Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

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Inscrito en el Espíritu del creyente


a vía perfecta no conoce ninguna dificultad sino que evita toda preferencia.

Se revela plenamente sin máscaras una vez que se ha liberado del amor y del odio.

Una diferencia de un décimo de pulgada y el cielo y la tierra quedan separados.


Si deseáis que se manifieste no abriguéis ningún pensamiento, ni a su favor, ni en contra de ella.

Oponer lo que amáis a lo que no amáis es la enfermedad del espíritu. Cuando no se comprende su sentido profundo la paz del espíritu se turba y nada se gana. Perfecta como el vasto espacio, nada le falta y nada le sobra.

Cuando se elige, la verdad absoluta desaparece.


No persigáis las complicaciones exteriores, no os detengáis en el Vacío interior. Cuando el espíritu permanece sereno en la unidad de las cosas, el dualismo se desvanece por sí mismo.

Cuando la unidad de las cosas no es comprendida hasta el fondo, el error se manifiesta de dos maneras: el rechazo de la realidad puede llevar a su negación, y el detenerse en el Vacío puede llevar a una contradicción consigo mismo.

Frases huecas, juegos del intelecto, cuanto más nos entregamos a ellos, más nos perdemos. Alejémonos de ellos y no habrá ningún lugar por el cual no podamos pasar libremente.


Cuando descendemos hasta la raíz, alcanzamos el sentido. Cuando perseguimos los objetos exteriores, perdemos el sentido.

En el momento en que obtenemos la iluminación, trascendemos el vacío del mundo y su oposición a nosotros.


os cambios que se producen en el mundo vacío que se mantiene frente a nosotros, parecen reales debido a la ignorancia. No intentéis buscar la verdad, dejad de abrigar opiniones. No os detengáis en el dualismo, evitadlo con cuidado.


En cuanto establecéis el bien y el mal, surge la confusión y el espíritu se pierde. La dualidad existe debido al uno, pero no os aferréis ni siquiera a ese uno.

Cuando la unidad del espíritu no es turbada, las diez mil cosas del exterior no pueden ofenderlo. Cuando de ellas no viene ninguna ofensa, es como si no existieran. Cuando el espíritu no es turbado, es como si no hubiese espíritu.

El sujeto se calma en cuanto cesa el objeto, el objeto cesa en cuanto el sujeto se calma. El objeto no es un objeto para el sujeto, el sujeto es un sujeto para el objeto. Sabed que la relatividad de los dos reside, en último termino, en la unidad del Vacío.

En la unidad del Vacío los dos son uno y cada uno de los dos contiene en sí a las diez mil cosas. Cuando no se discrimina entre esto y aquello, no puede surgir una visión parcial y preconcebida. La visión es calmada y de espíritu amplio, en ella nada es fácil y nada es difícil.


Las opiniones parciales son indecisas, cuanto primero se adoptan, más tarde desaparecen. Al aferrarse a las pasiones se va más allá de los límites justos, lanzándose con seguridad por el camino equivocado. Soltad presa, dejad las cosas como están, su esencia ni se mueve ni permanece inmóvil.


Obedeciendo a la naturaleza de las cosas, estáis de acuerdos con ellas, pero cuando vuestros pensamientos están aferrados a ellas, os desviáis de la verdad. Si deseáis recorrer el camino del gran vehiculo, no mantengáis ningún prejuicio con respecto a los objetos de los sentidos.

Cuando ya no mantengáis prejuicios contra ellos, os identificareis con la Iluminación.

Los sabios practican la no-acción y los ignorantes se encadenan a sí mismos. Aunque en el sendero no hay individualización alguna, se aferran por ignorancia a los objetos particulares y sus propios espíritus crean las ilusiones. Esta es la mayor de las contradicciones.


La ignorancia origina el dualismo entre el reposo y el no-reposo. Todas las formas del dualismo son inventadas por la propia ignorancia del espíritu. Son como visiones y flores en el aire y entramos en la confusión al intentar aferrarnos a ellas.

Si el ojo nunca duerme los sueños desaparecerán. Si el espíritu mantiene su unidad, las diez mil cosas exteriores son de la misma esencia única.

Cuando las diez mil cosas exteriores son consideradas en su unidad, retornamos al origen y seguimos siendo lo que somos.

Olvidando el porqué de las cosas, alcanzamos un estado situado más allá de la analogía.


l movimiento inmóvil es no movimiento y la calma en movimiento no es calma. Cuando ya no reina el dualismo la unidad no subsiste.


El fin ultimo de las cosas, más allá del cual no pueden ir, no está limitado por reglas ni medidas; el espíritu en armonía con el Camino es el principio de identidad donde todas las acciones permanecen en un estado de quietud; las vacilaciones son apartadas totalmente y la fe justa es restaurada en su rectitud original; nada queda retenido ni hay nada que se deba recordar, todo es Vació luminoso, y contiene en sí un principio de Iluminación.


No hay trabajo, ni esfuerzo, ni pérdida de energía. Hasta allí no alcanza el pensamiento, ni la imaginación puede evolucionar. En el dominio más elevado de la verdadera esencia no hay ni “otro” ni “sí mismo”. Cuando se quiere dar una identificación directa, no podemos decir más que “no dos”. No siendo dos, todo es lo mismo y todo lo que es, allí está comprendido.


En todas las partes de la tierra, los sabios comparten esta fe absoluta. Esta fe absoluta está más allá del tiempo y del espacio, en ella un instante es diez mil años.

Poco importa cómo estén condicionadas las cosas, sea por el “ser” o por el “no ser”. Todo se manifiesta en todas partes ante nosotros.


Lo infinitamente pequeño es tan vasto como puede serlo la inmensidad, cuando se olvidan las condiciones exteriores; lo infinitamente grande es tan pequeño como puede serlo lo infinitamente pequeño, cuando los límites objetivos se apartan de la visión.

Lo que es, lo mismo que lo que no es. Cuando este estado de cosas no llega a producirse, no os detengáis. Uno en el todo, todo en el uno.


Si únicamente realizáis esto, ¡no os atormentéis con respecto a vuestra imperfección! el espíritu que cree no esta dividido, pues el espíritu que cree es individido.

Por eso las palabras son impotentes, puesto que esto no pertenece ni al pasado, ni al porvenir, ni al presente.


Seng Tsan

(Hsin sin ming – Inscrito en el Espíritu del creyente)





Oyes el murmullo del arroyo?


En  cierta ocasión un monje se dirigió a Gensha queriendo conocer dónde estaba la entrada del Sendero de la Verdad.

Gensha le preguntó:

_ Oyes el murmullo del arroyo?

_ Sí, lo oigo.

_ Allí esta la entrada.





La Clara Virtud Del Zen

Autor: MANLY P. HALL

Traducido del inglés por: Alberto Fornes. Editorial KIER, Buenos Aires.

 

 

EL ESPÍRITU DEL ZEN

El Zen ha traído belleza y paz interior a las gentes de muchas naciones orientales. Ha inspirado un gran arte y suaves costumbres. Ha dado amplitud de mente y un corazón agradecido, promoviendo por doquier la afabilidad del espíritu y una fuerza de convicción.

El Zen es parte de un legado impagable de sabiduría, y ha sobrevivido a los siglos, porque los hombres lo han hallado de apoyo vital en generaciones de temor e incertidumbre. Como ahora vivimos en el período más crítico que jamás se haya registrado en la historia, experimentamos una necesidad apremiante por una mejor y más profunda comprensión de la vida.

Trataré pues, de explicar en sencillas palabras qué es lo que el Zen significa para mí, no como sistema de credo abstracto, sino como una inmediata guía de conducta. La búsqueda eterna del hombre es hallar su sereno Yo, escondido en las profundidades de su eterno Ser.

Hallar este Yo es descubrir el propósito de la existencia humana. Comprender este Yo, es conocer las leyes de la redención humana, y vivir en armonía con este Yo es gozar de una serena existencia. Así como la superficie del mar es agitada por los vientos, así también son agitadas las emociones y pensamientos de los hombres por las tormentas de la circunstancia. Pero la tempestad no llega a agitar las profundidades del mar, y en cada uno de nosotros yace una región de paz donde el Yo mora para siempre en bienaventuranza. Buda dijo del “Yo iluminado”: es profundo, inmensurable, insondable, como el gran océano.


Para la mayoría de los estudiantes de la filosofía Oriental, el Zen es una extraña y austera escuela de auto-disciplina, acuñada en el Oriente impenetrable, y completamente más allá de la comprensión del hombre Occidental. Parece ser una doctrina de contradicciones enseñada en enigmas.

Sin embargo es el camino sencillo y directo que conduce a acabar con el sufrimiento.

De esto Buda escribió: “Habiendo logrado serenidad, nos tornamos tranquilos de cuerpo, y tranquilos de mente”.

