Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Ecos de Oriente

Un amplio bosquejo de las doctrinas teosóficas

DEDICADO A
HELENA PETROVNA BLAVATSKY
CON AMOR Y GRATITUD POR EL AUTOR

PALABRAS ANTECEDENTES

El título para estos artículos fue escogido por Miss Kate Field cuando fueron enviados por primera vez para su publicación a su nuevo periódico, “Kate Field’s Washington”, en Enero de 1890, para ella es el crédito por el apropiado nombre. El uso del seudónimo “Occultus” también fue sugerido por Miss Field, pues era la intención que la personalidad del autor fuera secreta hasta que la serie fuera completa.

Las restricciones impuestas al ensayo, debido al carácter del periódico en el que se publicaron, hicieron que muchos detalles no fueran tratados, lo que no hubiese sucedido en un periódico de carácter filosófico o religioso. No se pretende que el tópico de Teosofía, como se entiende en el Oriente haya sido exhaustivamente tratado, pues, creyendo que millones de años han sido dedicados por los sabios quienes son los guardianes de la verdad Teosófica a su investigación, pienso que ningún escritor podría hacer más que repetir algunos de los ecos que llegan a sus oídos.

WILLIAM Q. JUDGE

New York, Septiembre, 1890

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I

Lo que parece a la mente occidental ser una muy extraña superstición, prevalece en la India acerca de maravillosas personas que se dice que son de una inmensa edad, y que se mantienen en lugares que no son accesibles a los viajeros ordinarios. Y es tan antigua esa creencia en la India que el nombre aplicado a esos seres es bien conocido en idioma Sánskrito: “Mahatma” un compuesto de dos palabras, Maha, es grande, y atma es alma. La creencia en la existencia de esos personajes no se limita al ignorante sino que es compartido por las castas educadas. Las clases bajas miran a los Mahatmas como dioses, y les atribuyen poderes maravillosos y una edad inmensa. Los pundits, o personas instruídas, y los Hindús educados en general, tienen otra opinión diferente, y dicen que los Mahatmas son hombres o almas que poseen un conocimiento ilimitado de las leyes naturales y de la historia del hombre y de su desarrollo. También pretenden que los Mahatmas o Rishis, como suelen llamarlos, han preservado el conocimiento de todas las leyes naturales por eras, no sólo por tradición entre sus discípulos, sino también por medio de actas escritas en bibliotecas que existen en algún sitio de los muchos templos y corredores suterráneos de la India. Algunos de los creyentes afirman que también hay un acopio de libros y de actas en apartados sitios en esa parte del Tibet que no es conocida a los europeos, y accesible sólo a los Mahatmas y a los Adeptos.

La creencia dada a tal teoría universal está basada en una doctrina antigua de la India de que el hombre es un ser espiritual – en otras palabras, una alma – y por lo cual esta alma toma diferentes cuerpos de vida en vida sobre la tierra para al fin llegar a un conocimiento perfecto a través de repetidas experiencias, que habilita a uno asumir un cuerpo digno de ser la habitación de un Mahatma o alma perfeccionada. Y entonces, dicen, esa alma particular se convierte en un ayudante espiritual para la humanidad. Estos hombres perfeccionados se dice que conocen toda la verdad sobre el génesis de mundos y sistemas solares, así como también sobre la evolución del hombre en este y en otros planetas.

Si tales doctrinas sólo existieran en la India, sería natural no dar al asunto más que esta corta mención Pero cuando se encuentra una gran cantidad de gente en América y en Europa que sostienen las mismas creencias, es muy interesante notar este desarrollo de pensamiento que es tan ajeno al Occidental. La Sociedad Teosófica fue fundada en Nueva York en 1875, con el objeto declarado de formar un núcleo de Fraternidad Universal, y sus fundadores creen que los Mahatmas de la India les dirigieron a fundar esa Sociedad. Desde su principio ha adquirido miembros en todos los países del mundo, incluyendo ricos, pobres y gente de alta cultura. Entre sus filas allí florece la creencia en los Mahatmas de la India y en la Reencarnación y en su doctrina gemela, el Karma. Esta última sostiene que no hay poder, humano o divino, que pueda salvar a uno de las consecuencias de los actos ejecutados, y que en esta vida estamos experimentando el resultado que nos corresponde según los actos y pensamientos de una previa encarnación.

Esto ha sacado una abundante literatura en libros y revistas publicados en los Estados Unidos, Inglaterra, India, y otras partes. Periódicos son publicados en el interés de estas ideas nuevas-antiguas de Hindustan y también en el viejo Ceilán. Hasta el Japón tiene sus publicaciones dedicadas al mismo fin, y al ignorar un movimiento tan extenso sería mostrar una ignorancia de los factores en acción de nuestro desarrollo. Cuando una autoridad tan eminente como el sabio francés, Emile Burnouf, dice que el movimiento Teosófico debe ser contado como una de las tres grandes influencias religiosas en el mundo hoy en día, no hay necesidad de buscar excusa para presentar en detalle sus características a los lectores impregnados con la civilización del Oeste.

II

En mi anterior artículo meramente insinué las dos principales doctrinas promulgadas por la Sociedad Teosófica; es bueno ahora hacer notar el hecho que la Sociedad misma fue organizada en medio de muchas burlas, las cuales a intérvalos se han venido repitiendo desde entonces. Casi de inmediato después de fundada, su presidente, Cornl. H.S. Olcott, quien durante nuestra última guerra (Guerra Civil EE.UU. 1865) fue figura muy familiar en Washington, encontró un nuevo miembro en el Barón Henrry Louis de Palm, quien murió y obligadamente dejó su cuerpo al Coronel para ser cremado. El funeral se efectuó en el Hall Masónico, Nueva York, y atrajo una gran atención. Fue Tesófico en su carácter. El Coronel Olcott presidió, un Espiritualista ofreció una invocación y un Materialista leyó el servicio. Todo esto, desde luego atrajo la sátira de la prensa, pero sirvió a su propósito de ganar alguna atención para la joven Sociedad. Su historia desde entonces ha sido renombrada y es seguro decir que ningún otro cuerpo similar en este siglo ha atraído para sí mismo tanta consideración, despertando tal interés sobre tópicos místico entre la gente, y crecido tan rápidamente entre mofa y en contra de la fiera oposición, en tan corto período de quince años.

Mientras la prensa se ha mofado y los enemigos han conspirado, los trabajadores en la Sociedad han establecido centros en todo el mundo, y están ahora persistentemente ocupados en enviar literatura Teosófica a cada rincón y esquina de los Estados Unidos. Una mirada al mapa Teosófico muestra una línea de Ramas de la Sociedad marcando una faja de este país, que va de la ciudad de Nueva York a la costa del Pacífico; cada extremo de esta faja se extiende, hacia Boston y Nueva Orleans en el Este, y San Francisco y San Diego en el Oeste; mientras en el medio del continente hay otra acumulación de centros. Esto se dice es estricta y místicamente Teosófico, porque en cada extremo de la línea mágica del esfuerzo y en su punto medio hay una acumulación nucléica. Es un hecho que las ramas de la Sociedad en América están aumentando rápidamente alcanzando las primeras cien. Por poco tiempo existió en Washington una rama de la Sociedad llamada Gnóstica, pero nunca se comprometió en el trabajo activo. Después de haber sido inconteniblemente disuelta, y sus miembros se unieron a otras Ramas. Sin embargo ahora hay una Rama en Washington audazmente nominada en honor a la muy alabada y menospreciada Madame H. P. Blavatsky, mientras el mapa Teosófico muestra una acumulación de influencia en Washington que apunta a una rama adicional, y na investigación en los cuarteles oficiales deja al descubierto el hecho que el asunto es ya discutido.

El mapa Teosófico del cual he hablado es una curiosidad, una anomalía en el siglo diecinueve. A pocos meimbros se les permite verlo; pero esos que lo han visto dicen que es un registro del estado actual, día a día, de toda la sección de los Estados Unidos – una especie de mapa atmosférico, con áreas de presión y humedad Teosófica en todas direcciones. Cuando una Rama está bien fundada y en buenas condiciones, el área o superficie sensitiva muestra claridad y firmeza. En ciertos lugares que están en condiciones de formación hay otra apariencia sistemática de un vórtice que muy pronto mostrará una nueva Rama; mientras a donde quiera el principio de desintegración se ha filtrado dentro de una organización existente, allí la anterior señal de claridad se vuelve opaca. Por medio de este mapa esos que dirigen el real crecimiento del movimiento pueden decir cómo éste avanza inteligentemente. Por supuesto todo esto suena ridículo en nuestra época; pero, verdadero o falso, hay muchos Teósofos quienes lo creen. Un orden similar sería deseable en otras ramas de nuestra civilización.

Las grandes teorías de los Teósofos respecto a la evolución, razas humanas, religiones y la civilización en general, así como el estado futuro del hombre y los varios planetas que él habita, merecen nuestra más seria atención; y de eso me propongo hablar en otra ocasión.

III

El primer eco que desde el brillante y misterioso Oriente cual reverbera de estas páginas, da la nota de Fraternidad Universal. Entre los hombres que hoy día tal idea es generalmente aceptada como vaga y utópica, pero a la que uno puede subscribirse sin peligro; con tal que no se lleve al terreno de la práctica, ellos por lo tanto admiten rápidamente, y tan rápidamente anulan la profesión por acción en la dirección opuesta. Porque la civilización moderna, sobretodo en los Estados Unidos, tienden a acentuar y a glorificar al individuo. La declaración tan repetida que todo ciudadano puede aspirar al puesto más elevado en la nación prueba esto y, según los Mahatmas, que guardan la verdad a través de las eras mientras las naciones se desmoronan, una reacción vendrá seguramente y caeremos en las peores formas de anarquía. La única manera de impedir tal calamidad es la práctica sincera de la Fraternidad Universal que hoy sólo se acepta con los labios. Estos seres elevados además dicen que todos los hombres están – como hecho científico y dinámico – unidos, ya sea que ellos lo admitan o no; y que cada nación sufre en el plano moral como físico, de las culpas de otra nación, y recibe beneficios de ellas también aún contra su voluntad. Esto es debido a la existencia de un medio imponderable, y tenue que compenetra el globo entero, y en el cual todos los actos y pensamientos de todos los hombres se sienten y son impresos para ser después reflejados otra vez. Por lo tanto, los Adeptos dicen, los pensamientos, doctrinas y creencias de los hombres tienen mayor importancia, pues los que prevalecen entre la gente baja y mala se reflejan tanto y tan fácilmente sobre la tierra como los que emanan de personas cultas y de buenos sentimientos.

Esta es una aserción importantísima y verdadera pues, ayudados por recientes descubrimientos científicos en cuanto al hipnotismo, al instante podemos ver el inmenso poder hipnotizante de ese espejismo. Y éste como medio tenue – llamado en el Oriente “Akasa”, y por los filósofos medievales la “Luz Astral” – está enteramente fuera de nuestro control, estamos a la merced de la influencia de esas imágenes impresas allí y reflejadas sobre nosotros.

Si a esto se añade la prodigiosamente interesante doctrina de la Reencarnación, acordándonos que las imágenes de la Luz Astral persisten por muchos siglos, veremos cómo es que al volver a la vida-terrestre, somos afectados para bien o para mal, por las doctrinas y las aspiraciones de precedentes naciones y gente. Retornando ahora, por ejemplo, estamos influenciados, sin apercibirnos de ello, por las impresiones hechas en la Luz Astral en el tiempo cuando los Indios, los conquistadores Españoles y los rigurosos Puritanos vivían sobre la tierra. Las palabras del inmortal Shakespeare –

El mal que hacen los hombres vive después de ellos;
Y lo bueno es a menudo enterrado con sus huesos,

se explican admirablemente según esta doctrina; pues, los actos y pensamientos malos son más materiales y por lo tanto más firmemente implantados en la Luz Astral, mientras los buenos, siendo espirituales fácilmente se desvanecen, de modo que en realidad estamos a la merced del mal ya ejecutado. Y los Adeptos afirman que Shakespeare fue, inconscientemente a él, inspirado por uno de ellos. Volveré a referirme otra vez de este asunto más adelante. El plan de evolución explicado por estos seres y por sus discípulos es tan vasto, tan profundo y tan trascendental que confunde la mente ordinaria. Comprende períodos grandes de años entre los trillones y cuatrillones. Alega que el hombre ha vivido sobre esta tierra muchos millones de años más de los que la ciencia moderna se atreve a admitir. No se limita a los estrechos conceptos de la cronología bíblica ni se sorprende por la magnífica era de civilizaciones que ya han desaparecido hace muchísimo tiempo. Los guardianes de esta doctrina dicen que ellos y sus predecesores vivieron en esos tiempos antiguos, y que han preservado no sólo la memoria sino también los anales completos. Estos manuscritos, además no sólo están en papel indestructible y hojas de palma sino grabados en rocas indestructibles. Ellos señalan ciertas ruinas, como las estatuas colosales de veinte y siete pies de alto encontradas en la isla de Pascua; a hileras de estatuas gigantescas en Asia, que en sus variados tamaños indican la disminución gradual de la estatura humana, que se mantuvo a paso con otras degeneraciones; y además, dicen que poseen hoy en el Oriente inmensas y bien guardadas colecciones de anales de todos géneros. No sólo se dice que estos anales se relacionan con la historia física del hombre, sino también a su evolución astral y espiritual.

Antes de cerrar este capítulo sólo puedo indicar una de sus doctrinas básicas en el plan de la evolución. Esto es que la evolución de la forma astral interna, del hombre sucedió primero y continuó por un número inmenso de años antes que su estructura física fuera construida a su alrededor. Esta y otras partes de la doctrina son de gran importancia y nos ayudarán mucho a comprender los problemas de la historia de la raza humana, tanto en la ya conocida como en la que aún descansa en conjeturas.

IV

Los anales cuales yo me referí en el capítulo anterior, compilados por los Adeptos y conservados hoy por sus sucesores y representantes actuales – Adeptos también – se relacionan no sólo con el nacimiento de los planetas en este sistema solar, sino también con la evolución y el desarrollo del hombre, a través de los diferentes reinos de la naturaleza, hasta llegar a la condición más perfecta que se puede imaginar. La evolución del ser humano incluye no sólo el génesis de su cuerpo mortal sino también la historia del ser interno, quienes ellos están acostumbrados a llamar el hombre verdadero.

Esto, entonces, nos trae a una explicación muy interesante propuesta para la Religión Sabiduría, que propone aclarar no sólo lo que concierne a las emociones y facultades mentales del hombre sino también lo que se refiere a su estado pre-natal y después de la muerte; ambas son del más alto interés e importancia. Preguntas tales como, “¿Cuál será mi condición después de la muerte?” perturban y confunden las mentes de todos los hombres, sean cultos o ignorantes. Sacerdotes y pensadores han formulado, de tiempo en tiempo, teorías más o menos absurdas sobre esas condiciones prenatales y póstumas, mientras que la Ciencia moderna se ríe y se burla de la idea de investigar tales cuestiones. Los teólogos ofrecen explicaciones que únicamente se refieren a lo que sucederá después de muertos, dejando enteramente a obscuras y sin respuesta alguna pregunta tan natural, ¿Qué éramos nosotros antes de nacer aquí? Así es que siguiéndolos en su propio terreno, se colocan en una posición muy lógica, porque, una vez que se ha postulado la inmortalidad del alma – el verdadero hombre – ellos no pueden negar la inmortalidad en ambas direcciones. Si el hombre es inmortal, esa inmortalidad nunca pudo haber tenido un principio, de otro modo tendría un fín. De allí su única escapatoria del dilema es decir que cada alma es una creación especial. Pero esta doctrina de creación especial para cada alma que nace en la tierra, no es tratada o explicada por los sacerdotes, tanto que prefieren dejarla discretamente en la oscuridad.

