Mes JULIO
Extractos de: GEMAS DE ORIENTE
Un libro de aniversarios, de preceptos y axiomas.
Compilado por H.P.B.
“¡La mente, iluminada, aparta su dolor!”
“¡No lo sabe con el conocimiento!
¡ tampoco lo conoce el hombre con la sabiduría!
¡ No se puede aprender en absoluto!
¡ Solo el alma puede percibir al alma
cuando el alma lo quiere!
¡No brilla luz alguna excepto su propia luz
Para reflejarse en si a ella misma!”
THE SECRET OF DEATH
Del Katha Upanishad, Seccion I, Pt. II, 23
::: Mes de JULIO :::
1.- No podemos llenar un vació desde dentro.
2.- Cuando se alcanza cierto punto, el dolor se convierte en su propio antídoto.
3.- Muchos son los hombres que seguirán a un falso líder. Y pocos los que reconocerán la verdad a primera
vista.
4.- Considera que algo es eminentemente bueno si, Comunicándolo a los demás, te enriqueces tu con ello.
5.- Convéncete de que no eres el dueño de todo cuanto no posees en lo mas recóndito de tu capacidad razonadora.
6.- Hay tantas pasiones del alma como déspotas feroces y salvajes.
7.- Nadie es libre si no ha conseguido gobernarse a si mismo.
8.- Es deber del músico armonizar todos los instrumentos, pero el de un hombre educado es adaptarse armoniosamente a cada situación.
9.- Esta muy bien detener a un hombre injusto; pero si eso no es posible, esta muy bien no actuar junto con el.
10.- Deberíamos abstenernos del pecado, no por miedo, sino porque es lo correcto.
11.- Los deseos vehementes por cualquier cosa ciegan el Alma respecto a otras cosas.
12.- Muchos hombres que no han aprendido a discutir racionalmente viven, sin embargo, de acuerdo con la razón.
13.- Lo igual es hermoso en todo, pero el exceso y el defecto no lo parecen tanto.
14.- Un intelecto divino tiene la propiedad de estar siempre pensando intencionadamente en lo hermoso.
15.- Como dos tablas de madera que se juntan en el océano y después se separan, así son los encuentros de los mortales.
16.- La juventud es como un torrente de la montaña; la riqueza es como polvo en nuestros pies; lo humano es fugaz como una gota de agua; la vida es como la espuma.
17.- Quien no cumple con mente resuelta su deber, ese deber que abre las puertas de la felicidad, cuando la
vejez y el remordimiento le sorprendan, arderá con el fuego del dolor.
18.- Incluso en una ermita del bosque, impera el pecado entre los que no son santos; el control de los sentidos en nuestra propia casa, eso si que es ascetismo.
19.- La morada de alguien que actúa correctamente, libre de impurezas, es como una ermita del bosque.
20.- Como las corrientes de un río que fluyen sin retorno, así pasan los días y las noches, llevándose la vida de los hombres.
21.- Impermanentes son la belleza, la juventud, la vida, la riqueza, el liderazgo y la compañía de los seres queridos; que el sabio no se deje engañar por estas cosas.
22.- En este mundo, fugaz como las olas que empuja la tormenta, la muerte puede ser un gran premio conseguido por la virtud en un nacimiento anterior.
23.- La sombra de una nube, el favor de un apoyo, el maíz reciente, una flor, todo esto dura poco; y lo mismo pasa con la juventud y la riqueza.
24.- Que el sabio piense en la sabiduría como algo inmarchitable e inmortal; que cumpla con su deber como si la Muerte le tirara de los cabellos.
25.- Si dicen mal de ti y es verdad, corrígete; si es una mentira, ríete.
26.- Las pagodas se valoran por su sombra y los grandes seres por el numero de sus envidiosos.
27.- El sabio no dice lo que hace; pero no hace nada que no pueda decirse.
28.- El hombre que halla placer en el vicio y dolor en la virtud es todavía un novato en ambas cosas.
29.- El hombre sabio hace el bien de forma natural, como cuando respiramos.
30.- Un hombre es aquel que no se retracta de lo que ha dicho.
31.- El corazón del necio esta en su lengua; la lengua del sabio esta en su corazón.
La Cultura de la Mente (I)
Escrito original de MANLY PALMER HALL
Del Libro: La Cultura de la Mente
“Venid aquí vosotros, los pocos
que gustáis de la filosofía; la
Vida Pitagórica os pertenece.”
I Parte
INTRODUCCION
El propósito del siguiente escrito es presentar al estudiante que aspira a educar su mente, una serie de hechos separados, aunque correlativos, que se refieren a este tema. La mente es la herramienta más afilada del hombre y teniendo el filo sutil de una navaja, puede herir a aquel que la maneja sin habilidad. La mente eleva al hombre de la oscuridad de la ignorancia a la luz de la verdad, rompe los grilletes que encadenan las manos mentales del esclavo y hace alcanzar a la aspirante humanidad una condición próxima a la Divinidad.
La misma mente ha creado, también, todos los esclavos del mundo; porque el astuto intelecto de los déspotas ha llenado la tierra de sufrimiento y desesperación. Aunque el hombre ha usado la mente para hacer su mundo más hermoso, la utiliza también, para abatir el espíritu y destrozar el alma de sus semejantes. La mente – el amigo más grande y verdadero – puede ser, también su peor y más destructivo enemigo. Su potencialidad, ya sea para el bien o para el mal, es difícil de ser concebida.
Nuestras escuelas, desgraciadamente, no enseñan a discernir; sus programas de estudio no incluyen la técnica para el desarrollo de las cualidades del alma. Ninguna educación o sistema de desarrollo intelectual es completo a menos que, edifique o desarrolle a la vez los valores o cualidades espirituales y éticas que ayuden a la mente a llegar a ser no sólo grande, sino verdadera, bella y pura.
El mundo está lleno de mediocres déspotas tiranos – Judas en potencia – que podrían ser grandes poderes del mal si tuvieran suficiente cerebro. Su impotencia mental es la protección del mundo. Hay también miles de filósofos y sabios mediocres – pequeños soñadores, poetas, artistas, músicos, reformadores, y maestros que serían grandes poderes para el bien si tuvieran el desarrollo mental suficiente. La falta de intelecto es una pérdida incalculable para la humanidad. No obstante, si el conocimiento fuera diseminado sin reservas entre toda la humanidad, no sólo fortalecería el bien para el logro de grandes fines, sino también reforzaría multiplicaría las obras del mal.