La historia del Zen comienza hace más de 25 siglos, cuando Gautama Buda, estaba predicando a sus discípulos por los caminos polvorientos del Indostán. Un día el gran sabio de la India llegó a un lugar denominado “Pico de Buitre” y haciendo una rueda con los estudiantes les habló del misterio de la gran Paz. Mientras hablaba, un foráneo se le adelantó para hacer una ofrenda, e inclinándose ante el Buda depositó en sus manos, una gloriosa flor de loto color dorado.

El sabio se quedó silencioso por un largo rato, contemplando serenamente a la hermosa flor. Al fin, uno de los discípulos se sonrió levemente, y el maestro dirigiéndose a él, le dijo:

“Percibo que tú solamente has recibido la doctrina”. Así, el darse cuenta del “modo sereno”, fue silenciosamente transmitido al corazón que aguarda del que buscaba la verdad.

No hay manera adecuada de definir al Zen, la palabra mismo significa “meditación abstracta”.


El Zen no es en verdad una religión, filosofía y ciencia como así interpretamos esos términos en el Occidente. Sin embargo busca la meta que todas éstas tratan de lograr. Es la experiencia inmediata de una existencia que va más allá de la mente, y por la cual todos los hábitos y actitudes del individuo pueden ser controlados y dirigidos a sus metas correctas, el conocer Aquello que es eternamente Verdad.

Bodhidharma fue el primer patriarca de la secta del Zen. En los comienzos del Siglo VI este severo monje budista, hizo la larga y peligrosa travesía de la India a la China. Sus enseñanzas lograron un profundo y duradero efecto en la cultura china, y a su tiempo fue transmitida al Japón, donde ha florecido desde entonces.


De acuerdo a lo que dijo Bodhidharma originalmente, el Zen es trasmitido sin ninguna referencia a las Sagradas Escrituras, pero deriva de ellas. Es un darse cuenta basado solamente en una experiencia Intima, y no depende de instrucción oral o escrita. Se ocupa en su totalidad de la vida interior del individuo, y conduce a la comprensión de la propia naturaleza de cada uno.

Debido a que el Zen no está basado en la autoridad de un maestro o enseñanza, debe resultar de descubrimientos que hacen las personas que reflexionan, cuando llegan a cansarse de las desgracias. Estos descubrimientos se llaman experiencias, y cada una de ellas nace de la que le precede, exceptuando la primera, que resulta sencillamente de darse cuenta que nos ha faltado el coraje y la comprensión para vivir vidas equilibradas.


Cada experiencia se comprueba al progresar, de manera que en ningún momento nos es requerido aceptar, idea o credo, que aún no hemos descubierto ser verdaderos. Así, en verdad, nos guiamos y nos conducimos nosotros mismos. Todo lo que necesitamos es sinceridad, y un poco de coraje, y éstos se tornarán más fuertes a medida que sentimos sus beneficios.

Nuestro descubrimiento de los valores prácticos del Zen, se desarrolla de acuerdo a un plan de diez pasos.

La primera experiencia es una necesidad apremiante de comprender más de lo que ahora comprendemos.

El segundo paso es la experiencia que nos es posible lograr de un grado de comprensión necesaria para nuestra seguridad interna.

El tercer paso es el darse cuenta que la paz interior puede ser lograda solamente a través del correcto control de nuestros pensamientos y emociones.

El cuarto paso es darse cuenta que no puede mejorarse el carácter sin auto-disciplina.

Quinto paso: la vida mental, emocional y física puede ser traída bajo el control de un propósito “iluminado”.

Sexto paso: es darse cuenta que el control sobre los pensamientos y emociones puede obtenerse sin énfasis y tensión de cualquier clase.

Séptimo paso: es la experiencia de que el correcto control, hace posible la condición de completa paz interior, reduciendo gradualmente el poder de los factores externos que alteran la paz interior. Octavo paso: es la experiencia de que a través de la quietud es posible tornarse receptivo a toda la belleza y sabiduría del Universo.

Noveno paso: es la experiencia de que existimos eternamente en el espacio, y que la verdadera felicidad y paz del alma nos llega por la completa aceptación del Plan Universal y sus Leyes.

Décimo paso: es la experiencia de que la consciencia pura, más allá de la voluntad propia, y auto-propósito, nos conduce a la unión con esa realidad innombrable.


El Zen empieza a tener especial significado para nosotros, cuando nos damos cuenta que la naturaleza nos ha dotado de todo recurso necesario para una serena existencia. Podemos ser seres bien equilibrados. Todo lo que se necesita es una tranquila determinación, sostenida diligentemente.

Eso se describe como “recto pensar”, que conduce a la completa libertad mental. Cuando nos liberamos de la tiranía de nuestros propios pensamientos y emociones, descubrimos a la verdadera felicidad. Los viejos hoscos maestros del Zen tenían poca paciencia con los tontos.


Ellos demostraban que todos tenemos el derecho de elegir. Y cuando elegimos vivir incorrectamente, también elegimos sufrir. No hay necesidad de tenerse uno mismo lástima, y no hay lugar para apiadarse de uno mismo en las enseñanzas del Zen. El jardinero tonto está triste porque tiene yuyos en el jardín, que solamente demuestran su negligencia. El jardinero sagaz, mantiene su jardín libre de malezas, y no tiene porqué estar descontento.


Los yuyos no se van solos, ni las malas costumbres se corrigen solas.

El Zen es una doctrina de acción directa, la clave es el Ahora. Este es el momento en que podemos obrar. Pero Vd. me dirá “este momento ya pasó, aún así hablando, el Ahora, se pasa al pasado”. Sin embargo, el Ahora nunca puede ser el pasado. El tiempo pasa pero el Ahora se queda siempre con nosotros.


El hombre es un ser que solamente puede vivir Ahora, todo lo demás es una invención psicológica. Lo que llamamos el pasado, es sencillamente el recuerdo que el hombre tiene del pasado Ahora. Lo que llamamos el Futuro, es la esperanza que tiene el hombre del futuro en este momento Ahora. Somos no-contemporáneos, solamente porque nos atamos a algo fuera de nosotros: El tiempo. Y el tiempo se torna el tirano más grande en nuestras vidas. Algunos dirán que necesitamos la instrucción moral del pasado, y el incentivo de la esperanza en el futuro para impelernos a adelantar en la vida.


El Zen no descarta del todo el pasado y el futuro, pero insiste en que la sola razón por la cual nos apoyamos tan pesadamente sobre ellos, es porque el presente es un vacío. Haz el presente dinámicamente correcto, y aquello que fue bueno en el pasado perdurará y lo demás cesará. Haz correctamente el presente y aquello que es necesario para el futuro vendrá.

¿Pero cómo puede el individuo liberarse del ayer y del mañana, para que pueda vivir Ahora? El Zen contesta esto con el concepto de la dinámica aceptación.

Generalmente pensamos en la aceptación como un resignarse a lo inevitable, significando que debemos aguantar nuestras cargas con triste dignidad; pero en la dinámica aceptación del Zen, hay un fuerte elemento de actividad. La palabra dinámica implica una cierta ansia, como de una criatura explorando el mundo del saber; es aceptar que todo el programa es positivo. Pues es un movimiento hacia el mejoramiento de uno mismo.


La aceptación dinámica, interpretada por el Zen, es una aventura en aceptación. Es el descubrimiento de no sólo lo que necesitamos saber, sino de lo que queremos saber. Nos provee con más sabiduría y comprensión, dándonos el poder de vivir vidas más ordenadas y placenteras.

Hay también un Zen de la correcta observación, y éste revela lo que debe ser aceptado, fortalece la resolución y la comprensión. Aprendemos a su debido tiempo, que el medio de la Ley Universal siempre es el mejor camino. Comprender esta noble ley, es ser sabio, y obedecer esta ley es ser virtuoso. A través de la serena práctica de la correcta observación, nos tornamos más atentos a los acontecimientos diarios, descubriendo la verdad, no en lo extraordinario, sino en lo corriente.


La aceptación del Zen nos permite actuar con sencillez, desenredarnos de complicaciones.

Cuando aceptamos los cambios de la vida, como nos son revelados por nuestros sentidos de percepción, logramos una nueva relación con la vida. Todos los procesos naturales van hacia el cumplimiento de sus propósitos con magnífica certitud.


La naturaleza en su asombrosa obra sostiene una infinidad de actividades diversas, pero jamás en verdad es complicada. La complicación yace en nosotros; y resolvemos esta complicación, por la sencilla y bondadosa voluntad de ser, y con amor aceptar las realidades obvias, que están dentro de nuestra comprensión. Hay un poder misterioso que resuelve, que se allega a nosotros cuando aceptamos lo correcto del propósito divino. No es fácil, sin embargo, hacer esta aceptación con sentido, sino hemos logrado un estado de quietud interior. Y esta paz interna, es algo que parece ser especialmente difícil de encontrar en nuestra manera de vivir.

