Dedicado a: A. S. P. + hacia Todo lo Justo, lo Bueno y lo Bello +

Escritos de H.P.B

Apolonio de Tyana (I)

n la “Historia de la Religión Cristiana hasta el año Doscientos”, de Charles B. Waite, A.M., anunciada y reseñada en el Banner of Light (1) (Boston), encontramos partes de la obra relacionadas con el gran taumaturgo del segundo siglo d.C. Apolonio de Tyana, sin rival en el Imperio Romano.

“El tiempo del cual este volumen toma especial conocimiento está dividido en seis periodos, durante el segundo de los cuales, 80 al 120 d.C., está incluida la ‘Era de los Milagros’, la historia que demostrará ser de interés para los espiritualistas como una forma de comparar las manifestaciones de inadvertidas inteligencias de nuestro tiempo con similares eventos de los días inmediatamente posteriores a la introducción del Cristianismo. Apolonio de Tyana fue la más notable personalidad de este periodo, y fue testigo del reinado de una docena de emperadores romanos. Antes de su nacimiento, Proteo, un dios egipcio, se le apareció a su madre y le anunció que encarnaría en el niño venidero.

Siguiendo las indicaciones dadas en un sueño, ella se dirigió a un prado para recoger flores. Estando allí, una bandada de cisnes formó un coro a su alrededor, agitando sus alas y cantando al unísono. Mientras estaban ocupados en ello, y el aire era abanicado por un delicado céfiro, Apolonio nació.”

Esta es una leyenda de las que, en tiempos pretéritos, hacían de cada personalidad notable un “hijo de Dios” milagrosamente nacido de una virgen. Y lo que sigue es historia. “En su juventud él tenía un poder mental y una belleza personal maravillosos, y hallaba su mayor felicidad en las conversaciones con los discípulos de Platón, Crisipo y Aristóteles. No comía nada que tuviese vida, se mantenía con frutas y productos de la tierra, era un admirador entusiasta y un discípulo de Pitágoras, y como tal, permaneció en silencio durante cinco años.

Dondequiera que él fue reformó el culto religioso y realizó actos maravillosos. En las fiestas, asombró a los invitando produciendo pan, frutos, verduras y varios bocados exquisitos que aparecían a su orden. Se animaron estatuas con vida, y las figuras de bronce de los pedestales tomaron posición y realizaron las labores de los sirvientes. Por ejercicio del mismo poder ocurrieron desmaterializaciones, vasos de oro y plata, con sus contenidos, desaparecieron; incluso los sirvientes desaparecían de la vista en un instante.

En Roma, Apolonio fue acusado de traición. Llevado a examen, el acusador avanzó, desplegó el rollo en el que había sido escrita la imputación, y quedó pasmado al encontrarlo completamente en blanco.

Encontrándose en un cortejo fúnebre, dijo a los asistentes: ‘coloquen el féretro y yo secaré las lágrimas que Uds. han vertido por la doncella’. Tocó a la joven mujer, profirió unas palabras, y la muerta volvió a la vida. Estando en Esmirna, fue convocado a Efeso, donde se había producido un brote de rabia. ‘No debe perderse la jornada’, dijo, y tan pronto pronunció esas palabras estaba en Efeso.

Cuando tenía casi cien años, fue llevado ante el Emperador romano, acusado de ser un encantador. Fue conducido a prisión. Allí alguien le preguntó cuándo recuperaría la libertad. ‘Mañana si depende del juez; en este momento si depende de mí’. Dicho esto, liberó sus pies de los grilletes y dijo: ‘Vea Ud. la libertad de que disfruto’. Él, entonces, lo reemplazó en los grilletes.

En el tribunal se le preguntó: ‘¿Por qué los hombres lo consideran un Dios?’
‘Porque –contestó- todo hombre bueno recibe tal denominación’.

‘¿Cómo pudo predecir la plaga de Efeso?’
Él contestó: ‘manteniendo una dieta alimenticia más ligera que la de otros hombres’.

Sus respuestas a los acusadores sobre estos y otros interrogantes exhibieron tal fuerza que el Emperador quedó muy impresionado, y lo declaró inocente del crimen que se le imputaba; pero ordenó que permaneciera detenido para sostener con él una conversación privada. El contestó: ‘podrá usted detener mi cuerpo, pero no mi alma; e incluso agregaré, tampoco mi cuerpo’. Habiendo proferido estas palabras, desapareció de ante el Tribunal, y aquel mismo día se encontró con sus amigos en Puteoli, a tres días de Roma.

Los escritos de Apolonio revelan que fue un hombre de erudición, con un conocimiento consumado de la naturaleza humana, imbuido de nobles sentimientos y de los principios de una filosofía profunda.

En una epístola a Valerio él dice:


‘Nada muere excepto en apariencia, y del mismo modo, tampoco, nada nace excepto en apariencia. Lo que ocurre en esencia dentro de la naturaleza aparenta ser el nacimiento, y lo que ocurre en esencia dentro de la naturaleza, en cierto modo, es la muerte; aunque nada realmente se origina, y nada alguna vez perece; pero tan solo ahora aparece a la vista, y ahora se desvanece. Aparece a causa de la densidad de la materia; y desaparece a causa de lo tenue de la esencia; pero siempre es la misma, solo difiere en movimiento y condición.’

El tributo más elevado a Apolonio le fue brindado por el Emperador Tito. El filósofo le escribió a él, poco después de su ascensión, aconsejándole moderación en su gobierno. Tito respondió:
‘En mi propio nombre y en nombre de mi país le doy las gracias, y estaré atento a esas cosas. De hecho, yo he conquistado Jerusalén, pero Usted me tiene capturado a mi’.

Las cosas maravillosas realizadas por Apolonio, consideradas como milagros, cuya fuente y causa productora el espiritualismo moderno reveló claramente, fueron creídas extensamente durante el segundo siglo y los años subsiguientes, por cristianos y otros.

imón el Mago fue otro prominente hacedor de milagros de la segunda centuria, y nadie negó su poder. Incluso los cristianos se vieron obligados a admitir que realizó milagros. Se alude a él en los Hechos de los Apóstoles, viii: 9-10. Su fama era mundial, tenía seguidores en cada nación, y en Roma fue erigida una estatua en su honor. Disputó frecuentemente con Pedro en concursos, eso que hoy llamaríamos torneos de milagros, para determinar quién de los dos tenía mayor poder.

Se declara en ‘Los Hechos de Pedro y Pablo’ que Simón produjo una serpiente de latón que se movía, estatuas de piedra que reían, y se elevó en el aire por sí mismo; a lo que se agrega: ‘a diferencia de esto, Pedro sanó al enfermo con una palabra, hizo que el ciego pudiera ver, etc.’ Simón, llevado ante Nerón, cambió su forma: de repente se volvió un niño, después un anciano; en otro momento un hombre joven. ‘Y Nerón, al ver esto, supuso que era un Hijo de Dios.’

En ‘Reconocimientos’, una obra de Petrine de edades tempranas, se relata una discusión pública entre Pedro y Simón el Mago, que es reproducida en este volumen.

Se da cuenta de muchos otros obradores de milagros y se muestra concluyentemente que el poder que poseían no se limitaba a un número determinado de personas, como el mundo cristiano enseñó, sino que esos dones mediumnísticos eran poseídos por muchos.

Las declaraciones citadas de escritores de los primeros dos siglos de que tuvieron lugar dichos hechos, contribuyó grandemente a reforzar la fe de los más crédulos, aún en esa época de maravillas. Muchos de estos relatos pueden estar muy exagerados pero no es razonable suponer que se trató de puras invenciones, sin una pizca de verdad en su origen; menos aún después de las revelaciones hechas al hombre desde el advenimiento del espiritualismo moderno.

Alguna idea de la minuciosidad con la que cada asunto es tratado en este volumen puede formarse mencionando que en el índice hay doscientas trece referencias a pasajes relacionados con “Jesucristo”; de lo que también puede inferirse con justicia que el contenido tiene que ser de gran valor para aquellos que buscan información que permita determinar si Jesús fue ‘Hombre, Mito o Dios’. ‘El Origen e Historia de las Doctrinas Cristianas’, como también ‘El Origen y Establecimiento de la Autoridad de la Iglesia de Roma sobre las demás Iglesias’, son totalmente expuestos, y mucha luz es arrojada sobre varias cuestiones oscuras y polémicas.

En una palabra, es imposible para nosotros, sin exceder por mucho los límites impuestos para este artículo, hacer completa justicia con este libro tan instructivo; pero creemos que ha sido suficiente para convencer a nuestros lectores de que su interés excede lo ordinario, y que se trata de una deseable adquisición de literatura para esta era progresista.”(2)

Algunos escritores pretendieron hacer aparecer a Apolonio como un personaje de carácter legendario, mientras devotos cristianos insisten en llamarlo un impostor. La existencia de Jesús de Nazareth fue también declarada por la historia y siendo él mismo conocido a medias por los escritores clásicos, como lo fue Apolonio, ningún escéptico puede dudar actualmente de la existencia de tal hombre como el hijo de María y José. Apolonio de Tyana fue amigo y corresponsal de la Emperatriz romana y de varios emperadores, mientras que de Jesús nada ha permanecido en las páginas de la historia, como si su vida se hubiese escrito en las arenas del desierto.

Su carta a Agbaro, el príncipe de Edesa, la autenticidad que le es concedida tan sólo por Eusebio –el Barón Munchausen de la jerarquía patrística- es llamada en las Evidencias del Cristianismo “un esfuerzo de falsificación” incluso por el propio Paley, cuya robusta fe acepta las más increíbles historias. Apolonio, entonces, es un personaje histórico; a la vez que muchos al nivel de los mismos Padres de la Iglesia, colocados ante el ojo escrutador de la crítica histórica, comienzan a fluctuar y muchos de ellos se desvanecen y desaparecen como el “fuego fatuo” o el ignus fatuus.

Apolonio de Tyana y Simon el Mago (I)

por H. P. Blavatsky

Titulo original: “Apollonius Tyaneus and Simon Magus”, The Theosophist, junio de 1881.
(Collected Writings, Vol. III) _ H.P.B.


Notas:

(1).- Estandarte de Luz (N. del T.).

(2).- Segunda Edición, Vol. I, 8vo., pp. 455. Chicago: C. V. Waite & Co. Thomas J. Whitehead & Co., agentes para Nueva Inglaterra, 5 Court Square, Departamento 9, Boston .


Apuntes de un Apéndice Editorial

Subba Row, en su artículo: “Las Enseñanzas Esotéricas Aria-Arhats sobre el Principio Septenario del Ser Humano”, impreso en el “Theosophist” de Enero de 1882, enuncio ciertas declaraciones; acerca de las cuales H. P. B. agregó unos comentarios titulados: “Apuntes de un Apéndice Editorial”, que insertó al final del artículo mencionado. A cada uno de estos cinco apuntes de H. P. B. lo antecede, entre paréntesis, la declaración de Subba Row a la cual se refiere.





[Subba Row: ahora bien, es extremadamente difícil determinar si los tibetanos derivaron su doctrina de los antiguos Rishis de la India o si los brahamanes antiguos aprendieron su ciencia oculta de los adeptos del Tíbet o, también, si los adeptos de ambos países profesaron, originalmente, la misma doctrina, derivándola de una fuente común. ]


n esta coyuntura, vale la pena encauzar la atención del lector al hecho de que: el país que los chinos llaman “Si-dzang” y los geógrafos occidentales, Tíbet, es mencionado en los libros más antiguos preservados en la provincia de Fo-kien (el centro principal de los aborígenes chinos), como el gran asiento de aprendizaje oculto de las eras arcaicas.

Según estos archivos, ahí habitaron los “Maestros de Luz”, los “Hijos de la Sabiduría” y los “Hermanos del Sol.” Según se estima, el Emperador Yu el “Magno” (2207 A. de C.) un místico piadoso, obtuvo de Sidzang su sabiduría oculta y el sistema de teocracia que estableció, la autoridad temporal.

Este sistema era idéntico al que encontramos entre los egipcios y los caldeos antiguos y sabemos que existía en el período brahmánico indo y ahora es vigente en el Tíbet; es decir: todo el saber y el poder, tanto temporal como la sabiduría secreta, se concentraban dentro de la jerarquía de sacerdotes y estaban circunscritos a su casta.

Actualmente, ningún etnógrafo puede contestar, correctamente, a la interrogante: ¿Quiénes eran los aborígenes del Tíbet? Todo lo que sabemos de ellos es que practican la religión Bhon, su secta precede y se opone al budismo y se aglomeran, principalmente, en la provincia de Kam. Aun esto justificaría la suposición de que son los descendientes muy degenerados de antepasados poderosos y sabios.

Su tipo étnico muestra que no son turanios puros y, según algunas declaraciones, sus ritos, ahora los de la hechicería, de los encantamientos y del culto de la naturaleza, son más el eco de los ritos babilonios, como se observa en los archivos preservados de los cilindros exhumados, que de de las practicas religiosas de la secta china Tao-sse, (una religión basada en la razón pura y la espiritualidad).

Por lo general, casi no se hace distinción entre los Bhons y las dos sectas budistas rivales de los casquetes Amarillos y Rojos, aun por parte de los misioneros de Kyelang que se entremezclan con esta gente en las fronteras del Lahoul británico; aunque deberían tener más discernimiento.


Los Casquetes rojos Rojos se han opuesto a la reforma de Tzong-ka-pa desde el principio, adhiriéndose siempre al antiguo budismo que ahora se ha entreverado con las prácticas bhons. Si nuestros orientalistas tuviesen más conocimiento acerca de ellos y compararan el antiguo culto de Bel o Baal babilonio con los ritos de los bhons, descubrirían un nexo innegable entre los dos. Aquí no viene al caso empezar una argumentación para probar que el origen de los aborígenes del Tíbet esta relacionado con una de las tres grandes razas que se sucedieron en Babilonia, ya sea que las llamemos akadios (términos inventados por F. Lenormant) o los turianos primitivos caldeos y asirios. A pesar de todo, es plausible llamar caldeo-tibetana a la doctrina esotérica trans-himalayica.

Además, al tener presente que los Vedas procedieron, según todas las tradiciones, del lago Manssorowa, en Tíbet y que los mismos brahmines venían del norte lejano, estamos justificados a considerar a las doctrinas esotéricas de todas las poblaciones que las tuvieron o aún las tienen, como procedentes de la misma única fuente. Por ende podemos llamarla: la doctrina “Aria-Caldea-Tibetana” o la Religión SABIDURÍA Universal.

“Busquen la Palabra Perdida entre los hierofantes de la Tartaria, la China y el Tíbet”, aconsejaba Swedenborg, el vidente.

Monasterio budista sobre Shigatsé.

El mayor monasterio Gelugpa en la región de Tsang se encuentra en Shigatsé, la segunda ciudad del Tíbet. Aquí se ubica el monasterio Tashilumpo, la sede tradicional del Panchen Lama, el segundo más alto linaje tulku del rango en la jerarquía budista tibetana Gelugpa, después de el Dalai Lama y fue creada por Gedun Drup, un discípulo de Tsongkhapa, el fundador de la secta Gelungpa. (Gedun Drup más tarde fue reconocido como el primer Dalai Lama.)

El monasterio fue construido antes del 1447 y ampliado continuamente por el Panchen Lama. La escuela Ngagpa (Colegio Tántrico), una de sus cuatro universidades monásticas, fue la residencia permanente de los Panchen Lamas. La imagen más impresionante que se puede ver en el interior de este monasterio es la estatua del gigante Maitreya (el futuro Buda) construido por el 9 º Panchen Lama en 1914, y tardando cuatro años en su construcción.


Mapa con la ubicación de Shigatsé o Xigazê, situado en el Tíbet central, es el centro de una pequeña pero densamente poblada planicie fluvial cerca del río Yarlung Zangbo (Brahmaputra).





[Subba Row: su aserción en “Isis sin Velo”, según la cual el sánscrito era el idioma de los habitantes de dicho continente (Atlántida), puede inducirnos a suponer que, probablemente, los Vedas se originaron ahí; ¿dónde más podría ser el lugar nativo del esoterismo ario?]


osotros decimos que no es necesariamente así. Los Vedas, el brahmanismo y el sánscrito fueron importados a lo que hoy consideramos la India. Jamás fueron oriundos de ahí. Hubo un tiempo en que las naciones antiguas occidentales incluían, bajo el nombre genérico de India, a muchos países asiáticos que ahora tienen otros nombres. Existía una India superior, inferior y occidental aun durante el periodo relativamente reciente de Alejandro y, en algunos clásicos antiguos, a la Persia o Irán, se le llama India occidental. Ellos consideraban que los países cuyos nombres eran Tíbet, Mongolia y Gran Tartaria eran parte de la India.

Por lo tanto: cuando decimos que la India ha civilizado al mundo y había sido el Alma Madre de las civilizaciones, las artes y las ciencias de todas las naciones (incluyendo Babilonia y, quizá, también Egipto, nos referimos a la India arcaica y prehistórica. La India del período en el que el gran desierto de Gobi era un mar y la “Atlántida” perdida formaba parte de un continente ininterrumpido que empezaba en los himalayas, extendiéndose a lo largo de la India del sur, Ceilán, Java hasta la lejana Tanzania.

Rishis, los “videntes” de la antigua India.

Fueron los progenitores de los linajes tántricos que floreció en el Tíbet a partir del siglo séptimo. Con barba y pelo largo y vestido con pieles de animales o envolturas, estos adeptos del sendero tántrico representan un estado liberado más allá de las normas sociales y no comprometido por las posesiones materiales. En varias de las figuras se les ve usando el “cinturón de la meditación” que se cruzan en sus hombros.


En el camino del Dzogchen, la mente se ve directamente en su naturaleza esencial, reconociendo en ella que no es diferente de la mente de Buda.





[Subba Row: …los antiguos adeptos de la India aprendieron el conocimiento de los poderes ocultos de la naturaleza que poseían los habitantes de la Atlántida perdida y lo integraron a la doctrina esotérica que los residentes de la Isla sagrada enseñaban.]


ara dirimir estas cuestiones tan debatidas, se debe examinar y estudiar los sagrados anales históricos chinos, un pueblo cuyo origen se remonta casi a 4600 años (2697 A. de C.) Se debería confiar en los archivos de esta población tan meticulosa; ya que anticiparon, conocían y usaban, millares de años antes de que los europeos volvieran a descubrirlas, algunas de las invenciones europeas más importantes, de las cuales la ciencia moderna tanto se ufana, véase: la brújula, la pólvora, la porcelana, el papel, la estampa, etc.

A partir de Lao-tze, hasta Hiouen-Thsang, su literatura está salpicada de alusiones y referencias a esa isla y a la sabiduría de los adeptos himaláyicos. En: “La Cadena de las Escrituras Budistas de los Chinos”, escrito por el Rev. Samuel Beal, se encuentra un capitulo sobre “La Escuela Budista Tian-Ta’I”, que nuestros opositores deberían leer.

El autor traduce las reglas de la escuela y secta china más celebrada y sagrada, fundada por Chin-che-Khae, llamado Che-chay (el sabio), en el año 575 de nuestra era. Sin embargo, el autor y traductor pone, justamente, un signo de interrogación al final de la siguiente frase: “Eso que se refiere al atuendo (inconsútil) de los Grandes Maestros de las Montañas Nevadas, la escuela de los Haimavatas” (pag. 256) Los datos estadísticos de la escuela de los “Haimavatas” o de nuestra Hermandad Himaláyica, no son localizables en los archivos Generales del Censo de la India. Además, Beal traduce una regla que se refiere a: “los grandes instructores del orden superior, los cuales viven en las anfractuosidades de las montañas, remotas para los seres humanos”, los Aranyakas o ermitaños.

Así, con respecto a las tradiciones referentes a esta isla y aparte de los archivos que para (ellos) son históricos y se preservan en los Libros Sagrados chinos y tibetanos, la leyenda sigue vigente entre las poblaciones del Tíbet. La hermosa isla ya desapareció, sin embargo, el país donde en un tiempo prospero aun existe y el lugar es consabido por algunos de los “grandes maestros de las montañas nevadas”, a pesar de que el tremendo cataclismo dejó la topografía del territorio alterada e imbricada. Según se cree, cada séptimo año, estos maestros se reúnen en Sham-cha-lo, la “tierra feliz” y la creencia general la sitúa en la parte norte occidental del Tíbet.

Algunos la colocan en las regiones centrales inexploradas, inaccesibles hasta para las intrépidas tribus nómadas; mientras otros la ponen en el sur y en el norte, entre la cadena de las montañas Gangdisri y el margen septentrional del desierto de Gobi, mientras al occidente y oriente hay las regiones más pobladas de Khoondooz y Kashmir, de Gya-Pheling (la India británica) y la China, proporcionando a la mente curiosa una latitud muy amplia para ubicarla. Otros más la sitúan entre Namur Nur y las montañas Kuen-Lun; sin embargo, todos creen, firmemente, en Scham-bha-la y hablan de ella como una tierra fértil y maravillosa. En un tiempo era una isla, mientras hoy es un oasis de belleza sin paralelo; el lugar donde se congregan los herederos de la sabiduría esotérica de los habitantes similares a los dioses de la Isla legendaria.

En relación con la leyenda arcaica del Mar Asiático y el Continente Atlántico, no es, quizá, provechoso notar un hecho que todos los geólogos modernos conocen, que las vertientes himaláyicas proporcionan una prueba geográfica que la sustancia de estas cumbres elevadas, en un tiempo era parte de un estrato oceánico.

Canción de Shambhala”  Nicholas Roerich (1943)

Tempera on canvas. 79 x 137 cm. Museo Estatal de Arte Oriental, Moscú.




[Subba Row: Según usted, en casos donde las tendencias mentales de un ser humano son completamente materiales y todas las aspiraciones y los pensamientos espirituales están ausentes de su mente, el séptimo principio lo deja antes de la muerte o en el momento del fallecimiento y el sexto principio desaparece con el séptimo. Aquí, la mera proposición de que las tendencias mentales del individuo en cuestión son completamente materiales, sobreentiende la aserción de que en él no hay inteligencia espiritual o Ego espiritual. Usted hubiera debido decir que cada vez que la inteligencia espiritual cesa de existir en cualquier individuo particular, el séptimo principio deja de existir completamente para el individuo en cuestión. Es obvio que no va a ningún lugar; ya que jamás puede haber algo análogo a un cambio de posición en el caso de Brahamam.]


s cierto, desde el punto de vista del Esoterismo ario y de los Upanishads; pero hay una divergencia en el caso de la doctrina esotérica Arhat o tibetana. Según nuestro conocimiento, este es el único punto en la que las dos enseñanzas discrepan. Sin embargo, la diferencia es muy insignificante; ya que estriba sólo en los dos distintos métodos de considerar la misma cosa desde dos aspectos diferentes.

Ya indicamos que: según nosotros, la diferencia entre la filosofía budista y vedanta consiste en que la primera era un tipo de Vedantismo Racionalista y la segunda puede considerarse como Budismo Trascendental. Si el esoterismo ario atribuye el término jivatama al séptimo principio, el espíritu puro e inherentemente inconsciente, es porque la filosofía Vedanta, al postular tres clases de existencias (1) paramarthika (la verdadera y única real), (2) vyavaharika (la practica) y (3) pratibhasika (la vida aparente o ilusoria), considera la primera vida o jiva la unica verdaderamente existente.


Bramha o el Ser de un individuo, es su único representante en el universo, siendo la Vida universal completa, mientras las otras dos son sólo sus “apariencias fenoménicas”, imaginadas y creadas por la ignorancia y por las ilusiones totales que nuestros sentidos ciegos nos sugieren. En cambio: los budistas niegan, ya sea la realidad subjetiva u objetiva, incluyendo la Existencia del Ser uno. Buda declara que no hay Creador ni ser Absoluto. El racionalismo budista se había percatado de la dificultad insuperable para admitir una conciencia absoluta; ya que, en las palabras de Flint: “Dondequiera que hay conciencia, hay relación y dondequiera que hay relación, hay dualismo.


La vida Una es “Mukta” (absoluta e incondicionada), sin nexo con nada y nadie o es “Baddha” (vinculada y condicionada); entonces no se le puede llamar el Absoluto. Además: la condicionada necesita otra deidad tan poderosa como la primera para explicar todo el mal en este mundo. Por lo tanto: la doctrina secreta Arahat, acerca de la cosmogonía, admite sólo un absoluto, indestructible, eterno y una Incosciencia increada (por traducirla de alguna forma), de un elemento (por falta de un mejor término), absolutamente independiente de cualquier otra cosa en el universo. Un algo omnipresente o ubicuo, una Presencia que siempre ha sido, es y será; ya sea que haya un Dios, dioses o nadie y a pesar de que haya un universo o ningún universo; ya que existe durante los ciclos eternos de los Maha Yugas, los Pralayas y los períodos de Manvantara.


Este es el Espacio, el campo para la operación de las Fuerzas eternas y de la Ley natural, la base (como lo define justamente nuestro corresponsal) sobre la cual tienen lugar las eternas intercorrelaciones de Akasa-Prakriti, guiadas por las pulsaciones regulares e inconscientes de Sakti, el aliento o poder de una deidad consciente, según los teístas y la energía eterna de una Ley perenne e inconsciente, según los budistas. Entonces: el Espacio o “Fan, Bar-nang” (Maha Sunyata) o como lo define Lao-tze: “Vacío”, es la naturaleza del Absoluto budista. (véase: “La Alabanza Al Abismo”, de Confucio). Por lo tanto: Los Arahats jamás podrían atribuir la palabra jiva, al Séptimo Principio; ya que es sólo mediante su correlación o contacto con la materia que Fo-hat (la energía activa budista) puede desarrollar la vida consciente activa.

Con respecto a la pregunta: “¿Cómo puede la Inconsciencia generar la conciencia?”, contestaremos: “Fue la semilla que generó a un Bacon o a un Newton autoconscientes?”





[Subba Row: Por lo general, nuestros filósofos atribuyen el término Jivatma al séptimo principio cuando se le distingue de Paramatma o Parabrahamam.]


sí, el Parabrahmam impersonal es fundido o separado en un “jivatma” personal o el dios personal de toda criatura humana. Nuevamente, ésta es una diferencia precisada por la creencia brahmánica en un Dios, ya sea personal o impersonal; mientras los Arahats budistas, rechazando tal idea completamente, no reconocen otra deidad separada del ser humano.

En el caso de nuestros lectores europeos, quizá engañados por la similaridad fonética, no deben pensar que el nombre “Brahmán” es idéntico, en esta coyuntura, con Brahma o Iswara, el Dios personal. Los “Upanishads”, las escrituras vedantas, no hacen mención de tal Dios y uno buscaría en vano, en ellas, algunas alusión a una deidad consciente. Brahmam o Parabrahm, el Absoluto de los vedantinos, es neutro e inconsciente, inconexo con el Brahma masculino de la Tríada hindú o Trimurti. Según la creencia correcta de algunos orientalistas, el nombre deriva del verbo “Brih”, crecer o incrementar y ser, en este caso, la fuerza universal expansiva de la naturaleza, el principio o poder vivificante y espiritual que penetra el universo y que, en su colectividad, es la Absoluteza una, la Vida una y la única Realidad.

Continuará



La Meditación en el Corazón

Por H. P. Blavatsky

Fuente del Artículo: Fundación Blavatsky México.



Consciencia que es meramente la Consciencia animal está compuesta por la Consciencia de todas las células del Cuerpo, excepto las del Corazón. Ya que el corazón es el órgano de la Consciencia Espiritual; corresponde de hecho a Prâna pero sólo porque Prâna y la Envoltura Áurica son esencialmente lo mismo, y porque además como Jîva es lo mismo que la Deidad Universal.


El Corazón representa a la Triada Superior mientras que el Hígado y el Baso representan al Cuaternario, tomado como un todo. El corazón es la morada del Hombre Espiritual, mientras que el Hombre Psico-Intelectual habita en la cabeza con sus siete portales.

Tiene sus siete cerebros, los Upâdhis y símbolos de las siete Jerarquías, y estos son los Lotos de cuatro hojas exotéricamente, pero esotéricamente de siete Hojas, la “Saptaparna”, la “Cueva de Buddha” con sus siete compartimientos.

El Corazón es el rey del Cuerpo, su órgano más importante. Aún si la cabeza fuese separada del tronco, el Corazón continuará latiendo por media hora. Si se le envuelve en algodón y se le coloca en un lugar caliente, continuará latiendo por algunas horas.

En el Corazón hay un sitio que es el último en morir, un lugar marcado por una luz violeta; éste es el asiento de la Vida, el centro de todo, Brahmâ; el primer sitio que vive en el feto, y el último que muere.

Cuando un Yogin es enterrado en trance, es este el sitio que vive, aunque el resto del cuerpo esté muerto, y mientras éste permanezca vivo el Yogin puede ser resucitado. Este lugar contiene potencialmente la mente, la vida, la energía y la voluntad. Durante la vida irradia colores prismáticos, ígneos y opalescentes.


El Corazón es el centro de la Consciencia Espiritual así como el Cerebro es el centro de la Consciencia Intelectual. Pero esta Consciencia Espiritual no puede ser guiada por una persona, ni tampoco puede ser dirigida por ella su energía, hasta que esté completamente unida con Buddhi-Manas. Hasta entonces, la guía a ella—si es que puede. Es decir, hace esfuerzos por alcanzarla, para inculcar a la Consciencia Inferior, y estos esfuerzos son ayudados por su crecimiento en pureza.


De aquí las angustias del remordimiento por malas acciones, los remordimientos de la Conciencia, reprochándonos por el mal que hayamos hecho, e incitándonos al bien. Estos vienen del corazón, no de la cabeza.

En el Corazón está el único Dios manifestado; los otros dos son invisibles. Y es este Dios manifestado el que representa a la Triada, Âtma-Buddhi-Manas.

Alguien que pueda establecer contacto, y así recibir a voluntad, los dictados de esta Consciencia Espiritual debe de haberse unido con Manas—esto es, debe de haber alcanzado el Adeptado. Pero Manas Superior no puede guiar directamente al hombre ordinario; debe actuar a través de Manas Inferior, y de esta manera penetrar en la Consciencia Inferior.


Como quiera que sea, continuamente se debe de estar haciendo el esfuerzo por centrar la Consciencia en el corazón, y escuchar los dictados de la Consciencia Espiritual, ya que aunque el éxito esté aún muy lejos, en algún momento hay que comenzar, y abrir el sendero.

Hay tres centros principales en el Cuerpo del Hombre: el Corazón, la Cabeza y el Ombligo; el Corazón, como se ha dicho, es el centro de la Consciencia Espiritual; la Cabeza es el Centro de la Consciencia Psíquica; y el Ombligo es el centro de la Consciencia Kâmica. Cualquiera de estos dos puede ser positivo y negativo mutuamente, de acuerdo al predominio relativo de los Principios y por lo tanto de los órganos de manifestación en este plano.


El significado de las palabras positivo y negativo a ese respecto es el mismo que les asigna la ciencia eléctrica. La corriente fluye del positivo al negativo, o la impresión es hecha por el positivo sobre el negativo.

Por ejemplo: el aura de la Glándula Pineal vibra durante la actividad de la Consciencia en el Cerebro y muestra el juego de los siete colores. Esta perturbación septenaria y juego de luces alrededor de la glándula pineal se reflejan en el Corazón, o más bien en el aura del Corazón, la cual es negativa respecto al cerebro en el hombre ordinario. Esta aura vibra entonces e ilumina los siete cerebros del Corazón, así como la de la Glándula Pineal ilumina los siete centros en el Cerebro.


Si el Corazón pudiese a su vez, convertirse en positivo e impresionar al Cerebro, la Consciencia Espiritual podría ponerse en contacto con la Consciencia Inferior. La Consciencia Espiritual está activa durante el sueño profundo, y si los “sueños” que ocurren en el así llamado sueño sin sueños pudieran ser grabados por el Corazón en el Cerebro, tu Consciencia ya no estaría restringida dentro de los confines de tu vida personal.


Si pudieras recordar tus sueños en el sueño profundo serías capaz de recordar todas tus encarnaciones pasadas.

Esta es la “memoria del Corazón”. Y la capacidad para grabarla en el Cerebro, de manera que llegue a ser parte de su consciencia, es la “apertura del Tercer Ojo”. En el sueño profundo se abre el Tercer Ojo, pero no permanece abierto. No obstante, algunas impresiones de la Consciencia Espiritual más o menos alcanzan al Cerebro, haciendo así responsable al Ego Inferior.

Y hay algunas de éstas que son recibidas a través del Cerebro, las cuales no pertenecen a nuestra experiencia personal previa. En el caso del Adepto, el Cerebro está entrenado para retener estas impresiones.

La Escuela Secreta Oriental conoce cada minúscula fracción del corazón, y tiene un nombre para cada parte. Las denomina por los nombres de los Dioses, como la cámara de Brahmâ, la cámara de Vishnu, y así sucesivamente. Cada uno de estos corresponde con una parte del Cerebro.


El estudiante comenzará ahora a comprender por qué se pone tanto énfasis en el corazón en conexión con la meditación, y por qué se hacen tantas alusiones en la antigua literatura hindú respecto al Purusha en el Corazón. Y es así que en relación a la concentración el Bendito Maestro Kuthoomi escribe:

“Tu mejor método es concentrarte en el Maestro como en un Hombre Vivo dentro de ti. Haz Su imagen en tu corazón, y un foco de concentración, de manera a perder todo sentido de existencia corporal en ese sólo pensamiento.”


Y por otra parte Él dice:

“La gran dificultad a vencer es el registro del conocimiento del Sí Superior en el plano físico. Para lograr esto, el Cerebro físico debe de estar completamente vacío de todo excepto de la Consciencia Superior.

Cuando de esta manera el Cerebro ha sido puesto en blanco, puede llegar a él una impresión del Corazón y retenerla; y esto es de lo que se habla en una página anterior, en relación a un Chela, que es sólo capaz de retener partes del conocimiento ganado.”


La carta arriba citada dice:

“Al adquirir el poder de concertación el primer paso es de vacuidad. Luego por grados se sigue la consciencia, y finalmente el paso entre los dos estados se hace tan rápido y fácil hasta hacerse casi imperceptible.

Aquél que puede hacer esto a voluntad ha llegado a ser un Adepto, y puede “guardar el conocimiento que así gana en su memoria física.”

Tal es la regia función del Corazón en el Cuerpo Humano, y sus relaciones con el Cerebro, el cual en su conjunto “es el vehículo de Manas Inferior entronizado en Kâma-Rûpa.”



  • H. P. Blavatsky E.S.T. Instruction V, H.P.B. Press, 1891. pp. 150-153.

  • Reimpreso en: H.P. Blavatsky Collected Writings, Vol. XII. pp. 694-697. T.P.H. Wheaton. 1980.

  • The Esoteric Papers of Madame Blavatsky, comp. por D. Caldwell, Kessinger Pub. 2004, pp. 604-607.

  • Traducido por J. Rodros, México, 1993 . Revista Âtma Vidyâ, 2:27-28 Blavatsky Editorial, México, 2005.

Breve Diagrama de Meditación (I)

Primero concibe la UNIDAD por Expansión en el espacio, e infinita en el Tiempo.

(Ya sea con o sin autoidentificación)

Después medita lógica y consistentemente sobre esto en referencia a los estados de consciencia.

Luego los estados normales de nuestra consciencia deben de ser moldeados por:

Nota: La adquisición se completa por medio de la idea de que “Yo soy todo el Espacio y el Tiempo”. Más allá de esto… (No puede decirse).

Nota: Estas privaciones son producidas por la perpetua imaginación—sin autoengaño—de “Yo soy sin”, el reconocimiento de que ellas son el origen de la esclavitud, la ignorancia y el conflicto. “La Privación es completada por la meditación de: “Yo soy sin atributos”.