En la antigüedad, por lo tanto, se hacía toda clase de esfuerzos para evitar que el conocimiento llegara a aquellos que eran viciosos, egoístas, innobles y faltos de sinceridad. En el siglo veinte, sin embargo, se han abierto las compuertas del pensamiento y un verdadero torrente de conocimiento se ha esparcido por el mundo. Por esto, el pequeño tirano obtiene el poder para ser un gran tirano, y, el mediocre pensador el poder para ser un gran pensador. El bien y el mal están aumentando igualmente, por la revelación del conocimiento.
Esto presenta un grave problema a las masas, las cuales, careciendo de la capacidad para hacer grandes decisiones, se ven obligadas a seguir las huellas de aquellos que aparentan ser sabios. Hace algunos siglos, era peligroso ser un pensador; ahora, es peligroso no poder pensar.
Para protegerse contra el intelecto del vecino y al mismo tiempo, adquirir el discernimiento que lo capacita a reconocer lo real y lo falso, cada individuo debe desarrollar su propio intelecto Para el bien del mundo y de aquellos que necesitan su ayuda y comprensión.
REFINAMIENTO DEL ORGANISMO PENSANTE
El cerebro es el hogar de la mente. Así como el espíritu es reflejado a través del cuerpo y anima la materia inerte, así también, los pensamientos son impresos en las áreas sensitivas del cerebro y de ahí conducidos, por medio de los nervios, a todas las partes del cuerpo. La mente es la estación transmisora de radio, y el cerebro el aparato receptor.
Considerado objetivamente, la claridad de pensamiento depende de la cualidad orgánica del receptor. La Mente Universal está siempre trasmitiendo pensamientos, pero el hombre solamente sintoniza aquellos que le interesan. Un conocido magnate del seguro, después de haber estado conectado por muchos años con una de las más grandes compañías de seguros del mundo, decidió tomar unas vacaciones. Con unos compañeros turistas, en las galerías del Louvre, se pararon frente a un magnífico óleo.
Uno de la partida, con mucho entusiasmo, exclamó: ¡Oh Señor D!, ¿no sobran las palabras ante esto tan maravilloso?”. Después de un examen crítico, hecho con sus impertinentes, el Señor D respondió, con el tono del hombre que sólo se ajusta a los hechos: “¡Hum!, debería estar asegurado, pero la prima sería horriblemente alta. No hay una sola boca de incendio en tres manzanas.” Un definido estancamiento mental se produce cuando la mente ha estado concentrada, tan exclusivamente, en un solo tema, que llega a no responder a otro estímulo.
Así como el ejercicio apropiado fortalece al cuerpo físico, el ejercicio mental – cuando se dirige también de manera apropiada – desarrolla las células del cerebro y fortifica la mente. ¿Os habéis detenido alguna vez a pensar qué significa cualidad orgánica? ¿Sabéis en qué difiere el individuo culto del patán? Una analogía adecuada puede ser tomada del mundo animal. Notad las voluminosas líneas del caballo de tiro, atado al carro que reparte el hielo. Sus gruesas y peludas piernas, rústicos y pesados cascos gruesa crin y cabeza cuadrada, todo denota la fuerza física.
Tal animal puede arrastrar pesos casi inconcebibles. Puede ser dejado, también, en el campo, durante la noche, sin protección especial de los elementos. Basta darle abundante ración y agua para que trabaje reciamente por largos años y, salvo accidentes, llega a una edad avanzada. Por otra parte, el sangre pura árabe tiene finas y delicadas piernas y una crin y cola sedosa. Su fino temperamento nervioso lo hace estar haciendo cabriolas y tascar el freno, y está sujeto a males totalmente extraños para el caballo de tiro.
La cualidad orgánica es la clave para el poder intelectual y ejecutivo. Mientras más inferior es la cualidad orgánica más depende el individuo de la fuerza bruta. Entre más finos son los átomos que componen al cuerpo, mayor es su eficiencia como vehículo de la conciencia. Los cuadros hechos de pequeños mosaicos, se construyen colocando sobre una base de yeso de París diminutas piezas de piedra de diversos colores, y habilísimos operarios a veces, tardan muchos años para terminar un cuadro de la Virgen, hecho con piezas de vidrio y piedra que no exceden de un treinta y dos avos de pulgada cuadrada.
Las células individuales pueden ser asemejadas a esas piedras de los mosaicos, y la mente al operario que hace con ellas cuadros de pensamientos. Mientras más pequeñas y finas sean las células, más perfecto será el cuadro de los pensamientos. Esto explica porque los pensamientos de ciertas personas son claros y potentes, mientras que los de otras son turbios y débiles. El hombre puede cambiar la cualidad orgánica de las células de su cuerpo perfeccionando su manera de vivir y pensar. Debe ganarse el derecho de pensar claramente mejorando la cualidad orgánica de su cerebro, así podrá responder con agudeza y esmero a las sutiles emanaciones de lo invisible.
LA INFLUENCIA DEL MEDIO AMBIENTE SOBRE LA MENTALIDAD
Se ha demostrado, repetidamente, que los objetos extraños para el individuo producen o despiertan cierta definida reacción dentro de aquel que es expuesto a ellos.
Los griegos creían que el hombre era el producto – en parte al menos – del medio ambiente. Consideraban esencial, por lo tanto, que toda persona estuviera rodeada por cosas diseñadas con el objeto de estimular solamente los más elevados, y nobles sentimientos de su naturaleza. Probaron concluyentemente que la belleza en la vida podía ser producida rodeando la vida con belleza. Descubrieron que los cuerpos simétricos eran construidos por almas qué estaban siempre en presencia de ideales simétricos; que los nobles pensamientos eran producidos por mentes rodeadas de ejemplos de nobleza mental.
Creían que si un hombre se veía forzado a contemplar una edificación plebeya asimétrica, despertaría dentro de si sentimientos bajos y le provocaría el deseo de cometer actos innobles. Así pues, si se levantaban edificios mal proporcionados en el medio de la ciudad, nacerían niños deformes en esa comunidad; y los hombres y mujeres, viendo esa edificación asimétrica, vivirían, consecuentemente, una vida inarmónica.
Muy poco comprendemos nosotros del efecto profundo, o de largo alcance que nos producen las discordancias. En forma potencial, el hombre contiene dentro de si todo lo que existe con relación a él en la naturaleza. Todas las cosas con las que tiene contacto externamente, evocan una correspondencia interna. Por eso es posible cambiar el modo de vivir con algo trivial, como el color o diseño del papel de las paredes de la propia habitación o algún elemento discordante del ambiente que nos rodea a diario.
