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Modernas facetas del ocultismo: Tantra


Escrito de: Delia Steinberg Guzmán



INTRODUCCION


El desprestigio del materialismo crece a medida que avanza nuestro siglo sobre todo ante su demostrada incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de la humanidad. En esta situación, el hombre actual ha vuelto una vez más sus ojos hacia el pasado, y sobre todo, hacia los Misterios ocultos del pasado, esperando encontrar en ellos alguna respuesta a sus angustias.Pero el problema no se agota aquí. Los enigmas de la antigüedad actúan como armas de doble filo: por un lado fascinan con el encanto de lo desconocido y su carácter de posible panacea universal; por otro lado, algunos de estos Misterios ya fueron oscuros en la antigüedad, y lo son mucho más ahora, dada la carencia de verdaderos Maestros, cosa que acentúa el peligro de la ignorancia.

Frente a las preguntas tópicas: “Quién soy”, “De dónde vengo”, “Adónde voy”, resurge un esoterismo ancestral que intenta penetrar en los principios más profundos del mundo. Pero el esoterismo de hoy debe afrontar penosas dificultades. Ya no hay Escuelas Iniciáticas, ni todos los que se titulan grandes Maestros, lo son auténticamente. El hombre se ha ido animalizando paulatinamente como resultado del culto exagerado a la materia, y ahora le resulta muy difícil prescindir de sus pasiones, las que, por el contrario, necesita justificar dándoles un tinte sublime. Este conjunto de situaciones provoca distorsiones nefastas en la moderna concepción del ocultismo.

Precisamente queremos tocar un tema de gran auge en la actualidad y que, sobre todo, ha calado conflictivamente en la mentalidad de cientos de jóvenes. Es el caso del Tantra, tantrismo, yoga tántrico, budismo tántrico, budismo tibetano, budismo Vajrayana, o algunos otros nombres no siempre apropiados ni afortunados para designar una aberración presente que nada tiene que ver con las prístinas doctrinas que le sirvieron de excusa.

Viejos y elaborados conceptos, hoy mal interpretados, han dado lugar a una “nueva doctrina tántrica”, donde según los sitios, los momentos, los autores y la falta de conocimientos, aparece una particular concepción del mundo, del hombre y de sus posibilidades de realización.

Estamos enfocando un antiguo concepto esotérico que merece “reconocerse” y merece ser recuperado tras el vaciado de contenido al que fue sometido.



UN POCO DE HISTORIA


Como ya es sabido, unos 400 años después de la muerte física del Buda Sidarta Gautama, sus seguidores y discípulos se reunieron en varios Concilios de los cuales surgió la división del budismo por una parte, y la exposición de las distintas formas budistas por la otra.

A partir de allí, el Hinayana o Pequeño Vehículo se aferró a la doctrina moral estrictamente, poniendo la liberación a nivel de individuos muy selectos. Su fórmula consistió en asegurar referirse estrictamente a lo que el Buda había dicho.

La Escuela Mahayana o Gran Vehículo agregó a la tradición exotérica (Doctrina del Ojo, segun H.P. Blavatsky), otra esotérica (Doctrina del Corazón) que habría sido revelada por el propio Buda a sus discípulos más íntimos.

Una tercera Escuela o Vehículo -Vajarayana- se fundamenta en el “Corazón de Diamante”. Representa tal vez la raíz más arcaica de la filosofía esotérica, aquella que se reconocía como “filosofía búdica”, anterior al propio Buda y relativa a los conocimientos que entroncan con la intuición natural (Budhi, en sánscrito) en todos los seres.

El símbolo fundamental de este Vehículo de Diamante era el “Vajra” (bastón, diamante o cetro), y de allí la denominación de Vajrayana para esta particular forma mística. Según explica H.P. Blavatsky, en el Buddhismo místico, el Vajra es el “cetro mágico” de los Sacerdotes Iniciados, es el símbolo de la posesión de los poderes sobrehumanos llamados Siddhis; es también símbolo del poder del Buda, específicamente, para detener los malos espíritus o elementales. Vajra significa también “rayo”, “diamante”, “arma” (el cetro de Indra o los rayos de Zeus), “centella”, y cuando se habla del “Alma-Diamante” se trata del Buda Supremo, del que está por encima de todas las manifestaciones avatáricas: es el “Señor de los Misterios”.

