Los Chakras (I)
por C. W. Leadbeater.
Traducción directa del inglés: Federico Climent Terrer.
Prefacio
Cuando un hombre comienza a agudizar sus sentidos de modo que pueda percibir algo más de lo que los otros perciben, se despliega ante él un nuevo y fascinador mundo, y los chakras son de las primeras cosas de dicho mundo que le llaman la atención. Se le presentan las gentes bajo un nuevo aspecto y descubre en las personas mucho que antes estaba oculto a su vista; y por tanto, es capaz de comprender, apreciar y en caso necesario auxiliar al prójimo mucho mejor de lo que antes le era posible.
Los pensamientos y emociones de las gentes se manifiestan a sus ojos con toda claridad de forma y color; y el grado de su evolución y las condiciones de su salud son para él notorios en vez de conjeturables. El brillante colorido y el rápido e incesante movimiento de los chakras colocan a las gentes bajo la inmediata observación del investigador, quien naturalmente desea conocer qué son y significan.
El objeto de esta monografía es dilucidar dicho punto y dar a quienes aún no han intentado educir sus latentes facultades una idea de esta pequeña parte de lo que ven y en la medida que les es posible comprenden sus más dichosos hermanos.
fin de evitar desde luego toda mala inteligencia, conviene tener muy en cuenta que nada hay de fantástico ni contra naturaleza respecto de la potencia visiva que capacita a algunos para percibir más que otros, pues consiste sencillamente en una extensión de las facultades con que todos estamos familiarizados, y quien dicha extensión logra puede percibir vibraciones más rápidas que las a que los sentidos físicos están normalmente habituados a responder.
En el transcurso de la evolución ya su debido tiempo todos ampliarán sus ordinarias facultades, pero hay quienes se han tomado el trabajo de agudizarlas antes que los demás, a costa de una labor mucho más ardua de la que la generalidad de las gentes querría emprender.
Bien sé que son todavía muchísimos los tan atrasados respecto de la marcha del mundo, que niegan tal amplitud de facultades, como hay todavía aldeanos que nunca han visto una locomotora ferroviaria o salvajes del África Central que no creen en la solidificación del agua.
Me faltan tiempo y espacio para argüir contra tan invencible ignorancia, y me contraigo a recomendar mi obra Clarividencia y otras de distintos autores que tratan del mismo asunto, a cuantos deseen investigarlo. La clarividencia se ha comprobado centenares de veces, y no puede dudar de ella quien sea capaz de ponderar el valor de las pruebas.
Mucho se ha escrito sobre los chakras, pero todo ello en sánscrito o en alguno de los varios idiomas vernáculos de la India, y hasta muy recientemente no se había publicado nada sobre ellos en inglés. Los mencioné hacia el año 1910 en La Vida interna, y desde entonces ha aparecido la magnífica obra The Serpent Power de sir John Woodroffe, y se han traducido algunos tratados indos.
En The Serpent Power se reproducen los dibujos simbólicos que de los chakras usan los yoguis indos; pero en cuanto se me alcanza, las ilustraciones que exornan esta monografía son el primer intento para representar los chakras tal como efectivamente aparecen ante los ojos de quienes los pueden ver.
A la verdad, me movió principalmente a escribir esta monografía, el deseo de mostrar los hermosísimos dibujos trazados por mi amigo el Rev. Edward Warner, a quien manifiesto lo muchísimo que le debo por el tiempo y trabajo empleados en tal tarea. También he de agradecerle a mi infatigable colaborador, el profesor Ernest Wood, la compilación y cotejo de los valiosos informes que respecto a las opiniones dominantes en la India sobre nuestro asunto contiene el capítulo V, según verá el lector.
Como quiera que estaba yo atareado en otra obra, se contrajo en un principio mi intención a coleccionar y reimprimir cuanto desde tiempo muy atrás había escrito sobre los chakras y darlo como texto explicativo de las ilustraciones; pero al repasar los artículos se me acudieron algunas insinuaciones, y un poco de investigación me dio a conocer puntos adicionales que he insertado debidamente.
Uno de los más interesantes es que el año 1895 la doctora Besant observó la vitalidad del globo y el anillo kundalini y los catalogó como hipermetaproto elementos, aunque entonces la investigación no fue lo bastante extensa para descubrir la relación de ambos elementos entre sí y la importante parte que desempeñan en la economía de la vida humana.
C. W. L.
Capítulo I
Los Centros de Fuerza. Significado de la Palabra
La palabra chakra es sánscrita y significa rueda. También se usa en varias acepciones figuradas, incidentales y por extensión, como en inglés y en español. De la propia suerte que hablamos de la rueda del destino o de la fortuna, así también los budistas hablan de la rueda de la vida y de la muerte, y designan con el nombre de Dhamma- chakkappavattana Sutta (1) el primer sermón en que el Señor Buda predicó su doctrina, nombre que el profesor Rhys Davids traduce poéticamente por «la puesta en marcha de las ruedas de la regia carroza del Reino de la Justicia». Este es el exacto significado de la expresión para el budista devoto, aunque la traducción de las palabras en sentido recto es «el giro de la rueda de la Ley».
El uso en acepción figurada de la palabra chakra, de que tratamos en este momento, se refiere a una serie de vórtices semejantes a ruedas que existen en la superficie del doble etéreo del hombre.
Explicaciones Preliminares
Como es posible que este libro caiga en manos de alguien no familiarizado con la terminología teosófica, no estará de más una preliminar explicación.
En las superficiales y ordinarias conversaciones, el hombre suele hablar de su alma, como si el cuerpo por cuyo medio habla fuese su verdadero ser, y que el alma fuera una propiedad o feudo del cuerpo, algo semejante a un globo cautivo que sobre el cuerpo flota ligado a él en cierto modo. Esta afirmación es vaga, inexacta y errónea. La verdadera es su contraria.
El hombre es un alma que posee un cuerpo, o en realidad varios cuerpos, porque además del cuerpo visible por cuyo medio despacha sus negocios en este bajo mundo, tiene otros cuerpos invisibles a la visión ordinaria con los que se relaciona con los mundos emocional y mental. Sin embargo, de momento no tratamos de estos otros cuerpos.
Durante el pasado siglo se adelantó enormemente en el conocimiento de los pormenores del cuerpo físico, y los fisiólogos están ahora familiarizados con sus desconcertantes complejidades y tienen al menos una idea general de cómo funciona su asombrosamente intrincado mecanismo.
El doble Etéreo
Desde luego que los fisiólogos han limitado su atención a la parte del cuerpo físico bastante densa para que la vean los ojos, y la mayor parte de ellos desconocen probablemente la existencia de aquel grado de materia, todavía física, aunque invisible, a que en Teosofía llamamos etérea (2).
Esta parte invisible del cuerpo físico es de suma importancia para nosotros, porque es el vehículo por el cual fluyen las corrientes vitales que mantienen vivo el cuerpo, y sirve de puente para transferir las ondulaciones del pensamiento y la emoción desde el cuerpo astral al cuerpo físico denso. Sin tal puente intermedio no podría el ego utilizar las células de su cerebro. El clarividente lo ve como una distinta masa de neblina gris violeta débilmente luminosa, que interpenetra la parte densa del cuerpo físico y se extiende un poco más allá de éste.
La vida del cuerpo físico cambia incesantemente y para vivir necesita continua alimentación de tres distintas fuentes. Ha de tener manjares para la digestión, aire para la respiración y tres modalidades de vitalidad para la asimilación. Esta vitalidad es esencialmente una fuerza, pero cuando está revestida de materia nos parece como si fuera un elemento químico sumamente refinado. Existe dicha fuerza o energía en todos los planos, aunque por de pronto, y para el objeto que nos ocupa sólo hemos de considerar su manifestación y expresión en el plano físico.
Para mejor comprensión de todo esto conviene conocer algún tanto la constitución y ordenamiento de la parte etérea de nuestro cuerpo. He tratado hace muchos años de este asunto en diversas obras, y el comandante Powell ha coleccionado recientemente todo cuanto hasta ahora se ha escrito sobre el particular, y lo ha publicado en su libro: “The Etheric Double.”
Los Centros
Los chakras o centros de fuerza son puntos de conexión o enlace por los cuales fluye la energía de uno a otro vehículo o cuerpo del hombre. Quienquiera que posea un ligero grado de clarividencia los puede ser fácilmente en el doble etéreo, en cuya superficie aparecen en forma de depresiones semejantes a platillos o vórtices, y cuando ya del todo desenvueltos semejan círculos de unos cinco centímetros de diámetro que brillan mortecinamente en el hombre vulgar, pero que el excitarse vívidamente, aumentan de tamaño y se les ve como refulgentes y coruscantes torbellinos a manera de diminutos soles. A veces hablamos de estos centros cual si toscamente se correspondieran con determinados órganos físicos; pero en realidad están en la superficie del doble etéreo que se proyecta ligeramente más allá del cuerpo denso.
Si miramos en derechura hacia abajo la corola de una convulvácea, tendremos una idea del aspecto general del chakra. (Lámina VIII) semejaría la espina dorsal un tallo céntrico del que de trecho en trecho brotan las flores con sus corolas en la superficie del cuerpo etéreo.
La fig. I, representa los siete centros de que tratamos, y la Tabla I da sus nombres en sánscrito y en español.
Todas estas ruedas giran incesantemente, y por el cubo o boca abierta de cada una de ellas fluye de continuo la energía del mundo superior, la manifestación de la corriente vital dimanante del Segundo Aspecto del Logos Solar, a la que llamamos energía primaria, de naturaleza séptuple, todas cuyas modalidades actúan en cada chakra, aunque con particular predominio de una de ellas según el chakra. Sin este influjo de energía no existiría el cuerpo físico.
Por lo tanto, los centros o chakras actúan en todo ser humano, aunque en las personas poco evolucionadas es tardo su movimiento, el estrictamente necesario para formar el vórtice adecuado al influjo de energía. En el hombre bastante evolucionado refulgen y palpitan con vívida luz, de suerte que por ellos pasa una muchísimo mayor cantidad de energía, y el individuo obtiene por resultado el acrecentamiento de sus potencias y facultades.
Forma de los Vórtices.
La divina energía que desde el exterior se derrama en cada centro, determina en la superficie del cuerpo etéreo, y en ángulo recto con su propia dirección, energías secundarias en circular movimiento ondulatorio, de la propia suerte que una barra imanada introducida en un carrete de inducción provoca una corriente eléctrica que fluye alrededor del carrete en ángulo recto con la dirección del imán.
Una vez que entra en el vórtice la energía primaria, vuelve a irradiar de sí misma en ángulos rectos, pero en líneas rectas, como si el centro del vórtice fuese el cubo de una rueda y las radiaciones de la primaria energía sus radios, los cuales enlazan a guisa de corchetes el doble etéreo con el cuerpo astral. El número de radios difiere en cada uno de los centros y determina el número de ondas o pétalos que respectivamente exhiben. Por esto los libros orientales suelen comparar poéticamente los chakras con flores.
Cada una de las energías secundarias que fluyen alrededor de la depresión semejante a un platillo tiene su peculiar longitud de onda y una luz de determinado color; pero en vez de moverse en línea recta como la luz, se mueve en ondas relativamente amplias de diverso tamaño, cada una de las cuales es múltiplo de las menores ondulaciones que entraña.
El número de ondulaciones está determinado por el de radios de la rueda, y la energía secundaria ondula por debajo y por encima de las radiaciones de la energía primaria, a la manera de una labor de cestería que pudiera entretejerse alrededor de los radios de una rueda de carruaje. Las longitudes de onda son infinitesimales y probablemente cada ondulación las contiene a millares.
Según fluyen las energías alrededor del vórtice, las diferentes clases de ondulaciones se entrecruzan unas con otras como en labor de cestería y producen la forma semejante a la corola de convulvácea a que ya anteriormente me he referido.
Sin embargo, todavía se parecen más los chakras a unas salserillas de ondulado cristal iridiscente como las que se fabrican en Venecia. Todas estas ondulaciones o pétalos tienen el tornasolado y trémulo brillo de la concha, aunque generalmente cada una de ellas ostenta su predominante color según denotan las ilustraciones. Este nacarino aspecto argéntico suele estar comparado en los tratados sánscritos con el rielar de la luna en la superficie de las aguas del mar.
Las Ilustraciones.
Las ilustraciones que adornan el texto (3) representan los chakras tal como los percibe un muy evolucionado y discreto clarividente que ya ha disciplinado los suyos lo bastante para que actúen ordenadamente.
Desde luego que ni los colores de las ilustraciones ni ningún color de este mundo tienen la suficiente luminosidad para igualar al del chakra respectivo; pero al menos da el dibujo una idea del verdadero aspecto de estas ruedas de luz.
Por lo ya expuesto, se comprenderá que los centros difieren de tamaño y brillo según la persona, y aun en un mismo sujeto pueden ser unos más vigorosos que otros.
Todos están dibujados en tamaño natural, excepto el sahasrara o centro coronario, que ha convenido ampliarlo para distinguir su asombrosa riqueza de pormenores.
En el caso de un hombre que sobresalga excelentemente en las cualidades expresadas por medio de determinado centro, no sólo aparecerá éste de mucho mayor tamaño, sino especialmente radiante y emitiendo fúlgidos rayos de oro. Ejemplo de esto nos ofrece la precipitación que del aura de Stainton Moseyn hizo la señora Blavatsky, que se conserva en el relicario de la Sede Central de la Sociedad Teosófica en Adyar y se reprodujo, aunque muy imperfectamente, en la obra del coronel Olcott titulada ” Old Diary Leaves.”
Los chakras se dividen naturalmente en tres grupos: inferior, medio y superior. Pueden denominarse respectivamente: fisiológico, personal y espiritual.
Los chakras primero y segundo tienen pocos radios o pétalos y su función es transferir al cuerpo dos fuerzas procedentes del plano físico. Una de ellas es el fuego serpentino de la tierra y la otra la vitalidad del sol.
Los centros tercero, cuarto y quinto, que constituyen el grupo medio, están relacionados con las fuerzas que por medio de la personalidad recibe el ego. El tercer centro las transfiere a través de la parte inferior del cuerpo astral; el cuarto por medio de la parte superior de este mismo cuerpo; y el quinto por el cuerpo mental.
Todos estos centros alimentan determinados ganglios nerviosos del cuerpo denso. Los centros sexto y séptimo, independientes de los demás, están respectivamente relacionados con el cuerpo pituitario y la glándula pineal, y solamente se ponen en acción cuando el hombre alcanza cierto grado de desarrollo espiritual.
He oído decir que cada pétalo de los chakras representa una cualidad moral cuya actualización pone el chakra en actividad. Por ejemplo, según el upanishad Dhyiinabindu, los pétalos del chakra cardíaco representan devoción, pereza, cólera, claridad y otras cualidades análogas.
Por mi parte no he observado todavía nada que compruebe esta afirmación, y no se comprende fácilmente cómo puede ser así, porque los pétalos resultan de la acción de ciertas fuerzas notoriamente distinguibles, y en cada chakra están o no activas, según se hayan o no actualizado dichas fuerzas, de suerte que el desenvolvimiento de los pétalos no tiene más directa relación con la moralidad del individuo que la que pueda tener el robustecimiento del bíceps.
He observado personas de no muy alta moralidad en quienes algunos chakras estaban plenamente activos, mientras que otras personas sumamente espirituales y de nobilísima conducta los tenían escasamente vitalizados, por lo que me parece que no hay necesaria conexión entre ambos desenvolvimientos.
Sin embargo, se observan ciertos fenómenos en que bien pudiera apoyarse tan extraña idea. Aunque la semejanza con los pétalos está determinada por las mismas fuerzas que giran alrededor del centro, alternativamente por encima y debajo de los radios, difieren éstos en carácter porque la fuerza o energía influyente se subdivide en sus partes o cualidades componentes; y por lo tanto, cada radio emite una influencia peculiar, siquiera débil, que afecta a la energía secundaria que por él pasa y altera algún tanto su matiz.
Varios de estos matices pueden denotar una modalidad de la energía favorable al desenvolvimiento de una cualidad moral; y luego de fortalecida esta cualidad, son más intensas las correspondientes vibraciones. En consecuencia la tenuidad o reciedumbre del matiz denotará la posesión en menor o mayor grado de la respectiva cualidad.
I) El Chakra Fundamental.
El primer centro, el rádico o fundamental situado en la base del espinazo, recibe una energía primaria que emite cuatro radios; y por lo tanto, dispone sus ondulaciones de modo que parezca dividida en cuadrantes alternativamente rojos y anaranjados con oquedades entre ellos, de lo que resulta como si estuviesen señalados con el signo de la cruz, y por ello se suele emplear la cruz por símbolo de este centro, una cruz a veces flamígera para indicar el fuego serpentino residente en este chakra.
Cuando actúa vigorosamente es de ígneo color rojo-anaranjado, en íntima correspondencia con el tipo de vitalidad que le transfiere el chakra esplénico. En efecto, observaremos en cada chakra análoga correspondencia con el color de su vitalidad.
II) El Chakra Esplénico.
El segundo chakra está situado en el bazo y su función es especializar, subdividir y difundir la vitalidad dimanante del sol. Esta vitalidad surge del chakra esplénico subdividida en siete modalidades, seis de ellas correspondientes a los seis radios del chakra y la séptima queda concentrado en el cubo de la rueda. Por lo tanto, tiene este chakra seis pétalos u ondulaciones de diversos colores y es muy radiante, pues refulge como un sol. En cada una de las seis divisiones de la rueda predomina el color de una de las modalidades de la energía vital. Estos colores son: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul y violado; es decir, los mismos colores del espectro solar menos el índigo o añil.
III) El Chakra Umbilical.
El tercer chakra está situado en el ombligo, o mejor diríamos en el plexo solar, y recibe la energía primaria que subdivide en diez radiaciones, de suerte que vibra como si estuviese dividido en diez ondulaciones o pétalos. Está íntimamente relacionado con sentimientos y emociones de diversa índole. Su color predominante es una curiosa combinación de varios matices del rojo, aunque también contiene mucha parte del verde. Las divisiones son alternativas y principalmente rojas y verdes.
IV) El Chakra Cardíaco.
El cuarto chakra situado en el corazón es de brillante color de oro y cada uno de sus cuadrantes está dividido en tres partes, por lo que tiene doce ondulaciones, pues su energía primaria se subdivide en doce radios.
V) El Chakra Laríngeo.
El quinto centro está situado en la garganta y tiene diez y seis radios correspondientes a otras tantas modalidades de la energía. Aunque hay bastante azul en su color, el tono predominante es el argéntico brillante, parecido al fulgor de la luz de la luna cuando riela en el mar. En sus radios predominan alternativamente el azul y el verde.
VI) El Chakra Frontal.
El sexto chakra situado en el entrecejo, parece dividido en dos mitades, una en que predomina el color rosado, aunque con mucho amarillo, y la otra en que sobresale una especie de azul purpúreo. Ambos colores se corresponden con los de la vitalidad que el chakra recibe. Acaso por esta razón dicen los tratados orientales que este chakra sólo tiene dos pétalos; pero si observamos las ondulaciones análogas a las de los chakras anteriores, veremos que cada mitad está subdividida en cuarenta y ocho ondulaciones, o sean noventa y seis en total, porque éste es el número de las radiaciones de la primaria energía recibida por el chakra.
El brusco salto de diez y seis a noventa y seis radios, y la todavía mayor variación súbita de noventa y seis a novecientos setenta y dos radios que tiene el chakra coronario, demuestran que son chakras de un orden enteramente distinto de los hasta ahora considerados.
No conocemos todavía todos los factores que determinan el número de radios de un chakra; pero es evidente que representan modalidades de la energía primaria, y antes de que podamos afirmar algo más sobre el particular, será necesario hacer centenares de observaciones y comparaciones repetidamente comprobadas.
Entretanto, no cabe duda de que mientras las necesidades de la personalidad pueden satisfacerse con limitados tipos de energía, en los superiores y permanentes principios del hombre encontramos una tan compleja multiplicidad que requiere para su expresión mucho mayores y selectas modalidades de energía.
VII) El Chakra Coronario.
El séptimo chakra en lo alto de la cabeza, es el más refulgente de todos cuando está en plena actividad, pues ofrece abundancia de indescriptibles efectos cromáticos y vibra con casi inconcebible rapidez. Parece que contiene todos los matices del espectro, aunque en el conjunto predomina el violado.
Los libros de la India le llaman la flor de mil pétalos, y no dista mucho esta denominación de la verdad, pues son novecientas sesenta las radiaciones de la energía primaria que recibe. Cada una de estas radiaciones aparece fielmente reproducida en la lámina del frontispicio, aunque es muy difícil señalar la separación de pétalos.
Además, tiene este chakra una característica que no poseen los otros, y consiste en una especie de subalterno torbellino central de un blanco fulgurante con el núcleo de color de oro.
Este vórtice subsidiario es menos activo y tiene doce ondulaciones propias.
Generalmente, el chakra coronario es el último que se actualiza. Al principio no difiere en tamaño de los demás; pero a medida que el hombre adelanta en el sendero del perfeccionamiento espiritual, va acrecentándose poco a poco hasta cubrir toda la parte superior de la cabeza.
Otra particularidad acompaña a su desenvolvimiento. Al principio es, como todos los demás chakras, una depresión del doble etéreo, por la que penetra la divina energía procedente del exterior; pero cuando el hombre se reconoce rey de la divina luz y se muestra longánima con cuanto le rodea, el chakra coronario se revierte por decirlo así de dentro afuera, y ya no es un canal receptor, sino un radiante foco de energía, no una depresión, sino una prominencia erecta sobre la cabeza como una cúpula, como una verdadera corona de gloria.
Las imágenes pictóricas y esculturales de las divinidades y excelsos personajes de Oriente, suelen mostrar esta prominencia, como se ve en la estatua del Señor Buda en Borobudur (isla de Java) reproducida en la figura 2. Este es el acostumbrado método de representar la prominencia y en tal forma aparece sobre la cabeza de millares de imágenes del Señor Buda en el mundo oriental.
En algunos casos, los dos tercios de este chakra se representan en forma de bóveda, constituí da por los novecientos sesenta pétalos y encima otra bóveda menor constituida por las doce radiaciones del vórtice subalterno. Así aparece en la cabeza de la derecha de la fig. 2, que es la de la estatua o imagen de Brahma en el Hokkédo de Todaiji de Nara (Japón), cuya antigüedad se remonta al año 749.
El tocado de esta cabeza representa el chakra coronario con la guirnalda de llamas que de él brotan, y es diferente de la representación del mismo chakra en la cabeza de la estatua de Buda.
También se echa de ver dicha prominencia en la simbología cristiana, como, por ejemplo, en las coronas de los veinticuatro ancianos, quienes las echaban delante del trono del Señor.
En el hombre muy evolucionado, el chakra coronarlo fulgura con esplendor tanto, que ciñe su cabeza como una verdadera corona; y el significado del antedicho pasaje del Apocalipsis es que todo cuanto el hombre ha conseguido, el magnificente karma acumulado, toda la asombrosa energía espiritual que engendra, todo lo echa perpetuamente a los pies del Logos para que lo emplee en su obra.
Así una y otra vez, repetidamente, está echando ante el trono del Señor su áurea corona, porque continuamente la restaura la energía dimanante de su interior.
Continuará.
Los Espíritus Elementales de la Naturaleza (I)
En 1.930 en la ciudad de Buenos Aires nace Jorge Angel Livraga Rizzi. Doctor en Filosofía, Historia y Arqueología. Premio Nacional de Poesía en Argentina en 1951. Miembro Académico de la Universidad Filo Bizantina. Caballero Cubicular de la Real Orden de San Ildefonso y San Atilano. Cruz de París en Ciencias, Artes y Letras. Director «Honoris Causa» del Museo Arqueológico «Rodrigo Caro” de España, son algunos de sus títulos.
Fundador y Primer Director Internacional de la Organización Nueva Acrópolis, ha realizado, dentro de su ingente labor cultural y humanística numerosos trabajos, ensayos, conferencias y charlas, así como numerosos cursos de Filosofía Esotérica.
De entre sus publicaciones podríamos, entre otras, mencionar:
Lotos (poemas), Móassy el Perro, Ankor el Discípulo, Cartas a Delia y Fernando, El Alquimista, Ideario (tomo I, II y III), Fundamentos del Ideal Acropolitano…Todas sus obras han sido traducidas y publicadas en numerosos idiomas, entre ellos, español, inglés, alemán, italiano, griego, portugués…
PROLOGO
Según las reglas clásicas -que han durado miles de años porque son eficaces- existe en toda comunicación un método natural compuesto por tres partes vertebradas:
1) El Prólogo, en el cual el Autor explica el por qué y cómo va a tratar el tema.
2) El Tema en sí o Logos: lo que el Autor quiere decir al Lector, en el caso de un libro.
3) El Epílogo, que constituye el remate y justificación final de lo tratado, el cual es a la vez resumen y moraleja. .
Este pequeño Manual se ceñirá a esas reglas porque pretende ser eficaz, dentro de las limitaciones del Tema y del Autor.
A medida que se acerca el final del conflictivo siglo XX (el siglo de oro para los que lo soñaron, pero de hierro para los que tuvimos que vivirlo; en el cual estallaron las más pavorosas guerras, se derrumbaron los más altos edificios éticos, se contaminó el habitáculo natural del Hombre -la Naturaleza- y, por lo tanto, el Hombre mismo) y se levantan del caos de la inconsciencia colectiva los monstruos milenarios del materialismo, el ateísmo y la maldad, ha surgido, por la vieja ley de la compensación, un interés redentor respecto a la Faz Oculta de la Vida.
Este interés, que puede ser motor de insospechadas transformaciones de la sociedad, se ha visto también afectado por el medio en el cual se desarrolla, y sobre Ciencias Ocultas se han puesto a opinar cuantos pudieron hacerla, olvidando que toda Ciencia, exotérica o esotérica, tiene también su propia Raíz, su propia Teoría y su propia Práctica.
Es dañoso improvisar, y si se quiere inventar, hay que hacerlo según las leyes naturales que rigen los inventos. Ignorar esta metodología básica lleva a un tipo de ciencia-ficción en donde se toma por real lo que no existe y se pasa de largo ante las realidades, siendo el resultado final un amasijo de ignorancia y desconcierto que provoca desplazamientos de la atención hacia lo instintivo y lo efímero, quemándose rápidamente, con mucho humo y poca llama, lo que pudo constituir un faro de esperanza y un foco de conocimiento alejado del intelectualismo que ha convertido al siglo XX en un fracaso, y en cámara de tortura para millones de hombres.
Ante este apogeo de la farsa disfrazada de Verdad, queremos aportar una pequeña pero verídica Luz. Y esta entrega no responde a ninguna finalidad mezquina que espere premios de aprobación o de retribución; es un acto puro de Amor.
Haciendo honor a la verdad, jamás pensamos escribir esto y ponerlo a disposición pública. Pero visto tanto farsante que se ha puesto a fantasear sobre el tema y convertidas en zarzas sangrientas, impregnadas de diabolismo, las sublimes rosas cuyo perfume permite a las almas sensibles la percepción de éstas, aunque sea en las tinieblas, nos decidimos a levantar una diminuta punta del milenario velo. Velo que no era necesario cuando los Hombres vivían en contacto con los Mundos Sutiles y sus habitantes. Cuando no les temían. Cuando no pretendían utilizados instrumentándolos en beneficio de sus pasiones.
Este pequeño Manual es, entonces, un paso hacia la esperanza, hacia la creencia en un mundo nuevo y mejor.
El tema central, los Elementales o Espíritus de la Naturaleza, será tratado de la manera más sencilla posible, a partir de una cosmovisión que permita descubrir, al lector espiritualmente preparado para ello, un mundo de seres que no son sobrenaturales sino que existen en su propia dimensión, sean percibidos o no por quienes están presos en su propia esfera centrada en los sentidos corporales.
El materialismo del siglo XIX no podía concebir la televisión y el sonido de la voz humana transmitida a distancia, cabalgando ondas de energía para las cuales no existen los muros más espesos ni los obstáculos físicos. Tampoco, que se pudiesen ver los huesos de un ser vivo a través de su carne.
No queremos abrumar con ejemplos por todos conocidos, pero sí recordar que lo sobrenatural lo es sólo para aquellos que tienen un concepto estrecho de lo que es natural. Los rayos ultravioletas e infrarrojos existen, aunque nuestro ojo desnudo no pueda percibirlos bajo formas e imágenes.
Los Elementales existen, aunque la enorme mayoría de los hombres haya perdido la capacidad de percibirlos. Esos seres llamados por el moderno esoterismo Elementales, por el hinduísmo Devas y por el cristianismo Ángeles, son tan variados y diferentes entre sí como pueden serio, sin dejar de ser vegetales, un ciprés de un trébol.
Hagamos un esfuerzo conjunto. Volvamos a ser niños, volvamos a creer y a entender. Dentro del gran fracaso del siglo XX conformemos un módulo de supervivencia que parta hacia un horizonte luminoso y verídico, dejando atrás los temores de la noche y los alientos corporizados de la Gran Bestia de la ignorancia, el intelectualismo estéril y la desesperación.
CAPITULO I
EL MEGACOSMOS
Según los antiguos, existen ciclos tan largos en el Universo que a los humanos les merece, uno sólo de ellos, el nombre de Eternidad. Esta es una nominación evasiva, pues en verdad el hombre no puede concebir la Eternidad sino la Duración Constante. Y aun esta Duración padece de una conceptuación deficiente, pues no entendemos cuándo comienza ni cuándo termina, sin dejar por ello de existir.
Todo intento de racionalización de este fenómeno se nos escapa, como el agua entre los dientes de un tenedor. Tan sólo percibimos la mínima humedad que el paso del liquido dejó sobre el utensilio. Pero es lo único que de ello podemos obtener y a esto nos aferramos para tener, aunque sea, un atisbo de conciencia de aquello que rebasa nuestra conciencia en si.
Lo que llamamos Megacosmos -por darle un nombre lo más apropiado posible- constituye el conjunto de galaxias separadas por millones de años-luz en lo material y todo aquello que por ser inmaterial tiene para el hombre una existencia evidente pero irreal para sus sentidos y para su inteligencia. Es… el Misterio. De ello jamás hablan los verdaderos esoteristas; y si se ven forzados, lo hacen de manera tal que no puedan extraerse definiciones que, por sus naturalezas, nieguen, limitándolo, aquello de lo cual tratan.
En el origen y la finalidad del Megacosmos están los Enigmas, todo lo que ignoramos e ignoraremos mientras estemos bajo nuestra humana condición. Ni siquiera podemos definirlo por negación, pues negar algo es ya darle una condición y abrir opinión.
Nuestra única seguridad interna es que en ello está Dios; pero no el Dios bueno, o con cualquier otro atributo humanizado. Simplemente Dios. Simplemente Misterio. Es lo que ignoramos, sacralizado por su dimensión sobrehumana, para-racional y totalmente fuera de nuestro alcance conceptual…
Los indos le llamaban la No-Cosa y lo mismo hicieron todos los esoteristas de todos los pueblos. Todo está allí y nada está allí. Y no nos excluimos nosotros mismos, los Seres Humanos.
EL COSMOS
De la primera Dualidad – Teos y Caos, Purusha y Prakriti o como se la quiera llamar- nació el Cosmos Inteligible, el que tenemos posibilidad de entender. De la entropía eterna del Megacosmos pasamos ahora a otra entropía, el Cosmos, que es dinámico, que marcha, se transforma y en el gran Juego de Maya, enfrenta miles de espejos. En él nacemos y morimos y renacemos miríadas de veces.
El Cosmos es axiológico y tiene una estructura piramidal que procura la selección de los más aptos con el fin de que ayuden a los menos aptos. En este Mundo hay verdad y mentira, placer y dolor, vida y muerte. Los ciclos son definidos y definitorios; existe el Karma. Se hace mérito o demérito. El número de elementos que lo componen es fijo y siempre igual, pero sus combinaciones son tan numerosas que bien podemos llamarlas infinitas.
Aquí todo es válido, todo tiene propiedad, pero asimismo todo es relativo. Conocemos lo grande por comparación con lo pequeño, aquello que en presencia de algo aún mas chico se vuelve comparativamente grande. Tenemos idea del movimiento por relación entre dos o mas cuerpos; según en el que fijemos nuestra atención, diremos de él que está inmóvil. Si por ejemplo viajamos en un automóvil y nos concentramos en una montaña a la vera del camino, nos parecerá que es nuestro vehículo el que corre, pero bastaría con bajar los ojos y fijarlos en la guantera del coche para que la montaña se nos haga fugitiva.
Nuestra bendición y nuestra maldición en este Cosmos es que siempre, alguna- vez, alcanzamos lo que deseamos y damos veracidad a lo que creemos veraz, y viceversa. Percibimos a Dios si en El creemos; la fe es el corazón de toda inteligencia.
Este Cosmos, que nos es inteligible sin mas intermediarios, es nuestro propio habitáculo: la Galaxia a la cual pertenecemos, el Sistema Solar al cual pertenecemos, el Planeta al cual pertenecemos, el País que habitamos y el suelo que pisamos.
Nuestra excesiva consubstanciación con nuestro cuerpo material y con su entorno nos ha mutilado los sentidos para percibir, salvo como sensaciones primarias, toda vida que se desarrolle en una frecuencia vibratoria que escape, por debajo o por arriba, a nuestro estrecho espectro septenario, del cual tan sólo hemos desarrollado cuatro rayos, y en este cuarto estamos fijos, percibiendo los otros seis como extremidades extendidas de un Hexagramaton que rodease un punto central.
EL MICROCOSMOS
En sentido amplio lo constituye el Hombre, y en sentido estricto cada hombre o mujer. El esquema está planteado en la actualidad según una dualidad básica: Yo y mi Entorno. Yo soy el punto central de este esquema, Y mis otras seis posibilidades de concienciar se reducen, al considerar el Huevo Aurico de mi Entorno, a cinco -que son mis cinco sentidos. Ha nacido el Pentagramaton. ¡He aquí al Hombre!
En el Hombre del siglo XX. las herramientas, por sofisticadas que sean, no pasan de ser extensiones de nuestros brazos o nuestros pies. La radio lo es de nuestras orejas. La televisión de nuestra vista. Un satélite artificial no es más que la transmutación de la piedra que lanza al aire un niño que juega.
Todas son extensiones de nuestras posibilidades, pero no profundizaciones.
La cultura del siglo XX es una cultura horizontal, que se expande rápidamente como una masa de aceite, pero que, a medida que se expande, se adelgaza y se diluye en una fibrilación perimetral. Y aparecen huecos y desgarramientos en su propio seno. La sobreextensión la convierte en especular y sus características la fuerzan a juegos caleidoscópicos desconcertantes de surrealismo artístico, social, económico, psicológico y religioso. No hay raíces ni perspectivas. El sistema está bloqueado.
El Hombre desplaza velozmente su cuerpo, pero viaja atrapado en sí mismo, ciego y sordo, sin capacidad para el asombro filosófico y menos aún para la. proyección metafísica. No se concibe el bien, sino la beneficencia; no se aprecia la paz del corazón sino la comodidad de las nalgas; no se medita sino que se especula. El Mundo se ha transformado en una cesta de grillos presos que hacen mucho ruido pero que no pueden trascender las mallas de un parloteo desesperado, aturdidos todos por sus propias colisiones psicológicas.
La opción es cruelmente simple: o se muere loco o se guarda silencio y se trata de vivir plenamente en todas las direcciones del Espacio-Tiempo.
Una buena apertura es el conocer otras dimensiones, donde moran otros tipos de seres. Esos que, cuando el Hombre no estaba contaminado por su propia aglomeración exterior e interior, percibía.
Para ello es indispensable que el Hombre se sienta de nuevo parte del Universo; ni su dueño ni su esclavo, simplemente parte de ese Macrobios que es el Cosmos en el cual está insertado el Microcosmos o Antropos. Descartemos las contradicciones inventadas en la Cámara de los Espejos y vayamos a las armonizaciones que nos son naturales.
CAPITULO II
EL UNIVERSO COMO SER VIVO
Esta no es una hipótesis de trabajo ni una teoría; es una realidad. La Vida-Una es y está en todo. Lo que se llama vulgarmente nacimiento y muerte es mera transfiguración, cambios de aspecto según la perspectiva desde la cual se observa.
La entropía que mencionamos anteriormente es una cualidad del Universo por la cual nada se pierde, nada se gana, todo se transforma, siendo los cuerpos meras sombras de los espíritus sobre la dimensión en que estos espíritus tienen sus conciencias.
Así, cuando el hombre tiene sed de cuerpo, renace físicamente pues su Karma acumulado cabalga sus deseos y sus temores. Se está siempre donde se desea o se teme estar.
Esto es posible porque, aunque la materia parezca discontinua, una gama riquísima de energías lo une todo. La energía es continua y su continuidad no merma con las diferencias de sentido e intensidad. El mar embravecido o tranquilo, en baja o alta marea, no deja de ser mar. No confundamos el Ser con sus cualidades. Incluso la Existencia es solamente la primera cualidad del Ser.
Dado que el Ser es, por propia definición, también Existe. O sea que vive. La vida del Ser o de Dios (de este Dios que sí podemos percibir e interpretar Sus Obras pues es Dios-En el Cosmos, o Dios Cósmico, o Anima Mundi) es el Jiva de los indos, el Mahaprana que es soporte de todos. los módulos pránicos, por pequeños que sean, modelados por la Inteligencia y sostenidos por la Voluntad.
Lo mineral, lo vegetal, lo animal, lo humano, lo heroico, el mundo de los dioses y la Columna de Luz que los Re-une, todo vive, todo alienta, todo vibra y se mueve o se aquieta.
Aquel que pudo abrir sus ojos a la Vida, lo percibe por doquier. Una Vida inteligente, voluntariosa en su querer ser. Toma las formas y densidades que necesita. Se vuelve pez en las aguas, cervatillo en los bosques, roca en las montañas, relámpago en el cielo, beso en los labios, brillo en la espada, murmullos en el silencio, formas fugitivas tras lúcidas en las noches, voces que nos hablan desde dentro de nosotros mismos, música de piedra en los viejos templos y arquitectura inmaterial en Wagner.
Todo vive por siempre dentro de este Ciclo de Vida, dentro de este Macrobios cuyo Espíritu es Dios-Nuestro-Señor. La muerte no existe.
PLANOS DE VIBRACION EN EL UNIVERSO
Aun siendo la Substancia Una, esta Substancia vibra y es rica en matices que otorgan diferentes oportunidades de formas de vida. Dentro de nuestro Universo, y más concretamente en nuestro Sistema Solar, existen diez planos de vibración según puede entenderlos el hombre. De los tres superiores no vamos a escribir. Los siete restantes, que tienen importancia directa para el Hombre son, de arriba a abajo:
- DE LA VOLUNTAD ESPIRITUAL, llamado por los indos Atma. Es el más elevado y está como insertado en el tercer Plano Cósmico de la Tríada o Lagos Solar. De este Plano de la Voluntad Espiritual no se pueden dar características más detalladas pues supera en mucho la capacidad humana de entender. Está más allá de la mente y aun de la intuición. Es el Gran Amenti de los egipcios; el vértice superior del Rombo de los Magos, del Cuadrado Mágico bañado en la Luz de Ammón, y es el Gran Azul, el Nilo Celeste donde navega la Barca de Millones de Años (una forma de mencionar a la Barca-Que-Boga- En- La- Eternidad).
- DE LA INTUICION, llamado por los indos Budhi, el Plano de la Luz desde donde parten todas las Iluminaciones Espirituales, representadas por la aureola que nimba las cabezas de las imágenes de Cristo o de Buda. Es el Mundo de los Devas o Angeles y de aquellos que han llegado a la Gran Santidad. En este plano, la relación Sujeto-Objeto-Cualidad se da simultáneamente, pues el Tiempo -por lo menos desde el punto de vista humano- no existe allí. Es la Mansión del Amor, de la Concordia. Allí está Shan-Gri-La, el Jardín. Maravilloso donde los lotos jamás cierran sus pétalos, según la vieja creencia Bud de chinos y tibetanos.
- DE LA MENTE, llamado por los indos Manas. Aquí moran las series numéricas y los arquetipos. En este plano tiene el Hombre insertada su Chispa Mental o el llamado Cuerpo Causal, sombra luminosa de sus potencias aún no desarrolladas en los dos planos que le son superiores. Es la Morada del Yo totalmente diferenciado o Ego. Es el Plano de los Ideales, de las Ideas Puras, del Ser Individual. Para los egipcios es Horus-En-ElHorizonte. Es el plano del vehículo del Espíritu Santo y la Sustancia de la parte superior de la Copa o Graal.
- DE LA MENTE CON DESEOS, llamada Kama-Manas por los indos. Es la Sala de los Espejos. La sede de la multiplicidad y de la multiplicación de las formas. Es el Cofre de las Alhajas. Del brillo o luz reflejada y de la oscuridad; la Mansión de Pandora. La Esperanza y el Miedo. Es la Fragua de Vulcano donde se forjan los Artefactos. Donde las ideas se persiguen y se alcanzan, se unen y se separan. Los Mayavirupas o ideas-formas nacen y se desarrollan antes de precipitarse o de elevarse. Aquí viven los deseos y se conoce la angustia.
- DE LA PSIQUIS O DOBLES LUMINOSOS, es el mundo vibratorio en el cual los Arquetipos y los deseos toman formas orgánicas constituidas de materia sutil o energía polarizada. Muchas de estas formas tienen sus contrapartes en el mundo más denso, el físico; y aunque se las llama dobles, los verdaderos dobles son los robots orgánicos que son sus sombras. Por ello, los egipcios llamaban a los cuerpos humanos en este plano Kha o Doble Luminoso y le reconocían poderes sobre la materia. Los hindúes llaman a los cuerpos hechos con esta materia psicológica Linga-Sharira, cuerpos inapresables por medios físicos. La energía polarizada sobre arquetipos, y la que los sustenta, es lo que los cabalistas medioevales entendían como Luz Astral en su parte más burda, pues hay otra Luz Astral que no está en este plano, sino en el segundo, que es donde se desarrollan los Sambhogas de los Santos y Budas.
Como cada uno de estos Mundos tiene a su vez en si el reflejo de todos los demás, aparte del propio (aunque los Anales de Recuerdos, llamados en India Anales Akáshicos no tienen su raíz aquí. pues necesitan de sustancia mental para registrarse), es en el subplano mental de este plano o Mundo Psíquico en donde se reflejan los recuerdos y hacen que las vidas pasadas de los hombres lleguen hasta su conciencia y puedan verse.
Sin la Luz Astral serían como películas ya impresionadas pero que no se podrían, por transparencia, visualizar con la relativa facilidad con que logran impactar a muchas personas. También en este Mundo hay reflejos de las cosas que van a suceder, pues estando más cerca del Plano Causal, los impulsos pasan por aquí antes de llegar a la Tierra física.
Los sonidos, los colores y algunos perfumes, tienen en este Mundo su patria natural. Ya veremos más adelante cómo los Elementales extraen de este plano la raíz del armónico adorno con que visten a la Naturaleza.
- DE LA ENERGIA, llamado por los indos Plano Pránico, en donde los egipcios sitúan su Llave de la Vida en su más terrenal expresión, que se manifestaba como Ankh. Aquí la energía se polariza constantemente y de manera muy compleja, y mediante una dinámica electrotérmica (por decirlo en términos actuales que se parecen en algo a lo que queremos realmente decir), y el mantenimiento de una densidad media de la materia, se regulan las relaciones de velocidad relativa, de distancia, de cooperación entre los vectores de fuerza. Los efectos de estas fuerzas son los que plasman los cuerpos físicos, corno lo hacen las limaduras de hierro sobre el huso magnético de un imán. En este plano están los cuerpos más densos de los Elementales y en él efectuarán sus fenómenos corrientes.
- DE LA MATERIA, donde los indos sitúan al Stula Sharira o cuerpo físico humano que, con su entorno físico, es lo que conforma el habitat normal de los hombres, el soporte de todos sus actos. Es el Mundo de la Substancia, el Malkuth de los cabalistas, siempre movido y coloreado por el Sekinah. Es, efectivamente, el mundo de la dualidad por excelencia. Si la definición clásica de Materia es la de todo aquello que puede ocupar un lugar en el espacio, hagamos la salvedad que ese espacio debe ser físico. Tan físico como la Materia, y ese espacio no es más que la Sombra de la Energía, la limitación de la Libertad -en cuanto le otorguemos a esta controvertida palabra el significado de atributo del Ser, más allá de la imagen restrictiva materialista de los seres como pluralidad dialéctica carentes de la suficiente Realidad para Ser en Sí-.
La Energía desacelerada se convierte en Materia visible a los ojos físicos. Atrapada y amontonada en nódulos gravitatorios, la energía se transforma en cosa, con sus propiedades, algunas intrínsecas y otras que 1e vienen desde planos más sutiles corno en el vulgar caso de la radioactividad, expresión registrada de la actividad íntima de la Materia.
Pero eso que llamamos intimidad es a la vez profundización y escape de la cárcel estrecha de la materia, cárcel en verdad tan sólo de barrotes, pues los vientos energéticos la traspasan continuamente. Y recordemos que los mismos barrotes no son más que viento detenido o desacelerado.
Para los esoteristas hay dos Mundos que no tienen realidad: el primero que mencionamos, por estar muy por encima de nuestra posibilidad de captación y al cual tan sólo hacemos referencia por habitar en él la cualidad de la Voluntad, sinónimo filosófico de Existencia; y el último o Físico, por ser sólo la sombra pasajera de Divinos Objetos, en marcha hacia Objetivos que no son perceptibles desde la perspectiva materialista.
Pero en esta irrealidad tenemos nuestro cuerpo carnal, con el cual nos hemos encariñado tanto los humanos, y nada más que por ello debemos darle importancia y validez, ya que las cosas tienen el valor que les otorgamos. Fuera del Valor Real que cada una pueda tener, para el Hombre esto es así. Imperioso y circunstancial. Cuando se está sediento en el desierto, vale más un vaso de agua que una tonelada de diamantes o una pintura pompeyana. La vida es tenida por bien y la muerte por mal.
Todo se rige en base a esta primordial dualidad. La Vida-Una no es percibida corrientemente.
CAPITULO III
QUE SON LOS ELEMENTOS
Según conceptos milenarios sobre la. constitución del Cosmos, éste estaría constituido sobre la base de un solo Elemento. Esto respondería al concepto de unidad que prima sobre los posteriores procesos de armonización de las dualidades de los inteligibles. Pero siendo el Arquetipo uno, la Sustancia debe ser, por fuerza, una en esencia. A esto se referían las publicaciones de Demócrito sobre el átomo como parte indivisible sobre la que se asentaba el Cosmos.
No es el llamado átomo, que desde hace medio siglo el Hombre desintegra, al que se refirieron los antiguos griegos. El que hoy llamamos átomo (que literalmente significa sin partes y por lo tanto indivisible) no pasa de ser una micromolécula integrada a su vez por muy variados elementos. El átomo de los clásicos está más allá de todo lo que conoce la ciencia actual.
Pero en el plano manifestado en que nos movemos y nos es dado percibir y entender, podemos afirmar que existen cuatro Elementos: la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego. Estos cuatro forman dos cruces generativas interpenetradas, ya que la Tierra y el Aire tienen movimiento horizontal y el Agua y el Fuego, vertical. Así, la Tierra es fecundada por el Agua y el Aire es fecundado por el Fuego. De estos cruzamientos surgen elementos vitales que se caracterizan por su impulso y acción benefactora para el Hombre: la fertilidad material y la fertilidad energética.
No han de entenderse estos cuatro Elementos como la Tierra física, el Agua física, el Aire físico y el Fuego físico, sino como grupos mucho mayores que se representan exotéricamente por los cuatro nombrados. Asimismo se corresponden con los cuatro planos inferiores de la Naturaleza: la Tierra con lo Físico, el Agua con lo Energético, el Aire con lo Psíquico y el Fuego con lo Mental.
En Alquimia son los cuatro estratos que se plasman en el interior del Atanor. En la base, la Sal; en el medio las dos formas de Mercurio, y en la parte superior el Azufre coronado por el Fénix de Fuego, forma de quinto Elemento que en estado natural es imposible hallar, pues es muy inestable al estar aún en su etapa formativa.
Los cuatro Elementos influyen en las características de las cosas y así oímos hablar, aunque no siempre con conocimiento de causa, de vegetales de Agua, de piedras de Aire o de signos zodiacales de Fuego. En verdad, los cuatro Elementos son como cuatro impulsos o notas musicales fundamentales de nuestra Naturaleza, dentro de la tónica de Unidad Dinámica .que la caracteriza, que permite que estas cuatro Modalidades se interpenetren y sean arquitecturadas por el Plan Divino que nos rige.
QUE SON LOS ELEMENTALES
Son Formas de Vida dentro de los Elementos. Obviamente es muy difícil explicar las características básicas que habrían de definidos, pues al no estar sus cuerpos en el plano estrictamente físico en que se desarrolla nuestro entorno visual y auditivo, o mejor expresado, al no estar sus cuerpos en la posición en que nos es fácil ver las cosas; aunque puedan estar de alguna manera en lo físico, se nos aparecen como inexistentes fantasías de los hombres primitivos o de los niños desocupados.
Estas formas de vida tienen sus cuerpos en el Plano Pránico y no por debajo de éste. Pero como los Planos no están cortados como por navaja, sino que hay una gradación casi infinita entre ellos, y las circunstancias de la Naturaleza no son siempre las mismas (con variaciones que conocemos como el día y la noche, las épocas del año, la altura, la profundidad, la mayor o menor carga de electricidad estática, las diferentes presiones atmosféricas y las diversas temperaturas, los componentes pasajeros del aire como son las concentraciones de Agua, de Ozono, etc., sumado el todo terrestre a las influencias de los astros, especialmente del Sol y de la Luna), en ciertas ocasiones los Elementales caen en una mayor materialización que los hace sencillamente visibles. Pero aun en tan favorables condiciones no son observados normalmente.
Daremos un ejemplo: una hoja rígida de papel que estuviese sostenida a veinticinco metros de nuestros ojos, en pleno día, sería perfectamente visible si nos mostrase alguna de sus caras de manera perpendicular a nuestro ángulo de visión. Pero si estuviese de perfil e inmóvil, o se moviese al mismo tiempo que aquello que le sirve de fondo, sería en la práctica invisible para los que no estuviesen a la espera de su presencia.
Difícilmente la podría percibir aquel que a priori negase la existencia de esa hoja de papel y no pusiese ninguna atención en descubrirla. Esto explicaría -aunque luego tocaremos más extensamente el tema- por qué las páginas de los viejos libros, las tabletas de arcilla, los papiros y los pergaminos, están llenos de referencias a los Espíritus de la Naturaleza y en cambio los elementos culturales de nuestra forma de civilización materialista y positiva carezcan de esas referencias.
Para un conjunto humano que llega a negar alma a los vegetales y animales que vemos, tocamos y devoramos; para quienes la fidelidad amorosa de un animal doméstico, o la presencia y compañía vivificadora de un árbol o un rosal no dice nada más allá de formas y colores que atribuye a la casualidad o a más o menos inventadas leyes genéticas mientras los despoja sistemáticamente de todo atributo metafísico, es difícil explicar la existencia y presencia de los Espíritus de la Naturaleza.
De allí que este intento no está dirigido a los pocos, ni tiene intenciones elitistas, sino que, ofreciéndose a todos, da por descontado que mientras no varíen aún más las características materialistas de inmediata herencia, serán sus propios lectores los que se autoexcluirán de sus beneficios.
QUE ANTIGUEDAD REGISTRADA TIENEN LOS ELEMENTALES
Según las enseñanzas esotéricas, son más viejos aún que el Hombre mismo sobre la Tierra. Ellos -habitantes, guardianes y consubstanciados con los Elementos- existen como formas manifestadas desde que el Mundo existe. Cuando éste era tan sólo una masa de gases radioactivos y materia incandescente, los Elementales del Fuego lo velaron; al aparecer los gases estables en su composición química y la época de los grandes vientos, los Elementales del Aire cuidaron que la evolución de esos incipientes gases y su estratificación sobre la recién consolidada corteza terrestre, se volviese cada vez más apta para las formas de vida física que estaban planeadas.
Cuando los gases se hicieron pesados y se precipitaron como las primeras aguas y éstas cubrieron la casi totalidad del planeta, dando lugar a las primeras formas realmente materiales de vida. los Elementales del Agua trabajaron y fueron modificando el primitivo aspecto del líquido elemento, en aquel entonces fuertemente sobrecargado de materias pesadas en suspensión, cosa que le daba una característica casi coloidal en los asentamientos, mientras que las altas olas rozaban con sus espumas aún no blancas las nubes bajas y compactas.
Más tarde, como inmensas tortugas aletargadas, surgieron los escudos continentales, y sobre ellos velaron los Elementales de la Tierra dándoles características de fertilidad y ayudando a la enorme población forestal que posibilitó formas de vida superiores y la plasmación de la Humanidad misma.