 

“Calligraphy on Red Daruma”. De TOREI ENJI (1721-1792)

Derechos Imagen Belinda Sweet ©

Estamos constantemente rodeados por el ruido de tránsito o industria. Confundidos por las demandas de amigos y adversarios, y cargados con obligaciones y responsabilidades. En el medio de este torbellino cada uno de nosotros deberá hallar su camino, hacia una quietud de espíritu. Primeramente hemos de recordar que no es necesario hacernos de esta confusión, porque existe alrededor nuestro.

Podemos movernos a través de ella y más allá de ella, hacia valores que siempre perduran. El discípulo del Zen logra esto con una sencilla declaración que merece nuestra más ponderada consideración. Enfrentando la turbación mundana, él dice, “Esto no soy yo, y porque no es yo, no puede molestar mi conciencia a no ser que yo lo permita”.


A través de la aceptación, poco a poco nos vamos dando cuenta de las lecciones de la vida, y más que nada, qué es lo que significan estas lecciones para nosotros. Nos vamos dando cuenta de las realidades de estas leyes, y principios, operando eternamente en el mundo que nos rodea y en el mundo dentro de nosotros. A través de estos descubrimientos, llegamos a tener una base sólida de fe. Aprendemos a amar leyes que antes teníamos. Sentimos el Universo como hermoso y legítimo, y hallamos esa seguridad que llega a aquéllos que hallan refugio en la Ley.

La práctica del Zen por consiguiente, nos ayuda a vivir en la ley, y finalmente en perfecta fe, permitir que la ley nos mueva a nosotros, de acuerdo a su voluntad.


Para comprender las leyes que gobiernan la vida, debemos aceptar el concepto Zen del movimiento Universal. El movimiento se revela siempre a través del cambio y como el movimiento es eterno, el cambio es inevitable. El hombre es un ser que eternamente cambia en un mundo que cambia eternamente; sin embargo con su mente él teme y rechaza el cambio.

La comprensión Zen, nos ayuda a enfrentar los cambios de la vida con gracia y esclarecimiento. En nuestro diario vivir este concepto de movimiento nos da una nueva perspectiva de la vida, y aunque no signifique un cambio obvio en lo que hacemos, sí significa un cambio en la actitud detrás de lo que hacemos.


Si creemos en un Universo cambiable y si creemos que es perfectamente correcto que las cosas cambien, nos liberamos del desesperado esfuerzo de prevenir experiencias que no pueden ser impedidas. Una manera de comprender el movimiento en lo que se aplica a nuestras cosas, es de acordarse de la manera en que vivíamos hace 20 ó 30 años atrás, la casa en que vivíamos, las personas que conocíamos y las normas que formaban nuestras amistades y familiares. Así visualizando aquellos días, vemos muchas caras en nuestra mente, que ya no están con nosotros en este mundo. Situaciones que se han deshecho y desaparecido.

Viejas casas que han sido volteadas para dar lugar a auto-pistas, jardines tranquilos donde ahora yacen grandes edificios.

Día tras día, el irresistible movimiento de la vida ha llevado a cabo estos cambios. El Zen indica que en esta esfera mundana lo nuevo tiene que llegar, y lo viejo tiene que irse, pues no hay nada incambiable, sino cambio en sí.


Así como el monje Zen se acuerda de caras que ya no ve, se da cuenta que un día su cara estará entre las que ya no se ven. No se entristece por este pensamiento, pero lo acepta con perfecta fe, como correcto, necesario y bueno. Este constante aparecer y desaparecer de las cosas, no es un espectáculo sin fin de tristezas y pérdidas, pero es evidencia continua del perfecto cumplimiento de la Ley Universal.

En un mundo de eterno movimiento, el hombre no puede quedarse parado, en una tierra con todas sus criaturas, que se mueve a través del tiempo y espacio, de un comienzo desconocido hacia un fin desconocido. Está en un estado de siempre lograr aquello que aún no ha llegado a ser, y siempre dejando atrás aquello que ya logró.

El hombre crece porque el ser dentro de él crece y este Ser se torna un poquito más sabio cada día.

Estaría en una triste condición, si el ritmo de la vida no le impulsara a moverse en el camino que lleva más allá de las estrellas.


Las filosofías Occidentales, han considerado por lo general, al ego o ser, como una consciente y permanente entidad a la cual ocurren todas las experiencias. De esa manera, el mundo alrededor del hombre cambia siempre, pero el ser interior está siempre igual.


Tal concepto lleva naturalmente, a una actitud agresiva —hacia la vida. El énfasis es sobre el logro individual, aún a expensas del bien común. Siendo capitán de su destino, cada hombre con toda artimaña a su disposición, trata de timonear su pequeño barco hacia un puerto albergado a través del revoltoso mar de la vida. En la mayoría de los casos, sin embargo, el viaje termina en una confusión psicológica, que se puede asemejar a un mareo cósmico. Hay algo de triste en esta idea de un solitario superhombre, en desesperado esfuerzo por adelantar sus propósitos: en un Universo que ni puede conquistar ni comprender.


El Zen no acepta el concepto de un ego fijo e incambiable. Lo que llamamos el ser es la suma de nuestras propias experiencias que constantemente se van desarrollando. No somos los mismos de hace 10 años, o aun de ayer. Porque somos parte de una fuerza viva en movimiento, el movimiento de conciencia no tiene límites fijos, siempre estamos libres para ajustarnos a situaciones nuevas.

Logramos paz mental, reduciendo las demandas del ego, y relajándonos y alejándonos de la presión de esos propósitos que nos predisponen al dolor y problemas.

En vez de pensar del ser, como dividido de todos los otros seres, es ser más sagaz reajustar nuestro pensar y buscar medios de unirnos y ser uno con el eterno movimiento de toda vida, a través del tiempo y espacio.


Hay una tendencia de asumir que todo cambio lleva a la muerte, y que más allá de la muerte, hay sólo incertidumbre. En el pensar Zen, sin embargo, la muerte no es el fin. Sino el librarse de la restricción contra el cambio; es la libertad, la restauración del movimiento.

El ser, que una vez más se libera de la barrera temporaria del “situarse” que retorna al estado infinito del espacio que es su hogar natural.

Si por consiguiente, aceptamos este concepto Zen, lograremos sobreponemos a uno de los grandes obstáculos para la paz mental. Nos daremos cuenta que el cambio es el portal de la oportunidad infinita, el liberarse de viejas limitaciones, que nos traen nuevas amistades y nueva experiencias.


El Zen nos enseña también, que la naturaleza mental no es el fiel sirviente de alguna entidad inmortal que yace encerrada dentro de nosotros, la mente humana es una bendición mezclada, resiste el cambio, cae en caprichos, recuerda viejos rencores, y nos ata a las opiniones erradas del pasado.

Cada persona tiene una mente, hay igual número de proyectos privados en el mundo. Y cuando todos tratan desesperadamente de imponer sus deseos sobre los demás, el resultado es frustración y descontento.


En Zen, la tolerancia no es la mezquina admisión que los otros puedan tener razón, sino una clara realización, que nosotros podemos estar equivocados. El místico Oriental se da cuenta con plenitud que el único reformador que es popular, es el que se está mejorando a sí mismo.

Podemos eludirnos de las consecuencias negativas de la voluntad propia, interés propio, y autoconmiseración, únicamente si nuestro instrumento mental está correctamente disciplinado.

Lleva una porción de coraje lograr separarse de la tiranía del centralizarse alrededor del ser, pero la victoria vale la pena lo que cuesta.


De manera que la mente funcione correctamente, debe ser traída bajo la disciplina del propósito Universal. Los sabios antiguos nos han dado la fórmula: Si el cuerpo no es controlado, las emociones no pueden ser reguladas. Si las emociones no son reguladas, la mente no puede ser gobernada, y si la mente no puede ser gobernada, no puede haber liberación del sufrimiento.

Así, debemos cambiar constantemente hacia lo mejor, si deseamos vivir en armonía con el propósito Universal. Que tenemos el poder de cambiar, es en verdad el secreto de nuestra salvación, y por este poder debemos estar siempre agradecidos.

 

VERSOS PARA VIVIR CON ATENCIÓN

 


Al despertarse

Despertándome con una sonrisa,

sé que tengo 24 horas nuevas para mí.

Prometo vivirlas con plenitud,

y ver a todos, con los ojos de la compasión.


Preparando las verduras

En estos vegetales frescos

veo un sol verde.

Todos los Dharmas se juntan

para hacer posible la vida.


Sirviendo la comida

En esta comida

veo claramente la presencia

de todo el universo

manteniendo mi existencia.


