Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Archive for Marzo, 2008

¿Carbón o Diamante?

Del libro Expansión de Horizontes” de James A. Long

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Como muchacho originario de Pennsylvania, yo estaba orgulloso de que mi estado natal podía ufanarse de tener una de las mayores selvas que la tierra había conocido. No importaba que hubieran desaparecido; el hecho de que una vez estuvieron presentes era bastante maravilloso para mí. Por supuesto, florecieron hace millones de años, en alguna Edad Carbonífera; pero me conmovió comprender que el bióxido de carbono que habían absorbido aquellos árboles hace tanto tiempo, bajo la presión de la tierra, rocas y el tiempo había ido, poco a poco, metamorfoseándose en carbón.

Aun en aquel tiempo me pareció obvio que nada muere en realidad. Las cosas cambiaban sus formas, pero la energía que les hiciera vivir sencillamente se fue a otra parte. Por todo lo que sabía, la fuerza que en otro tiempo había hecho correr la savia por los pinos pudiera todavía estar en derredor, tal vez haciendo verde a nuestras actuales selvas, mientras que, bajo tierra, sus troncos ancestrales, ya transformados, se habían hecho un medio de subsistencia para miles de personas.

Hace generaciones que los mineros han estado excavando el carbón, los taladradores bombeando el petróleo crudo de los yacimientos, y los geólogos recogiendo esmeradamente fósiles de plantas y animales, mientras que, a lo largo de los ríos y valles, nosotros los muchachos, buscábamos puntas de flecha y hachas de guerra dejados por nuestros predecesores, los indígenas.

Mineral, planta, animal y ser humano, cuatro reinos de la Naturaleza, todos estrechamente relacionados entre sí; pero cada uno desenvolviéndose dentro de su propio ciclo de vida, de nacimiento, desarrollo y muerte. Aquí las coníferas y helechos habían recogido su substancia del suelo y del aire, y ahora después de períodos tremendos estaban devolviéndola como carbón, grafito, gas y petróleo, para calentar nuestras casas, suplir nuestro grafito de lápiz, cocinar nuestros alimentos y abastecer de combustible a los hornos de la industria. Carbón acumulado en su forma elemental, uno de los minerales más blandos y opacos.

Sin embargo, con no más que una pequeña diferencia de estructura interna, forjada por la presión acumulada de las edades, produce puro carbón todavía, pero ahora en forma cristalina, el más duro de los minerales, el más hermoso y transparente: un diamante multifacético.

Uno en esencia, distinto en cuerpo, así es el universo; después de todo, desde el mineral hasta la estrella, todo es de la misma materia básica. Es sencillamente asunto de ver lo que se hace con la “materia”; cómo están arregladas o combinadas sus partículas, para formar en una etapa determinada una maleza, en otra, una piedra o un hombre; o por otra parte, un Sol.

La estabilidad y versatilidad de la fuerza vital: nunca he perdido ese relámpago juvenil de convicción. Hay una fraternidad que abraza todo el cosmos, no sólo a los seres humanos sino a todo, desde el electrón a la nebulosa.

Y todos los pueblos del globo son literalmente una sola familia, que ni el color de la piel, ni los idiomas que emplean pueden hacer o deshacer ese hecho. Somos todos Uno: químicamente, formados de materia estelar difundida por el cosmos; espiritualmente, dotados con la llama de un elemento divino que enciende cada punto del espacio en una unidad en desenvolvimiento.

¿Si de veras hay “una Divinidad que forja nuestro destino,” cómo entonces tomar en cuenta las enfermedades de nuestro tiempo?

En casi toda actitud que tomamos, hay trastorno, desaliento, y una trágica debilidad de espíritu. ¿Por qué esto es así, cuando nunca antes hemos tenido oportunidades tan magníficas para el desenvolvimiento? ¿Estamos en realidad tomando el rumbo del desastre? ¿O es que hay algún aspecto que hemos desatendido a causa de nuestra preocupación por el lado sombrío de los asuntos humanos?

“Donde la noche es más oscura, allí brillan las estrellas con mayor claridad.”

El antiguo proverbio español nunca ha sido aplicado tan exactamente como en este caso. Tal vez hayamos crecido demasiado rápidamente. La exploración del espacio externo de repente ha hecho caer sobre nosotros una serie entera de problemas nuevos que para manejarlos todos de una vez, nos encontramos mal preparados.

Nos vemos forzados a tomar la responsabilidad de una edad adulta superior, y no hemos todavía reconocido de lleno, mucho menos aceptado el reto. Pero estamos aprendiendo rápidamente y bien. El mismo trastorno tan universalmente sentido es señal de un fuerte movimiento interior, la lucha del alma de la humanidad, en el proceso de salir de una crisálida inservible.

Claro que tenemos problemas, y serios, pero yo tengo tanto en menos la buhonería de los profetas de la ruina, como los adictos a la paz mental que almibaran cada dificultad. Tengamos un realismo del espíritu que no tema afrontar la vida tal como es. Si quisiéramos andar al paso con los científicos, como ellos lanzan sus sondas, debemos estar sondeando los alcances del espacio interior dentro del corazón del hombre, que es su vínculo con la divina inspiración que dio origen al cosmos.

Puede ser que nosotros parezcamos un poco más que animales desarrollados; pero, con un poco más de tiempo y de paciencia comprensiva, encontraremos nuestras alas y descubriremos que ningún poder en el universo es más poderoso que la divina esencia infundida dentro de nosotros.

Mental y espiritualmente somos de veras gigantes en embrión, mutuamente iguales en potencia con la gran Inteligencia que anima las galaxias y los Soles.

Este es el realismo que resultará mucho más dinámico que el llamado realismo de las mentes negativas.

Desechemos la ansiedad excesiva y la duda. Nunca logró alguien nada por sentir lástima de sí mismo, o al deprimir su capacidad inherente de triunfo. Es cierto que no podemos hacer desaparecer el mal, rezando para alejarlo sólo para que podamos negar que las enfermedades, la aflicción y la muerte son parte de la experiencia humana. Pero la salud, la alegría y el desarrollo son también parte del vivir.

Visto desde la serie de sucesos externos, las vidas de muchas personas parecerían ser un fracaso; pero, visto por los ojos de nuestro Yo Superior, no puede haber fracaso. Aunque perdamos muchas batallas, el Guerrero inmortal interior es invencible y nos conducirá muchas veces al campo del esfuerzo humano hasta que la plena victoria sea nuestra.

Si de veras penetra la Inteligencia Divina cada partícula del Infinito, entonces cada ser humano particular tiene a su disposición todo el poder e iniciativa creadora para cooperar con Ella y sus elementos constructivos en la Naturaleza.

Es posible que tengamos mucho del carbón y del petróleo crudo en nuestro carácter; pero tenemos también la potencialidad de un diamante. Es por eso que los budistas, especialmente en el Tíbet, hablaron del Señor Buda como el “Corazón-Diamante,” cuyo ser completo, mediante la presión de las edades y la intensidad de la experiencia, había sido transformado en la pureza y firmeza del diamante.

Del más opaco en calidad, llegó Gautama, por el crisol de la prueba, a ser el más translúcido: tan perfecto reflector de la Luz interior como del sufrimiento del hombre en lo exterior.

Un ejemplar de la compasión en verdad, porque tan adiamantado en voluntad y propósito, y sin embargo tan sensible al lamento del corazón del mundo, que rehusó la gloria de la Omnisciencia para poder retornar a la Tierra y compartir con toda la humanidad el resplandor de su triunfo.

Carbón o diamante, nosotros también somos compuestos de ambos.

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La Iniciación

Escrito de N. Sri Ram


Hay un artículo de T. Subba Row, a quien H. P. B. tenía en gran estima como ocultista, titulado “El Ocultismo de la India del Sur”. De hecho habla de los dos Senderos, uno de los cuales es el sendero natural y constante del progreso, en el que el crecimiento es total y seguro.

