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Magia (III parte)

Temario Magia:



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FIGURA IX

DIAGRAMA DEMOSTRATIVO DE CÓMO UN CUERPO VITAL SANO PROTEGE AL HOMBRE DE LA MAGIA NEGRA Y DE LA ENFERMEDAD



EL MECANISMO DE LA MAGIA


54. — El hombre se compone de tres partes principales: espíritu, mente y cuerpo. A su vez, el cuerpo consta de vehículos y esencias. Las esencias, a su vez, se clasifican en dos categorías: una emanación quintaesenciada de la conciencia corporal llamada alma y los arquetipos o moldes. Éstos, a menudo, son designados como los patrones, estructuras o diseños según los cuales se crean y conforman los cuerpos.


55. — El hombre posee cuatro vehículos, cada uno de los cuales posee su molde respectivo dentro de los cuales han sido fundidos, si bien conservará una condición fluidica o cambiante. Estos cuerpos son: el cuerpo físico, compuesto de sólidos, líquidos y gases; el cuerpo vital, compuesto de dos substancias atómicas y dos esencias elementales; el cuerpo astral o emocional, compuesto de siete niveles de volátiles átomos ígneos llamados asteroides; y el cuerpo mental, compuesto de dos subdivisiones superiores llamadas rupa y arupa por los hindúes, y conocidas comúnmente como mundos de pensamiento con forma y sin forma, o mente concreta y mente abstracta.

Estos cuatro cuerpos constituyen, a la vez, la cadena de cue rpos que conocemos como naturaleza inferior del hombre y los cuerpos invisibles que accionan y reaccionan en la materia física o a través de ella. En la India estos cuerpos son llamados el collar de cuentas enhebradas con el hilo de vida o conciencia que conecta unos con otros. Esta idea está bellamente expresada por Krishna en el Bhagavad Gita.


56. — Desde el Hombre Macrocósmico irradian cuatro áreas de actividad que culminan con la formación del cuerpo humano (ver diagrama II). Desde la boca del Prototipo Adámico fue eyectado Brahma, el nacido con mente, como una personificación del antiguo elemento de aire. Sin el elemento del fuego y luz, esa manifestación, el aire, era incoloro, y era considerado por los antiguos como la verdadera oscuridad. El gran Roberto Fludd llamaba a esto la Corona del Caos.


Es la verdadera oscuridad que precede a la luz, y bien puede ser llamada la Matriz del Cosmos. Debe recordarse que esta alegoría representa solamente a Brahma en el aspecto de Shiva, o el creador del mundo de la forma. Es el Querubín de Cuatro Cabezas descripto por Josefo, y también el Brahman hindú en su aspecto tetracápite después que su quinta cabeza, el akasha, fuera destruida por Shiva. En lenguaje más sencillo, diremos que la figura representa los planos inferiores de nuestro sistema planetario y solar, aquellos niveles de fuerza vibratoria que reaccionan tangibles o intangiblemente sobre las substancias conocidas como inteligencia, sensación o percepción.


57. — Sabemos que nuestro esquema de mundos comenzó como formas de pensamiento o, como a la ciencia le place expresarlo, como nebulosas obscuras. Esta oscuridad es la sustancia original a partir de la cual se diferenciaron los cuerpos mentales de la actual raza humana. La palabra “sustancia”, aquí, se refiere a la intangible masa de mentoides que integraron el cuerpo mental del Adam arquetípico. En la actualidad, los Señores de la Mente o devas amorfos del aire, actúan en cuerpos compuestos de esta tenue sustancia, que Herbert Spencer define como la base del poder del pensamiento. Fue a partir de ese “primum hyle” que se diferenció el universo visible, cuando la nebulosa obscura, en el proceso de su esfuerzo —para emplear la terminología de Jacob Boehme— se hicieron visibles por la luz generada por la fricción de los átomos obscuros.


58. — El pensamiento despertó al sentimiento, y nacieron los mundos ardientes, y nuestro sistema celeste y terrestre surgió como una nebulosa flameante. (Los filósofos ocultos están en parte de acuerdo con la llamada hipótesis nebular referente al origen de nuestro sistema solar. Por su parte, ellos enseñan que los planetas nunca se desprendieron del padre sol o núcleo, sino que en realidad siguen siendo centros individualizados dentro del cuerpo áurico del globo padre).


Los mundos de fuego, según los brahmines, nacieron de los brazos y hombros del hombre arquetípico. Fueron llamados los Hijos Rojos, o nacidos del fuego, y las contorsiones y el crepitar de las llamas eran símbolo de sus luchas.
Representan el cuerpo astral o emocional del hombre, porque todo lo de fuego en la naturaleza humana es una expresión del eterno principio del fuego en el hombre cósmico.


59. — La emoción dio origen al impulso, la vitalidad quedó establecida, y nació el hombre moreno de las vísceras del prototipo divino. Era el nacido del agua, y fue ordenado que laborara en los campos y en las cosechas, porque fue el principio de la fuerza y de la energía. Los geólogos y los astrónomos saben que cuando los planetas estaban en proceso de enfriamiento, grandes nubes de vapor envolvían al planeta en fusión. Este éter húmedo era considerado por los antiguos como los velos de la Virgen del Mundo.

Bajo su influencia se individualizaron los dioses de la faz lunar, los de la oscuridad o de las sombras. Ello corresponde al cuerpo vital del hombre. Finalmente, la cristalización de la humedad tuvo por resultado la tierra sólida, vinculada al hombre negro, llamado a menudo “sudra” o criatura nacida en la esclavitud, predestinado a vivir encadenado hasta que la noche de los dioses remueva sus grilletes. Éste es el cuerpo físico de todas las cosas, que testimonia con sus funciones y poderes su constitución cuaternaria.


