Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Lecciones de la vida y obra de H. S. Olcott

Los poderes de la verdad y el descontento: Lecciones de la vida y obra de H. S. Olcott

Por Anton Lysy



“¿Qué me hace decir esto que con la mayor seriedad y total conocimiento de esa verdad he dicho? ¿Qué es lo que me hace sentir no sólo satisfecho sino orgulloso de ser, al menos por este breve momento, el vocero y cabeza de este movimiento, arriesgándome al abuso, a la tergiversación y a cada vil asalto?

Es el sentir, dentro de mi alma, que detrás de nosotros, detrás de nuestro pequeño grupo, detrás de nuestra organización débil y acabada de nacer, hay un GRAN PODER al que nada puede resistírsele: ¡el poder de la VERDAD!”

(Cita tomada del discurso inaugural de H. S. Olcott, pronunciado en la ciudad de Nueva York, el 17 de noviembre de 1875.)



ucho antes de que el Coronel Henry Steel Olcott (HSO) conociera a Helena P. Blavatsky (H.P.B.) en el lugar donde ocurrían fenómenos espirituales en Chittendon, Vermont, en 1874, ya él venía desarrollando su pensamiento crítico en diversas áreas.

Antes de la Guerra Civil, Olcott trabajó en agricultura experimental y publicó un libro o folleto sobre el sorgo y el imphee, las variedades china y africana de la caña de azúcar. Aunque tales estudios eran esenciales dentro del creciente desarrollo del método científico durante este período de su vida, ello también nos permite vislumbrar las cualidades que definían a Olcott.

Su estudio y el conocimiento del proceso de refinación de la caña requerían discernimiento y sensibilidad para aislar las variedades en el trabajo experimental. Su intuición reflejaba también su esperanza humanitaria de poder ayudar al desarrollo de la economía de los pobres, enseñándoles a cultivar estas plantas foráneas.


Durante la Guerra Civil, Edwin M. Stanton, entonces Secretario de Guerra, nombró a Olcott como investigador de un fraude en los abastecimientos militares. El éxito de Olcott para recopilar evidencias de lo que luego se denominó como “El Carnaval del Fraude”, le confirió fama de ser un reformador competente, detallado y justo. Con esos elogios dentro de ese campo, fue designado como miembro de una comisión especial en la Oficina de Justicia Militar, y escogido para examinar la pretendida conspiración detrás del asesinato del presidente Abraham Lincoln, en 1865.


Después de la guerra, Olcott estudió leyes y aplicó las formas legales de razonamiento a asuntos de seguros e impuestos. Estableciéndose profesionalmente en la ciudad de Nueva York, retornó a su antiguo interés en el espiritismo, como periodista investigativo del diario The New York Sun.

Cuándo vio a H.P.B. por primera vez en la granja Eddy, en Chittendon, estaba preparando pruebas para averiguar si había fraude en los fenómenos espiritistas que allí acontecían. Marcó, por ejemplo, algunos gabinetes con cinta adhesiva para medir la altura de las apariciones, y registró todo el lugar para asegurarse de que no hubiera algún compartimiento secreto debajo del piso, detrás de las paredes, o en el techo, que pudiera utilizarse para simular los fenómenos. También anotó los intervalos de tiempo que había entre una aparición y otra.


Estas precauciones metódicas y sus experiencias en Vermont se recopilaron y describieron luego en People from the Other World (Personas de Otro Mundo). Olcott obviamente se sintió tranquilo con la colorida variedad de apariciones que encontró allí, y hasta describió una ocasión en que llenó su pipa de tabaco para complacer a una aparición, que era una mujer india llamada Honto que quería fumar.

… Allí estaba una humeante squaw ante nosotros, con todas sus características, con su traje, con la complexión típica de su raza, y con una apariencia espiritual que no superaba la de las mujeres que estaban en el cuarto sentadas allí y mirándola con asombro. (194)


Un indicio aún mayor del compromiso de Olcott con un amplio concepto de objetividad científica y verificación, se aprecia en la dedicatoria de su libro, a dos destacados científicos ingleses que mostraron interés en el espiritismo, Alfred R. Wallace y William Crookes.

El encuentro con H.P.B., sin embargo, llevaría a Olcott a un territorio aún más recóndito, más allá de los temas de leyes, impuestos, seguros, filosofía y ciencia. El contacto entre ambos produjo una chispa, y su química “creó un fuego aún más grande y permanente”, según el propio Coronel.

