Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Archive for 23 de Enero de 2007

H.P.B. y la Astrología

por Jutta K. Lehmann

Publicado en “Sophia” Julio-Agosto 1997


Trataremos este tema centrándonos en cuatro aspectos importantes:

1.-Los orígenes de la astrología.

2.-La astrología como ciencia.

3.-La condición del astrólogo.

4.-Las respuestas de H.P.B. al criticismo general

(DS significa La Doctrina Secreta y CW Collected Writings)


astrologia1ax.jpg

Los orígenes de la Astrología


La creencia en la astrología está profundamente anclada en el sistema filosófico de H.P.B. basado en su conocimiento y sus convicciones sobre los orígenes del zodíaco. En los vol. I y II de su obra principal, La Doctrina Secreta, establece que los orígenes zodiacales se remontan a la época atlante. La Atlántida (que ella acepta como un hecho histórico) es también la cuna del más renombrado de todos los astrólogos, conocido con el nombre sánscrito de Asuramaya, quien, incidentalmente, fue también el más importante de los astrónomos y magos. “La cronología y cómputos de los iniciados brahmines se basan en los registros zodiacales de la India y en las obras de…Asuramaya” (DS, II, 49)


Ya en el vol. I DS, H.P.B. entra en cálculos elaborados para demostrar que los descubrimientos de los astrónomos hindúes (que en esa época eran también astrólogos) fueron los precursores de los de Grecia. Ataca a los científicos de su tiempo por ser incompetentes a la hora de juzgar los verdaderos orígenes y antigüedad del zodíaco. Esto requería mucho valor en los días álgidos de los misioneros cristianos en la India, que consideraban a los hindúes como bárbaros necesitados de la luz de Jesús. No nos sorprenderá el hecho de que su afirmación de que los hindúes realmente sabían mucho más de nuestro cosmos y eran mucho mejores astrónomos que los de occidente, y de que incluso influyeron nuestro pensamiento en estos temas, no fuera muy bien recibida.

La India y Egipto eran considerados por H.P.B. como santuarios de esta antigua sabiduría sobre las estrellas y el universo. Restos de estos principios, señala, son reconocibles en los días de nuestra semana. Estos llevan el nombre de los dioses planetarios de los caldeos, que, según afirma, los tradujeron de los de los arios.

H. P .B. sugiere en sus escritos que hemos perdido el conocimiento de los verdaderos orígenes de la astrología con sus raíces esotéricas. Dice: “La clave del ceremonial o astrología ritualista, con el terafim y el urim y el thumim de la Magia, se ha perdido para Europa. Por esto nuestro siglo de Materialismo se encoge de hombros y ve en la astrología algo falso” (CW, XIV, 352)

También hemos perdido la conexión (que ella veía) entre la astrología y la Kabala judía, y que ella, por falta de tiempo, no pudo explorar en su totalidad. Además, sostiene que los astrólogos modernos, distintos a los que son también estudiantes de lo oculto, han perdido la comprensión original del lazo que hay entre los ciclos planetarios y los antiguos ciclos cósmicos de la filosofía hindú, como los yugas, manvantaras etc.

(CW III, 194)


La Astrología como Ciencia


Blavatsky considera el ocultismo, que incluye la astrología, como altamente científico, porque conoce y aplica las leyes de la Naturaleza, no sólo las que ya son conocidas por los científicos del siglo diecinueve sino también aquellas leyes secretas ocultas con las que los científicos están todavía lidiando hoy en día. Su noción de la ciencia, enraizada como estaba en la tradición hermética, es así radicalmente distinta a la de los descubrimientos posteriores de la ciencia en el mundo moderno. La “nueva ciencia” del Renacimiento tuvo que romper con sus raíces ocultas espirituales ante la feroz oposición de la iglesia católica y gradualmente adoptó una existencia materialista puramente abstracta. Por contraste, Blavatsky defiende su caso desde una antigua tradición oculta que siempre incluía la astrología. Además, afirma que la astrología cumple todos los requisitos para llamarse ciencia. Escribe, por ejemplo:

“Sin embargo, ya sea antigua o moderna, las dos pueden llamarse ciencias exactas; porque si el astrónomo de hoy en día saca sus observaciones de cálculos matemáticos, el astrólogo de la antigüedad también basaba sus pronósticos en observaciones no menos agudas y matemáticamente correctas de los ciclos recurrentes. Y, como ahora el secreto de esta ciencia se ha perdido, ¿es eso una garantía para decir que no existió nunca?” (CW, 11,419)

