su discurso, dejando a la audiencia llena de entusiasmo y con deseo de oír aún más.


“Un día de primavera tranquilo y apacible

He sacado tres canicas de las mangas de mi hábito

Y me he ido a jugar con los niños del barrio

Bajo el cielo suave y fresco.”

Shin_T

Kōdō Sawaki, El Maestro Zen Errante

K_zōdō Sawaki nació en el seno de una familia acomodada cerca del santuario de Ise en 1880. Tuvo otros seis hermanos. Su nombre real era Tsaikichi.

Su madre murió cuando él contaba cinco años y a los ocho perdió a su padre. Fue adoptado entonces por un tío suyo muy estricto y brutal.

Su nombre era Sawaki Monchiki. Este era un hombre débil y perezoso que según sus propias palabras “sólo creía en el tabaco y en el sexo” y que había tenido once esposas. La última de ellas era una prostituta que sufría crisis de histeria. A los trece años tuvo que trabajar y para poder mantenerse se convirtió en vigilante a sueldo de apostadores, su labor consistía en descubrir a los tramposos.

En 1894 estalló la guerra chino-japonesa y Kōdō Sawaki fue llamado a combatir, demostró mucha valentía durante los combates y fue condecorado en diferentes ocasiones. Durante uno de esos combates resultó gravemente herido tras recibir un disparo en la boca, fue dado por muerto y arrojado a una fosa común.

Herido de gravedad e incapaz de moverse por el peso de los cadáveres que tenía sobre él, permaneció varios días bajo los cuerpos en descomposición. Cuando iban a ser incinerados, fue descubierto con vida y pudo regresar a Japón como inválido de guerra.

Así, a los dieciséis años, sin familia, sin dinero, sin amigos, sin alimentos y sencillamente con la ropa que llevaba puesta, viajó a pie al templo de Eiheiji. Los monjes, creyéndole un pordiosero y un loco (aún no podía hablar correctamente por el disparo que había recibido en la boca), se negaron a escucharle.

Sin mostrar desánimo, Kōdō Sawaki insistió en ser admitido en el templo. El responsable del templo, conmovido por la insistencia de aquel joven, finalmente le aceptó.

Durante este período conoció al maestro de la secta Soto, Sawada Koho Roshi, de quien finalmente recibió la transmisión.

Tras haber recibido las enseñanzas de su maestro, se mantuvo junto a él durante dos años y después se retiro a vivir a una ermita abandonada. Prácticamente no dormía porque le preocupaba mucho perder el tiempo, se dedicaba por completo a practicar shikantaza y a estudiar el Shobogenzo.

Para ahorrar tiempo solo comía arroz y judías, ambos crudos.

Después de cinco años de interrupción ingresó al templo Horyu-ji en Nara en donde realizó los estudios de filosofía sin descuidar jamás su práctica de zazen ni el estudio del Shobogenzo (texto primordial del maestro Dogen).

En 1912 se convirtió en el primer discípulo del templo de Yosenji. Luego vino un período de aislamiento que finalizó a la edad de treinta y siete años. Durante los años siguientes, ocupó diferentes cargos en diversos templos. En 1935 se convirtió en profesor de zazen en la universidad de Komasawa y primer discípulo en el templo Soji-ji (el otro templo principal de la escuela Soto).

Se hizo muy popular en Japón, organizando retiros y campos de verano en diversos lugares. Enseñó tanto a monjes como a laicos, dió conferencias en universidades y prisiones y participó en la fundación de diversos centros de práctica.

Debido a su resistencia a instalarse en un templo y a que se le encontraba siempre sólo, se le dio el sobrenombre de Kōdō el errante.

Kōdō Sawaki Roshi aportó un nuevo aire a un Zen moribundo, reintroduciendo la práctica universal de zazen, heredada del maestro Dogen.

A la edad de ochenta y seis años cayó gravemente enfermo y pasó sus tres últimos meses en Antaiji (templo que él había convertido en un lugar de práctica pura). Inmediatamente antes de su muerte, otorgo la ordenación monástica a su discípulo Taishen Deshimaru.

Desde su lecho, Kōdō Sawaki pasaba largos momentos contemplando el monte Takagamine y tres días antes de su muerte le comentó a una monja:

“Míralo. La naturaleza es magnifica. Comprendo los problemas de los seres humanos. Durante toda mi vida, jamás encontré a un hombre al que me pudiera someter y que yo hubiera podido admirar.

Pero este monte Takagamine me mira siempre desde lo alto y me dice: Kōdō, Kōdō”.

Estas fueron sus últimas palabras.

Kōdō Sawaki Murió el 21 de diciembre de 1966 a las 13:50 hrs.


Nota: Existe una discrepancia muy importante a la hora de situar histórica y temporalmente las graves heridas que Kōdō Sawaki recibió durante la guerra.

Algunos biógrafos (como Philippe Coupey, autor de la introducción de “La voz del valle” de T. Deshimaru), defienden la historia descrita en esta biografía, mientras que otros autores sitúan este episodio en la guerra que enfrentó a Rusia y a Japón en 1904, de este modo, Kōdō Sawaki tendría en ese momento 24 años.

En este último caso, el viaje al templo de Eiheiji que Kōdō Sawaki llevó a cabo a los 16 años se habría realizado sin problemas de salud.

Los demás datos que aparecen en esta biografía están contrastados y los diferentes autores coinciden en sus detalles.

Shin_T

Taisen Deshimaru, El Maestro Zen de Occidente

T_zaisen Deshimaru fue educado por su abuelo, un maestro samurai antes de la revolución Meiji, y por su madre, una devota seguidora de la secta budista Shinshu.

Desde muy joven le atormentó la idea del efímero mundo que representaban el nacimiento y la muerte. El nembutsu, práctica habitual de su madre no le satisfacía, ni tampoco el estudio de la Biblia cristiana que desarrollo bajo la guía de un pastor protestante.

El cristianismo, que en un principio atrajo toda su atención, pronto perdió su atractivo para Taisen, que pensaba que esas enseñanzas se perdían en una imaginería abstracta y poética muy bella, pero poco eficaz en la práctica.


 

En su búsqueda de la paz para su mente, abandonó sus estudios sobre el cristianismo y volvió al budismo. Como consecuencia de esta decisión entró en contacto con la secta Rinzai. Insatisfecho tanto con la doctrina Rinzai como con sus propios resultados como empresario y hombre de negocios, Deshimaru comenzó a recorrer un tortuoso laberinto que le conduciría al maestro de la secta Soto, Kōdō Sawaki.


Se cuenta que al llegar por primera vez a a la ermita del maestro, encontró a Kōdō Sawaki de espaldas a la puerta de entrada, sentado en la posición perfecta. Superando la sorpresa inicial, Deshimaru se dirigió al maestro, pero Kodo no respondió, Taisen lo intentó nuevamente con el mismo resultado, al tercer intento, recibió la respuesta del maestro que no se había movido en absoluto. He estado esperando impacientemente tu visita dijo Kōdō Sawaki.

 

Taisen Deshimaru se convirtió en discípulo, y siguiendo directamente las enseñanzas de su maestro, se dedicó en cuerpo y alma a la práctica del shikantaza.


