Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Reflexiones de Delia Steinberg G.

Filosofía para vivir (I)

Introducción

 

ablar hoy de vida, de vivir, de Filosofía para vivir, adquiere, tal vez, un significado muy profundo porque en estos últimos tiempos nos hemos acostumbrado-desgraciadamente-a que todos los días nos lleguen noticias de destrucción, de muertes, de sufrimiento. Ante esta avalancha que nos cae se nos hace muy necesario plantearnos una vez más la importancia de la vida.


De esto quiero hablar hoy, no de muerte sino de vida. Y, además, aportando una fórmula para la vida, una fórmula muy vieja que se ha utilizado durante siglos y siglos, y es la Filosofía: la Filosofía para la vida, la Filosofía para vivir.

No quiero aburrir a nadie con las mil y una definiciones que se podrían dar sobre Filosofía. Estas definiciones dependen mucho de la época, dependen del filósofo, de si se ha enfocado con el criterio del pensamiento oriental o con una mentalidad occidental, o si a la Filosofía se le da un valor de un tipo o de otro tipo. Es muy difícil encontrar una definición que nos satisfaga.


Por eso me voy hacia atrás, a más de 2500 años, y recurriré a la definición que se atribuye a Pitágoras, tan simple que todos la podemos tener en cuenta, porque Pitágoras no pretendía definir la Filosofía sino que contestó a una observación que alguna vez le hicieron sus discípulos.

Se cuenta que quienes rodeaban a Pitágoras y escuchaban sus enseñanzas estaban tan admirados de su profundidad, de su manera de enfrentar la vida y sus misterios que, llevados por esta admiración, le dijeron: –Maestro, tú eres realmente un sabio. Y él respondió: –No, yo no soy un sabio, yo no soy sophos, yo soy solamente un filo sophos; yo soy un amante de la sabiduría, un buscador de la sabiduría.

Así, según la tradición, se acuñó esta palabra, «Filosofía», que significa, ni más ni menos, amar el conocimiento, buscarlo, no sentirse poseedor de él, sino ir detrás de algo que sabemos que existe, aunque tendremos que ver dónde está y cómo lo podemos encontrar.


Este concepto de amor a la sabiduría es el que sirve de fundamento para lo que vamos a denominar Filosofía a la manera clásica, y no simplemente Filosofía clásica. Si habláramos de Filosofía clásica nos podríamos remitir al clasicismo de muchísimas culturas, porque cada civilización, cada pueblo, ha tenido su período clásico, elevado, de oro.

Para nosotros, en Occidente, hablar de Filosofía clásica es remitirse a la Grecia clásica, a la Grecia de los grandes filósofos, de un Sócrates, de un Platón, de un Aristóteles, y de todos los que vinieron después, y de todos los que estuvieron antes. Pero esa Filosofía clásica nos ceñiría a un tiempo, a una época.

 

Nosotros optamos por a la manera clásica. ¿Qué significa a la manera clásica? Significa esa manera de vida que ha llevado a todos los pueblos a un período clásico, de oro, a su punto culminante. Es buscar el denominador común que ha permitido a todas las civilizaciones llegar a ese momento tan especial y elevado. ¿Cómo lo han hecho?

Buscando la sabiduría de una manera amplia, general, haciendo de la Filosofía algo que se pueda aplicar a todos los campos de la vida y no solamente a un núcleo determinado de definiciones o a una parte específica del pensamiento.

Busto de Pitágoras, de la Villa Papiri de Herculano.


 

 

odos los pueblos que han llegado a una Edad de Oro han empleado su Filosofía como un abanico inmenso que se despliega y abarca todo, y que puede encontrar soluciones, respuestas, vías de acción para cualquier actividad humana. Por eso nos interesa una Filosofía para vivir a la manera clásica, una Filosofía que haga despertar en nosotros también una cumbre, un espíritu clásico, un estado superior, una chispa de oro.

Esta Filosofía a la manera clásica es la de las grandes preguntas y la de las necesarias respuestas. Está bien preguntarse, todos nos hacemos preguntas, pero no podemos vivir solo de preguntas. Vivir de preguntas es como acercarse a una mesa bien servida, repleta de manjares, pero no poder comer ninguno.

Todos nos hacemos preguntas, pero lo que realmente nos alimenta es la respuesta.

Esta naturaleza inquieta del hombre, que lo lleva a plantearse interrogantes, es algo ancestral, muy antiguo. Desde que el hombre es hombre se hace preguntas. Y si hoy nos parece que ha dejado de hacérselas, no nos engañemos. Sigue teniendo las mismas inquietudes.

Sucede que algunos están muy cansados de no encontrar respuestas y, ante ese cansancio, optan por olvidar sus preguntas.

Otros están cansados de encontrar muchísimas respuestas, tantas que no saben qué hacer con ellas; tantas que varias son contradictorias entre sí, y cuando uno no sabe qué elegir ni cuál de estas respuestas es la que vale, las deja todas de lado.

Otros están cansados de que nadie les muestre un camino práctico, simple, para encontrar las respuestas, ya que también hay que aprender a encontrarlas. Si, como en todas las cosas de la vida, no tenemos a alguien que nos enseñe a hacerlas, alguien que nos indique por dónde ir, o cuáles son las respuestas, cómo encontrarlas y qué hacer con ellas, pasamos de largo sin advertir que tenemos preguntas importantes.

No pensemos que hoy la gente ha perdido el interés o que carece de inquietudes.

No. Simplemente, se han cansado, y hay que devolverles una esperanza a través de una Filosofía que sea tan atemporal, tan sin-tiempo y tan sin-moda como esas mismas preguntas, humanas, de siempre, que no siguen ninguna moda.


Para responder a esas preguntas profundas, íntimas, no podemos recurrir a una Filosofía de moda. Tenemos que recurrir a una Filosofía atemporal. La que está de moda nos va a decir hoy una cosa y mañana otra. Además, para estar de moda hay que ser original. Para estar de moda, no se puede decir lo que dijo otro.

Una Filosofía atemporal no puede estar de moda ni puede pertenecer a nadie.

Una Filosofía atemporal que responda verdaderamente a nuestras inquietudes, además de no estar sujeta a la moda, tiene que ser práctica, muy práctica.


Cuando tenemos una inquietud y nos ofrecen una respuesta, hay que poder llevarla a la vida. Si una respuesta es práctica significa que es vital, que la puedo introducir en mi manera de vida. Si no puedo hacer nada con esa respuesta, ¿para qué la quiero? Si la respuesta no va a pasar nunca más allá de mi mente, ¿para qué la quiero?

Si la respuesta no resuelve mis problemas ni mis dolores, ¿para qué la quiero?

Esta es, pues, una Filosofía para la vida, práctica, atemporal. Es la que, creo, buscamos todos…


 

I) Filosofía para Evolucionar


“Toda la vida es un largo viaje y la velocidad
no es más que una ilusión; no importa el carruaje
que usamos, sino el camino que andamos.”

D. S. G.


La evolución, una necesidad del alma

omo filósofos, no nos satisface la idea de una Humanidad estática, sometida al logro de avances materiales, pero sin mayores modificaciones internas. La evolución se impone como algo necesario y admirable, como un camino más o menos largo según nuestro deseo de andar, y con unas metas tan altas como grandes son esas escondidas aspiraciones del alma que se manifiestan en vagas intuiciones despojadas de palabras.

Todo ello, enmarcado en el maravilloso e inevitable concepto de Destino.


Un camino largo o corto: depende de nosotros.

Respecto a la longitud de nuestro camino, debemos recapacitar y constatar que el camino será tan largo como lenta sea nuestra decisión de evolucionar realmente.

Si jugamos a «ser» mientras seguimos manteniéndonos en la inopia de todos los días, el camino será largo, muy largo… Si cada día, en cambio, es un tiempo precioso para hacer algo concreto en relación con nuestro despertar interior, las distancias se acortarán prodigiosamente. Y puede que tras esos pequeños logros que hemos señalado más arriba, se produzcan en nosotros transformaciones que ni habíamos llegado a imaginar.


¿En qué nos ayuda la Filosofía?

Estudiamos Filosofía para buscar la sabiduría que nos falta, para descubrir paulatinamente las leyes que rigen la vida y, por lo tanto, a nosotros mismos. Para gobernar nuestras personalidades y hacerlas más armoniosas y para ofrecer a los demás el resultado de nuestras experiencias, evitándoles, si es posible, dolores innecesarios.

Para conocer el porqué de tantos hechos que aparentemente resultan incongruentes: dolor, enfermedad, miseria, violencia, locura, odios, miedos… Para reconocer, tras las incongruencias, ejercicios que nos pone la vida para colaborar en el avance evolutivo que pretendemos.


Para ser activos ante la Historia y no dejar pasar el tiempo en vanas lamentaciones. Para apoyarnos en los legados de la tradición y generar nuevas vías de transmisión hacia el futuro. Para despertar el sentimiento dormido de solidaridad humana y ver a todos como seres dignos de nuestra comprensión.

Para desvelar el misterio de Dios y cubrir nuestras almas con esos velos misteriosos, devolviéndolas a su patria de origen.
¿Qué hemos de ganar? ¿Hace falta mayor ganancia que la expuesta en las líneas anteriores?


¿Tener más o ser mejor?

Se trata de ser más, antes de querer tener más. Después de todo, son muchos los que vienen demostrando que se pueden tener muchas cosas, malgastarlas o perderlas en un día, pero pocos los que demuestran poseer la llave del ser interno, el control de su existencia, de sus emociones, la comprensión para el dolor, la fortaleza para las pruebas, la sabiduría para distinguir quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos.


Tras una Filosofía activa

La desgraciada deformación de las ideas y de las palabras que las representan ha hecho que casi siempre se confunda la Filosofía con una actitud pasiva y meditativa, como una fórmula mental que no tiene por qué poner en marcha nuestro cuerpo físico ni influir en nuestros sentimientos.


Ser filósofo no es lo mismo que estudiar Filosofía

Una Filosofía que no se siente, que no se ama, un conocimiento que no nos conmueve, que no nos hace vibrar, ¿para qué sirve?, ¿para que vibren las neuronas? Es muy poca cosa.

Necesitamos que vibren nuestras neuronas, de acuerdo, pero también el corazón.

Necesitamos que un fuerte sentimiento acompañe todo lo que pensamos.

Y el asunto no termina allí: hace falta pensar, sentir y actuar. Y hace falta poner de acuerdo lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, y cuando esos tres elementos están de acuerdo, entonces somos filósofos, porque hay una enorme diferencia entre estudiar Filosofía y ser filósofo.


Estudiar Filosofía puede hacerlo cualquiera. Puede gustarle o no, puede entenderla o no, pero la puede estudiar. Ser filósofo es algo diferente. Es una actitud, es un arte. Sin embargo, también lo puede ser cualquiera.

Precisamente, es mucho más fácil ser filósofo que estudiar Filosofía, porque ser filósofo lo es cualquiera que se haga preguntas con una auténtica inquietud, con sinceridad, y emprenda también con sinceridad la búsqueda de las que serán las respuestas.

Lo que queremos es ser filósofos y no simplemente estudiar Filosofía.


Filosofía constructora

Proponemos una Filosofía para un ser humano constructor, para un constructor de sí mismo. Considero que este es el título más grande que pueden concedernos.

Si alguna vez nos gustara obtener una condecoración, un título, todos deberíamos pedir este de constructor, para ser constructores de nosotros mismos y de las sociedades en las cuales vivimos, para poder mejorarnos a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos.


Filosofía como amor y transformación

Si la Filosofía es amor a la sabiduría, en virtud de ese amor debe surgir el movimiento. El amor no puede quedarse quieto porque busca lo que necesita, lo que ansía.


Ser filósofo requiere movimiento, porque es:

* Un amor que siempre pide más e impulsa a andar para conseguirlo.

* Una actualización permanente de todo lo que se sabe o se cree saber. Releer lo que se ha leído, volver a escuchar lo que se cree haber entendido, porque esta nueva búsqueda proporciona nuevos tesoros.

* Una actualización permanente de los medios a emplear para conseguir los resultados propuestos. Nosotros no somos siempre los mismos, y lo que ayer pudo haber sido herramienta hoy puede ser obstáculo en el camino.