El otro es a través de una serie de iniciaciones y solo unas cuantas naturalezas, especialmente organizadas y peculiares son adecuadas para ello. La gente que avanza por el sendero natural y más fácil, no sufre en absoluto con ello, ni tampoco lo que alcanzan al final es menos importante, pero el Sendero de la Iniciación esta hecho solo para ciertas personas, porque se trata realmente de un proceso forzado.

En lugar de desarrollarse muy gradualmente y de una manera relativamente fácil, el chela recibe ayuda para acelerar su propio crecimiento y para alcanzar prematuramente, por así decirlo, un conocimiento de su naturaleza espiritual.

Se establece una relación entre el discípulo o chela y el Adepto, que dirige a través del chela varias fuerzas ocultas que fuerzan su crecimiento.

Subba Row dice mas adelante que Sri Sankaracharya, de quien H. P. B. habla en La Doctrina Secreta como del mayor iniciado de toda la historia, recomendaba el sendero natural, fácil y constante, a aquellos que le seguían y a sus sucesores en su labor en particular.

No hemos de imaginar que el Adeptado y la Iniciación sean acontecimientos fortuitos; son estrictamente un producto de la Naturaleza.

La Jerarquía de Adeptos tiene su función importante, que consiste en mantener abierto el Sendero hacia arriba por el que descienden las fuerzas necesarias para el crecimiento de la humanidad.

El proceso forzoso puede resultar fácilmente peligroso para los que no están preparados y a veces ocurre que uno de aquellos a los que se les ha hecho seguir el sendero de la Iniciación se aparta de el y sufre temporalmente.


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Subba Row señala que “es eminentemente peligroso para quienes no poseen el talismán de una devoción totalmente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso de la humanidad, una auto-abnegación que no tiene nunca fin.”

La iniciación no es el cumplimiento de una ambición personal espiritual ni la consecución de un estado de grandeza o la posesión de poderes extraordinarios que pensamos manejar en beneficio de la humanidad cuando en realidad puede ser el placer de manejar tales fuerzas la verdadera motivación.

La ambición espiritual es una contradicción en términos, y resulta extremadamente peligrosa para aquel que quiera hollar el Sendero.

Lo que se requiere, vamos a repetirlo, es “el talismán de una devoción perfectamente altruista, generosa y auto-aniquiladora, hacia el bien religioso (podríamos decir espiritual) de la humanidad”.

Esta abnegación significa una auto-abnegación en acción, así como en motivo, y no consiste en decir ” estoy dispuesto a practicar la auto-abnegación para poder conseguir algo”. No poseéis auto-abnegación, si tenéis en cuenta hasta que punto experimentareis contratiempo, sufriréis humillaciones, os colocareis detrás de todo para poderlo conseguir todo.

No, tiene que ser “una auto-abnegación que no tiene nunca fin.”

Son unas palabras muy hermosas que haríamos bien en llevar al corazón.

Subba Row sigue diciendo que sin este talismán el progreso del chela sea tal vez muy rápido durante cierto tiempo, pero llegara el momento en que su progreso hacia arriba quedara paralizado. Y por eso dice que es más sabio no buscar el sendero del discipulado, porque cuando uno busca siempre hay un motivo de egocentrismo en el yo.

Si vosotros, el yo, no existís en absoluto, como podéis querer nada?

El chela no necesita buscar nada, porque el sendero no dejara de encontrar a la persona adecuada. Tal vez parezca descorazonador, pero es de hecho algo muy excitante: Uno no busca nada, ni siquiera el Sendero, ni la eminencia, ni la consecución, sino solamente dar de lo que uno tiene y si el Sendero os encuentra, pues muy bien, ya lo seguiréis. Y si no, ya os iréis desarrollando en el curso natural de las cosas.

Es muy importante insistir en esto porque hay mucha gente que busca un guru, que quiere el Adeptado y la Iniciación y que intentan ir avanzando de distintas maneras. Finalmente encontraran que esta búsqueda no acaba con el éxito. Tal vez obtengan un cierto éxito, pero no en el sentido real.

El símil que se ha utilizado para describir el Sendero es el de un camino que va subiendo en sentido circular ascendente por una montaña hasta la cima. La gran mayoría de la humanidad están programados para irlo siguiendo, – la Cuarta Ronda, la quinta Ronda, etc., – y, finalmente, todos llegaran a la cima. Pero existe también la posibilidad de ascender directamente por la ladera escarpada, no por el sendero conocido, tomando un atajo que conduce a la cima.

Naturalmente es difícil. Si seguimos con este símil, el atajo directo se ira cruzando con el sendero que da las vueltas en varios puntos y cada uno de esos puntos de intersección puede considerarse como la señal de una de la Iniciaciones.

La Iniciación no esta dirigida a la personalidad sino al Ego que esta detrás de la personalidad y que presenta una nueva personalidad en cada encarnación. Es una apertura de la conciencia del Ego, que tiene varias posibilidades en el plano espiritual, pero que permanece dormido durante largo tiempo.

Naturalmente, todas esas posiciones acabaran por florecer y dar su fruto, y es posible, mediante ciertas fuerzas de las cuales podemos tener un concepto muy limitado, despertar esos poderes latentes.

El Ego es el individuo tal y como existe en el plano mental “superior”, el plano de la mente que no esta influenciado por distintas asociaciones y deseos materiales y que es la inteligencia pura. Puesto que esta es nuestra naturaleza espiritual a un cierto nivel, hemos de comprender esa naturaleza para averiguar como podemos forzarla a entrar en actividad.

La Sabiduría Atemporal nos da una cierta concepción de la constitución humana a distintos niveles: mas allá del Ego a un nivel mas profundo esta la Monada, que es la esencia espiritual del individuo. Cuando tiene lugar la Iniciación, se dice que la Monada desciende hasta el Ego. Estos dos niveles del ser se convierten en uno solo. Eso es lo que significa decir que la Monada desciende al Ego. Aunque el Ego sea espiritual e incorruptible, la naturaleza mas profunda que normalmente permanece quieta y apartada se pone en acción a través del Ego en el momento de la Iniciación cuando se ve sometida a ciertas fuerzas.

La idea superficial sobre la Iniciación es la de que una persona va a una sala especial, alguien viene y le dice varias cosas, después le dicen que se ponga una túnica diferente, se le da un talismán etc. Eso seria una visión muy pobre.

La Iniciación significa que el aspecto mas profundo de uno mismo se acerca a la superficie, y la Monada toma el voto a través del Ego.

Es en realidad un voto de auto-rendición, una resolución para darse completamente al servicio de la humanidad y de todo cuanto vive. No se administra desde fuera y es aceptada por varias razones; esa seria una manera mental de considerar todo el tema.
En realidad el voto es una evolución del propósito mas interno del mismo Ego.

No se acepta simplemente diciendo que lo desarrollareis según vuestra capacidad máxima, sino que significa un descubrimiento de vuestro propósito mas interno, de vuestra naturaleza mas interna. Es realmente un traslado de esa naturaleza a términos del intelecto o de la mente. Y hemos de considerar todo esto en los términos mas naturales posibles; cuanto mas natural parece una cosa mas probabilidades tiene de ser cierta.


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Pero mientras la Monada desciende al Ego, o podríamos decir que el Ego se unifica con la Monada, al mismo tiempo el Ego desciende a la personalidad. Hay un movimiento dual. No puede ser de otra manera, porque todos estos planos están relacionados entre si, y si el Ego recibe ciertas fuerzas de una potencia tremenda, hasta cierto punto tienen que filtrarse hasta la personalidad.

No podemos comprender demasiado bien la relación que existe entre el Ego y la Monada; podemos pensar mas fácilmente en la relación que hay entre el Ego y la personalidad. Cuando el primero desciende a la personalidad lo hace en su mejor expresión, mas noble y mas dignificado que normalmente.

Tiene una mayor profundidad, y expresa algo que no hace normalmente. Pero hemos de entender estas cosas en términos de nuestra experiencia real y no simplemente como un diagrama. El Ego puede describirse como un triangulo y la personalidad como un cuadrado y se establece una línea de conexión entre ellos; pero con ello no entendemos el significado que hay detrás del diagrama.

