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Los últimos grillos

stos grillos que todavía es posible oír hoy son los últimos que han quedado de la exterminación estival. Son los supervivientes. De las puestas de huevos de estos grillos nacerán, en abril, los grillos tempranos, que aparecerán con las codornices y las cogujadas (…).

Ahora entrarán en su estado de letargo invernal y cuando regresen los largos crepúsculos inciertos de la primavera nos presentarán su melopea, que será monótona y un poco agria, como corresponde a su ineluctabilidad.


Josep Pla, ‘Otoño: los últimos grillos’


ías de aire seco y sol claro. Y al caer la tarde, la dulce llamada de los últimos grillos del verano.

El otoño está ahí, a unos días. Las noches ya refrescan. Pero el tenaz rascar de los grillos, el más estival de todos los sonidos del campo, pasa de una estación a otra, nos acompaña todavía en nuestros paseos nocturnos.

Un búho real ladra desde el fondo de la noche, volando de un posadero hacia otro por una ladera arbolada. Lo hace con una voz aguda, que en nada recuerda a su lúgubre llamada territorial.

Al tiempo, ulula un cárabo, ave de paso en estas fechas por casi cualquier tipo de bosque. Y también este lo hace con una voz distinta, áspera, fantasmagórica. Salta un corzo de sopetón, asustado, con un ladrido bronco que asusta a cualquiera.

Muy lejos, más allá del búho real, más allá del cárabo, se propaga otro ladrido, el de la melancolía de un zorro.


Todo esto sucede en un paseo bajo la luz de la luna, enmarcado entre las llamadas dulces, líquidas, más o menos decididas de los últimos grillos del verano.


Por Carlos de Hita





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