Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

El Simbolismo del Cuerpo Humano

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l más antiguo, el más profundo, el más universal de todos los símbolos es el cuerpo humano. Los griegos, los persas, los egipcios y los hindúes consideraban que el análisis filosófico de la naturaleza trina y una del hombre era una parte indispensable de las enseñanzas éticas y religiosas. Los Misterios de todas las naciones enseñaban que las leyes, elementos, y poderes del universo se resumían en la constitución humana; que todo lo que existía fuera del hombre tenia su análogo dentro del hombre.


El universo, siendo inmensurable en su inmensidad e inconcebible en su profundidad, estaba más allá de la estimación mortal. Hasta los mismos dioses comprendían solo una parte de su inaccesible gloria que era su fuente. Cuando está temporalmente impregnado con entusiasmo divino, el hombre puede trascender por un breve momento las limitaciones de su propia personalidad y contemplar en parte ese celestial resplandor en el que se baña toda la creación. Pero aún en sus períodos de mayor iluminación el hombre es incapaz de imprimir en la sustancia de su alma racional una imagen perfecta de la expresión multiforme de la actividad celestial.

Reconociendo la inutilidad de tratar de poder intelectualmente con aquello que transciende la comprensión de las facultades racionales, los primeros filósofos desviaron su atención de la inconcebible Divinidad al hombre en sí mismo, dentro de los estrechos confines de cuya naturaleza encontraron manifestados todos los misterios de las esferas externas.

Como resultado natural de esta práctica se fabrico un sistema teológico secreto en el cual se considero a Dios como el Gran Hombre y, viceversa, al hombre como el pequeño dios.

Continuando esta analogía, el universo fue considerado como un hombre y, por el contrario, el hombre como un universo en miniatura. El universo mayor fue denominado el Macrocosmo-el Gran Mundo o Cuerpoy la Vida Divino o entidad espiritual que controla sus funciones fue llamada el Macroprosophus.

El cuerpo del hombre, o el universo humano individual, fue llamado el Microcosmo, y la Vida Divina o entidad espiritual que controla sus funciones fue llamada Microprosophus. Los Misterios paganos se ocupaban primariamente de instruir neófitos en la verdadera relación que existe entre el Macrocosmo y el Microcosmo, en otras palabras, entre Dios y el hombre. Por consiguiente, la clave de estas analogías entre los órganos y funciones del hombre Microcósmico y las del Macrocosmo constituyó la posesión más preciada de los primeros iniciados.

En Isis Sin Velo, H. P. Blavatsky resumió el concepto pagano del hombre de la siguiente manera:

“El hombre es un mundo pequeño -un microcosmo dentro del gran universo. Como un feto, está suspendido, por sus tres espíritus, en la matriz del macrocosmos; y mientras su cuerpo terrestre está en constante armonía con su madre tierra, su alma astral vive al unísono con el anima mundi sideral. El es en ello, como ello es en él, ya que el elemento que penetra el mundo llena todo el espacio, y es el espacio mismo, sólo que ilimitado e infinito.

Con respecto a su tercer espíritu, el divino, qué es sino un rayo infinitesimal, una de las incontables radiaciones que proceden directamente de la Más Alta Causa-la Luz Espiritual del Mundo? Esta es la trinidad de naturaleza orgánica e inorgánica-la espiritual y la física, que son tres en una, y de la cual Proclus dice:

“La primera mónada es el Dios Eterno; la segunda, la eternidad; la tercera, el paradigma, o patrón del universo; los tres que constituyen la Triada Inteligible.”

Mucho antes de la implantación de la idolatría en la religión, los primeros sacerdotes hicieron que la estatua de un hombre se colocara en el santuario del templo. Esta figura humana simbolizaba el Poder Divino en todas sus intrincadas manifestaciones. De esta manera los sacerdotes de la antigüedad aceptaron al hombre como su libro de texto, y a través del estudio de el aprendieron a entender los misterios más grandes y más abstrusos del plan celestial del cual ellos eran una parte. No es improbable que esta figura misteriosa que vigilaba los altares primitivos fuera realizada algo así como un maniquí y, como ciertas manos emblemáticas en las escuelas de Misterios, fue cubierta con jeroglíficos tallados o pintados. La estatua puede haberse abierto, de manera que mostraba las posiciones relativas de los órganos, huesos, músculos, nervios, y otras partes.

Después de siglos de investigación, el maniquí se convirtió en una masa de jeroglíficos intricados y figuras simbólicas. Todas las partes tenían su significado secreto. Las medidas formaron un estándar básico por medio de las cuales era posible medir todas las partes del cosmos. Era un emblema glorioso compuesto por todo el conocimiento poseído por los sabios y hierofantes.

Luego vino la era de la idolatría. Los Misterios decayeron desde adentro. Los secretos se perdieron y nadie conoció la identidad del hombre misterioso que vigilaba el altar. Se recordó solamente que la figura era un símbolo sagrado y glorioso del Poder Universal, y finalmente llegó a ser admirado como un dios-el Uno en cuya imagen se hizo el hombre.

Habiendo perdido el conocimiento del propósito por el cual se construyó originalmente el maniquí, los sacerdotes rindieron culto a esta efigie hasta que al final su falta de comprensión espiritual tumbó el templo en ruinas sobre sus cabezas y la estatua se desmoronó con la civilización que había olvidado su significado.

Originándose en esta suposición de los primeros teólogos que el hombre es realmente ideado a la imagen de Dios, las mentes iniciadas de edades pasadas erigieron la estupenda estructura de la teología sobre la base del cuerpo humano. El mundo religioso de hoy es casi totalmente ignorante del hecho de que la ciencia de la biología es la fuente primera de sus doctrinas y principios. Muchos de los códigos y leyes que los modernos divinos creen haber sido revelaciones directas de la Divinidad son en realidad el fruto de años de paciente ahondar en los intrincados detalles de la constitución humana y las maravillas infinitas reveladas por dicho estudio.

En casi todos los libros sagrados del mundo se puede rastrear una analogía anatómica. Esto es más evidente en sus mitos de la creación. Cualquiera que esté familiarizado con la embriología y obstetricia no tendrá dificultad en reconocer la base de la alegoría con respecto a Adán y Eva y el Jardín del Edén, los nueve grados de los Misterios Eleusinos, y la legenda brahmánica de las encarnaciones de Vishnu.

La historia del Huevo Universal, el mito escandinavo de Ginnungagap (la grieta oscura en el espacio en la cual se sembró la semilla del mundo), y el uso del pez como el emblema del poder generador paterno—todo muestra el verdadero origen de la especulación teológica. Los filósofos de la antigüedad se dieron cuenta que el hombre mismo era la clave del acertijo de la vida, porque era la imagen viva del Plan Divino, y en las eras futuras la humanidad también llegará darse cuenta más en detalle la importación solemne de aquellas antiguas palabras: “El verdadero estudio de la humanidad es el hombre.”

Tanto Dios como el hombre tienen una constitución doble, de la cual la parte superior es invisible y la inferior visible. En ambos hay también una esfera intermedia, marcando el punto donde esas naturalezas visible e invisible se tocan. Como la naturaleza espiritual de Dios controla Su forma universal objetivaque es en realidad una idea cristalizadaasí la naturaleza espiritual del hombre es la causa invisible y el poder controlador de su personalidad material visible. De esta manera es evidente que el espíritu del hombre guarda la misma relación con su cuerpo material que Dios guarda con el universo objetivo.

Los Misterios enseñaban que el espíritu, o la vida, era anterior a la forma y que lo que es anterior incluye todo lo que es posterior a sí mismo. El espíritu siendo anterior a la forma, la forma esta por lo tanto incluida dentro del reino del espíritu. Es también una declaración o creencia popular que el espíritu del hombre está dentro de su cuerpo. De acuerdo con las conclusiones de la filosofía y la teología, sin embargo, esta creencia es errónea, ya que el espíritu primero circunscribe un área y luego se manifiesta dentro de ella. Hablando filosóficamente, la forma, siendo una parte del espíritu, está dentro del espíritu; pero el espíritu es más que la suma de la forma, como la naturaleza material del hombre es en consecuencia dentro de la suma del espíritu, entonces la Naturaleza Universal, incluyendo todo el sistema sideral, está dentro de la esencia que todo lo penetra de Dios-el Espíritu Universal.



De Libri Apologetici de Böhme

El Tetragrámaton, o el Nombre de cuatro letras de Dios, aquí esta dispuesto como un tetractys dentro del corazón humano invertido. Abajo, el nombre Jehovah se muestra transformado en Jehoshua por la interpolación de la radiante letra hebrea סה , Shin. El dibujo en su conjunto representa el trono de Dios y Sus jerarquías dentro del corazón del hombre. En el primer libro de su Libri Apologetici, Jacobo Böhme describe de esta manera el significado del símbolo:

“A causa de que nosotros los hombres tenemos un libro en común que señala a Dios. Cada uno lo tiene dentro de sí mismo, que es el Nombre inapreciable de Dios.

Sus letras son las llamas de Su amor, que El de Su corazón en el Nombre inapreciable de Jesús ha revelado en nosotros.

Lean estas letras en sus corazones y espíritus y Uds. tienen suficientes libros. Todos los escritos de los hijos de Dios te dirigen a ese libro único, porque en él yacen todos los tesoros de la sabiduría. * * * Este libro es Cristo en Uds.

De acuerdo con otro concepto de la sabiduría antigua, todos los cuerpos-sean espirituales o materiales-tienen tres centros, llamados por los griegos el centro superior, el centro medio, y el centro inferior. Se notará aquí una aparente ambigüedad. Es imposible diagramar o simbolizar apropiadamente las verdades mentales abstractas, porque la representación gráfica de un aspecto de las relaciones metafísicas puede ser una contradicción real de algunos otros aspectos. Mientras que eso que está arriba se considera generalmente superior en dignidad y poder, en realidad aquello que esta en el centro es superior y anterior tanto a aquello que se dice estar arriba y aquello que se dice estar abajo. En consecuencia, debe decirse que lo primero-que se considera que esta arriba-esta realmente en el centro, mientras que los otros (que se dice están arriba o abajo) están en realidad abajo.

Este punto puede ser simplificado más si el lector considerara arriba como que indica el grado de proximidad a la fuente y abajo como que indica el grado de distancia desde la fuente, la fuente que está situada en el centro real y distancia relativa que son los varios puntos a lo largo del radio desde el centro hacia la circunferencia. En asuntos concernientes a la filosofía y la teología, arriba puede considerarse hacia el centro y abajo hacia la circunferencia.