Cada cosa en el Universo tiene su Espíritu Guardián. El Planeta también lo tenía y a él obedecían las jerarquías de los Espíritus de la Naturaleza cuando empezaron los días y las noches. Aún lo tiene y lo tendrá hasta su desaparición. Es el Dyan-Chohan del Libro tibetano de Dzyan, el Alma Resplandeciente que rige la Tierra, o el Anima Mundi de los latinos (pues anima y mueve, y no hay que confundirlo con el Espíritu o Ego Planetario del cual la Tierra física seria el cuerpo).
Este conocimiento es milenario y no sabemos cuándo empezó. Desde el mencionado libro tibetano hasta todas las demás referencias de la antigüedad, nos hablan de estos procesos que a la sombra de nuestra alienación científica pueden parecemos cuentos para no dormir.
Pero los Elementales, como ésos que siendo pequeños y débiles, pueden entrar en relación con los hombres, también llenan los libros viejos. Desde Sumer hasta Egipto y desde China hasta lo poco que sabemos de las culturas de América y del África Negra, pasando por Polinesia y los habitantes de las zonas cercanas a los Polos, y llegando a los siglos que nos precedieron en la civilización de Europa, los Espíritus de la Naturaleza tienen papel relevante en aquellas formas de vivir menos contaminadas y más naturales.
Narraciones sobre Genios, Gnomos, Ondinas, Elfos y toda la extensa gama de Elementales, atiborran la Historia de la Humanidad de tal manera que sin ellos no sería igual su desarrollo ni su narración, como podemos comprobar desde el Mito de Enkídu y Gilgamesh, pasando por la Odisea homérica, las Sagas de Arturo y Merlín, hasta los que enseñaron a danzar a Isadora Duncan e inspiraron los vidrios de Gallé.
Hasta hace muy poco, sus representaciones adornaron las proas de los navíos, y aún tienen cientos de estatuas en el mundo, bien en los parques, bien sobre las rocas que dan al mar.
Las abuelas (…en el tiempo en que los niños eran niños, los adultos adultos y los ancianos ancianos, bien estuviesen en posesión de títulos universitarios, de nobleza, o fuesen analfabetas) contaban a sus nietecitos, sobre los Espíritus de la Naturaleza, deliciosos cuentos donde los personajes eran ondinas, gnomos, hadas, elfos, de los que se describían características de forma y de vida, prodigios y apariciones.
La misma creencia católica en un Ángel de la Guarda que cuida a las criaturas hasta que cumplen los siete años, tiene raíces mucho más antiguas que el propio cristianismo, y desde la Arcadia hasta América todos creían que los niños, por su pureza y fragilidad, tenían un Espíritu Guardián que les evitaba muchos. accidentes y protegía de las fieras, dándoles asimismo orientaciones para volver a sus casas cuando estaban perdidos.
Lo más curioso de todo esto es. que en pueblos tan disímiles, los Espíritus de la Naturaleza se representan de manera semejante en sus distintas interpretaciones artísticas. En la tradición se habla de los mismos seres Elementales en la Europa Central del siglo XV que en el corazón de la India del segundo milenio A. C.
Si tenemos en cuenta que muchos de estos grupos humanos no se conocían ni sospechaban su mutua existencia, el que hayan tenido tantos puntos de coincidencia en la descripción de los Elementales, nos lleva a márgenes que rebasan toda posible casualidad Es evidente que todos vieron las mismas o muy parecidas cosas y que obraban de las mismas maneras. Se los atraía, se los conjuraba, se los repelía o se los temía… pero siempre de la misma manera.
Esto reafirma que estaban, diferentes pueblos, ante un mismo tipo de fenómeno y que por lógica unicidad humana lo trataban de parecida forma. Como ante un no todos hicieron puentes más o menos sofisticados, pero puentes al fin. Y si todos los pueblos antiguos han hablado de los nos y de los puentes que construyeron sobre ellos, es evidente que los nos eran una presencia real. Lo mismo vale para los Elementales que eran para todos los pueblos antiguos una presencia real, que llega hasta nuestros días a través del folklore y los viejos tratados.
CAPITULO IV
COMO SON LOS ELEMENTALES, SUS FORMAS Y MANIFESTACIONES
Dada la finalidad de este pequeño libro, nos referiremos ahora a las formas que asumen a la visión y percepción humanas los Elementales.
Anteriormente hemos dicho que los Espíritus de la Naturaleza tenían por cuerpos formas de energía y que no eran estrictamente físicos o materiales en la versión común del término, aunque la energía es también material y a diario nos muestra sus efectos en el plano más denso de acción.
El hecho de que la llamada electricidad sea energía y normalmente invisible, no quita que al correr por la superficie de un cable metálico produzca fenómenos materiales traducidos en movimiento de pesadas piezas de una máquina, que a la vez mueve o traslada toneladas de materia. Y todos conocemos los fenómenos meteorológicos que se traducen en rayos y relámpagos, centellas y luces de San Telmo.
Por otra parte, la existencia de estados vibratorios intermedios entre la energía invisible y la materia visible, hace que según se rebasan esas fronteras, de arriba a abajo, la posibilidad de observación humana de los Elementales se potencie, aun sin proponérselo. Pero normalmente los E!ementales tienen su parte más densa o cuerpo en el Plano Energético, pudiendo en condiciones favorables, ya citadas, reflejarse hasta cierta corporeidad en las zonas etéricas que son mezcla y enlace entre lo que podemos llamar energía -cuya característica es la carencia de forma perceptible por nuestros sentidos -y la materia-cuyas características nos son evidentes y fácilmente registrables-.
De ello podemos colegir que los Elementales tienen como propiedad una plasticidad mucho más veloz que la nuestra, siendo sus formas más inestables y dinámicas. Cuando esas formas se lentifican es cuando se corporizan y su visión se vuelve. más fácil, bien por factores naturales que mencionamos anteriormente, o bien por la voluntad de quien quiera verlos; voluntad que ha de ser fuerte pero no agresiva, pues cualquier inestabilidad en ella repercute en los Espíritus de la Naturaleza y los ahuyenta hacia sus refugios energéticos y a los juegos ópticos propios de su extraordinario poder para disimularse en los mismos Elementos en que habitan.
Aunque sus variedades son prácticamente infinitas, como también lo son las de todos los seres vivos, podemos citar algunos ejemplos clásicos de Elementales:
LOS DE LA TIERRA: GNOMOS, HADAS y ENANOS.
Denominación extraída del Griego, genomos, o «el que vive dentro de la tierra». La variedad de estos Espíritus de los Elementos es, como en todos los demás, tan grande que abarca desde ciertos monstruos (que así podríamos llamarlos basándonos en el latín, en el sentido de prodigios o alteraciones de lo normal, y siendo para ellos la tierra sólida el ámbito en el que se mueven, como para los humanos lo es el aire, no encuentran otra resistencia en las más duras rocas, que nosotros ante las ráfagas de viento), hasta los pequeños enanos que refleja el folklore de todos los pueblos.
De los primeros podemos decir que están en continuo movimiento, en expansión y retracción, pudiendo alcanzar tamaños semejantes al de los más grandes mamíferos conocidos. Los segundos, de aspecto humanoide, no suelen levantar del suelo más de un par de palmos.
Estos últimos son los más conocidos: enanos u hombrecillos inocentes, bondadosos y crueles como los niños. Carecen de toda conciencia ética y no podríamos decir de ellos que son buenos ni malos.
Traviesos por naturaleza, gustan burlarse de quienes los buscan torpemente y son, en cambio, sumisos servidores de los verdaderos Magos. Aunque los tiene que haber de ambos sexos, ni las narraciones ni mi propia observación registran hembras. El aspecto suele aparentar una edad madura, aunque no representa lo que nosotros llamamos edad, pues viven siglos y no conocen, como nosotros, los estados de niñez, adultez y vejez. Sus apariencias son siempre las mismas.
Salvo la cabeza, grande en relación al cuerpo como en el caso de los enanos humanos, son bien proporcionados.
Van siempre vestidos y parece ser que, sobre un patrón de ropa a la manera campesina, copian las modas humanas que les son contemporáneas cuando nacen, y así las guardan todos los siglos que duran sus vidas. No existe apariencia de desgaste en dichas ropas, aunque no dan la sensación de ser nuevas sino arrugadas y ajadas como si fuesen muy viejas, pero indestructibles.
Aun en los mayores grados de materialización, obtenidos tan sólo en condiciones especiales y en lugares no frecuentados por los humanos, no emiten sonidos ni los perciben.
Huyen del Sol y aman la luz de la Luna, de los pequeños candiles y de las luciérnagas.
Apacibles, suelen estar mucho tiempo inmóviles.
Los hay no mayores que la altura de un puño, no más altos que un pulgar, como dicen los cuentos para niños. Estos son muy difíciles de percibir por los adultos, aunque ellos han de creer todo lo contrario, pues en presencia o cercanía de los humanos se esconden tras las cosas, en los rincones menos iluminados o, aprovechando su poder de pasar a través de la materia, en los cajones de los muebles que no han sido abiertos en mucho tiempo.
Gustan de la cercanía de los niños y les sugieren lugares y posiciones para sus juguetes, bailes y cantos, rondas y juegos de escondrijos. Traviesos, hacen encantamientos psíquicos que evitan a los adultos el hallar pequeñas cosas como ser lapiceros, gafas, agujas, clavos.
Retirado el velo, se divierten viendo cómo se encuentran las cosas perdidas, a veces en lugares distintos a los que estaban, lo que presupone en ellos una cierta posibilidad de traslación, aunque es mucho más corriente que sus propios encantamiento s, unidos a los desconciertos, angustias y apuros que provocan sus travesuras en los humanos, hagan que sean las mismas personas las que llevan el objeto en la mano y lo colocan en otras partes sin ser concientes de ello.
En las épocas de las Corporaciones Laborales, cuando el hombre no había automatizado su posibilidad de trabajo y cuando ponía verdadero interés en él -tal cual lo vuelven a poner los artesanos- los pequeños Gnomos eran sus invisibles compañeros de taller, sus ayudantes de tareas. En casos excepcionales, algunos ocultistas lograron con su magia hacer trabajar ejércitos de Gnomos, materializados por lo menos en parte, en su auxilio; pero tal tipo de trabajos forzados desagradan a los Elementales, los que gustan tener cierta iniciativa que es un equivalente al juego o diversión.
También se han registrado en Oriente una variedad de Gnomos, o simplemente mutaciones de los mismos, que llegan a tener una apariencia humana normal y que ayudan a los viajeros en los caminos, pueden hablar y dar consejos, aunque no comen ni duermen como los humanos y tampoco envejecen.
En estos casos están siempre solos y son confundidos con monjes. La misma versión la encontramos en la antigua Grecia., pues los monakhós eran los emisarios de Hernies que, en las encrucijadas de los caminos, tenían sus escondrijos y cuidaban las primitivas ermitas.
Se decía de ellos que no comían ni amaban, ni hablaban casi, prefiriendo hacerse entender por señales. La tradición quiere que tuviesen algo en su anatomía diferente a la de los humanos: las puntas de las orejas, lo que los emparentaba con otro tipo de Elementales de los bosques que luego fueron llamados Silvanos.
El típico gorro de Hermes servía para ocultar esta anormalidad, que muchas veces fue relacionada con el Mito del Rey con orejas de burro y dotado de poderes parapsicológicos, como Midas.
Los Gnomos u hombrecillos pueden, si lo desean, trasladarse con enorme velocidad y estar instantáneamente donde quieren estar. Y así, hacen pequeños servicios a los Magos que están en relación de trabajo con ellos, como avisos en base a ligeros golpes dados en muebles, y otros que .veremos más adelante. A pesar de no tener un alma en grado de diferenciación, como la humana., logran la apariencia de ella bajo la influencia de un ocultista práctico que pueda comunicarse efectivamente con ellos.
Las Hadas son asimismo Elementales de la Tierra. aunque sus múltiples variedades y la tradición literaria y popular las exalta de tal manera que, en numerosos países, la denominación es sinónimo de hechicera o maga, como en la versión de la Baja Edad Media y la Renacentista del Mito de Merlín en la Saga de Arturo, en donde Morgana aparece como un Hada.
De apariencia similar a la humana, sus tamaños varían entre el diminuto y el de una persona normal.
Regidas asimismo por la Luna, gustan reunirse en lugares alejados de toda presencia humana y bailar en círculos en los prados circundados de bosques. La especial forma de reproducción de las setas, que configura una expansión de la especie en forma de anillo, ha emparentado estos vegetales, en la tradición popular, con los círculos de la Hadas. Es que, ciertamente, son las Hadas muy expertas en el conocimiento de las virtudes ocultas de las plantas y de los minerales.
Hábiles en encantamientos, magias y hechicerías, inspiran a los curadores naturales sus extrañas y a la vez rudas artes, en donde se mezcla la intuición con el recuerdo mutilado de una ciencia perdida.
Cierta variedad está estrechamente ligada a los humanos, y en las viejas monarquías solían dar a los recién nacidos sus regalos en forma de bendiciones, o de maldiciones si había circunstancias negativas de por medio. Gustan de los niños en general, sugiriéndoles juegos y protegiéndolos de los peligros, e inspirándoles telepáticamente las acciones que los preserven vivos y alegres.
Son atraídas por las golosinas y dulces, cuyo perfume y doble las tienta a correr con la, para ellas no siempre grata, compañía humana. Gustan de los sonidos armónicos y de las figuras geométricas circulares. De aspecto femenino, no conozco si las hay varones. No son las contrapartes femeninas de los Gnomos, como vulgarmente se cree, pues sus características y naturalezas son distintas y se ignoran los unos a los otros, como pasa con animales de diferentes especies.
LOS DEL AGUA: SIRENAS, NEREIDAS, ONDINAS, NINFAS.
Las llamadas Sirenas, lo son de la superficie del agua de mar. Sirenas, del latín Siren, del griego Seiren, son «las que encantan o seducen». Relacionadas con la música en la antigüedad, se las hacía hijas de Melpómene. Se las describe con cabeza de mujer y cuerpo de ave y también de pez. Aliadas de las formas elementales que rigen las brisas marinas, producen sonidos armoniosos muy parecidos a la voz humana, que pueden imitar por sus poderes telepáticos.
Podríamos colocarlas en la cúspide jerárquica de toda una gama de Elementales que, siendo de Agua, necesitan de la combinación con el Aire para vivir. En el otro extremo estarían las pequeñísimas criaturas que viven tan sólo en la espuma, que nacen y se disuelven con ella, sobre todo en las noches de Luna llena. Según la antigua medicina, tenían estas últimas la capacidad de realizar extraordinarias curaciones en quienes se bañaban en las aguas. También servían a los Magos que podían leer augurio s en la reflexión de la luz lunar o Camino de plata de la Luna Llena sobre el mar en calma.
Existe otra variedad de Sirenas que aparecen en las noches en que las olas se vuelven fosforescentes al estar saturadas de formas animales, como las llamadas Noctilucas. Traen malos presagios y peores recuerdos. Están relacionadas con el antiguo misterio de la Luna Sumergida del cual no hablaremos.
Las Nereidas son poderosos Espíritus de la Naturaleza femeninos que servían de escolta a Afrodita, la Nacida de la Espuma. Pueden alcanzar grandes profundidades y habitan en grutas sumergidas. Su alta jerarquía las hacía también compañeras de Anfitrite, la esposa de Poseidón, Rey del Mar y de las Grutas Subterráneas, antiguo Señor de los Terremotos, y de los Caballos, por lo que las espumas rizadas que alzan las olas se identifican con las crines de los caballos de Poseidón.
Tradicionalmente relacionadas con la realeza y el señorío, se las hace proteger las difíciles maniobras de los antiguos barcos de vela de los reyes y los emperadores. Sus contrapartes masculinas son los Tritones, también del séquito de Neptuno; responden al Trino Poder del Reflejo del Logos sobre el Gran Espejo o Cristal Negro de origen Terrestre e Igneo, guardado en Thule para la Corona del Rey del Mundo. Tienen, como las Nereidas, el cuerpo en su mitad superior semejante al humano, y en su mitad inferior como de pez alargado, a la manera de la serpiente de mar.
Ataviados con algas y corales, perlas y conchas, tocan supersónicas caracolas etéreas anunciando el paso de los triunfadores. Conocen el secreto de los tesoros sumergidos y en ocasiones se los representa como violentos ejecutores de la voluntad de su Amo, que con su tridente mágico, bien mantiene a los barcos sobre las aguas, o los empuja a las rocas y los desfonda. En épocas pasadas aconsejaban a los humanos viajeros en Ciencias perdidas, provenientes de Continentes sumergidos.
Las Ondinas deben su nombre al latín, unda, literalmente: «ola», Habitan en los ríos, especialmente en las regiones donde corren entre rocas y producen cascadas y espumas rumorosas. Otras variedades son marinas y viven en las costas y playas, siempre en lugares recogidos, donde haya oquedades. Su forma se parece a la de una mujer en su parte superior, teniendo indefinido el cuerpo de cintura para abajo o semejando lienzos siempre húmedos que lo recubriesen.
De muy largos cabellos, nadan a enorme velocidad y en muchas ocasiones se confunden con las Nereidas. Las tradiciones las pintan peinando sus largas cabelleras en actitudes muy femeninas y en general dan una sensación de debilidad y fragilidad si las comparamos a la pujante y orgullosa fuerza de las Nereidas. En la antigüedad se atribuía a estas criaturas el tratar de encantar a los viajeros que, en parajes solitarios, se detenían junto a los torrentes; los invitaban a sus grutas a beber un licor mágico .que les hacía enfrentarse con sus propios engendras interiores. Sólo los puros y fuertes podían vencer y liberarse de peligrosos pactos con las Ondinas, de ojos hipnóticos y dueñas de ciertas joyas, probablemente anillos, que ofrecían con la intención de que el caballero que las aceptase quedara de ellas prendado y rendido.
Las Ninfas -cuyo nombre proviene del latín lynpha, «agua», y del griego nymphe en relación con las fuentes y manantiales- son Elementales de apariencia femenina, bellísimas, que habitan en lagos y en aguas tranquilas. Son asimismo guardianas de los manantiales escondidos en la foresta. A las Ninfas se les atribuye un aspecto totalmente humano hasta el extremo de no diferenciarse de las mujeres. En la antigüedad se les atribuía el ser guardianas de los remolinos y ser tanto maléficas como benéficas, mostrando un carácter caprichoso y delicioso a la vez que podía tentar a los mismos Dioses.
De aquellos tiempos nos llega muy vivida la imagen enjoyada de Aretusa, reflejada en las cerámicas de culturas helenísticas de la Magna Grecia, generalmente recipientes en relación con el agua, bien sola o mezclada con vino. Es característico su complicado tocado de perlas y cintas sobre los trabajados cabellos.
En la Saga de Arturo, emparentada con la del Rey del Mundo y el Mago Merlín, es una Ninfa la que devuelve de los lagos las espadas mágicas que darán fe de realeza a los galantes caballeros. Asimismo aparecen en la llamada mitología germánica en relación con Tannhauser. Emblemas de belleza venusíaca, las Ninfas están relacionadas con el amor sublimado y celoso, y contrario al amor carnal.
Sus venganzas contra los caballeros que les son infieles suelen ser terribles. Eternamente hermosas y jóvenes, poseen ese secreto de la continua juventud a la que están condenadas, y castigan otorgando la tan discutida gracia de no morir. Pero su inmortalidad no es la espiritual y conciente, sino la deshumanizada, y la tradición quiere que sus intentos amorosos tengan por fin el humanizarse y adquirir un sentido humano de la vida y de la muerte. Criaturas enigmáticas, son expertas en encantamientos, en metales mágicos y en piedras preciosas en el seno de las cuales se pueden ver cosas lejanas, pasadas y futuras.
LOS DEL AIRE: SILFOS y ELFOS.
El nombre de las criaturas Elementales que denominamos Silfos es de difícil raíz etimológica, probablemente galorromana y derivada de los sonidos que producían los vientos en las arpas druídicas que, como las eólicas griegas, solían suspenderse colgando de los árboles sagrados, para interpretar una música no humana.
Estos Espíritus de la Naturaleza se caracterizan por vivir exclusivamente en el aire; son muy difíciles de percibir dada su naturaleza inestable, fluídica, dotada de muy veloces movimientos de tal modo que el investigador debe clavarlos en algo que no se mueva para poder hacer el más somero estudio.
Este sistema enfurece a los Silfos y les causa dolor. No tanto por la sujeción en sí, sino porque se les priva de movimiento, sin el cual desfallecen y llegan a morir. Es su necesidad constante el correr y trasladarse. Tan sólo tienen apariencia humana en su cabeza, pues el resto del cuerpo, de difícil estudio, es parecido a la imagen que tenemos de los ángeles, pero menos apacibles y no siempre con sólo dos alas.
Tampoco estas alas, en los casos de Elementales del nivel en que los estamos describiendo, son tan blancas, agradables ni emplumadas como las de las imágenes griegas, romanas y cristianas. Estas han sido extraídas de tipos de Elementales superiores de los cuales haremos referencia más adelante.
Los Elfos (del celta Faeries) son Elementales de formas muy bellas y muy pequeñitas. A la manera de mariposas etéreas, viven en las cercanías y en la corola de las flores. Sus cuerpos son antropomorfos y los hay de figuras femeninas o masculinas, aunque ello no tenga estricta relación con su reproducción, pues copian formas humanas.
Sus vestidos son a la manera de túnicas cortas y livianas. Sus movimientos constantes son semejantes a los de las abejas cuando liban en las flores. Extremadamente energéticos, tienen grandes poderes curativos aunque en ese tipo de trabajo se extenúan hasta morir. Su radio de acción llega hasta donde lo hace el perfume de la flor.
Las flores sin perfume no tienen Elfos de este tipo. Son, en algunas de sus variedades, muy afectos a los humanos, sobre todo a los niños y a los que tengan inocencia y sensibilidad artística. La luz los excita y la oscuridad los apacigua. Gustan de los sonidos suaves, de los colores y de la luz reflejada en los espejos no muy pulidos.
Sus graciosas figuritas se completan con pequeñas alas parecidas a las de las libélulas y mariposas, pero más hermosas, etéreas y en constante movilidad, a la manera de los colibríes. Unidos de las manos suelen hacer aros de danzas y promueven los encantamientos benéficos. Sus tamaños varían entre un palmo de altura hasta menos de un centímetro. A veces se aquietan, como si durmiesen, en actitudes muy dulces. Otras, parecen estar pensativos u oyendo lo que los humanos no pueden oír. Son la gracia angelical personificada.
LOS DEL FUEGO: LAS SALAMANDRAS.
Estos Elementales son los más alejados en sus formas a la humana. El nombre que reciben tiene un oscurísimo origen etimológico oriental, de aportación árabe, que los relaciona con la famosa universidad de Salamanca, que en el Bajo Medioevo europeo gozaba del esplendor de la plenitud del Islam. Ciertamente, allí se efectuaron estudios y trabajos sobre Alquimia, y bajo este término genérico se cobijan multitud de conocimientos, entre ellos los de los Espíritus de la Naturaleza, en especial los que calientan y también coronan el Atanor.
En el fuego de las chimeneas se les puede ver a la manera de serpientes negras, preferentemente en posición vertical, que se mueven velozmente y se retuercen sobre sí mismas.
El tamaño de las Salamandras varía, desde el de pequeñas lombrices que se mueven en los fogones y hogueras, hasta las enormes que plasman las curiosas formas de los relámpagos y los rayos.
Nadie que no tenga santidad y experiencia debe atreverse a intentar algún contacto con estos poderosos Seres, pues también rigen los impulsos electro biónicos que corren por el sistema nervioso humano.
Hay metales que las adormecen y contienen, de manera que pueden colaborar en la eficacia de un amuleto con formas de Magia demasiado peligrosas para ser comentadas sin los previos compromisos que hacen a los hombres incorruptibles.
OTRAS VARIEDADES DE ELEMENTALES.
Aunque este tema será desarrollado en otro Capítulo, creo prudente señalar que los Espíritus de la Naturaleza que hemos descrito, son sólo los ejemplos más típicos de aquellos que se han reflejado fuertemente en el llamado folklore y en la tradición de los humanos.
La gama de Elementales es inmensa, desde los Regentes de los Planetas y aun de las estrellas, hasta los que mantienen con su vida la de los átomos.
En los Misterios de la antigüedad se hacía referencia a ellos. Se los representaba con figuras geométricas, palabras sin aparente significado y cifras numéricas hoy incomprensibles. Las referencias son veladas e indirectas. Es imposible encasillados en uno sólo de los Elementos.
Son los que rigen los momentos del nacimiento y de la muerte de todos los Seres manifestados y también de las cosas; el traspaso de las Almas por los distintos umbrales. Los que se mueven en un espacio-tiempo que no es el que conocemos y en el que vivimos.
Son los que vigilan la marcha del Reloj de la Historia desde afuera de esa maquinaria de causas y efectos encadenados de manera lógica. Los que cuidan de los Anales en donde se puede leer el pasado y el futuro.
Son Ángeles y Demonios. También los Dragones cuyo aliento calienta la Tierra. Las almas de los cristales geológicos que reinan sobre la estratificación de los minerales y que han condensado la luz de estrellas desaparecidas a nuestra vista. Los Genios de las joyas. Otros, aprisionados en formas mentales de los Dioses, a través de los eones esperan el momento de comandar las delicadas operaciones del nacimiento y de la muerte de las galaxias: son los que habitan los cometas, ya sea los que fecundan determinadas zonas del espacio para que nazcan nuevos mundos, o los que quedan como último resto de otros astros pasados y derivan hacia los cementerios de estrellas. Asimismo, los más simples cometas que enlazan, como electrones de valencia, un sistema solar con otro.
Y más cerca nuestro, son los que moran en las entrañas de los volcanes y de las nubes. Los que manejando invisibles pinceles, pintan los amaneceres y los atardeceres. Los que despiertan la vegetación en Primavera y la adormecen cuando se acerca el Invierno. Los que rigen la suerte en los cruces de caminos, en grutas encantadas y en montañas mágicas.
Son los Genios que dan y quitan dones. Los que tocan la frente de los elegidos y los que hacen resbalar los pies de los que cayeron en desgracia.
Quien escribe esto sabe que en nuestro materialista siglo XX lo que acaba de mencionar suena a cuento para niños o a ciencia-ficción. Y así debe ser, pues estos conocimientos vienen del pasado y del futuro. Son desconocidos e ignorados en el presente. Pero, sin embargo, se refieren a realidades, algunas de las cuales se hacen sentir nítidamente en la vida e inspiración de muchas personas, aunque la educación recibida les bloquee la capacidad de percibir o imaginar las causas, y aceptan lo que pasa con estólida resignación con la característica amargura o la animalesca alegría que surge de estar sometidos a la enanocracia.
Quien no pueda salir de la jaula del materialismo, jamás podrá percibir estas maravillas ocultas en la Naturaleza ni verá las huellas de los Pasos de Dios sobre la Tierra.
CAPITULO V
COMO VIVEN LOS ELEMENTALES. SUPERVIVENCIA, SOCIEDAD Y RELIGION
Aunque más adelante lo explicaremos más largamente, debemos partir de la base de que toda observación y estudio de los Elementales por los humanos, refleja las características de los primeros aunque fuertemente teñidas y deformadas por las características propias de los segundos.
Podríamos pensar que al no tener el Hombre actual conciencia de la existencia de los Elementales, éstos hacen su vida libremente según sus propias naturalezas. Esto es falso. Cuando los hombres ignoraban la existencia de las bacterias, al someter sus alimentos a temperaturas altas mediante la inmersión en agua hirviendo o a la exposición directa de una fuente de calor, destruían los microorganismos y los modificaban obligándolos a encapsularse, sin importarle al fenómeno la conciencia que de ese fenómeno tengan cualquiera de las partes afectadas.
De la misma manera los Hombres, con sus diferentes formas de vida, más o menos mecanizadas e intoxicantes, con sus desperdicios propios y los de sus actividades laborales, con sus ansias y sus temores, con sus cambios de formas religiosas en. ciclos de tiempo relativamente cortos para los Elementales, les afectan profundamente. También los Elementales modifican las vidas de los Hombres, pues intervienen en los fenómenos climáticos, en la fauna y en la flora, especialmente la no doméstica, y aun en las formas de sentimiento y pensamiento individual y colectivo de los Seres Humanos.
SUPERVIVENCIA Y FORMAS DE REPRODUCCION.
Al referimos a los Elementales de una forma tan genérica como lo estamos haciendo, no podemos establecer promedios mínimos ni máximos en la vida de éstos, pues es tan grande su variedad que algunos -como los ya mencionados de la espumase manifiestan durante pocos segundos o aun fracciones de segundos, y otros, gigantescos habitantes de los abismos marinos o de los macizos montañosos, viven docenas de miles de años.
Si profundizamos un poco más el tema y consideramos que son Elementales los que rigen las variaciones de las órbitas de los elementos subatómicos y de los llamados Nidos de Galaxias - ya que configuran la Inteligencia Elemental de toda forma de energía nos encontramos con que los límites anteriormente mencionados son simples muestras en medida humana para que podamos entender algo sin perdemos en lo insondable de lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, ya que toda cuestión de tamaño es relativa para nuestra concepción; y para el Hombre, tal como dijese Protágoras, el Hombre es la medida de todas las cosas.
Es probable que el lector, cada vez que se mencionan los Elementales en cuanto rectores de las Fuerzas de la Naturaleza -como las que se manifiestan en el constante marchar de las cosas, ya sea de las corrientes eléctricas, las atracciones gravitatorias o la circulación de la sangre- piense que estamos corporizando e inventando espíritus y seres en donde tan sólo existen relaciones entre masas de materia o de energía.
Desde el punto de vista materialista eso es cierto, pues quiere esta visión particular y restringida del Mundo medir y pesar todos los aspectos y exteriorizaciones, las propiedades y los atributos, desentendiéndose del porqué en la constante alienación del cómo. Así, nadie puede definir lo que es Fuerza si no es por los efectos que la hacen perceptible, aunque para la mentalidad exotérica esto basta. Y si no basta, se recurre a la muletilla de la casualidad y se la pone en la cabecera del desfile de los acontecimientos.
Gracias al desarrollo de la técnica en la especialidad de computación, podemos hoy hacer en segundos, cálculos que miles de hombres no habrían podido hacer consumiendo todas sus vidas en ello, y tenemos comprobado que la suma de casualidades con que se quieren explicar los fenómenos naturales es imposible.
Al contrario, queda cada vez más demostrado que existe una causalidad con una evidente cascada de causalidades que dan sentido a la Vida y a sus movimientos, puesto que las computadoras, después de todo simples ábacos perfeccionados que son programados según la capacidad inteligente de quienes las manejan, muestran que con lo poco que sabemos ya basta para negar la casualidad de los fenómenos naturales, y que existe un sentido de la Vida, un inmenso plan, un ritmo como de danza en el Universo y asimismo, que si consideramos tan sólo materia y energía como dos formas menos y más sutil de una misma cosa, el Universo se detendría, pues en su ecosistema hacen falta elementos inteligentes y sensibles que prevengan en lo posible los accidentes, que activen a manera de invisibles catalizadores determinados procesos, y que justifiquen una forma de psiquismo de la Naturaleza que vamos descubriendo.
A ese factor X, como gustan llamado algunos científicos de avanzadas concepciones, nosotros le llamamos Elementales o Moradores de los Elementos. Este es un conocimiento viejo como el mismo Hombre y sus restos se conservan en el folklore de todos los pueblos, más o menos deformado por la superstición y la fantasía, por las costumbres y por las necesidades; pero es básicamente cierto.
Tal vez, por dar un ejemplo cualquiera, los Red Caps no sean como los narran los campesinos escoceses, siempre buscando nueva sangre para colorear sus gorros y encaramados en las ruinas de los castillos; pero es inevitablemente cierto que donde hubo grandes batallas y matanzas, y donde han quedado restos de osamentas y armas que estuvieron mojadas en sangre, en los teatros de esos cruentos encuentros en los que la desesperación y el terror hicieron mella en tantos hombres y animales, se conserven por un tiempo formas mentales y psíquicas que impregnen de alguna manera el entorno, cosa que cualquier persona sensible puede percibir aunque no sea exactamente lo que se llama un médium.
Descartar esta posibilidad a prior es bastante anticientífico, y más aún antifilosófico. Donde hubo fuego, queda por un tiempo la tibieza de los rescoldos. y por donde corrió el agua se percibe humedad. Los actuales métodos técnicos basados en la percepción de los rayos infrarrojos delatan, por la mancha de frío completamente invisible a nuestros ojos, dónde estuvo aparcado un automóvil en un lejano día de sol. Pero los briosos caballos de la técnica muerden el freno de un auriga casi ciego que es la Ciencia actual.
Recurramos pues a la Vieja Ciencia, a las Tradiciones y al Conocimiento Esotérico en búsqueda de la verdad, de la cual una gota vale mas que un océano de mentiras por muy codificadas y publicadas que estén.
Así, los Elementales nacen, viven y mueren como todas las cosas manifestadas. La Ley es una para todos Y Dios sabrá por qué es así. Lo que resulta evidente para nosotros es que todo lo que entra en lo que llamamos existencia, se desgasta y modifica hasta hacer peligrar sus características originales.
La Inteligencia que nos rige ha optado por la renovación de las formas en preservación de lo más interno e importante, así como nosotros cambiamos la ropa usada por otra nueva cuando lo consideramos necesario y nos es posible hacerlo. Pero aun este ejemplo doméstico requiere una percepción del desgaste y un cálculo de posibilidades de reemplazo y de las modalidades del mismo a la luz de la experiencia anterior y de la capacidad presente de renovar.
Debemos tener en cuenta nuestra tendencia más o menos subconsciente de antropomorfizarlo todo y extender los detalles de nuestro ciclo vital a los demás seres, cosa generalmente falsa, pues cada forma de vida tiene, por fuerza de su propia naturaleza, características que le son propias más acá de la Ley única que nos rige.
Que todo se renueve no quiere decir que forzosamente lo haga de la misma manera y en el mismo lapso de tiempo. Si bien los Elementales que están más cerca de los hombres, o sea los que éstos pueden percibir más fácilmente y viceversa, tienden a una antropomorfia, por ser el hombre un arquetipo, dentro de su cápsula evolutiva difieren en muchas características.
Hay Elementales que son parecidísimos a los hombres, y por tanto, parecidas son sus formas de nacer, vivir y morir. Incluso en circunstancias favorables han llegado a corporizarse tanto que, transformando su energía en materia (nada milagroso: de la misma manera se transforma la energía potencial de una piedra suspendida, en el cúmulo de fenómenos físicos de su caída; se hacen visibles y se cristalizan los gases pasando del estado invisible al liquido y al sólido; o las grasas y proteínas se transforman en tejido adiposo visible y tangible en el cuerpo humano) han convivido con las personas, y hasta mantuvieron con ellas amoríos y guerras.
En algunos de los casos han sido detectados como Espíritus de la Naturaleza, bien por su extraordinaria longevidad, por parir las hembras sin necesidad de cordón umbilical o por la sangre de otro color que la de los humanos. Asimismo se han visto rodeados por los fenómenos que hoy llamamos parapsicológicos que la cuidadosa observación de nuestros antepasados no ha dejado de registrar, como ser el dar evidente vivificación a los pastos con sólo danzar sobre ellos, o poder señalar con toda seguridad el lugar exacto de tesoros escondidos, vetas de metales preciosos o aguas subterráneas.
La vieja afirmación de que algunas Casas Reales tuvieron sus orígenes en el cruce de un humano con un Espíritu de la Naturaleza, o con un semidiós, o con un dios mismo, no es tan descabellada como hoy nos parece al ver los restos petrificados de esas otrora dinámicas y creativas Casas Reales. Pero la Ley de los Ciclos es inexorable, y si los antiguos reyes hacían prodigios, los actuales necesitan de la aprobación figurativa de sus pueblos.
Otros Elementales son tan simples como un pequeño tejido energético, sin forma definida ni capacidad para hacer otra cosa que flotar en las cercanías de los rincones de las casas. o bajo las raíces de los árboles. La reproducción de éstos nada tiene que ver con la humana y mas bien la podríamos comparar con la partenogénesis celular.
Son simples jirones de vida que no pueden ni quieren vencer el magnetismo del suelo cerca del cual se arrastran. Con ellos juegan frecuentemente los gatos domésticos, enganchándolos en las proyecciones magnéticas de las puntas de sus uñas. Los hay, también. que son verdaderos desperdicios etéricos que abundan y se amontonan en los lugares donde hay malos olores, miasmas, aires sobrecargados de las opacas emanaciones de los cuerpos enfermos, o perfumes venenosos de drogas y de plantas maléficas.
La reproducción de éstos es rápida. a la manera de los esporos en los hongos, y se los ahuyenta haciendo correr aire yagua limpios, haciendo penetrar la luz del Sol y aumentando toda forma de higiene física, desde el muy simple jabón hasta las nubes del incienso y la mirra o el estoraque quemados sobre una plancha caliente o carboncillos. Los populares palillos de incienso tienen poca eficacia pues están confeccionados comercialmente con mezclas inadecuadas de productos innobles.
Como sería inacabable mencionar las diferentes formas de supervivencia y reproducción de los Elementales, daremos un ejemplo de una forma media de vida, en un habitat restringido. Nos referimos a los Gnomos que habitan los lugares poblados de pinos. Son éstos criaturas tímidas, que por su gran longevidad (comparada a la nuestra) llevan copias de las ropas que usaban los campesinos de pasados siglos.
Carecen aparentemente de toda sexualidad re productiva, aunque son víctimas de una gran sensibilidad, de manera que cualquier emoción que tenga una mota de violencia los espanta y los hace desaparecer, sutilizando sus formas y mimetizándose en las ramas y cortezas.
Se alimentan de las excrecencias áuricas de las resinas de los árboles y de sus perfumes, por lo que suelen aceptar obsequios altamente perfumados (entiéndase por aceptar el acercarse a ellos y absorber sus emanaciones).
No gustan de la compañía de los hombres aunque su innata curiosidad hace que jamás estén alejados de ellos y los observen frecuentemente. Incluso les gastan bromas, que es una forma infantil de comunicación, produciendo ruidillos en la noche, tendiendo engaños psíquicos que hagan dificultoso el hallazgo de pequeños objetos justamente cuando son necesarios, o materializándose muy fugazmente a lo lejos de manera que dejan a los hombres y mujeres, preferentemente jóvenes, confusos y temerosos.
Pero las concentraciones humanas los aterran y los dobles de los hombres aplastan los suyos y los emponzoñan hasta producirles terribles enfermedades y la propia muerte, que es para ellos, como para nosotros, el abandono de sus vehículos más densos, con la diferencia que en el caso de los Elementales la conciencia individual desaparece como acto, fundida en el Alma Grupal de su Pueblo o Grupo Etnico.
Tienen instinto de supervivencia, pero no les desespera la muerte pues tampoco tienen imaginación como para verse en otra situación que en la que en ese momento se ven. Les cuesta recordar y hay casi que forzarlos a ello, y aunque saben muchas cosas de manera innata sobre las propiedades de las plantas y las relaciones de los astros con los fenómenos terrestres, sólo contestan si se les pregunta y si se les sabe preguntar muy pacientemente, volviendo al mismo tópico mil veces si es necesario.
Al no poderse materializar jamás de manera completa, están incapacitados de hablar, si bien oyen, aun en gamas que escapan a nuestros oídos. Así se comunican con los humanos que gozan de su amistad, y en cierta forma imperan sobre ellos, en base a señas y esbozos telepáticos, haciendo la comunicación dificultosa y al principio muy lenta y desalentadora.
Sus apariencias son siempre como de viejecitos, aunque entre ellos notan las diferencias que les da la edad.
En determinadas épocas del año, cuando hay humedad y la Luna se ve tan sólo ocasionalmente a través de las nubes, en horas cercanas a la medianoche, se los ve pulular en las ramas de los pinos. En otras ocasiones, de las axilas que esas ramas forman con los troncos o con otras ramas mayores, ellos extraen su prole, que creció dentro de una forma de saco amniótico etéreo del color de la resina.
Siendo muy pequeños, los recién nacidos son en forma y proporción idénticos a sus mayores, y su desarrollo se percibe tan sólo por el aumento de tamaño, mas no por otras variaciones que se puedan apreciar dentro de las especiales condiciones en que, se comprenderá, son observados.
SOCIEDAD Y RELIGION. SISTEMAS DE GOBIERNO.
Como no nos cansaremos de recordar al lector, la cantidad de variedades de los llamados Espíritus de la Naturaleza o Elementales, es tan grande como la que podríamos registrar en Reino Animal; difieren las costumbres de las jirafas y de las tortugas, las de los perros y las de los peces. Ante un problema de igual magnitud, nos encontramos con el agravante de que, siendo los Elementales seres cuya corporización normal se da en el plano de la energía, y son por lo tanto inmateriales e invisibles para la inmensa mayoría de los Humanos -y cuando visibles, lo son de manera restringida-, toda generalización está condenada al fracaso.
Así, prefiriendo una pequeña verdad a una gran mentira, nos vamos a referir otra vez a un caso específico: los Gnomos que habitan en los pinares.
Viven en sociedad, en tribu, formando una familia extendida en donde cada uno guarda su individualismo, aunque está y se siente plenamente unido al resto de la comunidad. Como comparación pueden valer las relaciones que se establecen espontáneamente entre los niños humanos antes de haber sido contaminados por la educación (o mejor dicho, antieducación) a que hoy los someten los mayores.
Para un niño, el que otro tenga alguna diferencia de color de piel, sea tartamudo o cojo, puede ser motivo de broma, pero jamás de segregación del grupo. Se lo invitará y hasta se lo forzará a mantenerse cerca y se lo tendrá en cuenta para todo. En donde los niños y los Elementales pueden mostrarse individualistas es tan sólo en pequeños secretos y travesuras que no quieren comunicar a los otros, como si de algo mágico se tratase.
Esta sociedad no es comunitaria, a la manera de la que propone Platón y la casi totalidad de los sociólogos de una manera u otra, tal vez porque no cabe en las expectativas de los Elementales la noción de progreso y no pueden concebir un Estado, en el verdadero sentido y según la definición platónica del mismo.
Cada Elemental trabaja y vive para sí pero en apretado compañerismo con los demás, y aparte de algunas cómicas rencillas, sabe que puede contar con todos, aunque se cuidará mucho de no interferir la labor de los otros sin necesidad.
Si bien tienen el alimento aparentemente asegurado, por lo menos en lo inmediato, y no se nota desgaste en sus ropas y saben prepararse sus propias medicinas, se los ve constantemente ocupados.
No se entienda por esto que están en febril movimiento a la manera de las abejas de una colmena. pero el espíritu es el mismo, aunque el ritmo aparezca como mucho más apacible y libre. Más adelante escribiremos sobre sus ocios y juegos. Ahora lo hacemos del trabajo, aunque en los Elementales todas las formas de actividad y modos de vida están de alguna manera eslabonados y es difícil saber dónde termina una para empezar la siguiente.
Los Elementales están muy relacionados con el Reino Vegetal, el Animal, y aun el Humano, si les permitiésemos, con una vida más cercana a la Naturaleza, acercarse a nosotros. Velan incansables sobre labores tales como las de repasar el aura de las plantas, hoja por hoja, y de los pastos brizna por brizna. Refuerzan con inyecciones energéticas las partes poco vigorosas, y mediante formas de excitaciones de unas fibras sobre otras alcanzan a modificar la orientación de una rama o de una hoja para que realicen mejor los fenómenos fotoquímicos y físicos que permiten vivir a los vegetales y ayudar al entorno con sus exhalaciones.
Magnetizan a los animales, los atraen o los espantan según las conveniencias. También tratan de hacer lo mismo con los seres humanos, especialmente con los niños muy pequeños, pero son rechazados por los ruidos destemplados de las maquinarias, por los olores de los insecticidas y por los vapores alcohólicos, y muy especialmente por las formas astrales de cólera y por las ideas-forma de maldad, usurpación o asesinato.
Los Elementales de los pinares, salvo en las difíciles excepciones en que alguno de ellos entre en relación y brinde obediencia a un humano, no se alejan jamás de 1m área restringida, normalmente alrededor de un árbol cada grupo y de un bosque todos juntos.
Su forma de sociedad es semejante a una Teocracia, pues cada grupo tiene un monarca, pero éste cumple con funciones que podríamos llamar religiosas y su mandato no emana de elecciones ni consensos sino de la Gracia otorgada por el Espíritu, Genio o Totem de la tribu.
El sistema de gobierno es absolutamente natural, o sea piramidal y popular. una jerarquía inamovible, proba, ejemplar, que trabaja y se preocupa más por su pueblo que por sí misma, no negando sus atenciones a nadie. Los pocos culpables por faltar a la observación de esta ley milenaria de la costumbre tradicional, son apresados, amonestados y puestos a trabajar en tareas vigiladas hasta que poco a poco se reintegran a una comunidad que no les recordará jamás sus delitos, si así podemos llamar a lo que más bien parecen simples olvidos o productos de interferencias psicológicas que tan sólo hallarían en lo humano paralelo con algunas formas de locura obsesiva no peligrosa.
El rey es el rey como el agua es el agua y la Luna es la Luna. A ningún Elemental se le ocurriría discutir eso o ponerlo en duda. No teniendo una mente como la nuestra, no conciben los cambios ni las revoluciones. Están sanamente contentos con lo que conocen y, por las dudas, no aspiran a conocer nada más.
Muchas veces, reflexionando sobre ellos, me ha sorprendido la inmensa sabiduría milenaria de sus sistemas y lo grandemente constructivos que son para el Plan de la Naturaleza, y las muchas bondades que otorgan sin esperar por ello recompensa alguna, ni concebir siquiera una forma de pago por su dación al todo. Si a veces sienten inclinación por alguna golosina o por la presencia de algún humano que los haya encantado, no tienen en su sentimiento ningún afán posesivo ni pasión alguna; simplemente se acercan a ellos como el caminante se acerca a un fuego, a veces más por curiosidad y por la busca de un dulce y suave placer que por otra cosa.
Los Elementales tienen sus secretos, equivalentes a nuestros secretos de Estado, y no sé por qué el rey “es el rey ni por qué sus ayudantes son elegidos por él de entre los muchos del grupo. Sí sé que el conjunto los respeta definitivamente y que, a su manera, pueden dar mil razones de la mayor magnitud de sus gobernantes… Pero no de dónde ellos provienen.
Se reúnen en periódicas asambleas, en noches de Luna llena, en las que forman verdaderas comisiones de trabajo, se mantienen informados de la marcha de toda la comunidad, de quiénes murieron y quiénes nacieron y de cualquier otra novedad, todo con un espíritu de gran paz y experiencia, como quien realiza un rito millones de veces repetido.
Aunque todos parecen iguales y no conozco escuelas que los diferencien, algunos son más sabios que otros en determinados temas y mutuamente se consultan. Se atienden. Se ayudan. Ante un humano aceptado por ellos, le llevarán de uno a otro para tratar de contestar sus preguntas ante las que hay que estar siempre preparado para lentísimas y fraccionarias respuestas que luego habrá que encajar unas con’ otras, para lo cual los Elementales parecen totalmente incapaces.
El humano que haya logrado entrar en su encantamiento y se haya hecho amigo de uno de ellos, se convertirá automáticamente en su amo, pues otra forma de relación que el mando y la obediencia no entienden. Su mismo sentido de compañerismo entre ellos no es más que el compartir determinadas ordenanzas y deberes, obligaciones y derechos. Así, obedecerán al humano mientras éste a su vez respete sus naturalezas y no les obligue a hacer nada que esté en contra de sus costumbres y aceptaciones.
En estos casos, se esfuerzan muchísimo en ser útiles y hasta llegan a materializarse puntualmente para hacer sonar fuertemente una puerta o golpear un mueble, adelantando la llegada de su amo a su casa, por ejemplo. Es tan armónica la forma de sociedad que mantienen que, cuando por excepción, alguno de ellos está bajo la influencia de un humano, otros le hacen sus trabajos pendientes y le ayudan en todo lo posible a que cumpla bien su nueva tarea. De alguna manera es para todos una inocente y dulce alegría que alguien del Reino Humano, al que admiran mucho, se comporte benéfica y respetuosamente con alguno de ellos.
Cada uno tiene un nombre y por él se reconocen, aunque por razones rituales lo cambian periódicamente.
De sus respuestas se extrae que son muy conocedores de todas las ciencias naturales, incluyendo la medicina y la astrología. Pero su sapiencia es heredada, práctica, y no sabrían teorizar sobre los fenómenos registrados y evidentes. Llevan el Arte intrínsecamente y gustan de bailar y hacer Sonar rústicos instrumentos astrales, así como de combinar las vibraciones que nosotros reconocemos como colores una vez plasmadas en las cortezas, las hojas y las raíces.
Ya narraremos algunas labores de otras variedades de Elementales.
La religión de los Elementales que habitan los pinos es una forma de Naturalismo que se centra en el culto al Espíritu del árbol que los cobija; a El hacen ofrendas de danzas y de aportes de energía astral y energética. Como sumo sacerdote actúa el rey, pero todos participan de manera activa, no debiendo entender al rey-sacerdote como un intermediario sino como un maestro de’” ceremonias.
Tienen sus épocas para estos cultos, así como tienen épocas pata nacer y épocas para morir. Una sola alarma, que yo sepa, los congrega a deshora, y es la aparición sobre la superficie de la tierra de unos enormes monstruos Elementales que habitan en las profundidades, y que estirando una trompa succionadora los tragan, alimentándose aparentemente de ellos, en gran cantidad. No he registrado medios de defensa contra la amenaza, sino la simple evasión y prevención.
Un árbol no muere hasta que no muere su raíz. Cuando ello. ocurre, sus Elementales servidores y devotos hacen una compleja ceremonia para trasplantar el Genio o Espíritu del árbol -que fuera de su contenido material, asume en los pinos una extraña forma alta, alargada y casi humanoide- a una semilla o retoño.
Todo el pueblo, ayudado por los demás pueblos Elementales del bosque, si los hubiese, ayudarán en la ímproba tarea de que el nuevo árbol crezca sano y libre de plagas, depredaciones e incendios. Cuando llegue a un cierto número de años y cobre una forma adulta, lo convertirán en el Centro Religioso del grupo, y el ciclo recomienza.
Más allá de este totemismo que a los humanos puede parecer estrecho, los Elementales tienen una sensación religiosa superior, como de Algo que fuese el Dios del Árbol y del Universo todo, al que ven como un inmenso árbol cuajado de estrellas, coincidiendo misteriosamente con las tradiciones del Árbol Luminoso que aún recogen el Cristianismo, el Brahmanismo y los cabalistas hebreos. Pero evitan referirse a Ello demostrando una prudencia y practicidad mística de la cual los humanos suelen estar desprovistos.
Así, supervivencia individual, Sociedad, Religión y esbozo de Estado, se funden en una sola forma, o mejor dicho, sentido de vivir, sin mayor conciencia de la inmortalidad, pero no concibiendo la muerte como nada definitivo sino como una expresión más de los ciclos de la Naturaleza inexorable y, dentro de sus alcances, inmutable.
Continuará…
Guía para el Conocimiento de Sí Mismo
INTRODUCCION
El objeto de este tratado es el de transmitir conocimiento concerniente al ser humano. El método de representación está arreglado en tal forma que el lector va identificándose con lo que se va describiendo, de manera tal que, en el curso de la lectura, ésta se convierte en una especie de auto-conferencia. Si este soliloquio toma una forma tal que las fuerzas que pueden despertarse en toda alma, y que hasta entonces permanecían ocultas, se revelen, entonces esta lectura conduce a un verdadero trabajo interior anímico; y el alma puede entonces verse gradualmente impelida a hacer ese viaje anímico que verdaderamente la conduciría a la contemplación del mundo espiritual. Lo que se tenía que impartir, por lo tanto, se da en forma de ocho meditaciones que pueden practicarse efectivamente.
Si así se hace, pueden ser adoptadas para provocar en el alma mediante su propia profundización íntima, eso de que en ellas se habla.
Por un lado, ha sido mi objeto dar algo a aquellos lectores que ya están familiarizados con la literatura que trata de las cosas suprasensibles, según esto se entiende aquí. Y así, por el estilo de la descripción, por la comunicación directamente relacionada con la experiencia anímica, quizás aquellos que tienen conocimiento de la vida suprasensible encontrarán algo que pueda parecerles de importancia. Por otra parte, muchos encontrarán que por este método de representación, pueden obtener bastante provecho muchos que están aún aún distantes de las realizaciones de la ciencia espiritual.
Aunque esta obra es como una ampliación de mis otros escritos en cl dominio de la ciencia espiritual, puede ser leída independientemente de ellos.
En mis obras “Teosofía” y la “Ciencia Oculta” me esforcé en representar las cosas tal como se muestran a la observación humana, cuando ésta asciende a lo Espiritual. En esas obras, el método de representación es descriptivo, y su dirección está prescripta de conformidad con la ley expresada por las cosas mismas. En este libro, sin embargo, el método de representación es diferente, Aquí se describe lo que puede experimentar un alma cuando comienza a caminar por el sendero del espíritu de cierta manera. Este tratado puede, por lo tanto, ser considerado como una relación de las experiencias del Alma. Pero debe tenerse en cuenta que las experiencias obtenidas en esta forma, tal como se describen aquí, deben asumir una forma individual en cada uno, de acuerdo con sus propias peculiaridades.