Nota General: todas las pasiones y virtudes se mezclan entre ellas. Por lo tanto el diagrama solamente da insinuaciones generales.


Este diagrama fue impreso por primera vez, como nos lo dice el Sr. J. Cooper, en “The canadian Theosophist”, de marzo de 1943, y después de esto en the Theosophist de enero de 1968.

Entre los que recibieron este diagrama se menciona a E. T. Study, miembro de la Sección Esotérica, y del Grupo Interno ambos fundados por H. P. Blavatsky. Aparentemente este diagrama formaba parte de las instrucciones esotéricas de H. P. B.


  • Tomado de: The Inner Group Teachings, of H. P. Blavatsky to her personal pupils (1890.91) A reconstruction of the Teachings by H. J. Spirenburg with a short Historical Introduction by J. H. Dubbink, p 130. Point Loma Publication, Inc. San Diego California 1985.

  • Segunda Edición, 1995, p. 221.
  • Traducido por J. Rodros, 1993.


Gemas de Oriente: Mes Diciembre

Gemas de Oriente

Recopiladas por: H. P. BLAVATSKY


“Tañed y sacad lo viejo, y haced entrar lo nuevo,

Tañed, felices campanas, sobre la nieve:

El año se va, dejad que se vaya;

Tañed y echad lo falso, y haced entrar lo verdadero.


Tañed y echad el dolor que corroe la mente,

Por quienes ya no veremos más;

Tañed y echad el feudo de los ricos y los pobres,

Y haced entrar la armonía para toda la humanidad.

TENNYSON, In Memoriam


hpb-diciembre

1.- El don más preciado que ha recibido el hombre sobre

la tierra es el deseo de alcanzar la sabiduría.


2.- En la salud y en la riqueza al hombre nunca le faltan

los amigos. Pero los verdaderos amigos son los que se

quedan cuando se les necesita.


3.- De todos los animales que hay sobre la tierra, sólo el

hombre es capaz de hacer daño moral.


4.- El hombre contiene tres clases de mal: el mal causado

por su naturaleza (inferior); el mal que le causa un

hombre a otro hombre; y el mal que se causa el

hombre a sí mismo.


5.- Un gran hombre es aquel que está por encima de los

halagos, de la vanidad, de la injusticia y del amor por la

pompa y el poder.


6.- El hombre sabio es el que puede tomar o dejar a

voluntad lo que hemos llamado las necesidades de la

vida y que otros hombres no pueden controlar.


7.- Aguantar con fortaleza en una situación y con

sobriedad en otra demuestra tener una gran alma y

una inexpugnable virtud.


8.- Procurad realizar todas vuestras acciones con

perfecta seriedad, humanidad, libertad y justicia y

llevadlas a cabo como si esa acción fuera a ser la última.


9.- Un hombre raramente puede ser feliz si ignora los

pensamientos de otro; pero el que no presta atención

a los suyos propios es ciertamente infeliz.


10.- No dejéis que los accidentes perturben vuestros

pensamientos ni que los objetos externos los absorban;

mantened la mente en paz y libertad para

poder aprender las cosas buenas.


11.- Sed conscientes de vuestras acciones, palabras y

pensamientos, porque en cualquier momento podéis

abandonar la vida.


12.- .Qué importa morir? Si los dioses existen, no

podéis sufrir nada, porque no os harán ningún daño.


13.- Y si los dioses no existen, o no se preocupan de los

mortales, entonces , francamente, un mundo sin dioses

es un mundo en el que no vale la pena vivir.


14.- La existencia de los dioses y su preocupación por

los asuntos humanos es algo que se halla fuera de toda

disputa.


15.- Recordad que la vida se está consumiendo y cada

día se pierde una pequeña parte de ella.


16.- No dependáis de ayudas externas, ni baséis vuestra

tranquilidad en otro. En una palabra, no os deshagáis

nunca de las piernas para apoyaros en muletas.


17.- Si examináis a un hombre disciplinado y purificado

por la filosofía, no encontraréis nada en él que sea

erróneo, falso o sucio.


18.- La vida se mueve en un círculo muy limitado; sí, y

también los hombres viven en un pequeño rincón del

mundo.


19.- Los pobres mortales transitorios conocen poco

incluso de ellos mismos y mucho menos de los que

murieron antes.


20.- La muerte y la generación son, ambos, misterios de

la naturaleza y se parecen entre sí; la primera no hace

sino disolver aquellos elementos que la otra había combinado.


21.- No penséis que estáis heridos y vuestra queja

cesará. Cesad vuestra queja y no estaréis heridos.


22.- Lo que no empeora al hombre tampoco empeora su

vida; y entonces no se perjudica ni por dentro ni por

fuera.


23.- Actualmente vuestra naturaleza sobresale; pero

dentro de poco desapareceréis en el todo: regresaréis

a esa razón universal que os dio el ser.


24.- Retornad a los principios de la sabiduría, y los que

ahora os toman por un mono o una bestia salvaje os

convertirán en un dios.


25.- No actuéis como si os quedaran diez mil años que

desperdiciar. La muerte está a un paso. Sed de algún

beneficio, mientras sigáis en vida y podáis hacerlo.


26.- El que desea fervientemente que hablen de él una

vez muerto no piensa que todos los que le conocieron

se irán muy pronto.


27.- Si dependéis demasiado servilmente de las buenas

palabras de otras personas, seréis indignos de vuestra

propia naturaleza.


28.- Todo lo que es bueno tiene esa cualidad por sí

mismo; se determina por su propia naturaleza y las

alabanzas no le afectan.


29.- No os alejéis del camino; mantened vuestras

intenciones honestas y vuestras convicciones firmes.


30.- Tanto el que hace una acción memorable, como

quienes la transmiten, no hacen sino cosas efímeras.


31.- Abandonaros de corazón en manos del Destino y

dejad que él os lleve adonde decida la fortuna.



El Árbol Sagrado de Kum Bum

I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet


The Sacred Tree of Kum Bum

Reivindicando la veracidad de lo que dijo el Abate Huc, que fue puesto en entredicho por un visitante más reciente del monasterio de Kum Bum, Huc un misionero Lazarista, en su Viajes en la Tartaria, el Tibet y la China; escribió que había visto aparecer caracteres tibetanos perfectos en las hojas de un Árbol que, según la leyenda, había brotado de la cabellera de Tsong-ka-pa. HPB puntualiza que las inscripciones que crecían en las células y en los tejidos de las hojas eran en Sensar.

(The Theosophist, marzo de 1883)

Hace 37 años, dos misioneros lazaristas valientes, miembros de la Misión Católica Romana establecida en Pekín, emprendieron la hazaña desesperada de penetrar en el territorio del Tibet, llegando hasta Lhassa, para predicar el cristianismo entre los budistas sumidos en la ignorancia. Se llamaban Huc y Gabet; la narrativa de su viaje muestra su valentía y entusiasmo extremos.

El volumen más interesante apareció en París, hace más de 30 años y, desde entonces, se tradujo al inglés dos veces y, quizá, a otros idiomas.

En esta coyuntura no nos importan sus méritos generales; sino que limitaremos nuestra consideración a la parte del libro (Vol. II, pago 84, de la edición americana de 1852) donde el autor, Huc, describe el maravilloso “Arbol de las diez mil Imágenes”, que ellos vieron en la Lamasería o Monasterio de Kum Bum o Koun Boum.

Huc nos dice que, según la leyenda tibetana, cuando la madre de Tsong-Ka-pa, el famoso reformador budista, lo entregó a la vida religiosa, siguiendo la tradición: “cortó su pelo y lo arrojó. Donde cayó, nació un árbol, cuyas hojas llevaban inscritos caracteres tibetanos.” La traducción inglesa de Hazlitt (Londres 1856) es más literal (aunque no sea la exacta) versión del original. Sin embargo, hemos entresacado (Pág.324-6.) los siguientes particulares interesantes:

Sobre cada una de las hojas, transpiraban caracteres tibetanos bien formados. Todos eran verdes, algunos más oscuros y algunos más claros que la hoja misma.

Nuestra primera impresión fue sospechar un fraude por parte de los Lamas; pero, al examinar minuciosamente todo detalle, no pudimos descubrir el más mínimo engaño. A nuestro juicio, todos los caracteres nos parecieron parte integrante de la hoja, recorridos por las mismas venas y nervios. La posición no era la misma en todas. En unas hojas los caracteres se encontraban en la parte superior, en otras en el medio y, en otras más, en la base o a un lado.

Las hojas más jóvenes representaban los caracteres sólo en un estado de formación parcial. También la corteza y las ramas, que se parecen a las de un árbol ordinario, están cubiertas con estos caracteres. Si se remueve un trozo de la vieja corteza, la nueva, que está detrás, exhibe los bosquejos individuales de los caracteres en un estado embrionario y, lo que es particular, a menudo, estos nuevos caracteres son distintos de los que remplazan.

A nuestro juicio, el árbol de las Diez mil Imágenes era vetusto. Su tronco, que tres hombres casi no podían abrazar, no supera los ocho pies. Las ramas, en lugar de crecer hacia arriba, se expanden en la forma de un penacho de plumas particularmente densas, algunas están muertas. Las hojas son siempre verdes y la madera, que es de un tinte rojizo, emite un aroma exquisito, similar a la canela. Los Lamas nos informaron que, durante el verano, alrededor de la octava luna, el árbol produce flores rojas gigantescas y extremadamente hermosas.

El mismo abate Huc, describe lo antedicho más enfáticamente. “Estas letras son tan perfectas que los caracteres tipográficos de Didot, no tienen nada que las supere.” Que el lector tenga presente tal afirmación, porque tendremos ocasión de recurrir a ella.

El vio en las hojas, no sólo simples letras; sino: “oraciones religiosas” ¡que la naturaleza había auto impreso en la clorofila, en las células y en la fibra de madera! La superficie, interna y externa, estrato tras estrato, de las hojas, las ramitas, las ramas y del tronco, estaban inscritos por las letras maravillosas y no había dos caracteres idénticos, superpuestos.

“No se imaginen que estos estratos sobrepuestos repitan la misma impresión. Al contrario; ya que, al levantar cada hoja, se nos presenta un tipo distinto. ¿Cómo es posible, entonces, sospechar un fraude? Me he esmerado, en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana y mi mente, desconcertada, no pudo encontrar la más pequeña sospecha.”

¿Quién dice esto? Un devoto misionero cristiano que fue intencionalmente al Tíbet con el objeto de probar que el Budismo era falso y el Cristianismo verdadero; por lo tanto, se hubiera aferrado, ansiosamente, a la más mínima prueba que corroborase su posición, exhibiéndola delante de los oriundos.

En Tíbet, él vio otras maravillas y las describe; aunque la edición americana las omite y algunos de sus críticos ortodoxos más viscerales, las atribuyen al diablo. En Isis sin Velo, especialmente en el primer volumen, (versión inglesa), se describen y se discuten algunos de estos prodigios, tratando de mostrar su reconciliació n con la ley natural.

El tema del árbol de Kum Bum ha vuelto a nuestra mente gracias a una reseña en la revista Nature, por A. H. Keane, sobre la Relación, recientemente publicada, de Herr Kreitner, acerca de la expedición al Tíbet en 1877-80, por parte del Conde Szechenyi, un noble húngaro.

El grupo dio un paseo de Siningfu hasta el monasterio de Kum Bum: “con el propósito de verificar el relato extraordinario de Huc acerca del famoso árbol de Buda. No encontramos ninguna imagen [del Buda en las hojas] ni las letras, sino una sonrisa burlona en los labios del anciano sacerdote que nos guiaba. Al contestar a nuestras preguntas, nos dijo que, hace mucho tiempo, el árbol producía realmente hojas con la imagen de Buda; sin embargo, ahora, tal prodigio ocurría raramente. Sólo unos pocos hombres, favorecidos de Dios, tuvieron el privilegio de descubrir tales hojas.”

Para este testigo, lo antes dicho es suficiente: a un sacerdote budista, cuya religión le enseña que no hay personas favoritas por algún Dios, que no existe un ser tal que llamamos Dios que otorga favores y que cada ser humano cosecha lo que siembra, ni más ni menos, se le hace decir tal insensatez.

¡Esto muestra lo que vale el testimonio de este explorador para su adorada ciencia escéptica! Sin embargo, parece que hasta el sacerdote, con la sonrisa burlona, les haya dicho que los hombres buenos pueden ver y, en realidad, ven las maravillosas hojas con las letras; entonces, Herr Kreitner, a pesar de sus esfuerzos, avala, en lugar de desacreditar, la narrativa del abate Huc.

Si nunca hubiéramos podido verificar, personalmente, la veracidad de la historia, deberíamos admitir que las probabilidades facilitan su aceptación; ya que los peregrinos han llevado las hojas del árbol Kum Bum a todo rincón del imperio chino (hecho reconocido aun por Herr Kreitner); por lo tanto, si todo el asunto era un fraude, los adversarios chinos contra el budismo, cuyo nombre es Legión, lo hubieran denunciado sin piedad.

Además: la naturaleza ofrece muchas analogías que confirman lo descrito. Según se dice, ciertas conchas del Mar Rojo tienen impresas las letras del alfabeto hebraico y sobre ciertos saltamontes son visibles las del alfabeto inglés. Además en la revista The Theosophist, Vol. 11., pago 91, un corresponsal inglés traduce un relato de Sheffer, titulado “Luz y más Luz”, que habla de las características particulares de ciertas mariposas alemanas (Vanissa Atalanta) que llevan inscritas las cifras del año 1881.

Los muebles de los entomólogos modernos pululan con ejemplares que muestran que la naturaleza produce, continuamente, animales con características miméticas, asumiendo el aspecto de vegetales. Por ejemplo: hay orugas que se parecen a la corteza de un árbol, al musgo o a ramas muertas, e insectos que no pueden distinguirse de las hojas verdes, etc. Hasta las rayas del tigre es mimetismo de los tallos de la hierba de la jungla donde él hace su guarida.

Todos estos hechos separados contribuyen a que la historia de Huc del árbol Kum Bum, sea un hecho probable; ya que muestran que la misma naturaleza, sin intervención milagrosa, es capaz de producir vegetales en la forma de caracteres legibles.

Esto es también el punto de vista de otro corresponsal de Nature, W. T. Thiselton Dyer, quien, en el número del 4 de Enero de esta estimable revista, después de sumar las pruebas, llega a la conclusión de que: “en el tiempo de Huc, hubo un árbol cuyas hojas llevaban inscritos ciertos caracteres, sin embargo, la imaginación del piadoso abate, lo indujo a asociarlos a las letras tibetanas.” ¿Piadoso? Deberíamos recordar que su testimonio no procedía de un piadoso y crédulo budista tibetano, sino de un enemigo abierto de esa fe, M. Huc, quien se fue a Kum Bum para denunciar el fraude y que se esmeró “en esa dirección, para descubrir la más mínima huella de asechanza humana”; sin embargo, su mente desconcertada: “no pudo encontrar la más pequeña sospecha.”

Así, hasta que Herr Kreitner y Dyer puedan mostrar que el cándido motivo del Abate era el de mentir en detrimento de su religión, debemos exonerarlo de los acusados, considerándolo un testigo irrecusable e importante. Sí; el árbol de las letras tibetanas es un hecho, además, las inscripciones en las células de las hojas están en Sensar o el idioma sagrado usado por los Adeptos y, en su totalidad, constituyen todo el Dharma del budismo y la historia del mundo.

En lo que atañe a alguna similaridad fantástica con caracteres alfabéticos reales, la confesión de Huc, según el cual son tan hermosamente perfectos: “que los caracteres tipográficos de Didot (famosa tipografía parisiense) no tienen nada que los supere”, dirime la cuestión de manera perentoria. Con respecto a la aserción de Kreitner, que el árbol pertenece a la especie de lila, la descripción que Huc hace del color, de la fragancia de canela emitida por su madera, y de la forma de las hojas, lo confirman sin duda.

Quizá, el viejo monje burlón conocía el mesmerismo común y “biologizó” al grupo del Conde Szechenyi, haciéndole ver y no ver, lo que a él se le antojaba, así como el difunto profesor Bushell hizo imaginar, a sus sujetos indos, cualquier cosa que él desease que vieran.



Las Doctrinas de los Santos “Lha”

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Escrito de H.P.B.


I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet


“Las formas bajo las cuales cualquier ser humano puede renacer son séxtuplas. La clase más elevada son los Lha, “espíritus, seres superiores, dioses”; se colocan después de los Budas y habitan en las seis regiones celestiales. Dos de estas pertenecen a la tierra; mientras las otras cuatro, consideradas como mansiones superiores, yacen en la atmósfera, mucho más allá de ella.”

“Como consecuencia de un deceso prematuro, el “Bardo” es prolongado. Este es el estado intermedio entre la muerte y el nuevo renacimiento, que no es inmediato; pero existe un intervalo que es más breve para el bueno que para el malo.”

(“Budismo en Tíbet”, Emil Schlagintwet)



Las siguientes notas se han compilado o, mejor dicho, traducido, lo más fielmente posible y considerando las dificultades idiomáticas, de cartas y manuscritos tibetanos que recibimos como respuestas referentes a las ideas erróneas occidentales acerca del Budismo del Norte o Lamaísmo. La información procede de un Gelung del Templo Interno, un discípulo de Bas-pa Dharma, la Doctrina Secreta.

Mi reverendo, Ngag-pa, me ordena que conteste a las preguntas de los Hermanos residentes en Gya-P-heling, la India Británica, los cuales han llamado, respetuosamente, la atención de mi maestro, acerca de ciertas declaraciones incorrectas y extraviantes sobre la presunta aplicación de la Buena Doctrina de nuestro bendito Phag-pa-Sang-gyas, el Buda más sagrado, en Bhod-Yul, la tierra de Tíbet. Las respuestas englobaran lo que nuestras reglas me permiten exponer abiertamente sobre un tema tan sagrado. No puedo hacer más que esto; ya que, será casi inútil tratar de erradicar dichas ideas erróneas hasta el día de hoy en que nuestro Pban-chhen-rin-po-chhe renacerá en las tierras de Phelings, los extranjeros y, apareciendo como el gran Chom-den-da, el conquistador, destruirá, con su mano poderosa, los errores y la ignorancia de la era.”

Una profecía de Tosng-ka-pa es vigente en el Tíbet y según la cual: la verdadera doctrina se mantendrá en su pureza sólo hasta que el Tíbet no esté sujeto a las incursiones de las naciones occidentales, cuyas ideas rudimentarias de la verdad fundamental, tendrán un inevitable efecto enceguecedor sobre los seguidores de la Buena Ley. Cuando el mundo occidental sea más filosóficamente maduro, Pban-chhen-rin-po-chhe, la Gran Joya de la Sabiduría, uno de los Lamas Teshu, se reencarnará y el esplendor de la verdad iluminará al mundo entero. Aquí se encuentra la verdadera clave del exclusivismo tibetano.

Nuestro corresponsal continúa:

“De entre las numerosas concepciones erróneas sometidas a la consideración de nuestro maestro, tengo su permiso de tratar las siguientes, primero: el error muy común entre los Ro-lang-pa, espiritistas, que los seguidores de la Buena Doctrina se relacionan y reverencian los fantasmas Ro-lang o las apariciones de los muertos. En segundo lugar: que los Bhanté, Hermanos, o “Lha”, comúnmente llamados, son espíritus desencarnados o dioses.”

El primer error se encuentra en: “Buda y el Budismo Antiguo”; ya que esta obra ha dado origen a la noción inexacta, según la cual el espiritismo fue la verdadera raíz del budismo.

El segundo error esta en: “Un Resumen Sucinto del Gran Caos de las Leyes Tibetanas”, por el monje capuchino Della Penna y los relatos de sus compañeros, cuyas absurdas calumnias, sobre la religión y las leyes tibetanas, escritas en el siglo pasado, han sido recientemente publicadas en el libro: “Tíbet”, de Markham.

“Comenzaré con el primer error.

Los budistas del sur y del norte, de Ceilán, Tíbet, Japón o China, no aceptan las ideas occidentales referentes a las capacidades y calificaciones de las “almas desnudas.”

“Ya que nosotros execramos, de manera absoluta y perentoria, toda relación entablada sin conocimiento con los Ro-lang.

¿Quiénes son los que retornan? ¿Qué clase de criaturas son las que pueden comunicarse a voluntad, de forma objetiva o mediante una manifestación física?

Son almas impuras y burdamente pecaminosas, “a-tsa-ras”; los suicidas y los que, debido a cualquier accidente, han experimentado muertes prematuras y, por ende, permanecen en la atmósfera terrenal hasta que su ciclo natural de vida termine.

Ninguna persona cuerda, ya sea un Lama o un Chhipa, un no budista, estará dispuesto a defender la práctica de la nigromancia que, por instinto natural, ha sido condenada en todos los grandes Dharmas, leyes o religiones; ya que el relacionarse con estas almas vinculadas a la tierra y el uso de sus poderes es simplemente nigromancia.

“Ahora bien: los seres incluidos en la segunda y tercera clase, los suicidas y las victimas de accidentes, no han completado su ciclo de vida y, por ende, aunque no sean necesariamente malos, están apegados a la tierra. El alma que ha sido lanzada fuera del cuerpo prematuramente, se encuentra en un estado no natural. El impulso original bajo el cual el ser se ha desarrollado y fue arrojado a la vida terrenal no se ha extinguido, el ciclo necesario no ha completado su curso; sin embargo debe cumplirse.

“Estos seres desdichados, victimas voluntarias o involuntarias, aunque estén vinculados a la tierra, podríamos decir que están suspendidos en la atracción magnética terrenal, diferenciándose, entonces, de las almas groseramente pecaminosas, las cuales sienten atracción hacia los vivos, porque su vitalidad nutre el hambre salvaje que tienen por ella.

Los suicidas o las victimas de accidentes se encuentran, generalmente, en una condición de aturdimiento y estupefacción y su único y ciego impulso es el de entrar en el remolino del renacimiento lo más pronto posible. Su estado es el que llamamos un Bar-do falso, período entre dos encarnaciones. Este intervalo será largo o breve, según el karma del individuo que esta afectado por su edad y los méritos en el último nacimiento.

“Nada puede atraerlos voluntariamente hacia los vivos, excepto una atracción irresistiblemente intensa, como el amor sagrado por un ser querido que está en gran peligro. Sin embargo: pueden ser forzados, en nuestra presencia, mediante el poder mesmérico de un Ba-po, un nigromante, término usado atinadamente; ya que el hechizo necromántico es Dzu-tul o la que podemos llamar una atracción mesmérica. Sin embargo, los que se atienen a la Buena Doctrina condenan, sin reservas, esta evocación; ya que el alma evocada tendrá que sufrir mucho, aunque no sea ella misma, sino su imagen la que ha sido desgarrada y expoliada de si misma, para convertirse en una aparición. “Jang-khog”, el alma animal, debido a su prematura separación violenta del cuerpo, abunda aún de partículas materiales; ya que todavía no se ha dado una disgregación natural de las moléculas más groseras de las más sutiles; así, podríamos casi decir que el nigromante, induciendo esta separación artificialmente, hace sufrir al alma como si a nosotros nos despellejaran vivos.

“Así, evocar a las de la primera clase, las almas groseramente pecaminosas, es peligroso para los vivos; obligar la aparición de la segunda y tercera clase es extremadamente cruel para los muertos.


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Instrucciones Esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa (2)

a) Tibetano: Chos drug gi man ngag
Sánscrito: Saddharmopadesha

Autor: Tilopa (988-1069) Tengyur Vol. 53, 2330.

b) Tibetano: bKaā yang dag paāi tshad ma zhes bya ba mkhaā Īgro maāi man ngag
Sánscrito: Ajnasamyak-pramana-nama-dakinyupadesha

Tengyur Vol. 53, 2331.


“En el caso de quien murió naturalmente, existen condiciones muy distintas. El alma casi trasciende el alcance del nigromante y si es muy pura, lo trasciende completamente; por lo tanto está más allá del círculo de los que la evocan o los espiritistas; quienes, inconscientemente, practican un verdadero Sang-nyag del nigromante o conjuro magnético.

Según el karma del nacimiento previo, el intervalo en estado latente, generalmente transcurrido en una condición de estupor, durará algunos minutos o hasta un promedio de algunas semanas y, quizá, meses. Durante ese tiempo, el “jang-khog”, el alma animal, se prepara, en reposo solemne, a trasladarse a una esfera superior, si ha alcanzado su séptima evolución humana local o a un renacimiento más elevado, si aun no ha recorrido la última ronda local.

“Entonces: no tiene ni la voluntad ni el poder, en ese momento, de transmitir algún pensamiento a los vivos. Después de que su estado latente termina y el nuevo ser entra en conciencia plena a la región bendita del Devachan, momento en que todas las neblinas terrenales se disipan y las escenas y relaciones de la vida pasada aparecen claramente delante de su vida espiritual, puede elevar hasta si los espíritus de los vivos que amó y que reciprocaron su amor en la tierra, reuniéndose. Esto acontece, ocasionalmente, mediante la atracción del amor y, cuando los espíritus de los vivos retornan a su condición normal, se imaginan que el alma del ser querido descendió a ellos.

“Así: discrepamos, radicalmente, de los Ro-lang-pa, espiritistas occidentales, en lo que concierne a lo que ven o eso con lo cual se comunican en sus círculos y mediante su nigromancia inconsciente. Nosotros decimos que: eso que ven son simplemente las escorias físicas o los restos sin espíritu del ser fallecido; eso que ha sido arrojado, descartado y abandonado cuando sus partículas más finas han penetrado el gran Más Allá.

“En estos restos permanecen algunos fragmentos de memoria y de intelecto. Es cierto que en un tiempo eran parte del individuo y así no son muy interesantes; pero no es el verdadero ser. Están formados por materia, a pesar de lo etéreo que sea, entonces deben, a la larga, ser arrastrados en vórtices donde existen las condiciones para su desintegración atómica.

“Los otros principios se deslizan del cadáver, juntos. Algunas horas después, el segundo principio, el de la vida, ha llegado su completa extinción, separándose, entonces, de las vestiduras humanas y etéreas.

El tercer principio, el doble vital, se disipa cuando las últimas partículas se han desintegrado. Ahora se quedan el cuarto, el quinto, el sexto y el séptimo principio: el cuerpo de la voluntad; el alma humana; el alma espiritual y el espíritu puro que es un aspecto del Eterno. Los últimos dos, unidos o separados del yo personal, forman la individualidad eterna y son imperecederos. El resto, el ser astral y lo que sobrevivió en él de la voluntad, antes de la disolución del cuerpo físico, entra en el estado de gestación.

“Por lo tanto, para que, en dicho estado, se actúe conscientemente, se necesitan las cualidades de un adepto o un amor intenso, imperecedero, ardiente y santo, por un ser que el fallecido dejó en la tierra. De otra manera, el ego astral se convierte en un “bhuta”, “ro-lang” en tibetano o sigue sus ulteriores transmigraciones en esferas más elevadas.

“En el primer caso, el Lha u “hombre-espíritu”, puede quedarse entre los vivos durante un lapso indefinido, según su voluntad. En el segundo caso, el llamado “espíritu” se demorara, posponiendo su traslación final por un breve período; ya que el cuerpo de deseo mantiene cierta cohesión, proporcional a la intensidad del amor que el alma sintió por sus seres queridos y al no estar dispuesta a separarse de ellos.

“Tan pronto como la voluntad se relaja, el cuerpo de deseo se disipa y el yo espiritual, perdiendo temporalmente su personalidad y todo recuerdo de ella, asciende a regiones más elevadas.

Esta es la enseñanza: solo los electos, los “Realizados”, los “Byang-tsiub” o los “Bodhisatwas”, pueden iluminar a los mortales y, habiendo penetrado en el gran secreto de la vida y de la muerte, pueden prolongar, voluntariamente, su estancia en la tierra después del “fallecimiento”. Si traducimos lo anterior en lenguaje ordinario, diremos que tal custodia implica “renacer una y otra vez” para el beneficio de la humanidad.”

Los espiritistas se acercarían más a la verdad si, en lugar de otorgar el poder de “controlar” y “guiar” a los vivos, a todo fantasma que dice llamarse “Juan” o “Pedro”, limitaran la facultad de impulsar e inspirar a unos pocos electos seres humanos puros, sólo a estos Bodhisatwas o iniciados santos, no importando que hayan nacidos budistas o cristianos, brahmanes o musulmanes y, en casos excepcionales, a personajes sagrados y santos, cuyo motivo es cumplir una misión verdaderamente benéfica, después de haber fallecido.

Atribuir, como lo hacen los espiritistas, este privilegio sagrado a todo “elementario” y “elemental”, que se disfraza con plumas prestadas, armando una aparición sólo para decir: “¿Cómo está señor Sánchez?” y para beber té y comer galletas, es un sacrilegio y una triste visión para quien tiene algún sentimiento intuitivo acerca del misterio muy sagrado de la traslación física, por no mencionar la enseñanza de los adeptos.


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Sutra del paso de Una Existencia a Otra. (3a)

Tibetano: ÎPhags pa srid pa Îpho ba zhes bya baâi mdo
Sánscrito: Bhavasamkranti-Sutra

Kangyur Vol.
35, Nº 892. Edición de Lasha 227 Tsa 284a5-287a2.


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Sutra de la Muerte y de la Transmigración de las Almas. (3b)

Tibetano: Tshe 316 pho ba ji ltar 316 gyur ba zhus pa342 i mdo
Sánscrito: Ayupatti-yathakara-paripriccha-s
Kangyur vol 39,
974. Edición de Lhasa 311 La 223b7-237b3.



“Enseguida Della Penna escribe:
“Estos chan-chüb, discípulos del santo principal, aun no se han convertido en santos; pero poseen, en grado más elevado, cinco virtudes:

(1) la caridad temporal y espiritual; (2) la observancia perfecta de la ley; (3) una gran paciencia; (4) una gran diligencia para trabajar hacia la perfección y (5) la contemplación más sublime.”

¡Nos gustaría saber cómo podrían tener todas estas cualidades; especialmente la última, el trance, si estaban físicamente muertos!

“Estos chang-chub han terminado su curso y no deben seguir transmigrando, pasando de un cuerpo de un Lama a otro. Sin embargo, el Lama (es decir, el Dalai Lama), está siempre imbuido por el alma del mismo chang-chub, aunque pueda encontrarse en otros cuerpos para el beneficio de los vivos, a fin de enseñarles la Ley; objetivo por el cual no desean convertirse en santos, porque entonces, no podrían instruir a los seres vivientes. Como la compasión y la misericordia es lo que los inspiran, desean permanecer chang-chüb para enseñar la Ley a los vivos, para que terminen, rápidamente, su curso laborioso de transmigraciones. Además, si estos chang-chüb lo desean, están libres de transmigrar en este mundo y en otros, siempre con el mismo objetivo.

“El sentido interior de esta descripción tan confusa, sugiere dos hechos, primero: los budistas tibetanos, es decir, las clases cultas, no creen en el retorno de los espíritus de los difuntos y, a menos que un alma, en su estancia terrena, se haya purificado a tal grado de crear, por si misma, un estado de Bodhisat, el nivel más elevado de perfección después de Buda, ni los santos, en el sentido ordinario del término, pueden instruir o controlar a los vivos después de la muerte.

Segundo: como rechazan las teorías de la creación, de Dios y del alma-en su sentido cristiano y espiritista- y de una vida futura para la personalidad del fallecido, así atribuyen al ser humano una tal potencialidad de voluntad, que depende de él convertirse en un Bodhisatwa y adquirir el poder de regular sus existencias futuras; ya sea en una forma física o semi-material.

“Los Lamaístas creen en la indestructibilidad de la materia, como elemento. Rechazan la inmortalidad y hasta la sobrevivencia del yo personal; ya que enseñan que puede sobrevivir sólo el yo individual: el agregado colectivo de los numerosos yoes personales que este Uno representó durante las largas series de varias existencias. Este último puede, aun, hacerse eterno; si bien, entre ellos, el término eterno implica sólo el período de un gran ciclo. Por lo tanto, eterno en su individualidad integral, hecho factible sólo llegando a ser un Dhyan Chohan, un “Buda celestial” o lo que un cabalista cristiano podría llamar un “espíritu planetario” o uno de los Elohim.

Una parte del “todo consciente”, compuesta por el agregado de inteligencias en su colectividad universal; mientras el Nirvana es el “todo inconsciente.” Aquél que se convierte en un Tong-pa-nyi, aquél que ha alcanzado el estado de libertad absoluta de algún deseo de vivir personalmente, la condición de santo mas elevada, existe en la no existencia y ya no puede beneficiar a los mortales.

El se encuentra en “Nipang”, ya que ha alcanzado el término de “Thar-lam”, el sendero de la liberación o salvación de las transmigraciones. No puede encarnarse voluntariamente (Tul-pa), ya sea temporalmente o toda una vida, en el cuerpo de un ser humano vivo; ya que él es un “Dang-ma”, un alma absolutamente purificada. Entonces, ha trascendido el peligro de “Dal-jor”, el renacimiento humano, porque ha cruzado las siete formas de existencias sujetas a la transmigración, de las cuales, sólo seis se divulgan al no iniciado.

“El observa con indiferencia toda esfera de transmigración ascendente, durante todo el período de tiempo que cubre los lapsos más breves de la existencia personal”, dice “El Libro de Khiu-ti.”

“Sin embargo, ‘como se necesita más valor para aceptar el ser que el no-ser; la vida que la muerte,’ entre los Bodhisatwas y los Lha, hay aquellos que, ‘tan raros como la flor de udambara’, renuncian, voluntariamente, a la beatitud resultante de la libertad perfecta y permanecen en sus yoes personales, en formas visibles o invisibles a la vista mortal, para enseñar y ayudar a sus hermanos más débiles.

“Algunos de ellos prolongan su vida terrenal; aunque a ningún nivel sobrenatural. Otros llegan a ser “Dhyan Choans”, una clase de espíritus planetarios o devas, quienes se convierten, por asi decirlo, en ángeles de la guarda de la humanidad, siendo la única clase, de la jerarquía septenaria de espíritus en nuestro sistema, que preserva su personalidad. Estos Lha sagrados, en lugar de cosechar los frutos de sus acciones, se sacrifican en el mundo invisible como lo hizo el señor Sang-gya, Buda, en esta tierra, permaneciendo en Devachan, el mundo de la beatitud más cerca de la tierra.”


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Representación de Buda (4)
Cachemira, India (Siglo IX d.C.)
Aleación de cobre con plata, con una altura de 26 cm.

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Continuará…


Notas de las Fotografías:


(1).- Buda Shakyamuni
(Imagen © de Gregory y Maricel Hillis)

El histórico Buda Shakyamuni se muestra aquí en su más popular forma iconográfica. El esta sentado en la “postura loto” (padmasana) con su mano derecha en “la tierra con gesto conmovedor” (bhumi-sparsha-mudra, sa la reg paâi phyag rgya) significando su logro del nirvana, y su mano izquierda, en el gesto de meditación (dhyana-mudra, bsam gtan gyi phyag rgya), sosteniendo un cuenco en su regazo. Él está llevando un vestido monacal como el de los primeros miembros de la comunidad budista, y su cuerpo dorado se presenta en silueta por el azul oscuro (ligeramente lineado con los delgados rayos de oro) y los halos verdes.

El paisaje circundante refleja una influencia china, y pintado al estilo tibetano Oriental.
Esta es la forma del Buda que, se dice, ha proferido Sutras y Tantras, que normalmente es llamada “la Palabra de El Buda” (buddha-vachana).


