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¿Por qué tiembla la Tierra?

Jorge-Livraga

A poco de mi llegada a Lima he tenido la experiencia, si bien no nueva para mí, de sentir temblar la tierra. Ante éste, como ante cualquier otro fenómeno natural más o menos impresionante, nuestra endoculturación materialista nos trae explicaciones más empíricas que filosóficas, y así el estudio final y las causas profundas mueren confortablemente arropadas en razones mecánicas que si bien explican los medios, jamás los fines ni los principios.


¿Por qué tiembla la tierra?


Sin ser expertos geólogos, conocemos las actuales teorías sobre deslizamientos en la franja del geosinclinal andino y de las contrapresiones explicadas por la teoría de Wogoner sobre el frente-sial del macizo de los Andes, sin descartar la acción de los fuegos subterráneos que, según los más modernos aparatos, no están en el centro del esferoide terrestre como hasta ahora se creía, sino bastante más cercanos a la superficie. Pero todas estas explicaciones no responden en profundidad a la pregunta anterior:

¿Por qué tiembla la tierra?, atiéndase bien que no preguntamos ¿Cómo? sino ¿Por qué?


Si un carro se traslada, por ejemplo, desde Lima al Cuzco, la explicación del porqué de su traslado estaría en relación con los seres inteligentes y vivos que le manejan y el cómo, con el juego de compresión de gases que trasladarían sus impulsos, a través de una maquinaria motora, a las ruedas que giran apoyándose en el suelo y provocando el movimiento del carro sobre la carretera.


Así la segunda explicación, puramente mecánica es cierta y explica lo estrictamente mecánico, pero no basta para solucionar el problema de porqué va ese carro de Lima a Cuzco y no a Callao o a Nazca o a cualquier otra parte. Tampoco explicaría, la pura razón mecánica, porqué se puso en marcha, ya que la ignición es “en cadena” pero algo exterior a ella tuvo que provocarla o iniciarla. Y todo esto viene a colación de lo que sigue:

Los científicos a la moda se conforman con las explicaciones mecánicas sobre los temblores de tierra, deteniéndose en los cómos, sin llegar jamás a los porqués. Es evidente que la tierra mantiene una ecología termomecánica, por no hilar demasiado fino, que es propia a todos los seres vivos. Cómo éstos acusan oscilaciones periódicas de temperatura, desde las diarias a las glaciaciones, seguidas por alzas que a manera de fiebres le acometen con intervalos de muchos miles de años.


Ha sido niña y ahora envejece, endureciendo su piel y cargándolo de arrugas. Ostenta las cicatrices de sus choques con el mundo circundante en cráteres meteoritos. Ha cambiado varias veces su inclinación referente al plano de la eclíptica tal cual un ser vivo lo hace, aún cuando duerme en el suelo.


La tierra para los filósofos platónicos y neoplatónicos fue siempre definido como un Macrobios, o sea, como una gran unidad viviente, semejante a un animal. Las representaciones arcaicas hindúes que muestran a los hombre levantando sus palacios sobre el lomo de un monstruo cósmico y que hoy se interpretan como meras formas de ignorancia, tenían más esotéricas acepciones y estaban más cerca de la verdad, que los científicos contemporáneos. La tierra es un ser vivo.


Nuestro planeta, se estremece, sufre enfermedades, envejece y un día morirá. Su cadáver se desmenuzara en polvo cósmico tal cual el cuerpo de cualquier otro ser vivo lo hace sobre el polvo terrestre. Como en los intersticios de nuestra piel portamos millones de microbios, así nos lleva la Madre Tierra sobre la piel de sus “Escudos Continentales”. Paralelo no significa identidad. Semejanza no es igualdad.


Nos adelantamos a las críticas aceptando desde ya las diferencias que nuestros ejemplos contienen, pero como filósofos pedimos que se medite, asimismo, sobre las semejanzas. Y pedimos que se medite, no por un simple afán especulativo ó sensacionalista, sino porque, al entender y percibir que la tierra es un ser vivo nos llevara inexorablemente a una cosmovisión diferente, aclarándose para nosotros muchos enigmas, confortándose nuestros corazones al percibir que no somos simples “casualidades” viviendo porque sí en una roca muerta que gira estupidamente en el vacío inerte, sino seres humanos en el mejor sentido de la palabra, enlazados por leyes de causa y efecto a nosotros mismos, a nuestros semejantes y a todos los seres que habitan el universo, tengan la forma y dimensiones que tengan.


Y la tierra es uno de ellos. Un ser vivo del cual nos alimentamos y en el cual vivimos, un compañero de viaje, finalmente, en este aventurero andar de los caminos del tiempo y del espacio, al que debemos cuidar de no envenenar con nuestros detritus artificiales y contaminantes, pues la suerte de la humanidad, por muchos miles de años está aún ligada a la suerte de la Tierra. Y porque debemos respetar y no destruir inútilmente ninguna forma de vida, sea un planeta o una hormiga.


¿Por qué tiembla la Tierra?

Por lo mismo que, ocasionalmente, tiemblas tú, lector…

La tierra es un ser vivo.



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3 comentarios

  1. MONSERRATH

    COMO SUPO LO DE ¿POR QUE TIEMBLA LA TIERRA?

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    8 de marzo de 2010 en 22:51

  2. Estephany Prado Monero

    Hola que tal mi nombres es Steffy, y veo que su blog es original con mucho contenido realmente interesante.

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    Saludos

    Atte: Steffy

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    7 de agosto de 2009 en 18:02

  3. Just stopping in to let you know I’m thanking you – and others – for linking to my All Considering blog on this lens on squidoo: http://www.squidoo.com/spiritual-friends

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    4 de julio de 2009 en 12:25

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