60. — Es interesante cotejar cuán estrecho es el paralelismo de la mitología de los brahmines con los últimos descubrimientos de la ciencia. En los antiguos himnos budistas se encuentran muchas referencias a átomos todavía sin desenvolver.
Millares de años antes de la era cristiana, los tibetanos sabían que el átomo era como el sistema solar, pero como sus ideas eran expresadas simbólicamente, no se dio crédito a esta penetración filosófica de la mente oriental.


61. — Así como el universo comenzó como una obscura nebulosa de materia mental, así el hombre, ese pequeño universo creado a semejanza de su Padre, y que sirve de canal a las funciones de su modelo creativo, también comenzó su manifestación física como una forma mental mineral. Más tarde surgió como altivo vegetal, y gradualmente, después de muchas edades de transición, este vegetal devino un animal sagrado provisto de un cuerpo de éter húmedo. Más tarde, a semejanza de su arquetipo, encarnó en el mundo físico como ser humano.


62. — Como forma de pensamiento no tenía sino un cuerpo; como planta astral dos: uno de éter mental y otro de éter de fuego; como un animal sagrado etérico, agregó a esos dos cuerpos otro de éter ácueo; y como ser humano añadió un cuarto, compuesto de éter físico-químico denso.


63. — De acuerdo con la Sabiduría Antigua, el hombre permanece en el mundo físico por aproximadamente ochocientas vidas terrestres, durante las cuales pasa por una infinita diversidad de formas humanas y ambientes, y aprende a dominar las diversas cualidades orgánicas de que están compuestos los vehículos físicos densos. Su tarea más importante durante ese lapso, es dominar el elemento tierra, y luego incorporar gradualmente en sus cuerpos de agua, fuego y aire las cualidades y esencias que extrajo de sus experiencias en la materia densa.


64. — El hombre posee además tres cuerpos superiores, los cuales, aunque invisibles, son todopoderosos. Sin su cuerpo vital sería un mineral, porque las rocas y los metales no han individualizado ningún otro vehículo aparte de la estructura física densa. En la actualidad, los cuerpos de agua, fuego y aire se manifiestan sólo a través del organismo físico (terrestre) y en el que el elemento aire otorga el poder del pensamiento, el elemento fuego el poder de moción y emoción, y el elemento agua el poder de reproducción y crecimiento. Por lo que antecede se observa que, si bien no son percibidos, hay manifestaciones y funciones que atestiguan el poder de la parte invisible de la constitución del hombre.


65. — Los ocultistas llaman cuerpo mental al elemento de aire oscuro, cuerpo astral al elemento de flamígero fuego; cuerpo vital al elemento de ácuea humedad y cuerpo físico al elemento químico denso. Estos cuerpos, uno dentro de otro, o más bien, interpenetrándose uno con otro, integran lo que la mente humana reconoce como su vehículo de conciencia.

Mediante el cuerpo mental, el hombre consigue esa facultad de pensamiento y reflexión que le hacen superior al animal; con el cuerpo astral, la de movimiento y emoción —sensación, color y sentimientos, entre otras cualidades— cuya expresión hacen superior al animal con relación al vegetal; y mediante el cuerpo etérico o vital, gana el poder de reproducción de su especie y también las funciones de asimilación y excreción, porque en ese aspecto el vegetal es superior al animal. Naturalmente que el mineral, con su existencia concreta, prueba su superioridad sobre miríadas de esencias amorfas y turbulentas que no han adquirido todavía ni el poder de manifestarse en el plano físico.


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66. — A través de los canales que ofrece esta constitución cuaternaria, la conciencia o ego (espíritu) observa, conoce, percibe y reflexiona sobre su medio ambiente. Aquellos cuerpos podrían ser considerados como los pies y las manos del espíritu. Son las herramientas con las cuales el hombre abstracto produce resultados concretos. Los cuerpos físico y etérico pueden considerarse como correspondiendo a los pies, porque son el basamento, y los cuerpos astral y mental a las manos, porque son elementos de atracción, repulsión y destreza.


El espíritu, si bien es superior a todos ellos, no puede manifestarse si no es por medio de esa agrupación de vehículos. Esta chispa divina queda limitada por la calidad de sus cuerpos. En la inmensa mayoría de los casos, se ve sometida a los que deberían ser sus subordinados. En realidad, en vez de gobernar a su mundo mediante una sucesión apostólica el espíritu es doblegado y abrumado por las incesantes exigencias de su naturaleza inferior. Los apetitos, deseos e inclinaciones egoístas aprisionan al espíritu, mientras que un falso y cruel monarca usurpa el poder.


67. — Algunos de los antiguos griegos solían simbolizar al hombre con una mano, en la que los cuatro dedos paralelos representaban al cuerpo y sus cuatro grandes divisiones, mientras que el pulgar, que actúa, por así decirlo, contra los restantes, simbolizaba la conciencia. En las Escrituras se afirma que Dios se puso en contra de sus propios hijos. Es interesante observar que el hombre es la única criatura que posee un dedo pulgar que actúa en oposición a los demás dedos, pues aún en los monos más evolucionados, el pulgar actúa en el mismo sentido que los demás dedos, pudiendo considerárselo como un dedo extra.


68. — Algunos estudiantes de la antigüedad habían relacionado todavía las tres falanges del pulgar con la Trinidad. La primera falange (o distal) que incluye a la uña, era consagrada al Padre, y de sus dimensiones y conformación se podía determinar el poder de la Voluntad; la segunda falange era tenida en cuenta para establecer las facultades mentales reflexivas del sujeto, mientras que la tercera falange, generalmente más amplia, integrante de la palma de la mano, y que muy desarrollada era considerada como indicadora de una recia naturaleza animal o física, era consagrada al Espíritu Santo o el Shiva hindú.