Un criminal que por mucho tiempo había eludido la ley, fue perseguido y, finalmente, capturado por la marca especial con qué el firmaba. Como bravata, este hombre dibujaba siempre tres pequeños cuadrados en el depósito o caja de caudales donde robaba. La policía, estando en el apartamento de un individuo sospechoso, se encontró que, mirando desde la sala había enfrente una alta pared de ladrillo, en la cual había tres ventanas distribuidas en la misma forma que la característica firma del criminal.
Estas tres ventanas hicieron tal impresión en la mente del individuo que, involuntariamente, comenzó a firmar con un diseño semejante.
En el siglo veinte, particularmente, vivimos una vida discordante en lo arquitectónico, musical y artístico. Los edificios están amontonados en extraño diseño cubista; instrumentos musicales que no tienen nada en común, son ejecutados a la vez; y el artista moderno ha encontrado fórmulas de color que no tienen su contraparte ni en el cielo, la tierra o el infierno.
La barahúnda y confusión generada por esta civilización no podía dejar de producir efectos perjudiciales sobre la triple constitución del individuo – mental, moral y física. En consecuencia, su mente es tan desorganizada como su arquitectura; su moral tan discordante como su música, y su cuerpo físico tan desagradable como su arte.
Si queremos producir una raza de hombres y mujeres capaces de tener pensamientos racionales e inteligentes – una nueva orden de superhombres y supermujeres – debemos rodearlos de ejemplos de estabilidad y proporción, los cuales evoquen esos mismos principios latentes en el alma humana. Grecia comprendió profundamente que sus filósofos eran el producto directo de los nobles ideales de música, arte, estética y arquitectura los cuales habían establecido como modelo o “standard” de su sistema cultural.
CAPACIDAD MENTAL
Un gran número de gente sufre de indigestión mental porque están tratando de asimilar pensamientos demasiado grandes para su capacidad intelectiva. Deslumbrados por la magnitud de alguna realidad cósmica, esas mentes, parcialmente desarrolladas, no son capaces de funcionar.
Por eso, debemos dar énfasis, previamente, al problema de la capacidad mental. En lugar de gastar nuestro tiempo en tratar de llenar nuestra mente con un vasto surtido de pensamientos, es imperativo que la capacidad mental sea desarrollada, de manera que los nuevos pensamientos que sean admitidos no se desparramen y, pierdan.
La mente debe, ser preparada para el influjo de grandes pensamientos. Debe volverse amplia, así podrá recibir y considerar sin perjuicio cualquier declaración o relato por más asombroso o improbable que parezca, y luego aceptarlo o rechazarlo por la facultad de razonar y no por la emociones.
La mente puede ser comparada a una corriente, y para su protección o seguridad es esencial que los procesos mentales fluyan constantemente. El pensamiento puede ser relacionado al agua. El agua en movimiento es pura; el pensamiento, aunque posiblemente incompleto, es también, en parte, limpio. El agua estancada y el pensamiento estancado, ambos son una amenaza para el bienestar público. El agua estancada puede serlo por una obstrucción en la corriente; el pensamiento estancado se encuentra, habitualmente en una mente “cerrada”, en la cual, alguna noción preconcebida, ocasiona la obstrucción e impide el natural fluir.
Si la mente es amplia, como debe serlo, y abierta en sus dos extremos, está siempre pasando a través de ella una corriente de pensamientos vivientes, hermosos y plácidos. Si en cambio se cierran todas las puertas de entrada, la mente pronto queda vacía, porque el río de los pensamientos sigue corriendo y no vuelve a llenarse. Esto es lo que ocurre, precisamente, con la persona que teme una nueva idea y rechaza su admisión.
Por otra parte, si cerramos toda salida de la mente para que no se nos vaya algún precioso pensamiento, el río del pensamiento al entrar rápidamente desborda y por el deseo de conservar un solo pensamiento, cien más no encuentran lugar. Si cerramos toda entrada y salida, tendremos pensamientos estancados y decadentes, los cuales, al final, incubarán sus propios característicos males. La mente que no recibe ni produce nuevas ideas, pronto queda vacía y su propietario se vuelve un insensato en el mundo de la Mente.
Por todo ello, es evidente lo esencial que es mantener la mente continuamente renovada; que nuevos pensamientos deben dejarse entrar y dar salida a los viejos; que ninguna mente puede desarrollarse, a menos que cambie diariamente los métodos de satisfacer las necesidades que le crea un mundo en crecimiento continuo.
Tampoco debemos almacenar pensamientos. Nuestro poder mental consiste en el desarrollo y ejercicio de la facultad de pensar y no en almacenarlos. Es igual que el carpintero haciendo una silla. Cuando termina la silla, comienza a hacer otra más; porque es más precioso que la silla en si, el conocimiento de hacer sillas. ¡Ah del carpintero intelectual que, habiendo hecho una silla, se sienta en ella por el resto de sus días!
ENTRENAMIENTO DE LA MENTE EN EL CAMINO QUE DEBE SEGUIR
Cierta vez un antiguo filósofo judío, declaró que el Señor ha colocado en el rostro humano las instrucciones para alcanzar la inmortalidad. De acuerdo con normas artísticas, el rostro está dividido, horizontalmente, en cuatro partes. La sección inferior, desde la barba hasta la base de la nariz, representa la parte material de la naturaleza. De la base de la nariz hasta el puente de ella, están los elementos vitales, o acuosos, correspondientes al éter, o aliento.
Del puente de la nariz al nacimiento del cabello están las facultades aéreas, o intelectuales; y desde la línea del cabello hasta la coronilla está lo ígneo, o poderes espirituales. El rabino daba énfasis, particularmente, al hecho de que hay siete aberturas en la cabeza humana; dos ojos; dos oídos, dos ventanas de la nariz, y una boca.
De las siete, seis están dedicadas a la recepción del conocimiento, o sea, ver por los ojos, oír con los oídos e inhalar el principio de la vida por las ventanas de la nariz. La séptima, hace ambas cosas, recibe y da. Recibe alimento para el mantenimiento del cuerpo físico, y por medio de la lengua revela el conocimiento adquirido por los ojos y oídos, y los varios sentidos de percepción.
