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Archive for Noviembre, 2006

Bodhidharma

Tras la Senda de Bodhidharma

Profesor Francisco Duque Videla.


E_zs de común aceptación que el Budismo se distingue por dos corrientes de pensamiento que se oponen doctrinalmente a pesar de la común paternidad y dependencia con las enseñanzas de Gautama. Nos referimos al Mahayana (Gran Vehículo) y al Hinayana (Pequeño Vehículo).

El Ideal Mahayánico se puede simbolizar por el Bodhisattva que representa la Doctrina del Corazón o de la Compasión infinita hacia todos los seres, reconociendo que todos tienen la posibilidad de participar de la Iluminación, y, en cierto modo, la liberación del Bodhisattva se ve justificada sólo si conduce y acoge a todos los seres, renunciando al Nirvana.

De ahí que se le haya denominado «Gran Vehículo», con el objeto de transportar a todos hacia el objetivo final. Por el contrario el Hinayana privilegia la iluminación individual y suele verse en el Arhat, el símbolo del que se libera de la ilusión sin renunciar al Nirvana, y por lo tanto sin pensar en el resto de los seres como condición.

Los seguidores del Mahayana afirman que la doctrina original del Buda es genuinamente mahayánica, y que Kasyapa, su principal discípulo, habría conservado las enseñanzas esotéricas o Doctrina del Corazón encargando a Ananda la difusión de la religión o Doctrina del Ojo, pero es muy probable que Nagarjuna, en el siglo I, le haya otorgado un verdadero cuerpo doctrinal y orientación al Mahayana, cuya esencia es conservada y transmitida por Bodhidharma cinco siglos más tarde.

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El Budismo en China

El Budismo entró en China probablemente unos tres siglos a.C. Algunas teorías indican que habrían sido misioneros enviados por el emperador Asoka a través de la ruta comercial de la seda como ocurrió con la expansión hacia África y Europa.

Algunos cronistas de la Dinastía Han se refieren a los cultos budistas del valle del Ganges y se relaciona al emperador Huang-Ti (246-209 a.C.) con monjes provenientes de India que habrían intentado predicar el Budismo infructuosamente.

La versión china de la entrada del Budismo es atribuida al emperador Ming-Ti (siglo I), quien habría soñado con la figura del Buda, lo que se interpretó como un signo del Cielo para la adoración de un nuevo dios. Ming-Ti envió entonces una gran embajada hacia el oeste para encontrar las señales del mensaje. Esta volvió más tarde con numerosos monjes y dos sabios budistas indos, haciéndose construir una pagoda budista. Más tarde, decenas de monjes y bikhus llegarían desde la India y otros países para predicar la nueva fe en China.

Sin embargo el Budismo tropezó con algunas dificultades al asentarse en este nuevo territorio por sus propias características, que chocaron de un modo inconveniente con el pensamiento social imperante y no se adaptaron fácilmente a las doctrinas de Confucio. En primer lugar el desarraigo familiar y político del Budismo no era compatible con el sentimiento más acendrado del pensamiento confuciano: la piedad filial, el culto a los antepasados y el ajuste a las normas y procedimientos sociales estrictos entre los que se contaba la autosuficiencia y la responsabilidad político-social. Si el Budismo logró simpatizantes es porque se asemejaba bastante más -al menos en lo doctrinal- al Taoísmo, mucho más liberal y alejado del mundo.

No cejaron los esfuerzos por incrementar la participación budista en China, y en el 335, bajo la Dinastía Tsin del este, el sabio Budhojhanga, traductor de grandes obras al chino, entre ellas el Dhammapadha, logra el reconocimiento oficial del Budismo. En el 405 se produce la llegada de Kumarajiva, que aporta una gran cantidad de obras y da origen a algunas corrientes que hacían hincapié en el conocimiento intelectual de la doctrina. Posteriormente encontramos a Paramartha que llega en el 546 y también se dedica a la difusión de las obras y exposiciones del Mahayana.

Quizás este exceso de erudición mantuvo al Budismo confinado a la corte y se limitó a discusiones entre algunos expertos, pero no consigue impactar en la mentalidad y la búsqueda de la sabiduría de los chinos.

Por ello se hacía necesaria una asimilación de la idiosincrasia china al Budismo y se piensa que el éxito de esta fórmula radica principalmente en el pensamiento de Bodhidharma y la doctrina del Zen.



Aparición de Bodhidharma. Fuentes Históricas

Como sabemos, en el largo desarrollo de la Humanidad se han confeccionado dos Historias que corren paralelamente como afluentes de un mismo río, por lo que intentaremos esbozar lo poco que se conoce en ambos sentidos sobre la presencia de Bodhidharma como personaje histórico.

La figura de Bodhidharma (Ta-Mo en China y Budai-Daruma-Daishi en Japón) resulta muy controvertida históricamente hablando. Algunos eruditos aún hoy ponen en duda su existencia debido a la escasa información con que se cuenta.

Las fuentes que se reconocen como más o menos auténticas serían:

-Biografías de Monjes Ejemplares, de Tao-hsuan escrita hacia el 645.
-Los Anales de la Transmisión de la Lámpara, de Tao-yuan escrita hacia el 1002.

Según estos textos, Bodhidharma nació alrededor del año 440 en la ciudad de Kanchi, capital del reino Pallava (sur de la India). Era el tercer hijo del rey Simhavarman y brahmín por nacimiento. Convertido desde joven al Budismo, recibió instrucción de Prajnatara, que había sido llamado desde Maghada por su padre, y es él mismo quien le incita a ir hacia China.

Cerrada la ruta comercial por las invasiones de los Hunos, Bodhidharma se embarca en el cercano puerto de Mahabalipuram, recorriendo el sur de la India y la península maláyica; tarda unos tres años en llegar al puerto de Nanhai, en el sur de China, por el año 475.