Por otra parte la Religión Sabiduría, es siempre lógica y consistente desde el principio hasta el fin. Declara que el hombre es un ser espiritual, y no permite vaguedades ni intervalos en el curso de su inmortalidad. El Ego de cada hombre es inmortal; “siempre ha existido, siempre existirá, y nunca podrá dejar de ser existente”; apareciendo y reapareciendo una y otra vez, vestido en cuerpos distintos cada vez, éste sólo parece ser mortal; pero, éste siempre es la base y el soporte para la personalidad actuando sobre el escenario de la vida. Y durante estas apariciones como ser mortal, las cuestiones indecisas de que hemos hablado – respecto a su estado prenatal y póstumo – son de interés vital, porque el saber, o el ignorar la verdad concerniente a esto, influye poderosamente en la manera de pensar y de actuar mientras está presente, como actor, en la escena de la vida, y es necesario para el saber a fin de que él pueda así vivir y así ayudar en el gran avance de la ola evolucionaria.

Ahora los Adeptos por edades se han dedicado al experimento científico y la investigación sobre esto. Videntes ellos de la orden más elevada, no sólo han tomado nota de sus propias experiencias más allá del velo de la materia, en ambos lados del velo, sino que han coleccionado, comparado, analizado y preservado los reportes de experiencias semejantes obtenidas por cientos de miles de videntes menores, que son sus propios discípulos; y este procedimiento se continúa desde tiempo inmemorial. Ríase la Ciencia todo lo que quiera, los Adeptos son los únicos científicos verdaderos, porque ellos consideran todas las fases de la cuestión, mientras que la Ciencia es limitada por su poder cerebral, por las circunstancias, por la imperfección de los instrumentos y la inhabilidad total de percibir nada más profundo que los meros fenómenos presentados por la materia. Los anales de las visiones y experiencias de los grandes y menores videntes, de todas las edades, existen hoy en día. De esa masa inmensa nada ha sido aceptado a menos de ser corroborado y verificado por millones de observaciones independientes, y, por lo tanto, los Adeptos están en la posición de aquellos quienes poseen un conocimiento verdadero, experimental de lo que precede al nacimiento del Ego en forma humana, y de lo que sucede cuando el “rollo mortal” es descartado.

Esta anotación de experiencias aún continúa todavía; la infinidad de los cambios de la Naturaleza en su evolución no permite parada, ni “última palabra”, ni conclusiones finales. Al girar alrededor del sol la tierra no sólo pasa por lugares nuevos en su órbita, sino que, arrastrada por el sol alrededor de la órbita mayor, implica millones de millones de años, y forzosamente en ese círculo más grande entra en nuevos campos del espacio y condiciones nunca vista. De aquí que los Adeptos van más allá aún y dicen que, así como la materia presenta hoy fenómenos deferentes de las que presentaba hace un millón de años, así la materia presentará en otro millón de años, otros fenómenos todavía más distintos. En verdad, si pudiéramos ver a nuestro globo como era en el tiempo remoto del pasado, contemplaríamos condiciones y fenómenos en el mundo material tan diferentes de las que hoy nos rodean, que nos sería casi imposible creer que hubiéramos podido existir en aquel estado. Y los cambios hacia las condiciones que prevalecen en un punto igual de remoto en avance de nosotros, en tiempo, y cual no será menos que los que ya han ocurrido, están en progreso hoy. Nada en el mundo material permanece inmutable o en sus condiciones, ni siquiera por una fracción infinitamente pequeña de tiempo. Todo lo que es, está por siempre en proceso de llegar a ser otra cosa. Esto no es simple trascendentalismo sino una doctrina antiquísima llamada, en el Oriente, “la doctrina de un constante y eterno cambio de átomos de un estado a otro.”

V

La doctrina antigua del constante, eterno cambio de cada átomo de un estado a otro, está fundada, o mejor dicho se deduce, de otra que postula que no hay tal cosa como materia muerta. En cualquier punto concebible del universo hay vida; no hay un solo punto que pueda llamarse muerto; y cada vida está eternamente moviéndose y progresando hacia la evolución superior. Para admitir esto, tenemos que conceder que la materia nunca es percibida con la vista ni con ningún instrumento. Lo que nuestros sentidos perciben son los fenómenos de la materia, y de aquí, dicen los sabios, lo que llamamos “materia” no es más que una ilusión. Ni siquiera el protoplasma de las escuelas puede decirse que es la materia original; esto es simplemente otro de los fenómenos. Esta materia prima u original es llamada por Paracelso y otros materia primordial, lo más cerca de lo que en la escuela Oriental es llamado en Sánskrito mulaprakriti. Exta es la raíz de la materia, invisible, que no se puede pesar, ni medir con ningún instrumento de invención humana. Y, sin embargo, es la única real materia fundamental de todos los fenómenos a lo que erróneamente llamamos materia. Pero nada de todo esto está muerto sino lleno de las vidas que nos referimos antes.

Ahora, teniendo esto en mente, consideremos, el vasto sistema solar, vasto sin duda, sólo cuando no se le compara con la inmensa agregación de estrellas, y planetas que nos rodean. El gran año sideral que el sol cubre pasando a través de los doce signos del zodíaco comprende más de 25,000 años mortales, de 365 días cada uno. Al mismo tiempo que recorre este inmenso circuito, el sol arrastra consigo todo el sistema planetario suyo a través de su enorme órbita propia, y podemos imaginar – sin observaciones precisas – que en esos 25,000 años de viaje alrededor del zodíaco, el sistema solar como unidad colectiva ha avanzado en la órbita propia del sol sólo una pequeña distancia. Pero después que millones de años hayan pasado en estos progresos, el sol debe traer su comitiva de planetas a un espacio estelar donde nunca han estado antes; allí otras condiciones y combinaciones materiales pueden existir, condiciones y estados de los cuales nuestros científicos nunca lo han sabido, de los cuales ni un sólo fenómeno ha sido registrado; y las diferencias entre las condiciones planetarias de entonces y ahora serán tan grandes que no habrá comparación posible.

Esta es una rama de la ley cíclica con cual los Sabios del Oriente son perfectamente familiar. Ellos han investigado, registrado sus observaciones y las han conservado. Habiendo observado las vidas innumerables, durante ciclos sobre ciclos pasados, y ver su modo de ser bajo diferentes condiciones en otros espacios estelares dejados atrás hace muchísimo tiempo, ellos tienen una base en que fundar sus conclusiones sobre cuál será el estado de las cosas en las edades venideras.

Esto nos trae a una interesante teoría ofrecida por la Teosofía con respecto a la vida misma manifestada por el ser humano, su muerte y sueño. Relacionado también a lo que es el llamado generalmente “fatiga”. La explicación común para el fenómeno del sueño es que el cuerpo se fatiga, pierde más y más su vitalidad y después busca reposo. Esto dice la Teosofía, es lo opuesto a la verdad, porque, en lugar de haber perdido algo de su vitalidad, el cuerpo, al fín del día, tiene más vida que al despertar. Durante la vigilia las olas-vitales entran precipitadamente al cuerpo con mayor intensidad de hora en hora; y nosotros no pudiendo resistirlas más allá del período usual, ellas nos vencen y nos dormimos. Mientras dormimos, la ola vital se acomoda a las moléculas del cuerpo; y cuando el equilibrio está completo nos despertamos otra vez a continuar la contienda con la vida. si no ocurriese este ajuste periódico, la corriente vital nos destruiría. Todo desarreglo del cuerpo que entorpece este ajuste es una causa de insomnio, y tal vez muerte. Finalmente, la muerte del cuerpo resulta de la desigualdad del debate con la fuerza vital; que al fin nos domina, y estamos forzados a sucumbir en la tumba. Enfermedades, la propiedad común de la raza humana, sólo reduce el poder del cuerpo a ajustar y de resistir. Los niños, dicen los Adeptos, duermen más que los adultos, y necesitan más descanso, porque la máquina corpórea, siendo joven y más tierna, se rinde más fácilmente al influjo vital y se adormece.

Claro, en este corto artículo no puedo elaborar esta teoría; pero, el hecho es que aunque no aceptable a la Ciencia, lo será un día aceptado como verdad. Como que ya se empieza a pensar que la electricidad lo penetra todo, aunque tal vez muy pronto estaremos de acuerdo que la vida es universal aún en lo que estamos acostumbrados llamar materia muerta.

Y como, que, está claro a cualquier observador inteligente que parece haber allí más o menos inteligencia en las operaciones de esta energía vital, nosotros naturalmente nos acercamos a otra interesante doctrina teosófica que trata de seres y jerarquías dirigiendo esta energía.

VI

Mientras estudiando estas ideas de la antigüedad, bien podemos prepararnos a verlas chocar con muchas opiniones aceptadas de hace mucho tiempo. Pero como la Ciencia tiene muy poco que ofrecer más que conjeturas cuando trata de resolver los grandes problemas del génesis y cosmogonía, y, en el acto de negar viejos dogmas, casi siempre empieza con la hipótesis, el Teósofo puede sentirse afianzado. En cuestiones importantes, como el calor del sol o la historia de la luna no hay un acuerdo entre los científicos o astrónomos. Newton, Pouillet, Sollner, Secchi, Fizeau, Waterson, Rosetti, y otros, todos difieren acerca del sol, la divergencia entre sus cálculos sobre el calor siendo tan alta como 8,998,600 grados. Si encontramos que los Adeptos aseguran que la luna no es una masa que la tierra arrojó al enfriarse, sino, que, al contrario es el progenitor de este globo, poco pueden importarnos las burlas de una Ciencia que es tan incierta y tan poco segura en muchas cosas como es afirmativa.

Si yo sólo tuviera que tratar con los eruditos de las escuelas que se atienen en la última expresión dicha por los líderes de la Ciencia, yo jamás debiera intentar la labor en hablar de seres y jerarquías que guían las vidas del cual escribí anteriormente. Mi pluma se caería de una mano paralizada por las negaciones. Pero las creencias espirituales de la gente sencilla estarán aún en boga cuando el materialista intelectual habrá desaparecido. El gran Immanuel Kant dijo: “Yo confieso que estoy muy dispuesto a afirmar la existencia de seres inmateriales en el mundo, e incluir mi propia alma en la clase de esos seres. Más tarde yo no sé dónde ni cuándo, pero aún así se probará que el alma humana se mantiene, aún durante esta vida, en conexión indisoluble con todas las clases inmateriales del mundo espiritual, que recíprocamente actúa sobre todo esto, y recibe impresiones de ellas.” Y así la mayoría de los hombres piensan así también.

Que hay jerarquías que gobiernan el universo no es idea nueva. Esto fácilmente se puede encontrar hoy en la Iglesia Cristiana. Los padres primitivos de la iglesia lo enseñaban, San Pablo habló de ello, y la Iglesia Católica Romana lo expresa claramente en el Libro de Ritual de los Espíritus de las Estrellas. Los cuatro arcángeles que guardaban los cuatro puntos cardinales representan grupos de los regentes en el sistema antiguo, o los jefes de cada grupo. En ese sistema los gobernantes son llamados Dhyan Chohans. Aunque la filosofía Teosófica no postula un Dios personal, ya sea extra o intracósmico, no puede admitir que la Naturaleza trabaje sin guía, y asegura que los Dhyan Chohans le ayudan, y están constantemente ocupados en dirigir esa vida que todo lo penetra en su movimiento evolucionario. Mme. Blavatsky, hablando sobre este asunto en su Doctrina Secreta, cita del antiguo Libro de Dzyan lo siguiente:

“Un ejército de los Hijos de la Luz permanece en cada esquina, los Lipika en la rueda central.”

Las cuatro esquinas son los cuatro puntos cardinales y la “rueda central” es el centro del espacio; y ese centro es cualquier punto donde se focalice la conciencia reconocedora. y la misma autora usando del Catecismo del Discípulo, describe:

“¿Qué es lo que siempre es? Es Espacio, Anupadaka. ¿Qué es lo que siempre fue? El Gérmen en la Raíz. ¿Qué es lo que siempre va y viene? El Gran Soplo. ¿Entonces hay tres eternos? No, los tres son uno; aquello que está siempre siendo y volviendo a ser también es uno; y esto es el espacio.”

En ese espacio eterno sin progenitores está la rueda en el centro donde los Lipika están, de los cuales no puedo hablar; en los cuatro ángulos están los Dhyan Chohans, y ejecutando su voluntad entre los hombres en esta tierra están los Adeptos – Los Mahatmas. La harmonía de las esferas es la voz de la Ley, y esa voz es obedecida por los Dhyans Chohans, y los Mahatmas – por parte de ellos con complacencia, porque ellos son la ley; por parte de los hombres y las demás criaturas porque ellos están atados por los lazos adamantinos de la ley cual ellos no la comprenden.

Cuando yo dije que nada podía hablarse sobre los Lipika, lo hablé en serio, por su naturaleza misteriosa y sus poderes incomprensibles, no es posible saber lo bastante para expresarse con seguridad y buen sentido. Pero de los Dhyan Chohans y los Adeptos algo podemos saber, y a menudo tenemos evidencias casi tangibles de su existencia. Porque los Adeptos son hombres vivos, usando cuerpos semejantes a los nuestros; ellos se hallan repartidos por toda la Tierra y en todas las naciones; ellos se conocen unos a otros, pero no de acuerdo a meras formas y signos Masónicos de reconocimiento, a no ser que llamamos natural, físicos y astrales signos Masónicos. Ellos tienen épocas cuando se reúnen y son presididos por alguno de entre ellos que está más avanzado en el conocimiento y poderes que los demás; y estos Adeptos superiores a su vez tienen sus concilios, en los cuales ese Uno que preside es el más elevado; de estos últimos empieza la comunicación con los Dhyan Chohans. Todos en sus varios grados ejecutan el trabajo que corresponde a su grado, y aunque sólo el más Elevado puede atribuirse que tiene poder para gobernar y guiar la naturaleza y la humanidad, sin embargo el más mínimo ocupa un lugar importante en todo el esquema. Los francmasones y los numerosos pseudo-rosacruces del día no aceptarán unánimemente esta idea, porque estos Adeptos no se han sometido a sus rituales; pero siempre ha habido una extensa – y, con permiso diremos – creencia en esos seres y jerarquías, lo cual no es difícil de discernir o de probar.