El centro es el espíritu; la circunferencia es la materia. En consecuencia, arriba está hacia el espíritu junto a una escala ascendente de espiritualidad; abajo está hacia la materia junto a una escala ascendente de materialismo. El último concepto está expresado en parte por el vértice de un cono que, cuando es visto desde arriba, se ve como un punto en el centro exacto de la circunferencia formada por la base del cono.

Estos tres centros universales-el arriba, el abajo, y el vinculo que los une-representan tres soles o tres aspectos de un sol-centros de resplandor. Estos también tienen sus analogías en los tres grandes centros del cuerpo humano, que, como el universo físico, es una fabricación demiúrgica. “El primero de estos [soles],” dice Thomas Taylor, “es análogo a la luz cuando se la ve subsistiendo en su fuente el sol; la segunda a la luz que inmediatamente procede del sol; y la tercera al esplendor comunicado a otras naturalezas por esta luz.”

Debido a que el centro superior (o espiritual) esta en el medio de los otros dos, su análogo en el cuerpo físico es el corazón-el órgano espiritual y misterioso en el cuerpo humano. El segundo centro (o el vínculo entre los mundos superior e inferior) se eleva a la posición de la más grande dignidad física-el cerebro. El tercer centro (o inferior) está relegado a la posición de menor dignidad física pero la mayor importancia física-el sistema generativo.

De esta manera el corazón es simbólicamente la fuente de vida; el cerebro el vínculo por el cual, a través de la inteligencia racional, se unifica la vida y la forma; y el sistema generativoo creador infernal-la fuente de ese poder por el cual se producen los organismos físicos. Los ideales y aspiraciones del individuo dependen en gran medida sobre los cuales estos tres centros de poder predominan en alcance y actividad de expresión. En el materialista el centro inferior es el mas fuerte, en el intelectualista el centro superior; pero en el iniciado el centro medio-bañando los dos extremos en una inundación de resplandor espiritual-controla saludablemente tanto la mente como el cuerpo.

Como la luz da testimonio de vida-que es su fuente-así la mente da testimonio del espíritu, y la actividad en un plano aún más inferior es testigo de la inteligencia. De esta manera la mente da testimonio del corazón, mientras que el sistema generativo, a su vez, da testimonio de la mente. Por consiguiente, la naturaleza espiritual es simbolizada más comúnmente por el corazón; el poder intelectual por un ojo abierto, que simboliza la glándula pineal o el ojo cíclope, que es el Jano de dos caras de los Misterios paganos; y el sistema generativo por una flor, un cayado, una copa, o una mano.

Mientras que todos los Misterios reconocían al corazón como el centro de la conciencia espiritual, con frecuencia decididamente ignoraron este concepto y usaron el corazón en su sentido exotérico como el símbolo de la naturaleza emocional. En esta disposición el centro generativo representaba el cuerpo físico, el corazón el cuerpo emocional, y el cerebro el cuerpo mental. El cerebro representaba la esfera superior, pero después de que los iniciados hubiesen pasado a través de los grados más bajos, se les instruía que el cerebro era el poder de la llama espiritual que vive en los recovecos más recónditos del corazón.

El estudiante de esoterismo descubre antes que pase mucho tiempo que los antiguos con frecuencia recurrían a varios subterfugios para esconder las verdaderas interpretaciones de sus Misterios. La sustitución del cerebro por el corazón era una de esos subterfugios.

Los tres grados de los Misterios antiguos eran dados, con pocas excepciones, en cámaras que representaban los tres grandes centros de los cuerpos humano y Universal. Si era posible, el templo mismo era construido con la forma del cuerpo humano.

El candidato entraba entre los pies y recibía el grado más alto en el punto correspondiente al cerebro.

De esta manera el primer grado era el misterio material y su símbolo era el sistema generativo; elevaba al candidato a través de varios grados de pensamiento concreto.

El segundo grado se daba en la cámara correspondiente al corazón, pero representaba el poder medio que era el vínculo mental. Aquí el candidato era iniciado en los misterios del pensamiento abstracto y se elevaba tan alto como la mente era capaz de penetrar.

Luego pasaba a la tercera cámara, que, análoga al cerebro, ocupaba la posición más alta en el templo pero, análoga al corazón, era de la mayor dignidad. En la cámara del cerebro se daba el misterio del corazón. Aquí el iniciado primera vez comprendía el significado de esas palabras inmortales: “Como un hombre piensa en su corazón, así es él.”

Como hay siete corazones en el cerebro así hay siete cerebros en el corazón, pero este es un asunto de suprafísica de lo cual poco se puede decir en el momento actual.

Proclus escribe sobre este tema en el primer libro de Sobre al Teología de Platón: “En realidad, Sócrates en el (Primer) Alcibiades correctamente observa, que el alma que entra dentro sí misma contemplará todas las otras cosas, y la deidad misma. Por tender a su propia unión, y al centro de toda la vida, dejando de lado la multitud, y la variedad de todos los poderes múltiples que ella contiene, asciende a los ofrecimientos de la atalaya más alta.

Y como en el más santo de los misterios, dicen, que los místicos al principio se encontraron con la multiforme, y muchos géneros de formas, que son lanzados ante los dioses, pero al ingresar al templo, impasibles, y custodiados por los ritos místicos, genuinamente recibían en sus pechos [corazón] iluminación divina, y despojados de sus vestimentas, como ellos dirían, participaban de una naturaleza divina; el mismo modo, como me parece a mi, sucede en la especulación de los todos.

Para el alma cuando mira las cosas posteriores a sí misma, contempla las sombras e imágenes de seres, pero cuando ella misma se convierte en ella misma evoluciona su propia esencia, y las razones que contiene.

Y al principio realmente, ella es como si solamente se contempla a sí misma; pero, cuando penetra más profundamente en el conocimiento de sí misma, encuentra en sí misma tanto el intelecto como los órdenes de los seres. Cuando ella sin embargo, procede en sus recovecos interiores, y dentro del ádito como si fuera del alma, percibe con el ojo cerrado [sin la ayuda de su mente inferior], el género los dioses, y las unidades de los seres. Ya que todas las cosas están en nosotros físicamente, y a través de esto somos naturalmente capaces de conocer todas las cosas, excitando los poderes y las imágenes de todos que contenemos.”



De un grabado antiguo, cortesía de Carl Oscar Borg.

Sobre las doce falanges de los dedos, aparecen las imágenes de los Apóstoles, cada una portando su propio símbolo.

En el caso de aquellos que sufrieron el martirio el símbolo significa el instrumento de muerte. De esta manera, el símbolo de San Andrés es una cruz; de Santo Tomas, una jabalina o una escuadra de constructor; de Santiago el Menor, una maza de batanero; de San Felipe, una cruz; de San Bartolomé, un cuchillo largo o cimitarra; de San Mateo, una espada o lanza (a veces un monedero); de San Simón, una maza o un serrucho; de San Matías, un hacha; y de San. Judas, una alabarda.

Los Apóstoles cuyos símbolos no exaltan su martirio son San Pedro, que lleva dos llaves cruzadas, una de oro y una de plata; Santiago el Mayor, que lleva el cayado de un peregrino y un caparazón de una venera; y San Juan, que sostiene una copa de la cual parte milagrosamente el veneno en forma de serpiente. (Ver Manual de Simbolismo Cristiano.)

La figura de Cristo sobre la segunda falange del pulgar no sigue el sistema pagano de asignar la primera Persona de la Triada Creativa a esta Posición. Dios el Padre debería ocupar la segunda Falange, Dios el Hijo la primera falange, mientras que a Dios el Espíritu Santo se asigna la base del pulgar.- También, de acuerdo con la disposición filosófica, la Virgen debería ocupar la base del pulgar, que es consagrado a la luna.

Los iniciados de antes advertían a sus discípulos que una imagen no es una realidad sino meramente la objetivación de una idea subjetiva. La imagen, de los dioses no fue diseñada para ser objetos de culto sino eran para ser considerados meramente emblemas o recordatorios de poderes y principios invisibles.

De manera similar, el cuerpo del hombre no debe ser considerado como el individuo sino solamente como la casa del individuo, de la misma manera que el templo era la Casa de Dios. En un estado de pesadez y perversión el cuerpo del hombre es la tumba o prisión de un principio divino, en un estado de desarrollo y regeneración es la Casa o Santuario de la Deidad por cuyos poderes creativos fue ideado. “La personalidad está suspendida en un hilo de la naturaleza del Ser,” declara el trabajo secreto.

El hombre es en esencia un principio permanente e inmortal; solamente sus cuerpos pasan a través del ciclo de nacimiento y muerte. Lo inmortal es la realidad; lo mortal es la irrealidad. Durante cada período de vida terrestre, la realidad de esta manera mora en la irrealidad, para ser liberada de ella temporalmente por la muerte y permanentemente por la iluminación.

Mientras que en general se los consideraba politeístas, los paganos ganaron esta reputación no porque rendían culto a más de un Dios sino mas bien porque personificaban los atributos de este Dios, creando de tal modo un panteón de deidades posteriores cada una manifestando una parte de lo que el Dios Único manifestaba como un todo.

Los varios panteones de las religiones antiguas en consecuencia realmente representaban los atributos catalogados y personificados de la Deidad. En cuanto a esto se corresponden con las jerarquías de los Cabalistas Hebreos.

Todos los dioses y diosas de la antigüedad consecuentemente tienen sus analogías en el cuerpo humano, como también lo tienen los elementos, planetas, y constelaciones que fueron asignadas como vehículos adecuados para estos celestiales. Se asignan cuatro centros corporales a los elementos, los siete órganos vitales a los planetas, las doce partes y miembros principales al zodiaco, las partes invisibles de la naturaleza divina del hombre a varias deidades supermundanas, mientras que se declaraba que el Dios escondido se manifestaba a través de la médula en los huesos.

Para muchos es difícil darse cuenta de que ellos son universos reales; que sus cuerpos físicos son una naturaleza visible a través de la estructura de la cual incontables ondas de vida que evolucionaba están desarrollando sus potencialidades latentes. Sin embargo a través del cuerpo físico del hombre no solo son un mineral, una planta, y un reino animal evolucionando, sino también clasificaciones y divisiones de vida espiritual invisible desconocidas, lo mismo que las células son unidades infinitesimales en la estructura del hombre, así el hombre es una unidad infinitesimal en la estructura del universo.

Una teología basada en el conocimiento y apreciación de estas relaciones es tan profundamente justa como es profundamente verdadera.