* Una revisión y transformación de sí mismo. La revisión es una forma de nacer todos los días.

* Una comprensión por quienes nos rodean, por sus sueños y necesidades.
“Hacer las cosas por uno mismo es de sabios, pero no tener de quién aprender es de ignorantes”.


La naturaleza de la Filosofía

maginemos un árbol. Su vida vegetal se expresa en una naturaleza fundamental de madera. Su tronco de madera se expande en múltiples formas de vida, en numerosas ramas que se abren en todas las direcciones. A su vez, las ramas se cargan de hojas, flores y frutos cuyas particularidades dependen del tipo de árbol.

Pero sería insensato por nuestra parte definir el árbol por la cantidad y tamaño de sus ramas, o de sus hojas, sus flores y sus frutos. Lo que nos importa es cómo se manifiestan y la relación que mantienen con su tronco, de tal forma que, sin tronco, tampoco existiría lo demás.

Así es la naturaleza filosófica. Es el tronco firme del árbol. De su estabilidad y su inalterable condición de madera, dependerán sus ramas y hojas, y la calidad de sus flores y frutos.

Si nuestro tronco es el amor a la sabiduría, la fuerza del amor dará lugar a las ramas del saber, y de allí vendrán las flores del conocimiento, que se convertirán en frutos para la Humanidad.

La naturaleza filosófica tiene la doble cualidad de buscar y de dar, de encontrar y de compartir, de ser ricos y generosos al mismo tiempo.

Continuando con el árbol, una cosa es lo que se ve y otra es la raíz que se esconde en el interior de la tierra, que constituye, sin embargo, su aspecto más importante.

Sin raíz no hay vida, y sin vida no hay Filosofía. ¿Cómo puede haber amor a la sabiduría si no hay vida? El amor es esencialmente vital, necesita raíces que lo alimenten y le permitan sobrevivir a todas las tormentas y dificultades.

Las raíces escondidas no intentan escapar de la búsqueda sincera del que participa de la naturaleza filosófica. Solamente piden una búsqueda más profunda, dirigida a las causas y no a los efectos evidentes.

 


Fuente del presente artículo: Revista Esfinge



Continuará


Um mundo para valentes

Délia Steinberg Guzmán



inútil fechar os olhos ante as incontáveis catástrofes que atingem o mundo, algumas produto da Naturaleza em seu indecifrável movimento, outras filhas da mente e das mãos humanas. Quando não são terremotos, furacões, enchentes, são mostras de inusitada violência, guerras à espreita…

Enfim, e para não aumentar a lista, uns poucos exemplos das muitas situações que nos torturam.


Do ponto de vista da Filosofia, sabemos que os clássicos predicaram uma atitude valente e positiva às pessoas, não ficar imóvel ante a dor, nem a alheia nem a própria, mas, ao contrário, colocar em jogo as forças de cada um para atenuár-la na medida do possível. E é isso o que queremos, o que tratamos de fazer, ainda que não consigamos mais que uma pequena parte do que se anseia.


Mas, às vezes, nos assalta o desejo de fugir da mentira, da feiúra, da grossería, do desequilíbrio. Há uma sede intensa de paz, de beleza, de armonía, e muito poucos lugares onde encontrá-las. Daí que se amplie o reduto interior, esse lugar que nos pertenece e onde, se desejamos e sabemos fazê-lo, podemos guardar os maiores tesouros.


Há poucos lugares serenos, mas em troca existe um imenso jardim dentro de cada ser humano. E continua havendo centenas de coisas belas que aquietam o espírito e permitem recuperar forças.


Quando tudo rui e parece que vamos tombar sem chegar a entender porquê lutamos, nem aonde vamos, todavía brota uma flor, um som, uma cor, uma forma graciosa, uma idéia profunda, uma palabra brillante, um sentimento generoso, uma mostra de gratidão, um poema, um canto, um templo…


Sem estar em guerra, hoje quase todos vivemos em guerra. O mundo fere, as sociedades que propõem o encontro humano são as que, consciente ou inconscientemente, agridem aos que nelas vivem. O mais comun é padecer de angústia, cansaço, ansiedade; e o pior e também habitual é carecer de palavras para explicar essa ansiedade que nos corrói.


Não é um problema que afeta aos adultos, aos mais comprometidos com a vida; também os jovens, os adolescentes estão cansados e esgotados mesmo antes de terem começado a viver, e temem o futuro que os espera, ou o ignoram sob outra das máscaras do temor.


Em meio aos conflitos é quando se valorizam as pequenas coisas, as coisas boas, simples, belas. Em meio ao assédio de mil e uma agressões, nada tão maravilhoso quanto o oásis de um livro pleno de experiências atemporais, um violino que lança melodias através de um moderno aparelho que, no entanto, nos transporta a tempos passados ou vindouros, tempos tranqüilos; uma voz que se eleva vitoriosa em meio ao ruído, impondo sua harmonia sonora; um pouco de história que se realiza ante nossos olhos ansiosos de aprender despertando pontos adormecidos na memória.


Mas são instantes fugazes. São apenas o repouso do guerreiro, que não sabe porquê está na guerra, nem contra quem deve batalhar, mas sente que tudo ferve ao redor em um espasmo de dor e incerteza. Recobrado a ânimo, o guerreiro assume a outra face do filósofo e volta-se à ação.


Sabe que para além de seus sofrimentos há um mundo que sofre ainda mais, que há milhares de pessoas que necessitam ao menos do alívio de uma mão amiga ou de uma palavra, de uma idéia reconfortante, de um esboço de futuro esperançoso.


Por isso não há quietude; só a ação do que reconhece a pequenez de seu trabalho e o tempo que julga sua necessidade, a ação do que após uma dura jornada abrirá a porta de seu jardim interior e encontrará as belas flores de seu breve descanso


Talvez, algum dia, essas flores possam abrir-se em toda a face da terra.



OL_Photo: Gettyimages©


Esoterismo Práctico

Escrito original de Delia Steinberg Guzmán


delfos



cuandouando nos reunimos alrededor de un título como este, sé que hay por medio muchas inquietudes. Las más importantes, las de quienes me leen esperando encontrar algo especial, extraño, diferente. También están por medio mis propias inquietudes, que me hacen desear ser sincera, fiel a mi propia verdad, y poder exponer aquello que verdaderamente pienso.


Hemos querido hablar de esoterismo práctico, de este esoterismo que tantas veces encontramos en publicaciones, en conversaciones, charlas, explicaciones, y que, a fuerza de usarse y usarse, le sucede aquello que le pasa a tantas de nuestras palabras: que ya no sabemos muy bien de qué estamos hablando.


Como he expresado en muchas oportunidades, no soy experta en definiciones. Pero si nos vamos a referir a cosas sencillas y prácticas, vamos a entender por esoterismo lo opuesto a “exoterismo”.


Lo exotérico, lo externo, lo que se ve, lo que está al alcance de la mano, de los sentidos o de nuestra comprensión, conforma una serie de elementos que no tienen ningún secreto para nosotros. Vamos a reservar, en cambio, la definición de “esotérico” para lo que está guardado, escondido. No es que no exista, sino que simplemente no aparece fácilmente ante el entendimiento.


Así pues, todo lo que existe y todo lo que se nos muestra manifestado tiene, además de un aspecto concreto y visible, otro invisible, que conforma la esencia escondida, el alma, el espíritu que yace detrás de todas las cosas y que habita en todos los seres. A esa esencia es a lo que llamaremos lo “esotérico”. Llamaremos también “esotérico” al conjunto de ideas y conocimientos a los que todavía no hemos tenido acceso; es decir, a todo aquello que aún ignoramos.


En realidad, estamos rodeados de muchas cosas esotéricas; hay cosas que vemos y otras que no, y lo aceptamos así. Igualmente, hay cosas que sabemos y otras que ignoramos. El conjunto de las cosas que ignoramos constituye para nosotros lo esotérico, porque permanecen todavía ocultas.


El conocimiento esotérico, si bien constituye todo aquello que aún no poseemos, no indica quietud o pasividad. Sabemos, como decía Sócrates, que no sabemos, pero que queremos saber; sentimos que necesitamos algo más.


Todo filósofo, si es verdaderamente un amante y un buscador de la sabiduría, es un esoterista. El filósofo busca lo que no tiene. Cuando buscamos el conocimiento, no buscamos aquello que ya tenemos, sino lo que nos falta.

Nuestra ansiedad se lanza tras aquello que sentimos que aún no está con nosotros. Nuestro anhelo es fruto de nuestra falta de plenitud.

Somos filósofos esoteristas porque buscamos lo que no sabemos, lo amamos y lo queremos llevar hacia nuestro interior.


Ahora bien, hay una enorme diferencia entre la búsqueda intelectual del conocimiento y la práctica de estos conocimientos que podemos llegar a adquirir. La inquietud que nos lleva a buscar intelectualmente, a leer, a conversar, a escuchar, a investigar, es un primer paso muy importante, pero no es todo el camino.


Un camino no puede estar hecho nada más que de ansiedad y de búsqueda intelectual. Para que los conocimientos que atraemos hacia nosotros demuestren su efectividad, tenemos que aplicarlos.


El conocimiento se nos muestra en su perfección, integridad y validez cuando lo podemos llevar a la práctica.

De esta forma, ya sea en el esoterismo actual o en el viejo esoterismo de tantas y tantas civilizaciones que llenan las páginas de nuestra Historia, se trató siempre de la doble vertiente: una búsqueda intelectual y una aplicación de dicha búsqueda.


Desde este punto de vista, el esoterismo no es un conocimiento más, sino un conjunto de conocimientos que llevan al hombre poco a poco a conocerse a sí mismo y a dominarse cada vez mejor, a comprender cada vez más la Naturaleza y a poder mantener los ojos abiertos ante sus misterios.


Si este conocimiento esotérico que lleva a abrir nuestros ojos, nuestra comprensión y nuestra alma no puede aplicarse, es como si estuviese muerto. Si consideramos que los conocimientos que hemos recogido intelectualmente son válidos, tienen que serlo también en su aplicación.


Es más, cada uno de los actos de nuestra vida, cada una de nuestras palabras, cada uno de nuestros gestos, tienen que demostrar la validez, la autenticidad de aquellos conocimientos que hemos recogido por buenos, por grandes, por verdaderos.


Es aquí donde nos encontramos con una de las tantas paradojas del tiempo que nos ha tocado vivir. Se habla mucho, se escribe mucho, se piensa mucho y se hace poco… Y de lo poco que se hace, generalmente se hace a la inversa de lo que se dice, de lo que se asegura pensar, de lo que se sostiene como idea propia.

Hoy el ser humano ya no quiere esforzarse por vivir sus convicciones.

La vida diaria ofrece generalmente estos ejemplos, que son los que acaban por definirnos. Es muy doloroso para la gente joven con ilusiones el empezar a estudiar filosofía, lenguas, artes o aun esoterismo y encontrarse con que quien nos explica todos estos conocimientos nos habla de cosas grandes, elevadas y nobles, pero no las vive ni las aplica.


Se nos venden grandes ideales, pero quienes los venden no los sienten. Creemos que el conocimiento esotérico, aquel que va detrás de las grandes verdades, tiene que tornarse práctico.

Es evidente que hay grandes problemas que dificultan la práctica, no solo de las grandes verdades, sino aun de esas pequeñas e íntimas que nosotros sentimos como nuestras.


Y ya que de esoterismo hablamos, quiero hablar de los problemas que el mismo nos presenta. El más grave es que se ha puesto de moda, y esto lo desvirtúa, lo desgasta, lo pone en boca de muchos, y aun quienes no saben absolutamente nada lo intentan manejar de manera profana.


En esta moda general del esoterismo encontramos algunos elementos que nos parecen altamente perniciosos. Por ejemplo, dentro del esoterismo “de moda” hay una corriente que tiende a alejarse del mundo en que nos ha tocado vivir, a despreciarlo, a criticarlo, a no proponer nada en su beneficio y a encerrarnos, cual si fuésemos el Viejo de la Montaña, en la soledad de nuestros pensamientos y en extrañas y raras meditaciones.