De estas siete aberturas, seis están destinadas a la acumulación de conocimiento, en tanto que sólo la séptima es la que revela o disemina aquello que ha sido logrado. Conforme a esta proporción, el hombre debería recibir seis veces más que lo que da.
Pitágoras sostenía que el mejor modo de entrenar la mente era dedicarla, exclusivamente, por un definido período de tiempo, a la recepción del conocimiento. Aquellos que querían ser sus discípulos aceptaban el voto llamado “silencia pitagórico”, esto es, controlar el habla por un período de cinco años. No pudiendo tomar parte en ninguna discusión, los discípulos fueron, gradualmente, comprendiendo profundamente que era mucho más provechoso el ser oyente; porque como interviniente, uno se vuelve, invariablemente, tan personalmente interesado en sostener su posición que pierde de vista la proposición como un todo.
El segundo objetivo perseguido por Pitágoras era el logro del autocontrol; porque un individuo que puede controlar su palabra por cinco años, con seguridad, posee un cierto grado de autocontrol. El tercer propósito era eliminar los buscadores superficiales del conocimiento. La mera curiosidad, Pitágoras lo sabía, no podía resistir esa rigurosa prueba, en tanto que aquellos que eran capaces de esperar cinco años sin perder su interés, eran también suficientemente sinceros para responder a las instrucciones conferidas.
Además, otro gran maestro formuló un sistema de inestimable valor pera aquel que desea seguir la vida filosófica. Consiste en un curso de autoanálisis. Se hace un inventario de cada facultad y tendencia. Considerando al número 100 como dechado de perfección, el discípulo estima, lo más conscientemente que pueda, el grado de desarrollo de esas facultades en su propia naturaleza. Si es deshonesto en su estimación, él es el único que sufre. Los porcentajes logrados se suman entre si y se saca un promedio.
Aceptando ese promedio como “standard”, el discípulo procura elevar aquellas facultades que caigan demasiado de ese promedio. Aquellas facultades que estuvieran a un nivel normal no hacía especial esfuerzo en mejorarlas, y así, con el esfuerzo que hace por elevar sus facultades defectuosas, logra un equilibrio en las diversas partes de su propia naturaleza. Más tarde, deberá hacerse una nueva estimación de valores, y seguir, así, el mismo procedimiento.
CÓMO PENSAR Y QUÉ PENSAR
La palabra educación viene del latín educo, significando “extraer”, “educir”, “dar de si”. Quiere decir, entonces, que la más elevada forma de educación es aquella que más evoca, y por la cual el individuo se expresa al máximo, desarrollando su propia naturaleza. El sistema educacional del mundo moderno, sin embargo, ha sido diseñado para suplir las necesidades de las masas y, en consecuencia, es injusto para el individuo, ya que no estimula el esfuerzo individual de cada intelecto. La teoría moderna de enseñanza está mayormente basada en el esfuerzo de instruir al estudiante en qué debe pensar más que en cómo aprender a pensar.
Lo populoso de las escuelas modernas y la gran cantidad de alumnos que se reúnen en cada clase también crea dificultades, siendo casi imposible dedicar pensamiento y cuidado a las necesidades individuales de cada discípulo. La educación moderna es grandemente una cuestión de memoria, requiriendo, comparativamente, poco ejercitamiento del elemento del pensamiento original. Al niño se le enseña que esto y aquello es así, pero no el por qué. Como resultado llega a poseer un conocimiento razonable de las cosas como ellas son, pero, prácticamente no tiene ningún conocimiento porqué son así y su posible mejoramiento.
Esta condición es muy notable en las instituciones superiores de enseñanza, donde debiera darse mayor lugar a la originalidad. Cuando prepara una lección para su clase, el estudiante puede ser fácilmente reprobado si llega a expresar su propia opinión. No tiene derecho a tener su opinión. Su deber es escuchar reverente y respetuosamente las opiniones de sus profesores y de las eminentes autoridades que citan sus maestros. Esta actitud casi inquisitorial de la así llamada enseñanza, paraliza la iniciativa que es de vitalísima importancia para el progreso científico y filosófico de la raza.
En los tiempos venideros, se comprenderá, sin lugar a dudas, que el caudal más valioso para una nación lo constituye esas mentes más finamente organizadas, capaces de pensar por si mismas. “Todo el mundo”, señala Emerson, “está frente a un suceso imprevisto cuando Dios pone en libertad a un pensador”. En la mayoría de los casos, aquellos a quienes el mundo considera como sus mentes más grandes tienen pensamientos prestados o sustraídos de los demás. Unos pocos, inteligencias respetadas y veneradas, son los que piensan sesudamente para sus pueblos, razas e instituciones.
Hay dos causas que producen el letargo mental. La primera es producida por una mente poderosa que, eclipsando los intelectos que le rodean hace que los demás acepten instintivamente sus conclusiones como superiores a las de ellos. Resulta, pues, que encontramos, comúnmente, grandes intelectos, como soles, rodeados por planetas negativos o satélites que intentan brillar con un poco de la luz reflejada en ellos por el intelecto alrededor del cual giran. La segunda, es que la actitud científica es de extremo escepticismo y crítica. Cualquiera que sea suficientemente imprudente para disentir con los descubrimientos de las mentes eminentes, será objeto de una persecución sin tregua.
Se hace todo esfuerzo para obligarlo, como a Galileo, a que se arrodille y se retracte. Después que sus propios colegas lo han arrastrado a una muerte prematura, las generaciones venideras, percibiendo que los ataques que le hicieran fueron inmerecidos, hacen su apología y erigen un monumento a la memoria del intelecto martirizado.
La humanidad teme cumplimentar a un hombre, más después de haber permitido que alguien se muera en la miseria, su memoria se perpetúa en la piedra con un alarde tal, que lo gastado podría haber prolongado la existencia de aquél que honran si se lo hubiesen dado en vida. Entre los griegos hay una copla que viene a propósito, y dice: “Siete ciudades pelearon por Homero muerto; y en ellas había mendigado su pan cuando vivo”.
Ver: La Cultura de la Mente (II)
“Un antiguo filósofo dijo, cierta vez, que hay algunas cosas que sólo pueden ser entendidas yendo hacía ellas y permaneciendo en su presencia silenciosamente. Después de un tiempo, la cosa que deseamos entender fluirá dentro de nuestra conciencia y se convertirá en parte de nosotros mismos. Cuando nosotros y la cosa que deseamos conocer se identifiquen en esa forma, entonces – y sólo entonces – nos revelara su naturaleza real.”