Como el cuerpo físico del hombre tiene cinco extremidades distintas e importantes-dos piernas, dos brazos, y una cabeza, de las cuales la última gobierna las primeras cuatro-la numero 5 ha sido aceptada como el símbolo del hombre. Por sus cuatro esquinas la pirámide simboliza los brazos y las piernas, y por su vértice la cabeza, de esta manera indicando que un poder racional controla cuatro esquinas irracionales. Las manos y los pies se usan para representar los cuatro elementos, de los cuales los dos pies son tierra y agua, y las dos manos fuego y aire.

El cerebro entonces simboliza el quinto elemento sagradoéterque controla y unifica los otros cuatro. Si los pies son colocados juntos y los brazos extendidos, el hombre entonces simboliza la cruz con el intelecto racional como la cabeza o miembro superior.

Los dedos de la mano y de los pies también tienen una importancia especial. Los dedos de los pies representan los Diez Mandamientos de la ley física y los dedos de la mano los Diez Mandamientos de la ley espiritual. Los cuatro dedos de cada mano representan los cuatro elementos y las tres falanges de cada dedo representan las divisiones del elemento, de manera que en cada mano hay doce partes de los dedos, que son análogas a los signos del zodiaco, mientras que las dos falanges y la base de cada pulgar suponen la triple Deidad. La primera falange corresponde al aspecto creativo, la segunda al aspecto preservativo, y la base al aspecto generativo y destructivo. Cuando se juntan las manos, el resultado es los veinticuatro Mayores y los seis Días de la Creación.

En el simbolismo el cuerpo esta dividido verticalmente en mitades, la mitad derecha se considera la luz y la mitad izquierda la oscuridad. Para aquello no familiarizados con los verdaderos significados de luz y oscuridad, la mitad de la luz fue denominada espiritual y la mitad izquierda material.

La luz es el símbolo de la objetividad; la oscuridad de la subjetividad.

La luz es una manifestación de la vida y es en consecuencia posterior a la vida. Aquello que es anterior a la luz es oscuridad, en la cual la luz existe temporalmente pero la oscuridad permanentemente. Como la vida precede a la luz, su único símbolo es la oscuridad, y la oscuridad es considerada el velo que debe esconder eternamente la verdadera naturaleza del Ser abstracto e indiferenciado.

En tiempos antiguos los hombres peleaban con sus brazos derechos y defendían sus centros vitales con sus brazos izquierdos, sobre los cuales llevaban el escudo protector. La mitad derecha era considerada por lo tanto ofensiva y la mitad izquierda defensiva.

Por esta razón también el lado derecho del cuerpo era considerado masculino y el lado izquierdo femenino.

Varias autoridades son de la opinión de que el actual uso generalizado de la mano derecha en la raza es el resultado de la costumbre de sostener la mano izquierda limitada a propósitos defensivos. Además, como la fuente del Ser esta en la oscuridad primordial que precedía la luz, si la naturaleza espiritual del hombre está en la parte oscura de su ser, ya que el corazón esta en el lado izquierdo.

Entre las curiosas ideas equivocadas que surgen de la falsa práctica de asociar la oscuridad con el mal hay una por la cual varias naciones antiguas usaban la mano derecha para todas las labores constructivas y la mano izquierda sólo para aquellos propósitos denominados impuros e impropios para la vista de los dioses.

Por la misma razón con frecuencia se refería a la magia negra como el sendero de la izquierda, y se decía que el cielo estaba a la derecha y el infierno a la izquierda. Algunos filósofos además declaraban que había dos métodos de escritura: uno de izquierda a derecha, que era considerado el método exotérico; el otro de derecha a izquierda, que era considerado esotérico. La escritura exotérica era aquella que se hacia hacía fuera o alejándose del corazón, mientras que la escritura esotérica era aquella que-como el hebreo antiguo-se escribía hacia el corazón.

La doctrina secreta declara que todas las partes y miembros del cuerpo están resumidos en el cerebro y, a su vez, que todo lo que esta en el cerebro esta resumido en el corazón. En el simbolismo la cabeza se usa con frecuencia para representar la inteligencia y el auto-conocimiento.

Como el cuerpo humano en su totalidad es el producto mas perfecto conocido en la evolución de la tierra, fue empleado para representar a la Divinidad-el estado o condición apreciable más alta. Los artistas, al tratar de retratar la Divinidad, con frecuencia sólo muestran una mano emergiendo de una nube impenetrable. La nube supone la Divinidad Incognoscible-ocultada del hombre por limitación humana.

La mano significa la actividad Divina, la única parte de Dios que es conocible a los sentidos inferiores.


Redibujado de Theosophia Práctica de Gichtel.

Johann Georg Gichtel, un profundo Filósofo y místico, el más iluminado de los discípulos de Jacobo Böhme, secretamente circuló los diagramas anteriores entre un pequeño grupo de amigos y estudiantes devotos.

Gichtel volvió a publicar los escritos de Böhme, ilustrándolos con numerosas figuras notables. De acuerdo con Gichtel, los diagramas anteriores, representan la anatomía del hombre divino (o interno), y estableció gráficamente su condición durante sus estados humano, infernal, y divino. Las placas en la edición de William Law de los trabajos de Böhme están basadas aparentemente en los diagramas de Gichtel, que siguen en todos los esenciales.

Gichtel no da una descripción detallada de sus figuras, y las letras en los diagramas originales aquí traducidas del alemán es la única pista para la interpretación de los diagramas.

Las dos figuras del extremo representan el anverso y reverse del mismo diagrama y son denominadas Tabla Tres.

Son “diseñadas para mostrar la Condición del Hombre en su totalidad, con respecto a sus tres Partes esenciales, Espíritu, Alma, y Cuerpo, en su Estado Regenerado.” La tercer figura de la izquierda se llama Segunda Tabla, y establece “la Condición del Hombre en su Estado anterior, caído, y corrupto; sin ningún respeto a, o consideración de su renovación por regeneración.” La tercera figura, sin embargo, no corresponde a la Primera Tabla de William Law. La Primera Tabla presumiblemente representa la condición de la humanidad antes de la Caída, pero la placa de Gichtel pertenece al tercer estado, o estado regenerado de la humanidad.

William Law de esta manera describe el propósito de los diagramas, y los símbolos sobre ellos: “Estas tres tablas se diseñaron para representar al Hombre en su triple Estado diferente: el Primero antes de su Caída, en Pureza, Dominio, y Gloria: el Segundo después de su Caída, en Contaminación y Perdición: y el Tercero en su ascenso de la Caída, o en el Camino de la regeneración, en la Santificación y Tendencia a su última Perfección.” El estudiante de Orientalismo reconocerá inmediatamente en los símbolos sobre las figuras los chakras hindús, o centros de fuerza espiritual, las mociones y aspectos varios que revelan la condición de la naturaleza divina interna del discípulo.

La cara consiste en una trinidad natural: los ojos que representan el poder espiritual que comprende; los orificios nasales que representan el poder preservativo y vivificante; y la boca y las orejas que representan el poder demiúrgico del mundo inferior.

La primera esfera es eternamente existente y es creativa; la segunda esfera pertenece al misterio de la ruptura creativa; y la tercera esfera a la palabra creativa. Por la Palabra de Dios el universo material fue fabricado, y los siete poderes creativos, o sonidos vocales-que habían sido traídos a la existencia por la expresión de la Palabra-se convirtieron en los siete Elohim o Deidades por cuyo poder y ministerio se organizó el mundo inferior. Ocasionalmente la Deidad es simbolizada por un ojo, una oreja, una nariz, o una boca. Por la primera, se da significado a la conciencia Divina; por la segunda, al interés Divino; por la tercera, a la vitalidad Divina; y por la cuarta, a la orden Divina.

Los antiguos no creían que la espiritualidad hacia a los hombres justos o racionales, sino más bien que la justicia y la racionalidad hacían espirituales a los hombres. Los Misterios enseñaban que la iluminación espiritual se lograba solamente trayendo la naturaleza inferior hasta determinado estándar de eficiencia y pureza. Los Misterios por lo tanto fueron establecidos con el propósito de desarrollar la naturaleza del hombre de acuerdo con ciertas reglas fijas que, cuando se seguían fielmente, elevaban la conciencia humana hasta un punto donde era capaz de conocer su propia constitución y el verdadero propósito de la existencia.

Este conocimiento de cómo la constitución múltiple del hombre podía ser regenerada más rápida y completamente al punto de que la iluminación espiritual constituía la doctrina secreta, o esotérica, de la antigüedad. Determinados órganos y centros físicos son en realidad los velos o envolturas de los centros espirituales. Cuáles eran y cómo podían ser desarrolladas nunca fue revelado al no regenerado, porque los filósofos se dieron cuenta que una vez que entiende el funcionamiento complete de cualquier sistema, un hombre puede lograr un fin prescrito sin estar calificado para manipular y controlar los efectos que ha producido. Por esta razón se impusieron largos períodos de prueba, para que el conocimiento de como convertirse como los dioses pudiera permanecer como la única posesión de los merecedores.

Para que ese conocimiento no se perdiera, sin embargo, fue ocultado en alegorías y mitos que no tenían sentido para el profano pero eran obvios para aquellos familiarizados con esa teoría de redención personal que fue el fundamento de la teología filosófica.

Se puede citar al mismo Cristianismo como ejemplo. Todo el Nuevo Testamento es en realidad una exposición ingeniosamente ocultada de los procesos secretos de la regeneración humana.

Los personajes por tanto tiempo considerados hombres y mujeres históricas son realmente la personificación de ciertos procesos que tienen lugar en el cuerpo humano cuando el hombre comienza la tarea de liberarse conscientemente de la esclavitud de la ignorancia y la muerte.

Las vestimentas y ornamentaciones supuestamente usadas por los dioses también son claves, porque en los Misterios la ropa era considerada sinónimo de forma. El grado de espiritualidad o materialismo de los organismos se denotaba por la calidad, belleza, y valor de las vestimentas usadas. El cuerpo físico del hombre era admirado como la toga de su naturaleza espiritual; en consecuencia, cuanto más desarrollados eran sus poderes supersubstanciales más glorioso era su ropa. Por supuesto, la ropa era usada originariamente como adorno más que como protección, y dicha práctica aún prevalece entre muchos pueblos primitivos.