Es un esoterismo de puertas para adentro, que nos parece un tanto egoísta. Si queremos ser esotéricos, lo primero que deberíamos aceptar es que cada cual ha nacido en el momento que se merece, en el tiempo que le corresponde y en la época justa.

Luego evadirnos de todo esto, por muy malo que sea, no puede considerarse positivo.


Otro defecto es que cada una de las instituciones, grupos, escuelas o conjuntos de amigos que se dedican al esoterismo se consideran los mejores, los únicos, los más válidos y auténticos.

Cada cual cree haber recibido la inspiración y la iniciación de algún soberano maestro, y todos los demás venimos a ser una suerte de tontos que les pisamos los talones, pero que nunca llegamos a ninguna parte.

Lo lógico es que quien busca con verdaderas intenciones se desespere ante esta enorme cantidad de contradicciones.


Todos dicen poseer la Verdad, el único Maestro y la Instrucción. Naturalmente, esto desengaña a quien busca, porque uno empieza a preguntarse si la Verdad es una o múltiple, y si la tienen algunos, todos o ninguno.


En el esoterismo de moda hay también otros inconvenientes: un manejo de palabras exagerado, que nos aleja de las verdades esenciales. Hoy todo el mundo habla de meditación, de “iniciación”, de introspección, de invocaciones a los dioses, de magia práctica, del nirvana; una gran cantidad de cosas que dejan de encerrar conceptos profundos para convertirse en una especie de ensalada.


Tanto es así que en cualquier sitio uno se encuentra con “iniciados”. Y olvidando las enseñanzas de los viejos Maestros, que explicaban que, generalmente, el que lo es no lo dice, vemos a múltiples personajes que aseguran de sí mismos serlo, y que piensan que por conceder cinco minutos a los que hablan con él, uno ya puede recibir algo de esa fabulosa iniciación.


¿Qué es la Iniciación? ¿Qué es la meditación y la concentración? Muy difícil de explicar, porque por mucho que nos digan que hay que centralizarse en uno mismo, a veces es bueno preguntarse qué es uno mismo, quién es uno mismo, dónde estamos nosotros mismos…


Nos encontramos ante una suerte de magia por imaginación con la que la gente cree conseguir cosas que, en realidad, no tiene. Se nos explica que todo está tan cerca, tan al alcance de la mano, tan fácil… somos todos tan sabios, tan perfectos, extraordinarios e iluminados que ya nos imaginamos en ese estado de perfección, y la imaginación nos agota la capacidad de acción.


En lugar de buscar aquello que teníamos que buscar, nos conformamos con lo que imaginamos. Pero ¡ay de nosotros cuando caemos en el difícil pozo de la ignorancia!


Nos encontramos con una popularización exagerada de ciertas artes y creencias esotéricas… Hoy todo el mundo sabe de alquimia y de astrología; hoy todo el mundo habla de zen y de las prácticas tántricas. E incluso resulta que la Iniciación, la sabiduría y el cielo están fácilmente al alcance del hombre, porque ahora con prácticas sexuales se llega también al nirvana…


Esto también minimiza el esoterismo, tornándolo pequeño y presentándolo falso; fácil, pero falso. Nos aleja de la exploración de la personalidad, de la verdadera práctica y de todo tipo de esfuerzo. Nos aleja del camino arduo y estrecho que todos los verdaderos Maestros han enseñado.


Hay también una exasperante utilización de la palabra mística. Hoy todo es místico, todo; hasta la forma en que se come y el ritmo con el que se mastica la comida.

Si uno se corta el cabello es un místico; si se lo deja largo, también; depende de las escuelas…

Hay toda una corriente de pensamiento que ha llegado a decir que el hombre se espiritualiza nada más que por pronunciar repetidas veces el nombre de Dios, y nos hemos olvidado de que, tal vez, la espiritualidad se consiga actuando en nombre de Dios, no importando las veces que repitamos su nombre.


Todos estos problemas que hemos mencionado hacen que sea difícil hablar de esoterismo y, mucho más, del esoterismo práctico.


vamosamos a resumir algunos elementos que el esoterismo puede aportar al hombre, así como algunas fórmulas prácticas, mediante las cuales podremos profundizar en ciertos consejos e ideas fundamentales.

Para el esoterismo tradicional, todo nuestro universo y, por consiguiente, nosotros mismos como seres humanos estamos compuestos de dos grandes elementos.


En nosotros y en el universo juega siempre la dualidad espíritu-materia. No hay contradicción real entre ambos. No es que el espíritu esté arriba y sea bueno, ni que la materia esté abajo y sea mala. El espíritu es fuente de luz, de conocimiento y verdad; desciende y se plasma hasta condensarse, oscurecerse y tornarse materia. Pero estos dos extremos de la escala, a nosotros nos vuelven verdaderamente locos.


Por poco que nos analicemos a nosotros mismos, en silencio y con dedicación, vamos a descubrir nuestra parte de espíritu, superior, noble, sutil; pero también, nuestra parte de materia, que vive y se complace en un mundo de cosas materiales.


Nuestro gran problema, y de ahí el esoterismo práctico, es que no sabemos congeniar estas dos partes: o bien nos volcamos hacia una espiritualidad exagerada y mal entendida, y aprovechamos mal ese instrumento que también nos ha dado Dios –que es el cuerpo físico–, o bien nos volcamos totalmente en lo material, con desprecio absoluto de lo espiritual. Una de las primeras cosas que deberíamos aprender es a congeniar esa dualidad con la que hemos de vivir: espíritu y materia.


Otro elemento esotérico antiguo y tradicional, que vamos a encontrar en todas las culturas, es el referido a la antigüedad del universo y del hombre. Ni el universo ha nacido hace pocos miles de años ni el hombre deambula sobre la faz de la Tierra desde hace apenas unos pocos días históricos.

Para todas las tradiciones, la antigüedad del universo es enorme; y tanta como la del universo es la del hombre, aunque este haya tenido muchas formas, múltiples apariencias, aunque haya sido a veces tan solo una pompa de jabón, un trozo de espuma, un glóbulo de aire… no importa la forma.

El hombre y el universo han pasado por numerosos ciclos, que tienen la particularidad de repetir elementos semejantes. Ciclos de vida y de muerte, de aparecer y de desaparecer, de tener cuerpo y de no tenerlo.


El esoterismo ha tratado de explicar qué es lo que vive y qué es lo que muere, llegando a la conclusión de que lo que permanece vivo es el espíritu, y lo que muere, lo que viene y se va, lo que aparece y desaparece, lo efímero como el reflejo de una ilusión, es el cuerpo.


Así se entienden más y más conceptos esotéricos como el de la eternidad, eternidad que afecta al espíritu, mas no al cuerpo. Conceptos tales como la evolución, que hace que este espíritu tome conciencia paulatinamente de lo que significa la vida; de este agregado que le supone el cuerpo, y de las dificultades y ventajas que le supone poseer uno.


Conceptos tales como el sentido mismo de la vida, la respuesta a para qué estamos aquí y qué vamos a hacer en este mundo. ¿Cuál es nuestra función, hacia dónde caminamos? ¿Es simplemente vivir, vegetar, comer, dormir, o hay algo más que podamos hacer?


Se nos aclaran conceptos como las famosas pruebas que la vida nos depara; pruebas que no son simplemente dolores para vejarnos, sino que pasan a ser sistemas de enseñanza para fortalecernos.

Para el esoterismo de todos los tiempos, ha habido siempre una ley fundamental, que nos permite conjugar este universo y sus criaturas con sus apariciones y desapariciones. Me refiero a la ley de causa y efecto, la ley que anula la casualidad y, en cambio, pone en pie la responsabilidad.

En nombre de la causa y el efecto, todos nosotros somos artífices absolutos de lo que nos sucede, de lo que vivimos, de lo que tenemos, de lo que pensamos, de lo que sentimos. Y aun somos artífices de nuestro propio futuro y de todo aquello que podemos plasmar alrededor de nosotros.


Para este esoterismo fundamental, el mundo en el que vivimos está sujeto a la acción. No hay nada que pueda dejar de actuar. Aunque creamos que cuando nos sentamos en un rincón en una postura más o menos oriental, inmóviles durante 15 minutos o una hora, vamos a eliminar la acción de alguna manera, estamos equivocados.


Eliminamos un tipo de acción, pero el corazón sigue latiendo; nosotros seguimos respirando, nuestra mente sigue pensando, nuestros sentimientos siguen fluyendo… Por lo tanto, hay múltiples formas de acción a las cuales no podemos restar nuestra colaboración.


Para este esoterismo tradicional siempre han existido poderes paranormales, supranormales o como se los quiera llamar. Pero, a pesar de esta terminología, no hay nada paranormal ni supranormal en el seno de la Naturaleza. Hay cosas normales, solo que a veces están a nuestro alcance y otras no; a veces podemos aplicarlas y otras no.

Algunos creen que el esoterismo consiste únicamente en la adquisición de poderes paranormales.

Para el verdadero esoterista, la idea de Dios es imprescindible, puesto que nadie ha conseguido jamás que el hombre pueda ser eterno, evolucionar, dar sentido a su vida, entrar en la gran corriente de acción sin sentir que Aquello, no importa de dónde venga, está por encima de toda nuestra comprensión, de todas nuestras definiciones y limitaciones.

Me refiero a Aquello que ha puesto en movimiento esta máquina que, si bien la miramos, es una gran maravilla.

Estos conocimientos requieren mucho tiempo y necesitan de una acción, de una práctica fundamental para poder llegar a vivirlos.


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Algunas Consideraciones Prácticas


hay-variosay varios sistemas para poner en práctica el conocimiento esotérico. Vamos a mencionar algunos muy sencillos, que no tienen nada de extraordinario ni de paranormal.

Un elemento fundamental es no soñar jamás con conocimientos superiores para beneficio personal o para tener más poder.

El conocimiento no se ha hecho para poder sobre los demás; se hizo, en todo caso, para poder, en principio, sobre uno mismo. El egoísmo es planta que hay que desterrar, si de verdad nos interesa el esoterismo.


La vanidad personal sobra. Aquel que sabe algo no debe decirlo en todo momento y a toda persona que encuentra. Eso es, simplemente, vanidad.


El que sabe, reconoce humildemente que lo único que ha hecho es tomar un poco del conocimiento que hay en la Naturaleza, y lo usa como se bebe agua o se respira el aire.


Está de más también nuestro gusto contemporáneo por las cosas perecederas. Si estamos pendientes continuamente del tamaño de la casa en que vivimos, de los muebles que tenemos, si nuestra ropa es más importante que nuestro espíritu, indudablemente es muy difícil poder transitar el camino del esoterismo.


Hay que eliminar la vanidad personal; pero sí conviene desarrollar un cierto orgullo espiritual, que falta últimamente en el hombre. Orgullo espiritual no es vanidad, sino esa sensación de fuerza y tranquilidad interior de aquel que siente que lleva algo grande dentro, algo que no tiene tamaño ni precio, algo que no se puede adquirir en un simple mercado de oferta y demanda; algo que está con uno mismo. Eso da una sensación de orgullo, sí, pero un orgullo espiritual.


Si bien no hay que atarse a los elementos perecederos, hay que ser prácticos y aprovechar todos los que la vida nos brinda, para hacer de ellos objetos de bien, que puedan favorecer a otros seres humanos.


No proponerse grandes empresas que no vamos a ser capaces de realizar.

No se puede acudir al esoterismo soñando que vamos a ser Cristo o Buda porque lo más normal es que no lo logremos. Es bueno tener la humildad interior de reconocer que podemos ser unos buenos seres humanos, buena gente, y ayudar a los que están a nuestro alrededor, aunque no seamos ni Cristo ni Buda. No es que no se pueda llegar a ser una gran figura, pero llegar cuesta mucho más trabajo que esta pequeña empresa que exponemos ahora.


El esoterismo y su práctica requieren una gran pureza.

Sé que hablar de esto hoy está pasado de moda, pero es necesario y, además, es verdad.

Una pureza física y una gran higiene tendrían que llegar a penetrar dentro de nosotros en todos los planos en los que vivimos. Una higiene física, psicológica y mental. Cuidar nuestros sentimientos y nuestras ideas.