EL LIBRO Y LA BIBLIOTECA
Escrito de Marcos Lewin
Fuente: tradicional.com.ar
¿Qué debemos leer?
El libro de la naturaleza es suficiente para aquel que sabe leerlo. Los libros pueden solamente ayudarnos a llegar a una teoría, por eso la selección de libros debe hacerse de acuerdo con la capacidad de comprensión del lector.
El gran secreto es saber discriminar correctamente, y el que conoce ese secreto puede aprender algo del más insignificante de los libros. Para obtener una correcta comprensión de la naturaleza del Hombre y sus poderes recomendaríamos… en efecto cualquier gran trabajo científico, filosófico, histórico, romántico o poético; pero para alcanzar la verdad, leer solamente no es suficiente, se requiere un profundo estudio y contemplación intuitiva.
H. P. B.
Teniendo el hombre en casi todas las lenguas el nombre de Pensador o Manú, natural es aquellos instrumentos que utiliza para la transmisión de sus ideas, sus pensamientos y para trascender el tiempo y el espacio, o sea los libros, tengan una importancia capitalísima, especialmente en esos tesoros acumulados del saber de las edades que son las Bibliotecas, que proviene del griego “biblos”, y también de Biblos, ciudad de la antiquísima biblioteca caldea.
Dice el gran maestro que fue Roso de Luna que un buen libro es la flor más preciada, el fruto más maduro y eterno que puede dejar un hombre en su paso por la vida terrestre.
Dice también un antiguo aforismo chino que no hay hombre bueno y grande que no haya criado un hijo, plantado un árbol y transmitido sus ideas a la posteridad escribiendo un libro.
Si consideramos que el hogar mental de cada hombre es su biblioteca, el de cada pueblo es la biblioteca de su cultura; así Biblos representa toda Sumeria, Caldea y Palestina; Pérgamo a toda Grecia; Alejandría a todo Oriente y Occidente; la Biblioteca Vaticana y el British Museum todo nuestro mundo actual.
El incendio y la destrucción aparentemente casual de tales centros han marcado muchas veces el fin de una época y el comienzo de una nueva, que como marca esta Edad de Hierro o Kali Yuga, suele ser inferior a la anterior en su nivel de espiritualidad al mismo tiempo que se revela superior en sus apariencias intelectivas.
Se ha dicho que desde la destrucción de la biblioteca de Alejandría, todas las obras que por su carácter hubieran podido conducir a los profanos al descubrimiento de algunos de los misterios de la ciencia Sagrada han sido buscadas con diligencia por los miembros de muchas de las Fraternidades, y una vez encontradas fueron destruidas para que no cayeran en tales manos indignas, salvo unos pocos ejemplares que fueron guardados cuidadosamente. Todos los libros sagrados cuyo texto no estaba suficientemente velado por el simbolismo o que contenían referencias a los antiguos Misterios fueron cuidadosamente copiados en caracteres criptográficos capaces de desafiar al más hábil.
Mas como en realidad nada se crea ni nada se destruye sino que en realidad se transforma, tales libros no han desaparecido porque partes esenciales de su texto aparecen en otros libros. Y cuando no es el texto lo que desafía el paso de los siglos, es la doctrina, alma de ese texto, la que se transmite de hombre a hombre y de libro a libro.
Al respecto dice H.P.Blavatsky que en todas las grandes lamaserías existen criptas subterráneas y bibliotecas excavadas en las montañas. Algunas de ellas son visitadas con frecuencia por mongoles y budistas. Algunos visitantes serían verdaderos Bodhisattvas, hermanos llenos de sabiduría o Mahatmas, los grandes Maestros de la Montaña Nevada, poseedores del verdadero Conocimiento, al que se refiere la obra Avatumsaka Sutra cuando enseña que debido a que desde un principio, todas las criaturas conscientes repudiaron la Verdad y abrazaron el error, se creó el Oculto Conocimiento o Conocimiento Iniciático que en Oriente se llama Alaya Vijñana o Gupta Vidya . Dichos Maestros residen en cuevas y lugares secretos desde antaño. Más de uno de estos ascetas y brahmanes enseñaron a hombres de histórico renombre los puntos fundamentales de sus doctrinas con las que estos deslumbraron al mundo.
Los estudios de Filología Comparada y de Ciencia de las Religiones han hecho comprender a los orientalistas que un incalculable número de manuscritos e impresos que se sabe han existido no se encuentran en la actualidad ni han dejado rastro. La mayor parte de ellos contenían las verdaderas claves de obras existentes en la actualidad, siendo incomprensibles sin aquellos volúmenes de comentarios.
Tal sucede con la obra de Lao-Tse. Se dice que él escribió cerca de un millar de obras. El Tao-te -King, su gran obra, el corazón de su doctrina tiene apenas una docena de páginas. La tradición afirma que los comentarios que los sinólogos han consultado para la interpretación de esta y otras obras no son los verdaderos documentos ocultos, sino de intencionados velos. El Prof. Max Muller confiesa que el confucianismo está fundado en los cinco King y en los cuatro Shu, acompañados de comentarios voluminosos sin los cuales ni aún los más eruditos pueden aventurarse en las profundidades del canon sagrado.
De las escrituras de Caldea, hermanas mayores y origen de la Biblia mosaica, quedan tan solo unos fragmentos atribuídos a Beroso, sacerdote de Belo, que apoyándose en anales astronómicos conservados desde tiempo inmemorial, escribió para ilustración de Alejandro una obra que se ha perdido. También se perdieron los extractos que hiciera de ella Alejandro Polyhistor en el siglo I, y sobre los que Eusebio (270-340) se apoyó para escribir su Chronicon, aunque con evidentes falsificaciones.
Se menciona que los budistas del Norte poseen los 333 volúmenes del Kanjur y del Tanjur, sin embargo es muy poco lo que se conoce del verdadero lamaísmo, conteniendo su canon sagrado una amplitud mucho mayor que la Biblia, siendo las versiones conocidas en Occidente fragmentarias y confusas.
Dice Edkins, en su Chinese Buddhism que teniendo en cuenta la reverencia que los budistas tienen por toda la línea escrita acerca del Buda y su Ley, la pérdida de cerca de 76.000 tratados de los 84.000 que comprende el canon sagrado resulta poco creíble. Tales textos están perdidos para Occidente porque sus sacerdotes poseen la entereza de conservar sus más sagrados escritos al abrigo de la profanación europea.