Los Misterios entendían que los únicos ornamentos duraderos del hombre eran sus virtudes y sus características valiosas; que se vestía en sus propios logros y se adornaba con sus logros. De esta manera la toga blanca era simbólica de pureza, la toga roja de sacrificio y amor, y la toga azul de altruismo e integridad. Ya que se decía que el cuerpo era la toga del espíritu, las deformidades mentales o morales eran descriptas como deformidades del cuerpo.

Considerando el cuerpo del hombre como la regla de medición del universo, los filósofos declararon que todas las cosas se parecen en constitución-si no en forma-al cuerpo humano. Los griegos, por ejemplo, declararon a Delfos el ombligo de la tierra, ya que el planeta físico era admirado como un ser humano gigantesco que estaba enrollado en la forma de una pelota.

En contra distinción a la creencia de la Cristiandad que la tierra es una cosa inanimada, los paganos consideraban no sólo a la tierra sino también a todos los cuerpos siderales criaturas individuales que poseían inteligencias individuales.

Ellos fueron tan lejos como para ver los varios reinos de la Naturaleza como entidades individuales. El reino animal, por ejemplo, considerado como un ser-un compuesto de todas las criaturas que componen ese reino. Esta bestia prototípica era personificación mosaica de todas las inclinaciones animales y dentro de su naturaleza existía todo el mundo animal como la especie humana existe dentro de la constitución del Adán prototípico.

De la misma manera, las razas, las naciones, las tribus, las religiones, los estados, las comunidades, y las ciudades eran vistas como entidades compuestas, cada una constituida por números variables de unidades individuales. Todas las comunidades tienen una individualidad que es la suma de las actitudes individuales de sus habitantes.

Todas las religiones son un individuo cuyo cuerpo está constituido por una jerarquía y una vasta multitud de adoradores individuales. La organización de cualquier religión representa su cuerpo físico, y sus miembros individuales la vida celular que constituye este organismo.

Por consiguiente, las religiones, las razas, y las comunidades–como los individuos– atraviesan las Siete Edades de Shakespeare, ya que la vida del hombre es un estándar por el cual se estima la perpetuidad de todas las cosas.

De acuerdo con la doctrina secreta, el hombre, a través del refinamiento gradual de sus vehículos y la siempre creciente sensibilidad resultante de ese refinamiento, esta gradualmente superando las limitaciones de la materia y se esta desenredando de su rollo mortal. Cuando la humanidad haya completado su evolución física, la cáscara vacía del materialismo dejada atrás será usada por otras ondas de vida como escalones para su propia liberación. La tendencia del crecimiento evolutivo del hombre es siempre hacia su propia Personalidad esencial.

En el punto de materialismo más profundo, en consecuencia, el hombre está a la distancia más grande de Sí mismo. De acuerdo con las enseñanzas de los Misterios, no toda la naturaleza espiritual del hombre encarna en la materia. El espíritu del hombre se muestra gráficamente como un triángulo equilátero con una punta hacia abajo.

Este punto inferior, que es un tercio de la naturaleza espiritual pero en comparación a la dignidad de los otros dos es mucho menos que un tercio, desciende a la ilusión de la existencia material por un breve espacio de tiempo.

Aquello que nunca se viste en la envoltura de la materia es el Anthropos Hermético-el Hombre Superior- análogo a los Cíclopes o demonios guardianes de los griegos, el ángel de Jacobo Böhme, y la Supra- Alma de Emerson, “esa Unidad, esa Supra-Alma, dentro de la cual está contenido el ser particular de todos los hombres y se hace uno con todo lo otro.”

En el nacimiento solamente una tercera parte de la Naturaleza Divina del hombre se disocia temporalmente de su propia inmortalidad y se encarga del sueno del nacimiento y la existencia física, animando con su propio entusiasmo celestial un vehículo compuesto de elementos materiales, parte de y atado a la esfera material. En la muerte esta parte encarnada despierta del sueño de existencia física y se reúne una vez más con su condición eterna.

Este descenso periódico del espíritu en la material se denomina la rueda de la vida y la muerte, y los principios desarrollados son tratados en detalle por los filósofos bajo el tema de metempsicosis. Por la iniciación en los Misterios y un cierto proceso conocido como teología operativa, transciende esta ley de nacimiento y muerte, y durante el curso de la existencia física esa parte del espíritu que está dormida en forma se despierta sin la intervención de la muerteel Iniciador inevitable-y es conscientemente reunificada con el Anthropos, o la sustancia dominante de sí mismo. Este es al mismo tiempo el propósito primario y el logro consumado de los Misterios: que el hombre se haga consciente y conscientemente se reunifique con la fuente divina de sí mismo sin probar la disolución física.



De las Figures de Law de Jacobo Böhme.

Así como el diagrama que representa la vista de frente del hombre ilustra sus principios divinos en su estado regenerado, así la vista de atrás de la misma figura establece la condición inferior, o “noche,” del sol. Desde la Esfera de la Mente Astral una línea asciende a través de la Esfera de la razón en aquella de los Sentidos.

La Esfera de la Mente Astral y de los Sentidos está llena de estrellas para significar la condición nocturna de sus naturalezas. En la esfera de la razón, lo superior y lo inferior están reconciliados, la Razón en el hombre mortal correspondiente al Entendimiento Iluminado en el hombre espiritual.



De las Figures de Law de Jacobo Böhme.

Un árbol con sus raíces en el corazón se eleva del Espejo de la Deidad a través de la Esfera del Entendimiento para ramificarse en la Esfera de los Sentidos. Las raíces y el tronco de este árbol representan la naturaleza divina del hombre y puede llamarse su espiritualidad; las ramas del árbol son las partes separadas de la constitución divina y puede equipararse a la individualidad; y las hojas-debido a su naturaleza efímera-corresponden a la personalidad, que no comparte nada de la permanencia de su fuente divina.



La Evolución de la Conciencia

Escrito de Jinarajadasa


Comprendiérase lo que realmente es la Conciencia, y se habría encontrado la clave de todos los problemas de la evolución. Porque la conciencia es la expresión más alta de aquella Existencia Única, que es a la vez fuerza y materia, forma y vida.

in embargo, tal es la estructura de nuestra naturaleza, que necesitamos preguntar, y sólo encontramos satisfacción en vida cuando juzgamos haber hallado contestación a nuestras preguntas. La respuesta de ayer puede no satisfacemos hoy, pero no estaremos contentos mientras no encontremos alguna respuesta para hoy, aunque podremos desecharla mañana.

Comprender cómo se desarrolla la conciencia no es más que ponerse en camino de saber lo que es. No obstante, el conocimiento de la manera de desenvolverse la conciencia es la ciencia de las ciencias.

La primera gran maravilla acerca de la conciencia es que el todo esta en la parte, la totalidad esta en la unidad, pues aunque la conciencia encerrada en un electrón sea como una punta de alfiler, esta diminuta unidad esta ligada a la vasta totalidad; es decir, al LOGOS, y todo ÉL está allí, aunque nosotros con nuestras limitaciones sólo podemos ver de ÉL lo que hace un electrón. Lo mismo que las energías de un número incalculable de rayos del sol enfocados por una lente en un punto se concentran todas en él, así ocurre con todo tipo de conciencia que ánima una fuerza.

Todas las manifestaciones posibles de conciencia residen en cada unidad animada, grande o pequeña. El biólogo mendeliano no hace más que declarar la oculta verdad cuando dice que hubo “un tiempo en que Shakespeare existió como un punto de protoplasma no tan grande como la cabeza de un alfiler”.

Colocad una lente ante un gran Panorama que abarque millas, y la lente hará convergir todos los rayos que procedan de él en un punto focal. Todo el paisaje estará allí, y, sin embargo, ninguna imagen podrá verse. Solo alejándonos del punto focal aparecerán imagen tras imagen en una pantalla que refleje los rayos. De la distancia a que la pantalla este colocada desde el punto focal depende la magnitud de las imágenes, y de esta magnitud depende a su vez la perceptibilidad de sus detalles.

Todo el cuadro está allí, en el punto; pero sólo cuando nos alejamos de este sale aquel de la nada y viene a nosotros. Esta es una buena representación de la evolución de la conciencia.

La evolución de la conciencia es también como el descorrer de una cortina que oculta la luz, a la que nada añade el hecho; pero, a pesar de no haber de ganar nada con ello, la Luz quiere disipar la Oscuridad; y hasta que nos identifiquemos conscientemente con la Luz no sabremos por que lo quiere. Su acción es sacrificio y regocijo: el sacrificio esta en soportar la limitación; el regocijo en darse. Participar de este sacrificio y de este regocijo es alcanzar la Divinidad.

La evolución de la conciencia en el hombre se realiza por dación. El motivo del desarrollo en los reinos animal y vegetal es competencia, rivalidad y egoísmo; en el hombre es cooperación, renuncia, sacrificio. El LOGOS SE sacrifica eternamente en la cruz de vida y materia; y sólo imitándole desarrolla el hombre su semejanza. Este es el gran principio que hay que conservar siempre en la mente. La conciencia del hombre desarrolla sus ocultas capacidades etapa por etapa; pero sin sacrificio no hay paso de una etapa a otra. El hombre debe extinguir todo lo que queda en el de bruto, aunque esto implique cientos de vidas. Cuando después de muchos nacimientos y muertes el sacrificio de sí mismo se ha hecho instintivo en él, conoce que el sacrificio es regocijo, el único goce concebible.

Para poder evolucionar debe haber involucionado antes la conciencia, y esta involución es la que hemos bosquejado en la figura 1. Hay en ella divisiones horizontales, que señalan los grandes planos de nuestro sistema solar, y sobre todos ellos está el símbolo del LOGOS Inmanifestado antes de empezar el proceso creador. En el primer paso de su involución desciende al plano Adico, y allí los tres grandes aspectos: Shiva, Vishnu y Brahma, o Padre, Hijo y Espíritu Santo, funcionan en perfección.


Figura 1

Cuando el LOGOS desciende al siguiente plano, Anupadaka, experimenta una limitación, pues su aspecto de Primer LOGOS pasa al estado latente y sólo los aspectos de Segundo y Tercer LOGOS tienen expresión perfecta. A la siguiente etapa de descenso el LOGOS sufre otra limitación, y en el plano de Nirvana solo el Tercer LOGOS puede manifestarse plenamente, no siéndoles posible a los aspectos del Segundo y Primer LOGOS manifestar sus atributos en él.

Quizá alguien encuentre dificultad en comprender como un LOGOS omnipotente tiene que sufrir limitaciones al descender de plano en plano.