Higiene en el ambiente circundante y en nuestras conversaciones.

Esto es lo que se pide. No es posible que en medio del fango broten flores delicadas, y cuando brotan son excepciones. Ahora estamos hablando de un esoterismo práctico que nos sirva a todos, en el que la higiene y la pureza son fundamentales.


Tampoco vamos a promover un vegetarianismo a ultranza, ni que se suprima absolutamente la bebida. Lo ideal sería comer con mucho cuidado, escoger los alimentos, evitar los excesos, no caer en la gula, no caer en el alcoholismo, evitar las drogas.


Más consejos prácticos: se enseña que la mente es un instrumento para pensar, que relaciona el mundo del espíritu con el mundo de la materia. Pero nuestra mente tiene una particularidad: al estar en medio, depende de cómo balanceemos este equilibrio para que ascienda y se dedique a las grandes ideas, o caiga y se banalice.


Ya lo dijeron muchos pensadores: es mucho más fácil caer que subir.

Por eso hay que cuidar mucho nuestra mente y nuestras pasiones; no nos referimos a las pasiones del alma, ni a las artísticas, ni a aquellas que nos ponen en contacto con elementos sutiles. Nos referimos a las pasiones que nos destrozan, que nos arrastran, que nos hacen perder todo tipo de capacidad, estos arranques de desesperación y de ira, que nos tornan verdaderos guiñapos humanos incapaces de nada.


Estas pasiones no son del espíritu, sino de la materia, y hay que intentar dominarlas poco a poco. Esto no significa no enojarse jamás, pero sí al menos no ceder a la ira.


Una fórmula práctica muy olvidada: amor para toda la Humanidad, no tan solo para algunos.


Es bien patente que esto nos falta hoy. Estamos tan insensibles que somos capaces de leer cualquier cosa tal como si pasara en otra galaxia. Esto sucede, en gran parte, porque todos los días suceden muchas cosas y cada vez peores: muertes, guerras, accidentes, desastres, asesinatos; ya casi ni conmueven nuestros corazones. Ya casi somos incapaces de temblar por otro, de sufrir por otro.


El hecho es que resulta muy difícil penetrar verdades esotéricas cuando solo somos capaces de pensar en nosotros mismos.


Como vemos, el camino es sencillo y difícil a la vez. Y si quisiéramos, nos tornaríamos más prácticos todavía; podríamos escoger alguna de las fórmulas que muchos maestros, a lo largo de muchos años, han recomendado a sus discípulos.


Son cuestiones simples, pero también difíciles. Veamos algunas.


Tener por costumbre iniciar las mañanas con alguna idea, alguna frase, algún pensamiento.

No abandonarlo a lo largo del día, y cada vez que estamos un minuto en paz o tenemos un instante de reposo, traer esta idea a nuestra mente, pensarla, sentirla, aplicarla.


Evitar la pereza, levantarse pronto y rápidamente.

Anular los momentos que solemos pasar en la cama entre la vigilia y el sueño. Ahí es cuando se cruzan las ideas más disparatadas de la vida.


Recurrir a la oración.

Aprender a hablar desde dentro, a dirigirse desde dentro hacia arriba y no tener miedo de ello.


Autoanalizarnos.

No mucho, porque eso también es pernicioso. Ser sinceros con los propios defectos, y prometerse día a día que no los vamos a volver a repetir. Y si caemos, prometerse otra vez que no lo volveremos a hacer.

Hace falta tener mucha paciencia con uno mismo, mucho valor para vernos cómo vamos, para darnos cuenta de cómo caemos en el mismo error y seguir intentando ser mejores y ser diferentes.


Acostumbrarse a la soledad.

No temerla. En realidad, nunca estamos solos, ese es el error. Acostumbrarse a compartir momentos con uno mismo, a estar con el propio yo, que no es ningún enemigo. Lo peor que puede pasar es que a veces no esté.

Pero hay que tener paciencia y llamarle y dejarle crecer; permitir que se presente ante nosotros y compartir momentos con él.


Evitar todo lo innecesario. ¿Ideas innecesarias? Se desechan. ¿Sentimientos innecesarios? También. ¿Palabras innecesarias? Callarlas, pensar siempre en lo que vamos a decir. ¿Qué necesidad tenemos de herir a los demás tan solo porque nosotros estemos de mal humor?


Hablar lo justo.

Rendir culto a la amistad, pero no posponer nuestros ideales más caros en su nombre. Ejercitar la voluntad día a día, momento a momento, y con las cosas más sencillas. No hartarse jamás de comida, no dormir demasiado; mantener el cuerpo al ritmo de la voluntad.


No leer demasiado.

Puede parecer paradójico, pero la excesiva lectura puede llegar a conturbamos. Leer lo justo y acostumbrarse a leer y a pensar un poco en lo que leemos; leer y asimilar.


Acostumbrarse a estar contentos.

Dicen que aquel que encuentra las grandes verdades, que entra en contacto con elementos fundamentales, se muestra alegre de ánimo.


¿Cómo podría ser de otra manera? Estar contento con la propia situación, no despotricar contra la existencia que nos ha tocado vivir, sino aceptarla.

Como enseñaron los grandes Maestros, el problema no es evitar los dolores que sufrimos, sino los que van a venir.


No se crece de afuera hacia adentro, sino de adentro hacia afuera.


Nuestra posibilidad de evolución depende, en parte, de las circunstancias externas, pero no totalmente. Nuestras energías negativas no se pueden matar ni reprimir.


Aquellas energías que hemos perdido en idear cosas inútiles y torpes deben ser transmutadas por proyectos útiles y nobles… Si nos gusta algo que sabemos positivamente que no es conveniente, hay que intentar volcar esa energía en otra cosa.


otratra fórmula práctica: No abatirse jamás.

La desesperación no hace a un esoterista, sino a un vencido.Un hombre con convicciones, que busca la verdad, no se desespera. Cae una y otra vez, y se levanta de nuevo; si cae diez, diez veces se levantará.

El conocimiento crece en la misma medida en que se entrega, y esto lo saben muy bien todos aquellos que se han visto en la oportunidad de enseñar.

Cuanto más enseñamos, más sabemos. Todo aquello que nos hace bien debe ser entregado; todo aquello que recibimos debemos dejarlo correr, transmitir, enseñar, proyectar.

No creamos que la felicidad resida simplemente en el confort material, porque esa es una cadena sin fin. Cuantas más cosas tenemos, más necesitamos, y la felicidad no llega nunca.


Y una última fórmula:

No creamos que no hay ninguna salvación, ninguna redención, ninguna iluminación que venga desde fuera.

Es verdad que si tan sencillo fuese, los Maestros y los dioses, así, en plural, como eran para las antiguas civilizaciones, ya nos habrían regalado esa salvación y seríamos totalmente libres.

Pero ellos han señalado un camino, han depositado fórmulas en nuestras manos, y el resto es lo que tenemos que hacer nosotros. Dentro está la verdadera fuerza, el verdadero esoterismo.


Este esoterismo al que nos referimos es una creencia tradicional, una ciencia secreta. Y no porque se pretenda mantener escondida, sino porque no siempre ha estado al alcance, y no siempre ha sido objeto de conocimiento de los hombres, pero ofrece prácticas directas para que aprendamos a vivir en el mundo y a realizarnos en él.


El esoterismo es un legado de la Humanidad hacia la Humanidad. No es ni debemos creer que consiste en un sistema para sociedades hastiadas y aburridas. No es un entretenimiento, no es jugar a una copa que se mueve por encima de una mesa; aunque esta pueda moverse, esto no es esoterismo.


Lo que estamos buscando es algo bien diferente; buscamos llegar a la verdad.


Podríamos resumir esta búsqueda en una necesidad de autoeducación que permita al ser humano superarse a sí mismo, a través de una formación del carácter práctica, real y efectiva. Exigirse a sí mismo, desarrollar la mente de manera armónica, clara, limpia, sencilla. Aceptar las propias características de nuestro destino y aprovecharlas al máximo, extrayendo la mejor enseñanza de aquello que se ha puesto en nuestras manos.


Aprender a sentirnos unidos a todos los seres humanos, unidos en nuestra semejanza espiritual, y en un destino común.


Estamos acostumbrados a la competencia, la lucha por la existencia, la supervivencia del más apto y el egoísmo. Hoy no se trata de educarse; se trata nada más que de pasar el examen, pero podemos obtener una excelente nota y no saber nada de nada; y podemos no tener notas en ninguna parte y saber: saber vivir.


A veces, es necesario ponerse frente a uno mismo, y no delante del espejo que falsea nuestra imagen. Ponerse ante la propia conciencia y decidirse a tomar parte en esta corriente de vida, de evolución. Darse cuenta de que estamos inmersos en esta gran corriente, y de que nuestra acción, por mínima que sea, no es innecesaria; de que nuestras acciones tienen un valor, por pequeñas que sean.


Es importante decidirse a dar valor a esa pequeña parte de acción que somos capaces de realizar. Hay que decidirse a crecer día a día, no dejándolos transcurrir unos tras otros.


Sé que hoy la moda es pasar, una palabra que no entiendo muy bien, pero que se emplea tanto… Sé que hay que pasar, reírse de las cosas, no darles importancia. Y sollozar por dentro, porque en el fondo, pasamos tan rápidamente que alguna vez añoramos detenernos y preguntarnos: “¿qué estoy haciendo?”.


Por esto es necesario un compromiso con uno mismo.

Sentir la vida, el tiempo y la Historia.

Sentir que somos capaces de hacer algo.

Y sentir, por último, que el esoterismo comienza dentro.

Esoterismo es, ni más ni menos, la fórmula mágica que iluminó a tantos y tantos espíritus:

CONÓCETE A TI MISMO, Y CONOCERÁS EL UNIVERSO”.


serpiente




Hoy vi un Camino…

…vi el Camino como una línea sinuosa que se arrastra por la tierra, adaptándose fielmente a todos sus altibajos, subiendo y descendiendo, torciendo a un lado y a otro, pero siempre a ras de esa tierra que le sirve de apoyo.

Lo vi paciente y seguro, transitar a él mismo por otro camino imponderable que es el tiempo…”

Voy hacia el Infinito, nuevamente, por esforzado Camino vertical que ha tomado la forma de una espiral, sumando lo horizontal a lo vertical, lo humano a lo divino, lo que es a lo que debe ser.”

Pensamientos extraídos del libro “Hoy vi” de:

Delia Steinberg Guzmán

Imágenes y link original:

Quijote



LA AMISTAD FILOSÓFICA

 

LA AMISTAD FILOSÓFICA

 

Durante siglos, de una forma u otra, se han expresado los más elevados elogios a la amistad.

Lo han hecho así filósofos y literatos, poetas y hombres de todo tipo, hasta llegar a nuestros días en los que seguimos escuchando o leyendo aquello de la amistad como vínculo sagrado.

Pero veamos qué es lo que vivimos en realidad bajo el nombre de la tan venerada amistad.

Hoy prolifera en general, y salvo excepciones, un amiguismo fácil e inconstante, propio de las circunstancias, como si fuera un artículo más de los tantos que consumimos; o peor aún, como si fuera el envase desechable de esos artículos comestibles.

Una persona se acerca a otra por los beneficios que pueda obtener, ampliando todo lo posible el límite de esos beneficios, que van desde la compañía para matar la soledad o para compartir un rato de distracción, hasta la posibilidad de contar con alguien en un momento de apuro.

Pero pasado el apuro, la necesidad o la obligada soledad, desaparece el amigo y la amistad.

Hoy se habla de “amiguetes”, compañeros para fumar juntos un cigarrillo prohibido, para beber una copa más, para ver una película “porno” o para realizar alguna jugarreta de mal gusto, remedando tristemente lo que antes se llamaba valentía.

Existen, eso sí, compañeros de estudio que pasan juntos meses y años en idénticas angustias y alegrías.

Existen compañeros de trabajo que se acostumbran a la rutina diaria de encontrarse y separarse a la misma hora.

Existen compañeros circunstanciales para contarse cuitas e historias, penas y problemas, a los que se valora cuanto más escuchan y menos hablan.