69. — Estos cinco elementos, la conciencia y sus cuatro cuerpos, eran simbolizados por la estrella de cinco puntas o pentagrama. Los alquimistas de la Edad Media conocían a este signo como la Estrella de Belén y cuando se mostraba invertido como el símbolo diabólico de la pezuña hendida. De acuerdo con el sistema pitagórico de geometría, el mandil masónico, con sus cuatro esquinas y el punto descendente de su faldilla triangular simbolizan lo mismo. La faldilla baja simboliza el asesinato de Hiram; el levantamiento de la misma, su resurrección.


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70. — El individuo cociente no advierte que la vida; la conciencia y la inteligencia son algo aparte de la sustancia física, y que lo que solamente hacen es actuar a través de cuerpos químicos durante el lapso temporal que llamamos vida en el mundo químico. Una de las grandes leyes ocultas dice que: para actuar en cualquier esfera o plano de sustancia determinada es necesario poseer un cuerpo sensible y capaz de asimilarse a ese plano.

El estudiante ha de saber que cada cuerpo puede dominar a los otros, así como ser dominado por cuerpos o fuerzas superiores. Desarrollar cualquier aspecto parcial de la propia naturaleza es crearse un tirano que dominará y vampirizará al resto de la propia constitución.


71. — El poder que otorgan la sabiduría y el conocimiento es lo que hacen al ocultista superior a sus semejantes, siendo esta superioridad proporcional a su elevada inteligencia. En todos los aspectos de la vida el no iniciado se verá enfrentado con misterios. Así, para el hombre corriente, el funcionamiento de un motor a explosión será tan misterioso como el cálculo infinitesimal para un niño de jardín de infantes, pero una frecuentación más íntima y el estudio conducirán a esa familiaridad que hace fácil el manejarlos y conducirlos.

Se ha dicho que nadie es un desconocido para su valet. El filósofo es un servidor de Dios, y el perfecto servicio muy pronto lo capacita para comprender cabalmente los deseos y dictados de su divino Maestro.


72. — Hay una verdadera ciencia aún en el clavetear zapatos. Después de años de aprendizaje puede el hombre aspirar a la maestría en su oficio. A pesar de lo estricto del sistema de castas de la India, es interesante observar que cuando un individuo sobresale aún en la cosa más simple, es reconocido y puede mezclarse con los de una casta superior. Pero son muy pocos los que sobresalen en algo, mientras que los mediocres en todos los aspectos de la vida son numerosísimos.


¿No han visto nunca cómo un individuo manipula impunemente potenciales eléctricos enormes? Al verlo os daréis cuenta de que el conocimiento es poder.
El electrotécnico está a salvo porque conoce las leyes que rigen la energía que está manipulando, pero si él se descuida un instante, o uno que no conoce la materia intentase hacer lo mismo, correrían un peligro mortal.


73. — Las leyes de la Naturaleza no obedecen al hombre. No conocen ni la virtud ni el pecado. A semejanza de los Cíclopes griegos, de un solo ojo, son gigantes que cumplen con su prefijado propósito, sin inmutarse por el buen o mal uso de su poder. El sabio se sujeta a las leyes de la energía que está empleando y con ello hace que accedan a trabajar para él. Pero en cuanto quebranta las leyes que gobiernan las energías que está controlando, se volverán contra él y lo destruirán sin discriminación ni escrúpulo alguno.


74. — Un ocultista es un experto en la ciencia de la vida. Como mago operativo puede manejar fuerzas de la Naturaleza para la satisfacción de cualquier finalidad que se proponga ¡Pero guay de aquél cuyos fines no estén en armonía con el plan de la Naturaleza! Con sus poderes puede obrar milagros, como los magos de la India; pero sus proezas aparecen como milagros solamente ante aquellos que no conocen como él las leyes relativas a las fuerzas sutiles de la Naturaleza.


75. — El dominio que otorga el conocimiento sobre la ignorancia en los planos espirituales es mucho mayor que el que da la riqueza sobre la pobreza en el plano físico. La riqueza puede ser una bendición o una maldición, lo mismo que el conocimiento, que es riqueza mental. El sabio será siempre superior al ignorante, porque posee una mentalidad capaz de imponer respeto y el ignorante deberá inclinarse ante lo que no comprende.

En todas las épocas, unos pocos han logrado la actualización de los tremendos poderes de la Naturaleza, y de un modo u otro, legítimo o no, se han convertido en detentadores momentáneos del cero serpentino. Alguien puede robar dinero y seguir rico hasta que caiga a disposición de la ley, y así, del mismo modo, un mago negro puede robar una cierta cantidad de poder divino y emplearlo para la satisfacción de sus propios fines hasta que al final, el abuso del poder será causa de su propia destrucción.


76. — Durante la existencia del mundo atlante, y también en nuestra actual civilización, ha habido y hay mentes poderosas pero no virtuosas, y no siempre estas dos palabras son sinónimas. Algunos de esos poderosos seres son hoy semidioses, tan gloriosos como el mismísimo Satanás, pero sus fechorías y falsedades los arrojan al olvido, como astros extraviados en el espacio. Estos dioses demoníacos hacen renacer la magia negra (la perversión del poder) en las mentes de los hombres, y fomentada hoy por el pecado del egoísmo.


77. — El mal nunca cesará de existir hasta que el egoísmo y la codicia sean desechados como factores determinantes de las actitudes de los hombres. Para la mente concreta, es corriente sacrificar lo eterno por lo temporal. El hombre, limitándose al reducido recinto de lo conocido, pierde de vista los efectos de sus acciones en la región ilimitada de lo desconocido. La cortedad de miras es causa de miseria sin fin. La miopía moral desemboca en el vicio, la miopía filosófica en el materialismo, la miopía religiosa en el dogmatismo y la miopía racional en el fanatismo.