Nuestro conocimiento de las relaciones de espacio nos hará comprender la idea con un ejemplo. Todos sabemos lo que es un cubo. Tiene tres dimensiones: largo, ancho y alto. Para todo el que pueda circular en su derredor y mirarlo desde arriba y desde abajo levantándolo, es un sólido que tiene seis caras y doce aristas.

Pero supongámonos en la conciencia de un microbio que se halla en un pedazo de papel y es incapaz de elevarse sobre la superficie. Si ahora ponemos el cubo sobre el papel y se acerca el microbio y lo recorre por las cuatro aristas que están en contacto con el papel, sólo verá o percibirá cuatro líneas iguales e impenetrables. Con su imaginación más elevada podrá concebir en el un cuadrado; esto es, una superficie plana limitada por cuatro rectas iguales; pero como el microbio no puede elevarse sobre el plano del papel, el cubo jamás podrá revelársele como cubo.

Puede el cubo presentar sus seis caras una tras otra ante la vista del microbio; pero este dirá cada vez esto no es mas que un cuadrado. Así también cuando un objeto de tres dimensiones aparece a una conciencia que solo conoce dos, el objeto experimenta una limitación. Esta limitación no es de su naturaleza, sino que existe con referencia al poder que el objeto puede emplear en el mundo bidimensional. Lo mismo ocurre con las limitaciones que el Logos sufre al descender de plano a plano.

En su naturaleza es siempre el mismo; pero en su actuación en los planos que crea, sufre limitaciones de plano en plano, que corresponden al grado de materialidad de estos.

Durante todo el período del descenso del Logos a los tres planos superiores, la Monada humana permanece en Él. Esto esta simbolizado en el diagrama por una estrellita dentro del triángulo. No hay jamás un momento en que cada uno de nosotros como Mónada no viva, se mueva y tenga su ser en Él. Aunque nosotros nada sepamos de Él; aunque aun sabiendo contrariamos su Voluntad, en todas las etapas que hemos recorrido: de mineral a planta, de planta a animal y de animal a hombre, jamás ha podido haber separación de Él.


Así dice la antigua estancia de La Doctrina Secreta:

“La Chispa pende de la Llama por el finísimo hilo de Fohat. Viaja por los siete mundos de Maya. Se detiene en el Primero, y es un Metal y una Piedra; pasa al Segundo, y ¡mirad! una Planta. La Planta pasa por siete cambios, y se convierte en animal sagrado.

Los atributos combinados de estos forman al Manú el Pensador”.

La Chispa siempre pende de la Llama. El sentido de individualidad como actor empieza en la Mónada al encontrarse en el plano de Nirvana como triplicidad de Atma, Buddhi y Manas, separada de la Llama como chispa, y obteniendo, sin embargo, de la Llama todas las cualidades del fuego.

La triple Mónada en el plano de Nirvana es una miniatura del Logos, imagen en todo de su HACEDOR. Esta representada en el diagrama por el triángulo pequeño.

También la Mónada como el Logos sufre un proceso de involución. Sus tres aspectos se manifiestan en su verdadero plano, el de Nirvana. En el momento en que desciende al plano Búddhico experimenta una limitación; Su aspecto Atma se vela, y solo se manifiestan Buddhi y Manas. De modo que uno de los lados del triángulo queda sin manifestación, latente. Del mismo modo, al bajar un plano más, al mental, experimenta otra limitación, y en el cuerpo causal que forma en él sólo aparece Su aspecto Manas, quedando latentes los otros dos en el plano mental superior. Ahora sólo un lado del triángulo, la base, puede manifestarse.

Una vez más empieza el proceso de involución; y ahora del Ego, que reside en el cuerpo causal. Al descender el Ego a la encarnación, experimenta limitaciones de plano en plano a medida que forma sucesivamente los cuerpos mental, astral y físico.

La evolución de la conciencia en el proceso de liberación de las energías ocultas: primero del Ego, luego de la Mónada y por último del Logos, a través de los vehículos formados en todos los planos. El procedimiento de liberación de la conciencia del Ego por adiestramiento de Sus vehículos ha sido ya descrito en la sección, El Hombre en Vida y en Muerte.

Cuando el Ego ha adquirido el dominio de Sus vehículos, viene la siguiente etapa de expansión de la conciencia, al ingresar en la Gran Fraternidad Blanca; y se le enseña en la Primera Iniciación el modo de funcionar en plena conciencia en el subplano inferior de Buddhi. Entonces por primera vez empieza a comprender como realidad presente y no como mera creencia la unidad de todo lo que vive y como su destino va indisolublemente ligado al de los millares y millares de almas que forman con él la Humanidad. Más aun, percibe como realidad que son parte de él y que todas estas divisiones de Yo y Tú, mío y tuyo, que caracterizan a la existencia en los planos inferiores a Buddhi, son ilusiones.

En esta etapa ascensional al plano Búddhico ha realizado dos lados de su triángulo. Ulteriores expansiones de conciencia en las Iniciaciones Segunda, Tercera y Cuarta le dan el dominio de los restantes subplanos del plano Búddhico, hasta que, a la Quinta Iniciación, la de Asekha, su conciencia actúa directamente en el plano de Nirvana. El triángulo de la Mónada está ya completo y el Eterno Peregrino ha vuelto a su morada, jubiloso, llevando consigo sus gavillas.


En esta etapa de Adepto Asekha conoce la Mónada por realización directa la maravilla de las maravillas. Que siendo chispa, es la Llama. Desde entonces es el Cristos, el Ungido, coronado con la mayestática corona que como el Hijo de Dios fue a ganar a la guerra. Desde ahora el triángulo de la Mónada se halla en contacto directo con El del LOGOS aunque solo por uno de sus lados, la base, que es el aspecto del Espíritu Santo.

De aquí que la tradición cristiana nos diga que hay dos bautismos: el uno de agua y el otro de fuego. Juan el Bautista pudo dar el primero con el agua, pero solo un Cristos pudo dar el segundo con el Espíritu Santo y el fuego: “Yo, a la verdad, os bautizo con agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mi más poderoso que yo es, cuyos zapatos yo no soy digno de desatar; él os bautizara con el Espíritu Santo y con fuego”

Cuando la Mónada es bautizada así con el Espíritu Santo y con fuego es cuando puede decir en triunfo y en dedicación: “Como el Padre me conoció, así también yo conozco al Padre. . . Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi aunque este muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mi no morirá nunca. . . Yo y mi Padre somos uno”.

A mayores alturas todavía, ahora inconcebibles para nosotros, escala el Eterno

Peregrino identificando en el plano Anupadaka su Buddhi con el Buddhi del gran Triángulo; y finalmente en el plano de Adi su Atma con el eterno Atma de todo lo que existe, existió y existirá jamás, el LOGOS de nuestro Sistema.

El ascenso del hombre hacia la Divinidad puede estudiarse desde varios puntos de vista, y otro de ellos es el que se ve en la figura 2. Su idea fundamental es que según el contacto que la conciencia recibe del exterior así es el descubrimiento que hace del mundo. La respuesta a los choques físico, astral y mental nos da conocimiento del mundo, y según el tipo de la respuesta es la expansión de la conciencia en el individuo.

Figura 2


Una piedra responde principalmente a los contactos de calor, frío y presión y, por lo tanto, solo conoce el mundo físico. La planta responde a las vibraciones astrales de agrado o desagrado, y de aquí su instinto de adaptación al medio ambiente; conoce los mundos físico y astral, aunque este ultimo oscuramente. El animal responde a las vibraciones del mundo mental inferior y, por la tanto, piensa y siente; conoce, pues, los mundos físico, astral y mental, aunque este último vagamente. Pero el hombre es capaz de afectarse por el mundo mental superior; lo cual significa que su visión del universo es desde este plano.

El mundo astral inferior se pone en actividad por los sentimientos animales del hombre, como la ira, la lujuria, la envidia y los celos. Cuando el cuerpo astral se refina y se hace capaz de cariño, devoción y simpatía, aunque vayan fuertemente teñidos por sus necesidades personales, descubre el mundo astral superior de sentimientos. De igual manera, los pensamientos desordenados e incoherentes que tenemos acerca de las cosas en general nos llevan al contacto con el mundo mental inferior, de pensamientos concretos. Sólo cuando podemos ordenar nuestras ideas en categorías de pensamientos y sentimientos y descubrir sus leyes, llegamos a la visión del mundo mental superior.

Pensar con el cuerpo causal es pasar por encima de los pensamientos concretos y llegar a los universales de religión, filosofía y ciencia, que caracterizan a la mente filosófica.

Más allá del atributo superior de pensamiento puro, tiene todavía el hombre otra facultad o instrumento de cognición a que, a falta de mejor termino, la llamaremos con una palabra filosófica inda, Buddhi (Mundo Intuicional). El carácter que lo distingue es que con él no se conocen las cosas por un examen externo sino por identificación del conocedor con ellas. Buddhi es un modo de conciencia que no es pensamiento ni sentimiento aislado, ni simple combinación de ambos; y, sin embargo, es los dos a la vez, y aún más, una especie de pensamiento sentimiento indescriptible.

Lo que se puede decir es que cuando Buddhi afecta al plano mental superior, la mente prende conceptos universales, y que cuando la fuerza de Buddhi se refleja en una naturaleza astral pura, resulta la más tierna de las simpatías. Es Intuición Divina, más segura que la ciencia porque juzga, no solo del pasado y del presente, sino también del futuro; más precisa en comprensión que la emoción mas profunda, porque a voluntad el conocedor es lo conocido.

Si carecemos ya de palabras para describir Buddhi, como se podrán describir las facultades de la Mónada que se expresan en el plano Nirvanico? Basta decir que, así como Buddhi al pensamiento y emoción puros, supera el aspecto Atma del alma a Buddhi en maravilla.

El desarrollo de la cultura en el hombre no será completo, hasta que todo pueda funcionar en el plano de Nirvana. La mayor hazaña de la humanidad, hasta ahora, ha sido tocar, gracias a los esfuerzos de unos cuantos genios, el plano Búddhico por el Arte. Pero casi fue ayer todavía cuando la humanidad descubrió que había un reino de existencia donde el hombre puede crear objetos de belleza que son júbilo eterno; y no para un día, sino para siempre. Lo que crea el genio, séalo en religión o arte, filosofía o ciencia, cuando se abre camino al plano Búddhico, contiene la esencia del arte. Si como científico trata de los hechos de la Naturaleza, los concibe y presenta tan artísticamente, que su ciencia se ilumina con intuiciones; si como filosofo crea un sistema, cobija con ternura lo pequeño y lo grande y los envuelve con belleza y unidad.