(2).- Instrucciones Esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa

El trabajo titulado Instrucciones esotéricas sobre los Seis Yogas de Naropa, que se compone en realidad de dos textos más pequeños, se incluye en la sección del Tántrico tibetano Ten-gyur o ” Tratado Traducidos”

Se centra en las prácticas de yoga reunida por el gran indio Tilopa (988-1069) de los maestros espirituales de varios linajes de la enseñanza tántrica.

Estas series de enseñanzas yoga, que más tarde Tilopa transmitió a su discípulo, Naropa (c.956-1040), se convirtió en la principal fuente de las llamadas “Seis Doctrinas (o Yogas), de Naropa” (Naro Chö-druk, na Ro Chos drug)

Las Seis Doctrinas se componen de los yogas: Calor místico (tum-mo, gtum mo), La radiante luz clara (ö-sel, Īod gsal), El cuerpo ilusorio (lu-gyu, sgyu lus), El estado onírico (mi-lam, Rmi lam), El estado intermedio (bardo), y Transferencia de la conciencia.

De estas seis técnicas avanzadas, sólo tres están directamente relacionadas con las prácticas yóguicas que rodean la muerte y los moribundos, a saber, Radiante luz clara, Estado intermedio, y Transferencia de la conciencia. (Vamos a hablar de estos temas con más detalle en un próximo artículo).


(3a).- Sutra del paso de Una Existencia a Otra.
(3b).- Sutra de la Muerte y de la Transmigración de las Almas.

El sánscrito original de los textos Sutra sobre la entrada o paso de Una Existencia a Otra y en el Sutra de muerte y la transmigración de las almas ya no son vigentes y sólo se conocen a través de sus versiones tibetano.
Ambos Sutras tratan principalmente de dos temas, el karma y su relación con el renacimiento.



(4).- Representación de Buda

Imagen: © Nyingjei Lam © Nyingjei imágenes Lam
Fuente: http://www.asianart.com

Esta muy lograda imagen representa al Buda en el gesto de la enseñanza religiosa (dharmacakra pravartana mudra).

El Buda se muestra de acuerdo con las normas de la iconografía establecidas de seres iluminados, con los dedos palmeados, los lóbulos largos, una marca entre sus frentes (urna), una protuberancia craneal (usnisa) y un tocado que hace pensar en el pelo que esta dispuesto con firmes rizos.

La imagen se presenta con exquisita sutileza, expresando una presencia luminosa, con un enfoque interior poderoso.


Traducción libre del inglés by Horus




Glosario de Términos usados:

Buddhismo (Budhismo o budismo) (Véase Buddha).- [Es la filosofía religiosa enseñada por Gautama Buddha.] El Buddhismo está actualmente dividido en dos Iglesias distintas: la del Sur y la del Norte. Dícese que la primera es la forma más pura, por haber conservado más religiosamente las doctrinas originales del Señor Buddha.

Es la religión de Ceilán, Siam, Birmania y otros países, mientras que el Buddhismo del Norte se halla limitado al Tíbet, China y Nepal. Tal distinción, sin embargo, es incorrecta. Si la Iglesia del Sur, en aquello que no se ha apartado (excepto quizás en algunos dogmas insignificantes debidos a los numerosos concilios celebrados después de la muerte del Maestro), está más cerca de las enseñanzas públicas o exotéricas de Zâkyamuni, la Iglesia del Norte es resultado de las doctrinas esotéricas que Siddhârta Buddha reservó únicamente para sus bhikchus y arhats escogidos. En verdad, el Buddhismo en nuestros tiempos no puede juzgarse debidamente por ninguna de sus dos formas populares exotéricas.

El verdadero Buddhismo sólo puede apreciarse combinando la filosofía de la Iglesia del Sur con la metafísica de las Escuelas del Norte. Si la una parece sobrado iconoclasta y rígida, y la otra harto metafísica y trascendental, hasta haberse desarrollado con exceso gracias a los hierbajos del exoterismo indo (puesto que muchos de los dioses de su Panteón han sido transplantados con nuevos nombres al suelo tibetano), todo ello es debido enteramente a la expresión popular del Buddhismo en ambas iglesias.

Hállanse éstas mutuamente en las mismas relaciones que el Protestantismo y el Catolicismo romano. Una y otra yerran por un exceso de celo y por erróneas interpretaciones, si bien ni el clero budista del Sur ni el del Norte se han apartado jamás de la verdad a sabiendas, y mucho menos han obrado bajo los dictados de la ambición clerical o puesto los ojos en el poder y lucro personales, como lo han hecho las dos Iglesias cristianas.

[El Buddhismo, tal como existe en su forma septentrional, está enteramente de acuerdo con las religiones más antiguas, pero en su forma meridional parece haber abandonado la idea de la Trinidad lógica como de la Existencia Una, de la cual esta Trinidad procede.

El Logos en su triple manifestación es como sigue:
Primer Logos, Amitâbha, la Luz infinita;
El segundo, Avalokitezvara o Padmapâni (Chenresi);
El tercero, Mandjusri, que “representa la Sabiduría creadora y corresponde a Brahmâ”. (Eitel, Diccionario Sánscrito-Chino).

El Buddhismo chino parece no contener la idea de una Existencia primordial, fuera del Logos; pero el Buddhismo de Nepal postula a Âdi-Buddha, de quien procede Amitâbha. Según Eitel, Padmapâni representa la Providencia compasiva y corresponde en parte a Ziva, pero como aspecto de la Trinidad búdica que emite encarnaciones, parece más bien representar la misma idea que Vichnú, con el cual está relacionado por llevar el Loto (fuego y agua, o Espíritu y Materia como primordiales constituyentes del universo).- A. Besant, Sabiduría Antigua.]

Bodhisattva (Sánscrito).- Literalmente: “Aquel cuya esencia (sattva) se ha vuelto inteligencia (bodhi)”, aquel a quien falta sólo una encarnación más para llegar a ser Buddha perfecto, esto es, para tener derecho al Nirvâna. Este, como aplicado a los Buddhas Manuchi (terrestres).

En sentido metafísico, Bodhisattva es un título que se da a los hijos de Dhyâni Buddhas celestes. [El que posee el don o cualidad de Bodhi (sabiduría suprema e iluminación). En el orden jerárquico, el Bodhisattva es inferior al “Buddha perfecto”. En el lenguaje exotérico se confunden mucho estos dos términos. Sin embargo, el innato y justo sentimiento popular, por razón del gran sacrificio que de sí mismo ha hecho el Bodhisattva, en su respetuosa estimación ha colocado a éste en lugar más eminente que al Buddha.

En los países búdicos del Norte, cada nuevo Bodhisattva, o gran Adepto iniciado, recibe el nombre de “libertador de la humanidad”. (Voz del Silencio, III).]

Bhons (Tibetano).- Secuaces de la antigua religión de los aborígenes del Tíbet; de los templos y ritualismo prebúdicos. Lo mismo que Dugpas, “casquetes rojos”, si bien esta última denominación generalmente se aplica sólo a los hechiceros. [Véase: Dugpas o Daddugpas.]

Devachan [o Devakhan] (Tibetano).- La “morada de los dioses”. Un estado intermedio entre dos vidas terrestres, en el cual el EGO (Âtmâ-Buddhi-Manas, o sea la Trinidad hecha Uno) entra, después de su separación del Kâma-Rûpa y de la desintegración de los principios inferiores después de la muerte del cuerpo en la tierra.

[Devachan es el nombre que en lenguaje teosófico se da al cielo o mansión de bienaventuranza, y literalmente traducido significa: morada resplandeciente o mansión de los dioses. Devasthan, residencia de los dioses, es su equivalente término sánscrito. Es el Svarga de los indos, el Sukhâvati de los budistas, el cielo de los zoroastrianos y cristianos, así como de los musulmanes menos materialistas.

Es una parte del plano o mundo astral especialmente protegida, de la que están excluídos todo sufrimiento y todo mal por las grandes Inteligencias espirituales que presiden la evolución humana. (A. Besant, Sabiduría Antigua). –Un estado subjetivo de bienaventuranza de los principios anímicos superiores después de la muerte del cuerpo.

(Véase: Anyodéi). Corresponde a la idea de cielo o paraíso, en donde cada mónada individual vive en un mundo que se ha creado por sus propios pensamientos, y en donde los productos de su propia ideación espiritual se le aparecen substanciales y objetivos. (F. Hartmann). (G.T. H.P.B.)

Deva (Sánscrito).- Un dios, una divinidad “resplandeciente”. Deva-Deus, de la raíz div, “brillar”, “resplandecer”. Un Deva es un ser celestial, sea bueno, sea malo o indiferente. Los Devas habitan “los tres mundos”, o tres planos superiores al nuestro. Hay treinta y tres grupos o trescientos treinta millones de ellos.

[Los Devas son en la India lo que los ángeles y arcángeles entre los cristianos. El príncipe de estos genios celestes o divinidades inferiores es Indra, rey del firmamento o cielo. –Deva, como adjetivo, significa: divino, celeste, glorioso, resplandeciente, etc.] (G.T. H.P.B.)

Dharma (Sánscrito).- La Ley Sagrada; el Canon búdico. [“El Dharma es la naturaleza interna, caracterizada en cada hombre por el grado de desenvolvimiento adquirido, y además, la ley que determina el desarrollo en el período evolutivo que va a seguir. Esta naturaleza interna, puesta por el nacimiento físico en un medio favorable para su desarrollo, es lo que modela la vida exterior, que se expresa por medio de pensamientos, palabras y acciones.

Lo primero que hay que comprender bien es que el Dharma no es una cosa exterior, como la ley, la virtud, la religión o la justicia; es a ley de la vida que se despliega y modela a su propia imágen todo lo que es exterior a ella. (A. Besant: El Dharma).

–A esta palabra, pues, se le han dado numerosos significados, tales como: ley, religión, justicia, deber, piedad, virtud, mérito, condición, atributo, cualidad o propiedad esencial; doctrina, credo; código, derecho; conocimiento, sabiduría; verdad; práctica, costumbre; bien; obra piadosa, etc. –Dharma es también uno de los nombres de Yama, dios de la justicia.] (G.T. H.P.B.)

Dhyân-Chohans (Sánscrito).- Literalmente: “Los Señores de la Luz”. Los devas o dioses más elevados, correspondientes a los Arcángeles de la religión católico-romana. Las Inteligencias divinas encargadas de la superintendencia del Kosmos. [Hijos de la Sabiduría; Espíritus planetarios, cuyo agregado colectivo forma el Verbo manifestado del Logos inmanifestado y constituye al mismo tiempo la Mente del universo y su Ley inmutable. – (Doctrina Secreta, I, 298, edic. inglesa).] (G.T. H.P.B.)

Dugpas (Tibetano).- Literalmente: “Casquetes rojos”, una secta del Tíbet. Antes del advenimiento de Tsong-ka-pa en el siglo XIV, los tibetanos, cuyo budismo, deteriorado por ellos, había sido horriblemente adulterado con las doctrinas de la antigua religión de los Bhons, eran todos dugpas. Desde aquel siglo, sea como fuere, y después de las rígidas leyes impuestas a los gelupkas (“casquetes amarillos”) y de la reforma y depuración del budismo (o Lamaísmo), los dugpas se entregaron más que nunca a la hechicería, a la inmoralidad y a la crápula.

Desde entonces, la palabra dugpa ha venido a ser sinónima de “hechicero”, “adepto de la magia negra” y de toda cosa vil. En el Tíbet oriental hay pocos dugpas, si es que hay alguno, pero se congregan en Bhután, Sikkim y países limítrofes en general. Como no se permite a los europeos penetrar más allá de aquellas fronteras, y como los orientalistas no han estudiado nunca el Budo-Lamaísmo en el Tíbet propiamente dicho, sino que juzgan de él sólo de oídas y por los que Cosme di Köros, Schlagintweit y unos pocos más han aprendido de él por conducto de los dugpas, confunden ellos ambas religiones y las juntan bajo un solo título.

Así, exponen al público Dugpaísmo puro en vez de Budo-Lamaísmo. En una palabra, el budismo del Norte en su forma purificada, metafísica, es casi enteramente desconocido. [Los Dugpas o Bhons, la secta de los “Casquetes rojos”, son tenidos como los más versados en hechicería. Habitan en el Tíbet occidental, el pequeño Tíbet y el Bhután. Todos ellos son tantrikas (gente que practica la peor forma de Magia negra).

Es altamente ridículo ver algunos orientalistas que han visitado las fronteras del Tíbet, tales como Schlanginweit y otros, confundiendo los ritos y repugnantes prácticas de los dugpas con las creencias religiosas de los Lamas orientales, los “Casquetes amarillos” y sus Narjols u hombres santos (Voz del Silencio, III). –Véase: Bhons y Dorje.] (G.T. H.P.B.)

Gelukpa (Tíbet).- Literalmente: “Casquetes amarillos”; la más importante y más ortodoxa secta búdica del Tíbet; la antítesis de los dugpa (o “casquetes rojos”), los antiguos “adoradores del diablo”.

[La secta de los gelukpa fue fundada por el gran reformador tibetano Amitâbha, el Dhyâni-Buddha de Gautama Zâkyamuni. (Doctr. Secr., I, 134). –Véase: Dorje y Dugpas.] (G.T. H.P.B.)

Lama (Tíbet).- Se escribe “Clama”. Este título, si se aplica debidamente, corresponde sólo a los sacerdotes de grados superiores, aquellos que pueden oficiar como gurus en los monasterios. Desgraciadamente, cada miembro ordinario del gedun (clero) se llama, o permite que le llamen, “Lama”. El verdadero lama es un gelong ordenado y tres veces ordenado. Desde la reforma hecha por Tsong-kha-pa, no pocos abusos se han deslizado de nuevo en la teocracia del país. Hay “Lamas astrólogos”, los chakhan o tsikhan (de tsigan “gitano”) ordinarios, y “Lamas adivinos”, de una condición tal que se les permite casarse y no pertenecen absolutamente al clero. Sin embargo, se cuentan en muy escaso número en el Tíbet oriental, perteneciendo principalmente al Tibet occidental y a ciertas sectas que nada tienen que ver con los gelupkas o “casquetes amarillos”. Por desgracia, los orientalistas, que casi nada saben del verdadero estado de las cosas del Tíbet, confunden el Choichong de la Lamasería (Lhasa) de Gurmakhayas –los esotéricos iniciados- con los charlatanes y dugpas (hechiceros) de la secta de los bhons. No es de extrañar que –como dice Schlagintweit en su Buddhismo del Tíbet- “si bien las imágenes del rey Choichong (el “dios de la astrología”) se encuentran en la mayor parte de los monasterios del Tíbet occidental y de los Himalayas, mis hermanos no han visto jamás un lama Choichong”. Esto es muy natural. Ni el Choichong ni el Khubilkhan (véase esta palabra) invadieron el país. Lo mismo que el “Dios” o “Rey Choichong” dista tanto de ser “dios de la astrología” como cualquier otro Dhyân Chohân “planetario”. (G.T. H.P.B.)

Libro de Dzyan.- Este libro, cuyo nombre deriva de la voz sánscrita dhyân (meditación mística), es el primer volumen de los Comentarios sobre los siete folios secretos de Kiu-te, y un glosario de las obras públicas de igual nombre. En la biblioteca de cualquier monasterio pueden hallarse en posesión de los lamas gelugpa tibetanos, treinta y cinco volúmenes de Kiu-te para fines exotéricos y para uso de los laicos, y además, catorce libros de comentarios y anotaciones sobre los mismos, escritos por Maestros iniciados. Estos catorce libros de Comentarios, algunos de los cuales son de una antigüedad incalculable, contienen una recopilación de todas las ciencias ocultas. (Doctrina Secreta, III, 405). (G.T. H.P.B.)

Lha (Tibet).- Espíritus de las esferas más elevadas; de esta palabra deriva el nombre de Lhassa, residencia del Dalai-Lama. El título de Lha se da frecuentemente en el Tíbet a algunos Narjols (santos y yoguîs adeptos), que han alcanzado grandes poderes ocultos. [Lha es un antiguo término de lsa regiones situadas más allá de los Himalayas; significa "Espíritu", un Ser celestial o superhumano cualquiera, y comprende toda la serie de jerarquías celestes, desde un Arcángel o Dhyâni, hasta un Ángel de tinieblas, o espíritu terrestre. (Doctr. Secr., II, 25).] (G.T. H.P.B.)

Tantra (Sánscrito).- Literalmente: “regla” o “ritual”. Ciertas obras místicas y mágicas, cuya principal peculiaridad es el culto del poder femenino, personificado en Zakti. Devî o Durgâ (Kalî, esposa de Ziva) es la energía especial relacionada con los ritos sexuales y poderes mágicos: La peor forma de hechicería o magia negra.

[El lenguaje empleado en tales obras es altamente simbólico, y las fórmulas de credo son poco más que expresiones algebraicas sin clave alguna provechosa hasta el presente. (Râma Prasâd). La mayor parte de los Tantras están dedicados a una de las múltiples formas de la esposa de Ziva, y está escritos en forma de diálogo entre ambas divinidades.

Estos libros son muy útiles, provechosos e instructivos; encuéntranse en ellos toda la ciencia oculta; pero pueden dividirse en tres clases; los que tratan de magia blanca, los que versan sobre magia negra y los que tratan de lo que podemos llamar magia gris, una mezcla de una y otra. Los Tantras contienen todo lo referente a la Magia, el lado oculto del hombre y de la naturaleza, los medios en virtud de los cuales pueden hacerse descubrimientos, los principios por cuyo medio puede el hombre crearse de nuevo a sí mismo; todo esto se halla en los Tantras. La dificultad del caso es que tales libros son muy peligrosos si uno no tiene un maestro que le guíe, sobre todo si trata de poner en práctica los métodos en ellos expuestos.

Otra dificultad está en que las obras tántricas contienen varios "velos" que impiden ver clara y desnuda la verdad; ya sea en lo referente a la exactitud de los chakras y padmas (lotos o plexos) del cuerpo humano, o ya en lo que atañe a los colores de los diversos tattvas, o al verdadero número de éstos. (Doctr. Secr., III, 509). Por otra parte, dichas obras usan muchas veces el nombre de un órgano del cuerpo para representar un centro astral o mental.

Hay para ello alguna razón, porque todos los centros de los diversos cuerpos (físico, astral, mental) se hallan en mutua relación y correspondencia; pero ningún maestro digno de confianza permitirá que su discípulo trabaje sobre sus órganos corporales hasta que haya adquirido cierto dominio sobre los centros superiores y hasta purificado cuidadosamente el cuerpo físico. "Leed los Tantras, si queréis, a título de enseñanza; son en verdad interesantes, pero no los practiquéis sin una explicación aclaratoria: va en ello la salud de vuestro cuerpo". (A. Besant, Introducción al Yoga, 22-23)

Kâma-loka (Sánscrito).- El plano semi-material, subjetivo e invisible para nosotros, donde las “personalidades” desencarnadas, las formas astrales, llamadas Kâmarûpa, permanecen hasta desvanecerse del todo, gracias al completo agotamiento de los efectos de los impulsos mentales que crearon esos eidolons de las pasiones y deseos humanos y animales. (Véase: Kâma-rûpa). Es el Hades de los antiguos griegos y el Amenti de los egipcios, la región de las sombras silenciosas; una división del primer grupo de los trailokas. (Véase: Kâmadhâtu).

– [Es el limbo o purgatorio de los católicos-romanos, y el Summerland de los espiritistas americanos. (Doctr. Secr., III, 373). Kâma-loka es la región o mansión del deseo, la esfera anímica (tercero y cuarto principios) de la tierra –no necesariamente en la superficie de la tierra- donde los restos astrales de los difuntos se corrompen y descomponen.

En esta región, las almas de los muertos que no son puras, viven (ya conscientemente, o ya en un estado de estupor) hasta que sus kâmarûpas (formas de deseo) son abandonados por una segunda muerte, y al desintegrarse, se verifica la separación de los principios superiores.

Al despojarse de los principios inferiores, la entidad inmortal del hombre, con sus afectos purificados y los poderes que haya adquirido durante su existencia terrena, entra en el estado de Devachán. (F. Hartmann). Así, pues, el Kâmaloka es la primera condición por la que pasa la entidad humana, después de la muerte, la condición que precede al Devachán.] (G.T. H.P.B.)




Las Enseñanzas Tibetanas

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Autor: H. P. Blavatsky

I.- Las Enseñanzas Tibetanas
II.-
Las Doctrinas de los Santos “Lha”
III.- El Árbol Sagrado de Kum Bum
IV.- Las Reencarnaciones en el Tíbet



“Aquellos que están en la cumbre de la montaña, pueden ver a la humanidad entera; análogamente, los que son inteligentes y libres del dolor, pueden ascender más allá del paraíso de los Dioses y, una vez allí, abren las puertas de lo inmortal porque han visto la sujeción del ser humano al nacimiento, a la muerte y a los dolores que lo afligen.”

Desde el “Tched-du brjod-pai tsomos” de Bkah-Hgyur

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Maitreya, el Buda del futuro (Monasterio de Tashilhunpo, Tibet)

Localizado en el Palacio de Penchen, en la ciudad de Zhigatse, “el Buda del Futuro” cuya altura y presencia imponente atrae a los visitantes a sus rodillas.

***


Habíamos prometido a nuestros lectores las opiniones de un venerable Choan-Lama (1), referente a ciertas conclusiones a las cuales llegó el autor de “Buda y el Budismo Antiguo” Gracias al amor fraterno de un discípulo del erudito Choan, quien es, en el Tíbet, el más profundamente versado en la ciencia del Budismo esotérico y exotérico, ahora podemos presentar algunas de las doctrinas que tienen un nexo con estas conclusiones.

Según nuestra firme creencia, las cartas del letrado Choan y las notas que las acompañan, no podían haber llegado en un momento más propicio. Además de las varias ideas erróneas acerca de nuestras doctrinas, a menudo, algunos de los espiritistas mas inteligentes nos han criticado severamente por haberlos extraviados en lo referente a la verdadera actitud y creencia de los hindúes y los budistas sobre los “espíritus de los fallecidos”.

Según algunos espiritistas: “a la creencia budista la embebe una nota distinta y particular del espiritismo moderno; es decir: la presencia de los espíritus de los difuntos y su protección” y los teósofos han sido culpables por haber mal representado tal creencia: “en la intervención de los espíritus humanos fallecidos”, era un anatema en el oriente; mientras, en realidad, es un principio clave del budismo.

Lo que todo hindú, de cualquier casta y educación, piensa de la “intervención de los espíritus fallecidos” es tan consabido en todo el territorio indo, que seria una perdida de tiempo repetir este notorio relato.

Hay unos pocos conversos al espiritismo moderno, véase Babu Peary Chand Mittra, cuya gran pureza de su vida personal haría esta relación inocua para él, porque: aunque no se quede indiferente a los fenómenos físicos, se adhiere solo al aspecto puramente espiritual y subjetivo de tal comunión. Sin embargo si exceptuamos a estos pocos, volvemos a afirmar, audazmente, lo que siempre sostuvimos: no existe un hindú que no deteste la mera idea de la reaparición de un espíritu fallecido, que siempre lo considera impuro.

Además, todo hindú, salvo excepciones citadas, cree que solo un espíritu malo puede retornar a la tierra, excluyendo los casos de los suicidas o la muerte por accidente. Por lo tanto: omitiendo a los hindúes de la cuestión, presentaremos la idea de los budistas del norte referentes a este tema, esperando, con el tiempo, agregar la de los budistas del sur.

Con la palabra: “budistas”, no incluimos las innumerables sectas heréticas que populan en Japón y China, las cuales han perdido todo derecho a tal apelación. Con ellas no tenemos nada que ver. Nos referimos solo a los budistas de las iglesias del norte y del sur, que podríamos definirlos como los católicos romanos y los protestantes del budismo.

El tema que nuestro letrado corresponsal trata, estriba en algunas interrogantes directas que le sometimos, pidiéndole, humildemente, que las contestara; incluyendo, también, los siguientes párrafos extraídos de “Buda y el Budismo Antiguo.”

Me he concentrado en esta cuestión de lo sobrenatural por amplio rato, porque es de suma importancia en nuestro tema. El budismo era, claramente, un aparato elaborado para anular la acción de los espíritus malos, valiéndose de la ayuda de los buenos, que operaban en su potencialidad mas elevada mediante el instrumento proveído por el cadáver o una porción del cadáver del espíritu auxiliador principal.


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Gelukpa-14 Dalai Lama. Región de Lhasa, (Potala)

***


El templo budista, los ritos budistas y la liturgia budista parecen basarse todos en esta idea: la necesidad del cadáver completo o de una parte de él.

¿Qué eran estos espíritus asistentes?

Todo budista antiguo o moderno admitirá, a la vez, que un espíritu que aún no ha alcanzado Bodhi o el departamento espiritual, no puede ser un espíritu bueno. No puede ser nada bueno; más aún: debe hacer el mal.

“El budismo del norte contesta que los espíritus buenos son los Budas, los profetas muertos. Proceden de ciertos “campos de los Budas” para comunicarse con la tierra”

He aquí lo que nuestro erudito amigo budista escribe:

“Permítaseme decir que los monjes y los legos occidentales dan un compendio muy ridículo y absurdo de la ley de Fe, las creencias populares del Tíbet. El relato del capuchino Della Penna de la hermandad de ‘Byang-tsiub’ es simplemente absurdo. El toma algunos extractos de descripciones literales del ‘Bkahhgyur’ y de otros libros de las leyes tibetanas, adornándolos con su interpretación.

Así habla de los mundos maravillosos de los espíritus, donde viven los ‘Lha, que son como dioses’, agregando que los tibetanos imaginan que:

“estos lugares se encuentran en el aire encima de una gran montaña a 160.000 leguas de altitud y 32.000 leguas de diámetro. Este lugar estaría constituido por cuatro partes: cristal en oriente; rubí rojo en occidente; de oro en el norte y de lapislázuli la preciosa piedra…en el sur. En estas regiones de dicha, los Lhas permanecen cuanto quieren y luego pasan al paraíso de otros mundos.”

Si mi memoria del período en que iba al escuela de los misioneros en Lahoula no me engaña, esta descripción se asemeja más a la ‘nueva Jerusalén que desciende de Dios desde el paraíso’ en la visión de Juan, que a la ciudad de Jang-Chhub, ya sea en el ‘Bkah-hgyur’ o en las ideas de los tibetanos; ya que la nueva Jerusalén media ‘12.000 octavos de millas’ , sus paredes eran de ‘jaspe’, los edificios de ‘oro puro’ y los cimientos de los muros estaban ‘salpicados con toda clase de piedras preciosas’ y ‘las doce puertas eran doce perlas’.

En primer lugar: el canon sagrado de los tibetanos, el ‘Bkah-hgyur’ y el ‘Bstan-hgyur’, comprende 1707 obras distintas; de las cuales, 1083 son publicas y 624 secretas. A las primeras las componen 350 volúmenes en folio y a las otras, 77.

Supongamos que, por casualidad, los profanos las hubiesen visto, puedo asegurar que nadie, desprovisto de la clave de su carácter particular y significado secreto, pudiera jamás comprender los contenidos de estos volúmenes.

En nuestro sistema, toda descripción de una localidad es simbólica, cada nombre y palabra esta velado intencionalmente y un estudiante antes de que reciba alguna instrucción ulterior, debe estudiar la manera de descifrar y luego de comprender y aprender el termino secreto o sinónimo equivalente de casi cada palabra de nuestro lenguaje religioso.

El sistema Hierático egipcio (los jeroglíficos) es un juego de niños si lo comparamos con el desciframiento de nuestros enigmas sagrados. Aún en los volúmenes accesibles a las masas, toda frase tiene un sentido doble; uno para los profanos y el otro para quienes recibieron la clave de estos archivos.


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El Palacio de Potala, en época de Ceremonia.

El Palacio de Potala es el símbolo de Lhasa y un tesoro de la historia, religión, cultura y artes del antiguo pueblo tibetano, ubicado en las impresionantes mesetas nevadas del Himalaya.

***

Si los esfuerzos de estos hombres bien intencionados, estudiosos y concienzudos, como los autores de: ‘Archivos Budistas del Mundo Occidental’ y ‘Buda y el Budismo Antiguo’, cuyas hipótesis poéticas pueden derrumbarse y refutarse, una a una, con gran facilidad, resultaron en nada, deja constancia que las tentativas de los antecesores y sucesores de los abates Huc, Gabet y otros, son un triste fracaso; ya que los primeros autores mencionados no se proponen desfigurar, intencionalmente, las enseñanzas sin paralelo y gloriosas de nuestro bendito maestro Shakya Thub-pa (Gautama Buda); pero los segundos autores, los clérigos, si.

En el ‘Theosophist’ de Octubre de 1881, un corresponsal informa correctamente al lector que Gautama Buda, el sabio, ‘insistía en que la iniciación se hiciese accesible a todos los que llenaban las calificaciones necesarias.’ Esto es cierto; tal era el plan original que el gran San-gya puso en práctica por un cierto tiempo, antes de que se convirtiera en el Omni-Sapiente.

Sin embargo, tres o cuatro siglos después de su separación con su vehículo terrenal, cuando Asoka, el gran protector de nuestra religión, dejo el mundo, los iniciados Arhat, debido a la oposición secreta, sin embargo firme, de los brahamanes a su sistema, tuvieron que emigrar, uno a uno, del país, buscando refugio mas allá de los himalayas.

Entonces, aunque el budismo popular no se difundió en Tíbet antes del séptimo siglo, los iniciados budistas de los misterios y del sistema esotérico de los Arios Nacidos Dos Veces, al dejar su tierra madre, la India, se refugiaron con los ascetas prebudistas; aquellos que tenían la Buena Doctrina aun antes de los días de Shakya-Muni.

Estos ascetas habían habitado más allá de la cadena himalayica desde un tiempo inmemorable. Son los sucesores directos de esos sabios Arios que, en lugar de acompañar a sus hermanos en la emigración prehistórica desde el lago Manasasarovara al otro lado de la Cadena Nevada en las planicies calurosas de los Siete Ríos, prefirieron permanecer en su inaccesible y desconocido receso.

Por eso no hay que sorprenderse si la doctrina esotérica Aria y las doctrinas Arhat son casi idénticas. La verdad, como el sol encima de nuestras cabezas, es una; sin embargo, parece que esta eterna verdad tan trillada debe repetirse constantemente para que toda la humanidad la recuerde. Pero, para que la verdad pueda conservarse pura y prístina, ajena a las exageraciones humanas, debe esconderse en las reconditeces lejanas de la vista profana, porque sus devotos, tratando de adaptarla a sus fines egoístas, mistifican y desfiguran su cara hermosa.

Desde los días de los misterios universales antiguos, hasta el tiempo de nuestro gran Sahkya Tathagata Buda, quien resumió e interpreto el sistema para la salvación de todos, la Voz divina del Yo, conocida como Kwan-yin, se oía sólo en la soledad sagrada de los misterios preparatorios.


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Mujer Tibetana, portando en su mano “la rueda de las oraciones”

“La rueda de las oraciones” está entre los más simbólicos objetos religiosos para los tibetanos. Los mediadores sostienen la rueda de la oración y durante las innumerables rotaciones de la rueda, ellos van repitiendo diferentes mantras. De esta manera, el mediador manda cientos de oraciones, cada uno llamando, por la compasión universal hacia todos los seres vivientes.

***


Nuestro venerable Tsong-kha-pa, al terminar su quinto Damngag, nos recuerda que: ‘toda verdad sagrada, que los ignorantes no pueden comprender bajo su luz verdadera, debería ocultarse dentro de un estuche triple, para que se esconda, así como la tortuga retira su cabeza en el carapacho, mostrando su cara solo a los que desean obtener la condición de Anuttara Samyak Sambodhi’, el corazón mas misericordioso e iluminado.

Por lo tanto, aun el canon presentado a la gente y recientemente a los eruditos occidentales, tiene un sentido dual. Ahora tratare de corregir los errores que, en el caso de los escritores jesuitas, me duele decirlo, fueron demasiado intencionales.

No cabe duda de que las llamadas Escrituras chinas y tibetanas, las obras estándar de la China y Japón, están pletóricas de asuntos mitológicos y legendarios mas idóneos para un folklore infantil que para una exposición de la Religión Sabiduría, como lo predico el salvador del mundo; ya que algunas fueron escritas por nuestros eruditos mas preclaros, muchos de los cuales, siendo no iniciados, aunque piadosos y sinceros, comentaron sobre asuntos que jamás entendieron correctamente.

Sin embargo: ninguna de estas escrituras es localizable en el canon y, aunque se preservan en la mayoría de las bibliotecas de las Lamaserías, sólo los crédulos y los piadosos, cuya sencillez les impide siempre cruzar el umbral de la realidad, las leen y creen en su contenido implícitamente.

A esta clase de obras pertenece ‘El Cosmo Budista’ escrito por el Bonzo Jin-ch’an de Pequín; ‘Shing-Tao-ki’ o ‘Los Archivos de la Iluminación de Tathagata’, por Wang-Puh, en el séptimo siglo e ‘Hi-shai Sutra’ o ‘El libro de la creación’, que consta de varios volúmenes sobre el paraíso y el infierno, ficciones poéticas que se desarrollaron alrededor de un simbolismo que se desenvolvió como un pensamiento ‘teológico’ sucesivo.

Sin embargo, los archivos de los cuales nuestro letrado autor, el monje Della Penna cita o, mejor dicho, cita erróneamente, no contiene ninguna ficción; sino una simple información para las generaciones futuras que, por aquel entonces, podrán haber obtenido la clave para interpretarla correctamente. Los ‘Lha’ acerca de los cuales Della Penna habla, sólo para burlarse de la fábula, son ‘los que alcanzaron la santidad en este mundo’, siendo simplemente los Arhats iniciados, los adeptos de muchos y varios grados, conocidos generalmente bajo el nombre de Bhanté o Hermanos.

En el libro conocido como: ‘Avatamsaka Sutra’, en la sección sobre el ‘Atman supremo, el Yo, según se manifiesta en el carácter de los Arhats y de los Pratyeka Budas,’ se lee que: ‘Como desde el comienzo, todas las criaturas dotadas de sentidos han confundido la verdad, abrazando lo falso, vino a la existencia un conocimiento secreto llamado Alaya Vijnana.’

¿Quién posee el verdadero saber oculto? Los grandes maestros de la Montaña Nevada, responde ‘El Libro de la Ley’.


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Lokapala

La imagen del Guardián muestra además una esfera en su pata derecha, simbolizando nuestro mundo y que éste se encuentra bajo su protección.

***


La Montaña Nevada, es la ‘montaña que consta de 160.000 leguas de altura.’ Analicemos el significado de todo esto. Si omitimos los últimos tres ceros, tenemos 160 leguas. Una legua tibetana es casi cinco millas, lo cual nos da 780 millas desde cierto lugar sagrado, mediante un camino preciso hacia occidente. Para quien vislumbre hasta un simple atisbo de verdad, lo antes dicho se hace lo más claro posible aún en la descripción sucesiva de Della Penna.

El monje dice:

“Según su ley, en el lado occidental de este mundo, existe un mundo eterno, un paraíso, habitado por un santo llamado Ho-pahme, que quiere decir Santo de Esplendor y de Luz Infinita.”

Este Santo tiene muchos ‘poderes’ distintos llamados ‘Chang-chub’, que, en una nota, el monje explica que son ‘los espíritus de los que, gracias a su perfección, no quieren convertirse en santos y, por lo tanto, entrenan e instruyen los cuerpos de los Lamas que renacen para que puedan ayudar a los vivos.

Esto muestra que dichos ‘Chan-chubs’, presumiblemente muertos, son Bodhisatwas o Bhante vivientes, que la gente tibetana conoce bajo varios nombres; mientras otros los conocen como Lha o espíritus; ya que se suponen que tienen una existencia más espiritual que carnal. A menudo, cuando mueren, renuncian al Nirvana, la beatitud de un descanso eterno o el olvido de la personalidad, para permanecer en sus seres astrales espiritualizados para el bien de sus discípulos y de la humanidad en general.