El Vajarayana, haciendo mérito a la vieja cuna de la filosofía Búdica, va a predominar en Tibet y en Mongolia, pero también allí, fuera de los templos y de los secretos iniciáticos, terminará por arraigarse bajo aspectos populares y supersticiosos. Dado que el objetivo del Vajrayana era la liberación mediante fórmulas y prácticas mágicas (tantra: práctica), la acción propuesta originalmente como medio de liberación, fue luego reinterpretada como una energía cósmica que, al volcarse en el hombre, se expresaba en sus funciones eróticas.

Así, bajo el nombre genérico de “tantrismo” se fue infiltrando un “nuevo espíritu” tanto en el hinduísmo como en el budismo, a partir de los siglos VIII y IX, que llegó a desviar el sentido original de las anteriores creencias, ritos y prácticas.

En la India, en las últimas décadas del siglo XIX, el Juez del Tribunal Supremo de Calcuta, Sir John Woodroffe, conocido bajo el seudónimo de Arthur Avalon, explicó y justificó el goce carnal como elemento de las prácticas tántricas, aunque diferenciándolo del placer de las bestias.

Según nos dice H.P. Blavatsky, “Tantra” puede traducirse como “regla” o “ritual”; es aquel ritual práctico que rescata al hombre desde el fondo de su personalidad para volverlo a la realidad de su espíritu. Pero también se denomina “Tantras” a ciertas obras místicas y mágicas “cuya principal peculiaridad es el culto del poder femenino personificado en Sakti… es la energía especial relacionada con los ritos sexuales y poderes mágicos: la peor forma de hechicería y magia negra”. (Glosario Teosófico, HPB).

De acuerdo a los temas que encierran y al enfoque otorgado, estas obras -siempre siguiendo a HPB – pueden dividirse en textos de magia blanca, negra, o tan solo gris… “Los Tantras contienen todo lo referente a la Magia, el lado oculto del hombre y de la naturaleza, los medios en virtud de los cuales pueden hacerse descubrimientos, los principios por cuyo medio puede el hombre crearse a sí mismo”. Pero resulta que estas obras, sobre todo en la puesta en práctica, son altamente peligrosas si no se tiene un Maestro al lado. Los peligros, como en toda obra esotérica, radican en el lenguaje simbólico; muchas veces se usa el nombre de un órgano físico para designar un centro psíquico o mental, que pueden estar evidentemente relacionados, pero no son la misma cosa. Aclara H.P. Blavatsky que ningún verdadero Maestro permitiría a su discípulo trabajar sobre sus órganos corporales hasta no haber purificado cuidadosamente su cuerpo físico y hasta no haber adquirido dominio sobre los vehículos superiores.

Estos peligros se evidenciaron en el propio Tibet, cuando detrás del mismo símbolo del Vajra (Dorje, en tibetano), los “dugpas” se lo apropiaron para sus hechicerías y malos usos de magia negra, mientras que los “gelugpas” o “Casquetes amarillos” lo interpretaron debidamente como signo de Poder.

La realización tántrica o práctica del Vehículo de Diamante tendía a encauzar todos los elementos de la vida, buenos y malos, espirituales y físicos, hacia la meta de la liberación. Se trataba de no dejarse atrapar por la ilusión del mundo material, pero tampoco había que temerle, sino utilizar sus energías como otro de los tantos peldaños de liberación. Se trataba de la “Senda del Poder”, del dominio del bien y del mal, de la transmutación de todas las circunstancias en armas, por el poder de la mente. Contemplada esta doctrina, es fácil comprender que posteriores degeneraciones hayan intentado convertir al sexo como arma de poder, enalteciéndolo mientras se buscaba liberarse de eso mismo.

