Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

El Viaje…


[Premio Nobel de Literatura, 1913]


“Dormía…, dormía y soñaba que la vida no era más que alegría.

Me desperté y vi que la vida no era más que servir…

y el servir era alegría.”


  • La Vida


El mismo río de vida que circula por mis venas noche y día, circula por las venas del mundo y canta, en lo hondo, con pulso musical.


Y es una vida idéntica a la mía la que a través del polvo de la tierra alza su verde alegría en innúmeras briznas de hierba, y estalla en olas tiernas y furiosas de hojas y flores.


Y la misma vida, hecha flujo y reflujo, mece al océano, cuna del nacimiento y de la muerte. Mis sentidos se exaltan al tocar esta vida universal.


Y siento la embriaguez de que sea en mi sangre donde en este momento palpita y danza el latido de la vida que huye a través del tiempo.



  • El Aventurero


He pagado mis deudas, he cortado mis ataderas, las puertas de mi casa están abiertas, he olvidado mis amores: ¡soy libre, y me voy por el ancho mundo!


En cuclillas, agrupados en su rincón, los otros tejen la tela gris de sus vidas, o cuentan su oro entre el polvo, o beben su triste vino, o cantan lánguidas canciones: y me llaman para que regrese a su lado.


Pero yo he forjado mi espada y he vestido mi armadura, y mi caballo piafa de impaciencia.


¡Soy libre, es la mañana y parto a conquistar mi reino.



  • Apólogo del Misterio


No has oído su paso silencioso? El viene, viene, viene eternamente.


A cada instante, en todas las épocas y edades, cada día, cada noche, él viene, viene, viene desde siempre.


Yo he cantado muchas canciones de diversa entonación, pero en ellas cada nota, cada palabra, clamaba siempre: él viene, viene, viene eternamente.


En los días embalsamados del absorto abril, por el camino secreto de la selva, él viene, viene, viene eternamente.


Entre la angustia tempestuosa de las noches de julio, sobre el carro resonante de las nubes, él viene, viene, viene eternamente.


Entre una pena y otra pena tan sólo hay el espacio de su paso que me oprime el corazón; y mi alegría sólo amanece al roce dorado de su pie.


¡El viene, viene, viene eternamente!



  • El Viaje


Creía yo que mi viaje tocaba a su término, que había llegado al límite de mi reino y de mi poderío, que el sendero se extinguía bajo mis pies como a veces el sueño en el súbito despertar.


Creía que mis provisiones de fuerza y de ensueño estaban agotadas y que el momento había llegado de retirarme a una penumbra silenciosa.


Pero tu voluntad, Señor, y tu amor, no tienen fin en mí.


Y he aquí que cuando las viejas palabras languidecían en mi lengua ya las nuevas melodías danzaban en mi corazón.


Y he aquí que donde los viejos caminos se borraban, a mis pies se abría una nueva vereda bordeada de maravillas.



  • La Oración


Cuando el corazón está seco y árido, desciende sobre mí resuelto en lluvia de bondad y de frescura.


Cuando la vida, borrada su gracia, se haga dura y torva, ven a mí en floración de cantos.


Cuando el tumulto eleve en todas partes su vocerío y su ráfaga, aventándome lejos, por el suelo, ven a mí, Señor del silencio, con tu paz y tu serenidad.


Cuando mi corazón miserable solloce abandonado en un rincón de su cárcel, abre de par en par la puerta con tu aliento, Rey mío, y ven a mí con la gloria de un rey.


Cuando el deseo ciegue mi espíritu, con su ilusión y con su polvo, Tú, el solo santo, Tú, el vigilante, ven a mí con tu relámpago y tu trueno.



  • El Último Viaje


Sé que en la tarde de un día cualquiera el sol me dirá su último adiós, con su mano ya violeta, desde el recodo de occidente.


Como siempre, habré musitado una canción, habré mirado una muchacha, habré visto el cielo con nubes a través del árbol que se asoma a mi ventana…


Los pastores tocarán sus flautas a la sombra de las higueras, los corderos triscarán en la verde ladera que cae suavemente hacia el río; el humo subirá sobre la casa de mi vecino…Y no sabré que es por última vez…


Pero te ruego, Señor: ¿podría saber, antes de abandonarla, por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos?

Y ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas, y mi corazón, qué me quiso decir mi corazón?

Antes de partir quiero demorarme un momento, con el pie en el estribo, para acabar la melodía que vine a cantar.

¡Quiero que la lámpara esté encendida para ver tu rostro, Señor!

Y quiero un ramo de flores para llevártelo, Señor, sencillamente.






“No pida yo nunca estar libre de peligros,
sino valor para afrontarlos.

No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.

No busque yo amigos por el campo de batalla de la
vida, sino fuerza en mí.

No anhele yo, con afán temeroso, ser salvado, sino
esperanza de conquistar, paciente, mi libertad.

¡No sea yo tan cobarde, Señor, que quiera tu
misericordia en mi triunfo, sino tu mano apretada en mi fracaso!”




Rabindranath Tagore

{India, Mayo de 1861_Agosto de 1941}








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