Sin embargo, tras el ataque del ejército japonés a la base americana del puerto de Pearl (Pearl Harbor), las circunstancias obligaron a separarse a maestro y discípulo. Deshimaru transmitió a su maestro su inquietud sobre las posibilidades de Japón de ganar la guerra, y su maestro le contesto:

Nuestra patria será destruida, nuestro pueblo aniquilado… y quizá sea esta la última vez que nos veamos. A pesar de todo, ama a toda la humanidad sin que te importe su raza o credo.

Deshimaru iba a ser enviado a una misión hacia aguas enemigas, su maestro lo sabía y le entrego su viejo rasuku (kesa de cinco bandas que se emplea para viajar) y un cuaderno que contenía el shodoka.

 

La tarea de Deshimaru consistía en dirigir una mina de cobre en Indonesia que estaba controlada por los japoneses, para ello, se embarcó en una flota de cargueros y destructores. Al poco de dejar atrás las aguas controladas por Japón, submarinos de los Estados Unidos realizaron un devastador ataque contra el convoy y fueron hundiendo los barcos uno tras otro.

El carguero en el que viaja Deshimaru llevaba un cargamento de dinamita, y cada vez que un torpedo pasaba junto al barco, los tripulantes, presa del pánico se lanzaban al agua.

El buque estaba en manos de un capitán muy capaz, así que Deshimaru permanecía sentado en perfecta posición de loto en el castillo de proa, bajo el entarimado del sollado donde se hallaba el capitán.

 

Cuarenta días más tarde, el carguero entró finalmente en Mekong y alcanzó puerto.

De una flota de 50 navíos, únicamente ese llegó a su destino.

 

En la isla de Bangka, cerca de la costa de Sumatra, Deshimaru enseñó la práctica del zazen a los habitantes chinos, indonesios y europeos que vivían allí.

 

Sin embargo, triste y decepcionado por el brutal comportamiento que las propias tropas japonesas tenían con los nativos, tomó parte activamente en favor de la gente de Bangka. Deshimaru fue perseguido por pertenecer a la resistencia que luchaba contra el ejército imperial japonés, y fue enviado a prisión.

 

Antes de que fuera ejecutado junto con todos los acusados de ese y otros delitos, llegaron órdenes de las más altas instancias militares y todos y cada uno de los detenidos fueron puestos en libertad.


Embarcó de nuevo hacia la isla de Billiton, donde debía hacerse cargo de una mina de cobre capturada a los holandeses. Y de nuevo su barco fue atacado, esta vez por cazas americanos. Deshimaru salió despedido y cayó al mar, sin salvavidas pero con el cuaderno de su maestro en sus manos.

 

Permaneció a flote durante un día y una noche, y finalmente fue encontrado con vida por una patrullera japonesa.

 

Cuando acabó la guerra, fue hecho prisionero por el ejército americano y enviado a un campo de prisioneros de guerra en Singapur. Tras muchos meses de penurias, finalmente fue puesto en libertad junto con otros veinte mil soldados.

 

Deshimaru se reunió de nuevo con su maestro y permaneció a su lado hasta la muerte de este último, acaecida catorce años más tarde.

 

Recibió la ordenación monástica poco antes de que su maestro cayera enfermo, obteniendo la Transmisión en el lecho de muerte de Kodo Sawaki.

Durante los momentos finales de Kodo Sawaki, este le encomendó a Deshimaru el que sería el objetivo de su vida a partir de ese instante; llevar la verdadera Transmisión del Buda a Occidente.

 

Tras morir Sawaki, Deshimaru permaneció sentado inmóvil durante cuarenta y nueve días.

Dos años después, dejo a su hijo al frente de la responsabilidad de su familia y se dirigió a Francia sin saber una sola palabra de francés, únicamente con su kesa y sus cuadernos de notas, en ese momento contaba con cincuenta y tres años.

En 1967, en París, alojado en la trastienda de un almacén de dietética, Deshimaru practica zazen todos los días y se gana la vida dando masajes shiatsu y conferencias. Sostenido por su profunda fe en la práctica de zazen y en la transmisión de su maestro, consigue hacer accesible para los occidentales la enseñanza de los grandes maestros zen.

 

Impresionados por el zazen y por la personalidad de Taisen Deshimaru, cada vez más gente practica con él. Abre un dojo, dirige las primeras seshines y empieza a ordenar a sus discípulos como bodhisattvas, monjes y monjas.


Su actividad no se limita a la enseñanza en el dojo. Tiene un profundo deseo de ayudar al ser humano de la civilización actual, cuyo desequilibrio percibe, y de hacer que consiga por medio de zazen una comprensión más profunda de sí mismo y de su vida.

Con la ayuda de sus discípulos, que cada vez son más numerosos, crea más de cien dojos en Europa y funda el templo de la Gendronnière, el mayor dojo zen de Occidente.

 

Al mismo tiempo educa a sus discípulos. Su enseñanza es muy concreta y está enraizada en la vida cotidiana. Reconocido por los principales templos del zen soto de Japón, se le nombra kaikyosokan (responsable de la enseñanza del zen) para toda Europa. En su país se le llama el Bodhidharma de los tiempos modernos”.

Para sus discípulos es sencillamente Sensei, el Maestro. En sus últimos años, cada vez más consciente de la urgencia de ayudar al ser humano en el desequilibrio del mundo moderno, intensifica sus actividades, trabajando incansablemente, sin permitirse un descanso.

 

A principios del año 1982 se pone enfermo, lo que no le impide seguir haciendo zazen todos los días con sus discípulos. En primavera se va de Francia a Japón y muere el 30 de abril. Sus últimas palabras para sus discípulos son:

Por favor, continuad zazen.

Sh-N

Otera_Nihon

 

Soto-Zen-History

F_zue durante el período Sung del Sur, cuando Dogen Zenji viajó a China para estudiar el Dharma.

 

Tras visitar muchos templos, a la edad de 26 años, conoció a Nyojo Zenji, el abad del monasterio de Tendosan Keitokuji y heredero en el Dharma del linaje del Soto Zen. Debido a este afortunado encuentro, Dogen Zenji pudo estudiar con éxito, junto con Nyojo Zenji, el Buda Dharma Transmitido Auténticamente, tal y como se ha transmitido desde el Buda Shakyamuni.

Inmediatamente después de su regreso a Japón, a la edad de 28 años, Dogen Zenji escribió el Fukan-zazengi (Principios universales de Zazen) para proclamar el Buda Dharma Transmitido Auténticamente. A pesar de la oposición de escuelas japonesas más antiguas de budismo, especialmente los monjes del monte Hiei, Dogen Zenji lo sintió como una tarea urgente el fomentar verdaderos seguidores del camino, para proclamar las enseñanzas verdaderamente transmitidas.

Con esto en mente, se asentó primero en el templo de Koshoji, en Uji, y posteriormente en el templo de Eiheiji, en Echizen. Fiel a su compromiso de que bastaría una, o incluso media persona, se dedicó enteramente al objetivo de captar verdaderos seguidores del Camino del Buda.