78. — Sabio es el que sirve a las finalidades más amplias. Cualquiera sea el costo, aquello que el hombre llama armonía y que la Naturaleza conoce como perfecto ajuste, vale todo cuanto haya que pagar por ella. Una adaptación tal es el establecimiento de relaciones armoniosas entre los planos universales de la Naturaleza y los centros individuales de conciencia en el hombre.


79. — El egoísmo promueve el autointerés y la autosatisfacción. El mundo poco a poco se desvanece y el alma vive cada vez más para el logro de sus propios deseos y, antes de no mucho, el reinado de Mammón se habrá establecido totalmente en esa vida. Esto significa que lo mejor muere y sólo permanece la cáscara externa de la personalidad; que la ardiente aspiración ya no es sentida y que el espíritu inmortal y superior queda encadenado al servicio de un organismo animal, condenado al suplicio del aprisionamiento entre los muros de la perversión.


80. — Vivimos en una época que brilla en todo cuanto al cuerpo se refiere pero calamitosamente ignorante en lo concerniente a lo divino. Cada día el espíritu del mercantilismo se nutre con la sangre de millones de seres, y cada día la lucha y la competencia absorben más la energía y el tiempo del hombre, hasta que la parte mas sutil de su naturaleza sucumbe por falta de atención, y la virtud es considerada un impedimento para el avance del materialismo avasallador. Este punto de vista siniestro es la fuente nutricia de las larvas de la magia negra, la maldición de la raza humana.


81. — La magia negra es una enfermedad. Es un cáncer racial; sus ramificaciones se asemejan a los tentáculos de un pulpo. Infesta por igual al estado y a la iglesia; se introduce en la choza del pobre como falsa esperanza, llevándolo hacia el crimen y la propia aniquilación. Entra también en los salones del opulento como ambiciones y cambia el corazón humano en un órgano creador de planes para la acumulación de riquezas. La magia negra se nutre con el egoísmo, con la codicia, y es tolerada solamente por la hipocresía; es el fruto corriente de esta época mercantilista.


82. — La magia no es una superstición medieval dominada por la ignorancia: es un hecho concreto. Esta época, considerada como iluminada es en realidad una transferencia del énfasis de una función mental a otra; y mientras la arrogancia y el egoísmo sigan arraigados en el alma de los hombres, venderán su alma, como Fausto, para gratificación del yo, o mejor dicho, del no yo. La honestidad es una joya inapreciable y las fuerzas del mal ejercen poca influencia sobre una vida vivida de acuerdo a principios. El hombre, en su ambición, ha de poner primero su alma en venta, para que el Demonio esté en situación de comprarla.


83. — La Naturaleza es un ámbito de entrelazadas energías, y quienes tienen el poder necesario, pueden someterlas a su obediencia para bien o para mal, y la fuerza— que carece de discernimiento entre uno y otro— obedecerá. Pero así como la fuerza tiene sus leyes, también tiene sus sanciones, y el hombre ha de acatar a aquellos o sufrirá las consecuencias e su insensatez.

El mago negro en su exacerbado egoísmo, se cree superior a Dios o a la ley y viola reiteradamente las leyes de la fuerza; pero, tarde o temprano, también como el Doctor Fausto, será destruido por las mismas fuerzas que hasta entonces le servían. (Se dice que el Dr. Fausto existió realmente, en Alemania, al comienzo de la Edad Media. Tenía a su servicio a un espíritu familiar. Cierto día, el Dr. Fausto fue hallado muerto con un puñal en su espalda, y la gente del pueblo creía que su elemental lo había matado).


84. — En nuestro mundo moderno, la magia negra encuentra suelo fértil en los deseos del hombre. Edad tras edad, sus propios deseos lo aniquilan. En su ignorancia, juega con fuego y asombra de que sobre su cabeza se desencadenen tempestades y que la lava y las cenizas volcánicas sepulten sus ciudades, de que la guerra asole sus campos y de que poderosos cataclismos hagan desaparecer continentes y naciones en un día. No obedece a las leyes de las fuerzas ni tampoco reconoce que la ley de causa y efecto lo gobierna todo, y que por ello, día tras día, siembra insensatez y cosecha miserias.


85. — El mago blanco consagra su vida al estudio, a la meditación y al servicio, a fin e conocer las leyes de las fuerzas y dirigirlas hacia objetivos señalados. Se adapta al Plan, integra su divino ritmo sacrificándose a sí mismo y abdicando sus deseos se somete a la voluntad del Infinito, pidiendo tan sólo se le indique cuál es su deber y cómo ser más útil para el mayor número.


86. — Por el contrario, el mago negro se encierra en su creencia de que sabe bien lo que necesita, cuando en realidad sólo sabe lo que desea. Trata de amoldar el Plan a sus propios deseos. Está convencido de que el Universo entero espera que él sobresalga de entre todos sus semejantes, cuando en realidad el Todo Cósmico ignora que existe aparte de su papel de mero átomo que marcha junto a miríadas de otros análogos hacia un fin señalado.


87. — Veamos ahora cómo el mago, con su conocimiento de lo invisible, opera con las fuerzas invisibles de la Naturaleza. En primer lugar, el estudiante debe grabar en su mente el hecho de que el sabio siempre trata de saber qué es lo que la Naturaleza espera de él, mientras que el arrogante siempre sabe y trata de forzarla a actuar al compás de sus propios deseos.