La astrología y la alquimia son el corazón y el alma de las ciencias modernas de la astronomía y la química, y “mientras no se reconozca esta verdad, la astronomía y la química seguirán girando en un círculo vicioso y no producirán nada más allá de la materialidad” (CW, VIII, 79). Así, para ella, la astrología no sólo incorpora los principios matemáticos de la astronomía sino que va más allá de los cálculos matemáticos abstractos sobre la naturaleza material de las estrellas, sus distancias respecto a nosotros, etc., para dar un significado espiritual. Por esto ella siente que la astrología complementa a la astronomía, de la misma manera que la psicología complementa a la fisiología. A través de su uso científico de cálculos matemáticos, la astrología puede explicar qué causa producirá una combinación específica determinada de efectos, y puede ayudarnos, por ejemplo, en nuestra elección de una encarnación futura (otro principio de creencia).

Según H.P.B., la carta astral de una persona, con las posiciones planetarias de su nacimiento, es así “el resultado agregado de las causas ya producidas”

(CW, VI, 229). En otras palabras, muestra la suma total de k arma acumulado durante las encarnaciones pasadas. Para el astrólogo oculto iniciado, esta información es la clave para predecir el futuro. Blavatsky también nos dice que ella piensa que la influencia planetaria funciona, específicamente, a través de las afinidades y atracciones magnéticas de los cuerpos planetarios. La persona se sitúa en una relación magnética particular como resultado del karma acumulado (acciones morales positivas y negativas) en el pasado.

Esto también proporciona la base de la distinción que hace entre la astrología esotérica y la exotérica. Esta última es la influencia de los planetas físicos sobre el lado físico y material de la vida, mientras que la astrología esotérica trata de las influencias sobre las facultades mentales, psíquicas y espirituales. Estas facultades no están gobernadas por los planetas físicos sino por sus dirigentes espirituales, por las fuerzas que hay detrás del funcionamiento de los planetas.

También menciona diferencias entre los dos tipos de astrología con respeto a la dirección sobre las partes del cuerpo.

Estas y otras distinciones también conducen, naturalmente, a distintas interpretaciones, por ejemplo, con respeto a las deducciones sobre el karma pasado.

Considera que la astrología practicada durante su vida es una mezcla de la esotérica y la exotérica. (CW, XII, 537)

Para Blavatsky, una carta astral natal puede solamente indicar tendencias individuales; las influencias no hacen más que predisponer al individuo a adoptar un curso de acción particular que se corresponda con sus efectos kármicos.

Escribe:
“Los astros no causan nuestra buena o mala suerte, sino que simplemente indican lo mismo” (CW, III, 192). Los astros no determinan nuestro destino, sino que más bien indican el futuro más probable. El fatalismo, por otra parte, implica el curso ciego de algún poder todavía más ciego y el hombre es un agente libre durante su permanencia en la tierra. No puede escapar a su Destino dirigente, pero tiene la elección de dos caminos que le llevan en esa dirección y puede alcanzar el objetivo de la desgracia…Los que creen en el Karma tienen que creer en el destino que, desde el nacimiento a la muerte, cada hombre se va tejiendo…Cuanto se ha tejido la última hebra y el hombre aparentemente queda atrapado en la red de su propia fabricación, entonces se encuentra completamente bajo el imperio de su destino auto creado. (DS, 1,639)


Para que la astrología pueda equipararse de una manera verdaderamente científica a la astronomía, Blavatsky pone la condición “de que sus intérpretes tienen que ser igualmente infalibles; y es esta condición, sine qua non, tan difícil de cumplir, ¡la que ha sido siempre el problema de las dos!”. El que los astrólogos no sean todos infalibles no convierte a la astrología en sí en algo defectuoso. La medicina no se juzga a través de las numerosas imperfecciones de sus doctores.


art-astrologia.jpg

La Condición del Astrólogo


El astrólogo medio de su época distaba mucho del ideal de Blavatsky. Ella quería que el astrólogo tuviera una base firme en ocultismo, porque esto le daba acceso a los significados más profundos.