Como China se hallaba dividida en las Dinastías Wei en el norte y Liu Sung en el sur, la mentalidad imperante producía algunas diferencias en la asimilación del Budismo por parte de los norteños y sureños, siendo estos últimos de corte más intelectual y erudito y poco dados a la práctica. Habría permanecido visitando monasterios budistas, que según censos de la época llegaban a unos 2000 con un clero de 36.000 personas en el sur y 6500 templos con 80.000 integrantes en el norte. Tao-yuan fecha la llegada de Bodhidharma en el 520 (unos 45 años más tarde que la versión de Tao-hsuan) donde sería acogido por el emperador Wu de la Dinastía Liang, siendo invitado a la capital Chienkan para una entrevista que resultó poco productiva, pues frente a la profunda piedad y esfuerzo en los méritos que le expuso el Emperador, Bodhidharma predicó el origen de su misión expresado en los siguientes términos: «Una transmisión especial fuera de las escrituras, con ninguna dependencia de las palabras o de las letras, dirigiéndose directamente hacia el alma del hombre, contemplar su propia naturaleza y realizar el estado de Buda».

La tradición quiere que haya anunciado su misión con estas palabras:

La razón original de mi venida a este país fue transmitir la Ley, a fin de salvar a los confusos. Una flor de cinco pétalos se abre, y la producción del fruto vendrá de por sí.

Este contraste con el Emperador lo lleva a cruzar el Yangtzé e instalarse en el norte. Permanece cerca de Pingcheng y probablemente sigue a los monjes que se trasladaron con el emperador Hsiao-wen a su nueva capital Loyang a orillas del río Lo, en el 494 -según Tao-hsuan-. En el 496, el Emperador ordena la construcción del templo de Shaolin, en el monte Sung, provincia de Honan, al sudeste de Loyang, para otro maestro indo, pero es Bodhidharma el que se instala en sus dependencias y le otorga la fama posterior.

Se dice que en el pico Shaoshi del monte Sung, Bodhidharma se refugia en una caverna para permanecer sentado meditando frente a una pared rocosa, situada a un kilómetro del templo, por ello es conocido como Pikwan Po-lo-men, o «el Brahmán que mira la muralla».

En su estancia en Loyang, probablemente en el templo Yungming, que albergaba a monjes extranjeros (que hacia el 534 acogía a unos 3000 provenientes hasta de Siria), ordenó a un monje llamado Sheng-fu, que poco después partió hacia el sur sin haber predicado la doctrina. Luego se menciona a Tao-yu, que permaneció con Bodhidharma unos 5 ó 6 años y que aun cuando entendió el Camino nunca enseñó; y Hui-k’o, que se convertiría en su sucesor y depositario del manto y el cuenco sagrado, reliquia que Bodhidharma habría traído desde la India y que sería el empleado por el propio Buda para la limosna; además se dice que le entregó una traducción del Sutra Lankavatara.

La leyenda quiere que Hui-k’o haya sido manco habiéndole presentado el brazo cortado como testimonio de su inconmovible voluntad de transformarse en su discípulo.

Luego, en el 528 y poco después de haber transmitido su doctrina a Hui-k’o, muere envenenado por un monje celoso. Según Tao-yuan, los restos de Bodhidharma fueron enterrados en el templo de Tinglin, en la montaña de la Oreja del Oso, cerca de Loyang. Después de esto, que puede ser más o menos verídico, la leyenda afirma que tres años más tarde, un funcionario que caminaba por las montañas de Asia central se encuentra con Bodhidharma, quien le explica que se marcha hacia la India; llevaba un bastón con una única sandalia colgando. Este encuentro despierta la curiosidad de los monjes que acuden a la tumba del Maestro, verificando que se encontraba vacía con una única sandalia en su interior.


H. P. Blavatsky afirma en su Doctrina Secreta que la misión de Bodhidharma es refundar el Budismo Esotérico de la Escuela Tsung-Men, la verdadera Doctrina del Corazón, subdividida más tarde en cinco escuelas, lo que se infiere de sus palabras acerca de la flor de cinco pétalos.

Se discute todavía si dejó escritos o si su enseñanza era meramente intuitiva y carente de explicaciones. Blavatsky le otorga autoría sobre diversos libros y los estudiosos le atribuyen tradicionalmente, aunque discutible, las siguientes obras: Meditación sobre los Cuatro Actos, Tratado sobre el Linaje de la Fe, Sermón del Despertar, Sermón de la Contemplación de la Mente.

Además suele otorgársele autoría sobre un pergamino denominado el I-Chin-Ching, tratado que contendría instrucciones formativas de carácter psicofísico que se interpretarían como la base -y única relación- con ejercicios de artes marciales, ya que estaban destinados a fortalecerlos física y psíquicamente con el objeto de facilitarles la ascesis hacia los estados de conciencia superiores; sin embargo estas últimas referencias no se encuentran contenidas en las biografías tradicionales.


Estos textos se encuentran clasificados dentro de la exposición exotérica y forman parte del Ch’ang o escuela Zen que se estructuraría después de él, principalmente a partir del Sexto Patriarca Hui-Neng.

Ahora, acerca de la difundida paternidad de Bodhidharma sobre las artes marciales de Shaolin, en sentido estricto, no existen referencias en ninguna de las dos fuentes mencionadas, y para afirmar -aparte del texto antes mencionado- el desarrollo de ejercicios o sistemas gimnásticos psicofísicos marciales a la manera del Hatha-yoga, debemos dejar espacio a la leyenda que corre paralela a la historia. En este último tema, se suele atribuir a Bodhidharma la preparación de los monjes, con el objeto no sólo de fortalecer sus condiciones sino además capacitarse para la defensa, motivada por el relativo aislamiento del Templo y la peligrosidad de los caminos infestados de bandidos y animales feroces.

Algunos relatos dicen que el Maestro transformó brazos y piernas en eficaces armas de combate, otorgándole un prestigio sin igual al naciente estilo del Shaolin-Shu, enriquecido muy probablemente con elementos parapsicológicos, cosa que era común entre los monjes budistas como acaeció con los primeros que arribaron en la época de Huang-Ti y que escaparon de un modo milagroso tras haber sido víctimas de torturas y encierros.

Posteriormente esta fama creció de un modo extraordinario y muchos militares que huían de los manchúes se refugiaron en el Templo aportando su propia experiencia al estilo e incrementando la complejidad de su prácticas de modo tal que siglos más tarde sería imposible distinguir la huella de Bodhidharma entre el entramado de técnicas con armas y sin armas que constituían la base de varias formas de lucha atribuidas a Shaolin.


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Referencias Míticas

Como en todos los casos de la historia de los Adeptos, su vida se encuentra plagada de mitos y leyendas que ensalzan y justifican el increíble impacto, que tan nebulosa existencia dejó en el misticismo budista chino, sólo comparable al de la vida y enseñanzas del propio Gautama.