88. — En ninguna parte es más evidente la magia negra como en las modalidades actuales de la religión. Tanto en las antiguas como en las nuevas doctrinas, en lugar de establecer la voluntad del Logos como la ley para los hombres, se enseña al estudiante que hay que peticionar al Infinito y que Él debe obedecer. Nadie puede exigir nada justificadamente que no sea el fruto de su propio trabajo. Sin embargo, son millones los que sirviéndose de la psicología y la metafísica tratan de cosechar donde no han sembrado, creyendo que la posesión de un conocimiento les da superioridad sobre sus semejantes y derecho a esclavizar a quienes son más débiles o menos ilustrados.


89. — Consideremos ahora los cuatro cuerpos del hombre como elementos dentro del proceso mágico y establezcamos netamente la diferencia entre su recta función y la que no lo es.


90. — En primer término estudiemos todos los cuerpos como formando un conjunto. Podemos afirmar que fueron creados para ser auxiliares de su amo, el espíritu, simbolizados por Eva, creada del costado de Adán. Los atributos de estos cuerpos son numerosos, y cada uno tiene sus propios rasgos.

También puede decirse de los cuerpos del hombre lo que de los niños: permítaseles cuando jóvenes hacer sus caprichos y cuando lleguen a adultos no irán a ninguna parte. A nuestra naturaleza no puede permitírsele un crecimiento caprichoso, así como a los niños no se les permite la frecuentación promiscua en su medio ambiente si se quiere esperar algo de ellos; nuestra na turaleza debe ser entrenada y debe existir un claro discernimiento de quién es el amo y quién el servidor.


91. — Un seudo filósofo permite a su mente vagar de aquí para allá creando una multitud de abominables y absurdos entrelazamientos de vacuos pensamientos. Se enreda a sí mismo, y a los demás, en argumentaciones, disensiones e inacabables series de auto-contradicciones. Trata de resolver la situación económica, de crear nuevas religiones, sin estudiar las viejas, siendo su principal función en la vida el estar siempre destruyendo algo. Es como algunos escritores de la literatura medieval que se empeñaban en hacer ver que otros autores mentían.


92. — Su mente, que debería servir para aclarar los hechos de la vida, no hace sino complicarlos y sólo la emplea como un medio para dar satisfacción a sus sentidos y excitación a sus nervios. Su sistema emocional es un conglomerado de apetitos y caprichos. Toma la ambición por aspiración, la cobardía por prudencia, la codicia por economía y la lujuria por amor. Podemos ver así, que la conciencia, en todo este encadenamiento de cuerpos, en lugar de aclararse mediante ellos, queda cada vez más desesperadamente enredada en ellos.

Podemos decir, a modo de definición, que la magia blanca es el servicio a lo real, la consagración de la vida a la protección y desarrollo de lo real. Es el empleo de las fuerzas de la Naturaleza para el bien de todos. La magia negra es la utilización de la sabiduría y el poder que implica, para la satisfacción de la sensación, la ambición, los deseos, la codicia y de toda esa mezcla confusa de funciones que es lo que llamemos personalidad. Su resultado inevitable es el aniquilamiento de toda la estructura física y espiritual.


93. — El mago blanco procura lograr control sobre sí mismo; el mago negro trata de obtenerlo sobre los demás. El hombre posee cuatro centros de conciencia, cuatro puntos de partida concretos para consagrarse a la conquista de la realidad: su mente, su corazón, su vitalidad y su cuerpo físico. Un hombre podría ser obligado a servir a otro si éste pudiera lograr, temporaria o permanentemente, dominio sobre alguno de esos cuatro centros. El dominar el cuerpo físico de otro es convertirlo en esclavo.

El ejercer dominio sobre su cuerpo vital es robarle su vitalidad como en el vampirismo, en el que un individuo extrae la esencia vital de otro. Un ejemplo común es el que ofrecen los jóvenes que conviven con ancianos. La radiante energía de los niños es compartida por los ancianos, y como consecuencia, los niños son nerviosos y raramente fuertes. Otro ejemplo del control del sistema vital es el caso de la mediumnidad, en el que espíritus desencarnados extraen el ectoplasma del bazo del médium para conseguir materializarse, lo cual se traduce en agotamiento, tanto físico como nervioso, del médium, porque ha entregado su propia vitalidad como vehículo para el agente externo.


94. — El cuerpo astral es dominado mediante los excesos emocionales, tales como el frenesí religioso, el dolor, el temor o el odio. Cuando alguien se da cuenta de que puede influir sobre otros cuando su razonamiento está obstaculizado por un exceso emocional, y si además procura despertar esos excesos con la finalidad de dominar a otros, esa mente instigadora es un mago negro. El irradiar hacia otros amor, odio o sentimientos similares, para despertar en ellos emociones análogas con fines egoístas o personales, tambié n es magia negra.


95. — La magia negra mental es mucho más compleja, porque incluye prácticamente todo: prosperidad, metafísica, autosugestión, sugestión mental, procedimientos ocultos, influencia sobre el medio ambiente, abuso del hipnotismo mesmerismo, culto de la personalidad y otras modalidades demasiado numerosas para seguir enumerándolas.

De un modo u otro, incluyo prácticamente toda clase de deshonestidades religiosas y económicas; de hecho, abarca todos los procedimientos que una persona emplea sobre otra para engrandecimiento del más fuerte. Abarca todas las formas de lograr superioridad sobre otros, ajenas al mérito personal, pues quienes puede hacer las cosas mejor que lo s demás no necesitan de la magia negra para sobresalir Así, como perversión de esta idea, tenemos la psicología en el arte de vender, etc. Los procedimientos ejercitados actúan admirablemente bien, pero acarrean infortunio incesante a quienes han acudido a ellos.


