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Archive for agosto, 2007

La Estrella de Seis y la de Cinco Puntas


Por Helena P. Blavatsky

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Los más famosos kabalistas occidentales, tanto de la Edad Media como de la Moderna, representan o simbolizan el Microcosmos por medio del pentagrama o estrella de cinco puntas, y el Macrocosmos por el doble triángulo o estrella de seis puntas. Eliphas Levi (el abate Constant) y creemos que también Kunrath, uno de los más insignes ocultistas de pasados tiempos, dan la razón de ello.

En la obra Rosacruces de Hargrave Jermings aparece la exacta relación del Microcosmos con el hombre en el centro del pentagrama. Se necesitaría un espacio mucho más amplio del que nos consiente un artículo para explicar con toda claridad el esoterismo de ambos símbolos.

Los genuinos kabalistas occidentales saben que el Espíritu y la Materia están simbolizados por los respectivos colores de los dos triángulos enlazados, sin relación alguna con las líneas o lados de los triángulos.


El filósofo kabalista y hermético considera trino todo cuanto existe en la Naturaleza; cada cosa es una multiplicidad y una Trinidad en la Unidad, por lo que representa estos aspectos por medio de figuras geométricas. Dice Platón que “Dios geometriza. Los Tres Rostros kabalísticos son las Tres Luces y las Tres Vidas de Ain –Suph (el Parabrahman de los occidentales) llamado también el invisible Sol central. El Universo es su Espíritu, Alma y Cuerpo, sus Tres emanaciones.


Esta Trina Naturaleza, la puramente Espiritual, la puramente Material y la intermedia (o Materia imponderable que constituye el Alma Central del hombre) está representada por el triángulo equilátero, cuyos tres lados iguales simbolizan que dichos Tres Principios están difundidos por todo el Universo en la misma proporción y que son eternos y coexistentes, según la ley natural de equilibrio perfecto.


Así vemos que, con leve variación, la simbología occidental es la misma que la de los arios. El doble triángulo que simboliza el Macrocosmos o Universo mayor entraña las ideas de Unidad, de Dualidad (en los dos colores y los dos triángulos) de Espíritu y Materia, de Trinidad, de la
Tetraktys pitagórica, del cuadrado perfecto, hasta el dodecágono y el dodecaedro.


Los antiguos kabalistas caldeos, maestros e inspiradores de la Kábala judía, no tuvieron el antropomórfico concepto de Dios que se advierte en el Antiguo Testamento y subsiste en nuestros días. Su Ain–Supl, ilimitado e infinito, “tiene y no tiene forma” según dice el Zohar, aunque después explica esta aparente contradicción añadiendo: “El invisible asumió forma al poner el Universo en existencia”.

Esto equivale a la idea puramente panteísta de que sólo es posible concebir a Dios en la naturaleza objetiva.


Los tres lados de los triángulos simbolizan para los ocultistas, lo mismo que para los arios, el Espíritu, la Materia y la Naturaleza intermedia (identificada en su significado con el espacio), así como también simbolizan las Energías Creadora, Conservadora y Destructora representadas en las Tres Luces.


La Primera Luz infunde vida inteligente y consciente en todo el Universo, en correspondencia con la Energía Creadora. La Segunda Luz construye incesantemente formas con la Materia Cósmica preexistente dentro del círculo cósmico y por ello es la Energía Conservadora. La Tercera Luz produce el conjunto universal de la materia física densa, que según se aparta de la céntrica Luz espiritual, pierde su brillantez y se convierte en tinieblas o en mal, que conduce a la muerte, por lo que es la Energía Destructora manifestada en lo mudable y perecedero de las formas. Los Tres Rostros kabalísticos del Anciano de los Ancianos que sin embargo no tiene rostro, son las divinidades arias llamadas Brahma, Vishnu y Shiva.


El doble triángulo de los kabalistas está inscrito en un círculo formado por una serpiente que se muerde la cola (el emblema egipcio de la Eternidad) y a veces en un sencillo círculo geométrico.


La única diferencia entre los símbolos oriental y occidental del doble triángulo –según explica Krishna Shankar Laishankar en el artículo publicado con el mismo título que el presente– consiste en omitir el profundo significado de lo que dicho autor llama el Cenit y el Cero.


Según los kabalistas occidentales, el vértice superior del triángulo blanco se pierde en el Cenit (1), en el Mundo de pura Espiritualidad o inmaculado Espíritu, mientras que el vértice inferior del triángulo negro se pierde en el nadir y simboliza, según prosaica expresión de los ocultistas medievales, la materia grosera, los desechos del Fuego Celestial (el Espíritu) caídos en el vórtice de aniquilación, en el mundo inferior, donde las formas y la vida senciente se dispersan para retornar a su fuente originaria, la Materia Cósmica. Según las enseñanzas puránicas, el punto central “es la sede de Brahma Avyakta o Divinidad inmanifestada”.


En efecto, como el punto geométrico carece de dimensiones, es un símbolo apropiado del invisible Sol central, de la Luz de la Divinidad inmanifestada; pero los ocultistas trazan en la figura, en vez del punto geométrico, la Cruz Ansata o la Tau Egipcia, en cuya parte cenital dibujan un círculo como símbolo del ¡limitado e increado espacio. Así modificada, la Tan Egipcia tiene casi el mismo significado que la cruz mundana de los antiguos herméticos egipcios, o sea una cruz inscrita en un círculo.


Por lo tanto, es erróneo decir que el doble triángulo sólo simboliza el Espíritu y la Materia, pues contiene muchos otros símbolos. Dice nuestro crítico: Si el doble triángulo sólo representa el Espíritu y la Materia, no se explica ni se rebate la objeción de que con dos lados no es posible trazar un triángulo, ni que el Espíritu y la Materia estén simbolizados por la distinción de blanco y negro de dos triángulos.


Creyendo ya haber explicado suficientemente algunas dificultades y expuesto que los kabalistas occidentales siempre vieron la Trinidad en la Unidad y la Unidad en la Trinidad, podemos añadir que los pitag6ricos rebatieron ya, hace 2500 años, la objeción levantada por el autor de las precedentes palabras.


La idea cardinal de los pitagóricos era que, bajo las fuerzas y cambios fenomenales del Universo, subyace un permanente principio de Unidad. Los Sagrados Números de dicha escuela no incluyen el Dos o la Duada, pues los pitagóricos no reconocían este número ni como idea abstracta, fundándose en que geométricamente es imposible construir una figura con sólo dos líneas rectas; por tanto no puede identificarse el número dos con ninguna figura geométrica plana o sólida para simbolizar la Unidad en la multiplicidad, como puede simbolizarla una figura poligonal.

Así es que los pitagóricos no consideraban el Dos como Número Sagrado, porque representado en geometría por dos líneas horizontales = y en numeración romana por dos verticales II, y careciendo la línea de anchura y profundidad, sin otra dimensión que la longitud, era necesario añadirle al dos otra unidad para emplearlo simbólicamente en figura de triángulo.


Así resulta evidente por qué los herméticos emplearon dos triángulos enlazados para simbolizar el Espíritu y la Materia (el Alfa y el Omega del Kosmos) y representaron el triángulo que simboliza el Espíritu de color blanco y el de la Materia, de color negro. En cuanto a la pregunta de que si el vértice del triángulo blanco que se dirige hacia arriba simboliza el Espíritu, ¿qué simbolizan los otros dos vértices del triángulo blanco?, responderemos que, según los kabalistas, simbolizan el Espíritu caído en la generación, es decir, la pura Chispa Divina mezclada ya con la materia del mundo fenomenal.


La misma explicación conviene al simbolismo de los dos vértices de la base del triángulo negro, cuyo tercer vértice representa la progresiva densificación de la Materia.


Por otra parte, decir que “toda idea de ascenso y descenso, de arriba y de abajo en el sublime concepto del
Kosmos no sólo es repulsiva sino falsa”, equivale a negar la posibilidad de que una idea abstracta esté simbolizada por una imagen concreta.
Entonces, ¿Por qué no invalidar toda clase de signos, incluso los de Vishnu y las eruditas explicaciones puránicas que de ello nos da el autor? Lo anteriormente expuesto da la clave de la fórmula pitagórica de la Unidad en la multiplicidad, del Único manifestado en muchos.


Esta idea está simbolizada en la Década (1+2+3+4=10) lejos de ser repulsiva es positivamente sublime. El Uno es la Divinidad. El Dos es la Materia, que por sí misma no puede ser una entidad consciente (2). El Tres (el triángulo) resulta de la combinación de la Mónada y la Duada, participa de la naturaleza de ambas y es la Tríada o mundo fenomenal. La Tétrada o sagrada Tetraktys es la forma de la Perfección para los pitagóricos y expresa o simboliza al propio tiempo la ilusión fenomenal o Maya–La Década o suma total simboliza el Kosmos.



Decimos en Isis sin Velo: “El Universo es la combinación de mil elementos; y sin embargo la expresión de un solo Elemento: del Espíritu o Absoluta Armonía. Es un caos para los sentidos y un perfecto Kosmos para la razón”.


Pitágoras aprendió filosofía en la india y de aquí la similitud entre las ideas fundamentales de los antiguos Iniciados brahmánicos y las de los pitagóricos. Al definir al Shatkon dice el autor que “representa el gran Universo (Brahmanda), el ilimitado Mahakasha, con todos los mundos estelares en él contenidos”. Con esto no hace más que repetir, en diferentes palabras, la explicación dada por Pitágoras y los filósofos de la estrella hexagonal o doble triángulo, como anteriormente indicábamos.

