Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Primitivas enseñanzas de los Maestros.

 

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Primitivas Enseñanzas de los Maestros.

1] .-La Cadena planetaria 2] .-Condiciones allende la muerte 3] .-Razas y rubrazas
4] .-Orígenes cósmicos 5].-Ciencia 6] .-Ética y filosofía 7] La mente universal
8] Avalokitesvara
9] Nuestras ideas sobre el mal 10] Espíritus planetarios 11] El principio de vida

INTRODUCCIÓN

En 1881 ingresaron en la Sociedad Teosófica dos ingleses muy inteligentes que a la sazón residían en la India. Eran Alfred Percy Sinnett, director de The Pioneer, y Allen Octavian Hume, que desempeñaba un muy alto cargo en el servicio del gobierno británico. En su obra El Mundo oculto refiere el señor Sinnet cómo contrajo amistad con la señora H. P. Blavatsky. Leyendo las cartas de “H. P. B.” y el dietario del coronel Olcott correspondientes a dicho período se tendrá clara idea de las relaciones entre ella y dichos investigadores teosóficos.
La instrucción dada por algunos Maestros de Sabiduría a A. P. Sinnett y A. O. Hume llegó en forma de respuestas a preguntas que éstos formularon. Los investigadores anotaban por escrito las preguntas y después las entregaban o las remitían a H. P. B., quien, unas veces con ellos y otras ausente, residía según su conveniencia en Allahabad, Simla o Bombay.
El procedimiento adoptado por los Maestros parece que en términos generales fue como sigue: A veces, los Maestros, por medios ocultos, llevaban la carta a Sus residencias del Tibet; a veces leían la carta en la India, doquiera fuese escrita. En pocos casos, el Maestro K. H., después de recibir una carta, la anotaba y se la devolvía a H. P. B. para que la archivase. Varias cartas del señor Sinnett y una del señor Hume, así anotadas, archivó H. P. B. y se conservan en Adyar.
En respuesta enviaban, de manera por todo extremo maravillosa, cartas escritas con lápiz azul o rojo, o bien con tinta negra o encarnada. Una de ellas estaba escrita con tinta verde.

Las cartas no estaban manuscritas a mano, sino materializado el escrito sobre el papel por un procedimiento que emplean los Adeptos y requiere valerse del espacio de cuatro dimensiones.
En las cartas precipitadas no hay diferencia alguna que las distinga de las manuscritas. No hay la más leve diferencia en el carácter quirográfico de letra. Cada Maestro tiene su peculiar carácter de letra, como lo tenemos todos.
Pero lo notable es que aunque el carácter de letra es personal de un Maestro, también parece una escritura oficial procedente de determinada oficina regida por determinado jefe. Así, a algunos discípulos de las maestros M. y K. H. se les confirió el derecho de precipitar ¹ su escritura oficial.
Esto es perfectamente comprensible si tenemos en cuenta que los Maestros no son ascetas que moren aparte en las vertientes de los nevados Himalayas, sin otra cosa que hacer que vivir en la beatitud de los reinos superiores, sino que, al contrario, son jefes de los grandes departamentos de la mundial actividad, dirigen a numerosos operarios y les queda muy poco tiempo libre.
Por lo tanto, así como en un vasto establecimiento comercial puede haber un mecanógrafo al servicio del director, pero que con permiso de éste puede utilizar el secretario particular, así también sucede con la escritura de ambos Maestros.
Algunas veces escriben Ellos personalmente, y tal fue el caso especial de las cartas en que daban instrucciones a aspirantes o chelas a quienes no podían impresionar por ningún otro medio oculto. Pero a menudo se dieron las instrucciones a un discípulo avanzado, bosquejando lo que había de responder a una pregunta. Desde luego que, como cualquier jefe de oficina, tomaba el Maestro la responsabilidad de lo declarado por sus secretarios particulares; (¹ El derecho conferido es el de precipitar por ocultos medios y no el de escribir a mano.) pero esto no implica que las efectivas palabras empleadas por un secretario representen el total ni el exacto pensamiento del Maestro.
Es muy posible distinguir las cartas directamente procedentes del Maestro, de las escritas por intermediarios. Las respuestas del maestro M. son breves, directas e imperiosas, y no parecen tanto la exposición de un instructor como notas marginales de un soberano en un documento del Estado. No infrecuentemente, Sus respuestas entrañaban la recusación de todas las bases sobre que el inquiridor confiadamente descansa.
El estilo del Maestro K. H. es literario y denota un conocimiento general y a veces muy particular de la literatura y ciencia de Occidente. En las respuestas emplea donosas chafalditas y sabe ser a veces sumamente ingenioso. Puesto que bajo Su dirección se dieron la mayor parte de las enseñanzas, todo lo contenido en esta obra, excepto las enseñanzas del maestro M., lleva Su sello, tanto si lo escribió Él directamente o tan sólo bajo Su inspección.
Huelga decir que si el chela está muy adelantado y en íntima relación con su Maestro cometerá muy pocos errores en la transmisión y aun puede reproducir en la respuesta la característica fraseología del Maestro. Pero hemos de tener muy en cuenta que no por estar escrita una carta con el conocido carácter de letra de un Maestro la ha de haber precisamente escrito este mismo Maestro.