El eminente sanscritista swami Dayanand Sarasvati, aludiendo al dicho de Max Muller relativo a que era poco defendible la teoría de que ha habido una revelación original hecha a los patriarcas de la raza humana, dijo: si Max Muller fuera brahmán podría yo llevarle a una cripta cerca de los Himalayas y allí vería que los que han cruzado las negras aguas del océano han sido tan solo fragmentos de copias desechadas, relativos a pasajes tomados de algunos de nuestros libros sagrados. Ha existido una revelación primitiva y se conserva todavía: ella lejos de perderse para el mundo, reaparecerá en el día oportuno, aunque los mlechas (europeos) tendrán que aguardar aún.
Esta reafirmación de la reaparición en el día oportuno puede ser llevada también por ley de analogía a nuestra esfera personal. Cuantas veces en nuestras vidas se nos ha presentado el libro que tanto buscábamos o el que deberíamos leer, como si la misteriosa Providencia se encargase de proporcionarlo; así lo expresa aquel viejo aforismo: “cuando los oídos están preparados vienen los labios que los llenan de sabiduría”.
Vendrán entonces, a su tiempo los libros instructores así como también vienen los Instructores, promesa que es tan antigua como el mundo mismo, en el que la Humanidad se ha debatido entre el dolor de una pobre realidad presente de míseros caídos, símbolo de Prometeo y de una idealidad de consoladora esperanza, símbolo de Epimeteo.
Conócete a Ti Mismo
Escrito de René Guénon
Habitualmente se cita esta frase: “Conócete a ti mismo”, pero a menudo se pierde de vista su sentido exacto. A propósito de la confusión que reina con respecto a estas palabras, pueden plantearse dos cuestiones: la primera concierne al origen de esta expresión, la segunda a su sentido real y a su razón de ser.
Algunos lectores podrían creer que ambas cuestiones son completamente distintas y que no tienen entre sí ninguna relación. Tras una reflexión y un examen atento, claramente aparece que mantienen una estrecha conexión.
Si se les pregunta a quienes han estudiado la filosofía griega quién fue el hombre que pronunció primero esta sabia frase, la mayoría de ellos no dudará en responder que el autor de esta máxima es Sócrates, aunque algunos pretenden referirla a Platón y otros a Pitágoras. De estos pareceres contradictorios, de estas divergencias de opinión, estamos en nuestro derecho de concluir que esta frase no tiene por autor a ninguno de los filósofos mencionados, y que no es en ellos dónde habría que buscar su origen.
Nos parece lícito formular esta advertencia, que parecerá justa al lector cuando sepa que dos de estos filósofos, Pitágoras y Sócrates, no dejaron ningún escrito.
En cuanto a Platón, nadie, sea cual sea su competencia filosófica, está en situación de distinguir qué fue dicho por él o por su maestro Sócrates. La mayor parte de la doctrina de este último no nos es conocida más que por mediación de Platón, y, por otra parte, se sabe que es en la enseñanza de Pitágoras donde Platón recogió ciertos conocimientos de los que hace gala en sus diálogos. Con ello, vemos que es extremadamente difícil delimitar lo que corresponde a cada uno de estos tres filósofos. Lo que se atribuye a Platón a menudo es también atribuido a Sócrates, y, entre las teorías consideradas, algunas son anteriores a ambos y provienen de la escuela de Pitágoras o de él mismo.
Verdaderamente, el origen de la expresión estudiada se remonta mucho más allá de los tres filósofos mencionados. Mejor aún: es más antigua que la historia de la filosofía, y supera también el dominio de la filosofía.
Se dice que estas palabras estaban inscritas en la puerta del templo de Apolo en Delfos. Posteriormente fueron adoptadas por Sócrates, así como por otros filósofos, como uno de los principios de su enseñanza, a pesar de la diferencia que haya podido existir entre estas diversas enseñanzas y los fines perseguidos por sus autores. Es probable, por lo demás, que también Pitágoras haya empleado esta expresión mucho antes que Sócrates. Con ello, estos filósofos se proponían demostrar que su enseñanza no era estrictamente personal, que provenía de un punto de partida más antiguo, de un punto de vista más elevado que se confundía con la fuente misma de la inspiración original, espontánea y divina.
Constatamos que estos filósofos eran, por ello, muy diferentes a los filósofos modernos, que despliegan todos sus esfuerzos para expresar algo nuevo, a fin de ofrecerlo como la expresión de su propio pensamiento, de erigirse como los únicos autores de sus opiniones, como si la verdad pudiera ser propiedad de alguien.
Veremos ahora por qué los filósofos antiguos quisieron vincular su enseñanza con esta expresión o con alguna similar, y por qué se puede decir que esta máxima es de un orden superior a toda filosofía.
Para responder a la segunda parte de esta cuestión, diremos que la solución está contenida en el sentido original y etimológico de la palabra “filosofía“, que habría sido, se dice, empleada por primera vez por Pitágoras. La palabra filosofía expresa propiamente el hecho de amar a Sophia, la sabiduría, la aspiración a ésta o la disposición requerida para adquirirla.
Esta palabra siempre ha sido empleada para calificar una preparación a esa adquisición de la sabiduría, y especialmente los estudios que podían ayudar al philosophos, o a aquel que experimentaba por ella alguna tendencia, a convertirse en sophos, es decir, en sabio.
Así, como el medio no podría ser tomado por un fin, el amor a la sabiduría no podría constituir la sabiduría misma. Y debido a que la sabiduría es en sí idéntica al verdadero conocimiento interior, se puede decir que el conocimiento filosófico no es sino un conocimiento superficial y exterior. No posee en sí mismo, ni por sí mismo, un valor propio. Solamente constituye un grado preliminar en la vía del conocimiento superior y verdadero, que es la sabiduría.
Es muy conocido por quienes han estudiado a los filósofos antiguos que éstos tenían dos clases de enseñanza, una exotérica y otra esotérica. Todo lo que estaba escrito pertenecía solamente a la primera. En cuanto a la segunda, nos es imposible conocer exactamente su naturaleza, ya que por un lado estaba reservada a unos pocos, y, por otro, tenía un carácter secreto. Ambas cualidades no hubieran tenido ninguna razón de ser si no hubiera habido allí algo superior a la simple filosofía.
Puede al menos pensarse que esta enseñanza esotérica estaba en estrecha y directa relación con la sabiduría y que no apelaba tan sólo a la razón o a la lógica, como es el caso para la filosofía, que por ello ha sido llamada “el conocimiento racional”. Los filósofos de la Antigüedad admitían que el conocimiento racional, es decir, la filosofía, no era el más alto grado del conocimiento, no era la sabiduría.