En cuanto a los restantes tres puntos de los dos triángulos, los tres lados de cada uno de ellos y el círculo en que están inscritos, como quiera que los herméticos simbolizaban todas las cosas visibles e invisibles, no podían menos que simbolizar completamente el Macrocosmos.

Los pitagóricos incluían en su Década todo el Kosmos, pero aún reverenciaban mayormente el número Doce, porque representaba la sagrada Tetraktys multiplicada por tres, de donde resulta una Trinidad de cuadrados perfectos llamados Tétradas.


Los filósofos herméticos u ocultistas, siguiendo los pasos de los antiguos Maestros pitagóricos, representaron el número Doce en el doble triángulo, el Macrocosmos, e incluyeron en él el pentagrama o Microcosmos, al que dieron el nombre de Universo menor.


Dividiendo las doce letras de los ángulos externos en cuatro grupos de tríadas o tres grupos de tétradas, obtuvieron el dodecágono, un polígono regular de doce lados iguales con doce ángulos también iguales, que para los antiguos caldeos simbolizaban los doce Dioses mayores, y para los kabalistas hebreos los diez Sephiroth o Potestades Creadoras de la Naturaleza emanados de Sephira (la Divina Luz) que era jefe de los Sephiroth, emanada a su vez de Hakoma, la Suprema e Inmanifestada Sabiduría, y de Ain –Suph el infinito, esto es, tres grupos de tríadas de Sephiroth, y una cuarta tríada constituida por Sephira, Ain –Suph y Hakoma, que “no puede comprenderse por reflejo” y que “está oculta dentro y fuera del cráneo de Rostro Largo”, según consta en el Idra Rabba.


La cabeza superior del triángulo de arriba forma los Tres Rostros kabalísticos que constituyen los doce. Además, las doce figuras dan dos cuadrados o la doble Tetraktys que en la simbología pitagórica representan los mundos físico y espiritual. Los dieciocho ángulos internos y los seis centrales dan además de veinticuatro, dos veces el Sagrado Número Macrocósmico; también las veinticuatro Divinas Potestades Inmanifestadas.



Dice
Jámblico que “las Divinas Potestades se indignan contra quienes revelan la manera de inscribir en una esfera el dodecaedro, uno de los cinco cuerpos sólidos geométricos, compuesto por doce pentágonos regulares”.


El pentagrama situado en el centro del doble triángulo da la clave del significado para los filósofos herméticos y los kabalistas. Tan conocido es este doble signo que se ve en la entrada de los templos budistas, en las lamaserías y en los relicarios del Tíbet.

Los kabalistas medievales nos dan en sus escritos el significado del doble triángulo con el pentagrama central. Dice Paracelso: “El hombre es un Microcosmos contenido en el interior del Macrocosmos, como un feto sostenido por sus Tres principales Espíritus en la matriz del Universo”.


Estos Tres Espíritus son dobles, a saber:


1º. El Espíritu de los elementos (cuerpo terrestre y Principio Vital).
2º.
El Espíritu de las estrellas (el cuerpo astral y la Voluntad que lo gobierna)
3º.
El Espíritu del mundo espiritual (las Almas animal y Espiritual). El séptimo Principio es un espíritu casi inmaterial, el divino Augoeides, el Âtma, representado por el punto central, que corresponde al ombligo humano. Este séptimo Principio es el Dios personal de cada hombre, según dicen los ocultistas orientales y occidentales.


Al hablar de los cinco triángulos compuestos de cinco veces cinco o veinticinco puntos, dice el aludido autor que el pentagrama es un “número correspondiente con los veinticinco elementos constitutivos del ser humano”.

Supongamos que el autor entiende por elementos lo que los kabalistas decían cuando enseñaban que las emanaciones de las veinticuatro Potestades Divinas e inmanifestadas, que con el inexistente o céntrico punto son veinticinco, constituyen un perfecto Ser Humano.


Sin discutir el relativo valor de las palabras elementos y emanación, y teniendo en cuenta la observación adicional del autor de que “toda la figura” del Microcosmos es “el signo de Brahma o la deificada Energía Creadora”, resulta esta afirmación incongruente con el parecer de eminentes herméticos y kabalistas, para quienes las cinco puntas del pentagrama simbolizan los cinco miembros cardinales del cuerpo humano.


Aunque no pertenecemos a la escuela kabalística occidental, afirmamos que tienen razón en este punto, porque si los veinticinco elementos representados por la estrella de cinco puntas constituyen un ser humano, dichos elementos han de ser vitales, ya sean mentales o físicos, y si la figura simboliza la Energía Creadora, el concepto kabalístico resulta reformado. Los cinco elementos groseros: tierra, agua, fuego, aire y éter, entran en la constitución del hombre, y lo mismo da decir cinco órganos de acción que cinco miembros o cinco sentidos.


En el Codex Nazaræus, el libro más kabalístico, Mano, el supremo rey de Luz y jefe de los Eones, emana de sí los cinco Eones que con Mano y el Señor Ferho (la Vida ignota y sin forma de la que surgió Mano) forman los siete, que simbolizan los siete Principios constituyentes del hombre. Los cinco inferiores son puramente materiales y semimateriales y los dos superiores casi inmateriales y espirituales.


De cada uno de los siete Eones surgen cinco refulgentes rayos de luz, y en todos los antiguos ejemplares del Codex Nazaræus se ve que la cabeza, brazos y pies del hombre, están simbolizados en las cinco puntas del pentagrama.


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NOTAS

(1)
En la pirámide egipcia tiene el mismo significado. El notable arqueólogo francés, Dr. Rebold demuestra la gran cultura de los egipcios de 5000 años antes de la Era Cristiana, al afirmar, apoyado en varias autoridades, que en aquel tiempo existían no menos de treinta o cuarenta colegios de Iniciados que estudiaban Ciencias Ocultas y Magia práctica.

(2)
Compárese este concepto de los pitagóricos con el del sistema Sankia de Kapila, en el que Purusha y Prakriti sólo pueden manifestarse en el mundo sensorio cuando están combinados el uno con el otro.



El por qué las Razas se extinguen

El por qué las Razas se extinguen
(Why Races Die Out)

Escrito de William Q. Judge

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En el período en el cual vivimos, existen algunas razas próximas a la extinción, cuya causa muy a menudo se le atribuye a la influencia de los vicios de las naciones civilizadas. Los Hottentotes han completamente desaparecido y la declinación de los habitantes de las islas hawaiianas está casi terminada. Un destino igual involucra a los pieles rojas del norte y sur del continente americano, que lentamente están desapareciendo y hoy existe sólo un pequeño número. Lo mismo pasó con las poblaciones indígenas que habitaban los territorios ocupados por los españoles.

Los hottentotes habían casi alcanzado la cumbre de su decadencia cuando los descubrimos, pero los Aztecas, los Toltecas y otros sudamericanos, no habían aún llegado a ese punto cuando los españoles los conquistaron. Los indios americanos, habían ya empezado a desaparecer, mientras los hawaiianos eran menos que los indios. Según mi opinión, no es una explicación razonable decir que la causa de tal desaparición dependiese de la transmisión de nuestros vicios. Puede gustarle quizá al pesimista, que menosprecia esta civilización, pero no concuerda con todo hecho. El decrecimiento de la población de las islas hawaiianas, no puede ser con justicia atribuido a la transmisión y al abuso de alcohol y a otros males sociales, aunque fueron la causa de muchos daños. Por lo que concierne a los hottentotes, estamos seguros que las causas citadas no engendraron su desaparición, pues cuando los descubrimos, su extinción estaba llegando a su fin, mientras en el caso de los mexicanos y de los sudamericanos, no tuvieron el tiempo suficiente para adoptar los vicios españoles, ni estos se difundieron al grado de extinguir una población entera.

Según la teoría presentada por H. P. Blavatsky, cuando los Egos que habitan cualquier raza, han alcanzado el límite de la experiencia posible en ella, empiezan a abandonarla, buscando otra que seguramente existirá en cualquier otro sitio del globo, debido al proceso seguro de la evolución de la naturaleza. Entonces, los Egos, abandonan sus antiguas familias, las cuales empiezan a extinguirse a causa de la esterilidad de sus mujeres, factor que ocasionará un número siempre inferior de nacimientos. Esto pasa siglo tras siglo de pari paso con la decadencia mental. Este deterioro mental depende del hecho que la pequeña cantidad de Egos, que pudiéramos llamar retrasados, nacidos durante la fase descendiente, no han madurado la experiencia y el aprendizaje en aquel ambiente particular, desarrollados por los Egos que habían abandonado esa raza para entrar en una nueva. Por lo tanto, según la teoría teosófica, el cerebro no es el productor de la mente, los componentes de la antigua raza empiezan a ser diezmados, llegando a ser a la larga, una raza próxima a la extinción, mientras la desaparición final acontece cuando alcanza un estado muy adelantado.

Tan pronto como esta raza da los primeros pasos hacia la ancianidad y la decrepitud, las leyes cíclicas eternas, siempre empeñadas en mantener una correspondencia entre los asuntos humanos y las operaciones del cosmos, causan cataclismos y aún durante la aparente cumbre del poder de una nación, muchos cuerpos son diezmados. Actualmente, podemos captar algunas indicaciones de esto, en la gran destrucción de la vida humana que ha empezado a envolver las partes más antiguas de la nación china. Estas son señales que muestran el comienzo del éxodo de los Egos que acumularon una experiencia tan larga en ese ambiente racial, que empiezan a emigrar a cualquier otro sitio, porque su experiencia ha causado en sus caracteres algunos cambios, por lo tanto, los Egos llegan ser inadecuados para los viejos cuerpos, que abandonan de manera que otra clase de seres humanos menos adelantados comiencen a usarlos. Después de algunos años más, la violencia y el rayo de acción de los cataclismos aumentarán, diezmando un número siempre creciente de cuerpos y preparando otros ciclos.