Las cinco contemplaciones

Esta comida es el regalo de todo el universo –

la Tierra, el cielo y mucho trabajo duro.

Que comamos con atención de manera

de ser dignos de recibirla.

Que transformemos nuestros estados mentales poco

hábiles y aprendamos a comer con moderación.

Que sólo tomemos alimentos que nos nutren

y previenen enfermedades.

Aceptamos esta comida para llevar a cabo

el camino del entendimiento y el amor.


Contemplando la comida

Este plato de comida,

tan aromático y apetitoso,

también contiene mucho sufrimiento.


Empezando a comer

Con el primer bocado, prometo ofrecer alegría.

Con el segundo, prometo ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás.

Con el tercero, prometo ver el gozo ajeno, en el mío propio.

Con el cuarto, prometo aprender el camino de desapego y ecuanimidad.


Terminando mi comida

El plato está vacío.

Mi hambre satisfecha.

Prometo vivir,

por el beneficio de todos los seres.


Tomando té

Esta taza de té en mis dos manos

¡la atención se mantiene

en posición vertical!

Mi mente y cuerpo moran

en el aquí y el ahora.


Lavando los platos

Lavar los platos,

es como bañar un Buda bebé.

Lo profano es lo sacro.

La mente diaria es la mente del Buda.

 

(Enseñaza de Thich Nat Hanh)

 

Hace mucho tiempo, un código práctico, dando las reglas básicas para la conducta iluminada fue dado al mundo. A medida que avanzamos a través del camino de la disciplina., este código nos ayudará a comprender la dignidad serena de la vida Zen. Se ha escrito: la base de la seguridad personal, es la armonía.

Cuando los individuos cultivan la amistad entre ellos, la concordia resultante hace posible la inmediata solución de todos los problemas, y el rápido avance de todos, cuando los hombres trabajan unidos… ¡qué no puede lograrse!


Cuando el supremo objeto de la fe es noble, suficiente y aceptable, provee un refugio en el corazón contra toda corrupción. Reverencien, por consiguiente, esta justa ley, y así obrando, revelen la nobleza de sus propios caracteres y de sus convicciones. Que el significado de la conducta honorable sea considerada con profundidad, todas las cosas han de ser hechas en honor y por honor, o no perdurarán.


Si las personas observan buena fe unas con otras, ningún desastre debe ser temido. Es correcto constantemente tener presente, las virtudes y habilidades de los demás. Estad siempre alerta, por consiguiente, que no se desperdicie ni la habilidad ni la sabiduría, porque Vd. no lo ha observado en otra persona. Estén contentos cuando es su privilegio recompensar a otro, porque lo merece.


Todos los hombres deberán vivir y pensar moderadamente, para que no sean inspirados a avanzar sus propiedades explotando los privilegios o tratando incorrectamente a otros. Tratad con imparcialidad y con rectitud de corazón a los que les rodean, y no se dejen influenciar por los bienes y los honores mundanos de sus asociados. Si ocurre que envidiamos a otros, ellos a su vez serán estimulados a envidiarnos a nosotros. Los resultados malos de estas envidias son sin límite.


Busquemos diligentemente aquellos de más inteligencia que la nuestra, pues ellos son los protectores del bien común. Tened cuidado por consiguiente, de apreciar a aquellos que lo merecen.

Puede ocurrir que nos contengamos de ayudarnos mutuamente por motivos egoístas; esto conduce a muchas dificultades, y debilita los lazos de la amistad entre los hombres.


Cuando, hablamos, es bueno expresar, pero nunca con intento de impresionar; las palabras son mensajeros, no soldados. Cuando hablamos de lo que hicimos, hablamos de lo muerto. Cuando hablamos de lo que haremos, hablamos de lo que no nació aún. Revelemos el presente por la conducta, y no por palabras. Jamás hemos de demandar lo irrazonable, y siempre mostrar interés por la felicidad y seguridad de aquellos que nos rodean. Es una seria falta ser descuidados con el humilde.


Cómo podemos adjudicarnos el poder distinguir entre lo absolutamente correcto de lo absolutamente incorrecto; somos uno con el otro; el sabio y el tonto, como un anillo sin fin. Si, pues, otros dan lugar a su ira o resentimiento, hemos de temer más nuestras faltas y estar ansiosos de corregirlas, que cambiar la manera de ser de otros.

A primera vista, estas viejas normas, con su énfasis sobre las virtudes básicas de la correcta conducta, pueden parecer no especialmente profundas. Pero recordad que el Zen es un camino de acción inmediata, por vía de la cual la conducta lleva a la iluminación. No es un camino para el desilusionado, un escape para el neurótico o una fascinante aventura para el intelectual aburrido.


Es un camino recto que lleva a la solución de los problemas de la ignorancia humana y la infelicidad. El Zen comienza con el más sencillo y difícil de todos los códigos, el código del auto-control. Aunque la maestría del Zen es la labor de toda una vida, la experiencia del Zen es posible a cualquier individuo, que es capaz de lograr tranquilidad de corazón y mente.

Lo que es más necesario es una continua aceptación de la eterna belleza y sabiduría del mundo y dentro de nuestros corazones. Así como el carácter del Zen se fortalece dentro de nosotros, experimentamos una hermosa hermandad con todo lo que vive. En esa perfecta quietud que es la verdadera meditación, nuestra fe es renovada y sabemos con certidumbre de conciencia, el propósito de nuestra existencia y nuestro lugar en el Plan sin tiempo.

 

El espíritu del Zen confirma esta certidumbre de lo bueno, que ayuda a la vida a ser un amigable y pacífico recorrer de años. Liberando a la mente de la carga de pequeños pensamientos, hay más tiempo y energía para el logro de cosas que tienen más valor.

El corazón ya no se inquieta por el temor y el remordimiento, y puede gozar de la rica experiencia de la verdadera amistad y afecto. Es natural que el pájaro cante y que la flor florezca, y es igualmente correcto que nosotros brindemos felicidad a nosotros mismos y a otros.

 

Hay una antigua leyenda de un monje santo que solía caminar por el bosque y por donde pisaba, crecían violetas. Que algo de este misterio nos toque a cada uno.

Que nuestros caminos a través de los años estén marcados con la belleza del alma, que no sólo es muestra de nuestro logro, sino guía de los pasos de los que vienen detrás.

Vivir en concordia con nuestro vecino, compartir la benévola sabiduría del cielo y de la tierra, estar impulsado a servir lo bueno y enfrentar todos los cambios con serenidad y esperanza; vivir así, cada día, es morar en el Espíritu del Zen.

 

 

 

 


Continuará

 

 

 

 


Por Cumbres y Valles

“Conozco un sendero en el bosque
que conduce a una cima elevada.
A él me izo y desde él observo.


Embelesado,
paso las horas
fuera del Tiempo.


Viajo lentamente en las nubes
o me detengo suspendido
en el vacío del cielo.


Fluyo con las aguas cantarinas
o me vuelvo lluvia
y caigo en silencio
sobre valles y aldeas.


Penetro en las rocas
o soy vida vegetal,
árbol erguido, ramas amplias.

Oigo graznidos y soy cuervo.

Siento la brisa
y me vuelvo viento.

Cuando anochece
me llama la campana del templo.

Me levanto, me estiro,
me desperezo
y retorno al Tiempo.


“Al llegar al valle
¿porqué olvido lo que vi en la cima?

He de traer la voz de las cumbres
hasta los valles,
oírla en cada momento.

Y, sin apartarme de ella,
vivir lo Lejos con lo Cerca,

lo Infinito con lo Finito,
lo Vacío con lo Lleno,
lo Uno con lo Múltiple.


Pero
¿cómo podré unir algo
que nunca ha estado separado?
Me hallo perplejo.”

SAN DO KAI

de Sekito Senji (700-790). Fue discípulo de Seigen, él mismo discípulo del sexto patriarca Houei-Neng.


El espíritu del gran maestro de la India
es transmitido fielmente del Este al Oeste.
Existen diferencias en la personalidad humana.
Algunos son inteligentes, otros menos.


Sobre la Vía, no hay ni maestro del Norte
ni maestro del Sur.
La fuente de la Vía espiritual es clara y pura,
sólo los afluentes son cenagosos.


Apegarse a los fenómenos es causa de ilusión, pero
atarse a la verdad no es el despertar.
Porque ellos son interdependientes, los fenómenos
se interpenetran.


Percibidos por los sentidos, aparecen sin informes.
Si no fuera así, no habría posibilidad
de escapar a la diferenciación.
Cada forma difiere por sus características. Placer
y dolor parecen separados.


En la oscuridad, no hay ni alto ni bajo, en la luz
se distingue lo que es puro de lo que es manchado.
Los cuatro elementos del cuerpo vuelven por ellos
mismos a su fuente, como el niño vuelve a su madre.