Por lo menos algunos teósofos comprenderán claramente lo que quiero decir, aunque algunos no aceptaran, seguramente, esta explicación. Entonces: consideramos que no hay posibilidad de que un ‘yo’ enteramente puro, permanezca en la atmósfera terrenal, en la personalidad que uso en la tierra, después de su liberación del cuerpo físico. Esta regla contempla solo tres excepciones.

-La intención sagrada que induce a un Bodhisattwa, un Sravaka o Rahat, a ayudar hacia la misma beatitud a los que se quedaron atrás, los vivos. En este caso, el se detendrá para instruirlos en los planos internos o externos.

-La segunda excepción son los que, a pesar de su pureza, inofensividad y una relativa impermeabilidad al pecado durante sus vidas, se han enfocado tanto en alguna idea particular, en relación con una de las mayas humanas, que transitaron absortos completamente e este pensamiento.

-La tercera excepción son las personas cuyo amor intenso y santo, como el de la madre por su hijo huérfano, crea o engendra una voluntad impertérrita, alimentada por ese amor ilimitado que las hace permanecer con los vivos en sus seres internos.

Los períodos concedidos a estos casos excepcionales varían.

En el primero, debido al conocimiento adquirido en su condición de Anuttara Samyak Sambodhi, el corazón más sagrado e iluminado, el Bodhisattva no tiene un límite fijo.

Como durante su vida solía quedarse en su forma astral durante horas y días, después de la muerte tiene el poder de crear, alrededor, sus condiciones calculadas para detener la tendencia natural de los otros principios para que vuelvan a sus respectivos elementos. Además: el puede descender o hasta permanecer en la tierra por siglos y milenios.

En el segundo caso: el período durará hasta que la omnipotente atracción magnética del tópico del pensamiento, intensamente concentrado en el momento de la muerte, se difuminara y gradualmente se desvaneciera.

En el tercer ejemplo: a la atracción la interrumpe la muerte o el desmerecimiento moral de los seres queridos. En ambos casos no puede durar más de una vida.

En todos los otros casos de apariciones o comunicaciones mediante cualquier vehículo, el espíritu será un bhuta malevolo o, en las mejores de las hipótesis, un ‘ro-lang’, el cascaron desalmado de un elementario. A la ‘Buena Doctrina’ se le rechaza por la acusación injustificada de que solo los adeptos afirman tener el privilegio de la inmortalidad.

Ningún adepto o iniciado oriental jamás expreso tal pretensión. Por supuesto; nuestros maestros nos enseñan ‘que la inmortalidad es condicional’ y que las probabilidades de un adepto versado en Alaya Vijñana, el cenit de la sabiduría, son diez veces más grandes que las de uno quien, ignorando las potencialidades centradas dentro de su Yo, hace que permanezcan latentes y en quietud, hasta que es demasiado tarde para despertarlas a esta vida.

Sin embargo el conocimiento del adepto en la tierra y sus poderes no superaran el saber y los poderes de un ser humano bueno, cuando este alcance su quinto y especialmente su sexto ciclo o ronda. Nuestra humanidad actual aun se encuentra en la cuarta de las siete grandes rondas cíclicas.

La humanidad es un niño que apenas se ha quitado los pañales y el adepto más elevado actual sabe menos de lo que sabrá en su infancia durante la séptima ronda. Dado que la humanidad es, colectivamente, un infante, así lo es el ser humano en su presente desarrollo individual.

Como es muy improbable que un niño, a pesar de lo precoz que sea, recuerde su existencia desde la hora de su existencia y de día a día, incluyendo las varias experiencias de cada jornada y la distinta ropa que se le hace poner, así no hay un ‘yo’ capaz de recordar las varias y distintas vidas por las cuales paso, excepto el de un adepto que alcanzo Samma-Sambuda, durante la cual un iluminado ve la larga serie de sus vidas pasadas a través de sus nacimientos previos en otros mundos.

Sin embargo, algún día, la hora sonara.

A menos que un ser humano sea un sensualista inveterado, condenándose a un aniquilamiento completo después de una de estas vidas pecaminosas, rayara el día en que, al haber alcanzado el estado de libertad absoluta de todo pecado o deseo, el vera o rememorara sus vidas pasadas completas de manera tan fácil como un ser humano de hoy recorre y pasa revista, uno a uno, los días de sus existencia.

Agregaremos unas palabras para explicar un pasaje previo referente a Kwan-yin.

Finalmente, los ritualistas budistas chinos antropomorfizaron este poder divino en una deidad distinta, andrógena, con mil manos y mil ojos, denominándola: Bodhisatwa Kwan-shai-yin, la Voz de la Deidad; pero en realidad significa: la voz de la omnipresente conciencia latente y divina en el ser humano. La voz de su verdadero Yo, evocable y audible plenamente solo mediante una gran pureza moral.

Por eso se dice que Kwan-yin es el hijo de Amitabha Buda, quien engendro ese Salvador, el Bodhisatwa misericordioso, la Voz o el Verbo, universalmente difundido, el Sonido eterno. Tiene el mismo sentido místico del Vach de los Brahamanes. Mientras estos últimos afirman la eternidad de los Vedas por la eternidad del sonido, los budistas declaran, mediante la síntesis mental, la eternidad de Amitabha, siendo el primero que probó la eternidad de Kwan-Yin nacido de Si. Kwan-yin es el Vachishvara o la Voz de la deidad de los Brahamanes.

Ambos proceden del mismo origen que el Logos de los griegos neoplatónicos. La ‘deidad manifestada’ y su ‘voz’ se encuentran en el Yo del ser humano. Su conciencia. El Yo es el Padre invisible y la ‘voz del Yo’ es el Hijo; cada cual es el relativo y el correlativo del otro. Tanto Vachisvara como Kwan-yin desempeñaron y aún desempeñan, un rol prominente en los Ritos Iniciáticos y en los Misterios de las doctrinas esotéricas brahmánicas y budistas.

Cabe puntualizar que los Bodhisatwas o Rahats no tienen que ser adeptos; aún menos brahmanes, budistas o hasta ‘asiáticos’; sino sólo seres humanos santos y puros, pertenecientes a cualquier nación o fe, que hayan dedicado todas sus vidas al bien de la humanidad.


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Monje Tibetano, colgando banderas de plegarias al viento

Junto al monje se puede observar una estatua de piedra (color oro), llamada “Rueda de la Ley”. La rueda tiene ocho rayos, simbolizando el Dharma y las nobles enseñanzas del Budismo.

*******


Continuará


Nota: (1) Director de los Archivos de las bibliotecas que contienen manuscritos sobre doctrinas esotéricas pertenecientes a los Lamas tibetanos Rim Poche Ta-loï y Ta-shü-hlumpo.



Nota
de las Fotografías:

1- Maitreya: Crédito de la fotografía: Getty Images

2- Gelukpa-14 Dalai Lama: Fotógrafo: Hugh E. Richardson. Fecha de la Fotografía: 11 de abril, 1937

3- El Palacio de Potala: Derechos de la fotografía: Museo de Bowers y Museo del Tíbet. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

4- Mujer Tibetana: Derechos de la Imagen: El Museo de Bowers. Fotografía tomada por Peter Keller, Ph.D.

5- Loka pala: Fotografía- Colección de Hugh E. Richardson. Fecha de la toma: entre 1936-50, en la región de Lhasa, palacio de Norbu Lingka (entrada Verandah).

6- Monje Tibetano: Derechos de la fotografía: Michal Sosna


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Gemas de Oriente: Mes Noviembre


Recopiladas por
H. P. Blavatsky


“!Tan grande como el Universo sin límites,
es ese Espíritu pequeño y escondido!
Los Cielos y la Tierra están en él; Fuego y aire,
Sol, luna y estrellas; oscuridad y luz,
¡Todo lo abarca! Todo lo que el hombre hace,
Su presente y su pasado,
Y lo que será de él; todos los pensamientos y las cosas
Se hallan presentes en el espacio etéreo de El!”


The Secret of Death
Katha Upanishad


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1.- En cada bendición piensa en su final y en cada desgracia piensa en librarte de ella.


2.- Si en un hombre la justicia no prevalece sobre la injusticia, este hombre ira directo a la ruina.


3.- Las esperanzas vanas apartan al hombre de todo bien, pero la renunciación a la avaricia le previene de todo mal.


4.- La paciencia nos llevara hasta el poder, mientras que la ambición nos llevara a la perdida.


5.- Con la sabiduría se pone de manifiesto el don del conocimiento; y con el conocimiento se alcanzan las cosas elevadas.


6.- En la calamidad se demuestran las virtudes de los hombres y en las largas ausencias se pone a prueba su amistad.


7.- El hombre que es capaz de entender perfectamente el movimiento y la causa de los giros de la rueda de la vida nunca será engañado.


8.- Los días terminan con la puesta del sol, las noches con la salida del sol; el final del placer es siempre el dolor, el final del dolor es siempre el placer.


9.- Toda acción acaba en destrucción; todo lo que nace tiene que morir; todo lo de este mundo es transitorio.


10.- Con la información se demuestra el ingenio del hombre y con los viajes se pone a prueba su carácter.


11.- En la pobreza se pone a prueba la benevolencia, y en los momentos de ira se ve la honestidad de un hombre.


12.- Solo la verdad purifica la mente del hombre y una disciplina adecuada la inspira.


13.- Si nos asociamos con el engaño, nos veremos vapuleados por los altibajos de la contienda.


14.- El temor a ser juzgados nos apartará del mal, pero si coqueteamos con él acabaremos destruidos.


15.- Un acto puede parecer correcto, pero son sus resultados los que demuestran su propósito.


16.- La inteligencia se demuestra con el buen juicio.


17.- Aprender aclara la mente mientras que la ignorancia la llena de telarañas.


18.- Quien sigue un buen consejo no va a caer; pero quien lo rechaza, cae en el abismo de su propio orgullo.


19.- Un amigo de confianza ayuda al hombre en la vida y con la recompensa se refuerzan las amistades.


20.- Quien no puede perdonar el mal que le han hecho vera sus buenas obras destruidas por el mismo.


21.- Quien presta beneficios a la humanidad, la hará deudora suya para un futuro nacimiento.


22.- El hombre envidioso nunca queda satisfecho y no llegara nunca a ser un gran hombre.


23.- Cuanto más se viste un hombre con la modestia, mejor esconde sus defectos.


24.- La mejor política de un hombre es no presumir de sus virtudes.


25.- La política más adecuada de un hombre fuerte es no utilizar su poder delante de un hombre mas débil.


26.- El hombre belicoso induce al antagonismo; con frecuencia la gente no puede reprimir la ira cuando se pelea con los necios.


27.- La inteligencia no se demuestra con palabras ingeniosas, sino con acciones ingeniosas.


28.- De la elocuencia del conferenciante agradable todos los hombres se enamoran.


29.- Las malas artes conquistan a los mejores hombres; el valor conquista ciudades; lo primero se detesta, lo segundo se admira.


30.- El hombre valiente cuyas proezas necesitan todos los hombres nunca estará acosado por sus adversarios.




Gemas de Oriente: Octubre

Gemas de Oriente

Un libro de aniversarios, de preceptos y axiomas
Recopilados por H. P. BLAVATSKY

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Mes de Octubre

La conciencia del bien, que ni el oro,
Ni la sórdida fama, ni la esperanza del gozo celestial
Pueden comprar; sino una vida de absoluto bien,
De voluntad inalterable, de insaciable deseo
De felicidad universal, el corazón
Que late con el al unísono, el cerebro,
Cuya sabiduría siempre despierta se esfuerza por cambiar
La gran riqueza de la razón por su felicidad eterna.

Este comercio de la virtud mas sincera no necesita
Señales contemplativas de egoísmo,
Ni relación celosa de cruel beneficio,
Ni equilibrios de prudencia, fríos y largos;
En justa e igual medida todo se pesa,
Un platillo contiene el sol de la felicidad humana,
Y el otro !EL CORAZON DEL HOMBRE BUENO!

HELLEY
Queen Mab, Sección V, 223-237

1.- El glamour del Tiempo oculta a las almas débiles de los hombres los oscuros abismos de su alrededor, las terribles y poderosas leyes que, sin cesar, dirigen sus vidas.

2.- No hay muerte sin pecado y no hay aflicción sin trasgresión.

3.- Las acciones de los hombres se dividen, según su objetivo, en cuatro clases; o carecen de propósito, o carecen de importancia, o son inútiles o buenas.

4.- El sol da origen al día y a la noche, a lo divino y lo humano. La noche es para dormir y el día para cumplir con nuestro deber.

5.- Si estuviéramos convencidos de que nunca podemos rectificar nuestra actitud, seguiríamos cometiendo siempre nuestros errores.

6.- Allí donde no hay virtud ni discernimiento, no deben sembrarse las enseñanzas, como tampoco plantamos buenas semillas en un suelo estéril.

7.- Un maestro es mas venerable que diez maestrillos; un padre, mas que cien maestros; una madre, mas que mil padres.

8.- El hombre, por muy triste que este, no debería mostrar amargura ni maquinar malas acciones contra otro.

9.- Uno no envejece por tener canas: aun siendo joven, todo el que tiene sabiduría es considerado anciano por los dioses.

10.- El hombre sabio debería apartarse siempre de los honores como del veneno y debería apreciar las faltas de cortesía como si fueran ambrosía.

11.- Aunque nos desprecien, dormimos tranquilos, despertamos tranquilos y vivimos tranquilos en este mundo; pero el que desprecia se muere.

12.- No confíes en los asuntos que alguien haya gestionado semidormido cuando el sol sale o se pone, porque se puede equivocar mucho.

13.- Los que prefieren nadar en las aguas de su ignorancia y sumergirse mucho no necesitan ejercitar el cuerpo ni el corazón;solo necesitan dejar de moverse para hundirse irremisiblemente.

14.- Como el hombre que va excavando hasta encontrar el agua, así alcanza el conocimiento el estudiante serio.

15.- Un hombre bueno puede recibir el conocimiento puro incluso de un inferior; la virtud mas elevada desde lo mas bajo.

16.- La ambrosia puede extraerse hasta del veneno; una prosa elegante incluso de un tonto; la virtud incluso un enemigo; y el oro de la escoria.

17.- Quien no le ofrece comida al pobre, ropas al desnudo y consuelo al afligido, volverá a nacer pobre, desnudo y desgraciado.

18.- Igual que un sembrador no recoge su cosecha si siembra su simiente en un suelo salado, tampoco el generoso recogerá frutos si se los da a quienes no lo merecen.

19.- Hay tres cosas de las que nunca nos cansamos: la salud, la vida y la riqueza.

20.- Las desgracias que nos ocurren no pueden evitarse; es inútil precaverse contra los decretos del Destino.

21.- La peor de las enfermedades es la envidia; la mejor de las medicinas es la salud.

22.- Hay tres cosas que no pueden comprarse con otras tres: la riqueza deseándola; la juventud, con los cosméticos; y la salud, con las medicinas.

23.- La frivolidad arruina la seriedad, la mentira es el enemigo de la verdad y la opresión pervierte la justicia.

24.- La precaución nunca puede causar desgracias; la necedad nunca puede cosechar honores.

25.- A quien no le exalta la riqueza, tampoco le hundirá la pobreza ni le destruirán las calamidades.

26.- La noche y el día son los corceles del hombre; son ellos los que le hacen correr a el y no al revés.

27.- Quien no hace caso de un lamento, demuestra su propia mezquindad; y quien ensalza su propia caridad merece un reproche.

28.- Hay cuatro cosas de las que un poco representa mucho: el dolor, la pobreza, el error y la enemistad.

29.- Quien no conoce su propio valor nunca podrá apreciar el valor de los demás.

30.- Quien se avergüenza de su padre y de su madre esta excluido de las filas de los sabios.

31.- Quien no es humilde ante sus propios ojos, nunca será exaltado a los ojos de los demás.

*   *   *


Gemas de Oriente: Mes Septiembre

GEMAS DE ORIENTE: Mes Septiembre

Recopiladas por
H. P. Blavatsky

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“No habrá un Después tan bueno como Ahora?
Mucho mejor… Por esto nada temo;

!Oh Santo Varón! Y es feliz mi vida aunque no olvide
Otras vidas penosas, débiles, pobres y miserables
Para las cuales acordaron los dioses piedad.

Pero en cuanto a mi, procuro hacer lo que me parece bueno
Y obediente vivo a la ley, con la esperanza
De que lo que ha de suceder sucederá y será bueno.”

EDWIN ARNOLD;
La Luz de Asia, libro 6


1.-
Para el que ha dominado el yo con el YO, su yo es un amigo; pero para el que no ha dominado los sentidos con la mente, ese yo es un enemigo.

2.-
El ojo es una ventana que da al corazón. El cerebro es una puerta por la que el corazón se escapa.

3.-
La devoción y la visión clara no son propios del que come demasiado ni del que no come nada; ni del que duerme en exceso ni del que no duerme nunca.

4.-
Al final de una vida de estudio, el hombre que tiene el conocimiento se acerca a la Divinidad; y al final de muchas vidas, el hombre sabio se siente uno con Todo.

5.-
El dolor y la ira, la avaricia y el deseo, el engaño y la pereza, la venganza y la vanidad, la envidia y el odio, las críticas y las infamias son los doce pecados que destruyen la felicidad del hombre.

6.-
El lobo cambia su pelaje y la serpiente su piel, pero ninguno de ellos cambia su naturaleza.

7.-
El pequeño de un cuervo a el le parece un ruiseñor.

8.-
El perro aúlla a la luna, pero la luna no le hace caso; procura ser como la luna.

9.-
Deja que tu alma trabaje en armonía con la inteligencia universal, como hace tu aliento con el aire.

10.-
Que ninguna amargura entre nunca en el corazón de una madre.

11.-
No perviertas el corazón de un hombre puro, porque ese hombre se convertirá en tu peor enemigo.

12.-
No hagas de un hombre malvado tu compañero si no quieres seguir los consejos de un necio.

13.-
No salves tu vida a costa de la de otro porque esa persona se cobrara dos de tus vidas en los futuros nacimientos

14.-
No te burles del deforme; no adoptes una actitud soberbia con tus inferiores; no hieras los sentimientos del pobre; se amable con los mas débiles que tu y caritativo con todos los seres.

15.-
No sacrifiques a tu hijo más débil por el más fuerte, protégelo.

16.-
No te diviertas a expensas de los que dependen de ti. No te burles de un hombre venerable, porque es tu superior.

17.-
La muerte es un camello negro que se arrodilla a la puerta de todos. La muerte es amiga y redentora a la vez.

18.-
Una pequeña colina en un lugar llano se cree una gran montaña.

19.-
Los hombres son enanos condenados a trabajos forzados en el reino de la oscuridad (o ignorancia).

20.-
Nosotros somos los verdaderos trogloditas, habitantes de las cavernas, aunque a nuestra caverna la llamemos mundo.

21.-
Vivimos durante siglos en nuestro reino de la noche y sonamos que nuestra oscuridad es la luz del día.

22.-
Toda la vida no es sino una promesa perpetua; un compromiso renovado, pero nunca cumplido.

23.-
El hombre es un rey destronado y desterrado de su reino. Esta encadenado en un torreón.

24.-
El corazón de un mendigo no se contentara con medio universo; el no ha nacido de una parte, sino de un todo.

25.-
Nuestra vida es la antecámara del palacio donde se halla nuestro verdadero tesoro, la inmortalidad.

26.-
Es inútil querer atrapar el eco del océano cogiendo la concha donde se oculta; tan inútil como intentar atrapar esta esencia, cogiendo la forma en la que brillo momentáneamente.

27.-
Cuando las nubes cargadas chocan entre ellas, queda oculta esa bella visión del cielo.

28.-
Cuando el silencio cae sobre nosotros, podemos oír la voz de los dioses, indicándonos, en la apacible luz de la ley divina, el verdadero sendero a seguir.

29.-
Todo el aire resuena con la presencia del espíritu y de las leyes espirituales.

30.-
El espíritu es quien, bajo la miríada de ilusiones de la vida, trabaja constantemente hacia su objetivo; en silencio, imperceptiblemente e irresistiblemente, avanza hacia la divinidad.


La Estrella de Seis y la de Cinco Puntas


Por Helena P. Blavatsky

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Los más famosos kabalistas occidentales, tanto de la Edad Media como de la Moderna, representan o simbolizan el Microcosmos por medio del pentagrama o estrella de cinco puntas, y el Macrocosmos por el doble triángulo o estrella de seis puntas. Eliphas Levi (el abate Constant) y creemos que también Kunrath, uno de los más insignes ocultistas de pasados tiempos, dan la razón de ello.

En la obra Rosacruces de Hargrave Jermings aparece la exacta relación del Microcosmos con el hombre en el centro del pentagrama. Se necesitaría un espacio mucho más amplio del que nos consiente un artículo para explicar con toda claridad el esoterismo de ambos símbolos.

Los genuinos kabalistas occidentales saben que el Espíritu y la Materia están simbolizados por los respectivos colores de los dos triángulos enlazados, sin relación alguna con las líneas o lados de los triángulos.


El filósofo kabalista y hermético considera trino todo cuanto existe en la Naturaleza; cada cosa es una multiplicidad y una Trinidad en la Unidad, por lo que representa estos aspectos por medio de figuras geométricas. Dice Platón que “Dios geometriza. Los Tres Rostros kabalísticos son las Tres Luces y las Tres Vidas de Ain –Suph (el Parabrahman de los occidentales) llamado también el invisible Sol central. El Universo es su Espíritu, Alma y Cuerpo, sus Tres emanaciones.


Esta Trina Naturaleza, la puramente Espiritual, la puramente Material y la intermedia (o Materia imponderable que constituye el Alma Central del hombre) está representada por el triángulo equilátero, cuyos tres lados iguales simbolizan que dichos Tres Principios están difundidos por todo el Universo en la misma proporción y que son eternos y coexistentes, según la ley natural de equilibrio perfecto.


Así vemos que, con leve variación, la simbología occidental es la misma que la de los arios. El doble triángulo que simboliza el Macrocosmos o Universo mayor entraña las ideas de Unidad, de Dualidad (en los dos colores y los dos triángulos) de Espíritu y Materia, de Trinidad, de la
Tetraktys pitagórica, del cuadrado perfecto, hasta el dodecágono y el dodecaedro.


Los antiguos kabalistas caldeos, maestros e inspiradores de la Kábala judía, no tuvieron el antropomórfico concepto de Dios que se advierte en el Antiguo Testamento y subsiste en nuestros días. Su Ain–Supl, ilimitado e infinito, “tiene y no tiene forma” según dice el Zohar, aunque después explica esta aparente contradicción añadiendo: “El invisible asumió forma al poner el Universo en existencia”.

Esto equivale a la idea puramente panteísta de que sólo es posible concebir a Dios en la naturaleza objetiva.


Los tres lados de los triángulos simbolizan para los ocultistas, lo mismo que para los arios, el Espíritu, la Materia y la Naturaleza intermedia (identificada en su significado con el espacio), así como también simbolizan las Energías Creadora, Conservadora y Destructora representadas en las Tres Luces.


La Primera Luz infunde vida inteligente y consciente en todo el Universo, en correspondencia con la Energía Creadora. La Segunda Luz construye incesantemente formas con la Materia Cósmica preexistente dentro del círculo cósmico y por ello es la Energía Conservadora. La Tercera Luz produce el conjunto universal de la materia física densa, que según se aparta de la céntrica Luz espiritual, pierde su brillantez y se convierte en tinieblas o en mal, que conduce a la muerte, por lo que es la Energía Destructora manifestada en lo mudable y perecedero de las formas. Los Tres Rostros kabalísticos del Anciano de los Ancianos que sin embargo no tiene rostro, son las divinidades arias llamadas Brahma, Vishnu y Shiva.


El doble triángulo de los kabalistas está inscrito en un círculo formado por una serpiente que se muerde la cola (el emblema egipcio de la Eternidad) y a veces en un sencillo círculo geométrico.


La única diferencia entre los símbolos oriental y occidental del doble triángulo –según explica Krishna Shankar Laishankar en el artículo publicado con el mismo título que el presente– consiste en omitir el profundo significado de lo que dicho autor llama el Cenit y el Cero.


Según los kabalistas occidentales, el vértice superior del triángulo blanco se pierde en el Cenit (1), en el Mundo de pura Espiritualidad o inmaculado Espíritu, mientras que el vértice inferior del triángulo negro se pierde en el nadir y simboliza, según prosaica expresión de los ocultistas medievales, la materia grosera, los desechos del Fuego Celestial (el Espíritu) caídos en el vórtice de aniquilación, en el mundo inferior, donde las formas y la vida senciente se dispersan para retornar a su fuente originaria, la Materia Cósmica. Según las enseñanzas puránicas, el punto central “es la sede de Brahma Avyakta o Divinidad inmanifestada”.


En efecto, como el punto geométrico carece de dimensiones, es un símbolo apropiado del invisible Sol central, de la Luz de la Divinidad inmanifestada; pero los ocultistas trazan en la figura, en vez del punto geométrico, la Cruz Ansata o la Tau Egipcia, en cuya parte cenital dibujan un círculo como símbolo del ¡limitado e increado espacio. Así modificada, la Tan Egipcia tiene casi el mismo significado que la cruz mundana de los antiguos herméticos egipcios, o sea una cruz inscrita en un círculo.


Por lo tanto, es erróneo decir que el doble triángulo sólo simboliza el Espíritu y la Materia, pues contiene muchos otros símbolos. Dice nuestro crítico: Si el doble triángulo sólo representa el Espíritu y la Materia, no se explica ni se rebate la objeción de que con dos lados no es posible trazar un triángulo, ni que el Espíritu y la Materia estén simbolizados por la distinción de blanco y negro de dos triángulos.


Creyendo ya haber explicado suficientemente algunas dificultades y expuesto que los kabalistas occidentales siempre vieron la Trinidad en la Unidad y la Unidad en la Trinidad, podemos añadir que los pitag6ricos rebatieron ya, hace 2500 años, la objeción levantada por el autor de las precedentes palabras.


La idea cardinal de los pitagóricos era que, bajo las fuerzas y cambios fenomenales del Universo, subyace un permanente principio de Unidad. Los Sagrados Números de dicha escuela no incluyen el Dos o la Duada, pues los pitagóricos no reconocían este número ni como idea abstracta, fundándose en que geométricamente es imposible construir una figura con sólo dos líneas rectas; por tanto no puede identificarse el número dos con ninguna figura geométrica plana o sólida para simbolizar la Unidad en la multiplicidad, como puede simbolizarla una figura poligonal.

Así es que los pitagóricos no consideraban el Dos como Número Sagrado, porque representado en geometría por dos líneas horizontales = y en numeración romana por dos verticales II, y careciendo la línea de anchura y profundidad, sin otra dimensión que la longitud, era necesario añadirle al dos otra unidad para emplearlo simbólicamente en figura de triángulo.


Así resulta evidente por qué los herméticos emplearon dos triángulos enlazados para simbolizar el Espíritu y la Materia (el Alfa y el Omega del Kosmos) y representaron el triángulo que simboliza el Espíritu de color blanco y el de la Materia, de color negro. En cuanto a la pregunta de que si el vértice del triángulo blanco que se dirige hacia arriba simboliza el Espíritu, ¿qué simbolizan los otros dos vértices del triángulo blanco?, responderemos que, según los kabalistas, simbolizan el Espíritu caído en la generación, es decir, la pura Chispa Divina mezclada ya con la materia del mundo fenomenal.


La misma explicación conviene al simbolismo de los dos vértices de la base del triángulo negro, cuyo tercer vértice representa la progresiva densificación de la Materia.


Por otra parte, decir que “toda idea de ascenso y descenso, de arriba y de abajo en el sublime concepto del
Kosmos no sólo es repulsiva sino falsa”, equivale a negar la posibilidad de que una idea abstracta esté simbolizada por una imagen concreta.
Entonces, ¿Por qué no invalidar toda clase de signos, incluso los de Vishnu y las eruditas explicaciones puránicas que de ello nos da el autor? Lo anteriormente expuesto da la clave de la fórmula pitagórica de la Unidad en la multiplicidad, del Único manifestado en muchos.


Esta idea está simbolizada en la Década (1+2+3+4=10) lejos de ser repulsiva es positivamente sublime. El Uno es la Divinidad. El Dos es la Materia, que por sí misma no puede ser una entidad consciente (2). El Tres (el triángulo) resulta de la combinación de la Mónada y la Duada, participa de la naturaleza de ambas y es la Tríada o mundo fenomenal. La Tétrada o sagrada Tetraktys es la forma de la Perfección para los pitagóricos y expresa o simboliza al propio tiempo la ilusión fenomenal o Maya–La Década o suma total simboliza el Kosmos.



Decimos en Isis sin Velo: “El Universo es la combinación de mil elementos; y sin embargo la expresión de un solo Elemento: del Espíritu o Absoluta Armonía. Es un caos para los sentidos y un perfecto Kosmos para la razón”.


Pitágoras aprendió filosofía en la india y de aquí la similitud entre las ideas fundamentales de los antiguos Iniciados brahmánicos y las de los pitagóricos. Al definir al Shatkon dice el autor que “representa el gran Universo (Brahmanda), el ilimitado Mahakasha, con todos los mundos estelares en él contenidos”. Con esto no hace más que repetir, en diferentes palabras, la explicación dada por Pitágoras y los filósofos de la estrella hexagonal o doble triángulo, como anteriormente indicábamos.

En cuanto a los restantes tres puntos de los dos triángulos, los tres lados de cada uno de ellos y el círculo en que están inscritos, como quiera que los herméticos simbolizaban todas las cosas visibles e invisibles, no podían menos que simbolizar completamente el Macrocosmos.

Los pitagóricos incluían en su Década todo el Kosmos, pero aún reverenciaban mayormente el número Doce, porque representaba la sagrada Tetraktys multiplicada por tres, de donde resulta una Trinidad de cuadrados perfectos llamados Tétradas.


Los filósofos herméticos u ocultistas, siguiendo los pasos de los antiguos Maestros pitagóricos, representaron el número Doce en el doble triángulo, el Macrocosmos, e incluyeron en él el pentagrama o Microcosmos, al que dieron el nombre de Universo menor.


Dividiendo las doce letras de los ángulos externos en cuatro grupos de tríadas o tres grupos de tétradas, obtuvieron el dodecágono, un polígono regular de doce lados iguales con doce ángulos también iguales, que para los antiguos caldeos simbolizaban los doce Dioses mayores, y para los kabalistas hebreos los diez Sephiroth o Potestades Creadoras de la Naturaleza emanados de Sephira (la Divina Luz) que era jefe de los Sephiroth, emanada a su vez de Hakoma, la Suprema e Inmanifestada Sabiduría, y de Ain –Suph el infinito, esto es, tres grupos de tríadas de Sephiroth, y una cuarta tríada constituida por Sephira, Ain –Suph y Hakoma, que “no puede comprenderse por reflejo” y que “está oculta dentro y fuera del cráneo de Rostro Largo”, según consta en el Idra Rabba.


La cabeza superior del triángulo de arriba forma los Tres Rostros kabalísticos que constituyen los doce. Además, las doce figuras dan dos cuadrados o la doble Tetraktys que en la simbología pitagórica representan los mundos físico y espiritual. Los dieciocho ángulos internos y los seis centrales dan además de veinticuatro, dos veces el Sagrado Número Macrocósmico; también las veinticuatro Divinas Potestades Inmanifestadas.



Dice
Jámblico que “las Divinas Potestades se indignan contra quienes revelan la manera de inscribir en una esfera el dodecaedro, uno de los cinco cuerpos sólidos geométricos, compuesto por doce pentágonos regulares”.


El pentagrama situado en el centro del doble triángulo da la clave del significado para los filósofos herméticos y los kabalistas. Tan conocido es este doble signo que se ve en la entrada de los templos budistas, en las lamaserías y en los relicarios del Tíbet.

Los kabalistas medievales nos dan en sus escritos el significado del doble triángulo con el pentagrama central. Dice Paracelso: “El hombre es un Microcosmos contenido en el interior del Macrocosmos, como un feto sostenido por sus Tres principales Espíritus en la matriz del Universo”.


Estos Tres Espíritus son dobles, a saber:


1º. El Espíritu de los elementos (cuerpo terrestre y Principio Vital).
2º.
El Espíritu de las estrellas (el cuerpo astral y la Voluntad que lo gobierna)
3º.
El Espíritu del mundo espiritual (las Almas animal y Espiritual). El séptimo Principio es un espíritu casi inmaterial, el divino Augoeides, el Âtma, representado por el punto central, que corresponde al ombligo humano. Este séptimo Principio es el Dios personal de cada hombre, según dicen los ocultistas orientales y occidentales.


Al hablar de los cinco triángulos compuestos de cinco veces cinco o veinticinco puntos, dice el aludido autor que el pentagrama es un “número correspondiente con los veinticinco elementos constitutivos del ser humano”.

Supongamos que el autor entiende por elementos lo que los kabalistas decían cuando enseñaban que las emanaciones de las veinticuatro Potestades Divinas e inmanifestadas, que con el inexistente o céntrico punto son veinticinco, constituyen un perfecto Ser Humano.


Sin discutir el relativo valor de las palabras elementos y emanación, y teniendo en cuenta la observación adicional del autor de que “toda la figura” del Microcosmos es “el signo de Brahma o la deificada Energía Creadora”, resulta esta afirmación incongruente con el parecer de eminentes herméticos y kabalistas, para quienes las cinco puntas del pentagrama simbolizan los cinco miembros cardinales del cuerpo humano.


Aunque no pertenecemos a la escuela kabalística occidental, afirmamos que tienen razón en este punto, porque si los veinticinco elementos representados por la estrella de cinco puntas constituyen un ser humano, dichos elementos han de ser vitales, ya sean mentales o físicos, y si la figura simboliza la Energía Creadora, el concepto kabalístico resulta reformado. Los cinco elementos groseros: tierra, agua, fuego, aire y éter, entran en la constitución del hombre, y lo mismo da decir cinco órganos de acción que cinco miembros o cinco sentidos.


En el Codex Nazaræus, el libro más kabalístico, Mano, el supremo rey de Luz y jefe de los Eones, emana de sí los cinco Eones que con Mano y el Señor Ferho (la Vida ignota y sin forma de la que surgió Mano) forman los siete, que simbolizan los siete Principios constituyentes del hombre. Los cinco inferiores son puramente materiales y semimateriales y los dos superiores casi inmateriales y espirituales.


De cada uno de los siete Eones surgen cinco refulgentes rayos de luz, y en todos los antiguos ejemplares del Codex Nazaræus se ve que la cabeza, brazos y pies del hombre, están simbolizados en las cinco puntas del pentagrama.


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NOTAS

(1)
En la pirámide egipcia tiene el mismo significado. El notable arqueólogo francés, Dr. Rebold demuestra la gran cultura de los egipcios de 5000 años antes de la Era Cristiana, al afirmar, apoyado en varias autoridades, que en aquel tiempo existían no menos de treinta o cuarenta colegios de Iniciados que estudiaban Ciencias Ocultas y Magia práctica.

(2)
Compárese este concepto de los pitagóricos con el del sistema Sankia de Kapila, en el que Purusha y Prakriti sólo pueden manifestarse en el mundo sensorio cuando están combinados el uno con el otro.



Mes de AGOSTO

Extractos de: GEMAS DE ORIENTE
Recopiladas por H. P. BLAVATSKY

 

Mes de AGOSTO

“La muerte no tiene poder para destruir el alma inmortal,
Que, al convertirse en polvo su cuerpo actual,
Busca otra morada nueva y con fuerza renovada
Inspira luz y vida en otra estructura.