El astrólogo debería, por consiguiente, ser un maestro de la astrología esotérica como la misma Blavatsky. Ella lamenta el hecho de que, en su mayoría, los astrólogos hayan perdido este conocimiento, no tengan una buena preparación y, corrientemente, sean unos charlatanes. (CW, IV, 302)

Hay otras condiciones ligadas a los que desean llegar a ese nivel. “Un hombre tiene que ser un psicólogo y un filósofo antes de poder convertirse en un perfecto astrólogo y comprender correctamente la gran Ley de la Compasión Universal. No sólo la astrología sino el magnetismo, la teosofía y todas las ciencias ocultas, especialmente la de la atracción y repulsión”, de otro modo le considera superficial (CW, III, 192). El astrólogo ideal de Blavatsky se parece, así, al hombre sabio de la antigüedad que ha penetrado en los misterios más profundos de la humanidad y del universo, y su modelo era Asuramaya. Este listón tan alto no era para disuadir a la gente de dedicarse a esta ingente tarea, sino más bien para hacerles más humildes en su práctica. Sin embargo, mientras que muchos astrólogos modernos pueden haber perdido de vista este conocimiento esotérico, H.P .B. sigue considerándolo como una disciplina digna de ponerla en práctica.


Respuestas de HPB a las críticas habituales


Una objeción corriente en su época era la de que la astrología no tiene base, porque sus orígenes son desconocidos.

H.P.B. contradice estas críticas remontándose a la Atlántida. Sin embargo, aunque sus orígenes no puedan documentarse plenamente, afirma que las predicciones pueden seguir haciéndose sobre la base de los acontecimientos cíclicos, que pueden calcularse mediante principios matemáticos básicos. La interpretación de estos datos está basada

en antiguas observaciones que “registraban la recurrencia de estos hechos en su hora y día, durante un período que abarcaba cientos de miles de años, y las conjunciones de las mismas constelaciones tienen que producir necesariamente, si no exactamente, los mismos efectos, o en cualquier caso, efectos similares”. (DS, I, 646)

Otra crítica habitual es la de que es fatalista. Blavatsky aduce: “Es solamente porque esa humanidad ha cerrado siempre sus ojos a la gran verdad de que el hombre mismo es tanto su propio salvador como su propio destructor, y que no necesita acusar al Cielo ni a los dioses, Hados y Providencia, de la injusticia aparente que reina en medio de la humanidad” (DS, I, 644). Entiende que nuestras condiciones físicas y espirituales en esta vida son los efectos de nuestras propias acciones pasadas que se extienden a encarnaciones previas. Así, no deberíamos culpar a los planetas de nuestra carta astral natal, sino más bien aceptar la responsabilidad de una vida que hemos creado a través de nuestra propia acción.

Contradice las objeciones de los astrónomos, afirmando que la astronomía no es más que la hermana pequeña de la astrología, y que trata de ignorar sus raíces reduciendo la astrología “a la posición de la Cenicienta en la morada de la Ciencia”. (CW, VI, 347).

La astrología ha sido apartada a un lado y ridiculizada por la ciencia moderna durante los últimos siglos. Sin embargo, Blavatsky prevé el tiempo en el que esta verdadera ciencia vuelva a recibir la atención que merece, permitiéndole así triunfar sobre estos distintos alegatos.


The Theosophist, marzo 1997


tierraesp.jpg

Advertisements

El nacimiento de Venus


Breve análisis simbólico “El nacimiento de Venus”

(Sandro Botticelli)

nacimientovenus.jpg

Escrito de_Phileas Fogg


Según el esoterismo, el verdadero arte proviene de nuestro Yo Superior, transportándonos a los mundos espirituales, mientras que aquello que exalta las bajas pasiones proviene de nuestro Cuaternario Inferior. Los grandes artistas -conscientes o no de su digna tarea- han sido verdaderos “canalizadores” del mundo divino y plasmado en sus obras los símbolos eternos de la Tradición.


Joselyn Godwin afirmaba que:

“Para quien contempla o recibe la obra de arte, la contemplación de objetos bellos debería despertar (parafraseando a Platón) la memoria y, finalmente, la percepción de la Belleza Inteligible que es su fuente. Esta es la finalidad ulterior del arte y de la artesanía por igual.

En las artesanías tradicionales eso se logra por medio de símbolos, como los dibujos geométricos o los emblemas animales en telas o alfarería, o los elementos masónicos, cuyo significado se revela en iniciaciones artesanales. En las artes tradicionales los símbolos son patentes, aunque no todos por igual apreciarán lo que aquellos significan”.