Ambos juntos personificaban dos polos contrastantes del ser: la energía, la experiencia y la intuición reunidas en esa danza alquímica; ella representando la parte esotérica, y él, el hombre de mundo.


Después de varios años como alumno de H.P.B., Olcott describiría un encuentro con el cuerpo astral de un Adepto en su libro Old Diary Leaves, de una forma totalmente distinta de sus reacciones a la ligera ante la presencia de Honto y su grupo:

… sus ojos brillaban con el fuego del alma. Su mirada era benévola y penetrante al mismo tiempo. Eran los ojos de un mentor y un juez, suavizados por el amor del padre que contempla a su hijo necesitado de consejo y guía. Era un hombre tan elevado, tan lleno de la majestuosidad de la fuerza moral, con una luz espiritual tan grande, tan evidentemente por encima de la humanidad promedio, que me sentí avergonzado en su presencia, bajé mi cabeza, e hice una genuflexión, como mismo uno lo hace ante un Dios o un personaje divino. (379)


Claramente, determinar la verdad era extremadamente importante para Olcott.

Ello parecía más bien ser parte de su carácter como buscador, y no meramente una política a seguir. Juntos, Olcott y Blavatsky formarían el híbrido corazón del núcleo de un gran plan para el desarrollo humano, que tomaría siglos para su completo florecimiento, a medida que nuestras especies vayan evolucionando lentamente para llegar a ser cuanto pueden ser. En el acto de conocerla y de aprender de ella y a través de ella, se creó un fuego entre ellos cuya chispa se propagaría a través de la sociedad que estaban a punto de crear.


Olcott comenzó a aprender con más profundidad de las singulares experiencias de su amiga rusa. Los viajes guiados de ella por todo el mundo le habían proporcionado experiencias de primera mano sobre las tradiciones esotéricas y exotéricas. A través de la gnosis que irradiaba de su presencia, una visión sin precedentes de interconexiones globales e interdependencias, comenzó lentamente a manifestarse en la interacción entre estos dos seres humanos, nacidos ambos bajo el signo astrológico de Leo. Los poderes latentes en Olcott florecerían luego viajando por el mundo por la Teosofía y el Budismo.


Esta gnosis de trascendencia se basaba en una distinción entre la comprensión de una verdad absoluta y la percepción de una verdad relativa. Conocer esta diferencia de primera mano era producto del entrenamiento esotérico que H.P.B. había recibido.

Ella posteriormente explicó esta diferencia en un artículo titulado “¿Qué es la Verdad?”, publicado en la revista Lucifer, en febrero de 1888.

Para resumir la idea respecto de las verdades absoluta y relativa, sólo podemos repetir lo que dijimos antes. Fuera de un cierto estado de ánimo sumamente espiritual y elevado, durante el cual el Hombre es uno con la MENTE UNIVERSAL, en la tierra lo único que el hombre puede alcanzar es la verdad, o verdades, relativas de cualquier filosofía o religión.


En su discurso inaugural, H.S.O. aludió a la necesidad de elevar el estado de conciencia, en lo que probablemente fue un aparte comprendido solamente por H.P.B.:

Ciertamente, la Sociedad Teosófica no puede compararse a una antigua escuela de teurgia, porque escasamente uno de sus miembros sospecha apenas que la obtención del conocimiento oculto requiere muchos más sacrificios que cualquier otra rama del saber.


Posteriormente, en su Discurso Inaugural, Olcott expresó su comprensión del acercamiento crítico y sistemático inherente a la nueva Sociedad Teosófica:

“Si yo emprendo correctamente nuestro trabajo, es para ayudar a liberar la mente pública de la superstición teológica y de una mansa subordinación ante la arrogancia de la ciencia.

No, nosotros somos… simplemente investigadores, con un propósito serio y una mente sin prejuicios, que estudiamos todas las cosas, comprobamos todo, y retenemos cuanto es bueno…

Buscamos, preguntamos, no rechazamos algo sin una causa, ni aceptamos algo sin tener pruebas. Somos estudiantes, no maestros.”