96. — Quienes emplean esos falsos sistemas, en su mayoría tratan de justificarse a sí mismos en base a dos argumentos inconsistentes: 1) que Dios destinó al hombre para conseguir los antojos de su mezquino intelecto; 2) que el hombre sabe lo que quiere. Ambas son falsas premisas, pues el hombre no ha sido creado por Dios para que sea rico, inteligente, sano, gracioso, bien educado o para conseguir un matrimonio feliz. Tampoco significa esto que el Señor tenga objeciones para alguna o todas esas situaciones, sino que simplemente significa que si el hombre desea esas cosas, habrá de seguir ganándose el pan con el sudor de su frente, como se le ordenó a Adán, y no con el sudor de la frente de otros.


97. — El aura espiritual del hombre es su hogar, su recinto feudal, y aún cuando sea exilado de su casa, de su mundo, ése es su santuario. Nadie , ni para bien ni para mal, tiene el derecho de entrar en él que no sea por la puerta de entrada, así como nadie tiene derecho a entrar en la casa de nadie por la ventana de la cocina. La puerta de entrada del santuario es, en este caso, el mundo físico, porque en él todos tienen el privilegio de poder ver a su adversario, y en este mundo todos tienen la oportunidad de poder luchar contra aquellas cosas que no desean; en él, nuestros semejantes tienen ocasión de poder rechazar o de aceptar nuestros ofrecimientos, según sean sus deseos.

Pueden permitirnos entrar o mantenernos fuera de su santuario, según les sea conveniente, pues, al menos, hay alguna igualdad. Los hombres pueden decir “sí” o “no” según sus impulsos morales, y pueden gozar del privilegio de defender con su vida su integridad.


98. — Uno puede dirigirse a un amigo y decirle: “deseo que no sigas fumando, no debes seguir haciéndolo”, pero a lo que uno no tiene derecho, independientemente de cuán virtuosos o altruistas puedan ser nuestros deseos, es a introducirse subrepticiamente en su cerebro e implantar allí una idea que él no pueda combatir porque ignora que ha sido puesta allí. Quien así proceda, asume la responsabilidad de la vida a la que ha apartado de su curso natural.


99. — Los mismos Maestros, nuestros Hermanos Mayores, jamás penetran en el santuario del hombre a menos que sean invitados, pues ellos respetan el derecho de todo ser a vivir su propia vida. Si un ocultista se quebrase ambas piernas y pidiese de alguna manera que un experto sanador acudiese a curarle la pierna izquierda, este así lo haría y se volvería, aún sabiendo que la otra también está quebrada, y no la tocaría, porque sólo ha sido autorizado a actuar sobre una sola pierna.


100. — La sabiduría no se da al hombre hasta que no la busca empeñosamente, pues en la Naturaleza le es acordada a toda criatura la posibilidad de poder desarrollar su propio destino y ser cuidado y protegido por aquellas inteligencias allí ubicadas a tal propósito. Aquellos de entre quienes nos rodean que tratan de interferir en la vida de otros, están desdeñando la ley del desarrollo individual, siempre perjudican y nunca hacen bien.



DIAGRAMA DEMOSTRATIVO DEL ASCENSO
DE LA CONCIENCIA A TRAVES DE LOS CUERPOS INFERIORES

101. — Una vez, un anciano sabio chino expresó sus deseos de viajar hasta una lejana ciudad, y envió un mensajero para que comunicara a la buena gente que iba a darle albergue que le prepararan únicamente arroz para su comida; pero cuando llegó encontró una mesa llena de abundantes y variados platos, porque esa familia sintió que así era como debía honrar su presencia. El filósofo reprobó esto y dijo:


“Pedí arroz y me habéis servido maíz; pedí arroz y me habéis servido carne; pedí arroz y me habéis servido dulces; y en medio de todo esto no habéis servido arroz”. Observando que la familia se sintió herida por esas palabras, prosiguió:
“He vivido muchísimos años y después de haber estudiado cuidadosamente este cuerpo que Dios me ha dado, he llegado a la conclusión que puede vivir noblemente alimentado con arroz; es con sabiduría que ordené mi arroz y es con ignorancia que vosotros me habéis insultado ofreciéndome otros alimentos.


Vosotros me tenéis por un gran filósofo, sostenéis que soy más sabio que todos los demás y sin embargo no me consideráis lo suficientemente sabio como para poder disponer de mi propia comida”. Del mismo modo, cuando un hermano nuestro nos pide arroz, no tenemos derecho a ofrecerle carne por el hecho de que nosotros pensemos que eso es lo que se le debe dar. No importa que la carne sea física o espiritual y que el arroz sea real o simbólico.


102. — Ningún enfermo recuperará su salud por el mero hecho de quejarse; deberá asimilar la lección implícita en la enfermedad que él mismo se ha acarreado.
Simplemente afirmar de palabra la salud es una tontería. Lo adecuado y sabio es investigar las causas que lo afligen, contrarrestarlas y recuperar la salud. Y mejor filosofía aún es ser moderado, sabio y cuidadoso para no caer enfermo. Es magia negra —y de la peor especie— cualquier clase de interferencia en la independencia individual y mental de cualquier ser humano. Si este individuo es peligroso para la sociedad, podrá llegar a ser necesario encarcelarlo, para bien de la comunidad, pero esto en nada interferirá el funcionamiento consciente de su mente.


103. — Si un hecho demuestra a alguien el error de los medios que empleó, bien estará; pero cualquiera que sea el resultado de lo emprendido, tal individuo ha permanecido como rector de su propio destino y capitán de su alma, y por lo menos ha vivido su propia vida y elegido el modo de morir; habrá razonado bien y habrá fracasado; ha desdeñado recomendaciones y ruegos, y todos han hecho lo humanamente posible.