Podemos suponer que los predecesores de los indios del continente americano, encararon experiencias semejantes, en cuanto en el continente americano existen pruebas de grandes convulsiones geológicas y de violentas inundaciones que trajeron consigo una inmensa cantidad de barro. Recientemente, en uno de los estados americanos, se ha descubierto que esta es la razón por la cual muchos animales fueron sepultados por largo tiempo. Mientras los seres humanos, guiados por la razón, se mudaron a otras partes para efectuar los tristes decretos del Karma que mandó su fin. Según la sugerencia precedente, los egos que aún no tuvieron una experiencia en aquel ambiente, ocuparon ese cuerpo racial para acumular la experiencia necesaria, alcanzable en el período aún disponible. Ahora, nuestra civilización, sirviéndose de las armas y de otros medios, está llevando a cabo la obra, pues por su parte está ejecutando la ley, creando sobre el antiguo terreno una raza completamente nueva en la cual se puede manifestar la experiencia adquirida por la mente en ciclos anteriores.

Este proceso es muy similar a lo que acontece en las familias. Los egos reencarnantes continúan en las familias adecuadas a su progreso mental, hasta cuando sea necesario, y si en el ciclo del renacimiento no existen más egos exactamente adaptados al estado físico, psíquico y mental de la familia, ésta empieza a extinguirse. A veces la familia en su manera reducida, muestra fenómenos de cataclismos naturales, pues sabemos que la ruina repentina y la rápida extinción pueden, muy a menudo, eliminar un núcleo familiar entero, sin dejar un descendiente en el grado más remoto.

Por lo tanto, concluimos diciendo que las razas, al igual que las familias, desaparecen cuando la gran alma peregrina no las necesita más para adquirir su experiencia.

 

 


Los Instructores del Mundo

La Teoría acerca de los Instructores del Mundo

Recopilado de Escritos de Jinarajadasa.
Artículo original aparecido en
El Loto Blanco” Magazine.


La teoría concerniente a los Instructores del Mundo, según se expone por muchos estudiosos en la actualidad, contiene elementos que derivan de varias fuentes. Son ellas:

I.- La tradición hindú de los Avataras.
II.- La tradición budista concerniente a los Bodhisattvas.
III.- La tradición cristiana relativa al Cristo como el segundo aspecto de la trinidad de Dios.
IV.- La tradición del Ocultismo acerca del Instructor del Mundo, el segundo miembro del Triángulo Oculto de la Jerarquía que gobierna el mundo.


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I.- LOS AVATARAS

La palabra Avatara significa DESCENSO, y se usa en un sentido especial: el de descenso o encarnación de Dios. El hinduismo afirma que lo divino encarna periódicamente en la tierra a fin de ayudar a la humanidad. Diez de tales avataras se reconocen en el hinduismo.

Son ellos: 1- Pez, 2- Tortuga, 3- Jabalí, 4- Hombre-león, 5- Enano, 6- Rama, con la Segur, 7- El Rey Rama, 8- Shri-Krishna, 9- Buddha, y 10- Kalki.
Algunos hindúes no se hallan completamente seguros de que el Buddha sea un Avatara en la acepción ordinaria de la palabra. Al Avatara de Shri-Krishna sobresale entre todos los demás en la mente de los hindúes. El Avatara Kalki está aun por venir.
Todos estos Avataras son solamente de Víshnu, la segunda persona de la Trinidad hindú. No hay Avataras de la primera persona, Brahmá, o de la tercera persona, Shiva. La razón por la cual son necesarias encarnaciones periódicas de la Divinidad, fue dada por Shri-Krishna, el Avatara, en el Bhagavad-Gitá, IV. 7, 8.:

«Cada vez que la rectitud decae y el mal es exaltado, vengo yo para la protección de los buenos, para la destrucción de los perversos; con el fin de establecer firmemente la Rectitud, nazco Yo de edad en edad»

Por consiguiente, un Avatara es una manifestación DIRECTA de Dios Mismo sin intermediario. Dios DESCIENDE para establecer la Rectitud cada vez que, durante la evolución, la iniquidad comienza a prevalecer. Entonces, el advenimiento de un Avatara, es la señal de que ha comenzado una nueva era en el progreso humano. Sin el advenimiento del Avatara, la Humanidad que está tendiendo a retrogradar, a causa de que sus energías espirituales van declinando, tomaría definitivamente la mala dirección.

El hinduismo considera que algunos de los Avataras, como el Rey Rama y Shri-Krishna son Purna-Avataras, es decir completos, en tanto que los demás no son tan «completos». Además, ciertos hindúes creen que el Mismo Shri-Krishna se manifiesta como una especie de Avatar menor, a través de sus discípulos, algunas veces más plenamente, otras menos. En Bengala, los secuaces de Shri-Chaitanya consideran que él fue una encarnación de Shri-Krishna.



II.- LOS BODHISATTVAS

La palabra Bodhisattva significa un «Sér de Bodhi» (Sabiduría), esto es, uno que está destinado a alcanzar la plena iluminación. El concepto de un Bodhisattva, es exactamente el reverso del de un Avatara, en el sentido de que el Bodhisattva es un ASCENSO del hombre hacia la Luz. Un Bodhisattva es un ser humano perfeccionado, quien se halla tan unificado con los sufrimientos de la humanidad, que por la más pura compasión renuncia a la liberación (Nirvána o Moksha) que había conquistado, a fin de hollar el largo y arduo sendero que lleva a la condición de Budha y mediante la cual da a los hombres la Sabiduría Perfecta. Por consiguiente, cada Bodhisattva llega a ser, a su tiempo, un Buddha, pero para lograrlo deberá tomar «el voto de llegar a ser un Buddha» ante un Buddha que viva en la tierra.

El Bodhisattva da instrucción a la humanidad sólamente como Buddha. Durante todas las vidas que El pasa en la tierra desde el tiempo de tomar el voto, trabaja en su propia purificación, adquiriendo las «Diez Perfecciones» las cuales lo conducirán hacia el Buddhado. Pero no da instrucción, y en los intervalos de sus vidas terrenales él mora en el «Cielo Tusita». La enseñanza que un Buddha da a la humanidad, es la misma que fue dada por los previos Buddhas, pues no hay más que un solo Sendero hacia la Liberación.

El Budismo afirma que hasta hoy han aparecido veintiocho Buddhas sobre la tierra, proclamando la Ley, la misma Ley, para la humanidad. El último Buddha fue Gautama; su sucesor es el Bodhisattva Maitreya, quien, llegado Su tiempo, aparecerá como el Buddha. En las tradiciones budistas, por lo menos en el Budismo del Sur, no hay idea de que el Bodhisattva Maitreya aparezca sobre la tierra para enseñar, antes de Su aparición final como el Buddha.

Cada Buddha enseña la Ley, no solamente a la humanidad, sino también a los Devas o Angeles. Un Buddha se llama «El Instructor de Devas y de Hombres». El Budismo afirma que una persona, «después de entrar en el Sendero» puede, si lo desea, entrar en el reino de los Devas y vivir desde entonces como un Deva.

Ya no encarnará después como un ser humano. Mas, puesto que el problema de la Liberación o de alcanzar el Nirvana es exactamente el mismo para los Devas como para los hombres, los devas requieren también un instructor que les enseñe el «Sendero». Por consiguiente, cuando un Buddha aparece sobre la tierra para instruir a la humanidad, El instruye al mismo tiempo a los Devas.
Los devas aprenden de un Buddha, de la misma manera que los discípulos humanos aprenden de un gurú humano.



III.- EL CONCEPTO LOGOS DEL CRISTO

El Cristianismo afirma que Jesús vino de Dios y que es Su Hijo. El es al mismo tiempo igual al Padre e inferior al Padre; y se alude a esta relación mística cuando se afirma que es el Padre el que «envía» al Hijo. El Cristo. Como hijo, actúa de Mediador entre la

Humanidad y el Padre. El vino a la expiación por los pecados de la Humanidad, y por consiguiente Su vida y Su muerte constituyen un sacrificio voluntario.


Mezclada con esta idea del Cristo se halla otra corriente de ideas, que se encuentra en el Evangelio de San Juan y la cual está íntimamente aliada con las ideas místicas de Philo Judaeus concernientes al Logos o «El Verbo». Sospechan algunos que San Juan tomó sus ideas de Philo, quien, a su vez, como es bien sabido, tomó su pensamiento capital del concepto que Platón tenía del Demiurgo, o Constructor del Universo. Cristo, como Logos, es el «Verbo hecho Carne». Es una parte del Plan de Dios, desde el principio de los tiempos, que el Logos vendría. «POR ESTA CAUSA YO VENGO EN ESTA HORA». Al aparecer así, el Logos Cristo efectúa un sacrificio Cósmico y es «EL CORDERO INMOLADO DESDE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO». Así como el Logos vive en el Padre, así todos los hombres viven en el Logos. «YO SOY EN MI PADRE, Y VOSOTROS SOIS EN MI Y YO EN VOSOTROS».