Declaración de H. P. B.²
Esta mañana, antes de recibir su carta a las seis, el Maestro me dijo y permitió que le hiciera comprender por último a usted 2 La declaración está precedida por las palabras siguientes manuscritas por la señora Gebhard: “Extractos de una carta de H. P. Blavatsky fechada en Wurzburgo el 24 de enero de 1886 y copiada por la señora y a todos los sinceros y verdaderamente devotos teósofos, “como sembráis cosecharéis”, las personales y privadas preguntas y súplicas, las respuestas trazadas en la mente de aquellos a quienes tales materias puedan todavía interesar y cuyas mentes no estén aún enteramente rasas para tales preguntas del mundo terrestre, las respuestas de chelas y novicios, a menudo algo reflejadas de mi propia mente, porque los Maestros no se detendrían ni por un momento a decir nada relativo a cuestiones individuales y privadas, que sólo atañesen a una o ni siquiera a diez personas, en lo tocante a su bienestar, infortunios o dicha en este mundo de Maya, sino únicamente responderán a preguntas de verdadera importancia universal. Todos vosotros, los teósofos, habéis rastreado en vuestra mente los ideales de nuestros Maestros; vosotros, inconscientemente, con la mejor intención y sinceridad de propósito Los habéis profanado, al pensar y creer, siquiera por un momento, que se preocuparían de vuestros materiales intereses, de los hijos que habíais de tener, hijas que casar, casas que construir, etcétera.
Sin embargo, todos aquellos de vosotros que recibisteis dichas comunicaciones y erais casi todos sinceros (quienes no lo fueron han sido tratados con arreglo a otras leyes especiales), al conocer la existencia de Seres que según pensabais podían auxiliaros fácilmente, teníais el derecho de impetrar Su auxilio y dirigiros a Ellos, tal como un monoteísta se dirige a su Dios personal, profanando al Gran Desconocido un millón de veces más que a los Maestros, rogándole que le favorezca con abundante cosecha, que aniquile a sus enemigos y que le conceda un hijo o una hija. Y como teníais tal derecho en sentido abstracto, no podían Ellos desdeñaros y negarse a responderos, si no por Sí mismos, ordenando a un chela que cuanto mejor le cupiera satisficiese vuestras solicitaciones.
Muchas veces yo (no el Mahatma) me sobrecogí y alarmé, ardiendo de sonrojo, al mostrarme notas escritas en Sus (dos) quirografías (carácter de letra adoptado para la S. T. y usado por chelas, pero nunca sin especial permiso u orden de los Maestros para este efecto) ( Gebhard. El texto fue corroborado verbalmente por H. P. B. al señor y a la señora Gebhard en Elberfeld en junio de 1886.”) en las que aparecían errores científicos, gramaticales y de concepto, expresados en tal lenguaje que tergiversaban por completo su original significado; y a veces con expresiones que en tibetano, sánscrito y otros idiomas asiáticos tenían muy diferente sentido, como de ello pondré un ejemplo. En respuesta a una carta del señor Sinnett, relativa a alguna aparente contradicción en Isis, el chela encargado de precipitar la respuesta del Mahatma K H puso: “Tuve que ejercer toda mi ingenuity para conciliar ambas cosas.” Ahora bien; la palabra ingenuity, según se puede ver en el diccionario Webster, significa etimológicamente candor, franqueza, ingenuidad, rectitud; pero ya está anticuada y no se usa en esta acepción, porque Massey, Hume y creo que también el señor Sinnett torcieron su significado, dándole el de “maña”, “habilidad”, “inventiva”, “ingeniosidad”, como si en el caso de referencia se hubiese inventado una nueva combinación para demostrar que no había la supuesta contradicción ³.
De aquí que se dijera: “el Mahatma confiesa sin rubor su ingeniosidad, el uso de artificio para conciliar las cosas, lo mismo que haría un astuto y trapacero leguleyo, etcétera”.
Si a mí se me hubiese comisionado para escribir o precipitar la carta, hubiera interpretado el pensamiento del Maestro por medio de la palabra ingenuousness, que significa “ingenuidad, sinceridad, franqueza, rectitud, corazón abierto, sin asomo de reserva ni disimulo”, según la define Webster, y se evitara así todo el oprobio lanzado contra el carácter del Mahatma K. H.
Tampoco hubiera yo transcrito ácido carbólico 4 en vez de ácido carbónico, etc. Muy rara vez dictated verbatim 5 el Maestro K. H., y de cuando lo hizo pruebas dan los sublimes pasajes de las cartas que de Él recibió el señor Sinnett. Respecto a los demás escritos, sólo insinuaba que se escribiera tal o cual cosa, y el chela lo escribía, sin saber a veces ni una palabra de inglés, como yo escribo ahora el hebreo, griego, latín, etcétera.
3 Era indispensable dejar en inglés la palabra ingenuity para que apareciera clara la diferencia entre la primitiva y anticuada acepción de ingenuidad y la moderna de ingeniosidad. (N. del T.)
4 En inglés carbolic acid es ácido fénico; mas para comprensión del contraste se deja el adjetivo en el idioma del texto original. (N. del T.)
5 Quiere decir dictar verbalmente. (N. del T.)

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