VII

Un viejo argumento a favor de la existencia de un Dios extra-cósmico o personal, es el que una verdadera inteligencia parece penetrar la naturaleza, de donde es sacada la conclusión de que hay un ser que es el director inteligente. Pero la Teosofía no admite tal Dios, porque no es ni necesario ni posible. Hay demasiadas evidencias de severidad implacable en las operaciones de la naturaleza para que podamos acariciar por mucho tiempo la noción de un Dios personal. Vemos tempestades con su furor destrozar lo bueno con lo malo junto; terremotos que no respetan edad, rango ni sexo; y que donde quiera una ley natural tenga que actuar lo hará indiferente al dolor humano o desesperación.

La Religión Sabiduría al postular jerarquías como las anteriormente nombradas, no perfila por eso un Dios personal. La diferencia entre el Dios personal – un Jehovah por ejemplo – y los Lipika con las huestes de Dhyan Chohans, es muy grande. La ley y el orden, buen sentido, decencia y el progreso son todos subordinados a Jehovah, a veces desapareciendo del todo bajo su benéfico gobierno; mientras que en la Religión Sabiduría los Dhyan Chohans, sólo pueden seguir las leyes inmutables eternamente trazadas en la Mente Universal, y esto ellos lo hacen inteligentemente, porque en realidad ellos son hombres que llegan a ser dioses. Como estas leyes eternas son trascendentales, y la Naturaleza de por sí es ciega, las jerarquías – las huestes de los ángulos – tienen que guiar el progreso evolucionario de la materia.

En orden de comprender la doctrina mejor, vamos a tomar un período de manifestación tal como el que actualmente estamos. Esto empezó hace millones de millones de años, subsiguiente a un vasto período de oscuridad o invernación. En el sistema Cristiano es llamado Caos. Y anterior a ese período de sueño hubo eternamente otros períodos de actividad o manifestación. Ahora, en esos períodos precedentes de energía y acción el mismo progreso evolucionario continuó, del cual surgieron grandes seres-hombres perfeccionados y llegaron a ser lo que para nosotros son dioses, que han auxiliado en un sin número de evoluciones en el eterno pasado. Estos vienen a ser los Dhyan Chohans y tomaron parte en todas las evoluciones subsiguientes. Tal es el objetivo grandioso que debe esforzarse cada alma humana. Ante todo esto las mezquinas e imposibles recompensas del cielo Cristiano se vuelven escoria.

No se debe cometer el error de limitar esos grandes períodos evolucionarios y de los seres que se ha hablado a nuestra tierra miserable. Nosotros sólo estamos en la cadena [terrestre]. Hay otros sistemas, otros espacios donde la energía, el poder y el saber son ejercitados. En la misteriosa Vía Láctea hay regiones inmensas en tamaño y de incomprensible distancia, donde hay lugar para muchos sistemas como el nuestro; y mientras nosotros observamos las constelaciones de estrellas, hay algún punto entre ellas donde la inmensa noche de la muerte se esparce sin remordimientos sobre lo que fue en su tiempo un sistema maravilloso.

Ahora estos seres, como están bajo el dominio de la Ley tal vez parecen implacables en ciertas ocasiones. Circunstancias hay en que al juicio mortal parece ser sabio o justo el salvar una ciudad de la destrucción, o una nación de la decadencia, o a una raza de la extinción total. Pero si tal destino es el resultado natural de acciones cometidas o si es un paso necesario en el barrido cíclico, no puede ser evitado. Como uno de los Maestros de ésta noble ciencia ha escrito:

“Nosotros no hemos nunca pretendido ser capaces de atraer las naciones en masa a esta o aquella crisis a pesar de la tendencia general de las relaciones cósmicas del mundo. Los ciclos tienen que recorrer sus rondas. Períodos de luz y de obscuridad mental y moral le siguen uno al otro como el día lo hace a la noche. Las yugas mayores y menores tienen que estar consumadas según el orden establecido de las cosas. Y nosotros conllevados en la marea poderosa, sólo podemos modificar y dirigir algunas de sus corrientes menores. Si tuviéramos las facultades imaginarias del Dios personal, y si las leyes inmutables fueran juguetes para divertirnos, entonces sí que hubiéramos podido crear condiciones que hubieran podido transformar la tierra en una Arcadia para las almas elevadas.”

Y lo mismo en casos individuales – aún entre aquellos que están en relaciones directas con algún Adepto – la ley no puede ser violada. Karma exige que tal y cual cosa debe sucederle al individuo, y que el Dios más grande o el más pequeñito de los Adeptos no pueden levantar un dedo para impedirlo. Una nación puede haber acumulado contra sí misma como nación una vasta cantidad de Karma adversa. Su destino es seguro, aún cuando existan en ella algunas nobles unidades, grandes almas aunque son Adeptos ellos mismos, nada pueden hacer para salvarla, y se “extinguirá como una antorcha que se cae al agua.”

Tal fue el fin del Egipto antiguo, cuya gloria primitiva ningún hombre de hoy día ni siquiera sospecha. Aún cuando a nosotros se nos muestra como un sol radiante ya alto, pero en realidad tuvo su período de crecimiento, cuando grandes Adeptos ocuparon el trono y guiaron al pueblo. Gradualmente llegó a un alto grado de poder y entonces su gente creció material; los Adeptos se retiraron; falsos Adeptos ocuparon su lugar y gradualmente se obscureció su gloria hasta que por último la luz de Egipto cayó en las tinieblas. La misma historia se repitió en Caldea y en Asiria y también sobre la faz de nuestra propia América. Aquí una gran, y gloriosa civilización una vez floreció, sólo para desaparecer como las otras; y que un gran desarrollo de civilización está empezando aquí otra vez es una de las operaciones de la justa y perfecta ley del Karma para el Teósofo, pero es una de las misteriosas operaciones de una providencia irresponsable para aquellos que creen en un Dios personal quien dio la tierra de los hombres al buen Cristiano. El desarrollo de la nación Americana tiene una misteriosa pero potente conexión con el maravilloso pasado de los Atlantes, y es una de esas historias contornada en el libro del destino por los Lipika a lo que me referí la semana pasada.

VIII

Entre los Adeptos, el engrandecimiento y la decadencia de naciones y de las civilizaciones son temas que son estudiados bajo los grandes movimientos cíclicos. Ellos dicen que hay una conexión indisoluble entre el hombre y todo evento que toma lugar sobre este globo, no sólo los cambios ordinarios en la política y la vida social, sino también todo lo que acontece en los reinos mineral, vegetal, y animal. Los cambios en las estaciones son para el hombre y por el hombre; los grandes alzamientos de continentes, los movimientos de inmensos glaciares, las tremendas erupciones de volcanes, o las rápidas inundaciones de grandes ríos, todo acontece para y por el hombre, así él esté consciente de ello o no, o esté presente o ausente. Y ellos nos dicen de los grandes cambios en la inclinación del eje de la tierra, pasado y por venir, todo debido al hombre.

Esta doctrina es incomprensible para la mente Occidental del siglo diecinueve, porque está oculta de la observación, es opuesta por tradición, y la educación la contradice. Pero los Teósofos que han pasado más allá de las escenas elementarias saben sin embargo que es la verdad. “¿Qué”, dice el admirador de la Ciencia, “tiene el hombre que ver con el terremoto de Charleston, o con las lluvias de polvo cósmico que invaden nuestra atmósfera? Nada.”

Pero el Adepto, parándose sobre la altura inmensurable donde siglos yacen bajo su mirada, ve los grandes y los pequeños ciclos desenvolviéndose progresivamente, influenciados por el hombre y produciendo sus cambios para castigo, premio, experiencia y desarrollo.

No es necesario en este momento tratar de explicar de que manera el pensamiento y las acciones de los hombres producen cambios en las cosas materiales; que yo formulo por el momento esto como simple aserción que más tarde aclararemos.

El gran tema de los ciclos ha sido tratado ligeramente y nos trae a la memoria una declaración fascinadora hecha por los Adeptos Teosóficos. Es esto, que los ciclos en su movimiento están trayendo ahora a la superficie, en los Estados Unidos y en toda América, no sólo una gloriosa civilización que fue olvidada hace más de once mil años, sino también los mismos hombres, las monadas – los egos, como ellos les llaman – quienes se ocuparon por muchas edades desarrollando y dándole su esplendor final. En realidad, nosotros de este siglo diecinueve, oyendo de nuevos descubrimientos y de invenciones diariamente, y soñando de grandes progresos en todas las artes y ciencias, somos los mismos individuos que habitaron cuerpos entre los poderosos y brillantes, como también los perversos, Atlantes, cuyo nombre es por siempre hecho inmortal en el Océano Atlántico. Los Europeos también son egos Atlantes; pero la flor, por decir así, de este renacimiento o resurrección, es y será en el continente Americano. Yo no diré los Estados Unidos, porque tal vez, cuando el sol de nuesta grandeza se haya levantado otra vez, es posible que no existan los Estados Unidos para que se levante.

Naturalmente, en orden a ser capaz de aceptar en cualquier grado esta teoría, es esencial que uno debiera creer en las doctrinas Teosóficas gemelas del Karma y de la Reencarnación. Para mí la cosa está clara. Yo casi puedo ver a los Atlantes en esos ciudadanos de América, adormecidos, y no muy bien enterados de quienes son, pero aún llenos de las ideas grandiosas de los atlantes, las que no pueden lograr una expresión completa y clara porque la herencia física y el ambiente mental paralizan y amarran al potente hombre interno. Esto es otra vez Karma-Némesis que nos castiga así por medio de penosas ambiciones. Esto es porque, cuando estuvimos en cuerpos Atlantes, ejecutamos perversamente, no las meras sórdidas malvadas cosas de hoy en día, sino acciones trascendentes de perversidad, tales como San Pablo atribuye a seres espirituales desconocidos en altas esferas. Nosotros degradamos las cosas espirituales y le dimos la vuelta a los grandes poderes sobre la naturaleza para los usos más bajos; hicimos excelsis, lo que ahora es insinuado en la glorificación de la riqueza, las cosas materiales, del individuo sobre lo espiritual y por encima del gran Hombre-la Humanidad. Esto tiene ahora su compensación en nuestra inhabilidad presente de obtener lo que deseamos o remover de entre nosotros el engranaje triturador de la pobreza. Nosotros somos, aún todavía, sólo preparadores, por mucho que podamos glorificar nuestro progreso Americano evidentemente crudo.

He aquí condensado el significado de este ciclo. Esto es un ciclo preparatorio con mucha destrucción necesaria; porque, antes de una construcción tiene que haber algo de desintegración. Aquí en América estamos preparando una nueva raza que exhibirá la perfección de las glorias que yo dije que eran poco a poco sacadas a la superficie del ya olvidado y remoto pasado. Por eso las Américas aparecen hoy en un estado de fermentación perpetua. Es el hervor y agitación de las razas viejas refinándose en el crisol y surgiendo gradualmente el material para la nueva raza. Aquí, y en ninguna otra parte, se encuentran hombres y mujeres de todas las razas viviendo juntos, gobernándose juntos, atacando juntos la naturaleza y los problemas de la vida, y trayendo niños que son mezcla de dos razas. Este procedimiento continuará hasta que en el curso de muchas generaciones se habrán producido en los continentes Americanos enteramente una raza nueva; con cuerpos nuevos, nuevas formas de intelecto; nuevos poderes de la mente; facultades psíquicas curiosas y nunca antes conocidas, como otros poderes físicos también extraordinarios; nuevos sentidos y desarrollos imprevistos de los que ahora tenemos. Cuando este nuevo tipo de cuerpo y mente sean generados – entonces otras monadas, o las nuestras otra vez, las animarán y pintarán en el panorama del tiempo las imágenes de hace 100,000 años.

IX

Al discutir sobre estas doctrinas, es preciso a veces, extender el sentido y la significación de muchas palabras. La palabra “raza” es una de ellas. En el plan Teosófico, delineado por los sabios del Oriente, se mencionan siete grandes razas. Cada una de ellas incluye todas las diferentes llamadas razas de nuestra moderna etnología. De aquí la necesidad de tener siete grandes raza-raíces, sub-razas, y éstas se dividen en grupos de razas-familias; todas, sin embargo, se incluyen en la gran raza-raíz que se encuentra en vía de desarrollo.

La aparición de estas grandes raza-raíces son siempre justo cuando el desarrollo del mundo lo permite. Cuando el globo estaba formándose, la primera raza-raíz era más o menos etérea y no tenía cuerpos como los que hoy habitamos. Las condiciones cósmicas se hicieron más densa y la segunda raza apareció, pronto después desapareció totalmente la primera. Entonces la tercera vino a la escena, después de un inmenso lapso de tiempo, durante el cual la segunda raza-raíz había estado desarrollando los cuerpos necesarios para la tercera. Al advenimiento de la cuarta raza-raíz, se dice que la presente forma humana fue producida, aunque gigantesca y en algunos puntos, diferentes de las nuestras. Es a partir de este momento – la cuarta raza – que el sistema Teosófico empieza a hablar del hombre como tal.

El libro antiguo que Mme. Blavatsky cita lo menciona así:

“De este modo, de dos en dos, en las siete zonas, la tercera raza dio nacimiento a la cuarta”; y,

“En cada zona, la primera raza fue color de luna; la segunda, amarilla, como el oro; la tercera, roja; la cuarta, parda, que se ennegreció con el pecado.”

Topinard, en su Antropología, da apoyo a esto, cuando él dice que hay tres colores fundamentales en el organismo humano – rojo, amarillo y negro. La raza parda que se volvió negra a fuerza de pecar, se refiere a los Atlantes raza de brujos del cual ya he hablado; sus terribles perversas prácticas, ambas mentales y físicas produjo un cambio en el color de la piel.

La evolución de estas siete grandes razas ocupa muchos millones de años, y no se debe de olvidar que cuando una raza llega a su completo desarrollo la precedente raza desaparece, porque las monadas que la habitaban se han reencarnado gradualmente en los cuerpos de la nueva raza. La presente raza-raiz a la cual pertenecemos, sea cualquiera la sub-raza a la familia en que estamos, es la quinta. Se hizo una raza distinta, separada y completamente definida hace como un millón de años, y tiene aún muchos más años que servir antes que la sexta haga su entrada. Esta quinta raza también incluye a todas las naciones en Europa, que forman una raza-familia y no deben separarse una de la otra.

Ahora bien, el procedimiento de fomar la base, o la gran columna vertebral para esa raza que ha de iniciar la sexta, y que he dicho se está formando ahora en América, es para nosotros un proceso lento. Obligados por nuestra inhabilidad a juzgar o contar excepto por relatividad, la unión gradual de las naciones y la fusión de sus hijos una y otra vez para procrear algo nuevo en la línea humana, es tan gradual que parece casi sin progreso. Pero este cambio y esta evolución marchan sin cesar, y un observador cuidadoso puede ver evidencias de esto. Un hecho que merece atención. Esta es la facultad inventiva exhibida por los Americanos. Nuestros científicos no le darán mucho peso, pero el ocultista ve en ello una evidencia de que los cerebros de estos inventores están más abiertos a las influencias y las imágenes del mundo astral que los de las naciones viejas. Reportes que han sido traídos a mí por personas competentes de niños que fueron nacidos con las más anormales facultades de lenguaje, memoria, y otras, y en algunos casos yo mismo lo he visto. Todas estas cosas suceden en América y muchas de ellas en el Oeste. Hay más nerviosidad aquí que en las viejas naciones. Esto es explicado por el torbellino y la rapidez de nuestra civilización; pero eso es una explicación que nada explica, porque siempre queda la pregunta, “¿Por qué hay tal rapidez, tanto empuje, tantos cambios en los Estados Unidos?” Esos argumentos ordinarios van en círculo, ya que dejan fuera de vista la razón fundamental, tan familiar a los Teósofos, que ésta es la evolución humana que se está efectuando delante de nuestros ojos de acuerdo con las leyes cíclicas.