Otro de los elementos perdidos y mal interpretados acerca del Vajrayana, era la creación de formas mentales para entrar en contacto con entidades poderosas y alcanzar estados superiores de conciencia donde ya no existe la dualidad. El “Mandala” era la base de estas visualizaciones: un cuadrado o círculo mágico donde aparecen variadas deidades, simbolizando el intrincado esquema del Universo. La “realidad” de estas deidades se manifestaba a medida que el adepto avanzaba hacia su meta, rompiendo el límite que separa los entes simbólicos de los verdaderos dioses.

¿Qué ha quedado de estas enseñanzas? ¿Cómo se expresan en la actualidad?



TANTRA, HOY


En la actualidad vuelve a resurgir una abundante literatura, en la que podemos apreciar desde serios buscadores que pretenden recoger lo mejor del pasado, hasta farsantes de todo tipo que han utilizado viejas ideas como medio para descollar y anular la poca y maltratada personalidad humana. Naturalmente, nos preocupa sobre todo el segundo caso, como nueva vía de la magia negra, factible de desencadenar la locura individual y aun colectiva, ante el despropósito de tergiversar las enseñanzas de los verdaderos Maestros de la Humanidad.

Trataremos de exponer algunas de las ideas sobresalientes, ya sea en el plano de una filosofía mal encaminada, o en el plano de las aberraciones que más afectan a la juventud.

Se intenta definir el Tantra como el cultivo de un éxtasis que debe llevar a la visión de la sexualidad cósmica; para lograr este éxtasis intervienen formas especiales de vida, rituales, magia filosófica, mitos, signos y símbolos con carga emotiva.

…Aunque aparentemente estas ideas circulan dentro del ámbito tradicional tántrico, se acentúan exageradamente ciertos matices. El éxtasis ya no se dirige a la ruptura de los lazos materiales ni a la liberación de la dualidad para retornar a la Unidad Primera; si bien no se descartan estos valores, ellos quedan opacados ante la enorme preponderancia que adquiere la “sexualidad cósmica” como explicación básica de toda manifestación del Universo.

En todas las filosofías místicas se trata de no dejarse atrapar por la ilusión del mundo manifestado. Cada filosofía propondrá fórmulas más o menos semejantes para escapar de la ilusión: a veces hay que enfrentarla y luchar con ella; otras veces basta con conocerla; el mismo tantrismo primitivo proponía utilizar la ilusión como arma y no huir ante ella, batallar para llegar a la liberación.

…Muchas de estas ideas se han desgastado. El viejo concepto de huir de la ilusión, se ha transformado en teoría de morbosos y reprimidos que temen el mismo mundo que intentan superar. Por el otro lado, el usar los propios defectos como armas, se ha transformado en una aceptación sin más de todas las características -buenas y malas – de la vida y la personalidad.

De allí, y ante la dificultad de separarse del mundo, el Tantra actual habla de quedarse en el mundo, de no luchar contra la ilusión, de aceptar placer y éxtasis y cultivarlos, de cultivar incluso el cuerpo.

Nada de esto es original. Todas las escuelas místicas aceptaron el éxtasis… ¿O es que este otro, es un tipo de éxtasis menos espiritual? El mismo Buda aceptó la existencia del placer, pero como contraparte inevitable del dolor. Cultivar el cuerpo es tarea de todo buen filósofo, ante la maravilla de este vehículo de expresión que nos fue entregado para ponerlo al servicio de sus otros principios humanos más altos.

Hoy se relaciona al Tantra con el “amor”, y con un amor que necesita forzosamente un objeto sobre el cual volcarse.

…¿De qué amor estamos hablando? Si es el Amor Universal, como fuerza primera de cohesión que participa en la Creación, habría que expresarlo de una manera más clara, pues a la vista está que los humanos prefieren interpretar el amor como lo que ellos mismos experimentan a través de sus instintos.

Ciertamente los hombres necesitan por ahora un objeto sobre el cual expresar su amor. Pero nadie parece recordar que la finalidad de los viejos tantricas era internalizar ese objeto digno de amor hasta no necesitarlo más como apoyo externo. Hoy se corre el peligro de quedarse andado en el objeto del amor; hoy se corre el peligro de que la guerra quede reducida a la vacía adoración de las armas.