 

Y yo mismo (recuerdo bien el pasado),
Cuando los feroces griegos cercaban la sagrada muralla de Troya,
Fui el valiente Euforbo; y en la triste batalla
Derrame mi sangre bajo la lanza de Atrides.

 

El escudo que este brazo llevaba lo he visto
En el santuario de Juno, como trofeo de esa guerra”

 

JOHN DRYDEN Fables,
Ancient and Modern, del libro 15 de las Metamorfosis de Ovidio, 227-36

 

 

 

1.- El hombre que descuida la verdad que encuentra en su alma para poder seguir la letra muerta es un esclavo del tiempo.

2.- Quien no reconoce el pan y la sal es peor que un lobo salvaje.

3.- El hombre que no ha dudado en proyectar su imagen en el espacio y llamarlo el Creador no ha tenido los escrúpulos necesarios para no dotar a Dios de sus propios vicios.

4.- Quien ha sido engañado una vez teme el mal y sospecha de el incluso en la verdad.

5.- Krishna, el dios de los cabellos de oro, no respondió a las injurias del Rey de Chedi. Al rugido de la tempestad y no al aullido del chacal barrita el elefante su respuesta.

6.- No es la hierba tierna y flexible la que arranca la tormenta, sino los altos árboles. Los poderosos guerrean solo con los poderosos.

7.- El árbol de sándalo tiene serpientes; el agua de los lotos, cocodrilos; en la felicidad hay envidia. No hay placeres en estado puro.

8.- Nada ni nadie esta libre de mal. Al árbol de sándalo le comen las raíces las serpientes, a sus capullos les atacan las abejas, sus ramas las rompen los monos, y su copa se la comen los osos. Ni una sola parte de el esta a salvo del dolor.

9.- No gimas por tu sustento; la naturaleza lo proveerá. Cuando nace una criatura, el pecho de su madre la alimenta.

10.- Quien le dio al cisne su blancura, al loro sus alas de verde oro, al pavo real sus matice irisados?. Acaso quien les dio a ellos todo eso no va a sustentarte a ti?

11.- Toda la buena fortuna pertenece a quien tiene la mente tranquila. Acaso no contiene la tierra la piel de nuestros zapatos?

12.- Este mundo es un árbol venenoso, con dos frutos dulces como la miel: la esencia divina de la poesía y la amistad de los nobles.

13.- El depósito se llena con la caída gradual de las gotas de agua; y lo mismo pasa con la sabiduría, con la virtud y con la riqueza.

14.- Quien vive pensando en sus semejantes hace que todos los días fructifiquen con su generosidad, su estudio y sus nobles artes.

15.- No le complace tanto al ardoroso sumergirse en aguas frescas, ni a una doncella un collar de perlas, como a los buenos las palabras bondadosas.

16.- Los hombres buenos varían. Algunos son como los cocos, llenos de dulce leche; a otros les gusta la jojoba, son complacientes externamente.

17.- Como un recipiente de tierra, fácil de romperse y difícil de pegar, son las personas malas; las buenas son como los recipientes de oro, difíciles de romper y fáciles de pegar.

18.- No seas amigo de la mala gente, el carbón, cuando esta caliente, quema; cuando esta frió, ennegrece los dedos.

19.- Huye de quien difunde infamias en secreto y halaga abiertamente; es como una taza de veneno con nata en la superficie.

20.- Un carro no puede avanzar con una sola rueda; igualmente, el destino fracasa si los hombres no colaboran con sus obras.

21.- El noble se complace con lo noble; los ruines no; la abeja vuela hacia el loto desde el bosque pero la rana no lo hace, aunque vive en el mismo lago.

22.- Como rayos de luna temblorosos en el agua, así es la vida de los mortales. Sabiendo esto, deja que el deber se cumpla.

23.- Báñate en el río del alma! Oh, hombre, porque no es con agua como se limpia el alma.

24.- El alma pura es un río cuya fuente sagrada es el control de uno mismo, cuya agua es la verdad, cuya orilla es la corrección, y cuyas olas son la compasión.

25.- De un regalo que hemos de hacer o recibir, de una acción que debe hacerse, el tiempo absorbe el sabor, si no se hace en su momento.

26.- Cuando el necio pierde su riqueza, sus acciones quedan destruidas, como los riachuelos secos en tiempos de esquía.

27.- Quien quiera un amigo intachable deberá abstenerse de tener amigos.

28.-Come y bebe con tus amigos, pero no hagas negocios con ellos.

29.- La miel no se obtiene sin dificultades. Nadie pasa la vida sin dolor ni tristeza.

30.- El vinagre no atrae a las moscas, es la miel. Una lengua dulce hace salir las serpientes de la tierra.

31.- De que le sirven los consejos a un necio?

 

 

 

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Mes JULIO

Extractos de: GEMAS DE ORIENTE

Un libro de aniversarios, de preceptos y axiomas.
Compilado por
H.P.B.

“¡La mente, iluminada, aparta su dolor!”
“¡No lo sabe con el conocimiento!
¡ tampoco lo conoce el hombre con la sabiduría!
¡ No se puede aprender en absoluto!
¡ Solo el alma puede percibir al alma
cuando el alma lo quiere!
¡No brilla luz alguna excepto su propia luz
Para reflejarse en si a ella misma!”

THE SECRET OF DEATH

 

Del Katha Upanishad, Seccion I, Pt. II, 23

 

::: Mes de JULIO :::

 

1.- No podemos llenar un vació desde dentro.

2.- Cuando se alcanza cierto punto, el dolor se convierte en su propio antídoto.

3.- Muchos son los hombres que seguirán a un falso líder. Y pocos los que reconocerán la verdad a primera
vista.

4.- Considera que algo es eminentemente bueno si, Comunicándolo a los demás, te enriqueces tu con ello.

5.- Convéncete de que no eres el dueño de todo cuanto no posees en lo mas recóndito de tu capacidad razonadora.

6.- Hay tantas pasiones del alma como déspotas feroces y salvajes.

7.- Nadie es libre si no ha conseguido gobernarse a si mismo.

8.- Es deber del músico armonizar todos los instrumentos, pero el de un hombre educado es adaptarse armoniosamente a cada situación.

9.- Esta muy bien detener a un hombre injusto; pero si eso no es posible, esta muy bien no actuar junto con el.

10.- Deberíamos abstenernos del pecado, no por miedo, sino porque es lo correcto.

11.- Los deseos vehementes por cualquier cosa ciegan el Alma respecto a otras cosas.

12.- Muchos hombres que no han aprendido a discutir racionalmente viven, sin embargo, de acuerdo con la razón.

13.- Lo igual es hermoso en todo, pero el exceso y el defecto no lo parecen tanto.

14.- Un intelecto divino tiene la propiedad de estar siempre pensando intencionadamente en lo hermoso.

15.- Como dos tablas de madera que se juntan en el océano y después se separan, así son los encuentros de los mortales.

16.- La juventud es como un torrente de la montaña; la riqueza es como polvo en nuestros pies; lo humano es fugaz como una gota de agua; la vida es como la espuma.

17.- Quien no cumple con mente resuelta su deber, ese deber que abre las puertas de la felicidad, cuando la
vejez y el remordimiento le sorprendan, arderá con el fuego del dolor.

18.- Incluso en una ermita del bosque, impera el pecado entre los que no son santos; el control de los sentidos en nuestra propia casa, eso si que es ascetismo.

19.- La morada de alguien que actúa correctamente, libre de impurezas, es como una ermita del bosque.

20.- Como las corrientes de un río que fluyen sin retorno, así pasan los días y las noches, llevándose la vida de los hombres.

21.- Impermanentes son la belleza, la juventud, la vida, la riqueza, el liderazgo y la compañía de los seres queridos; que el sabio no se deje engañar por estas cosas.

22.- En este mundo, fugaz como las olas que empuja la tormenta, la muerte puede ser un gran premio conseguido por la virtud en un nacimiento anterior.

23.- La sombra de una nube, el favor de un apoyo, el maíz reciente, una flor, todo esto dura poco; y lo mismo pasa con la juventud y la riqueza.

24.- Que el sabio piense en la sabiduría como algo inmarchitable e inmortal; que cumpla con su deber como si la Muerte le tirara de los cabellos.

25.- Si dicen mal de ti y es verdad, corrígete; si es una mentira, ríete.

26.- Las pagodas se valoran por su sombra y los grandes seres por el numero de sus envidiosos.

27.- El sabio no dice lo que hace; pero no hace nada que no pueda decirse.

28.- El hombre que halla placer en el vicio y dolor en la virtud es todavía un novato en ambas cosas.

29.- El hombre sabio hace el bien de forma natural, como cuando respiramos.

30.- Un hombre es aquel que no se retracta de lo que ha dicho.

31.- El corazón del necio esta en su lengua; la lengua del sabio esta en su corazón.

 

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El Origen del Mal

EL ORIGEN DEL MAL
(The Origin of Evil, Lucifer Magazine, oct. 1887)

by H. P. Blavatsky



“No Good without Evil.
No Love without Hate.

No Innocence without Lust.

I am Darkness”.

 

El problema del origen del mal sólo puede ser abordado filosóficamente si se toma la arcaica fórmula hindú + como base de argumentación. Sólo la Sabiduría Antigua resuelve el problema de la presencia de la maldad universal de una manera satisfactoria. Aquélla atribuye el nacimiento del Cosmos y la evolución de la vida a la disgregación de la Unidad primordial manifestada en Pluralidad o gran ilusión de la forma. Habiéndose transformado la Homogeneidad en Heterogeneidad, se crean naturalmente los contrastes: de ahí nació lo que llamamos el Mal, que desde entonces es el único soberano en este “valle de lágrimas”.


La mal denominada filosofía materialista occidental no ha dejado de sacar provecho a este gran principio metafísico. Incluso la Ciencia Física, con la Química a la cabeza, se ha centrado recientemente en la primera proposición y canaliza sus esfuerzos a probar con datos irrefutables la homogeneidad de la materia primordial. Pero ahora entra en escena el Pesimismo materialista, una doctrina que ni es filosofía ni ciencia, sino solamente un aluvión de palabras sin sentido.

El Pesimismo, en su expresión más reciente, ha dejado de ser panteísta y, habiéndose unido al Materialismo, se prepara a sacar partido de la antigua fórmula inda. Pero el pesimismo ateo no se eleva más que el homogéneo plasma terrestre de los darvinistas. Para el Pesimismo, la última Thule es tierra y materia, y más allá de la materia prima sólo ve un horroroso vacío, una inexistente nada. Algunos de los pesimistas tratan de poetizar su idea a la manera de los sepulcros blanqueados, o de los cadáveres mejicanos cuyas espectrales mejillas y labios están espesamente cubiertos de rojo. La decadencia de la materia penetra la máscara de la vida aparente, a pesar de todos los esfuerzos en contra.

El materialismo utiliza ahora las metáforas e imágenes retóricas de la india. En una nueva obra del Dr. Mainländer sobre el tema, (Pessimism and Progress), se dice que el Panteísmo de la india y el Pesimismo alemán son idénticos, y que es la disgregación de la materia homogénea en materia heterogénea, la transición de la uniformidad a la multiformidad, lo que ha producido un Universo tan desdichado.


Según dice el Pesimismo: Esta (transición) es precisamente el error de principio, el Pecado Original que toda la creación ha de expiar ahora mediante grandes sufrimientos; es justamente ese pecado, el que habiendo arrojado a la existencia todas estas vidas, las ha hundido en las profundidades abismales del mal y de la miseria. Para escapar de esta última sólo hay un medio posible, y es dejar de ser uno mismo.


Esta interpretación de la fórmula oriental, a la que se atribuye la primera idea de escapar de las miserias de la vida “poniendo un fin al ser” –tanto si ese ser es considerado como todo el Cosmos o sólo como vida individual– es un concepto muy equivocado. El panteísta oriental, cuya filosofía le enseña a discriminar entre Ser o Esse y la existencia condicionada, difícilmente consentirá una idea tan absurda como ésa. El sabe que sólo puede poner fin a la forma, no al ser, y eso únicamente en este plano de ilusión terrestre.

Ciertamente sabe que matando en sí mismo Tanhâ (el deseo insatisfecho de existir, o la voluntad de vivir) escapará gradualmente del curso de renacimientos y de la existencia condicionada. Pero también sabe que no puede matar o “poner fin” ni a su propia y pequeña vida salvo como personalidad, que es, después de todo, como un cambio de vestimenta. Y creyendo solamente en la Realidad Una, –que es el eterno Ser, la Causa sin causa de la que se ha exiliado para penetrar en un mundo de formas– considera sus manifestaciones temporales y progresivas en el estado de Maya (cambio o ilusión), verdaderamente como el mayor mal; pero al mismo tiempo como un proceso natural, tan inevitable como los dolores del parto. Es el único medio para pasar desde estas limitadas y condicionadas vidas de dolor a la Vida Eterna, o a ese absoluto “Ser”, expresado tan gráficamente por la palabra sánscrita Sat.


El “pesimismo” del panteísta hindú o budista es metafísico, abstruso y filosófico. La idea de que la materia y sus manifestaciones proteicas son la fuente y el origen del mal y dolor universales es muy antigua, aunque Gautama Buddha fue el primero en darle su expresión definitiva. ¡Pero el gran Reformador de la India seguramente nunca pretendió hacer de ésta un asidero al que el pesimista moderno pudiera agarrarse, o un sostén donde el materialista pudiera apoyar sus distorsionados y perniciosos principios!

El Sabio y Filósofo, que se sacrificó por la Humanidad viviendo por ella para salvarla, enseñando a los hombres a ver la existencia sensible de la materia sólo como miseria, en su profundo pensamiento filosófico nunca tuvo la idea de premiar el suicidio; sus esfuerzos estaban dirigidos a liberar a la Humanidad de su apego demasiado fuerte a la vida, lo cual es la causa principal del egoísmo, de aquí que sea creador de sufrimiento y dolor.

Particularmente, Buddha nos dejó un ejemplo de fortaleza a seguir, viviendo y no evadiéndose de la existencia. Su doctrina muestra el mal inmanente, –no en su substancia que es eterna sino en las ilusiones creadas por ella– a través de los cambios y transformaciones de la materia que genera vida, ya que estos cambios son condicionados y tal vida es efímera. Al mismo tiempo se nos muestran tales males no sólo como inevitables, sino también necesarios. Pues si quisiéramos discernir el bien del mal, la luz de la oscuridad, y apreciar el primero podríamos hacerlo sólo a través de los contrastes entre ambos.

Mientras que la filosofía de Buddha en su letra muerta apunta sólo a la parte oscura de las cosas en este plano ilusorio; su esoterismo, su alma oculta, aparta el velo y desvela al Arhat todas las glorias de la Vida Eterna en toda la Homogeneidad de Conciencia y de Ser. Otro absurdo, sin duda, a los ojos de la ciencia materialista y aun del idealismo moderno, a pesar de ser un hecho para el Sabio y Panteísta esotérico.

Sin embargo, la idea original de que el mal ha nacido y se ha generado en las crecientes complejidades de la materia homogénea, que adopta formas y se diferencia más y más a medida que ésta se hace físicamente más perfecta, tiene un aspecto esotérico que parece no habérsele ocurrido al pesimista moderno. De cualquier modo, su aspecto formal, exotérico, su letra muerta, se convirtió en objeto de especulación de todas las naciones cultas de la Antigüedad. Incluso en la india, el primitivo pensamiento que subyace bajo la forma ya citada, ha sido desfigurado por el sectarismo y ha llevado al ritualismo puramente dogmático de los Hatha Yogis, a diferencia del Raja–Yoga vedantino filosófico.

Las especulaciones exotéricas paganas y cristianas, e incluso el ascetismo monástico medieval, han extraído todo lo que pudieron de esta idea originariamente noble, y la subordinaron a sus estrechas y sectarias opiniones. Las falsas concepciones de los cristianos acerca de la materia les han llevado desde el primer día a identificar a la mujer con el Mal y con la materia, a pesar de la veneración de la iglesia Católica Romana a la Virgen.


Pero la última aplicación de la malentendida fórmula inda por parte de los pesimistas alemanes es bastante original y un tanto inesperada, como veremos. Trazar alguna analogía entre una enseñanza altamente metafísica y la teoría de la evolución física de Darwin, parece, en sí mismo, una tarea imposible. Más aún cuando la teoría de la selección natural no predica ninguna aniquilación concebible del Ser, sino por el contrario, un progreso continuo y siempre creciente de la vida. No obstante, la ingenuidad alemana ha logrado darle una apariencia de verdad filosófica mediante paradojas científicas y muchos sofismas.

El antiguo dogma indo no ha escapado a la controversia en manos del Pesimismo moderno. El feliz descubridor de la teoría de que el origen del mal data desde la ameba protoplásmica –que se dividía a sí misma para la procreación, y perdió así su inmaculada homogeneidad– ha reclamado la arcaica fórmula aria en su nuevo libro. Al mismo tiempo que ensalza su filosofía y la profundidad de las concepciones antiguas, declara que debería ser considerada “como la verdad más profunda, preconcebida y saqueada por los antiguos sabios del pensamiento moderno”.

Así se deduce que el “pensamiento moderno” identifica y sitúa el panteísmo profundamente religioso del filósofo hindú y budista, al mismo nivel que las ocasionales extravagancias del materialista pesimista. Se ignora el infranqueable abismo entre ambos. Poco importa, al parecer, que el panteísta no reconozca ninguna realidad en el cosmos manifestado y que considerándolo como una simple ilusión de sus sentidos, tenga que considerar también su propia existencia sólo como un manojo de ilusiones.

Cuando habla de los medios de escapar a los sufrimientos de la vida objetiva, su manera de considerar esos sufrimientos y su motivación de poner un final a la existencia son completamente diferentes a los del materialista pesimista. Para él, tanto el dolor como las penas son ilusiones debidas al apego a esta vida y a la ignorancia. Por ello, aspira a una vida eterna, inmutable y de absoluta conciencia en el estado de Nirvana; mientras que el pesimista europeo, tomando los “males» de la vida como realidades, aspira –como él mismo expresa–, cuando tiene tiempo de anhelar algo más que esas mencionadas y mundanas realidades, a la aniquilación del “ser”.


Para el filósofo sólo hay una vida real, el éxtasis nirvánico, que es un estado que difiere no sólo en clase sino también en grado de cualquier otro de los planos de conciencia en el universo manifestado. El pesimista denomina al “Nirvana” superstición y lo explica como la “cesación de la vida”, ya que la vida comienza y termina para él en la Tierra. El primero ignora en sus aspiraciones espirituales incluso la homogénea unidad integral, de la que saca ahora tanto partido el pesimista alemán.

El conoce y cree solamente en la causa directa de esa unidad, eterna y siempre viva por ser el Uno increado, o más bien, no evolucionado. De ahí que todos sus esfuerzos vayan dirigidos hacia la más rápida reunión posible, y retornar a esa condición pre–primordial después de su peregrinaje a través de estas series ilusorias de vidas imaginarias, con su irreal fantasmagoría de percepciones sensorias.


Tal panteísmo sólo puede ser calificado de “pesimista” por alguien que cree en una providencia personal; por alguien que contrasta la negación de la realidad de todo lo “creado” –es decir, condicionado y limitado– con su propia creencia ciega y antifilosófica. La mente oriental no se ocupa de extraer el mal de cualquier ley esencial y manifestación de la vida, ni de multiplicar cada cantidad fenoménica por las unidades de males muchas veces imaginarios; el panteísmo oriental simplemente se somete a lo inevitable y trata de eliminar de la sombra de su vida tantos “descensos al renacimiento” como sea posible, evitando crear nuevas causas kármicas.

El filósofo budista sabe que la duración de las “series de vida” de todo ser humano se da alegóricamente en los 49 días que pasó Gautama el Buddha bajo el árbol Bodhi, salvo en el caso de que alcance el Nirvana “artificialmente” (“conquistar el reino de Dios violentamente”, en lenguaje cabalístico). Y el Sabio hindú es conciente, a su vez, de que tiene que encender primero y extinguir después las 49 llamas[ En el Buddhismo Esotérico de A.P. Sinnett se hace referencia al 7 x 7 de los 49 días, y las 49 llamas.

Esotéricamente la alegoría se refiere a las siete Razas–raíz consecutivas con sus siete subdivisiones. Agni, sus tres hijos Pavaka, Pavamâna, y Suchi, y los 45 nietos suman las 49 llamas, del hinduismo. (La Doctrina Secreta, tomo IV, Ed. Kier. Buenos Aires, 1982, págs. 130 y ss.). Cada mónada ha nacido en la Primera y obtiene la liberación en la última Séptima Raza. Sólo un Buddha puede alcanzarlo en el curso de una vida.] antes de alcanzar la liberación final.

Conocido esto, tanto el filósofo como el sabio esperan pacientemente la hora natural de la liberación; mientras que su infeliz imitador, el pesimista europeo, está siempre presto a cometer suicidio así como a predicarlo ignorando la hidra de muchas existencias, es incapaz de sentir el mismo desdén filosófico por la vida que por la muerte y, por lo tanto, de seguir el sabio ejemplo de su hermano oriental.

Así, el panteísmo filosófico es muy diferente del Pesimismo moderno. El primero está basado en la correcta comprensión de los misterios del ser; el último es en realidad un sistema más del mal, añadido a una ya larga lista de males sociales por la enfermiza fantasía. Verdaderamente, no es una filosofía, sino simplemente una sistemática difamación de la vida y de la existencia; unas biliosas declaraciones de un dispéptico o de un hipocondríaco incurable. No puede establecerse ningún paralelo entre ambos sistemas de pensamiento.


Las semillas del mal y del dolor fueron, por supuesto, el resultado y la consecuencia primera de la heterogeneidad del Universo manifestado. Con todo, no son sino una ilusión producida por la ley de contrastes que, como ha quedado descrito, es una ley fundamental de la Naturaleza. Ni el bien ni el mal existirían si no fuera por la luz que ellos mutuamente se proyectan.

Habiéndose observado que el Ser ofrece desde la creación del mundo estos contrastes, sea bajo la forma que sea, y que el mal predomina en el Universo debido a la adoración del ego o egoísmo, la rica metáfora oriental señala la existencia del ser expiando el error de la Naturaleza; y el alma humana (psyche) ha sido considerada por ello como cabeza de turco y víctima del Super–Alma inconsciente. Pero no es al pesimismo al que dio nacimiento, sino a la Sabiduría.

La ignorancia sólo es martirio voluntario, pero el conocimiento es el maestro del pesimismo natural. Este último se hizo gradualmente innato en el hombre mediante el proceso de herencia o atavismo. Está siempre presente en nosotros, por muy latente y silenciosa que haya sido su voz en un comienzo. En medio de las primeras alegrías de la existencia, cuando aún estamos pletóricos de las energías vitales de la juventud, cada uno de nosotros somos ya capaces de acusar a la Vida, sentirla como una carga, y frecuentemente de maldecir nuestro ser por las primeras punzadas de dolor recibidas después de un fracaso, o por la súbita aparición de una “oscura nube”. Esto muestra la existencia de pesimismo en nuestra sangre, al mismo tiempo que la presencia de los frutos de la ignorancia.


A medida que se multiplica la humanidad –y con ello el sufrimiento, que es resultado natural de su creciente número–, se intensifican los dolores y las penas. Vivimos en una atmósfera sombría y de desesperación, pero esto es debido a que nuestros ojos están abatidos y clavados en la tierra, con todas sus groseras manifestaciones físicas y materiales. Si en vez de esto, el hombre, al seguir su viaje por la vida, mirara no hacia el cielo –lo cual es sólo una expresión del lenguaje–, sino dentro de sí mismo, y centrara su punto de observación en el hombre interno, entonces escaparía pronto de los “anillos de la gran serpiente de la ilusión”. Su vida, desde la cuna hasta la tumba, sería entonces soportable y digna de vivir, aun en sus peores fases.

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El pesimismo, ese recelo crónico de estar el mal acechando en todas partes, es así de naturaleza dual y da frutos de dos clases. Es una característica natural en el hombre físico y se convierte en maldición sólo para el ignorante. Es un favor para el hombre espiritual, puesto que hace que vuelva a la recta senda y le lleva al descubrimiento de otra verdad igualmente fundamental; y es que todo en este mundo es sólo preparatorio por ser transitorio.

Es como un resquicio en las oscuras paredes de la prisión de la vida terrena, a través del cual entra un rayo de luz de la mansión eterna que, iluminando los sentidos internos, susurra al prisionero en su caparazón de arcilla el origen y el misterio dual de nuestro ser. Al mismo tiempo, es una prueba tácita de la presencia en el hombre de aquello que sabe, sin haber sido instruido, es decir, que hay otra y mejor vida una vez que se ha vivido de principio a fin la maldición de las vidas terrestres.


Esta explicación del problema y origen del mal, siendo como ya se ha dicho, de naturaleza enteramente metafísica, no tiene nada que ver con las leyes físicas. Perteneciendo, como pertenece, totalmente a la parte espiritual del hombre, es mucho más peligroso tratarlo superficialmente que ignorarlo. Pues, al encontrarse en la misma raíz de la ética de Gautama Buddha y al haber caído ahora en manos de los modernos filisteos del materialismo, el confundir ambos sistemas de pensamiento “pesimista” sólo puede llevar al suicidio mental, si no lleva a algo peor.


La sabiduría oriental enseña que el espíritu ha de pasar por la experiencia penosa de la encarnación y la vida, y recibir su bautismo de materia, antes de poder alcanzar la experiencia y el Conocimiento. Sólo después de esto recibe el bautismo del alma, o auto–conciencia, y puede retornar a su condición original, la de un dios, experiencia, que finaliza con más omnisciencia. En otras palabras, sólo puede volver a su estado originario de homogeneidad, de esencia primordial, mediante la suma de los resultados del karma, que es lo único que permite crear una deidad absolutamente consciente, separada sólo un grado del Todo Absoluto.


Incluso de acuerdo con el texto de la Biblia, el mal debe haber existido antes de Adán y Eva, quienes son por ello inocentes de la calumnia del Pecado Original. Pues si no hubiera existido mal o pecado antes que ellos, no podría haber existido ni Serpiente tentadora ni Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal en el Edén. Las características de ese manzano se muestran en el verso en que la pareja ha probado su fruto: “Sus ojos se abrieron y ellos conocieron” muchas cosas además de reconocer que estaban desnudos. Demostrando que demasiado conocimiento acerca de la materia es un mal.


Pero así es, y nuestra tarea es examinar y combatir esa nueva y perniciosa teoría. Hasta ahora se ha mantenido el pesimismo dentro de los límites de la filosofía y la metafísica, y no había mostrado la pretensión de invadir el dominio de la ciencia puramente física, tal como hace el Darvinismo. La teoría evolucionista ha llegado a ser hoy en día casi universal, y no hay escuela –salvo las dominicales y misioneras- en que no se enseñe con más o menos modificaciones sobre la idea original. Por otra parte, no hay doctrina de la que se haya abusado y aprovechado tanto como la de la evolución, especialmente por medio de la aplicación de sus leyes fundamentales a la solución de los problemas más complejos y abstractos de la existencia multifacético del hombre.

Allí donde la psicología y aun la filosofía “teme pisar fuerte”, la biología materialista aplica contundentemente sus analogías superficiales y prejuzgadas conclusiones. Lo peor de todo es que pretendiendo el hombre ser sólo un animal superior, sostiene este derecho como pertenencia innegable al campo de la ciencia evolucionista. Las paradojas en estos “dominios” llueven sobre mojado. Como “el hombre es la medida de todas las cosas”, es medido y analizado por el animal.

Un materialista alemán pretende que la evolución espiritual y psíquica sea una propiedad legítima de la fisiología y biología; siendo únicamente los misterios de la embriología y de la zoología –según se dice- capaces de resolver los de la conciencia en el hombre y los del origen de su alma[ HæckeI.]. Otro encuentra justificación para el suicidio en el ejemplo de animales que, cuando están cansados de vivir, ponen fin a su existencia mediante la inanición[ Leo Bach.].


Hasta ahora, el Pesimismo había tenido un punto débil –a pesar de la abundancia y brillantez de sus paradojas- y ha sido la ausencia de alguna base real y evidente sobre la que apoyarse. Sus seguidores no tuvieron un pensamiento vívido ni guía que les sirviese de faro y les ayudase a salvar los escollos de la vida –reales o imaginarios– que ellos mismos sembraron tan profusamente en forma de denuncias contra la vida y la existencia.

Todo lo que pudieron hacer fue confiar en sus representantes –quienes ocuparon su tiempo muy ingeniosa, si no provechosamente, en unir los muchos y variados males de la vida a proposiciones metafísicas de grandes pensadores alemanes como Schopenhauer o Hartmann– de la misma manera que niños pequeños atan coloreadas colas a los cometas de sus mayores y se regocijan viéndolas en el aire. Pero ahora el programa va a cambiar. Los pesimistas han encontrado algo más sólido y autorizado, si bien menos filosófico, a que unir sus lamentaciones y cantos fúnebres, que las cometas metafísicas de Schopenhauer.

Los días en que ellos coincidían con las ideas de este filósofo, que señalaba a la Voluntad Universal como responsable de todo el mal en el mundo, han pasado para ya no volver más. Tampoco quedarán satisfechos con el indeterminado “inconsciente” de Hartmann. Han estado buscando diligentemente un suelo más agradable y menos metafísico sobre el que construir su filosofía pesimista, y han sido recompensados por el éxito, ahora que han encontrado la causa del Sufrimiento Universal en las leyes fundamentales del desarrollo físico. El mal ya no será asociado por más tiempo al nebuloso e incierto fantasma llamado “Voluntad”, sino a un hecho real y obvio: los pesimistas serán llevados en lo sucesivo a remolque por los evolucionistas.


El argumento básico de su representante ha sido dado en la frase que abre este artículo. El Universo y todo lo que contiene, apareció como consecuencia de la “disgregación de la Unidad en Pluralidad”. Esta interpretación más bien oscura de la fórmula inda no hace referencia, a juicio del pesimista, a la Unidad una, a la abstracción vedantina llamada Parabrahman; de otra manera, ciertamente, yo no hubiera utilizado la palabra “disgregación”; ni tiene tampoco mucho que ver con Mûlaprakriti o el “Velo” de Parabrahman; ni siquiera con la materia primordial primeramente manifestada, a no ser por inferencia, como se deduce de la exposición del Dr. Mainländer, sino sobre todo con el protoplasma terrestre. Se ignora totalmente en este caso al espíritu o la deidad, evidentemente por la necesidad de mostrarlo todo como “un dominio legítimo de la ciencia física”.

En suma, se pretende que la fórmula clásica tenga su base y encuentre su justificación en la teoría de que “a partir de unas pocas formas, o quizás de una sola, de la naturaleza más simple han evolucionado gradualmente todos los diferentes animales y plantas que existen y todos los organismos que han existido en la Tierra” (Darwin). Se nos dice que este axioma de la ciencia es el que justifica y demuestra el dogma filosófico hindú. ¿Cuál es este axioma?

Pues es el siguiente: la ciencia enseña que las series de transformaciones a través de las cuales la simiente acaba convirtiéndose en árbol, o el óvulo en un animal, en cualquier caso, no consisten en otra cosa que en la transformación de la estructura desde la forma homogénea a la heterogénea o compuesta. Esta es entonces la verdad científica que verifica la fórmula inda por medio de la evolucionista, la que identifica a ambas y exalta de este modo la sabiduría antigua, reconociéndola merecedora de la atención del moderno pensamiento materialista.

Esta fórmula filosófica –explica nuestro pesimista– no es corroborada simplemente por el crecimiento y desarrollo individual de especies aisladas, sino que se demuestra en lo general y en lo particular. Se encuentra justificada tanto en la evolución y crecimiento del Universo como en el de nuestro planeta. En suma, el nacimiento, crecimiento y desarrollo del mundo orgánico en su íntegra totalidad están ahí para demostrar la sabiduría antigua.

Descendiendo desde lo universal a lo particular, se ha descubierto que el mundo orgánico está sujeto a la misma ley de eterna y creciente elaboración, de transición de la unidad a la pluralidad como “fórmula fundamental de la evolución de la vida”. Aún el crecimiento de las naciones, de la vida social, de las instituciones públicas, el desarrollo de las lenguas, artes y ciencias, todo sigue inevitable y fatalmente la omniabarcante “ley de la disgregación de la unidad en la pluralidad y de la transición de lo homogéneo a lo multiforme”.

Pero al seguir la sabiduría inda, nuestro autor exagera esta ley fundamental a su manera y la distorsiona, llega a relacionar incluso esta ley con los destinos históricos de la Humanidad. Hace de estos destinos algo subordinado a la exactitud de la concepción inda y lo toma como demostración de ésta.

El sostiene que la Humanidad, como un todo íntegro, deriva cada vez más lejos de su originaria y saludable unidad armónica a medida que se desarrolla y progresa en su evolución y se separa en partes, convirtiéndose cada una en rama, independiente de la unidad. Las complejidades de las fuerzas sociales, de las relaciones sociales, as! como de las individuales, conducen todas ellas a un debilitamiento de la potencia vital, a una relajación de la energía de sentimientos y a una destrucción de esa unidad integral, sin la cual no hay armonía interna posible. La ausencia de esa armonía genera una discordia interna que se convierte en causa de la mayor miseria mental.

El mal tiene sus raíces en la misma naturaleza de la evolución de la vida y de sus complicaciones. Cada uno de sus pasos hacia adelante es, al mismo tiempo, un paso hacia la disolución de su energía y conduce a una pasiva apatía. Tal es el resultado inevitable –dice él– de cada complicación progresiva de la vida, ya que la evolución o desarrollo es una transición de lo homogéneo a lo heterogéneo, una dispersión del todo en lo múltiple, etc. Esta terrible ley es universal y se aplica a toda la Creación, desde lo infinitamente pequeño hasta el hombre, pues como él dice, es una ley fundamental de la Naturaleza.


Ahora bien, es justamente por esta consideración unilateral de la naturaleza física, que el autor alemán acepta –sin ninguna referencia a su aspecto espiritual y psíquico– que su escuela se ve condenada al fracaso. No se trata de si la mencionada ley de diferenciación, y sus fatales consecuencias, pueden aplicarse o no en ciertos casos al crecimiento y desarrollo de las especies animales, e incluso al hombre; lino simplemente, puesto que es la base y el apoyo principal de toda la nueva teoría de la escuela Pesimista, de si es realmente una ley universal y fundamental.

Queremos saber si esta fórmula básica de evolución abarca todo el proceso del desarrollo y crecimiento en su totalidad; y si está dentro del campo de la ciencia física o no. Como dice Mainländer, si “no es más que la transición desde el estado homogéneo al heterogéneo”, entonces queda por probar si el proceso mencionado “produce todas las complicadas combinaciones de tejidos y órganos que forman y completan al animal perfecto o a la planta perfecta”.


Como ya han hecho notar algunos críticos en Pesimismo y Progreso, el pesimista alemán no lo duda un instante. Su supuesto descubrimiento y su doctrina “descansan completamente en la certeza de que el desarrollo y la ley fundamental del complejo proceso de la organización representa sólo una cosa: la transformación de la unidad en la pluralidad”. De aquí la identificación del proceso con la disolución, decadencia y debilitamiento de todas las fuerzas y energías. Mainländer tendría razón con sus analogías si esta ley de diferenciación de lo homogéneo en lo heterogéneo representara realmente la ley fundamental de la evolución de la vida. Pero esta idea es totalmente errónea, tanto metafísica como físicamente.

La evolución no sigue una línea recta, no más que cualquier otro proceso de la Naturaleza, sino que marcha cíclicamente, como todos los demás. Las serpientes cíclicas engullen sus colas como la Serpiente de la Eternidad. Y así la fórmula inda, que instruye como doctrina secreta que es, se corrobora claramente por las Ciencias Naturales y especialmente por la Biología.