Los Adeptos Teosóficos creen en la evolución, pero no en la que se complace en darnos un mono como nuestro antepasado. Su gran y comprensible sistema es completamente capaz de dar cuenta por los rudimentarios músculos y órganos que se hallan completos sólo en el reino animal, sin tener que llamar a un mono pithecoide nuestro padre, porque ellos demuestran el procedimiento gradual de la edificación del templo para el uso del Ego divino, proce-diendo sin cesar, y en silencio, a través de eras sobre eras, serpenteando a través de todas las formas de todos los reinos en la naturaleza desde el mineral hasta el más elevado. Esta es la verdadera explicación del dicho antiguo, judaico y masónico, que el templo del Señor no está hecho con las manos y que no se oye el ruido del trabajo en ello.

X

Es bueno ahora decir, más definitivamente que yo tenga aún, unas palabras acerca de las dos clases de seres, una de las cuales mucho se ha dicho en la literatura Teosófica, y también por esos de afuera que escriben del asunto ya sea en seriedad o en ridículo. Estas dos clases de excelsos personajes son los Mahatmas y los Nirmanakayas.

Con respecto a los Mahatmas muchas nociones erróneas se han circulado, no sólo por el público sino también por Teósofos en todas partes del mundo.

En los primeros días de la Sociedad Teosófica el término Mahatma no se usaba aquí, pero el título entonces era “Hermanos”. Esto se refería al hecho de que ellos eran un grupo de hombres que pertenecían a una hermandad del Oriente. Los más maravillosos poderes y, a veces los motivos más extraordinarios eran atribuidos a ellos por esos que creían en su existencia.

Podían transportarse a cualquier parte del mundo en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de la gran distancia que la India está de aquí ellos podían precipitar cartas a sus amigos y discípulos en Nueva York. Muchos pensaron que esto podía hacerse sólo por entretenimiento; otros veían esto como que eran pruebas para los fieles, mientras aún otros a menudo suponían que los Mahatmas hacían esto por el puro amor de ejercer sus poderes. Los Espiritualistas, algunos de los cuales creían que Mme. Blavatsky en verdad hizo las maravillosas cosas que se contaban de ella, decían que era sólo un médium, puro y simple y que los Hermanos eran los finados de las sesiones ordinarias. Mientras tanto la prensa en general se reía, y Mme. Blavatsky y sus amigos Teósofos continuaban sus trabajos sin abandonar su fe en los Hermanos, que después de unos años vienen a ser llamados Mahatmas. Indistintamente con Mahatma, la palabra Adepto ha sido usada para describir los mismos seres, de modo que ambos títulos se han usado sin precisión y en una manera confusa.

La palabra Adepto denota adelanto, y no es común, cosa que, cuando se usa, una descripción es necesaria cuando se aplica a los Hermanos. Por esa razón en un artículo anterior los llamé Adeptos Teosóficos. Un Mahatma no es sólo un Adepto, sino mucho más. La etimología de la palabra esclarecerá este punto, la palabra siendo estrictamente Sánskrita, de Maha que significa grande, y Atma, alma – es decir Grande Alma. Esto no quiere decir solamente un hombre de corazón noble sino un ser perfeccionado, uno que ha alcanzado tal estado muy a menudo descrito por los místicos y que los hombres de ciencia declaran ser una imposibilidad, cuando el tiempo y el espacio no son obstáculos a su vista, a la acción, al conocimiento, o a la conciencia. Por eso se dice que son capaces de realizar los actos extraordinarios relatados por varias personas, y también que poseen información de un carácter decisivo y práctico que concierne las leyes de la naturaleza, incluyendo el misterio por la ciencia – el objeto, la operación y la constitución de la vida misma – y concerniente al génesis de este planeta como también a las razas sobre éste. Estas amplias aserciones han dado lugar a la principal acusación traída contra los Adeptos Teosóficos por aquellos escritores afuera de la Sociedad que se han ocupado del asunto – que ellos permanecen, si es que existen, en un estado frío y de quietud egoísta, viendo la miseria y oyendo los lamentos del mundo, y sin embargo rehusando extender una mano excepto a unos cuantos favorecidos; poseyendo conocimiento de los hombres eruditos o de los ricos capitalistas que desean avanzar el comercio y al mismo tiempo que ellos ganan un beneficio honrado. Por mi parte yo firmemente creo, en evidencia que me fue dada en todo lo dicho sobre estos Adeptos, yo declaro que las acusaciones antedichas no tienen fundamento, pues sé que sólo provienen de no tener conocimiento de quienes se acusa.

Los Adeptos y Mahatmas no son un crecimiento milagroso, ni los sucesores egoistas de alguien que, accidentalmente tropezó sobre grandes verdades, transmitiéndolas a sus secuaces bajo privilegio de patente. Ellos son seres humanos educados, desarrollados, refinados no sólo durante una vida sino durante una larga serie de vidas, siempre bajo las leyes evolucionarias y casi de acuerdo con lo que vemos entre los hombres del mundo o la ciencia. Así como un sabio es más grande que un salvaje, y a pesar de eso no deja de ser hombre, así un Mahatma-Adepto es un crecimiento natural, y no producido por ningún milagro; el procedimiento por el cual llega a serlo tal vez es extraño, pero está estrictamente conforme con el orden natural.

Hace algunos años un bien conocido Anglo-Indú escribió a los Adeptos Teosóficos, preguntándoles si habían dejado alguna marca en la tela de la historia, dudando que lo hayan hecho. La respuesta fue que él no tenía tribunal para juzgarlos y que ellos habían escrito muchas líneas importantes en la página de la vida humana, no sólo reinando en forma visible, sino aún en las épocas recientes cuando así por muchos siglos anteriores, hicieron su trabajo detrás de bastidores. Para ser más explícito, estos hombres asombrosos han influenciado el destino de las naciones y están moldeando acontecimientos hoy en día. Pilares de la paz o factores de la guerra como Bismarck, salvadores de naciones como Washington, Lincoln y Grant, deben su elevación, su singular energía, y su facultad sorprendente de coger los hombres correctos para sus propósitos, no a un educado intelecto o una larga preparación en las escuelas del día, sino a estos Adeptos invisibles, que no ambicionan honores, ni buscan publicidad, ni reclaman reconocimiento. Cada uno de estos grandes líderes humanos que he mencionado tuvo en sus años de obscuridad lo que se llama presentimientos de futuras grandezas o conexión con eventos agitados en su patria.

Lincoln siempre presintió que en algún modo iba a ser un instrumento de alguna gran obra, y algunas frases sueltas de Bismarck señalan las horas de silencio, nunca abiertamente mencionado, cuando él sentía el impulso empujándolo a lo poco de bueno que pueda haber hecho. Un gran número de casos podrían citarse para hacer ver que los Adeptos han hecho “una marca indeleble en diversas eras.” Aún durante el gran levantamiento en la India que amenazó el dominio Inglés allí, ellos vieron de antemano la influencia que Inglaterra y la India tendrían en los negocios del mundo por medio de los cambios psíquicos y metafísicos de hoy en día, y a menudo se apresuraban a comunicar, por sus propios métodos ocultos y maravillosos, las noticias de los triunfos de las armas británicas, a los distintos pueblos del interior que se hubieran alzado bajo el estímulo de reportes imaginarios de derrotas inglesas. En otras ocasiones, vagos temores se propagaban instantáneamente entre las masas de los Hindúes, cosa que Inglaterra al fin quedó dueña, aunque más de un patriota nativo deseaba otro resultado. Pero los Adeptos no trabajan para obtener el elogio de los hombres, ni la efímera influencia del día, sino en pro de las razas futuras y para el mayor y más alto bienestar de la humanidad.

XI

Para una completa disertación en los Adeptos, Mahatmas, y Nirmanakayas, más de un volumen sería necesario. El desarrollo ilustrado por ellos es tan extraño a la mente moderna y tan extraordinarios en estos días de mediocridad general, que el lector común falla en comprender con facilidad las ideas expuestas en un artículo condensado; y casi todo lo que uno pueda decir de los Adeptos – sin decir nada de los Nirmanakayas – requeriendo mucha explicación de leyes recónditas y de asuntos abstrusos, está expuesto a ser mal entendido, aún si volúmenes se escribieran sobre ellos. El desarrollo, condiciones, poderes y funciones de esos seres llevan en si el plan completo de la evolución; porque como dicen los místicos, los Mahatmas son la eflorescencia de una era. Los Adeptos pueden ser obscuramente entendidos hoy en día, los Nirmanakayas apenas son mencionados, y de los Mahatmas hay un concepto erróneo por los creyentes como por los negadores.

Pero una ley que los gobierna, es fácil decir y no debería ser difícil comprenderla. Ellos no lo hacen, ni deben intervenir con el Karma; así es que no obstante un individuo aparentemente merezca ayuda ellos no se la darán en la manera que él desea, su Karma propio no lo permite; y ellos no se meten en el campo del pensamiento humano con el propósito de asombrar a la humanidad con la exhibición de poderes que por todo lado sería visto como un milagro. Alguien ha dicho que si los Adeptos Teosóficos fueran a ejecutar algunos de sus prodigios ante los ojos de Europa, un inmenso número de seguidores hacia ellos se levantaría en seguida; pero tal no sería el resultado. Sino que en lugar de ello habría un dogmatismo y una idolatría peores de los que ya han existido, con la creación de una naturaleza dañina imposible de contrarrestar.

El hipnotismo – bajo otro nombre – por mucho tiempo ha sido conocido por ellos. La condición hipnótica ha servido con frecuencia a las intrigas de iglesias y de sacerdotes. Obligar reconocimiento de la verdadera doctrina no es el curso de estos sabios, porque comulsión es hipnotismo. Darle de comer a una multitud con sólo cinco panes sería cosa fácil para ellos; pero como ellos nunca obran por sentimiento sino continuamente bajo las grandes leyes cósmicas, ellos no vienen con las manos llenas de auxilios materiales para los pobres. Sino, que usando sus poderes naturales, ellos influencian diariamente el mundo, no sólo entre los ricos y pobres de Europa y América, sino también en todos los demás países, de modo que el resultado en nuestras vidas es mejor que lo serían si ellos no hubieran tomado parte en el asunto.

La otra clase que se mencionó – Nirmanakayas – se ocupan constantemente en este trabajo considerado superior por ellos a las empresas terrestres: la mejora del alma del hombre, y cualquier otro bien que ellos puedan hacer valiéndose de agentes humanos. Alrededor de ellos gira la tan discutida pregunta del Nirvana, porque ellos no han sido considerados distintamente el papel que juegan. Por, si la opinión de Max Muller es correcta de que el Nirvana es igual a aniquilación, entonces un Nirmanakaya es una imposibilidad. Hablando paradójicamente, ellos están dentro y fuera de ese estado al mismo tiempo. Ellos son poseedores del Nirvana que rehusan aceptarlo en orden de que ellos puedan ayudar a la sufrida huérfana, Humanidad. Ellos han seguido el mandato de libro de los Preceptos de Oro: “Pasa de la luz del sol a la sombra para hacer más sitio a otros.”

Una gran parte es tomada en la historia de las naciones por los Nirmanakayas más de lo que se supone. Algunos de ellos cuidan de ciertos hombres en cada nación quienes desde su nacimiento están destinados a ser factores importantes en el futuro. A éstos ellos guían y protegen hasta que llega el momento dado. Y tales protegidos rara vez se dan cuenta de que tal influencia los rodea, especialmente en el siglo diecinueve. Reconocimiento y aprecio de tan grande ayuda no son requeridos por los Nirmanakayas, que laboran detrás del velo y preparan el material para un fin determinado. Al mismo tiempo, también, un Nirmanakaya puede tener muchos diferentes hombres – o mujeres – quien él dirige. Como Patanjali dice: “En todos estos cuerpos una mente es la causa moviente.”

Extraño, también, aunque parezca, con frecuencia tales hombres como Napoleón Bonaparte son de tiempo en tiempo ayudados por ellos. Un ser como Napoleón no entra en escena fortuitamente. Su nacimiento y sus poderes extraordinarios son parte del plan de la naturaleza. Las consecuencias importantes van con una naturaleza como la de él, inmensurable a nosotros, deben en la filosofía Teosófica oriental ser observadas y provistas. Si él era un hombre malvado, tanto peor para él; pero eso nunca disuadiría a un Nirmanakaya de hacer uso de él. Que tal vez por desviarlo, quizás, de un sendero que hubiera undido al mundo en un abismo de miseria y hacerlo producir otros resultados en años venideros en la cual Napoleón nunca hubiera soñado. El temor de lo que el mundo pueda pensar de alentar a un monstruo en determinado punto, nunca puede disuadir a un sabio que ve el fin que es mejor. Y en la vida de Napoleón hay muchas cosas que van a veces verse una influencia poderosa contra la que no podría luchar. Su temeraria marcha a Moscou fue tal vez dirigida por esos silenciosos generales, y como también su repentino y desastroso retiro. Lo que él hubiera podido hacer si se hubiera quedado en Francia, no hay historiador actual que sea capaz de decirlo. La anécdota controvertida de la carta roja del Hombre Rojo justo cuando Napoleón estaba en ánimo vacilante, puede haber sido un estímulo en un momento crítico. “A quien los dioses destruirían primero le vuelven loco.” Ni tampoco la derrota de Waterloo será comprendida hasta que los Nirmanakayas den sus anales.

Como que un cambio en el pensamiento en un pueblo con tendencias al craso ateísmo es siempre deseado por los Sabios de la Religión-Sabiduría, puede suponerse que el oleaje de fenómenos espiritistas que hoy resulta claramente en una reacción hacia el reconocimiento universal del alma, haya sido apoyado por los Nirmanakayas. Ellos están en ello y son de ello; ellos fomentan el progreso de un diluvio psíquico sobre grande masas de gentes. El resultado se ve en la literatura, la religión y el drama de hoy día. Lenta y segura la marea asciende y engolfa lo que una vez fueron las secas costas del Materialismo, y, aunque los sacerdotes griten, exigiendo “la supresión de la Teosofía con una mano fuerte” y aunque una prensa venal les ayude, ellos no tienen el poder ni el conocmiento de producir una onda retrógrada, porque la mano del Maestro es guida por una inteligencia omnisciente y por una fuerza gigantesca, y trabajan entre bastidores.

XII

Han habido muchas sociedades secretas durante la era Cristiana, quienes pretendieron el conocimiento de las leyes ocultas de la naturaleza, es natural que una pregunta surge: “¿En qué los Sabios Teosóficos del Oriente difieren de los muchos Rosacruces y otros de quienes tanto se oye? Las viejas bibliotecas de Alemania están llenas de publicaciones sobre el Rosacrucianismo, o por miembros genuinos de la orden, y hoy en día no es raro encontrar quien se atreva a conferirse a sí mismo el título de “Rosacruz”.