Se insiste en el aspecto práctico del Tantra, cosa perfectamente lógica incluso para todas las formas religiosas y filosóficas que se dirigen hacia la realización humana.

…No obstante, este excesivo acento en lo práctico termina por restar importancia a la mente y sus posibilidades. Sabemos que la mente no es el único ni el superior de los vehículos humanos, pero no podemos olvidar su valor para dar consistencia y categoría a esas mismas prácticas, que de otro modo perecerían en la nebulosa de una psiquis poco constituida.

Por otra parte, y mientras se quita de en medio a la mente, se recomiendan unos métodos que no son del todo apropiados en la actual circunstancia histórica. Para logar la “felicidad” y la liberación rápida como fruto de una sola vida (?), se requiere meditación, experiencia ascética (?), magia, drogas, acción social (?)… ¿Cómo deben entenderse la magia y la acción social? ¿También en base a la energía sexual? ¿En qué consisten las experiencias ascéticas, en quienes dan por establecido que la vía sexual es la que ayuda en el proceso de liberación?

El valor del sexo se explica en cuanto a la relación de igualdad entre la libido humana y la energía creadora del Universo. La teoría de la “avaricia sexual” trata de no “desgastar” esa energía en relaciones sexuales normales, sino de contenerla y acrecentarla dentro del cuerpo, reteniendo el semen como materialización de la susodicha energía. Ese cuerpo, así “cargado”, es buen elemento para producir efectos sobrenaturales.

…¿Por qué “igualdad” y no “semejanza” entre la libido humana y la energía creadora universal? El término “igualdad” es inadecuado, pues no se trata de algo idéntico, sino de una misma energía que ha ido descendiendo y opacándose cada vez más en contacto con la materia, hasta hacerse muchas veces irreconocible.

Este punto constituye, tal vez, el elemento que más incongruencias ha generado, y ha terminado por sustentar la base de todas las prácticas y de toda la magia tántrica actualmente en boga, con los consiguientes desastres en quienes esperan de esta forma abrir la tan soñada puerta del Paraíso.

Desde siempre se ha reconocido en la “Sakti” a la Madre Universal, la Materia puesta en acción por el poder del Espíritu. Pero ahora las cosas van más lejos. Sakti es la Voluntad, el Conocimiento y la Acción divinas, con lo cual las tres características del Logos quedan falsamente resumidas en esta Fuerza Femenina del Comos.

…Si Sakti es como la inmensa Mujer-Naturaleza, es fácil caer en aquello de que para comprender la Naturaleza y sus leyes, hará falta indefectiblemente una mujer al lado. Hemos llegado a leer que “para despertar Kundalini se necesita una mujer…”

¿Y qué harán las mujeres para despertar Kundalini? ¿Y qué será de los célibes, de aquellos que según todas las antiguas religiones debían guardar castidad para emplear esa energía en el desarrollo de sus potencialidades superiores? ¿Qué quedó de aquellas enseñanzas tradicionales para las que, previo al despertar de Kundalini, había que purificarse totalmente y alejarse de las apetencias mundanas? ¿Qué quedó de aquellas indicaciones que hablaban del tremendo peligro de abrir esta corriente cósmica dentro del cuerpo humano, sin antes haber invertido el triángulo que la guarda, sin antes haberse humanizado, abandonando todo principio animal?

Ahora Kundalini es un término corriente, cual si fuese un producto farmacéutico -muy semejante a las drogas- cuya acción promueve en el hombre su despertar espiritual y la visión celeste; pero curiosamente se pretende llegar a lo celeste practicando en lo terrestre, se pretende llegar a Dios a través del sexo… Si así fuese, no habría prácticamente ateos en el mundo…

El moderno Tantra explica que el cuerpo humano es un reflejo del Cosmos y ofrece sus mismas potencialidades y posibilidades. De acuerdo, si nos referimos al Cosmos materialmente expresado, pero no debemos olvidar que la Materia (Sakti, precisamente) se ha considerado dividida en varios planos, algunos más sutiles que la concreción terrestre que hoy apreciamos. Del mismo modo, el hombre tiene principios más sutiles que su cuerpo, en los cuales también debería intentar hallar semejanzas con el Cosmos; además de los órganos físicos hay órganos vitales, psíquicos, mentales… ¿Es que no vale la pena trabajar también con estos otros aspectos de vida?