Me he esforzado en hacer justicia a este hecho, de manera que uno pueda imaginarse que lo aquí descrito ha sido realmente vivido por un alma individual, tal como se representa. El título de este tratado es, por consiguiente “Una Guía para el Conocimiento de Sí Mismo”. Puede ayudar a otras almas a vivir esta proyección en los mundos espirituales y llegar a la meta correspondiente, y es en realidad una ampliación de mi libro “La Iniciación”.
Solamente se exponen aquí experiencias fundamentales de naturaleza espiritual científica. Dar informaciones en esta forma respecto a otras esferas de la Ciencia Espiritual, queda suspendido por el momento.
Rudolf Steiner (Agosto de 1912)
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PRIMERA MEDITACION
En la que se intenta obtener una Verdadera Idea del Cuerpo Físico.
Cuando el alma se sumerge en los fenómenos del mundo exterior, por medio de la percepción física, no puede decirse -después de un verdadero auto-análisis- que el alma perciba esos fenómenos, o que realmente experimente las cosas del mundo externo. Porque durante el tiempo de su entrega, en su devoción al mundo exterior, el alma en realidad nada sabe de sí misma. El hecho en realidad es, más bien, que la luz solar, radiando de las cosas por el espacio en diversos colores, vive o se experimenta a sí misma en el alma. Cuando el alma goza de un acontecimiento cualquiera, en el momento de goce ella es realmente gozo, en cuanto sea consciente de ser algo.
El goce se experimenta en el alma. El alma es una con su experiencia del mundo. No se siente a sí misma como algo separado que siente alegría, goce, admiración, satisfacción o miedo. Es, en realidad, alegría, admiración, satisfacción o miedo. Si el alma admitiera siempre este hecho, entonces, y sólo entonces, aparecerían en su verdadera luz las ocasiones cuando se retira experiencia del mundo exterior y se contempla a sí misma.
Estos momentos aparecerían entonces como formando una vida de carácter completamente especial, que enseguida se vería es del todo distinto de la vida ordinaria del alma. Y es con esta clase de vida especial cómo comienzan a despuntar en la conciencia los misterios de la existencia psíquica, y estos misterios, a su vez, son en realidad la fuente de todos los demás misterios del mundo. Porque dos mundos -uno interior y el otro exterior- se presentan al espíritu del hombre, tan pronto como el alma durante un tiempo más o menos largo, deja de ser una con el mundo exterior y se retira a la soledad de su propia existencia.
Ahora bien, esta retirada o retraimiento no es ningún proceso simple, que, una vez llevado a cabo pueda ser repetido de nuevo en la misma forma. Es más bien algo así, como el comienzo de un viaje o jornada hacia mundos antes desconocidos.
Una vez que se ha dado comienzo a esta jornada, cada paso evocará o dará origen a otros, y será a la vez la preparación de los siguientes. Es el primer paso el que capacita al alma para dar el siguiente, y cada paso aporta un conocimiento más completo acerca de la contestación a la pregunta: “¿Qué es el hombre en el verdadero sentido de la palabra?”. Mundos se abren que antes estaban ocultos a1 concepto ordinario de la vida y sin embargo, sólo en esos mundos pueden encontrarse los hechos que revelarán la verdad acerca de ese mismo concepto. Y aún cuando ninguna respuesta demostrara ser omniabarcante y final, las respuestas obtenidas en esa jornada anímica interna, van más allá de cuanto los sentidos, o el intelecto a ellos 1igado, pueden dar jamás. Porque este “algo más” es necesario al hombre, y encontrará que es así, cuando realmente y seriamente analice su propia naturaleza.
Para principiar esta jornada por los reinos de nuestra propia alma, son necesarios sentido común y rígida lógica. Forman un punto de partida seguro para lanzarse a los reinos suprasensibles, que el alma después de todo, está ansiosa por alcanzar.
Muchas almas preferirían no preocuparse de tal punto de partida, dando más bien un salto hacia esos mundos suprasensibles, pero toda alma sana, aún sí al principio hubiera eludido esas consideraciones como desagradables, acaba por someterse a ellas más tarde. Porque por mucho que sea tal conocimiento que uno haya obtenido de los mundos suprasensibles, saliendo de otro punto de partida, sólo se puede obtener una base sólida siguiendo los métodos y razonamientos expuestos aquí.
En la vida del alma puede llegar un momento en que ésta se diga a si misma: “Debes retraerte de todo lo que un mundo exterior pueda darte, si no te quieres ver forzada a confesar que eres solamente un “Ser Sin Sentido” experimentándose a sí mismo; pero esto haría la vida imposible, porque es bien claro que lo que uno percibe en torno suyo existe independientemente de uno: existía sin mí y continuará existiendo sin mí. ¿Por qué entonces se perciben los colores en mí, mientras que mi percepción bien puede ser sin importancia o consecuencia para ellos ¿Por qué construyen mi cuerpo las fuerzas y substancias del mundo externo? Detenido pensamiento probará que este cuerpo sólo adquiere vida como manifestación externa de mí. Es una parte del mundo externo transformada en mí. Y, además realizo que me es necesario.
Porque, para principiar, yo no podría tener ninguna experiencia interior sin mis sentidos, que sólo el cuerpo ruede poner a mi disposición. Yo estaría vacío sin mi cuerpo, como lo estaba en el principio, El me da, por medio de los sentidos, substancia y plenitud interiores. Y entonces seguirán todas esas reflexiones que son esenciales a toda humana existencia, si uno no quiere ponerse en insoportable contradicción con uno mismo en ciertos momentos que llegan a todo ser humano. Este cuerpo -tal como existe en este momento- es la expresión de la experiencia del alma. Sus procesos son tales como para permitir al alma vivir en él y obtener experiencia de sí misma por su intermedio.
Un tiempo llegará, sin embargo, cuando esto no será así. La vida del cuerpo quedará algún día sujeta a leyes completamente diferentes de las que hoy obedece mientras vive para mi y para que yo pueda obtener mi experiencia anímica. Quedará sujeto a esas leyes de acuerdo con las cuales obran las fuerzas y substancias de la naturaleza, y que nada tienen que hacer conmigo y con mi vida. El cuerpo, al que debo la experiencia de mi alma, será absorbido por los procesos generales del mundo y existirá allí en una forma que nada tiene de común con lo que lo experimento dentro de mí mismo.
Esta reflexión puede evocar en la experiencia interior todo el horror del pensamiento de la muerte, pero sin mezcla de los sentimientos meramente personales que ordinariamente suelen relacionarse con este pensamiento. Cuando tales sentimientos personales prevalecen, no es fácil establecer la calma, ese estado deliberado de la mente necesario para la adquisición del conocimiento. Es natural que el hombre quiera saber algo sobre la muerte y sobre una vida del alma independiente de la disolución del cuerpo.
Pero la relación existente entre el hombre mismo y estas cuestiones es, quizás más que nada en el mundo, lo más apropiado para confundir su juicio objetivo y para inducirlo a aceptar como respuestas genuinas sólo aquellas que están inspiradas por sus propios deseos. Porque es imposible obtener verdadero conocimiento de cualquier clase en los mundos espirituales, sin estar dispuestos a aceptar con completo desinterés personal un “No” con la misma facilidad que un “Sí”. Y sólo necesitamos mirar conscientemente dentro de nosotros mismos, para estar convencidos distintamente del hecho de que no aceptamos el conocimiento de una extinción de la vida del alma junto con la muerte del cuerpo, con la misma ecuanimidad que el conocimiento opuesto, que enseña que el alma continúa existiendo después de la muerte.
Sin duda alguna, hay gente que honradamente cree en la aniquilación del alma al extinguirse la vida del cuerpo, y que disponen sus vidas de acuerdo con su creencia, pero aún estas personas no dejan de tener sus prejuicios respecto a tal creencia. Es verdad que no permiten que el miedo de la aniquilación y el deseo de continuar existiendo, se lleven lo mejor de las razones que haya distintamente en favor de dicha aniquilación, hasta cierto punto.
El concepto de esas personas es más lógico que el de otros que inconscientemente construyen o aceptan argumentos en favor de una existencia continuada, porque hay un ardiente deseo en las profundidades de sus almas por dicha existencia continuada. No obstante, la opinión de los que niegan la inmortalidad no es menos parcial, sólo que en forma diferente. Entre ellos hay algunos que construyen una cierta idea de lo que es la vida y la existencia.
Esta idea los fuerza a pensar en ciertas condiciones, sin las cuales la vida es imposible. Su opinión sobre la existencia los conduce a la conclusión de que las condiciones de la vida del alma no pueden seguir presentes cuando aquella se separa del cuerpo, y esas personas no notan que ellas han sentado desde el mismo principio una idea de las condiciones necesarias para la existencia de la vida, y no pueden creer en una continuación de ella después de la muerte, por la sencilla razón de que de acuerdo con su propia idea preconcebida, no hay posibilidad de imaginar una existencia sin cuerpo, y aún cuando no estuvieran así fanatizados por sus propios deseos, están limitados por su propia idea, de la que no pueden emanciparse.
Mucha confusión prevalece aún en estas materias, y sólo son necesarios pocos ejemplos para demostrar las futuras posibilidades que existen en esa dirección. Por ejemplo, el pensamiento de que el cuerpo, por medio de cuyos procesos el alma manifiesta su vida, será abandonado al mundo exterior, y seguirá entonces sujeto a leyes que no tienen relación con la vida interior, pone la experiencia de la muerte ante el alma en tal forma que ninguna consideración o deseo personal necesitan entrar en la mente. Y mediante este pensamiento somos guiados a una cuestión simple e impersonal, de conocimiento abstracto. Entonces, también apuntará el pensamiento de que la idea de la muerte no es importante en sí misma, sino en cuanto ella pueda arrojar luz sobre la vida, y entonces tendremos que llegar a la conclusión de que es posible comprender el problema de la vida por medio de la comprensión de la naturaleza de la muerte.
El hecho de que el alma desee continuada existencia, debería, en toda circunstancia, ponernos en guardia contra cualquier opinión que el alma misma se forme acerca de su propia inmortalidad. Porque, ¿por qué los hechos del mundo prestarían la menor atención a los sentimientos del alma? Es un pensamiento posible que el alma, cual una llama producida por un combustible, meramente surja de la substancia del cuerpo y con él se extinga. Y en realidad, la necesidad de formarse alguna opinión respecto a su propia naturaleza, bien podría guiar al alma a este pensamiento, con el resultado de que entonces se sentiría a sí misma desprovista de todo significado. Sin embargo, este pensamiento podría ser la verdadera realidad del asunto, aunque ello hiciera sentirse al alma sin significado.
Cuando el alma vuelve sus ojos al cuerpo, sólo debería tomar en consideración lo que el cuerpo le puede revelar. Entonces parecería como si en la naturaleza estuvieran activas esas leyes que arrastran substancias y fuerzas en un proceso de cambio continuo, y como si esas leyes controlaran el cuerpo y sólo después de un intervalo lo arrastraran en el proceso general de cambio mutuo entre la fuerza y la materia.
Podemos presentarnos esto en cualquier forma que queramos: puede ser científicamente admisible.
Pero con respecto a la verdadera realidad, es completamente imposible. Podrá parecernos la única idea científicamente clara y razonable, y que todo lo demás no son más que creencias subjetivas, podemos imaginárnoslo así, pero no podemos adherirnos a esta idea con una mente libre de todo prejuicio. Y ese es el punto. No lo que el alma de acuerdo con su propia naturaleza siente ser una necesidad, sino solamente aquello que el mundo exterior, al que pertenece el cuerpo, hace evidente por sí mismo, es lo que debe tomarse en consideración.
Después de la muerte, este mundo externo absorbe la materia y las fuerzas del cuerpo, el que entonces sigue y está sujeto a leyes que son completamente indiferentes a lo que ocurre en el cuerpo durante la vida. Estas leyes (que son de naturaleza física y química) tienen la misma relación con el cuerpo como con cualesquier otras cosas inanimadas del mundo exterior, y es imposible imaginarse que esta indiferencia del mundo exterior con respecto al cuerpo humano empiece solamente en el momento de la muerte, y no hubiera existido durante la vida.
Una idea de las relaciones entre nuestro cuerpo y el mundo físico, no puede obtenerse de la vida, sino solamente imprimiendo en nuestra mente el pensamiento de que todo lo que nos pertenece como vehículo de nuestros sentidos, y como medios por los cuales el alma realiza su vida -todo esto es tratado por el mundo físico en una forma que sólo se hace clara cuando miramos más allá de los límites de nuestra vida física y consideramos que llegará un momento cuando no tendremos en torno nuestro el cuerpo en que ahora estamos adquiriendo experiencia de nosotros mismos. Todo otro concepto de la relación entre el mundo externo y el cuerpo produce la sensación de que no está de acuerdo con la realidad. Sin embargo. la idea de que sólo desde el momento de la muerte se revela la verdadera relación entre el cuerpo y el mundo externo, no contradice ninguna experiencia real ni del mundo externo ni del interno.
El alma no siente este pensamiento como insoportable, no le es penoso que la materia y las fuerzas de su cuerpo sean entregadas a los procesos del mundo exterior que nada tienen que ver con su propia vida. Entregándose por completo a la vida en forma perfectamente libre de prejuicios, no puede descubrir en sus propias profundidades ningún deseo que surja del cuerpo. que haga desagradable el pensamiento de la disolución de éste después de la muerte, la idea sólo se torna penosa cuando implica que la materia y las fuerzas del cuerpo, al volver al mundo exterior, se llevan consigo el alma y las experiencias de su vida. Esta idea sería insoportable por la misma razón que cualquier otra idea que no descanse confiadamente en la manifestación del mundo exterior.
Atribuir al mundo externo una relación completamente diferente con el cuerpo mientras dura la vida y otra después de la muerte, es una idea absolutamente fútil, y como tal será siempre repelida por la realidad; mientras que la idea de que la relación entre el mundo exterior y el cuerpo permanece la misma antes y después de la muerte, es completamente sana.
El alma al mantener este último punto de vista se siente perfectamente en armonía con la evidencia de los hechos. Siente que esta idea no está en conflicto con los hechos que hablan por sí mismos, y a los cuales no es necesario agregar ningún pensamiento artificial.
No siempre es uno capaz de observar y apreciar en qué perfecta armonía se encuentran los sentimientos sanos y naturales del alma con las manifestaciones de la naturaleza. Esto puede parecer tan evidente que no necesite comentario alguno, y, sin embargo, este hecho aparentemente insignificante es sumamente ilustrativo y luminoso. La idea de que el cuerpo sea disuelto en los elementos, nada tiene de insoportable, pero, por otro lado, el pensamiento de que el alma comparte el destino del cuerpo es absurdo.
Hay muchas razones personales y humanas que prueban esto, pero esos razonamientos deben ser dejados a un lado en la investigación objetiva.
Aparte de estas razones, sin embargo, la atención impersonal a las enseñanzas del mundo exterior, demuestra que no puede atribuirse una inf1uencia diferente al mundo externo sobre el alma antes y después de la muerte. El hecho es concluyente; esta idea se presenta como una necesidad y se mantiene contra todas las objeciones que puedan elevarse contra ella. Todo el que medite este pensamiento, plenamente consciente de sí mismo, sentirá su decisiva verdad. Y en realidad, tanto el que cree, como el que niega la inmortalidad, piensan de esta manera. Los segundos dirán probablemente que las condiciones de los procesos corporales durante la vida están involucrados en las leyes que rigen el cuerpo después de la muerte; pero se equivocan si creen realmente que pueden imaginar que estas leyes guardan relación diferente con el cuerpo durante la vida, mientras es vehículo de1 alma, que la que existe después de la muerte.
La única idea posible en sí misma es que la combinación especial de fuerzas, que viene a la existencia junto con el cuerpo, se mantiene tan indiferente al cuerpo en su carácter de vehículo del alma, como esas combinaciones de fuerzas que producen los procesos en el cuerpo muerto. Esta indiferencia no existe de parte del alma, sino de parte del último y de las fuerzas del cuerpo.
El alma adquiere experiencia de sí misma por medio del cuerpo, pero el cuerpo vive en con y por medio del mundo externo, y no concede mayor importancia a los fenómenos psíquicos que a los del mundo exterior. Uno llega a la conclusión de que el calor y el frío del mundo exterior tienen una influencia sobre la circulación de la sangre en nuestro cuerpo, que es análoga a las emociones de miedo y de vergüenza que existen en el alma.
Así que, en primer término, sentimos dentro de nosotros las leyes del mundo exterior, que están activas en esa combinación especial de materiales, que se manifiesta bajo la forma del cuerpo humano. Sentimos este cuerpo como miembro del mundo exterior, pero permanecemos en la ignorancia por lo que toca a su trabajo interno. La ciencia exterior de nuestros días nos da algunas informaciones respecto a cómo se combinan las leyes del mundo externo con esa entidad particular que se presenta como cuerpo humano. Esperemos que este conocimiento vaya haciéndose más completo en el futuro.
Pero este creciente conocimiento, no puede crear diferencia alguna en la actitud que el alma tiene que adoptar para meditar acerca de su relación con el cuerpo. Al contrario aportará más y más evidencia de que las leyes del mundo exterior permanecen en la misma relación con el alma antes y después de la muerte. Es una ilusión esperar que el progreso del conocimiento de la naturaleza demostrará hasta qué punto los procesos corporales son agentes de la vida del alma. Reconoceremos cada vez más claramente lo que tiene lugar en el cuerpo durante la vida pero los procesos en cuestión serán siempre sentidos por el alma como algo fuera de ella en la misma forma que los procesos del cuerpo después de la muerte.
El cuerpo debe por lo tanto, aparecer en el mundo externo como una combinación de fuerzas y substancias, que existe por sí mismo y es explicable por sí mismo como miembro del mundo exterior. La Naturaleza hace crecer una planta y luego la disuelve. La Naturaleza rige el cuerpo humano y lo hace desaparecer dentro de su propia esfera, Si el hombre toma su posición respecto a la Naturaleza con tales ideas .puede olvidarse de sí mismo y de todo lo que hay en él. y sentir su cuerpo como miembro del mundo externo, Si piensa en tal forma acerca de sus relaciones consigo mismo y con la Naturaleza, experimenta en relación consigo mismo eso que llamamos su cuerpo físico.
SEGUNDA MEDITACION
En la que se intenta formarse un verdadero Concepto del Cuerpo Elemental o Etérico.
Dada la idea que el alma tiene que formarse en relación con el hecho de la muerte. puede ser forzada a una incertidumbre completa por lo que toca a su propio ser. y se producirá este caso cuando crea que no puede obtener conocimiento de cualquier otro mundo, que no sea el mundo de los sentidos y de aquello que el intelecto sea capaz de comprobar acerca de ese mundo. La vida ordinaria del alma dirige su atención al cuerpo físico. Vea ese cuerpo absorbido después de la muerte en el laboratorio de la Naturaleza, lo que no tiene conexión con lo que el alma ha experimentado como propia existencia antes de la muerte.
El alma puede saber (mediante la meditación precedente) que el cuerpo físico, durante la vida, mantiene la misma relación con la Naturaleza que después de muerto, pero esto no conduce más allá del conocimiento acerca de la dependencia interna de sus propias experiencias hasta el momento de la muerte.
Lo que ocurre al cuerpo físico después de la muerte, es evidente mediante la observación de1 mundo exterior. Pero esta observación no es posible con respecto a la experiencia interna. Mientras el alma se percibe a sí misma por medio de los sentidos en su vida ordinaria, no puede ver más allá de los límites de 1a muerte. Si el alma es incapaz de formarse ideas que vayan más allá del mundo exterior, que absorbe su cuerpo al morir, entonces no hay posibilidad alguna para ella respecto a todo lo que concierne a su propio ser, salvo la de mirar hacia la nada y el vacío del otro lado de la muerte.
Si no es así, entonces el alma tiene que percibir el mundo exterior por otros medios que no sean los sentidos y el intelecto a ellos ligado. Estos pertenecen al cuerpo y se disuelven con él. Lo que ellos nos dicen no puede conducir a otra cosa que no sea el resultado de la primera meditación. Y este resultado consiste meramente en que el alma se diga a si misma “Estoy sujeta a mi cuerpo. Este cuerpo está sujeto a leyes naturales que guardan conmigo la misma relación que todas las demás leyes naturales.
Mediante ellas me convierto en miembro del mundo exterior, cuyo hecho realizo distintamente al considerar lo que al mundo hace con mi cuerpo después de la muerte. Durante la vida me proporciona los sentidos y el intelecto, lo que me impide ver el verdadero estado de las cosas con respecto a mis experiencias, después de la muerte.
Y esta relativa conclusión sólo puede conducir a das resultados. O bien se suspende toda investigación ulterior acerca del misterio del alma, abandonando todo esfuerzo para adquirir conocimiento en este sentido; o bien se hacen esfuerzos para obtener mediante la experiencia interna del alma, lo que el mundo exterior rehúsa. Estos esfuerzos pueden producir un aumento de poder y energía con respecto a la experiencia interna, que no podría obtenerse de otro modo en la vida ordinaria.
En la vida ordinaria, el hombre tiene cierta cantidad de energía en sus experiencias internas, en su vida del sentimiento y del pensamiento. Por ejemplo, él puede pensar cierto pensamiento con tanta frecuencia como se produzca un impulso interno o externo que lo incite a ello.
Sin embargo, puede elegir voluntariamente un pensamiento dado y repetirlo una y otra vez sin ningún motivo externo, y con una energía tan intensa que lo haga vivir como una realidad interior. Y ese pensamiento, mediante repetidos esfuerzos, puede ser convertido en el objeto exclusivo de nuestra experiencia interna y mientras así lo hacemos, podemos mantener alejadas todas las impresiones y recuerdos o memorias que pudieran surgir en el alma. Y entonces es posible entregarse tan por completo a ciertos pensamientos o sentimientos, con exclusión de cualesquier otros, hasta poder convertirlos en una realidad interna.
Sin embargo, si tal experiencia interna ha de conducir a resultados realmente importantes, debe llevarse a cabo de acuerdo con ciertas leyes probadas. Dichas leyes están registradas por la ciencia de la vida espiritual. En mi obra “La Iniciación” se mencionan un gran número de estas reglas o leyes. Con ese método se obtiene la vigorización de los poderes de la experiencia interna. Esta experiencia se condensa en cierta forma. El resultado de esto lo conoceremos mediante la observación de nosotros mismos cuando la actividad interna descrita ha sido continuada durante un tiempo suficientemente largo.
Es verdad que se necesita mucha paciencia antes de que aparezcan resultados convincentes. Pero si no estamos dispuestos a ejercitar esa paciencia durante años enteros, nunca obtendremos nada de importancia.
Aquí solo es posible dar un ejemplo de esos resultados, porque los hay de muchas clases, y el que aquí se menciona es apropiado para coadyuvar y adelantar el método particular de meditación que estamos describiendo.
Un hombre puede llevar a cabo el fortalecimiento interno de la vida de su alma, como se ha indicado, durante un largo período, sin que nada haya ocurrido en su vida interna que le haga variar su forma de pensar usual con respecto al mundo. Súbitamente, sin embargo, puede ocurrirle lo siguiente. Naturalmente, el incidente que vamos a describir puede no ocurrir exactamente en la misma forma a dos personas diferentes. Pero si llegamos a la concepción de una experiencia de esta clase, habremos logrado la comprensión de todo el asunto en cuestión.
Puede llegar un momento en que el alma logre una experiencia interna de sí misma en una forma completamente nueva. Al principio ocurrirá generalmente que el alma, durante el sueño, se despierte, por decirlo así en un sueño. Pero en seguida sentimos que esta experiencia no puede ser comparada con un sueño ordinario. Estamos completamente aislados del mundo de los sentidos y del intelecto, y sin embargo, sentimos esta experiencia en la misma forma que si estuviéramos completamente despiertos ante el mundo exterior en la vida corriente.
Con ese objeto empleamos ideas análogas a las que tenemos en la vida ordinaria, pero sabemos muy bien que estamos experimentando cosas diferentes de las que normalmente están unidas a esas ideas. Esas ideas se emplean solamente como medios de expresar una experiencia que no habíamos tenido nunca antes, y que podemos ver es imposible para nosotros tenerla en la vida ordinaria.
Sentimos, por ejemplo, como si estuviéramos rodeados por una tormenta. Oímos el trueno y vemos los relámpagos, y sin embargo, sabemos que estamos en nuestra habitación. Nos sentimos compenetrados por una fuerza que antes nos era completamente desconocida. Entonces nos imaginamos que vemos rajaduras en las paredes en torno nuestro, y nos decimos a nosotros mismos, o a alguno que creamos está cerca de nosotros: “Me encuentro en grandes dificultades, los rayos atraviesan la casa y se apoderan de mí. Los siento que me toman y me disuelven”.
Cuando esta serie de representaciones ha pasado, la experiencia interior pasa de nuevo a las condiciones ordinarias del alma. Nos encontramos de nuevo en nosotros mismos, pero con la memoria de la experiencia que hemos tenido. Sí esta memoria es tan vívida y correcta como cualquier otra, nos permitirá formarnos una opinión de la experiencia.
Y entonces conocemos inmediatamente que hemos pasado por algo que no puede ser experimentado por ningún sentido físico, ni por la inteligencia ordinaria, porque sentimos que la descripción dada y comunicada a otros o a nosotros mismos, es sólo un modo de expresar esa experiencia. Aunque la expresión sea un medio de comprensión, la experiencia en sí nada tiene de común con ella. Sabemos que no necesitamos ninguno de nuestros sentidos para tener dicha experiencia.
Aquel que la atribuyera a una actividad oculta de los sentidos o del cerebro, no conoce en realidad el verdadero carácter de esta experiencia. Lo que hace es adherirse a la descripción que habla de rayos, truenos, rajaduras en las paredes, y, por consiguiente, cree que esta experiencia del alma es solamente un eco de la vida ordinaria. Considera la cosa corno una visión en el sentido ordinario de la palabra. No puede verlo de otra manera. No toma en consideración, sin embargo, que cuando uno describe esa experiencia, está empleando las palabras rayos, truenos, rajaduras en las paredes, como representaciones de lo que se ha experimentado, y que uno no debe tomar la representación por la experiencia misma.
Es verdad que la cosa parece como si uno hubiera visto realmente esos cuadros. Pero uno no se encontraba en la misma relación con el fenómeno de los relámpagos o rayos en este caso, como cuando los está viendo con los ojos físicos; uno ve a través del rayo algo que está tras él y que es completamente diferente: contempla algo que no puede ser experimentado en el mundo exterior de los sentidos.
Con objeto de que pueda juzgarse correctamente, es necesario que el alma que ha tenido tales experiencias, una vez que estas han pasado, se encuentre sobre una base sólida respecto al mundo exterior ordinario. Debe ser capaz de contrastar claramente lo que ha tenido como experiencia especial, con sus experiencias ordinarias en el mundo exterior. Aquellos que en la vida ordinaria están ya predispuestos a dejarse llevar por toda clase de fantasías respecto a todas las cosas, son los más incapaces de juzgar con rectitud. Cuanto más sano, quizás cuanto más sobrio, sea e1 sentido de 1a realidad que uno tenga, tanto mejor podremos formarnos un juicio valioso de tales cosas. Uno solo puede lograr confianza en las experiencias suprasensibles, cuando siente respecto al mundo ordinario, que percibe claramente sus procesos y objetos tal como realmente son.
Cuando en esta forma quedan reunidas todas las condiciones necesarias. y tenemos razones para creer que no hemos sido engañados por una visión ordinaria, entonces sabemos que hemos tenido una experiencia en la que el cuerpo no estaba transmitiendo percepciones. Hemos logrado una percepción directa mediante el fortalecimiento del alma, fuera del cuerpo. Hemos obtenido la certidumbre de una experiencia fuera del cuerpo.
Es evidente que en esta esfera, las diferencias naturales entre la fantasía o la ilusión, y la verdadera observación hecha fuera del cuerpo, no pueden ser indicadas en otra forma que en el reino de la percepción externa de los sentidos. Puede acontecer que alguno tenga una imaginación muy activa con respecto al gusto. y, por lo tanto, con solo pensar en la limonada, tenga la misma sensación que si la estuviera bebiendo realmente. La diferencia, sin embargo, en tal caso es evidente, dada la asociación natural en las circunstancias actuales de la vida.
Y así sucede también con esas experiencias que se tienen fuera del cuerpo. Con objeto de llegar a un concepto plenamente convincente en esta esfera, es necesario que nos familiaricemos con ella en una forma perfectamente sana, adquiriendo la facultad de observar los detalles de la experiencia y de corregir unas cosas mediante las otras.
Mediante una experiencia como la descrita, obtenemos la posibilidad de observar lo que pertenece a nuestro propio ser, no solamente mediante los sentidos y el intelecto, -o en otras palabras los instrumentos corporales- sino por otros medios.
Ahora, no solamente sabemos algo más acerca del mundo, que lo que esos instrumentos nos permiten conocer, sino que, además, lo sabemos en una forma diferente, y esto es especialmente importante. Un alma que pase por esta transformación interior, comprenderá más y más claramente que los oprimentes problemas de la existencia no pueden ser resueltos en el mundo de los sentidos, porque los sentidos y el intelecto no pueden penetrar bastante profundamente en el mundo en conjunto. Las almas que así se transforman para ser capaces de lograr experiencias fuera del cuerpo, pueden penetrar en esos problemas con mayor profundidad; y precisamente en lo que ellas han dejado escrito acerca de sus experiencias, es donde se encuentran los medios para resolver los enigmas del alma.
Ahora bien una experiencia que tiene lugar fuera del cuerpo es de naturaleza completamente diferente de las que se hacen corporalmente. Esto se ve por la opinión misma que puede formarse acerca de 1as experiencias descritas, cuando, una vez pasadas, se restablece la condición de vigilia ordinaria, y la memoria ha recuperado su estado claro y vívido. El alma siente el cuerpo físico como una cosa separada del resto del mundo, y parece tener una existencia real solo en cuanto pertenece al alma. No es así, sin embargo, con lo que experimentamos dentro de nosotros cuando estamos fuera del cuerpo, porque entonces nos sentimos ligados con todo lo que pudiéramos llamar el mundo externo.
Lo que nos rodea se siente como si nos perteneciera, como si fueran nuestras manos en el mundo de los sentidos. No hay indiferencia hacia el mundo exterior, cuando llegamos al alma del mundo interno.
Nos sentimos completamente entretejidos con lo que aquí podríamos llamar el mundo. Sentimos sus actividades en forma de corrientes que atravesaran nuestro propio ser. No hay una línea divisoria distinta entre un mundo interior y un mundo exterior. Lo que nos rodea pertenece al alma que observa como las dos manos físicas pertenecen a nuestra cabeza física.
A pesar de esto, sin embargo, podemos decir que una cierta parte de este mundo exterior nos pertenece más que el resto que nos rodea, en la misma forma en que hablamos de la cabeza como independiente de las manos o de los pies. Así como el alma llama “su cuerpo” a una parte del mundo físico externo. así también cuando vive fuera del cuerpo, puede considerar una parte del mundo externo suprasensible como si le perteneciera. Cuando penetramos en observación al reino accesible a nosotros, más allá del mundo de los sentidos, podemos muy bien decir que un cuerpo, que no perciben los sentidos, nos pertenece. Podemos llamar este cuerpo, el cuerpo etérico o elemental, pero al emplear la palabra “etérico” no debemos permitir que se establezca en nuestra mente ninguna conexión con ese estado de materia sutil que la ciencia llama “éter”.
Así como la simple reflexión sobre la relación existente entre el hombre y el mundo exterior de la Naturaleza, conduce al concepto del cuerpo físico, lo que está de acuerdo con los hechos, así también la jornada del alma a los reinos perceptibles fuera del cuerpo físico, conduce al reconocimiento de un cuerpo elemental o etérico.
TERCERA MEDITACION
En la que se intenta formarse una idea de la Cognición Clarividente del Mundo Elemental.
Cuando tenemos percepciones por intermedio del cuerpo elemental, y no por los sentidos físicos, experimentamos un mundo que permanece desconocido para la percepción de los sentidos y para el pensamiento intelectual ordinario. Si queremos comparar este mundo con algo perteneciente a la vida ordinaria, no encontraremos nada más apropiado que el mundo de la memoria.
Así como los recuerdos emergen de las intimidades del alma, así también surgen las experiencias suprasensibles del cuerpo elemental. En el caso de un recuerdo, el alma sabe que se trata de algo relacionado con una experiencia pasada en el mundo de los sentidos, y en una forma similar, la concepción suprasensible implica una relación, Así como el recuerdo, por su misma naturaleza. se presenta como algo que no puede ser descrito como un simple cuadro de la imaginación, así sucede también con la concepción suprasensible. Esta última surge de la experiencia anímica, pero se manifiesta en seguida como una experiencia interna que está relacionada con algo externo.
Una experiencia pasada se hace presente en el alma mediante el recuerdo. Pero es mediante una concepción suprasensible de algo, que alguna vez podrá ser encontrado en alguna parte en el mundo suprasensible, como esa concepción se convierte en una experiencia interna del alma. La misma naturaleza de los conceptos suprasensibles, imprime sobre nuestra mente la necesidad de contemplarlos como comunicaciones de un mundo suprasensible, que se manifiesta en nuestra alma.
El progreso que hagamos en esta forma con nuestras experiencias en los mundos suprasensibles, depende de la cantidad de energía que dediquemos al fortalecimiento de nuestra vida anímica.
Llegar a la convicción de que una planta no es simplemente aquello que percibimos en el mundo de los sentidos, lo mismo que llegar a igual convicción con respecto a toda la tierra, pertenece a la misma esfera de experiencia suprasensible. Si cualquiera que haya logrado la facultad de percibir cuando se encuentra fuera del cuerpo físico, contempla una planta verá, además de lo que sus sentidos le están mostrando, una forma delicada que compenetra la planta. Esta forma se presenta como una entidad de fuerza; y entonces él se verá llevado a considerar esta entidad como aquello que construye la planta con los materiales y las fuerzas del mundo físico, produciendo asimismo la circulación de la savia.
Podrá decir -empleando un símil no del todo apropiado- que hay algo en la planta que pone la savia en movimiento, en la misma forma en que su propia alma mueve su brazo. Observa algo interno en la planta, y debe conceder cierta independencia a este principio interno de la planta en su relación con esa parte que perciben los sentidos. Debe también admitir que este principio interno existía antes de que existiera la planta física.
Entonces, si continúa observando cómo la planta crece, se desarrolla y produce simientes, y cómo nuevas plantas surgen de éstas, verá que la energía suprasensible es especialmente fuerte en las simientes, En este periodo el ser físico es casi insignificante en cierto modo, mientras que la entidad suprasensible se encuentra altamente diferenciada y contiene todo lo que, desde el mundo suprasensible, contribuye al crecimiento de la planta.
Ahora bien, en la misma forma, mediante la observación suprasensible de toda la tierra, descubrimos una entidad de energía que podemos saber con absoluta certidumbre que existía antes de que todo lo sensorialmente perceptible viniera a la existencia. En esta forma llegamos a la experiencia de la presencia de esas fuerzas suprasensibles que cooperaron en la formación y desarrollo de la tierra en el pasado. Lo que así experimentamos podemos muy bien llamarlo entidades, raíces elementales o etéricas, o bien cuerpos elementales de las plantas y de la tierra, así como también llamamos cuerpo elemental o etérico al vehículo con que obtenemos percepciones de otro orden cuando estamos fuera del organismo físico.
Aún al principio, cuando comenzamos a poder observar suprasensiblemente, podemos atribuir entidades-raíces de esta clase a ciertas cosas y procesos, aparte de sus cualidades ordinarias, que son perceptibles en el mundo de los sentidos. Podemos hablar de un cuerpo etérico perteneciente a la planta o a la tierra. Sin embargo, los seres elementales que se perciben en esta forma, no son, absolutamente, los únicos que se revelan a la experiencia suprasensible. Caracterizamos el cuerpo elemental de una planta diciendo que construye una forma con las substancias y fuerzas del mundo físico y por ende, que así manifiesta su vida en un cuerpo físico.
Pero también podemos observar seres que llevan una existencia elemental, sin manifestar su vida en un cuerpo físico y así es como ante la observación suprasensible se revelan entidades que son puramente elementales. No es, como si dijéramos, que experimentamos una adición al mundo físico; experimentamos o percibimos otro mundo, en el que el mundo de los sentí dos se presenta como algo que pudiéramos comparar a trozos de hielo flotando en el agua. El observador que sólo pudiera ver el hielo y no el agua, podría muy bien atribuir realidad solamente al hielo y no al agua y similarmente, si sólo tomamos en cuenta aquello que se manifiesta a los sentidos, podemos negar la existencia del mundo suprasensible, del que el mundo de los sentidos, en realidad es sólo una parte, así como los trozos flotantes de hielo son una parte del agua en que sobrenadan.
Ahora es digno de notarse que aquellos que pueden hacer observaciones suprasensibles, describen lo que ven haciendo uso de expresiones tomadas de las percepciones de los sentidos. y así es cómo se habla del cuerpo elemental de un ser perteneciente al mundo de los sentidos, o del de uno puramente elemental, como manifestándose en un cuerpo definido de luz de muchos colores. Estos colores centellean, brillan o radian, y parece que estos fenómenos luminosos y cromáticos fueran la manifestación de su vida.
Pero aquello de que está hablando realmente el observador, es completamente invisible, y él sabe perfectamente que la luz o los colores que describe, tienen tanto que ver con lo que está percibiendo realmente, como la letra en que se comunica un hecho tiene que hacer con el hecho mismo. Y, no obstante, esa experiencia suprasensible no es arbitrariamente expresada mediante caprichosas percepciones de los sentidos. El cuadro visto está realmente ante el observador y es similar a una impresión de los sentidos, y esto es así porque durante las experiencias suprasensibles, la liberación del cuerpo físico no es nunca completa.
El cuerpo físico está todavía conectado con el cuerpo elemental, y reduce así las experiencias suprasensibles a una forma perceptible a los sentidos. De esta manera es como la descripción dada de un ser elemental se da como una combinación fantástica de impresiones sensoriales. Pero, a pesar de ello, cuando es dada en esa forma, es una verdadera descripción de lo que se ha experimentado. Porque hemos visto realmente lo que estamos describiendo. El error que puede cometerse no es el de describir la visión como tal, sino el de tomar la visión por la realidad, en vez de aquello que la visión indica: la realidad que está tras ella.
Un hombre que hubiera nacido ciego que nunca hubiera visto los colores, cuando desarrollara la correspondiente facultad perceptiva, no describiría los seres elementales en tal forma que hablara de colores radiantes, haría uso de expresiones que le fueran familiares. Pero para las personas que pueden ver físicamente, es completamente apropiado que en sus descripciones hagan uso de expresiones tales como luz radiante o cuerpo de colores. Con su auxilio pueden dar una impresión de lo que ha visto el observador en el mundo elemental, y esto es así no sólo por lo que respecta a las comunicaciones hechas por un clarividente, (esto es, uno que puede percibir por medio de su cuerpo elemental) a un no-clarividente, sino también para comunicaciones cambiadas entre clarividentes.
En el mundo de los sentidos, el hombre vive en su cuerpo físico, y este cuerpo envuelve las observaciones suprasensibles en formas perceptibles a los sentidos. Por lo tanto, la descripción de observaciones suprasensibles hecha por medio de las imágenes sensoriales que aquéllas producen, en la vida ordinaria de la tierra es un medio útil de comunicación.
El punto es, que aquél que recibe tales comunicaciones, siente en su alma algo que guarda una verdadera relación con el hecho en cuestión. y en verdad esas imágenes son comunicadas para evocar, precisamente, ese sentimiento o experiencia. Tales como son, no pueden ser encontradas en el mundo exterior. Esa es su principal característica y también la razón porque evocan experiencias o sentimientos que no tienen relación alguna con las cosas materiales.
Al principio de su clarividencia al discípulo le será difícil independizarse de las imágenes. Sin embargo, cuando su facultad se desenvuelva más, sentirá el deseo de inventar medios de comunicación más arbitrarios para describir lo que haya visto, y esto implicará la necesidad de explicar los signos que emplee. Cuanto mayor sean las exigencias de nuestros días demandando la difusión general del conocimiento suprasensible, tanto mayor será la necesidad de aderezar ese conocimiento con expresiones de uso corriente en la vida diaria del mundo físico.
Ahora bien, las experiencias suprasensibles pueden venir al discípulo por sí solas, y entonces tendrá la oportunidad de aprender algo respecto al mundo suprasensible por experiencia personal, según sea más o menos frecuentemente favorecido por ese mundo, al brillar en la vida ordinaria de su alma. Una facultad de orden superior es la de poder obtener percepciones clarividentes a voluntad. El camino hacia el desarrollo de esta facultad es el resultado, ordinariamente, de una continuación enérgica del fortalecimiento interior del alma, pero mucho depende también de establecer cierta nota-clave en el alma. Es necesaria una actitud mental tranquila y calma cuando se afronta el mundo suprasensible -una actitud que está tan lejos por un lado del ardiente deseo de experimentar lo más posible en la forma más clara, como lo está por otra parte de una total falta de interés por ese mundo.
El deseo ardiente tiene un efecto difusivo, que produce algo así como una neblina invisible ante la vista clarividente, en tanto que la falta de interés actúa en tal forma que aunque los hechos suprasensibles se manifiesten realmente, no son notados. Esta falta de interés se muestra de vez en cuando en una forma peculiar. Hay personas que honradamente desean tener alguna experiencia suprasensible, pero se hacen a priori una idea definida acerca de lo que esas experiencias deben ser, para aceptarlas como reales. Entonces, cuando la verdadera experiencia llega, pasan fugitivas sin despertar el menor interés, simplemente porque no eran tales como se las habían imaginado.
En el caso de la clarividencia voluntaria, llega un momento en el curso de la actividad anímica interior, en que sabemos que estamos experimentando algo que jamás habíamos experimentado antes.
Esta experiencia no es definida, pero un sentimiento vago y general nos asegura que no estamos confrontando el mundo exterior de los sentidos, ni tampoco dentro de él, ni siquiera dentro de nosotros mismos, como en la vida ordinaria del alma.
La experiencia exterior y la interior se funden en una, en un sentimiento de vida antes desconocido para el alma, respecto al cual, sin embargo, el alma sabe que no podría sentirlo si estuviera viviendo solamente en el mundo externo por medio de los sentidos o por sus sentimientos y recuerdos ordinarios. Sentimos, además, que durante este estado del alma, hay algo de un mundo antes desconocido que la penetra. No podemos, sin embargo, llegar a un concepto de este algo desconocido. Tenemos la experiencia, pero no podemos formarnos idea de ella.
Así encontramos que cuando tenemos tal experiencia, se produce un sentimiento como si hubiera algún obstáculo en nuestros cuerpos físicos que nos impidiera formarnos un concepto de qué es lo que está penetrando en nuestra alma. Sin embargo, si continuamos los esfuerzos interiores anímicos, sentiremos al cabo de cierto tiempo que nos hemos sobrepuestos a nuestra resistencia corporal. El aparato físico del intelecto sólo era antes capaz de formarse ideas en relación con las experiencias del mundo sensorial.
Es, al principio, incapaz de producir como idea aquello que presiona por manifestarse surgiendo del mundo suprasensible. Por lo tanto, debe ser preparado para que pueda hacerlo. En la misma forma en que un niño está rodeado por el mundo exterior, y tiene que preparar su aparato intelectual, mediante la experiencia en ese mundo, antes de que pueda formar ideas de lo que lo rodea, así también la humanidad en general, es incapaz de formar ideas sobre el mundo suprasensible. El clarividente que desea progresar, prepara su propio aparato para formar ideas de manera que pueda trabajar en un nivel superior, exactamente en la misma forma en que el niño se prepara para trabajar en el mundo de los sentidos. Hace que sus pensamientos fortalecidos trabajen sobre este aparato, y como natural consecuencia, éste es poco a poco remodelado; se hace capaz de incluir el mundo suprasensible en el reino de sus ideas.
Así vemos, pues, cómo mediante la actividad anímica, podemos influir y remodelar nuestro propio cuerpo. Al principio, el cuerpo obra como un poderoso contrapeso a la vida del alma; lo sentimos como un cuerpo extraño dentro de nosotros.
Pero poco a poco notamos cómo se va adaptando más y más a las experiencias del alma, hasta que, finalmente, no lo sentimos absolutamente, sino que nos encontramos con que el mundo suprasensible está ante nosotros, en la misma forma en que no sentimos la existencia del ojo con la que estamos mirando el mundo de los colores. El cuerpo, por lo tanto, debe hacerse imperceptible, antes de que el alma pueda contemplar el mundo suprasensible.
Cuando en esta forma hemos logrado deliberadamente convertirnos en clarividentes, podremos, por regla general, reproducir ese estado a voluntad si nos concentramos en algún pensamiento que seamos capaces de experimentar en forma particularmente poderosa, dentro de nosotros mismos. Y como resultado de entregarnos de esa manera a un pensamiento dado, se presenta la clarividencia.
Al principio no podemos ver nada definido que deseemos ver especialmente. Cosas o acontecimientos suprasensibles, para las que no estamos preparados en ninguna forma, o que deseamos evocar, se introducirán en la vida del alma. Pero, sin embargo, continuando nuestros esfuerzos interiores, llegaremos también a adquirir la facultad de dirigir el ojo espiritual hacia aquellas cosas que deseamos investigar.
Cuando hemos olvidado una experiencia, tratamos de traerla a nuestra memoria evocando en la mente algo relacionado con esa experiencia; y en la misma forma, como clarividentes, podemos tratar de comenzar por una experiencia que razonablemente está ligada con lo que queremos encontrar. Al entregarnos con intensidad a la experiencia conocida, encontraremos, tarde o temprano, esa experiencia que estábamos buscando. Sin embargo, en general, es digno de notarse que es de la mayor importancia para el clarividente esperar tranquilamente el momento propicio.
No deberíamos desear atraer nada. Si la experiencia deseada no llega, es mejor abandonar la investigación por un tiempo y tratar de conseguir una oportunidad en otro momento. El aparato humano de la cognición necesita desarrollarse tranquilamente hasta el nivel de ciertas experiencias. Si no tenemos la paciencia de esperar ese desenvolvimiento, haremos observaciones incorrectas o erróneas.
CUARTA MEDITACION
En la que se intenta formarse un concepto del Guardián del Umbral.
Una vez que el alma ha logrado la facultad de hacer observaciones. mientras está fuera del cuerpo físico, pueden presentarse ciertas dificultades con respecto a su vida emocional. Puede verse obligada a asumir una actitud diferente hacia si misma, de la que estaba antes acostumbrada. El alma estaba habituada a considerar el mundo físico como exterior a sí misma, en tanto que consideraba toda experiencia interna como su posesión particular.
Sin embargo, tratándose del mundo suprasensible, no puede asumir respecto a éste la misma actitud que hacia el mundo externo. Tan pronto como el alma percibe el mundo suprasensible en torno de sí, debe sumergirse en él hasta cierto punto; no puede considerarse a si misma como separada de lo que la rodea, como le pasaría en el mundo externo y debido a este hecho todo lo que podría llamarse nuestro propio mundo interno en relación con el mundo suprasensible, asume un cierto carácter que no es fácilmente reconciliable con la idea de la intimidad privada. No podemos decir ya más, “Yo pienso”, “yo siento” o “yo tengo mis pensamientos y les doy la forma que me agrada”. En cambio debemos decir: ” Algo piensa en mí, algo hace surgir emociones en mí, algo forma pensamientos en mí y los obliga a venir en una forma absolutamente definida, haciendo sentir su presencia en mi conciencia”.
Ahora bien, este sentí miento puede contener algo extraordinariamente deprimente, cuando la forma en que se presentan las experiencias suprasensibles es tal como para darnos la certeza de que estamos realmente experimentando una realidad y no perdiéndonos en fantasías o ilusiones imaginarias.
Tal como es, parecería indicar que el mundo suprasensible que nos rodea quisiera sentir y pensar por sí mismo, pero que se ve obstaculizado en la realización de sus intenciones. Al mismo tiempo tenemos la sensación de que aquello que quiere entrar en el alma es la verdadera realidad y la única que puede dar una explicación de todo lo que antes habíamos experimentado como real. Este sentimiento también da la impresión de que la realidad suprasensible se muestra como algo cuyo valor trasciende infinitamente la realidad antes conocida por el alma. Este sentimiento es, por lo tanto, deprimente, porque nos obliga a sentir que nos vamos a ver forzados a querer el próximo paso que hay que dar.
Este descansa en la verdadera naturaleza de lo que, debido a esa experiencia interior, nos hace dar este paso. Si no lo damos, sentiremos esto como una negación de nuestro propio ser o como una auto-aniquilación. Y, no obstante, podemos a la vez sentir que no podemos darlo, o que, si lo intentamos, quedará imperfecto.
Todo ello se desarrolla en la idea siguiente: Tal como el alma ahora es, se encuentra con una tarea ante ella, que no puede dominar, porque tal como es ahora, se ve rechazada por el mundo suprasensible que la rodea, porque el mundo suprasensible no la quiere tener en su reino, y así es cómo llega el alma a sentirse en contradicción con el mundo suprasensible: y tiene que decirse a sí misma: “Yo no soy tal como para hacer posible para mí el mezclarme con ese mundo, y, sin embargo, solo allí puedo conocer la verdadera realidad de mí relación con él; porque yo me he separado, yo misma, del reconocimiento de la Verdad.”
Este sentimiento implica una experiencia que nos hará más y más claro y decisivo el exacto valor de nuestra propia alma. Sentimos que tanto nosotros como toda nuestra vida están basados en un error. Y, sin embargo, este error es diferente de otros errores. Los otros son pensados, pero éste es una experiencia viviente. Un error que sólo es un error de pensamiento, puede ser corregido cuando el pensamiento erróneo es substituido por el correcto. Pero el error que ha sido experimentado se ha convertido en parte de la vida de nuestra alma misma; nosotros mismos somos el error; no podemos corregirlo sencillamente, porque, pensemos como pensemos, allí está, es parte de la realidad, y ésta, también es nuestra propia realidad. Esta experiencia es completamente aplastadora para el yo.
Sentimos nuestro ser más íntimo, penosamente rechazado por todo lo que deseamos. Este sufrimiento, que se siente en cierto estadio de la jornada del alma, está mucho más allá de todo lo que como dolor pueda ser sentido en el mundo físico, y por lo tanto puede exceder a todo cuanto hayamos sido capaces de dominar en la vida de nuestra alma. Puede tener el efecto de paralizarnos. El alma se encuentra ante el tremendo problema: ¿de dónde sacaré la fuerza necesaria para arrastrar la carga arrojada sobre mí?
Y el alma debe encontrar esa fortaleza dentro de su propia vida. Consiste en algo que podría ser caracterizado como valor interior, como audacia interna.
Con objeto de poder seguir adelante en la jornada del alma, debemos habernos desarrollado hasta tal punto, que la fuerza que nos permita trazar nuestras experiencias surja dentro de nosotros y produzca ese valor y audacia interior, en un grado tal como jamás fue necesario para la vida en el cuerpo físico. Esa fortaleza sólo puede producirla
el verdadero conocimiento de sí mismo, y en realidad, solamente al llegar a este estado de desenvolvimiento, es cuando comprendemos qué poco sabíamos realmente acerca de nosotros mismos. Nos hemos entregado a nuestras experiencias interiores sin observarlas, como uno observa una parte del mundo exterior. Los pasos que hemos dado para llegar a la facultad de experimentar extrafísicamente, nos permiten obtener un medio especial de conocernos a nosotros mismos.
Aprendemos en cierto sentido a contemplarnos desde un punto de vista que sólo puede encontrarse fuera del cuerpo físico, y el sentimiento de depresión antes mencionado, constituye por si mismo el principio del verdadero conocimiento de sí mismo. Comprender que uno mismo está en relaciones erróneas con el mundo exterior es un signo de que uno está comenzando a realizar la verdadera naturaleza de su propia alma.
Está en la naturaleza del alma humana el sentir esa iluminación acerca de sí misma como algo doloroso, y sólo cuando sufrimos este dolor, es cuando nos damos cuenta de cuán fuerte es el deseo natural que experimentamos de sentirnos nosotros mismos tal como somos: ser seres humanos de importancia y valor. Puede parecer feo que esto sea así; pero debemos afrontar esta fealdad de nuestro propio ser sin prejuicios. No lo habíamos notado antes, sencillamente porque no habíamos penetrado bastante profundamente, con plena conciencia, dentro de nuestro propio ser. y sólo cuando lo hacemos es cuando percibimos cuán profundamente amamos aquello en nosotros que nos vemos obligados a calificar como feo. El poder del amor propio se muestra entonces en toda su enormidad.
Y al mismo tiempo descubrimos cuán poco inclinados nos encontramos a dejar a un lado ese amor propio, y aunque sólo se trate de esas cualidades anímicas relacionadas con nuestra vida ordinaria y los demás, las dificultades son todavía bastante grandes. Entonces aprendemos, por ejemplo, mediante el verdadero conocimiento de nosotros mismos, que aunque antes creíamos que sólo teníamos buenos sentimientos para alguno, sin embargo, en las profundidades de nuestra alma estamos alimentando odios o envidias hacia esa persona, y entonces comprendemos que estos sentimientos que hasta ahora no han surgido a la superficie, algún día tratarán de manifestarse, y también entonces comprenderemos cuán superficial sería decirse a sí mismo: “Ahora que ves las cosas tales y como son, desarraiga esa envidia y ese odio”.