Este pensamiento de Dogen Zenji fue transmitido a sus sucesores: Koun Ejo Zenji, el segundo abad de Daihonzan Eiheiji, y de Ejo Zenji, Tettsu Gikai Zenji, que fundó el templo Daijoji en Kaga. El discípulo de Tettsu Gikai Zenji, Keizan Zenji, heredó entonces el Dharma.

De entre los discípulos de Keizan Zenji, fue Meiho Sotesu Zenji el que más tarde heredaría el templo de Yokoji, y Gasan Joseki Zenji el que heredaría Daihonzan Sojiji. Estos maestros también formaron a muchos estudiantes brillantes que difundieron las enseñanzas de la escuela Soto Zen por todo Japón.


Aunque la escuela Rinzai Zen, que también había heredado una corriente del Zen chino, tenía el apoyo y contaba con gente muy poderosa entre sus creyentes, incluyendo al gobierno Shogun y a la nobleza, la escuela Soto Zen encontraba a sus adeptos principalmente entre las familias acaudaladas en los distritos rurales, así como entre la población general.

Por esta razón, la escuela Soto Zen popularizó sus enseñanzas principalmente en zonas rurales.

Durante el final del período Kamakura, y en el período Muromachi, la escuela Rinzai Zen estableció cinco templos principales en Kyoto y Kamakura, inaugurando así el sistema de “Cinco montañas-Diez templos” (Gozan-Jissetsu). Esto animó de forma importante el desarrollo de una cultura influenciada por la mentalidad Zen, especialmente en el movimiento literario conocido como Gozan-Bungaku (Literatura de las cinco montañas).


En contraste, la escuela Soto Zen evitaba conexiones con el poder central, prefiriendo mezclarse con las masas y responder a las necesidades más simples de la gente común, mientras continuaba un camino lento, pero constante, de actividades de enseñanza. Por supuesto, a través del flujo de la historia, la escuela Soto Zen ha experimentado períodos de confusión y cambio.

El establecimiento del jidan seido (el templo impone el sistema al feligrés) por el gobierno Shogun en el período Tokugawa, condujo a la organización central y control de los templos en todo el país. Fue entonces que muchos grandes maestros que impartían sus enseñanzas en la escuela Soto Zen, hicieron su aparición, donde se incluían a Gesshu Soko, Manzan Dohaku y Menzan Zuiho.

 

Estos maestros fueron fundamentales para corregir los (errores) en la transmisión del Dharma, mientras hacían énfasis en la necesidad de regresar al cuidado original de Dogen Zenji en la auténtica transmisión cara a cara (menju-shiho). Esto fue una parte de un movimiento para resucitar la revelación original de la escuela Soto Zen.

Esto también condujo a una copiosa investigación y edición de clásicos de la escuela Soto Zen, comenzando por la obra maestra de Dogen Zenji, Shobogenzo (El Tesoro del verdadero ojo del Dharma).


Con la llegada de la restauración Meiji, el nuevo gobierno se sustentaba en la autoridad del emperador, ya que la teología sintoísta le confería su divinidad. Debido a la estrecha relación entre el sistema imperial y la religión popular, el gobierno instaló la religión sintoísta tradicional en el centro de la sociedad, separando budismo y sintoísmo, así como tratando de hacer desaparecer el budismo.

 

El gobierno, incluso llegó a promulgar la necesidad de “eliminar al Buda y derrocar a Shakyamuni” (haibutsu-kishaku). Este hecho fue un grave contratiempo para el mundo budista, pero las diversas escuelas budistas consiguieron sobreponerse a los problemas.

En este período, la Escuela Soto Zen contempló el surgimiento de Ouchi Seiran Koji, que editó la versión original de Shushogi (El significado de la práctica y la realización). Azegami Baisen Zenji, del templo Daihonzan Sojiji, y Takiya Takushu Zenji, del templo Daihonzan Eiheiji, revisaron los textos de Ouchi y lo promulgaron como el estándar para la difusión de las enseñanzas de la escuela Soto Zen.


El Shushogi ha jugado un papel importante en la popularización de las enseñanzas entre los laicos. Hoy en día, la escuela Soto Zen se ha convertido en un movimiento religioso mayoritario que cuenta con alrededor de 15.000 templos y unos ocho millones de devotos en Japón.


Otera_en_Nihon

Notas:

(1).-Kusen: Enseñanza durante Zazen. Constituye la transmisión oral de la enseñanza del maestro.

(2).-Moshotoku: Sin meta ni espíritu de provecho.

(3).-Satori: El despertar, la iluminación.

(4).- La vía del Bodhisattva o Bosatsu Do, la doctrina que enseña que la perfección personal debe estar acompañada de la compasión universal.

 

(5).-Hay que precisar que antes de la guerra, los comunistas japoneses eran el objeto de una persecución implacable.

(6).- Unkoryu: Una de las escuelas de artes marciales más antigua de Japón.

Gr-Z

::: Los textos del presente artículo, corresponden a extractos del libro: Autobiografía de un Monje Zen” de Taisen Deshimaru.

Editorial Luis Cárcamo (Madrid)

::: Referencia de las biografías del Maestro Kōdō Sawaki y Taisen Deshimaru: web zazen.es

::: La fuente original de los Videos presentados al igual que los textos de Historia de la Escuela Soto Zen, son una producción realizada por la Escuela Budista Zen Soto_Shu de Japón.

Website: global.sotozen-net.or.jp


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La Clara Virtud Del Zen

Autor: MANLY P. HALL

Traducido del inglés por: Alberto Fornes. Editorial KIER, Buenos Aires.

 

 

EL ESPÍRITU DEL ZEN

El Zen ha traído belleza y paz interior a las gentes de muchas naciones orientales. Ha inspirado un gran arte y suaves costumbres. Ha dado amplitud de mente y un corazón agradecido, promoviendo por doquier la afabilidad del espíritu y una fuerza de convicción.

El Zen es parte de un legado impagable de sabiduría, y ha sobrevivido a los siglos, porque los hombres lo han hallado de apoyo vital en generaciones de temor e incertidumbre. Como ahora vivimos en el período más crítico que jamás se haya registrado en la historia, experimentamos una necesidad apremiante por una mejor y más profunda comprensión de la vida.

Trataré pues, de explicar en sencillas palabras qué es lo que el Zen significa para mí, no como sistema de credo abstracto, sino como una inmediata guía de conducta. La búsqueda eterna del hombre es hallar su sereno Yo, escondido en las profundidades de su eterno Ser.

Hallar este Yo es descubrir el propósito de la existencia humana. Comprender este Yo, es conocer las leyes de la redención humana, y vivir en armonía con este Yo es gozar de una serena existencia. Así como la superficie del mar es agitada por los vientos, así también son agitadas las emociones y pensamientos de los hombres por las tormentas de la circunstancia. Pero la tempestad no llega a agitar las profundidades del mar, y en cada uno de nosotros yace una región de paz donde el Yo mora para siempre en bienaventuranza. Buda dijo del “Yo iluminado”: es profundo, inmensurable, insondable, como el gran océano.


Para la mayoría de los estudiantes de la filosofía Oriental, el Zen es una extraña y austera escuela de auto-disciplina, acuñada en el Oriente impenetrable, y completamente más allá de la comprensión del hombre Occidental. Parece ser una doctrina de contradicciones enseñada en enigmas.