…Aquí llegamos a un importante meollo dentro de la cuestión, y aquí aparece -a veces estúpidamente, a veces solapadamente- la magia negra que viene a trastocar el orden natural con que estos conocimientos deberían reaparecer entre los hombres. Sabíamos que la Voluntad (Atma, en sánscrito) es nuestra esencia superior, una energía que se va transformando -a medida que desciende- en inteligencia, razonamiento, sentimiento, vitalidad… Ahora el tema se plantea al revés: “La energía sexual es realmente y sin duda alguna, la energía más sutil y poderosa que se produce y conduce a través del organismo humano. Todo lo que es el hombre, incluyendo las tres esferas del pensamiento, sentimiento y voluntad, no es sino el resultado exacto de las distintas modificaciones de la energía sexual”.

Esta afirmación que no necesita comentarios, nos lleva al otro apartado de este trabajo.


LA EXPLOTACION DE LA JUVENTUD


El de la juventud es un período esencial en la vida humana. Aquí se manifiestan todas las facultades a desarrollar, aquí se muestran los sueños y aspiraciones, aquí se modela la personalidad en base a la experiencia que se recoge. Aquí se expresan las fuerzas maravillosas de creación que, mal dirigidas, pueden convertirse en fuerzas de signo negativo, dedicándose a la destrucción. Estamos en un terreno fácil de sembrar, donde crece según la semilla que se planta.

Platón ya señaló las dos enfermedades más importantes del alma: la locura y la ignorancia. En nuestro mundo enfermo de materialismo, la ignorancia hace cómodas presas y la locura se manifiesta por doquier, sin que casi nadie atine a denunciarla y combatirla.

Lo triste del caso es que la juventud, que buscó en el fondo de la Historia y de sus conocimientos para hallar un sentido a la vida, termina envenenada por la descomposición de la misma medicina que pretendió hallar.

El esoterismo envenenado se acerca diariamente en libros, revistas, folletos y prospectos, escuelas y escuelitas de todo tipo, grupúsculos exóticos, invitaciones a la droga y “grandes maestros” que nos esperan sin más a la vuelta de la esquina. Por lo visto, ya han nacido más “Kalki Avataras” que los que esta humanidad puede llegar a asimilar…

La pedantería es signo común en quienes se presentan a sí mismos como salvadores del mundo, como únicos poseedores de la verdad, como “iniciados” en vaya a saber qué ciencias y, naturalmente, “blancos” y “puros” por contraposición a los “negros” y “malvados” que no comparten sus teorías. Entre estos seres se encuentran, lógicamente, los predicadores de la magia sexual, los que intentan mostrar una visión diferente de la Historia, de los pueblos y sus símbolos mágicos y religiosos. Ahora resulta que todas las civilizaciones se apoyaron en símbolos fálicos, y nada escapa a esta definición, desde el Fuego hasta el Láber o el Hacha.

La “magia sexual” se define como síntesis suprema de todo sistema de yoga. La unión con Dios, con uno mismo, llegan cómodamente a través de esta pretendida magia. Leemos en un texto actual: “El Maestro debe nacer dentro de nosotros con la magia sexual”. Aquella Gran Batalla, aquel Mahabarata hindú que transmutaba al hombre con sus normas éticas, hoy se explica diferente: “Desde el amanecer de la vida existe una gran batalla entre los poderes de la luz y los poderes de las tinieblas. La raíz secreta de esta batalla está en el sexo “.

No faltan argumentos que tocan la moral colectiva, la vida en sociedad y los esquemas de la evolución humana. Al parecer, “la pérdida de la fuerza sexual trajo como consecuencia la pérdida de la fuerza moral”. Los seres humanos son rápidamente catalogados en infrasexuales o suprasexuales. Los primeros son los que odian el sexo: anacoretas, yoguines, sacerdotes, monjas..; son los que han impuesto los tabúes, restricciones y prejuicios. Los suprasexuales son los que pueden despertar al Superhombre dentro de sí mismos utilizando sabiamente el poder sexual.