Nadie podrá ver directamente la más elevada Divinidad, sino tan sólo cuando ELLO se refleja en el Logos o Hijo. «NINGÚN HOMBRE HA VISTO AL PADRE EXCEPTO AQUEL QUE ES DE DIOS». Por consiguiente, el Cristo es el único Mediador entre el hombre y Dios, y de aquí que él es «LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA».
En la Religión Popular se Le denomina el Rey de los Angeles. Ellos cumplen Sus órdenes para ayuda de la humanidad.



IV.- LA TRADICIÓN OCULTA

Conforme ésta, hay un gobierno oculto del mundo, que se llama «La Gran Jerarquía». Los tres Jefes Ejecutivos de esta Jerarquía son:
I. El Señor del Mundo. II. El Bodhisattva. III. El Maha-chohan.


Cada uno de estos Tres, en cierta mística manera, es la manifestación de un Aspecto del Logos Solar. El Señor del Mundo es una manifestación del Primer Aspecto que es Ley-Voluntad: se le representa en la Trinidad Hindú por Shiva, y en el Cristianismo por Dios-Padre. El segundo aspecto del Logos es siempre dual, Sabiduría-Amor, y se refleja en el Bodhisattva. En el Hinduismo este Aspecto es Víshnu, y en el Cristianismo Dios- Hijo. El Tercer Aspecto que está representado por el Maha-chohan, es la Mente Creadora-Inteligencia; en el Hinduismo es Brahma, y en el Cristianismo Dios Espíritu Santo.

La Tradición Oculta afirma que durante los varios millones de años que dura la evolución de la humanidad en un globo, como nuestra Tierra, hay tres Señores del Mundo, siete Bodhisattvas que alcanzan el Buddhado, un número mayor aún de Maha-Chohans. Cada uno de estos desempeña un puesto en la Jerarquía, uno tras otro. Cada uno es producto de la evolución humana, con la excepción de que, justamente ahora, no estando la humanidad suficientemente adelantada para producir Señores del Mundo, este puesto ha sido desempeñado por los Adeptos de la humanidad del planeta Venus.

Estos miembros de la Jerarquía no son Avataras, es decir, «DESCENSOS» de lo Divino; cada uno es un ASCENSO de hombre a Adepto y Dhyanchohan. Sin embargo, quienquiera que desempeñe uno de estos tres cargos en la Jerarquía llega a ser, entretanto, una «ENCARNACIÓN», porque un Aspecto del Logos se mezcla con su ser y él representa para la humanidad aquel Divino Aspecto.
El deber del Bodhisattva es guiar el crecimiento espiritual de la humanidad y de los Devas adscritos a este globo, durante el período de su cargo. La duración de este período es de una Raza Raíz. Durante ese tiempo, cada religión y cada movimiento educacional en todos los países, se halla bajo Su vigilancia. El arregla un Plan estatuido por el Logos Solar. Cuando se hace cargo del puesto, asume la dirección de las religiones existentes, tal como fueron establecidas por sus predecesores; y funda nuevas religiones por Sí mismo, cada una con el sello de Su propio tipo de influencia particular.

Puesto que todos los sesenta mil millones de egos humanos están a su cuidado, su trabajo se lleva a cabo en todos los planos, visibles e invisibles. De un modo misterioso todos viven en El; así como una madre suple el alimento necesario para la criatura que lleva en su seno y la cual no puede obtenerlo por sí misma, así el Bodhisattva ayuda a la humanidad, mediante su acción, a crecer más rápidamente que lo haría sin ayuda. El ha sido denominado «EL CORAZÓN DEL MUNDO» porque todos los sufrimientos de los hombres se reflejan en su ser.

El Bodhisattva tiene como ayudantes a sus órdenes Adeptos y Devas, así como también aquellas almas que ya han «ENTRADO EN EL SENDERO» . Estas se dan cuenta de Su plan y están cooperando conscientemente con él para llevarlo a cabo; pero a la vez hay millares que, sin darse cuenta de Su plan, son sus agentes inconscientes. Tales son los sacerdotes de las religiones, así como todos los maestros que se dedican a la educación. El jamás constriñe a nadie a servir en Su plan, pero vigila las oportunidades de inspirar y guiar en la recta dirección a los ministros de religión que son altruistas, y a quienes se dedican a la educación de los niños.

A grandes intervalos de tiempo el Bodhisattva da un impulso nuevo a la humanidad afectando los reinos de la religión y de la educación. El hace esto ya sea encarnando sobre la tierra o fundando nuevas actividades o bien usando el vehículo de un discípulo que haya sido entrenado para tal propósito. El primer modo es raro. Cada vez que él desciende a la tierra, ya sea en directa encarnación, o mediante un discípulo, solamente una mínima parte de su conciencia, como Segundo Aspecto del Logos, puede manifestarse sobre la tierra, ya que ningún organismo humano podría suministrar expresión adecuada al espléndido ser de un Bodhisattva, cuando reside y trabaja en los planos invisibles para los sesenta mil millones de egos que están bajo Su cuidado. Todas las religiones son siempre sus canales; bien sea que él se halle directamente encarnado o bien que trabaje a través de un discípulo, Su labor para toda la humanidad continúa sin interrupción.


La tradición oculta enseña que el Buddha Gautama, durante sus vidas como Bodhisattva, apareció muchas veces sobre la tierra como Instructor y fundador de Religiones. De las muchas ocasiones en las que apareció El en la Raza Aria, cinco son dignas de especial mención pues en ellas inició movimientos religiosos de un carácter poco usual. Fue conocido en lo pasado como:

1. Vyasa, al principio de la primera sub-raza hindú de la Raza Aria.
2. Tehutí o Toth, cuando dio nuevo impulso religioso a los Egipcios arianizados que pertenecieron a la segunda sub-raza.
3. Zoroastro, el primero, quien apareció en la tercera sub-raza en Persia.
4. Orfeo, de Grecia, el instructor de la Cuarta sub-raza, la Céltica.
5. Gautama, cuando apareció otra vez en la sub-raza hindú, pero trayendo Su mensaje no sólo para la religión hindú, sino también para formar una Religión Mundial que se extendiera allende las fronteras de la India.
Por lo que hace a los planos inferiores, la ardua y dilatada tarea de un Bodhisattva culmina con la dación de Su Mensaje como Buddha. Entonces trasmite aquella parte de la labor de su departamento a su sucesor, el que ha actuado como su lugarteniente.
Habiendo terminado Su obra el Buddha Gautama, trasfirió las labores de Su departamento a su Sucesor el Bodhisattva Maitreya.


El Bodhisattva Maitreya apareció en la India, dos o tres siglos antes de J. C., como Shri Krishna , el Maestro de Devoción. Esta fue una encarnación directa, habiendo vivido el Gran Instructor como el Niño Divino. Después apareció en Palestina, pero en esta ocasión ocupó el cuerpo de un discípulo, Jesús, cuando éste tenía treinta y un años de edad. Posteriormente, El inspiró y guió a su discípulo Mahoma, sin haber ocupado tal cuerpo, para que diera las enseñanzas del Islam.
Puesto que el Bodhisattva trabaja ya sea directamente, o mediante discípulos suyos como intermediarios, todas las enseñanzas religiosas del mundo son en cierto modo Sus enseñanzas, si bien no es El responsable de las aberraciones de la Sabiduría Divina que han surgido de tiempo en tiempo.


Continuará…



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La Cultura de la Mente (II)

Escrito original de MANLY PALMER HALL
Del Libro: La Cultura de la Mente



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II Parte


LA FACULTAD DE COMPARAR


Francisco Bacon declaró que la facultad de comparación es una de las expresiones más elevadas de la actividad mental. Que Bacon fue correcto en ello, es evidente, porque en todas partes vemos métodos basados en la comparación. Una cosa es llamada buena porque es mejor que alguna otra; grande porque es mayor que otra, o pequeña porque es insignificante con relación a lo que le rodea.

Se dice que ciertas tribus que habitan las regiones de los Himalayas, viven en valles. Los valles tibetanos tienen una altura igual a las montañas más altas de las Rocosas y de las Sierras. Los valles tibetanos están, actualmente, a unos 15.000 pies sobre el nivel del mar, pero son llamados valles porque los rodean montañas que se alzan a miles de pies sobre ellos. Por eso, la falacia de la comparación resulta evidente. Asimismo, en una pequeña aldea, un hombre que tenga cincuenta mil pesos es considerado opulento, pero si se lo compara con los reyes de la finanza de Wall Street, será considerado como abatido por la pobreza.

El progreso es medido por comparación. Nos comparamos con los bárbaros y muy complacientes decimos que nuestra raza es civilizada. Para el filósofo, sin embargo, las cosas no deben ser consideradas en relación con otras sino consigo mismas. Decir que un hombre es más grande que otro, fijando como norma la de comparar una sandía con una uva y declarando que la sandía es un producto más excelente porque tiene mayor tamaño, no es correcto.

Ni Dios ni la naturaleza, es evidente, nos da uvas en tamaños tan generosos como los de la sandía, de modo que cada cosa debe ser medida de conformidad con su tipo.

Dos hombres, cada uno poseyendo un talento diferente en grado, pueden ser colocados a la par con el propósito de compararlos. Uno de ellos, diremos, tiene una mente excelente que ha cultivado con sumo cuidado; el otro, sólo posee un intelecto mediocre, habiendo sido forzado, por la presión de las circunstancias, a descuidar el entrenamiento de sus limitadas dotes mentales. Es obvio que los dos individuos no pueden ser medidos con la misma vara, sino que se les debe considerar de acuerdo con las cualidades de sus propios vehículos y el uso hecho de las oportunidades que se les ha presentado en la vida. Un hombre que ha tenido cien oportunidades y se ha aprovechado de noventa de ellas, es nueve décimos perfecto.