Todos los símbolos y diagramas tienen como objetivo solamente servir de ayuda, y por esto hemos de intentar penetrar el significado interno de todo ello.

Cada uno puede solamente hacerlo por si mismo y no se trata simplemente de tomar notas o de escuchar las palabras de otra persona.

Cuando se forma una conexión entre el Ego y la personalidad, hemos de recordar que esta puede caer en desuso y bloquearse después, porque esa es la naturaleza de todo cuanto pertenece a los tres mundos mortales.

Lo espiritual permanece incorrupto como canal y todo lo que fluye a través de ello sigue fluyendo. Pero en la naturaleza intelectual o psíquica el canal puede hacerse mas grande y continuar funcionando o puede obstruirse.

Siempre hay estas dos posibilidades respecto a nuestra naturaleza intermedia, la intelectual o psíquica y la naturaleza inferior, la material y física. Todo depende del individuo.

La palabra “iniciación” significa, “un principio”. Conseguimos un contacto definido con nuestra naturaleza espiritual en la Primera Iniciación, primero con budhi después con atman.

Este principio es realmente como plantar una semilla. Después de conseguir un pequeño contacto, uno empieza a ser más consciente de esa naturaleza.

La semilla crecerá y se convertirá en el Árbol de la Sabiduría. Ese es el significado de la palabra sánscrita Vidya, nacido dos veces, una manera simbólica de referirse al nacimiento del cuerpo de una madre al mundo físico y al segundo nacimiento en espíritu.

Que nace en espíritu? Es la conciencia humana, o mente; también se denomina a esto el nacimiento de Cristo o la naturaleza cristica en el corazón del hombre.

Hay dos maneras de considerarlo: como el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu o Verdad, o el nacimiento del Espíritu en la conciencia humana. Ambos son correctos.

La conexión establecida entre manas y lo que esta mas allá de manas, es decir atma-budhi, es el nacimiento de la conciencia en el reino del Espíritu, y también el nacimiento del Espíritu en el campo de la conciencia humana.

El nacimiento del Cristo, atma-budhi o el principio divino, significa que la naturaleza del amor-sabiduría nace en el corazón del hombre; la conciencia queda inundada con la cualidad de esa naturaleza espiritual. La misma palabra “nacimiento” implica un crecimiento por etapas hasta un punto que ha sido descrito como la totalidad de la talla del Hombre Perfecto.

Esto no significa en absoluto que el desarrollo se detenga después de ese punto. Sigue adelante, pero esa es una etapa diferente, la del Hombre Perfecto o el Adepto.

La constitución del hombre representa siete principios compuestos.

El Perfecto Iniciado, el Adepto, es uno en el que la totalidad de los seis principios se funde en el séptimo. Así es como H. P. B. describe la realización en La Doctrina Secreta.

En la gente corriente los diferentes principios están desarrollados desigualmente y no están coordinados; y aunque están relacionados entre si, la relación esta lejos de ser perfecta. Pero el hombre Perfecto es uno en el que la totalidad de su naturaleza ha llegado a estar perfectamente integrada, unificada.

Es, esencialmente, el séptimo principio manifestándose a diferentes niveles cada uno de los seis principios se convierte en uno con el séptimo, y la naturaleza de atman es expresada por el a los distintos niveles de la mente, las emociones etc.

Cuando todos los principios inferiores quedan fundidos, no dejan de existir, pero quedan inundados con la cualidad del séptimo. Incluso a nivel del sexto, la naturaleza del séptimo queda expresada.

Debido a que un Adepto se convierte en una expresión de su séptimo principio, el Espíritu en su naturaleza pura y universal, se convierte en uno de los agentes de la Naturaleza y en un miembro de lo que se llama la Jerarquía de los Adeptos.

Cada Adepto es una expresión distinta a las demás del principio uno universal, pero hay una base común: están todos inspirados, informados y animados por el mismo Espíritu. La Jerarquía de los Adeptos es una comunión natural de Espíritus semejantes. Por esto en la iglesia cristiana usan la frase “la comunión de los Santos”.


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Esta Jerarquía de Adeptos es descrita por H. P. B. “como un Árbol Baniano humano y siempre vivo”, con una única raíz y ramas que se extienden cada vez mas, pero perteneciendo siempre al mismo Árbol y de la misma raíz. Y al Jefe de la Jerarquía lo llama ella, “la Raíz –Base”. También se le conoce como el Iniciador único.

En nuestro esquema de evolución, representa el séptimo principio, el mas elevado y el mas profundo de la naturaleza de esa Fuente muy profunda de donde fluyen las fuerzas que entran en la naturaleza del Ego, y producen ese resultado que se llama la Iniciación.

Por consiguiente, convertirse en un Iniciado es forjar un lazo con la Jerarquía, con todos los Adeptos, convertirse en parte de la Fraternidad que les incluye a todos ellos. Es solo un principio, una entrada en un reino nuevo, pero incluso eso proporciona una cierta sensación de parentesco no solo con todos los demás individuos que se ha hecho igualmente conscientes de la unidad, sino también con todas esas vidas que son todavía, en gran parte, inconscientes.

Un Iniciado no solo reconoce su fraternidad con otros Iniciados sino que se siente como un hermano con todas las cosas vivientes.

Si pensamos en la Iniciación como en un acontecimiento peculiar es difícil entenderla, pero si pensamos en un Iniciado como en alguien que esta lleno del espíritu fraternal con todo cuanto vive, entonces logramos un verdadero entendimiento.

El Iniciado entra en el reino de la Vida donde ninguna vida es extraña a el, es un hermano de todo cuanto vive.

Naturalmente, esta Fraternidad existe principalmente al nivel en que los Hermanos son conscientes de su unidad.

Los iniciados en el plano físico, aunque pueden haber pasado por una experiencia que les ha asegurado la unidad de todo cuanto vive, sin embargo están dispuestos a olvidar esa unidad y actúan como individuos separados de los demás.

El Iniciado no es un hombre perfecto; es solamente un principiante en la vida espiritual.

Pero a nivel budhico, atmico, la unidad es un hecho vivo siempre presente; por consiguiente, la Fraternidad existe principalmente a esos niveles.

Cada Iniciación, y hay unas cuantas, es una entrada en un nuevo reino.

Hay una expansión de la conciencia que se hace más sensible y capaz de funcionar de varias maneras distintas. Esto también significa un conocimiento más profundo, una conciencia más amplia o realización de nuestra naturaleza espiritual.

Por consiguiente, esto requiere dejar a un lado las dudas, las ilusiones y las limitaciones, que no son más que trabas. Una limitación es la incertidumbre.

Cuando alguien no sabe con certeza cuales son las cosas importantes de la vida, no sabe como actuar.

Si una persona sufre de desilusiones, de ideas equivocadas, de prejuicios y fantasías, eso es también una traba, igual que lo son las diferentes reacciones equivocadas que no dejan de ser condicionantes. Hay que recordar que no tienen que suprimirse, ni las dudas, ni ninguna otra cosa.

Aunque una de las trabas sea la incertidumbre o las dudas y otra sea la superstición, el apartarlas no significa que cada vez que exista una duda tengáis que tratar de suprimirla, a menos de cometer un pecado. Al final, no se consigue nada suprimiéndola, lo cual no significa que tengáis que complaceros en ella. Todo cuanto se suprima volverá con nueva fuerza redoblada.

Controlar algo con comprensión es muy diferente a suprimirlo, un acto que se hace a ciegas.

Lo que hace falta es liberarse de esas perturbaciones y trascender las limitaciones.

Eso solo se consigue comprendiéndolas. Supongamos que un hombre sufra de avaricia, de lujuria, o de lo que sea, pero cuando comprende lo que significa, como aparece y actúa, y que consecuencias tiene en su propia vida y en la vida de los demás, vera que es capaz de trascender la limitación particular.

El Señor Buddha hablo de las cuatro Nobles Verdades, la última de las cuales se llamo “El Noble Sendero Octuple”, que indica unos pasos para practicar o requisitos que cumplir.