Los preceptos éticos de los grandes Maestros son revelaciones del arte más puro porque sus mandamientos son universales en su aplicabilidad a todos los problemas de los hombres y de frescura y belleza permanente en todas las épocas.

Toda expresión de arte contiene en si algunas características de todos los demás; un cuadro es un sermón, y una sinfonía es una filosofía. Cuando Buddhi da su mensaje, la religión es ciencia, y el arte, filosofía. El plano mental inferior de pensamientos concretos es donde la unidad se rompe en diversidad; y el que no puede sentir la unidad a través de una expresión concreta ve contradicciones entre las de esta clase.

El hombre, el pensador, el amador, el hacedor, cuando el Buddhi esta despierto en él, hace de si una unidad que no puede manifestar sino en el plano Búddhico.

La humanidad aprende a conquistar a AQUEL, que existe fuera del tiempo y del espacio, empleando el tiempo y el espacio. Hasta ahora, nuestro instrumento mas elevado de cognición es el arte creativo. Como sus variados aspectos se relacionan mutuamente, es uno de los problemas de la filosofía, y uno de los modos de esta relación la sugiere la figura 3


Figura 3

En la literatura del tipo más elevado tenemos un brillante dibujo de palabras y una dramatización gráfica de hechos e ideas. El desarrollo de las artes en literatura varia según se trate del valor-tiempo o valor-espacio. Por el lado del tiempo la literatura conduce al drama, y el drama tiende a la poesía, y la poesía por sus inherentes cualidades musicales lleva a la música. Del lado del espacio la expresión gráfica de las palabras esta ligada con la pintura, la pintura de dos dimensiones se eleva a la expresión tridimensional en la escultura y la escultura a las prodigiosas concepciones abstractas de ritmo y belleza que da la Arquitectura.

No es difícil de ver como el drama, narrando los sucesos en el tiempo, se relaciona con la pintura, que describe sucesos en el espacio. La escultura es como una poesía muda, puesto que esculpe imagen tras imagen con material de la imaginación. La declaración de Goethe y Lessing de que la Arquitectura es música congelada nos da la clave de la relación que hay entre la Música y la Arquitectura.

Todas las formas de arte conducen a la conciencia del hombre a prender los valores de vida que la Mónada encuentra en el plano Búddhico. El sentido artístico de la humanidad es rudimentario aun, pero con el crecimiento de la Fraternidad se sentirá más en la vida del arte. Por otro lado, con el despliegue del sentido artístico en los hombres aumentara el poder de realizar la Fraternidad.

Finalmente, cuando lleguemos a los últimos límites de creación artística y empecemos a sentirnos con poderes y efectividades que ni en el arte más elevado encuentran su expresión, habremos llegado al conocimiento de las actividades que caracterizan a la Mónada en su verdadero plano de Atma.

Pero como habremos de unir Nirvana con nuestra tierra en un mismo campo de acción es misterio del porvenir.


Comprender plenamente la evolución de la conciencia es descubrir el misterio de la naturaleza de Dios. Y, puesto que toda vida es ÉL y nosotros también somos fragmentos de ÉL, al crecer en conciencia LE descubrimos a ÉL y nos transmutamos en su imagen y al descubrirle a ÉL nos descubrimos a nosotros mismos.

Este es el misterio de la conciencia: que la parte es el Todo. Pero saberlo es una cosa y serlo otra. Ser el Todo solo es posible actuando como el Todo; y esto se realiza dándonos tan plena y francamente a todo dentro de nuestra pequeña esfera de existencia, como el Todo da de si a todo dentro de la vasta de la SUYA.

Parece increíble que nosotros hayamos de ser capaces de imitar al Todo. Sin embargo, por ser este nuestro destino, nos ha enviado de si a vivir nuestras vidas, separadas. Que la única vida digna de vivir es la comunión en su eternal Sacrificio lo atestiguan todos los que han venido de ÉL y han vuelto a ÉL.


Dr. Quantum y La tierra plana

Video visto originalmente en el Blog de Mauricio Orellana S.

Bibliografía de términos usados:

Âdi (Sánscrito).- Primero, primitivo, primordial [supremo; principio; origen; nacimiento].


Anupâdaka (Sánscrito).- Anupapâdaka y también Aupapâduka. Significa: “sin padres”, “que existe por sí mismo”, agénito, nacido sin padres o progenitores. Témino aplicado a ciertos dioses autocreados y a los Dhyâni Buddhas. (Véase Avatâra. [An-upâdaka “sin receptor”. El elemento radical de la materia que está por encima del Âkâza, así llamado porque no existe todavía ningun órgano o “receptor” desarrollado por la humanidad para ello. Bhagavân Dâs: La Ciencia de la Paz.]


Aseka o Asheka.- En el budismo, se designa con este nombre a aquel que no tiene ya que aprender nada más: un individuo de la jerarquía superior a la del Arhat. “Cuando el hombre ha alcanzado este nivel, adquiere el más pleno dominio sobre sus propios destinos y elige su futura línea de evolución”. (The Vâhan). – (P. Hoult).


Buddhi (Sánscrito).- Mente o Alma universal. Mahâbuddhi es un nombre de Mahat (véase Alaya). Es también el Alma espiritual del hombre (el sexto principio), el vehículo de Âtman, exotéricamente el séptimo. [Buddhi es la facultad que está por encima de la mente razonadora, y es la Razón pura, que ejerce la discernidora facultad de la intuición, de discernimiento espiritual.] (A. Besant). –Es el Yo espiritual, intelecto, entendimiento, conocimiento, intuición, discernimiento, razón; el poder pensante por sí mismo, independiente de las impresiones venidas del exterior, la facultad de juzgar, discernir y resolver; la potencia que transforma en conceptos claros y perfectos las impresiones procedentes de los sentidos por intermedio del Manas y Ahankâra. (Véase: Filosofía Sânkhya).-

Por su grande importancia, el Buddhi es calificado de “gran Principio” (Mahat tattva) o simplemente mahat (grande). –Tiene dicha palabra muchas otras acepciones: mente, ánimo, pensamiento, conciencia, juicio, percepción, intención, resolución, sabiduría, enseñanza, doctrina, etc. A veces equivale a voluntad.]


Logos (Griego).- La Divinidad manifestada en cada nación y pueblo; la expresión exterior, o el efecto de la Causa que permanece siempre oculta o inmanifestada. Así, el lenguaje es el logos del pensamiento; por esto se traduce correctamente con los términos “Verbo” y “Palabra” en su sentido metafísico. [Saliendo de las profundidades de la Existencia Una, del inconcebible e inefable Uno, un Logos, imponiéndose a sí mismo un límite, circunscribiendo voluntariamente la extensión de su propio Ser, se hace el Dios manifestado, y al trazar los límites de su esfera de actividad, determina también el área de su Universo. Dentro de dicha esfera nace, evoluciona y muere este universo, que en el Logos vive, se mueve y tiene su ser. La materia del universo es la emanación del Logos, y sus fuerzas y energías son las corrientes de su vida. El Logos es inmanente en cada átomo, es omnipenetrante; todo lo sostiene, todo lo desarrolla. Es el principio (u origen) y el fin del universo, su causa y objeto, su centro y circunferencia… Está en todas las cosas, y todas están en él (como penetrante perfume que impregna el aire y todos los objetos de un aposento, o bien como el agua del mar que penetra en toda la masa de una esponja contenida en su seno. (N. del T.).


El Logos se despliega de sí mismo manifestándose en una triple forma: El Primer Logos, raíz u origen del Ser; de él procede el Segundo Logos, manifestando los dos aspectos de vida y forma, la primitiva dualidad, que constituye los dos polos de la Naturaleza entre los cuales se ha de tejer la trama del Universo: Vida-forma, Espíritu-materia, positivo-negativo, activo-receptivo, padre-madre de los mundos; y por último, el Tercer Logos, la Mente universal, en la que existe el arquetipo de todas las cosas, fuente de los seres, manantial de las energías formadoras, arca en donde se hallan almacenadas todas las formas originales que han de manifestar y perfeccionar en las clases inferiores de materia durante la evolución del universo. (A. Besant, Sabiduría Antigua).

En otros términos: De lo ABSOLUTO, o sea Parabrahman, la Única Realidad, Sat, que es a la vez Absoluto Ser y No-Ser, procede: 1) El Primer Logos, el Logos impersonal e inmanifestado, precursor del manifestado. Esta es la “Causa primera”, lo “Inconsciente” de los panteístas europeos. 2) El Segundo Logos: Espíritu-Materia (como dice H. P. Blavatsky en la Doctrina Secreta, Espíritu y Materia, Sujeto y Objeto, no son más que dos aspectos de la Realidad única en el universo condicionado. (N. del T.)), Vida; el “Espíritu del Universo”, Purucha y Prakriti, y 3) El Tercer Logos, la Ideación cósmica, Mahat o Inteligencia, el Alma universal del mundo, el Nóumeno cósmico de la Materia, la base de las operaciones inteligentes en y de la Naturaleza, llamado también Mahâ-Buddhi. (Doctrina Secreta, I, 44). (G.T. H.P.B.)


Nirvana (Sánscrito).- Según los orientalistas, es la completa “extinción” o “apagamiento”, como la llama de una bujía, la extinción total de la existencia. Pero, según las explicaciones esotéricas, es el estado de existencia y conciencia absolutas en que el Ego del hombre que, durante la vida, ha llegado al más alto grado de perfección y santidad, entra después de la muerte del cuerpo, y algunas veces, como en el caso de Gautama Buddha y otros, durante la misma vida. [Absorción, fusión, disolución, extinción, aniquilamiento, liberación; beatitud o bienaventuranza eterna, existencia espiritual abstracta; aniquilación de las condiciones de la existencia individual; extinción, fusión o completa absorción del Yo (o Espíritu individual) en el Espíritu universal, del que es una parte.

–Una vez terminada la evolución en este mundo, agotadas todas las experiencias y conseguida la plena perfección del Ser humano, el Espíritu individual, o Yo interno, enteramente libre para siempre de todas las trabas de la materia, vuelve a su punto de origen, abismándose y fundiéndose en el Espíritu universal, como gota de agua en el inmenso océano. En esa fusión se aniquila por completo la humana personalidad, con todo su cortejo de ilusiones, apegos, afanes, deseos, pasiones y dolores; pero no la individualidad; el hombre deja de existir como hombre, para existir como Dios en un estado de reposo consciente de la Omniscencia, en una condición perpetua de inefable y absoluta bienaventuranza. “En esta bienaventurada Nada gusta el alma paz divina”, según expresaba el gran místico S. Juan de la Cruz.

