Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Filosofía para vivir (I)

Introducción

 

ablar hoy de vida, de vivir, de Filosofía para vivir, adquiere, tal vez, un significado muy profundo porque en estos últimos tiempos nos hemos acostumbrado-desgraciadamente-a que todos los días nos lleguen noticias de destrucción, de muertes, de sufrimiento. Ante esta avalancha que nos cae se nos hace muy necesario plantearnos una vez más la importancia de la vida.


De esto quiero hablar hoy, no de muerte sino de vida. Y, además, aportando una fórmula para la vida, una fórmula muy vieja que se ha utilizado durante siglos y siglos, y es la Filosofía: la Filosofía para la vida, la Filosofía para vivir.

No quiero aburrir a nadie con las mil y una definiciones que se podrían dar sobre Filosofía. Estas definiciones dependen mucho de la época, dependen del filósofo, de si se ha enfocado con el criterio del pensamiento oriental o con una mentalidad occidental, o si a la Filosofía se le da un valor de un tipo o de otro tipo. Es muy difícil encontrar una definición que nos satisfaga.


Por eso me voy hacia atrás, a más de 2500 años, y recurriré a la definición que se atribuye a Pitágoras, tan simple que todos la podemos tener en cuenta, porque Pitágoras no pretendía definir la Filosofía sino que contestó a una observación que alguna vez le hicieron sus discípulos.

Se cuenta que quienes rodeaban a Pitágoras y escuchaban sus enseñanzas estaban tan admirados de su profundidad, de su manera de enfrentar la vida y sus misterios que, llevados por esta admiración, le dijeron: –Maestro, tú eres realmente un sabio. Y él respondió: –No, yo no soy un sabio, yo no soy sophos, yo soy solamente un filo sophos; yo soy un amante de la sabiduría, un buscador de la sabiduría.

Así, según la tradición, se acuñó esta palabra, «Filosofía», que significa, ni más ni menos, amar el conocimiento, buscarlo, no sentirse poseedor de él, sino ir detrás de algo que sabemos que existe, aunque tendremos que ver dónde está y cómo lo podemos encontrar.


Este concepto de amor a la sabiduría es el que sirve de fundamento para lo que vamos a denominar Filosofía a la manera clásica, y no simplemente Filosofía clásica. Si habláramos de Filosofía clásica nos podríamos remitir al clasicismo de muchísimas culturas, porque cada civilización, cada pueblo, ha tenido su período clásico, elevado, de oro.

Para nosotros, en Occidente, hablar de Filosofía clásica es remitirse a la Grecia clásica, a la Grecia de los grandes filósofos, de un Sócrates, de un Platón, de un Aristóteles, y de todos los que vinieron después, y de todos los que estuvieron antes. Pero esa Filosofía clásica nos ceñiría a un tiempo, a una época.

 

Nosotros optamos por a la manera clásica. ¿Qué significa a la manera clásica? Significa esa manera de vida que ha llevado a todos los pueblos a un período clásico, de oro, a su punto culminante. Es buscar el denominador común que ha permitido a todas las civilizaciones llegar a ese momento tan especial y elevado. ¿Cómo lo han hecho?

Buscando la sabiduría de una manera amplia, general, haciendo de la Filosofía algo que se pueda aplicar a todos los campos de la vida y no solamente a un núcleo determinado de definiciones o a una parte específica del pensamiento.

Busto de Pitágoras, de la Villa Papiri de Herculano.


 

 

odos los pueblos que han llegado a una Edad de Oro han empleado su Filosofía como un abanico inmenso que se despliega y abarca todo, y que puede encontrar soluciones, respuestas, vías de acción para cualquier actividad humana. Por eso nos interesa una Filosofía para vivir a la manera clásica, una Filosofía que haga despertar en nosotros también una cumbre, un espíritu clásico, un estado superior, una chispa de oro.

Esta Filosofía a la manera clásica es la de las grandes preguntas y la de las necesarias respuestas. Está bien preguntarse, todos nos hacemos preguntas, pero no podemos vivir solo de preguntas. Vivir de preguntas es como acercarse a una mesa bien servida, repleta de manjares, pero no poder comer ninguno.

Todos nos hacemos preguntas, pero lo que realmente nos alimenta es la respuesta.

Esta naturaleza inquieta del hombre, que lo lleva a plantearse interrogantes, es algo ancestral, muy antiguo. Desde que el hombre es hombre se hace preguntas. Y si hoy nos parece que ha dejado de hacérselas, no nos engañemos. Sigue teniendo las mismas inquietudes.

Sucede que algunos están muy cansados de no encontrar respuestas y, ante ese cansancio, optan por olvidar sus preguntas.

Otros están cansados de encontrar muchísimas respuestas, tantas que no saben qué hacer con ellas; tantas que varias son contradictorias entre sí, y cuando uno no sabe qué elegir ni cuál de estas respuestas es la que vale, las deja todas de lado.