¿Acaso la sabiduría puede ser enseñada del mismo modo que el conocimiento exterior, por la palabra o mediante libros? Ello es realmente imposible, y veremos la razón. Lo que podemos afirmar desde ahora es que la preparación filosófica no es suficiente, ni siquiera como preparación, pues no concierne más que a una facultad limitada, que es la razón, mientras que la sabiduría concierne a la realidad del ser al completo.
De modo que existe una preparación a la sabiduría más elevada que la filosofía, que no se dirige a la razón, sino al alma y al espíritu, y a la que podemos llamar preparación interior; éste parece haber sido el carácter de los más altos grados de la escuela de Pitágoras. Ha ejercido su influencia a través de la escuela de Platón y hasta el neo-platonismo de la escuela de Alejandría, donde apareció de nuevo claramente, así como entre los neo-pitagóricos de la misma época.
Si para esta preparación interior se empleaban también palabras, éstas no podían ser ya tomadas sino como símbolos destinados a fijar la contemplación interior.
Mediante esta preparación, el hombre es llevado a ciertos estados que le permiten superar el conocimiento racional al que había llegado anteriormente, y como todo esto está muy por encima de la razón, está también muy por encima de la filosofía, puesto que la palabra filosofía siempre es empleada de hecho para designar algo que sólo pertenece a la razón.
No obstante, es asombroso que los modernos hayan llegado a considerar a la filosofía, así definida, como si fuera completa en sí misma, y olvidan así lo más elevado y superior.
La enseñanza esotérica fue conocida en los países de oriente antes de propagarse en Grecia, donde recibió el nombre de “Misterios“. Los primeros filósofos, en particular Pitágoras, vincularon a ellos su enseñanza, como no siendo sino una expresión nueva de ideas antiguas.
Existían numerosas clases de misterios con orígenes diversos. Aquellos en los que se inspiraron Pitágoras y Platón estaban en relación con el culto de Apolo. Los “Misterios” (menores y mayores) tuvieron siempre un carácter reservado y secreto, significando etimológicamente la propia palabra “Misterios” silencio total, no pudiendo ser expresadas mediante palabras las cosas a las cuales se referían, sino tan sólo enseñadas por una vía silenciosa. Pero los modernos, al ignorar cualquier otro método distinto al que implica el uso de la palabra, al cual podemos llamar el método de la enseñanza exotérica, han creído erróneamente, a causa de ello, que no había aquí ninguna enseñanza.
Podemos afirmar que esta enseñanza silenciosa usaba figuras, símbolos y otros medios que tenían por objetivo conducir al hombre a estados interiores, permitiéndole llegar gradualmente al conocimiento real o a la sabiduría.
Tal era el objetivo esencial y final de todos los “Misterios” y de otras cosas semejantes que pueden encontrarse en diferentes lugares.
En cuanto a los “Misterios” que estaban especialmente vinculados al culto de Apolo y al propio Apolo, es preciso recordar que éste era el dios del sol y de la luz, siendo ésta en su sentido espiritual la fuente de donde brota todo conocimiento y de la que derivan las ciencias y las artes.
Se dice que los ritos de Apolo llegaron del Norte y esto se refiere a una tradición muy antigua, que se encuentra en libros sagrados como el Vêda hindú y el Avesta persa.
Este origen nórdico era incluso afirmado más especialmente para Delfos, que pasaba por ser un centro espiritual universal; y había en su templo una piedra llamada “omphalos” que simbolizaba el centro del mundo.
Se piensa que la historia de Pitágoras, e incluso su propio nombre, poseen una cierta relación con los ritos de Apolo. Éste era llamado Pythios, y se dice que Pytho era el nombre original de Delfos. La mujer que recibía la inspiración de los Dioses en el templo era llamada Pythia. El nombre de Pitágoras significa entonces “guía de la Pythia“, lo cual se aplica al propio Apolo. Se cuenta además que es la Pythia quien declaró que Sócrates era el más sabio de los hombres. Parece entonces que Sócrates estuvo relacionado con el centro espiritual de Delfos, al igual que Pitágoras.
Añadiremos que si bien todas las ciencias eran atribuidas a Apolo, esto era incluso más especialmente en cuanto a la geometría y la medicina. En la escuela pitagórica, la geometría y todas las ramas de las matemáticas ocupaban el primer lugar en la preparación al conocimiento superior. Con respecto a este conocimiento, estas ciencias no eran dejadas de lado, sino que, por el contrario, eran empleadas como símbolos de la verdad espiritual. También Platón consideraba a la geometría como una preparación indispensable a toda otra enseñanza, y había inscrito sobre la puerta de su escuela estas palabras: “Nadie entre aquí si no es geómetra”. Se comprende el sentido de estas palabras cuando se las refiere a otra fórmula del mismo Platón: “Dios siempre geometriza”, ya que, hablando de un Dios geómetra, Platón aludía a Apolo.
No debe asombrar que los filósofos de la Antigüedad hayan empleado la frase inscrita en la entrada del templo de Delfos , puesto que conocemos ahora los vínculos que los unían a los ritos y al simbolismo de Apolo.
Después de todo esto, fácilmente podemos comprender el sentido real de la frase estudiada aquí y el error de los modernos a este respecto. Este error deriva de que ellos han considerado esta frase como una simple sentencia de un filósofo, a quien atribuyen siempre un pensamiento comparable al suyo. Pero, en realidad, el pensamiento antiguo difería profundamente del pensamiento moderno. Así, muchos atribuyen a esta frase un sentido psicológico; pero lo que ellos llaman psicología consiste tan sólo en el estudio de los fenómenos mentales, que no son sino modificaciones exteriores -y no la esencia- del ser.
Otros aún ven en ella, sobre todo aquellos que la atribuyen a Sócrates, un objetivo moral, la búsqueda de una ley aplicable a la vida práctica. Todas estas interpretaciones exteriores, sin ser siempre enteramente falsas, no justifican el carácter sagrado que poseía en su origen, que implica un sentido mucho más profundo que el que así se le quiere atribuir. En primer lugar, significa que ninguna enseñanza exotérica es capaz de dar el conocimiento real, que el hombre debe encontrar solamente en sí mismo, pues, de hecho, ningún conocimiento puede ser adquirido sino mediante una comprensión personal.