Pero esos son lazos que se rompen con facilidad y se olvidan en cuanto la vida da un giro inesperado.

También existen las amistades románticas que ocultan, en verdad, otro tipo de sentimientos, ya que suelen derivar en enamoramientos que por desgracia no son más duraderos que las amistades de paso ya señaladas.

Lo que falta y queremos recuperar, porque sabemos que nunca ha dejado de existir es la amistad filosófica, la que entraña un amor al conocimiento del uno al otro, la que pasa por encima del tiempo y las dificultades, la que genera lazos de auténtica fraternidad aunque no haya vínculos sanguíneos de por medio.

Por eso la definimos como filosófica, aunque no la llamemos así en la vida corriente.

Es filosófica porque hay amor y necesidad de conocimiento.

Es la que hace que dos o más personas traten de conocerse, de comprenderse, pasando por el conocerse a sí mismo.

Es la que hace nacer el respeto, la paciencia y la constancia, es la que perdona sin dejar de corregir y la que impulsa a que cada uno sea cada vez mejor para merecer al amigo.

Es la que despierta el sentido de la solidaridad, del apoyo mutuo en todo momento, la que sabe soportar distancias y dolores, enfermedades y penurias.

La definimos como filosófica, porque creemos que sólo compartiendo ideas comunes, metas similares de vida, idéntico espíritu de servicio y superación, puede nacer esa amistad que ni es planta de un día ni nube de verano.

Por eso, nosotros los que aspiramos a la Sabiduría y la buscamos con voluntad inquebrantable hasta hallar sus trazos, podemos y debemos cultivar este noble sentimiento, volcándolo, en aquellos que del mismo modo tratan de encaminar sus vidas.

La amistad es una sonrisa constante, una mano siempre abierta, una mirada de comprensión, un apoyo seguro, una fidelidad que no falla.

Es dar más que recibir; es generosidad y autenticidad.

Es un tesoro que vale la pena buscar y una vez encontrado, mantener para toda la vida como anticipo del reencuentro de las almas gemelas y como sombra favorita de lo eterno.

Escrito de
Delia Steinberg Guzmán

 

 

DeseaElBIEN

Imagen: Quijote
Pensamiento: Louis Claude de Saint-Martin


H.P.B.: Una reivindicación necesaria

En el mes de mayo se cumple un aniversario más de la muerte de Helena Petrovna Blavatsky, conocida como H.P.B. por sus discípulos y amigos, fundadora de la Sociedad Teosófica, figura enigmática dotada de extraordinarios poderes y entusiasta difusora del antiguo y tradicional espiritualismo en el Occidente materialista del siglo XIX.


Desaparecida en 1891, dejó tras de sí un rastro de misterio que en nada diluyen las biografías que sobre ella se han escrito, ni las que la elevan a la altura de sus grandes Maestros ni las que intentan hundirla en una espesa masa de críticas.

Desde las páginas de esta Revista le hemos dedicado numerosos artículos destacando su obra prodigiosa, su saber incomparable y la lealtad de una existencia dedicada al servicio de sus Maestros. De todos modos, siempre nos faltaría espacio y tiempo para elogiarla suficientemente y siempre habría un nuevo matiz que señalar para enriquecer aún más su personalidad.

Sin embargo, en esta oportunidad queremos detenernos en un aspecto de la vida de H.P.B. que, si se ha considerado, ha sido para repetir sin más las versiones «oficiales» al respecto. Nos referimos a las terribles críticas que tuvo que sufrir por parte de aquellos que no la comprendieron, que jamás tuvieron fe en ella o que -por qué no decirlo- sucumbieron a la envidia y a los celos.

Críticas, prensa «amarilla», denigración, descalificación e infundios parecen métodos modernos y propios de nuestras últimas décadas del siglo XX. Pero lo triste es que en nada somos novedosos, ni siquiera en estas fórmulas de destrucción moral y psicológica.

Un personaje como H.P.B., extraña e incomprensible como mujer, como filósofa, como mística, como escritora, en su conjunto total, desató las más encontradas reacciones a su paso: amores y fidelidad, envidias y traiciones, todo menos frialdad y desinterés.

Es difícil y complejo seguir la ruta de su vida desde que a los 17 años abandonó al marido de casi 70 que le impusiera su familia. Viajes y más viajes, idas y venidas, aparentes marchas y contramarchas marean al investigador que en muchas ocasiones pierde incluso las huellas hallándose ante un vacío de datos que aparecen como deliberadamente ocultos a los ojos de la vulgar curiosidad.

Citando a uno de sus biógrafos, P.A. Sinnet, apuntamos: «Raramente descubriríamos motivos vulgares en sus actos, y frecuentemente ni ella misma era capaz de decir “por qué”^ se disponía a ir allá o acullá en determinado momento. El motivo inmediato de sus procederes serían las órdenes recibidas por ocultos conductos de percepción, y a pesar de cuan rebelde e indómita había sido en su mocedad, una “orden” de su “Maestro” bastaba para determinarla a emprender el más ingrato viaje, con paciente confianza en su buen resultado, y la seguridad de que cuanto quiera le fuese así ordenado tendría óptimas consecuencias.»

Y continúa exponiendo Sinnet que no sólo llamaban la atención sus insólitos viajes, sino también algunos aspectos de su carácter, algunos errores derivados de un exceso de confianza hacia personas de poca calidad y detalles similares que en principio no encajaban con la condición espiritual de H.P.B. y la obra que le había sido asignada. Al decir de Sinnet, estas situaciones o actitudes inexplicables para el profano, respondían a razones no siempre comprensibles derivadas de la estrategia general de los Maestros que dirigieron tanto la tarea de divulgar los auténticos conocimientos esotéricos, como la evolución individual de H.P.B. en tanto que discípula.

A la luz del tiempo transcurrido el resultado de su vida puede interpretarse como un fracaso si se quiere: la Sociedad Teosófica nunca llegó a detentar la relevancia soñada por sus fundadores; la misma H.P.B. tuvo que fundar otros grupos de carácter más interno para lograr la correcta captación y vivencia de sus enseñanzas; la gente de su época no supo valorar sus esfuerzos y, al contrario, los relacionó con ocultas y malignas intenciones. Pero en verdad hubo una semilla fuertemente imbricada en la civilización de estos dos últimos siglos que deja entrever un desarrollo de insospechado esplendor en un futuro no muy lejano.

Muchos conceptos olvidados para Occidente volvieron a adquirir actualidad, se dio cabida a múltiples investigaciones psicológicas y parapsicológicas, la vida y la muerte se enfocaron con una mirada mucho más filosófica y el hombre interno pudo recuperar su sitio como raíz de las manifestaciones externas.

Lo doloroso en el caso de H.P.B. y de otros muchos pioneros del saber, fueron las reacciones inmediatas, las batallas de críticas y juicios que desataron a su alrededor, sobre todo en los últimos años de su existencia, precisamente cuando tenía entre manos la gestación de su monumental Doctrina Secreta.

Ella, que fue duramente acusada de falsificar fenómenos mediumnímicos para atraer la atención de la gente o para su propio beneficio económico, escribía a su hermana en 1875: «Cuantos más mediums veo (pues los Estados Unidos son un verdadero plantel, el más prolífico semillero de mediums y sensitivos de toda clase, tanto auténticos como artificiosos), más claramente advierto el peligro que rodea a la humanidad.»

Bien es cierto que cuando H.P.B. tuvo que dar a conocer las finalidades espiritualistas de la Sociedad Teosófica, no tuvo más remedio que emplear sus propios poderes para emular el espiritismo que tan de moda estaba entonces en los Estados Unidos y tan relacionado con todo lo que se consideraba misticismo. Pero siempre dejó muy clara la diferencia entre un caso corriente de mediumnidad (en el que el medium es «objeto» inconsciente del «espíritu» que lo anima) y el poder de convocar y entenderse con los espíritus conscientemente, aunque la falta de preparación y conocimientos por parte del público no permitió establecer esa distinción con exactitud.

No obstante, la cantidad de relatos y testigos válidos sobre los poderes extraordinarios de H.P.B., indican que la capacidad de esta mujer excedía en mucho a la del mejor espiritista de su época. Y si hubiera querido preparar «montajes» espectaculares, le hubiera bastado con optar por los más sencillos y no por los más difíciles e inexplicables.

Otra de las duras críticas con que la asediaron fue la de haber «inventado» a los Maestros de Sabiduría que la dirigían para dar mayor peso y verosimilitud a la Sociedad Teosófica. Sin embargo, mucho antes de haber fundado esta Sociedad, H.P.B. ya habló de sus Maestros en general y de «su» Maestro en particular, al que reconoció en Londres el día en que cumplió sus veinte años… Al contrario, si hubieran sido obra de su fantasía, no hubiera desplegado tanta energía para hacer que sus mejores discípulos entraran en contacto con Ellos. Algunos lo consiguieron y otros no…

El Coronel Olcott, co-fundador de la Sociedad Teosófica, hombre de gran valor militar y jurisconsulto de profesión, no tuvo reparos en admitir la realidad y el impulso civilizador que otorgaban estos Maestros, tanto como para decidirse a sumar fuerzas y ponerse al lado de H.P.B. Pero los débiles e ineptos, los que no fueron capaces de desprenderse del egoísmo personal en aras de un auténtico desarrollo espiritual, prefirieron negar la existencia de los Maestros antes que admitir su propia incapacidad y fracaso.

La forma de ser de Blavatsky, generosa y sincera, le atrajo asimismo poderosos enemigos. Y es que ni ahora ni entonces fueron bien vistas la verdad y la franqueza. La sociedad rechaza a quien muestra sus errores y fisuras, a quien deja de lado los convencionalismos absurdos y cristalizados y esgrime sin temor sus propias ideas. Nunca faltaron mártires por tales causas…

Sumemos a todo esto la libertad con que trató a los nativos una vez que se instaló en la India en 1878. Aunque partidaria del gobiemo inglés para el estado socioeconómico en que se vivía en aquel país (y no por inclinaciones políticas sino humanitarias), no por eso dejó de defender y estar en contacto constante con los indios, apoyándolos cada vez que lo creía justo, y atrayéndose con ello la poca estima de todos los residentes ingleses. Esto le valió ser sometida a un espionaje policial que de nada sirvió, salvo para que H.P.B. ejercitara su sarcástico sentido del humor y la ironía irritante de sus expresiones despectivas hacia quienes buscaban culpas y delitos inexistentes.

Si bien es cierto que solía encolerizarse contra las injurias y las calumnias que se publicaban en la prensa o que a veces le llegaban directamente por cartas, también es verdad que su espíritu no quedaba mucho tiempo atrapado por estas circunstancias y en cambio volaba en pos de ideas elevadas, trabajos y conversaciones que reflejaban sin lugar a dudas su elevación interior. No se puede afirmar que gozara de un carácter dulce y apacible, sumiso a las exigencias de su época; al contrario, presionada por su itinerario discipular interno y secreto, y al mismo tiempo obligada a mantener un trato constante con su mundo circundante, caía en extremos de conducta que iban de la máxima comprensión a la máxima irascibilidad, extremos difíciles de entender para quienes sólo mantuvieron con ella un trato superficial.

Para ayudar a la Sociedad Teosófica en la India y a la vez ganar su propio sustento, comenzó a editar y escribir una revista mensual, El Teósofo, realizada con mínimos cargos por algunos miembros de la mencionada Sociedad. Esto bastó para que la prensa adjudicara a los fundadores de la Teosófica sustanciosas ganancias en base a la «explotación» de los «adictos». Parece que ni entonces ni ahora cabe en la mente de los mercenarios el trabajo voluntario y desinteresado por una causa que se concibe libremente justa y noble…

Cuesta admitir que fuera una persona sin escrúpulos y amante de las riquezas, por cuanto pasaba la mayor parte del día trabajando, escribiendo desde primeras horas de la mañana artículos y traducciones que enviaba a revistas rusas, cartas para las distintas secciones y personas de la Sociedad Teosófica y atendiendo a decenas de visitantes que acudían a ella por mil y un motivos. Lo suyo no era precisamente acostarse temprano ni levantarse tarde. Lo suyo no fue acumular fortuna ya que la muerte la sorprendió con apenas lo que llevaba puesto.