Esto es lo que leemos en las Cartas Científicas de un anónimo autor y crítico ruso: “En la evolución de individuos aislados, en la del mundo orgánico, en la del Universo, así como en el crecimiento y desarrollo de nuestro planeta –en suma, en todas partes en que tiene lugar alguno de los procesos de progresiva complejidad– encontramos además de la transición de la unidad ala pluralidad, de la homogeneidad a la heterogeneidad, una transformación inversa, una transición de la pluralidad a la unidad, de lo heterogéneo a lo homogéneo…

Una minuciosa observación del proceso mencionado de progresiva complejidad ha mostrado que lo que tiene lugar en éste no es sólo una separación de partes, sino también su mutua absorción… Mientras que en una porción de células, éstas se fusionan unas en otras y se unen en un todo uniforme, formando fibras musculares, tejidos musculares, otras son absorbidas en tejidos óseos y nerviosos, etc. Lo mismo tiene lugar en la formación de las plantas…”


En este caso lo que es de naturaleza material repite la ley que actúa en la evolución de las naturalezas psíquica y espiritual: ambas descienden para volver a ascender y fusionarse en el punto de partida. La homogénea masa formativa o elemento diferenciado en sus partes, se transforma gradualmente en heterogénea; entonces, fundiéndose esas partes en un todo armónico, recomienza un proceso inverso, o re-involución, y retornan asimismo gradualmente a su estado primitivo o primordial.


Tampoco encuentra el Pesimismo un mayor apoyo en el Materialismo puro, ya que hasta ahora está teñido de una predisposición decididamente optimista. Sus principales partidarios nunca han vacilado, claro está, en hablar con desprecio de la adoración teológica de la “gloria de Dios y de todas sus obras”. Büchner lanza reproches al panteísta que ve en un mundo tan “disparatado y malo” la manifestación del Absoluto. Pero en general, los materialistas admiten un equilibrio del bien sobre el mal, quizás para amortiguar cualquier tendencia “supersticiosa” a buscar y esperar uno mejor.

Por estrecho que sea su punto de vista y por limitado que sea su horizonte espiritual, no ven motivos en general para desesperar por el transcurso de las cosas. Los pesimistas panteístas, sin embargo, nunca han dejado de insistir en que la desesperación del ser consciente es el único resultado legítimo de la negación ateísta. Esta opinión es, naturalmente, axiomática, o debería serlo. Si “en esta vida sólo hay esperanza”, entonces la tragedia de la vida está absolutamente sin ninguna raison d’être (razón de ser) y una perpetuación del drama es tan necia como infructuosa.


El hecho de que las conclusiones del Pesimismo hayan sido finalmente asimiladas por una cierta clase de escritores ateístas, es un hecho notable de hoy en día, y otro signo de los tiempos. Ello ilustra el tópico de que el vacío creado por la moderna negación científica no puede jamás ser llenado por las frías perspectivas ofrecidas como solacium (alivio) a los optimistas.

El “comtianoentusiasmo de la Humanidad es un concepto lo suficientemente pobre de tal modo que, “como los fuegos solares que lentamente mueren” (si en efecto mueren de algún modo), se basa en la futura aniquilación de la Raza para contentar a la ciencia física en este momento. Si todos los dolores y sufrimientos presentes –la feroz lucha por la existencia y todos los horrores que conllevan– no sirvieran para nada, y si el Hombre fuera un mero ephemeron (efímero), juguete de ciegas fuerzas, ¿por qué asistir a la perpetuación de la farsa? La “incesante rutina de materia, fuerza y ley”, no hará más que precipitar a un eterno olvido, a los millones de seres humanos que pululan y finalmente no dejará huellas o vestigios del pasado, cuando las cosas retornen a la nebulosidad de la bruma de fuego de donde surgieron.

La vida terrestre no es un fin en si misma. Está cubierta de tenebrosidad y miseria. No es de extrañar entonces que el “negacionista” de alma ciega prefiera el pesimismo de Schopenhauer al infundado optimismo de Strauss y de sus seguidores que, a la vista de sus enseñanzas, recuerdan la fogosidad animal de un joven asno después de una buena comida de cardos.

No obstante, una cosa es clara: la absoluta necesidad de tener alguna solución que acepte los hechos de la existencia bajo una perspectiva optimista. La sociedad moderna está saturada de un cinismo creciente y aversión a la vida. Este es el resultado de una completa ignorancia de las actuaciones del Karma y de la naturaleza de la evolución del Alma.

El Pesimismo ha crecido indebidamente por una equivocada lealtad a los dogmas de la mecánica y falsa teoría de la evolución. Una vez que se ha comprendido el funcionamiento de la Gran Ley –¿y qué filosofía puede proporcionar mejores medios para tal comprensión y solución final, que la doctrina esotérica de los grandes sabios de la India?–, no queda locus standi posible para las recientes enmiendas al sistema de pensamiento schopenhaueriano o para las sutilezas metafísicas, urdidas por el “filósofo del inconsciente”.


Sólo el estudio de la filosofía originaria –ahora esotérica– puede probar lo razonable de la existencia consciente. Y ella dice que “no hay vida ni muerte pues ambas son ilusorias; el Ser (o la Seidad) es, la única realidad”. Esta paradoja fue repetida miles de años después por uno de los mayores fisiólogos que han existido. “La Vida es Muerte”, dijo Claude Bernard. Los organismos viven porque sus partes están siempre muriendo. La supervivencia del más apto está basada seguramente en este principio. La vida de todo lo superior requiere la muerte de lo inferior, dependiendo de la muerte de las partes y estando subordinadas a ella. Y así como la vida es muerte, la muerte es vida y todo el gran ciclo de vidas forman no más que una Existencia cuyo peor día transcurre en nuestro Planeta.


El que sabe, se impondrá. Pues hay un amanecer para cada ser; una vez liberado de la ilusión y de la ignorancia mediante el Conocimiento, proclamará en verdad y con plena Conciencia a Mahâ–mâyâ:

¡DESTRUIDA ESTA TU CASA Y EL TECHO HUNDIDO!
¡LA ILUSIÓN LA FORJO!
A SALVO PARTO DE ALLÍ PARA OBTENER LA LIBERACIÓN…”

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Desert Lotus®, Pintura original de Michael Parkes©


Gemas de Oriente: JUNIO

GEMAS DE ORIENTE

Un libro de aniversarios, de preceptos y axiomas.

RECOPILADAS POR H. P. BLAVATSKY

Mes de JUNIO 

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Hay un “verdadero” Conocimiento. Es éste:
Ver una Vida inmutable en todas las Vidas,
Y en lo Separado, Una Inseparable.

Hay un Conocimiento imperfecto:
el que ve Las existencias separadas entre sí,
Y, aún separadas, las considera reales.

Hay un falso Conocimiento:
el que ciegamente se nos aferra
Como si todo fuera real, sin buscar Causa alguna,
Privado de la luz, limitado, torpe y “oscuro”.

The Song Celestial, Libro 8

 

1.- Juzga al árbol por sus frutos y al hombre por sus obras.

2.- La Teosofía no es la adquisición de poderes psíquicos ni intelectuales, aunque se sirve de los dos.

3.- Y tampoco la Teosofía es la búsqueda de la felicidad, tal como entienden el mundo los hombres; porque el primer paso es el sacrificio y el segundo la renunciación.

4.- La vida se construye con el sacrificio del individuo por el conjunto. Cada célula del cuerpo vivo tiene que sacrificarse por la perfección del todo; y cuando esto no ocurre, la enfermedad y la muerte refuerzan la lección.

5.- La Teosofía es la ciencia de la vida, el arte de vivir.

6.- La armonía es la ley de la vida y la discordancia es su sombra; de ahí viene el sufrimiento, el maestro, el que despierta la conciencia.

7.- A través de la alegría y la tristeza, del dolor y del placer, el alma llega a conocerse a sí misma.

8.- Los ojos de la sabiduría son como las profundidades del océano; no hay ni gozo ni tristeza en ellos. Por esto el alma del discípulo tiene que hacerse más fuerte que el gozo y más grande que la tristeza.

9.- Solamente odiamos a quienes envidiamos o tememos.

10.- El conocimiento de uno mismo se alcanza a través de lo que los hombres suelen llamar “auto análisis”. No se llega a él por el razonamiento ni por ningún poder cerebral.

11.- El verdadero conocimiento de uno mismo es el despertar la naturaleza divina del hombre en la conciencia.

12.- La voluntad nace de lo Divino, del Dios en el hombre; el Deseo es la fuerza motivadora de la vida animal.

13.- La voluntad es posesión exclusiva del hombre. Le separa del bruto, en el que sólo está activo el deseo instintivo.

14.- Obtener el conocimiento de uno mismo es una hazaña más importante que dominar los elementos o
conocer el futuro.

15.- La gran consigna de lo Verdadero es ésta – que en el análisis último todas las cosas son divinas.

16.- El miedo es el esclavo del Dolor y la Rebelión es su cautivo.

17.- La resistencia es compañera de la Tristeza y la Paciencia es su dueña.

18.- El cónyuge del Dolor es el Extasis, pero son pocas las almas que consuman ese matrimonio.

19.- La espiritualidad no es lo que entendemos con las palabras “virtud” y “bondad”. Es el poder de percibir las esencias espirituales sin forma.

20.- El descubrimiento y recto uso de la verdadera esencia del Ser, éste es todo el secreto de la vida.

21.- Cuando el deseo es sólo por lo puramente abstracto, cuando ha perdido toda traza o vestigio del “yo”, entonces se ha purificado.

22.- Los adeptos son tan escasos como la flor del árbol Udumbara.

23.- Sólo la ley eterna e inmutable de la vida puede juzgar y condenar totalmente al hombre.

24.- La Voluntad y el Deseo son creadores absolutos y forman al hombre y a su entorno.

25.- La voluntad crea de forma inteligente; el Deseo lo hace de forma ciega e inconsciente.

26.- El hombre se hace a la imagen de sus deseos, a menos que se recree a semejanza de lo Divino, a través de su voluntad, como hijo de la luz.

27.- La Teosofía es el vehículo del espíritu que da vida; por consiguiente, nada dogmático puede ser teosófico.

28.- Algunos recogen los frutos del árbol del conocimiento para hacerse una corona con ellos en vez de cogerlos para comerlos.

29.- La verdad no necesita ponerse guantes de boxeo.

30.- No se puede construir un templo de la verdad cementando piedras muertas. Sus cimientos tienen que precipitarse como cristales a partir de la solución de vida.

 

 

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La Marejada

La Marejada

(The Tidal Wave, Revista Lucifer, nov. 1889)

Artículo por H. P. Blavatsky


La marejada de almas más profundas,
En nuestro ser más recóndito se estrella,
Elevándonos inconscientemente,
De todas las preocupaciones ordinarias.

Longfellow


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El gran cambio psíquico y espiritual que está verificándose en el campo del Alma humana es muy significativo. Vio sus albores casi al principio del último cuarto de nuestro siglo a punto de terminar y, según una profecía mística, culminará, en el bien o en el mal para la humanidad civilizada, con el ciclo actual que se clausurará en 1897. Sin embargo, el gran cambio no se efectúa en solemne silencio ni son pocos los que pueden percibirlo. Al contrario, se afinca en medio de un bullicio estentóreo de lenguas petulentas y gárrulas, un contraste de opinión pública a cuya comparación, el rugido incesante y ascendente de la agitación política más tumultuosa, se asemejará al revoleteo de las hojas de la joven foresta en un cálido día primaveral.

En realidad, el Espíritu humano finalmente ha despertado, después de haber estado cuidadosamente ocultado al ojo público y desterrado de la arena del aprendizaje moderno. Ahora se está afirmando, exigiendo, enfáticamente, sus derechos no reconocidos, mas sin embargo legítimos. No acepta más ser el objeto del pisoteo que el materialismo perpetra con su pie brutal, no quiere ser el tema de especulación de las iglesias y la insondable fuente de entrada económica para aquellos que se han auto constituido sus custodios universales.

El materialismo negaría, a la Presencia Divina, todo derecho a existir, mientras los otros tratan de acentuarlo y probarlo mediante sus emisarios y custodios eclesiásticos provistos de bolsa y caja para recaudar fondos. Sin embargo, el Espíritu humano, el rayo y emanación directa, si bien ahora distorsionado, del Espíritu Universal, finalmente ha despertado. Hasta la fecha, en el campo de la Ilusión, ha permanecido desoída y desapercibida mientras que, a menudo, ha sido objeto de vilipendio, persecución y degradación debido a la ignorancia, la ambición y la codicia. Con frecuencia, un Orgullo desatinado lo ha convertido “en un ciego transeúnte, como un bufón al que otros bufones escarnecen.”

Hoy, el Espíritu humano ha vuelto, como el Rey Lear, de una demencia aparente a sus sentidos y, alzando la voz, ahora habla con tono autoritario, que los seres de antaño solían escuchar en silencio reverencial a través de edades incalculables hasta que, ensordecidos por el fragor y el bullicio de la civilización y la cultura, no pudieron oírlo más [...]

¡Mirad a vuestro alrededor y observad! Pensad en lo que vosotros véis y oís y sacad vuestras conclusiones.


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La edad del burdo materialismo, de la insensatez y de la ceguera del Alma está rápidamente escurriéndose.

Una lucha mortal entre el misticismo y el materialismo no es más inminente; pero ya se ha librado. La falange que ganará en la hora suprema se convertirá en el maestro de la situación y del futuro: será el autócrata y el único a disponer de los millones de seres ya nacidos y por nacer, hasta la parte final del siglo XX. Si podemos confiar en los signos del tiempo, los Animalistas no serán los conquistadores. Esto nos lo avalan los autores denodados y prolíficos que últimamente se han sublevado por defender los derechos del Espíritu para que reine sobre la materia. Muchas son las almas honestas y pletóricas de aspiraciones que se elevan como un dique contra el torrente de aguas fangosas del materialismo y, encarando entonces la inundación hasta la fecha dominante, la cual continúa, imperturbablemente, arrastrando los fragmentos del naufragio del Espíritu Humano derrocado, precipitándolos en abismos ignotos, ahora preceptúan: “¡Hasta aquí has llegado, no irás más allá!”

Oímos un sonido elevarse entre toda esta desavenencia exterior y desorganización de armonía social, entre la confusión y las vacilaciones anémicas y cobardes de las masas, vinculadas al yugo estrecho de la rutina, la propiedad y la hipocresía, entre la reciente calma muerta del pensamiento público que ha desterrado de la literatura toda referencia acerca del Alma, el Espíritu y su función divina durante el completo período intermedio de nuestro siglo.

La voz de la grandiosa Alma humana, abandonando los tonos tímidos, proclama, como una nota de promesa clara, definida y de amplio alcance, el ascenso y la casi resurrección del Espíritu humano en las masas, el cual está despertando en los representantes más eminentes en el campo del pensamiento y de la erudición. Habla en el más humilde y en el más encomiado, estimulándolos a todos a la acción. El Espíritu humano renovado y dispensador de vida está, intrépidamente, liberándose de las cadenas oscuras de la existencia animal y de la materia que, hasta entonces, habían subyugado todo. Observadlo, dice el poeta, mientras se eleva con sus amplias alas prístinas, ascendiendo a las regiones de la verdadera vida y luz, donde, tranquilo y divino, contempla, con auténtica piedad, esos ídolos áureos del moderno culto material, con sus pies de arcilla, los cuales, hasta entonces, han eclipsado, de la vista cegada de las masas, sus verdaderos dioses vivientes [...]

Una vez, un crítico escribió que la literatura es la confesión de la vida social, capaz de reflejar todos sus pecados y todos sus actos viles y heroicos. En este sentido, un libro es mucho más importante que cualquier ser humano. Los libros no representan a un ser, sino son el espejo de una hueste de individuos. Por lo tanto, el gran poeta-filósofo inglés, hablando de los libros, dijo que era tan difícil matarlos y eran tan prolíficos como los dientes del dragón de la fábula y, al sembrarlos aquí y allá, engendrarán luchadores armados. Matar un buen libro equivale a matar un ser humano.

El “poeta-filósofo” tiene razón.

Es cierto que en la literatura está rayando una nueva era. Nuevos pensamientos e intereses han creado necesidades intelectuales inéditas, por lo tanto, está surgiendo una incipiente raza de autores. La nueva especie en cuestión, gradual e imperceptiblemente, excluirá a la antigua, esos matusalenes de antaño quienes, aunque reinen nominalmente, se les consiente hacerlo por fuerza de costumbre más que por predilección. Aquel que repite como loro y de manera obstinada la antigua fórmula literaria, ateniéndose, desesperadamente, a las tradiciones del editor, no satisfará las nuevas necesidades.

Lo mismo vale para el ser que prefiere la estrecha disciplina de su grupo en lugar de la búsqueda para el Espíritu humano desterrado desde hace mucho tiempo y las Verdades ahora perdidas. Ellos no apagarán las nuevas necesidades, rol desempeñado por aquel que, separándose de su amada “autoridad,” iza intrépidamente la bandera del Hombre Futuro sustentándola impávidamente. Al final, aquellos que, entre el actual dominio omnímodo de la adoración de la materia, los intereses materiales y el egoísmo, habrán luchado con denuedo en favor de los derechos humanos y la naturaleza divina del ser, se convertirán, si vencen, en los maestros de las masas en el próximo siglo y también en sus benefactores.

Sin embargo, desgraciado sea el siglo XX si prevalece la escuela de pensamiento vigente; ya que, una vez más, al Espíritu se le pondría en cautiverio, enmudeciéndolo hasta el final de la edad entrante. Los fanáticos de una hermenéutica literal, los iconoclastas y los vándalos que pugnan contra el nuevo Espíritu de pensamiento y las Cabezas Redondas1 modernas que apoyan a las antiguas tradiciones religiosas y sociales puritanas, jamás serán los protectores ni los salvadores del pensamiento y del Espíritu humano en su fase actual de resurrección. Los sabios del futuro no serán estos sustentadores excesivamente proclives al antiguo culto, ni las herejías medioevales de aquellos que guardan, como una reliquia, todo error de su secta o grupo y que vigilan celosamente sobre su pensamiento, no sea que, saliendo de su adolescencia, asimilen alguna idea más fresca y benéfica.

La hora de la nueva edad histórica no habrá sonado para ellos; sino para los que hayan aprendido a expresar y practicar las aspiraciones y las necesidades físicas de las generaciones emergentes y de las masas ahora pisoteadas. Para que uno comprenda plenamente la vida individual con sus misterios fisiológicos, psíquicos y espirituales debe dedicarse al estudio y al conocimiento de la vida colectiva o de la Humanidad, con todo el fervor de la filantropía altruista y el amor hacia sus hermanos, los seres humanos. Debe descifrar, entender y recordar los sentimientos y las aspiraciones profundas y más recónditas del gran corazón doliente de los pobres, sin preconceptos o prejuicios y sin el menor temor hacia los posibles resultados en una u otra dirección. Para que efectúe esto debe, primero: “afinar su alma con la de la Humanidad,” según enseña la antigua filosofía; dominar cabalmente el correcto significado de cada línea y palabra en el Libro de la Vida de la Humanidad cuyas páginas se vuelven rápidamente y saturarse por completo con la verdad de que esta última es un entero inseparable de su propio Ser.


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En nuestra edad tan decantada de ciencia y cultura, ¿cuántas personas capaces de interpretar profundamente la vida podemos encontrar? Por supuesto, no nos estamos refiriendo sólo a los autores, sino a los filántropos y a los altruistas contemporáneos que actúan sin reconocimiento, si bien todos los conozcan. Los amigos de la gente, los amantes generosos del ser humano y los defensores del derecho humano para la emancipación del Espíritu. Estos son, en realidad, muy pocos; ya que constituyen las raras flores de la edad y por lo general son los mártires de las masas inclinadas al prejuicio y de los oportunistas.

Como las maravillosas “flores de la nieve” de la Siberia nórdica, las cuales, a fin de germinar del suelo glacial y congelado, deben penetrar un espeso estrato de nieve sólida y helada, así estos caracteres atípicos deben pugnar sus luchas toda la vida contra la indiferencia, la crueldad humana y el mundo egoísta y escarnecedor de los acaudalados. Aún, sólo ellos pueden cumplir la tarea de perseverancia y sólo a ellos se les ha entregado la misión de hacer virar, los círculos sociales de la clase más conspicua, de la ancha y simple vía de la riqueza, la vanidad y los placeres vacuos, para encauzarlos en el sendero arduo y espinoso de los problemas morales superiores y la percepción de deberes morales más elevados que aquellos a los cuales están dedicando su búsqueda.

Estos son también los individuos que, estando ya despiertos a una actividad superior del Alma, se les dota, al mismo tiempo, de talento literario y cuyo deber consiste en desempeñar el rol de despertar, a la vida real y a la luz, la Bella durmiente y la Bestia en su Castillo encantado de Frivolidad. Aquellos que pueden, que procedan intrépidamente manteniendo esta idea axial en su mente y tendrán éxito. Se debe regenerar a los ricos si queremos beneficiar a los pobres; ya que la clase de los “desheredados” es la planta muy frondosa de la raíz del mal que reside en los acaudalados. A primera vista, esto puede parecer paradójico, sin embargo es verídico y demostrable.

En presencia de la degradación actual de todo ideal y también de las aspiraciones más nobles del corazón humano, que cada día adquieren más prominencia en las clases altas, ¿qué podemos esperar de los desamparados? Toca a la cabeza guiar a los pies, a los cuales, no se les puede considerar responsables por sus acciones. Consecuentemente, trabajad para el advenimiento de la regeneración moral de las clases cultas, sin embargo más disolutas, antes de tratar de hacer lo mismo por nuestros jóvenes Hermanos más ignorantes.

La regeneración de estos últimos se emprendió años atrás y continúa siendo vigente hoy; pero sin buenos resultados perceptibles. ¿No es quizá evidente que la razón de esto remonta al hecho de que, (exceptuando a) unos pocos trabajadores diligentes, sinceros y dispuestos al sacrificio completo en ese campo, la gran mayoría de los voluntarios consiste de estas mismas clases frívolas y súper egoístas que “juegan a la caridad” y cuyas ideas sobre el mejoramiento del estado físico y moral de los pobres están circunferidas a su concepto favorito según el cual sólo la Biblia y el dinero pueden efectuarlo? Afirmamos que este binomio no puede realizar ningún bien; ya que la predicación de la letra muerta y una lectura de la Biblia forzada, exacerban a la gente conduciéndolas, después, al ateísmo, mientras el dinero, como una ayuda transeúnte, remunera las cajas de las cantinas en lugar de ser el medio con el cual comprar el pan. Por lo tanto, la raíz del mal yace en una causa moral y no física.

Si se nos pregunta: ¿Qué es lo que puede auxiliar? Contestamos diciendo intrépidamente: la literatura teosófica, apresurándonos a especificar que con este término no implicamos los libros concernientes a los adeptos y a los fenómenos, ni a las publicaciones de la Sociedad Teosófica.

Disfrutad y beneficiad de la “marejada” que ahora está felizmente estallando sobre media Humanidad. Hablad al Espíritu de la Humanidad que está despertando, al Espíritu humano y al Espíritu en el hombre, estos tres en Uno y el Uno en el Todo. Dickens y Tackery, ambos nacidos un siglo demasiado tarde o un siglo demasiado pronto, se intercalaron entre dos marejadas del pensamiento humano espiritual y si bien han dado un buen servicio individual, induciendo ciertas reformas parciales, aún no lograron tocar a la Sociedad y a las masas en general. Lo que el mundo europeo necesita actualmente, es una docena de escritores como el ruso Dostoievsky, cuyas obras, aún siendo tierra ignota para la mayoría, son bien conocidas en el continente y entre las clases cultas americanas e inglesas. La actitud del autor ruso es la siguiente: ha perorado, de manera denodada e intrépida, las verdades menos agradables, a las clases superiores y hasta a aquellas oficiales, las cuales constituyen un peligro más grande que las primeras.

Aún, mirad, la mayoría de reformas administrativas de los últimos 20 años, se deben a la influencia silenciosa e inoportuna de su pluma. Según uno de sus críticos, las grandes verdades que el escritor expuso, tocaron a todas las clases de forma tan vívida y poderosa que las personas con concepciones diametralmente antitéticas, no podían más que sentir una simpatía más amable hacia este escritor impávido, expresándosela, como demuestra el siguiente extracto:

A los ojos de todos, amigos o enemigos, se convirtió en el portavoz de la necesidad, irreprimible e indemorable sentida por la Sociedad, de otear, con absoluta sinceridad, las reconditeces más íntimas de su propia alma y llegar a ser el juez imparcial de sus acciones y de sus aspiraciones.

Toda nueva corriente de pensamiento, toda nueva tendencia de la edad tuvo y siempre tendrá sus contrincantes y sus enemigos, algunos acometiéndola con osadía pero sin éxito y otros con gran destreza. Sin embargo, podemos decir que están hechos de la misma pasta común a todos: los mismos objetivos externos, egoístas y mundanos y los idénticos fines y cálculos materiales que alimentan su resistencia y objeciones son aquellos que guiaban a sus contendientes. Mientras apuntan otros problemas y abogan otros métodos, en realidad, no cesan, ni por un instante, de vivir con sus enemigos en un mundo poblado por los mismos intereses comunes y continuando también en las idénticas concepciones fundamentales de la vida.

Entonces, lo que llegó a ser necesario era un hombre quien, ajeno a todo partidismo o lucha en favor de la supremacía, aportara su pasado como una garantía que avalara la sinceridad y honestidad de sus ideas y propósitos. Una persona cuyo sufrimiento personal sellara la firmeza de sus convicciones y por último, un escritor de innegable genio literario. Sólo un hombre de tal género podía pronunciar palabras capaces de despertar el verdadero espíritu en una sociedad que está navegando a la deriva en una dirección errónea.


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Imagen del escritor Fiódor Dostoievsky


Dostoievsky era un hombre de este calibre, el patriota-preso, el ganapán retornado de la Siberia, el escritor famoso en Europa y en Rusia, el pobre inhumano gracias al aporte voluntario, el poeta que tocaba el alma de toda persona desheredada, insultada, injuriada y humillada. Aquel que presentó, con una crueldad imperturbable, las plagas y las llagas de su edad [...]

Esta clase de escritores es lo que hace falta en nuestros días de redespertar y no autores que escriben por la riqueza o la fama; sino apóstoles impávidos del Mundo viviente de la Verdad, los sanadores morales de las llagas pustulosas de nuestro siglo. Francia tiene a su Zola quien indica, de manera suficientemente brutal, sin embargo realista, la degradación y la lepra moral de su gente. Más Zola, mientras castiga los vicios de las clases inferiores, nunca se ha atrevido, con su pluma, a fustigar un nivel más alto que la pequeña burguesía, haciendo entonces, caso omiso de la inmoralidad de las clases superiores. Por lo tanto, sus obras no han afectado mínimamente a los campesinos que no las leen, mientras la burguesía, interesándose muy poco de la plebe, ha prestado una tal atención a su novela Pot Bouille que ha hecho perder, al realista francés, todo deseo de meterse donde no lo llaman. Desde el principio, Zola ha seguido un camino que, aún conduciéndolo a la fama y a la fortuna, se ha demostrado ser infructuoso en lo que concierne a los efectos benéficos.

Es dudoso que los teósofos presentes o futuros, realicen una aplicación de la sugerencia anterior. Escribir novelas con un sentido moral suficientemente profundo para embullir a la Sociedad, implica un gran calibre literario y un teósofo congénito como lo era Dostoievsky, dejando fuera del cotejo a Zola. Sin embargo, estos talentos son raros en todos los países. Aun cuando se carezca de tal versación, se puede hacer el bien de manera más reducida y humilde: anotando y exponiendo, en narrativas impersonales, los vicios y los males evidentes de nuestra época, valiéndose de la palabra, de la acción, de la prensa y del ejemplo práctico.

Que la fuerza del ejemplo anime a otros que lo seguirán y los seres del siglo XX, si no del XIX, en lugar de mofarse de nuestras doctrinas y aspiraciones, tendrán una vista más clara y una capacidad de discernir con conocimiento y según los hechos, en lugar de prejuzgar conforme a conceptos erróneos arraigados. Entonces y sólo entonces, el mundo se verá obligado a reconocer su posición equivocada admitiendo que únicamente la Teosofía puede, poco a poco, crear una humanidad tan armoniosa y simple en su alma como el Cosmos, sin embargo, para que esto se actualice, los teósofos deben comportarse como tales. Habiendo secundado el despertamiento espiritual en muchos seres, afirmamos intrépidamente, retando a la contradicción, ¿deberíamos, quizá, detenernos, en lugar de nadar con la Marejada?



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Nota

1 Sobrenombre burlón aplicado a los puritanos.


Gemas de Oriente: Mayo

GEMAS DE ORIENTE

 

Un libro de aniversarios, de preceptos y axiomas.

RECOPILADAS POR H. P. BLAVATSKY

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Traducido por Ana María Torra, junio, 2002

 

PREFACIO

Pocas palabras bastan para escribir el prefacio de estas “Gemas de Oriente”.
En una época en que la mente de los occidentales se dedica a estudiar la literatura oriental, posiblemente atraída por la riqueza de su expresión y por sus maravillosas imágenes, además de por la amplia y profunda filosofía de la vida y por las dulces doctrinas altruistas que ofrece, parecía razonable presentar al público un pequeño volumen atractivo y útil como éste.
Los Preceptos y Aforismos, compilados por H.P.B., han sido seleccionados, básicamente, de algunos escritos orientales que representan, en parte, esas enseñanzas que tanto atraen ahora la atención de Occidente, y de cuya difusión la Sociedad Teosófica es fundamentalmente responsable.
En la medida de lo posible, hemos intentado presentar un volumen atractivo, práctico y útil para todos.
Contiene un Precepto o un Axioma para cada día del año; unas líneas esencialmente teosóficas, seleccionadas de fuentes no necesariamente orientales, aparecen en el prefacio de cada mes.

Esperamos que nuestros esfuerzos sean apreciados por todos los amantes de lo bueno y lo bello y que sirvan para colaborar con la causa de la VERDAD

W.R.O. (Walter R. Old)

NO HAY RELIGIÓN MAS ELEVADA QUE LA VERDAD

 

 

MAYO

Estoy harto de conjeturas. Esto tiene que acabar con ellas.
Así estoy doblemente armado: mi muerte y mi vida,
Mi veneno y mi antídoto están ambos ante mí:
El uno, en un momento, me conduce al final;
Pero el otro me dice que nunca moriré.
El alma, segura en su existencia, sonríe
A la daga asesina, desafiando su punta.
Las estrellas se desvanecerán, el mismo sol
Oscurece con la edad y la naturaleza se hunde con los años;
Pero tú florecerás en una juventud inmortal,
Sin que te hieran la guerra de los elementos,
Los naufragios de la materia y la destrucción de los mundos.

ADDISON
Catón
, Acto I, Escena I, líneas 20-31

 

 

Mes de MAYO

1.- El Espíritu eterno se encuentra en todas partes. Envuelve el mundo entero.

2.- Quien da de comer al hambriento, sin haber saciado antes su propia hambre, se prepara el alimento eterno. Quien renuncia a ese alimento por un hermano más débil es un dios.

3.- El altar sobre el que se ofrece el sacrificio es el Hombre; el fuego es la palabra, el humo es el aliento, la luz es la lengua, el carbón es el ojo y las chispas son el oído.

4.- Cualquier momento de la eternidad es tan importante como otro, porque la eternidad no cambia, y tampoco una parte de ella es mejor que otra.

5.- Mejor que un hombre se coma un hierro candente antes que romper sus votos.

6.- Incluso un hombre bueno ve días malos, mientras sus buenas obras no han madurado; pero cuando hayan madurado, entonces el hombre bueno verá días felices.

7.- Somos nosotros quienes creamos el mal, nosotros los que sufrimos; nosotros quienes no lo hacemos y nosotros quienes nos purificamos.

8.- La pureza y la impureza son cosas nuestras; nadie puede purificar a otro.

9.- El Yo es el señor del Yo: ¡quien otro podría ser el señor! Con el yo bien dominado, el hombre encuentra un maestro como pocos.

10.- Si un hombre puede vencer en la guerra mil veces a mil hombres y otro se vence a sí mismo, el segundo es el mayor vencedor.

11.- ¿Quien es el gran hombre? El que tiene más paciencia. El que soporta pacientemente el daño y lleva una vida intachable ¡ése es realmente un hombre!

12.- Si has cometido malas acciones o si vas a cometerlas, puedes levantarte y correr adonde quieras, pero no podrás librarte de tu sufrimiento.

13.- Hay un camino que lleva a la Riqueza; hay otro camino que lleva al Nirvana.

14.- Una mala acción no acontece de repente, como si fuera el cuajo de la leche; es como el fuego que arde oculto en las cenizas y que consume al necio.

15.- Una mala acción no mata instantáneamente como una espada; persigue a su autor hasta su próxima encarnación y la siguiente.

16.- El calumniador es como el que le tira la porquería a otro pero tiene el viento en contra y recibe la porquería que había tirado.

17.- Al hombre virtuoso no se le puede dañar; el daño que su enemigo le puede causar retorna a su enemigo.

18.- La naturaleza se sostiene gracias al antagonismo. Las pasiones, la resistencia, el peligro, todo eso nos educa. Adquirimos aquella fuerza que conseguimos vencer.

19.- Si un hombre entiende al yo cuando éste dice “Yo soy El” ¿qué otro deseo puede hacerle desear un cuerpo?

20.- Esa palabra que se encuentra en todos los Vedas, que proclaman todas las penitencias, y que los hombres desean cuando viven como discípulos religiosos, esa palabra os la diré brevemente, es OM.

21.- Como cuando vemos a alguien en sueños y luego le reconocemos, así percibe al YO el que ha conseguido una concentración adecuada de la mente.

22.- Es mejor cumplir con nuestro propio deber, aún de manera imperfecta, que cumplir bien el deber de otro.

23.- El sabio que conoce el Yo como algo incorpóreo dentro de los cuerpos, como algo inmutable entre las cosas mutables, como algo grande y omnipresente, nunca se lamenta.

24.- El camino de la virtud consiste en renunciar a la arrogancia y a la soberbia.

25.- El que perjudica a otro injustamente lo lamentará, aunque los hombres le aplaudan; pero quien recibe la injusticia está a salvo de arrepentimientos, aunque el mundo le culpabilice.

26.- Se necesita más valor para enfrentarse al mundo con la verdad abierta que para descender a la guarida de una bestia salvaje.

27.- La verdadera clemencia consiste en renunciar a la venganza, cuando está en nuestras manos; la verdadera paciencia consiste en soportar las decepciones.

28.- El hombre feliz tiene que prepararse antes de un día malo; y cuando éste llega, ha de consolarle la idea de que todos los hombres buenos y santos tuvieron que sufrir algún día.

29.- La riqueza en manos de alguien que no trata de ayudar a la humanidad con ella acabará, indudablemente, por convertirse algún día en hojas secas.

30.- Igual que la noche le sigue al día, también la desgracia es la sombra de la alegría; el Karma reparte de todo a manos llenas.

31.- El águila no caza moscas; pero incluso al águila le molestan.

 

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La Leyenda del Loto Azul

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Escrito original de H.P.B.

Todo titulo de revista o de libro tiene que tener su razón de ser. El titulo se atiene a la expresión del objeto de que se trate, simbolizando, por así decirlo, el contenido de la publicación. Siendo la alegoría el lema de las filosofías orientales, seria una lastima que uno percibiera en el nombre de “Lotus Bleu” (Loto Azul) tan solo el nombre de una planta acuática, la Nymphoea Cerulea o Nelumbo.