Porque descubrimos que armados solamente con este pensamiento nos sentiremos extraordinariamente débiles cuando llegue el día en que surja el deseo de expresar nuestra envidia o de satisfacer nuestro odio con todo su poder elemental. Estas diferentes clases de autoconocimiento se manifiestan en las diferentes personas de acuerdo con la constitución especial de sus almas. Aparece cuando comienza la experiencia fuera del cuerpo, porque entonces nuestro conocimiento de nosotros mismos se convierte en verdadero, y ya no está teñido por nuestro deseo de modelarnos en talo cual forma, como quisiéramos ser.
Este especial conocimiento de sí es doloroso y deprimente para el alma, pero si queremos lograr la facultad de experimentar fuera del cuerpo, no puede ser evitado, porque necesariamente lo evoca la posición especial que tenemos que adoptar con respecto a nuestra propia alma. Se requieren los más fuertes poderes del alma, aunque sólo fuera cuestión de un ser humano ordinario que estuviera tratando de conocerse a sí mismo en una manera general. Nos estamos observando desde el punto de vista fuera del de nuestra vida interna anterior.
Tenemos que decirnos: “Yo he contemplado y juzgado las cosas y ocurrencias del mundo, de acuerdo con mi naturaleza humana. Ahora debo tratar de imaginarme que no puedo contemplarlas y juzgarlas de esa manera. Pero entonces ya no seré lo que soy. Seré nada sencillamente”, y no sería solamente el hombre que en el torbellino de la vida diaria, que rara vez piensa acerca del mundo o de la vida, el que a sí mismo tendría que dirigirse en esta forma.
Cualquier hombre de ciencia o filósofo, tendría que hacerlo así también. Porque hasta la filosofía no es más que observaciones y juicios acerca del mundo, de acuerdo con las cualidades individuales y las condiciones de la vida humana. Ahora bien, estos juicios no pueden mezclarse con la existencia o las cosas suprasensibles. Es rechazado por ellas, y con ello es rechazado todo lo que hemos tenido hasta ese momento. Tenemos que mirar para atrás, sobre toda nuestra alma, sobre nuestro ego mismo, como algo que debe dejarse a un lado cuando queremos entrar en el mundo suprasensible. El alma, sin embargo, no puede dejar de considerar a este ego como su ser real hasta que entra en los reinos suprasensibles. El alma debe considerarlo como el verdadero ser humano, y debe decirse a sí misma: “Mediante este, mi ego, debo formarme ideas del mundo; no debo perder este ego mío si no quiero desaparecer yo misma como ser”.
Existe en el alma una fuerte tendencia a preservar y resguardar al ego en todo sentido, para no perder pie absolutamente.
Lo que así siente el alma como absolutamente necesario en la vida ordinaria, debe ser abandonado cuando entra en el reino suprasensible. Tiene que cruzar allí un umbral, donde debe abandonar tras suyo no solamente esta o aquella otra preciosa posesión, sino el ser mismo que antes creía que era. El alma debe ser capaz de decirse a sí misma: “Eso que hasta ahora me pareció mi más segura verdad, debo ahora, en el otro lado del umbral del mundo suprasensible, considerarlo como mi más profundo error.”
Ante semejante demanda, el alma puede muy bien retroceder. El sentimiento puede ser tan fuerte que los pasos necesarios pueden parecer como un abandono de su propio ser, como un reconocimiento de su propia nada, de manera que admita, más o menos completamente en el umbral, su propia impotencia para satisfacer las demandas puestas ante ella. Este reconocimiento puede tomar todas las formas posibles. Puede aparecer meramente como un instinto, y creer el discípulo que piensa y obra de acuerdo con él, algo completamente diferente de lo que realmente es puede, por ejemplo, sentir un gran disgusto por todas las verdades suprasensibles.
Puede considerarlas como sueños o fantasías imaginarias. y lo hará así porque en esas profundidades de su alma, que ignora, existe un terror secreto por esas verdades. Sentirá que sólo puede vivir con lo que sus sentidos y sus juicios intelectuales pueden admitir, Entonces evitará de llegar al umbral del mundo suprasensible, y disimulará su actitud diciendo: “Eso que se supone está más allá del umbral no es admisible ni por la ciencia ni por la razón”. El hecho, sin embargo, es que él ama la razón y la ciencia tal como las conoce porque están entretejidas con su ego, esta es una forma muy frecuente de amor propio y como tal, no puede ser llevada al mundo suprasensible.
También puede suceder que no solamente se produzca este alto instintivo ante el umbral. El discípulo puede proceder conscientemente hacia el umbral y luego dar vuelta en redondo, porque teme lo que está ante él. Pero entonces no podrá borrar tan fácilmente de la vida ordinaria de su alma el efecto de haberse así aproximado a él, y ese efecto será que una gran debilidad se difundirá sobre toda la vida de su alma.
Lo que debería suceder es simplemente esto que el discípulo al entrar en el mundo suprasensible se capacite para renunciar a eso que en su vida ordinaria considera como la más profunda verdad, y se adapte a un modo diferente de sentir y juzgar las cosas.
Pero al mismo tiempo debe tener presente que cuando nuevamente confronte el mundo físico, debe emplear la manera de sentir y de juzgar que son apropiadas al mundo físico. Debe no sólo aprender a vivir en dos mundos diferentes, sino también a vivir en cada uno de ellos de manera completamente diferente, y no debe permitir que su sano juicio, que necesita en la vida ordinaria del mundo de la razón y de los sentidos, sea oprimido por el hecho de verse obligado a emplear otra clase de discernimiento cuando se encuentra en el otro mundo.
Adoptar esta actitud es difícil para la naturaleza humana. y la capacidad de hacerlo se adquiere solamente mediante un fortalecimiento continuado y persistente, así como de una gran paciencia, en la vida psíquica. Todos los que pasan por la experiencia del umbral, comprenden que es una ventaja en la vida ordinaria no haber llegado tan lejos. Los sentimientos que se despiertan son tales que uno no puede sino pensar que esta ventaja o protección procede de alguna entidad poderosa que protege al hombre del peligro de pasar por el terror de la aniquilación de sí mismo en el umbral.
Tras el mundo externo de la vida ordinaria, hay otro. Ante el umbral de este mundo, un guardián severo está vigilando, impidiendo al hombre conocer lo que son las leyes del mundo suprasensible. Porque todas las dudas y todas las incertidumbres concernientes a ese mundo son, después de todo, mucho más llevaderas que la visión de lo que uno debe dejar tras suyo cuando quiere cruzar el umbral.
El discípulo es protegido contra esta experiencia, mientras no avance hasta el umbral mismo. El hecho de que reciba descripciones de las experiencias que hayan tenido los que ya cruzaron este umbral, no cambia en nada el hecho de que está protegido. Por el contrario, esas comunicaciones pueden prestarle buenos servicios cuando se esté aproximando al umbral. En este caso, como en muchos otros, una cosa se hace mejor si uno ya tiene una idea de ella anticipadamente.
Pero por lo que toca al conocimiento de sí mismo que debe lograr el viajero en el mundo suprasensible, en nada es afectado por ese conocimiento preliminar. No está por lo tanto en armonía con los hechos, el clarividente o aquel que está familiarizado por la clarividencia, que dice que estas cosas no deberían ser mencionadas absolutamente a las personas que no estén a punto de resolverse a entrar en el mundo suprasensible.
Estamos viviendo en una época en que el hombre debe familiarizarse más y más con la naturaleza del mundo suprasensible, si es que la vida de su alma debe igualar a las demandas que la vida ordinaria tiene sobre él. La difusión del conocimiento suprasensible, incluyendo el conocimiento del guardián del umbral, es una de las tareas del momento y del futuro inmediato.
QUINTA MEDITACION
En la que se intenta formarse una Idea del Cuerpo Astral.
Cuando experimentamos, por medio de nuestro cuerpo elemental, un mundo suprasensible que nos rodea, nos sentimos menos separados de ese mundo, que lo que nos sentimos del mundo físico cuando estamos en nuestro cuerpo físico. y, sin embargo, guardamos una relación con este mundo suprasensible, que podemos expresar diciendo que hemos atraído hacia nosotros ciertas substancias del mundo elemental, en forma de cuerpo elemental, así como en el mundo físico llevamos parte de sus fuerzas materiales bajo la forma de nuestro cuerpo físico. Vemos que sucede así cuando tratamos de abrirnos camino en el mundo suprasensible, estando fuera del cuerpo físico.
Puede suceder que tengamos ante nosotros un hecho o un ser del mundo suprasensible. Puede estar allí, y podemos verlo, pero no sabemos lo qué es. Si somos bastante fuertes, podemos arrojarlo afuera, pero sólo retrayéndonos nosotros mismos al mundo de los sentidos, mediante enérgica concentración en las experiencias de ese mundo. Sin embargo, no podemos quedarnos en el mundo suprasensible y comparar con otros seres o hechos el ser o hecho percibido. y no obstante, sólo así es como podríamos formarnos una idea correcta de lo que vemos.
En esta forma, nuestra “vista” en el mundo suprasensible puede estar limitada a la percepción de cosas individuales, sin la facultad de moverse libremente de una cosa a la otra. Entonces nos sentimos como aprisionados por esa cosa individual.
Veamos la razón de esta limitación. Esta sólo podrá ser encontrada, cuando mediante un ulterior desenvolvimiento, la vida anímica interna se haya fortalecido aún más, y lleguemos al punto en que ya no encontramos más esta limitación, y entonces descubriremos que la razón por la que no podíamos movernos de una cosa a otra, se encontraba en nuestra propia alma.
Comprendemos que la vista en el mundo suprasensible difiere en esta forma de la percepción en el mundo de los sentidos. Uno puede, por ejemplo, ver en el mundo físico todas las cosas visibles si tiene ojos en buenas condiciones. Si uno ve una cosa, también puede, con los mismos ojos ver todas las demás cosas. Pero no sucede así en el mundo suprasensible.
Uno puede tener los órganos de percepción suprasensible desarrollados en tal forma que sólo puede experimentar este o aquel hecho, pero si hemos de percibir otro hecho, el órgano perceptor debe ser desarrollado especialmente con este objeto. Este desenvolvimiento le da a uno la sensación de que un órgano se ha despertado a una región particular del mundo suprasensible. Uno siente como si el cuerpo elemental estuviera como dormido con respecto al mundo suprasensible y como si tuviera que ser despertado con respecto a cada cosa en particular. En realidad es posible hablar de estar dormido o despierto en el mundo elemental, pero estos no son estados alternados como el mundo físico. Son estados que existen en el hombre simultáneamente.
Mientras no hemos logrado la facultad de percibir mediante nuestro cuerpo elemental, ese cuerpo, está dormido. Siempre llevamos este cuerpo con nosotros, pero es un cuerpo dormido. Con el fortalecimiento de nuestra vida anímica, comienza el despertar, pero al principio, de sólo una parte del cuerpo elemental. Cuanto más se despierta nuestro ser elemental, tanto más profundamente penetramos en el mundo elemental.
En el mundo elemental no hay nada que pueda ayudar al alma a producir este despertamiento. Por mucho que le sea dable contemplar, la percepción de una cosa no agrega nada a la posibilidad de percibir otra. La libertad de movimientos en el mundo suprasensible no puede lograrse con el auxilio de nada que se encuentre en el mundo elemental.
Cuando continuamos los ejercicios para fortalecer el alma, vamos adquiriendo más y más poder para movernos en regiones particulares. Y con todo esto, nuestra atención se va viendo atraída hacia algo en nosotros que no pertenece al mundo elemental, sino que descubrimos en nosotros mediante nuestra experiencia en ese mundo. Nos sentimos como seres particulares en el mundo suprasensible, que parecen ser los dueños y señores de sus cuerpos elementales; y que gradualmente están despertando estos cuerpos a la conciencia suprasensible.
Cuando hemos llegado hasta aquí un sentimiento de intensa soledad sobrecoge al alma. Nos encontramos en un mundo que es elemental en todas direcciones; nos vemos a nosotros mismos dentro de un espacio elemental infinito, como seres que no pueden encontrar en parte alguna a su semejante.
No queremos decir con esto que todo desenvolvimiento de la clarividencia deba llevar a esta tremenda soledad pero todo aquel que conscientemente y mediante sus propios esfuerzos, fortalezca así su alma, se encontrará con ella. Y si sigue a algún maestro que le va dando indicaciones, paso a paso, con objeto de facilitar su desenvolvimiento, se encontrará un día quizás tarde, con que su maestro lo ha abandonado a sí mismo. Se encontrará con que lo ha abandonado en plena soledad en el mundo elemental. Sólo después comprenderá que aquél se vio obligado a abandonarlo a sí mismo, cuando llegó la oportunidad de que sólo en sí mismo confiara.
En esta estadía de la jornada del alma, el discípulo se siente como un desterrado en el mundo elemental. Pero ahora puede seguir adelante si ha despertado en sí suficiente fortaleza, mediante su ejercitamiento interior. Puede comenzar a ver cómo emerge un nuevo mundo -no en el mundo elemental sino en sí mismo- un mundo que no está identificado ni con el mundo físico ni con el elemental. El discípulo en tal caso ve que un segundo mundo suprasensible se agrega al primero. Este segundo mundo suprasensible es al principio completamente un mundo interior.
El discípulo tiene la sensación de que lo lleva consigo y de que está sólo con él. Para comparar este estado con algo del mundo de los sentidos, tomemos el siguiente caso. Uno ha perdido todos sus seres queridos, y ahora solo tiene consigo el recuerdo de ellos en su alma.
Ellos viven para él solamente como pensamientos. El discípulo se encuentra frente a este segundo mundo suprasensible en tal forma como si lo llevara dentro de sí, pero sabe que se lo tiene separado de su realidad. No obstante, siente que esta realidad dentro de su alma, sea la que fuere, es algo mucho más real que un simple recuerdo del mundo de los sentidos. Este mundo suprasensible vive una vida independiente dentro de su propia alma.
Todo lo que se encuentra está ansiando salirse del alma y llegar a algo diferente. Así siente uno como un mundo dentro de sí mismo pero un mundo que no quiere permanecer allí. Esto da la sensación de ser partido en pedazos por cada uno de los detalles de ese mundo. Y se llega a un punto en que estos detalles se liberan, en que rompen algo así como una costra psíquica y se escapan. Y entonces uno se siente tanto más pobre por todo lo que en esta forma se ha escapado del alma.
Entonces aprende uno que esa parte de la realidad suprasensible que está en el alma, y que uno es capaz de amar por sí misma y no simplemente porque se encuentra realmente en el alma, se comporta de una manera particular. Lo que uno puede amar así profundamente no se escapa del alma, no fuerza su camino fuera del alma ciertamente, sino que se lleva al alma consigo. Y se la lleva a esa región donde vive en su verdadera realidad. Una especie de unión con la esencia real tiene lugar entonces, pues antes, uno sólo llevaba algo así como un reflejo de esa esencia real en el interior. El amor mencionado aquí, debe ser,. sin embargo, de la clase que se experimenta en el mundo suprasensible.
En el mundo de los sentidos uno sólo puede prepararse para ese amor. Y esta preparación tiene lugar cuando uno fortifica su capacidad para amar en el mundo de los sentidos. Cuanto mayor es el amor de que uno es capaz en el mundo físico, tanta mayor capacidad subsiste para el mundo suprasensible.
Con respecto a las entidades individuales del mundo suprasensible este obra como sigue. Por ejemplo, uno no puede ponerse en contacto con los seres suprasensibles reales que están en relación con las plantas del mundo físico si uno no ama las plantas en el mundo de los sentidos, y así sucesivamente. Sin embargo, puede cometerse un error con respecto a estas cosas. Puede suceder que alguien en el mundo físico mire el reino vegetal con completa indiferencia y que, no obstante, haya una afinidad inconsciente con ese reino, oculta en el alma. Y luego, cuando se entre en el mundo suprasensible, puede despertarse ese amor.
Pero la unión con seres del mundo suprasensible, no depende solamente del amor. Otros sentimientos, tales como, por ejemplo, el respeto y la reverencia que el alma pueda sentir por un ser cuando por vez primera sienta la imagen de este ser surgir en ella tiene el mismo efecto. Sin embargo, estas cualidades deben pertenecer a las cualidades íntimas del alma. Y entonces en esta forma uno aprenderá a conocer esos seres del mundo suprasensible, a quienes uno mismo les abrió el camino con dichas cualidades internas. Una manera segura de conocer el mundo suprasensible, consiste en obtener acceso a los diferentes seres por medio de nuestra relación con sus reflejos.
En el mundo de los sentidos amamos a un ser después de haber aprendido a conocerlo; en el segundo mundo suprasensible podemos amar la imagen de un ser antes de encontrarnos con el ser mismo, cuando esta imagen se presenta antes que el encuentro actual.
Lo que el alma en esta forma aprende a conocer dentro de sí misma, no es el cuerpo elemental.
Guarda una relación con ese cuerpo como su despertador. Es un ser que mora dentro del alma; se siente en la misma forma que sentiríase uno mismo durante el sueño, si no estuviera inconsciente; o sea, lo que sentiríase uno mismo si estuviera consciente fuera del cuerpo, mientras éste está dormido y fuera uno a despertarlo para sacarlo del sueño. Y de esta manera el alma aprende a conocer un ser dentro de sí misma que es un tercer algo, aparte del cuerpo físico y del elemental. Llamemos a este algo, el cuerpo astral, y esta expresión por el momento no significará nada más que aquello que, en la forma descrita, se experimenta dentro de este segundo mundo suprasensible.
SEXTA MEDITACION
En la que se intenta formarse un concepto del Cuerpo del Ego o Cuerpo Mental..
La sensación de encontrarse fuera del cuerpo físico es mucho más fuerte durante las experiencias con el cuerpo astral que durante las obtenidas en el cuerpo elemental. En el caso del cuerpo elemental, si bien nos sentimos fuera de la región en que existe el cuerpo físico, sin embargo, nos sentimos conectados con este último.
En el cuerpo astral sentimos el cuerpo físico como algo fuera de nuestro propio ser. Al pasar al cuerpo elemental sentimos algo como una expansión de nuestro propio ser, pero al identificar nuestra conciencia con el cuerpo astral, es como si diéramos súbitamente un salto dentro de otro ser. Y sentimos un mundo de seres espirituales radiando sus actividades adentro de ese ser. Nos sentimos en una forma u otra conectados o relacionados con esos seres. Y por grados vamos aprendiendo en qué forma están relacionados estos seres mutuamente.
Para nuestra conciencia humana, el mundo se ensancha en dirección a lo espiritual. Por ejemplo, contemplamos seres espirituales que producen la sucesión de las épocas en el desarrollo de la humanidad y así comprendemos que los diferentes caracteres de las diversas épocas han sido estampados sobre ellas por entidades espirituales reales. Estos son los Espíritus del Tiempo o Poderes Primordiales (Archai). Aprendemos también a conocer otros seres, cuya vida psíquica es tal que sus pensamientos son al mismo tiempo fuerzas activas de la Naturaleza.
Vamos entonces comprendiendo que solamente para la percepción física las fuerzas de la Naturaleza parecen estar constituidas como dicha percepción física se las imagina. En realidad, en todas partes, donde está obrando una fuerza de la Naturaleza, se está expresando el pensamiento de algún ser, así como el alma humana encuentra su expresión en los movimientos de la mano. Pero esto no es como si el hombre con la ayuda de una teoría pudiera colocar mentalmente seres vivientes tras todos los procesos naturales, porque cuando estamos en nuestro cuerpo astral entramos en relaciones tan concretas y reales con esos seres: como las relaciones que puedan tener en el mundo físico diversos individuos.
Entre los espíritus en cuyo reino entramos así descubrimos una serie de gradaciones y por lo tanto podemos así hablar de un mundo de más elevadas jerarquías. Y esos seres, cuyos pensamientos se manifiestan a la percepción física como fuerzas de la Naturaleza podemos denominarlos los Espíritus de la Forma.
La experiencia en ese mundo presupone que sentimos nuestro ser físico como algo fuera de nosotros, en la misma forma que en la existencia física contemplamos una planta como algo fuera de nosotros, y esta sensación de estar fuera de lo que en la vida ordinaria sentimos como nuestro propio ser, es muy penosa si no va acompañada por otra experiencia determinada. Si el trabajo interno del alma ha sido enérgicamente llevado a cabo y ha conducido a la debida profundización y fortalecimiento de la vida anímica, esta pena no será muy pronunciada. Porque una entrada lenta y gradual en esta segunda experiencia puede ser lograda simultáneamente con nuestra entrada en el cuerpo astral como vehículo natural.
Esta segunda experiencia consiste en obtener la capacidad de considerar todo lo que antes llenaba y estaba relacionado con nuestra alma. como una especie de recuerdo, de manera que quedemos en la misma relación con nuestro ego primitivo, como lo estamos con nuestros recuerdos en la vida física. Y sólo mediante esta experiencia llegamos a la plena conciencia de nosotros mismos como entidades que viven en su propio ser en un mundo completamente diferente del de los sentidos.
Entonces poseemos el conocimiento de que lo que arrastramos tras de nosotros y que antes considerábamos como nuestro ego, es algo completamente diferente de lo que realmente somos. Ahora podemos situarnos frente a nosotros mismos y podemos formarnos una idea concerniente a eso que ahora confronta nuestra propia alma y que antes decía “Esto soy yo”.
Ahora el alma ya no dice más “Esto soy yo”, sino “Yo llevo esto conmigo”. Y así como el ego en la vida ordinaria se siente independiente de sus propios recuerdos, así también nuestro ego recién descubierto se siente independiente de su ego anterior. Ahora siente que pertenece a un mundo de seres puramente espirituales.
Y conforme esta experiencia, (que es una experiencia real y no una teoría) viene a nosotros, comprendemos lo qué es realmente aquello que habíamos considerado como nuestro ego. Se presenta como un tejido de recuerdos producido por los cuerpos físico, elemental y astral, en la misma forma que una imagen se reproduce en un espejo y de la misma manera que un hombre no se identifica con su imagen reflejada en el espejo, tampoco el alma que se siente en el mundo espiritual se identifica con aquello que experimenta en el mundo de los sentidos.
La comparación con la imagen reflejada, debe tomarse, por supuesto, solamente como una comparación. Porque la imagen reflejada desaparece cuando nosotros cambiamos de posición respecto al espejo, mientras que el tejido de recuerdos que representa lo que somos en el mundo físico y que consideramos como nuestro propio ser, tiene un grado de independencia mayor que la imagen en el espejo. En cierto sentido es un ser por sí mismo. Y, sin embargo, para el ser anímico real, es solamente como una imagen de sí mismo.
El ser real del alma siente que esta imagen es necesaria para la manifestación de su yo real. Este ser real sabe que es algo diferente, pero también sabe que jamás habría llegado a obtener ningún conocimiento real de sí mismo, si al principio no se hubiera identificado con su propia imagen en ese mundo que, después de su ascensión al mundo espiritual, se convierte en un mundo externo.
El tejido de recuerdos o memorias que ahora consideramos como nuestro ego anterior, puede ser llamado “Cuerpo del Ego” o “Cuerpo Mental”. La palabra cuerpo debe ser tomada en un sentido más amplio que el que usualmente se adjudica a ese término. Por “cuerpo” aquí queremos indicar todo lo que experimentamos como perteneciente a nosotros mismos, y respecto a lo cual no decimos “Somos eso”, sino “Poseemos eso”.
Sólo cuando la clarividencia consciente ha llegado al punto en que experimenta como suma de recuerdos aquello que antes consideraba ser uno mismo, sólo entonces es cuando es posible lograr una experiencia real de lo que se oculta tras el fenómeno de la muerte. Porque entonces hemos llegado a un mundo verdaderamente real, en el que nos sentimos como seres que pueden retener, como recuerdo, lo que ha sido experimentado en el mundo de los sentidos. Esta suma total de experiencias en el mundo físico, requiere para que pueda continuar su existencia un ser que pueda retenerla en la misma forma en que el ego ordinario conserva sus memorias.
El conocimiento suprasensible revela el hecho de que el hombre tiene una existencia dentro del mundo de seres espirituales, y que es él mismo quien conserva dentro de sí su vida física como recuerdo. La pregunta acerca de qué es lo que sucederá después de la muerte, con todo lo que yo ahora soy, recibe la siguiente contestación del clarividente. “Continuarás siendo lo que eres en la misma proporción en que te consideres un ser espiritual entre otros seres espirituales”.
Comprendemos la naturaleza de estos seres espirituales y entre ellos nuestra propia naturaleza. Y este conocimiento es experiencia directa. Por él sabemos que los seres espirituales, y con ellos nuestra propia alma, tienen una existencia de la que la vida física es sólo una manifestación pasajera.
Si a la conciencia ordinaria según se ve en la Primera Meditación, le parece que el cuerpo pertenece a un mundo cuya parte real queda probada por su disolución en él después de la muerte; la observación clarividente enseña que el ego humano real pertenece a un mundo al que es atraído por lazos completamente diferentes de los que relacionan al cuerpo físico con las leyes de la Naturaleza. Los lazos que unen al ego con los seres espirituales del mundo suprasensible no son afectados en su naturaleza íntima ni por el nacimiento ni por la muerte.
En la existencia física estos lazos sólo se muestran en una forma especial. Lo que aparece en este mundo es la expresión de realidades de naturaleza suprasensible. Ahora bien como el hombre es un ser suprasensible, y así aparece efectivamente ante la observación suprasensible, los lazos que unen las almas en el mundo suprasensible no son afectados por la muerte y esa pregunta ansiosa que surge ante la conciencia ordinaria del alma en esta forma primitiva: “¿Encontraré después de la muerte a aquellos con quienes he estado unido durante la vida física?” debe ser contestada enfáticamente por la afirmativa por todo investigador real, que pueda juzgar de acuerdo con la experiencia.
Todo cuanto se ha dicho sobre el ser del alma experimentándose a si misma como una realidad espiritual en el mundo de otros seres espirituales, puede ser visto y confirmado mediante el fortalecí miento de la vida de nuestra alma en la forma ya mencionada, siendo posible facilitar la tarea mediante el desenvolvimiento de ciertos sentimientos. En la vida ordinaria del mundo físico adoptamos tal actitud respecto a todo nuestro destino, que generalmente sentimos simpatía o antipatía por los diferentes sucesos.
Un observador imparcial tendrá que admitir que estas simpatías o antipatías son de las más fuertes que el hombre sea capaz de sentir. La reflexión antedicha nos prestará un gran servicio en la vida de nuestra alma. Sin embargo, podemos encontrar con frecuencia que las simpatías y antipatías de la clase mencionada, que somos capaces de descartar, sólo han desaparecido de nuestra conciencia inmediata.
Se han retirado a los más profundos estratos de la humana naturaleza y se manifiestan como ciertas modalidades del alma, o como sentimiento de laxitud u otra sensación en el cuerpo. La imperturbabilidad real con respecto al destino sólo se adquiere cuando nos comportamos en este asunto en la misma forma que cuando nos abandonamos en la concentración a pensamientos o sensaciones, con el objeto de fortalecer la vida de nuestra alma en general. Reflexiones que sólo conduzcan a una comprensión intelectual no son suficientes.
Es necesario vivir intensamente con tal reflexión y continuar en ella durante un período de tiempo, mientras se mantienen apartadas todas las experiencias relativas a los sentidos u otros recuerdos de la vida ordinaria. Mediante estos ejercicios llegamos a una actitud fundamental de la mente hacia el destino.
Es posible deshacerse radicalmente de toda simpatía o antipatía a este respecto, hasta considerar finalmente todo cuanto nos suceda con la misma indiferencia con que un observador contemplaría como cae el agua de una montaña sobre el valle al pie. No queremos decir que en esta forma lleguemos a contemplar nuestro destino sin sentimiento de ninguna clase. El que se vuelve indiferente a cuanto le suceda no se encuentra en buen camino.
Uno ciertamente no permanece indiferente ante el mundo externo con respecto a aquellas cosas que no nos atañen como parte de nuestro destino. Contemplamos las cosas que suceden ante nosotros con placer o pena. No hay que buscar indiferencia hacia la vida cuando andamos tras el conocimiento suprasensible, sino la transformación del interés directo que el ego se toma en su propio destino. Es muy posible que mediante esa transformación, la vividez de la vida del sentimiento sea aumentada y no debilitada.
En la vida ordinaria derramamos lágrimas por muchas cosas que suceden como destino a nuestra alma. Sin embargo, podemos llegar a un punto de vista tal en que el destino de los demás despierte en nuestra alma el mismo interés y sentimiento profundos que pudieran producirnos nuestras propias experiencias. Es más fácil llegar a esa actitud con respecto a nuestras propias capacidades mentales. No es tal fácil, después de todo, experimentar una gran alegría cuando descubrimos en otro una cierta capacidad o talento, como cuando la descubrimos en nosotros mismos.
Cuando mediante la observación de nosotros mismos tratamos de penetrar en las profundidades de nuestra alma, podemos descubrir mucha satisfacción egoísta por las cosas que somos capaces de hacer nosotros mismos. Una unión meditativa intensa y repetida con el pensamiento de que en muchos casos es completamente indiferente al curso de la vida humana el que, seamos nosotros o cualquier otro, capaces de hacer ciertas cosas, nos puede hacer adelantar un largo camino hacia la verdadera imperturbabilidad con respecto a que lo que sentimos, es la obra más íntima del destino en nuestra vida. Este fortalecimiento de la vida interna del alma, por el pensamiento, cuando se hace en debida forma, nunca puede llevar a aniquilar nuestros sentimientos por lo que toca a nuestras propias capacidades. En cambio, son transformados y comprendemos entonces la necesidad de comportarnos de acuerdo con estas capacidades.
Ya hemos, pues, indicado la dirección que toma este fortalecimiento de la vida del alma mediante el pensamiento. Aprendemos a conocer algo en nosotros que aparece al alma como un segundo ser dentro de sí. y esto se nota especialmente, cuando relacionamos con ello pensamientos que muestran cómo en la vida ordinaria producimos tal o cual suceso en nuestro destino. Podemos ver que tal o cual suceso no habrían ocurrido, si no nos hubiéramos portado de cierta manera en algún período anterior de nuestra vida.
Lo que nos ocurre hoy, es, ciertamente, en muchos sentidos, el resultado de lo que hicimos ayer. Ahora podremos, con la intención de llevar la experiencia de nuestra alma más allá del punto al que hayamos llegado, contemplar retrospectivamente nuestra existencia pasada, podemos descubrir cómo nosotros mismos nos hemos preparado nuestro destino futuro. Al hacer esta tentativa podemos retroceder hasta el punto cuando la conciencia se despierta en el niño, que le permite luego en la vida recordar lo que ha experimentado.
Y si nos ponemos a hacer esta retrospección en tal forma que combinemos con ella una actitud mental que elimine las simpatías y antipatías usuales egoístas con respecto a nuestro propio destino, entonces, al llegar a ese punto mencionado de la memoria, nos confrontamos y podemos decirnos: “En ese momento se nos presentó por primera vez la posibilidad de sentirnos a nosotros mismos y de trabajar conscientemente sobre la vida de nuestra alma, pero este ego nuestro estaba allí antes, y fue él quien, aunque no trabajando conscientemente en nosotros, nos trajo la capacidad de conocer, así como todo lo demás que ahora sabemos.
Esta actitud respecto a nuestro propio destino, produce lo que ninguna reflexión intelectual es capaz de producir. Aprendemos a contemplar los acontecimientos de la vida con ecuanimidad, los afrontamos sin prejuicios; pero vemos en el ser que nos aporta estos acontecimientos a nuestro propio ser. Y cuando nos contemplamos en esta forma, encontramos que las condiciones de nuestro propio destino, que ya nos fueron dadas al nacer, están conectadas con nuestro propio ser. Y entonces llegamos a la convicción de que así como hemos trabajado sobre nosotros mismos, desde que despertó nuestra conciencia, así también habíamos obrado antes de que nuestra conciencia presente se despertara.
Ahora bien, al llegar así a la realización de un ego superior dentro de nuestro ego ordinario, no sólo nos conduce a admitir que nuestro pensamiento nos demuestra la existencia teórica de la existencia de tal ego superior, sino que también nos hace comprender la viviente actividad de este ego, como un poder dentro de nosotros mismos en toda su realidad, y entonces sentimos el ego ordinario como una creación del otro. Este sentimiento es, en realidad el primer paso hacia la contemplación del ser espiritual del alma. Y si no conduce a nada, es simplemente porque nos quedamos satisfechos con sólo el principio. Este principio puede bien ser apenas una sensación vaga e indefinida y puede permanecer así durante un largo tiempo.
Pero si proseguimos enérgicamente la interior actividad y ejercitamiento que nos ha llevado a este principio, llegaremos por último a contemplar el alma como un ser espiritual. Y al llegar a este estadio, comprenderemos fácilmente por qué alguno que no tenga experiencia en estas materias puede decir que al creer en ellas vemos las cosas, y que sólo hemos creado una imagen fantástica de un ego superior, mediante la auto-sugestión. Pero el que ha pasado por la experiencia, sabe perfectamente que esa objeción deriva de la falta de esa experiencia misma, ya que todos los que se desarrollan seriamente en esta forma, adquieren al mismo tiempo la capacidad de distinguir entre las realidades y las imágenes creadas por la propia imaginación.
La actividad interior y la experiencia que son necesarias durante esta jornada del alma sí se efectúan en debida forma, nos hace desarrollar la mayor circunspección con respecto a la imaginación y la realidad. Cuando sistemáticamente tratamos de experimentarnos nosotros mismos en el ego superior, como seres espirituales, consideraremos como experiencia principal la descrita al principio de esta meditación, y contemplaremos el resto simplemente como un auxilio en la jornada del alma.
SEPTIMA MEDITACION
En la que se intenta formarse una Idea del Carácter de la Experiencia en los Mundos Suprasensibles
Las experiencias que indicamos ser necesarias para el alma, si quiere penetrar en los mundos suprasensibles, pueden parecer aterradoras para muchas personas. Estas pueden decir que no sabrían lo que les ocurriría si se aventuraran en esa jornada o cómo se las arreglarían para soportarla. Bajo la influencia de este sentimiento es fácil hacerse la opinión de que es mejor no emprender artificialmente el desarrollo del alma, sometiéndose en cambio tranquilamente a la dirección de la que el alma permanece inconsciente, esperando su efecto en el futuro sobre la vida interna de la humanidad.
Sin embargo, este pensamiento debe ser reprimido por toda persona capaz de convertir en poder viviente dentro de sí el pensamiento de que es natural en el hombre el progreso, y que si no se prestara atención a estas cosas, significaría simplemente paralizar ciertas fuerzas en el alma que están esperando ser desarrolladas, las fuerzas del autodesenvolvimiento están presentes en toda alma humana, y ni una sola de ellas dejará de responder al estímulo de desarrollarlas, si en una forma u otra puede aprender algo acerca de estos poderes y su importancia.
Además, nadie se dejará aterrorizar por la ascensión a los mundos superiores, salvo que de antemano haya adoptado una falsa posición respecto al proceso por el que tiene que pasar. Este proceso ha sido descrito en las precedentes meditaciones. Y si hay que expresarlo en palabras que, naturalmente, han tenido que ser tomadas de la existencia humana ordinaria, sólo puede ser expresado en esa forma. Porque las experiencias en el sendero del conocimiento suprasensible, están relacionadas con el alma humana en tal forma que son exactamente similares a lo que, por ejemplo, un fuerte sentimiento de soledad, una sensación de estar flotando sobre un abismo, o algo parecido, puedan significar para el alma del hombre. El experimentar estos sentimientos y sensaciones produce los poderes necesarios para andar por el sendero del conocimiento.
Son los gérmenes de los frutos del conocimiento suprasensible. Todas estas experiencias, en cierto sentido, llevan algo en ellas que está oculto muy profundamente en ellas mismas. Cuando son experimentadas, este elemento oculto es llevado a un estado de elevada tensión, y entonces algo hace surgir el sentimiento de soledad, que envuelve a este “algo” oculto como un velo y luego penetra y empuja la vida del alma como un nuevo medio de conocimiento.
Sin embargo, debe uno tomar en cuenta que cuando se penetra en el verdadero sendero, algo más se presenta en seguida tras toda esa experiencia.
Cuando la una ha ocurrido, la otra no puede dejar de presentarse. Cuando algo tiene que ser soportado, aparece inmediatamente el poder de soportarlo firmemente, si reflexionamos con calma sobre este poder y también si nos tomamos el tiempo necesario para tomar nota de aquello que quiere manifestarse en el alma. Cuando algo penoso aparece, y cuando al mismo tiempo existe un sentimiento seguro en el alma de que pueden encontrarse fuerzas que harán el sufrimiento llevadero, y con las cuales nos podemos relacionar, nos es posible adoptar una actitud tal hacia esas experiencias (que serían insoportables en el curso de la vida ordinaria) que más bien nos colocan en situación de espectadores de nuestras propias experiencias. Y es así como las personas que en su camino hacia el conocimiento suprasensible pasan por muchas subas y bajas de grandes oleadas de sentimiento, demuestran sin embargo una perfecta ecuanimidad en su vida ordinaria.
Es por supuesto muy posible que las experiencias internas reaccionen sobre el estado de la mente en nuestra vida externa en el mundo físico, de tal manera que por un tiempo no podamos estar en armonía con nosotros mismos y con la vida en la forma en que nos era posible hacerlo antes de que entráramos en el sendero.
Y entonces nos veremos obligados a extraer de lo que ya ha sido obtenido dentro de nosotros mismos, tantas fuerzas como nos hagan falta para encontrar de nuevo nuestro equilibrio. Y si se sigue el sendero del conocimiento debidamente, no hay situación ninguna en la vida en que esto no sea posible.
El mejor sendero hacia el conocimiento será siempre el que conduzca al mundo suprasensible mediante el fortalecimiento y condensación de la vida del alma basado en meditaciones internas, durante las cuales se retengan en la mente ciertos pensamientos o sentimientos. En este caso no se trata de experimentar un pensamiento o una emoción como de costumbre en el mundo físico; sino que el punto es vivir enteramente con y dentro del pensamiento o emoción, concentrando todos los poderes de nuestra alma en él, de manera que llene la conciencia por completo durante el tiempo en que así nos retraemos. Pensamos, por ejemplo, en un pensamiento que ha dado al alma alguna convicción de cualquier clase. Dejemos a un lado todo poder de convicción que pueda tener, y vivamos en él una y otra vez hasta convertirnos en uno con él.
No es necesario que este pensamiento sea de cosas pertenecientes a los mundos superiores, aunque un pensamiento así sería más efectivo. Para esta meditación interna podemos usar un pensamiento tomado de la experiencia ordinaria. Por ejemplo, las emociones que representan resoluciones de amor altruista, y que seamos capaces de encender en nosotros hasta el más elevado grado de calor y de sincera experiencia humana, son muy fructíferas.
También son muy efectivas, especialmente por lo que toca al conocimiento, las representaciones simbólicas, bien sean obtenidas directamente de la vida, o aceptadas por consejo de ciertas personas que puedan ser expertas en la materia, porque conocen la efectividad de los medios empleados. de acuerdo con lo que ellas mismas hayan obtenido de ellos.
Mediante estas meditaciones, que deben convertirse en un hábito, mas aún, en una necesidad de la vida, de la misma manera que respirar es necesario para la vida del cuerpo, concentraremos los poderes del alma, y mediante la concentración los fortaleceremos. Solamente es necesario que durante el tiempo de meditación interior permanezcamos en un estado tal que ni las impresiones exteriores de los sentidos, ni ningún recuerdo de ellas influyan en el alma.
Todos los recuerdos de lo que hayamos experimentado en nuestra vida ordinaria, todo lo que dé placer o dolor al alma, debe permanecer en silencio, de manera que el alma pueda abandonarse exclusivamente a lo que hayamos determinado que la ocupe. La capacidad para adquirir el conocimiento suprasensible sólo se desarrolla legítimamente con lo que hayamos logrado en esta forma, mediante la meditación interna, el contenido y forma de la cual han sido fijados por nuestra propia alma.
El punto importante no es la fuente de donde hayamos derivado el objeto de la meditación; podemos tomar el sujeto de un perito en estas materias, o bien de las obras escritas sobre ciencia espiritual; lo que importa es hacer de su substancia una experiencia íntima de nuestra propia vida y no elegirlo de entre los pensamientos que puedan surgir en nuestra propia alma, o de las cosas que nos sentimos inclinados a considerar como el mejor objeto para la meditación.
Tal objeto tiene poco poder, porque el alma ya está familiarizada con él, y por lo tanto no puede hacer el esfuerzo necesario para unificarse con él. Porque es al hacer este esfuerzo como se encuentran los medios efectivos para adquirir las facultades del conocimiento suprasensible, y no en el hecho de unificarse con la substancia de la meditación en sí.
También podemos llegar a la visión suprasensible en otras formas. Hay personas que pueden llegar a una ferviente meditación e íntima experiencia interna por razón de su propia constitución. Y así pueden liberar poderes para adquirir conocimiento suprasensible en su propia alma. Esos poderes pueden manifestarse súbitamente por sí mismos en almas que no parecen absolutamente predestinadas a esas experiencias. La vida suprasensible del alma puede despertar en las formas más variadas; pero sólo podemos llegar a una experiencia, de la que seamos dueños como lo somos en nuestra vida ordinaria, sin andamos por el sendero del conocimiento aquí descrito. Cualquier otra irrupción del mundo suprasensible en las experiencias del alma significarán que esas experiencias han entrado en ella a la fuerza, y la persona en cuestión o bien se perderá en ellas, o quedará a merced de cualquier engaño concebible por lo que toca a su valor, su verdadero significado y su importancia en el mundo suprasensible real.
Es sumamente importante tener bien en cuenta que en el sendero hacia el conocimiento suprasensible el alma cambia. Puede muy bien suceder que en la vida ordinaria en el mundo físico, uno no tenga la menor inclinación a caer en ilusiones o engaños, pero que al entrar en el mundo suprasensible caiga víctima de esas ilusiones o engaños en la forma más tonta y crédula. Puede también ocurrir que en el mundo físico tengamos un sano juicio y una buena intuición por la verdad y comprender que no debemos pensar solamente de una cosa o acontecimiento para satisfacer nuestro egoísmo, sino juzgarla correctamente; y, sin embargo, a pesar de esto, podemos llegar a no ver en el mundo suprasensible más que lo que satisfaga nuestro egoísmo.
Debemos recordar cómo este egoísmo colorea todo lo que miramos. Estamos observando solamente aquello a que nuestro egoísmo dirige su mirada de acuerdo con sus propias inclinaciones, aunque quizás no nos demos cuenta de que es el egoísmo el que está dirigiendo nuestra mirada espiritual. Y entonces será muy natural que tomemos lo que veamos por la verdad. Sólo podemos protegernos contra esta eventualidad si en el sendero hacia el conocimiento suprasensible, mediante un cuidadoso examen de nosotros mismos y un esfuerzo enérgico, desarrollamos cada vez más nuestra capacidad para discernir verdaderamente cuánto egoísmo se encuentra en nuestra propia alma y en qué sentidos se manifiesta. Sólo entonces podremos emanciparnos por grados de su tiranía si en nuestras meditaciones nos esforzamos sin descanso en poner ante nosotros la posibilidad de que nuestra alma esté, en talo cual respecto, bajo su dominio.
A la ilimitada movilidad del alma en los mundos superiores le corresponde aclarar en qué diferente manera reaccionan ciertas cualidades del alma sobre el mundo espiritual y en qué forma en el mundo físico. Esto se hace evidente cuando dirigimos nuestra atención a las cualidades morales del alma.
En el mundo físico hacemos la distinción entre las leyes de la Naturaleza y las de la moralidad. Cuando deseamos explicar los procesos naturales, no podemos hacer uso de ideas morales. Explicamos una planta ponzoñosa de acuerdo con las leyes naturales, pero no la condenamos moralmente por ser ponzoñosa. Comprendemos claramente que, con respecto al reino animal, sólo puede haber, en el mejor caso, algo parecido a moralidad, y que un juicio moral en el estricto sentido de la palabra no haría más que perturbar el asunto.
Sólo en las circunstancias de la vida humana, es cuando el juicio moral acerca del valor de la existencia comienza a ser de importancia. El hombre mismo basa su propio valor en este juicio cuando llega al punto en que puede juzgar imparcialmente. Sin embargo, nadie soñaría en considerar las leyes de la Naturaleza como idénticas o siquiera parecidas con las leyes morales, sin contempla la existencia física correctamente.
Tan pronto como entramos en los mundos superiores, todo esto cambia. Cuantos más espirituales son los mundos en que entramos, tanto más coinciden lo que pudiéramos llamar la ley natural y la ley moral. En el mundo físico, sabemos que sólo hablamos metafóricamente cuando decimos que una mala acción está quemando el alma. Sabemos muy bien que el fuego natural es una cosa completamente diferente. Pero esta distinción no existe en los mundos suprasensibles; porque allí el odio y la envidia son fuerzas que actúan de tal manera, que podemos denominar sus efectos como las “leyes naturales” de ese mundo.
El odio y la envidia producen aquí el efecto de que el ser odiado o envidiado reacciona sobre el que odia o envidia en una forma consumidora o ardiente de manera que se establecen así procesos destructivos que hieren a los seres espirituales. El amor obra en tal forma en los mundos espirituales que su efecto es como una irradiación de calor productivo y elevador.
Esto ya puede ser observado en el cuerpo elemental del hombre. Dentro del mundo de los sentidos, la mano que comete un acto inmoral debe ser explicada en su actividad de acuerdo con las leyes naturales, lo mismo que una mano que sólo sirviera a la moralidad. Pero ciertas partes elementales del hombre permanecen sin desarrollarse cuando no existen los correspondientes sentimientos morales.
Y debemos explicar la formación imperfecta de los órganos elementales por la imperfección de las cualidades morales, en la misma forma como los procesos naturales son explicados por la ley natural. Por otra parte, no debemos jamás deducir la conclusión de que debido a un desarrollo imperfecto de un órgano físico, la parte correspondiente del cuerpo elemental debe también estar imperfectamente desarrollada.
Debemos tener en cuenta que en los diferentes mundos prevalecen diferentes leyes. Una persona puede tener un órgano físico imperfectamente desarrollado, pero al mismo tiempo el órgano elemental correspondiente puede no sólo ser normalmente perfecto, sino mucho más perfecto que imperfecto está el físico.
En una forma muy significativa se presenta la diferencia entre los mundos suprasensible y físico en todo lo que concierne a las ideas de belleza y fealdad. La forma en que estas ideas se emplean en la existencia física pierde todo su significado tan pronto como entramos en los mundos suprasensibles.
Hermoso, por ejemplo, sólo puede ser llamado aquel ser que es capaz de comunicar todas sus experiencias internas a los otros seres de su mundo, de manera que éstos puedan tomar parte en la totalidad de su experiencia. La capacidad de manifestar todo lo que vive dentro de uno mismo, y de no tener que ocultar nada, puede ser llamado “hermoso” en los mundos superiores. Y en estos mundos este concepto de la belleza coincide completamente con la sinceridad sin reservas con la manifestación honrada y franca de todo lo que un ser lleva consigo. Y similarmente, puede llamarse feo al ser que no quiere mostrar externamente su propio contenido interno, y que retiene y oculta su propia experiencia de los otros seres con respecto a ciertas cualidades.
Este ser se retrae de su ambiente espiritual. Este concepto de la fealdad, coincide con el de manifestación falta de sinceridad de uno mismo. Mentir y ser feo son realidades que en los mundos espirituales son idénticas, de manera tal que un ser que parece feo es un ser engañoso.
Lo que en el mundo sensorial conocemos como deseos, también aparecen con un significado completamente diferente en el mundo espiritual. Los deseos que en el mundo físico surgen de la naturaleza interna del alma humana, no existen en el mundo espiritual. Lo que podrían llamarse deseos en ese mundo son causados por lo que se ve externamente. Un ser aquí que sienta no poseer cierta cualidad que debería tener contemplará otro ser que está dotado de esa cualidad. Además, no podrá impedir el tener a este otro ser siempre ante sí.
Así como en el mundo físico el ojo ve todo lo que naturalmente es visible, así también en el mundo suprasensible la falta de una cualidad siempre atrae a un ser a la vecindad de otro, cuyo ser está dotado de la cualidad en cuestión. Y la visión de este otro ser se convierte en un continuo reproche que actúa como una fuerza real alimentando en el ser que tiene ese defecto, el deseo de corregirse. Y esto es completamente diferente de un deseo en el mundo físico, porque en el mundo espiritual el libre albedrío no queda alterado por esas circunstancias. Un ser puede oponerse a eso que la vista de algo podría evocar dentro de sí. Y entonces lograría gradualmente ser separado de su modelo.
La consecuencia, sin embargo, sería que el ser que así se oponga a su modelo, iría a parar a mundos en que las condiciones de la existencia serían peores que las que hubiera tenido en el mundo a que en cierto sentido estaba predestinado.
Todo esto muestra al alma que su mundo de conceptos debe transformarse cuando penetra en los reinos suprasensibles. Las ideas deben cambiar y ampliarse, uniéndose con otras si queremos describir los mundos suprasensibles correctamente. Esta es la razón por la que las descripciones de los mundos suprasensibles dadas en términos del mundo físico, sin ninguna alteración, son siempre insatisfactorias. Podemos comprender que es el resultado de un sentimiento humano normal, si usamos en el mundo físico, más o menos simbólicamente o como de aplicación inmediata, ideas que sólo adquieren su plena significación con respecto a los mundos suprasensibles.
Y así es como podemos sentir realmente como feo el mentir, pero al comparar el carácter de esta idea en el mundo suprasensible, se encontrará que el uso de esas palabras en el mundo físico es sólo una reflexión, resultando esto del hecho de que todos los diferentes mundos están relacionados unos con otros, y estas relaciones las percibimos vaga e inconscientemente en el mundo físico. Sin embargo, debemos tener presente que en el mundo físico una mentira, que sentimos es fea, no es necesariamente fea en su apariencia exterior, y crearíamos sólo confusión si quisiéramos explicar la fealdad en el mundo físico como el resultado de la falsedad. No obstante, en el mundo suprasensible, todo lo falso, visto bajo su verdadera luz, nos hace la impresión de ser de apariencia fea.
Y nuevamente aquí hay que guardarse contra posibles engaños. El alma puede encontrar en el mundo suprasensible un ser que pueda ser caracterizado como maligno, aunque se manifieste en una forma que debiéramos llamar hermosa, de acuerdo con las ideas de belleza que traemos del mundo físico.
Y en tal caso no nos será posible juzgarlo correctamente antes de que hayamos penetrado en el corazón del ser en cuestión. Y entonces descubriremos que la “hermosa” manifestación era sólo una máscara que no armonizaba con la naturaleza del ser, y que eso que creíamos hermoso, de acuerdo con las ideas que traíamos del mundo físico, impresiona nuestra mente con fuerza particular, como feo.
Y tan pronto como esto ocurra el ser maligno ya no podrá engañarnos más con su “belleza”, y tendrá que revelarse en su debida forma, que sólo puede ser una expresión imperfecta de lo que está dentro. Este fenómeno del mundo suprasensible pone en evidencia cómo tienen que ser transformados los conceptos humanos cuando entramos en ese mundo.
OCTAVA MEDITACION
En la que le intenta formarse una idea de la forma en que el Hombre contempla sus Repetidas Vidas Pasadas.
No debiéramos realmente hablar de peligros durante la jornada del alma por los mundos suprasensibles, si esta jornada se hace en la forma debida. El método no conduciría a su meta si entre las instrucciones psíquicas dadas hubiera de aquellas que crean peligros para el discípulo. La meta está más bien en hacer el alma fuerte, concentrar sus fuerzas, de manera que el hombre sea capaz de soportar las experiencias de su alma, que necesita pasar cuando quiere ver y comprender otros mundos, además del físico. Además, una diferencia esencial entre el mundo físico y el mundo suprasensible es que la visión, percepción y comprensión están relacionadas unas con otras en una forma completamente distinta en los dos mundos.
Cuando oímos hablar de alguna parte del mundo físico, tenemos cierto derecho a sentir que lograremos arribar a una comprensión completa de él observándolo y percibiéndolo. No creemos haber comprendido un paisaje o un cuadro hasta que lo hemos visto. Pero los mundos suprasensibles pueden ser comprendidos completamente si con mente abierta aceptamos una descripción correcta de ellos. Con objeto de comprender y de experimentar todas las fuerzas necesarias para el fortalecimiento y completamiento de la vida que pertenece a los mundos espirituales, sólo necesitamos las descripciones de aquellos que pueden verlas.
El conocimiento real acerca de esos mundos, directamente, sólo puede lograrse por aquellos que pueden hacer investigaciones fuera del cuerpo físico. Las descripciones de los mundos espirituales sólo pueden darlas los videntes. Pero el conocimiento de estos mundos que sea necesario para la vida del alma puede obtenerse mediante sólo la comprensión. Y es perfectamente posible no ser capaz de contemplar los mundos suprasensibles uno mismo y sin embargo comprenderlos con todas sus peculiaridades, con una comprensión que el alma en ciertas circunstancias tiene perfecto derecho a pedir y que en realidad debe pedir.