El fuego arde, el aire se mueve, el agua moja, la tierra soporta.
Para los ojos, existe la forma, para las orejas hay el sonido,
para la nariz los olores, para la lengua el gusto.


Es para los fenómenos como las hojas de un árbol:
Ellas han salido de la misma raíz.
El principio y el fin tienen el mismo origen.
Noble o vulgar: a su gusto.


La oscuridad existe en la luz, no ve más
que el lado oscuro.
La luz existe en la oscuridad, no ve más
que el lado luminoso.
Luz y oscuridad parecen opuestos, ellos dependen el
uno del otro como un paso hacia delante depende
de un paso hacia atrás.


Cada existencia tiene su utilidad, úsese sea cual
sea su posición.
Fenómeno y esencia encajan perfectamente.
Esta verdad es como una lanza deteniendo una flecha
en pleno vuelo.


La palabra recibida debe ser comprendida
en su principio.
No construya sus propias categorías.
Sus pies andan sobre la Vía.
Compréndalo, si usted quiere realizarla.


Avanzando, en el mismo instante, no hay ni cercano
ni lejano.
Existe separación, como una montaña de un río
si usted tiene ilusiones.


Humildemente digo a aquellos que buscan el camino
que no desperdicien el momento presente.

SHODOKA: Canto del inmediato satori

de Yoka Daishi - poemas 16 y 17. (649-713), que fue discípulo de Houei-Neng.

La primera parte de Shodoka ha sido traducida y comentada al final del libro Verdadero Zen, del maestro Deshimaru, Ed. Courrier de livre, 1968.

Yo solo aquí ahora comprendo esta verdad:

Todos los budas, los cuerpos de todos los maestros,

son parecidos, son una sola verdad.

Esta opinión, expresión del no miedo,

estalla como el rugido del león.

Cien animales escuchan esta voz,

ellos tienen el cerebro roto.

También el violento elefante se arrodilla

y pierde su dignidad.


El gran dragón sólo, en el cielo,

sonríe apaciblemente y comprende.

Viajando por los mares o lagos,

pasando las montañas y los ríos,

visitando los maestros, las vías,

yo hago zazen.

Pero desde que he comprendido la voz de Sokei (1)

comprendo que la vida y la muerte

no existen y no son diferentes.

(1) Las enseñanzas de Houei-Neng, que vivió en el monte Sokei.

ZAZEN SHIN: El Espíritu de zazen

del maestro Dogen.

1. La esencia del Zen es transmitida de buda

a buda, y del Zen es transmitida la esencia de maestro a

maestro. Ella ha sido realizada sin conceptualización

y cumplida sin causalidad.

2. Ya que ella ha sido realizada sin pensamiento,

ella se crea naturalmente intima.

3. Ya que ella ha sido establecida sin relatividad,

su constituyente es satori inconsciente.

4. Ya que esta realización es naturalmente íntima,

Nunca puede ser manchada ni impura.

5. Ya que su constituyente es satori inconsciente, ella

no puede ser ni derecha ni oblicua.

6. Ya que esta intimidad nunca es ni derecha ni

oblicua, ella se despoja de ella misma inconscientemente.

Sin autoconsciencia.

7. Ya que su satori nunca es ni derecho ni oblicuo,

es por sí mismo abandonado a sus propios medios.

8. El agua es pura y así penetra ella en el subsuelo

de la tierra. También cuando el pez nada en esta

agua él es el Pez.

9. El cielo es vasto y transparente hasta el cosmos.

También cuando el pájaro vuela en el cielo, él es

el Pájaro. Cuando el espíritu del hombre es libre,

él es el Hombre.

La atención llevada a zazen, o el espíritu de zazen, traducido incluso por la imagen: La aguja de acupuntura del Zen. Es uno de los noventa y cinco pequeños libros del Shobagenzo (1), o Tesoro de la Verdadera ley, obra maestra de Dogen.

Nota (1): El resumen de la obra, con comentarios, y la traducción integral de tres pequeños libros (Bendowa, eficacia del zazen; Sho ji, vida y muerte; Hachi dainen katu, las ocho directivas de filosofía práctica de los grandes maestros para obtener el despertar) han sido publicados por el Courrier du livre en 1970.

FUKAN ZA ZEN JI Del Maestro DOGEN.

La Vía(1) es fundamentalmente perfecta. Ella penetra todo.

¿Cómo podría ella depender de la práctica y de la realización?

El vehículo de Dharma(2) está libre y despejado de toda traba.

¿En qué el esfuerzo concentrado del hombre es necesario?

En verdad, el Gran Cuerpo (3) está mucho más allá del polvo del mundo(4).

¿Quién podría creer que existe un medio de desempolvarlo?

El nunca es distinto de cualquiera, siempre exactamente allá donde se está.

¿Por qué pues ir aquí o allá para practicar?

Sin embargo si hay una zanja, por estrecha que sea, la Vía permanece tan alejada como el cielo de la tierra.

Si se manifiesta la menor preferencia o la menor antipatía, el espíritu se pierde en la confusión(5).

Imagine una persona que se adula de comprender y que se hace ilusiones sobre su propio despertar, vislumbrando la sabiduría que penetra todas las cosas, une la Vía y clarifica el alma, y hace nacer el deseo de escalar el cielo mismo.

Este ha emprendido la exploración inicial y limitada de las zonas fronterizas, pero es aún insuficiente sobre la Vía vital de la emancipación absoluta.

¿Tengo yo necesidad de hablar de Buda, que estaba en posesión del conocimiento innato?

Se experimenta aún la influencia de los seis años que el vivió, sentado en loto en una inmovilidad total. Y Bodhidharma, la transmisión del sello hasta nuestros días ha conservado el recuerdo de sus nueves años de meditación delante de un muro. Ya que él era así con los santos de antaño, ¿cómo los hombres de hoy pueden dispensarse de negociar la Vía?

Usted debe en consecuencia abandonar una práctica fundada en la comprensión intelectual; corriendo detrás de las palabras y ateniéndose a la letra usted debe aprender la media vuelta que se dirige su luz hacia el interior, para iluminar su verdeara naturaleza.

El cuerpo y el alma por ellos mismos se borraran, y su faz original aparecerá.


Para hacer zazen, conviene un lugar silencioso.

Coma y beba sobriamente. Rehúse todo compromiso y abandone todo negocio.

No piense: “Esto está bien, esto está mal.”

No tome ningún partido ni en pro ni en contra.

Detenga todos los movimientos del espíritu consciente.

No juzgue pensamientos ni perspectivas.

No tenga ningún deseo de convertirse en un buda (…).

El zazen del cual hablo no es el aprendizaje de la meditación, no es nada más que el Dharma de paz y de felicidad, la práctica-realización de un despertar perfecto.

Zazen es la manifestación de la última realidad.

Las trampas y los lazos nunca pueden alcanzarlo.

Una vez que usted haya atrapado su corazón, es parecido al dragón cuando llega al agua, y parecido al tigre cuando penetra en la montaña. Pues es necesario saber que en este momento preciso (cuando se practica zazen), el verdadero Dharma se manifiesta y que desde el principio se separa el relajamiento físico y mental y la distracción(6) (…).

Además, la apertura a la iluminación en la ocasión proporcionada por un dedo, un estandarte, una aguja, un mazo de madera, el cumplimiento de la realización gracias a un cazamoscas, un puño, un bastón, un grito, todo esto no puede ser atrapado enteramente por el pensamiento dualista del hombre.

En verdad, esto no puede sin embargo ser mejor conocido por el ejercicio de poderes sobrenaturales. Esto está más allá de lo que el hombre escucha y ve; ¿no es esto un principio anterior a los conocimientos y a las percepciones?

Dicho esto, importa poco que se sea inteligente o no. No existe diferencia entre el tonto y el avispado. Cuando se concentra el esfuerzo de un solo espíritu, esto en sí, es negociar la Vía. La práctica-realización es pura por naturaleza. Avanzar es un negocio de cotidianeidad.

En conjunto, este mundo y los otros, a la vez que en la India y en la China, respetan el sello de Buda. La particularidad de esta escuela prevalece: devoción en la meditación sentado simplemente, sentarse inmóvil en un compromiso total. Bien que se diga que hay muchas almas como hombres, todos negocian la Vía de la misma forma, practicando zazen.

¿Por qué abandonar la sede que le está reservada en casa para errar sobre tierras polvorientas de otros reinos?

Un solo paso en falso, y usted se separa de la vía trazada toda derecha delante de usted.

Usted ha tenido la suerte única de tomar forma humana. No pierda su tiempo. Usted aporta su contribución a la obra esencial de la vía de Buda.

¿Quién preferiría un vano placer a la llama brotada del sílex?