El abismarse en el Espíritu divino –dice el Brihadarânyaka– es como echar un terrón de sal en el mar; se disuelve en el agua (de la cual se había extraído), sin que pueda sacarse otra vez. La voz Nirvâna es sinónimo de Mokcha. No se confunda con el Svarga ni con el Devachan. –Véase: Nirvâni y Paranirvâna.] (G.T. H.P.B.)



1. Plano de Adi (Mundo Divino)

2. Plano de Anupadaka (Mundo Monádico)

3. Plano Nirvanico (Mundo Espiritual)

4. Plano Búddhico (Mundo Intuicional)


H.P.B.: Una reivindicación necesaria

En el mes de mayo se cumple un aniversario más de la muerte de Helena Petrovna Blavatsky, conocida como H.P.B. por sus discípulos y amigos, fundadora de la Sociedad Teosófica, figura enigmática dotada de extraordinarios poderes y entusiasta difusora del antiguo y tradicional espiritualismo en el Occidente materialista del siglo XIX.


Desaparecida en 1891, dejó tras de sí un rastro de misterio que en nada diluyen las biografías que sobre ella se han escrito, ni las que la elevan a la altura de sus grandes Maestros ni las que intentan hundirla en una espesa masa de críticas.

Desde las páginas de esta Revista le hemos dedicado numerosos artículos destacando su obra prodigiosa, su saber incomparable y la lealtad de una existencia dedicada al servicio de sus Maestros. De todos modos, siempre nos faltaría espacio y tiempo para elogiarla suficientemente y siempre habría un nuevo matiz que señalar para enriquecer aún más su personalidad.

Sin embargo, en esta oportunidad queremos detenernos en un aspecto de la vida de H.P.B. que, si se ha considerado, ha sido para repetir sin más las versiones «oficiales» al respecto. Nos referimos a las terribles críticas que tuvo que sufrir por parte de aquellos que no la comprendieron, que jamás tuvieron fe en ella o que -por qué no decirlo- sucumbieron a la envidia y a los celos.

Críticas, prensa «amarilla», denigración, descalificación e infundios parecen métodos modernos y propios de nuestras últimas décadas del siglo XX. Pero lo triste es que en nada somos novedosos, ni siquiera en estas fórmulas de destrucción moral y psicológica.

Un personaje como H.P.B., extraña e incomprensible como mujer, como filósofa, como mística, como escritora, en su conjunto total, desató las más encontradas reacciones a su paso: amores y fidelidad, envidias y traiciones, todo menos frialdad y desinterés.

Es difícil y complejo seguir la ruta de su vida desde que a los 17 años abandonó al marido de casi 70 que le impusiera su familia. Viajes y más viajes, idas y venidas, aparentes marchas y contramarchas marean al investigador que en muchas ocasiones pierde incluso las huellas hallándose ante un vacío de datos que aparecen como deliberadamente ocultos a los ojos de la vulgar curiosidad.

Citando a uno de sus biógrafos, P.A. Sinnet, apuntamos: «Raramente descubriríamos motivos vulgares en sus actos, y frecuentemente ni ella misma era capaz de decir “por qué”^ se disponía a ir allá o acullá en determinado momento. El motivo inmediato de sus procederes serían las órdenes recibidas por ocultos conductos de percepción, y a pesar de cuan rebelde e indómita había sido en su mocedad, una “orden” de su “Maestro” bastaba para determinarla a emprender el más ingrato viaje, con paciente confianza en su buen resultado, y la seguridad de que cuanto quiera le fuese así ordenado tendría óptimas consecuencias.»

Y continúa exponiendo Sinnet que no sólo llamaban la atención sus insólitos viajes, sino también algunos aspectos de su carácter, algunos errores derivados de un exceso de confianza hacia personas de poca calidad y detalles similares que en principio no encajaban con la condición espiritual de H.P.B. y la obra que le había sido asignada. Al decir de Sinnet, estas situaciones o actitudes inexplicables para el profano, respondían a razones no siempre comprensibles derivadas de la estrategia general de los Maestros que dirigieron tanto la tarea de divulgar los auténticos conocimientos esotéricos, como la evolución individual de H.P.B. en tanto que discípula.

A la luz del tiempo transcurrido el resultado de su vida puede interpretarse como un fracaso si se quiere: la Sociedad Teosófica nunca llegó a detentar la relevancia soñada por sus fundadores; la misma H.P.B. tuvo que fundar otros grupos de carácter más interno para lograr la correcta captación y vivencia de sus enseñanzas; la gente de su época no supo valorar sus esfuerzos y, al contrario, los relacionó con ocultas y malignas intenciones. Pero en verdad hubo una semilla fuertemente imbricada en la civilización de estos dos últimos siglos que deja entrever un desarrollo de insospechado esplendor en un futuro no muy lejano.

Muchos conceptos olvidados para Occidente volvieron a adquirir actualidad, se dio cabida a múltiples investigaciones psicológicas y parapsicológicas, la vida y la muerte se enfocaron con una mirada mucho más filosófica y el hombre interno pudo recuperar su sitio como raíz de las manifestaciones externas.

Lo doloroso en el caso de H.P.B. y de otros muchos pioneros del saber, fueron las reacciones inmediatas, las batallas de críticas y juicios que desataron a su alrededor, sobre todo en los últimos años de su existencia, precisamente cuando tenía entre manos la gestación de su monumental Doctrina Secreta.

Ella, que fue duramente acusada de falsificar fenómenos mediumnímicos para atraer la atención de la gente o para su propio beneficio económico, escribía a su hermana en 1875: «Cuantos más mediums veo (pues los Estados Unidos son un verdadero plantel, el más prolífico semillero de mediums y sensitivos de toda clase, tanto auténticos como artificiosos), más claramente advierto el peligro que rodea a la humanidad.»

Bien es cierto que cuando H.P.B. tuvo que dar a conocer las finalidades espiritualistas de la Sociedad Teosófica, no tuvo más remedio que emplear sus propios poderes para emular el espiritismo que tan de moda estaba entonces en los Estados Unidos y tan relacionado con todo lo que se consideraba misticismo. Pero siempre dejó muy clara la diferencia entre un caso corriente de mediumnidad (en el que el medium es «objeto» inconsciente del «espíritu» que lo anima) y el poder de convocar y entenderse con los espíritus conscientemente, aunque la falta de preparación y conocimientos por parte del público no permitió establecer esa distinción con exactitud.

No obstante, la cantidad de relatos y testigos válidos sobre los poderes extraordinarios de H.P.B., indican que la capacidad de esta mujer excedía en mucho a la del mejor espiritista de su época. Y si hubiera querido preparar «montajes» espectaculares, le hubiera bastado con optar por los más sencillos y no por los más difíciles e inexplicables.

Otra de las duras críticas con que la asediaron fue la de haber «inventado» a los Maestros de Sabiduría que la dirigían para dar mayor peso y verosimilitud a la Sociedad Teosófica. Sin embargo, mucho antes de haber fundado esta Sociedad, H.P.B. ya habló de sus Maestros en general y de «su» Maestro en particular, al que reconoció en Londres el día en que cumplió sus veinte años… Al contrario, si hubieran sido obra de su fantasía, no hubiera desplegado tanta energía para hacer que sus mejores discípulos entraran en contacto con Ellos. Algunos lo consiguieron y otros no…

El Coronel Olcott, co-fundador de la Sociedad Teosófica, hombre de gran valor militar y jurisconsulto de profesión, no tuvo reparos en admitir la realidad y el impulso civilizador que otorgaban estos Maestros, tanto como para decidirse a sumar fuerzas y ponerse al lado de H.P.B. Pero los débiles e ineptos, los que no fueron capaces de desprenderse del egoísmo personal en aras de un auténtico desarrollo espiritual, prefirieron negar la existencia de los Maestros antes que admitir su propia incapacidad y fracaso.

La forma de ser de Blavatsky, generosa y sincera, le atrajo asimismo poderosos enemigos. Y es que ni ahora ni entonces fueron bien vistas la verdad y la franqueza. La sociedad rechaza a quien muestra sus errores y fisuras, a quien deja de lado los convencionalismos absurdos y cristalizados y esgrime sin temor sus propias ideas. Nunca faltaron mártires por tales causas…

Sumemos a todo esto la libertad con que trató a los nativos una vez que se instaló en la India en 1878. Aunque partidaria del gobiemo inglés para el estado socioeconómico en que se vivía en aquel país (y no por inclinaciones políticas sino humanitarias), no por eso dejó de defender y estar en contacto constante con los indios, apoyándolos cada vez que lo creía justo, y atrayéndose con ello la poca estima de todos los residentes ingleses. Esto le valió ser sometida a un espionaje policial que de nada sirvió, salvo para que H.P.B. ejercitara su sarcástico sentido del humor y la ironía irritante de sus expresiones despectivas hacia quienes buscaban culpas y delitos inexistentes.

Si bien es cierto que solía encolerizarse contra las injurias y las calumnias que se publicaban en la prensa o que a veces le llegaban directamente por cartas, también es verdad que su espíritu no quedaba mucho tiempo atrapado por estas circunstancias y en cambio volaba en pos de ideas elevadas, trabajos y conversaciones que reflejaban sin lugar a dudas su elevación interior. No se puede afirmar que gozara de un carácter dulce y apacible, sumiso a las exigencias de su época; al contrario, presionada por su itinerario discipular interno y secreto, y al mismo tiempo obligada a mantener un trato constante con su mundo circundante, caía en extremos de conducta que iban de la máxima comprensión a la máxima irascibilidad, extremos difíciles de entender para quienes sólo mantuvieron con ella un trato superficial.

Para ayudar a la Sociedad Teosófica en la India y a la vez ganar su propio sustento, comenzó a editar y escribir una revista mensual, El Teósofo, realizada con mínimos cargos por algunos miembros de la mencionada Sociedad. Esto bastó para que la prensa adjudicara a los fundadores de la Teosófica sustanciosas ganancias en base a la «explotación» de los «adictos». Parece que ni entonces ni ahora cabe en la mente de los mercenarios el trabajo voluntario y desinteresado por una causa que se concibe libremente justa y noble…

Cuesta admitir que fuera una persona sin escrúpulos y amante de las riquezas, por cuanto pasaba la mayor parte del día trabajando, escribiendo desde primeras horas de la mañana artículos y traducciones que enviaba a revistas rusas, cartas para las distintas secciones y personas de la Sociedad Teosófica y atendiendo a decenas de visitantes que acudían a ella por mil y un motivos. Lo suyo no era precisamente acostarse temprano ni levantarse tarde. Lo suyo no fue acumular fortuna ya que la muerte la sorprendió con apenas lo que llevaba puesto.