El Poder de la Verdad


atorce años después, siendo aún el presidente de la Sociedad Teosófica, Olcott, ya maduro, evaluaría el progreso de la misma en su artículo “Applied Theosophy” (Teosofía Aplicada):

Lo que la Sociedad ha hecho hasta ahora, su gran mérito ante los ojos de algunos y su terrible defecto, según otros, es hacer que las personas piensen. Nadie puede pertenecer largo tiempo a la Sociedad Teosófica sin empezar a hacerse preguntas.

Comenzará a preguntarse: “¿Cómo puedo saber eso? ¿Por qué creo en esto? ¿Qué razón tengo para estar tan seguro de que yo estoy en lo cierto y que mis vecinos están equivocados? ¿Qué me autoriza a declarar que tal acción o tal práctica es buena, o que por el contrario es mala?”


El mismo aire de la Teosofía está impregnado del espíritu de indagación. No es un espíritu “escéptico”, ni tampoco es “agnóstico”. Es un verdadero deseo de saber y conocer la verdad, hasta donde le sea posible a cualquier criatura tan limitada en sus capacidades e influenciada por sus prejuicios, como lo es el hombre. Eso es lo que ha elevado a la Sociedad Teosófica sobre el nivel de todas las demás organizaciones o agrupaciones humanas, y mientras los hermanos se abstengan del dogmatismo, la mantendrán en un plano más alto.


El hecho es que la Sociedad Teosófica atrae a personas que tienen una disposición innata para examinar, analizar y reflexionar, y cuando esa tendencia no existe, cuando las personas se hacen miembros de la Sociedad porque simpatizan con uno o más de sus objetivos, muy pronto comienzan a ponderar sobre los problemas de la existencia, porque se hallan involuntaria e instintivamente sometiendo sus propias teorías favoritas y sus debilidades compartidas, al proceso de examen que es el lema de la Sociedad.


Cuando H. P. H. murió en 1891, el gran poder de la verdad se revelaba en estas tres expresiones:

1. No hay religión más elevada que la Verdad.

(El lema de la Sociedad Teosófica)

2. Lealtad a la Verdad.

(El credo de la Sociedad Teosófica)

3. Honrar cada Verdad con su uso.

(El ritual de la Sociedad Teosófica)


Entonces, desde sus comienzos, la Sociedad Teosófica ha estado preocupada con una comprensión global de la “verdad” que permita hacer ajustes para los diferentes idiomas, mitos, religiones, filosofías, ciencias y teorías que han emergido en el pasado siglo de la historia humana. La tradición reconoce la importancia de las prácticas esotéricas espirituales que permiten “develar” la verdad haciendo que ésta salga a relucir internamente, y no que sea algo meramente descubierto por los sentidos.

Debemos entonces transformarnos conscientemente, uno por uno, si el mundo ha de alcanzar alguna vez la paz, la sabiduría, y el conocimiento que contemplamos como el fruto de la Fraternidad.


La importancia de la verdad ha continuado propagándose a través de muchas disciplinas surgidas desde finales del siglo diecinueve. La Sociedad Teosófica fue uno de los grupos que participó en el Parlamento Mundial de Religiones celebrado en Chicago, en 1893. Un siglo después, la Sección Americana de la Sociedad Teosófica estaba activa planeando su centenario, el Parlamento de las Religiones del Mundo.


Muchas cosas han cambiado en los últimos cien años, pero la importancia del gran poder de la verdad no ha disminuido. Los líderes espirituales del mundo que asistieron presentaron una ética global para firmar como un compromiso universal.

La Verdad estuvo contemplada como una de las “Cuatro Directivas Irrevocables” de la Ética Global:

1. Compromiso a una cultura de paz y respeto a la vida.

2. Compromiso a una cultura de solidaridad y justo orden económico.

3. Compromiso a una cultura de tolerancia y a vivir con la verdad.

4. Compromiso a una cultura de igualdad de derechos y sociedad entre hombres y mujeres.


El gran poder que el Coronel Olcott sintió en Nueva York en el año 1875, fue amplificado en Chicago 118 años más tarde, y compilado en un libro escrito por el Dr. Hans Kung, titulado Una Ética Global: La Declaración del Parlamento de Religiones del Mundo:

Un sinnúmero de mujeres y hombres de todas las regiones y las religiones luchan para vivir vidas honestas y verdaderas. Sin embargo, en el mundo entero encontramos mentiras y decepción, estafa e hipocresía, ideología y demagogia:

Los políticos y los negociantes mienten para lograr el éxito.

