Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

A la Busqueda de una Civilización Natural

Una-Civilizacion-NaturalArtículo de Jorge  Livraga R.


LAa preocupación política, o sea referente a la conducción de los grupos humanos, es una de las más antiguas. El hombre ha sido y es un Ser social por naturaleza y no sabemos que jamás haya dejado de serlo. Todos los testimonios tradicionales y arqueológicos confirman, cada vez con más intensidad, la preocupación sociopolítica de los seres humanos; tan temprana como la religiosa y la de supervivencia individual a través del sexo.

Las comunidades humanas han tratado, desde los más antiguos tiempos, dentro de lo que sabemos, de convivir con la Naturaleza. Se sentían parte de la misma y la figura mental de la madre física se trasfundió siempre con la de la Madre del Mundo; siendo así las Deidades femeninas más antiguas que las masculinas en cuando a la importancia de sus Culto. Un “secreto Instinto” avisaba al hombre, desde las mismas entrañas de su consciencia, que su imperio sobre los minerales, vegetales, animales, distancias y tiempos, estaba atado inexorablemente a su entorno cósmico y que su propio cuerpo y psique eran también componentes de esa naturaleza, cuyo origen ontológico no era otra cosa que Aquello superior a toda dualidad y a todo razonamiento discursivo que hoy llamaos Dios. Así, Dios-naturaleza-Humanidad formaron la Primera Tríada de todos los Cultos, desde los predinásticos Egipcios hasta el mismo Cristianismo.

El Culto a los dólmenes y “Piedras del Cielo”, al Árbol de la Vida, a las formas animales es, asimismo, patrimonio espiritual de toda la Humanidad, de todos los tiempos. El Sol, la Luna, las Estrellas, los Ríos, el Mar, las Montañas, los Abismos, figuran siempre asociados con los Dioses y con los primeros hombres.


La Civilización, como arquetipo de la plasmación de la Cultura, fue concebida entonces, en colaboración y no en lucha contra la Naturaleza, lo contrario de esto se tuvo siempre por suicidio colectivo y por peligrosísimo desafío al Destino.

Tal vez convenga diferenciar el concepto vulgar de “Salvaje” del de “Natural”, dado que el primero encierra la actitud pasiva de hombres movidos por su entorno y el segundo de hombres que se mueven modificando el entorno, pero sin oponerse a él, sino colaborando activamente con él.

La más grande Civilización de que tenemos un recuerdo detallado es la Romana. No quiero decir con esto que haya sido la más importante, ni menos la más antigua, sino que de ésta tenemos elementos a la mano en número y calidad tal, que nos permiten una reconstrucción bastante ajustada de sus características.

Su misma costumbre de narrarlo todo; su alineación histórica, nos permite hoy saber más sobre lo que se habló en el Senado en épocas de Cicerón o de las campañas y muerte de Julio César, que sobre la entrevista de Yalta o el asesinato del presidente Kennedy. Aunque esto parezca un absurdo es auténticamente cierto y no creemos que toda la responsabilidad de nuestra ignorancia de hechos tan reciente la tengan “Secretos de Estado”, sino una forma de mentalidad diferente que ha restado valor al detalle en los actos del Hombre.


ESTAsta Civilización Romana, a pesar de los politicastros que la atacan en base a abstracciones, es para los historiadores un verdadero modelo de “Civilización Natural”, dentro de las posibilidades que hasta ahora ha demostrado la humanidad. O sea, que dejando de lado las utopías debemos reconocer que, en la práctica, fue un modelo de Civilización multinacional bellamente injertada en la Naturaleza.

No nos detendremos en la mención de sus caminos, que generalmente corren por debajo de los actuales; ni de sus acueductos que daban a Roma ocho veces más agua por habitante que en la actualidad, ni en tantas cosas extraordinarias, desde sus conceptos artísticos a los filosóficos. Tampoco en sus defectos, que también los tenían y de los cuales ningún grupo humano se ha mostrado carente.

Simplemente queremos destacar, a la luz de los últimos descubrimientos arqueológicos, que la Civilización Romana transformaba los elementos naturales, pero sin destruirlos y sin contaminar el medio ambiente. Desde sus templos de madera y piedras que mansamente vuelven de la Madre Tierra de donde han salido, hasta sus baños y gabinetes higiénicos en los cuales no se echaban papeles que hoy motivan las talas de los bosques y la putrefacción de las tierras, sino esponjas de larga utilización, gracias a ser lavadas cada vez que se usaban, en aguas corrientes y vinagre.

Sus carros se movían por tracción animal y si bien menos veloces y menos cómodos que los nuestros, sus “motores” consumían pasto, los que eran luego abonados con sus desechos…para que crecieran nuevos pastos.

Las chatarras de sus metalurgias, al basarse en metales naturales o en aleaciones simples, vuelven hoy a la Naturaleza sin contaminarla. Sus buques eran movidos por los vientos, que no se ensuciaban por ello y por remeros que hacían su gimnasia, voluntaria o involuntaria, pero siempre útil a la Comunidad, cosa que tanto contrasta con las individuales gimnasia estériles y a las contracciones por descarga eléctrica que endurecen los músculos y tornan elásticas las arterias de nuestros contemporáneos, sin más beneficio que para el que lo hace.

Sus fuentes lanzaban sus chorros de agua cristalina a muchos metros de altura sin recurrir a otro motor que los vasos comunicantes que llevan, por la fuerza de la gravedad, a la estabilización de los líquidos.

Sus relojes lo eran de sol, o hidráulicos, o de pesas.

Sus taxímetros, aplicados a carruajes y a naves, eran simples bolitas que caían en un recipiente según las distancias recorridas…y servían para cargar el aparato otra vez.