Uno de los grandes artistas que entendió esta idea fue Sandro Botticelli, quien plasmó en sus telas algunas alegorías de la Sabiduría Perenne. La obra que podemos observar más arriba es una de sus principales obras y se titula “El nacimiento de Venus” (1485), inspirada en la mitología grecorromana.

En dicha obra encontramos cuatro personajes utilizados para recalcar los conceptos de amor, vida y sexo.

En el centro del cuadro aparece Venus (Afrodita) diosa del amor que nace de las espumas del mar, constituidas por el semen y la sangre del dios Urano, que había sido castrado por su hijo Cronos (Saturno). Venus aparece en una concha, que alude a las cualidades creadoras de las “aguas de vida”.


A la izquierda de la diosa está el viento Céfiro (1), que sopla a Venus dándole la vida.

Esta idea de la vida relacionada al “soplo” o al aire no es nueva ya que aparece incluso en el Antiguo Testamento cuando Jehová da vida a Adán: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).

Céfiro tenía como esposa a la ninfa Cloris (Flora en Roma) a quien secuestró de las Islas Afortunadas, llevándola a Grecia por los aires. Cloris es quien aparece en los brazos del viento (2) y juntos muestran una cara del amor: el amor sensual.


Según Homero, Céfiro sopla a Venus hasta Chipre luego de su nacimiento y en ese lugar es recibida por una de las Horas, que la viste para llevarla al Olimpo.

Esta Hora (Tallo) aparece a la derecha de la diosa y simboliza el amor casto.

Esta castidad está representada en el manto que porta Tallo para cubrir la desnudez de Venus.

Tallo era honrada en Atenas por ser la Hora de la Primavera. En este caso la estación primaveral está dada por las flores que porta Cloris (según la tradición Céfiro la hizo madre de la primavera) y por la Hora correspondiente, además del nacimiento que-de acuerdo al simbolismo de las edades-representa el comienzo de la primavera.

Dicho de otro modo, los ciclos de la Naturaleza se repiten en el hombre y así la primavera simboliza la infancia, el verano la juventud, el otoño la madurez y el invierno la vejez. Esta relación entre macrocosmos (Naturaleza) y microcosmos (Hombre) está señalada en la frase hermética: “Así como es arriba es abajo”.


El comienzo de la vida relacionado a la primavera es bien conocido por muchos pueblos e incluso por algunos grupos espiritualistas de la actualidad, quien festeja el “año nuevo” cuando se inicia dicha estación y la tierra se renueva.

Botticelli ya había incursionado en el simbolismo de la primavera con su obra “Alegoría de la primavera”. (3)

De acuerdo con esta pintura, el origen de la vida está dado en la combinación de la materia (semen y sangre) y el espíritu (el hálito de vida dado por Céfiro).





Notas:

(1) El nombre Céfiro significa “el que da la vida”.

(2) Otras versiones relacionan a este personaje con Aura, la diosa de la brisa.

(3) Cabe señalar que existen interpretaciones alquímicas de la obra, relacionando a Venus con la Materia Prima Primordial.




Pensamientos para Aspirantes – N. Sri Ram

RECOPILADOS DE NOTAS Y ESCRITOS DE N. SRI RAM

nsri-ram.jpg

Aspiración es un movimiento del corazón y la mente de uno hacia algo puro y bello, del cual recibe la influencia benéfica y abraza su totalidad. Es una llama de conciencia que asciende y se fusiona en algunos aspectos de la belleza infinita del Espíritu eterno.


INDICE (I PARTE)

I. Conocimiento Propio, Confianza en Sí Mismo.
II. Voluntad
III. Verdad



I.
CONOCIMIENTO PROPIO, CONFIANZA EN SÍ MISMO, REALIZACIÓN DEL SER


1. El conocimiento propio es la única base para cualquier cambio profundo o transformación en uno mismo, que debe venir de dentro si ha de perdurar y tener la cualidad espiritual pura que no puede marchitarse ni languidecer.

2. Debemos aprender a caminar a la luz interna de nosotros mismos, aunque al presente esa luz pueda ser débil y apagada.

3. El conocimiento del mundo externo tiene que equilibrarse por el conocimiento propio. Cuando uno cava profundo dentro de sí mismo, comenzará a sentir allí la identidad básica de la vida y la unidad de toda la humanidad.

4. Esa identidad compuesta, el ‘yo’, pierde su identidad y poder cuando uno descubre por sí mismo los diferentes elementos que lo constituyen.