El primero es la Visión correcta, ver las cosas adecuadamente y no según como a uno le gustaría que fueran o según nuestras fantasías o ilusiones.

Cuando veis las cosas adecuadamente, cuando comprendéis que no hay final para la ambición de ningún tipo, que la ambición se alimenta con cada indulgencia, que es una limitación, cuando comprendías su acción, y como aparece, esa misma comprensión os liberara de la ambición.

En cierto modo, la primera traba, llamada la ilusión del yo, lo incluye todo, y es lo más importante. Lo que queremos decir con el yo es una cuestión a considerar por cada uno.

En una de las Cartas de los Maestros, están las palabras,

“Ahora todo ha pasado. Las festividades del Año Nuevo han terminado y yo soy “Yo” de nuevo.

Pero, ¿qué es Yo?

Sólo un huésped circunstancial cuyos intereses son todos parecidos a un espejismo del gran desierto…”

C. M.: 45/-379

Un espejismo existe durante cierto tiempo y después desaparece. El yo es igual.


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Como hemos dicho, citando a H. P. B.: el Adepto o el Iniciado Perfecto es aquel en quien todos los principios están fundidos en el séptimo, es decir, en el Espíritu uno y universal.

Si todo queda fundido allí, entonces, a donde esta el yo?. No existe. Porque solo existe el Espíritu uno y cada individuo es una manifestación única de ese Principio único y universal.

Es en el entretiempo, a la espera de esa fusión o realización, que existe lo que llamamos el yo.

En el ocultismo se hace una distinción entre el yo y el Espíritu. El Espíritu es uno y universal, pero el yo es diferente. El espíritu es indestructible, perenne; ni nace ni muere; no reencarna, porque no es el principio reencarnante.

También se hace una distinción entre el Espíritu y el Alma, si entendemos por alma el Ego que reencarna. El yo se identifica con uno u otro de ellos: a veces se usa como equivalente del Espíritu Uno y a veces del alma. Cada vez que se utiliza la palabra “yo”, hemos de pensar en el contexto; de otro modo simplemente estaremos haciendo disquisiciones sobre las palabras.

La traba llamada superstición se interpreta, generalmente, como una creencia en los ritos y las ceremonias, pero esa es una visión muy superficial.

Todas las formas de dependencia de algo externo a uno mismo llevan a la superstición

Además de estas tres, hay dos trabas más de las que hay que librarse antes de llegar a la Cuarta Iniciación, la del Arhat, que son el apego y la ira.

Si estamos pensando en hollar el Sendero en estos términos, el tema se convierte en algo real para nosotros. Hollarlo significa que hemos de librarnos de todas estas trabas. Esto se explica por si mismo e inmediatamente vemos la lógica de todo ello.

Después de las cuatro Iniciaciones, esta la Quinta, la del Adepto, anterior a la cual hay algunas trabas de naturaleza mas sutil que hay que abandonar, pero no necesitamos hablar de ellas aquí. Hemos de librarnos de estas trabas mas burdas antes siquiera de empezar a comprender lo que son las otras mas sutiles.

Sabemos que es la ira, o las antipatías, porque las hemos experimentado.

Pero estamos seguros de que son una traba? Tal vez si estoy enfadado me siento mejor, y resulta estimulante estar enfadado, pero tengo que darme cuenta de que es una limitación, de que me lleva por el mal camino, de que produce malas relaciones con los demás, me ciega ante ciertas condiciones y abre el camino a una acción mecánica influenciada por el strees de la ira.

Hemos de darnos cuenta de todo esto nosotros mismos, absolutamente, silenciosamente, y entonces seremos capaces de acabar con esa traba.

Insisto, una y otra vez, en esta necesidad de darnos cuenta, porque creemos que cuando conocemos los nombres de unas cuantas cosas ya hemos alcanzado el conocimiento necesario.

Creemos que si podemos repetir el Bhagavad Gita de memoria, ya somos santos, ¡aunque los demás tal vez no se den cuenta!. Existe esta superstición de que simplemente sabiendo las palabras se pueden conseguir las cosas.

Las Cuatro Iniciaciones también están comentadas en el simbolismo cristiano, donde se las denomina: el Nacimiento de Cristo; el Bautismo; la Transfiguración; y la Cuarta, que es la Crucifixión y la Resurrección, combinadas.

Una maravillosa explicación aparece en Cristianismo Esotérico de Annie Besant sobre el simbolismo de los supuestos acontecimientos de la vida de Cristo. El nacimiento de Cristo es la apertura de la conciencia espiritual. El Bautismo es el descenso de las fuerzas a través de la apertura que se ha hecho, y que aporta la posibilidad de intercomunicación entre lo interno y lo externo.

Cuando estas fuerzas descienden, dan lugar a la Transfiguración de lo inferior por lo superior, un cambio completo en la naturaleza de la individualidad. La cuarta etapa de la muerte de todo cuanto queda, la misma esencia del yo, que es la causa de la continuidad y de los renacimientos repetidos.

El sentido de la yoidad, la esencia del yo, es realmente la causa del renacimiento. Cuando eso se disuelve, donde esta el individuo?. Se ha convertido en nada, es decir en nada que se le pueda ocurrir, nada en términos de experiencia personal, “yo soy la persona que acepta o no, que actúa de una o de otra manera, que recuerda esto, siente aquello”.

Están todos estos recuerdos de si mismo, mediante los cuales me identifico. Pero esa identificación desaparece con aquella Muerte.

Al final de cada encarnación tenemos la muerte de los cuerpos físicos, astral y mental, pero eso no es una muerte total. Algo queda que produce la nueva personalidad, el karma pasado, los recuerdos y las tendencias pasadas.

La Cruxificación, la Muerte en la cuarta Iniciación es una muerte total, cuando el individuo queda por así decir, disuelto. Lo que resta es puramente espiritual. Esta muerte total es la contrapartida de una completa renovación, el resurgir de ave fénix o el ave del de sus cenizas.

La individualidad es la misma pero renovada, algo que resulta, en parte, difícil de comprender.

La Iniciación es, como hemos mencionado, un proceso forzado; a veces un individuo puede desarrollarse de esa manera a la fuerza, para poder servir de ayuda. Es el único motivo que cuenta para los Maestros, los Adeptos. No les interesa glorificar a una persona por encima de las demás. Son uno con todas.

Seria absurdo imaginar que porque una persona les prodiga un gran amor o reverencia la pusieran en un pedestal. Pero si esa persona puede estar preparada para ayudar a los demás, entonces tal vez valga la pena, con su consentimiento, desde luego.

El Maestro no llega y dice “Voy a desarrollarte”. Pero si una persona ofrece forzar su propio desarrollo, entonces el Maestro puede actuar como un instrumento para dar la forma; puede ayudar y ser un accesorio. Parece algo permisible según las leyes del Karma.

Se dice que el Señor Buddha forzó Su propio desarrollo hasta un punto increíble. Estaba tan lleno de amor y de compasión, anhelando hacer lo posible por ayudar a los demás, que emprendió esta tarea extraordinariamente difícil. Debe ser el único motivo para intentar un proceso de fuerza como este, pero el crecimiento para todos tiene lugar igualmente en el curso de la Naturaleza y todos finalmente llegaremos al mismo nivel, al mismo objetivo.


En Los Siete Principios del Hombre, de Annie Besant, leemos:

“Mientras estemos situados en el vértice de la personalidad, mientras las tormentas de los deseos y de los apetitos rujan a nuestro alrededor, mientras el oleaje de las emociones, nos vapulee de acá para allá, mientras la voz de los Manas superiores no lleguen hasta nuestro oídos; ni el fuego de los torbellinos, ni en los truenos de las tormentas, aparecen los mandatos del Ego; solamente cuando aparece la quietud de un silencio que puede sentirse, solo cuando el hombre envuelve su rostro con un manto que cierra sus oídos incluso al silencio de la tierra, solamente entonces resonara la voz que es mas silenciosa que el silencio, la voz de su verdadero Yo”.





Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram

  1. I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.
  2. II. Voluntad
  3. III. Verdad


  1. IV. Conocimiento
  2. V. Sabiduría
  3. VI. La Sabiduría Divina



Fraternidad: Una Realidad En La Naturaleza

por Nils A. Amnéus
Fuente:
www.theosociety.org

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La Fraternidad es una realidad en la Naturaleza, declara la Sabiduría Antigua. Esta afirmación está basada sobre la unidad espiritual interna de toda vida.

Toda unidad de vida, o Mónada, es una emanación de la Vida Única Universal, la cual es la causa oculta más allá del universo visible.

Nosotros, los seres humanos, constituimos un grupo de Mónadas, unidas unas a las otras mediante un origen común y un destino también común — peregrinos compañeros con un propósito común. Por lo tanto, la base para la armonía y la cooperación ya existe, y una fraternidad in actu, es la relación natural y normal entre los hombres.

Indicaciones Externas de Unidad

El alcance al cual nuestra unidad espiritual es reconocida, depende de nuestro desarrollo, y difiere enormemente con los diferentes individuos.

La indiferencia hacia el sufrimiento y las penas de los demás demuestra una falta de desarrollo espiritual.

Un sentido de unidad, piedad, sentimiento de compañerismo y solidaridad por el que sufre, demuestra una comprensión de la unidad interna.

Un testigo de un accidente, aunque no sea físicamente afectado, puede sentirse enfermo, y aún desmayarse, como resultado de este sentimiento de unidad interna con la víctima.

Cuando vemos u oímos de algún hecho heroico, o algún acto de abnegación, de alguna responsabilidad hecha al enfrentarse a una dificultad o peligro, experimentamos un afecto de corazón, y una fe renovada de que existe algo noble o divino en nuestros prójimos. Existe una cuerda en nuestra naturaleza que responde cuando una nota verdadera es tocada por alguien más, ¿Y por qué debería esta cuerda vibrar al unísono con la nota tocada, a menos que exista algo de divinidad en todos los corazones humanos?

La separatividad que sentimos externamente, no es tan completa como puede parecer en la superficie. Cuando abordamos un autobús o un tren, por ejemplo, nuestra custodia está en las manos de quienes manejan esos vehículos. Nuestra vida puede depender en el mecánico que reparó nuestro carro, y cuando estamos viajando en él, nuestra vida está casi tan dependiente del cuidado de otros motoristas, como lo está en el nuestro. Cuando cruzamos un puente, o usamos un elevador, estamos confiando nuestras vidas en quienes los diseñaron y los construyeron. Lo que hacemos, afecta a los demás, y lo que ellos hacen, nos afecta a nosotros. Somos “el Guarda de nuestro Hermano”, y él es nuestro “Guarda,” y somos responsables, recíprocamente, por nuestros actos.

Encontramos en la Naturaleza que ciertos animales, como las abejas y las hormigas, han desarrollado cierto tipo de conciencia de grupo, porque forman grandes colonias en las cuales ellos cooperan por el bien común. Como resultado, la colonia prospera, y las unidades individuales son capaces de sobrevivir, lo cual no se podría lograr si trabajaran cada una por su cuenta.

Nosotros, los seres humanos, nos encontramos ubicados por la Naturaleza como parte de varias combinaciones, tales como familias, pueblos, naciones, etc. Como miembros de esos grupos, hacemos mucho de nuestro trabajo colectivamente. Reconocemos que somos parte de algo más grandioso que nosotros mismos, y que hay algo para ser ganado, tanto por el individuo, como por el grupo, por tal cooperación.

El cuerpo humano es un ejemplo maravilloso de cooperación entre varias células y órganos, todos trabajando conjuntamente por el beneficio del cuerpo como un todo. Inconscientemente, el hombre copia el método de cooperación de la Naturaleza, como cuando un trabajo público grande tiene que hacerse, y él encuentra que se beneficia de ese modo. Así, él se une a otros para formar lo que él llama una “organización,” con alguien como su “cerebro,” y varios comités y subordinados para llevar a cabo los detalles, de la misma forma como los órganos del cuerpo ejecutan sus funciones variadas. Cuando nos referimos a nuestra comunidad, o estado, como un todo, y le llamamos “el cuerpo social” o “el cuerpo político,” subconscientemente reconocemos una realidad interna.

Cualquiera que sea el objetivo, ya sea religioso, político, científico, comercial o de otra índole, y ya sea que el motivo sea egoísta o altruista, los hombres ponen por obra lo que más pueden llevar a cabo, al actuar colectivamente que haciéndolo individualmente.

No podemos esperar mucha evidencia de unidad en el plano exterior, donde nuestra separatividad es más pronunciada. Sin embargo, como ya lo hemos visto, las indicaciones de que estamos unidos en alguna forma unos con otros, no están faltando completamente. Como quiera que sea, la unidad verdadera de toda vida se encuentra en los planos espirituales de la Naturaleza, y porque el hombre común hasta ahora no se ha vuelto consciente en esos planos, es incapaz de demostrar esa unidad para que pueda ser observada directamente.

Evidencia Indirecta de Unidad

Las indicaciones externas y directas de unidad pueden que no sean suficientes, pero existe abundancia de evidencia indirecta de que no estamos separados, porque vemos el resultado desastroso que sigue cuando los hombres actúan egoístamente y contra las leyes de la armonía.

Esas leyes no pueden romperse impunemente, porque se hacen respetar por ellas mismas. Si vamos a construir una bóveda de piedra, las piedras deben ser labradas y colocadas de acuerdo a las leyes de la mecánica. No existe autoridad externa que nos obligue a obedecer esas leyes, pero si fallamos al hacerlo, la bóveda se nos viene abajo. Tampoco la Naturaleza nos exige a vivir en armonía con nuestros prójimos, pero dejar de hacerlo resulta en el colapso de una sociedad bien organizada, tanto como dejar de obedecer las leyes de la mecánica da como resultado el colapso de la bóveda.

Vemos ejemplos de esto en toda situación, tanto en las pequeñas como en las grandes, en la familia y en la comunidad, nacional e internacionalmente. Egoísmo e indiferencia por los derechos de otros, practicado por algunos individuos, acarrea sufrimiento e infelicidad, e incrementa las cargas sobre otros. Cada año que pasa nuestra unidad se vuelve más y más aparente. Los inventos modernos nos han traído a todos a juntarnos, porque los actos de egoísmo y agresión que anteriormente fueron localizados, y que pasaron inadvertidos afuera en un pequeño círculo, ahora le afecta a toda la raza humana. Si una nación agresora ataca a un vecino más débil en alguna parte remota del mundo, podemos pensar que no tiene que ver con nosotros, pero antes de que la cadena de sucesos que ha sido puesta en acción se detenga, podemos haber sido arrastrados dentro del conflicto, y nos damos cuenta que sí tuvo que ver con nosotros también.

La Piedra de Tropiezo Es el Egoísmo

El ideal de la Fraternidad siempre ha atraído la imaginación del hombre. En sus mejores momentos, él sueña con el Milenio, y algo por dentro le dice que no es una Utopía imposible, sino que algún día se convertirá en una realidad viviente.

Las enseñanzas éticas de las religiones grandiosas también enseñan Fraternidad. En el Sermón de la Montaña, Jesús incita a los hombres a practicar altruismo, perdón, generosidad, a amar al prójimo como a uno mismo, a aplicar la Regla de Oro en la vida de cada día, y así, hacer de la Fraternidad una realidad viviente. Otros Maestros espirituales han enseñado las mismas éticas.

Generalmente es convenido que las enseñanzas sencillas del Sermón de la Montaña, si se tomaran seriamente y se pusieran en práctica, serían suficientes para establecer Fraternidad, y el fracaso del hombre para hacerlo no se ha debido a la falta de enseñanzas éticas sobre el tema.