Con el fin de no cometer semejante torpeza, vamos a tratar de iniciar a nuestros lectores en el simbolismo del loto en general y del loto azul en particular. Esta planta misteriosa y sagrada fue desde siempre considerada como el símbolo del Universo, tanto en Egipto como en las Indias. No existe un solo monumento en el valle del Nilo, ni un papiro, en los que esta planta no tenga su lugar de honor. Desde los capiteles de las columnas egipcias hasta las residencias y hasta el tocado de los reyes-dioses, el loto se encuentra por todas partes simbolizando el Universo. Se convirtió necesariamente en un atributo indispensable de todo dios creador, así como de toda diosa, si bien esta última no tenía en filosofía mas que el aspecto femenino del Dios, andrógino en principio, masculino a continuación.


Es del Padma Yont, “el seno del loto”, del Espacio absoluto o del Universo, fuera del tiempo y del espacio, que emana el cosmos condicionado y limitado por el tiempo y por el espacio. El Hiranya Garbha, “el huevo”(o la matriz) de oro, de donde surgió Brahmâ es llamado a menudo el loto celestial. El dios Vihnu, la síntesis de la trimurti o trinidad hindú, flota adormecido durante las noches de Brahmâ”, sobre las aguas primordiales, tendido sobre una flor de loto. Su diosa la bella Lakshmi, surgiendo como la Venus Afrodita del seno de las aguas, tiene a sus pies un loto blanco.


Es como un batir de los dioses reunidos, del Océano de leche, símbolo del espacio y de la vía láctea que, formada de la espuma de las olas cremosas, que Lakshmi, diosa dela belleza y madre del amor (kama), se apareció ante los dioses maravillados, apoyada en un loto y sujetando otro en la mano.


He aquí el por qué los dos principales títulos de Lakshmi: padma, el loto, y Ksztrabblit-tazzuyâ, hija del Océano de leche. Gautama , el Buda, que jamás fue degradado al nivel de un dios, al ser sin embargo el primer osado mortal que en la época histórica interrogo a la esfinge muda que se denomina el Universo, y termino por arrancarles los secretos de la vida y de la muerte, y que sin embargo, repetimos, jamás fue deificado, fue no obstante reconocido por las generaciones posteriores de Asia como dominador del Universo. Y es por esto que este vencedor y dueño del mundo intelectual y filosófico se representa sentado sobre un loto abierto, símbolo de este universo adivinado por él. En las Indias y en Ceilán, el loto es generalmente de color dorado, entre los buddhistas del Norte es azul.


Sin embargo existe en el mundo una tercera clase de loto, el Ztzyphus. El que come de él olvida su patria y a sus seres queridos, dicen los antiguos. No sigamos este ejemplo: no olvidemos nuestra patria intelectual, la cuna de la raza humana, y el lugar del nacimiento del loto azul.

Levantemos pues el velo del olvido que recubre una de las alegorías más antiguas, una leyenda vedica que los cronistas brahmanes han preservado sin embargo. Solo que como estos cronistas la explican cada uno a su manera, añadiendo variaciones, (1) la damos aquí, no según las versiones y traducciones incompletas de los señores orientalistas, sino según la versión popular. Así es como la cantan los antiguos bardos del Rajistán, cuando en las tardes cálidas de la estación de las lluvias vienen asentarse bajo el mirador del bungalow de los viajeros.

Dejemos, pues, a los orientalistas con sus especulaciones fantasiosas. ¿Que nos importa que el padre del príncipe pusilámine y egoísta, que fue la causa de la transformación del loto blanco en loto azul, se llamara Hartschandra o Ambarisha? Los nombres no tienen nada que ver ni con la candida poesía de la leyenda, ni con su moral, porque se encontrara una si se busca bien. Observemos más bien que el episodio principal recuerda curiosamente otra leyenda, la de Abraham bíblico y la del sacrificio de Isaac.

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He aquí la leyenda del Loto Azul.

Siglos y siglos han transcurrido desde que Ambarisha, rey de Ayodhyâ, reinaba en la ciudad fundada por el santo Manú Vaivasvata, el hijo del sol. El rey era un Sûryavansa (un descendiente de la raza solar) y se decía el servidor mas fiel de Varuna, el Eterno, el dios mas grande así como el mas poderoso en el Rig-Veda (2). Pero el Eterno había negado herederos masculinos a su adorador, lo cual hacia que el rey se sintiera completamente derrotado.


“¡Ay! Se lamentaba este cada mañana mientras hacia su puja (prácticamente sus devociones) ante los dioses inferiores. “¡Ay, de que me sirve ser el rey mas grande de la tierra, si el Eterno me niega un sucesor de mi sangre!”. Cuando haya muerto y este en la pila funeraria, ¿quién llevara a cabo por mi el dulce deber filial de romper el cráneo a mi cadáver para liberar mi alma de sus ultimas trabas terrenales? ¿Qué mano extraña, durante la luna llena, colocara el rij del Sraddha, para honrar a mis manes? (3) los mismos pájaros de la muerte, (4) ¿no se sustraerán del festín fúnebre? Porque, con toda seguridad, mi sombra remachada a la tierra por su gran desespero, no les dejara que la toquen!”


De este modo se sentía el rey desolado, cuando su grithasta (capellán de la familia) le inspiro la idea de hacer un voto. Si el Eterno le enviaba dos o mas hijos, él le prometía al dios sacrificarle el mayor, en una ceremonia publica, cuando la victima hubiera alcanzado la pubertad. Atraído por esta promesa de carnes sangrientas y humeantes, de tan grato perfume para todos los grandes dioses, Varuna acepto la promesa del rey, y el feliz Ambarisha tuvo un hijo, seguido de varios otros. El mayor, el heredero de la corona, pro tempore fue llamado Rohita (el rojo) y apellidado el Devarata, lo cual, traducido literalmente significa el “Dios dado”. Devarata creció y muy pronto se convirtió en un guapo príncipe, pero tan egoísta y astuto como bello, si hemos de dar crédito a las leyendas.


Cuando el príncipe hubo alcanzado la edad requerida, el Eterno, hablando por boca del mismo capellán de la corte, conminó al rey a mantener su promesa. Pero, Ambarisha, inventando cada vez mas pretextos para alejar el momento del sacrificio hizo que, finalmente, el Eterno se enfadara…Y como dios colérico y celoso que era, amenazó al rey con toda su cólera divina.


Durante mucho tiempo, ni requerimientos ni amenazas obtuvieron el efecto deseado. Mientras hubo vacas sagradas que pasaban de los establos reales a la de los brahmanes, y dinero en las tesorerías para llenar las criptas de los templos, los brahmanes consiguieron tener tranquilo a Varuna. Pero, cuando ya no quedaron ni vacas ni dinero, el Eterno amenazo al rey de sumergir su palacio con él y sus herederos, y si escapaban a ellos quemarlos vivos. Habiendo agotado los argumentos, el pobre rey Ambarisha hizo llamar a su primogénito y le informo de la suerte que le esperaba. Pero Devarata no le presto oídos. Se negó a someterse a la doble voluntad paternal y divina.


De modo que, cuando se hubieron encendido las hogueras del sacrificio y cuando toda la buena gente de Adyodhya se hubo reunido emocionada. El príncipe heredero fue el único que falto a la fiesta.

Se había refugiado en los bosques de los yoguis. Ahora bien, estos bosques estaban habitados por santos eremitas y Devarata sabia que allí era inatacable e inexpugnable. Se le podía visitar, pero nadie podía violentarle, ni siquiera el mismo Varuna, el Eterno. Esto era muy simple. Las austeridades religiosas de los Aranyakas (los santos de la selva), de entre los cuales varios eran Datillas, (titanes, la raza de gigantes y demonios), les proporcionaban tal poder que todos los dioses temblaban ante su omnipotencia y sus poderes sobrenaturales, incluido el Eterno.

Estos Yoguis antediluvianos, según parece, poseían el poder de destruir a este mismo Eterno, a voluntad, tal vez porque fueron ellos mismos quienes lo habían inventado.


Devarata pasó en los bosques varios años; luego, finalmente, tuvo bastante. Diciéndose que podría satisfacer a Varuna encontrado un sustituto que se hiciera inmolar en su lugar, con tal que fuera un hijo de un Rishi, se puso en camino y termino por descubrir lo que necesitaba.


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En el país que se extiende cerca d e las riberas floridas del famoso lago Pushkara, había hambre, y un gran Santo llamado Ajigarta, (5) estaba a punto de morir de hambre con toda su familia. Tenia varios hijos, el segundo de los cuales, un adolescente virtuoso llamado Sunahsepha, estaba apunto de convertirse en Rishi él también. Aprovechando la penuria y pensando, con razón, que panza hambrienta tendría mas oídos que vientre satisfecho, el astuto Devarata puso al corriente de su historia. Después de lo cual le ofreció cien vacas a cambio de Sunahsepha, para servirle de sustituto como comida de ofrenda en el altar del Eterno. El padre virtuoso se negó abiertamente al principio. Pero el dulce Sunahsepha se ofreció él mismo y hablo de este modo a su padre:

“¿Qué importa la vida de un solo hombre, cuando ésta puede salvar la vida de tantos otros?. El Eterno es un Dios grande, y su misericordia es infinita; pero también es un dios muy celoso y su cólera es pronta y vengativa. Varuna es el dueño del terror, y la muerte obedece a su mandato. Su espíritu no se avendrá siempre con el que le desobedece, se arrepentirá de haber creado al hombre y entonces quemara vivos cien mil lakhs de personas inocentes, (6) por un solo culpable. Si su victima se le escapa, con toda seguridad secara nuestros ríos, hará que la tierra arda y afectara las mujeres en cinta, en su bondad infinita…Deja, pues, que me sacrifique, padre mío, por este extranjero que nos ofrece cien vacas; porque eso evitará que tu y mis hermanos, muráis de hambre y librara a miles de otros de una muerte terrible. A este precio, abandonar la vida es dulce para mí.”


El viejo Rishi vertió un mar de lágrimas; pero terminó por consentir y se fue a preparar la pira de sacrificio. (7)

El lago Pushkara (8) era uno de los lugares favorecidos de esta tierra por la diosa Lakshmi-Padma (loto blanco), quien se sumergía a menudo en sus frescas olas para rendir visita a su hermana mayor, Varuni, la esposa de Varuna, el Eterno. (9) Lakshmi-Padma escucho la ofrenda de Devarata, vio el desespero del padre y admiro la devoción filial de Sunahsepha. Llena de piedad, la madre del amor y de la compasión mando buscar al Rishi Visvamitra, uno de los siete Manús primordiales e hijos de Brahma, y consiguió interesarle en la suerte de su protegido. El gran Rishi le prometió su ayuda. Apareciéndose ante Sunahsepha mientras permanecía invisible para los demás, le enseño dos versículos sagrados (Mantras) del Rig-Veda, haciéndole prometer que los recitaría en la pira. Ahora bien, el que pronunciara estos dos mantras (invocaciones) obligaría a todo el cónclave de los dioses, con Indra a la cabeza, a venir en su ayuda y se convertiría por eso mismo en Rishi en esta vida o en su próxima encarnación.


El altar se levanto a la orilla del lago, la pira preparada y la multitud reunida. Entendiendo y después atando a su hijo sobre el altar perfumado. Ajigarta se provee del cuchillo del sacrificio. Luego, levanta su brazo trémulo por encima del cuerpo de su hijo amado, mientras éste recita los versículos sagrados. Todavía un instante de duda y de dolor supremo…y, cuando el hijo termina su mantram, el viejo Rishi hunde su cuchillo en el seno de Sunahsepha…

Pero, ¡Oh milagro! Al instante, Indra, el dios del azur (el firmamento) se desliza desde los cielos y se precipita en medio de la ceremonia. Rodeando la pira y la victima con una espesa nube azulada, la neblina apaga las llamas de la pira y desata las cuerdas que sujetaban al hijo cautivo. Es como si un ángulo del cielo azul se hubiera abatido sobre el lugar iluminando el país entero y coloreando toda la escena con su dorado azul.

Asustados, la multitud y el mismo Rishi cayeron prosternados, medio muertos de miedo. Cuando volvieron en si, la niebla había desaparecido y se había verificado un cambio total de la escena.

El fuego de la pira se había reanimado por si mismo y, extendida encima, se veía una cierva (Rohitj, (9) que no era otra que el príncipe Rohita, el Devarata, que, con el corazón traspasado por el cuchillo que el había dirigido contra otro, se quemaba en holocausto por su pecado.

A pocos pasos del altar, extendiendo, también, pero sobre un lecho de lotos, dormía apaciblemente Sunahsepha. Y en el lugar donde el cuchillo había alcanzado su seno, se vio expandirse un hermoso loto azul. El mismo lago Pushkara, recubierto un instante antes de lotos blancos cuyos pétalos brillaban al sol como copos plateados llenos de amrita (10) Reflejaban ahora el azul del cielo; los lotos blancos se habían convertido en azules.


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Entonces se oyó una voz melodiosa como la voz de la vina, elevándose en el aire desde el fondo de las olas, que pronunciaba estas palabras y esta imprecación:

“Un príncipe que no sabe morir por sus súbditos no es digno de reinar sobre los hijos del Sol. Reinara en una raza de cabellos rojos, una raza bárbara y egoísta; y las naciones que descenderán de él no tendrán como herencia sino el poniente. Es el segundo hijo de un asceta mendicante, aquel que sacrifica sin dudar su vida para salvar la de los demás, el que se convertirá en rey y reinara en su lugar.”

Un estremecimiento de aprobación puso en movimiento el tapiz florido que recubría el lago. Abriendo a la luz dorada sus corazones azules, los lotos sonrieron de alegría y enviaron un himno de perfume a Surya, su sol y señor. Toda la naturaleza se regocijó, excepto Devarata que no era más que un puñado de cenizas.

Entonces Visvamitra, el gran Rishi, aunque padre ya de cien hijos, adopto a Sunahsepha como su primogénito, y maldijo de antemano, a modo de precaución, a todo mortal que se negara a reconocer en el último nacido del Rishi, al primogénito de sus hijos y heredero legitimo del trono del rey Ambarisha.


Como consecuencia de este decreto Sunahsepha nació, en su siguiente encarnación, en la familia real de Ayodhyâ, y reino sobre la raza Solar durante 84.000 años.

En cuanto a Rohita, por mas Devarata o dios que fuera, sufrió la suerte a la que Lakshmi-Padma le había señalado. Se reencarno en la familia de un extranjero sin casta, (Mecckha-Yavana) ,y se convirtió en el antecesor de las razas bárbaras de cabellos rojos que habitan Occidente.”


Es para la conversión de estas razas que le Loto Azul se fundo. Y si algunos de nuestros lectores ponen en duda la verdad histórica de esta narración de nuestro antepasado Rohita y de la transformación de los lotos blancos en azules, quedan invitaos a realizar un viaje a Ajinir.

Una vez allí, no tendrán mas que situarse a la orilla del lago tres veces santo, llamado Pushkara, donde todo peregrino que en él se baña durante la luna llena del mes de octubre-noviembre, alcanza la mas elevada santidad, sin mayor preocupación. Allí, los escépticos podrán ver con sus propios ojos el lugar donde se levanta la pira de Rohita, así como las aguas frecuentadas en otro tiempo por Lakshmi.


Podrán ver incluso los lotos azules, si gracias a una nueva transformación decretada por los dioses, la mayoría de estas plantas no se han convertido desde entonces en cocodrilos sagrados a los que nadie tiene el derecho de molestar. Lo cual hace que nueve peregrinos de cada diez que se bañan en las aguas del lago, tienen la oportunidad de entrar en el Nirvana casi en seguida, y que los cocodrilos sagrados son los más grandes de su especie.


(De LE LOTUS BLEU, abril 1890, copiado del de octubre 2001)

(Sophia nº 157, enero 2002, S.T.E )

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(1)– Comparad la historia de Sunahspha, en “Bhâgavata”,IX, XVI,35; el Ramayana, leer I,cap. LX; Manú X, 105; Koulloûka Bhatla (el Historiador); Bahwruba y Aitareya Brahmanas; Vishnu Purana, etc. Etc. Cada libro en su versión.

(2) – Sólo es mucho mas tarde, en el Panteón dogmático y el politeísmo simbólico de los brahmanes que Varuna se convierte en el Poseidón o Neptuno que ahora es. En el Veda, es el mas antiguo de los dioses, uno con el Urano griego; es decir, una personificación del espacio celeste y de los cielos infinitos, el creador y el gobernador del cielo y de la tierra, el Rey, el Padre y el Maestro elegido del mundo, de los dioses y de los hombres. El Urano de Hesiodo y el Zeus de los griegos en uno.

(3)– Las cornejas y los cuervos.

(4)– La Sraddha es una ceremonia póstuma observada durante nueve días por el pariente más próximo del difunto. Hubo un tiempo en que esta ceremonia era mágica. Actualmente consiste principalmente en esparcir, entre otras practicas, granos de arroz cocido delante de la puerta de la casa del difunto. Si las cornejas devoran rápidamente el arroz, es un signo de que el alma se ha liberado y esta en paz. Sino, estos pájaros tan voraces, al no tocar el alimento, facilitan la prueba de que el pisatcha o blout (fantasma) está allí para impedirlo. La Sraddha es una superstición, evidentemente, pero no más, con toda seguridad, que las novenas y misas de los muertos.

(5) – Otros lo llaman Rishita y hacen del rey Ambarisha, Harixhandra, el famoso soberano que fue el parangón de todas las virtudes.

(6) – Un lakh es una medida de 100.000, se trate de hombres o de monedas.

(7) – Manú (lib. X, 105), aludiendo a esta historia señala que Ajigarta, el santo Rishi, no cometió ningún pecado vendiendo la vida de su hijo, puesto que este sacrificio preservaba su vida y la de toda su familia. Esto nos recuerda otra leyenda, más moderna, si bien puede servir de paralelo a está. El Conde Ugolino, condenado a morir de hambre en su torreón, ¿no devoro a sus hijos “para conservarle un padre”?. La leyenda popular de Sunashsepha es mas hermosa que el comentario de Manú; una interpolación de los brahmanes en los Manuscritos falsificados, evidentemente.

(8) – Este lago es llamado algunas veces Pohker en nuestros días. Es un famoso lugar de peregrinación anual situado en un bonito lugar y a cinco millas inglesas de Ajmir, en el Rajistán. Poushkara significa “loto azul”, y el agua del lago esta recubierta como si fuera un tapiz por estas hermosas plantas. Pero la leyenda asegura que en un principio eran blancas. Poushkara es también nombre propio de hombre y el nombre de una de las “siete islas sagradas” de la Geografía delos hindúes , las Sapta dvipa.

(9)Varuni, diosa del calor (mas tarde diosa del Vino) también nació del Océano de leche. De los “catorce objetos preciosos” producidos por el batir, ella aparece la segunda y Lakshmi la ultima, precedida por la copa de Amrita, la bebida que proporciona la inmortalidad.

(10)– Un juego de palabras, Rohit en sánscrito es el nombre de la hembra del gamo, de la cierva, y Rohita quiere decir “el rojo”. Es por su cobardía y su miedo a morir que fue transformado en cierva por los dioses, según la leyenda.

(11)–El elixir que confiere inmortalidad.

(12)–Una especie de laúd cuya invención es atribuida al dios Shiva.

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H.P.B. y la Astrología

por Jutta K. Lehmann

Publicado en “Sophia” Julio-Agosto 1997


Trataremos este tema centrándonos en cuatro aspectos importantes:

1.-Los orígenes de la astrología.

2.-La astrología como ciencia.

3.-La condición del astrólogo.

4.-Las respuestas de H.P.B. al criticismo general

(DS significa La Doctrina Secreta y CW Collected Writings)


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Los orígenes de la Astrología


La creencia en la astrología está profundamente anclada en el sistema filosófico de H.P.B. basado en su conocimiento y sus convicciones sobre los orígenes del zodíaco. En los vol. I y II de su obra principal, La Doctrina Secreta, establece que los orígenes zodiacales se remontan a la época atlante. La Atlántida (que ella acepta como un hecho histórico) es también la cuna del más renombrado de todos los astrólogos, conocido con el nombre sánscrito de Asuramaya, quien, incidentalmente, fue también el más importante de los astrónomos y magos. “La cronología y cómputos de los iniciados brahmines se basan en los registros zodiacales de la India y en las obras de…Asuramaya” (DS, II, 49)


Ya en el vol. I DS, H.P.B. entra en cálculos elaborados para demostrar que los descubrimientos de los astrónomos hindúes (que en esa época eran también astrólogos) fueron los precursores de los de Grecia. Ataca a los científicos de su tiempo por ser incompetentes a la hora de juzgar los verdaderos orígenes y antigüedad del zodíaco. Esto requería mucho valor en los días álgidos de los misioneros cristianos en la India, que consideraban a los hindúes como bárbaros necesitados de la luz de Jesús. No nos sorprenderá el hecho de que su afirmación de que los hindúes realmente sabían mucho más de nuestro cosmos y eran mucho mejores astrónomos que los de occidente, y de que incluso influyeron nuestro pensamiento en estos temas, no fuera muy bien recibida.

La India y Egipto eran considerados por H.P.B. como santuarios de esta antigua sabiduría sobre las estrellas y el universo. Restos de estos principios, señala, son reconocibles en los días de nuestra semana. Estos llevan el nombre de los dioses planetarios de los caldeos, que, según afirma, los tradujeron de los de los arios.

H. P .B. sugiere en sus escritos que hemos perdido el conocimiento de los verdaderos orígenes de la astrología con sus raíces esotéricas. Dice: “La clave del ceremonial o astrología ritualista, con el terafim y el urim y el thumim de la Magia, se ha perdido para Europa. Por esto nuestro siglo de Materialismo se encoge de hombros y ve en la astrología algo falso” (CW, XIV, 352)

También hemos perdido la conexión (que ella veía) entre la astrología y la Kabala judía, y que ella, por falta de tiempo, no pudo explorar en su totalidad. Además, sostiene que los astrólogos modernos, distintos a los que son también estudiantes de lo oculto, han perdido la comprensión original del lazo que hay entre los ciclos planetarios y los antiguos ciclos cósmicos de la filosofía hindú, como los yugas, manvantaras etc.

(CW III, 194)


La Astrología como Ciencia


Blavatsky considera el ocultismo, que incluye la astrología, como altamente científico, porque conoce y aplica las leyes de la Naturaleza, no sólo las que ya son conocidas por los científicos del siglo diecinueve sino también aquellas leyes secretas ocultas con las que los científicos están todavía lidiando hoy en día. Su noción de la ciencia, enraizada como estaba en la tradición hermética, es así radicalmente distinta a la de los descubrimientos posteriores de la ciencia en el mundo moderno. La “nueva ciencia” del Renacimiento tuvo que romper con sus raíces ocultas espirituales ante la feroz oposición de la iglesia católica y gradualmente adoptó una existencia materialista puramente abstracta. Por contraste, Blavatsky defiende su caso desde una antigua tradición oculta que siempre incluía la astrología. Además, afirma que la astrología cumple todos los requisitos para llamarse ciencia. Escribe, por ejemplo:

“Sin embargo, ya sea antigua o moderna, las dos pueden llamarse ciencias exactas; porque si el astrónomo de hoy en día saca sus observaciones de cálculos matemáticos, el astrólogo de la antigüedad también basaba sus pronósticos en observaciones no menos agudas y matemáticamente correctas de los ciclos recurrentes. Y, como ahora el secreto de esta ciencia se ha perdido, ¿es eso una garantía para decir que no existió nunca?” (CW, 11,419)

La astrología y la alquimia son el corazón y el alma de las ciencias modernas de la astronomía y la química, y “mientras no se reconozca esta verdad, la astronomía y la química seguirán girando en un círculo vicioso y no producirán nada más allá de la materialidad” (CW, VIII, 79). Así, para ella, la astrología no sólo incorpora los principios matemáticos de la astronomía sino que va más allá de los cálculos matemáticos abstractos sobre la naturaleza material de las estrellas, sus distancias respecto a nosotros, etc., para dar un significado espiritual. Por esto ella siente que la astrología complementa a la astronomía, de la misma manera que la psicología complementa a la fisiología. A través de su uso científico de cálculos matemáticos, la astrología puede explicar qué causa producirá una combinación específica determinada de efectos, y puede ayudarnos, por ejemplo, en nuestra elección de una encarnación futura (otro principio de creencia).

Según H.P.B., la carta astral de una persona, con las posiciones planetarias de su nacimiento, es así “el resultado agregado de las causas ya producidas”

(CW, VI, 229). En otras palabras, muestra la suma total de k arma acumulado durante las encarnaciones pasadas. Para el astrólogo oculto iniciado, esta información es la clave para predecir el futuro. Blavatsky también nos dice que ella piensa que la influencia planetaria funciona, específicamente, a través de las afinidades y atracciones magnéticas de los cuerpos planetarios. La persona se sitúa en una relación magnética particular como resultado del karma acumulado (acciones morales positivas y negativas) en el pasado.

Esto también proporciona la base de la distinción que hace entre la astrología esotérica y la exotérica. Esta última es la influencia de los planetas físicos sobre el lado físico y material de la vida, mientras que la astrología esotérica trata de las influencias sobre las facultades mentales, psíquicas y espirituales. Estas facultades no están gobernadas por los planetas físicos sino por sus dirigentes espirituales, por las fuerzas que hay detrás del funcionamiento de los planetas.

También menciona diferencias entre los dos tipos de astrología con respeto a la dirección sobre las partes del cuerpo.

Estas y otras distinciones también conducen, naturalmente, a distintas interpretaciones, por ejemplo, con respeto a las deducciones sobre el karma pasado.

Considera que la astrología practicada durante su vida es una mezcla de la esotérica y la exotérica. (CW, XII, 537)

Para Blavatsky, una carta astral natal puede solamente indicar tendencias individuales; las influencias no hacen más que predisponer al individuo a adoptar un curso de acción particular que se corresponda con sus efectos kármicos.

Escribe:
“Los astros no causan nuestra buena o mala suerte, sino que simplemente indican lo mismo” (CW, III, 192). Los astros no determinan nuestro destino, sino que más bien indican el futuro más probable. El fatalismo, por otra parte, implica el curso ciego de algún poder todavía más ciego y el hombre es un agente libre durante su permanencia en la tierra. No puede escapar a su Destino dirigente, pero tiene la elección de dos caminos que le llevan en esa dirección y puede alcanzar el objetivo de la desgracia…Los que creen en el Karma tienen que creer en el destino que, desde el nacimiento a la muerte, cada hombre se va tejiendo…Cuanto se ha tejido la última hebra y el hombre aparentemente queda atrapado en la red de su propia fabricación, entonces se encuentra completamente bajo el imperio de su destino auto creado. (DS, 1,639)


Para que la astrología pueda equipararse de una manera verdaderamente científica a la astronomía, Blavatsky pone la condición “de que sus intérpretes tienen que ser igualmente infalibles; y es esta condición, sine qua non, tan difícil de cumplir, ¡la que ha sido siempre el problema de las dos!”. El que los astrólogos no sean todos infalibles no convierte a la astrología en sí en algo defectuoso. La medicina no se juzga a través de las numerosas imperfecciones de sus doctores.


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La Condición del Astrólogo


El astrólogo medio de su época distaba mucho del ideal de Blavatsky. Ella quería que el astrólogo tuviera una base firme en ocultismo, porque esto le daba acceso a los significados más profundos.

El astrólogo debería, por consiguiente, ser un maestro de la astrología esotérica como la misma Blavatsky. Ella lamenta el hecho de que, en su mayoría, los astrólogos hayan perdido este conocimiento, no tengan una buena preparación y, corrientemente, sean unos charlatanes. (CW, IV, 302)

Hay otras condiciones ligadas a los que desean llegar a ese nivel. “Un hombre tiene que ser un psicólogo y un filósofo antes de poder convertirse en un perfecto astrólogo y comprender correctamente la gran Ley de la Compasión Universal. No sólo la astrología sino el magnetismo, la teosofía y todas las ciencias ocultas, especialmente la de la atracción y repulsión”, de otro modo le considera superficial (CW, III, 192). El astrólogo ideal de Blavatsky se parece, así, al hombre sabio de la antigüedad que ha penetrado en los misterios más profundos de la humanidad y del universo, y su modelo era Asuramaya. Este listón tan alto no era para disuadir a la gente de dedicarse a esta ingente tarea, sino más bien para hacerles más humildes en su práctica. Sin embargo, mientras que muchos astrólogos modernos pueden haber perdido de vista este conocimiento esotérico, H.P .B. sigue considerándolo como una disciplina digna de ponerla en práctica.


Respuestas de HPB a las críticas habituales


Una objeción corriente en su época era la de que la astrología no tiene base, porque sus orígenes son desconocidos.

H.P.B. contradice estas críticas remontándose a la Atlántida. Sin embargo, aunque sus orígenes no puedan documentarse plenamente, afirma que las predicciones pueden seguir haciéndose sobre la base de los acontecimientos cíclicos, que pueden calcularse mediante principios matemáticos básicos. La interpretación de estos datos está basada

en antiguas observaciones que “registraban la recurrencia de estos hechos en su hora y día, durante un período que abarcaba cientos de miles de años, y las conjunciones de las mismas constelaciones tienen que producir necesariamente, si no exactamente, los mismos efectos, o en cualquier caso, efectos similares”. (DS, I, 646)

Otra crítica habitual es la de que es fatalista. Blavatsky aduce: “Es solamente porque esa humanidad ha cerrado siempre sus ojos a la gran verdad de que el hombre mismo es tanto su propio salvador como su propio destructor, y que no necesita acusar al Cielo ni a los dioses, Hados y Providencia, de la injusticia aparente que reina en medio de la humanidad” (DS, I, 644). Entiende que nuestras condiciones físicas y espirituales en esta vida son los efectos de nuestras propias acciones pasadas que se extienden a encarnaciones previas. Así, no deberíamos culpar a los planetas de nuestra carta astral natal, sino más bien aceptar la responsabilidad de una vida que hemos creado a través de nuestra propia acción.

Contradice las objeciones de los astrónomos, afirmando que la astronomía no es más que la hermana pequeña de la astrología, y que trata de ignorar sus raíces reduciendo la astrología “a la posición de la Cenicienta en la morada de la Ciencia”. (CW, VI, 347).

La astrología ha sido apartada a un lado y ridiculizada por la ciencia moderna durante los últimos siglos. Sin embargo, Blavatsky prevé el tiempo en el que esta verdadera ciencia vuelva a recibir la atención que merece, permitiéndole así triunfar sobre estos distintos alegatos.


The Theosophist, marzo 1997


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Profecías de H.P.B. para el III Milenio


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Compilado por: José Rubio Sánchez & José Miguel Cuesta Puertes.


PRÓLOGO


Queremos con este libro rendir un homenaje a Helena Petrovna Han Fadéef de Blavatsky, al tiempo que pretendemos que su legado, quizá un tanto complejo para los que se adentran por primera vez en el umbral del esoterismo, pueda ser entendido por un mayor número de lectores.

Helena Blavatsky es hoy día un clásico en el cosmos esotérico, pero su vida y obra están envueltas en el misterio, por el velo de la diosa a la que dedicó su primera obra: Isis. Ella misma fue un enigma, incluso para los que la conocieron en vida. Pero no pretendemos dirigir a ese puerto las próximas páginas de este libro, aunque sí dedicaremos un breve capítulo a mostrar algunas pinceladas de su apasionante existencia.

Tampoco vamos a extendernos en la interpretación de sus obras, la polémica Isis sin Velo o la desbordante Doctrina Secreta; o en sus otros escritos, como son la Clave de la Teosofía, la Voz del Silencio, Por las Grutas y Selvas del Indostán, o cientos de artículos publicados en su día en revistas como Lucifer, The Theosophist, The Path, o Le Lotus Bleu, por poner algún ejemplo. Obra ingente que, ya de por sí, muestra la esforzada labor de esta aristócrata rusa.

Nuestro principal interés pretende, en cambio, centrarse en una de las numerosas facetas de está Maga Rusa: la profética –termino que intentaremos definir más adelante–, además de desear que renazca el interés por el capital mensaje que se aprecia en las doctrinas que tan fervorosamente trasmitió, incansable, hasta el fin de sus días. Doctrinas no conocidas con suficiente profundidad, creemos, y dignas de una revisión exhaustiva en los albores del III Milenio.

Helena Blavatsky abrió, en el siglo XIX, las puertas de Occidente al conocimiento y misticismo Oriental, y permitió desvelar las claves que el esoterismo tradicional había perdido tras la caída del mundo clásico, ocultas en la tenebrosa –en algunos aspectos– Edad Media, para que el mundo civilizado encontrase sus auténticas raíces y el fundamento que le permitiese construir una civilización mucho más humana y hermanada con la Naturaleza.

Para lograr su propósito utilizó un método sencillo pero enormemente esclarecedor: la comparación de Religiones, Ciencias, Artes y Filosofías; del pasado y del presente; de Oriente y Occidente, y tomó como aval de sus asertos el conocimiento expresado en cientos de citas de todo tipo de autores, de todas las ramas del saber y de todas las épocas y naciones.

Su labor la realizó en pleno siglo decimonónico, siglo ampliamente materialista y escéptico, resultado de una contradictoria Revolución Francesa, y de una Revolución Industrial que llevó la civilización por raíles esencialmente distintos de los tradicionales. Un siglo donde se cuestionaron los casi inamovibles dogmas de la Iglesia, y donde el creciente positivismo arrinconó la espiritualidad incluso en el mismo Oriente. El Hombre creía hallarse en el umbral de la más alta cima de la evolución, a un paso de convertir la Tierra en un paraíso. Los descubrimientos, tanto científicos, arqueológicos, como médicos, se acumularon, preparando lo que sería el vertiginoso siglo XX. Las grandes utopías tomaron forma en la mente de los pensadores y sabios, que veían en sus manos los elementos materiales que les llevarían a plasmarlas.

En aquel momento de gozne histórico, donde el péndulo había recorrido su camino de repulsa hacia la idea de Dios y la Religión, dirigiéndose a la afirmación del individuo y deificación de la razón; convulsionado con nuevas propuestas sociales y violentos conflictos, en aquel momento, repetimos, surgió Blavatsky, la que, utilizando las mismas armas de los eruditos y sabios de su tiempo, devolvió al mundo una Filosofía Hermética perdida desde hacia milenios para Occidente, o al menos algunas de las claves que permitirían recuperarla. Y la Sociedad Teosófica, creada principalmente por ella, se encargó de divulgar ese conocimiento, estableciendo numerosas sedes filantrópicas y publicando incontables libros que llevaron por todo el orbe aquellas enseñanzas, no exentas de esperanza.

De esa sociedad surgieron otras muchas, directa o indirectamente, como la Antroposófica de Rudolf Steiner o la Fraternidad Blanca Universal de Omraam Mikhael Aivanhov, la Iglesia Católica Liberal, la Escuela Arcana, los Gnósticos, la Llama Eterna, o la Iglesia de Aetherius, entre otras. Numerosos personajes bebieron en su fuente, desde Einstein a Jung, Herman Hesse, Rudyard Kipling, o Gandhi.

No hubo ámbito en el que no influyeran: en el cine (Greta Garbo, Chaplin, La Atlántida, el continente perdido, Horizontes Perdidos); la literatura (Aldous Huxley, H.P.Lovecraft, R.E.Howard, Valle-Inclán, Ruben Darío, Rider Haggard, Edgard Rice Burroughs, Leon Tolstoy, Yeats, H.G.Wells, Conan Doyle); la pintura (Nicholas Roerich, Mondrian, Kandinsky); la música (Skriabin); filósofos (Bertrand Russell); científicos (Thomas Edison, William Gates, Alfred Russel Wallace, Camilo Flammarion, Gastón Maspero); e incluso la política fue influida por sus doctrinas. La misma Sociedad Teosófica, o sus miembros individualmente, impulsaron numerosas asociaciones con intereses tan novedosos en aquella época como la revalorización de la mujer, el vegetarianismo, o la lucha contra la vivisección. Crearon instituciones como la Sociedad Vegetariana de Francia, la Sociedad de Criminología y de Defensa Social, Antivivisección, Protección de los animales o la Liga Braille.