La diferencia es la que existe entre la realidad y la ilusión, entre un ritualismo vacío y las marcas impresas por la naturaleza en todas las cosas y seres que pasan para siempre adelante en el camino hacia los más altos estados de existencia. Las fraternidades de Rosacruces y de Francmasones conocidas por la historia dependen de signos y de símbolos externos para indicar el grado de sus miembros en la orden, pues, sin estas garantías son sólo gente no iniciada.

Pero los Sabios de que hablamos y sus discípulos llevan consigo la marca indeble y pronuncian las palabras bien conocidas que demuestran ser ellos seres desarrollados bajo las leyes, y no siplemente personas que, por haber pasado una prueba pueril son agraciados con un diploma. Los Adeptos son, por decirlo así, robles robustos sin ningún disfraz, mientras que el hombre no desarrollado chapoteando en palabras y fórmulas masónicas es sólo un burro cubierto con una piel de león.

Hay muchos Adeptos viviendo en el mundo, y todos se conocen uno al otro. Ellos tienen medios de comunicación desconocidos a la civilización moderna, con el uso de los cuales reciben y transmiten mensajes de uno a otro, en cualquier momento y desde inmensas distancias, sin emplear ningún medio mecánico. Podemos decir que hay una Sociedad de Adeptos, con tal que no se le de a la palabra “sociedad” el sentido en que se usa ordinariamente. Es una sociedad que no tiene lugar de reuniones, que no colecta cuotas, no tiene constitución o reglamentos más que sólo las leyes eternas de la naturaleza; en ella no hay policías o espías, y no quejas son hechas o recibidas en ella, por la razón de que el transgresor es castigado por la acción de una ley que está más allá de su control – puesto que su poder sobre la ley lo pierde en el momento que se infringe ésta.

Bajo la protección y asistencia y guía de la Sociedad de Adeptos están los discípulos de cada uno de sus miembros. Estos discípulos están divididos en diferentes grados, correspondiendo a sus diferentes estados de desarollo; los discípulos menos avanzados son asistidos por los que están más avanzados que ellos, y éstos a su vez de otros, hasta que se llega a un grado en el que el discípulo puede tener comunicación directa con los Adeptos. Al mismo tiempo, cada Adepto vigila a todos sus discípulos. Por medio de la acción de los discípulos los Adeptos producen muchos efectos en el pensamiento humano y sus negocios, pues desde los grados más altos son a menudo delegados, sin revelar su conexión con el misticismo, influencian individuos que son conocidos factores importantes en los eventos que están por ocurrir.

Se alega que la Sociedad Teosófica recibe ayuda en su desarrollo y en la difusión de su influencia de los Adeptos y de sus discípulos aceptados. La historia de la Sociedad parece comprobar ésto, pues a menos de que exista una energía poderosa operando en su favor, ya se hubiera hundido en la obscuridad, destruida por la tempestad de ridículo y de insultos a que ha sido sujeta. Promesas fueron hechas, en los primeros días de la Sociedad, que tendría asistencia rendida a todo momento, y profecías fueron insinuadas que sería un blanco para la difamación y un objeto de oposición. Ambas profecías han sido cumpidas a la letra.

Así como un diamante bien tallado muestra el trabajo de pulimiento al cual debe su valor y su brillantez, así mismo el hombre que ha pasado las pruebas y las enseñanzas bajo los Adeptos lleva en sí mismo las marcas imborrables. A la vista ordinaria no entrenada en este departamento no son visibles tales indicaciones; pero aquellos que pueden ver las describen como muy prominentes y enteramente más allá del control del interesado. Por esta razón el que ha progresado, dice, tres pasos a lo largo del sendero, tendrá tres marcas, y será inútil que pretenda que su rango es un paso más alto, pues, si fuera así, entonces tendría la cuarta marca, puesto que crecen al par que se desarrolla el individuo. Ahora, como estas firmas no pueden ser imitadas o falsificadas, toda la fraternidad interna no tiene la necesidad de señales secretas. Nadie puede engañarles ni obtener de ellos los secretos de grados superiores sólo por haber obtenido signos y palabras de paso sacadas de un libro o por el pago de un precio, y nada puede procurar el conferimiento de un progreso hasta que la índole toda del hombre corresponda exactamente al punto deseado de desarrollo.

En dos maneras la diferencia entre la fraternidad de Adeptos y las sociedades secretas comunes pueden verse – en su modo de conducirse con las naciones y por el tratamiento que dan a sus propios discípulos especiales. Nada es forzado y nada depende del favoritismo. Todo es arreglado en acuerdo con los mejores intereses de la nación, teniendo en cuenta las influencias cíclicas prevalecientes, y jamás fuera del momento oportuno. Cuando ellos quieren romper las cadenas forjadas por el dogmatismo, ellos no cometen el error de aparecer repentinamente ante los asombrados ojos del pueblo; porque ellos saben bien que eso sólo cambiaría la creencia dogmática en un orden dado de ideas en una adherencia insensata e igualmente dogmática en los Adeptos como dioses, o tal vez crear en la mente de muchos la certeza que el diablo estaba presente.

XIII

El entrenamiento del discípulo por los maestos de la escuela a que pertenecen los Adeptos Teosóficos es peculiar a sí misma, y no en acorde con prevalecientes ideas modernas educacionales. En un respecto es una especialización de la peregrinación a un lugar sagrado tan común en la India, y el objeto sagrado de la jornada es el alma misma, porque para ellos la existencia del alma es uno de los primeros principios.

En el Oriente la vida de un hombre es considerada ser una peregrinación, no sólo de la cuna a la tumba, sino también a través de un inmenso período de tiempo, en un abarcamiento de millones y millones de años, que se extiende del principio al fin de un Manvántara, o peíodo de evolución, y como él es considerado un ser espiritual, la continuidad de su existencia es perpetua. Naciones y civilizaciones ascienden, crecen, envejecen, decaen y dessaparecen; pero el ser sigue viviendo, espectador de todos los cambios del medio ambiente. A partir del gran Todo, irradiando como una chispa del fuego central, gana experiencias en todas las edades, bajo todos los legisladores, civilizaciones y costumbres, siempre comprometidas en una peregrinación al santuario de donde vino. El es tan pronto el legislador como es esclavo; hoy en el pináculo de la riqueza y del poder, mañana en lo más bajo de la escalera, tal vez en abatida miseria, pero siempre el mismo ser. Para simbolizar esto, la India entera está poblada de santuarios, a los cuales peregrinaciones se hacen, y es el deseo de todo hombre en la llamada anochecida tierra hacer tal viaje al menos una vez antes de morir, porque los deberes religiosos de la vida no están completos sin visitar tales lugares sagrados.

Una de las grandes razones para esto, dada por aquellos que entienden el significado interno de las cosas es que esos lugares de peregrinación son centros de fuerza espiritual que irradian influencias elevadoras ignoradas del viajero ordinario, bebedor de vino. Esto es asegurado por muchos, en verdad que en los más famosos lugares de peregrinación hay un Adepto de la misma orden que los Adeptos Teosóficos se dice que pertenecen, que siempre está dispuesto a dar alguna ayuda espiritual y la asistencia a aquellos de corazón puro que puedan ir allí. El, por supuesto, no se revela al pueblo, porque en verdad no es necesario, y puede crear la necesidad para que se mude a otra parte. Supersticiones han surgido de la doctrina de peregrinaciones, pero, como esto sucede con todo en esta época, no hay razón porque lugares de peregrinación deberían de ser abolidos, puesto que si los centros espirituales fueran suprimidos, los hombres buenos libres de supersticiones no recibirían los beneficios que ahora ellos pueden tener. Los Adeptos fundaron estos sitios para preservar en las mentes de la gente la idea del alma que la Ciencia moderna y educación pronto la torcerían en agnosticismo, si es que se les deja desenfrenados.

Pero los discípulos de los Adeptos saben que lugar de peregrinación simboliza su propia naturaleza, y cómo ha de emprender la investigación científica de ello y cómo proceder, por cuáles caminos y en qué dirección. El está supuesto a concentrar en unas cuantas vidas las experiencias y práctica que les toma a los hombres ordinarios innumerables encarnaciones para obtener. Sus primeros pasos, como también sus últimos, están en lugares difíciles y muy a menudo peligrosos; el sendero, en verdad, “va cuesta arriba siempre,” y al entrar en el sendero él abandona el anhelo de recompensa que es tan común en toda empresa. Nada se gana con favores, pues todo depende de su mérito actual. Como el final es llegar a alcanzar auto-dependencia con claridad y calma perfecta, él es desde el comienzo hecho a pararse solo, lo cual es difícil para la mayoría de nosotros y frecuentemente trae consigo algo de desaliento. A los hombres les gusta la compañía, y no pueden con tranquilidad contemplar la posibilidad de verse abandonados a sí mismos. Así, es que en lugar de hallarse constantemente acompañado de toda una logia de compañeros principiantes, como sucede en las sociedades secretas mundanas, él es obligado a ver que, así como ha entrado solo en el mundo, él debe aprender a vivir allí en la misma manera, y abandonándolo al igual como cuando vino, únicamente en su propia compañía. Pero esto no da lugar al egoísmo porque, ha sido adquirido por una constante meditación en lo invisible, el conocimiento adquirido de que la soledad que se siente es sólo con respecto a lo inferior, personal, y lo mundano.

Otra regla que el discípulo debe seguir es que no debe indulgirse en alardes en ningún momento, y esto nos da la fórmula que, todo aquel que habla de sus poderes como un Adepto o alardea de su progreso en el plano espiritual, estemos seguros que no es ni Adepto ni es discípulo. Ha habido personas en la Sociedad Teosófica que han dado a entender al mundo que eran de hecho Adeptos o estaban muy cerca de serlo, y que poseían grandes poderes. Bajo nuestra fórmula se deduce que no son más que fanfarrones, con nada detrás de sus necias pretenciones sino más que vanidad y un conocimiento de la debilidad como también de la credulidad de la naturaleza humana; que explotan sea en provecho propio, o por diversión. Pero, ocultándose bajo un exterior que no llama la atención, hay muchos verdaderos discípulos en el mundo. Ellos están estudiándose a sí mismos y a otros corazones humanos. Ellos no tienen diplomas, pero allí reside en ellos una conciencia del auxilio constante y el claro conocimiento de la verdadera Logia que se reúne realmente en secreto y nunca se encuentra mencianada en ninguna lista postal. Sus vidas enteras son un esfuerzo por alcanzar al alma que, aún aparentemente estacionaria, puede distanciar el rayo; y su muerte es sólo otro paso adelante a un conocimiento más grande por medio de mejores cuerpos físicos en nuevas vidas.

XIV

Mirando hacia el pasado, el historiador del siglo diecinueve rápidamente encuentra su vida una niebla y termina hundiéndose en una densa obscuridad. De hecho atado por la influencia de un dogmatismo ridículo que sólo permite unos seis mil años de vida en la tierra, él está indispuesto a aceptar las cronologías antiguas de los Egipcios o Hindúes, y si bien consiente la suposición de inmensos períodos de cambios geológicos, él se asusta cuando unos millones de años son añadidos al tiempo durante el cual la humanidad ha habitado el globo. El estudiante de la Teosofía, sin embargo no ve por qué razón él debe dudar de las afirmaciones hechas por sus maestros en este asunto. El sabe que los períodos de evolución son interminables. Estos son llamados Manvántaras porque están entre dos Manus, o, dos humanidades.

Estos períodos puede decirse que son olas cuya sucesión no tiene paro. Cada gran período, incluyendo todas las evoluciones menores, abarca 311,040,000,000,000 años humanos; bajo un solo Manu los años humanos vienen y van, en un número de 306,720,000, y las yugas menores – o eras – que son las que más nos interesan, comprenden 4,320,000 de años solares. Durante etas revoluciones solares las razas humanas giran alrededor de este planeta una y otra vez. Cavernícolas, hombres lacustres y neolíticos o de cualquier otra edad aparecen y desaparecen una y otra vez, y en cada una de ellas nosotros que ahora leemos, escribimos y pensamos en ellos, fuimos nosotros los mismos Egos cuyo pasado estamos tratando de trazar.

Pero, profundizando en las capas geológicas, la duda de la existencia del hombre contemporáneamente con los pleriosaurus nace porque no se ha descubierto fósil del genus homo en las mismas capas. Es aquí donde las teorías de los Teósofos entran y suplen la clave. Ellas sostienen que antes que el hombre desarollara su cuerpo físico él se vistió con una forma astral; y esto es porque H.P.Blavatsky escribe en su Doctrina Secreta: “esto enseña el nacimiento del cuerpo astral antes que el físico, siendo el primero el molde del segundo.” En el tiempo de los enormes animales antidiluvianos ellos absorbían en sus enormes cuerpos tan grande proporción de materia densa de la cantidad total disponible para las formas de seres conscientes que el hombre astral quedó desprovisto de armazón corpórea, no cubierto todavía “con las capas de piel.” Por esta razón él podía existir en el mismo sitio con esos enormes pájaros y reptiles sin ningún miedo. Sus dimensiones masivas no le inspiraban ningún miedo, y por su consumo de alimentos no hubo disminución en su sustento. Y, por lo tanto, siendo de tal constitución no dejó huella en el cieno o en las rocas plásticas, la muerte de un cuerpo astral tras el otro no dejó fósil ni ha dejado marca para ser desenterrado por nosotros junto con las bestias y las aves que fueron sus contemporáneos.

El hombre durante este tiempo fue adquiriendo el poder de cubrirse a sí mismo con una forma densa. El despojó cuerpos astrales uno tras otro, en el incesante empeño, cada esfuerzo dándole un poquito más densidad. Después él empezó a echar como si fuera, una sombra, y el vasto, ponderoso mundo animal – como otros también – sintieron más y más la succión hecha sobre éste por el hombre venidero. A medida que él se espesaba ellos disminuían en estatura, y sus restos no podían ser depositados en ninguna capa terrestre hasta que no hubo adquirido la suficiente dureza. Pero nuestros modernos antropólogos todavía no han descubierto cuando esto fue. Ellos están bien listos para hacer aserciones definitivas, pero, eruditos como son, allí hay sorpresas esperándoles en un tiempo cercano.

Mientras que nuestros exploradores encuentran, de cuando en cuando, los restos de animales y aves y reptiles en estratos que muestran una edad mucho más mayor de la que ha sido asignada a la raza humana, ellos nunca han encontrado esqueletos humanos. ¿Cómo el hombre puede dejar alguna huella en un estado cuando él no podía imprimir su pisada en la arcilla o ser aprisionado por lava líquida o masas de polvo volcánico? No quiero decir, por eso, que el período de los plesiosaurus es el período del hombre del cuerpo astral desprovisto de uno físico. La pregunta de un exacto período bien puede dejarse para un momento más detallado; esto es sólo para indicar la ley y la explicación por lo que no aparecen los restos humanos en el estrato geológico primitivo. Pero los Adeptos Teosóficos aseguran que hay todavía en la tierra restos de huesos humanos, que llevan consigo su primera aparición con un cuerpo denso muchos millones de años antes de lo que ha sido admitido, y estos restos serán descubiertos por nosotros antes que mucho tiempo haya rodado.