Sin embargo es el camino sencillo y directo que conduce a acabar con el sufrimiento.

De esto Buda escribió: “Habiendo logrado serenidad, nos tornamos tranquilos de cuerpo, y tranquilos de mente”.

La historia del Zen comienza hace más de 25 siglos, cuando Gautama Buda, estaba predicando a sus discípulos por los caminos polvorientos del Indostán. Un día el gran sabio de la India llegó a un lugar denominado “Pico de Buitre” y haciendo una rueda con los estudiantes les habló del misterio de la gran Paz. Mientras hablaba, un foráneo se le adelantó para hacer una ofrenda, e inclinándose ante el Buda depositó en sus manos, una gloriosa flor de loto color dorado.

El sabio se quedó silencioso por un largo rato, contemplando serenamente a la hermosa flor. Al fin, uno de los discípulos se sonrió levemente, y el maestro dirigiéndose a él, le dijo:

“Percibo que tú solamente has recibido la doctrina”. Así, el darse cuenta del “modo sereno”, fue silenciosamente transmitido al corazón que aguarda del que buscaba la verdad.

No hay manera adecuada de definir al Zen, la palabra mismo significa “meditación abstracta”.


El Zen no es en verdad una religión, filosofía y ciencia como así interpretamos esos términos en el Occidente. Sin embargo busca la meta que todas éstas tratan de lograr. Es la experiencia inmediata de una existencia que va más allá de la mente, y por la cual todos los hábitos y actitudes del individuo pueden ser controlados y dirigidos a sus metas correctas, el conocer Aquello que es eternamente Verdad.

Bodhidharma fue el primer patriarca de la secta del Zen. En los comienzos del Siglo VI este severo monje budista, hizo la larga y peligrosa travesía de la India a la China. Sus enseñanzas lograron un profundo y duradero efecto en la cultura china, y a su tiempo fue transmitida al Japón, donde ha florecido desde entonces.


De acuerdo a lo que dijo Bodhidharma originalmente, el Zen es trasmitido sin ninguna referencia a las Sagradas Escrituras, pero deriva de ellas. Es un darse cuenta basado solamente en una experiencia Intima, y no depende de instrucción oral o escrita. Se ocupa en su totalidad de la vida interior del individuo, y conduce a la comprensión de la propia naturaleza de cada uno.

Debido a que el Zen no está basado en la autoridad de un maestro o enseñanza, debe resultar de descubrimientos que hacen las personas que reflexionan, cuando llegan a cansarse de las desgracias. Estos descubrimientos se llaman experiencias, y cada una de ellas nace de la que le precede, exceptuando la primera, que resulta sencillamente de darse cuenta que nos ha faltado el coraje y la comprensión para vivir vidas equilibradas.


Cada experiencia se comprueba al progresar, de manera que en ningún momento nos es requerido aceptar, idea o credo, que aún no hemos descubierto ser verdaderos. Así, en verdad, nos guiamos y nos conducimos nosotros mismos. Todo lo que necesitamos es sinceridad, y un poco de coraje, y éstos se tornarán más fuertes a medida que sentimos sus beneficios.

Nuestro descubrimiento de los valores prácticos del Zen, se desarrolla de acuerdo a un plan de diez pasos.

La primera experiencia es una necesidad apremiante de comprender más de lo que ahora comprendemos.

El segundo paso es la experiencia que nos es posible lograr de un grado de comprensión necesaria para nuestra seguridad interna.

El tercer paso es el darse cuenta que la paz interior puede ser lograda solamente a través del correcto control de nuestros pensamientos y emociones.

El cuarto paso es darse cuenta que no puede mejorarse el carácter sin auto-disciplina.

Quinto paso: la vida mental, emocional y física puede ser traída bajo el control de un propósito “iluminado”.

Sexto paso: es darse cuenta que el control sobre los pensamientos y emociones puede obtenerse sin énfasis y tensión de cualquier clase.

Séptimo paso: es la experiencia de que el correcto control, hace posible la condición de completa paz interior, reduciendo gradualmente el poder de los factores externos que alteran la paz interior. Octavo paso: es la experiencia de que a través de la quietud es posible tornarse receptivo a toda la belleza y sabiduría del Universo.

Noveno paso: es la experiencia de que existimos eternamente en el espacio, y que la verdadera felicidad y paz del alma nos llega por la completa aceptación del Plan Universal y sus Leyes.

Décimo paso: es la experiencia de que la consciencia pura, más allá de la voluntad propia, y auto-propósito, nos conduce a la unión con esa realidad innombrable.


El Zen empieza a tener especial significado para nosotros, cuando nos damos cuenta que la naturaleza nos ha dotado de todo recurso necesario para una serena existencia. Podemos ser seres bien equilibrados. Todo lo que se necesita es una tranquila determinación, sostenida diligentemente.

Eso se describe como “recto pensar”, que conduce a la completa libertad mental. Cuando nos liberamos de la tiranía de nuestros propios pensamientos y emociones, descubrimos a la verdadera felicidad. Los viejos hoscos maestros del Zen tenían poca paciencia con los tontos.


Ellos demostraban que todos tenemos el derecho de elegir. Y cuando elegimos vivir incorrectamente, también elegimos sufrir. No hay necesidad de tenerse uno mismo lástima, y no hay lugar para apiadarse de uno mismo en las enseñanzas del Zen. El jardinero tonto está triste porque tiene yuyos en el jardín, que solamente demuestran su negligencia. El jardinero sagaz, mantiene su jardín libre de malezas, y no tiene porqué estar descontento.


Los yuyos no se van solos, ni las malas costumbres se corrigen solas.

El Zen es una doctrina de acción directa, la clave es el Ahora. Este es el momento en que podemos obrar. Pero Vd. me dirá “este momento ya pasó, aún así hablando, el Ahora, se pasa al pasado”. Sin embargo, el Ahora nunca puede ser el pasado. El tiempo pasa pero el Ahora se queda siempre con nosotros.


El hombre es un ser que solamente puede vivir Ahora, todo lo demás es una invención psicológica. Lo que llamamos el pasado, es sencillamente el recuerdo que el hombre tiene del pasado Ahora. Lo que llamamos el Futuro, es la esperanza que tiene el hombre del futuro en este momento Ahora. Somos no-contemporáneos, solamente porque nos atamos a algo fuera de nosotros: El tiempo. Y el tiempo se torna el tirano más grande en nuestras vidas. Algunos dirán que necesitamos la instrucción moral del pasado, y el incentivo de la esperanza en el futuro para impelernos a adelantar en la vida.


El Zen no descarta del todo el pasado y el futuro, pero insiste en que la sola razón por la cual nos apoyamos tan pesadamente sobre ellos, es porque el presente es un vacío. Haz el presente dinámicamente correcto, y aquello que fue bueno en el pasado perdurará y lo demás cesará. Haz correctamente el presente y aquello que es necesario para el futuro vendrá.

¿Pero cómo puede el individuo liberarse del ayer y del mañana, para que pueda vivir Ahora? El Zen contesta esto con el concepto de la dinámica aceptación.