Otro, que tuvo sólo diez oportunidades y aprovechó nueve de ellas, es también nueve décimos perfecto. En consecuencia, al juzgar a la gente, debemos estimarla por su propio “standard” y no por el nuestro. Tenemos propensión a ponernos nosotros mismos como “standard” o modelo, aceptando o rechazando a la gente conforme ella responde a nuestro tipo establecido. Este método de tasar cada cosa o individuo, es, ostensiblemente, injusto y antifilosófico. Cada individuo es sincero cuando lo es consigo mismo.

Reconociendo el infinito número de individualidades – cada una en diferente etapa de desarrollo de sus propias potencialidades divinas -, el filósofo comprende que cada hombre o mujer, leño o piedra, es una ley en si y debe ser considerado como un proceso individual. Ninguna ley planeada hasta ahora es justa tanto para el individuo como para la masa. Si se es justo con el individuo se es injusto para con la masa, y viceversa. De acuerdo con esto, es el pensador quien debe decidir si debe enfocar su atención sobre el individuo o la masa. Cada caso es un problema en si, completo y separado.



LOS ORÍGENES DEL CONOCIMIENTO


Los elementos del conocimiento son aceptados por la naturaleza mental a través de tres canales directos del mundo externo y un canal directo del mundo interno o superfísico. El método último es denominado inspiración, y los otros tres métodos físicos son llamados: experiencia, observación y experimentación. La experiencia, la cual tiene su correlación con la institución religiosa, es el más antiguo y venerable maestro del hombre. La religión ha buscado siempre enseñar al hombre haciéndole sentir y experimentar, dentro de su propio corazón y alma, las acciones y reacciones de las doctrinas por ella promulgadas.

La religión continuamente destaca el hecho de que el hombre es parte del proceso que ella enseña; pinta el cielo en brillantes colores y el infierno en tonos más vívidos aun, intentando inspirar al hombre en la búsqueda del primero por su proximidad con el último.

Sin embargo, la observación y experimentación tienen más éxito cuando el observador o experimentador puede mantenerse a si mismo separado del tema de su búsqueda. Próxima a la experiencia, en antigüedad y veneración, está la observación. Los más grandes pensadores de antaño, tenían el hábito de observar. Como ejemplo podemos citar los griegos, quienes fueron los primeros en establecer las clínicas médicas, en las cuales se reunían los médicos a vigilar durante horas los pacientes, buscando familiarizarse con los más pequeños detalles de cada enfermedad. Para los griegos, el cuerpo humano era demasiado sagrado para someterlo a la disección. En consecuencia, no eran anatomistas; su conocimiento derivaba de la inducción más que de la experimentación.

El más gran observador del mundo moderno fue Paracelso de Hohenheim, quien declaró que la naturaleza es un gran libro y que el que mejor lee en sus páginas es aquel que las recorre con sus propios pies. Siguiendo su propio consejo, Paracelso viajo a pie por casi toda Europa y Cercano Oriente, catalogando cuidadosamente el resultado de sus investigaciones. Así como la experiencia está directamente relacionada a la religión, la observación lo está a la filosofía.

La experimentación es el más reciente camino por el cual se deriva el conocimiento. Mientras el observador y vigila y estima los fenómenos naturales, el experimentador produce el fenómeno a voluntad. Alcanza el mismo fin que el observador, pero simplifica, considerablemente el proceso, y lo trae dentro de los confines de un laboratorio apropiadamente equipado. La escuela experimental ha descubierto mucho de valor para el mundo, y sus investigaciones han aportado una inestimable contribución a la salud y bienestar de la raza humana.

La experimentación es un método peculiarmente relacionado a la ciencia y constituye el verdadero basamento de la investigación científica moderna. La naturaleza produce el acaecer de las cosas; el científico las fuerzas a que ocurran, preparándose, primero, para derivar en la mayor medida el beneficio de sus experimentos, conducidos en las más ideales condiciones.

Así pues, la religión, filosofía y ciencia son métodos para acumular el conocimiento, así como también, instituciones para la circulación de los dogmas y aserciones. Su valor, sin embargo, como canales del conocimiento es muchísimo mayor que el de promulgar nociones o ideas.

Galeno y Avicena, encadenando la mente humana al dogma, paralizaron el progreso científico durante la Edad Media. El progreso actual en los dominios de la ciencia material es debido, grandemente, a la observación y experimentación; y así como estos factores han contribuido tan eficazmente al logro del conocimiento físico, pueden ser adaptados, con igual beneficio a los fines de la filosofía.



CONCILIACION DE LOS OPUESTOS


A través de la naturaleza nos vemos enfrentados con el principio de la dualidad. Hablamos de bien y mal, arriba y abajo, adentro y afuera, luz y oscuridad, amor y odio, crecimiento y decadencia, y una enormidad de otras polaridades contrarias. Nosotros hemos creído siempre en la realidad de estas polaridades, siendo que, por el contrario, no tienen una existencia verdadera fuera de la ignorante mente individual. “Pero”, – el lector podrá protestar – “la vida seguramente existe, y la muerte también, porque yo he visto gente venir al mundo y he visto también a los que dejan el mundo”.

En la antigüedad había una escuela de filosofía célebre por su método de conciliación o transposición de los opuestos. La declaración: “Dios es el bien”, puede ser invertida y ser igualmente cierta, así’: “El bien es Dios”. Con igual propiedad, podemos decir: “La vida es muerte”, y también: “La muerte es vida”.

El nacimiento físico representa una transición de lo divino al estado humano. Eso que nosotros eufemísticamente denominamos el comienzo de la vida es, realmente, el descenso del principio divino en una forma corpórea, en donde, durante la llamada vida, debe estar sujeto a restringidos límites de la forma. Aquí las facultades divinas encontrarán medios inadecuados de expresión y pasarán por el invariable ciclo de enfermedad, sufrimiento y muerte. Por lo tanto, desde el punto de vista puramente espiritual, el nacimiento físico es muerte espiritual, y, a la inversa, cuando el espíritu se libera del cuerpo – lo cual el hombre llama muerte – es, realmente, el renacimiento del espíritu, el retorno a su estado eterno.

Pero, el lector notará que los opuestos: “nacimiento y muerte”, aun subsisten después de la transposición. Sin embargo, esto tampoco es verdadero, porque el que vosotros llaméis al proceso muerte o vida no depende del proceso en si, sino más bien de la posición que se adopte con respecto al proceso. Tomad, por ejemplo, los aspectos “bien” y “mal”. Entre estos dos pares de opuestos, en la parte media, hay un punto neutral que puede ser llamado la condición tal como es realmente.

Si nosotros estamos en armoniosa conexión con la cosa tal como es, llamamos a esto “bien”, porque disfrutamos las reacciones de la armonía. En cambio, si estamos en desarmonía con la cosa en si, lo llamamos “’mal”, porque estamos sufriendo la experiencia engendrada por la falta de armonía. Independientemente de la manera como pueda ser considerada por nosotros la cosa, su naturaleza esencial permanece siempre incambiable.

Algunas veces encontramos un individuo que está sufriendo por alguna imprudencia. Podrá decirnos, con ligereza, que ha roto una ley natural y está sufriendo el resultado de su transgresión. Pero, con sólo pensarlo un poco, la persona inteligente se convencerá que ningún individuo tiene jamás el poder o prerrogativa de romper una ley natural. En realidad, es la ley natural la que produce el impacto en el individuo cuando intenta cambiar la inevitable secuencia de sus reacciones.


Cada aspirante a la libertad mental debería realizar la ilusoria existencia del llamado bien y mal, ya que cada poder y fuerza de la naturaleza está cooperando, consecuentemente, para el ultérrimo logro de la perfección. El mal existe únicamente en el sentido de que no hubo un ajuste adecuado a esos poderes o fuerzas de la naturaleza, los cuales se convierten en agentes de destrucción (esto es: mal), cuando el individuo trata de emplearlos equivocadamente, y que asumen el aspecto benéfico (bien) sólo cuándo el individuo retoma la actitud correcta, o sea una manera normal o racional de vivir.



OPTIMISMO VERSUS PESIMISMO


Las conocidas leyes de expansión y contracción, tan fundamentales en el campo de la física, tiene su analogía filosófica en las cualidades de optimismo y pesimismo. En el plano ético, el optimismo es la expresión de la ley de expansión, y el pesimismo, de la ley de contracción.

Hay dos tipos distintos de optimista. Uno, es aquel que es feliz porque nunca asumió sus responsabilidades; el otro, aquel que es feliz enfrentándolas, y viendo el resultado de las responsabilidades dispone de ellas en forma satisfactoria. Ambos son optimistas – el primero, decididamente objetable; el segundo, glorioso y deseable. Uno, es el hombre que ríe cuando juega, y el otro, quien ríe cuando trabaja. La única diferencia entre el trabajo y el juego consiste en la actitud mental. El trabajo, es la cosa que tenemos que hacer; el juego es la cosa que hacemos por nuestro gusto. Por eso, cuando un individuo ama a su trabajo, éste se convierte, realmente, en juego. Pero esa actitud se encuentra raramente.