Sin esta comprensión, ninguna enseñanza puede desembocar en un resultado eficaz, y la enseñanza que no despierta en quien la recibe una resonancia personal no puede procurar ninguna clase de conocimiento. Es la razón de que Platón dijera que “todo lo que el hombre aprende está ya en él“. Todas las experiencias, todas las cosas exteriores que le rodean no son más que una ocasión para ayudarle a tomar conocimiento de lo que hay en sí mismo. Este despertar es lo que se llama anámnesis, que significa “reminiscencia”.
Si esto es cierto para todo conocimiento, lo es mucho más para un conocimiento más elevado y más profundo, y, cuando el hombre avanza hacia este conocimiento, todos los medios exteriores y sensibles se hacen cada vez más insuficientes, hasta finalmente perder toda utilidad. Si bien pueden ayudar a aproximarse a la sabiduría en algún grado, son impotentes para adquirirla realmente, y se dice corrientemente en la India que el verdadero guru o maestro se encuentra en el propio hombre y no en el mundo exterior, aunque una ayuda exterior pueda ser útil al principio, para preparar al hombre a encontrar en sí y por sí mismo lo que no puede encontrar en otra parte, y particularmente lo que está por encima del nivel de la conciencia racional. Es necesario, para lograrlo, realizar ciertos estados que avanzan siempre más profundamente hacia el ser, hacia el centro, simbolizado por el corazón y donde la conciencia del hombre debe ser transferida para hacerle capaz de alcanzar el conocimiento real. Estos estados, que eran realizados en los misterios antiguos, eran grados en la vía de esta transposición de la mente al corazón.
Había, hemos dicho, una piedra en el templo de Delfos llamada omphalos, que representaba el centro del ser humano, así como el centro del mundo, según la correspondencia que existe entre el macrocosmos y el microcosmos, es decir, el hombre, de tal manera que todo lo que está en uno está en relación directa con lo que está en el otro. Avicena dijo: “Tú te crees una nada, y sin embargo el mundo reside en ti”.
Es curioso señalar la creencia extendida en la Antigüedad según la cual el omphalos había caído del cielo, y se tendrá una idea exacta del sentimiento de los griegos con respecto a esta piedra diciendo que tenía cierta similitud con el que experimentamos con respecto a la piedra negra sagrada de la Kaabah.
La similitud que existe entre el macrocosmos y el microcosmos hace que cada uno de ellos sea la imagen del otro, y la correspondencia entre los elementos que los componen demuestra que el hombre debe conocerse a sí mismo primero para poder conocer después todas las cosas, pues, en verdad, puede encontrarlo todo en él. Es por esta razón que algunas ciencias -especialmente las que forman parte del conocimiento antiguo y que son casi ignoradas por nuestros contemporáneos- poseen un doble sentido. Por su apariencia exterior, estas ciencias se refieren al macrocosmos y pueden ser consideradas justamente desde este punto de vista. Pero al mismo tiempo también poseen un sentido más profundo, el que se refiere al propio hombre y a la vía interior por la cual puede realizar el conocimiento en sí mismo, realización que no es otra que la de su propio ser. Aristóteles dijo: “el ser es todo lo que conoce”, de tal modo que, allí donde existe conocimiento real -y no su apariencia o su sombra- el conocimiento y el ser son una y la misma cosa.
La sombra, según Platón, es el conocimiento por los sentidos e incluso el conocimiento racional que, aunque más elevado, tiene su origen en los sentidos. En cuanto al conocimiento real, está por encima del nivel de la razón; y su realización, o la realización del ser, es semejante a la formación del mundo, según la correspondencia de la que hemos hablado.
Es ésta la razón de que algunas ciencias puedan describirse bajo la apariencia de esta forma. Este doble sentido estaba incluido en los antiguos misterios, del mismo modo que en todas las enseñanzas que apuntan al mismo fin entre los pueblos de oriente.
Parece que igualmente en occidente esta enseñanza ha existido durante toda la Edad Media, aunque hoy haya desaparecido completamente, hasta el punto que la mayoría de los occidentales no tiene idea alguna de su naturaleza o siquiera de su existencia.
Por todo lo precedente, vemos que el conocimiento real no tiene como vía a la razón, sino al espíritu y al ser al completo, pues no es otra cosa que la realización de este ser en todos sus estados, lo que constituye el fin del conocimiento y la obtención de la sabiduría suprema.
En realidad, lo que pertenece al alma, e incluso al espíritu, representa solamente grados en la vía hacia la esencia íntima que es el verdadero Sí, y que puede hallarse tan sólo una vez que el ser ha alcanzado su propio centro, cuando estando todas sus potencias unidas y concentradas como en un solo punto, en el cual todas las cosas se le aparecen, cuando estando contenidas en este punto como en su primer y único principio, puede entonces conocer todas las cosas como en sí mismo y desde sí mismo, como la totalidad de la existencia en la unidad de su propia esencia.
Es fácil ver cuán lejos está esto de la psicología en el sentido moderno de la palabra, y que va incluso mucho más lejos que un conocimiento más verdadero y más profundo del alma, que no puede ser sino el primer paso en esta vía.
Es importante indicar que el significado de la palabra nefs no debe ser aquí restringido al alma, pues esta palabra se encuentra en la traducción árabe de la frase considerada, mientras que su equivalente griego psyché no aparece en el original. No debe pues atribuirse a esta palabra el sentido corriente, pues es seguro que posee otro significado mucho más elevado que le hace asimilable al término esencia, y que se refiere al Sí o al ser real; como prueba, tenemos lo que se dice en el siguiente hadith, que es como un complemento de la frase griega: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor“.
Cuando el hombre se conoce a sí mismo en su esencia profunda, es decir, en el centro de su ser, es cuando conoce a su Señor. Y conociendo a su Señor, conoce al mismo tiempo todas las cosas, que vienen de Él y a Él retornan. Conoce todas las cosas en la suprema unidad del Principio divino, fuera del cual, según la sentencia de Mohyiddin ibn Arabî, “no hay absolutamente nada que exista”, pues nada puede haber fuera del Infinito.
Traducido del Cap. VI de la 1ª parte de “Mélanges”, París, Gallimard, 1976. (Publicado la primera vez en árabe en la revista El-Ma’rifah, nº 1, mayo de 1931). Fuente: www.servisur.com












































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