Forma y sustancia son como el rocío sobre la hierba, el destino parecido a un relámpago, desvanecido en un instante.

FUKAN ZA ZEN JI _ Notas:

1)-. La Vía (Bodhi): despertar, iluminación, realidad.

2)-. Dharma. Según la raíz sanscrita: el conjunto de procesos que rigen la vida cósmica. Las leyes del universo, descubiertas o por descubrir. Designa tan pronto las enseñanzas de Buda, como todas las existencias, o bien todas las verdades, la verdad cósmica.

3)-. El Gran Cuerpo (zentai): la totalidad de las cosas tal como son (tathata); la naturaleza de Buda. Sinónimo de vía y de vehículo del Dharma.

4)-. El polvo del mundo. Se ha hecho aquí alusión a los versos de Houei-Neng que recibió de Hueng-Jen, quinto patriarca, la transmisión del Dharma, y se convirtió en el sexto patriarca.

Chen-Hsiou, el primer discípulo de Houeng-Jen y considerado por todos los otros monjes como su sucesor legítimo, había escrito:

Este cuerpo es el árbol de Bodhi,

el alma es como un brillante espejo.

Vela para tenerlo siempre limpio

sin dejar que el polvo se amontone sobre él.

Houei-Neng, admitido algunos meses más pronto en la comunidad para triturar el arroz y partir la madera, oso responder:

Bodhi no es un árbol,

el espejo brillante no luce en ningún lugar,

como desde el primer momento no hay nada,

¿Dónde podría el polvo amontonarse?

5)-. Tomado en Shin Jin mei (poema de la fe en zazen), del tercer patriarca Seng-ts´an (Sozan).

6)-. Konshin: estado de torpeza, sopor de la consciencia caracterizado por la fatiga mental y física.Sanran: dispersión, errar, faltar de concentración física y mental. Dos estados que, bien a menudo, durante zazen, hacen de obstáculo a una práctica correcta.




Bodhidharma

Tras la Senda de Bodhidharma

Profesor Francisco Duque Videla.


E_zs de común aceptación que el Budismo se distingue por dos corrientes de pensamiento que se oponen doctrinalmente a pesar de la común paternidad y dependencia con las enseñanzas de Gautama. Nos referimos al Mahayana (Gran Vehículo) y al Hinayana (Pequeño Vehículo).

El Ideal Mahayánico se puede simbolizar por el Bodhisattva que representa la Doctrina del Corazón o de la Compasión infinita hacia todos los seres, reconociendo que todos tienen la posibilidad de participar de la Iluminación, y, en cierto modo, la liberación del Bodhisattva se ve justificada sólo si conduce y acoge a todos los seres, renunciando al Nirvana.

De ahí que se le haya denominado «Gran Vehículo», con el objeto de transportar a todos hacia el objetivo final. Por el contrario el Hinayana privilegia la iluminación individual y suele verse en el Arhat, el símbolo del que se libera de la ilusión sin renunciar al Nirvana, y por lo tanto sin pensar en el resto de los seres como condición.

Los seguidores del Mahayana afirman que la doctrina original del Buda es genuinamente mahayánica, y que Kasyapa, su principal discípulo, habría conservado las enseñanzas esotéricas o Doctrina del Corazón encargando a Ananda la difusión de la religión o Doctrina del Ojo, pero es muy probable que Nagarjuna, en el siglo I, le haya otorgado un verdadero cuerpo doctrinal y orientación al Mahayana, cuya esencia es conservada y transmitida por Bodhidharma cinco siglos más tarde.

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El Budismo en China

El Budismo entró en China probablemente unos tres siglos a.C. Algunas teorías indican que habrían sido misioneros enviados por el emperador Asoka a través de la ruta comercial de la seda como ocurrió con la expansión hacia África y Europa.

Algunos cronistas de la Dinastía Han se refieren a los cultos budistas del valle del Ganges y se relaciona al emperador Huang-Ti (246-209 a.C.) con monjes provenientes de India que habrían intentado predicar el Budismo infructuosamente.

La versión china de la entrada del Budismo es atribuida al emperador Ming-Ti (siglo I), quien habría soñado con la figura del Buda, lo que se interpretó como un signo del Cielo para la adoración de un nuevo dios. Ming-Ti envió entonces una gran embajada hacia el oeste para encontrar las señales del mensaje. Esta volvió más tarde con numerosos monjes y dos sabios budistas indos, haciéndose construir una pagoda budista. Más tarde, decenas de monjes y bikhus llegarían desde la India y otros países para predicar la nueva fe en China.

Sin embargo el Budismo tropezó con algunas dificultades al asentarse en este nuevo territorio por sus propias características, que chocaron de un modo inconveniente con el pensamiento social imperante y no se adaptaron fácilmente a las doctrinas de Confucio. En primer lugar el desarraigo familiar y político del Budismo no era compatible con el sentimiento más acendrado del pensamiento confuciano: la piedad filial, el culto a los antepasados y el ajuste a las normas y procedimientos sociales estrictos entre los que se contaba la autosuficiencia y la responsabilidad político-social. Si el Budismo logró simpatizantes es porque se asemejaba bastante más -al menos en lo doctrinal- al Taoísmo, mucho más liberal y alejado del mundo.

No cejaron los esfuerzos por incrementar la participación budista en China, y en el 335, bajo la Dinastía Tsin del este, el sabio Budhojhanga, traductor de grandes obras al chino, entre ellas el Dhammapadha, logra el reconocimiento oficial del Budismo. En el 405 se produce la llegada de Kumarajiva, que aporta una gran cantidad de obras y da origen a algunas corrientes que hacían hincapié en el conocimiento intelectual de la doctrina. Posteriormente encontramos a Paramartha que llega en el 546 y también se dedica a la difusión de las obras y exposiciones del Mahayana.

Quizás este exceso de erudición mantuvo al Budismo confinado a la corte y se limitó a discusiones entre algunos expertos, pero no consigue impactar en la mentalidad y la búsqueda de la sabiduría de los chinos.

Por ello se hacía necesaria una asimilación de la idiosincrasia china al Budismo y se piensa que el éxito de esta fórmula radica principalmente en el pensamiento de Bodhidharma y la doctrina del Zen.



Aparición de Bodhidharma. Fuentes Históricas

Como sabemos, en el largo desarrollo de la Humanidad se han confeccionado dos Historias que corren paralelamente como afluentes de un mismo río, por lo que intentaremos esbozar lo poco que se conoce en ambos sentidos sobre la presencia de Bodhidharma como personaje histórico.

La figura de Bodhidharma (Ta-Mo en China y Budai-Daruma-Daishi en Japón) resulta muy controvertida históricamente hablando. Algunos eruditos aún hoy ponen en duda su existencia debido a la escasa información con que se cuenta.

Las fuentes que se reconocen como más o menos auténticas serían:

-Biografías de Monjes Ejemplares, de Tao-hsuan escrita hacia el 645.
-Los Anales de la Transmisión de la Lámpara, de Tao-yuan escrita hacia el 1002.

Según estos textos, Bodhidharma nació alrededor del año 440 en la ciudad de Kanchi, capital del reino Pallava (sur de la India). Era el tercer hijo del rey Simhavarman y brahmín por nacimiento. Convertido desde joven al Budismo, recibió instrucción de Prajnatara, que había sido llamado desde Maghada por su padre, y es él mismo quien le incita a ir hacia China.

Cerrada la ruta comercial por las invasiones de los Hunos, Bodhidharma se embarca en el cercano puerto de Mahabalipuram, recorriendo el sur de la India y la península maláyica; tarda unos tres años en llegar al puerto de Nanhai, en el sur de China, por el año 475.

Como China se hallaba dividida en las Dinastías Wei en el norte y Liu Sung en el sur, la mentalidad imperante producía algunas diferencias en la asimilación del Budismo por parte de los norteños y sureños, siendo estos últimos de corte más intelectual y erudito y poco dados a la práctica. Habría permanecido visitando monasterios budistas, que según censos de la época llegaban a unos 2000 con un clero de 36.000 personas en el sur y 6500 templos con 80.000 integrantes en el norte. Tao-yuan fecha la llegada de Bodhidharma en el 520 (unos 45 años más tarde que la versión de Tao-hsuan) donde sería acogido por el emperador Wu de la Dinastía Liang, siendo invitado a la capital Chienkan para una entrevista que resultó poco productiva, pues frente a la profunda piedad y esfuerzo en los méritos que le expuso el Emperador, Bodhidharma predicó el origen de su misión expresado en los siguientes términos: «Una transmisión especial fuera de las escrituras, con ninguna dependencia de las palabras o de las letras, dirigiéndose directamente hacia el alma del hombre, contemplar su propia naturaleza y realizar el estado de Buda».