Hay, igualmente, dos tipos de pesimista. El primero, es el individuo cuyo ánimo está destrozado por los golpes del destino. El segundo tipo, es aquel que, a pesar de no haber experimentado reales infortunios, ¡esta lleno de temor de que los llegue a sufrir! Hubo un pesimista de este tipo, del cual se dijo que tenía un dicho así: “Si tu fuerza es capaz de mover montañas, ¡puede ser que muevas un grano de mostaza!”.


Como regla, el optimista se desliza sobre la superficie de la vida, en tanto que el pesimista tiene la particularidad de arrastrarse hasta el fondo de todo agujero o foso que encuentra en su camino. Ambos, el optimista y el pesimista, se asemejan a los caballeros antiguos, tocados con su coraza de hierro, estando el optimista fortalecido en su actitud contra las tinieblas y el pesimista contra cada simple rayo de sol. Sin embargo, ni el optimista ni el pesimista conocen realmente la vida tal como es.

Si vosotros tendríais que elegir entre uno y otro, sed optimistas; porque es casi seguro que el pesimismo tendrá como resultado: reumatismo, anquilosis prematura, disminución o endurecimiento de las arterias, y una legión de otros males físicos. El pesimismo es una actitud, que fundamentalmente, nos retrae, limita, estrecha y enceguece, mientras que el optimismo, a menudo, expande la naturaleza física, y siempre, la mental. Pero, entre ambos, está el punto de equilibrio – la posición más perfecta que puede la mente ocupar.

El hombre deriva del optimismo no sólo la creencia en la universalidad de la bondad sino también el coraje de seguir adelante para lograr el triunfo. Del pesimismo proviene no sólo la franca revelación de su propia flaqueza sino también un excesivo grado de cautela que vampiriza toda iniciativa. El optimismo es impulsivo; el pesimismo rechaza, repele.

Las zonas frígidas pueden ser relacionadas con el espíritu del pesimismo. En él todo se contrae y la vida es una interminable lucha para subsistir. El optimismo tiene una analogía similar a la zona tórrida, en donde todas las responsabilidades quedan reducidas al mínimo y en cada árbol hay colgando un vale para comida. Los pensadores del mundo, sin embargo, no están constituidos ni por el esquimal ni por el hotentote, sino más bien por las razas que habitan las zonas templadas, en donde se mezcla el enervante calor del sur con los paralizantes fríos del norte. Así como el gran trabajo del mundo es hecho por aquellos que viven en climas templados, así también, por analogía, los pensamientos universales alcanzan verdadera y plena expresión en las mentes templadas.



RELACION DEL PENSAMIENTO CON LOS CUATRO ELEMENTOS PRIMARIOS


Siguiendo el ejemplo de los caldeos, enseñaron los griegos, egipcios y hebreos que el universo inferior consistía de un compuesto de los cuatro elementos primarios: tierra, agua, fuego y aire. Los egipcios encarnaron estos elementos en el símbolo de la esfinge, como lo habían hecho antes, con similar intento, los asirios al fabricar su monstruo mitológico, el hombre toro.

Los hebreos, también, fabricaron una extraña bestia, llamada cherubin, que tenía cuatro cabezas, una de hombre, otra de león, otra de águila y la última de toro. A estas cuatro cabezas se asignaron los signos fijos del zodíaco: también, los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Con relación a los cuatro elementos, el toro se asignó a la tierra, el águila, al agua, el fuego al león, y el aire a la cabeza humana. Sobre la cruz, compuesta de estos cuatro elementos, fue crucificado el Cristo-hombre, o Alma del Mundo. El prototipo tierra, agua, fuego y aire de los antiguos, devino el carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno de la ciencia moderna – las cuatro sustancias primarias que son la base de toda estructura corpórea.


No sólo el cuerpo físico del mundo tiene esta constitución cuaternaria primaria, pues también encontramos en el reino del pensamiento cuatro elementos tan indispensables como aquéllos para la naturaleza mental. Por ejemplo, en el plano del pensamiento, el elemento tierra se manifiesta como practicidad, el elemento agua como versatilidad, el elemento fuego como impetuosidad y el elemento aire como idealidad. En consecuencia se puede decir que es perfecta la mente en la cual se encuentran estos cuatro elementos en proporciones iguales.


Cuando los griegos construían una ciudad, elegían un sitio en el cual estuvieran reunidos armoniosamente estos cuatro elementos (tierra, agua, fuego y aire). Si había demasiada agua, la humedad hacía peligrar la salud; si demasiado calor, se quemaría la vitalidad. La tierra se consideraba la polaridad del frío; el agua, la polaridad de la humedad, y el aire, la polaridad de la sequedad. Así como la armonía de estos elementos producía el ambiente ideal para el desarrollo de la cultura, la armonía de las analogías mentales de estos elementos producía un ambiente ideal para el desarrollo y bienestar mental.

Si la mente es demasiado práctica, la naturaleza deviene fría como la tierra. Si es demasiado impetuosa, la razón se ofusca como si estuviera rodeada por un consumidor fuego. Cuando el elemento terreno del pensamiento (practicidad) predomina, se produce el materialista: cuando el elemento ácueo del pensamiento (versatilidad) predomina, tenemos al inconstante; cuando el elemento ígneo del pensamiento (impetuosidad) predomina, nace el fanático; cuando el elemento aéreo del pensamiento (idealidad) predomina, el idealista sin sentido práctico, o el soñador se produce. Sin embargo, cuando todo se mezcla de modo adecuado, la idealidad es controlada por la practicidad, la impetuosidad es dirigida por la idealidad, y la naturaleza rígida de la practicidad brilla por la influencia de la versatilidad.

Si después de analizar cuidadosamente su equipo mental, el individuo encuentra deficiencias en algunas de esas cualidades mentales, deberá comenzar de inmediato a cultivar ese elemento particular hasta el punto en que la deseada armonía de su expresión mental sea establecida. Así considerados, estos cuatro constituyentes pueden ser denominados los elementos primarios del pensamiento humano.


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EL PENSAMIENTO EN SU CORRELACIÓN CON LAS ÓRDENES DE LA ARQUITECTURA GRIEGA


Vitrovius, describiendo los templos de los antiguos griegos, en su famosa obra sobre arquitectura, nota que en su construcción fueron empleados tres tipos distintos de arquitectura. A los dioses superiores y héroes erigieron edificios del orden dórico; porque siendo sólidos pero simples, eran considerados apropiados para las divinidades masculinas. A las diosas y deidades menores, erigieron estructuras del orden jónico; mientras que a las más etéreas y graciosas deidades – tales como Venus, Flora y las ninfas – se consideraba adecuado la erección de templos corintios.

Para los griegos, el templo representaba el símbolo del orden Universal. Los tres tipos de columnas diseñadas para soportar los techos de los templos, tipifican el triple poder de la mente que lo sostiene – el orden racional del mundo -. La tríada pitagórica de Padre, Madre e Hijo, como se presenta comúnmente en el problema N° 47 de Euclides, tiene correspondencia con estos tres órdenes de pilares. El Padre, es el poderoso e imponente orden dórico, la Madre es el orden jónico, cuyas estrías representan los pliegues de su falda; el Hijo es el orden corintio, cuya adolescencia es representada por la sutil simetría de la columna.

Por analogía, encontramos la razón humana sostenida por tres pilares. Correlacionado con el orden del saber, la columna dórica o masculina representa la ciencia; cuando la correlacionamos con los métodos de lograr seguridad en el conocimiento, es observación; y cuando lo hacemos con los procesos de la mente, es pensamiento. Similarmente, la columna jónica, o femenina, representa, en el campo del conocimiento, la filosofía; con relación a los métodos de obtener el conocimiento, es la razón; y con relación a los procesos de la mente, es intuición. En el orden del saber, la columna corintia, o adolescente, representa la religión; relacionada a los métodos de obtener el conocimiento, es la fe; y con relación a los procesos de la mente, es la imaginación.

En el simbolismo masónico, los tres órganos de las columnas griegas son referidas a la Sabiduría, Fuerza y Belleza - tres cualidades esenciales para la expresión armoniosa del alma humana -. La Casa Universal está sostenida por la Sabiduría, Fuerza y Belleza. La Sabiduría representa el desarrollo de la mente al estado de realización y entendimiento. La Fortaleza significa la perfección de la estructura física y el asentamiento de la voluntad sobre los seguros cimientos de la iluminación y el orden. La Belleza significa el ajuste armonioso de las partes, dando simetría a la estructura total y encontrando su más natural respuesta a través de las emociones y percepciones sensorias.

Además, las tres columnas masónicas declaran que la Casa Universal está sostenida por el trino y único basamento de una mente iluminada, una mano poderosa y un corazón puro. La mente tiene como antiguo símbolo, el aire; la mano, la tierra o el agua; el corazón, el fuego. El nombre Chiram o Hiram, familiar a los estudiantes de los símbolos masónicos, está compuesto por tres caracteres antiguos que significan: aire, fuego y agua.


Por eso, el corazón, la mente y la mano, unidos en una causa común y personificados por el arquitecto y el artesano, se convierten en los constructores del Templo de Salomón – esa Divina Morada que la razón del universo está gradualmente erigiendo como un permanente tributo a esa Causa Desconocida, que es su origen.



EL RITMO COMO FACTOR EN EL PENSAMIENTO


Somos deudores a la ética de Lao-tsé de nuestro más notable concepto sobre la teoría y práctica del ritmo. Hasta cierto punto, el ritmo es el fluir natural de las cosas siguiendo el curso desde su origen; ritmo es, por lo tanto, la expresión natural e irresistible de una agencia causal. Opuesto al ritmo natural, cuyo ejemplo tendríamos en la rompiente de las olas sobre la playa, el murmullo del viento entre las copas de los árboles, o ese interminable canto que es la voz de la naturaleza, hay un falso “standard” de ritmo, el cual, creado por el hombre, muy a menudo está desprovisto de sentido estético.