Durante los años 1882 y 1883 arreciaron los ataques e insultos de toda índole, fundados como siempre en estos casos no en las ideas o acciones de H.P.B., sino en sus supuestos fraudes económicos, desconociendo por conveniencia que había aportado todos sus bienes personales a la causa de la Teosofía. Artículos difamatorios y respuestas por su parte ocuparon desgraciadamente buena parte del tiempo de H.P.B. y de sus fieles amigos.

Hallándose muy enferma y casi convencida de que moriría muy pronto, escribió una carta al matrimonio Sinnet, antes de partir hacia los Himalayas por requerimiento de sus Maestros: «Adiós a todos, y si me muero antes de veros, no me creáis “impostora”, porque juro que os dije la verdad, aunque mucho de ella os oculté. Espero que la señora X no se deshonrará evocándome con algún medium. Dadle la seguridad de que si alguien se aparece, no será nunca mi espíritu ni nada mío, ni siquiera mi cascarón, que murió hace ya mucho tiempo. Vuestra todavia en vida: H.P.B.»

Superó su enfermedad y abandonó la India. Desde 1883 empezó otra serie de viajes: Francia, Inglaterra, Alemania… Allí donde estaba, y a pesar de su disgusto por los fenómenos, se veía rodeada de situaciones extraordinarias que fueron presenciadas y corroboradas por muchas personas, algunas de las cuales no dudaron en retractarse luego de aquello que habían visto, atribuyéndolo a un simple (?) fenómeno de hipnosis colectiva.

Objeto de ingratitudes inimaginables, H.P.B. tuvo que soportar la traición de los esposos Coulomb, a los que en su momento había acogido en su casa de Bombay y luego en Madrás cuando carecían de todo medio de vida. Sin embargo, este matrimonio se dedicó a falsificar unas cartas y atribuirlas a H.P.B., enviándolas para su publicación a la revista Christian College Magazine. Allí se afirmaba la complicidad entre los tres -los Coulomb y H.P.B.- para montar fenómenos parapsicológicos fraudulentos que asombrasen al público y poder así obtener copiosos fondos. Por contra, el Sr. St. George Lane Fox publicó una carta en The Times, puntualizando la mala conducta del matrimonio Coulomb en la residencia de la Sociedad Teosófica en Adyar, de la que fueron despedidos como conserjes por sonsacar dinero reiteradamente a los socios.

La notoriedad de estas difamaciones motivó que la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres designara al Sr. Richard Hodgson para viajar a Madrás y averiguar sobre el terreno la veracidad de lo expuesto en las cartas de los Coulomb. Hodgson llegó a Madrás en noviembre de 1884 y se quedó allí hasta abril del año siguiente; de regreso a Londres ofreció un informe totalmente desfavorable hacia H.P.B. y la comisión designada para esta investigación dictaminó en una reunión celebrada el 24 de junio, que las cartas eran auténticas según los peritos y que, por lo tanto, era evidente la culpabilidad de H.P.B. como promotora de fenómenos fingidos para favorecer el mantenimiento de la Sociedad Teosófica.

De entonces datan muchas cartas de nuestra filósofa, quejándose de los métodos empleados en la investigación, del haber interrogado sólo a sus enemigos, de recortar párrafos extrapolados de cartas, de acusarla sin fundamentos de «espía rusa» confundiendo un manuscrito escrito en la antigua lengua «zenzar» con documentos en clave… «Es inútil todo intento de convencer con la palabra o con la pluma a gentes que me creen culpable. No cambiarían de opinión… Deben de ser muy famosos peritos los que dieron por auténticas las cartas de los Coulomb. El mundo entero podrá inclinarse ante su dictamen y sagacidad; pero al menos hay en este ancho mundo una persona a quien nunca convencerán de que escribió aquellas estúpidas cartas, y esta persona es H.P. Blavatsky.»

Durante los últimos meses de 1885, H.P.B. comenzó a dar forma a su Doctrina Secreta. Se hallaba inspirada y confiaba plenamente en la importancia de esta obra. Sin embargo, a finales de ese año le hicieron llegar una copia del «Informe Hodgson» publicado en las Actas de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas. Su reacción fue tremenda y el dolor y la indignación le impidieron continuar con su labor durante un buen tiempo. Ese Informe, publicado en diciembre de 1885, en doscientas páginas en letra pequeña, estaba lleno de adiciones y enmiendas al original, plagado de incriminaciones sin pruebas o de pruebas artificiosas que intentaban demostrar, entre tantas otras cosas, la falacia de las Cartas de los Maestros recibidas en la India durante algunos años.

H.P.B. tuvo que soportar un juicio sin antecedentes en el que en ningún momento se le concedió el derecho a la defensa, apoyándose en la teoría de que las afirmaciones del fiscal eran suficiente prueba. Ella, que había hecho de su vida un libro abierto de acercamiento a las verdades espirituales, se vio reducida, ante la opinión pública, a la medida de una impostora en cuanto a cartas y fenómenos, cuando no a una espía rusa que trataba de fomentar en la India la deslealtad hacia el gobierno británico. Nuevas cartas de protesta surgidas de su pluma vieron la luz: sus argumentos eran sin duda mucho más firmes que las acusaciones sostenidas contra ella, pero ni siquiera tuvo el dinero suficiente como para entablar una querella contra la comisión y contra el investigador que tan cruelmente la habían injuriado.

Sin embargo, la Historia tiene caminos insospechados y respuestas que, aunque tarde, arrojan luz sobre las injusticias. Lo lamentable es que haya que esperar mucho tiempo, a veces siglos, para reparar una falsa acusación cuando ya no existen acusados ni acusadores y cuando la incidencia en la opinión pública no tiene la misma dimensión que en el momento de ocurridos los hechos. Hoy podemos leer el perdón concedido a Galileo, pero nadie puede borrar el sufrimiento de Galileo en el momento en que tuvo que ceder ante sus detractores…

En una biografía titulada Helena P. Blavatsky o la respuesta de la esfinge del autor francés Noel Richard-Nafarre, encontramos una interesante y prácticamente desconocida noticia sobre la retractación del Informe Hodgson. Tras cien años, y a instancias mismas de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, se ha revisado el Informe antes citado y se han refutado los procedimientos empleados así como las conclusiones obtenidas.

En el mes de abril de 1986 apareció en el periódico de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas la primera refutación del famoso Informe difamatorio de diciembre de 1885 publicado en el mismo órgano de difusión.

La revisión y refutación del Informe estuvo a cargo del Dr. Vernon Harrison, miembro también de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, quien tomó a su cargo esta labor a fin de dejar en descubierto el conjunto de falsedades que tanto daño hicieron a la imagen de H.P.B. y que tanto material facilitaron a sus detractores.

V. Harrison presenta el trabajo de Hodgson con las siguientes palabras: «Durante años Hodgson ha sido considerado como el ejemplo de un perfecto investigador en el terreno psíquico, y su informe como un modelo de lo que debe ser un informe sobre la investigación psíquica. Yo mostraré, por el contrario, que el Informe Hodgson es un documento altamente partidario, al que no puede reconocerse ningún derecho de imparcialidad científica. Es la requisitoria de un comité de acusación que no duda en seleccionar las pruebas convenientes para su interés, ignorando y suprimiendo todo lo que tiende a contradecir su tesis. La palabra de la defensa jamás ha sido escuchada».

Esta nueva publicación de 1986 afirma: «En esta edición de nuestro periódico, que sale casi exactamente cien años después de la publicación del Informe Hodgson, nos sentimos felices -en interés de la verdad y para enmendar honorablemente cualquier ofensa de la que pudimos ser causa- de publicar asimismo el análisis de un experto en escritura. Su experiencia es particularmente pertinente en esta oportunidad, pues el Informe Hodgson se refiere al origen de ciertas cartas que declara haber sido falsificadas por la misma Mme. Blavatsky.»

El redactor en jefe de este periódico confirma la competencia del autor: «El Dr. Vernon Harrison, antiguo presidente de la Real Sociedad de Fotografía, ha sido durante diez años director de investigaciones en Thomas De La Rue, impresor de billetes de banco, pasaportes y sellos, etc…, al punto de que probablemente no haya gran cosa que ignore respeto de la falsificación.»

El mismo Harrison clarifica su posición ya que no intenta pronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad de H.P.B., ni tampoco hacerlo sobre el contenido de las Cartas de los Maestros; entiende que ésta sería una tarea apasionante aunque muy difícil dado el tiempo transcurrido desde entonces y la carencia actual de pruebas y testigos. En todo caso, llevado por su espíritu de justicia, denuncia la incorrección con que fue elaborado el Informe Hodgson y que, desde el punto de vista del derecho, las incriminaciones imputadas a H.P.B. no han sido probadas en ningún momento.

Harrison relaciona su refutación con el famoso caso Dreyfus y el «Yo acuso» que se lanzó en aquel momento. También viene a nuestra memoria aquella sentencia de Don Quijote no menos famosa y significativa: «Ladran Sancho, señal de que caminamos.» Y es que siempre ha habido distintos tipos de perros y, por consiguiente, de ladridos; está el noble animal que ladra de alegría en presencia de su amo o el que intenta protegerlo de todo mal anunciándolo a voces. Pero hay perros que no son tales y que sólo gritan ante los que avanzan: son como muñecos inválidos y sin vida que protestan por todo lo que es diferente de ellos.

Indudablemente es positivo y reconfortante que, aunque cien años después, se pueda restituir la memoria de un personaje de la talla de H.P.B. despojándola de las falsas injurias que en su tiempo le hicieron tanto daño. Pero sería mucho más positivo para la humanidad apreciar las cosas en el momento justo, libre de prejuicios y de estrechez mental. A veces la justicia fuera de lugar es igual a la injusticia, y la injusticia, dependiendo de quién viene, es lo mismo que un elogio.

Sé que a H.P.B. Ie sobran argumentos proporcionados por su misma vida para que esta sencilla apología quite o agregue algo a su merecido valor. A ella no le hacen falta estas palabras, pero a nosotros sí. Por eso las escribimos en este mes de mayo en que, como nunca, más que su muerte, experimentamos la presencia siempre viva de sus enseñanzas.



Escrito original de:

Delia Steinberg Guzmán.


H.P.B., un 8 de mayo…

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Hace más de cien años, un 8 de mayo, Helena Petrovna Blavatsky dejaba el mundo de los vivos para entrar en su tan amado reino del misterio, del mito y del símbolo, de la espiritualidad sin fronteras. Esa extraña y extraordinaria mujer que respondía a las siglas de H. P. B., se acababa de ganar la inmortalidad, he hizo del Tiempo el mejor aliado para reivindicar todos sus logros, que su propia época, descreída y hasta cruel, había hecho a un lado.

¿Cómo definir a H. P. B.? ¿Cómo resumir en pocas líneas su tarea ciclópea, su bogar contra corriente? Es harto difícil y por eso preferimos dedicarle el humilde homenaje en este mes de Mayo.

Ella fue un compendio de conocimientos olvidados, el reverdecer de un esoterismo del que sólo quedaban ruinas, o bien los habituales depredadores de ruinas. Ella fue la incansable aventurera para la que no existieron barreras a la hora de viajar ni a la hora de entrar en contacto con esos Seres Superiores o Maestros a los que amo y sirvió sin reparos. Ella fue un alma valiente, capaz de enfrentarse a la ignorancia, al temor, la cursilería, las envidias, las traiciones y la falsedad. Hizo de la verdad su estandarte y siempre se mantuvo a su amparo.

Fue imbatible buscadora de tesoros espirituales, fértil y tenaz escritora, conversadora locuaz y fiel amiga de los que la rodeaban.

Supo de riquezas y miserias, de gloria y enfermedad, de seguidores y soledades. Poseía la magia innata de los dotados y la visión penetrante de los que han podido rasgar el velo de las ilusiones.

Y sobre todo, hizo de la Sabiduría y de su ejercicio-la Filosofía- un sacerdocio ineludible para los hombres y mujeres ansiosos de descubrir el secreto de la Vida. No hay nada superior a la Verdad”, dijo alguna vez; y también apunto Honrad la verdad con los hechos”.