Por ejemplo se relata que cuando Bodhidharma sostuvo el encuentro con el emperador Wu, éste le expuso la imperiosa necesidad de practicar actos piadosos y del mérito de las obras como condición para alcanzar el estado de Buda. El Maestro le replicó que ni el mérito ni las buenas obras acercaban al discípulo ni un ápice hacia la Iluminación, que antes bien, la ruptura de todo condicionamiento mental, de todo prejuicio, eran necesarios para alcanzar el Budhado. Como el Emperador se mostrara contrariado por esta respuesta, Bodhidharma abandonó la corte sin mediar otra insinuación. Más tarde, y aconsejado por sus asesores, envió en la búsqueda del Maestro, pero el emisario lo perdió de vista cuando cruzaba el Yangtzé sobre un junco hueco.

Ya instalado en la caverna frente a la pared rocosa cerca de Shaolin, quiere la tradición que, al buscar Bodhidharma el estado de Iluminación necesario para la fundamentación de la existencia, se haya distraído con la imagen de una hermosa mujer (la tentación de Mara) y para resolver esto, decide meditar sobre un objeto o símbolo hasta detener el flujo mental. Como lo venciera el cansancio a menudo, decidió arrancarse los párpados y arrojarlos fuera de la cueva en la que habitaba.

Pasado largo tiempo (nueve años según la leyenda) y habiendo logrado su propósito, bebió una pacificante bebida obtenida de unas hojas que crecieran del lugar en donde cayeron sus párpados, y esta planta fue luego conocida como Té. De un modo inequívoco se lo pinta o representa en esculturas con ojos saltones y carentes de párpados.

Su proveniencia mítica se identifica con el Cielo occidental o Shamballah, Patria legendaria de la jerarquía de Adeptos y salvadores.

Hasta él se acercó el que sería su discípulo Hui-k’o, quien, proviniendo de un linaje guerrero, habría llegado a despojarse de un brazo con su sable para demostrar así su fidelidad y su deseo de ser instruido. Aceptado ya, debió aún lanzarse al vacío y ante una muerte segura salió ileso, en virtud a la firme convicción de seguir a su Maestro.

En su sucesión y hasta el Sexto Patriarca cabe hacer notar un hecho que si bien tiene un carácter simbólico sería digno de un artículo aparte. El traspaso de la doctrina se realizó en línea directa hasta el Quinto Patriarca, el cual tuvo dos discípulos al momento de su sucesión. Por un lado Hui-Neng es reconocido como el Sexto Patriarca del Budismo Zen y el verdadero iniciador de esta Escuela y se caracteriza por sus respuestas y conducta paradójicas propias de todos los maestros del Zen.

Su origen es humilde y se resalta su carácter iletrado frente al del otro discípulo Shen-Hsiu, quien tomado por un erudito, representa vulgarmente al intelectual dogmático. Se dice que el manto de Bodhidharma habría sido entregado junto a la Doctrina hasta el Quinto Patriarca, pero éste se lo legó a su discípulo Hui-Neng por su mayor intuición del Zen, después de un concurso de poemas en que Shen-Hsiu, haciendo gala de sus conocimientos, ilustró a la mente como un espejo que debía ser limpiado. Hui-Neng respondió al desafío con un poema típicamente Zen; «No habiendo mente ni espejo, no hay nada que limpiar».

El Maestro le otorgó la victoria, sin embargo le instruyó en relación a no entregar el manto posteriormente a nadie, ya que esto no era necesario en lo sucesivo. Siendo Shen-Hsiu el naturalmente designado para tal honor y habiendo vencido a Hui-Neng en la disputa doctrinal, se generó una discordia entre los discípulos de ambos. Más tarde Hui-Neng se va hacia el sur y funda su Escuela, que daría origen y desarrollo al Zen propiamente tal con sus características tan difundidas en nuestros días.

El origen de esta transmisión de la Enseñanza Interna se remonta al mismo Gautama y su discípulo Kasyapa quien -quiere la tradición- habría despertado a la Iluminación tras el enigmático sermón dado por el Buda en la Montaña Pico de Buitre, cuando levantó entre sus dedos una flor que sus discípulos le habían entregado, recogida de entre las diversas ofrendas depositadas por los numerosos concurrentes, esbozando una sonrisa. Tras un prolongado silencio, Kasyapa sonrió a la vez; enseguida el Buda se retiró dando por terminado el sermón. Los budistas zen quieren ver los orígenes de la Escuela del Zen en este encuentro, y el inicio de la Doctrina Secreta del Budismo.


Enseñanza de Bodhidharma

Las biografías antes mencionadas sólo dicen que Bodhidharma enseñó «Contemplación de la pared» y las cuatro prácticas descritas en la Meditación de los Cuatro Actos.

Estas escuetas referencias pueden extenderse y fundamentarse otra vez en lo que afirma H.P. Blavatsky cuando habla de la Doctrina del Ojo y la Doctrina del Corazón. La denominada Doctrina del Ojo, es la contenida en las escrituras exotéricas y difundidas en un cuerpo religioso principalmente hacia el sur de la India y cobijada en el Hinayana. La enseñanza esotérica o Doctrina del Corazón sería la base del Mahayana, extendida hacia el norte y refugiada en el Tíbet y China, primero a través de Nagarjuna y Aryasangha y continuada de un modo estrictamente ordenado de Patriarca a Patriarca por lo menos hasta la época de Bodhidharma. Este, dice Blavatsky, es, junto con Nagarjuna, un reformador y autor de las obras más importantes de la escuela china de contemplación (Dan o Ch’ang de Dhyana).

Agreguemos además algunas referencias de la historia de Hui-k’o, sucesor de Bodhidharma. En el 534 el emperador Hsiao-wu muere asesinado y el reino norteño de Wu se dividió en dos dinastías Wei. A consecuencia de continuos ataques a la ciudad de Loyang, Hui-k’o se refugió probablemente en Wei oriental debido a que los gobernantes eran budistas y acogieron a todos los monjes que huían del conflicto. En la capital, Yeh, conoce a T’an Lin, erudito budista que traducía y prologaba sutras. Este encuentro despierta el interés de T’an Lin por las enseñanzas y escribe un prefacio a la Meditación de los Cuatro Actos. Hasta ahí la historia recoge datos sobre Bodhidharma.