Se ha dicho que la naturaleza piensa y se mueve en curvas, mientras que el hombre piensa y se mueve en ángulos. Los ángulos son abruptos, las curvas son graduales. A este respecto, es así como el hombre se diferencia de la naturaleza. Los griegos y orientales intentaron expresar el ritmo de la naturaleza por medio de la danza; porque, como tan bien comprendiera Havelock Ellis, los antiguos consideraban la vida como comparable a una danza. Comparando el ritmo e influencia de la estética griega con lo grotesco de los modernos devotos de Terpsícore, se verá en la danza una expresión profunda de las sensibilidades de nuestra raza, una verdadera clave del ritmo de nuestra alma. Mientras el ritmo de la antigüedad está mejor expresado por la curva, por su gracia y dignidad de expresión, cada reacción de la danza moderna es angular.

Consideremos de igual modo el ritmo del pensamiento. En la simple, agradable dignidad de la verdadera inteligencia, puede ser visto lo que podría llamarse la curva estética, en tanto que en la desorganización característica de la mente moderna encontramos la falsa y angular cultura con que hemos sustituido los antiguos ideales.

Varios pensadores griegos eminentes, consideraban la danza como indispensable a la filosofía. Hay muchos relatos de Pitágoras conduciendo a sus discípulos en rítmicas danzas. No les enseñaba ciertos pasos arbitrarios, sino más bien aquel ritmo que era como un impulso natural del cuerpo, despertado por la música, cuando alguna ennoblecedora armonía era arrancada de la lira. Eso era una forma de expresión corpórea, que significaba que el alma no era sólo capaz de recibir lo bello y verdadero, sino también de expresar, por medio del cuerpo, aquellos impulsos rítmicos y armoniosos que la acción de la música hacía despertar del estado latente a la expresión consciente.

El mero entrenamiento intelectual no producirá nunca un filósofo, como no hará al artista una caja de colores. Un filósofo es aquel cuya vida está tan enteramente en armonía con el ritmo natural – tan penetrado con la realización y entendimiento del orden natural del cual es parte -, que involuntariamente sus pensamientos son verdaderos y su lógica segura.

Es muy difícil imaginar un científico moderno danzando en la cima de alguna montaña, en las primeras horas de la mañana. Sin embargo, si él pudiera hacer el experimento, podría descubrir, posiblemente, que uno de los modos más rápidos y seguros de comprender la naturaleza es permitir a ella que fluya a través nuestro.

Un antiguo filósofo dijo, cierta vez, que hay algunas cosas que sólo pueden ser entendidas yendo hacía ellas y permaneciendo en su presencia silenciosamente. Después de un tiempo, la cosa que deseamos entender fluirá dentro de nuestra conciencia y se convertirá en parte de nosotros mismos. Cuando nosotros y la cosa que deseamos conocer se identifiquen en esa forma, entonces – y sólo entonces – nos revelara su naturaleza real.



EL AMOR COMO FACTOR EN EL PENSAMIENTO CIENTÍFICO


Sólo cuando la mente confronta los problemas con humildad, reverencia y amor, puede lograr su solución perfecta. La ciencia moderna no comprende que la actitud del investigador influencia profundamente el resultado de la investigación. La simpatía no debe confundirse con entendimiento. La simpatía es una emoción superficial; el entendimiento es el sentimiento más hondo que el hombre es capaz de experimentar. Toda la naturaleza abre su corazón a un alma comprensiva. Los más profundos secretos del universo serán revelados al intelecto noble e inteligente; en cambio, para el cínico, el materialista o el que sólo cree en el hecho material, los arcanos de la vida permanecerán ocultos.

De algún modo misterioso, el leño, la piedra o la brizna de hierba sienten a aquel que los ama y sirve, y es a quien revelarán su naturaleza oculta. En estos últimos años, un gran hombre de ciencia hindú ha descubierto que las plantas realmente sienten, sufren y aman. Tenemos todavía que realizar que toda naturaleza vive y que sus secretos deben serle delicadamente evocados por el conjuro del amor, y no tratar de arrancarlos en la torpeza del entendimiento materialista.

La sabiduría es más grande que el intelectualismo, porque la sabiduría ha visto detrás del velo, en tanto que el intelecto es sólo capaz de analizar la urdimbre externa de la vestimenta. Lutero Burbank llevó a cabo aparentes milagros con sus plantas en razón de que no las consideraba cosas inanimadas, sino entidades vivientes, con las cuales podía conversar. Como un padre arguye con sus hijos, así el argüía con sus flores, y ellas conocían su voz y la obedecían.

Debe considerarse todo problema con reverencia, porque cuando el hombre resuelve los misterios, ha levantado el velo del Maestro de los Misterios. Cada vez que su mente atraviesa el caparazón de la ignorancia y encuentra una verdad de oro oculta dentro, ha abierto una nueva puerta en el camino que lo conduce al trono de la Divinidad. Para pensar con éxito, amad las cosas sobre las cuales pensamos – no con amor egoísta porque son vuestros pensamientos o vuestras cosas, sino con amor inegoísta, porque cada pensamiento es un pensamiento divino y cada cosa es una cosa divina.

La ciencia, armada con su telescopio y microscopio, busca arrebatar los secretos de la creación de los altos cielos y de las profundidades de la tierra. Pero edad tras edad van quedando los secretos del cielo y de la tierra inviolados. El alma de la naturaleza hace su llamado al científico, pero éste no lo escucha, porque sólo el alma puede oír la voz del alma. Por lo tanto, si el hombre desea descubrir el lado invisible de la naturaleza, debe invocar la ayuda de la parte invisible de él mismo. Lo visible discierne lo visible; lo invisible, lo invisible.

Si buscáis esa iluminación de las facultades de la mente que perciba con mayor claridad los supremos secretos del origen y destino humanos, estad seguros, primero, de que vuestros corazones albergan sólo los más elevados motivos, la más inegoísta de las aspiraciones.

No dejéis nunca de tomar cada labor con una mente amplia y los ojos abiertos. Si tenéis una noción mezquina de vosotros mismos, la voz débil de la hierba será inaudible. Sin embargo, si vosotros os mantenéis muy tranquilos íntimamente, escuchando muy cerca, hablando suavemente y preguntando con humildad, recibiréis la respuesta – respuesta que escapará por siempre al discernimiento del científico dogmático, quien no puede “volverse como un niño” y escuchar la voz de la naturaleza a través de su legión de partes, las cuales, en su conjunto, elaboran la vida del universo.



LOS TRES PLANOS DEL PENSAMIENTO


Los antiguos dividían el universo en tres partes: los mundos Supremo, Superior e Inferior. El Mundo Supremo era la morada de la Deidad y sus emanaciones inmediatas. El Mundo Superior era la morada de los espíritus supermundanos – no solamente aquellas deidades que, aunque de origen divino, tienen algo de sustancia natural sino también aquellos héroes que, aunque hijos de la tierra, han alcanzado el estado de deidades en razón de sus trascendentales obras. Estos dos últimos grupos eran considerados respectivamente como Mortales Inmortales e Inmortales Mortales. El tercero, o Inferior era el Mundo del universo físico, que es la morada de los espíritus terrestres, los cuatro reinos de la naturaleza (minerales, plantas, animales y el hombre), deidades subterráneas (elementales), y espíritus tutelares.

En virtud de su triple constitución, el hombre vive en todos estos tres mundos. Su principio espiritual reside en la esfera suprema, su intelecto mora en la segunda, o mundo medio, porque éste participa de las cualidades humanas y divinas, en tanto que el cuerpo funciona en el mundo físico y está compuesto de los reinos elementales, que constituyen las fuerzas de este mundo.

La mente, también, fue susceptible de una división en tres partes correspondientes. La mente divina del hombre es capaz de ascender a la realización de su principio espiritual; su mente animal es capaz de descender a los abismos de su naturaleza física inferior; y entre ellas, en el mundo medio, está su mente humana – la cualidad conciliadora que une los dos extremos. La mente animal está destinada sólo a la gratificación de las percepciones sensorias. Por eso, ella proyecta y lucha por conseguir comodidad corpórea; ignora las responsabilidades de la vida, y al ser gobernada por esta faz de la naturaleza mental, los iniciados griegos declararon que era espiritualmente muerta.

En el simbolismo antiguo, el Mundo Supremo era representado como la esfera blanca, el superior como la esfera gris, y el inferior como la esfera negra. Sirviéndose del simbolismo pagano, los cristianos metamorfosearon estas tres esferas en cielo, tierra e infierno. El cielo estaba representado por el blanco, porque la luz representa la condición de la iluminación espiritual que acompaña al perfecto desarrollo de las facultades.

De la esfera gris central fue inferida la naturaleza mental, la cual es una mezcla de luz y oscuridad, ya que aún en los más evolucionados intelectos hay, todavía, en cierto grado, ignorancia mezclada con la sabiduría. La plena oscuridad de la tercera esfera significa tristeza, incertidumbre, aflicción y pena, las cuales prevalecen cuando falta la iluminación.