Que nadie irrumpa en el santuario del espíritu, ni aún en el del alma criminal, porque el espíritu es una parte de Dios, dotado con el inalienable poder de elección; y la venganza del Creador caerá sobre quien intente así penetrar furtivamente y obscurecer la chispa divina contra su propia voluntad. Muchos son los que han causado estragos en las leyes de la Naturaleza al no permitir a otros seres humanos cumplir su propio destino.


104. — Nunca podremos decir por qué las almas encarnan siguiendo un destino de pobreza o riqueza, por qué algunas crecen fuertes y sobreviven y otras sucumben; pero lo que sí podemos afirmar es que la ley de Karma rige todas esas cosas, la cual ubica a cada vida en el lugar preciso para mejor aprender la lección que la hará crecer. Algunas deben aprender en el dolor y la enfermedad; otras en la alegría y el gozo; algunas han de aprender a ser exaltadas, otras a humillarse; pero todas están aquí para salvar sus almas con el sudor de su frente, a amasar el pan de su propia existencia, aunque tengan que hacerlo con su propia sangre.


105. — ¿Quién habrá de ser tan miope como para osar decretar la salud para el enfermo o la enfermedad para el sano? ¿Quién se atrevería a establecer: éste debe ser pobre y aquél rico? ¿Conocería las razones para ello? ¿Conocería las virtudes y vicios que, desde el pasado, son las causas determinantes de su condición actual? ¿Conocería las razones de ser de las condiciones ambientes en que ahora se halla o los impulsos que lo han conducido a su estado presente? Si así no fuere, deberá guardar silencio.


106. — No queremos decir con esto que el mundo sea inmisericorde e incapaz de auxilio; lo que sí decimos es que la ayuda debe ser simplemente dada y no forzadamente impuesta a nadie. Se quiere significar que cada cual debe servir, ayudar y amar a los demás sin tratar jamás de obtener por ello ventajas de nadie ni de la Naturaleza.


107. — ¿Qué derecho tiene nadie a creer que el hombre ha venido a este mundo para ser feliz? En las “Mil y una Noches” está escrito que la “felicidad debe ganarse”.

Nacemos con ciertos derechos divinos de nacimiento: una mente, un corazón, dos manos y dos pies. Si alguno de ellos falta en el momento de nuestro advenimiento, tendremos alguna otra función proporcionalmente más desarrollada para reemplazarla. Es con esas herramientas que ha de seguirse el esfuerzo tras la felicidad, pero no tenemos ningún derecho a imaginar siquiera que ella nos haya de ser prestada o dada. Venimos aquí para adquirir experiencia, como un niño que va a la escuela; podremos tener éxito en nuestros estudios o deberemos seguir cursándolos durante toda nuestra vida.

El sabio es feliz cumpliendo su deber; cuando queremos imponer al universo que sane al enfermo o que enriquezca al pobre no sabemos lo que hacemos, porque en nuestro celo ignorante podemos causar un daño irreparable a quienes amamos, como los padres que no pueden rehusar a sus hijos las golosinas que desean; gratificando sus deseos hacemos peligrar su vida y su capacidad futura.


108. — Colaboremos para que todos se adapten a las cosas tal como ellas son, ayudándoles a construirse un más noble destino, no tratando de darles algo o forzarlos a lo desconocido, sino ayudando a desarrollar aquellas facultades que los harán merecedores de las cosas que desean y de aquella paz que todos ansían.

Cuando roguemos al Padre Infinito que nos conceda aquellos beneficios de que carecemos o que enderece los tortuosos caminos por los que andamos, agreguemos siempre a nuestra larga lista de deseos, esta afirmación: Señor, que estos deseos me sean concedidos si es que han de ser lo mejor para mí, si no, que se haga tu voluntad y no la mía”. Subordinemos siempre el logro de nuestros deseos personales, con gran deferencia, a la Voluntad Divina, que es la única que obra con perfecta exactitud. Y ello servirá de garantía a nuestra marcha, y esta humildad nos salvará del gigantesco adversario del orgullo que nos susurra al oído que somos más grandes que lo Infinito.

Como dijo Milton: seremos expulsados del cielo cada vez que tratemos de sentirnos superiores al Poder que crea todas las cosas.


109. — Todos queremos lo mejor de la vida; todos queremos estar rodeados de amigos, pero no esperemos obtener nada de eso a menos que por nuestra vida nos hayamos hecho merecedores a ser honrados, respetados y admirados. La lucha, en medio de nuestra moderna ética competitiva, es muy dura, pero ofrece un premio al vencedor por mantenerse firme en ella. El ambiente que ofrecen las actuales condiciones sociales fue creado por cualidades y temperamentos humanos, y el hombre se ubica en medio de eso para aprender a adaptarse a sus complicaciones e incertidumbres. La victoria consiste en el control que obtiene sobre sí mismo, sobre su propio punto de vista, su temperamento y sus hábitos.


110. — El hombre ha creído que la felicidad consiste en dominar a los demás. A través de edades, ha luchado ya por imitar ya por dominar a los otros, en lugar de lograr autodominio y desarrollar su individualidad, que es la que lo diferencia de los otros seres y la que le da la posibilidad de superarlos en algo. Cuando el hombre cambia su vida diaria de servicio por atajos mentales y trata de justificar sus vicios en lugar de dominarlos, es que ya está cayendo bajo el dominio de la magia negra, sutil poder que nutre lo peor de él. La gente siempre trata de esquivar las dificultades en lugar de superarlas. El resultado siempre será fatal, porque el problema evadido será constantemente un problema ingobernable.


