Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Wu Tao-tzé


Tao-tzé fue uno de los máximos pintores de China. Su última pintura, según la leyenda, fue un paisaje que le encargara el Emperador para una de las paredes de su palacio.

El artista ocultó la obra completa con una cortina hasta el arribo del soberano, corriéndola entonces para dejar a la vista su pintura.

El emperador observo admirado una escena maravillosa: bosques y grandes montañas, y nubes en inmensas distancias de cielo, y hombres sobre las columnas, y pájaros en vuelo.

-Mira –dijo el pintor-, en la cueva, al pie de la montaña, mora un espíritu.
Al golpear las manos, la puerta de entrada a la cueva se abrió.

-El interior es bello más allá de las palabras –continuó-; permíteme mostrarte el camino.

Diciendo esto pasó al interior; la puerta se cerró tras él, y antes que el atónito Emperador pudiese hablar o moverse, todo se desvaneció en la blanca pared, ante sus ojos, sin que quedase rastro alguno del pincel del artista.

A Wu Tao-tzé no se le vio más.


Timelapse del amanecer en los Montes Huang, en China.




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