En nombre de todo ello, los que hoy seguimos tus huellas, te saludamos como Maestra, eternamente viva y presente.

Escrito de
Delia Steinberg Guzmán

 

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Modernas facetas del ocultismo: Tantra


Escrito de: Delia Steinberg Guzmán



INTRODUCCION


El desprestigio del materialismo crece a medida que avanza nuestro siglo sobre todo ante su demostrada incapacidad para resolver los problemas más acuciantes de la humanidad. En esta situación, el hombre actual ha vuelto una vez más sus ojos hacia el pasado, y sobre todo, hacia los Misterios ocultos del pasado, esperando encontrar en ellos alguna respuesta a sus angustias.Pero el problema no se agota aquí. Los enigmas de la antigüedad actúan como armas de doble filo: por un lado fascinan con el encanto de lo desconocido y su carácter de posible panacea universal; por otro lado, algunos de estos Misterios ya fueron oscuros en la antigüedad, y lo son mucho más ahora, dada la carencia de verdaderos Maestros, cosa que acentúa el peligro de la ignorancia.

Frente a las preguntas tópicas: “Quién soy”, “De dónde vengo”, “Adónde voy”, resurge un esoterismo ancestral que intenta penetrar en los principios más profundos del mundo. Pero el esoterismo de hoy debe afrontar penosas dificultades. Ya no hay Escuelas Iniciáticas, ni todos los que se titulan grandes Maestros, lo son auténticamente. El hombre se ha ido animalizando paulatinamente como resultado del culto exagerado a la materia, y ahora le resulta muy difícil prescindir de sus pasiones, las que, por el contrario, necesita justificar dándoles un tinte sublime. Este conjunto de situaciones provoca distorsiones nefastas en la moderna concepción del ocultismo.

Precisamente queremos tocar un tema de gran auge en la actualidad y que, sobre todo, ha calado conflictivamente en la mentalidad de cientos de jóvenes. Es el caso del Tantra, tantrismo, yoga tántrico, budismo tántrico, budismo tibetano, budismo Vajrayana, o algunos otros nombres no siempre apropiados ni afortunados para designar una aberración presente que nada tiene que ver con las prístinas doctrinas que le sirvieron de excusa.

Viejos y elaborados conceptos, hoy mal interpretados, han dado lugar a una “nueva doctrina tántrica”, donde según los sitios, los momentos, los autores y la falta de conocimientos, aparece una particular concepción del mundo, del hombre y de sus posibilidades de realización.

Estamos enfocando un antiguo concepto esotérico que merece “reconocerse” y merece ser recuperado tras el vaciado de contenido al que fue sometido.



UN POCO DE HISTORIA


Como ya es sabido, unos 400 años después de la muerte física del Buda Sidarta Gautama, sus seguidores y discípulos se reunieron en varios Concilios de los cuales surgió la división del budismo por una parte, y la exposición de las distintas formas budistas por la otra.

A partir de allí, el Hinayana o Pequeño Vehículo se aferró a la doctrina moral estrictamente, poniendo la liberación a nivel de individuos muy selectos. Su fórmula consistió en asegurar referirse estrictamente a lo que el Buda había dicho.

La Escuela Mahayana o Gran Vehículo agregó a la tradición exotérica (Doctrina del Ojo, segun H.P. Blavatsky), otra esotérica (Doctrina del Corazón) que habría sido revelada por el propio Buda a sus discípulos más íntimos.

Una tercera Escuela o Vehículo -Vajarayana- se fundamenta en el “Corazón de Diamante”. Representa tal vez la raíz más arcaica de la filosofía esotérica, aquella que se reconocía como “filosofía búdica”, anterior al propio Buda y relativa a los conocimientos que entroncan con la intuición natural (Budhi, en sánscrito) en todos los seres.

El símbolo fundamental de este Vehículo de Diamante era el “Vajra” (bastón, diamante o cetro), y de allí la denominación de Vajrayana para esta particular forma mística. Según explica H.P. Blavatsky, en el Buddhismo místico, el Vajra es el “cetro mágico” de los Sacerdotes Iniciados, es el símbolo de la posesión de los poderes sobrehumanos llamados Siddhis; es también símbolo del poder del Buda, específicamente, para detener los malos espíritus o elementales. Vajra significa también “rayo”, “diamante”, “arma” (el cetro de Indra o los rayos de Zeus), “centella”, y cuando se habla del “Alma-Diamante” se trata del Buda Supremo, del que está por encima de todas las manifestaciones avatáricas: es el “Señor de los Misterios”.

El Vajarayana, haciendo mérito a la vieja cuna de la filosofía Búdica, va a predominar en Tibet y en Mongolia, pero también allí, fuera de los templos y de los secretos iniciáticos, terminará por arraigarse bajo aspectos populares y supersticiosos. Dado que el objetivo del Vajrayana era la liberación mediante fórmulas y prácticas mágicas (tantra: práctica), la acción propuesta originalmente como medio de liberación, fue luego reinterpretada como una energía cósmica que, al volcarse en el hombre, se expresaba en sus funciones eróticas.

Así, bajo el nombre genérico de “tantrismo” se fue infiltrando un “nuevo espíritu” tanto en el hinduísmo como en el budismo, a partir de los siglos VIII y IX, que llegó a desviar el sentido original de las anteriores creencias, ritos y prácticas.

En la India, en las últimas décadas del siglo XIX, el Juez del Tribunal Supremo de Calcuta, Sir John Woodroffe, conocido bajo el seudónimo de Arthur Avalon, explicó y justificó el goce carnal como elemento de las prácticas tántricas, aunque diferenciándolo del placer de las bestias.

Según nos dice H.P. Blavatsky, “Tantra” puede traducirse como “regla” o “ritual”; es aquel ritual práctico que rescata al hombre desde el fondo de su personalidad para volverlo a la realidad de su espíritu. Pero también se denomina “Tantras” a ciertas obras místicas y mágicas “cuya principal peculiaridad es el culto del poder femenino personificado en Sakti… es la energía especial relacionada con los ritos sexuales y poderes mágicos: la peor forma de hechicería y magia negra”. (Glosario Teosófico, HPB).

De acuerdo a los temas que encierran y al enfoque otorgado, estas obras -siempre siguiendo a HPB – pueden dividirse en textos de magia blanca, negra, o tan solo gris… “Los Tantras contienen todo lo referente a la Magia, el lado oculto del hombre y de la naturaleza, los medios en virtud de los cuales pueden hacerse descubrimientos, los principios por cuyo medio puede el hombre crearse a sí mismo”. Pero resulta que estas obras, sobre todo en la puesta en práctica, son altamente peligrosas si no se tiene un Maestro al lado. Los peligros, como en toda obra esotérica, radican en el lenguaje simbólico; muchas veces se usa el nombre de un órgano físico para designar un centro psíquico o mental, que pueden estar evidentemente relacionados, pero no son la misma cosa. Aclara H.P. Blavatsky que ningún verdadero Maestro permitiría a su discípulo trabajar sobre sus órganos corporales hasta no haber purificado cuidadosamente su cuerpo físico y hasta no haber adquirido dominio sobre los vehículos superiores.

Estos peligros se evidenciaron en el propio Tibet, cuando detrás del mismo símbolo del Vajra (Dorje, en tibetano), los “dugpas” se lo apropiaron para sus hechicerías y malos usos de magia negra, mientras que los “gelugpas” o “Casquetes amarillos” lo interpretaron debidamente como signo de Poder.

La realización tántrica o práctica del Vehículo de Diamante tendía a encauzar todos los elementos de la vida, buenos y malos, espirituales y físicos, hacia la meta de la liberación. Se trataba de no dejarse atrapar por la ilusión del mundo material, pero tampoco había que temerle, sino utilizar sus energías como otro de los tantos peldaños de liberación. Se trataba de la “Senda del Poder”, del dominio del bien y del mal, de la transmutación de todas las circunstancias en armas, por el poder de la mente. Contemplada esta doctrina, es fácil comprender que posteriores degeneraciones hayan intentado convertir al sexo como arma de poder, enalteciéndolo mientras se buscaba liberarse de eso mismo.

Otro de los elementos perdidos y mal interpretados acerca del Vajrayana, era la creación de formas mentales para entrar en contacto con entidades poderosas y alcanzar estados superiores de conciencia donde ya no existe la dualidad. El “Mandala” era la base de estas visualizaciones: un cuadrado o círculo mágico donde aparecen variadas deidades, simbolizando el intrincado esquema del Universo. La “realidad” de estas deidades se manifestaba a medida que el adepto avanzaba hacia su meta, rompiendo el límite que separa los entes simbólicos de los verdaderos dioses.

¿Qué ha quedado de estas enseñanzas? ¿Cómo se expresan en la actualidad?



TANTRA, HOY


En la actualidad vuelve a resurgir una abundante literatura, en la que podemos apreciar desde serios buscadores que pretenden recoger lo mejor del pasado, hasta farsantes de todo tipo que han utilizado viejas ideas como medio para descollar y anular la poca y maltratada personalidad humana. Naturalmente, nos preocupa sobre todo el segundo caso, como nueva vía de la magia negra, factible de desencadenar la locura individual y aun colectiva, ante el despropósito de tergiversar las enseñanzas de los verdaderos Maestros de la Humanidad.

Trataremos de exponer algunas de las ideas sobresalientes, ya sea en el plano de una filosofía mal encaminada, o en el plano de las aberraciones que más afectan a la juventud.

Se intenta definir el Tantra como el cultivo de un éxtasis que debe llevar a la visión de la sexualidad cósmica; para lograr este éxtasis intervienen formas especiales de vida, rituales, magia filosófica, mitos, signos y símbolos con carga emotiva.

…Aunque aparentemente estas ideas circulan dentro del ámbito tradicional tántrico, se acentúan exageradamente ciertos matices. El éxtasis ya no se dirige a la ruptura de los lazos materiales ni a la liberación de la dualidad para retornar a la Unidad Primera; si bien no se descartan estos valores, ellos quedan opacados ante la enorme preponderancia que adquiere la “sexualidad cósmica” como explicación básica de toda manifestación del Universo.

En todas las filosofías místicas se trata de no dejarse atrapar por la ilusión del mundo manifestado. Cada filosofía propondrá fórmulas más o menos semejantes para escapar de la ilusión: a veces hay que enfrentarla y luchar con ella; otras veces basta con conocerla; el mismo tantrismo primitivo proponía utilizar la ilusión como arma y no huir ante ella, batallar para llegar a la liberación.

…Muchas de estas ideas se han desgastado. El viejo concepto de huir de la ilusión, se ha transformado en teoría de morbosos y reprimidos que temen el mismo mundo que intentan superar. Por el otro lado, el usar los propios defectos como armas, se ha transformado en una aceptación sin más de todas las características -buenas y malas – de la vida y la personalidad.

De allí, y ante la dificultad de separarse del mundo, el Tantra actual habla de quedarse en el mundo, de no luchar contra la ilusión, de aceptar placer y éxtasis y cultivarlos, de cultivar incluso el cuerpo.

Nada de esto es original. Todas las escuelas místicas aceptaron el éxtasis… ¿O es que este otro, es un tipo de éxtasis menos espiritual? El mismo Buda aceptó la existencia del placer, pero como contraparte inevitable del dolor. Cultivar el cuerpo es tarea de todo buen filósofo, ante la maravilla de este vehículo de expresión que nos fue entregado para ponerlo al servicio de sus otros principios humanos más altos.

Hoy se relaciona al Tantra con el “amor”, y con un amor que necesita forzosamente un objeto sobre el cual volcarse.

…¿De qué amor estamos hablando? Si es el Amor Universal, como fuerza primera de cohesión que participa en la Creación, habría que expresarlo de una manera más clara, pues a la vista está que los humanos prefieren interpretar el amor como lo que ellos mismos experimentan a través de sus instintos.

Ciertamente los hombres necesitan por ahora un objeto sobre el cual expresar su amor. Pero nadie parece recordar que la finalidad de los viejos tantricas era internalizar ese objeto digno de amor hasta no necesitarlo más como apoyo externo. Hoy se corre el peligro de quedarse andado en el objeto del amor; hoy se corre el peligro de que la guerra quede reducida a la vacía adoración de las armas.