El altruista y el humanitario sí toman esas enseñanzas seriamente y buscan beneficiar a sus prójimos sin motivos egoístas. Muchos intentos sinceros han sido hechos por religiosos y otros grupos para practicar Fraternidad, y si no fuera por los esfuerzos de esa gente de buena voluntad, este mundo estaría en una condición más pésima que la que ya tiene. Pero aquellos que tratan de practicar Fraternidad se encuentran con muchas dificultades. Ellos tienen que tratar con otros que, por su egoísmo, impiden que esos esfuerzos se materialicen en Fraternidad, al volver inefectivos tales esfuerzos.

Es el egoísta quien causa la disensión y la discordia en el mundo. A él también se le han presentado las enseñanzas éticas de la religión, pero las ha ignorado durante las edades pasadas, y está haciendo lo mismo ahora. A menos que él pueda ser inducido a cambiar su posición egoísta, la Fraternidad no se convertirá en una realidad. Evidentemente, las enseñanzas éticas, tan maravillosas como lo son, no son suficientes para llevar a cabo esto si permanecen solas, volviéndose inefectivas allí donde ellas más se necesitan.

El egoísta siente que el egoísmo ofrece ventajas inmediatas y concretas, mientras que los beneficios que resultan del altruismo son inciertos y que nunca podrían materializarse. Él ve que otros practican egoísmo con resultados aparentemente favorables, y por ello, concluye que el egoísmo “paga” mejor que el altruismo, y que esa es la razón por la que actúa egoístamente.

El egoísmo y el crimen no pueden ser eliminados en tanto el hombre crea que le son lucrativos. A menos que se demuestre que ellos son infructuosos y nocivos para el bienestar del hombre, el egoísmo, la corrupción y el crimen continuarán, se volverán más agravantes, y finalmente destruirán nuestra civilización, como lo han hecho con muchas otras en el pasado.

La eliminación del egoísmo, entonces, depende de eliminar el motivo de lucro escondido detrás de él, y la solución del problema del egoísmo depende de la respuesta a la pregunta: ¿Acaso el egoísmo paga?

¿Nos “Beneficiamos” del Egoísmo?

Si vamos a beneficiarnos del egoísmo, debemos obtener de los demás más de lo que damos a cambio, o mejor dicho: “obtenemos algo a cambio de nada.” Debemos ser capaces de cosechar utilidades que no las hemos ganado, y debemos ser capaces de escapar de las consecuencias de nuestros hechos de maldad.

Debemos notar que todos los éxitos obtenidos mediante el egoísmo están basados en la suposición de que podemos recoger utilidades sin sembrarlas antes, y de sembrar maldad sin recoger sus consecuencias, en otras palabras, todo depende de nuestra habilidad para burlar la Ley de Causas y Efectos. Si podemos burlar esa Ley, somos capaces de beneficiarnos del egoísmo. De lo contrario, no puede haber ganancia del egoísmo.

Demostrar que las acciones humanas están gobernadas por la Ley de Causas y Efectos, es demostrar que no existe ganancia del egoísmo, y de aquí, que no existe razón para practicar egoísmo.

Todo aquel que acepta la Ley de Causas y Efectos, debe rechazar el egoísmo como método de obtener ganancias.

Todo aquel que actúa egoístamente, esperando ganar de ese modo, demuestra con su acción que él no cree en la Ley de Causas y Efectos. Él puede alabarla, pero por su acto, él realmente dice: “Estoy seguro que no tendré que sufrir del efecto malvado de mi acción. Puede que realmente no haya ningún efecto, y si lo hay, lo puedo evitar.” Un acto de maldad solamente puede basarse en la creencia de que el malhechor puede evitar las consecuencias de su acto, en otras palabras, en su habilidad para desafiar la Ley de Causas y Efectos.

Un Llamado al Egoísta

El egoísta vive en un plano inferior al del altruista. Su conciencia está centrada en su Personalidad; y por lo tanto, está más conocedor de su separatividad física de sus prójimos, que de la unidad espiritual con ellos. El llamado ético de la religión se vuelca sobre su cabeza. Si esperamos cambiar su posición egoísta, debemos tratar de hacerlo en el plano donde él funciona; debemos estimular su interés propio.

La Ley de Causas y Efectos, además de gustarle al altruista, también tiene un atractivo efectivo para el egoísta.

Cuando el egoísta se convenza de que recogerá lo que sembró, él se dará cuenta que cualquier acto que ejecute para el beneficio de alguien más, inevitablemente resultará en un beneficio similar que regresa a él, y que beneficiando a los demás, así también se beneficiará por él mismo.

De igual manera, él se dará cuenta de que cualquier sufrimiento que pueda haber causado, cualquier daño que le pueda haber hecho a otro, también le será devuelto, y de que, por dañar a otro, él también se causa daño a sí mismo. Bajo estas condiciones, es solamente sentido común el practicar Fraternidad, y de evitar dañar a los demás. Hacer lo contrario, es actuar en contra de nuestro propio interés. El conocimiento de que recogeremos lo que sembramos tiene un efecto doble: refrena al egoísmo, y promueve la Fraternidad.

La noción ilógica de que estamos aquí por una sola vida es lo que engaña al hombre para que crea que puede obtener ventajas mediante el egoísmo. Visto a la luz del Karma y la Reencarnación, es aparente que tales ganancias son solamente transitorias e imaginarias. En lugar de ser verdaderas, ellas no son más ventajosas que incurrir en deudas, las que finalmente tienen que ser liquidadas.

La importancia de las doctrinas del Karma y de la Reencarnación en sus efectos sobre la conducta humana, no puede ser sobrestimada, porque sostienen la solución al problema del egoísmo, el más grande de los obstáculos para el progreso humano.

Egoísmo Revertido

Cuando el egoísta se dé cuenta que el altruismo es ventajoso para él, empezará a practicarlo. No podemos esperar que altere todo su carácter de una sola vez, porque sus viejos hábitos y su forma de pensar, son difíciles de cambiar. Su primer intento será hecho con vista hacia los beneficios que espera se deriven desde allí. Su motivo todavía es egoísta, pero la dirección del egoísmo está revertido; ya no daña a otros, los beneficia. Él ha hecho un comienzo en la dirección correcta, lo cual es mejor que no haya empezado, y él no ha almacenado problemas futuros para sí.

Los resultados beneficiosos pueden ser desilusionantes, pero él ha abierto una nueva puerta al mejor lado de su naturaleza. Él tiene la experiencia nueva de hacer felices a otros, y esto le acarrea felicidad a él también.

A medida que avanza gradualmente en su evolución, la experiencia feliz de beneficiar a otros, o de hacer desaparecer todo pensamiento de recompensa o de castigo, será su propia recompensa. Entonces, el altruismo se convertirá en la forma natural de su vida.

La Ética Basada sobre las Leyes de la Naturaleza

En su esfuerzo para determinar la validez o la verdad de una doctrina, el hombre tiene tres métodos por los cuales él puede investigar el tema. Ellos son: la religión, la filosofía y la ciencia, y cada una de ellas revela una fase diferente del tema en consideración. Si la doctrina es cierta, debe tener una explicación que sea satisfactoria desde todos estos tres puntos de vista.

En su aspecto religioso, la doctrina debe satisfacer las intuiciones morales del hombre, sus aspiraciones y anhelos por una vida superior y más noble; debe enseñarle cómo ajustar su vida en armonía con sus prójimos. Pero sólo la religión, sin la filosofía y la ciencia, puede conducir al dogmatismo y a la superstición.

En su aspecto filosófico, la doctrina debe satisfacer el razonamiento y la lógica del hombre. Pero la filosofía, sin religión y ciencia, puede conducir a un intelectualismo frío, estéril y lejano del entendimiento y solidaridad humanos.

En su aspecto científico, la doctrina debe armonizar con hechos y leyes establecidas de la Naturaleza, pero a menos que también satisfaga las aspiraciones religiosas del hombre, su razonamiento y lógica, su presentación es incompleta, y puede conducir al materialismo irresponsable.

No hay religión superior que la Verdad,” dice la Sabiduría Antigua. Y agrega que no puede haber conflicto entre religión verdadera, filosofía cierta y ciencia verídica. Una doctrina que fracase en satisfacer todos los tres métodos de investigación, es errónea o incompleta en su presentación.