Sus expendedores de agua lustral y de bebidas automáticos se basaban en una poco complicada maquinaria, que al peso de una moneda en el extremo de una barra, dejaba por el otro lado salir una cantidad calculada de liquido, hasta que la moneda resbalaba al deposito y la expedición se cerraba, al volver el mecanismo a la posición original.

Sus armas mataban al enemigo, pero sin contaminar la Tierra ni el Cielo y las destrucciones de floras y faunas estaban estrictamente controladas y eran compensadas con largueza.

Su sistema monetario no era muy apto para inflaciones. Y una única unidad económica abarcaba a la tercera parte de los habitantes del mundo de aquel entonces. Así como también le abarcaban sus leyes y un mando unificado político que permitía convivir a cientos de pueblos de diferentes colores de piel, creencias y lenguas.

Su eclecticismo en materia de filosofía y religión eran extremos. La tan mentada luego persecución de los primeros cristianos se debió a que éstos, que por ese entonces se sentían tan sólo una suerte de secta de los hebreos, querían imponer su creencia a todo el mundo, aún de manera violenta, como podemos constatar por lo que hizo “San” Chirlillo de Alejandría con la Filósofa Hipatya.


No creemos que debamos extendernos. Tan sólo hemos dado unos esbozos de lo que fue una forma de Civilización Natural. Sabemos que no fue perfecta, ni mucho menos. Pero la Civilización actual es peor.




Severn Cullis-Suzuki nació y se crió en Vancouver, Canadá. A los nueve años (mientras asistía a la escuela primaria) fundó la Organización Infantil del Medio Ambiente (Environmental Children’s Organization – ECO), un grupo de niños dedicados a enseñar a otros jóvenes diversos temas sobre medio ambiente. En 1992, a la edad de 12 años, Suzuki-Cullis recaudó dinero con los miembros de la ECO para asistir a la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo “The Earth Summit”, celebrada por la ONU en Río de Janeiro.

Video visto originalmente en la web Ética Universal.



NUESTROSuestros medios de transporte se mueven en base a un combustible irreemplazable: el petróleo y el carbón. Además, sus detritus contaminan el medio ambiente y estamos provocando la esterilización del Planeta, tan sólo por querer llegar más rápido a lugares donde luego perderemos el tiempo lastimosamente sin saber qué hacer o recurriendo a viles distracciones para no aburrirse.

Nuestros desperdicios, especialmente los plásticos, son prácticamente indestructibles y ya llenan buena parte de playas, campos y “vaciaderos”, que no son otra cosas que hermosos valles convertidos en cubos de basura. En el mar se vierten constantemente residuos radioactivos en envases que no presentan mayores índices de seguridad para las generaciones futuras.

Nuestras fuentes urbanas mueven una y mil veces la misma agua reciclada gastando para ello electricidad costosamente producida.

Nuestros aparatos necesitan de pilas, motores, cohetes, etc. Todo esto es más o menos contaminante y hay que fabricarlo continuamente, pues continuamente se destruye o deteriora.

Nuestras armas de guerra afectan no sólo a los hombres y sus edificios, sino que modifican toda la naturaleza y pueden llegar, si son atómicas, a destruir el Planeta mismo.

Nuestra estúpida idea de la competencia ha fragmentado el mundo ya no en Naciones naturales, sino en artificiales Países y hay cien monedas en puja. El concepto de Unidad Natural se ha olvidado totalmente y se confunde la cosa, pues ya no nos semejamos con definiciones, sino con injurias, y a todo aquel que quiera retornar a una unidad planetaria o por lo menos de una zona, se le llama “Imperialista”, “Fascista”, etc.

Hemos perdido contacto con la Naturaleza y realizamos esfuerzos inútiles que harán reír a las futuras gentes, como esos de las bicicletas fijas, de las bandas vibradoras, de los juegos con pesas.

Pero si esos mismos esfuerzos lo hiciésemos en algo útil desfalleceríamos diciendo que no aguantamos tanto trabajo. Somos débiles y artificiales.

Nuestra forma civilizatoria produce y consume constantemente y lo más rápido que puede, sumiéndonos a todos en una loca carrera.

Todo lo que hacemos es poco duradero; así lo podemos reemplazar más rápido. No se busca lo bueno, sino lo nuevo. No importa tanto la calidad como la cantidad. El voto de dos imbéciles vale más que el de un genio.

Existe una realidad: no nos salvarán las lamentaciones ni las reprimendas a la manera de la farsa que llamamos ONU. Nos salvara nuestro propio reencuentro con la Naturaleza; con nosotros mismos y con el entorno.


Así, nuestra Filosofía Acropolitana propone un retorno a la naturaleza. Pero no al salvajismo ni a las posiciones exteriores más o menos exóticas, como dejarse el pelo a lo africano o vestirse de chino. Nos referimos a algo mucho más “Interior” y Espiritual. Y que se refleje en todo lo que el hombre haga y deshaga.

Tenemos sed de bellos paisajes, de bosques frondosos, de hermosos mármoles tallados, de música sin aditivos electrónicos, de cuadros sin clisés de serigrafía ocultos bajo la pintura, de aire puro, de aguas puras…y de hombres y mujeres puros.

Que las drogas las tomen los enfermos para mitigar sus dolores, pero no los jóvenes para llenar sus ocios. Que no se vea al trabajo como una maldición sino como una de las mejores herramientas pedagógicas.

Que el hombre crea en Dios y en sí mismo. Y que para ello no haya que hacer un referéndum… ni consultar una computadora.

Seamos Naturales; seamos nada más…ni nada menos que NOSOTROS MISMOS.



Los comentarios están cerrados.