Por lo tanto es también posible de que eligiéramos nuestros elementos de meditación de la suma de conceptos que ya hemos adquirido concerniente a los mundos espirituales. Estos medios de meditación son absolutamente los mejores y los que nos conducirán con más seguridad a la meta.
Aunque esta noción pueda parecer muy natural, sin embargo no sería correcto creer que el conocimiento de los mundos superiores obtenido mediante la comprensión antes de llegar a la visión suprasensible, pueda ser un obstáculo para el desarrollo de esa visión. Al contrario, es más fácil y seguro tratar de conseguir la clarividencia con algunos conocimientos preliminares, que sin ellos. Bien sea que nos quedemos con el entendimiento solamente o que tratemos de obtener la clarividencia, esto dependerá de que se despierte o no un intenso deseo íntimo de lograr el conocimiento directo. Si existe tal deseo, no podemos dejar de buscar toda oportunidad de comenzar una jornada personal en los mundos suprasensibles.
El deseo de comprender los mundos superiores se difundirá más y más entre los hombres de nuestros días porque una observación atenta de la evolución humana muestra que desde ahora en adelante, las almas humanas están entrando en un estadio de desenvolvimiento en el que no podrán encontrar su verdadera relación con la vida si les falta esta comprensión de los mundos suprasensibles.
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Cuando hemos llegado a un punto, en nuestra jornada psíquica, que llevamos en nosotros como “memoria” lo que llamamos “nosotros” o nuestro yo en la vida física, y nos experimentamos nosotros en otro ego recién nacido, entonces somos capaces de ver nuestra vida extendiéndose más allá de los límites de la vida terrestre.
Ante nuestros ojos espirituales se presenta el hecho de que hemos tomado parte en otra vida, en el mundo espiritual, antes de nuestra existencia actual en el mundo de los sentidos; y en esa vida espiritual es donde se encuentran las causas reales que modelaron nuestra existencia física. Nos familiarizamos con el hecho de que antes de recibir un cuerpo físico y antes de que entráramos en la existencia física, vivíamos una vida puramente espiritual.
Vemos cómo ese ser humano en que nos hemos convertido, con sus facultades e inclinaciones, fue preparado durante una vida que tuvimos en un mundo puramente espiritual, antes del nacimiento. Nos vemos como seres que vivieron espiritualmente antes de su entrada en el mundo de los sentidos, y que ahora están tratando de vivir como seres físicos con aquellas facultades y características psíquicas que quedaron unidas a ellos originalmente y que se desarrollaron después de su nacimiento. Sería un error decir: ¿Cómo es posible que en esa vida espiritual yo haya aspirado a poseer facultades e inclinaciones que ahora que las tengo no me gustan absolutamente?
Nada importa que en el mundo de los sentidos una cosa guste al alma o no. Ese no es el punto. El alma tiene puntos de vista completamente diferentes para sus aspiraciones en el mundo espiritual que los que tiene en el mundo de los sentidos. El carácter de la sabiduría y de la voluntad es completamente diferente en los dos mundos.
En la vida espiritual sabemos que para beneficio de nuestra evolución total necesitamos cierta clase de vida en el mundo físico, la que una vez que la tenemos puede parecer desagradable o deprimente para el alma; ya pesar de ello luchamos por ella, porque en la existencia espiritual no preferimos lo que es simpático o agradable, sino lo que es necesario para el debido desarrollo de nuestro ser individual.
Y lo mismo sucede con respecto a los acontecimientos de la vida. Los contemplamos y vemos como los hemos preparado en el mundo espiritual, tanto lo desagradable y antipático, como lo simpático y agradable, y como hemos sido nosotros mismos los que hemos provocado los impulsos que dieron origen tanto a nuestras experiencias dolorosas como felices en la existencia física. Pero aún así puede parecernos incomprensible, mientras sólo vivamos en el mundo físico, que hayamos sido nosotros mismos los creadores de talo cual situación en la vida.
En el mundo espiritual, sin embargo, hemos tenido lo que pudiéramos llamar visión o percepción suprasensible, que nos hizo decir: “Tendrás que pasar por tal experiencia desagradable o antagónica, porque sólo tal experiencia puede hacerte adelantar un paso más en tu desarrollo total”.
Desde el punto de vista del mundo físico solamente, no es posible nunca decidir cuánto hace adelantar a un ser humano una vida terrestre en su evolución total.
Habiendo realizado la existencia espiritual que precede a la terrestre, vemos las razones por las cuales en nuestra vida espiritual hemos creado cierto destino para la siguiente vida terrestre. Y estas razones nos conducirán más atrás aún, hacia una vida terrestre anterior vivida en el pasado. Del carácter de esa vida terrestre anterior, de las experiencias hechas y las capacidades adquiridas en ella, dependen los deseos en la siguiente vida espiritual de corregir las experiencias defectuosas y desarrollar las capacidades descuidadas entonces, mediante una nueva vida en la tierra.
En el mundo espiritual uno siente una injusticia cometida por uno mismo contra otro ser humano, como una perturbación de la armonía del mundo, y entonces comprendemos la necesidad de encontrarnos nuevamente con ese ser humano en la tierra en nuestra próxima vida terrestre, con objeto de poder ponernos en tal relación con él como para poder reparar el error cometido.
Durante el desarrollo progresivo del alma el límite de su visión se va extendiendo sobre una serie de vidas terrestres anteriores. Y en esta forma llegamos mediante la observación. al conocimiento de la verdadera historia de la vida de nuestro ego superior. Vemos que el hombre va a través de su existencia total en una sucesión de vidas sobre la tierra, y que entre estas repetidas vidas terrestres, pasa a través de estados puramente espirituales de existencia, que están relacionados con sus vidas terrestres de acuerdo con ciertas leyes.
De esta manera, el conocimiento de existencias repetidas en la tierra se eleva a la esfera de la observación. (Con objeto de evitar un error muy frecuente, es necesario llamar la atención al hecho siguiente, de que se trata más ampliamente en otras obras mías. La suma total de la existencia de un hombre no se desarrolla en una repetición ilimitada de vidas. Cierto número de repeticiones tienen lugar, pero tanto antes del principio como después del fin de la serie, se encuentran estados de existencia completamente distintos, y todo esto muestra en su totalidad ser un desarrollo inspirado por una sabiduría sublime).
El conocimiento de las vidas terrestres repetidas, puede ser también alcanzado mediante una observación razonable de la existencia física. En mis libros “Teosofía”, y “An Outline of Occult Science” (Bosquejo de la Ciencia Oculta), así como en otras obras, se ha hecho la tentativa de probar la reencarnación mediante razonamientos característicos de la doctrina moderna de la evolución en la ciencia natural. Se muestra allí cómo el pensamiento lógico y la investigación que realmente sigue el método científico y sus resultados hasta sus últimas consecuencias, se ven absolutamente forzados a aceptar la idea de la evolución que nos presenta la ciencia moderna en el sentido de considerar como ser verdadero a la individualidad psíquica del hombre, como algo que está evolucionando a través de una serie de existencias físicas alternadas con vidas intermedias puramente espirituales. Las pruebas aducidas en esas obras, son naturalmente pasibles de muchas ampliaciones y desarrollo.
Pero no parece injustificada la opinión de que las pruebas en esta materia tienen precisamente el mismo valor científico que lo que en general se llama prueba científica. No hay nada en la ciencia de las cosas espirituales que no pueda ser confirmado por pruebas de esa clase. Pero, por supuesto, tenemos que admitir que la dificultad que encontraremos para hacer admitir pruebas científicas espirituales será mucho mayor que para las pruebas de la ciencia natural.
Esto no es debido a que su lógica sea menos estricta, sino porque frente a esas pruebas deja uno de sentir esos hechos físicos básicos que hacen tan fácil la aceptación de las pruebas de la ciencia natural. Esto nada tiene que hacer con la conclusividad del razonamiento mismo. Y si somos capaces de comparar sin prejuicios las pruebas de la ciencia natural con las dadas análogamente por la ciencia espiritual, quedaremos convencidos de que su poder concluyente es igual. Y de esta manera, la fuerza de tales pruebas puede ser agregada a lo que el investigador de los mundos espirituales tiene que dar como descripción de las sucesivas vidas terrestres que resultan de tal visión.
Una parte puede soportar a la otra en la formación de una convicción de la verdad de la reencarnación humana basada simplemente en la comprensión razonable. Aquí hemos hecho el ensayo de mostrar el camino que lleva más allá de la comprensión mental a la visión suprasensible de esta reencarnación.
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La Teosofía como filosofía del pensamiento y de la acción
Conferencia dada en París el 23 de abril de 1927
Traducido de “Le Revue Théosophique”, por Brillante, publicado en la revista “El Loto Blanco” de Agosto de 1927.
En la literatura inglesa existe un poema muy conocido debido a la pluma de Georges Herbert, que vivió hace doscientos años. En él se lee lo siguiente:
“Cuando Dios creó al hombre, tenía a Su lado una copa llena de bendiciones.
“Démosle, dijo, todas las posibles bienaventuranzas; que en él se compendien todas las felicidades del mundo”.Y el hombre tuvo la fuerza en primer lugar; después la belleza, la sabiduría, el honor, la alegría. Casi todo el contenido de la copa había ya pasado al hombre, cuando Dios se detuvo. De todos aquellos tesoros, en la copa sólo quedaba el descanso.
“Si diera también esa joya a mi criatura, dijo Dios, adorará él mis dádivas y no a mí. Adoraría el descanso, el reposo en la creación y no al Dios Creador; y sería un mal para el Creador y para la criatura. Que conserve, pues, las otras dádivas; pero en una agitación dolorosa. Sea él rico y que se fatigue para que, al menos, si la bondad no le guía, que el cansancio le traiga al fin a mi corazón”.
Hay instantes en la vida del alma en que ese cansancio se afirma día y noche. Son aquellos en que el alma quiere y debe comprender; aquellos en que se presenta la pregunta: ¿Qué soy yo?
A las almas que han llegado a ese punto de su evolución, les presenta la Teosofía su doctrina psicológica, su teoría del yo.
Ese problema del yo, lo resuelve la Teosofía. Ella afirma que todo ser humano, es un fragmento del Gran Universo. A ese fragmento le llamamos el alma, y llamamos Dios al proceso de la vida universal. ¿Qué lazos, qué relaciones unen aquella Unidad a este Todo, aquella alma a este Dios?
El concepto que de Dios presenta la Teosofía es el de todas las grandes fes, de todas las grandes religiones. Dios es el gran todo, omnisciente, omnipotente, belleza absoluta.
En verdad, cuando nos contemplamos con nuestros pecados, con nuestras limitaciones, sobre todo a través de las ideas cristianas, nos parece Dios un Ser trascendente, distinto de la vida humana. Pero la Teosofía afirma que todas las maravillas de belleza que en Dios están, están igualmente en el hombre.
El hombre es un fragmento que lo contiene todo. La Teosofía proclama que el hombre tiene en sí la naturaleza misma de lo divino.
¿Qué debe ser, pues, nuestra vida en nuestra actividad diaria?
Nuestra vida debe consistir en manifestar lo divino que está en nosotros.
Cuando piensan los cristianos en la relación que les une con Dios, lo hacen en general, como se dice en las reuniones piadosas para ponerse bien con Dios. La Teosofía afirma que la finalidad, la única finalidad de nuestra vida, consiste en revelar lo divino que está en nosotros mismos.
¿Cómo, pues, puede el alma llegar a revelar al mundo las joyas del divino tesoro? Una parábola titulada «los lapidarios», lo explica en estos términos:
“Las gemas rugosas cuya superficie sólo hace un instante estaba cubierta de la arcilla secular, están ahora sobre la mesa del lapidario. Él las coge una tras otra, y las coloca sobre la rueda que gira rápida. A medida que se pulimentan, se oye un quejido agudo, como si la piedra preciosa llorase en su sufrimiento. Pero el lapidario no tiene derecho a detenerse, pues conoce el fin y los medios. Una a una, se ensanchan las facetas; lentamente, seguramente, cada piedra toma su forma. Por fin, a pesar de los quejidos, se termina la obra. La gema refulge ahora transmitiendo la pura luz del Sol, relumbra para regocijo de las almas sin guardar nada para sí”.
Tal es la posición en que nos encontramos. Somos diamantes brutos colocados en la rueda del lapidario, para ser allí pulimentados, hasta que todas las facetas de nuestra alma reflejen armoniosamente las maravillas de la vida que envía el Sol a la tierra.
Mas para recorrer todo ese proceso del alma humana, se precisan muchas existencias. Sin una idea de la larga serie de vidas a través de las cuales debemos pasar para revelar poco a poco lo divino que está en nosotros, es imposible comprender cómo pueda llegar el hombre a la perfección.
Es preciso, digo, que el alma ocupe cuerpo tras cuerpo, para hacer de ellos instrumentos de sus revelaciones sucesivas. Esta es la idea que formula Tennyson, el célebre poeta inglés, cuando dice:
“El Señor alquiló la casa del bruto al alma del hombre, y el hombre dijo: ¿os debo algo? y el Señor respondió: Todavía no; pero límpiala lo mejor que puedas, y te alquilaré otra mejor”.
Así pues, á través de estas moradas carnales, cada una de las cuales es temporal y nos conduce a otra mayor, nos elevamos hacia la perfección de la revelación de lo divino que está en nosotros.
En el curso de esas vidas sucesivas, el objeto principal es crear, producir, modelar, formar. En cuanto comprendemos lo que significa ese florecimiento de lo divino en nosotros, nos damos cuenta de que la vida es una creaci6n análoga a la que realiza el artista que toma un bloque de mármol bruto, y con la imagen de la estatua futura en sus ojos, martillea y cincela hasta que ha quitado del bloque todo lo que no es su imagen.
La vida, con sus torturas, sus sufrimientos, sus agonías, es una creación continua, una escultura ininterrumpida. Los dolores son el mallete y el cincel del escultor.
Si comprendemos que así es, trabajaremos útilmente, y poco a poco se operará la revelación de la imagen divina latente en nosotros. La materia que tenemos que esculpir, son nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y emociones, nuestros actos.
Pensamientos, sentimientos, actos de la vida corriente, he aquí la materia que debemos moldear para revelar la imagen divina.
Para ayudarnos a llevar a cabo este trabajo largo y difícil, los grandes fundadores de religiones vienen en nuestra ayuda. Hay en efecto una ciencia, una técnica de ese arte de la escultura del alma; y la religión es la filosofía misma de esa creación continua.
Cometemos errores sin número porque en nosotros existe una dualidad. Por un lado, lo animal en nosotros. Por otra parte, tenemos un ideal que se opone a los instintos que nuestra pasada herencia ha dejado en nosotros. Nuestros errores se acumulan, pero la obra de la escultura tiene que continuarse. Sin cesar, sin descanso, debemos crear en nosotros, debemos crearnos a nosotros mismos.
Pero aquí hay un punto particularmente importante: hay que crear, no hay que imitar.
Sin duda, al comienzo de la vida no podemos privarnos de imitar. El niño es un imitador. Pero sólo cuando empezamos a crear, empezamos vivir. La verdadera vida cristiana no consiste en imitar las formas que de ella han dado los cristianos del pasado. Sólo cuando el alma crea su propia y nueva forma de cristianismo, se convierte en el verdadero espejo de la vida vivida por el Maestro que fundó la religión cristiana.
Cada uno de los hombres ejecuta esa labor según su temperamento, en diferentes dominios: religión, ciencias, artes, filantropía. A cada hombre, Dios le ha concedido un don: su particular temperamento. Cada hombre es el revelador de un aspecto especial de lo divino, y cada uno manifiesta al exterior el arquetipo del pensamiento divino en él colocado. Únicamente en la medida en que creamos ese arquetipo en las formas visibles de nuestra vida, percibimos la inmortalidad que está en nosotros.
La meditación no nos conduce a ese resultado. La ciencia, en el dominio de la cual se trata de probar la inmortalidad por medio de fenómenos, no conduce tampoco al objetivo de que hablo. Sólo cuando hemos creado algo de esa imagen de lo divino que está en nosotros, conocemos por experiencia personal, un poco del misterio de la inmortalidad.
Así como cada alma está destinada a la creación, así el mundo va creando perpetuamente. Hay grados en esa creación, razas en la evolución humana. Unas son creadas sencillamente; otras con esplendidez. Cada raza es una historia de la creación humana.
Si se consideran así las cosas, se ve la cultura del mundo desde un nuevo punto de vista. Entonces se presenta como una serie de creaciones sucesivas. Y si aceptamos la doctrina de la reencarnación, sabemos que nosotros mismos hemos tomado parte en esas creaciones pasadas; de modo tal, que habiendo conocido ya la inmortalidad por medio de nuestra creación, conocemos también lo que es Dios en realidad.
No es por medio de oraciones; no es por las maceraciones, los sacrificios o la penitencia, como se llega al conocimiento de Dios.
Es creando, dando libertad, en la naturaleza y en la vida, a las fuerzas creadoras, que son el mismo Dios y que está en nosotros.
Eso es lo que revela a Dios, que se descubre a medida que nosotros creamos, que formamos objetivamente la imagen de Dios que está en nosotros, exteriorizándola.
¡Qué importa que él alma dé un nombre a ese conjunto de que forma parte! Los nombres sólo son etiquetas que se pueden cambiar; la realidad sobre la cual se fijan, permanece igual. Así pues, al llegar al pináculo de nuestra creación, nos percatamos de que esas etiquetas sólo son nombres; pues entonces, con nombres o sin ellos se conoce al mismo Dios.
Por lo tanto, si la obra de la vida consiste en crear, vemos que la obligación en que estamos, consiste en observar una regla de nuestras acciones.
Creamos para sentir nuestra unidad con el gran Creador. En esas condiciones, el verdadero pecado” de esta rellgi6n, es la pereza.
Estar satisfecho y gozar de la vida sin crear, ese es el gran pecado en la vida del hombre. Se puede gozar de la vida y crear; se puede sufrir y crear: Tanto en un caso como en otro, lo que importa es la creación. Lo esencial es que cada hombre produzca una fuerza, emane una fuerza, traiga un cambio al mundo exterior.
Quizá al comienzo pueda la fuerza parecer que produce efectos deplorables. Vale más la maldad que la ociosidad. Vale más la fuerza que crea, que la ociosidad que deja al mundo en el estado en que lo ha encontrado.
Debemos tener presente sin cesar que nuestro verdadero Evangelio es el de la producción perpetua; que nuestro deber consiste en crear, traer cambios, modificar la sociedad, modificar el Universo.
Para esto es precisa una virtud, la virtud de creer, descrita por la Biblia, que la llama inocencia de las manos, integridad del corazón; virtud que consiste para el hombre en volverse ese mito de que hablaba Cristo.
¿Cómo llegar a ello? Podemos hacerlo bastante bien, obedeciendo al principio de esta liberación de lo divino que está en nosotros, no reclamando nunca un salario, no buscando jamás una recompensa. Debemos actuar porque en nosotros está el Dios creador, y no para obtener la aprobación de algunos o para glorificarse y regocijarse del éxito.
En una poesía titulada «El salario», el poeta inglés Tennyson ha expuesto magníficamente este concepto de la vida:
“La gloria de las armas, de la oratoria, del cantar,
gloria es que se funda en fugaz palabra, y se pierde en el mar,
Tampoco tiende el alma, tampoco ama la gloria,
sólo por la virtud, y pugnando en justicia llegar a la victoria
Lo único que ella quiere es la gloria de ser,
de marchar a su frente, aun sin vencer.
La pena del pecado es la aniquilación,
y si el premio a la virtud fuera caer en polvo,
¿qué tendría de útil el valor del tesón,
para llegar a ser una lombriz de tierra o un gusano hediondo?
El alma no desea parodias de placeres,
ni salvación austera del justo que va al cielo;
no quiere reposar bajo verdes laureles,
ni gozar de un Edén que calme todo anhelo.
Lo único que ambiciona es ir, alta la frente,
sabiendo que jamás le alcanzará la muerte”.
A partir del momento en que ha podido uno elevarse a ese concepto de la vida, se reconoce en verdad lo que es la pureza. No hay ya idea del mérito ni aquí ni después de esta vida, no hay recompensa. Ya no se busca tan siquiera la aprobación de Dios. Desde este momento, surge la gloriosa visión.
Ya se había obtenido la visión de la inmortalidad, ya el hombre tenía la visión de lo que es Dios. Ahora sucede otra visión a aquellas. El hombre ve que es un miembro de una multitud inmensa de trabajadores; que forma parte de la cohorte de los que conservan el gran programa que va realizando el divino Creador; se reconoce como uno de los discípulos de los Grandes Instructores, que no anhelan ni desean nada más que otras ocasiones de crear o de ser instrumentos entre las manos del gran Escultor, para llevar a cabo la obra maravillosa de la perpetua creación del mundo.
Cuando hemos llegado a este grado de poder reconocer que toda vida verdadera es creación, empezamos a ver que todos los hombres son necesarios. Ninguno de esos hombres es rival de otro; ninguna religión es rival de otra. La ciencia no es enemiga de la religión; el arte no es rival de la filosofía. Sólo hay, en todos los dominios, un gran compañerismo para llevar a efecto una obra común.
Todos los actos de la vida, ya se manifiesten en la iglesia, en el laboratorio, en el taller, en la granja, son necesarios para que la revelación de lo divino que está en el hombre, sea completa en toda la humanidad. Cada uno de nosotros tiene necesidad de muchos martillazos y cortes de cincel para que esa revelación se acerque. Las circunstancias varían en la vida; los sufrimientos nos son impuestos, para que cada alma pueda revelar la belleza del arquetipo divino que está en ella.
Cuando nos esforzamos en reconocer a ese Dios latente en nosotros, cometemos errores; pero sólo son faltas, sólo son errores; no son pecados. Esas faltas revelan únicamente una técnica torpe de nuestro arte de vivir.
Que el aprendiz de escultor estropee un bloque de mármol a causa de un golpe de cincel torpe, y no cometerá por ello un pecado. Ha sido torpe, no culpable.
Muchos que quieren crear, que buscan la realización de lo divino en sí mismos, creen encontrar la luz cuando no siguen más que a fantasmas…
Caen en el mal, como decimos, y se percatan de que no han seguido la luz. Se presenta un fantasma, y le siguen; surge otro, y abandonan al primero para ir con el segundo.
Pero puesto que esa técnica torpe puede perfeccionarse, lo mismo que la del aprendiz escultor, no se pueden considerar como pecados los errores cometidos.
Esto es lo que explica en términos precisos, el gran místico sufí Omar Khayam:“Pues he aprendido lo siguiente: Sea que la luz de la única verdad lleve al amor, o que la gloria me consuma por completo, vale más haberla vislumbrado un momento en la cantina, que estar ciego de ella en la iglesia”.
Cuando Beatriz divisa al Dante, después de su larga lucha hacia la luz, recordad lo que le hace decir el gran poeta de Italia: “Sé muy bien ya por instinto que la luz eterna resplandeciente en una sola visión, inflama de amor. Si alguna otra cosa seduce al amante, no es más que un rayo mal vislumbrado de esa misma luz”.
Por lo tanto, lucha tras lucha, sufrimiento tras sufrimiento, martillazo tras martillazo, ascendemos hacia la luz. Nos imaginamos ver la luz, y nos engañamos. De ahí el sufrimiento, debido a que vemos mal.
Pero sufrir es aprender la técnica de arte de esta revelación de lo divino. Hace muy poco, recientemente, un poeta americano, en una obra de insignificante valor literario, exponía esta lección en una composición poética, titulada
“El látigo”:
“¡Qué más da el sufrimiento! ¡Qué me importa que mi corazón se rompa!
Hay palabras que debo escribir, hay canciones que debo cantar.
Defoe (el autor de Robinson Crusoe), ha dado alaridos en su asilo. Raleigh ha gemido en su prisión. Shakespeare, Dante y muchos otros, han gritado bajo el látigo. ¿Cómo un pobre vagabundo iba a ser poeta sin ser encarcelado, o al menos sin lágrimas y sin tortura?
La obra de la vida es amarga. ¡Rómpanse, pues, vuestros corazones! Hay palabras que se deben escribir, hay canciones que se deben cantar…”
Así es como hay que comprender el sufrimiento, las tragedias de nuestras existencias. Si pudiéramos ver detrás de esos sufrimientos, más allá de esos sufrimientos, así como vemos en invierno un seto en el que no se ven más que ramas y espinas, con la visión próxima de la rosa que florezca en la primavera, igual que lo canta el Dante en los versos que siguen, entonces aprenderíamos la lección última de la vida.
Escuchad lo que el Dante dice:
“He visto todo el invierno las duras espinas: mas he aquí una rosa que ha florecido en este tallo…”
Aquí abajo, en el invierno de nuestra vida, podemos obtener una visión de la rosa de la primavera. Si aprendemos que la vida no es la felicidad, ni el sufrimiento, sino una creación continua, llevaremos a cabo nuestra obra por medio de la dicha, por medio del sufrimiento, ¿Qué se precisa para alcanzar tal resultado?
Por de pronto, cambiar los móviles de nuestros actos. No reclamar recompensa, salario ni material ni espiritual. Después, encontrar en nosotros esa pureza que hace que seamos realmente libres, que la creación es una obra que se basta a sí misma, y no un trabajo que deba ser retribuido.
Después, si hemos obtenido esa visión de la inmortalidad de Dios, si comprendemos el compañerismo en el servicio, llegaremos al conocimiento de lo que es realmente la salvación. Quedamos liberados de esta pequeña personalidad que encierra al Dios en nosotros, y llegamos a la visión del Creador en nosotros mismos.
Conocer la unidad de nuestro yo y del Creador, tal es la salvación. Cuando la conciencia humana sabe que la criatura es el mismo Dios, ve a Dios, ya no ve a la criatura.
Esto es como decir que la salvación no se obtiene por la plegaria, por la meditación, por las buenas obras. Se obtiene por la utilización de todo esto en la creación de una vida que reconoce lo divino trabajando en nosotros y fuera de nosotros, para crear y para ofrecer al mundo.
Poco importa que entendamos que esta ofrenda se dirige al hombre o que se dirige a Dios; cuando se sabe lo que es ofrecer la propia creación al mundo, está uno salvado.
Blavatsky e os Mistérios Tibetanos
Escrito por Marco Aurélio Bilibio de Carvalho
Esta palestra marca a abertura de um ciclo de estudos sobre o tantrismo tibetano que a loja Alvorada, às sextas-feiras, começa a empreender. Durante alguns meses nós vamos nos concentrar em alguns tópicos importantes do budismo, especialmente dessa vertente conhecida como budismo tântrico, ou budismo secreto, ensinado por Gautama para aqueles que sentem a energia e a disposição para caminhar com mais rapidez em direção à luz interior.
O Vajrayana é uma escola complexa. É uma escola profunda da psicologia oriental, tal como todo o budismo, mas que tem algumas características que a tornam, especialmente para os membros da Sociedade Teosófica – os estudantes das filosofias ocultas -, um assunto de especial interesse.
O título que eu preferi dar ao nosso encontro de hoje, Blavatsky e os Mistérios Tibetanos, remete-nos à obra mais importante da Blavatsky, “A Doutrina Secreta”, em que já no seu título, síntese de toda a sua obra, ela faz uma proposição na qual resgata uma antiga idéia dos mistérios pagãos: que todas as verdadeiras tradições da humanidade, em seus momentos áureos foram verdadeiras psicologias da transformação. Tinham uma apresentação religiosa para o público e uma apresentação filosófica e secreta para aqueles que haviam trilhado o caminho da ética e do desenvolvimento interior mais seriamente.
Então, ela percorre o fio da história, nesse livro, mostrando como entre os babilônios, entre os egípcios, entre os gregos, entre os hindus, entre os persas e outros, co-existiram essas duas facetas da cultura mística desses povos. Suas filosofias religiosas estavam representadas no que era chamado de Escolas de Mistérios, que dividiam-se em Mistério Maiores e Mistérios Menores.
E ela assegura que pela natureza dos temas que eram ensinados nos Mistérios Maiores (a imortalidade da alma) e principalmente pelas transformações psicológicas e espirituais pelas quais passavam os que eram iniciados nos seus graus secretos (experiência direta dos mundos do post mortem) aqueles ensinamentos e a própria instituição dos Mistérios não poderiam desaparecer e que, portanto, estariam vivos ainda hoje, através da ação de homens especiais, muito especiais, que atingiram um alto nível de desenvolvimento da sua natureza espiritual.
Homens que podem estar usando corpos físicos ou não, mas que certamente são muito atuantes nos níveis físicos e não físicos, a favor do desenvolvimento interno e do desenvolvimento espiritual de toda a humanidade.
Então, fica a pergunta: HPB teve experiência direta do que escreveu? Será isso real? Será que ela escreveu de ouvir falar ou será que ela teve também, ela própria, suas iniciações, teve suas experiências pessoais no âmbito das verdadeiras tradições?
Então, como esse encontro de hoje será um encontro muito rápido e com pouco tempo para explorar tantos aspectos, alguns, infelizmente, terão de ficar de fora. Eu pretendo apenas fazer uma trajetória junto com vocês, dando primeiro uma breve introdução sobre o budismo tântrico, tema que já tenho abordado aqui em outros momentos, e que, tenho certeza, muitos de vocês conhecem melhor do que eu.
Vamos fazer também um acompanhamento da trajetória da própria Helena Blavatsky. Alguns relatos a respeito de como ela entrou no Tibet. O que teria acontecido com ela, de acordo com os relatos encontrados na sua biografia, e em algumas outras fontes. E eu acredito que no final nós vamos chegar à conclusão, aliás, conclusão a que qualquer um que tenha estudado com suficiente seriedade a obra dela vai chegar: de que ela não falava de teorias.
Curiosamente, suas vivências foram inspiradas por um cenário cultural, o Tibet, que infelizmente, uma das grandes tragédias no século vinte veio modificar: sua invasão pela China e o genocídio dos tibetanos. Aquele cenário foi talvez onde Blavatsky viveu suas descobertas mais profundas. Talvez seja um exagero dizer isso. Na verdade a trajetória interior de Blavatsky começou antes, prosseguiu depois, e na essência, talvez ela independesse do Tibet, como do budismo tibetano em si próprio.
Porque como nós vamos ver no nosso encontro de hoje, provavelmente o budismo tibetano foi ou é, eu não sei, uma das portas que esta inquebrável linha de instrutores do sagrado conhecimento utilizou para que aquelas pessoas espiritualmente mais dotadas pudessem ter acesso a essa que é a maior herança que a humanidade já possuiu e que os antigos chamavam de a Ciência Sagrada.
Vamos começar fazendo uma rápida introdução sobre o que é o Budismo Tibetano, sem me repetir, até porquê esse assunto é exaustivamente tratado em outros encontros. É um assunto de fácil acesso, tem livros maravilhosos sobre esse tema. Numa outra ocasião eu trouxe aqui o que chamei de “As Yogas Secretas”, inspirado num livro de Evans-Wentz, um escritor que no começo dos anos trinta foi pioneiro em trazer os textos originais do sânscrito para o Ocidente e deu esse nome a um de seus livros: “A Yoga Tibetana e as Doutrinas Secretas.”
O Budismo Vajarayana gerou centenas de sábios, místicos, pessoas capazes de operar leis da natureza, em geral, desconhecidas da humanidade. Por essa razão o Tibet foi um lugar notoriamente associado à magia e aos mistérios. Viajantes ocidentais que foram ao Tibet registraram coisas interessantes que viram, e conheceram um povo para o qual os níveis invisíveis da vida eram tão reais quanto os níveis visíveis. Esse povo se acostumou a ver, a procurar e receber instrução de seres humanos cuja qualificação psíquica e espiritual só pode ser definida como notável.
Homens devotados a um tal nível ao bem da humanidade e a todas as outras formas de vida, que seriam capazes de dar suas próprias vidas pelo bem dos outros. Ainda recentemente esse ideal foi exemplificando através da vida de um dos últimos yogues tibetanos muito próximo de uma realização do Budado, Kalu Rinpoche. Um homem que viveu doze anos em cavernas nos Himalaias e que era incapaz de matar nenhum dos mosquitos que terrivelmente, dolorosamente, buscavam compartilhar um pouco do sangue dele e, apesar das dores e incômodo, esse homem mantinha-se por horas e horas em meditação, em suas práticas interiores, incapaz de machucar até mesmo um mosquito que lhe prejudicava.
Exemplo de grandeza de alma, grandeza de alma que não é um presente aleatório que a natureza deu a este ser. Ao contrário, ele, como seus irmãos, trilhou um caminho gradual, passo a passo. E esse é um dos aspectos mais interessantes do budismo tibetano: é um caminho passo a passo. Um caminho que pode ser trilhado por qualquer um, independente do momento psicólógico em que esteja. Nesse sentido vejo o Budismo como uma Escola de Psicologia Oriental, com instruções práticas para superar dificuldades naturais da mente e atingir estados interiores de maior harmonia, consigo mesmo, com o próprio corpo e com todos os outros.
Todos nós somos conscientes dos nossos limites, das nossas dificuldades. Nenhum de nós é perfeito. E nada melhor para aquele que tem consciência das suas próprias dificuldades do que um caminho que contempla essas dificuldades sem, em nenhum momento, usar de culpa ou de exigência. Em nenhum momento vocês vão ver um verdadeiro budista culpando a outros pelas suas falhas. Sequer exigindo de outros que sejam melhores do que são.
Em nenhum momento. Outra coisa que vocês vão observar no budista: ele nunca vai pregar. O budista jamais vai ensinar a sua filosofia a não ser que isso lhe seja pedido, demonstrando um profundo respeito pelo caminho e pelas crenças do outro. Isso é hoje maravilhosamente exemplificado nas palavras do Dalai Lama. Um de seus livros completou 70 semanas como best-seller. No Brasil inteiro os leitores descobrem o Dalai Lama e se encantam quando ele diz que não acha que seja fundamental para o ser humano ter uma religião.
O essencial para o ser humano é amar. A religião é secundário. Quem diz isso é o maior líder de uma comunidade imensa que busca a espiritualidade.
Dalai Lama sugere que cada um tenha o seu próprio caminho. Se o indivíduo é cristão, seja um bom cristão, se é judeu, se é mulçumano, que seja um bom judeu, um bom mulçumano. E que no aprofundamento de sua caminhada ele próprio descobrirá essa energia que está além do aspecto formal de sua religião, dos seus cânones e demais diferenciações que em geral nós fazemos, mas que diz respeito à essência da vida espiritual.
Uma energia latente nas profundezas de cada um de nós e que pode ser acessada, se compreendido o caminho para acessá-la, e que existe como a mais maravilhosa realidade. Uma transformação da mente ocorre na vivência dessa energia.
Sem descobrí-la eu não acredito que qualquer um de nós possa se considerar um ser humano completo. Eu acho que a presença e a descoberta dessa energia do sagrado em alguma medida dentro de nós, e se vocês já não tivessem tocado essa dimensão eu acredito que vocês nem estariam aqui, na busca, porque o fato de estarem aqui representa a busca. Só essa descoberta torna o ser humano pleno…
Então, o budismo tibetano é essa psicologia, essa filosofia religiosa, essa yoga, literalmente. Existem seitas budistas que não são yoga. O budismo tibetano é uma yoga. O que chamo de yoga é um modo de vida cuja atitude e as práticas são dedicadas à união dessas duas naturezas que habitam em nós: a mortal e a imortal. O budismo tibetano é um caminho de preparação dos alicerces, conhecendo os mecanismos da mente e através de práticas adequadas ao seu próprio momento e às suas características, você vai galgando novas descobertas sobre a sua natureza interior.
E o budismo tibetano tem uma característica especial. Ele torna explícito o que era implícito nos mistérios pagãos, que como disse antes eram formados por Escolas maiores e Escolas menores, as chamadas Escolas de Mistérios. O budismo tibetano – e estudando a vida dos ascetas, dos místicos, observa-se claramente isso – reconhece que as práticas podem ser levadas até um determinado estágio, mas quando o indivíduo chega nesse ponto, aí então ele precisa de instruções que não vão ser encontradas em livros.
Precisará esse indivíduo, de uma iniciação dada por alguém que já viveu essa realidade transcendente, e aí então, ele pode começar um treinamento avançado que poderá levá-lo a penetrar nesses reinos mais internos.
O budismo tibetano foi expulso da sua pátria e se tornou patrimônio da humanidade. Isso é uma coisa fundamental. É o lado luminoso de um episódio extremamente sombrio. O budismo tibetano foi descoberto pela psicologia. Está sendo descoberto pelas pessoas e está sendo um ponto de inspiração para muitos, cada vez mais. E é por isso que nós vamos fazer esse ciclo de estudos na Loja Alvorada, para compartilhar investigações sob uma ótica teosófica, que é um pouco diferente da ótica budista clássica, porque considera informações sobre o mundo oculto que são apenas simbolizadas em ensinamentos budistas. Então, nós vamos fazer esse estudo para cobrir alguns dos aspectos mais importantes dessa filosofia.
Muito bem. Então vou falar um pouquinho da trajetória da Helena Blavatsky; sobre o que foi que aconteceu com esta mulher. A Helena nasceu numa família de diplomatas e de guerreiros, militares em geral. Ela tinha um temperamento bastante forte e ao mesmo tempo… ela tinha, ainda menina, um psiquismo que a colocava em situações muito diferentes. Ela via coisas, falava com seres que outros não viam. Já pequenininha inventava histórias sobre reencarnação, enfim, causou muito estranheza o seu psiquismo precoce.
Mais tarde, estudando o material que para mim é o material mais inspirador do movimento teosófico, as Cartas dos Mahatmas, nós encontramos uma passagem em que um dos Mestres que instruiu Blavatsky, Mestre a quem ela encontrou fisicamente no Tibet, disse que durante um século, vejam bem, um século, ele e seus irmãos, o Mestre e seus Irmãos espirituais, procuraram um corpo europeu com condições de levar para a Europa essas informações que eram restritas ao Oriente- a Europa era absolutamente fechada para isso – e que só conseguiram esse corpo com Helena Blavatsky.
Esse psiquismo espontâneo dela precisou ser trabalhado. E um divisor de águas na vida de Blavatsky foi quando ela, que desde menina contemplava nas suas visões psíquicas a figura de um hindu que lhe impressionava muito, encontrou esse hindu fisicamente por ocasião de uma viagem à Inglaterra. Quase todos vocês já conhecem essa história. Ela, no encontro que teve com esse personagem, ouviu dele que ele tinha um grande desejo de conhecê-la e que precisava da ajuda dela para um trabalho que precisava empreender.
Esse trabalho dizia respeito a levar essa luz da integração das fontes do conhecimento, da existência dessa dimensão não sectária da espiritualidade, levar isso do Oriente para o Ocidente. Só que, se ela estivesse interessada em participar desse trabalho, teria que (não foram essas as palavras do Mestre, mas imagino que é o que ele queria dizer) aprender a controlar o seu psiquismo. E precisava fazer isso com aqueles que já tinham a ciência do desenvolvimento psíquico. Então ele diz que Helena Blavatsky precisaria viver por três anos no Tibet.
Acredito que não era só desenvolvimento psíquico não, porque na visão tibetana, o desenvolvimento psíquico por si só, não só é prejudicial, como é extemporâneo, fora de hora, se não vem como conseqüência do amadurecimento espiritual, e é na verdade, quando fora de hora, prejudicial ao verdadeiro processo que é o da espiritualidade. Então, na visão tibetana todo o treinamento é direcionado para despertar os níveis mais internos da consciência. Os poderes que vêm são conseqüência desse desenvolvimento.
Esses poderes latentes que começam com o discernimento, com a sabedoria, com a compreensão e através da penetração em certos mistérios da natureza, a mente, amadurecida, passa espontaneamente a expressar uma capacidade de interferir, através de certas leis, na estrutura geral do mundo físico… da matéria.
Então, Blavatsky começa uma trajetória de viagens e dá várias vezes a volta ao mundo. Esteve em 1840, 50, não sei bem, na América do Sul, na América do Norte. Procurou os índios norte americanos que tinham os seus segredos. Os xamãs americanos, hoje se sabe, eram grandes curadores, eram homens que faziam a ligação entre o visível e o invisível. Vejam os livros de Castañeda.
Viajou para o Egito, viajou para a Grécia, entrou na Índia, ilha de Creta, e ela viajou pelo mundo inteiro sempre atrás de indícios desses mistérios que para ela já eram de uma evidência muito rica pelo contato que teve com o Instrutor. Ela, então, penetra na Índia.
E aí vocês vão encontrar na biografia dela, relatos das tentativas frustradas de Blavatsky de entrar no Tibet. A biografia dela relata que por três vezes ela tentou entrar espontaneamente no Tibet. E não conseguiu. Foram frustradas as tentativas por várias razões. Uma delas ela passou risco de vida, num episódio muito interessante que já prenunciava o que ia acontecer depois. Ela tentava entrar acompanhada por um xamã da Tartária que levava um amuleto com ele.
E ela, muito curiosa, perguntou várias vezes sobre o amuleto e ele dizia que não poderia responder sobre o amuleto, que o amuleto responderia por si só a ela, no momento devido, e ela assim veria do que o amuleto era capaz. Então, eles perambularam, tentando entrar nas fronteiras do Tibet. E viram-se perdidos numa região desabitada, extremamente perigosa. Foi quando ela então descobriu o que aquele amuleto significava.
Ela relata uma experiência em que esse xamã coloca esse amuleto na boca e entra em catalepsia e, murmurando, ela e ele conversam, ele não estando mais em corpo físico. Ela então pede a ele: “dirige o seu movimento fora do corpo para buscar ajuda”. E esse xamã passa horas fora do corpo. Quando horas depois uma comitiva de vinte e cinco cavaleiros, chefiada por um lama, um Adepto, um homem de alto desenvolvimento, residente em um dos mosteiros daquela região, vem em socorro de Blavatsky e do xamã. Ou seja, esse indivíduo foi buscar ajuda fora do corpo a uma pessoa que o relato biográfico diz, chama de o Kut de Lhasa.
E chega esse lama a cavalo, conduz Blavatsky em segurança até fora do país, e olha que interessante, não leva para o mosteiro, leva para fora do país, e diz que ele era amigo, conhecia pessoalmente o tal Kut de Lhasa e tinha sido mandado até onde ela estava pelo tal Kut de Lhasa. E vários episódios dessa natureza ocorrem na vida de Blavatsky, e ela finalmente consegue entrar no Tibet.
Há algumas cartas, publicadas no livro Cartas dos Mestres de Sabedoria a A.P. Sinnet, que dizem que os verdadeiros lamas, os verdadeiros “Lhas”, espíritos vivos, os verdadeiros Adeptos, os verdadeiros homens da ciência sagrada, eles não são encontráveis em corpo físico e é absolutamente inútil ir buscá-los.
E essa tentativa de busca-los, mesmo no Tibet, é uma tentativa ingênua. Nessa passagem, eles dizem que não há possibilidade de serem encontrados, mas que se eles quiserem, encontrarão o buscador já nas fronteiras do seu país. Eles é que definem quando encontram ou não, aqueles que os buscam. Uma outra passagem das Cartas fala de um jovem devotado que, muito tocado pelo que veio a conhecer do conhecimento teosófico, decidiu se tornar um lama tibetano, isso no final do século passado. Ele queria ser uma lama tibetano.
E decidiu que mudaria para o Tibet. E então numa carta, o Mahatma diz que aquele jovem, na sua decisão, “não sabia a diferença entre o Lama e seu treinamento e os que eram os Lhas ou Irmãos. Mas deixe-o tentar”, deixa ele tentar o caminho, o Mestre dizia. E isso para nós é muito interessante para definir até onde a gente está falando de budismo tibetano, até onde a gente está falando de uma outra coisa.
O Mestre dizia que alguns dos verdadeiros detentores dessa ciência atuavam, naquela época, através do budismo tibetano. No entanto sabe-se que atuavam também através de outras tradições. Existem referências que falam que Blavatsky, nas suas andanças, conheceu a fraternidade egípcia, chamada Fraternidade de Luxor, e teve instruções de Mestres ligados àquela vertente dos mistérios. Mas quando ela encontra o seu Mestre, que é um hindu, este estava vinculado a uma outra seção da mesma fraternidade, a seção Trans-Himalaica, ou uma seção que envolvia Índia, Tibet, Nepal e adjacências.
E nas Cartas nós vamos encontrar essa interessante idéia de que aquelas Escolas do passado ainda existem hoje, não no mundo físico talvez, mas existem hoje, como existiram na época. E quando ele faz essa diferenciação entre um Lama tibetano e um Irmão, ele queria falar de uma Fraternidade que existia dentro do budismo tibetano. Essa Fraternidade Blavatsky chama de Fraternidade de Khelan e dá algumas referências sobre ela.
O fato de que ela realmente entrou em contato com o budismo secreto pode ser corroborado através de alguns fatos históricos interessantes. O primeiro deles, talvez seja o próprio livro “A Voz do Silêncio”. “A Voz do Silêncio” ela diz ser a tradução que ela fez de memória de textos com que entrou em contato quando esteve vivendo no Tibet. Ela traduz esses textos de memória.
Nós temos uma das obras mais inspiradoras, uma das obras mais maravilhosas que é “A Voz do Silêncio”, absolutamente respeitada por todos os teósofos, durante esses quase cento e trinta anos de existência da ST. Um livro que eu demorei muito para entender.
Eu levei quase dez anos, eu acho, para entender esse livro. Não tinha condições internas, eu acho, morais, para entender esse livro, e felizmente hoje eu começo a entender o livro. Esse livro foi reeditado na China, dentro do conjunto de livros do budismo mahayana. O cânone budista foi publicado e incluíram “A Voz do Silêncio” e o Panchen Lama da época, que era ou que é uma figura importante na transmissão espiritual dos conhecimentos tibetanos (assim como o Dalai Lama é o chefe político, o Panchen Lama era o chefe espiritual, místico do budismo tibetano) é o autor de um sutra que a seu próprio pedido foi incluído naquela edição do livro (1927).
Existem outros dados históricos que mostram experiências da Blavatsky nesse período. Um deles foi oferecido como documento à Sociedade Teosófica por um Príncipe Indiano. Este documento existia dentro dos arquivos reais do Príncipe e ele cede à Sociedade Teosófica porque no documento havia uma referência à Helena Blavatsky. Era uma carta de alguém, um hindu, que conheceu um lugar na China ou na Mongólia, onde havia uma grande caverna.
Ele diz que esse lugar é dos mais belos que a natureza já produziu e era um retiro para lamas avançados.
Essa carta é do início do século.o lama e diz que os lamas que lá meditavam tinham como chefe o lama Kut te Hum, que os teósofos saberão identificar quem é. Diz que esse lama Kut te Hum, naquele momento, ele próprio estava lá. Tinha entrado talvez há um mês e meio em samadhi, estava lá em samadhi com vários de seus discípulos próximos a ele, também absorvidos em meditação, buscando entrar na mesma sintonia do Mestre. E este Adepto levaria mais três meses e meio, se eu não me engano, em samadhi. Contaria cinco meses em estado de investigação das realidades internas.
E que esse lugar era de tal forma especial que ele, o correspondente, que era capaz de meditar três horas na cidade dele, lá conseguia meditar por oito, nove horas, sem parar. Ele estava convencido que para praticar as yogas avançadas era absolutamente fundamental um lugar com aquela atmosfera. E a Blavatsky, num outro texto, faz referência a algumas das condições necessárias para isto. E que este lugar, …, oferecia: “Na verdade não há absolutamente necessidade de ir ao Tibet ou a Índia para encontrar algum conhecimento e poder que estão em estado latente em cada alma humana.
Mas a aquisição deste conhecimento e deste poder mais elevados requer não somente muitos anos do mais severo estudo iluminado por uma inteligência superior e uma audácia que não se curva diante de nenhum perigo, mas também de retiro para uma relativa solidão e associação com estudantes que buscam os mesmos objetivos. Num local onde a própria natureza preserve, como o neófito, uma completa tranqüilidade. E se possível, total silêncio, onde o ar esteja livre por centenas de quilômetros de toda influência poluidora.
Onde a atmosfera e o magnetismo humano estejam absolutamente puros e nenhuma gota de sangue animal tenha sido derramada.” “Condições e Ensaios das Práticas Avançadas de Yoga”. E o interessante é que esse hindu, visitando esse lugar, um lugar onde ocorria um fato extremamente especial que é um Adepto em estado de samadhi, ouviu falar pelos lamas que Blavatsky tinha feito o treinamento dela também nesse lugar.
E ouviu falar de algumas realizações que Blavatsky tinha atingido. E mais. Dizia também que pelas conversas que teve com os lamas, entendeu que essa idéia de um budismo esotérico ou de algumas das proposições que a Sociedade Teosófica trouxe, diziam respeito a aspectos internos do budismo.
Um outro exemplo disso foi uma experiência de psicometria, não sei se é esse o nome, em que uma muito competente psíquica da época que era capaz de pegar um objeto e entrar em sintonia com o objeto e saber a história do objeto, visualizando várias pessoas que tiveram contato com o objeto, o que tinha acontecido com o objeto, coisas assim.
A ela foi dada uma carta de Franz Hartmann ,que posteriormente tornou-se um escritor, e que fazia parte do núcleo interno, um grupo de estudantes que estavam muito próximos da Blavatsky recebendo instruções e praticando meditação e estudos místicos. Ele recebeu essa carta de um Adepto e pede para ela usar o seu poder para identificar de onde vinha a carta. E é muito interessante vocês pegarem o relato no livro da Blavatsky.
A médium, a psíquica, fica absolutamente impressionada com o lugar e descreve um templo, que depois Blavatsky diz ser o templo privado do Panchen Lama.
E aí a gente entra num ou tro capítulo que é o papel do Panchen Lama nessa história. A Blavatsky diz que ela própria não teve autorização para entrar nesse templo mas sabia que o Panchen Lama era chefe de uma Escola – e aí talvez por quê ele é considerado o chefe místico do budismo tibetano, e não o Dalai Lama – Ele chefiava uma Escola que havia sido criada por Tson Khapa, o criador da Linhagem Gelupa, um dos grandes reformadores do budismo.
Essa era uma Escola secreta. Era uma Escola onde atuavam Adeptos de várias nacionalidades, não apenas tibetanos. E muitos dos lamas que viviam ali nas adjacências e junto do Panchen Lama, não tinham a menor idéia da existência dessa Escola. Ela, quando foi ao Tibet, ficou na região de Shigatze, ela falava muito nesse termo. Ficou no ashram do Mestre dela, aquele que a treinava. Então, ela ficou no ashram do Instrutor, que ficava na região de Shigatze.
E ela fala num dos relatos do que viveu nessa região. E uma coisa que vai chamar muita atenção dos estudantes é uma descrição que ela faz do início dos seus estudos ocultos quando ela viu Mestres, Adeptos, retirarem os discípulos do corpo para um treinamento fora do corpo. E ela diz que ela própria passou por essa experiência, tendo ficado onze semanas fora do corpo, sem se dar conta que estava fora do corpo. Ela andava para todo lado e ficava muito indignada que ninguém a procurava, se sentindo sozinha, não entendendo o que estava acontecendo, e quando voltou foi que ela começou a entender o que se passou.
Essa experiência que ela teve, nos mostra ou corrobora o fato de que as verdadeiras escolas de mistérios têm a função de permitir ao indivíduo descobrir, em consciência física, ou seja, antes de morrer, o que se passa nos outros lados da vida, ou nas regiões para onde vamos depois que morremos. O indivíduo passa a ter consciência e controle de si próprio nessas regiões invisíveis. Vocês lembram, alguns de vocês estiveram presentes provavelmente, quando eu falei das yogas secretas e falei da yoga dos sonhos de Naropa que é uma yoga que tem essa função.
O indivíduo toma consciência que está sonhando sem sair do sonho. Ele passa a atuar no sonho e logo ele descobre a ilusão do sonho e vê que existe uma realidade sutil na dimensão onírica, e que se essa realidade da dimensão onírica é limitada ainda. Mais limitada ainda é a realidade física, que para o budista, é apenas outro nível de sonho. É como se nós estivéssemos sonhando, agora mesmo. Despertaremos um dia.
Mas então, ela passa por essa experiência. E essa experiência é corroborada depois por um outro documento que nós poderíamos estudar, mas que é muito difícil de encontrar. Eu não consegui encontrar. Eu só tive contato com esse documento através de um ex membro da Sociedade Teosófica, um estudioso muito sério desse assunto, que é o Alberto Brum, que apresentou há dez anos atrás, alguns trechos desse manuscrito aqui para nós. Então, eu tenho alguns registros do que ficaram gravados numa fita de vídeo. E é muito interessante esse manuscrito.
>Chama-se Manuscrito de Urga. Urga é um local da Mongólia, onde depois eu vim a saber, residia um ser de enorme evolução espiritual, um lama muito capaz nas artes interiores. E essa carta é mandada por um secretário do Panchen Lama para um amigo correspondente que tinha familiaridade com esses assuntos. Nessa carta o autor pede autorização ao seu chefe, o Panchen Lama, para escrever e apresentar alguns fatos.