En las grandes y antiguas tradiciones éticas de la humanidad encontramos como directiva: ¡No mentirás! O en términos positivos: ¡Habla y actúa con la verdad!

Las comunicaciones de masa difunden propaganda ideológica, en vez de proporcionar informaciones precisas; desinformación en vez de información; un cínico interés comercial, en vez de lealtad a la verdad…

Reflexionemos nuevamente sobre las consecuencias de la antigua directiva: Ningún hombre o mujer, ninguna institución, estado, iglesia o comunidad religiosa tiene derecho a mentirle a otros seres humanos…

Los jóvenes deben aprender en su casa y en la escuela a pensar, hablar y actuar con veracidad. Ellos tienen derecho a la información y a la educación para poder tomar las decisiones que forjarán sus vidas. Sin una formación ética, difícilmente podrán distinguir lo importante de lo que es poco importante.

En la inundación diaria de información, los estándares éticos los ayudarán a discernir cuando las opiniones estén reflejadas como hechos, intereses velados, tendencias exageradas y hechos torcidos. … Debemos cultivar la veracidad en todas nuestras relaciones, en vez de la falta de honradez, el disimulo y el oportunismo… (29)


El Poder del Descontento


n su Discurso Inaugural, Olcott también declaró:

“…encontramos esta Sociedad en la muestra de nuestro descontento con las cosas tal y como son, e intentando crear algo mejor…El descontento con la vida ha sido una poderosa fuente motivadora a través de la historia.”

Como un reformador en India, Olcott trabajó arduamente y sin egoísmo alguno para unificar las ramas del budismo. Diseñó una bandera budista y escribió un catecismo con los principales postulados de la tradición budista. Trabajó asimismo para crear escuelas para los niños de la casta intocable de India, los “panchazas” que estaban desatendidos. Había mejoras que hacer en todas los aspectos de la vida, y él siempre estaba listo para iniciar la reforma dondequiera que ésta fuese necesaria.


Celebrando este año la vida del Coronel Olcott, ¿sentimos el gran poder de la Verdad detrás de la Sociedad Teosófica tan fuertemente como él lo sintiera en 1875? Los desafíos de la vida cotidiana podrían requerir que nosotros reconsideremos nuestras ideas sobre la verdad de muchas cosas.


Pero la visión de la fraternidad basada en la verdad tiene aún el gran poder de hacernos trabajar para cambiarnos a nosotros mismos, y para ayudar a los niños y ancianos, y a todos los seres que comparten con nosotros el planeta.


Si se requiere de la conciencia humana para engendrar la próxima etapa de nuestra evolución como especie, somos cada vez más las personas que necesitamos hacer un compromiso a largo plazo, para alcanzar una visión de cooperación y paz que no vacile cuando encuentre una inevitable resistencia. La transformación no llegará fácilmente, conque no es sabio ser insensatamente optimista, pero como tampoco nos llegará sin un sostenido esfuerzo que requiere valor y persistencia, es también imprudente ser pesimistas.


H. S. Olcott y H. P. Blavatsky nos dejaron un elevado estándar para seguir, con sus actos, palabras y escrituras. Honrémoslos siendo simplemente seres honestos, amables, compasivos y altruistas que saben en sus corazones que:

“Toda la vida es Una, y hasta las formas

más humildes encierran divinidad.”

El presente artículo se publicó en la Revista Quest, edición de Enero-Febrero del 2007.

Traducido y redactado por: Eulalia M. Díaz


Referencias:

(Títulos en inglés)

  • Blavatsky, H. P. “What Is Truth?Lucifer, febrero de 1888.
  • Kung, Hans y Karl-Josef Kuschel. A Global Ethic: The Declaration of the Parliament of the World’s Religions, New York: Continuum, 1994.

  • Olcott, Henry Steel. “Applied Theosophy.” The Theosophist, junio de 1889.

  • Old Diary Leaves, Vol. 1. Adyar: Theosophical Publishing House, 1895.

  • People from the Other World. Hartford, CT: American Publishing Co., 1875.

  • Sorgho and Imphee: The Chinese and African Sugar Canes. A Treatise Upon Their Origin, Varieties, and Culture. Nueva York: A.O. Moore, 1857.
  • Prothero, Stephen. The White Buddhist: The Asian Odyssey of Henry Steel Olcott. Bloomington, IN: Indiana University Press, 1996.

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