Generalmente pensamos en la aceptación como un resignarse a lo inevitable, significando que debemos aguantar nuestras cargas con triste dignidad; pero en la dinámica aceptación del Zen, hay un fuerte elemento de actividad. La palabra dinámica implica una cierta ansia, como de una criatura explorando el mundo del saber; es aceptar que todo el programa es positivo. Pues es un movimiento hacia el mejoramiento de uno mismo.


La aceptación dinámica, interpretada por el Zen, es una aventura en aceptación. Es el descubrimiento de no sólo lo que necesitamos saber, sino de lo que queremos saber. Nos provee con más sabiduría y comprensión, dándonos el poder de vivir vidas más ordenadas y placenteras.

Hay también un Zen de la correcta observación, y éste revela lo que debe ser aceptado, fortalece la resolución y la comprensión. Aprendemos a su debido tiempo, que el medio de la Ley Universal siempre es el mejor camino. Comprender esta noble ley, es ser sabio, y obedecer esta ley es ser virtuoso. A través de la serena práctica de la correcta observación, nos tornamos más atentos a los acontecimientos diarios, descubriendo la verdad, no en lo extraordinario, sino en lo corriente.


La aceptación del Zen nos permite actuar con sencillez, desenredarnos de complicaciones.

Cuando aceptamos los cambios de la vida, como nos son revelados por nuestros sentidos de percepción, logramos una nueva relación con la vida. Todos los procesos naturales van hacia el cumplimiento de sus propósitos con magnífica certitud.


La naturaleza en su asombrosa obra sostiene una infinidad de actividades diversas, pero jamás en verdad es complicada. La complicación yace en nosotros; y resolvemos esta complicación, por la sencilla y bondadosa voluntad de ser, y con amor aceptar las realidades obvias, que están dentro de nuestra comprensión. Hay un poder misterioso que resuelve, que se allega a nosotros cuando aceptamos lo correcto del propósito divino. No es fácil, sin embargo, hacer esta aceptación con sentido, sino hemos logrado un estado de quietud interior. Y esta paz interna, es algo que parece ser especialmente difícil de encontrar en nuestra manera de vivir.

 

“Calligraphy on Red Daruma”. De TOREI ENJI (1721-1792)

Derechos Imagen Belinda Sweet ©

Estamos constantemente rodeados por el ruido de tránsito o industria. Confundidos por las demandas de amigos y adversarios, y cargados con obligaciones y responsabilidades. En el medio de este torbellino cada uno de nosotros deberá hallar su camino, hacia una quietud de espíritu. Primeramente hemos de recordar que no es necesario hacernos de esta confusión, porque existe alrededor nuestro.

Podemos movernos a través de ella y más allá de ella, hacia valores que siempre perduran. El discípulo del Zen logra esto con una sencilla declaración que merece nuestra más ponderada consideración. Enfrentando la turbación mundana, él dice, “Esto no soy yo, y porque no es yo, no puede molestar mi conciencia a no ser que yo lo permita”.


A través de la aceptación, poco a poco nos vamos dando cuenta de las lecciones de la vida, y más que nada, qué es lo que significan estas lecciones para nosotros. Nos vamos dando cuenta de las realidades de estas leyes, y principios, operando eternamente en el mundo que nos rodea y en el mundo dentro de nosotros. A través de estos descubrimientos, llegamos a tener una base sólida de fe. Aprendemos a amar leyes que antes teníamos. Sentimos el Universo como hermoso y legítimo, y hallamos esa seguridad que llega a aquéllos que hallan refugio en la Ley.

La práctica del Zen por consiguiente, nos ayuda a vivir en la ley, y finalmente en perfecta fe, permitir que la ley nos mueva a nosotros, de acuerdo a su voluntad.


Para comprender las leyes que gobiernan la vida, debemos aceptar el concepto Zen del movimiento Universal. El movimiento se revela siempre a través del cambio y como el movimiento es eterno, el cambio es inevitable. El hombre es un ser que eternamente cambia en un mundo que cambia eternamente; sin embargo con su mente él teme y rechaza el cambio.

La comprensión Zen, nos ayuda a enfrentar los cambios de la vida con gracia y esclarecimiento. En nuestro diario vivir este concepto de movimiento nos da una nueva perspectiva de la vida, y aunque no signifique un cambio obvio en lo que hacemos, sí significa un cambio en la actitud detrás de lo que hacemos.


Si creemos en un Universo cambiable y si creemos que es perfectamente correcto que las cosas cambien, nos liberamos del desesperado esfuerzo de prevenir experiencias que no pueden ser impedidas. Una manera de comprender el movimiento en lo que se aplica a nuestras cosas, es de acordarse de la manera en que vivíamos hace 20 ó 30 años atrás, la casa en que vivíamos, las personas que conocíamos y las normas que formaban nuestras amistades y familiares. Así visualizando aquellos días, vemos muchas caras en nuestra mente, que ya no están con nosotros en este mundo. Situaciones que se han deshecho y desaparecido.

Viejas casas que han sido volteadas para dar lugar a auto-pistas, jardines tranquilos donde ahora yacen grandes edificios.

Día tras día, el irresistible movimiento de la vida ha llevado a cabo estos cambios. El Zen indica que en esta esfera mundana lo nuevo tiene que llegar, y lo viejo tiene que irse, pues no hay nada incambiable, sino cambio en sí.


Así como el monje Zen se acuerda de caras que ya no ve, se da cuenta que un día su cara estará entre las que ya no se ven. No se entristece por este pensamiento, pero lo acepta con perfecta fe, como correcto, necesario y bueno. Este constante aparecer y desaparecer de las cosas, no es un espectáculo sin fin de tristezas y pérdidas, pero es evidencia continua del perfecto cumplimiento de la Ley Universal.

En un mundo de eterno movimiento, el hombre no puede quedarse parado, en una tierra con todas sus criaturas, que se mueve a través del tiempo y espacio, de un comienzo desconocido hacia un fin desconocido. Está en un estado de siempre lograr aquello que aún no ha llegado a ser, y siempre dejando atrás aquello que ya logró.

El hombre crece porque el ser dentro de él crece y este Ser se torna un poquito más sabio cada día.

Estaría en una triste condición, si el ritmo de la vida no le impulsara a moverse en el camino que lleva más allá de las estrellas.


Las filosofías Occidentales, han considerado por lo general, al ego o ser, como una consciente y permanente entidad a la cual ocurren todas las experiencias. De esa manera, el mundo alrededor del hombre cambia siempre, pero el ser interior está siempre igual.


Tal concepto lleva naturalmente, a una actitud agresiva —hacia la vida. El énfasis es sobre el logro individual, aún a expensas del bien común. Siendo capitán de su destino, cada hombre con toda artimaña a su disposición, trata de timonear su pequeño barco hacia un puerto albergado a través del revoltoso mar de la vida. En la mayoría de los casos, sin embargo, el viaje termina en una confusión psicológica, que se puede asemejar a un mareo cósmico. Hay algo de triste en esta idea de un solitario superhombre, en desesperado esfuerzo por adelantar sus propósitos: en un Universo que ni puede conquistar ni comprender.