Cuando buscamos determinar el por qué las enseñanzas éticas no han tenido una influencia más grande sobre la conducta del hombre de la que tienen, encontramos que ellas han sido presentadas desde el punto de vista religioso solamente. Lo que está faltando es una filosofía que demuestre el por qué el hombre debiera practicar ética, y una ciencia para demostrar que esa filosofía se basa en hechos de la Naturaleza.

Las doctrinas del Karma y la Reencarnación dan la base filosófica en la cual la ética se apoya. Esas doctrinas, a su vez, están basadas sobre la Naturaleza, porque la ciencia ha demostrado que el lado material de la Naturaleza está gobernado por la ley; y el razonamiento y la lógica nos dicen que esta ley debe aplicarse en todas partes del universo.

Si examinamos las enseñanzas éticas, encontramos que si ellas no se refieren a la Ley de Causas y Efectos, ellas se basan en ella. En el Sermón de la Montaña, Jesús les enseña a los hombres que “primero busquen el Reino de Dios y Su Justicia,” y entonces, las necesidades del cuerpo serán proveídas. ¿Y qué es “el Reino de Dios y Su Justicia,” sino practicar altruismo, generosidad, en breve, vivir de acuerdo a la Regla de Oro? Tales acciones deben tener sus efectos, porque la Naturaleza reaccionará en la misma forma a nuestras acciones, y los efectos son dirigidos de regreso a nosotros. Por lo tanto. Jesús dice efectivamente: Da, y el logro proveerá por él mismo, una declaración que tiene base en la Ley de Causas y Efectos.

Existen muchos viejos aforismos o reglas que pertenecen a la conducta humana, los cuales han sido pasados de generación en generación, porque el hombre siente intuitivamente que son ciertos. Cuando son analizados, se encuentra que ellos también tienen base en el Karma.

“Cuánto más das, cuánto más tienes, esa es la ley del amor,” es uno de tales dichos. Lo más que damos, lo más que lo hacemos altruistamente y sin buscar recompensa, lo más Karma bueno que “almacenamos” para nosotros mismos, para ser recogido en el futuro.

“La honestidad es el mejor de los principios”. Honestidad y deshonestidad acarrearán sus efectos apropiados, de acuerdo con la Ley de Causas y Efectos. La primera, naturalmente será favorable, mientras que la última será desfavorable; de aquí que la honestidad sea el mejor principio.

Otro aforismo nos dice que: “Es solamente lo que has dado lo que tendrás en tu mano fría cuando mueras.” Lo que hemos dado sin recibir recompensa, el Karma se encarga de regresárnoslo en su debido tiempo.

La intuición le dice al hombre que hay verdad en esos viejos dichos, pero su mente razonadora también debe estar convencida de ello, antes de ponerlo por obra.

Resumiendo:

La Religión enseña ética.

La Filosofía demuestra el por qué el hombre debe practicar ética.

La Ciencia demuestra que la ética está basada en las leyes de la Naturaleza.

Tomadas como un todo, ellas nos dan el conocimiento y el entendimiento que se necesitan para hacer de la Fraternidad, una realidad.

La Unidad Es la Causa — La Fraternidad Es el Efecto

Como fue indicado previamente, la base de la Fraternidad es la unidad de toda vida. Cuando esta unidad esté completamente comprendida, la Fraternidad seguirá por impulso propio. Vendrá como la manifestación exterior de una condición que ya existe en los planos internos y espirituales de la Naturaleza.

Es el fracaso del hombre en reconocer esta unidad lo que conduce a toda disensión y discordia en el mundo. En su Naturaleza Superior interna, el hombre siente un vínculo de unión con sus prójimos, y cuando él está bajo la influencia de este sentimiento, él actúa en armonía con ellos. Una gran calamidad de la Naturaleza saca este lado bueno del hombre, y él reconoce de inmediato su obligación de ayudar a aquellos en desgracia.

Pero él todavía no ha evolucionado hasta el punto en donde él pueda reconocer esta unidad, en donde las penas y el sufrimiento toman una forma menos espectacular. Así, él se aísla por sí mismo, al retirarse dentro de la cubierta de la personalidad inferior, y toma refugio en la separatividad que existe allí. Él no se da cuenta que la separatividad en la cual él trata de protegerse a sí mismo, es un engaño causado por el hecho de que su visión está limitada al plano material de la Naturaleza solamente, y fracasa en informarse de la unidad que existe en los planos internos.

Si él tuviera visión interna, él vería que su aislamiento no fue más verdadero que ese de un inquilino de una casa grande de apartamientos, que se acomoda pensando que un incendio en el apartamento de alguien más no es una amenaza para su propia seguridad.

Debemos darnos cuenta que vivimos en “la gran casa de apartamentos de la Naturaleza,” y “un incendio en cualquier apartamento, si no es controlado, al final nos afectará a todos los inquilinos. Como naciones, estamos comenzando a aprender que nuestra paz, libertad y prosperidad, dependen de otras naciones que también gozan de esos privilegios; que un ataque sobre una de nuestras naciones hermanas, es un ataque sobre todas, que “el incendio en el apartamento de nuestro vecino, también es nuestro.”

A medida que el hombre evoluciona y se torna completamente más conocedor de los vínculos que lo atan a sus prójimos, él ya no puede sentirse indiferente hacia ellos. Su entendimiento de los problemas y penas de ellos, se vuelven tan vivificados, tan intensos, que le parecen como propios de él. No tendría tranquilidad de ánimo, hasta que haya hecho todo lo que esté a su alcance para traer alivio a aquellos que lo necesitan.

Cuando hayamos alcanzado este punto, el “Cuerpo Social” ya no será una mera figura, será una realidad viviente. En tal sociedad, condiciones de barrios bajos y falta de oportunidad para el desamparado y otras injusticias sociales, serían tenidas como enfermedades del Cuerpo Social, y todo lo posible sería hecho para su eliminación, exactamente como un individuo buscaría limpiar y curar una llaga ulcerada, para que no enferme al resto del cuerpo.

Miembros de tal sociedad no competirían entre ellos por ventajas egoístas, sino más bien cooperarían en un esfuerzo para contribuir para el bienestar común. A cambio de la ley de la jungla, “cada cual que rece por su santo,” la consigna sería: “cada cual ayude a aquellos menos avanzados que él,” y no habría nadie que se quede atrás en la marcha del progreso. Aún el menos importante tiene algo para dar, y el holgazán de hoy podrá, después de vidas de esfuerzos, ser el líder del futuro, y entonces, devolver la ayuda que se le prestó.

La Fraternidad no vendrá como el resultado de cualquier arreglo artificial y sintético impuesto desde fuera, sino que vendrá cuando los hombres lleven a cabo su unidad con sus prójimos. Entonces, ellos actuarán y vivirán como hermanos, lo cual ellos realmente son. Cuando esto ocurra, el Reino de los Cielos ya no será un sueño utópico, sino una realidad viviente “en la tierra como en el Cielo”, o en los planos espirituales.

Las Ideas Gobiernan el Mundo

La idea de que el egoísmo es provechoso ha dado como resultado el predominio del egoísmo, pero es evidente que nunca será provechoso, al contrario, siempre será perjudicial. Esta consecuencia eliminará al egoísmo. Pero esta eliminación no vendrá totalmente de una sola vez. La Ley del Karma, en la cual la idea está basada, tendría que ser entendida y asimilada primero. En asuntos como estos, deberíamos de “pensar en siglos,” más bien que en años y décadas.

Imaginariamente, adelantémonos un siglo y asumamos que durante esos años, la doctrina del Karma ha sido entendida y asimilada, primero, por los de mentalidad seria y reflexiva, y desde ellos, impartida gradualmente a los demás, hasta que finalmente haya saturado todos los estratos sociales. Entonces será aceptada como un hecho evidente, exactamente como aceptamos ahora la ley de la gravedad, y será enseñada en nuestras iglesias y escuelas.