La tradición quiere que haya anunciado su misión con estas palabras:

La razón original de mi venida a este país fue transmitir la Ley, a fin de salvar a los confusos. Una flor de cinco pétalos se abre, y la producción del fruto vendrá de por sí.

Este contraste con el Emperador lo lleva a cruzar el Yangtzé e instalarse en el norte. Permanece cerca de Pingcheng y probablemente sigue a los monjes que se trasladaron con el emperador Hsiao-wen a su nueva capital Loyang a orillas del río Lo, en el 494 -según Tao-hsuan-. En el 496, el Emperador ordena la construcción del templo de Shaolin, en el monte Sung, provincia de Honan, al sudeste de Loyang, para otro maestro indo, pero es Bodhidharma el que se instala en sus dependencias y le otorga la fama posterior.

Se dice que en el pico Shaoshi del monte Sung, Bodhidharma se refugia en una caverna para permanecer sentado meditando frente a una pared rocosa, situada a un kilómetro del templo, por ello es conocido como Pikwan Po-lo-men, o «el Brahmán que mira la muralla».

En su estancia en Loyang, probablemente en el templo Yungming, que albergaba a monjes extranjeros (que hacia el 534 acogía a unos 3000 provenientes hasta de Siria), ordenó a un monje llamado Sheng-fu, que poco después partió hacia el sur sin haber predicado la doctrina. Luego se menciona a Tao-yu, que permaneció con Bodhidharma unos 5 ó 6 años y que aun cuando entendió el Camino nunca enseñó; y Hui-k’o, que se convertiría en su sucesor y depositario del manto y el cuenco sagrado, reliquia que Bodhidharma habría traído desde la India y que sería el empleado por el propio Buda para la limosna; además se dice que le entregó una traducción del Sutra Lankavatara.

La leyenda quiere que Hui-k’o haya sido manco habiéndole presentado el brazo cortado como testimonio de su inconmovible voluntad de transformarse en su discípulo.

Luego, en el 528 y poco después de haber transmitido su doctrina a Hui-k’o, muere envenenado por un monje celoso. Según Tao-yuan, los restos de Bodhidharma fueron enterrados en el templo de Tinglin, en la montaña de la Oreja del Oso, cerca de Loyang. Después de esto, que puede ser más o menos verídico, la leyenda afirma que tres años más tarde, un funcionario que caminaba por las montañas de Asia central se encuentra con Bodhidharma, quien le explica que se marcha hacia la India; llevaba un bastón con una única sandalia colgando. Este encuentro despierta la curiosidad de los monjes que acuden a la tumba del Maestro, verificando que se encontraba vacía con una única sandalia en su interior.


H. P. Blavatsky afirma en su Doctrina Secreta que la misión de Bodhidharma es refundar el Budismo Esotérico de la Escuela Tsung-Men, la verdadera Doctrina del Corazón, subdividida más tarde en cinco escuelas, lo que se infiere de sus palabras acerca de la flor de cinco pétalos.

Se discute todavía si dejó escritos o si su enseñanza era meramente intuitiva y carente de explicaciones. Blavatsky le otorga autoría sobre diversos libros y los estudiosos le atribuyen tradicionalmente, aunque discutible, las siguientes obras: Meditación sobre los Cuatro Actos, Tratado sobre el Linaje de la Fe, Sermón del Despertar, Sermón de la Contemplación de la Mente.

Además suele otorgársele autoría sobre un pergamino denominado el I-Chin-Ching, tratado que contendría instrucciones formativas de carácter psicofísico que se interpretarían como la base -y única relación- con ejercicios de artes marciales, ya que estaban destinados a fortalecerlos física y psíquicamente con el objeto de facilitarles la ascesis hacia los estados de conciencia superiores; sin embargo estas últimas referencias no se encuentran contenidas en las biografías tradicionales.


Estos textos se encuentran clasificados dentro de la exposición exotérica y forman parte del Ch’ang o escuela Zen que se estructuraría después de él, principalmente a partir del Sexto Patriarca Hui-Neng.

Ahora, acerca de la difundida paternidad de Bodhidharma sobre las artes marciales de Shaolin, en sentido estricto, no existen referencias en ninguna de las dos fuentes mencionadas, y para afirmar -aparte del texto antes mencionado- el desarrollo de ejercicios o sistemas gimnásticos psicofísicos marciales a la manera del Hatha-yoga, debemos dejar espacio a la leyenda que corre paralela a la historia. En este último tema, se suele atribuir a Bodhidharma la preparación de los monjes, con el objeto no sólo de fortalecer sus condiciones sino además capacitarse para la defensa, motivada por el relativo aislamiento del Templo y la peligrosidad de los caminos infestados de bandidos y animales feroces.

Algunos relatos dicen que el Maestro transformó brazos y piernas en eficaces armas de combate, otorgándole un prestigio sin igual al naciente estilo del Shaolin-Shu, enriquecido muy probablemente con elementos parapsicológicos, cosa que era común entre los monjes budistas como acaeció con los primeros que arribaron en la época de Huang-Ti y que escaparon de un modo milagroso tras haber sido víctimas de torturas y encierros.

Posteriormente esta fama creció de un modo extraordinario y muchos militares que huían de los manchúes se refugiaron en el Templo aportando su propia experiencia al estilo e incrementando la complejidad de su prácticas de modo tal que siglos más tarde sería imposible distinguir la huella de Bodhidharma entre el entramado de técnicas con armas y sin armas que constituían la base de varias formas de lucha atribuidas a Shaolin.


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Referencias Míticas

Como en todos los casos de la historia de los Adeptos, su vida se encuentra plagada de mitos y leyendas que ensalzan y justifican el increíble impacto, que tan nebulosa existencia dejó en el misticismo budista chino, sólo comparable al de la vida y enseñanzas del propio Gautama.

Por ejemplo se relata que cuando Bodhidharma sostuvo el encuentro con el emperador Wu, éste le expuso la imperiosa necesidad de practicar actos piadosos y del mérito de las obras como condición para alcanzar el estado de Buda. El Maestro le replicó que ni el mérito ni las buenas obras acercaban al discípulo ni un ápice hacia la Iluminación, que antes bien, la ruptura de todo condicionamiento mental, de todo prejuicio, eran necesarios para alcanzar el Budhado. Como el Emperador se mostrara contrariado por esta respuesta, Bodhidharma abandonó la corte sin mediar otra insinuación. Más tarde, y aconsejado por sus asesores, envió en la búsqueda del Maestro, pero el emisario lo perdió de vista cuando cruzaba el Yangtzé sobre un junco hueco.

Ya instalado en la caverna frente a la pared rocosa cerca de Shaolin, quiere la tradición que, al buscar Bodhidharma el estado de Iluminación necesario para la fundamentación de la existencia, se haya distraído con la imagen de una hermosa mujer (la tentación de Mara) y para resolver esto, decide meditar sobre un objeto o símbolo hasta detener el flujo mental. Como lo venciera el cansancio a menudo, decidió arrancarse los párpados y arrojarlos fuera de la cueva en la que habitaba.

Pasado largo tiempo (nueve años según la leyenda) y habiendo logrado su propósito, bebió una pacificante bebida obtenida de unas hojas que crecieran del lugar en donde cayeron sus párpados, y esta planta fue luego conocida como Té. De un modo inequívoco se lo pinta o representa en esculturas con ojos saltones y carentes de párpados.

Su proveniencia mítica se identifica con el Cielo occidental o Shamballah, Patria legendaria de la jerarquía de Adeptos y salvadores.

Hasta él se acercó el que sería su discípulo Hui-k’o, quien, proviniendo de un linaje guerrero, habría llegado a despojarse de un brazo con su sable para demostrar así su fidelidad y su deseo de ser instruido. Aceptado ya, debió aún lanzarse al vacío y ante una muerte segura salió ileso, en virtud a la firme convicción de seguir a su Maestro.

En su sucesión y hasta el Sexto Patriarca cabe hacer notar un hecho que si bien tiene un carácter simbólico sería digno de un artículo aparte. El traspaso de la doctrina se realizó en línea directa hasta el Quinto Patriarca, el cual tuvo dos discípulos al momento de su sucesión. Por un lado Hui-Neng es reconocido como el Sexto Patriarca del Budismo Zen y el verdadero iniciador de esta Escuela y se caracteriza por sus respuestas y conducta paradójicas propias de todos los maestros del Zen.

Su origen es humilde y se resalta su carácter iletrado frente al del otro discípulo Shen-Hsiu, quien tomado por un erudito, representa vulgarmente al intelectual dogmático. Se dice que el manto de Bodhidharma habría sido entregado junto a la Doctrina hasta el Quinto Patriarca, pero éste se lo legó a su discípulo Hui-Neng por su mayor intuición del Zen, después de un concurso de poemas en que Shen-Hsiu, haciendo gala de sus conocimientos, ilustró a la mente como un espejo que debía ser limpiado. Hui-Neng respondió al desafío con un poema típicamente Zen; «No habiendo mente ni espejo, no hay nada que limpiar».