El Zen no acepta el concepto de un ego fijo e incambiable. Lo que llamamos el ser es la suma de nuestras propias experiencias que constantemente se van desarrollando. No somos los mismos de hace 10 años, o aun de ayer. Porque somos parte de una fuerza viva en movimiento, el movimiento de conciencia no tiene límites fijos, siempre estamos libres para ajustarnos a situaciones nuevas.

Logramos paz mental, reduciendo las demandas del ego, y relajándonos y alejándonos de la presión de esos propósitos que nos predisponen al dolor y problemas.

En vez de pensar del ser, como dividido de todos los otros seres, es ser más sagaz reajustar nuestro pensar y buscar medios de unirnos y ser uno con el eterno movimiento de toda vida, a través del tiempo y espacio.


Hay una tendencia de asumir que todo cambio lleva a la muerte, y que más allá de la muerte, hay sólo incertidumbre. En el pensar Zen, sin embargo, la muerte no es el fin. Sino el librarse de la restricción contra el cambio; es la libertad, la restauración del movimiento.

El ser, que una vez más se libera de la barrera temporaria del “situarse” que retorna al estado infinito del espacio que es su hogar natural.

Si por consiguiente, aceptamos este concepto Zen, lograremos sobreponemos a uno de los grandes obstáculos para la paz mental. Nos daremos cuenta que el cambio es el portal de la oportunidad infinita, el liberarse de viejas limitaciones, que nos traen nuevas amistades y nueva experiencias.


El Zen nos enseña también, que la naturaleza mental no es el fiel sirviente de alguna entidad inmortal que yace encerrada dentro de nosotros, la mente humana es una bendición mezclada, resiste el cambio, cae en caprichos, recuerda viejos rencores, y nos ata a las opiniones erradas del pasado.

Cada persona tiene una mente, hay igual número de proyectos privados en el mundo. Y cuando todos tratan desesperadamente de imponer sus deseos sobre los demás, el resultado es frustración y descontento.


En Zen, la tolerancia no es la mezquina admisión que los otros puedan tener razón, sino una clara realización, que nosotros podemos estar equivocados. El místico Oriental se da cuenta con plenitud que el único reformador que es popular, es el que se está mejorando a sí mismo.

Podemos eludirnos de las consecuencias negativas de la voluntad propia, interés propio, y autoconmiseración, únicamente si nuestro instrumento mental está correctamente disciplinado.

Lleva una porción de coraje lograr separarse de la tiranía del centralizarse alrededor del ser, pero la victoria vale la pena lo que cuesta.


De manera que la mente funcione correctamente, debe ser traída bajo la disciplina del propósito Universal. Los sabios antiguos nos han dado la fórmula: Si el cuerpo no es controlado, las emociones no pueden ser reguladas. Si las emociones no son reguladas, la mente no puede ser gobernada, y si la mente no puede ser gobernada, no puede haber liberación del sufrimiento.

Así, debemos cambiar constantemente hacia lo mejor, si deseamos vivir en armonía con el propósito Universal. Que tenemos el poder de cambiar, es en verdad el secreto de nuestra salvación, y por este poder debemos estar siempre agradecidos.

 

VERSOS PARA VIVIR CON ATENCIÓN

 


Al despertarse

Despertándome con una sonrisa,

sé que tengo 24 horas nuevas para mí.

Prometo vivirlas con plenitud,

y ver a todos, con los ojos de la compasión.


Preparando las verduras

En estos vegetales frescos

veo un sol verde.

Todos los Dharmas se juntan

para hacer posible la vida.


Sirviendo la comida

En esta comida

veo claramente la presencia

de todo el universo

manteniendo mi existencia.


Las cinco contemplaciones

Esta comida es el regalo de todo el universo –

la Tierra, el cielo y mucho trabajo duro.

Que comamos con atención de manera

de ser dignos de recibirla.

Que transformemos nuestros estados mentales poco

hábiles y aprendamos a comer con moderación.

Que sólo tomemos alimentos que nos nutren

y previenen enfermedades.

Aceptamos esta comida para llevar a cabo

el camino del entendimiento y el amor.


Contemplando la comida

Este plato de comida,

tan aromático y apetitoso,

también contiene mucho sufrimiento.


Empezando a comer

Con el primer bocado, prometo ofrecer alegría.

Con el segundo, prometo ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás.

Con el tercero, prometo ver el gozo ajeno, en el mío propio.

Con el cuarto, prometo aprender el camino de desapego y ecuanimidad.


Terminando mi comida

El plato está vacío.

Mi hambre satisfecha.

Prometo vivir,

por el beneficio de todos los seres.


Tomando té

Esta taza de té en mis dos manos

¡la atención se mantiene

en posición vertical!

Mi mente y cuerpo moran

en el aquí y el ahora.


Lavando los platos

Lavar los platos,

es como bañar un Buda bebé.

Lo profano es lo sacro.

La mente diaria es la mente del Buda.

 

(Enseñaza de Thich Nat Hanh)

 

Hace mucho tiempo, un código práctico, dando las reglas básicas para la conducta iluminada fue dado al mundo. A medida que avanzamos a través del camino de la disciplina., este código nos ayudará a comprender la dignidad serena de la vida Zen. Se ha escrito: la base de la seguridad personal, es la armonía.

Cuando los individuos cultivan la amistad entre ellos, la concordia resultante hace posible la inmediata solución de todos los problemas, y el rápido avance de todos, cuando los hombres trabajan unidos… ¡qué no puede lograrse!


Cuando el supremo objeto de la fe es noble, suficiente y aceptable, provee un refugio en el corazón contra toda corrupción. Reverencien, por consiguiente, esta justa ley, y así obrando, revelen la nobleza de sus propios caracteres y de sus convicciones. Que el significado de la conducta honorable sea considerada con profundidad, todas las cosas han de ser hechas en honor y por honor, o no perdurarán.


Si las personas observan buena fe unas con otras, ningún desastre debe ser temido. Es correcto constantemente tener presente, las virtudes y habilidades de los demás. Estad siempre alerta, por consiguiente, que no se desperdicie ni la habilidad ni la sabiduría, porque Vd. no lo ha observado en otra persona. Estén contentos cuando es su privilegio recompensar a otro, porque lo merece.


Todos los hombres deberán vivir y pensar moderadamente, para que no sean inspirados a avanzar sus propiedades explotando los privilegios o tratando incorrectamente a otros. Tratad con imparcialidad y con rectitud de corazón a los que les rodean, y no se dejen influenciar por los bienes y los honores mundanos de sus asociados. Si ocurre que envidiamos a otros, ellos a su vez serán estimulados a envidiarnos a nosotros. Los resultados malos de estas envidias son sin límite.


Busquemos diligentemente aquellos de más inteligencia que la nuestra, pues ellos son los protectores del bien común. Tened cuidado por consiguiente, de apreciar a aquellos que lo merecen.

Puede ocurrir que nos contengamos de ayudarnos mutuamente por motivos egoístas; esto conduce a muchas dificultades, y debilita los lazos de la amistad entre los hombres.


Cuando, hablamos, es bueno expresar, pero nunca con intento de impresionar; las palabras son mensajeros, no soldados. Cuando hablamos de lo que hicimos, hablamos de lo muerto. Cuando hablamos de lo que haremos, hablamos de lo que no nació aún. Revelemos el presente por la conducta, y no por palabras. Jamás hemos de demandar lo irrazonable, y siempre mostrar interés por la felicidad y seguridad de aquellos que nos rodean. Es una seria falta ser descuidados con el humilde.