Los niños que crezcan en tal sociedad, enseñados por sus padres y por todos sus mayores, se empaparían desde sus primeros años de la idea de que ellos son responsables por todos sus actos, y de que ellos, inevitablemente sufrirán por cualquier daño que le puedan causar a los demás.

¿Puede haber alguna duda de que estas ideas producirían una generación de individuos con sus tendencias egoístas grandemente bajo control? ¡Pensemos en la ventaja del efecto controlable que tendría sobre el aspecto negativo del Karma! ¡Pensemos en el sufrimiento y la miseria que la humanidad suprimiría a partir de ello!

Una vez el egoísmo esté dominado, las facultades superiores de la naturaleza humana serían liberadas y empezarían a expresarse por ellas mismas. Agreguémosle a esto la certeza positiva que el Karma nos brinda, al saber que los beneficios que sembremos nos serán retornados como tales. Entonces, ¿Habrá alguna duda de que el resultado será la armonía y la buena voluntad entre los hombres, lo cual constituye el primer paso hacia la Fraternidad?

Respuestas a Algunos de los Enigmas de la Vida

Ahora podemos regresar a las preguntas planteadas al principio de este libro, las cuales forman parte del “Enigma de la Vida,” y veamos como son contestadas por las enseñanzas de la Sabiduría Antigua.

Un resumen de esas preguntas está dado a continuación:

¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?

Es el resultado de la manera equivocada de pensar del hombre, de su vivir erróneo y de su actuar injusto en el pasado. Es la reacción de la Naturaleza a nuestra falta de autodominio, nuestro egoísmo y al sufrimiento que le hemos causado a los demás. No es impuesto sobre nosotros por ningún poder extraño, o por casualidad; sencillamente lo hemos acarreado sobre nosotros mismos.

Si perseveráramos en una manera correcta de pensar y en un actuar justo, el sufrimiento gradualmente dejará de ser.

¿Por qué hay tanta injusticia?

La injusticia no existe. Las circunstancias en las que nos encontramos, las experiencias a las que nos enfrentamos, las hemos hecho por y para nosotros mismos. Es solamente nuestra creencia en la teoría de una sola vida en la tierra la que nos previene de reconocer la justicia de todo lo que nos pasa.

¿Tenemos libre albedrío o somos títeres del destino?

El hombre tiene libre albedrío o libertad de elección. Su carácter, el cual aparentemente guía su preferencia, ha sido hecho por él mismo. Al cambiar su carácter, él puede cambiar su destino. Su destino es obra de sus propios esfuerzos, el cual no está predestinado por algo que provenga desde fuera de él mismo.

¿Somos responsables por nuestros actos? ¿Recogeremos lo que hemos sembrado?

El hombre puede actuar libremente con un sentido de derecho o de error. Él puede actuar como él escoja, pero no puede escapar de las consecuencias de su acto. Recogerá lo que ha sembrado, no más, no menos; ni mejor, ni peor.

¿Hay vida después de la muerte?

Sí. La Muerte no es más que un sueño — el Hombre Verdadero todavía vive. Todo lo que fue lo mejor y más amable, es eterno. La edad no es sino una condición del cuerpo — el Alma nunca envejece. La vida del Ego es continua, y existe después de la muerte, así como también él vivió antes de nacer.

El nacer y la muerte son portales a través de los cuales el Ego pasa, a medida que cambia de un estado de conciencia a otro. En la muerte, el Ego se retira de un estado activo de conocer su propia existencia, a un estado pasivo de sueño. Después de un período largo de descanso, el Ego regresa al estado activo de conocer su propia existencia, a través del portal del nacimiento.

La Reencarnación es la llave maestra que resuelve la mayoría de los problemas fastidiosos de la vida.

¿Cuál es el propósito de la vida?

Evolución, crecimiento, extensión de facultades latentes. Un levantamiento de la imperfección hacia la perfección, un avance gradual hacia la unión con el Dios Interno del hombre, con posibilidades infinitas de crecimiento cuando esa unión ha sido consumada — una aproximación siempre más cercana hacia un ideal siempre de avance.

La vida es una escuela en la cual nunca es demasiado tarde para aprender. Lo que es dominado con maestría en una vida, retornará en una forma mucho más fácil en la siguiente reencarnación.

¿Es éste un Universo fortuito, gobernado por fuerzas ciegas,
o existe un plan detrás de él?

El Universo visible es una personificación de una porción de la Conciencia Universal, la que en este plano se expresa por ella misma mediante una infinita variedad de unidades de vida, o Mónadas, en diferentes etapas de desarrollo. Todas esas Mónadas están, al presente, avanzando en su evolución en los varios Reinos de la Naturaleza. Ellas están lentamente levantándose de estados inferiores de existencia, hacia los superiores; los que están abajo del Hombre, avanzan hacia la etapa humana, y el Hombre está ascendiendo en su evolución hacia la etapa Crística.

En este plan, y de acuerdo a la Sabiduría Antigua:

La Perfección es el objetivo.
La Evolución es el método
La Dualidad provee las herramientas de trabajo.
El Karma es el maestro, y
La Reencarnación provee el tiempo.

La llama divina natural o Rayo de Divinidad, que en el principio emanó de la Vida Universal, tiene que atravesar todas las formas de vida, y después de ganar conocimiento de su propia existencia en el reino humano, se levantará más alto a lo largo del Rayo de Divinidad hasta que se reincorpore a su fuente divina original, donde, todavía reteniendo su identidad como un ser consciente de sí mismo, su conciencia se vuelva universal.

Esto marcará el final de nuestro período evolutivo, pero no el final de la evolución. Las Mónadas que hayan completado exitosamente esta etapa de evolución, entonces ingresarán en un largo período de descanso, después del cual comenzarán un nuevo período de evolución, en un plano todavía mayor, y así continuarán sus ascensos a estados de conciencia más altos y mayores ad infinitum.

Un tema tan vasto como éste, del cual hemos tratado brevemente en este libro, no puede ser cubierto adecuadamente en un espacio tan pequeño. Solamente está presentado aquí como una idea general, con la esperanza de que guiará al investigador a estudiar algunas de las grandes obras sobre la Sabiduría Divina, tales como The Secret Doctrine de H. P. Blavatsky, The Esoteric Tradition, Man in Evolution ambas de G. de Purucker, y otras obras por los mismos autores. Ellas contienen la información que el hombre necesita para entender la vida, y la parte que él tiene que desempeñar en ella.

Las siguientes citas son de la pluma de H. P. Blavatsky:

“El punto principal es desarraigar la fuente más fértil de todos los crímenes y de la inmoralidad — la creencia de que es posible para los hombres escapar de las consecuencias de sus propias acciones. Todo junto lo enseñan las más grandes de todas las leyes, Karma y Reencarnación, y además se siente dentro de ellas, la verdadera dignidad de la naturaleza humana. Ellas disuadirán de la maldad y la evitarán por más que un peligro físico lo quiera imponer.”— The Key to Theosophy (páginas 243-4)

La Edad de Oro de la Fraternidad

Si la sabiduría Divina prevaleciera en la lucha, su filosofía universal impresionará raíces profundas en las mentes y corazones de los hombres; si sus doctrinas de la Reencarnación y el Karma (en otras palabras, de Esperanza y Responsabilidad) encontraran hogar en las vidas de las nuevas generaciones, entonces, ciertamente amanecerá el día de gozo y alegría para todos los que ahora sufren y están marginados.

Porque la verdadera Sabiduría ES ALTRUISMO, y no podemos repetirlo muy frecuentemente. Es amor fraternal, ayuda mutua, devoción inquebrantable a la Verdad.

Si todos los hombres, tan sola una vez, se dieran cuenta que únicamente en esto puede encontrarse el verdadero gozo, y nunca en la riqueza, posesiones, o en cualquier otra gratificación egoísta, entonces, las tinieblas desaparecerán, y una nueva humanidad nacerá sobre la tierra. Entonces, la Edad de Oro estará allí, ciertamente.

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