Se insiste en el aspecto práctico del Tantra, cosa perfectamente lógica incluso para todas las formas religiosas y filosóficas que se dirigen hacia la realización humana.

…No obstante, este excesivo acento en lo práctico termina por restar importancia a la mente y sus posibilidades. Sabemos que la mente no es el único ni el superior de los vehículos humanos, pero no podemos olvidar su valor para dar consistencia y categoría a esas mismas prácticas, que de otro modo perecerían en la nebulosa de una psiquis poco constituida.

Por otra parte, y mientras se quita de en medio a la mente, se recomiendan unos métodos que no son del todo apropiados en la actual circunstancia histórica. Para logar la “felicidad” y la liberación rápida como fruto de una sola vida (?), se requiere meditación, experiencia ascética (?), magia, drogas, acción social (?)… ¿Cómo deben entenderse la magia y la acción social? ¿También en base a la energía sexual? ¿En qué consisten las experiencias ascéticas, en quienes dan por establecido que la vía sexual es la que ayuda en el proceso de liberación?

El valor del sexo se explica en cuanto a la relación de igualdad entre la libido humana y la energía creadora del Universo. La teoría de la “avaricia sexual” trata de no “desgastar” esa energía en relaciones sexuales normales, sino de contenerla y acrecentarla dentro del cuerpo, reteniendo el semen como materialización de la susodicha energía. Ese cuerpo, así “cargado”, es buen elemento para producir efectos sobrenaturales.

…¿Por qué “igualdad” y no “semejanza” entre la libido humana y la energía creadora universal? El término “igualdad” es inadecuado, pues no se trata de algo idéntico, sino de una misma energía que ha ido descendiendo y opacándose cada vez más en contacto con la materia, hasta hacerse muchas veces irreconocible.

Este punto constituye, tal vez, el elemento que más incongruencias ha generado, y ha terminado por sustentar la base de todas las prácticas y de toda la magia tántrica actualmente en boga, con los consiguientes desastres en quienes esperan de esta forma abrir la tan soñada puerta del Paraíso.

Desde siempre se ha reconocido en la “Sakti” a la Madre Universal, la Materia puesta en acción por el poder del Espíritu. Pero ahora las cosas van más lejos. Sakti es la Voluntad, el Conocimiento y la Acción divinas, con lo cual las tres características del Logos quedan falsamente resumidas en esta Fuerza Femenina del Comos.

…Si Sakti es como la inmensa Mujer-Naturaleza, es fácil caer en aquello de que para comprender la Naturaleza y sus leyes, hará falta indefectiblemente una mujer al lado. Hemos llegado a leer que “para despertar Kundalini se necesita una mujer…”

¿Y qué harán las mujeres para despertar Kundalini? ¿Y qué será de los célibes, de aquellos que según todas las antiguas religiones debían guardar castidad para emplear esa energía en el desarrollo de sus potencialidades superiores? ¿Qué quedó de aquellas enseñanzas tradicionales para las que, previo al despertar de Kundalini, había que purificarse totalmente y alejarse de las apetencias mundanas? ¿Qué quedó de aquellas indicaciones que hablaban del tremendo peligro de abrir esta corriente cósmica dentro del cuerpo humano, sin antes haber invertido el triángulo que la guarda, sin antes haberse humanizado, abandonando todo principio animal?

Ahora Kundalini es un término corriente, cual si fuese un producto farmacéutico -muy semejante a las drogas- cuya acción promueve en el hombre su despertar espiritual y la visión celeste; pero curiosamente se pretende llegar a lo celeste practicando en lo terrestre, se pretende llegar a Dios a través del sexo… Si así fuese, no habría prácticamente ateos en el mundo…

El moderno Tantra explica que el cuerpo humano es un reflejo del Cosmos y ofrece sus mismas potencialidades y posibilidades. De acuerdo, si nos referimos al Cosmos materialmente expresado, pero no debemos olvidar que la Materia (Sakti, precisamente) se ha considerado dividida en varios planos, algunos más sutiles que la concreción terrestre que hoy apreciamos. Del mismo modo, el hombre tiene principios más sutiles que su cuerpo, en los cuales también debería intentar hallar semejanzas con el Cosmos; además de los órganos físicos hay órganos vitales, psíquicos, mentales… ¿Es que no vale la pena trabajar también con estos otros aspectos de vida?

…Aquí llegamos a un importante meollo dentro de la cuestión, y aquí aparece -a veces estúpidamente, a veces solapadamente- la magia negra que viene a trastocar el orden natural con que estos conocimientos deberían reaparecer entre los hombres. Sabíamos que la Voluntad (Atma, en sánscrito) es nuestra esencia superior, una energía que se va transformando -a medida que desciende- en inteligencia, razonamiento, sentimiento, vitalidad… Ahora el tema se plantea al revés: “La energía sexual es realmente y sin duda alguna, la energía más sutil y poderosa que se produce y conduce a través del organismo humano. Todo lo que es el hombre, incluyendo las tres esferas del pensamiento, sentimiento y voluntad, no es sino el resultado exacto de las distintas modificaciones de la energía sexual”.

Esta afirmación que no necesita comentarios, nos lleva al otro apartado de este trabajo.


LA EXPLOTACION DE LA JUVENTUD


El de la juventud es un período esencial en la vida humana. Aquí se manifiestan todas las facultades a desarrollar, aquí se muestran los sueños y aspiraciones, aquí se modela la personalidad en base a la experiencia que se recoge. Aquí se expresan las fuerzas maravillosas de creación que, mal dirigidas, pueden convertirse en fuerzas de signo negativo, dedicándose a la destrucción. Estamos en un terreno fácil de sembrar, donde crece según la semilla que se planta.

Platón ya señaló las dos enfermedades más importantes del alma: la locura y la ignorancia. En nuestro mundo enfermo de materialismo, la ignorancia hace cómodas presas y la locura se manifiesta por doquier, sin que casi nadie atine a denunciarla y combatirla.

Lo triste del caso es que la juventud, que buscó en el fondo de la Historia y de sus conocimientos para hallar un sentido a la vida, termina envenenada por la descomposición de la misma medicina que pretendió hallar.

El esoterismo envenenado se acerca diariamente en libros, revistas, folletos y prospectos, escuelas y escuelitas de todo tipo, grupúsculos exóticos, invitaciones a la droga y “grandes maestros” que nos esperan sin más a la vuelta de la esquina. Por lo visto, ya han nacido más “Kalki Avataras” que los que esta humanidad puede llegar a asimilar…

La pedantería es signo común en quienes se presentan a sí mismos como salvadores del mundo, como únicos poseedores de la verdad, como “iniciados” en vaya a saber qué ciencias y, naturalmente, “blancos” y “puros” por contraposición a los “negros” y “malvados” que no comparten sus teorías. Entre estos seres se encuentran, lógicamente, los predicadores de la magia sexual, los que intentan mostrar una visión diferente de la Historia, de los pueblos y sus símbolos mágicos y religiosos. Ahora resulta que todas las civilizaciones se apoyaron en símbolos fálicos, y nada escapa a esta definición, desde el Fuego hasta el Láber o el Hacha.

La “magia sexual” se define como síntesis suprema de todo sistema de yoga. La unión con Dios, con uno mismo, llegan cómodamente a través de esta pretendida magia. Leemos en un texto actual: “El Maestro debe nacer dentro de nosotros con la magia sexual”. Aquella Gran Batalla, aquel Mahabarata hindú que transmutaba al hombre con sus normas éticas, hoy se explica diferente: “Desde el amanecer de la vida existe una gran batalla entre los poderes de la luz y los poderes de las tinieblas. La raíz secreta de esta batalla está en el sexo “.

No faltan argumentos que tocan la moral colectiva, la vida en sociedad y los esquemas de la evolución humana. Al parecer, “la pérdida de la fuerza sexual trajo como consecuencia la pérdida de la fuerza moral”. Los seres humanos son rápidamente catalogados en infrasexuales o suprasexuales. Los primeros son los que odian el sexo: anacoretas, yoguines, sacerdotes, monjas..; son los que han impuesto los tabúes, restricciones y prejuicios. Los suprasexuales son los que pueden despertar al Superhombre dentro de sí mismos utilizando sabiamente el poder sexual.

Causa extrañeza encontrar aseveraciones tales como: “El Superhombre no es el resultado de la evolución. Nadie llega a la perfeccción con la evolución… La evolución es un proceso de complicación de la energía… Necesitamos retornar al punto de partida (el sexo) y regenerarnos… El nacimiento del Superhombre es un problema absolutamente sexual…”.

En síntesis: se plantea ante una juventud que todo lo absorbe, una magia sexual deformada, que tiende a la aniquilación al igual que las drogas que circulan con tanta asiduidad. Se muestra un Universo sexuado, en el cual esta única energía es la que ha dado origen a todas las otras cosas, incluso el arte y la ciencia. Se olvida más que nunca a Dios, Aquel que está más allá de todas las divisiones y diferenciaciones. Se exaltan las pasiones instintivas, pues pretendiendo eliminar el tabú del sexo, se depende totalmente del sexo para realizar la más minima de las obras. Se presenta como “magos negros” a los que siguen la simple y sencilla ley de la naturaleza al crear hijos, a los que “meten miedo” al ascenso de Kundalini, el desdoblamiento y otras prácticas similares. Se niega la posibilidad de llegar sin sexo al despertar de nuestro Yo Superior. Se explica el Universo entero bajo una sola clave… la que está a la altura del más bajo.



¿QUE PODEMOS HACER?


Como Acropolitanos, debemos defender a la juventud de este moderno mal, que es producto de la búsqueda desordenada del bien. Debemos ofrecer nuestros propios argumentos y no temer el desbordamiento sofístico de estos nuevos explotadores materialistas que han encontrado un excelente mercado en el esoterismo.

Debemos recuperar el sentido aristocrático de pureza que ostentaron aquellos que dieron lugar a tantas y maravillosas manifestaciones espirituales a lo largo de la Historia. Recordar otra vez que a las estrellas se llega por lo áspero…

Puestos a desentrañar los símbolos de civilizaciones pretéritas, reconocer el elemento generador que en todos ellos se manifiesta; pero reconocer también que no han sido los únicos símbolos y que en última instancia la generación física es el reflejo de otra energía vital que desciende desde mucho más arriba.

Devolveremos al Amor su sentido de nobleza y dación, quitándole en cambio la dulzona blandura de quienes confunden amor con sexo, deseo con comunicación humana.

Siempre han existido -y existen- Misterios relativos al sexo; pero hubieron también Maestros verdaderos para explicarlos. Porque cuando estos Misterios se vulgarizan, resulta más fácil “bajar” la magia al nivel del cuerpo, que subir el cuerpo al nivel del alma… Los cuerpos físicos podrán nacer a través del sexo, pero habrá que despertar otras energías para hacer nacer otros vehículos humanos.

Hay que retomar las enseñanzas de los griegos y sus dos Eros, con y sin alas; a Plotino y sus conceptos de Venus Pandemus y Venus Urania. El sexo es “democrático”, si vale la expresión: eso lo podemos todos; el Amor Celeste es para los pocos que saben ganar esta forma espiritual de expresión.

Debemos evitar doctrinas anárquicas y catastrofistas, ésas que dicen alejarse del mundo mientras se hunden cada vez más en egoístas contemplaciones de la personalidad.

Debemos convencernos de que el conocimiento esotérico no es una de las tantas novedades que la moda impone para gusto del actual consumidor: es un conocimiento, sí, pero que impone una forma de vida. Y nadie mejor que la juventud, con el alma abierta ante el Futuro, para recoger limpias y sanas aquellas enseñanzas del Oriente milenario que H.P. Blavatsky tradujo para nuestro Mundo Occidental.

La responsabilidad e importancia que Nueva Acrópolis asume ante este estado de cosas, se desprende instantáneamente. Hay que MANTENER LA UNION, más fuerte que nunca, con ese Pasado que es nuestra raíz, y con ese Futuro que es nuestra evolución. Si la Cadena se sostiene fuertemente, ningún viento la podrá abatir.



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