Cómo podemos adjudicarnos el poder distinguir entre lo absolutamente correcto de lo absolutamente incorrecto; somos uno con el otro; el sabio y el tonto, como un anillo sin fin. Si, pues, otros dan lugar a su ira o resentimiento, hemos de temer más nuestras faltas y estar ansiosos de corregirlas, que cambiar la manera de ser de otros.

A primera vista, estas viejas normas, con su énfasis sobre las virtudes básicas de la correcta conducta, pueden parecer no especialmente profundas. Pero recordad que el Zen es un camino de acción inmediata, por vía de la cual la conducta lleva a la iluminación. No es un camino para el desilusionado, un escape para el neurótico o una fascinante aventura para el intelectual aburrido.


Es un camino recto que lleva a la solución de los problemas de la ignorancia humana y la infelicidad. El Zen comienza con el más sencillo y difícil de todos los códigos, el código del auto-control. Aunque la maestría del Zen es la labor de toda una vida, la experiencia del Zen es posible a cualquier individuo, que es capaz de lograr tranquilidad de corazón y mente.

Lo que es más necesario es una continua aceptación de la eterna belleza y sabiduría del mundo y dentro de nuestros corazones. Así como el carácter del Zen se fortalece dentro de nosotros, experimentamos una hermosa hermandad con todo lo que vive. En esa perfecta quietud que es la verdadera meditación, nuestra fe es renovada y sabemos con certidumbre de conciencia, el propósito de nuestra existencia y nuestro lugar en el Plan sin tiempo.

 

El espíritu del Zen confirma esta certidumbre de lo bueno, que ayuda a la vida a ser un amigable y pacífico recorrer de años. Liberando a la mente de la carga de pequeños pensamientos, hay más tiempo y energía para el logro de cosas que tienen más valor.

El corazón ya no se inquieta por el temor y el remordimiento, y puede gozar de la rica experiencia de la verdadera amistad y afecto. Es natural que el pájaro cante y que la flor florezca, y es igualmente correcto que nosotros brindemos felicidad a nosotros mismos y a otros.

 

Hay una antigua leyenda de un monje santo que solía caminar por el bosque y por donde pisaba, crecían violetas. Que algo de este misterio nos toque a cada uno.

Que nuestros caminos a través de los años estén marcados con la belleza del alma, que no sólo es muestra de nuestro logro, sino guía de los pasos de los que vienen detrás.

Vivir en concordia con nuestro vecino, compartir la benévola sabiduría del cielo y de la tierra, estar impulsado a servir lo bueno y enfrentar todos los cambios con serenidad y esperanza; vivir así, cada día, es morar en el Espíritu del Zen.

 

 

 

 


Continuará

 

 

 

 


Pensamientos para Aspirantes_N. Sri Ram

RECOPILADOS DE NOTAS Y ESCRITOS DE
N. SRI RAM

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Aspiración es un movimiento del corazón y la mente de uno hacia algo puro y bello, del cual recibe la influencia benéfica y abraza su totalidad. Es una llama de conciencia que asciende y se fusiona en algunos aspectos de la belleza infinita del Espíritu eterno.


INDICE (II PARTE)

· IV. Conocimiento
· V. Sabiduría
· VI. La Sabiduría Divina


IV.
CONOCIMIENTO


73. El verdadero conocimiento es del corazón y también de la mente. No es una mera percepción mental de las formas de las cosas o un conocimiento de su naturaleza material; debe incluir el alma de las cosas, las ideas divinas que ellas encierran.

74. Cuando no hay ninguna brecha entre el conocedor y lo conocido, entre el sujeto que percibe y experimenta, y su objeto, hay conocimiento por identificación absoluta y directa.

75. Conocer y sin embargo permanecer sin el grillete del apego a ese conocimiento, es el estado ideal del conocedor.

76. Hay una clase de conocimiento que no necesitamos buscar en absoluto. Si permanecemos completamente quietos y negativos, el conocimiento fluye en nosotros debido a la receptividad, a la atracción del positivo por el negativo.

77. Sólo hay integridad de conocimiento cuando hay respuesta de todo el orden de nuestro ser a la naturaleza de la cosa o persona que está ante nosotros.

78. Lo que se necesita no es tanto el conocimiento que se obtiene del mundo externo sino el conocimiento al cual llegamos desde dentro de nosotros mismos.

79. Podemos obtener todo el conocimiento de donde estamos, si los medios de percepción están abiertos dentro de nosotros.

80. No conocemos una cosa o una persona a menos que podamos conocer también su naturaleza interna, y esa naturaleza sólo se conocerá en un estado semejante al sentimiento de identidad, no una identificación con esa persona o cosa como un acto autoconsciente.

81. Ese conocimiento es del máximo valor al cual uno llega en las profundidades del propio corazón, con una calidad de realización que no puede existir en el conocimiento recibido de ninguna fuente externa.

82. Es a la luz de un conocimiento interno, con una mente no prejuiciada, que trazamos nuestro camino en el campo espiritual.

83. Más importante que cualquier cantidad de conocimiento cerebral es un conocimiento de nosotros mismos tal como somos, los valores, verdad y falsedad presentes en nuestro modo de vivir, incluida nuestra relación con los demás.

84. Sólo conocemos realmente una cosa o un individuo cuando respondemos a lo que es bueno y bello en ellos.

85. La pureza de mente y corazón es esencial para el conocimiento que no es superficial, no un conocimiento de la mera apariencia de las cosas.

86. Conocer realmente demanda una completa respuesta a la verdad de la cosa que se quiere conocer, no sólo a su forma externa sino también a lo que está tras de la forma y que se expresa a través de ella.

87. El conocimiento de las cosas externas no puede ser un sustituto para el conocimiento de nosotros mismos, el cual debe incluir lo que somos tras de lo exterior que es superficial y pasajero.

88. Sólo conoceremos verdaderamente a un hombre cuando bajo las diversas máscaras de raza, nacionalidad, religión, ideas, hábitos, gustos y todo lo demás que es parte de un acondicionamiento, nos ponemos en contacto con la naturaleza humana en él en sus aspectos fundamentales.


V.
SABIDURÍA


89. La sabiduría es un florecimiento de nuestra naturaleza pura, un conocimiento que es también amor, con un sentido consciente de la belleza y el profundo significado de las cosas.

90. Esa sabiduría que puede ordenar todas las cosas está no sólo en la Naturaleza sino también en profundidades que existen dentro de nosotros mismos; solamente puede surgir de esas profundidades cuando el camino es claro.

91. La señal de la sabiduría está en ver todas las cosas en la correcta perspectiva.

92. Lo que ha de asociarse con la Sabiduría es un conocimiento de los valores y de los diferentes modos en que la vida fluye y se realiza, más que con hechos concretos áridos o abstracciones.

93. Un estudiante de la Sabiduría tiene que aprender a unir su mente con su corazón, y a responder a los aspectos cualitativos de la vida, distinguiendo entre sus melodías y sus disonancias.