Dos de los movimientos más conocidos, patrocinados por la teosofía y en los que se vislumbran sus ideales, fueron los Scouts y el Esperanto. También alentaron la instauración de la Sociedad de las Naciones. En definitiva, de esa fuente bebió y se inspiró el movimiento Hippie y se nutre hoy el denominado Nueva Era, y si en la actualidad prácticamente todo el mundo conoce la doctrina de la Reencarnación, habla de la diosa Gea, de vegetarianismo, del poder de los colores o la música, de los viajes astrales, de la hipnosis, de civilizaciones desaparecidas como la Atlántida o la Lemuria, magnetismo, quiromancia y tantos otros temas esotéricos, es gracias al esfuerzo de la inagotable Helena, que trabajó toda su vida para hacer llegar a sus contemporáneos el mensaje de la Sabiduría Antigua, desperdigado por el mundo como los trozos de un gran rompecabezas. Nunca Helena se proclamó poseedora de la Verdad.

Siempre definió su labor, utilizando la imagen volteriana, como el lazo que pretendía unir el ramillete de conocimientos que le habían sido revelados en sus viajes alrededor del mundo, por sabios de todos los países y de todas las razas. Esa es la columna vertebral de su obra: la existencia de Maestros en todas las épocas de la historia, que han custodiado y mantenido encendida la llama del Saber, sobre todo en los momentos de mayor oscurantismo de la Humanidad.

Ecléctica, respetuosa con todas las religiones, aunque no con sus formas caducas a las que atacó duramente. Polémica, odiada y admirada, hasta el último suspiro ondeó el estandarte de la Filosofía Esotérica, proclamando que:

«No hay religión superior a la Verdad.»


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Pensamientos sobre los Elementales (I)

Por_ H. P. Blavatsky

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Quien estas líneas escribe, ha dedicado años enteros al estudio de estos seres invisibles–y por completo insensibles– llamados por varios nombres en todos los países bajo el sol, y conocidos con el genérico de espíritus. Sólo la nomenclatura aplicada a estos naturales de las esferas por la iglesia Católica –buenos o malos– no tiene fin.

La gran cronología de sus nombres simbólicos, es un estudio. Abrid cualquier relato de la creación en el primer Purâna que os venga a la mano, y mirad la variedad de apelaciones conferidas a estas criaturas divinas y semi–divinas (producto de dos clases de creaciones: la Prakrita y la Vaikrita o Padma, la primaria y la secundaria), evolucionadas todas del cuerpo de Brahmâ. Solamente el Urdhwasrota (1)de la tercera creación abraza una variedad de seres con características e idiosincrasias suficientes para el estudio durante toda una vida.

Lo mismo sucede con los relatos egipcios, caldeos, griegos, fenicios o cualquiera otros. Las huestes de estos seres son innumerables. Los antiguos paganos, sin embargo –y especialmente los neoplatónicos de Alejandría–, conocían lo que creían, y distinguían sus diferentes órdenes. Ninguno los consideraba bajo el punto de vista sectario como lo hacen las iglesias cristianas. Se ocupaban de ellos, por el contrario, con un conocimiento mucho mayor, pues hacían una distinción mucho más acertada de las diferentes naturalezas de estos seres, que los Padres de la iglesia lo hicieron nunca. Con arreglo a la línea de conducta que estos últimos se habían trazado, todos los ángeles que no habían sido reconocidos como servidores del Jehovah de los judíos, eran proclamados demonios.

Los efectos de esta creencia, más tarde erigida en un dogma, los encontramos ahora afirmándose en el Karma de los muchos millones de espiritistas educados y mantenidos en las respectivas creencias de sus iglesias. Aun cuando un espiritista se haya divorciado hace mucho tiempo de las creencias teológicas y clericales; aunque sea un cristiano liberal o antiliberal, un deísta o un ateo, que haya sabiamente rechazado toda creencia en los demonios, y que demasiado razonable para considerar a sus visitadores como ángeles puros, haya aceptado lo que crea un justo término medio, sin embargo, no reconocerá a otros espíritus que los de los muertos.

Este es su Karma y también el de las iglesias colectivamente. En las últimas, es natural un fanatismo tan obstinado y un tal prejuicio: es su regla de conducta; pero en el espiritismo libre, es imperdonable. No puede haber dos opiniones sobre este asunto.

Tiene que ser, o la creencia completa o la absoluta incredulidad en los espíritus. Si un hombre es escéptico y descreído, nada tenemos que decir; pero una vez que cree en los fantasmas y espíritus, cambia la cuestión. No hay hombre ni mujer que esté libre de todo prejuicio y de ideas preconcebidas, que pueda creer que en un infinito de vida y de ser –digamos sólo en nuestro sistema solar–, que en todo este espacio sin límites, en el cual los espiritistas sitúan su Paraíso (2), haya solamente dos ordenes de seres conscientes: los hombres y sus espíritus, mortales encarnados e inmortales desencarnados.

El futuro guarda para la humanidad extrañas sorpresas, y la Teosofía, o más bien sus partidarios, serán del todo vengados en días no muy lejanos. No hay por qué tratar de una cuestión que ha sido tan discutida por los teósofos, y que solamente ha acarreado oprobio, persecución y enemistad a los escritores. Por lo tanto, no nos saldremos de nuestra senda para decir mucho más.

Los elementales y los elementarios de los kabalistas y teósofos, han sido suficientemente ridiculizados. Desde Porfirio hasta los demonologistas de los siglos pasados han aportado hechos tras hechos y han aglomerado pruebas sobre pruebas; pero con tan poco efecto como el que pudiese tener un cuento de hadas relatado a niños.

Raro libro, en verdad, el del vicio Conde de Gabalis, inmortalizado por el Abate de Villars, y traducido y publicado ahora en Bath. Aconsejo a los que tengan inclinaciones humorísticas, que lo lean y reflexionen sobre él. Doy este consejo con objeto de hacer un paralelo. La que estas líneas escribe, lo leyó hace años y lo ha vuelto a leer ahora con más atención aún que la primera vez. Su humilde opinión con respecto a la obra, si a alguien le importa saberla, es que se puede buscar durante meses, sin encontrarla nunca, la demarcación entre los Espíritus de las secciones espiritistas y las sílfides y ondinas de aquel satírico francés.

Hay algo que suena de una manera siniestra en los sarcasmos joviales y en las chanzas de su autor, quien a la vez que señalaba con el dedo del ridículo lo que era creencia suya, tenía probablemente el presentimiento de su propio y acelerado Karma (3), bajo la forma del asesinato.

La manera con que presenta al Conde de Gabalis, es digna de atención: “Cierto día me asombré al ver entrar a un hombre de una apostura de las más dignas, quien saludándome gravemente, me dijo en francés, pero con acento extranjero: –Adora, hijo mío, adora al Dios más grande de los Sabios; y no te llenes de orgullo porque envíe a ti uno de los hijos de Sabiduría para convertirte en un miembro de la Sociedad y hacerte participar de las maravillas de la Omnipotencia” (4) .

No hay más que una contestación que dar a aquellos que, haciendo hincapié en obras semejantes, se ríen del Ocultismo. Servitissimo la da con enojada frase en su introducción Cartas a mi Señor en la obra arriba nombrada. “Yo lo hubiera persuadido (al autor del Gabalis) de que cambiase por completo la forma de su obra –escribe–, pues esta forma burlona de llevarla adelante no me parece propia del asunto. Estos misterios de la Kábala son cosas serias que muchos de mis amigos estudian muy seriamente;… los brujos son ciertamente demasiado peligrosos para ser tratados en burla”. Verbum sat sapienti.

Son peligrosos sin duda alguna. Pero desde que la historia empezó a registrar pensamientos y hechos, media humanidad se ha burlado de la otra media, ridiculizando sus más caras creencias. Esto, sin embargo, no puede cambiar un hecho en una ficción, ni tampoco destruye a las sílfides, ondinas y gnomos de la Naturaleza, si los hay; pues estos últimos, ligados con las salamandras, podrían destruir a los incrédulos y perjudicar a las compañías de seguros, a pesar de que éstas creen menos en las salamandras vengativas que en los incendios causados por casualidad y por accidentes.

Los teósofos creen en los espíritus tanto como los espiritistas, pero creen que son tan diferentes en sus variedades como las tribus haladas en el aire. Hay entre ellos halcones sanguinarios y murciélagos vampiros, así como hay palomas y ruiseñores. Ellos creen en ángeles, porque muchos los han visto

“… a la cabecera del enfermo, ¿De quiénes eran la voz tierna Y los pasos silenciosos? En donde los corazones afligidos destilaban como el sauce vagaban ellos entre los vivos y los muertos”.



Continuará…

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“Los Mahatmas Teosóficos”

The Theosophical Mahatmas, (Path, diciembre de 1886)


Artículo de H. P. Blavatsky

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Lamento, sincera y profundamente, lo que he leído en el editorial de la revista “El Mundo Oculto”, publicada en Rochester y editada por la señora J. Cables, la devota presidente de la Sociedad Teosófica de allá, quien ha publicado un artículo de fondo con la colaboración del señor W. T. Brown.

De antemano debo decirles que, ya, nada me sorprende; pues, durante los años, me he acostumbrado a tales declaraciones. Quizá los repentinos sentimientos de hastío por parte de la señora Cables sean naturales, en cuanto, jamás se le dio la oportunidad que el señor Brown tuvo.

Es innegable que muchos teósofos comparten el estado de ánimo de Cables cuando escribe que: “después de un gran anhelo por ser puesta en comunicación con los Mahatmas Teosóficos, me percaté de lo inútil que era esforzar la vista psíquica hacia los Himalayas.”

Aún se debe dirimir la cuestión de: si estas quejas son justificadas y si la culpa reside en los “Mahatmas” o en los teósofos. Ha sido un caso en vilo por muchos años y ahora hay que solucionarlo; pues las dos quejas declaran que: “no necesitan perseguir a Místicos orientales que niegan su habilidad de ayudarnos.

La última frase en letras bastardillas necesita un serio escrutinio.

Pido el privilegio de presentar algunas observaciones pertinentes al caso.

Comenzaré por decir que el tono de todo el artículo es el de un verdadero manifiesto. Si lo condensamos y lo depuramos de sus expresiones Bíblicas enfáticas, se reduce a esta paráfrasis: “Hemos tocado a su puerta y no nos han contestado; hemos rezado por nuestro pan y nos han negado hasta una piedra.” La acusación es muy seria; sin embargo, quiero demostrar que es injusta.

Creo que es mi deber contradecir la veracidad de esta declaración, explicando y la situación en su totalidad; ya que me siento culpable, habiendo sido la primera, en los Estados Unidos, en hacer pública la existencia de nuestros Maestros.

Así, expuse los nombres sagrados de dos miembros de una Hermandad hasta entonces desconocida en Europa y en América (excepto a unos pocos místicos e Iniciados en todas las eras), sin embargo sagrada y reverenciada en oriente y, especialmente, en la India. Todo esto causó una especulación y una curiosidad vulgares que medraron alrededor de esos nombres benditos y culminaron con un rechazo público.

Quizá esta explicación beneficie a algunos e interese a otros.

Además, no quiero que nadie piense que pongo bajo mi égida de defensora y paladina a aquellos que no necesitan ningún resguardo. Me propongo, simplemente, presentar algunos hechos, dejando que la situación se juzgue conforme a sus méritos.

A nuestros hermanos y hermanas, según los cuales: “han vivido alimentándose de cáscaras, persiguiendo dioses extraños,” sin recibir admisión, les preguntaría si: “¿están seguros de haber tocado a la puerta justa?” “¿Están seguros de no haber perdido el camino, deteniéndose, a menudo, en su viaje, en puertas extrañas tras de las cuales acechan los enemigos más fieros de los que ustedes buscan?

Nuestros Maestros no son “un dios celoso”; son simplemente mortales santos, sin embargo más elevados que cualquiera en este mundo, desde el punto de vista moral, intelectual y espiritual. A pesar de lo sagrado y adelantado que estén en la ciencia de los Misterios, aun son hombres, miembros de una Hermandad y son los primeros, en ella, que se muestran leales a sus leyes y reglas venerables.

Una de las primeras reglas de la Hermandad exige que las personas que emprenden su camino hacia Oriente, como candidatos a los favores y consideración de los custodios de esos Misterios, deben seguir el recto camino sin detenerse en ninguna via secundaria, buscando unirse a otros “Maestros” y preceptores, a menudo de la Ciencia del Lado Izquierdo. Además, deberían tener confianza y mostrar paciencia en conjunto con varias otras condiciones a llenar. Si alguien fracasa en todas, desde la primera hasta la última, ¿qué derecho tiene a quejarse sobre la responsabilidad de los Maestros para ayudarle?

Es verdad: “¡Los moradores del umbral anidan dentro de nosotros!”

Una vez que un teósofo aspira a convertirse en un candidato para el estado de chela o para recibir favores de los Maestros, debe estar consciente de la promesa mutua que las dos partes han contraído y aceptado tácitamente, si no formalmente y que tal promesa es sagrada. Es un vínculo por un período de prueba de siete años. Si durante este lapso, a pesar de las numerosas limitaciones y errores humanos del candidato (exceptuando dos, que es inútil especificar en la prensa), él permanece, a través de todas las tentaciones, leal al Maestro escogido o a los Maestros (en el caso de candidatos laicos) y fiel a la Sociedad fundada siguiendo sus deseos y bajo sus órdenes, el teósofo será iniciado en * * * y, a partir de entonces, se le permitirá comunicarse con su gurú sin reserva.

Todas sus limitaciones, excepto aquella especificada, pueden ser soslayadas, pertenecen a su Karma futuro; sin embargo se dejan, ahora, a la discreción y al juicio del Maestro, el único que tiene el poder de determinar si, aun durante estos largos siete años, el chela recibirá el favor de comunicaciones ocasionales con su gurú y procedentes de él, a pesar de sus errores y los deberes incumplidos del chela.

El gurú, estando minuciosamente familiarizado con las causas y los motivos que indujeron al candidato a cometer pecados de omisión o comisión, es el único capaz de juzgar si el momento es oportuno o inoportuno para animarlo; ya que solo él tiene tal derecho, porque, también él está bajo la inexorable ley de Karma, a la cual nadie, desde el zulú salvaje, hasta el arcángel supremo, puede sustraerse y el gurú debe asumir la gran responsabilidad por las causas que creó.

Así: la condición principal y la única indispensable en el caso del candidato o chela en período de prueba, es simplemente: una lealtad diamantina al Maestro escogido y a sus propósitos. Esta es una condición imprescindible pues, como ya mencioné: no se basa en algún sentimiento de celos, sino en la relación magnética entre los dos, la cual, cada vez que se interrumpe, es doblemente difícil restablecerla. Además: no es justo que los Maestros esfuercen sus poderes por las personas acerca de las cuales pueden, nítidamente, prever su curso y deserción final.

Sin embargo: ¿cuántos, entre aquellos que, esperando lo que yo llamaría “favores por anticipación,” al no recibirlos, se decepcionan y, en lugar de repetir humildemente mea culpa, acusan a los Maestros de ser egoístas e injustos?

Ellos interrumpen, intencionalmente, el sutil canal de comunicación diez veces durante un año y sin embargo, ¡esperan que cada vez se les readmita, siempre, sobre las bases antiguas! Conozco a un teósofo, del cual no mencionaré su nombre, pero espero que pueda reconocerse a sí mismo, que es un caballero tranquilo, inteligente y joven, un místico congénito quien, en su entusiasmo e impaciencia imprudentes, cambió Maestros e ideas una media docena de veces en menos de tres años. Empezó por ofrecerse como chela en período de prueba, dando su voto y fue aceptado. Después de un año quiso casarse, a pesar de las varias pruebas corporales de la presencia de su Maestro y numerosos favores que se le otorgaron.

Los proyectos matrimoniales no se llevaron a cabo y él buscó “Maestros” por otros lados, convirtiéndose en un Rosacruz entusiasta. Después volvió a la teosofía como místico cristiano; luego trató de atemperar sus austeridades con una mujer y, al final, abandonó la idea y se entregó al espiritismo. Ahora se postula nuevamente, “para que se le readmita como chela” (tengo su carta); pero dado que su Maestro permaneció en silencio, él lo abjuró para buscar, repitiendo las palabras del manifiesto susodicho: “su antiguo Maestro Esenio para poner a prueba los espíritus en su nombre.”

La escritora, hábil y respetada, de la revista El Mundo Oculto y su secretario tienen razón y han escogido el único sendero auténtico en que, con una dosis muy pequeña de fe ciega, están seguros de evitar todo engaño y decepción.

Ellos dicen: “Para algunos de nosotros es un placer obedecer al llamado del ‘Hombre de Dolor’ que no rechazará a nadie sólo porque es indigno o no ha acumulado un cierto porcentaje de mérito personal.” ¿Cómo pueden saberlo?; a menos que acepten el dogma cínicamente terrible y nocivo de la Iglesia Protestante que enseña el perdón del crimen más cruento, siempre que el asesino crea, sinceramente, que la sangre de su “Redentor” lo salvará en la última hora. ¿Qué es esto, si no fe ciega y antifilosófica?

El sentimentalismo no es filosofía y Buda dedicó toda su larga vida de autosacrificio para alejar, precisamente, a la gente de esa superstición que engendra el mal. ¿Por qué mencionar a Buda? Porque la doctrina de la salvación mediante el mérito personal y el olvido de uno mismo es la piedra angular de su enseñanza.

El binomio: editora de “El Mundo Oculto” y su secretario, puede haber “perseguido dioses extraños“; sin embargo no eran nuestros Maestros. Ellos “Lo han negado tres veces” y ahora, “con los pies sangrientos y el ánimo postrado,” quieren “pedirle (a Jesús) que los tome otra vez bajo su ala.”

Ciertamente, el “Maestro Nazareno” los complacerá hasta aquí. Sin embargo “se alimentarán de cáscaras” y de “fe ciega.” Pero, en lo referente a esto, ellos son sus mejores jueces y nadie debería inmiscuirse en sus creencias privadas en nuestra Sociedad y esperemos que, debido a su reciente decepción, no se conviertan, un día en nuestros peores enemigos.

Ahora bien, a estos teósofos que se sienten desencantados con la Sociedad Teosófica en general, les diremos que nadie, jamás, les hizo ninguna promesa imprudente; ni siquiera, la Sociedad y sus fundadores ofrecieron sus “Maestros” como premio para los que se comportan mejor. Durante años, a cada nuevo miembro se le ha dicho siempre que no se le promete nada; ya que todo depende sólo de su mérito personal. Al teósofo se le deja actuar según su libre albedrío.

Cada vez que él se sienta descontento, puede siempre probar en algún otro sitio, a menos que haya ofrecido su ser a los Maestros con la determinación de ganarse sus favores. Me dirijo, especialmente a este individuo y le pregunto: “¿Has cumplido con tus obligaciones y promesas?

¿Tú, que estás dispuesto a culpar a la Sociedad y a los Maestros, que son la caridad, la tolerancia, la justicia y el amor universales encarnados, has, quizá, llevado la vida teosófica y has cumplido con las condiciones necesarias para el que se convierte en un candidato?

Que se levante y proteste aquél que sienta, en su corazón y conciencia, que jamás ha fallado seriamente, que nunca ha dudado de la sabiduría de su Maestro, que nunca ha buscado otro Maestro o Maestros en su impaciencia por convertirse en un Ocultista con poderes y que jamás ha traicionado su deber teosófico en pensamiento o en acción.

Puede protestar intrépidamente, no será castigado ni reprochado y ni siquiera excluido de la Sociedad Teosófica, la más amplia y liberal en sus ideas y la más católica de todas las Sociedades conocidas o por conocer.

Temo que mi invitación se quedará sin respuesta. Durante los once años de existencia de la Sociedad Teosófica, de entre los 72 chelas regularmente aceptados en prueba y los centenares de candidatos laicos, sólo tres no han, hasta la fecha, fracasado y sólo uno tuvo éxito completo.

Nadie obliga a nadie a entrar al estado de chela. No se profieren promesas, excepto aquella contraida entre el Maestro y el chela aspirante. Es muy cierto que muchos son los llamados pero pocos los escogidos o podríamos decir que son pocos los que tienen la paciencia de ir hasta el fin amargo, si es que podemos definir amargo, la simple perseverancia y el propósito bien enfocado.

¿Qué decir de la Sociedad Teosófica en general, fuera de la India? ¿Quién, entre los millares de miembros, lleva la vida teosófica? ¿Sólo porque uno es un vegetariano rígido, como lo son los elefantes y las vacas; un célibe, si bien en su juventud fue lo contrario; un estudiante del “Bhagavad-Gita” o de la “filosofía Yoga” integral, se debería considerar un teósofo según el corazón de los Maestros?

Como no es el hábito lo que hace al monje, ni es el pelo largo y un aspecto soñador en el rostro, nada de esto es suficiente para hacer de uno un seguidor fiel de la Sabiduría divina. ¡Mirad alrededor y observad nuestra llamada Hermandad Universal! ¿Durante estos once años de prueba en América y en Europa, en qué se ha convertido esta Sociedad fundada para remediar los males evidentes del Cristianismo, eliminar el fanatismo y la intolerancia, la hipocresía y la superstición y cultivar el real amor universal que se extiende hasta todos los reinos?

Sólo en un aspecto hemos tenido éxito para que se nos considere más elevados que nuestros hermanos cristianos, los cuales, según la expresión gráfica de Lawrence Oliphant: “se matan en el nombre de la Fraternidad, combatiendo como diablos por el amor de Dios.”

El aspecto en cuestión es que: hemos eliminado todo dogma y ahora estamos tratando de desembarazarnos, justa y sabiamente, hasta del último vestigio de autoridad nominal. Sin embargo, bajo cualquier otro punto de vista, somos tan malos como los cristianos: ¡entre nosotros hay chisme, calumnia, impiedad, crítica, un incesante grito de guerra y un estruendo provocado por las censuras mutuas; ¡todo esto es motivo de orgullo para el infierno cristiano!

¿Podemos suponer que todo lo antedicho sea culpa de los Maestros, los cuales se niegan a ayudar a los que ayudan a otros en el camino a la salvación y a liberarse del egoísmo—a fuerza de patadas y escándalo? ¿Cómo podemos pensar que somos un ejemplo para el mundo y los compañeros dignos de los ascetas sagrados que habitan en la Cordillera nevada?

Algunas palabras antes de terminar. Se me preguntará: “¿Quién es usted para que nos critique?

Usted que afirma estar en contacto con los Maestros, recibiendo favores diarios de Ellos ¿es quizá tan santa, pura y digna?”

Les contestaré que no lo soy. Mi naturaleza es imperfecta y limitada, mis defectos son muchos y muy evidentes, motivo por el cual mi Karma es más pesado que el de cualquier otro teósofo. Así es y debe serlo; ya que, durante muchos años, me han puesto en la picota como blanco para mis enemigos y también para algunos amigos.

Sin embargo, acepto la prueba felizmente. ¿Por qué? Porque a pesar de todas mis limitaciones, estoy bajo la égida del Maestro, debido simplemente a que: durante 35 años y más, desde 1851, período en que vi al Maestro física y personalmente por primera vez, jamás lo negué, ni dudé de Él, ni siquiera en el pensamiento.

De mis labios no ha salido un reproche ni un suspiro contra Él y nunca han entrado en mi cerebro, ni por un instante, bajo las pruebas más duras. Desde el principio sabía lo que me esperaba; ya que se me comunicó y siempre lo he repetido a los demás: tan pronto como uno incursiona a lo largo del Sendero que conduce al Ashram de los Maestros benditos, los últimos y únicos custodios de la Sabiduría y la Verdad primordiales, su Karma, en lugar de distribuirse a lo largo de su vida, se precipita sobre el candidato en masa, aplastándolo con su peso.

Aquél que cree en lo que profesa y en su Maestro, sobrellevará la prueba, saliendo victorioso de ella.

Aquél que duda, el cobarde que teme recibir lo que debe y trata de sustraerse al cumplimiento de la justicia, fracasará. No escapará al Karma para nada, pero perderá sólo eso por lo cual ha arriesgado sus visitas prematuras. Esto es el motivo por el cual lo he sobrellevado todo, a pesar de que el Karma me haya azotado constantemente y sin piedad, usando a mis enemigos como armas inconscientes.

Me he sentido segura de que el Maestro no permitiría que pereciera y que siempre aparecería en la última hora y así lo hizo. Me ha salvado tres veces de la muerte y, la última vez, casi contra mi voluntad. Entonces volví al frío mundo cruel, inducida por el amor hacia Él, quien me enseñó lo que sé y me moldeó en lo que soy.

Por lo tanto: cumplo con su trabajo y voluntad; esto es lo que me ha dado la fuerza leonina para soportar las sacudidas mentales y físicas, una de las cuales hubiera sido suficiente para matar a cualquier teósofo que dudara de la protección poderosa.

Mi único mérito y la causa de mi éxito en Ocultismo, es una devoción inquebrantable hacia Él, quien encarna el deber que se me ha delineado y una creencia en la Sabiduría colectiva, de esa grande y misteriosa, sin embargo real, Hermandad de santos.

Ahora repetiré las palabras del Paragurú, el Maestro de mi Maestro, el cual las envió como mensaje para los que querían hacer de la Sociedad un “club de milagros” en lugar de una Hermandad de Paz, Amor y asistencia mutua: “Mejor perezca la Sociedad Teosófica y sus desgraciados fundadores,” yo agrego que perezcan sus doce años de trabajo y sus vidas, en lugar de ver lo que estoy presenciando hoy: teósofos que eclipsan los “círculos” políticos en su búsqueda por el poder personal y la autoridad; teósofos que critican y difaman los unos a los otros como lo harían dos sectas cristianas rivales; en fin: teósofos que rechazan llevar la vida teosófica y luego critican y denigran a los hombres más nobles y grandiosos, los cuales, vinculados por sus leyes sabias y venerables, basadas en la experiencia de la naturaleza humana que tiene miles de años, no quieren interferir con el Karma ni subordinarse a las veleidades de cualquier teósofo que los invoca, ya sea que lo merezca o no.

Si no se instrumentan, rápidamente, reformas radicales en nuestras Sociedades americanas y europeas, me temo que, en breve, sólo permanecerá un centro de Sociedades Teosóficas y de Teosofía en el mundo entero, es decir: en la India. Hacia este país dirijo todas las bendiciones de mi corazón.

Todo mi amor y aspiraciones pertenecen a mis hermanos amados, los Hijos de la antigua Aryavarta, la Tierra Natal del Maestro.


Path, December, 1886


Chelas

 

A pesar de la gran cantidad de artículos aparecidos en esta revista referentes al tema de los Chelas, parece que aun subsiste una plétora de concepciones erróneas y puntos de vista falsos. ¿Qué son los Chelas y cuáles son sus poderes? ¿Tienen limitaciones y en qué particular se distinguen de las personas que no son Chelas? ¿Deberíamos tomar, cada palabra proferida por un Chela, como una verdad sacrosanta?


Estas preguntas son el fruto de las concepciones tan absurdas que, por un cierto lapso, las personas han tenido acerca de los Chelas y cuando se percataron de que estas ideas debían ser cambiadas, en varios casos la reacción ha sido muy violenta.

La palabra “Chela” significa, simplemente: un discípulo; sin embargo, en la literatura teosófica se ha cristalizado y en muchas mentes tiene tantos sentidos distintos como los que tiene la palabra “Dios.”


Según el punto de vista exagerado de algunos: cuando un ser humano es un Chela, se le coloca, de pronto, en un plano en que, toda palabra que pueda desafortunadamente pronunciar, se interpreta como si tuviese autoridad, sin concederle, al pobre, privilegio de hablar como una persona ordinaria. Si se descubriera que lo proferido era fruto de su pensamiento y responsabilidad, se le imputaría querer extraviar a su audiencia.


Ha llegado el momento de corregir, de una vez por todas, esta idea errónea. Existen Chelas y Chelas, así como hay Mahatmas y Mahatmas. En verdad, existen Mahatmas que son los Chelas de Mahatmas aun más elevados. Sin embargo, nadie podría confundir, ni siquiera por un instante, un Chela que acaba de empezar su camino espinoso, con aquel Chela más grandioso que es un Mahatma.

En efecto, el Chela es un ser desafortunado que se ha encaminado a lo largo “de un sendero no manifestado” y como Krishna dice: “éste es el camino más difícil.”


El se da cuenta de que, en lugar de ser el vocero constante de su Gurú, su soledad en el mundo supera la de los que no son Chelas y su sendero está infestado de peligros que abrumarían a muchos aspirantes, si los retratáramos con sus colores naturales. Así que, en lugar de aceptar a su Gurú y pasar un examen de admisión con el propósito de conseguir un bachillerato en el Arte del Ocultismo, bajo la guía constante y amistosa de su maestro, él fuerza la entrada en un recinto vigilado y, desde entonces, debe luchar y conquistar o morir. En lugar de que él acepte, deber ser digno de aceptación. Ni siquiera tiene que ofrecer su persona.

Este año, uno de los Mahatmas ha escrito: “No se precipiten hacia nosotros por entrar en el estado de Chela, esperen hasta que éste inunde su conciencia.”


Haber sido aceptado como un Chela no implica que él sea un simple instrumento de su Gurú. Hablará de manera común y corriente, ahora como antes; y sólo cuando el maestro envía, por conducto del Magnetismo del Chela, un mensaje escrito, la audiencia podrá decir que una comunicación llegó a través de él.


Ocasionalmente, entre los Chelas, así como entre cualquier autor, se pueden proferir palabras verdaderas y hermosas, pero no se debe concluir que, durante tal expresión, el Gurú estaba hablando a través del Chela. Si en la mente de este último había un buen pensamiento, la influencia del Gurú, como la lluvia refrescante para la semilla, puede haber facilitado su germinar repentino a la vida, desarrollándolo de manera anormal; sin embargo, ésta no es la voz del maestro. En realidad, raros son los casos en que los maestros hablan a través de un Chela.


Los poderes de los Chelas varían en armonía con su adelanto y todos deberían saber que si un Chela tiene algún “poder,” no se le permite usarlo, sino en casos excepcionales y jamás puede ufanarse de poseerlo. Consecuentemente: los neófitos tienen, virtualmente, los mismos poderes que un ser común y corriente.

En efecto: la meta que se le depara al Chela no consiste en adquirir un poder psicológico; ya que su tarea principal es: despojarse del sentido imperante de la personalidad, el espeso velo que nos oculta la parte inmortal, el verdadero ser. Mientras que él permita a este sentimiento permanecer, seguirá quedándose ante la puerta del Ocultismo, incapaz de ir más allá.


El sentimentalismo no es la característica de un Chela. Su trabajo es duro, el camino espinoso y la meta muy distante. Con el mero sentimentalismo no dará ni un paso. ¿Quizá esté esperando que el maestro le pida mostrar su osadía, despeñándose de un precipicio o desafiando el frío rígido de los Himalayas? Esperanzas vanas. No lo llamarán así.

Por lo tanto: como no debe revestirse de sentimentalismo, la gente, cuando quiere considerarlo, no debe sobreponer a todas sus acciones y palabras, un falso velo de sentimentalismo.


Entonces, de ahora en adelante, tratemos de usar más cordura cuando miremos a un Chela.


 


Artículo por H. P. Blavatsky

(Chelas, The Theosophist, Oct. 1884)

 

 


Estudios Ocultistas

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Por H.P.B.


Contenido de Estudios Ocultistas:

> Ocultismo Práctico
> El Ocultismo en Oposición a las Artes Ocultas
> Las Bendiciones de la Publicidad
> El Hipnotismo y su relación con otros modos de sugestión
> Magia Negra en la Ciencia
> Indicios de como cambian los Tiempos
> Acción Psíquica y Noética
> La Mente Cósmica
> El aspecto dual de la Sabiduría
> Carácter esotérico de los Evangelios
> Los cuerpos astrales o Doppelgangers
> Constitución del hombre Interior


IMPORTANTE PARA LOS ESTUDIANTES


Hay muchos que ansían instrucciones prácticas de Ocultismo; y por lo tanto, es necesario dejar sentado de una vez para siempre:

La esencial diferencia entre el Ocultismo teórico o Teosofía y el Ocultismo práctico o Ciencias ocultas.

2º La índole de las dificultades que entraña el estudio del Ocultismo práctico.

Es muy fácil ser teósofo, pues puede serlo cualquiera de medianas facultades intelectuales, aficionado a la metafísica, de conducta pura e inegoísta, que mayormente se goza en prestar que en recibir auxilio, que siempre está dispuesto a privarse de su gusto en bien de los demás, y sea amante de la verdad, la bondad y la sabiduría en sí mismas y no por el provecho que prometan allegar.


Pero muy distinto es entrar en el sendero que conduce al conocimiento de lo que debe hacerse, discerniendo acertadamente entre el bien y el mal; y también conduce al hombre al punto en que le es posible hacer cuanto bien desea, sin ni siquiera a veces levantar en apariencia un dedo de la mano.

Además, hay un importante hecho que le conviene conocer al estudiante, y es la enorme y casi ilimitada responsabilidad asumida por el instructor en beneficio del discípulo. Desde los gurus orientales, hasta los pocos cabalistas de países occidentales que enseñan los rudimentos de la ciencia sagrada, ignorantes muchas veces del riesgo a que se exponen, todos los instructores están sujetos a la misma ley inviolable.

En cuanto empiezan a enseñar de veras y confieren tal o cual poder o facultad a sus discípulos, sea de índole física, psíquica o mental, cargan sobre sus hombros todos los pecados del discípulo, ya de omisión, ya de comisión, que se refieren a las ciencias ocultas, hasta el momento en que el discípulo llega a Maestro y es directamente responsable.

Hay una mística y fatal ley religiosa que reverencian y observan los cristianos de la iglesia griega, que tienen medio olvidada los de la romana y está absolutamente abolida entre los protestantes. Data de los primeros días del cristianismo, y es símbolo y expresión de aquella otra ley oculta a que antes nos referimos acerca de las relaciones entre Maestro y discípulo. Consiste en que el padrino y la madrina de la criatura en las fuentes bautismales contraen parentesco espiritual entre sí y con su ahijado.

Los padrinos toman tácitamente sobre sí todos los pecados del ahijado hasta que éste tiene uso de razón para conocer el bien y el mal y es responsable de sus actos. Esto explica por qué los Maestros son tan escrupulosos, y por qué a los discípulos se les exigen: siete años de prueba para demostrar su aptitud y adquirir las cualidades requeridas por la seguridad de Maestro y discípulo.

El ocultismo no es magia. Resulta relativamente más fácil aprender las artimañas del hechizo y los procedimientos para valerse de las sutiles, pero todavía materiales fuerzas de la naturaleza física, porque muy luego se despiertan las potencias del alma animal del hombre y prontamente se desarrollan las energías actualizadas por su amor, su odio y sus pasiones. Pero esto es magia negra o hechicería únicamente del motivo depende que el ejercicio de una facultad sea maligna y negra magia o bien magia blanca y provechosa.

Cuando en el actuante queda la más leve huella de egoísmo, no es posible utilizar las energías espirituales porque la intención no es absolutamente sincera, y la energía espiritual se transmutará en psíquica, que obre en el plano astral con tal vez funestos resultados.



Continuar leyendo: Estudios Ocultistas por HPB.


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