Pede autorização do seu próprio eu interno para fazer isso e então escreve a carta. E essa carta, por várias razões, diz esse amigo nosso, acabou, depois da morte do correspondente, caindo nas mãos de um, nas mãos de outro, que fez umas cópias para alguns amigos e depois acabam sendo publicadas. Não era para ser publicada.
É um documento privado. E dessa carta publicada sob o título “Manuscrito de Urga, o correspondente, secretário do Panchen Lama, diz coisas do tipo: “eu fiz o meu treinamento (eu vou falar de memória do que eu ouvi) budista em Lhasa. Quando a iniciação caiu sobre mim, eu descobri que o budismo que conhecia era de luzes para crianças. Vi que havia uma religião para os muitos, mas algo completamente diferente para os poucos.” Nessa Escola o trabalho é feito do mundo astral – em linguagem teosófica – do mundo astral para cima.
Eu vou, se vocês permitem, colocar alguns detalhes: “Isso foi uma curiosa descoberta que a partir daí comecei a viver. Ingressei no templo interno em …(um lugar).” No Tibet há muitos que não sabem da existência destes templos interiores. Tinha uma vida secreta superior e aqueles que viviam uma vida externa, nada sabiam disso. Nesse nível estuda-se a força imensurável que a partir dessa iniciação o nível astral é considerado primário.
Muitos anos atrás eu havia aprendido sobre a suposta existência de Mestres Cósmicos. Seres que não possuem forma física ainda que instruam aqueles que estão em forma física. Eu já havia convivido com grandes Mestres encarnados mas agora, depois da regeneração que o templo interior produziu sobre mim, meu entendimento sobre os Mestres mudou. Eles são uma força espiritual impessoal.
Eles são seres de nível muito elevado e quase nunca se revelam a si mesmos.” Isso é uma coisa interessante porque vocês vão encontrar mesmo referências, tanto nas Cartas quanto nos pontos de vista clássicos, que o Adepto, o verdadeiro Lama iniciado, ele só é realmente um Adepto quando ele funciona com a consciência do seu nível interior, não no seu cérebro físico.
Ou seja, é como se no mesmo ser existisse uma dimensão pessoal, evidentemente muito mais preparada, muito mais saudável e lúcida e pacífica mas que a fonte da clareza não existe, não está diretamente ligada a personalidade, e sim ligada a dimensões interiores.
Vocês querem ver onde isso fica extremamente claro, com uma visão mais realista do que é o treinamento interior, qual é a ótica que os Instrutores têm desse processo? Eu vou ler uma passagem de uma carta de um dos Mahatmas ao Sinnett. Nessa carta, entre vários assuntos interessantíssimos, encontra-se essa passagem: “Compreenda, meu amigo, que os afetos pessoais têm pouca ou nenhuma influência sobre qualquer Adepto verdadeiro no cumprimento do seu dever. À medida que ele se eleva em direção ao perfeito adeptado, as fantasias e antipatias do seu eu inferior são enfraquecidas.
Como K.H. explicou, o Adepto acolhe toda a humanidade em seu coração e a considera em comum. O seu caso é uma exceção. (…toda a história do Sinnett, a gente vai ver isso também no nosso estudo) Você se impôs a eles. Você se impôs a um Adepto. Circunstâncias históricas levaram a essa troca de correspondência. E conquistou a sua posição pela própria violência e intensidade do seu afeto por Ele.
Uma vez que Ele o aceitou terá que arcar com as conseqüências no futuro.” Agora, o que interessa: “Entretanto, não pode ser um problema para Ele, o Adepto, o que o Sinnett visível possa ser. Os seus impulsos, os seus fracassos e êxitos em seu rumo, a sua consideração maior ou menor por Ele, o Mestre. Com o indivíduo visível nós nada temos a ver (olha que interessante) ele é para nós apenas um véu que oculta dos olhos profanos o outro ego em cuja evolução nós estamos interessados. No rupa externo, ou seja, na casca externa, no veículo externo, faça você o que quiser, tente o que quiser.
Só quando os efeitos dessa ação voluntária são vistas no corpo que está em sintonia conosco, é nosso dever prestar atenção a ela.” Olha que coisa interessante. Os verdadeiros Mestres do budismo secreto atuam num nível nosso mais profundo do que a personalidade. Nós podemos não estar conscientes disso e ainda assim, já estarmos em sintonia com Estes Seres. Porque eles atuam na nossa dimensão imortal que é como uma sementinha. É lá que os sonhos ocorrem, é lá que um outro nível de trabalho, de simpatia para o amadurecimento desse ser interior vai ocorrendo.
O que se passa no mundo físico é retirar as obstruções para que essa natureza interior desenvolvida possa se expressar através da personalidade. A personalidade pode bloquear completamente o aparecimento desta luz interna, dependendo dos seus condicionamentos, dependendo dos seus obstáculos interiores. Portanto, toda a caminhada, no nível psicológico, psicofisiológico, vamos dizer assim, se dá para suavizar a estrutura interior, a vida emocional, física e mental para que essa luz interna possa fluir através. Agora, esta luz interior já está sendo nutrida numa outra dimensão pela ação dos verdadeiros Adeptos. Essa é a ação das verdadeiras Escolas interiores.
O Mestre atua numa outra dimensão sua. E é seu dever levar sua prática interior para que a personalidade deixe de atrapalhar … Quando a gente deixa de atrapalhar com nossas limitações pessoais, vem o que já existe dentro de nós. Então, estes Mestres que podem usar o corpo físico, podem ser conhecidos por um nome, vocês podem estar perto deles e não ter a menor idéia de quem realmente são. Porque é fora da personalidade que eles vão mostrar sua verdadeira capacidade.
Outras passagens desse manuscristo de Urga mostram que o aprendizado e o amadurecimento de um iniciado se dá de uma forma espantosamente rápida. Porque se o seu corpo físico – o caso dos tibetanos – ficasse em repouso em algum templo guardado, o seu eu interior ganhava uma liberdade de ação nas dimensões superiores que lhe permitia conhecer o que ocorria em qualquer parte do mundo mesmo que seu corpo físico tivesse adormecido em algum lugar, em alguma montanha dos Himalaias.
Então, estes seres aprendiam com tudo o que ocorria na humanidade. Eram capazes de compreender os pensamentos mais íntimos da humanidade, aprofundar sua compreensão do funcionamento da humanidade, desenvolver qualificações para servir às necessidades interiores dos seres humanos, mesmo que o corpo que não tivesse absolutamente em movimento.
Lá pelas tantas, num destes níveis, diz o manuscrito de Urga, “o indivíduo ganha condições de escolher o seu nascimento”. Ou seja, aí é o tulku, a hoje conhecida tradição dos tulkus. E um escritor chamado Geoffrey Barborka lançou um livro chamado “Blavatsky, Tibet e Tulku”, onde ele defende que o treinamento interno da Blavatsky torna claro que ela poderia ser classificada como um tulku, ou um ser que tem já consciência dos seus nascimentos prévios e que tem capacidade de escolher o próximo nascimento, porque já conhece toda a dinâmica da ocupação do corpo, porque já conhece, com o auxílio de seu mestre, já conhece alguns condicionantes kármicos. Portanto, nesse nível maior pode fazer escolhas que qualquer um de nós não poderia fazer.
Um outro tópico interessante a respeito da relação de Blavatsky com o tantrismo tibetano se dá numa confusão que acabou sendo gerada através dos termos que ela usou. Por exemplo: nesse livro aqui eu encontrei uma passagem em que ela fala que “quase todos os indianos versados nesse assunto já teriam ouvido falar do, se não me engano, Banda-chan Rambouji.., algo assim,. E eu passei reto por isso. E lendo a segunda vez, a terceira vez, foi que caiu a ficha de que o que Blavatsky escreveu como Banda-chan Rambouji… não é mais do que Rinpoche que hoje todos nós conhecemos o que é.
Mas quando ela esteve no Tibet, não havia qualquer tradução do tibetano para as línguas ocidentais. Então, coisas do tipo, livros de kyu-te, onde ela fala que baseia as suas obras, no livro de Kiltare, …, foi saber o que era o livro de Kyu-te, até que um filólogo americano descobre que o livro de kyu-te que Blavatsky chamava, a exemplo do Rambouji, não passava do livro de Gyud que significa tantra em tibetano. Ou seja, livros de Kyu-te são os tantras tibetanos e foi nisso que Blavatsky baseou a sua obra. Ela conheceu os livros tântricos no seu treinamento interior numa época em que ninguém sabia disso.
Então, muitos outros pequenos relatos poderiam ser dados a respeito desse detalhe. Talvez nas perguntas a gente possa expor isso um pouquinho melhor. Mas, então, onde que eu quero chegar com isso tudo?
Os poderes extraordinários que esta mulher demonstrou ter no seu período de ação, quando ela foi para a Europa, foi aos Estados Unidos primeiro, depois à Europa, e ela então começa um movimento que teve a grande função de resgatar para o Ocidente, a sabedoria do Oriente. E essa interessante idéia de que sempre existiram os guardiões do sagrado, vivos, em todas as épocas da humanidade, inclusive hoje, e que esse sagrado na verdade é uma ciência que pode ser conhecida e será conhecida por aquele que tiver qualificação para pedir e ser aceito.
Bater e a porta se abrir. Tudo isso que ela desenvolve, esse trabalho maravilhoso que ela faz, as obras que escreve, o efeito impactante e profundo que esse movimento provoca porque não era confiando apenas na Sociedade Teosófica. A Sociedade Teosófica foi uma das pioneiras. Mas quantos outros pensadores atuaram na mesma direção fazendo com que hoje essas idéias sejam tão populares para muitos de nós, coisa que não se tinha como chegar nem perto disso, cento e vinte anos atrás.
Pois todo o trabalho que ela fez, a força interior que ela desenvolveu para poder desenvolver esse trabalho, tiveram a sua origem na sua preparação interior que foi feita, segundo esses relatos, em Escolas Secretas pertencentes ao budismo tibetano mas que não são restritas ao budismo tibetano.
Na verdade, nessa dimensão já não se pode falar de budismo, de cristianismo, de judaísmo, do que for. Lá só se pode falar da Força Imensurável. Se pode falar da realidade por trás das palavras, por trás das divisões, por trás do racional. Ela viveu .., teve o seu treinamento e trouxe para nós algumas indicações de que essa é uma faceta da realidade extremamente interessante para todo aquele que é sério na busca da sua espiritualidade essencial.
Então, creio, para concluir esse trabalho, que Blavatsky não foi teórica nas coisas que escreveu. Ela viu de perto. Ela conviveu com o Mestre dessa … Esteve lá e fez o seu treinamento. E se o budismo tibetano hoje guarda ainda essa dimensão secreta, quem poderia dizer? Tampouco quero eu mistificar o budismo tibetano e seus representantes através dessa apresesentação. Porque a natureza dessas escolas transcende absolutamente qualquer representação religiosa no tempo e no espaço.
Os budistas tibetanos viveram sim, espero eu que ainda tenham essa porta aberta, como os cristãos viveram isso, como os judeus em seu tempo viveram isso também. Como todas as grandes tradições em seu tempo áureo, também puderam viver. Então, era apenas isso que eu queria compartilhar com vocês.
(Alguém faz uma pergunta que não ficou gravada. A resposta, sim)
As polaridades em que … (barulho). da luz e da sombra. Você vai encontrar nas Cartas referências a isso o tempo todo. Que cada passo – isso é uma coisa extremamente interessante pelos efeitos práticos – Cada passo que nós damos em direção à luz, ou cada passo que nós damos genuinamente, na direção de nós próprios, vai sofrer uma oposição em igual medida. Em igual proporção. Não existe caminho linear em direção à luz. O caminho é um caminho de confrontação da sombra.
Parece que em muitos níveis diferentes esse processo se dá. Nós vamos encontrar isso na natureza que exemplifica a polaridade de várias formas, da mais clássica à mais básica. O dia e a noite. O Tao e o Todo foi a grande lição de que não é possível ter a realidade sem ter também os dois aspectos, sempre dialeticamente. Alguém uma vez .se é verdade, se tiver alguém mais qualificado em línguas, por favor me corrija. Alguém me disse que o chinês antigo ele trabalhava. Por exemplo, o termo chi significava espírito, era traduzido como não paixão.
Quer dizer, remete para o oposto, para o negativo para você compreender o que é. Estamos vendo mais um exemplo de que a dialética nesse nível da realidade é altamente chave.
Mas concretamente falando, assim como existe a fraternidade daqueles que trabalham na direção do crescimento, existe a fraternidade que trabalha na direção da degeneração. São todos irmãos que empreendem caminhos diferentes e que fazem trabalhos opostamente diferentes. E o tempo todo esses Adeptos que trabalham com a luz precisam confrontar a oposição dos seus opositores que usam todos os recursos para isso, inclusive a própria religião. Dentro das próprias religiões é que a gente vai encontrar o. das forças negras.
Vocês vão ver (barulho) alguns traços muito curiosos, como por exemplo, o assassinato dos Dalai Lamas, coisas assim. Então, é normal. Impressionante a clarividência deles porque nas Cartas, muitas vezes, eles anunciam com meses de antecedência crises que estão já se formando nos mundos mentais e que vão acabar logo ali, em geral pela ação da confusão mental de um ou de outro, ou pela deliberada má intenção de um com o outro. Houveram organizações religiosas, inclusive, que fizeram verdadeiros trabalhos de boicote contra o trabalho que o Dalai Lama empreendeu. (não ficou claro se as três últimas palavras são mesmo essas)
Alguém pergunta: Qual seriam os interesses deles? Porque eles querem fazer o negócio regredir? O que se ganha com isso?
Eu acho que para entender isso, precisa lembrar daquela coisa de que nós somos de uma natureza dual. Todos nós somos uma natureza dual. Nós temos uma personalidade cuja força básica é a auto manutenção. E para essa personalidade baseada na auto manutenção, os prazeres decorrentes do mundo nos servindo é a coisa mais gostosa para a personalidade. O movimento espontâneo da personalidade é fazer o mundo ficar a nosso serviço. Tanto que você vai ver que nos estágios de desenvolvimento infantil a criança começa a manipular o mundo.
Ela começa a colocar o mundo a seu serviço em determinado momento. Quer dizer, nos níveis mais inferiores da consciência, a ação é sempre essa. É a manipulação… (terminou a fita I). esquecer alguns parâmetros éticos básicos. Na medida em que ele começa a esquecer isso e não tem mais limites para a sua ação, a primeira coisa que ele faz é entrar no crime. Um passo além, é usar forças ocultas para o crime ou para criar situações para si próprio. A gente não pode ver a questão das forças da oposição como uma coisa muito abstrata, não, porque é absolutamente concreta.
Esse mundo que nós vivemos é o reino das forças de oposição. É ou não é? Basta ver como os países estão organizados, basta ver como a economia está organizada, e vocês vão ver ali a ação dessas forças da oposição. Quando o Dalai Lama propõe que as relações entre os países deveriam ser repartidas meio a meio, sem explorar. Por que um país explora outro?
Vamos nos relacionar sem exploração. Parece um vento de tão abstrato num mundo tão denso em relação a outros princípios completamente diferentes. Princípios que levam, que motivam todo o processo exploratório, imperialista, que considera sempre o meu acima de tudo e “vamos usar os outros para me favorecer.”
Então, nos níveis mais profundos, vocês só vão ver o exagero desse princípio nas nossas vidas pessoais, mas também, às vezes…
Ao contrário, o caminho das forças brancas, ele é muito mais difícil, mas evidentemente mais poderoso. Mas ele é muito mais difícil porque envolve esforço, envolve esquecimento de si próprio para priorizar o outro. Aquele que vai no caminho da mão direita, pensa no outro primeiro. Pensa sempre mais no outro. Até o ponto em que ele já não pensa mais em si próprio. Isso é muito interessante.
O indivíduo que deixa de pensar em si próprio – não é não ter consciência de si próprio, isso aí é outra história – ter consciência de si próprio, mas deixar de pensar em si próprio e viver absolutamente a serviço de todas as formas de vida, torna a vida absolutamente leve, deliciosa. É a única leveza sustentável do ser, possível. Agora, a dificuldade é que nós todos temos como referência de felicidade, os nossos prazeres. Em geral os nossos prazeres dependem de terceiros. Aí começa a grande confusão.
Alguém – É aí que as forças negras entram em ação.
Exatamente. A função delas, dentro da trajetória oculta, a função das forças negras dentro da trajetória oculta, é identificar em você cada semente de egoísmo que você guarda. E há uma passagem interessante aqui nas Cartas que os Mestres dizem que eles dão carta branca para as forças negras para atuarem sobre os seus discípulos. Porque só assim os discípulos podem se desenvolver. O ser humano não se desenvolve sem essa oposição. E se o mais nefasto não vier à tona, aquilo vai ficar lá dentro guardado e como um obstáculo ao verdadeiro desenvolvimento.
Por isso que a verdadeira caminhada ela é exatamente oposta da caminhada externa da religião que mostra – aqui tem uma passagem, uma passagem belíssima – que mostra que, olha só. Este Mahatma está se referindo ao julgamento que o correspondente dele, o Sr.Sinnett, fez em relação a um personagem. Este personagem chamava-se Bennett e era um camarada extremamente ativo socialmente, lutando por causas sociais, humanitárias e sendo perseguido de uma forma cruel.
Este Bennett era um americano e ele usava as mãos sujas, não tirava a sujeira das unhas, o colarinho estava meio desgrenhado, estava meio sujo também e ele falava de um jeito meio grosseiro, meio direto, assim. Então para o refinamento de um inglês como Sinnett, que era um cavalheiro, aquilo era absolutamente inadmissível. Ele tinha um preconceito pelo Bennett. Aí ele recebe uma carta, mas uma carta do Mahatma, avaliando.
O Mahatma viu o coração dele, o Mahatma viu o que ele sentia pelo Bennett e Ele diz o seguinte: “Você só viu que as mãos de Bennett não estavam lavadas, que tinha as unhas sujas, usava uma linguagem grosseira e tinha, na sua opinião, um aspecto geral desagradável. Mas se esse modo de apreciar é seu critério de excelência moral, sahib, quantos Adeptos ou Lamas que produzem maravilhas passariam em seu exame?
Esta é parte de sua cegueira. (Este Mahatma tem um estilo impressionante de falar. Olha que bonito) Se ele morresse neste minuto, e empregarei uma fraseologia cristã para fazê-lo compreender melhor, o Anjo Registrador da Morte derramaria, por outros homens igualmente maltratados, poucas lágrimas mais amargas dos que as que derramaria por Bennett. Poucos homens têm sofrido e sofrido injustamente tanto como ele. E também poucos têm o coração mais bondoso, altruísta e sincero. Isso é tudo. E o sujo Bennett é moralmente tão superior ao cavalheiresco Hume, (que é outro personagem) como você é superior ao seu carregador.”
Agora vejam essa passagem: “A doce polpa da laranja está dentro da casca, Sahib. (Sahib é a forma como os hindus se dirigem a outro). Tente localizar as jóias dentro das caixas e não confie naquelas que estão desenhadas na tampa. Digo novamente. O homem Bennett é honesto e muito decidido. Não exatamente um anjo. Esses têm que ser procurados nas igrejas elegantes, em festas e mansões aristocráticas, teatros e clubes e outros locais semelhantes.” O que ele dizia é que o caminho da aparência é exatamente o oposto do caminho do ocultismo.
No caminho do ocultismo é fundamental que as sementes de egoísmo, de maldade, de qualquer coisa que nós tenhamos, venham à tona. Por isso que o verdadeiro ocultista tem que ser uma pessoa meio difícil também. Porque é normal. Não pode estar escondendo de si próprio, e provavelmente dos outros, as questões ainda primitivas no interior de si próprio. Ele tem que ter consciência ao lidar com isso e ele é ajudado a lidar com isso da forma mais cruel, ou seja, pela ação das forças negras.
E existe uma passagem interessante citada num livro teosófico que faz referência ao Anjo Negro, que impede até o fim o progresso final da alma. Mas quando a alma consegue por fim se livrar de todos os seus empecilhos, de todas as artimanhas, e entra na luz, esse Anjo Negro solta seu sorriso de glória. Ou seja: missão cumprida. Conseguiu fazer o Adepto chegar até o seu destino. Se não fosse pela ação das forças da oposição, não haveria a possibilidade do fortalecimento dele até à luz.
Alguém – Quer dizer que nós também temos que usar as forças negras a nosso favor e não deplorar elas?
Nós vamos ter que usar a nosso favor.
Alguém – Veja bem. Você é humilhado por alguém. Em vez de você ficar com raiva, você perceba o que está passando.
Isso é extremamente difícil mas é o caminho. Eu falho freqüentemente.
O mesmo alguém – Não só você.
“Los Mahatmas Teosóficos”
“The Theosophical Mahatmas”, (Path, diciembre de 1886)
Artículo de H. P. Blavatsky
Lamento, sincera y profundamente, lo que he leído en el editorial de la revista “El Mundo Oculto”, publicada en Rochester y editada por la señora J. Cables, la devota presidente de la Sociedad Teosófica de allá, quien ha publicado un artículo de fondo con la colaboración del señor W. T. Brown.
De antemano debo decirles que, ya, nada me sorprende; pues, durante los años, me he acostumbrado a tales declaraciones. Quizá los repentinos sentimientos de hastío por parte de la señora Cables sean naturales, en cuanto, jamás se le dio la oportunidad que el señor Brown tuvo.
Es innegable que muchos teósofos comparten el estado de ánimo de Cables cuando escribe que: “después de un gran anhelo por ser puesta en comunicación con los Mahatmas Teosóficos, me percaté de lo inútil que era esforzar la vista psíquica hacia los Himalayas.”
Aún se debe dirimir la cuestión de: si estas quejas son justificadas y si la culpa reside en los “Mahatmas” o en los teósofos. Ha sido un caso en vilo por muchos años y ahora hay que solucionarlo; pues las dos quejas declaran que: “no necesitan perseguir a Místicos orientales que niegan su habilidad de ayudarnos.”
La última frase en letras bastardillas necesita un serio escrutinio.
Pido el privilegio de presentar algunas observaciones pertinentes al caso.
Comenzaré por decir que el tono de todo el artículo es el de un verdadero manifiesto. Si lo condensamos y lo depuramos de sus expresiones Bíblicas enfáticas, se reduce a esta paráfrasis: “Hemos tocado a su puerta y no nos han contestado; hemos rezado por nuestro pan y nos han negado hasta una piedra.” La acusación es muy seria; sin embargo, quiero demostrar que es injusta.
Creo que es mi deber contradecir la veracidad de esta declaración, explicando y la situación en su totalidad; ya que me siento culpable, habiendo sido la primera, en los Estados Unidos, en hacer pública la existencia de nuestros Maestros.
Así, expuse los nombres sagrados de dos miembros de una Hermandad hasta entonces desconocida en Europa y en América (excepto a unos pocos místicos e Iniciados en todas las eras), sin embargo sagrada y reverenciada en oriente y, especialmente, en la India. Todo esto causó una especulación y una curiosidad vulgares que medraron alrededor de esos nombres benditos y culminaron con un rechazo público.
Quizá esta explicación beneficie a algunos e interese a otros.
Además, no quiero que nadie piense que pongo bajo mi égida de defensora y paladina a aquellos que no necesitan ningún resguardo. Me propongo, simplemente, presentar algunos hechos, dejando que la situación se juzgue conforme a sus méritos.
A nuestros hermanos y hermanas, según los cuales: “han vivido alimentándose de cáscaras, persiguiendo dioses extraños,” sin recibir admisión, les preguntaría si: “¿están seguros de haber tocado a la puerta justa?” “¿Están seguros de no haber perdido el camino, deteniéndose, a menudo, en su viaje, en puertas extrañas tras de las cuales acechan los enemigos más fieros de los que ustedes buscan?”
Nuestros Maestros no son “un dios celoso”; son simplemente mortales santos, sin embargo más elevados que cualquiera en este mundo, desde el punto de vista moral, intelectual y espiritual. A pesar de lo sagrado y adelantado que estén en la ciencia de los Misterios, aun son hombres, miembros de una Hermandad y son los primeros, en ella, que se muestran leales a sus leyes y reglas venerables.
Una de las primeras reglas de la Hermandad exige que las personas que emprenden su camino hacia Oriente, como candidatos a los favores y consideración de los custodios de esos Misterios, deben seguir el recto camino sin detenerse en ninguna via secundaria, buscando unirse a otros “Maestros” y preceptores, a menudo de la Ciencia del Lado Izquierdo. Además, deberían tener confianza y mostrar paciencia en conjunto con varias otras condiciones a llenar. Si alguien fracasa en todas, desde la primera hasta la última, ¿qué derecho tiene a quejarse sobre la responsabilidad de los Maestros para ayudarle?
Es verdad: “¡Los moradores del umbral anidan dentro de nosotros!”
Una vez que un teósofo aspira a convertirse en un candidato para el estado de chela o para recibir favores de los Maestros, debe estar consciente de la promesa mutua que las dos partes han contraído y aceptado tácitamente, si no formalmente y que tal promesa es sagrada. Es un vínculo por un período de prueba de siete años. Si durante este lapso, a pesar de las numerosas limitaciones y errores humanos del candidato (exceptuando dos, que es inútil especificar en la prensa), él permanece, a través de todas las tentaciones, leal al Maestro escogido o a los Maestros (en el caso de candidatos laicos) y fiel a la Sociedad fundada siguiendo sus deseos y bajo sus órdenes, el teósofo será iniciado en * * * y, a partir de entonces, se le permitirá comunicarse con su gurú sin reserva.
Todas sus limitaciones, excepto aquella especificada, pueden ser soslayadas, pertenecen a su Karma futuro; sin embargo se dejan, ahora, a la discreción y al juicio del Maestro, el único que tiene el poder de determinar si, aun durante estos largos siete años, el chela recibirá el favor de comunicaciones ocasionales con su gurú y procedentes de él, a pesar de sus errores y los deberes incumplidos del chela.
El gurú, estando minuciosamente familiarizado con las causas y los motivos que indujeron al candidato a cometer pecados de omisión o comisión, es el único capaz de juzgar si el momento es oportuno o inoportuno para animarlo; ya que solo él tiene tal derecho, porque, también él está bajo la inexorable ley de Karma, a la cual nadie, desde el zulú salvaje, hasta el arcángel supremo, puede sustraerse y el gurú debe asumir la gran responsabilidad por las causas que creó.
Así: la condición principal y la única indispensable en el caso del candidato o chela en período de prueba, es simplemente: una lealtad diamantina al Maestro escogido y a sus propósitos. Esta es una condición imprescindible pues, como ya mencioné: no se basa en algún sentimiento de celos, sino en la relación magnética entre los dos, la cual, cada vez que se interrumpe, es doblemente difícil restablecerla. Además: no es justo que los Maestros esfuercen sus poderes por las personas acerca de las cuales pueden, nítidamente, prever su curso y deserción final.
Sin embargo: ¿cuántos, entre aquellos que, esperando lo que yo llamaría “favores por anticipación,” al no recibirlos, se decepcionan y, en lugar de repetir humildemente mea culpa, acusan a los Maestros de ser egoístas e injustos?
Ellos interrumpen, intencionalmente, el sutil canal de comunicación diez veces durante un año y sin embargo, ¡esperan que cada vez se les readmita, siempre, sobre las bases antiguas! Conozco a un teósofo, del cual no mencionaré su nombre, pero espero que pueda reconocerse a sí mismo, que es un caballero tranquilo, inteligente y joven, un místico congénito quien, en su entusiasmo e impaciencia imprudentes, cambió Maestros e ideas una media docena de veces en menos de tres años. Empezó por ofrecerse como chela en período de prueba, dando su voto y fue aceptado. Después de un año quiso casarse, a pesar de las varias pruebas corporales de la presencia de su Maestro y numerosos favores que se le otorgaron.
Los proyectos matrimoniales no se llevaron a cabo y él buscó “Maestros” por otros lados, convirtiéndose en un Rosacruz entusiasta. Después volvió a la teosofía como místico cristiano; luego trató de atemperar sus austeridades con una mujer y, al final, abandonó la idea y se entregó al espiritismo. Ahora se postula nuevamente, “para que se le readmita como chela” (tengo su carta); pero dado que su Maestro permaneció en silencio, él lo abjuró para buscar, repitiendo las palabras del manifiesto susodicho: “su antiguo Maestro Esenio para poner a prueba los espíritus en su nombre.”
La escritora, hábil y respetada, de la revista El Mundo Oculto y su secretario tienen razón y han escogido el único sendero auténtico en que, con una dosis muy pequeña de fe ciega, están seguros de evitar todo engaño y decepción.
Ellos dicen: “Para algunos de nosotros es un placer obedecer al llamado del ‘Hombre de Dolor’ que no rechazará a nadie sólo porque es indigno o no ha acumulado un cierto porcentaje de mérito personal.” ¿Cómo pueden saberlo?; a menos que acepten el dogma cínicamente terrible y nocivo de la Iglesia Protestante que enseña el perdón del crimen más cruento, siempre que el asesino crea, sinceramente, que la sangre de su “Redentor” lo salvará en la última hora. ¿Qué es esto, si no fe ciega y antifilosófica?
El sentimentalismo no es filosofía y Buda dedicó toda su larga vida de autosacrificio para alejar, precisamente, a la gente de esa superstición que engendra el mal. ¿Por qué mencionar a Buda? Porque la doctrina de la salvación mediante el mérito personal y el olvido de uno mismo es la piedra angular de su enseñanza.
El binomio: editora de “El Mundo Oculto” y su secretario, puede haber “perseguido dioses extraños“; sin embargo no eran nuestros Maestros. Ellos “Lo han negado tres veces” y ahora, “con los pies sangrientos y el ánimo postrado,” quieren “pedirle (a Jesús) que los tome otra vez bajo su ala.”
Ciertamente, el “Maestro Nazareno” los complacerá hasta aquí. Sin embargo “se alimentarán de cáscaras” y de “fe ciega.” Pero, en lo referente a esto, ellos son sus mejores jueces y nadie debería inmiscuirse en sus creencias privadas en nuestra Sociedad y esperemos que, debido a su reciente decepción, no se conviertan, un día en nuestros peores enemigos.
Ahora bien, a estos teósofos que se sienten desencantados con la Sociedad Teosófica en general, les diremos que nadie, jamás, les hizo ninguna promesa imprudente; ni siquiera, la Sociedad y sus fundadores ofrecieron sus “Maestros” como premio para los que se comportan mejor. Durante años, a cada nuevo miembro se le ha dicho siempre que no se le promete nada; ya que todo depende sólo de su mérito personal. Al teósofo se le deja actuar según su libre albedrío.
Cada vez que él se sienta descontento, puede siempre probar en algún otro sitio, a menos que haya ofrecido su ser a los Maestros con la determinación de ganarse sus favores. Me dirijo, especialmente a este individuo y le pregunto: “¿Has cumplido con tus obligaciones y promesas?
¿Tú, que estás dispuesto a culpar a la Sociedad y a los Maestros, que son la caridad, la tolerancia, la justicia y el amor universales encarnados, has, quizá, llevado la vida teosófica y has cumplido con las condiciones necesarias para el que se convierte en un candidato?
Que se levante y proteste aquél que sienta, en su corazón y conciencia, que jamás ha fallado seriamente, que nunca ha dudado de la sabiduría de su Maestro, que nunca ha buscado otro Maestro o Maestros en su impaciencia por convertirse en un Ocultista con poderes y que jamás ha traicionado su deber teosófico en pensamiento o en acción.
Puede protestar intrépidamente, no será castigado ni reprochado y ni siquiera excluido de la Sociedad Teosófica, la más amplia y liberal en sus ideas y la más católica de todas las Sociedades conocidas o por conocer.
Temo que mi invitación se quedará sin respuesta. Durante los once años de existencia de la Sociedad Teosófica, de entre los 72 chelas regularmente aceptados en prueba y los centenares de candidatos laicos, sólo tres no han, hasta la fecha, fracasado y sólo uno tuvo éxito completo.
Nadie obliga a nadie a entrar al estado de chela. No se profieren promesas, excepto aquella contraida entre el Maestro y el chela aspirante. Es muy cierto que muchos son los llamados pero pocos los escogidos o podríamos decir que son pocos los que tienen la paciencia de ir hasta el fin amargo, si es que podemos definir amargo, la simple perseverancia y el propósito bien enfocado.
¿Qué decir de la Sociedad Teosófica en general, fuera de la India? ¿Quién, entre los millares de miembros, lleva la vida teosófica? ¿Sólo porque uno es un vegetariano rígido, como lo son los elefantes y las vacas; un célibe, si bien en su juventud fue lo contrario; un estudiante del “Bhagavad-Gita” o de la “filosofía Yoga” integral, se debería considerar un teósofo según el corazón de los Maestros?
Como no es el hábito lo que hace al monje, ni es el pelo largo y un aspecto soñador en el rostro, nada de esto es suficiente para hacer de uno un seguidor fiel de la Sabiduría divina. ¡Mirad alrededor y observad nuestra llamada Hermandad Universal! ¿Durante estos once años de prueba en América y en Europa, en qué se ha convertido esta Sociedad fundada para remediar los males evidentes del Cristianismo, eliminar el fanatismo y la intolerancia, la hipocresía y la superstición y cultivar el real amor universal que se extiende hasta todos los reinos?
Sólo en un aspecto hemos tenido éxito para que se nos considere más elevados que nuestros hermanos cristianos, los cuales, según la expresión gráfica de Lawrence Oliphant: “se matan en el nombre de la Fraternidad, combatiendo como diablos por el amor de Dios.”
El aspecto en cuestión es que: hemos eliminado todo dogma y ahora estamos tratando de desembarazarnos, justa y sabiamente, hasta del último vestigio de autoridad nominal. Sin embargo, bajo cualquier otro punto de vista, somos tan malos como los cristianos: ¡entre nosotros hay chisme, calumnia, impiedad, crítica, un incesante grito de guerra y un estruendo provocado por las censuras mutuas; ¡todo esto es motivo de orgullo para el infierno cristiano!
¿Podemos suponer que todo lo antedicho sea culpa de los Maestros, los cuales se niegan a ayudar a los que ayudan a otros en el camino a la salvación y a liberarse del egoísmo—a fuerza de patadas y escándalo? ¿Cómo podemos pensar que somos un ejemplo para el mundo y los compañeros dignos de los ascetas sagrados que habitan en la Cordillera nevada?
Algunas palabras antes de terminar. Se me preguntará: “¿Quién es usted para que nos critique?
Usted que afirma estar en contacto con los Maestros, recibiendo favores diarios de Ellos ¿es quizá tan santa, pura y digna?”
Les contestaré que no lo soy. Mi naturaleza es imperfecta y limitada, mis defectos son muchos y muy evidentes, motivo por el cual mi Karma es más pesado que el de cualquier otro teósofo. Así es y debe serlo; ya que, durante muchos años, me han puesto en la picota como blanco para mis enemigos y también para algunos amigos.
Sin embargo, acepto la prueba felizmente. ¿Por qué? Porque a pesar de todas mis limitaciones, estoy bajo la égida del Maestro, debido simplemente a que: durante 35 años y más, desde 1851, período en que vi al Maestro física y personalmente por primera vez, jamás lo negué, ni dudé de Él, ni siquiera en el pensamiento.
De mis labios no ha salido un reproche ni un suspiro contra Él y nunca han entrado en mi cerebro, ni por un instante, bajo las pruebas más duras. Desde el principio sabía lo que me esperaba; ya que se me comunicó y siempre lo he repetido a los demás: tan pronto como uno incursiona a lo largo del Sendero que conduce al Ashram de los Maestros benditos, los últimos y únicos custodios de la Sabiduría y la Verdad primordiales, su Karma, en lugar de distribuirse a lo largo de su vida, se precipita sobre el candidato en masa, aplastándolo con su peso.
Aquél que cree en lo que profesa y en su Maestro, sobrellevará la prueba, saliendo victorioso de ella.
Aquél que duda, el cobarde que teme recibir lo que debe y trata de sustraerse al cumplimiento de la justicia, fracasará. No escapará al Karma para nada, pero perderá sólo eso por lo cual ha arriesgado sus visitas prematuras. Esto es el motivo por el cual lo he sobrellevado todo, a pesar de que el Karma me haya azotado constantemente y sin piedad, usando a mis enemigos como armas inconscientes.
Me he sentido segura de que el Maestro no permitiría que pereciera y que siempre aparecería en la última hora y así lo hizo. Me ha salvado tres veces de la muerte y, la última vez, casi contra mi voluntad. Entonces volví al frío mundo cruel, inducida por el amor hacia Él, quien me enseñó lo que sé y me moldeó en lo que soy.
Por lo tanto: cumplo con su trabajo y voluntad; esto es lo que me ha dado la fuerza leonina para soportar las sacudidas mentales y físicas, una de las cuales hubiera sido suficiente para matar a cualquier teósofo que dudara de la protección poderosa.
Mi único mérito y la causa de mi éxito en Ocultismo, es una devoción inquebrantable hacia Él, quien encarna el deber que se me ha delineado y una creencia en la Sabiduría colectiva, de esa grande y misteriosa, sin embargo real, Hermandad de santos.
Ahora repetiré las palabras del Paragurú, el Maestro de mi Maestro, el cual las envió como mensaje para los que querían hacer de la Sociedad un “club de milagros” en lugar de una Hermandad de Paz, Amor y asistencia mutua: “Mejor perezca la Sociedad Teosófica y sus desgraciados fundadores,” yo agrego que perezcan sus doce años de trabajo y sus vidas, en lugar de ver lo que estoy presenciando hoy: teósofos que eclipsan los “círculos” políticos en su búsqueda por el poder personal y la autoridad; teósofos que critican y difaman los unos a los otros como lo harían dos sectas cristianas rivales; en fin: teósofos que rechazan llevar la vida teosófica y luego critican y denigran a los hombres más nobles y grandiosos, los cuales, vinculados por sus leyes sabias y venerables, basadas en la experiencia de la naturaleza humana que tiene miles de años, no quieren interferir con el Karma ni subordinarse a las veleidades de cualquier teósofo que los invoca, ya sea que lo merezca o no.
Si no se instrumentan, rápidamente, reformas radicales en nuestras Sociedades americanas y europeas, me temo que, en breve, sólo permanecerá un centro de Sociedades Teosóficas y de Teosofía en el mundo entero, es decir: en la India. Hacia este país dirijo todas las bendiciones de mi corazón.
Todo mi amor y aspiraciones pertenecen a mis hermanos amados, los Hijos de la antigua Aryavarta, la Tierra Natal del Maestro.
Path, December, 1886
Ecos de Oriente
Un amplio bosquejo de las doctrinas teosóficas
DEDICADO A
HELENA PETROVNA BLAVATSKY
CON AMOR Y GRATITUD POR EL AUTOR
PALABRAS ANTECEDENTES
El título para estos artículos fue escogido por Miss Kate Field cuando fueron enviados por primera vez para su publicación a su nuevo periódico, “Kate Field’s Washington”, en Enero de 1890, para ella es el crédito por el apropiado nombre. El uso del seudónimo “Occultus” también fue sugerido por Miss Field, pues era la intención que la personalidad del autor fuera secreta hasta que la serie fuera completa.
Las restricciones impuestas al ensayo, debido al carácter del periódico en el que se publicaron, hicieron que muchos detalles no fueran tratados, lo que no hubiese sucedido en un periódico de carácter filosófico o religioso. No se pretende que el tópico de Teosofía, como se entiende en el Oriente haya sido exhaustivamente tratado, pues, creyendo que millones de años han sido dedicados por los sabios quienes son los guardianes de la verdad Teosófica a su investigación, pienso que ningún escritor podría hacer más que repetir algunos de los ecos que llegan a sus oídos.
WILLIAM Q. JUDGE
New York, Septiembre, 1890
I
Lo que parece a la mente occidental ser una muy extraña superstición, prevalece en la India acerca de maravillosas personas que se dice que son de una inmensa edad, y que se mantienen en lugares que no son accesibles a los viajeros ordinarios. Y es tan antigua esa creencia en la India que el nombre aplicado a esos seres es bien conocido en idioma Sánskrito: “Mahatma” un compuesto de dos palabras, Maha, es grande, y atma es alma. La creencia en la existencia de esos personajes no se limita al ignorante sino que es compartido por las castas educadas. Las clases bajas miran a los Mahatmas como dioses, y les atribuyen poderes maravillosos y una edad inmensa. Los pundits, o personas instruídas, y los Hindús educados en general, tienen otra opinión diferente, y dicen que los Mahatmas son hombres o almas que poseen un conocimiento ilimitado de las leyes naturales y de la historia del hombre y de su desarrollo. También pretenden que los Mahatmas o Rishis, como suelen llamarlos, han preservado el conocimiento de todas las leyes naturales por eras, no sólo por tradición entre sus discípulos, sino también por medio de actas escritas en bibliotecas que existen en algún sitio de los muchos templos y corredores suterráneos de la India. Algunos de los creyentes afirman que también hay un acopio de libros y de actas en apartados sitios en esa parte del Tibet que no es conocida a los europeos, y accesible sólo a los Mahatmas y a los Adeptos.
La creencia dada a tal teoría universal está basada en una doctrina antigua de la India de que el hombre es un ser espiritual – en otras palabras, una alma – y por lo cual esta alma toma diferentes cuerpos de vida en vida sobre la tierra para al fin llegar a un conocimiento perfecto a través de repetidas experiencias, que habilita a uno asumir un cuerpo digno de ser la habitación de un Mahatma o alma perfeccionada. Y entonces, dicen, esa alma particular se convierte en un ayudante espiritual para la humanidad. Estos hombres perfeccionados se dice que conocen toda la verdad sobre el génesis de mundos y sistemas solares, así como también sobre la evolución del hombre en este y en otros planetas.
Si tales doctrinas sólo existieran en la India, sería natural no dar al asunto más que esta corta mención Pero cuando se encuentra una gran cantidad de gente en América y en Europa que sostienen las mismas creencias, es muy interesante notar este desarrollo de pensamiento que es tan ajeno al Occidental. La Sociedad Teosófica fue fundada en Nueva York en 1875, con el objeto declarado de formar un núcleo de Fraternidad Universal, y sus fundadores creen que los Mahatmas de la India les dirigieron a fundar esa Sociedad. Desde su principio ha adquirido miembros en todos los países del mundo, incluyendo ricos, pobres y gente de alta cultura. Entre sus filas allí florece la creencia en los Mahatmas de la India y en la Reencarnación y en su doctrina gemela, el Karma. Esta última sostiene que no hay poder, humano o divino, que pueda salvar a uno de las consecuencias de los actos ejecutados, y que en esta vida estamos experimentando el resultado que nos corresponde según los actos y pensamientos de una previa encarnación.
Esto ha sacado una abundante literatura en libros y revistas publicados en los Estados Unidos, Inglaterra, India, y otras partes. Periódicos son publicados en el interés de estas ideas nuevas-antiguas de Hindustan y también en el viejo Ceilán. Hasta el Japón tiene sus publicaciones dedicadas al mismo fin, y al ignorar un movimiento tan extenso sería mostrar una ignorancia de los factores en acción de nuestro desarrollo. Cuando una autoridad tan eminente como el sabio francés, Emile Burnouf, dice que el movimiento Teosófico debe ser contado como una de las tres grandes influencias religiosas en el mundo hoy en día, no hay necesidad de buscar excusa para presentar en detalle sus características a los lectores impregnados con la civilización del Oeste.
II
En mi anterior artículo meramente insinué las dos principales doctrinas promulgadas por la Sociedad Teosófica; es bueno ahora hacer notar el hecho que la Sociedad misma fue organizada en medio de muchas burlas, las cuales a intérvalos se han venido repitiendo desde entonces. Casi de inmediato después de fundada, su presidente, Cornl. H.S. Olcott, quien durante nuestra última guerra (Guerra Civil EE.UU. 1865) fue figura muy familiar en Washington, encontró un nuevo miembro en el Barón Henrry Louis de Palm, quien murió y obligadamente dejó su cuerpo al Coronel para ser cremado. El funeral se efectuó en el Hall Masónico, Nueva York, y atrajo una gran atención. Fue Tesófico en su carácter. El Coronel Olcott presidió, un Espiritualista ofreció una invocación y un Materialista leyó el servicio. Todo esto, desde luego atrajo la sátira de la prensa, pero sirvió a su propósito de ganar alguna atención para la joven Sociedad. Su historia desde entonces ha sido renombrada y es seguro decir que ningún otro cuerpo similar en este siglo ha atraído para sí mismo tanta consideración, despertando tal interés sobre tópicos místico entre la gente, y crecido tan rápidamente entre mofa y en contra de la fiera oposición, en tan corto período de quince años.
Mientras la prensa se ha mofado y los enemigos han conspirado, los trabajadores en la Sociedad han establecido centros en todo el mundo, y están ahora persistentemente ocupados en enviar literatura Teosófica a cada rincón y esquina de los Estados Unidos. Una mirada al mapa Teosófico muestra una línea de Ramas de la Sociedad marcando una faja de este país, que va de la ciudad de Nueva York a la costa del Pacífico; cada extremo de esta faja se extiende, hacia Boston y Nueva Orleans en el Este, y San Francisco y San Diego en el Oeste; mientras en el medio del continente hay otra acumulación de centros. Esto se dice es estricta y místicamente Teosófico, porque en cada extremo de la línea mágica del esfuerzo y en su punto medio hay una acumulación nucléica. Es un hecho que las ramas de la Sociedad en América están aumentando rápidamente alcanzando las primeras cien. Por poco tiempo existió en Washington una rama de la Sociedad llamada Gnóstica, pero nunca se comprometió en el trabajo activo. Después de haber sido inconteniblemente disuelta, y sus miembros se unieron a otras Ramas. Sin embargo ahora hay una Rama en Washington audazmente nominada en honor a la muy alabada y menospreciada Madame H. P. Blavatsky, mientras el mapa Teosófico muestra una acumulación de influencia en Washington que apunta a una rama adicional, y na investigación en los cuarteles oficiales deja al descubierto el hecho que el asunto es ya discutido.
El mapa Teosófico del cual he hablado es una curiosidad, una anomalía en el siglo diecinueve. A pocos meimbros se les permite verlo; pero esos que lo han visto dicen que es un registro del estado actual, día a día, de toda la sección de los Estados Unidos – una especie de mapa atmosférico, con áreas de presión y humedad Teosófica en todas direcciones. Cuando una Rama está bien fundada y en buenas condiciones, el área o superficie sensitiva muestra claridad y firmeza. En ciertos lugares que están en condiciones de formación hay otra apariencia sistemática de un vórtice que muy pronto mostrará una nueva Rama; mientras a donde quiera el principio de desintegración se ha filtrado dentro de una organización existente, allí la anterior señal de claridad se vuelve opaca. Por medio de este mapa esos que dirigen el real crecimiento del movimiento pueden decir cómo éste avanza inteligentemente. Por supuesto todo esto suena ridículo en nuestra época; pero, verdadero o falso, hay muchos Teósofos quienes lo creen. Un orden similar sería deseable en otras ramas de nuestra civilización.
Las grandes teorías de los Teósofos respecto a la evolución, razas humanas, religiones y la civilización en general, así como el estado futuro del hombre y los varios planetas que él habita, merecen nuestra más seria atención; y de eso me propongo hablar en otra ocasión.
III
El primer eco que desde el brillante y misterioso Oriente cual reverbera de estas páginas, da la nota de Fraternidad Universal. Entre los hombres que hoy día tal idea es generalmente aceptada como vaga y utópica, pero a la que uno puede subscribirse sin peligro; con tal que no se lleve al terreno de la práctica, ellos por lo tanto admiten rápidamente, y tan rápidamente anulan la profesión por acción en la dirección opuesta. Porque la civilización moderna, sobretodo en los Estados Unidos, tienden a acentuar y a glorificar al individuo. La declaración tan repetida que todo ciudadano puede aspirar al puesto más elevado en la nación prueba esto y, según los Mahatmas, que guardan la verdad a través de las eras mientras las naciones se desmoronan, una reacción vendrá seguramente y caeremos en las peores formas de anarquía. La única manera de impedir tal calamidad es la práctica sincera de la Fraternidad Universal que hoy sólo se acepta con los labios. Estos seres elevados además dicen que todos los hombres están – como hecho científico y dinámico – unidos, ya sea que ellos lo admitan o no; y que cada nación sufre en el plano moral como físico, de las culpas de otra nación, y recibe beneficios de ellas también aún contra su voluntad. Esto es debido a la existencia de un medio imponderable, y tenue que compenetra el globo entero, y en el cual todos los actos y pensamientos de todos los hombres se sienten y son impresos para ser después reflejados otra vez. Por lo tanto, los Adeptos dicen, los pensamientos, doctrinas y creencias de los hombres tienen mayor importancia, pues los que prevalecen entre la gente baja y mala se reflejan tanto y tan fácilmente sobre la tierra como los que emanan de personas cultas y de buenos sentimientos.
Esta es una aserción importantísima y verdadera pues, ayudados por recientes descubrimientos científicos en cuanto al hipnotismo, al instante podemos ver el inmenso poder hipnotizante de ese espejismo. Y éste como medio tenue – llamado en el Oriente “Akasa”, y por los filósofos medievales la “Luz Astral” – está enteramente fuera de nuestro control, estamos a la merced de la influencia de esas imágenes impresas allí y reflejadas sobre nosotros.
Si a esto se añade la prodigiosamente interesante doctrina de la Reencarnación, acordándonos que las imágenes de la Luz Astral persisten por muchos siglos, veremos cómo es que al volver a la vida-terrestre, somos afectados para bien o para mal, por las doctrinas y las aspiraciones de precedentes naciones y gente. Retornando ahora, por ejemplo, estamos influenciados, sin apercibirnos de ello, por las impresiones hechas en la Luz Astral en el tiempo cuando los Indios, los conquistadores Españoles y los rigurosos Puritanos vivían sobre la tierra. Las palabras del inmortal Shakespeare –
El mal que hacen los hombres vive después de ellos;
Y lo bueno es a menudo enterrado con sus huesos,
se explican admirablemente según esta doctrina; pues, los actos y pensamientos malos son más materiales y por lo tanto más firmemente implantados en la Luz Astral, mientras los buenos, siendo espirituales fácilmente se desvanecen, de modo que en realidad estamos a la merced del mal ya ejecutado. Y los Adeptos afirman que Shakespeare fue, inconscientemente a él, inspirado por uno de ellos. Volveré a referirme otra vez de este asunto más adelante. El plan de evolución explicado por estos seres y por sus discípulos es tan vasto, tan profundo y tan trascendental que confunde la mente ordinaria. Comprende períodos grandes de años entre los trillones y cuatrillones. Alega que el hombre ha vivido sobre esta tierra muchos millones de años más de los que la ciencia moderna se atreve a admitir. No se limita a los estrechos conceptos de la cronología bíblica ni se sorprende por la magnífica era de civilizaciones que ya han desaparecido hace muchísimo tiempo. Los guardianes de esta doctrina dicen que ellos y sus predecesores vivieron en esos tiempos antiguos, y que han preservado no sólo la memoria sino también los anales completos. Estos manuscritos, además no sólo están en papel indestructible y hojas de palma sino grabados en rocas indestructibles. Ellos señalan ciertas ruinas, como las estatuas colosales de veinte y siete pies de alto encontradas en la isla de Pascua; a hileras de estatuas gigantescas en Asia, que en sus variados tamaños indican la disminución gradual de la estatura humana, que se mantuvo a paso con otras degeneraciones; y además, dicen que poseen hoy en el Oriente inmensas y bien guardadas colecciones de anales de todos géneros. No sólo se dice que estos anales se relacionan con la historia física del hombre, sino también a su evolución astral y espiritual.
Antes de cerrar este capítulo sólo puedo indicar una de sus doctrinas básicas en el plan de la evolución. Esto es que la evolución de la forma astral interna, del hombre sucedió primero y continuó por un número inmenso de años antes que su estructura física fuera construida a su alrededor. Esta y otras partes de la doctrina son de gran importancia y nos ayudarán mucho a comprender los problemas de la historia de la raza humana, tanto en la ya conocida como en la que aún descansa en conjeturas.
IV
Los anales cuales yo me referí en el capítulo anterior, compilados por los Adeptos y conservados hoy por sus sucesores y representantes actuales – Adeptos también – se relacionan no sólo con el nacimiento de los planetas en este sistema solar, sino también con la evolución y el desarrollo del hombre, a través de los diferentes reinos de la naturaleza, hasta llegar a la condición más perfecta que se puede imaginar. La evolución del ser humano incluye no sólo el génesis de su cuerpo mortal sino también la historia del ser interno, quienes ellos están acostumbrados a llamar el hombre verdadero.