Otros están cansados de que nadie les muestre un camino práctico, simple, para encontrar las respuestas, ya que también hay que aprender a encontrarlas. Si, como en todas las cosas de la vida, no tenemos a alguien que nos enseñe a hacerlas, alguien que nos indique por dónde ir, o cuáles son las respuestas, cómo encontrarlas y qué hacer con ellas, pasamos de largo sin advertir que tenemos preguntas importantes.

No pensemos que hoy la gente ha perdido el interés o que carece de inquietudes.

No. Simplemente, se han cansado, y hay que devolverles una esperanza a través de una Filosofía que sea tan atemporal, tan sin-tiempo y tan sin-moda como esas mismas preguntas, humanas, de siempre, que no siguen ninguna moda.


Para responder a esas preguntas profundas, íntimas, no podemos recurrir a una Filosofía de moda. Tenemos que recurrir a una Filosofía atemporal. La que está de moda nos va a decir hoy una cosa y mañana otra. Además, para estar de moda hay que ser original. Para estar de moda, no se puede decir lo que dijo otro.

Una Filosofía atemporal no puede estar de moda ni puede pertenecer a nadie.

Una Filosofía atemporal que responda verdaderamente a nuestras inquietudes, además de no estar sujeta a la moda, tiene que ser práctica, muy práctica.


Cuando tenemos una inquietud y nos ofrecen una respuesta, hay que poder llevarla a la vida. Si una respuesta es práctica significa que es vital, que la puedo introducir en mi manera de vida. Si no puedo hacer nada con esa respuesta, ¿para qué la quiero? Si la respuesta no va a pasar nunca más allá de mi mente, ¿para qué la quiero?

Si la respuesta no resuelve mis problemas ni mis dolores, ¿para qué la quiero?

Esta es, pues, una Filosofía para la vida, práctica, atemporal. Es la que, creo, buscamos todos…


 

I) Filosofía para Evolucionar


“Toda la vida es un largo viaje y la velocidad
no es más que una ilusión; no importa el carruaje
que usamos, sino el camino que andamos.”

D. S. G.


La evolución, una necesidad del alma

omo filósofos, no nos satisface la idea de una Humanidad estática, sometida al logro de avances materiales, pero sin mayores modificaciones internas. La evolución se impone como algo necesario y admirable, como un camino más o menos largo según nuestro deseo de andar, y con unas metas tan altas como grandes son esas escondidas aspiraciones del alma que se manifiestan en vagas intuiciones despojadas de palabras.

Todo ello, enmarcado en el maravilloso e inevitable concepto de Destino.


Un camino largo o corto: depende de nosotros.

Respecto a la longitud de nuestro camino, debemos recapacitar y constatar que el camino será tan largo como lenta sea nuestra decisión de evolucionar realmente.

Si jugamos a «ser» mientras seguimos manteniéndonos en la inopia de todos los días, el camino será largo, muy largo… Si cada día, en cambio, es un tiempo precioso para hacer algo concreto en relación con nuestro despertar interior, las distancias se acortarán prodigiosamente. Y puede que tras esos pequeños logros que hemos señalado más arriba, se produzcan en nosotros transformaciones que ni habíamos llegado a imaginar.


¿En qué nos ayuda la Filosofía?

Estudiamos Filosofía para buscar la sabiduría que nos falta, para descubrir paulatinamente las leyes que rigen la vida y, por lo tanto, a nosotros mismos. Para gobernar nuestras personalidades y hacerlas más armoniosas y para ofrecer a los demás el resultado de nuestras experiencias, evitándoles, si es posible, dolores innecesarios.

Para conocer el porqué de tantos hechos que aparentemente resultan incongruentes: dolor, enfermedad, miseria, violencia, locura, odios, miedos… Para reconocer, tras las incongruencias, ejercicios que nos pone la vida para colaborar en el avance evolutivo que pretendemos.


Para ser activos ante la Historia y no dejar pasar el tiempo en vanas lamentaciones. Para apoyarnos en los legados de la tradición y generar nuevas vías de transmisión hacia el futuro. Para despertar el sentimiento dormido de solidaridad humana y ver a todos como seres dignos de nuestra comprensión.

Para desvelar el misterio de Dios y cubrir nuestras almas con esos velos misteriosos, devolviéndolas a su patria de origen.
¿Qué hemos de ganar? ¿Hace falta mayor ganancia que la expuesta en las líneas anteriores?


¿Tener más o ser mejor?

Se trata de ser más, antes de querer tener más. Después de todo, son muchos los que vienen demostrando que se pueden tener muchas cosas, malgastarlas o perderlas en un día, pero pocos los que demuestran poseer la llave del ser interno, el control de su existencia, de sus emociones, la comprensión para el dolor, la fortaleza para las pruebas, la sabiduría para distinguir quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.