El Maestro le otorgó la victoria, sin embargo le instruyó en relación a no entregar el manto posteriormente a nadie, ya que esto no era necesario en lo sucesivo. Siendo Shen-Hsiu el naturalmente designado para tal honor y habiendo vencido a Hui-Neng en la disputa doctrinal, se generó una discordia entre los discípulos de ambos. Más tarde Hui-Neng se va hacia el sur y funda su Escuela, que daría origen y desarrollo al Zen propiamente tal con sus características tan difundidas en nuestros días.

El origen de esta transmisión de la Enseñanza Interna se remonta al mismo Gautama y su discípulo Kasyapa quien -quiere la tradición- habría despertado a la Iluminación tras el enigmático sermón dado por el Buda en la Montaña Pico de Buitre, cuando levantó entre sus dedos una flor que sus discípulos le habían entregado, recogida de entre las diversas ofrendas depositadas por los numerosos concurrentes, esbozando una sonrisa. Tras un prolongado silencio, Kasyapa sonrió a la vez; enseguida el Buda se retiró dando por terminado el sermón. Los budistas zen quieren ver los orígenes de la Escuela del Zen en este encuentro, y el inicio de la Doctrina Secreta del Budismo.


Enseñanza de Bodhidharma

Las biografías antes mencionadas sólo dicen que Bodhidharma enseñó «Contemplación de la pared» y las cuatro prácticas descritas en la Meditación de los Cuatro Actos.

Estas escuetas referencias pueden extenderse y fundamentarse otra vez en lo que afirma H.P. Blavatsky cuando habla de la Doctrina del Ojo y la Doctrina del Corazón. La denominada Doctrina del Ojo, es la contenida en las escrituras exotéricas y difundidas en un cuerpo religioso principalmente hacia el sur de la India y cobijada en el Hinayana. La enseñanza esotérica o Doctrina del Corazón sería la base del Mahayana, extendida hacia el norte y refugiada en el Tíbet y China, primero a través de Nagarjuna y Aryasangha y continuada de un modo estrictamente ordenado de Patriarca a Patriarca por lo menos hasta la época de Bodhidharma. Este, dice Blavatsky, es, junto con Nagarjuna, un reformador y autor de las obras más importantes de la escuela china de contemplación (Dan o Ch’ang de Dhyana).

Agreguemos además algunas referencias de la historia de Hui-k’o, sucesor de Bodhidharma. En el 534 el emperador Hsiao-wu muere asesinado y el reino norteño de Wu se dividió en dos dinastías Wei. A consecuencia de continuos ataques a la ciudad de Loyang, Hui-k’o se refugió probablemente en Wei oriental debido a que los gobernantes eran budistas y acogieron a todos los monjes que huían del conflicto. En la capital, Yeh, conoce a T’an Lin, erudito budista que traducía y prologaba sutras. Este encuentro despierta el interés de T’an Lin por las enseñanzas y escribe un prefacio a la Meditación de los Cuatro Actos. Hasta ahí la historia recoge datos sobre Bodhidharma.

Aunque el Maestro había sido antecedido por otros eminentes budistas de las escuelas contemplativas, la aparición fugaz y oscura de Bodhidharma provocó un increíble impacto. Si entendemos que sólo un discípulo es el depositario de tan extraordinaria revolución espiritual, no podemos explicarnos su difusión y enorme prestigio. No sabemos nada más, por razones obvias, acerca del trabajo de Bodhidharma y sus cinco ramas esotéricas, probablemente el verdadero fundamento de tal impacto, pero al parecer nos han quedado claros ejemplos de su enseñanza más popular, y siempre dentro de la línea contemplativa, el Zen.

Existen buenas razones para creer que los antecedentes contemplativos de Bodhidharma transmitieron los principios fundamentales del Sunyata, o «contemplación de la vacuidad del mundo», que enseña el Mahayana y que deriva en el Wu-wei-che-jen o estado de «verdadero hombre sin posición», el estado de Budha; pero se los suele simbolizar en el cojín de la meditación o las prácticas relacionadas con el Tantrismo que dieron origen a escuelas chinas y japonesas de Budismo. Sin embargo Bodhidharma lleva su enseñanza de la mano de la espada que Prajnatara -según cuenta la leyenda- le entregó junto con la doctrina, para cortar firmemente las ligaduras con el mundo y no remitirse a una purificación de la mente en una simple internalización que se asemeja más al Hinayana.

No abandona los sutras, y de hecho vuelve a ellos sin cesar, pero su transmisión es eminentemente práctica y está claramente orientada a la salvación del mundo, o sea es en esencia Doctrina del Corazón. En los cuatro sermones ya mencionados, y de los cuales se tienen versiones ahora muy antiguas, pues a principios de siglo se hallaron miles de manuscritos budistas de los siglos VII y VIII, época T’ang, en las Grutas de Tuhuang en China, que han sido trabajados y traducidos, se encuentran contenidas las enseñanzas recopiladas de Bodhidharma; las menciones a sutras son principalmente del Nirvana, Avatamsaka y Vimalakirti.

La Meditación sobre los Cuatro Actos

Este sermón describe brevemente la entrada al Camino a través de la razón (contemplación) y la práctica. La razón dice: «…significa comprender la esencia mediante la instrucción (la necesidad de un Maestro) y creer que todos los seres vivos comparten la misma naturaleza…», abandonando la ilusión, entrando en comunión con la cadena humana. Las cuatro prácticas son: sufrir la injusticia, o aceptación del Karma; adaptarse a los condicionamientos de la existencia; no buscar nada o matar el deseo; y practicar el Dharma. Las Cuatro Nobles Verdades.


El Tratado sobre el Linaje de la Fe

Propone que la búsqueda del Buda más allá de la Mente, como Yo real, es absurdo, y sostiene la perfecta identidad del Ser Interno o Propia Naturaleza con el Buda. Además hace hincapié en la inutilidad de las buenas obras y el mérito o el apego a la doctrina y la recitación de los sutras, frente al desvelamiento de la propia Naturaleza, como única vía de Iluminación.


El Sermón del Despertar

Este texto habla sobre la naturaleza del Nirvana o del estado de Iluminación que adviene tras el desapego total de las apariencias de este mundo, que generan en nosotros la sensación de lo agradable y lo desagradable, mediante lo cual se condiciona el Karma. Menciona aquí el vocablo Zen y lo define como un estado de vida en que se permanece inalterable, descondicionado y despierto, pero a la vez entregado a la caridad sin ningún tipo de pesar y renunciando a los frutos de dicho estado. El origen del sufrimiento es el mismo que el del Nirvana, por lo tanto se agota el sufrimiento en su vacío. Existe un necesario encadenamiento entre los Budas y los mortales cuando dice: «Los mortales liberan a los Budas y los Budas liberan a los mortales».


El Sermón de la Contemplación de la Mente

En la mente se encuentra la raíz de todas las cosas. El Sutra del Nirvana dice: «Todos los mortales cuentan con naturaleza búdica. Pero se halla cubierta con la oscuridad de la que no pueden escapar. Nuestra naturaleza Búdica es conocimiento: conocer y hacer que otros conozcan a otros. Realizar el conocimiento es la liberación». O sea, la contemplación de la mente es conocimiento. Conocimiento es ayudar a otros al propio conocimiento. La realización total del conocimiento es la liberación de todos los mortales.

Tres venenos infunden la muerte y la perdición: el odio, la codicia y la ilusión. El Camino Moral, la Meditación y la Iluminación son las vías para contrarrestarlos. Esto se ve mejor explicado en las seis Paramitas o Caridad, Moralidad, Paciencia, Devoción, Meditación y Sabiduría. Explica que las referencias a las obras meritorias como la construcción de monasterios, la recitación de los sutras, la prescripción de alimentos o las purificaciones, son el símbolo de prácticas internas que tienen que ver con la localización de determinados motores ocultos en la naturaleza humana, por lo tanto valorizar el contenido de las obras sin las prácticas discipulares es caer en la ilusión y atenerse a las consecuencias kármicas de lo bueno y lo malo.


Como vemos, estos sermones se encuentran plenamente imbuidos de la doctrina Mahayánica de la compasión hacia todos los seres y el necesario encadenamiento de sabios y mortales para liberar a toda la Humanidad.

Es la genuina enseñanza de los Maestros de Sabiduría que floreció de modo extraordinario en la oculta Transmisión de la Ley de un monje que vino del oeste para traer el Zen y algo más.



Figure of_ Bodhidharma

(Ming dynasty (1368–1644), 17th century)
China

bodhidharmachina.jpg


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