5. La confianza en sí mismo implica la no dependencia psicológica en nada externo a uno mismo. Tal no dependencia acaba con el temor y le confiere una dignidad que es completamente natural a quien logra tal condición.

6. El conocimiento propio, aun en sus comienzos, da lugar a la sabiduría.

7. Cada uno de nosotros está aún en la etapa de tener que descubrir la verdadera nota o fibra de su individualidad y talento básicos.

8. La total aceptación de una Ley justa que gobierna el universo, basada en el conocimiento de su existencia, no significa ni el rechazo ni la búsqueda de lo que esa Ley trae o contiene. Pero aun sin ese conocimiento, uno puede tomar lo que viene con ecuanimidad.

9. El camino hacia el verdadero yo interno, es cesar de identificarse uno mismo con ese yo irreal, el externo; alcanzamos automáticamente lo superior retirándonos de lo inferior.

10. La no dependencia no implica mantenerse aislado; puede existir junto con una dulce interdependencia, confiando en otro, y sin ningún elemento de buscar obtener algo de él para uno mismo.

11. Cada uno tiene que conocerse tal como es, dándose cuenta de las influencias que modelan su pensamiento y acción, si ha de evitar poner sus conceptos favoritos, sus ilusiones e ideas con las cuales está encariñado, en la morada sagrada de la Verdad.

12. El primer paso en el conocimiento propio es darse cuenta de esa dura concha de nuestras naturalezas que está compuesta por nuestros arraigados hábitos de pensamiento y acción, un objeto de sombras opaco a los rayos de nuestra propia comprensión. El mismo conocimiento de su existencia abre camino a los rayos de nuestra inteligencia e inicia el proceso de su disolución.

13. Estar solo en la mente y el corazón de uno mismo con una naturaleza no mezclada con el mundo, es ser uno con toda Vida, responsivo a su llamado en cada forma. Excepto en tal soledad no hay ninguna realización del Ser.



II
VOLUNTAD


14. La voluntad, en el sentido espiritual, debe coexistir con la inteligencia y el amor; está impregnada con todas las cualidades que pertenecen a la naturaleza espiritual del hombre.

15. El universo, incluidas todas las vidas y todas las cosas en él, puede concebirse como sustentado en la existencia, en la manifestación, por una Voluntad para existir.

16. La perfectibilidad del hombre puede concebirse como una posibilidad cuando hay un cambio de voluntad o disposición en uno que apunta hacia ese fin.

17. Tiene que haber la renunciación de la voluntad personal egotista del yo separativo, antes de que la Voluntad Divina pueda manifestarse y actuar a través nuestro.

18. La Voluntad del Espíritu no es la voluntad de la materia ciega, de autoafirmación mecánica o autodefensa agresiva.

19. Una vez hayamos establecido nuestra voluntad, la cual es una inclinación del corazón, sobre esas cosas que podemos compartir libremente en lugar de las cosas que dividen, la fraternidad, la libertad y la cooperación constituirán nuestra manera de vivir.

20. Sólo puede haber libre albedrío en un estado de libertad interna, el cual es la libertad de la conciencia humana de todas las compulsiones tanto externas como internas.

21. La voluntad egoísta puede convertirse en voluntad desinteresada por una comprensión que entra en todos los aspectos de nuestro vivir.

22. Lo que podemos denominar Voluntad del Espíritu es un movimiento totalmente libre que, surgiendo de las profundidades de nuestro ser, crea y fluye dentro de una forma que lo expresa y contiene perfectamente.



III
VERDAD


23. La Verdad, en el sentido real, pertenece al aspecto espiritual del hombre y fluirá en cada uno cuando su naturaleza sea suficientemente pura para recibirla; no puede encontrarse fuera de sí mismo.

24. Hay aspectos de la Verdad que sólo pueden descubrirse dentro de uno mismo, y de ninguna otra manera; y éstos son la parte más valiosa de la vida.

25. Antes de que podamos llegar a la verdad tiene que haber una actitud de humildad, ausencia de orgullo, un reconocimiento de nuestras propias limitaciones, y buena voluntad para aprender.

24. La lealtad más elevada posible está en la conformidad de nuestra naturaleza externa con la verdad dentro de nosotros, el aspecto espiritual de nuestro ser que envuelve esa verdad.

25. Antes de que la Verdad que es trascendente, aunque presente en la naturaleza de las cosas, pueda realizarse en uno mismo, tiene que haber una limpieza en el propio corazón, un bautismo real metafóricamente hablando.