Aunque el Maestro había sido antecedido por otros eminentes budistas de las escuelas contemplativas, la aparición fugaz y oscura de Bodhidharma provocó un increíble impacto. Si entendemos que sólo un discípulo es el depositario de tan extraordinaria revolución espiritual, no podemos explicarnos su difusión y enorme prestigio. No sabemos nada más, por razones obvias, acerca del trabajo de Bodhidharma y sus cinco ramas esotéricas, probablemente el verdadero fundamento de tal impacto, pero al parecer nos han quedado claros ejemplos de su enseñanza más popular, y siempre dentro de la línea contemplativa, el Zen.

Existen buenas razones para creer que los antecedentes contemplativos de Bodhidharma transmitieron los principios fundamentales del Sunyata, o «contemplación de la vacuidad del mundo», que enseña el Mahayana y que deriva en el Wu-wei-che-jen o estado de «verdadero hombre sin posición», el estado de Budha; pero se los suele simbolizar en el cojín de la meditación o las prácticas relacionadas con el Tantrismo que dieron origen a escuelas chinas y japonesas de Budismo. Sin embargo Bodhidharma lleva su enseñanza de la mano de la espada que Prajnatara -según cuenta la leyenda- le entregó junto con la doctrina, para cortar firmemente las ligaduras con el mundo y no remitirse a una purificación de la mente en una simple internalización que se asemeja más al Hinayana.

No abandona los sutras, y de hecho vuelve a ellos sin cesar, pero su transmisión es eminentemente práctica y está claramente orientada a la salvación del mundo, o sea es en esencia Doctrina del Corazón. En los cuatro sermones ya mencionados, y de los cuales se tienen versiones ahora muy antiguas, pues a principios de siglo se hallaron miles de manuscritos budistas de los siglos VII y VIII, época T’ang, en las Grutas de Tuhuang en China, que han sido trabajados y traducidos, se encuentran contenidas las enseñanzas recopiladas de Bodhidharma; las menciones a sutras son principalmente del Nirvana, Avatamsaka y Vimalakirti.

La Meditación sobre los Cuatro Actos

Este sermón describe brevemente la entrada al Camino a través de la razón (contemplación) y la práctica. La razón dice: «…significa comprender la esencia mediante la instrucción (la necesidad de un Maestro) y creer que todos los seres vivos comparten la misma naturaleza…», abandonando la ilusión, entrando en comunión con la cadena humana. Las cuatro prácticas son: sufrir la injusticia, o aceptación del Karma; adaptarse a los condicionamientos de la existencia; no buscar nada o matar el deseo; y practicar el Dharma. Las Cuatro Nobles Verdades.


El Tratado sobre el Linaje de la Fe

Propone que la búsqueda del Buda más allá de la Mente, como Yo real, es absurdo, y sostiene la perfecta identidad del Ser Interno o Propia Naturaleza con el Buda. Además hace hincapié en la inutilidad de las buenas obras y el mérito o el apego a la doctrina y la recitación de los sutras, frente al desvelamiento de la propia Naturaleza, como única vía de Iluminación.


El Sermón del Despertar

Este texto habla sobre la naturaleza del Nirvana o del estado de Iluminación que adviene tras el desapego total de las apariencias de este mundo, que generan en nosotros la sensación de lo agradable y lo desagradable, mediante lo cual se condiciona el Karma. Menciona aquí el vocablo Zen y lo define como un estado de vida en que se permanece inalterable, descondicionado y despierto, pero a la vez entregado a la caridad sin ningún tipo de pesar y renunciando a los frutos de dicho estado. El origen del sufrimiento es el mismo que el del Nirvana, por lo tanto se agota el sufrimiento en su vacío. Existe un necesario encadenamiento entre los Budas y los mortales cuando dice: «Los mortales liberan a los Budas y los Budas liberan a los mortales».


El Sermón de la Contemplación de la Mente

En la mente se encuentra la raíz de todas las cosas. El Sutra del Nirvana dice: «Todos los mortales cuentan con naturaleza búdica. Pero se halla cubierta con la oscuridad de la que no pueden escapar. Nuestra naturaleza Búdica es conocimiento: conocer y hacer que otros conozcan a otros. Realizar el conocimiento es la liberación». O sea, la contemplación de la mente es conocimiento. Conocimiento es ayudar a otros al propio conocimiento. La realización total del conocimiento es la liberación de todos los mortales.

Tres venenos infunden la muerte y la perdición: el odio, la codicia y la ilusión. El Camino Moral, la Meditación y la Iluminación son las vías para contrarrestarlos. Esto se ve mejor explicado en las seis Paramitas o Caridad, Moralidad, Paciencia, Devoción, Meditación y Sabiduría. Explica que las referencias a las obras meritorias como la construcción de monasterios, la recitación de los sutras, la prescripción de alimentos o las purificaciones, son el símbolo de prácticas internas que tienen que ver con la localización de determinados motores ocultos en la naturaleza humana, por lo tanto valorizar el contenido de las obras sin las prácticas discipulares es caer en la ilusión y atenerse a las consecuencias kármicas de lo bueno y lo malo.


Como vemos, estos sermones se encuentran plenamente imbuidos de la doctrina Mahayánica de la compasión hacia todos los seres y el necesario encadenamiento de sabios y mortales para liberar a toda la Humanidad.

Es la genuina enseñanza de los Maestros de Sabiduría que floreció de modo extraordinario en la oculta Transmisión de la Ley de un monje que vino del oeste para traer el Zen y algo más.



Figure of_ Bodhidharma

(Ming dynasty /1368–1644 / 17th century)
China

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El Profeta, Gibrán Khalil Gibrán

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lmustafá, el elegido y bienamado, el que era un amanecer en su propio día, había esperado doce años en la ciudad de orfalese la vuelta del barco que debía devolverlo a su isla natal.


A los doce años, en el séptimo día de Yeleol, el mes de las cosechas, subió a la colina, más allá de los muros de la ciudad, y contempló el mar. Y vio su barco llegando con la bruma.


Se abrieron, entonces, de par en par las puertas de su corazón y su alegría voló sobre el océano. Cerró los ojos y oró en los silencios de su alma.