Esto, entonces, nos trae a una explicación muy interesante propuesta para la Religión Sabiduría, que propone aclarar no sólo lo que concierne a las emociones y facultades mentales del hombre sino también lo que se refiere a su estado pre-natal y después de la muerte; ambas son del más alto interés e importancia. Preguntas tales como, “¿Cuál será mi condición después de la muerte?” perturban y confunden las mentes de todos los hombres, sean cultos o ignorantes. Sacerdotes y pensadores han formulado, de tiempo en tiempo, teorías más o menos absurdas sobre esas condiciones prenatales y póstumas, mientras que la Ciencia moderna se ríe y se burla de la idea de investigar tales cuestiones. Los teólogos ofrecen explicaciones que únicamente se refieren a lo que sucederá después de muertos, dejando enteramente a obscuras y sin respuesta alguna pregunta tan natural, ¿Qué éramos nosotros antes de nacer aquí? Así es que siguiéndolos en su propio terreno, se colocan en una posición muy lógica, porque, una vez que se ha postulado la inmortalidad del alma – el verdadero hombre – ellos no pueden negar la inmortalidad en ambas direcciones. Si el hombre es inmortal, esa inmortalidad nunca pudo haber tenido un principio, de otro modo tendría un fín. De allí su única escapatoria del dilema es decir que cada alma es una creación especial. Pero esta doctrina de creación especial para cada alma que nace en la tierra, no es tratada o explicada por los sacerdotes, tanto que prefieren dejarla discretamente en la oscuridad.
Por otra parte la Religión Sabiduría, es siempre lógica y consistente desde el principio hasta el fin. Declara que el hombre es un ser espiritual, y no permite vaguedades ni intervalos en el curso de su inmortalidad. El Ego de cada hombre es inmortal; “siempre ha existido, siempre existirá, y nunca podrá dejar de ser existente”; apareciendo y reapareciendo una y otra vez, vestido en cuerpos distintos cada vez, éste sólo parece ser mortal; pero, éste siempre es la base y el soporte para la personalidad actuando sobre el escenario de la vida. Y durante estas apariciones como ser mortal, las cuestiones indecisas de que hemos hablado – respecto a su estado prenatal y póstumo – son de interés vital, porque el saber, o el ignorar la verdad concerniente a esto, influye poderosamente en la manera de pensar y de actuar mientras está presente, como actor, en la escena de la vida, y es necesario para el saber a fin de que él pueda así vivir y así ayudar en el gran avance de la ola evolucionaria.
Ahora los Adeptos por edades se han dedicado al experimento científico y la investigación sobre esto. Videntes ellos de la orden más elevada, no sólo han tomado nota de sus propias experiencias más allá del velo de la materia, en ambos lados del velo, sino que han coleccionado, comparado, analizado y preservado los reportes de experiencias semejantes obtenidas por cientos de miles de videntes menores, que son sus propios discípulos; y este procedimiento se continúa desde tiempo inmemorial. Ríase la Ciencia todo lo que quiera, los Adeptos son los únicos científicos verdaderos, porque ellos consideran todas las fases de la cuestión, mientras que la Ciencia es limitada por su poder cerebral, por las circunstancias, por la imperfección de los instrumentos y la inhabilidad total de percibir nada más profundo que los meros fenómenos presentados por la materia. Los anales de las visiones y experiencias de los grandes y menores videntes, de todas las edades, existen hoy en día. De esa masa inmensa nada ha sido aceptado a menos de ser corroborado y verificado por millones de observaciones independientes, y, por lo tanto, los Adeptos están en la posición de aquellos quienes poseen un conocimiento verdadero, experimental de lo que precede al nacimiento del Ego en forma humana, y de lo que sucede cuando el “rollo mortal” es descartado.
Esta anotación de experiencias aún continúa todavía; la infinidad de los cambios de la Naturaleza en su evolución no permite parada, ni “última palabra”, ni conclusiones finales. Al girar alrededor del sol la tierra no sólo pasa por lugares nuevos en su órbita, sino que, arrastrada por el sol alrededor de la órbita mayor, implica millones de millones de años, y forzosamente en ese círculo más grande entra en nuevos campos del espacio y condiciones nunca vista. De aquí que los Adeptos van más allá aún y dicen que, así como la materia presenta hoy fenómenos deferentes de las que presentaba hace un millón de años, así la materia presentará en otro millón de años, otros fenómenos todavía más distintos. En verdad, si pudiéramos ver a nuestro globo como era en el tiempo remoto del pasado, contemplaríamos condiciones y fenómenos en el mundo material tan diferentes de las que hoy nos rodean, que nos sería casi imposible creer que hubiéramos podido existir en aquel estado. Y los cambios hacia las condiciones que prevalecen en un punto igual de remoto en avance de nosotros, en tiempo, y cual no será menos que los que ya han ocurrido, están en progreso hoy. Nada en el mundo material permanece inmutable o en sus condiciones, ni siquiera por una fracción infinitamente pequeña de tiempo. Todo lo que es, está por siempre en proceso de llegar a ser otra cosa. Esto no es simple trascendentalismo sino una doctrina antiquísima llamada, en el Oriente, “la doctrina de un constante y eterno cambio de átomos de un estado a otro.”
V
La doctrina antigua del constante, eterno cambio de cada átomo de un estado a otro, está fundada, o mejor dicho se deduce, de otra que postula que no hay tal cosa como materia muerta. En cualquier punto concebible del universo hay vida; no hay un solo punto que pueda llamarse muerto; y cada vida está eternamente moviéndose y progresando hacia la evolución superior. Para admitir esto, tenemos que conceder que la materia nunca es percibida con la vista ni con ningún instrumento. Lo que nuestros sentidos perciben son los fenómenos de la materia, y de aquí, dicen los sabios, lo que llamamos “materia” no es más que una ilusión. Ni siquiera el protoplasma de las escuelas puede decirse que es la materia original; esto es simplemente otro de los fenómenos. Esta materia prima u original es llamada por Paracelso y otros materia primordial, lo más cerca de lo que en la escuela Oriental es llamado en Sánskrito mulaprakriti. Exta es la raíz de la materia, invisible, que no se puede pesar, ni medir con ningún instrumento de invención humana. Y, sin embargo, es la única real materia fundamental de todos los fenómenos a lo que erróneamente llamamos materia. Pero nada de todo esto está muerto sino lleno de las vidas que nos referimos antes.
Ahora, teniendo esto en mente, consideremos, el vasto sistema solar, vasto sin duda, sólo cuando no se le compara con la inmensa agregación de estrellas, y planetas que nos rodean. El gran año sideral que el sol cubre pasando a través de los doce signos del zodíaco comprende más de 25,000 años mortales, de 365 días cada uno. Al mismo tiempo que recorre este inmenso circuito, el sol arrastra consigo todo el sistema planetario suyo a través de su enorme órbita propia, y podemos imaginar – sin observaciones precisas – que en esos 25,000 años de viaje alrededor del zodíaco, el sistema solar como unidad colectiva ha avanzado en la órbita propia del sol sólo una pequeña distancia. Pero después que millones de años hayan pasado en estos progresos, el sol debe traer su comitiva de planetas a un espacio estelar donde nunca han estado antes; allí otras condiciones y combinaciones materiales pueden existir, condiciones y estados de los cuales nuestros científicos nunca lo han sabido, de los cuales ni un sólo fenómeno ha sido registrado; y las diferencias entre las condiciones planetarias de entonces y ahora serán tan grandes que no habrá comparación posible.
Esta es una rama de la ley cíclica con cual los Sabios del Oriente son perfectamente familiar. Ellos han investigado, registrado sus observaciones y las han conservado. Habiendo observado las vidas innumerables, durante ciclos sobre ciclos pasados, y ver su modo de ser bajo diferentes condiciones en otros espacios estelares dejados atrás hace muchísimo tiempo, ellos tienen una base en que fundar sus conclusiones sobre cuál será el estado de las cosas en las edades venideras.
Esto nos trae a una interesante teoría ofrecida por la Teosofía con respecto a la vida misma manifestada por el ser humano, su muerte y sueño. Relacionado también a lo que es el llamado generalmente “fatiga”. La explicación común para el fenómeno del sueño es que el cuerpo se fatiga, pierde más y más su vitalidad y después busca reposo. Esto dice la Teosofía, es lo opuesto a la verdad, porque, en lugar de haber perdido algo de su vitalidad, el cuerpo, al fín del día, tiene más vida que al despertar. Durante la vigilia las olas-vitales entran precipitadamente al cuerpo con mayor intensidad de hora en hora; y nosotros no pudiendo resistirlas más allá del período usual, ellas nos vencen y nos dormimos. Mientras dormimos, la ola vital se acomoda a las moléculas del cuerpo; y cuando el equilibrio está completo nos despertamos otra vez a continuar la contienda con la vida. si no ocurriese este ajuste periódico, la corriente vital nos destruiría. Todo desarreglo del cuerpo que entorpece este ajuste es una causa de insomnio, y tal vez muerte. Finalmente, la muerte del cuerpo resulta de la desigualdad del debate con la fuerza vital; que al fin nos domina, y estamos forzados a sucumbir en la tumba. Enfermedades, la propiedad común de la raza humana, sólo reduce el poder del cuerpo a ajustar y de resistir. Los niños, dicen los Adeptos, duermen más que los adultos, y necesitan más descanso, porque la máquina corpórea, siendo joven y más tierna, se rinde más fácilmente al influjo vital y se adormece.
Claro, en este corto artículo no puedo elaborar esta teoría; pero, el hecho es que aunque no aceptable a la Ciencia, lo será un día aceptado como verdad. Como que ya se empieza a pensar que la electricidad lo penetra todo, aunque tal vez muy pronto estaremos de acuerdo que la vida es universal aún en lo que estamos acostumbrados llamar materia muerta.
Y como, que, está claro a cualquier observador inteligente que parece haber allí más o menos inteligencia en las operaciones de esta energía vital, nosotros naturalmente nos acercamos a otra interesante doctrina teosófica que trata de seres y jerarquías dirigiendo esta energía.
VI
Mientras estudiando estas ideas de la antigüedad, bien podemos prepararnos a verlas chocar con muchas opiniones aceptadas de hace mucho tiempo. Pero como la Ciencia tiene muy poco que ofrecer más que conjeturas cuando trata de resolver los grandes problemas del génesis y cosmogonía, y, en el acto de negar viejos dogmas, casi siempre empieza con la hipótesis, el Teósofo puede sentirse afianzado. En cuestiones importantes, como el calor del sol o la historia de la luna no hay un acuerdo entre los científicos o astrónomos. Newton, Pouillet, Sollner, Secchi, Fizeau, Waterson, Rosetti, y otros, todos difieren acerca del sol, la divergencia entre sus cálculos sobre el calor siendo tan alta como 8,998,600 grados. Si encontramos que los Adeptos aseguran que la luna no es una masa que la tierra arrojó al enfriarse, sino, que, al contrario es el progenitor de este globo, poco pueden importarnos las burlas de una Ciencia que es tan incierta y tan poco segura en muchas cosas como es afirmativa.
Si yo sólo tuviera que tratar con los eruditos de las escuelas que se atienen en la última expresión dicha por los líderes de la Ciencia, yo jamás debiera intentar la labor en hablar de seres y jerarquías que guían las vidas del cual escribí anteriormente. Mi pluma se caería de una mano paralizada por las negaciones. Pero las creencias espirituales de la gente sencilla estarán aún en boga cuando el materialista intelectual habrá desaparecido. El gran Immanuel Kant dijo: “Yo confieso que estoy muy dispuesto a afirmar la existencia de seres inmateriales en el mundo, e incluir mi propia alma en la clase de esos seres. Más tarde yo no sé dónde ni cuándo, pero aún así se probará que el alma humana se mantiene, aún durante esta vida, en conexión indisoluble con todas las clases inmateriales del mundo espiritual, que recíprocamente actúa sobre todo esto, y recibe impresiones de ellas.” Y así la mayoría de los hombres piensan así también.
Que hay jerarquías que gobiernan el universo no es idea nueva. Esto fácilmente se puede encontrar hoy en la Iglesia Cristiana. Los padres primitivos de la iglesia lo enseñaban, San Pablo habló de ello, y la Iglesia Católica Romana lo expresa claramente en el Libro de Ritual de los Espíritus de las Estrellas. Los cuatro arcángeles que guardaban los cuatro puntos cardinales representan grupos de los regentes en el sistema antiguo, o los jefes de cada grupo. En ese sistema los gobernantes son llamados Dhyan Chohans. Aunque la filosofía Teosófica no postula un Dios personal, ya sea extra o intracósmico, no puede admitir que la Naturaleza trabaje sin guía, y asegura que los Dhyan Chohans le ayudan, y están constantemente ocupados en dirigir esa vida que todo lo penetra en su movimiento evolucionario. Mme. Blavatsky, hablando sobre este asunto en su Doctrina Secreta, cita del antiguo Libro de Dzyan lo siguiente:
“Un ejército de los Hijos de la Luz permanece en cada esquina, los Lipika en la rueda central.”
Las cuatro esquinas son los cuatro puntos cardinales y la “rueda central” es el centro del espacio; y ese centro es cualquier punto donde se focalice la conciencia reconocedora. y la misma autora usando del Catecismo del Discípulo, describe:
“¿Qué es lo que siempre es? Es Espacio, Anupadaka. ¿Qué es lo que siempre fue? El Gérmen en la Raíz. ¿Qué es lo que siempre va y viene? El Gran Soplo. ¿Entonces hay tres eternos? No, los tres son uno; aquello que está siempre siendo y volviendo a ser también es uno; y esto es el espacio.”
En ese espacio eterno sin progenitores está la rueda en el centro donde los Lipika están, de los cuales no puedo hablar; en los cuatro ángulos están los Dhyan Chohans, y ejecutando su voluntad entre los hombres en esta tierra están los Adeptos – Los Mahatmas. La harmonía de las esferas es la voz de la Ley, y esa voz es obedecida por los Dhyans Chohans, y los Mahatmas – por parte de ellos con complacencia, porque ellos son la ley; por parte de los hombres y las demás criaturas porque ellos están atados por los lazos adamantinos de la ley cual ellos no la comprenden.
Cuando yo dije que nada podía hablarse sobre los Lipika, lo hablé en serio, por su naturaleza misteriosa y sus poderes incomprensibles, no es posible saber lo bastante para expresarse con seguridad y buen sentido. Pero de los Dhyan Chohans y los Adeptos algo podemos saber, y a menudo tenemos evidencias casi tangibles de su existencia. Porque los Adeptos son hombres vivos, usando cuerpos semejantes a los nuestros; ellos se hallan repartidos por toda la Tierra y en todas las naciones; ellos se conocen unos a otros, pero no de acuerdo a meras formas y signos Masónicos de reconocimiento, a no ser que llamamos natural, físicos y astrales signos Masónicos. Ellos tienen épocas cuando se reúnen y son presididos por alguno de entre ellos que está más avanzado en el conocimiento y poderes que los demás; y estos Adeptos superiores a su vez tienen sus concilios, en los cuales ese Uno que preside es el más elevado; de estos últimos empieza la comunicación con los Dhyan Chohans. Todos en sus varios grados ejecutan el trabajo que corresponde a su grado, y aunque sólo el más Elevado puede atribuirse que tiene poder para gobernar y guiar la naturaleza y la humanidad, sin embargo el más mínimo ocupa un lugar importante en todo el esquema. Los francmasones y los numerosos pseudo-rosacruces del día no aceptarán unánimemente esta idea, porque estos Adeptos no se han sometido a sus rituales; pero siempre ha habido una extensa – y, con permiso diremos – creencia en esos seres y jerarquías, lo cual no es difícil de discernir o de probar.
VII
Un viejo argumento a favor de la existencia de un Dios extra-cósmico o personal, es el que una verdadera inteligencia parece penetrar la naturaleza, de donde es sacada la conclusión de que hay un ser que es el director inteligente. Pero la Teosofía no admite tal Dios, porque no es ni necesario ni posible. Hay demasiadas evidencias de severidad implacable en las operaciones de la naturaleza para que podamos acariciar por mucho tiempo la noción de un Dios personal. Vemos tempestades con su furor destrozar lo bueno con lo malo junto; terremotos que no respetan edad, rango ni sexo; y que donde quiera una ley natural tenga que actuar lo hará indiferente al dolor humano o desesperación.
La Religión Sabiduría al postular jerarquías como las anteriormente nombradas, no perfila por eso un Dios personal. La diferencia entre el Dios personal – un Jehovah por ejemplo – y los Lipika con las huestes de Dhyan Chohans, es muy grande. La ley y el orden, buen sentido, decencia y el progreso son todos subordinados a Jehovah, a veces desapareciendo del todo bajo su benéfico gobierno; mientras que en la Religión Sabiduría los Dhyan Chohans, sólo pueden seguir las leyes inmutables eternamente trazadas en la Mente Universal, y esto ellos lo hacen inteligentemente, porque en realidad ellos son hombres que llegan a ser dioses. Como estas leyes eternas son trascendentales, y la Naturaleza de por sí es ciega, las jerarquías – las huestes de los ángulos – tienen que guiar el progreso evolucionario de la materia.
En orden de comprender la doctrina mejor, vamos a tomar un período de manifestación tal como el que actualmente estamos. Esto empezó hace millones de millones de años, subsiguiente a un vasto período de oscuridad o invernación. En el sistema Cristiano es llamado Caos. Y anterior a ese período de sueño hubo eternamente otros períodos de actividad o manifestación. Ahora, en esos períodos precedentes de energía y acción el mismo progreso evolucionario continuó, del cual surgieron grandes seres-hombres perfeccionados y llegaron a ser lo que para nosotros son dioses, que han auxiliado en un sin número de evoluciones en el eterno pasado. Estos vienen a ser los Dhyan Chohans y tomaron parte en todas las evoluciones subsiguientes. Tal es el objetivo grandioso que debe esforzarse cada alma humana. Ante todo esto las mezquinas e imposibles recompensas del cielo Cristiano se vuelven escoria.
No se debe cometer el error de limitar esos grandes períodos evolucionarios y de los seres que se ha hablado a nuestra tierra miserable. Nosotros sólo estamos en la cadena [terrestre]. Hay otros sistemas, otros espacios donde la energía, el poder y el saber son ejercitados. En la misteriosa Vía Láctea hay regiones inmensas en tamaño y de incomprensible distancia, donde hay lugar para muchos sistemas como el nuestro; y mientras nosotros observamos las constelaciones de estrellas, hay algún punto entre ellas donde la inmensa noche de la muerte se esparce sin remordimientos sobre lo que fue en su tiempo un sistema maravilloso.
Ahora estos seres, como están bajo el dominio de la Ley tal vez parecen implacables en ciertas ocasiones. Circunstancias hay en que al juicio mortal parece ser sabio o justo el salvar una ciudad de la destrucción, o una nación de la decadencia, o a una raza de la extinción total. Pero si tal destino es el resultado natural de acciones cometidas o si es un paso necesario en el barrido cíclico, no puede ser evitado. Como uno de los Maestros de ésta noble ciencia ha escrito:
“Nosotros no hemos nunca pretendido ser capaces de atraer las naciones en masa a esta o aquella crisis a pesar de la tendencia general de las relaciones cósmicas del mundo. Los ciclos tienen que recorrer sus rondas. Períodos de luz y de obscuridad mental y moral le siguen uno al otro como el día lo hace a la noche. Las yugas mayores y menores tienen que estar consumadas según el orden establecido de las cosas. Y nosotros conllevados en la marea poderosa, sólo podemos modificar y dirigir algunas de sus corrientes menores. Si tuviéramos las facultades imaginarias del Dios personal, y si las leyes inmutables fueran juguetes para divertirnos, entonces sí que hubiéramos podido crear condiciones que hubieran podido transformar la tierra en una Arcadia para las almas elevadas.”
Y lo mismo en casos individuales – aún entre aquellos que están en relaciones directas con algún Adepto – la ley no puede ser violada. Karma exige que tal y cual cosa debe sucederle al individuo, y que el Dios más grande o el más pequeñito de los Adeptos no pueden levantar un dedo para impedirlo. Una nación puede haber acumulado contra sí misma como nación una vasta cantidad de Karma adversa. Su destino es seguro, aún cuando existan en ella algunas nobles unidades, grandes almas aunque son Adeptos ellos mismos, nada pueden hacer para salvarla, y se “extinguirá como una antorcha que se cae al agua.”
Tal fue el fin del Egipto antiguo, cuya gloria primitiva ningún hombre de hoy día ni siquiera sospecha. Aún cuando a nosotros se nos muestra como un sol radiante ya alto, pero en realidad tuvo su período de crecimiento, cuando grandes Adeptos ocuparon el trono y guiaron al pueblo. Gradualmente llegó a un alto grado de poder y entonces su gente creció material; los Adeptos se retiraron; falsos Adeptos ocuparon su lugar y gradualmente se obscureció su gloria hasta que por último la luz de Egipto cayó en las tinieblas. La misma historia se repitió en Caldea y en Asiria y también sobre la faz de nuestra propia América. Aquí una gran, y gloriosa civilización una vez floreció, sólo para desaparecer como las otras; y que un gran desarrollo de civilización está empezando aquí otra vez es una de las operaciones de la justa y perfecta ley del Karma para el Teósofo, pero es una de las misteriosas operaciones de una providencia irresponsable para aquellos que creen en un Dios personal quien dio la tierra de los hombres al buen Cristiano. El desarrollo de la nación Americana tiene una misteriosa pero potente conexión con el maravilloso pasado de los Atlantes, y es una de esas historias contornada en el libro del destino por los Lipika a lo que me referí la semana pasada.
VIII
Entre los Adeptos, el engrandecimiento y la decadencia de naciones y de las civilizaciones son temas que son estudiados bajo los grandes movimientos cíclicos. Ellos dicen que hay una conexión indisoluble entre el hombre y todo evento que toma lugar sobre este globo, no sólo los cambios ordinarios en la política y la vida social, sino también todo lo que acontece en los reinos mineral, vegetal, y animal. Los cambios en las estaciones son para el hombre y por el hombre; los grandes alzamientos de continentes, los movimientos de inmensos glaciares, las tremendas erupciones de volcanes, o las rápidas inundaciones de grandes ríos, todo acontece para y por el hombre, así él esté consciente de ello o no, o esté presente o ausente. Y ellos nos dicen de los grandes cambios en la inclinación del eje de la tierra, pasado y por venir, todo debido al hombre.
Esta doctrina es incomprensible para la mente Occidental del siglo diecinueve, porque está oculta de la observación, es opuesta por tradición, y la educación la contradice. Pero los Teósofos que han pasado más allá de las escenas elementarias saben sin embargo que es la verdad. “¿Qué”, dice el admirador de la Ciencia, “tiene el hombre que ver con el terremoto de Charleston, o con las lluvias de polvo cósmico que invaden nuestra atmósfera? Nada.”
Pero el Adepto, parándose sobre la altura inmensurable donde siglos yacen bajo su mirada, ve los grandes y los pequeños ciclos desenvolviéndose progresivamente, influenciados por el hombre y produciendo sus cambios para castigo, premio, experiencia y desarrollo.
No es necesario en este momento tratar de explicar de que manera el pensamiento y las acciones de los hombres producen cambios en las cosas materiales; que yo formulo por el momento esto como simple aserción que más tarde aclararemos.
El gran tema de los ciclos ha sido tratado ligeramente y nos trae a la memoria una declaración fascinadora hecha por los Adeptos Teosóficos. Es esto, que los ciclos en su movimiento están trayendo ahora a la superficie, en los Estados Unidos y en toda América, no sólo una gloriosa civilización que fue olvidada hace más de once mil años, sino también los mismos hombres, las monadas – los egos, como ellos les llaman – quienes se ocuparon por muchas edades desarrollando y dándole su esplendor final. En realidad, nosotros de este siglo diecinueve, oyendo de nuevos descubrimientos y de invenciones diariamente, y soñando de grandes progresos en todas las artes y ciencias, somos los mismos individuos que habitaron cuerpos entre los poderosos y brillantes, como también los perversos, Atlantes, cuyo nombre es por siempre hecho inmortal en el Océano Atlántico. Los Europeos también son egos Atlantes; pero la flor, por decir así, de este renacimiento o resurrección, es y será en el continente Americano. Yo no diré los Estados Unidos, porque tal vez, cuando el sol de nuesta grandeza se haya levantado otra vez, es posible que no existan los Estados Unidos para que se levante.
Naturalmente, en orden a ser capaz de aceptar en cualquier grado esta teoría, es esencial que uno debiera creer en las doctrinas Teosóficas gemelas del Karma y de la Reencarnación. Para mí la cosa está clara. Yo casi puedo ver a los Atlantes en esos ciudadanos de América, adormecidos, y no muy bien enterados de quienes son, pero aún llenos de las ideas grandiosas de los atlantes, las que no pueden lograr una expresión completa y clara porque la herencia física y el ambiente mental paralizan y amarran al potente hombre interno. Esto es otra vez Karma-Némesis que nos castiga así por medio de penosas ambiciones. Esto es porque, cuando estuvimos en cuerpos Atlantes, ejecutamos perversamente, no las meras sórdidas malvadas cosas de hoy en día, sino acciones trascendentes de perversidad, tales como San Pablo atribuye a seres espirituales desconocidos en altas esferas. Nosotros degradamos las cosas espirituales y le dimos la vuelta a los grandes poderes sobre la naturaleza para los usos más bajos; hicimos excelsis, lo que ahora es insinuado en la glorificación de la riqueza, las cosas materiales, del individuo sobre lo espiritual y por encima del gran Hombre-la Humanidad. Esto tiene ahora su compensación en nuestra inhabilidad presente de obtener lo que deseamos o remover de entre nosotros el engranaje triturador de la pobreza. Nosotros somos, aún todavía, sólo preparadores, por mucho que podamos glorificar nuestro progreso Americano evidentemente crudo.
He aquí condensado el significado de este ciclo. Esto es un ciclo preparatorio con mucha destrucción necesaria; porque, antes de una construcción tiene que haber algo de desintegración. Aquí en América estamos preparando una nueva raza que exhibirá la perfección de las glorias que yo dije que eran poco a poco sacadas a la superficie del ya olvidado y remoto pasado. Por eso las Américas aparecen hoy en un estado de fermentación perpetua. Es el hervor y agitación de las razas viejas refinándose en el crisol y surgiendo gradualmente el material para la nueva raza. Aquí, y en ninguna otra parte, se encuentran hombres y mujeres de todas las razas viviendo juntos, gobernándose juntos, atacando juntos la naturaleza y los problemas de la vida, y trayendo niños que son mezcla de dos razas. Este procedimiento continuará hasta que en el curso de muchas generaciones se habrán producido en los continentes Americanos enteramente una raza nueva; con cuerpos nuevos, nuevas formas de intelecto; nuevos poderes de la mente; facultades psíquicas curiosas y nunca antes conocidas, como otros poderes físicos también extraordinarios; nuevos sentidos y desarrollos imprevistos de los que ahora tenemos. Cuando este nuevo tipo de cuerpo y mente sean generados – entonces otras monadas, o las nuestras otra vez, las animarán y pintarán en el panorama del tiempo las imágenes de hace 100,000 años.
IX
Al discutir sobre estas doctrinas, es preciso a veces, extender el sentido y la significación de muchas palabras. La palabra “raza” es una de ellas. En el plan Teosófico, delineado por los sabios del Oriente, se mencionan siete grandes razas. Cada una de ellas incluye todas las diferentes llamadas razas de nuestra moderna etnología. De aquí la necesidad de tener siete grandes raza-raíces, sub-razas, y éstas se dividen en grupos de razas-familias; todas, sin embargo, se incluyen en la gran raza-raíz que se encuentra en vía de desarrollo.
La aparición de estas grandes raza-raíces son siempre justo cuando el desarrollo del mundo lo permite. Cuando el globo estaba formándose, la primera raza-raíz era más o menos etérea y no tenía cuerpos como los que hoy habitamos. Las condiciones cósmicas se hicieron más densa y la segunda raza apareció, pronto después desapareció totalmente la primera. Entonces la tercera vino a la escena, después de un inmenso lapso de tiempo, durante el cual la segunda raza-raíz había estado desarrollando los cuerpos necesarios para la tercera. Al advenimiento de la cuarta raza-raíz, se dice que la presente forma humana fue producida, aunque gigantesca y en algunos puntos, diferentes de las nuestras. Es a partir de este momento – la cuarta raza – que el sistema Teosófico empieza a hablar del hombre como tal.
El libro antiguo que Mme. Blavatsky cita lo menciona así:
“De este modo, de dos en dos, en las siete zonas, la tercera raza dio nacimiento a la cuarta”; y,
“En cada zona, la primera raza fue color de luna; la segunda, amarilla, como el oro; la tercera, roja; la cuarta, parda, que se ennegreció con el pecado.”
Topinard, en su Antropología, da apoyo a esto, cuando él dice que hay tres colores fundamentales en el organismo humano – rojo, amarillo y negro. La raza parda que se volvió negra a fuerza de pecar, se refiere a los Atlantes raza de brujos del cual ya he hablado; sus terribles perversas prácticas, ambas mentales y físicas produjo un cambio en el color de la piel.
La evolución de estas siete grandes razas ocupa muchos millones de años, y no se debe de olvidar que cuando una raza llega a su completo desarrollo la precedente raza desaparece, porque las monadas que la habitaban se han reencarnado gradualmente en los cuerpos de la nueva raza. La presente raza-raiz a la cual pertenecemos, sea cualquiera la sub-raza a la familia en que estamos, es la quinta. Se hizo una raza distinta, separada y completamente definida hace como un millón de años, y tiene aún muchos más años que servir antes que la sexta haga su entrada. Esta quinta raza también incluye a todas las naciones en Europa, que forman una raza-familia y no deben separarse una de la otra.
Ahora bien, el procedimiento de fomar la base, o la gran columna vertebral para esa raza que ha de iniciar la sexta, y que he dicho se está formando ahora en América, es para nosotros un proceso lento. Obligados por nuestra inhabilidad a juzgar o contar excepto por relatividad, la unión gradual de las naciones y la fusión de sus hijos una y otra vez para procrear algo nuevo en la línea humana, es tan gradual que parece casi sin progreso. Pero este cambio y esta evolución marchan sin cesar, y un observador cuidadoso puede ver evidencias de esto. Un hecho que merece atención. Esta es la facultad inventiva exhibida por los Americanos. Nuestros científicos no le darán mucho peso, pero el ocultista ve en ello una evidencia de que los cerebros de estos inventores están más abiertos a las influencias y las imágenes del mundo astral que los de las naciones viejas. Reportes que han sido traídos a mí por personas competentes de niños que fueron nacidos con las más anormales facultades de lenguaje, memoria, y otras, y en algunos casos yo mismo lo he visto. Todas estas cosas suceden en América y muchas de ellas en el Oeste. Hay más nerviosidad aquí que en las viejas naciones. Esto es explicado por el torbellino y la rapidez de nuestra civilización; pero eso es una explicación que nada explica, porque siempre queda la pregunta, “¿Por qué hay tal rapidez, tanto empuje, tantos cambios en los Estados Unidos?” Esos argumentos ordinarios van en círculo, ya que dejan fuera de vista la razón fundamental, tan familiar a los Teósofos, que ésta es la evolución humana que se está efectuando delante de nuestros ojos de acuerdo con las leyes cíclicas.
Los Adeptos Teosóficos creen en la evolución, pero no en la que se complace en darnos un mono como nuestro antepasado. Su gran y comprensible sistema es completamente capaz de dar cuenta por los rudimentarios músculos y órganos que se hallan completos sólo en el reino animal, sin tener que llamar a un mono pithecoide nuestro padre, porque ellos demuestran el procedimiento gradual de la edificación del templo para el uso del Ego divino, proce-diendo sin cesar, y en silencio, a través de eras sobre eras, serpenteando a través de todas las formas de todos los reinos en la naturaleza desde el mineral hasta el más elevado. Esta es la verdadera explicación del dicho antiguo, judaico y masónico, que el templo del Señor no está hecho con las manos y que no se oye el ruido del trabajo en ello.
X
Es bueno ahora decir, más definitivamente que yo tenga aún, unas palabras acerca de las dos clases de seres, una de las cuales mucho se ha dicho en la literatura Teosófica, y también por esos de afuera que escriben del asunto ya sea en seriedad o en ridículo. Estas dos clases de excelsos personajes son los Mahatmas y los Nirmanakayas.
Con respecto a los Mahatmas muchas nociones erróneas se han circulado, no sólo por el público sino también por Teósofos en todas partes del mundo.
En los primeros días de la Sociedad Teosófica el término Mahatma no se usaba aquí, pero el título entonces era “Hermanos”. Esto se refería al hecho de que ellos eran un grupo de hombres que pertenecían a una hermandad del Oriente. Los más maravillosos poderes y, a veces los motivos más extraordinarios eran atribuidos a ellos por esos que creían en su existencia.
Podían transportarse a cualquier parte del mundo en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de la gran distancia que la India está de aquí ellos podían precipitar cartas a sus amigos y discípulos en Nueva York. Muchos pensaron que esto podía hacerse sólo por entretenimiento; otros veían esto como que eran pruebas para los fieles, mientras aún otros a menudo suponían que los Mahatmas hacían esto por el puro amor de ejercer sus poderes. Los Espiritualistas, algunos de los cuales creían que Mme. Blavatsky en verdad hizo las maravillosas cosas que se contaban de ella, decían que era sólo un médium, puro y simple y que los Hermanos eran los finados de las sesiones ordinarias. Mientras tanto la prensa en general se reía, y Mme. Blavatsky y sus amigos Teósofos continuaban sus trabajos sin abandonar su fe en los Hermanos, que después de unos años vienen a ser llamados Mahatmas. Indistintamente con Mahatma, la palabra Adepto ha sido usada para describir los mismos seres, de modo que ambos títulos se han usado sin precisión y en una manera confusa.
La palabra Adepto denota adelanto, y no es común, cosa que, cuando se usa, una descripción es necesaria cuando se aplica a los Hermanos. Por esa razón en un artículo anterior los llamé Adeptos Teosóficos. Un Mahatma no es sólo un Adepto, sino mucho más. La etimología de la palabra esclarecerá este punto, la palabra siendo estrictamente Sánskrita, de Maha que significa grande, y Atma, alma – es decir Grande Alma. Esto no quiere decir solamente un hombre de corazón noble sino un ser perfeccionado, uno que ha alcanzado tal estado muy a menudo descrito por los místicos y que los hombres de ciencia declaran ser una imposibilidad, cuando el tiempo y el espacio no son obstáculos a su vista, a la acción, al conocimiento, o a la conciencia. Por eso se dice que son capaces de realizar los actos extraordinarios relatados por varias personas, y también que poseen información de un carácter decisivo y práctico que concierne las leyes de la naturaleza, incluyendo el misterio por la ciencia – el objeto, la operación y la constitución de la vida misma – y concerniente al génesis de este planeta como también a las razas sobre éste. Estas amplias aserciones han dado lugar a la principal acusación traída contra los Adeptos Teosóficos por aquellos escritores afuera de la Sociedad que se han ocupado del asunto – que ellos permanecen, si es que existen, en un estado frío y de quietud egoísta, viendo la miseria y oyendo los lamentos del mundo, y sin embargo rehusando extender una mano excepto a unos cuantos favorecidos; poseyendo conocimiento de los hombres eruditos o de los ricos capitalistas que desean avanzar el comercio y al mismo tiempo que ellos ganan un beneficio honrado. Por mi parte yo firmemente creo, en evidencia que me fue dada en todo lo dicho sobre estos Adeptos, yo declaro que las acusaciones antedichas no tienen fundamento, pues sé que sólo provienen de no tener conocimiento de quienes se acusa.
Los Adeptos y Mahatmas no son un crecimiento milagroso, ni los sucesores egoistas de alguien que, accidentalmente tropezó sobre grandes verdades, transmitiéndolas a sus secuaces bajo privilegio de patente. Ellos son seres humanos educados, desarrollados, refinados no sólo durante una vida sino durante una larga serie de vidas, siempre bajo las leyes evolucionarias y casi de acuerdo con lo que vemos entre los hombres del mundo o la ciencia. Así como un sabio es más grande que un salvaje, y a pesar de eso no deja de ser hombre, así un Mahatma-Adepto es un crecimiento natural, y no producido por ningún milagro; el procedimiento por el cual llega a serlo tal vez es extraño, pero está estrictamente conforme con el orden natural.
Hace algunos años un bien conocido Anglo-Indú escribió a los Adeptos Teosóficos, preguntándoles si habían dejado alguna marca en la tela de la historia, dudando que lo hayan hecho. La respuesta fue que él no tenía tribunal para juzgarlos y que ellos habían escrito muchas líneas importantes en la página de la vida humana, no sólo reinando en forma visible, sino aún en las épocas recientes cuando así por muchos siglos anteriores, hicieron su trabajo detrás de bastidores. Para ser más explícito, estos hombres asombrosos han influenciado el destino de las naciones y están moldeando acontecimientos hoy en día. Pilares de la paz o factores de la guerra como Bismarck, salvadores de naciones como Washington, Lincoln y Grant, deben su elevación, su singular energía, y su facultad sorprendente de coger los hombres correctos para sus propósitos, no a un educado intelecto o una larga preparación en las escuelas del día, sino a estos Adeptos invisibles, que no ambicionan honores, ni buscan publicidad, ni reclaman reconocimiento. Cada uno de estos grandes líderes humanos que he mencionado tuvo en sus años de obscuridad lo que se llama presentimientos de futuras grandezas o conexión con eventos agitados en su patria.
Lincoln siempre presintió que en algún modo iba a ser un instrumento de alguna gran obra, y algunas frases sueltas de Bismarck señalan las horas de silencio, nunca abiertamente mencionado, cuando él sentía el impulso empujándolo a lo poco de bueno que pueda haber hecho. Un gran número de casos podrían citarse para hacer ver que los Adeptos han hecho “una marca indeleble en diversas eras.” Aún durante el gran levantamiento en la India que amenazó el dominio Inglés allí, ellos vieron de antemano la influencia que Inglaterra y la India tendrían en los negocios del mundo por medio de los cambios psíquicos y metafísicos de hoy en día, y a menudo se apresuraban a comunicar, por sus propios métodos ocultos y maravillosos, las noticias de los triunfos de las armas británicas, a los distintos pueblos del interior que se hubieran alzado bajo el estímulo de reportes imaginarios de derrotas inglesas. En otras ocasiones, vagos temores se propagaban instantáneamente entre las masas de los Hindúes, cosa que Inglaterra al fin quedó dueña, aunque más de un patriota nativo deseaba otro resultado. Pero los Adeptos no trabajan para obtener el elogio de los hombres, ni la efímera influencia del día, sino en pro de las razas futuras y para el mayor y más alto bienestar de la humanidad.
XI
Para una completa disertación en los Adeptos, Mahatmas, y Nirmanakayas, más de un volumen sería necesario. El desarrollo ilustrado por ellos es tan extraño a la mente moderna y tan extraordinarios en estos días de mediocridad general, que el lector común falla en comprender con facilidad las ideas expuestas en un artículo condensado; y casi todo lo que uno pueda decir de los Adeptos – sin decir nada de los Nirmanakayas – requeriendo mucha explicación de leyes recónditas y de asuntos abstrusos, está expuesto a ser mal entendido, aún si volúmenes se escribieran sobre ellos. El desarrollo, condiciones, poderes y funciones de esos seres llevan en si el plan completo de la evolución; porque como dicen los místicos, los Mahatmas son la eflorescencia de una era. Los Adeptos pueden ser obscuramente entendidos hoy en día, los Nirmanakayas apenas son mencionados, y de los Mahatmas hay un concepto erróneo por los creyentes como por los negadores.
Pero una ley que los gobierna, es fácil decir y no debería ser difícil comprenderla. Ellos no lo hacen, ni deben intervenir con el Karma; así es que no obstante un individuo aparentemente merezca ayuda ellos no se la darán en la manera que él desea, su Karma propio no lo permite; y ellos no se meten en el campo del pensamiento humano con el propósito de asombrar a la humanidad con la exhibición de poderes que por todo lado sería visto como un milagro. Alguien ha dicho que si los Adeptos Teosóficos fueran a ejecutar algunos de sus prodigios ante los ojos de Europa, un inmenso número de seguidores hacia ellos se levantaría en seguida; pero tal no sería el resultado. Sino que en lugar de ello habría un dogmatismo y una idolatría peores de los que ya han existido, con la creación de una naturaleza dañina imposible de contrarrestar.
El hipnotismo – bajo otro nombre – por mucho tiempo ha sido conocido por ellos. La condición hipnótica ha servido con frecuencia a las intrigas de iglesias y de sacerdotes. Obligar reconocimiento de la verdadera doctrina no es el curso de estos sabios, porque comulsión es hipnotismo. Darle de comer a una multitud con sólo cinco panes sería cosa fácil para ellos; pero como ellos nunca obran por sentimiento sino continuamente bajo las grandes leyes cósmicas, ellos no vienen con las manos llenas de auxilios materiales para los pobres. Sino, que usando sus poderes naturales, ellos influencian diariamente el mundo, no sólo entre los ricos y pobres de Europa y América, sino también en todos los demás países, de modo que el resultado en nuestras vidas es mejor que lo serían si ellos no hubieran tomado parte en el asunto.
La otra clase que se mencionó – Nirmanakayas – se ocupan constantemente en este trabajo considerado superior por ellos a las empresas terrestres: la mejora del alma del hombre, y cualquier otro bien que ellos puedan hacer valiéndose de agentes humanos. Alrededor de ellos gira la tan discutida pregunta del Nirvana, porque ellos no han sido considerados distintamente el papel que juegan. Por, si la opinión de Max Muller es correcta de que el Nirvana es igual a aniquilación, entonces un Nirmanakaya es una imposibilidad. Hablando paradójicamente, ellos están dentro y fuera de ese estado al mismo tiempo. Ellos son poseedores del Nirvana que rehusan aceptarlo en orden de que ellos puedan ayudar a la sufrida huérfana, Humanidad. Ellos han seguido el mandato de libro de los Preceptos de Oro: “Pasa de la luz del sol a la sombra para hacer más sitio a otros.”
Una gran parte es tomada en la historia de las naciones por los Nirmanakayas más de lo que se supone. Algunos de ellos cuidan de ciertos hombres en cada nación quienes desde su nacimiento están destinados a ser factores importantes en el futuro. A éstos ellos guían y protegen hasta que llega el momento dado. Y tales protegidos rara vez se dan cuenta de que tal influencia los rodea, especialmente en el siglo diecinueve. Reconocimiento y aprecio de tan grande ayuda no son requeridos por los Nirmanakayas, que laboran detrás del velo y preparan el material para un fin determinado. Al mismo tiempo, también, un Nirmanakaya puede tener muchos diferentes hombres – o mujeres – quien él dirige. Como Patanjali dice: “En todos estos cuerpos una mente es la causa moviente.”
Extraño, también, aunque parezca, con frecuencia tales hombres como Napoleón Bonaparte son de tiempo en tiempo ayudados por ellos. Un ser como Napoleón no entra en escena fortuitamente. Su nacimiento y sus poderes extraordinarios son parte del plan de la naturaleza. Las consecuencias importantes van con una naturaleza como la de él, inmensurable a nosotros, deben en la filosofía Teosófica oriental ser observadas y provistas. Si él era un hombre malvado, tanto peor para él; pero eso nunca disuadiría a un Nirmanakaya de hacer uso de él. Que tal vez por desviarlo, quizás, de un sendero que hubiera undido al mundo en un abismo de miseria y hacerlo producir otros resultados en años venideros en la cual Napoleón nunca hubiera soñado. El temor de lo que el mundo pueda pensar de alentar a un monstruo en determinado punto, nunca puede disuadir a un sabio que ve el fin que es mejor. Y en la vida de Napoleón hay muchas cosas que van a veces verse una influencia poderosa contra la que no podría luchar. Su temeraria marcha a Moscou fue tal vez dirigida por esos silenciosos generales, y como también su repentino y desastroso retiro. Lo que él hubiera podido hacer si se hubiera quedado en Francia, no hay historiador actual que sea capaz de decirlo. La anécdota controvertida de la carta roja del Hombre Rojo justo cuando Napoleón estaba en ánimo vacilante, puede haber sido un estímulo en un momento crítico. “A quien los dioses destruirían primero le vuelven loco.” Ni tampoco la derrota de Waterloo será comprendida hasta que los Nirmanakayas den sus anales.
Como que un cambio en el pensamiento en un pueblo con tendencias al craso ateísmo es siempre deseado por los Sabios de la Religión-Sabiduría, puede suponerse que el oleaje de fenómenos espiritistas que hoy resulta claramente en una reacción hacia el reconocimiento universal del alma, haya sido apoyado por los Nirmanakayas. Ellos están en ello y son de ello; ellos fomentan el progreso de un diluvio psíquico sobre grande masas de gentes. El resultado se ve en la literatura, la religión y el drama de hoy día. Lenta y segura la marea asciende y engolfa lo que una vez fueron las secas costas del Materialismo, y, aunque los sacerdotes griten, exigiendo “la supresión de la Teosofía con una mano fuerte” y aunque una prensa venal les ayude, ellos no tienen el poder ni el conocmiento de producir una onda retrógrada, porque la mano del Maestro es guida por una inteligencia omnisciente y por una fuerza gigantesca, y trabajan entre bastidores.
XII
Han habido muchas sociedades secretas durante la era Cristiana, quienes pretendieron el conocimiento de las leyes ocultas de la naturaleza, es natural que una pregunta surge: “¿En qué los Sabios Teosóficos del Oriente difieren de los muchos Rosacruces y otros de quienes tanto se oye? Las viejas bibliotecas de Alemania están llenas de publicaciones sobre el Rosacrucianismo, o por miembros genuinos de la orden, y hoy en día no es raro encontrar quien se atreva a conferirse a sí mismo el título de “Rosacruz”.
La diferencia es la que existe entre la realidad y la ilusión, entre un ritualismo vacío y las marcas impresas por la naturaleza en todas las cosas y seres que pasan para siempre adelante en el camino hacia los más altos estados de existencia. Las fraternidades de Rosacruces y de Francmasones conocidas por la historia dependen de signos y de símbolos externos para indicar el grado de sus miembros en la orden, pues, sin estas garantías son sólo gente no iniciada.
Pero los Sabios de que hablamos y sus discípulos llevan consigo la marca indeble y pronuncian las palabras bien conocidas que demuestran ser ellos seres desarrollados bajo las leyes, y no siplemente personas que, por haber pasado una prueba pueril son agraciados con un diploma. Los Adeptos son, por decirlo así, robles robustos sin ningún disfraz, mientras que el hombre no desarrollado chapoteando en palabras y fórmulas masónicas es sólo un burro cubierto con una piel de león.
Hay muchos Adeptos viviendo en el mundo, y todos se conocen uno al otro. Ellos tienen medios de comunicación desconocidos a la civilización moderna, con el uso de los cuales reciben y transmiten mensajes de uno a otro, en cualquier momento y desde inmensas distancias, sin emplear ningún medio mecánico. Podemos decir que hay una Sociedad de Adeptos, con tal que no se le de a la palabra “sociedad” el sentido en que se usa ordinariamente. Es una sociedad que no tiene lugar de reuniones, que no colecta cuotas, no tiene constitución o reglamentos más que sólo las leyes eternas de la naturaleza; en ella no hay policías o espías, y no quejas son hechas o recibidas en ella, por la razón de que el transgresor es castigado por la acción de una ley que está más allá de su control – puesto que su poder sobre la ley lo pierde en el momento que se infringe ésta.
Bajo la protección y asistencia y guía de la Sociedad de Adeptos están los discípulos de cada uno de sus miembros. Estos discípulos están divididos en diferentes grados, correspondiendo a sus diferentes estados de desarollo; los discípulos menos avanzados son asistidos por los que están más avanzados que ellos, y éstos a su vez de otros, hasta que se llega a un grado en el que el discípulo puede tener comunicación directa con los Adeptos. Al mismo tiempo, cada Adepto vigila a todos sus discípulos. Por medio de la acción de los discípulos los Adeptos producen muchos efectos en el pensamiento humano y sus negocios, pues desde los grados más altos son a menudo delegados, sin revelar su conexión con el misticismo, influencian individuos que son conocidos factores importantes en los eventos que están por ocurrir.
Se alega que la Sociedad Teosófica recibe ayuda en su desarrollo y en la difusión de su influencia de los Adeptos y de sus discípulos aceptados. La historia de la Sociedad parece comprobar ésto, pues a menos de que exista una energía poderosa operando en su favor, ya se hubiera hundido en la obscuridad, destruida por la tempestad de ridículo y de insultos a que ha sido sujeta. Promesas fueron hechas, en los primeros días de la Sociedad, que tendría asistencia rendida a todo momento, y profecías fueron insinuadas que sería un blanco para la difamación y un objeto de oposición. Ambas profecías han sido cumpidas a la letra.
Así como un diamante bien tallado muestra el trabajo de pulimiento al cual debe su valor y su brillantez, así mismo el hombre que ha pasado las pruebas y las enseñanzas bajo los Adeptos lleva en sí mismo las marcas imborrables. A la vista ordinaria no entrenada en este departamento no son visibles tales indicaciones; pero aquellos que pueden ver las describen como muy prominentes y enteramente más allá del control del interesado. Por esta razón el que ha progresado, dice, tres pasos a lo largo del sendero, tendrá tres marcas, y será inútil que pretenda que su rango es un paso más alto, pues, si fuera así, entonces tendría la cuarta marca, puesto que crecen al par que se desarrolla el individuo. Ahora, como estas firmas no pueden ser imitadas o falsificadas, toda la fraternidad interna no tiene la necesidad de señales secretas. Nadie puede engañarles ni obtener de ellos los secretos de grados superiores sólo por haber obtenido signos y palabras de paso sacadas de un libro o por el pago de un precio, y nada puede procurar el conferimiento de un progreso hasta que la índole toda del hombre corresponda exactamente al punto deseado de desarrollo.
En dos maneras la diferencia entre la fraternidad de Adeptos y las sociedades secretas comunes pueden verse – en su modo de conducirse con las naciones y por el tratamiento que dan a sus propios discípulos especiales. Nada es forzado y nada depende del favoritismo. Todo es arreglado en acuerdo con los mejores intereses de la nación, teniendo en cuenta las influencias cíclicas prevalecientes, y jamás fuera del momento oportuno. Cuando ellos quieren romper las cadenas forjadas por el dogmatismo, ellos no cometen el error de aparecer repentinamente ante los asombrados ojos del pueblo; porque ellos saben bien que eso sólo cambiaría la creencia dogmática en un orden dado de ideas en una adherencia insensata e igualmente dogmática en los Adeptos como dioses, o tal vez crear en la mente de muchos la certeza que el diablo estaba presente.
XIII
El entrenamiento del discípulo por los maestos de la escuela a que pertenecen los Adeptos Teosóficos es peculiar a sí misma, y no en acorde con prevalecientes ideas modernas educacionales. En un respecto es una especialización de la peregrinación a un lugar sagrado tan común en la India, y el objeto sagrado de la jornada es el alma misma, porque para ellos la existencia del alma es uno de los primeros principios.
En el Oriente la vida de un hombre es considerada ser una peregrinación, no sólo de la cuna a la tumba, sino también a través de un inmenso período de tiempo, en un abarcamiento de millones y millones de años, que se extiende del principio al fin de un Manvántara, o peíodo de evolución, y como él es considerado un ser espiritual, la continuidad de su existencia es perpetua. Naciones y civilizaciones ascienden, crecen, envejecen, decaen y dessaparecen; pero el ser sigue viviendo, espectador de todos los cambios del medio ambiente. A partir del gran Todo, irradiando como una chispa del fuego central, gana experiencias en todas las edades, bajo todos los legisladores, civilizaciones y costumbres, siempre comprometidas en una peregrinación al santuario de donde vino. El es tan pronto el legislador como es esclavo; hoy en el pináculo de la riqueza y del poder, mañana en lo más bajo de la escalera, tal vez en abatida miseria, pero siempre el mismo ser. Para simbolizar esto, la India entera está poblada de santuarios, a los cuales peregrinaciones se hacen, y es el deseo de todo hombre en la llamada anochecida tierra hacer tal viaje al menos una vez antes de morir, porque los deberes religiosos de la vida no están completos sin visitar tales lugares sagrados.
Una de las grandes razones para esto, dada por aquellos que entienden el significado interno de las cosas es que esos lugares de peregrinación son centros de fuerza espiritual que irradian influencias elevadoras ignoradas del viajero ordinario, bebedor de vino. Esto es asegurado por muchos, en verdad que en los más famosos lugares de peregrinación hay un Adepto de la misma orden que los Adeptos Teosóficos se dice que pertenecen, que siempre está dispuesto a dar alguna ayuda espiritual y la asistencia a aquellos de corazón puro que puedan ir allí. El, por supuesto, no se revela al pueblo, porque en verdad no es necesario, y puede crear la necesidad para que se mude a otra parte. Supersticiones han surgido de la doctrina de peregrinaciones, pero, como esto sucede con todo en esta época, no hay razón porque lugares de peregrinación deberían de ser abolidos, puesto que si los centros espirituales fueran suprimidos, los hombres buenos libres de supersticiones no recibirían los beneficios que ahora ellos pueden tener. Los Adeptos fundaron estos sitios para preservar en las mentes de la gente la idea del alma que la Ciencia moderna y educación pronto la torcerían en agnosticismo, si es que se les deja desenfrenados.