111. — En el diagrama I vemos los cuerpos áuricos del individuo; en el centro está el cuerpo físico, el núcleo material denso; encima y en torno de éste se irradian líneas de fuerza, a las que denominamos cuerpos sutiles. Estos cuerpos sutiles requieren dominio, siendo causa constante de esclavitud, descansando la responsabilidad de los mismos sobre los hombros del que los posee. Rodeando esta silueta negra del cuerpo físico sigue la “armadura de enfermedad”, llamada aura vital, representada por un área cuadriculada debido al entrecruzamiento e interpenetración de los dos éteres superiores con los dos éteres inferiores.


Bajo condiciones normales, este cuerpo etérico o vital se irradia a través de los poros de la piel en forma análoga a un forro de fina piel que se extiende varias pulgadas hacia afuera del cuerpo físico. El ocultismo enseña que los gérmenes son más astrales y suprafísicos que físicos; mientras el aura vital irradie desde el cuerpo, protege al hombre de malas influencias y fuerzas negativas de los mundos físico y etérico.

Si decae, se debilita o su fuerza vital disminuye, esta aura vital pierde su poder y ello permite a miles de influencias externas abatir su fuerza y su valor; resultando de ello que penetran los elementos de la enfermedad y el resultado a menudo es fatal.


112. — Externamente al vital, sigue el cuerpo astral, de conformación ovoidea, cuyo centro de gravedad es el hígado y con su extremo más ancho rodeando las áreas de máxima sensación. Es de color siempre cambiante, y a través de él desfilan incesantes sombras e imágenes que expresan el conjunto de emociones y sentimientos del hombre. Es glorioso, radiante, opalino, sin aparecer dos veces seguidas igual a sí mismo. Más al exterior aún sigue el cuerpo mental, tal como aparecería en un Adepto altamente desarrollado, como un gran vehículo de forma ovoidal con su parte más ancha hacia arriba, cubriendo el área de máxima inteligencia. Es el azulado de la nebulosa obscura de que se habló en párrafo 61.


Estos cuerpos son visibles al clarividente, y también físicamente con las pantallas de Killner, como globos de luz que se interpenetran y que constituyen los cuerpos fundamentales que están más allá del movimiento de la emoción y de la realidad expresada por la envoltura física.


113. — En un punto entre las cejas, en la frente, se localiza la conciencia humana, en el lugar sagrado de Su tabernáculo, entronizada entre los globos que forman Sus cuerpos. El hombre con sus acciones, desarrolla gradualmente sus posibilidades latentes en el cuerpo físico. Mediante la preservación de su energía, desarrolla progresivamente los centros de fuerza de la conciencia vital, lo cual sólo se alcanza con un vivir inteligente, porque la vitalidad se extrae de la atmósfera, de los rayos del sol, de nuestro alimento ordinario y de otras fuentes.


Después de una gradual purificación y regeneración de sus emociones y sentimientos — control de sus cuerpos ardientes, con sus explosiones y excesos— el hombre alcanza poco a poco las alturas vibratorias del cuerpo astral y desarrolla sus posibilidades latentes, redimiendo así su alma animal. Con sus pensamientos, ideales y aspiraciones, auxiliado por las facultades gemelas de lógica y razón, el hombre conquista paulatinamente el control de aquel brillante vértice mental que habrá de ponerlo en armonía con la mente divina del Dios solar.


114. — El ocultista llega a conocer que los llamados planos de la Naturaleza son los cuerpos del Hombre Solar, y que cada uno de esos cuerpos se corresponde con cada uno de los vehículos sutiles, aunque más groseros, del hombre mismo. Esta armonización de su cuerpo mental con el plano mental de la Naturaleza lo unifica con la mente de Dios, y todos los demás cuerpos siguen análogo proceso.


115. — Cada pensamiento, cada emoción y cada acción, tiene valor, acercando día a día, la liberación individual. Toda fuerza o peculiaridad que detenga o retrase este proceso, es perjudicial para el hombre, y todo aquél que conscientemente busca su mejoramiento en detrimento de sus semejantes, no es apto para la vida, si bien éste es el aspecto saliente de la ética de nuestros tiempos.


Si el hombre aprendiese solamente a ser honesto, dándose cuenta de que el universo es honesto, y que somos recompensados de acuerdo a nuestros motivos o intenciones tanto como por nuestras acciones, libraríamos al mundo de muchas cosas indeseables.


116. — La magia negra acude a la mente masiva, a los principios de la civilización, ofrece algo por nada, y en tanto exista concupiscencia en el corazón del hombre, ello será una amenaza para la honestidad y la integridad de la raza. Si el estudiante de ocultismo solamente recordara que la honestidad es el enemigo mortal de la magia negra, y que ella no puede aterrorizar a quienes son sinceros para consigo mismos, y sinceros en el cumplimiento de las Reglas de Oro, podría proteger su propia alma y la de aquellos que ama, de sus insidiosos y antinaturales influjos.



FIN DE LA TERCERA INSTRUCCIÓN

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4 comentarios

  1. Alberto Carrera

    He llegado a este lugar en búsqueda de mi desarrollo como sanador. Y luego de leer esta instrucción sobre Magia III parte, se me han llenado los ojos de lágrimas y de gran emoción el corazón.

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    7 de junio de 2009 en 19:35

  2. Juan A. Rodriguez

    Felicitaciones por tan bello escrito, ojala que me pudiera llegar completo para leerlo y comprenderlo mejor. Ya soy anciano pero con este bello escrito me volvió la Juventud.

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    26 de octubre de 2008 en 22:09

  3. david rincon

    porfavorestopybuscando el libro “yo” de manly p. hall, me pueden ayudar?

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    8 de noviembre de 2007 en 18:50

  4. Gianluca Spinosa

    Hola, estoy en Nueva acropolis Barcelona, seria posible recibir la primera y la segunda parte de Magia?

    Un beso a todos

    Gianluca Spinosa

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    29 de abril de 2007 en 21:08