26. Uno debe encontrar por sí mismo qué es la verdad. Cuando uno está pleno de ella será capaz de expresarla libremente sin exageración o defecto.

27. Quien desea encontrar la verdad, primero debe confrontarse consigo mismo tal como es y prepararse para dejar de lado ese molde que es la creación de su pasado.

28. Cada uno, siendo en su ser más intimo una unidad espiritual imperecedera, llegará a la Verdad de la cual es inseparable, a su propio modo y en la plenitud de los tiempos.

29. Debemos ser cuidadosos a cada paso para ver cómo procedemos en el camino de la Verdad, que también es el camino del amor.

30. Percibir el carácter falso o la fealdad de algo significa percibir la verdad o la belleza que allí falta.

31. El camino hacia la verdad tiene tanto significado como la verdad misma, siendo un aspecto o extensión de ella. La verdad no es meramente lo que está al final, sino también está en el movimiento que revela el final.

32. Nunca podemos llegar a la verdad por medio de argumentos cuando todo lo que urge tras el argumento es para establecer nuestra condición, para afirmar nuestro punto de vista y hacer que prevalezca.

33. Toda formulación de una conciencia pura en un estado de armonía dentro de sí, es una expresión de un aspecto de la Verdad, una creación del Espíritu, una porción de su vida.

34. La verdad a la cual uno llega por sí mismo es la que realmente transforma la propia vida; otros pueden indicar su naturaleza general, sugerir su forma y expresión.

35. La cima de la Verdad debe encontrarse en el estado en el cual la vida ha revelado sus potencialidades y plenitudes ocultas. Debemos trepar hacia ella a pesar de todas las dificultades, perseverando en la jornada.

36. Esa verdad que pertenece a la esencia de las cosas, sólo se ve en sus manifestaciones y a través de su acción.

37. Puede pensarse de la verdad como el significado que se da a cualquier cuerpo de hechos, por el Espíritu dentro de él; y ese significado tiene un encanto y un poder que puede penetrar en las mismas raíces de nuestro ser.

38. Más que todo necesitamos darnos cuenta de esas verdades que pertenecen a la naturaleza fundamental de las cosas; las verdades de la más práctica importancia y también de la más profunda significación.

39. La verdad que pertenece a la vida, su acción y naturaleza, sólo puede conocerse en su plenitud y experimentarse en uno mismo cuando la mente y el corazón están completamente abiertos.

40. Solamente podemos descubrir la verdad, ya sea la verdad en nuestro interior o la verdadera naturaleza y esencia de cualquier cosa en el universo, por medio de una condición en nosotros en la cual la mente cesa de idear a partir de su ignorancia y se convierte en la servidora de una Inteligencia que trasciende a la mente.

41. Vivir una vida de veracidad significa mucho más que hablar de ella; toda nuestra naturaleza tiene que purificarse y llenarse de un sentimiento de veracidad. Tiene que estar en un perfecto acuerdo con la verdadera naturaleza de las cosas.

42. Sólo una mente que está tranquila y relajada puede aproximarse siempre a la verdad.

43. Uno tiene que descubrir la verdad por medio de la recta clase de vivir y de la recta acción en todo nivel del ser, y prepararse así para encontrarla.

44. La realización de la Verdad que revoluciona y armoniza la vida sólo puede tener lugar cuando el yo, que es una concentración de reacciones y una amalgama de ideas personales imbuidas de un espíritu de agresión, ha desaparecido y dejado lugar para ella.

45. Cualquier verdad de profunda importancia tiene que experimentarse con la totalidad de uno mismo.

46. La verdad no es ni vieja ni nueva, y debe accederse a ella con una mente fresca y abierta, una mente dispuesta a aprender.

47. Esa verdad que puede tomar forma como la única propia comprensión de la vida, del universo, de todas las cosas en existencia, reside muy profundo dentro de nosotros, oculta bajo muchas capas de pensamiento y hábitos. La principal empresa del vivir consiste en disolver estas capas y traer la verdad a la vida.

48. Uno tiene que tener un espíritu de investigación libre e imparcial para llegar a la verdad en relación con cualquier cosa.

49. Es sólo por medio de la práctica de la verdad que conocemos en nuestros corazones, en todas las maneras posibles, que podemos llegar a su plenitud que se encuentra dentro de nosotros.