Sin embargo, al descender de la colina, cayó sobre él una profunda tristeza, y pensó así, en su corazón. ¿Cómo podría partir en paz y sin pena? No; no abandonaré esta ciudad sin una herida en el alma.

Largos fueron los días de dolor que pasé entre sus muros y largas fueron las noches de soledad y, ¿quién puede separarse sin pena de su soledad y su dolor?


Demasiados fragmentos de mi espíritu he esparcido por estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo que marchan desnudos entre las colinas. No puedo abandonarlos sin aflicción y sin pena.


No es una túnica la que me quito hoy, sino mi propia piel, que desgarro con mis propias manos.
Y no es un pensamiento el que dejo, sino un corazón, endulzado por el hambre y la sed.


Pero, no puedo detenerme más.


El mar, que llama todas las cosas a su seno, me llama y debo embarcarme.


Porque el quedarse, aunque las horas ardan en la noche, es congelarse y cristalizarse y ser ceñido por un molde. Desearía llevar conmigo todo lo de aquí, pero, ¿cómo lo haré?


Una voz no puede llevarse la lengua y los labios que le dieron alas. Sola debe buscar el éter.


Y sola, sin su nido, volará el águila cruzando el sol. Entonces, cuando llegó al pie de la colina, miró al mar otra vez y vio a su barco acercándose al puerto y, sobre la proa, los marineros, los hombres de su propia tierra.


Y su alma los llamó, diciendo:


Hijos de mi anciana madre, jinetes de las mareas; ¡cuántas veces habéis surcado mis sueños! Y ahora llegáis en mi vigilia, que es mi sueño más profundo.


Estoy listo a partir y mis ansias, con las velas desplegadas, esperan el viento.


Respiraré otra vez más este aire calmo, contemplaré otra vez tan sólo hacia atrás, amorosamente.
Y luego estaré con vosotros, marino entre marinos. Y tú, inmenso mar, madre sin sueño.


Tú que eres la paz y la libertad para el río y el arroyo. Permite un rodeo más a esta corriente, un murmullo más a esta cañada.
Y luego iré hacia ti, como gota sin límites a un océano sin límites.


Y, caminando, vio a lo lejos cómo hombres abandonaban sus campos y sus viñas y se encaminaban apresuradamente hacia las puertas de la ciudad.


Y oyó sus voces llamando su nombre y gritando de lugar a lugar, contándose el uno al otro de la llegada de su barco. Y se dijo a sí mismo:


¿Será el día de la partida el día del encuentro? ¿Y será mi crepúsculo, realmente, mi amanecer?


¿Y, qué daré a aquel que dejó su arado en la mitad del surco, o a aquel que ha detenido la rueda de su lagar?

¿Se convertirá mi corazón en un árbol cargado de frutos que yo recoja para entregárselos?


¿Fluirán mis deseos como una fuente para llenar sus copas?

¿Será un arpa bajo los dedos del Poderoso o una flauta a través de la cual pase su aliento?


Buscador de silencios soy ¿qué tesoros he hallado en ellos que pueda ofrecer confiadamente?


Si es este mi día de cosecha ¿en qué campos sembré la semilla y en qué estaciones, sin memoria?


Si esta es, en verdad, la hora en que levante mi lámpara, no es mi llama la que arderá en ella.
Oscura y vacía levantaré mi lámpara.


Y el guardián de la noche la llenará de aceite y la encenderá.
En palabras decía estas cosas. Pero mucho quedaba sin decir en su corazón. Porque él no podía expresar, su más profundo secreto.


Y, cuando entró en la ciudad, toda la gente vino a él, llamándolo a voces.
Y los viejos se adelantaron y dijeron:

No nos dejes.

Has sido un mediodía en nuestro crepúsculo y tu juventud nos ha dado motivos para soñar.


No eres un extraño entre nosotros; no eres un huésped, sino nuestro hijo bienamado.
Que no sufran aún nuestros ojos el hambre de su rostro.


Y los sacerdotes y las sacerdotisas le dijeron:


No dejes que las olas del mar nos separen ahora, ni que los años que has pasado aquí se conviertan en un recuerdo. Has caminado como un espíritu entre nosotros y tu sombra ha sido una luz sobre nuestros rostros.


Te hemos amado mucho. Nuestro amor no tuvo palabras y con velos ha estado cubierto.
Pero ahora clama en alta voz por ti y ante ti se descubre. Siempre ha sido verdad que él amor no conoce su hondura hasta la hora de la separación.


Y vinieron otros también a suplicarle. Pero él no les respondió. Inclinó la cabeza y aquellos que estaban a su lado vieron cómo las lágrimas caían sobre su pecho.


El y la gente se dirigieron, entonces, hacia la gran plaza ante el templo.


Y salió del santuario una mujer llamada Almitra. Era una profetisa.


Y él la miró con enorme ternura, porque fue la primera que lo buscó y creyó en él cuando tan sólo había estado un día en la ciudad.


Y ella lo saludó, diciendo:


Profeta de Dios, buscador de lo supremo; largamente has escudriñado las distancias buscando tu barco.
Y ahora tu barco ha llegado y debes irte.


Profundo es tu anhelo por la tierra de tus recuerdos y por el lugar de tus mayores deseos y nuestro amor no te atará, ni nuestras necesidades detendrán tu paso.


Pero sí te pedimos que antes de que nos dejes, nos hables y nos des tu verdad.
Y nosotros la daremos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, y así no perecerá.


En tu soledad has velado durante nuestros días y en tu vigilia has sido el llanto y la risa de nuestro sueño.

Descúbrenos ahora ante nosotros mismos y dinos todo lo que existe entre el nacimiento y la muerte, como te ha sido mostrado.


Y él respondió:

Pueblo de Orfalese ¿de qué puedo yo hablar sino de lo que aún ahora se agita en vuestras almas?


  • El Amor


ijo Almitra: Háblanos del Amor.


Y él levantó la cabeza, miró a la gente y una quietud descendió sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:


Cuando el amor os llame, seguidlo.
Y cuando su camino sea duro y difícil.

Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunque la espada entre ellas escondida os hiriera.


Y cuando os hable, creed en él. Aunque su voz destroce nuestros sueños, tal cómo el viento norte devasta los jardines.
Porque, así como el amor os corona, así os crucifica.