Muy pocos comprenden que el cielo, tierra e infierno son condiciones de la conciencia y no lugares o localidades. El cielo, tierra e infierno se ínter penetran, ocupando todos el mismo lugar en el mismo tiempo, y el hombre funciona y existe en cualquiera de estos tres estados, con los cuales armoniza según su punto de vista espiritual, intelectual y ético.

Vive en el cielo aquel que realiza el eterno y todo penetrante poder del bien, y vive para servir a sus semejantes. Está en el infierno quien, ignorante del propósito de la vida, odia y teme, y lucha contra ese desconocido poder que modifica sus fines. Se denomina humano aquel en quien están combinados el gozo del cielo y el temor del infierno. La vida es una gradual ascensión en la cual el alma se eleva a si misma del pegajoso cieno terrenal hasta la clara luz blanca del entendimiento.



CÓMO DETERMINAR LA IMPORTANCIA RELATIVA DE UN ARTE O CIENCIA


Para desarrollar la facultad de discernir, Pitágoras planteó un método por el cual las cosas superficiales se eliminaban por un procedimiento simple y directo. Pitágoras declaró que las artes y ciencias como los números, pueden ser consideradas como emanando de una mónada primaria y, por lo tanto, su grado de importancia relativa podía ser determinado por la distancia que las separa de su principio. Así, pues, si tomamos los números 1, 2, 3 y 4, y aceptamos el 1 como mónada o principio, el 2 será inferior al 1 pero superior al 3 y 4, porque su poder esta cerca del 1, mientras que el 3 está desplazado más allá del 1, y el 4 todavía un lugar más. Además, el 4 es cuatro veces 1.

Quitando uno de estos 1, la constitución del 4, en consecuencia, es destruida, quedando el 3. Similarmente, quitando otro 1 del 3, la estructura del 3 es destruida y el 2 queda. Por una sustracción similar, la estructura del 2 es destruida y queda, solamente, el 1 o mónada de los números. El número 1 es, por lo tanto, el más grande, porque sobrevive a la destrucción de todos los otros números.

Por un proceso similar de eliminación, Pitágoras declaraba que la diferencia entre una ciencia fundamental y cualquiera de sus dependientes puede ser prontamente determinada, porque todas las dependientes pueden ser quitadas sin destruir la ciencia raíz o clave; pero si la ciencia raíz o clave es eliminada, las dependientes desaparecen con ella. Por ejemplo, si cortáis una rama, el árbol sigue viviendo; pero si arrancáis la raíz, todas sus ramas se mueren.

Pitágoras diferenciaba la ciencia raíz de sus ramas, con el siguiente simple método. Las matemáticas constituyen la raíz principal del árbol de la sabiduría, porque mientras todas las artes y ciencias dependen de ellas, las matemáticas no tienen ninguna dependencia. La matemática, por lo tanto, constituye el 1, o mónada del perfeccionamiento intelectual. Luego, en grado de importancia al 1 (matemática) está el 2, apropiadamente emblemático de las dos ciencias gemelas de la música y la geometría, seguido por el 3, denominado astronomía.

La astronomía es una ciencia subordinada porque, dado que depende de la geometría y la música, las últimas no dependen de aquélla. Quitemos la geometría y eliminamos la armonía sideral. Pero quitemos la astronomía y ni la geometría ni la música son afectadas. Lo que puede ser quitado sin destruir la integridad del todo, es una cosa dependiente. De aquí, pues, la astronomía depende de ambas, geometría y música.

Por idéntico proceso de eliminación, vemos que la geometría y música, ambas, a su vez, dependen de la matemática; porque quitando el factor matemático no sólo destruimos la razón y estructura de la música sino, también, el fundamento de la geometría. Siendo subordinadas a la matemática, ambas, geometría y música, pueden ser eliminadas, quedando, así, establecida la matemática como la primera y fundamental ciencia del intelecto humano, siendo todo otro arte o ciencia una mera expansión y adaptación a los principios matemáticos.

Se concluye de lo antedicho que todo aquel que desee ser filósofo debe ser primero matemático; porque la matemática entrena la mente en el principio de exactitud. Siendo la filosofía abstracta en su mayor parte, está más allá del alcance de la mente que no está entrenada para actuar con cautela y seguridad. La mayoría de los clarividentes han adquirido percepciones suprafísicas más por el estudio de las matemáticas que por cualquier otro arte o ciencia. Pitágoras, en consecuencia, desarrollaba por las matemáticas la facultad de la exactitud; por la geometría, la facultad de la proporción; por medio de la música, la facultad del ritmo, y por la astronomía, la realización de las inmensidades cósmicas.



Continuará…

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Mes de AGOSTO

Extractos de: GEMAS DE ORIENTE
Recopiladas por H. P. BLAVATSKY

 

Mes de AGOSTO

“La muerte no tiene poder para destruir el alma inmortal,
Que, al convertirse en polvo su cuerpo actual,
Busca otra morada nueva y con fuerza renovada
Inspira luz y vida en otra estructura.

 

Y yo mismo (recuerdo bien el pasado),
Cuando los feroces griegos cercaban la sagrada muralla de Troya,
Fui el valiente Euforbo; y en la triste batalla
Derrame mi sangre bajo la lanza de Atrides.

 

El escudo que este brazo llevaba lo he visto
En el santuario de Juno, como trofeo de esa guerra”

 

JOHN DRYDEN Fables,
Ancient and Modern, del libro 15 de las Metamorfosis de Ovidio, 227-36

 

 

 

1.- El hombre que descuida la verdad que encuentra en su alma para poder seguir la letra muerta es un esclavo del tiempo.

2.- Quien no reconoce el pan y la sal es peor que un lobo salvaje.

3.- El hombre que no ha dudado en proyectar su imagen en el espacio y llamarlo el Creador no ha tenido los escrúpulos necesarios para no dotar a Dios de sus propios vicios.

4.- Quien ha sido engañado una vez teme el mal y sospecha de el incluso en la verdad.

5.- Krishna, el dios de los cabellos de oro, no respondió a las injurias del Rey de Chedi. Al rugido de la tempestad y no al aullido del chacal barrita el elefante su respuesta.

6.- No es la hierba tierna y flexible la que arranca la tormenta, sino los altos árboles. Los poderosos guerrean solo con los poderosos.

7.- El árbol de sándalo tiene serpientes; el agua de los lotos, cocodrilos; en la felicidad hay envidia. No hay placeres en estado puro.

8.- Nada ni nadie esta libre de mal. Al árbol de sándalo le comen las raíces las serpientes, a sus capullos les atacan las abejas, sus ramas las rompen los monos, y su copa se la comen los osos. Ni una sola parte de el esta a salvo del dolor.

9.- No gimas por tu sustento; la naturaleza lo proveerá. Cuando nace una criatura, el pecho de su madre la alimenta.

10.- Quien le dio al cisne su blancura, al loro sus alas de verde oro, al pavo real sus matice irisados?. Acaso quien les dio a ellos todo eso no va a sustentarte a ti?

11.- Toda la buena fortuna pertenece a quien tiene la mente tranquila. Acaso no contiene la tierra la piel de nuestros zapatos?

12.- Este mundo es un árbol venenoso, con dos frutos dulces como la miel: la esencia divina de la poesía y la amistad de los nobles.

13.- El depósito se llena con la caída gradual de las gotas de agua; y lo mismo pasa con la sabiduría, con la virtud y con la riqueza.

14.- Quien vive pensando en sus semejantes hace que todos los días fructifiquen con su generosidad, su estudio y sus nobles artes.

15.- No le complace tanto al ardoroso sumergirse en aguas frescas, ni a una doncella un collar de perlas, como a los buenos las palabras bondadosas.

16.- Los hombres buenos varían. Algunos son como los cocos, llenos de dulce leche; a otros les gusta la jojoba, son complacientes externamente.

17.- Como un recipiente de tierra, fácil de romperse y difícil de pegar, son las personas malas; las buenas son como los recipientes de oro, difíciles de romper y fáciles de pegar.

18.- No seas amigo de la mala gente, el carbón, cuando esta caliente, quema; cuando esta frió, ennegrece los dedos.

19.- Huye de quien difunde infamias en secreto y halaga abiertamente; es como una taza de veneno con nata en la superficie.

20.- Un carro no puede avanzar con una sola rueda; igualmente, el destino fracasa si los hombres no colaboran con sus obras.

21.- El noble se complace con lo noble; los ruines no; la abeja vuela hacia el loto desde el bosque pero la rana no lo hace, aunque vive en el mismo lago.

22.- Como rayos de luna temblorosos en el agua, así es la vida de los mortales. Sabiendo esto, deja que el deber se cumpla.

23.- Báñate en el río del alma! Oh, hombre, porque no es con agua como se limpia el alma.

24.- El alma pura es un río cuya fuente sagrada es el control de uno mismo, cuya agua es la verdad, cuya orilla es la corrección, y cuyas olas son la compasión.

25.- De un regalo que hemos de hacer o recibir, de una acción que debe hacerse, el tiempo absorbe el sabor, si no se hace en su momento.

26.- Cuando el necio pierde su riqueza, sus acciones quedan destruidas, como los riachuelos secos en tiempos de esquía.

27.- Quien quiera un amigo intachable deberá abstenerse de tener amigos.

28.-Come y bebe con tus amigos, pero no hagas negocios con ellos.

29.- La miel no se obtiene sin dificultades. Nadie pasa la vida sin dolor ni tristeza.

30.- El vinagre no atrae a las moscas, es la miel. Una lengua dulce hace salir las serpientes de la tierra.

31.- De que le sirven los consejos a un necio?

 

 

 

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