Uno de los primeros resultados de estos descubrimientos será el demoler completamente la teoría de la sucesión de las edades, que yo pueda llamar, cual es dada y aceptada en este momento, y también la estimación de las diferentes civilizaciones que han desaparecido de la tierra sin dejar huella alguna excepto en nuestra constitución íntima – pues se sostiene que nosotros somos esas mismas personas, ahora en diferentes cuerpos, que en épocas remotas vivieron y amaron y murieron en este planeta. Entonces empezamos a hacer Karma, y desde entonces hemos estado bajo su influencia, y parece sólo justo que esta gran doctrina se debería coger en otro momento para un exámen más cuidadoso.

XV

La doctina Oriental de premios y castigos del Ego humano es muy diferente del sistema teológico aceptado a través del Cristianismo, en cuanto a los Brahmanes y los Buddhistas fijan el lugar de castigo y compensación sobre esta tierra nuestra, mientras que el Cristiano remueve el “tribunal de Dios” a el más allá. Nada ganamos con discutir en buena lógica con lo último mencionado; esto será suficiente en citarles las palabras de Jesús, San Mateo, y los Salmistas. “Con la vara que midas serás medido”, dijo Jesús; y Mateo declara que por cada palabra, acto, y pensamiento vamos a tener que responder, mientras David el poeta real, cantó que los que sirven al Señor nunca deberían de comer el pan del mendigo. Todos sabemos que las dos primeras declaraciones les quita la expiación vica-ria; y en cuanto a la noción del cantante Judío, es negado todos los días en alguna ciudad de uno y otro hemisferio.

Entre los Buddhistas de Ceilán el nombre de esta doctrina es Kamma; con los Hindús es Karma. Visto bajo el punto religioso, ésto “son los hechos buenos y malos de los seres sensibles, por la influencia infalible o eficacia de esos mismos seres reciben su debido premio o castigo, de acuerdo a su merecimiento, en cualquier estado de existencia.”

Cuando un ser muere, él emite, por decir así, una masa de fuerza o energía, que va a formar la nueva personalidad cuando será reencarnado. En esta energía se encuentra el serumen de la vida que acaba, y por medio de esto el Ego es obligado a asumir esa clase de cuerpo entre esas circunstancias apropiadas que juntas son los medios para realizar los decretos del karma.

Por lo tanto, el infierno no es un lugar mítico o una condición póstuma en alguna región desconocida especialmente puesta aparte por el Todopoderoso para castigo de sus hijos; pero es en verdad nuestro propio globo, porque es en la tierra, en las vidas terrestres experimentadas en cuerpos humanos, que somos castigados por las malas acciones previamente cometidas y donde encontramos la felicidad y el placer como recompensa de antiguos merecimientos.

Cuando uno ve, como lo es con frecuencia, a un hombre bueno sufriendo mucho durante su vida, naturalmente surge la pregunta, “¿Tiene Karma algo que ver con eso y es justo que una persona tal debería de ser tan afligida?” Pero aquellos que creen en Karma es completamente justo, porque este hombre en una vida previa ha cometido actos que merecen ahora castigo. Y, similarmente, el hombre perverso que vemos libre de sufrimientos, próspero y feliz, lo es porque en una previa existencia ha sido maltratado por sus semejantes o experimentó muchos sufrimientos. Y la justicia perfecta del Karma está bien ilustrada en su caso, aunque ahora favorecido por la fortuna, él, siendo perverso, está generando causas que, cuando él renazca, entonces operarán castigándole por sus perversidades hechas ahora.

Algunas personas suponen que el Ego debe ser castigado después de la muerte, pero semejante conclusión no es lógica. Las maldades cometidas aquí en el plano objetivo no pueden con ningún decoro moral o científico ser castigado en un plano puramente subjetivo. Y esta es la razón poque tantas mentes, de personas jóvenes como mayores han desechado y se han revelado en contra de la doctrina del fuego-infernal en el cual ellos serán eternamente castigados por pecados cometidos en la tierra. Aún cuando incapaz de formular la razón en términos metafísicos, ellos instintivamente sabían que sería imposible remover la escena de la compensación del lugar donde la falta y la confusión han sido cometidas y creadas. Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron si el hombre que nació ciego fue traído al mundo por algún pecado que había cometido, ellos tenían presente esta doctrina del Karma, al igual que todos los Hundús y los Buddhistas tienen cuando ellos ven a uno de sus semejantes lisiado o deformado o privado de la vista.

La teoría antes mencionada de la persona al morir expela de sí mismo su nueva personalidad, por decirse así, lista en aguardar la hora en que el Ego debe regresar a la tierra buscando su nuevo cuerpo, es una ley general que opera en muchos otros casos, además del nacimiento o muerte de un ser. Esto es lo que los Teósofos emplean para explicar las relaciones entre la luna y la tierra. Porque, sostienen ellos que la luna es el planeta en el cual hemos vivido antes de llegar a la tierra y aún antes de que existiese esta tierra; y que, cuando nuestros mal llamado satélite murió, toda la energía en éste fue lanzada al espacio, donde permaneció en un solo vórtice hasta que llegó el tiempo para que esa energía sea otra vez proporcionada con un cuerpo – esta tierra – y así esta misma ley prevale entre los hombres, las unidades singulares en una inmensa colectividad que es conocida entre los Teósofos avanzados como el gran Manu. Los hombres siendo, en cuanto a su envoltura material, proceden de la luna, deben seguir la ley de su origen, y por eso el sacerdate Buddhista dice lo siguiente: En la muerte de un ser nada pasa de él para ir a renacer en otro mundo; pero la eficiencia – o, para usar una expresión figurativa, por el rayo – de influencia que el Kamma emana, va a producir un nuevo ser en otro mundo bien idéntico con el que falleció,” puesto que en este “nuevo ser” está condensada la vida del difunto. El término “ser”, como se ha aplicado, puede ser tomado por nosotros con cierto sentido. Es más propiamente una suma de energía desprovista de consciencia y atestada con los deseos de la persona de quien emanó; y consiste su misión especial en esperar el regreso de la individualidad y el formar para ésta el nuevo en que ha de sufrir o gozar. Cada hombre es por lo tanto su propio creador bajo las grandes leyes Cósmicas que rigen todas las creaciones. Un mejor témino en lugar de “creación” es “evolución”, pues nosotros, de vida en vida estamos empeñados en desenvolver del material proveído en este Manvántara nuevos cuerpos a cada vuelta de la rueda del renacimiento. Los instrumentos que usamos en esta obra son el deseo y la voluntad. El deseo induce a la voluntad a focalizarse en la vida objetiva, en cuyo plano produce fuerza, y de ésta resulta la materia en su forma objetiva.

XVI

Mucha gente del hemisferio Occidental dicen que esta doctrina Oriental del Karma es difícil de entender, siendo sólo adecuada a personas educadas y pensadoras. Pero en la India, en Ceilán y Burma, sin mencionar otros países Asiáticos, la masa entera del pueblo la acepta y parece comprenderla. La razón de esto reside probablemente en el hecho de que también ellos creen en la Reencarnación, que puede decirse es la doctrina gemela al Karma. A la verdad, de que una no puede ser propiamente considerada sin tener en cuenta la otra, porque Karma – ya sea como castigo o premio – no podría tener una operación actual o justa sobre el Ego a no ser que los medios para su operación fueran proporcionados por la Reencarnación.

Lo que nos merecemos se encuentra mientras estamos asociados en vida uno con otro, y no cuando estamos solos, ni en separación. Si ser elevado al poder en una nación o llegar a poseer riquezas se le llama premio, claro es que perdería todo valor si no hubiera un pueblo a quién gobernar y seres humanos asociados con quienes pudiésemos gastar nuestro dinero y que nos puedan ayudar en satisfacer nuestros múltiples deseos. Por eso la ley de Reencarnación nos arrastra a la vida una y otra vez, trayendo con nosotros un sin número de veces los varios Egos que hemos conocido en previos nacimientos. Esto es con el objeto que Karma – o causas – generadas en compañía con esos Egos puedan ser ejecutados, pero llevarnos separadamente a un infierno desconocido, para recibir allí cierto clase de castigo, o en un imposible seriocómico cielo para recibir nuestra recompensa, sería tan imposible como injusto. Por lo tanto el asesino ahorcado absuelto por un sacerdote no puede escapar al encomendarse a Jesús. El, junto son su víctima, tiene que volver a esta tierra, cada uno ayundando al otro en restablecer la harmonía perturbada, durante ese esfuerzo, cada cual recibe su debida compensación. Con esta doctrina nosotros restauramos la justicia a su lugar en el gobierno de la humanidad, porque sin ella el matar legalmente a un asesino después de su condenación es sólo la mitad del remedio, puesto que ninguna disposición es hecha por el Estado con respecto al ser que es arrojado fuera del cuerpo ni por los dependientes que pueda dejar tras de si, y, aún más, nada es hecho por aquellos en la familia que sobrevive al asesino.

Pero los sabios Teósofos de todas las edades llevan la doctrina del Karma más allá de una mera operación sobre los hombres encarnados. Ellos contemplan todos los mundos como si estuvieran ligados juntos y movidos por el Karma. Como el antiguo libro Hundú, Bhagavad-Gita, dice, “todos los mundos hasta el de Brahma están sujetos al Karma.” Por lo tanto opera en todos los planos. Bajo este punto de vista, ellos dicen que este mundo tal como hoy está acondicionado, es el resultado actual de la que vino a ser el comienzo del pralaya o la gran muerte que tuvo lugar hace billones de billones de años. Eso es, el mundo evoluciona lo mismo que el hombre. Nace, envejece, muere y es reencarnado. Esto se repite muchas veces, y durante esas encarnaciones sufre y goza en su propia manera por sus previas evoluciones. Porque, el premio es un mayor progreso en su linea de evolución, y el castigo es un estado degradado. Por supuesto, como ya dije en un artículo anterior, estos estados tienen el hombre por su objeto y causa, porque él es el pináculo de toda la evolución. Y descendiendo de la elevada consideración de los grandes espacios cósmicos y fenómenos, al Teósofo se le enseña a aplicar estas leyes del Karma y la Reencarnación a todo átomo del cuerpo en especial y aparte del Karma total. Como que estamos hechos de una masa de vidas, nuestros pensamientos y actos afectan esos átomos o vidas y les imprimen con su correspondiente Karma. Como los pensadores Orientales dicen, “no pasa un momento sin que algunos seres nazcan en nosotros, adquiriendo Karma, muriendo, y siendo reencarnado.”

Las principales divisiones del Karma son tres en número. Un tipo es la que está operando ahora en la presente vida y cuerpo, influenciando todas las circunstancias y cambios de la vida. De esto vemos ejemplos todos los días, y de cuando en cuando extrañas culminaciones que le dá a la doctrina la más brillante luz. Uno de estos casos es inmortalizado en la India por la erección de un monumento por un favorecido de fortuna, como diríamos nosotros, y así se efectuó. Un Rajah tuvo un sueño muy raro, le afectó tanto que llamó a sus adivinadores para una interpretación. Ellos dijeron que sus horóscopos mostraban que debía al día siguiente regalar una inmensa suma de dinero a la primera persona que debería ver al despertarse, siendo sus intenciones presentarse ellos mismos al amanecer. Al día siguiente el Rey se levantó inusualmente muy temprano, caminó hacia la ventana, la abrió, y allí ante él estaba un chandalah (pobre) barriendo la basura. A él le entregó una fortuna, y así en un momento lo elevó a la opulencia desde una abyecta miseria. El chandalah después construyó un inmenso edificio para conmemorar su súbita liberación de las abrumadoras cadenas de la pobreza.

Otra clase de Karma es la que queda suspendida y no está en operación porque el hombre no provee los medios apropiados para ponerlo en acción. Esto puede compararse al vapor mantenido en suspensión en la atmósfera y no es visible a la vista, paero cual caerá como lluvia sobre la tierra al momento que las condiciones son apropiadas.

La última clase principal es ese Karma que estamos haciendo ahora mismo, y que la sentiremos en futuras encarnaciones. Su símbolo apropiado es la flecha disparada en el aire por el arquero.

XVII

El espíritu no es afectado por el Karma en ningún tiempo o bajo cualquier curcunstancia, y por eso los Adeptos Teosóficos no usan el término “cultivo del espíritu”. El espíritu en el hombre, llamado por ellos Ishwara, es inmutable, eterno e indispensable – la base fundamental de todo. De aquí que ellos dicen que el cuerpo y todos los objetos son impermanentes y así engañando al alma sólo cuando ellos se toman como reales. Ellos son sólo reales en este y para este plano, y durante el tiempo cuando la conciencia les toma aquí para su cognición. Por lo tanto son reales relativamente, y no en un sentido absoluto. Esto se puede fácilmente comprobar en los sueños. Cuando soñamos perdemos todo conocimiento de los objetos que durante la vigilia pensamos que eran reales, y prosigue a sufrir y gozar en ese nuevo estado. En esto, aquí encontramos el ser íntimo dirigiéndose a los objetos que toman parte, naturalmente, de la clase de las experiencias del estado de la vigilia, pero al mismo tiempo produciendo las sensaciones de placer y dolor mientras ellas duran. Si nos imaginamos el cuerpo de una persona sumido en un letargo de más de veinte años y la mente pasando un sueño agradable o desagradable, tendremos una vida exacta de esa clase, completamente distinta de la vida de uno despierto.

Para la conciencia de este soñador la realidad de los objetos que conoció durante el estado de la vigilia es destruído. Pero como la existencia material es un mal necesario y la única en cual sólo la emancipación o salvación puede ser lograda, es de suma importancia y de aquí que el Karma que la gobierna y por cuyo decreto puede obtenerse la emancipación, debe ser muy bien comprendida y después aceptarla y obedecerla.

Karma operará a producir un cuerpo deformado o defectuoso, a dar en un buen cuerpo una mala disposición o vice versa; causará enfermedades, daños o molestias, o la que da placeres y situaciones favorables para la forma material. Así es que a veces encontramos en un cuerpo deforme o desagradable una mente muy culta y noble. En este caso el Karma físico es malo y el mental bueno.

Esto nos lleva a la clase de Karma que opera en el plano mental. Al mismo tiempo que una causa Kármica desfavorable se manifiesta en la estructura corporal, otra de mejor clase obra en la mente y disposición o tiene acontecimiento dando una mente bien equilibrada, tranquila, alegre, profunda, y brillante. Aquí tenemos un Karma puramente físico comparado con uno enteramente mental. Lo puramente físico podría ser el resultado de remover del suelo una cáscara de fruta que podría hacer resbalar y lastimar a algún desconocido. Lo puramente mental es debido a una vida empleada en pensamientos serenos, filosóficos y algo así.

En uno de los libros Hindús hay una frase extraña referente a esta parte del asunto, que lee: “La perfección del cuerpo o poderes sobrehumanos son producidos por el nacimiento o por hierbas o por encantamientos, penitencias o meditaciones.”

Entre las aflicciones mentales consideradas como lo peor que cualquier daño corporal o pérdida, es ese Karma de vidas anteriores que resulta en obscuridad de tal manera que hay una pérdida de todo el poder de concebir la realidad del Espíritu o la existencia del alma – eso es materialismo.