Así como os acrece, así os poda.


Así como asciende a lo más alto y acaricia vuestras más tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, así descenderá hasta vuestras raíces y las sacudirá en un abrazo con la tierra.

Como trigo en gavillas él os une a vosotros mismos.


Os desgarra para desnudaros.
Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.
Os pulveriza hasta volveros blancos.

Os amasa, hasta que estéis flexibles y dóciles.


Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que podáis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagrada de Dios.


Todo esto hará el amor en vosotros para que podáis conocer los secretos de vuestro corazón y convertiros, por ese conocimiento, en un fragmento del corazón de la Vida.


Pero si, en vuestro miedo, buscaréis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales.


Hacia un mundo sin primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.


El amor no da nada más a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo.


El amor no posee ni es poseído.


Porque el amor es suficiente para el amor.
Cuando améis no debéis decir: “Dios está en mi corazón”, sino más bien: “Yo estoy en el corazón de Dios.”


Y pensad que no podéis dirigir el curso del amor porque él si os encuentra dignos, dirigirá vuestro curso.


El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.


Pero, si amáis y debe la necesidad tener deseos, que vuestros deseos sean éstos:


Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodía a la noche.
Saber del dolor de la demasiada ternura.


Ser herido por nuestro propio conocimiento del amor. Y sangrar voluntaria y alegremente.
Despertarse al amanecer con un alado corazón y dar gracias por otro día de amor.


Descansar al mediodía y meditar el éxtasis de amar. Volver al hogar con gratitud en el atardecer.


Y dormir con una plegaria por el amado en el corazón y una canción de alabanza en los labios.


  • El Matrimonio


ntonces, Almitra habló otra vez: ¿Qué nos diréis sobre el Matrimonio, Maestro?


Y él respondió, diciendo:


Nacisteis juntos y juntos para siempre.


Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.


Sí; estaréis juntos aun en la memoria silenciosa de Dios. Pero dejad que haya espacios en vuestra cercanía.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.


Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.


Llenaos uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.
Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.


Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.
Las cuerdas de un laúd están solas, aunque tiemblen con la misma música.


Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener los corazones.


Y estad juntos, pero no demasiado juntos. Porque los pilares del templo están aparte.


Y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.


  • Los Niños


una mujer que sostenía un niño contra su seno pidió: Háblanos de los niños.


Y él dijo:


Vuestros hijos no son hijos vuestros.


Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros.
Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen.


Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.


Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas.


Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros.


Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante.


El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana.

Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. Porque, así como El ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable.


  • El Dar


ntonces, un hombre rico dijo: Háblanos del dar.


Y él contestó:


Dais muy poca cosa cuando dais de lo que poseéis.
Cuando dais algo de vosotros mismos es cuando realmente dais.


¿Qué son vuestras posesiones sino cosas que atesoráis por miedo a necesitarlas mañana?


Y mañana, ¿qué traerá el mañana al perro que, demasiado previsor, entierra huesos en la arena sin huellas mientras sigue a los peregrinos hacia la ciudad santa? ¿Y qué es el miedo a la necesidad sino la necesidad misma?


¿No es, en realidad, el miedo a la sed, cuando el manantial está lleno, la sed inextinguible?


Hay quienes dan poco de lo mucho que tienen y lo dan buscando el reconocimiento y su deseo oculto malogra sus regalos.
Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.


Son éstos los creyentes en la vida y en la magnificencia de la vida y su cofre nunca está vacío.
Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.


Y hay quiénes dan con dolor y ese dolor es su bautismo.


Y hay quienes dan y no saben del dolor de dar, ni buscan la alegría de dar, ni dan conscientes de la virtud de dar.
Dan como, en el hondo valle, da el mirto su fragancia al espacio.


A través de las manos de los que como esos son, Dios habla y, desde el fondo de sus ojos, El sonríe sobre la tierra.
Es bueno dar algo cuando ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.


Y, para la mano abierta, la búsqueda de aquel que recibirá es mayor goce que el dar mismo.


¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día.
Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de vuestros herederos.


Decís a menudo: “Daría, pero sólo al que lo mereciera.” Los árboles en vuestro huerto no dicen así, ni lo dicen los rebaños en vuestra pradera.


Ellos dan para vivir, ya que guardar es perecer.


Todo aquel que merece recibir sus días y sus noches, merece, seguramente, de vosotros todo lo demás.
Y aquel que mereció beber el océano de la vida, merece llenar su copa en vuestro pequeño arroyo.


¿Y cuál será mérito mayor que el de aquel que da el valor y la confianza -no la caridad- del recibir?


¿Y quiénes sois vosotros para que los hombres os muestren su seno y os descubran su orgullo para que así veáis sus merecimientos desnudos y su orgullo sin confusión?


Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser un instrumento del dar.


Porque, a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.
Y vosotros, los que recibís -y todos vosotros sois de ellos- no asumáis el peso de la gratitud, si no queréis colocar un yugo sobre vosotros y sobre quien os da.


Eleváos, más bien, con el dador en su dar como en unas alas.


Porque exagerar vuestra deuda es dudar de su generosidad, que tiene el libre corazón de la tierra como madre y a Dios como padre.


  • El Comer y el Beber


ntonces, un viejo que tenía una posada dijo: Háblanos del comer y del beber.


Y él respondió:


Ojalá pudiérais vivir de la fragancia de la tierra y, como planta del aire, ser alimentados por la luz.


Pero, ya que debéis matar para comer y robar al recién nacido la leche de su madre para apagar vuestra sed, haced de ello un acto de adoración.


Y haced que vuestra mesa sea un altar en el que lo puro y lo inocente, el buque y la pradera sean sacrificados a aquello que es más puro y aún inocente que el hombre.


Cuando matéis un animal, decidle en vuestro corazón: “El mismo poder que te sacrifica, me sacrifica también; yo seré también destruido.


La misma ley que te entrega en mis manos me entregará a mí en manos más poderosas.
Tu sangre y mi sangre no son otra cosa que la savia que alimenta el árbol del cielo.”


Y, cuando mordáis una manzana, decidle en vuestro corazón:

“Tus semillas vivirán en mi cuerpo. Y los botones de tu mañana florecerán en mi corazón. Y tu fragancia será mi aliento.
Y gozaremos juntos a través de todas las estaciones.”