Durante los años 1882 y 1883 arreciaron los ataques e insultos de toda índole, fundados como siempre en estos casos no en las ideas o acciones de H.P.B., sino en sus supuestos fraudes económicos, desconociendo por conveniencia que había aportado todos sus bienes personales a la causa de la Teosofía. Artículos difamatorios y respuestas por su parte ocuparon desgraciadamente buena parte del tiempo de H.P.B. y de sus fieles amigos.

Hallándose muy enferma y casi convencida de que moriría muy pronto, escribió una carta al matrimonio Sinnet, antes de partir hacia los Himalayas por requerimiento de sus Maestros: «Adiós a todos, y si me muero antes de veros, no me creáis “impostora”, porque juro que os dije la verdad, aunque mucho de ella os oculté. Espero que la señora X no se deshonrará evocándome con algún medium. Dadle la seguridad de que si alguien se aparece, no será nunca mi espíritu ni nada mío, ni siquiera mi cascarón, que murió hace ya mucho tiempo. Vuestra todavia en vida: H.P.B.»

Superó su enfermedad y abandonó la India. Desde 1883 empezó otra serie de viajes: Francia, Inglaterra, Alemania… Allí donde estaba, y a pesar de su disgusto por los fenómenos, se veía rodeada de situaciones extraordinarias que fueron presenciadas y corroboradas por muchas personas, algunas de las cuales no dudaron en retractarse luego de aquello que habían visto, atribuyéndolo a un simple (?) fenómeno de hipnosis colectiva.

Objeto de ingratitudes inimaginables, H.P.B. tuvo que soportar la traición de los esposos Coulomb, a los que en su momento había acogido en su casa de Bombay y luego en Madrás cuando carecían de todo medio de vida. Sin embargo, este matrimonio se dedicó a falsificar unas cartas y atribuirlas a H.P.B., enviándolas para su publicación a la revista Christian College Magazine. Allí se afirmaba la complicidad entre los tres -los Coulomb y H.P.B.- para montar fenómenos parapsicológicos fraudulentos que asombrasen al público y poder así obtener copiosos fondos. Por contra, el Sr. St. George Lane Fox publicó una carta en The Times, puntualizando la mala conducta del matrimonio Coulomb en la residencia de la Sociedad Teosófica en Adyar, de la que fueron despedidos como conserjes por sonsacar dinero reiteradamente a los socios.

La notoriedad de estas difamaciones motivó que la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres designara al Sr. Richard Hodgson para viajar a Madrás y averiguar sobre el terreno la veracidad de lo expuesto en las cartas de los Coulomb. Hodgson llegó a Madrás en noviembre de 1884 y se quedó allí hasta abril del año siguiente; de regreso a Londres ofreció un informe totalmente desfavorable hacia H.P.B. y la comisión designada para esta investigación dictaminó en una reunión celebrada el 24 de junio, que las cartas eran auténticas según los peritos y que, por lo tanto, era evidente la culpabilidad de H.P.B. como promotora de fenómenos fingidos para favorecer el mantenimiento de la Sociedad Teosófica.

De entonces datan muchas cartas de nuestra filósofa, quejándose de los métodos empleados en la investigación, del haber interrogado sólo a sus enemigos, de recortar párrafos extrapolados de cartas, de acusarla sin fundamentos de «espía rusa» confundiendo un manuscrito escrito en la antigua lengua «zenzar» con documentos en clave… «Es inútil todo intento de convencer con la palabra o con la pluma a gentes que me creen culpable. No cambiarían de opinión… Deben de ser muy famosos peritos los que dieron por auténticas las cartas de los Coulomb. El mundo entero podrá inclinarse ante su dictamen y sagacidad; pero al menos hay en este ancho mundo una persona a quien nunca convencerán de que escribió aquellas estúpidas cartas, y esta persona es H.P. Blavatsky.»

Durante los últimos meses de 1885, H.P.B. comenzó a dar forma a su Doctrina Secreta. Se hallaba inspirada y confiaba plenamente en la importancia de esta obra. Sin embargo, a finales de ese año le hicieron llegar una copia del «Informe Hodgson» publicado en las Actas de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas. Su reacción fue tremenda y el dolor y la indignación le impidieron continuar con su labor durante un buen tiempo. Ese Informe, publicado en diciembre de 1885, en doscientas páginas en letra pequeña, estaba lleno de adiciones y enmiendas al original, plagado de incriminaciones sin pruebas o de pruebas artificiosas que intentaban demostrar, entre tantas otras cosas, la falacia de las Cartas de los Maestros recibidas en la India durante algunos años.

H.P.B. tuvo que soportar un juicio sin antecedentes en el que en ningún momento se le concedió el derecho a la defensa, apoyándose en la teoría de que las afirmaciones del fiscal eran suficiente prueba. Ella, que había hecho de su vida un libro abierto de acercamiento a las verdades espirituales, se vio reducida, ante la opinión pública, a la medida de una impostora en cuanto a cartas y fenómenos, cuando no a una espía rusa que trataba de fomentar en la India la deslealtad hacia el gobierno británico. Nuevas cartas de protesta surgidas de su pluma vieron la luz: sus argumentos eran sin duda mucho más firmes que las acusaciones sostenidas contra ella, pero ni siquiera tuvo el dinero suficiente como para entablar una querella contra la comisión y contra el investigador que tan cruelmente la habían injuriado.

Sin embargo, la Historia tiene caminos insospechados y respuestas que, aunque tarde, arrojan luz sobre las injusticias. Lo lamentable es que haya que esperar mucho tiempo, a veces siglos, para reparar una falsa acusación cuando ya no existen acusados ni acusadores y cuando la incidencia en la opinión pública no tiene la misma dimensión que en el momento de ocurridos los hechos. Hoy podemos leer el perdón concedido a Galileo, pero nadie puede borrar el sufrimiento de Galileo en el momento en que tuvo que ceder ante sus detractores…

En una biografía titulada Helena P. Blavatsky o la respuesta de la esfinge del autor francés Noel Richard-Nafarre, encontramos una interesante y prácticamente desconocida noticia sobre la retractación del Informe Hodgson. Tras cien años, y a instancias mismas de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, se ha revisado el Informe antes citado y se han refutado los procedimientos empleados así como las conclusiones obtenidas.

En el mes de abril de 1986 apareció en el periódico de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas la primera refutación del famoso Informe difamatorio de diciembre de 1885 publicado en el mismo órgano de difusión.

La revisión y refutación del Informe estuvo a cargo del Dr. Vernon Harrison, miembro también de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, quien tomó a su cargo esta labor a fin de dejar en descubierto el conjunto de falsedades que tanto daño hicieron a la imagen de H.P.B. y que tanto material facilitaron a sus detractores.

V. Harrison presenta el trabajo de Hodgson con las siguientes palabras: «Durante años Hodgson ha sido considerado como el ejemplo de un perfecto investigador en el terreno psíquico, y su informe como un modelo de lo que debe ser un informe sobre la investigación psíquica. Yo mostraré, por el contrario, que el Informe Hodgson es un documento altamente partidario, al que no puede reconocerse ningún derecho de imparcialidad científica. Es la requisitoria de un comité de acusación que no duda en seleccionar las pruebas convenientes para su interés, ignorando y suprimiendo todo lo que tiende a contradecir su tesis. La palabra de la defensa jamás ha sido escuchada».

Esta nueva publicación de 1986 afirma: «En esta edición de nuestro periódico, que sale casi exactamente cien años después de la publicación del Informe Hodgson, nos sentimos felices -en interés de la verdad y para enmendar honorablemente cualquier ofensa de la que pudimos ser causa- de publicar asimismo el análisis de un experto en escritura. Su experiencia es particularmente pertinente en esta oportunidad, pues el Informe Hodgson se refiere al origen de ciertas cartas que declara haber sido falsificadas por la misma Mme. Blavatsky.»

El redactor en jefe de este periódico confirma la competencia del autor: «El Dr. Vernon Harrison, antiguo presidente de la Real Sociedad de Fotografía, ha sido durante diez años director de investigaciones en Thomas De La Rue, impresor de billetes de banco, pasaportes y sellos, etc…, al punto de que probablemente no haya gran cosa que ignore respeto de la falsificación.»

El mismo Harrison clarifica su posición ya que no intenta pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad de H.P.B., ni tampoco hacerlo sobre el contenido de las Cartas de los Maestros; entiende que ésta sería una tarea apasionante aunque muy difícil dado el tiempo transcurrido desde entonces y la carencia actual de pruebas y testigos. En todo caso, llevado por su espíritu de justicia, denuncia la incorrección con que fue elaborado el Informe Hodgson y que, desde el punto de vista del derecho, las incriminaciones imputadas a H.P.B. no han sido probadas en ningún momento.

Harrison relaciona su refutación con el famoso caso Dreyfus y el «Yo acuso» que se lanzó en aquel momento. También viene a nuestra memoria aquella sentencia de Don Quijote no menos famosa y significativa: «Ladran Sancho, señal de que caminamos.» Y es que siempre ha habido distintos tipos de perros y, por consiguiente, de ladridos; está el noble animal que ladra de alegría en presencia de su amo o el que intenta protegerlo de todo mal anunciándolo a voces. Pero hay perros que no son tales y que sólo gritan ante los que avanzan: son como muñecos inválidos y sin vida que protestan por todo lo que es diferente de ellos.

Indudablemente es positivo y reconfortante que, aunque cien años después, se pueda restituir la memoria de un personaje de la talla de H.P.B. despojándola de las falsas injurias que en su tiempo le hicieron tanto daño. Pero sería mucho más positivo para la humanidad apreciar las cosas en el momento justo, libre de prejuicios y de estrechez mental. A veces la justicia fuera de lugar es igual a la injusticia, y la injusticia, dependiendo de quién viene, es lo mismo que un elogio.

Sé que a H.P.B. Ie sobran argumentos proporcionados por su misma vida para que esta sencilla apología quite o agregue algo a su merecido valor. A ella no le hacen falta estas palabras, pero a nosotros sí. Por eso las escribimos en este mes de mayo en que, como nunca, más que su muerte, experimentamos la presencia siempre viva de sus enseñanzas.



Escrito original de:

Delia Steinberg Guzmán.