El último campo de operaciones para esta ley puede decirse es la natuaraleza psíquica. De esto en América tenemos un gran número de ejemplos en médiums, clarividentes, clariaudientes, adivinadores del pensamiento, histéricos y toda clase de sensitivos anormales. No podría haber un clarividente según el esquema del Oriental si la persona así afligida, usando como yo creo el término apropiado, si no hubiese dedicado gran parte de sus vidas anteriores a un solo lado del desarrollo de su índole psíquica resultando ahora en poderes que hacen del poseedor un ser anormal en la sociedad.

Una extraña creencia de los Hindús es eso que permite la posibilidad de un cambio de estado por un mortal de tal carácter que el hombre que fue una vez, se hace un Deva o dios menor. Ellos dividen la naturaleza en varios departamentos, en cada uno de los cuales hay poderes o entidades conscientes, llamadas en general Devas. Y después de todo esto no se aleja tanto de las ideas de algunos de nuestros científicos que han dicho que no hay razón porque en cada rayo del espectro no pueda que hayan seres invisibles a nosotros. Hace muchos siglos el pensador Hindú admitió esto, y, yendo aún más lejos, declaran que un hombre puede por medio de cierta clase de Karma llegar a ser uno de estos seres, con correspondiente felicidad y libre de cuidados, pero con la seguridad sin embargo, de eventualmente volver a emprender de nuevo el cansador círculo de nacimientos otra vez.

Lo que podría llamarse nulificación del Karma en una aplicación en este departamento de la bien-conocida ley en física que causa un equilibrio cuando dos fuerzas iguales se oponen mutuamente. Un hombre puede tener en su cuenta Kármica una causa muy desagradable y al mismo tiempo una causa de carácter opuesto. Si ambas tratan de manifestarse al mismo tiempo sucederá que se neutralizarán mutuamente y resultará un estado de equilibrio equivalente a ambas. En este modo es fácil a interpretarse el versículo de la Biblia: “La caridad cubre una multitud de pecados,” el cual se refiere al efecto paliativo de los actos caritativos en oposición con acciones perversas, y dando una razón porque el caballero de la edad media dedicaba algunos años de su vida a dar limosnas.

En el Bhagavad-Gita, un libro que es venerado por todos en la India, el puesto más alto es dado a lo que se llama Karma-Yoga o la Religión del Cumplimiento de Obras y Deber, y allí se dice: “El que, desapegado de los frutos de sus acciones, cumple tales acciones como debe de hacer, es a la vez un devoto y un renunciador; no él quien no enciende el fuego del sacrificio ni cumple ninguna ceremonia. Aquél que permanece inerte, restringiendo los órganos de acción, considerando con su corazón en objetos sensuales, es llamado un beato falso de alma aturdida. Pero aquel que, refrenando sus sentidos por medio de su corazón y estando libre de interés en lo que hace, emprende con devoción activa con sus órganos de acción, es digno de alabanza.”

XVIII

Que la doctrina del Karma es injusta, indiferente, y fatalista ha sido alegado por aquellos que la combaten, pero tales conclusiones no están de acuerdo por la experiencia entre esas razas que creen en ella, ni las objecciones resistirán un examen detenido. Los Hindúes y los Buddhistas creen firmemente en el Karma, convencidos de que nadie sino que ellos mismos se premian o castigan en esta o en cualquier otra vida, sin embargo no los encontramos fríos ni indiferentes. Claro está, en las relaciones de la vida es bien sabido que el Hindú es tan cariñoso y compasivo como su hermano Americano, como también hay muchos casos de abnegación heróica en su historia como en la nuestra. Y algunos van más allá de esto y dicen que la creencia en el Karma y la Reencarnación han hecho al Hindú más manso en su tratamiento de hombres y de animales que lo que son los Europeos, y más espiritual en su vida diaria. Entrando más profundo en su historia, encontramos la creencia en Karma acompañada de obras materiales de gran magnitud, cuyas ruinas hasta hoy día desafían nuestro asombro, admiración, y respeto; esto es dudoso que podamos alguna vez mostrar tales triunfos sobre la naturaleza como se puede ver en cualquier momento en la roca-cortada en los templos del Indostán. Así es, que parece que esta doctrina nuestra no es probable en producir dañinos o enervantes efectos sobre las personas que la aceptan.

“Pero”, dice un impugnador, “esto es fatalismo. Si Karma es Karma, si es que yo voy a ser castigado de tal y en tal manera, entonces lo seré quiera o no, y por lo tanto yo debo, decir como el Turco, ‘Kismet’, y no haré nada.” Ahora, aunque la doctrina Mahometana de Kismet ha sido maltratada como fatalismo, pura y simple, ésta no fue sostenida así por el Profeta ni por sus más grandes discípulos, pues ellos enseñaron que era ley y no destino. Y tampoco es Karma sujeta a esta objección. En las mentes de aquellos que, habiendo entendido, cada hombre es visto como el modelador del destino para su próxima efímera personalidad terrenal, no puede haber fatalidad en ello, porque el decreto está en sus propias manos. El pone en movimiento las causas que inevitablemente tendrán ciertos resultados. Con la misma facilidad hubiera establecido causas diferentes y así obtener resultados distintos.

De que hay frialdad repelente y falta de ternura en una doctrina que dispensa justicia inflexible y nos obliga para siempre a perder nuestros amigos y parientes queridos, una vez que la muerte cierra la puerta, es la sensibilidad de algunos que hacen del sentimentalismo su regla de vida. Pero mientras nuestros sentimientos y deseos no son lo que guían las leyes de la naturaleza, no hay razón ni aún en la base del sentimentalismo para esta objección; esto es debido a un conocimiento parcial de la doctrina que, cuando completamente entendida, se encuentra estar llena de oportunidades para ejercer lo que es caro al corazón como cualquier otra teoría de la vida. La misma ley que nos lanza a la vida para sufrir o gozar, según es merecido, decreta que los amigos y parientes que se asemejan tienen que reencarnar juntos, hasta que por razón de diferenciación de carácter ellos no pueden bajo ninguna ley de atracción quedar en compañía. A no ser que y hasta que ellos vienen a ser diferentes es cuando se separan uno del otro. ¡Y quién desearía estar ligado eternamente al lado de parientes o conocidos incompatibles tan sólo por un acaso de nacimiento!

Para nuestra ayuda, también, esta ley trabaja bien e incesantemente. “Aquellos a quien tú ayudas te ayudarán en otras vidas,” es la declaración. En eras pasadas, quizás, hemos conocido a los que ya han escalado a más grandes alturas. En el mismo momento en la larga serie de encarnaciones nos acercamos al punto que ellos están persiguiendo su peregrinación, ellos al instante extienden asistencia, ya sea en los planos material o moral. Y no hay diferencia si es uno o el otro que sabe quién está asistiendo o quién está siendo asistido. La ley inflexible guía la corriente y ajusta el resultado. Así los miembros de toda la familia humana recíprocamente actúan unos a otros, obligados a ello por una ley que es bondadosa como inmensa, la cual transmuta el desprecio que sustentamos en el pasado en un presente honor y oportunidad para ayudar a nuestros semejantes.

No hay ningún favoritismo posible en la naturaleza; no hay hombre que posea un don o un previlegio que no merezca, ya sea como una recompensa o una compensación. Contemplando la presente vida que se extiende ante nuestra visión limitada, no podemos ver, quizás, ninguna causa porque debería de haber alguna recompensa a un hombre indigno, pero Karma nunca erra y seguramente compensara. Y no sólo premia, sino que a él solamente le corresponden esas compensaciones que nosotros tratamos de ajustar por medio de la venganza. Por eso dice la sagrada escritura de los Cristianos, “La venganza es mía; Yo recompensaré,” porque así con la certeza como uno hiere a otro así es la certeza del Karma castigando al transgresor – pero que el ofendido tenga cuidado de no desearle ningún mal al ofensor, pues de lo contrario Karma le castigará; también. De modo que de toda esta red de vidas y de este círculo que incesantemente gira, Karma nos da el escape y los medios de escapar, y por la Reencarnación nos proporciona el tiempo para escapar.

XIX

En el libro Egipcio El Libro de los Muertos, capítulo X, describe el lugar donde, después de la muerte, las almas desencarnadas permanecen en diferentes grados de perfeción. A unos se les representan cortando trigo de tres codos de altura, mientras otros son sólo permitidos a recogerlo – “él ha espigado el campo de Aanroo.” Así algunos gozan de la perfección de la felicidad espiritual, mientras otros sólo alcanzan los grados menores en ese lugar o estado donde el alma recibe la justicia divina.

Devachan es la región del premio; la jurisdicción de los efectos espirituales. La palabra espiritual aquí se refiere al desencarnamiento; sólo se debe de usar con relación a nuestra existencia material. Los Cristianos demuestran este hecho con el cortejo material de su cielo. En la Doctrina Secreta, H.P. Blavatsky dice: “La muerte misma es incapaz de librar al hombre de ello [Karma], puesto que la muerte es simplemente la puerta por la cual él pasa a otra vida en la tierra, después de un pequeño reposo en su umbral-Devachan.” Devachan, pues, es el umbral de la vida. En el sistema Hindú es etimológicamente el lugar de los dioses, el cielo de Indra. Indra es el regente del cielo, que concede a los que pueden alcanzar su reino dones prolognados de felicidad y dominio. El Bhagavad-Gita dice: “Después de gozar la felicidad por innumerables años en las regiones de Indra, él nace otra vez sobre la tierra.”

Para el propósito de este artículo, nosotros asumimos que el hombre entero, menos el cuerpo, va al Devachan. Sin embargo, esto no es así. La póstuma división de nuestra constitución septenaria dada por la Teosofía es exacta. Ella muestra la base de la vida, la muerte y la reencarnación. Ella presenta el ser compuesto, el hombre, en analogía con el otro ser compuesto, la naturaleza. Ambos son una unidad en la diversidad. El hombre, suspensivo en la naturaleza, como ella, divide y reúne. Esta división septenaria se tratará en un artículo futuro.

Devachan, siendo un estado de prolongada felicidad subjetiva después de la muerte del cuerpo, es claramente el cielo de los Cristianos, pero con una diferencia. Es un cielo hecho científicamente posible. El cielo mismo tiene que concordar con las leyes divinas proyectadas en la naturaleza. Así como el sueño es una liberación del cuerpo, durante cual soñamos, entonces así la muerte es una completa separación y liberación, después de la cual en Devachan soñamos hasta que, somos encarnados otra vez en un nuevo cuerpo en la tierra, venimos una vez más a lo que podríamos llamar existencia despierta. Aún el alma humana se cansaría de la serie interminable de renacimientos, si no fuera proveído un lugar o estado en el cual pudiera obtener un descanso; y en el cual las aspiraciones en gérmen, restringidas por la vida-terrenal, donde puedan tener su desarrollo completo. Ninguna energía puede ser aniquilada, mucho menos la energía psíquica; estas tienen que encontrar salida de algún modo. Esto se encuentra en el Devachan; esta realización es el descanso del alma. Sus más profundos deseos, sus más altas necesidades son allí satisfechas. Allí toda esperanza florece en lleno como una flor magnífica. Para prolongar este dichoso estado, los libros Hindúes dan varias encantaciones y proporcionan innumerables ceremonias de sacrificios, todas ellas teniendo por objeto y fin una larga estadía en el Devachan. El Cristiano hace exactamente lo mismo. El anhela por el cielo, él reza pidiendo ir allí, y ofrece a su Dios los ritos propiciatorios y las ofertas que le parecen mejor a él, la única diferencia es que no lo hace ni la mitad tan científicamente como el Hindú. El Hindú es también más claro en la concepción de ese cielo que el Cristiano tiene. El postula varios lugares o condiciones adaptadas a la energía y diferencias cualitativas entre las almas. El Kama-loka y otros estados son donde los deseos concretos, limitados por la vida en el cuerpo, tienen completa expresión, mientras que en Tribuvana los pensadores abstractos y benévolos absorben los goces del pensamiento elevado. El cielo ortodoxo no tiene tal estipulación. Y también ignora el hecho que una fija monotonía de existencia celestial agotaría el alma – sería estancamiento y no crecimiento. La vida Devachánica es desarrollo de aspiración, pasando a través de varias etapas de gestación, nacimiento, crecimiento acumulado, impulso descendente, y partida para otra condición, todo arraigado en júbilo. Nada hay en el mero hecho de morir para amoldar un alma de nuevo. Esta es una agrupación de energías psíquicas, y el cielo debe de tener algo en común con ellas, ¿o por qué había de gravitar hacia él? Las almas difieren como los hombres difieren. En Devachan cada cual recibe ese grado de felicidad que es capaz de asimilar; su propio desarrollo determina su recompensa. El Cristiano pone todos sus zarrapastrosos santos viejos tan alto como otras almas pías, hundiendo el genio al nivel de la masa mediocre, mientras el Hindú le da una variedad de ocupaciones y existencia adecuada al serio y al alegre, el alma de genios o poéticas. Nadie se sienta en asientos que no desea, ni canta salmos que nunca le gustaron, ni vive en una ciudad que le pueda aburrir si tuviera por siempre que caminar sus calles nacaradas. Las leyes de causa y efecto impide que el Devachan sea monótono. Los resultados son en proporción a los esfuerzos precedentes. El alma oscila entre el Devachan y la vida terrenal, encontrando en cada una las condiciones adecuadas para su contínuo desarollo, hasta que, a través del esfuerzo, alcanza una perfección en la cual cesa de ser el sujeto de las leyes de acción y reacción, llegando a ser entonces su co-operador consciente.

El Devachan es un sueño, pero sólo en el sentido en que la vida objetiva se le puede llamar así. Ambas condiciones duran hasta que el Karma es satisfecho en una dirección, y empieza a trabajar en la otra. El Ente devachánico no tiene idea de tiempo ni de espacio excepto la que el mismo se hace. El crea su propio mundo. El está con todos los que ha amado, no en compañía, sino en una que es para él real, íntima y dichosa. Cuando un hombre muere, el cerebro es el último que perece. La vida está aún ocupada allí después que se ha anunciado la muerte. El alma evoca todos los acontecimientos del pasado, se apodera de la suma total, la tendencia media sobresale, la esperanza dominante es visible. El aroma final forma la nota-clave de la existencia Devachánica. El hombre tibio no va ni al cielo ni al infierno. La naturaleza le arroja de su boca. Condiciones positivas, objetivas o subjetivas, son sólo alcanzadas por medio de impulsos positivos. La distribución Devachánica es gobernada por el motivo dominante del alma. El que odia puede, por reacción, llegar a ser el amante, pero el indiferente no tiene propulsión, ni crecimiento.