Y, en el otoño, cuando reunáis las uvas de vuestras vides para el lagar, decid en vuestro corazón:


“Yo soy también una vid y mi fruto será llevado al lagar. Y, como vino nuevo será guardado en vasos eternos.”
Y, en el invierno, cuando sorbáis el vino, que haya en vuestro corazón un canto para cada copa.


Y que haya en ese canto un recuerdo para los días otoñales y para la vid y para el lagar.


  • El Trabajo


ntonces, dijo el labrador: Háblanos del trabajo.


Y él respondió, diciendo:


Trabajáis para seguir el ritmo de la tierra y del alma de la tierra.


Porque estar ocioso es convertirse en un extraño en medio de las estaciones -y salirse de la procesión de la vida, que marcha en amistad y sumisión orgullosa hacia el infinito.


Cuando trabajáis, sois una flauta a través de cuyo corazón el murmullo de las horas se convierte en música.
¿Cuál de vosotros querrá ser una caña silenciosa y muda cuando todo canta al unísono?


Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia.


Pero yo os digo que, cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra, asignada a vosotros cuando ese sueño fue nacido.


Y, trabajando, estáis, en realidad, amando a la vida.
Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida.


Pero si, en vuestro dolor, llamáis al nacer una aflicción y al soportar la carne una maldición escrita en vuestra frente, yo os responderé que nada más que el sudor de vuestra frente lavará lo que está escrito.


Se os ha dicho también que la vida es oscuridad y, en vuestra fatiga, os hacéis eco de la voz del fatigado.
Y yo os digo que la vida es, en verdad, oscuridad cuando no hay un impulso.


Y todo impulso es ciego cuando no hay conocimiento. Y todo saber es vano cuando no hay trabajo.


Y todo trabajo es vacío cuando no hay amor.
Y cuando trabajáis con amor, os unís con vosotros mismos, y con los otros, y con Dios.


¿Y qué es trabajar con amor?


Es tejer la tela con hilos extraídos de vuestro corazón como si vuestro amado fuera a usar esa tela.
Es construir una casa con afecto, como si vuestro amado fuera a habitar en ella.


Es plantar semillas con ternura y cosechar con gozo, como si vuestro amado fuera a gozar del fruto.
Es infundir en todas las cosas que hacéis el -aliento de vuestro propio espíritu.


Y saber que todos los muertos benditos se hallan ante vosotros observando.


He oído a menudo decir, como si fuera en sueños: “El que trabaja en mármol y encuentra la forma de su propia alma en la piedra es más noble que el que labra la tierra.”

“Aquel que se apodera del arco iris para colocarlo en una tela transformada en la imagen de un hombre es más que el que hace las sandalias para nuestros pies.”


Pero, yo digo, no en sueños, sino en la vigilia del mediodía, que el viento no habla más dulcemente a los robles gigantes que a la menor de las hojas de la hierba.

Y solamente es grande el que cambia la voz del viento en una canción, hecha más dulce por-u propio amor.
El trabajo es el amor hecho visible.


Y si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosna de los que trabajan gozosamente.


Porque, si horneáis el pan con indiferencia estáis horneando un pan amargo que no calma más que a medias el hambre del hombre.


Y si refunfuñáis al apretar las uvas, vuestro murmurar destila un veneno en el vino.
Y si cantáis, aunque fuera como los ángeles, y no amáis el cantar, estáis ensordeciendo los oídos de los hombres para las voces del día y las voces de la noche.


  • La Alegría y el Dolor


ntonces, dijo una mujer: Háblanos de la Alegría y del Dolor.


Y él respondió:


Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara.
Y la misma fuente de donde brota vuestra risa fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas.

Y ¿cómo puede ser de otro modo?


Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón, más alegría podréis contener.


¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero?


¿Y’ no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la misma madera que fue tallada con cuchillos?


Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón y encontraréis que es solamente lo que, os produjo dolor, lo que os da alegría.


Cuando estéis tristes, mirad de nuevo en vuestro corazón y veréis que estáis llorando, en verdad, por lo que fue vuestro deleite.


Algunos de vosotros decís: “La alegría es superior al dolor” y otros: “No, el dolor es más grande.”
Pero yo os digo que son inseparables.


Vienen juntos y, cuando uno de ellos se sienta con vosotros a vuestra mesa, recordad que el otro está durmiendo en vuestro lecho.


En verdad, estáis suspensos, como fiel de balanza, entre vuestra alegría y vuestro dolor.


Sólo cuando vacíos estáis quietos y equilibrados.
Cuando el tesorero os levanta para pesar su oro y su plata, es necesario que vuestra alegría o vuestro dolor suban o bajen.




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Formas mentales y cómo dominarlas

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Septiembre de 1980



Formas mentales…

Como la popularización del “esoterismo” (falacia: lo esotérico, al vulgarizarse y darse a conocer a muchos no suficientemente probados, pasa a ser “exotérico”; el Esoterismo real jamás será divulgado «a tontas y a locas») ha creado muchos conceptos y opiniones evidentemente deformadas y carentes de fundamento sólido, lo que, a la larga, beneficia solamente al materialismo y excepticismo históricos, y produce un creciente número de personas destrozadas psíquica y físicamente por los “aficionados” a las llamadas Ciencias Ocultas. Por ello, vamos a poner en claro algunos puntos fundamentales con una intencionalidad puramente profiláctica.



Una forma es siempre mental

La forma no es la materia que la refleja, contiene o expresa. Debajo de una hoja de papel ponemos un imán y sobre ella limaduras de hierro, veremos que el simple amontonamiento anárquico de estas partículas toma la forma de los husos magnéticos emitidos por el imán. La forma de los husos no proviene de la materia, sino de la orientación magnética e invisible que genera el imán. Así, la forma material responde siempre a una forma ya existente en los planos sutiles o energéticos.

La variedad de forma energética más sutil que conocemos es la forma mental, pues aun la forma del imán fue pensada, y su magnetismo responde a una modalidad de la Mente Cósmica, adaptada por la mente humana bajo la apariencia del imán. La mente humana es sólo una “cristalización” de la Mente Cósmica en la cual está inserta su voluntad de ser: lo que los indos llaman Manas Taihasi.

Por lo tanto, la forma material es siempre pasajera y perecedera; y vive tanto como la forma mental que la alienta.