94. No hay ninguna sabiduría real a menos que uno considere por sí mismo la naturaleza y validez de la razón sobre la cual están basadas sus diferentes ideas.

95. La manera en que respondemos internamente a hechos e ideas determina si somos cuerdos o necios, aun aparte de lo que podamos hacer o no hacer externamente en relación a ellos.

96. La sabiduría consiste en un infalible sentido de rectitud, en conocer instintivamente el curso que se persigue, en la recta evaluación y juicio. La sabiduría está en la expresión de nuestro ser, en el modo en que pensamos o sentimos, en nuestro comportamiento, gustos y acciones.

97. El aliento de sabiduría pertenece a la vida en su pureza genuina.

98. La sabiduría real sólo puede surgir de una naturaleza pura, y tal sabiduría dará lugar a un nuevo ser sin ninguna mancha o sombra del pasado.

99. Rechazar a la carrera algo a lo cual no hemos respondido favorablemente, no es el camino para llegar a ser sabio; así sólo puede haber una reacción a un conjunto de ideas e influencias que surgen del pasado.

100. La sabiduría es una cualidad que tiene que florecer de las raíces de nuestro ser, una cualidad de nuestro corazón y no de la mente, que se expresa en todos nuestros actos.

101. Aun un poco de sabiduría debiera hacernos conscientes de que lo que es de importancia es el modo como vivimos, y no las diferencias en puntos de vista que son comparativamente transitorios.

102. La sabiduría consiste en pensar, sentir y actuar en acuerdo con la Verdad de todas las cosas en la vida.

103. En donde quiera que hay Sabiduría, que es distinta del conocimiento, allí está la luz de la humildad. La humildad lo hace a uno sabio.

104. Uno aprende a ser sabio sólo en la medida en que actúa con conocimiento e integridad y no mecánicamente; la acción sin sabiduría es locura, y la sabiduría sin acción es solamente un substituto cojo y tieso.

105. La sabiduría en su perfección se muestra como una síntesis de todas las virtudes; se ha dicho que entre todas ellas es la primera.

106. Es solamente cuando ponemos atención a nuestros pensamientos, sentimientos y actos, que realmente obtenemos sabiduría. No podemos tomarla prestada de fuentes externas a nosotros mismos.

107. La sabiduría del alma pertenece a la naturaleza interna de las cosas y es un producto de la propia realización del Ser; es un néctar dador de vida que nos rejuvenece y nos hace diferentes de lo que éramos, más serviciales y más hermosos en todo sentido.

108. La sabiduría es verdad en acción; cuando estamos llenos de una cierta verdad o realización, la acción que resulta de allí, si no está mezclada con otros factores, puede decirse que es sabia.

109. La sabiduría no consiste en recolectar más y más conocimiento o información, sino más bien en el mostrar rectitud, y aplicar el conocimiento que poseemos de manera correcta.

110. Es sólo el sabio quien aprende por experiencia; el carácter recto de la mente debiera conducirlo a uno a reflexionar y comprender el significado de cada experiencia, ya sea agradable o desagradable, aparentemente trivial o importante, que afecta a otros o solamente a uno mismo.

111. La sabiduría que puede dar lugar a un nuevo orden de cosas, debe surgir de nuestro modo de pensar y actuar que se demuestra en nuestras relaciones con los demás.

112. Estar sin complicaciones, sin ninguna falsedad en pensamiento o acción, ignorante del yo, es el camino de simplicidad, belleza y libertad; no necesitamos ninguna otra sabiduría.

113. Para ser verdaderamente sabio uno debe tener gran flexibilidad de mente y corazón, una condición de receptividad y sensibilidad internas.

114. Cuando la Sabiduría encuentra su camino en la vida, la vida asume un significado diferente, un nuevo lustre y calidad.

115. Es la naturaleza de la verdad que se desenvuelve desde adentro cuando el camino es claro, la que aparece a la vista cuando las nubes se van o desaparecen, la que se manifiesta como Sabiduría y constituye lo extraordinario de la vida.

116. Un hombre se vuelve sabio cuando realiza plenamente su verdadera relación con el universo del cual es parte.



VI.

LA SABIDURÍA DIVINA

117. La Sabiduría Atemporal se expresa en esa verdad que está en toda la Naturaleza y en todas las cosas que existen; cuanto atañe a esa verdad o sea parte de ella, debe tener una relación con la vida del hombre directa o indirectamente.

118. Si consideramos la Sabiduría Divina como una Sabiduría sempiterna que ilumina todos los aspectos de la existencia, la vida y el progreso del hombre, entonces podemos ver que es una Sabiduría para vivirse, con un mensaje de eterna fuerza y validez.

119. La Sabiduría que buscamos y de la cual somos devotos, debiera transformar continuamente nuestra vida, ampliar y profundizar nuestro pensamiento y purificar nuestras aspiraciones.

120. Lo vital e importante es la vida, el espíritu y el panorama que se asocia con la Sabiduría que denominamos divina, más que cualquier comprensión intelectual o doctrinas que se convierten en meras abstracciones.

121 La Sabiduría Divina es una síntesis de toda verdad conocida, y en su totalidad incluye también la desconocida; por esto su influencia se dirige hacia la creación de un panorama de unidad y simplicidad que resulta de allí.

122. La Sabiduría Divina, como la conocemos, debe incluir un sentido de lo que está latente en la vida, su naturaleza y propósito, como también un conocimiento de la naturaleza de sus manifestaciones en los procesos de la vida.

123. Siendo la Sabiduría Divina una Sabiduría infinita, no puede estar confinada a ningún conjunto de doctrinas. Su verdadera naturaleza tiene que ser descubierta y comprendida por uno mismo antes de que pueda compartirse con otros.

124. Siendo la Sabiduría Divina Sabiduría central, nada en la vida puede estar fuera de su campo de acción; por tanto, nada en la Naturaleza o que concierna al bien de la humanidad, puede estar fuera de los intereses de un verdadero discípulo.

125. Dondequiera que encontremos una verdad que apele a esa naturaleza íntima en nosotros, la cual es siempre incontaminada, allí hay un rayo de Sabiduría.

126. La Sabiduría Divina es conocimiento de la verdad en todos sus aspectos, muy especialmente del corazón de la verdad que pertenece a una naturaleza o Principio presente en todo lo que existe.

127. La Sabiduría Divina existe en la Naturaleza, como la belleza de la tierra, el cielo y las flores; no se deriva de ninguna autoridad.

128. La Sabiduría Atemporal es un estudio que, una vez comenzado, continúa por siempre, cubriendo no sólo la vida actual de uno sino también las vidas por venir.

129. El que ama esa Sabiduría, de la cual podemos ciertamente decir que es Divina porque es nacida del cielo, cesa de atribuir importancia a la clase de grandeza apreciada por el mundo en general.

130. Aun un pequeño conocimiento de la Ciencia del Ser que llamamos Sabiduría Divina, pone en movimiento un proceso de cambio por medio del cual llegamos a ver todas las cosas con diferentes ojos.



Continuará…


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Relacionados:


1)
Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram

I PARTE


I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.

II. Voluntad

III. Verdad


2) La Iniciación, N. Sri Ram