Tras una Filosofía activa

La desgraciada deformación de las ideas y de las palabras que las representan ha hecho que casi siempre se confunda la Filosofía con una actitud pasiva y meditativa, como una fórmula mental que no tiene por qué poner en marcha nuestro cuerpo físico ni influir en nuestros sentimientos.


Ser filósofo no es lo mismo que estudiar Filosofía

Una Filosofía que no se siente, que no se ama, un conocimiento que no nos conmueve, que no nos hace vibrar, ¿para qué sirve?, ¿para que vibren las neuronas? Es muy poca cosa.

Necesitamos que vibren nuestras neuronas, de acuerdo, pero también el corazón.

Necesitamos que un fuerte sentimiento acompañe todo lo que pensamos.

Y el asunto no termina allí: hace falta pensar, sentir y actuar. Y hace falta poner de acuerdo lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, y cuando esos tres elementos están de acuerdo, entonces somos filósofos, porque hay una enorme diferencia entre estudiar Filosofía y ser filósofo.


Estudiar Filosofía puede hacerlo cualquiera. Puede gustarle o no, puede entenderla o no, pero la puede estudiar. Ser filósofo es algo diferente. Es una actitud, es un arte. Sin embargo, también lo puede ser cualquiera.

Precisamente, es mucho más fácil ser filósofo que estudiar Filosofía, porque ser filósofo lo es cualquiera que se haga preguntas con una auténtica inquietud, con sinceridad, y emprenda también con sinceridad la búsqueda de las que serán las respuestas.

Lo que queremos es ser filósofos y no simplemente estudiar Filosofía.


Filosofía constructora

Proponemos una Filosofía para un ser humano constructor, para un constructor de sí mismo. Considero que este es el título más grande que pueden concedernos.

Si alguna vez nos gustara obtener una condecoración, un título, todos deberíamos pedir este de constructor, para ser constructores de nosotros mismos y de las sociedades en las cuales vivimos, para poder mejorarnos a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos.


Filosofía como amor y transformación

Si la Filosofía es amor a la sabiduría, en virtud de ese amor debe surgir el movimiento. El amor no puede quedarse quieto porque busca lo que necesita, lo que ansía.


Ser filósofo requiere movimiento, porque es:

* Un amor que siempre pide más e impulsa a andar para conseguirlo.

* Una actualización permanente de todo lo que se sabe o se cree saber. Releer lo que se ha leído, volver a escuchar lo que se cree haber entendido, porque esta nueva búsqueda proporciona nuevos tesoros.

* Una actualización permanente de los medios a emplear para conseguir los resultados propuestos. Nosotros no somos siempre los mismos, y lo que ayer pudo haber sido herramienta hoy puede ser obstáculo en el camino.

* Una revisión y transformación de sí mismo. La revisión es una forma de nacer todos los días.

* Una comprensión por quienes nos rodean, por sus sueños y necesidades.
“Hacer las cosas por uno mismo es de sabios, pero no tener de quién aprender es de ignorantes”.


La naturaleza de la Filosofía

maginemos un árbol. Su vida vegetal se expresa en una naturaleza fundamental de madera. Su tronco de madera se expande en múltiples formas de vida, en numerosas ramas que se abren en todas las direcciones. A su vez, las ramas se cargan de hojas, flores y frutos cuyas particularidades dependen del tipo de árbol.

Pero sería insensato por nuestra parte definir el árbol por la cantidad y tamaño de sus ramas, o de sus hojas, sus flores y sus frutos. Lo que nos importa es cómo se manifiestan y la relación que mantienen con su tronco, de tal forma que, sin tronco, tampoco existiría lo demás.

Así es la naturaleza filosófica. Es el tronco firme del árbol. De su estabilidad y su inalterable condición de madera, dependerán sus ramas y hojas, y la calidad de sus flores y frutos.

Si nuestro tronco es el amor a la sabiduría, la fuerza del amor dará lugar a las ramas del saber, y de allí vendrán las flores del conocimiento, que se convertirán en frutos para la Humanidad.

La naturaleza filosófica tiene la doble cualidad de buscar y de dar, de encontrar y de compartir, de ser ricos y generosos al mismo tiempo.

Continuando con el árbol, una cosa es lo que se ve y otra es la raíz que se esconde en el interior de la tierra, que constituye, sin embargo, su aspecto más importante.

Sin raíz no hay vida, y sin vida no hay Filosofía. ¿Cómo puede haber amor a la sabiduría si no hay vida? El amor es esencialmente vital, necesita raíces que lo alimenten y le permitan sobrevivir a todas las tormentas y dificultades.

Las raíces escondidas no intentan escapar de la búsqueda sincera del que participa de la naturaleza filosófica. Solamente piden una búsqueda más profunda, dirigida a las causas y no a los efectos evidentes.

 


Fuente del presente artículo: Revista Esfinge



Continuará

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