Una forma mental tiene gran fuerza

Dada la plasticidad de los planos sutiles, una Idea-Forma tiene una gran efectividad, pues se adapta como Ser para plasmarse en la Substancia del mundo fenoménico, que es el que vulgarmente percibimos. Una forma mental, debidamente expresada y alimentada, produce inexorablemente cambios en la esfera de lo material, que siempre se deja arrastrar por ella, ya que la materia no tiene ni forma ni voluntad, fuera de su propia existencialidad.

Así se encadenan las corrientes de opinión, las modas, la propaganda. Son meras formas mentales dirigidas a obrar sobre la materia después de haber ejercido su poder sobre las mentes abúlicas de los hombres masificados. El llamado en España “chaquetero” no es más que una víctima de esas corrientes, debidamente apoyadas en la robotización de las formas materiales, pre-programadas por formas mentales.

Los colores, los sonidos y músicas, las actitudes, las maneras de vivir constituyen la “moral” del momento, o sea, la “costumbre” que rige a las masas. En la lucha de las formas mentales, la más organizada y fuerte se impone, y con los restos de las ideas vencidas construye refuerzos para su propia forma.



Una forma mental tiene gran fuerza pero no es invencible

Acabamos de ver, a grandes rasgos, el poder de una forma mental. ¿Se la puede vencer?

Sí; con otra forma mental de signo contrario y mayor fuerza, sobre todo espiritual, ya que los actos y voliciones expresados en los planos más sutiles tienen prioridad sobre los menos sutiles, que son más lentos y frágiles, por su propia “vitrificación”. Una Idea-Forma, motivada por el espíritu y bien delineada por una mente poderosa, puede sobreponerse a las ideas-forma de los vicios y de todo aquello que tenga que ver con el inestable mundo psicofísico.

Toda mujer, todo hombre, tienen en su seno espiritual la fuerza necesaria para plasmar y emitir formas mentales. La general debilidad de las emisiones se debe al desconocimiento de la técnica y a las dudas que en sus propias almas ha sembrado la deficiente educación actual, que entroniza la fragilidad, la duda y el capricho. Pero las mentes disciplinadas por el esfuerzo, la voluntad de ser, la carencia de vicios e ideas circulares que consumen energía sin salir de su órbita, ofrecen interesantes oportunidades de vencer toda forma de adversidad, transmutándola en experiencia positiva y en hechos exitosos.

Recordemos que, ultérrimamente, una forma mental se vence tan sólo con otra forma mental. La disciplina física, la higiene, las canciones, los bellos panoramas, los sentimientos altruístas son auxiliares invalorables en la lucha contra una mala forma mental. Son ayudas la oración y el trabajo, el sentido heroico de la generosidad hacia nuestros semejantes y la propia dignidad de la persona.



¿Cómo se domina definitivamente una forma mental?

Primeramente, venciéndola dentro de nosotros mismos.

Quien no se domine a sí mismo jamás podrá dominar su entorno, pues si bien lo analizamos, su primer entorno lo constituyen sus propios vehículos de conciencia en lo pasional, vital y físico.

Quien, sometido a circunstancias más o menos normales, no puede levantarse de la cama por las mañanas aun deseándolo firmemente, no sueñe con levantar ideologías ni tener seguidores, salvo que se trate de tontos. Quien se alza dentro de sí mismo y da la cara a la adversidad o al maleficio es el único que puede vencer esas circunstancias.

Quien no lo hace y se rodea de los insectos invisibles de la suciedad mental, es un muerto que camina… y pronto le alcanza la muerte física sin haber dejado en el mundo huella de su paso.


Lograda esta primera fase, la siguiente consiste en ponerlo en práctica de una manera sistemática, sin claudicaciones ni interrupciones. Sabemos que muchos estudiantes odian visceralmente toda forma de disciplina, pero este rechazo ha sido provocado artificialmente por oscuros intereses cuyos “testaferros” son los materialistas de cualquier signo o los pseudoespiritualistas de exóticas anarquías, atrapados por su propia campana magnético-biológica, que los bestializa.


Es fundamental no “dormirse en los laureles”, pues la forma mental nefasta pudo haber sido rechazada pero no transmutada. Si pensamos en la plasticidad de las formas mentales, veremos qué difícil es estar seguro de que las hemos dejado atrás. Esa seguridad la darán los cambios que ocurren en la vida de la persona que ha hecho el esfuerzo. Si física, vital, psíquica y mentalmente es más limpio y puro, es que ha triunfado. Si no ocurre eso, sino que se han reemplazado con drogas u obsesiones fanáticas, la vieja forma mental negativa sobrevive, con distinta apariencia.


Un ambiente puro, sanas compañías, rectos medios de vida. Evitar a los “santones” que dan “iniciaciones” en un cursillo de verano; son el más sano preventivo trabajar y estudiar activamente. No dar al sexo más importancia que la que tiene. Cultivar el Amor, la Generosidad, las Artes, Letras y Ciencias. Evitar excesos en el comer, beber y fumar.


Mantener todos los días, al acabar la jornada, un breve pero fecundo análisis de conciencia. Creer, no por costumbre, sino por convencimiento interior, en Dios y en la inmortalidad del Alma. Rechazar el mal venga de donde venga. Preferir siempre las músicas y ambientes espirituales a las desenfrenadas orgías. Todo ello conforma un seguro dispositivo vital que nos salvaguarda de caer en las redes de las formas mentales que nos son ajenas.


Quien vive de la forma arriba indicada, se transmuta, lenta pero inexorablemente. Vive a la vez un Tiempo Nuevo, pletórico de felicidad, rico en matices, cargado de posibilidades de triunfo en todos los planos. Nuestro concepto de “Acrópolis” o “Ciudad Alta” no es otro que el de conformar una sociedad mejor con individuos mejores.


A ellos no les afectan las formas mentales pasajeras y no se dejan llevar por catastrofismos. Saben que la Voluntad, cabalgando formas mentales nuevas, jóvenes y poderosas, lo vence todo. En cierto modo, ni la muerte existe para estos seres pues se han imbricado en la Vida-Una, la que no cesa jamás. Se renueva, pero no se detiene nunca, con la marcha misma de la Naturaleza.

Un Nuevo Reloj marca para ellos tan sólo horas felices; ellos marchan con el tiempo nuevo.


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