XX

Es completamente evidente al investigador imparcial que los sacerdotes Cristianos por alguna razón y otra asiduamente ignoran la compleja naturaleza del hombre, a pesar que su gran autoridad, San Pablo, claramente se refiere a ello. El habló de cuerpo, alma y espíritu, pero ellos sólo predican del cuerpo y alma; él declara que tenemos un cuerpo espiritual, ellos se quedan nebulosos al tratar del alma, del cuerpo y se adhieren a una resurrección del estuche físico. Vino a ser el deber de los Teósofos llamar la atención de la mente moderna otra vez hacia la división Oriental de la constitución del hombre, porque a través de eso sólo se puede obtener un entendimiento de su estado antes y después de la muerte. La división hecha por San Pablo es triple, y la Hindú es de carácter septenario. Lo de San Pablo sirve para los que requieren amplios bosquejos, pero no les interesa inquirir en los detalles. Sin embargo el espíritu, el alma y el cuerpo incluye todas las siete divisiones, esta última siendo un análisis más completo; y se sospecha por muchos eruditos pensadores que Pablo conocía el sistema completo pero calló por razones a él conocidas.

Un análisis del cuerpo revela algo más que mera estructura molecular, porque muestra una fuerza o vida o poder que lo mantiene junto y activo a través de su período natural. El Señor Sinnett, en su Buddhismo Esotérico, trata de dar a sus compatriotas algún conocimiento del sistema Oriental, ésto llamado Prana o Jiva; mientras tanto, otros le llaman sólo Prana, que parece ser más apropiado, porque el aspecto humano de la fuerza vital es dependiente en Prana, o el respiro.

El espíritu de San Pablo puede tomarse para nuestro objeto como el Atma Sánscrito. El espíritu es universal, indivisible, y común a todo. En otras palabras, no hay muchos espíritus, uno para cada hombre, sino únicamente un espíritu que brilla igual sobre todos los hombres, hallando tantas almas-hablando de un modo general – como hay seres en el mundo. En el hombre el espíritu tiene un instrumento más completo o un conjunto de herramientas con que trabajar. Esta identidad espiritual es la base de la filosofía; sobre esto toda la estructura descansa; al individualizar el espíritu, asignando a cada ser humano su propio espíritu, particular a él y separado del espíritu de cualquier otro hombre, es echar al suelo toda la filosofía Teosófica, que anularía su ética y derrota su objeto.

Entonces, empezando con Atma – espíritu – que lo contiene todo, siendo la base y sostén, encontramos que el Hindú ofrece la teoría de envolturas o cubiertas del alma u hombre interno. Estas envolturas son necesarias desde el momento que la evolución empieza y objetos visibles aparecen, para que el alma pueda alcanzar sus fines en conjunción con la naturaleza. En este modo, por un proceso que estaría fuera de lugar aquí, se llega a una clasificación por medios de la cual los fenómenos de la vida y de la conciencia puedan ser explicados.

Los seis vehículos (adoptando la nomenclatura del Sr. Sinett) usados por el espíritu y por medio de los cuales el Ego gana sus experiencias son:

El Cuerpo, como vehículo denso.
La Vitalidad, o Prana.
El Cuerpo Astral, o Linga Sarira.
El Alma Astral, o Kama Rupa.
El Alma Humana, o Manas.
El Alma Espiritual, o Buddhi.

El Linga Sarira se nacesita como un cuerpo más sutil que la forma corporal, porque ésta última es de hecho sólo materia estúpida, e inerte. Kama Rupa es el cuerpo, o colección, de deseos y pasiones; Manas propiamente se le puede llamar mente, y Buddhi es la intelección suprema más allá del cerebro o mente. Es eso que discierne.

A la muerte del cuerpo, Prana vuelve al depósito de fuerza; el cuerpo astral se disipa después de un largo período y a menudo regresa con Kama Rupa cuando le ayudan ciertas fuerzas en las sesiones de espiritistas, y allí se enmascara como si fuera el difunto, cual es una mentira contínua y un peligro permanente. El alma humana y el alma espiritual pasan al estado que llamamos antes Devachan o cielo, donde la estadía es prolongada o corta de acuerdo a las energías correspondientes a ese estado que generó durante su vida-terrestre. Cuando éstas empiezan a agotarse, el Ego es atraído gradualmente hacia la vida terrenal, donde por medio de la generación humana toma un nuevo cuerpo, como otro cuerpo astral, vitalidad, y alma animal.

Esta es la “rueda de renacimiento”, de la cual no puede escapar ningún hombre a menos que no se conforme a la verdadera moral y adquiera verdadero conocimiento y conciencia mientras vive en el cuerpo. Fue para detener esta incesante rueda girante que el Buddha proclamó su ley perfecta, y es la meta del verdadero Teósofo hacer revolver su grande y brillante “Rueda de la Ley” para la curación de las naciones.

XXI

En la alta estimación de los Hindús se encuentra la serpiente, ambos como un símbolo y como una criatura. Moviéndose en linea ondulosa, figura la vasta revolución del Sol a través del eterno espacio conduciendo la Tierra que gira rápidamente en su órbita menor; periódicamente mudando su piel, presenta una ilustración visible de la renovación de la vida o reencarnación enroscándose para herir, muestra la operación de la ley Karma-Némesis que, con una base en nuestras acciones, da un golpe infalible. Como un símbolo con la cola en la boca, forma un círculo, representa la eternidad, el círculo de necesidad, y el Tiempo todo-devorante. Para los Iniciados antiguos él le habló a ellos también de la luz astral que es diabólica y divina al mismo tiempo.

Es probable que en el vasto terreno del estudio Teosófico no haya nada que sea tan interesante como la luz astral. Entre los Hindús se conoce como Akasa, que también puede traducirse como éter. A través de un conocimiento de sus propiedades ellos dicen que todos los maravillosos fenómenos de los Yogis Orientales son cumplidos. También se asegura que la clarividencia, clariaudiencia, mediumnidad, y profecía como son conocidos al mundo Oriental sólo son posibles por su medio. Es el registro de nuestros actos y pensamientos, la gran galería de pinturas de la tierra, donde el profeta puede contemplar cualquier evento que halla sucedido, como también los venideros. Nadando en ella como en un mar hay seres de varias órdenes y también los restos astrales de mujeres y hombres fallecidos. Los Rosacruces y otros místicos Europeos llamaban a esos seres Silfidas, Salamandras, Gnomos, Ondinas y Elementales; el Hindú les llama Gandharbhas o músicos celestiales, Yakshas, Takshasas y otros más. Los “fantasmas” de los difuntos – que los Espiritistas equivocan con los individuos que ya no son más-flotan en esta sustancia Akásica, y por siglos ha sido conocido al Hindú místico como Bhuta, otro nombre del diablo, o Pisacha, el más horrible demonio-ninguno de ellos es más que el descartado cuerpo almático más cerca a la tierra, desprovisto de conciencia y poderoso sólo para el mal.

Pero el término “luz astral”, aunque no es nuevo, es de origen puramente Occidental. Porfirio habló de ella cuando refiriéndose al celestial o cuerpo-almático, que él dice es inmortal, luminoso, y “como una estrella”: Paracelso la llamó “luz sideral”; que más tarde se llegó a conocer como astral. Se dice que es lo mismo que el ánima mundi o alma del mundo. Los modernos científicos investigadores se le acercan cuando hablan del “éter luminifero” y de la “materia radiante”. El gran astrónomo Camilo Flammarion, que fue miembro de la Sociedad Teosófica durante su vida, habla de la luz astral en su novela Uranie y dice: “La Luz que emana de todos esos soles que pueblan la inmensidad, la luz reflejada a través del espacio por todos esos mundos iluminados por esos soles, fotografían a través del ilimitable cielo los siglos, los días, y los momentos a medida que pasan…De esto resulta que la historia de todos los mundos viajan a través del espacio sin dispersarse de todo, y que todos los acontecimientos del pasado están presentes y viven por siempre en el seno del infinito.”

Como todas las cosas ocultas y poco familiares, la luz astral es difícil de definir y especialmente del mismo hecho de ser llamada “luz”. No es la luz que nosotros conocemos, ni tampoco es la obscuridad. Quizás se le ha llamado luz porque cuando los clarividentes vieron por su medio, los objetos distantes parecieron estar iluminados. Pero así igualmente se oyen sonidos lejanos en ella, cuerpos pesados suspendidos por ella, olores llevados por miles de millas a través de ella, los pensamientos son leídos en ella, y todos los varios fenómenos de los mediums por lo medio de su acción, ha habido uso del término “luz” aunque inevitable es sin embargo erróneo.

Para que una definición sea correcta, debe incluir todas las funciones y los poderes de esta luz, pero como éstos no son completamente conocidos ni aún al místico, y enteramente es terra incógnita para los científicos, tenemos que estar contentos con un análisis parcial. Es una sustancia fácilmente imaginada como imponderable éter que, emanado de las estrellas, envuelve la tierra y penetra cada átomo del globo y cada molécula sobre él. Obedeciendo las leyes de atracción y repulsión, y oscila de una parte a otra, haciéndose una vez positiva y otra negativa. Esto le da una moción circular que es simbolizada por la serpiente. Es el gran agente final, es la fuerza motriz, en el sentido cósmico, que no sólo hace crecer las plantas sino que también mantiene el diástole y el sístole del corazón humano.

Esta luz es muy parecida a la acción de la sensitiva plancha fotográfica. Toma, como dice Flammarion, las imágenes de cada momento y las retiene en su posesión. Por esta razón los Egipcios la conocían como el Registrador; es el Angel Grabador de los Cristianos, y en un aspecto es Yama, el juez de los muertos en el panteón Hindú, y es por las imágenes que nosotros imprimimos en ella que somos juzgados por Karma.

Como una enorme pantalla o reflector la luz astral cuelga arriba de la tierra y se convierte en un poderoso hipnotizador universal de los seres humanos. Las imágenes de todos los actos buenos y malos cometidos por nuestros antepasados como por nosotros, están siempre presentes a nuestro ser interno, constantemente somos impresionados por ellas por medio de la sugestión y entonces hacemos asimismo. Sobre esto el gran sacerdote-místico Francés, Eliphas Levi, dice: “Amenudo nos asombramos cuando en la sociedad somos asaltados por pensamientos malignos y sugestiones que no hubiéramos imaginado posibles, y no sabemos que son debidas únicamente a la presencia de algún vecino malsano; este hecho es de gran importancia, ya que se relaciona a la manifestación de la conciencia-uno de los más teribles e incontestables secretos del arte mágico…Así es, las almas enfermas tienen un mal aliento, y vician la atmósfera moral, es decir que, ellos mezclan reflejos impuros en la luz astral que los satura, y así establecen corrientes nocivas.

También hay una función muy útil de esta luz. Como que preserva las imágenes de todos los eventos y cosas pasadas, y como no hay nada nuevo bajo el sol, las herramientas, las ideas, la filosofía, las artes y las ciencias de las civilizaciones desaparecidas hace mucho tiempo son continuamente proyectadas en imágenes sacadas del astral hacia el interior de los cerebros de los hombres vivos. Esto da una explicación no sólo a lo que a menudo ocurre, la “coincidencia” de dos o más inventores o científicos encuentran las mismas ideas o invenciones al mismo tiempo, aunque independientes uno del otro, sino también a otros eventos y hechos raros.

Algunos auto-modelados científicos han hablado sabiamente de la telepatía, y de otros fenómenos, pero no dan razón suficiente en la naturaleza para la transferencia del pensamiento o apariciones, o clarividencia o las cien y una variedades de ocurrencias de un carácter oculto que se nota de día en día entre gente de todas condiciones. Es bueno admitir que el pensamiento puede ser transferido directamente de un cerebro a otro sin palabra, pero ¿cómo puede la transferencia efectuarse sin un medio? Ese medio es la luz astral. En el momento que el pensamiento toma forma en el cerebro esto es fotografiado en esa luz, y de allí es sacado otra vez por cualquier otro cerebro lo suficiente sensitivo a recibir esto intacto.

Conociendo las extrañas propiedades del plano astral y el verdadero destino de las envolturas del alma que se habló en otro capítulo, los Adeptos Teosóficos de todos los tiempos no dieron crédito a las pretendidas reapariciones de los muertos. Eliphas Levi aprendió esto bien y dijo: “La luz astral combinándose con los fluídos etéreos forma el fantasma astral del que Paracelso habla. Este cuerpo astral siendo libre en la muerte, atrae hacia sí y preserva por mucho tiempo, por la simpatía de semejanza, la reflexión de la vida pasada; si una voluntad poderosa y simpática lo guía en la debida corriente éste se manifiesta en la forma de una aparición.” Pero con una persona sensitiva y anormalmente constituída presente – un medium, en otras palabras, y todos los de esa clase son nerviosamente desequilibrados – la fuerza de voluntad no es necesaria, porque la luz astral y el cuerpo astral viviente del médium vuelven a llamar a estos fantasmas sin alma, y fuera del mismo depósito sacan sus palabras, sus tonos, sus idiosincrasias de carácter, que los ilusos devotos de su degradante práctica son engañados en imaginarse como el regreso de un amigo muerto o pariente.

Sin embargo todo lo que yo me he referido aquí son sólo instancias de algunas de las varias propiedades de la luz astral. En lo que concierne a nuestro mundo puede decirse que la luz astral se halla en todas partes, interpenetrando todas las cosas; tiene un poder fotográfico por la cual se apodera de las imágenes de los pensamientos, actos, eventos, tonos, sonidos, colores, y todas las cosas; reflexiva en el sentido que se refleja ella misma en las mentes de los hombres; repulsiva de su lado positivo y atractiva del lado negativo; es capaz de asumir una densidad extrema cuando se contrae alrededor del cuerpo por una voluntad poderosa o por abnormales estados corporales, de tal modo que ninguna fuerza física puede penetrarla. Esta faz de su acción explica ciertos hechos oficialmente archivados durante las famosas brujerías de Sálem. Y fue allí que se vió piedras y otros objetos precipitarse hacia el poseído, ellos siempre caían como si fuera por una fuerza de gravedad justo a los pies de la persona. El Yogi Hindú da evidencia del uso de esta condensación de la luz astral cuando él permite que las flechas y otros proyectiles sean disparados a él, y todos éstos caen a sus pies no importa cuan grande su velocidad, y los archivos de los fenómenos genuinos Espiritualistas en los Estados Unidos proporcionan experiencias similares.

La luz astral es un agente poderoso, no-reconocido por la ciencia, en el fenómeno del hipnotismo. Sus acciones explicarían muchos de los problemas sacados por Binet, Charcot y otros, y especialmente esa clase en que dos o más personalidades distintas parecen ser apropiadas por el sujeto, quién puede recordar sólo en cada uno esas cosas y peculiaridades de expresión que pertenecen a ese contrato particular de sus experiencias. Estas cosas raras se deben a las corrientes en la luz astral. En cada corriente se encontrará una serie de reflejos definidos, y son absorbidos por el hombre interno, que los informa a través de la palabra y acción en éste plano como si fueran propios de él. También, por el uso de estas corrientes, pero inconscientemente, los clarividentes y clariaudientes parecen leer en las páginas ocultas de la vida.

Por lo tanto esta luz puede estar impresa con imágenes nocivas o buenas, y éstas son reflejadas en la mente subconsciente de todo ser humano. Si llenamos la luz astral con imágenes nocivas, justo y tal como el presente siglo es perito creándolo, ésto será nuestro diablo y destructor, pero si por ejemplo siquiera de algunos buenos hombres y mujeres una nueva y más pura clase de eventos son pintados sobre el lienzo eterno, que llegaría a ser nuestra Elevación Divina.

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