50. La verdad más elevada que podemos encontrar debe ser una verdad que es idéntica a la naturaleza más profunda de nosotros mismos, cada uno debe descubrirla por sí mismo.

51. El modo como debe encontrarse la verdad dentro de uno mismo es echando de sí todo lo que ha acumulado y con lo cual ha llegado a identificarse, reduciéndose así a una condición en donde uno es un punto sin dimensiones.

52. Libre así de trabas uno llega a ser sencillo de corazón y de mente, una condición de sencillez lo mismo que de libertad en la cual la total disposición y capacidad de uno están al servicio de esa verdad.

53. El intelecto por sí mismo sólo puede concebir la forma de las cosas; se necesita una facultad diferente para comprender la verdad de la vida que manifiesta su naturaleza y calidad por medio de esa forma.

54. Necesitamos hacer una clara distinción entre la verdad y la apariencia de verdad, su substituto o semejanza.

55. Las verdades fundamentales son las que pertenecen a nuestro propio ser y son inseparables de él.

56. Debemos encontrar nuestro camino al corazón de las cosas, la verdad esencial que está allí, que es fuente de vida, que puede transformar nuestro ser y revolucionar nuestras vidas.

57. En relación con todas las cosas externas, la Verdad consiste en ver las cosas tal como son; no sólo la apariencia y los hechos crudos acerca de ellas que no nos tocan profundamente, sino también esas formas internas o ideales que subyacen tras esas apariencias.

58. A la Verdad en sus aspectos más sutiles y profundos, en donde asume un significado difícilmente imaginado por nosotros, no se llega por el pensamiento, sino se revela a las facultades que perciben mejor, o sólo se perciben, cuando la mente está quieta.

59. La Verdad tiene muchos aspectos y es infinita; debemos estar abiertos a todo nuevo aspecto de ella que pueda descubrirse o que tenga la posibilidad de que lo descubramos.

60. Es sólo cuando libre y voluntariamente nos tornamos hacia la Verdad que puede describirse como espiritual, que captamos los rayos de su iluminación.

61. Uno sólo puede percibir la verdad totalmente cuando la mente está vacía de todas las urgencias, de todas las perturbaciones, de todas las demandas, y de cualquiera otra manifestación del yo separativo.

62. No es tan importante que aceptemos cualquier verdad particular como el que estemos dispuestos a comprender todas las cosas por nosotros mismos y llegar a la plenitud de la Verdad.

63. Para estar abierto a la verdad tiene que existir la sensibilidad en uno mismo que viene de apartar de nuestra naturaleza todos los obstáculos e impedimentos que se han ido formando en el proceso del tiempo, distorsionando su estado original.

64. No hay nada ‘moderno’ o ‘antiguo’ en relación con la Verdad de la naturaleza fundamental de las cosas, aunque el acceso a ella puede variar.

65. La verdad es la verdad y no admite ninguna atenuación o compromiso.

66. Antes de que busquemos difundir la Verdad debemos no sólo comprenderla intelectualmente sino también establecernos en ella de manera tal que se convierta en algo propio.

67. Cuando estamos en una condición receptiva, la Verdad fluirá dentro de nosotros; no necesitamos hacer un gran esfuerzo para encontrarla.

68. El camino hacia la verdad tiene tanto significado como la verdad misma, siendo un aspecto o extensión de ella. La verdad no es meramente lo que está al final, sino también está en el movimiento que revela el final.

69. Nunca podemos llegar a la verdad por medio de argumentos cuando todo lo que urge tras el argumento es para establecer nuestra condición, para afirmar nuestro punto de vista y hacer que prevalezca.

70. Toda formulación de una conciencia pura en un estado de armonía dentro de sí, es una expresión de un aspecto de la Verdad, una creación del Espíritu, una porción de su vida.

71. La verdad a la cual uno llega por sí mismo es la que realmente transforma la propia vida; otros pueden indicar su naturaleza general, sugerir su forma y expresión.

72. La cima de la Verdad debe encontrarse en el estado en el cual la vida ha revelado sus potencialidades y plenitudes ocultas. Debemos trepar hacia ella a pesar de todas las dificultades, perseverando en la jornada.




Continuará…


atardecer.jpg

Entradas Relacionadas a N. Sri ram:

1) Pensamientos para Aspirantes, N. Sri Ram

II PARTE

IV. Conocimiento

V. Sabiduría

VI. La Sabiduría Divina


2) La Iniciación, N. Sri Ram