Causa extrañeza encontrar aseveraciones tales como: “El Superhombre no es el resultado de la evolución. Nadie llega a la perfeccción con la evolución… La evolución es un proceso de complicación de la energía… Necesitamos retornar al punto de partida (el sexo) y regenerarnos… El nacimiento del Superhombre es un problema absolutamente sexual…”.

En síntesis: se plantea ante una juventud que todo lo absorbe, una magia sexual deformada, que tiende a la aniquilación al igual que las drogas que circulan con tanta asiduidad. Se muestra un Universo sexuado, en el cual esta única energía es la que ha dado origen a todas las otras cosas, incluso el arte y la ciencia. Se olvida más que nunca a Dios, Aquel que está más allá de todas las divisiones y diferenciaciones. Se exaltan las pasiones instintivas, pues pretendiendo eliminar el tabú del sexo, se depende totalmente del sexo para realizar la más minima de las obras. Se presenta como “magos negros” a los que siguen la simple y sencilla ley de la naturaleza al crear hijos, a los que “meten miedo” al ascenso de Kundalini, el desdoblamiento y otras prácticas similares. Se niega la posibilidad de llegar sin sexo al despertar de nuestro Yo Superior. Se explica el Universo entero bajo una sola clave… la que está a la altura del más bajo.



¿QUE PODEMOS HACER?


Como Acropolitanos, debemos defender a la juventud de este moderno mal, que es producto de la búsqueda desordenada del bien. Debemos ofrecer nuestros propios argumentos y no temer el desbordamiento sofístico de estos nuevos explotadores materialistas que han encontrado un excelente mercado en el esoterismo.

Debemos recuperar el sentido aristocrático de pureza que ostentaron aquellos que dieron lugar a tantas y maravillosas manifestaciones espirituales a lo largo de la Historia. Recordar otra vez que a las estrellas se llega por lo áspero…

Puestos a desentrañar los símbolos de civilizaciones pretéritas, reconocer el elemento generador que en todos ellos se manifiesta; pero reconocer también que no han sido los únicos símbolos y que en última instancia la generación física es el reflejo de otra energía vital que desciende desde mucho más arriba.

Devolveremos al Amor su sentido de nobleza y dación, quitándole en cambio la dulzona blandura de quienes confunden amor con sexo, deseo con comunicación humana.

Siempre han existido -y existen- Misterios relativos al sexo; pero hubieron también Maestros verdaderos para explicarlos. Porque cuando estos Misterios se vulgarizan, resulta más fácil “bajar” la magia al nivel del cuerpo, que subir el cuerpo al nivel del alma… Los cuerpos físicos podrán nacer a través del sexo, pero habrá que despertar otras energías para hacer nacer otros vehículos humanos.

Hay que retomar las enseñanzas de los griegos y sus dos Eros, con y sin alas; a Plotino y sus conceptos de Venus Pandemus y Venus Urania. El sexo es “democrático”, si vale la expresión: eso lo podemos todos; el Amor Celeste es para los pocos que saben ganar esta forma espiritual de expresión.

Debemos evitar doctrinas anárquicas y catastrofistas, ésas que dicen alejarse del mundo mientras se hunden cada vez más en egoístas contemplaciones de la personalidad.

Debemos convencernos de que el conocimiento esotérico no es una de las tantas novedades que la moda impone para gusto del actual consumidor: es un conocimiento, sí, pero que impone una forma de vida. Y nadie mejor que la juventud, con el alma abierta ante el Futuro, para recoger limpias y sanas aquellas enseñanzas del Oriente milenario que H.P. Blavatsky tradujo para nuestro Mundo Occidental.

La responsabilidad e importancia que Nueva Acrópolis asume ante este estado de cosas, se desprende instantáneamente. Hay que MANTENER LA UNION, más fuerte que nunca, con ese Pasado que es nuestra raíz, y con ese Futuro que es nuestra evolución. Si la Cadena se sostiene fuertemente, ningún viento la podrá abatir.



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