Pero los discípulos de los Adeptos saben que lugar de peregrinación simboliza su propia naturaleza, y cómo ha de emprender la investigación científica de ello y cómo proceder, por cuáles caminos y en qué dirección. El está supuesto a concentrar en unas cuantas vidas las experiencias y práctica que les toma a los hombres ordinarios innumerables encarnaciones para obtener. Sus primeros pasos, como también sus últimos, están en lugares difíciles y muy a menudo peligrosos; el sendero, en verdad, “va cuesta arriba siempre,” y al entrar en el sendero él abandona el anhelo de recompensa que es tan común en toda empresa. Nada se gana con favores, pues todo depende de su mérito actual. Como el final es llegar a alcanzar auto-dependencia con claridad y calma perfecta, él es desde el comienzo hecho a pararse solo, lo cual es difícil para la mayoría de nosotros y frecuentemente trae consigo algo de desaliento. A los hombres les gusta la compañía, y no pueden con tranquilidad contemplar la posibilidad de verse abandonados a sí mismos. Así, es que en lugar de hallarse constantemente acompañado de toda una logia de compañeros principiantes, como sucede en las sociedades secretas mundanas, él es obligado a ver que, así como ha entrado solo en el mundo, él debe aprender a vivir allí en la misma manera, y abandonándolo al igual como cuando vino, únicamente en su propia compañía. Pero esto no da lugar al egoísmo porque, ha sido adquirido por una constante meditación en lo invisible, el conocimiento adquirido de que la soledad que se siente es sólo con respecto a lo inferior, personal, y lo mundano.
Otra regla que el discípulo debe seguir es que no debe indulgirse en alardes en ningún momento, y esto nos da la fórmula que, todo aquel que habla de sus poderes como un Adepto o alardea de su progreso en el plano espiritual, estemos seguros que no es ni Adepto ni es discípulo. Ha habido personas en la Sociedad Teosófica que han dado a entender al mundo que eran de hecho Adeptos o estaban muy cerca de serlo, y que poseían grandes poderes. Bajo nuestra fórmula se deduce que no son más que fanfarrones, con nada detrás de sus necias pretenciones sino más que vanidad y un conocimiento de la debilidad como también de la credulidad de la naturaleza humana; que explotan sea en provecho propio, o por diversión. Pero, ocultándose bajo un exterior que no llama la atención, hay muchos verdaderos discípulos en el mundo. Ellos están estudiándose a sí mismos y a otros corazones humanos. Ellos no tienen diplomas, pero allí reside en ellos una conciencia del auxilio constante y el claro conocimiento de la verdadera Logia que se reúne realmente en secreto y nunca se encuentra mencianada en ninguna lista postal. Sus vidas enteras son un esfuerzo por alcanzar al alma que, aún aparentemente estacionaria, puede distanciar el rayo; y su muerte es sólo otro paso adelante a un conocimiento más grande por medio de mejores cuerpos físicos en nuevas vidas.
XIV
Mirando hacia el pasado, el historiador del siglo diecinueve rápidamente encuentra su vida una niebla y termina hundiéndose en una densa obscuridad. De hecho atado por la influencia de un dogmatismo ridículo que sólo permite unos seis mil años de vida en la tierra, él está indispuesto a aceptar las cronologías antiguas de los Egipcios o Hindúes, y si bien consiente la suposición de inmensos períodos de cambios geológicos, él se asusta cuando unos millones de años son añadidos al tiempo durante el cual la humanidad ha habitado el globo. El estudiante de la Teosofía, sin embargo no ve por qué razón él debe dudar de las afirmaciones hechas por sus maestros en este asunto. El sabe que los períodos de evolución son interminables. Estos son llamados Manvántaras porque están entre dos Manus, o, dos humanidades.
Estos períodos puede decirse que son olas cuya sucesión no tiene paro. Cada gran período, incluyendo todas las evoluciones menores, abarca 311,040,000,000,000 años humanos; bajo un solo Manu los años humanos vienen y van, en un número de 306,720,000, y las yugas menores – o eras – que son las que más nos interesan, comprenden 4,320,000 de años solares. Durante etas revoluciones solares las razas humanas giran alrededor de este planeta una y otra vez. Cavernícolas, hombres lacustres y neolíticos o de cualquier otra edad aparecen y desaparecen una y otra vez, y en cada una de ellas nosotros que ahora leemos, escribimos y pensamos en ellos, fuimos nosotros los mismos Egos cuyo pasado estamos tratando de trazar.
Pero, profundizando en las capas geológicas, la duda de la existencia del hombre contemporáneamente con los pleriosaurus nace porque no se ha descubierto fósil del genus homo en las mismas capas. Es aquí donde las teorías de los Teósofos entran y suplen la clave. Ellas sostienen que antes que el hombre desarollara su cuerpo físico él se vistió con una forma astral; y esto es porque H.P.Blavatsky escribe en su Doctrina Secreta: “esto enseña el nacimiento del cuerpo astral antes que el físico, siendo el primero el molde del segundo.” En el tiempo de los enormes animales antidiluvianos ellos absorbían en sus enormes cuerpos tan grande proporción de materia densa de la cantidad total disponible para las formas de seres conscientes que el hombre astral quedó desprovisto de armazón corpórea, no cubierto todavía “con las capas de piel.” Por esta razón él podía existir en el mismo sitio con esos enormes pájaros y reptiles sin ningún miedo. Sus dimensiones masivas no le inspiraban ningún miedo, y por su consumo de alimentos no hubo disminución en su sustento. Y, por lo tanto, siendo de tal constitución no dejó huella en el cieno o en las rocas plásticas, la muerte de un cuerpo astral tras el otro no dejó fósil ni ha dejado marca para ser desenterrado por nosotros junto con las bestias y las aves que fueron sus contemporáneos.
El hombre durante este tiempo fue adquiriendo el poder de cubrirse a sí mismo con una forma densa. El despojó cuerpos astrales uno tras otro, en el incesante empeño, cada esfuerzo dándole un poquito más densidad. Después él empezó a echar como si fuera, una sombra, y el vasto, ponderoso mundo animal – como otros también – sintieron más y más la succión hecha sobre éste por el hombre venidero. A medida que él se espesaba ellos disminuían en estatura, y sus restos no podían ser depositados en ninguna capa terrestre hasta que no hubo adquirido la suficiente dureza. Pero nuestros modernos antropólogos todavía no han descubierto cuando esto fue. Ellos están bien listos para hacer aserciones definitivas, pero, eruditos como son, allí hay sorpresas esperándoles en un tiempo cercano.
Mientras que nuestros exploradores encuentran, de cuando en cuando, los restos de animales y aves y reptiles en estratos que muestran una edad mucho más mayor de la que ha sido asignada a la raza humana, ellos nunca han encontrado esqueletos humanos. ¿Cómo el hombre puede dejar alguna huella en un estado cuando él no podía imprimir su pisada en la arcilla o ser aprisionado por lava líquida o masas de polvo volcánico? No quiero decir, por eso, que el período de los plesiosaurus es el período del hombre del cuerpo astral desprovisto de uno físico. La pregunta de un exacto período bien puede dejarse para un momento más detallado; esto es sólo para indicar la ley y la explicación por lo que no aparecen los restos humanos en el estrato geológico primitivo. Pero los Adeptos Teosóficos aseguran que hay todavía en la tierra restos de huesos humanos, que llevan consigo su primera aparición con un cuerpo denso muchos millones de años antes de lo que ha sido admitido, y estos restos serán descubiertos por nosotros antes que mucho tiempo haya rodado.
Uno de los primeros resultados de estos descubrimientos será el demoler completamente la teoría de la sucesión de las edades, que yo pueda llamar, cual es dada y aceptada en este momento, y también la estimación de las diferentes civilizaciones que han desaparecido de la tierra sin dejar huella alguna excepto en nuestra constitución íntima – pues se sostiene que nosotros somos esas mismas personas, ahora en diferentes cuerpos, que en épocas remotas vivieron y amaron y murieron en este planeta. Entonces empezamos a hacer Karma, y desde entonces hemos estado bajo su influencia, y parece sólo justo que esta gran doctrina se debería coger en otro momento para un exámen más cuidadoso.
XV
La doctina Oriental de premios y castigos del Ego humano es muy diferente del sistema teológico aceptado a través del Cristianismo, en cuanto a los Brahmanes y los Buddhistas fijan el lugar de castigo y compensación sobre esta tierra nuestra, mientras que el Cristiano remueve el “tribunal de Dios” a el más allá. Nada ganamos con discutir en buena lógica con lo último mencionado; esto será suficiente en citarles las palabras de Jesús, San Mateo, y los Salmistas. “Con la vara que midas serás medido”, dijo Jesús; y Mateo declara que por cada palabra, acto, y pensamiento vamos a tener que responder, mientras David el poeta real, cantó que los que sirven al Señor nunca deberían de comer el pan del mendigo. Todos sabemos que las dos primeras declaraciones les quita la expiación vica-ria; y en cuanto a la noción del cantante Judío, es negado todos los días en alguna ciudad de uno y otro hemisferio.
Entre los Buddhistas de Ceilán el nombre de esta doctrina es Kamma; con los Hindús es Karma. Visto bajo el punto religioso, ésto “son los hechos buenos y malos de los seres sensibles, por la influencia infalible o eficacia de esos mismos seres reciben su debido premio o castigo, de acuerdo a su merecimiento, en cualquier estado de existencia.”
Cuando un ser muere, él emite, por decir así, una masa de fuerza o energía, que va a formar la nueva personalidad cuando será reencarnado. En esta energía se encuentra el serumen de la vida que acaba, y por medio de esto el Ego es obligado a asumir esa clase de cuerpo entre esas circunstancias apropiadas que juntas son los medios para realizar los decretos del karma.
Por lo tanto, el infierno no es un lugar mítico o una condición póstuma en alguna región desconocida especialmente puesta aparte por el Todopoderoso para castigo de sus hijos; pero es en verdad nuestro propio globo, porque es en la tierra, en las vidas terrestres experimentadas en cuerpos humanos, que somos castigados por las malas acciones previamente cometidas y donde encontramos la felicidad y el placer como recompensa de antiguos merecimientos.
Cuando uno ve, como lo es con frecuencia, a un hombre bueno sufriendo mucho durante su vida, naturalmente surge la pregunta, “¿Tiene Karma algo que ver con eso y es justo que una persona tal debería de ser tan afligida?” Pero aquellos que creen en Karma es completamente justo, porque este hombre en una vida previa ha cometido actos que merecen ahora castigo. Y, similarmente, el hombre perverso que vemos libre de sufrimientos, próspero y feliz, lo es porque en una previa existencia ha sido maltratado por sus semejantes o experimentó muchos sufrimientos. Y la justicia perfecta del Karma está bien ilustrada en su caso, aunque ahora favorecido por la fortuna, él, siendo perverso, está generando causas que, cuando él renazca, entonces operarán castigándole por sus perversidades hechas ahora.
Algunas personas suponen que el Ego debe ser castigado después de la muerte, pero semejante conclusión no es lógica. Las maldades cometidas aquí en el plano objetivo no pueden con ningún decoro moral o científico ser castigado en un plano puramente subjetivo. Y esta es la razón poque tantas mentes, de personas jóvenes como mayores han desechado y se han revelado en contra de la doctrina del fuego-infernal en el cual ellos serán eternamente castigados por pecados cometidos en la tierra. Aún cuando incapaz de formular la razón en términos metafísicos, ellos instintivamente sabían que sería imposible remover la escena de la compensación del lugar donde la falta y la confusión han sido cometidas y creadas. Cuando los discípulos de Jesús le preguntaron si el hombre que nació ciego fue traído al mundo por algún pecado que había cometido, ellos tenían presente esta doctrina del Karma, al igual que todos los Hundús y los Buddhistas tienen cuando ellos ven a uno de sus semejantes lisiado o deformado o privado de la vista.
La teoría antes mencionada de la persona al morir expela de sí mismo su nueva personalidad, por decirse así, lista en aguardar la hora en que el Ego debe regresar a la tierra buscando su nuevo cuerpo, es una ley general que opera en muchos otros casos, además del nacimiento o muerte de un ser. Esto es lo que los Teósofos emplean para explicar las relaciones entre la luna y la tierra. Porque, sostienen ellos que la luna es el planeta en el cual hemos vivido antes de llegar a la tierra y aún antes de que existiese esta tierra; y que, cuando nuestros mal llamado satélite murió, toda la energía en éste fue lanzada al espacio, donde permaneció en un solo vórtice hasta que llegó el tiempo para que esa energía sea otra vez proporcionada con un cuerpo – esta tierra – y así esta misma ley prevale entre los hombres, las unidades singulares en una inmensa colectividad que es conocida entre los Teósofos avanzados como el gran Manu. Los hombres siendo, en cuanto a su envoltura material, proceden de la luna, deben seguir la ley de su origen, y por eso el sacerdate Buddhista dice lo siguiente: En la muerte de un ser nada pasa de él para ir a renacer en otro mundo; pero la eficiencia – o, para usar una expresión figurativa, por el rayo – de influencia que el Kamma emana, va a producir un nuevo ser en otro mundo bien idéntico con el que falleció,” puesto que en este “nuevo ser” está condensada la vida del difunto. El término “ser”, como se ha aplicado, puede ser tomado por nosotros con cierto sentido. Es más propiamente una suma de energía desprovista de consciencia y atestada con los deseos de la persona de quien emanó; y consiste su misión especial en esperar el regreso de la individualidad y el formar para ésta el nuevo en que ha de sufrir o gozar. Cada hombre es por lo tanto su propio creador bajo las grandes leyes Cósmicas que rigen todas las creaciones. Un mejor témino en lugar de “creación” es “evolución”, pues nosotros, de vida en vida estamos empeñados en desenvolver del material proveído en este Manvántara nuevos cuerpos a cada vuelta de la rueda del renacimiento. Los instrumentos que usamos en esta obra son el deseo y la voluntad. El deseo induce a la voluntad a focalizarse en la vida objetiva, en cuyo plano produce fuerza, y de ésta resulta la materia en su forma objetiva.
XVI
Mucha gente del hemisferio Occidental dicen que esta doctrina Oriental del Karma es difícil de entender, siendo sólo adecuada a personas educadas y pensadoras. Pero en la India, en Ceilán y Burma, sin mencionar otros países Asiáticos, la masa entera del pueblo la acepta y parece comprenderla. La razón de esto reside probablemente en el hecho de que también ellos creen en la Reencarnación, que puede decirse es la doctrina gemela al Karma. A la verdad, de que una no puede ser propiamente considerada sin tener en cuenta la otra, porque Karma – ya sea como castigo o premio – no podría tener una operación actual o justa sobre el Ego a no ser que los medios para su operación fueran proporcionados por la Reencarnación.
Lo que nos merecemos se encuentra mientras estamos asociados en vida uno con otro, y no cuando estamos solos, ni en separación. Si ser elevado al poder en una nación o llegar a poseer riquezas se le llama premio, claro es que perdería todo valor si no hubiera un pueblo a quién gobernar y seres humanos asociados con quienes pudiésemos gastar nuestro dinero y que nos puedan ayudar en satisfacer nuestros múltiples deseos. Por eso la ley de Reencarnación nos arrastra a la vida una y otra vez, trayendo con nosotros un sin número de veces los varios Egos que hemos conocido en previos nacimientos. Esto es con el objeto que Karma – o causas – generadas en compañía con esos Egos puedan ser ejecutados, pero llevarnos separadamente a un infierno desconocido, para recibir allí cierto clase de castigo, o en un imposible seriocómico cielo para recibir nuestra recompensa, sería tan imposible como injusto. Por lo tanto el asesino ahorcado absuelto por un sacerdote no puede escapar al encomendarse a Jesús. El, junto son su víctima, tiene que volver a esta tierra, cada uno ayundando al otro en restablecer la harmonía perturbada, durante ese esfuerzo, cada cual recibe su debida compensación. Con esta doctrina nosotros restauramos la justicia a su lugar en el gobierno de la humanidad, porque sin ella el matar legalmente a un asesino después de su condenación es sólo la mitad del remedio, puesto que ninguna disposición es hecha por el Estado con respecto al ser que es arrojado fuera del cuerpo ni por los dependientes que pueda dejar tras de si, y, aún más, nada es hecho por aquellos en la familia que sobrevive al asesino.
Pero los sabios Teósofos de todas las edades llevan la doctrina del Karma más allá de una mera operación sobre los hombres encarnados. Ellos contemplan todos los mundos como si estuvieran ligados juntos y movidos por el Karma. Como el antiguo libro Hundú, Bhagavad-Gita, dice, “todos los mundos hasta el de Brahma están sujetos al Karma.” Por lo tanto opera en todos los planos. Bajo este punto de vista, ellos dicen que este mundo tal como hoy está acondicionado, es el resultado actual de la que vino a ser el comienzo del pralaya o la gran muerte que tuvo lugar hace billones de billones de años. Eso es, el mundo evoluciona lo mismo que el hombre. Nace, envejece, muere y es reencarnado. Esto se repite muchas veces, y durante esas encarnaciones sufre y goza en su propia manera por sus previas evoluciones. Porque, el premio es un mayor progreso en su linea de evolución, y el castigo es un estado degradado. Por supuesto, como ya dije en un artículo anterior, estos estados tienen el hombre por su objeto y causa, porque él es el pináculo de toda la evolución. Y descendiendo de la elevada consideración de los grandes espacios cósmicos y fenómenos, al Teósofo se le enseña a aplicar estas leyes del Karma y la Reencarnación a todo átomo del cuerpo en especial y aparte del Karma total. Como que estamos hechos de una masa de vidas, nuestros pensamientos y actos afectan esos átomos o vidas y les imprimen con su correspondiente Karma. Como los pensadores Orientales dicen, “no pasa un momento sin que algunos seres nazcan en nosotros, adquiriendo Karma, muriendo, y siendo reencarnado.”
Las principales divisiones del Karma son tres en número. Un tipo es la que está operando ahora en la presente vida y cuerpo, influenciando todas las circunstancias y cambios de la vida. De esto vemos ejemplos todos los días, y de cuando en cuando extrañas culminaciones que le dá a la doctrina la más brillante luz. Uno de estos casos es inmortalizado en la India por la erección de un monumento por un favorecido de fortuna, como diríamos nosotros, y así se efectuó. Un Rajah tuvo un sueño muy raro, le afectó tanto que llamó a sus adivinadores para una interpretación. Ellos dijeron que sus horóscopos mostraban que debía al día siguiente regalar una inmensa suma de dinero a la primera persona que debería ver al despertarse, siendo sus intenciones presentarse ellos mismos al amanecer. Al día siguiente el Rey se levantó inusualmente muy temprano, caminó hacia la ventana, la abrió, y allí ante él estaba un chandalah (pobre) barriendo la basura. A él le entregó una fortuna, y así en un momento lo elevó a la opulencia desde una abyecta miseria. El chandalah después construyó un inmenso edificio para conmemorar su súbita liberación de las abrumadoras cadenas de la pobreza.
Otra clase de Karma es la que queda suspendida y no está en operación porque el hombre no provee los medios apropiados para ponerlo en acción. Esto puede compararse al vapor mantenido en suspensión en la atmósfera y no es visible a la vista, paero cual caerá como lluvia sobre la tierra al momento que las condiciones son apropiadas.
La última clase principal es ese Karma que estamos haciendo ahora mismo, y que la sentiremos en futuras encarnaciones. Su símbolo apropiado es la flecha disparada en el aire por el arquero.
XVII
El espíritu no es afectado por el Karma en ningún tiempo o bajo cualquier curcunstancia, y por eso los Adeptos Teosóficos no usan el término “cultivo del espíritu”. El espíritu en el hombre, llamado por ellos Ishwara, es inmutable, eterno e indispensable – la base fundamental de todo. De aquí que ellos dicen que el cuerpo y todos los objetos son impermanentes y así engañando al alma sólo cuando ellos se toman como reales. Ellos son sólo reales en este y para este plano, y durante el tiempo cuando la conciencia les toma aquí para su cognición. Por lo tanto son reales relativamente, y no en un sentido absoluto. Esto se puede fácilmente comprobar en los sueños. Cuando soñamos perdemos todo conocimiento de los objetos que durante la vigilia pensamos que eran reales, y prosigue a sufrir y gozar en ese nuevo estado. En esto, aquí encontramos el ser íntimo dirigiéndose a los objetos que toman parte, naturalmente, de la clase de las experiencias del estado de la vigilia, pero al mismo tiempo produciendo las sensaciones de placer y dolor mientras ellas duran. Si nos imaginamos el cuerpo de una persona sumido en un letargo de más de veinte años y la mente pasando un sueño agradable o desagradable, tendremos una vida exacta de esa clase, completamente distinta de la vida de uno despierto.
Para la conciencia de este soñador la realidad de los objetos que conoció durante el estado de la vigilia es destruído. Pero como la existencia material es un mal necesario y la única en cual sólo la emancipación o salvación puede ser lograda, es de suma importancia y de aquí que el Karma que la gobierna y por cuyo decreto puede obtenerse la emancipación, debe ser muy bien comprendida y después aceptarla y obedecerla.
Karma operará a producir un cuerpo deformado o defectuoso, a dar en un buen cuerpo una mala disposición o vice versa; causará enfermedades, daños o molestias, o la que da placeres y situaciones favorables para la forma material. Así es que a veces encontramos en un cuerpo deforme o desagradable una mente muy culta y noble. En este caso el Karma físico es malo y el mental bueno.
Esto nos lleva a la clase de Karma que opera en el plano mental. Al mismo tiempo que una causa Kármica desfavorable se manifiesta en la estructura corporal, otra de mejor clase obra en la mente y disposición o tiene acontecimiento dando una mente bien equilibrada, tranquila, alegre, profunda, y brillante. Aquí tenemos un Karma puramente físico comparado con uno enteramente mental. Lo puramente físico podría ser el resultado de remover del suelo una cáscara de fruta que podría hacer resbalar y lastimar a algún desconocido. Lo puramente mental es debido a una vida empleada en pensamientos serenos, filosóficos y algo así.
En uno de los libros Hindús hay una frase extraña referente a esta parte del asunto, que lee: “La perfección del cuerpo o poderes sobrehumanos son producidos por el nacimiento o por hierbas o por encantamientos, penitencias o meditaciones.”
Entre las aflicciones mentales consideradas como lo peor que cualquier daño corporal o pérdida, es ese Karma de vidas anteriores que resulta en obscuridad de tal manera que hay una pérdida de todo el poder de concebir la realidad del Espíritu o la existencia del alma – eso es materialismo.
El último campo de operaciones para esta ley puede decirse es la natuaraleza psíquica. De esto en América tenemos un gran número de ejemplos en médiums, clarividentes, clariaudientes, adivinadores del pensamiento, histéricos y toda clase de sensitivos anormales. No podría haber un clarividente según el esquema del Oriental si la persona así afligida, usando como yo creo el término apropiado, si no hubiese dedicado gran parte de sus vidas anteriores a un solo lado del desarrollo de su índole psíquica resultando ahora en poderes que hacen del poseedor un ser anormal en la sociedad.
Una extraña creencia de los Hindús es eso que permite la posibilidad de un cambio de estado por un mortal de tal carácter que el hombre que fue una vez, se hace un Deva o dios menor. Ellos dividen la naturaleza en varios departamentos, en cada uno de los cuales hay poderes o entidades conscientes, llamadas en general Devas. Y después de todo esto no se aleja tanto de las ideas de algunos de nuestros científicos que han dicho que no hay razón porque en cada rayo del espectro no pueda que hayan seres invisibles a nosotros. Hace muchos siglos el pensador Hindú admitió esto, y, yendo aún más lejos, declaran que un hombre puede por medio de cierta clase de Karma llegar a ser uno de estos seres, con correspondiente felicidad y libre de cuidados, pero con la seguridad sin embargo, de eventualmente volver a emprender de nuevo el cansador círculo de nacimientos otra vez.
Lo que podría llamarse nulificación del Karma en una aplicación en este departamento de la bien-conocida ley en física que causa un equilibrio cuando dos fuerzas iguales se oponen mutuamente. Un hombre puede tener en su cuenta Kármica una causa muy desagradable y al mismo tiempo una causa de carácter opuesto. Si ambas tratan de manifestarse al mismo tiempo sucederá que se neutralizarán mutuamente y resultará un estado de equilibrio equivalente a ambas. En este modo es fácil a interpretarse el versículo de la Biblia: “La caridad cubre una multitud de pecados,” el cual se refiere al efecto paliativo de los actos caritativos en oposición con acciones perversas, y dando una razón porque el caballero de la edad media dedicaba algunos años de su vida a dar limosnas.
En el Bhagavad-Gita, un libro que es venerado por todos en la India, el puesto más alto es dado a lo que se llama Karma-Yoga o la Religión del Cumplimiento de Obras y Deber, y allí se dice: “El que, desapegado de los frutos de sus acciones, cumple tales acciones como debe de hacer, es a la vez un devoto y un renunciador; no él quien no enciende el fuego del sacrificio ni cumple ninguna ceremonia. Aquél que permanece inerte, restringiendo los órganos de acción, considerando con su corazón en objetos sensuales, es llamado un beato falso de alma aturdida. Pero aquel que, refrenando sus sentidos por medio de su corazón y estando libre de interés en lo que hace, emprende con devoción activa con sus órganos de acción, es digno de alabanza.”
XVIII
Que la doctrina del Karma es injusta, indiferente, y fatalista ha sido alegado por aquellos que la combaten, pero tales conclusiones no están de acuerdo por la experiencia entre esas razas que creen en ella, ni las objecciones resistirán un examen detenido. Los Hindúes y los Buddhistas creen firmemente en el Karma, convencidos de que nadie sino que ellos mismos se premian o castigan en esta o en cualquier otra vida, sin embargo no los encontramos fríos ni indiferentes. Claro está, en las relaciones de la vida es bien sabido que el Hindú es tan cariñoso y compasivo como su hermano Americano, como también hay muchos casos de abnegación heróica en su historia como en la nuestra. Y algunos van más allá de esto y dicen que la creencia en el Karma y la Reencarnación han hecho al Hindú más manso en su tratamiento de hombres y de animales que lo que son los Europeos, y más espiritual en su vida diaria. Entrando más profundo en su historia, encontramos la creencia en Karma acompañada de obras materiales de gran magnitud, cuyas ruinas hasta hoy día desafían nuestro asombro, admiración, y respeto; esto es dudoso que podamos alguna vez mostrar tales triunfos sobre la naturaleza como se puede ver en cualquier momento en la roca-cortada en los templos del Indostán. Así es, que parece que esta doctrina nuestra no es probable en producir dañinos o enervantes efectos sobre las personas que la aceptan.
“Pero”, dice un impugnador, “esto es fatalismo. Si Karma es Karma, si es que yo voy a ser castigado de tal y en tal manera, entonces lo seré quiera o no, y por lo tanto yo debo, decir como el Turco, ‘Kismet’, y no haré nada.” Ahora, aunque la doctrina Mahometana de Kismet ha sido maltratada como fatalismo, pura y simple, ésta no fue sostenida así por el Profeta ni por sus más grandes discípulos, pues ellos enseñaron que era ley y no destino. Y tampoco es Karma sujeta a esta objección. En las mentes de aquellos que, habiendo entendido, cada hombre es visto como el modelador del destino para su próxima efímera personalidad terrenal, no puede haber fatalidad en ello, porque el decreto está en sus propias manos. El pone en movimiento las causas que inevitablemente tendrán ciertos resultados. Con la misma facilidad hubiera establecido causas diferentes y así obtener resultados distintos.
De que hay frialdad repelente y falta de ternura en una doctrina que dispensa justicia inflexible y nos obliga para siempre a perder nuestros amigos y parientes queridos, una vez que la muerte cierra la puerta, es la sensibilidad de algunos que hacen del sentimentalismo su regla de vida. Pero mientras nuestros sentimientos y deseos no son lo que guían las leyes de la naturaleza, no hay razón ni aún en la base del sentimentalismo para esta objección; esto es debido a un conocimiento parcial de la doctrina que, cuando completamente entendida, se encuentra estar llena de oportunidades para ejercer lo que es caro al corazón como cualquier otra teoría de la vida. La misma ley que nos lanza a la vida para sufrir o gozar, según es merecido, decreta que los amigos y parientes que se asemejan tienen que reencarnar juntos, hasta que por razón de diferenciación de carácter ellos no pueden bajo ninguna ley de atracción quedar en compañía. A no ser que y hasta que ellos vienen a ser diferentes es cuando se separan uno del otro. ¡Y quién desearía estar ligado eternamente al lado de parientes o conocidos incompatibles tan sólo por un acaso de nacimiento!
Para nuestra ayuda, también, esta ley trabaja bien e incesantemente. “Aquellos a quien tú ayudas te ayudarán en otras vidas,” es la declaración. En eras pasadas, quizás, hemos conocido a los que ya han escalado a más grandes alturas. En el mismo momento en la larga serie de encarnaciones nos acercamos al punto que ellos están persiguiendo su peregrinación, ellos al instante extienden asistencia, ya sea en los planos material o moral. Y no hay diferencia si es uno o el otro que sabe quién está asistiendo o quién está siendo asistido. La ley inflexible guía la corriente y ajusta el resultado. Así los miembros de toda la familia humana recíprocamente actúan unos a otros, obligados a ello por una ley que es bondadosa como inmensa, la cual transmuta el desprecio que sustentamos en el pasado en un presente honor y oportunidad para ayudar a nuestros semejantes.
No hay ningún favoritismo posible en la naturaleza; no hay hombre que posea un don o un previlegio que no merezca, ya sea como una recompensa o una compensación. Contemplando la presente vida que se extiende ante nuestra visión limitada, no podemos ver, quizás, ninguna causa porque debería de haber alguna recompensa a un hombre indigno, pero Karma nunca erra y seguramente compensara. Y no sólo premia, sino que a él solamente le corresponden esas compensaciones que nosotros tratamos de ajustar por medio de la venganza. Por eso dice la sagrada escritura de los Cristianos, “La venganza es mía; Yo recompensaré,” porque así con la certeza como uno hiere a otro así es la certeza del Karma castigando al transgresor – pero que el ofendido tenga cuidado de no desearle ningún mal al ofensor, pues de lo contrario Karma le castigará; también. De modo que de toda esta red de vidas y de este círculo que incesantemente gira, Karma nos da el escape y los medios de escapar, y por la Reencarnación nos proporciona el tiempo para escapar.
XIX
En el libro Egipcio El Libro de los Muertos, capítulo X, describe el lugar donde, después de la muerte, las almas desencarnadas permanecen en diferentes grados de perfeción. A unos se les representan cortando trigo de tres codos de altura, mientras otros son sólo permitidos a recogerlo – “él ha espigado el campo de Aanroo.” Así algunos gozan de la perfección de la felicidad espiritual, mientras otros sólo alcanzan los grados menores en ese lugar o estado donde el alma recibe la justicia divina.
Devachan es la región del premio; la jurisdicción de los efectos espirituales. La palabra espiritual aquí se refiere al desencarnamiento; sólo se debe de usar con relación a nuestra existencia material. Los Cristianos demuestran este hecho con el cortejo material de su cielo. En la Doctrina Secreta, H.P. Blavatsky dice: “La muerte misma es incapaz de librar al hombre de ello [Karma], puesto que la muerte es simplemente la puerta por la cual él pasa a otra vida en la tierra, después de un pequeño reposo en su umbral-Devachan.” Devachan, pues, es el umbral de la vida. En el sistema Hindú es etimológicamente el lugar de los dioses, el cielo de Indra. Indra es el regente del cielo, que concede a los que pueden alcanzar su reino dones prolognados de felicidad y dominio. El Bhagavad-Gita dice: “Después de gozar la felicidad por innumerables años en las regiones de Indra, él nace otra vez sobre la tierra.”
Para el propósito de este artículo, nosotros asumimos que el hombre entero, menos el cuerpo, va al Devachan. Sin embargo, esto no es así. La póstuma división de nuestra constitución septenaria dada por la Teosofía es exacta. Ella muestra la base de la vida, la muerte y la reencarnación. Ella presenta el ser compuesto, el hombre, en analogía con el otro ser compuesto, la naturaleza. Ambos son una unidad en la diversidad. El hombre, suspensivo en la naturaleza, como ella, divide y reúne. Esta división septenaria se tratará en un artículo futuro.
Devachan, siendo un estado de prolongada felicidad subjetiva después de la muerte del cuerpo, es claramente el cielo de los Cristianos, pero con una diferencia. Es un cielo hecho científicamente posible. El cielo mismo tiene que concordar con las leyes divinas proyectadas en la naturaleza. Así como el sueño es una liberación del cuerpo, durante cual soñamos, entonces así la muerte es una completa separación y liberación, después de la cual en Devachan soñamos hasta que, somos encarnados otra vez en un nuevo cuerpo en la tierra, venimos una vez más a lo que podríamos llamar existencia despierta. Aún el alma humana se cansaría de la serie interminable de renacimientos, si no fuera proveído un lugar o estado en el cual pudiera obtener un descanso; y en el cual las aspiraciones en gérmen, restringidas por la vida-terrenal, donde puedan tener su desarrollo completo. Ninguna energía puede ser aniquilada, mucho menos la energía psíquica; estas tienen que encontrar salida de algún modo. Esto se encuentra en el Devachan; esta realización es el descanso del alma. Sus más profundos deseos, sus más altas necesidades son allí satisfechas. Allí toda esperanza florece en lleno como una flor magnífica. Para prolongar este dichoso estado, los libros Hindúes dan varias encantaciones y proporcionan innumerables ceremonias de sacrificios, todas ellas teniendo por objeto y fin una larga estadía en el Devachan. El Cristiano hace exactamente lo mismo. El anhela por el cielo, él reza pidiendo ir allí, y ofrece a su Dios los ritos propiciatorios y las ofertas que le parecen mejor a él, la única diferencia es que no lo hace ni la mitad tan científicamente como el Hindú. El Hindú es también más claro en la concepción de ese cielo que el Cristiano tiene. El postula varios lugares o condiciones adaptadas a la energía y diferencias cualitativas entre las almas. El Kama-loka y otros estados son donde los deseos concretos, limitados por la vida en el cuerpo, tienen completa expresión, mientras que en Tribuvana los pensadores abstractos y benévolos absorben los goces del pensamiento elevado. El cielo ortodoxo no tiene tal estipulación. Y también ignora el hecho que una fija monotonía de existencia celestial agotaría el alma – sería estancamiento y no crecimiento. La vida Devachánica es desarrollo de aspiración, pasando a través de varias etapas de gestación, nacimiento, crecimiento acumulado, impulso descendente, y partida para otra condición, todo arraigado en júbilo. Nada hay en el mero hecho de morir para amoldar un alma de nuevo. Esta es una agrupación de energías psíquicas, y el cielo debe de tener algo en común con ellas, ¿o por qué había de gravitar hacia él? Las almas difieren como los hombres difieren. En Devachan cada cual recibe ese grado de felicidad que es capaz de asimilar; su propio desarrollo determina su recompensa. El Cristiano pone todos sus zarrapastrosos santos viejos tan alto como otras almas pías, hundiendo el genio al nivel de la masa mediocre, mientras el Hindú le da una variedad de ocupaciones y existencia adecuada al serio y al alegre, el alma de genios o poéticas. Nadie se sienta en asientos que no desea, ni canta salmos que nunca le gustaron, ni vive en una ciudad que le pueda aburrir si tuviera por siempre que caminar sus calles nacaradas. Las leyes de causa y efecto impide que el Devachan sea monótono. Los resultados son en proporción a los esfuerzos precedentes. El alma oscila entre el Devachan y la vida terrenal, encontrando en cada una las condiciones adecuadas para su contínuo desarollo, hasta que, a través del esfuerzo, alcanza una perfección en la cual cesa de ser el sujeto de las leyes de acción y reacción, llegando a ser entonces su co-operador consciente.
El Devachan es un sueño, pero sólo en el sentido en que la vida objetiva se le puede llamar así. Ambas condiciones duran hasta que el Karma es satisfecho en una dirección, y empieza a trabajar en la otra. El Ente devachánico no tiene idea de tiempo ni de espacio excepto la que el mismo se hace. El crea su propio mundo. El está con todos los que ha amado, no en compañía, sino en una que es para él real, íntima y dichosa. Cuando un hombre muere, el cerebro es el último que perece. La vida está aún ocupada allí después que se ha anunciado la muerte. El alma evoca todos los acontecimientos del pasado, se apodera de la suma total, la tendencia media sobresale, la esperanza dominante es visible. El aroma final forma la nota-clave de la existencia Devachánica. El hombre tibio no va ni al cielo ni al infierno. La naturaleza le arroja de su boca. Condiciones positivas, objetivas o subjetivas, son sólo alcanzadas por medio de impulsos positivos. La distribución Devachánica es gobernada por el motivo dominante del alma. El que odia puede, por reacción, llegar a ser el amante, pero el indiferente no tiene propulsión, ni crecimiento.
XX
Es completamente evidente al investigador imparcial que los sacerdotes Cristianos por alguna razón y otra asiduamente ignoran la compleja naturaleza del hombre, a pesar que su gran autoridad, San Pablo, claramente se refiere a ello. El habló de cuerpo, alma y espíritu, pero ellos sólo predican del cuerpo y alma; él declara que tenemos un cuerpo espiritual, ellos se quedan nebulosos al tratar del alma, del cuerpo y se adhieren a una resurrección del estuche físico. Vino a ser el deber de los Teósofos llamar la atención de la mente moderna otra vez hacia la división Oriental de la constitución del hombre, porque a través de eso sólo se puede obtener un entendimiento de su estado antes y después de la muerte. La división hecha por San Pablo es triple, y la Hindú es de carácter septenario. Lo de San Pablo sirve para los que requieren amplios bosquejos, pero no les interesa inquirir en los detalles. Sin embargo el espíritu, el alma y el cuerpo incluye todas las siete divisiones, esta última siendo un análisis más completo; y se sospecha por muchos eruditos pensadores que Pablo conocía el sistema completo pero calló por razones a él conocidas.
Un análisis del cuerpo revela algo más que mera estructura molecular, porque muestra una fuerza o vida o poder que lo mantiene junto y activo a través de su período natural. El Señor Sinnett, en su Buddhismo Esotérico, trata de dar a sus compatriotas algún conocimiento del sistema Oriental, ésto llamado Prana o Jiva; mientras tanto, otros le llaman sólo Prana, que parece ser más apropiado, porque el aspecto humano de la fuerza vital es dependiente en Prana, o el respiro.
El espíritu de San Pablo puede tomarse para nuestro objeto como el Atma Sánscrito. El espíritu es universal, indivisible, y común a todo. En otras palabras, no hay muchos espíritus, uno para cada hombre, sino únicamente un espíritu que brilla igual sobre todos los hombres, hallando tantas almas-hablando de un modo general – como hay seres en el mundo. En el hombre el espíritu tiene un instrumento más completo o un conjunto de herramientas con que trabajar. Esta identidad espiritual es la base de la filosofía; sobre esto toda la estructura descansa; al individualizar el espíritu, asignando a cada ser humano su propio espíritu, particular a él y separado del espíritu de cualquier otro hombre, es echar al suelo toda la filosofía Teosófica, que anularía su ética y derrota su objeto.
Entonces, empezando con Atma – espíritu – que lo contiene todo, siendo la base y sostén, encontramos que el Hindú ofrece la teoría de envolturas o cubiertas del alma u hombre interno. Estas envolturas son necesarias desde el momento que la evolución empieza y objetos visibles aparecen, para que el alma pueda alcanzar sus fines en conjunción con la naturaleza. En este modo, por un proceso que estaría fuera de lugar aquí, se llega a una clasificación por medios de la cual los fenómenos de la vida y de la conciencia puedan ser explicados.
Los seis vehículos (adoptando la nomenclatura del Sr. Sinett) usados por el espíritu y por medio de los cuales el Ego gana sus experiencias son:
El Cuerpo, como vehículo denso.
La Vitalidad, o Prana.
El Cuerpo Astral, o Linga Sarira.
El Alma Astral, o Kama Rupa.
El Alma Humana, o Manas.
El Alma Espiritual, o Buddhi.
El Linga Sarira se nacesita como un cuerpo más sutil que la forma corporal, porque ésta última es de hecho sólo materia estúpida, e inerte. Kama Rupa es el cuerpo, o colección, de deseos y pasiones; Manas propiamente se le puede llamar mente, y Buddhi es la intelección suprema más allá del cerebro o mente. Es eso que discierne.
A la muerte del cuerpo, Prana vuelve al depósito de fuerza; el cuerpo astral se disipa después de un largo período y a menudo regresa con Kama Rupa cuando le ayudan ciertas fuerzas en las sesiones de espiritistas, y allí se enmascara como si fuera el difunto, cual es una mentira contínua y un peligro permanente. El alma humana y el alma espiritual pasan al estado que llamamos antes Devachan o cielo, donde la estadía es prolongada o corta de acuerdo a las energías correspondientes a ese estado que generó durante su vida-terrestre. Cuando éstas empiezan a agotarse, el Ego es atraído gradualmente hacia la vida terrenal, donde por medio de la generación humana toma un nuevo cuerpo, como otro cuerpo astral, vitalidad, y alma animal.
Esta es la “rueda de renacimiento”, de la cual no puede escapar ningún hombre a menos que no se conforme a la verdadera moral y adquiera verdadero conocimiento y conciencia mientras vive en el cuerpo. Fue para detener esta incesante rueda girante que el Buddha proclamó su ley perfecta, y es la meta del verdadero Teósofo hacer revolver su grande y brillante “Rueda de la Ley” para la curación de las naciones.
XXI
En la alta estimación de los Hindús se encuentra la serpiente, ambos como un símbolo y como una criatura. Moviéndose en linea ondulosa, figura la vasta revolución del Sol a través del eterno espacio conduciendo la Tierra que gira rápidamente en su órbita menor; periódicamente mudando su piel, presenta una ilustración visible de la renovación de la vida o reencarnación enroscándose para herir, muestra la operación de la ley Karma-Némesis que, con una base en nuestras acciones, da un golpe infalible. Como un símbolo con la cola en la boca, forma un círculo, representa la eternidad, el círculo de necesidad, y el Tiempo todo-devorante. Para los Iniciados antiguos él le habló a ellos también de la luz astral que es diabólica y divina al mismo tiempo.
Es probable que en el vasto terreno del estudio Teosófico no haya nada que sea tan interesante como la luz astral. Entre los Hindús se conoce como Akasa, que también puede traducirse como éter. A través de un conocimiento de sus propiedades ellos dicen que todos los maravillosos fenómenos de los Yogis Orientales son cumplidos. También se asegura que la clarividencia, clariaudiencia, mediumnidad, y profecía como son conocidos al mundo Oriental sólo son posibles por su medio. Es el registro de nuestros actos y pensamientos, la gran galería de pinturas de la tierra, donde el profeta puede contemplar cualquier evento que halla sucedido, como también los venideros. Nadando en ella como en un mar hay seres de varias órdenes y también los restos astrales de mujeres y hombres fallecidos. Los Rosacruces y otros místicos Europeos llamaban a esos seres Silfidas, Salamandras, Gnomos, Ondinas y Elementales; el Hindú les llama Gandharbhas o músicos celestiales, Yakshas, Takshasas y otros más. Los “fantasmas” de los difuntos – que los Espiritistas equivocan con los individuos que ya no son más-flotan en esta sustancia Akásica, y por siglos ha sido conocido al Hindú místico como Bhuta, otro nombre del diablo, o Pisacha, el más horrible demonio-ninguno de ellos es más que el descartado cuerpo almático más cerca a la tierra, desprovisto de conciencia y poderoso sólo para el mal.
Pero el término “luz astral”, aunque no es nuevo, es de origen puramente Occidental. Porfirio habló de ella cuando refiriéndose al celestial o cuerpo-almático, que él dice es inmortal, luminoso, y “como una estrella”: Paracelso la llamó “luz sideral”; que más tarde se llegó a conocer como astral. Se dice que es lo mismo que el ánima mundi o alma del mundo. Los modernos científicos investigadores se le acercan cuando hablan del “éter luminifero” y de la “materia radiante”. El gran astrónomo Camilo Flammarion, que fue miembro de la Sociedad Teosófica durante su vida, habla de la luz astral en su novela Uranie y dice: “La Luz que emana de todos esos soles que pueblan la inmensidad, la luz reflejada a través del espacio por todos esos mundos iluminados por esos soles, fotografían a través del ilimitable cielo los siglos, los días, y los momentos a medida que pasan…De esto resulta que la historia de todos los mundos viajan a través del espacio sin dispersarse de todo, y que todos los acontecimientos del pasado están presentes y viven por siempre en el seno del infinito.”
Como todas las cosas ocultas y poco familiares, la luz astral es difícil de definir y especialmente del mismo hecho de ser llamada “luz”. No es la luz que nosotros conocemos, ni tampoco es la obscuridad. Quizás se le ha llamado luz porque cuando los clarividentes vieron por su medio, los objetos distantes parecieron estar iluminados. Pero así igualmente se oyen sonidos lejanos en ella, cuerpos pesados suspendidos por ella, olores llevados por miles de millas a través de ella, los pensamientos son leídos en ella, y todos los varios fenómenos de los mediums por lo medio de su acción, ha habido uso del término “luz” aunque inevitable es sin embargo erróneo.
Para que una definición sea correcta, debe incluir todas las funciones y los poderes de esta luz, pero como éstos no son completamente conocidos ni aún al místico, y enteramente es terra incógnita para los científicos, tenemos que estar contentos con un análisis parcial. Es una sustancia fácilmente imaginada como imponderable éter que, emanado de las estrellas, envuelve la tierra y penetra cada átomo del globo y cada molécula sobre él. Obedeciendo las leyes de atracción y repulsión, y oscila de una parte a otra, haciéndose una vez positiva y otra negativa. Esto le da una moción circular que es simbolizada por la serpiente. Es el gran agente final, es la fuerza motriz, en el sentido cósmico, que no sólo hace crecer las plantas sino que también mantiene el diástole y el sístole del corazón humano.
Esta luz es muy parecida a la acción de la sensitiva plancha fotográfica. Toma, como dice Flammarion, las imágenes de cada momento y las retiene en su posesión. Por esta razón los Egipcios la conocían como el Registrador; es el Angel Grabador de los Cristianos, y en un aspecto es Yama, el juez de los muertos en el panteón Hindú, y es por las imágenes que nosotros imprimimos en ella que somos juzgados por Karma.
Como una enorme pantalla o reflector la luz astral cuelga arriba de la tierra y se convierte en un poderoso hipnotizador universal de los seres humanos. Las imágenes de todos los actos buenos y malos cometidos por nuestros antepasados como por nosotros, están siempre presentes a nuestro ser interno, constantemente somos impresionados por ellas por medio de la sugestión y entonces hacemos asimismo. Sobre esto el gran sacerdote-místico Francés, Eliphas Levi, dice: “Amenudo nos asombramos cuando en la sociedad somos asaltados por pensamientos malignos y sugestiones que no hubiéramos imaginado posibles, y no sabemos que son debidas únicamente a la presencia de algún vecino malsano; este hecho es de gran importancia, ya que se relaciona a la manifestación de la conciencia-uno de los más teribles e incontestables secretos del arte mágico…Así es, las almas enfermas tienen un mal aliento, y vician la atmósfera moral, es decir que, ellos mezclan reflejos impuros en la luz astral que los satura, y así establecen corrientes nocivas.
También hay una función muy útil de esta luz. Como que preserva las imágenes de todos los eventos y cosas pasadas, y como no hay nada nuevo bajo el sol, las herramientas, las ideas, la filosofía, las artes y las ciencias de las civilizaciones desaparecidas hace mucho tiempo son continuamente proyectadas en imágenes sacadas del astral hacia el interior de los cerebros de los hombres vivos. Esto da una explicación no sólo a lo que a menudo ocurre, la “coincidencia” de dos o más inventores o científicos encuentran las mismas ideas o invenciones al mismo tiempo, aunque independientes uno del otro, sino también a otros eventos y hechos raros.
Algunos auto-modelados científicos han hablado sabiamente de la telepatía, y de otros fenómenos, pero no dan razón suficiente en la naturaleza para la transferencia del pensamiento o apariciones, o clarividencia o las cien y una variedades de ocurrencias de un carácter oculto que se nota de día en día entre gente de todas condiciones. Es bueno admitir que el pensamiento puede ser transferido directamente de un cerebro a otro sin palabra, pero ¿cómo puede la transferencia efectuarse sin un medio? Ese medio es la luz astral. En el momento que el pensamiento toma forma en el cerebro esto es fotografiado en esa luz, y de allí es sacado otra vez por cualquier otro cerebro lo suficiente sensitivo a recibir esto intacto.
Conociendo las extrañas propiedades del plano astral y el verdadero destino de las envolturas del alma que se habló en otro capítulo, los Adeptos Teosóficos de todos los tiempos no dieron crédito a las pretendidas reapariciones de los muertos. Eliphas Levi aprendió esto bien y dijo: “La luz astral combinándose con los fluídos etéreos forma el fantasma astral del que Paracelso habla. Este cuerpo astral siendo libre en la muerte, atrae hacia sí y preserva por mucho tiempo, por la simpatía de semejanza, la reflexión de la vida pasada; si una voluntad poderosa y simpática lo guía en la debida corriente éste se manifiesta en la forma de una aparición.” Pero con una persona sensitiva y anormalmente constituída presente – un medium, en otras palabras, y todos los de esa clase son nerviosamente desequilibrados – la fuerza de voluntad no es necesaria, porque la luz astral y el cuerpo astral viviente del médium vuelven a llamar a estos fantasmas sin alma, y fuera del mismo depósito sacan sus palabras, sus tonos, sus idiosincrasias de carácter, que los ilusos devotos de su degradante práctica son engañados en imaginarse como el regreso de un amigo muerto o pariente.
Sin embargo todo lo que yo me he referido aquí son sólo instancias de algunas de las varias propiedades de la luz astral. En lo que concierne a nuestro mundo puede decirse que la luz astral se halla en todas partes, interpenetrando todas las cosas; tiene un poder fotográfico por la cual se apodera de las imágenes de los pensamientos, actos, eventos, tonos, sonidos, colores, y todas las cosas; reflexiva en el sentido que se refleja ella misma en las mentes de los hombres; repulsiva de su lado positivo y atractiva del lado negativo; es capaz de asumir una densidad extrema cuando se contrae alrededor del cuerpo por una voluntad poderosa o por abnormales estados corporales, de tal modo que ninguna fuerza física puede penetrarla. Esta faz de su acción explica ciertos hechos oficialmente archivados durante las famosas brujerías de Sálem. Y fue allí que se vió piedras y otros objetos precipitarse hacia el poseído, ellos siempre caían como si fuera por una fuerza de gravedad justo a los pies de la persona. El Yogi Hindú da evidencia del uso de esta condensación de la luz astral cuando él permite que las flechas y otros proyectiles sean disparados a él, y todos éstos caen a sus pies no importa cuan grande su velocidad, y los archivos de los fenómenos genuinos Espiritualistas en los Estados Unidos proporcionan experiencias similares.
La luz astral es un agente poderoso, no-reconocido por la ciencia, en el fenómeno del hipnotismo. Sus acciones explicarían muchos de los problemas sacados por Binet, Charcot y otros, y especialmente esa clase en que dos o más personalidades distintas parecen ser apropiadas por el sujeto, quién puede recordar sólo en cada uno esas cosas y peculiaridades de expresión que pertenecen a ese contrato particular de sus experiencias. Estas cosas raras se deben a las corrientes en la luz astral. En cada corriente se encontrará una serie de reflejos definidos, y son absorbidos por el hombre interno, que los informa a través de la palabra y acción en éste plano como si fueran propios de él. También, por el uso de estas corrientes, pero inconscientemente, los clarividentes y clariaudientes parecen leer en las páginas ocultas de la vida.
Por lo tanto esta luz puede estar impresa con imágenes nocivas o buenas, y éstas son reflejadas en la mente subconsciente de todo ser humano. Si llenamos la luz astral con imágenes nocivas, justo y tal como el presente siglo es perito creándolo, ésto será nuestro diablo y destructor, pero si por ejemplo siquiera de algunos buenos hombres y mujeres una nueva y más pura clase de eventos son pintados sobre el lienzo eterno, que llegaría a ser nuestra Elevación Divina.
Blavatsky, la rebelde
por Mario Roso de Luna
Siempre me ha parecido que el teósofo que no es librepensador y rebelde, como lo fue siempre la Maestra H.P. Blavatsky, sólo es teósofo a medias, cuando no un hipócrita más de los que a través de la Historia han ido dando al traste o volviendo exactamente del revés las divinas enseñanzas de los grandes Iniciados: Melchisedec, Rama, Krishna, Hermes, Orfeo, Buddha, Apolonio, jesús, Mahoma y tantos otros.
Creo por ello que la mejor manera de celebrar la fiesta del LOTO BLANCO tras una lectura del Bhagavad-Gita, que es también lucha y rebeldía, es recordar cómo la Maestra vivió siempre en eterna rebeldía contra las religiones oficiales pasadas o futuras y contra la ciencia infatuada y positivista, de ese segundo clero más peligroso que ninguno, puesto que con su cultura ha desencadenado la horrible catástrofe que llora el planeta y ha suscitado con sus falsos perfeccionamientos la más antihumana guerra que en el mundo ha habido. (1)
Y como no pretendo que se me crea bajo mi palabra, haré este artículo con sólo textos de la Maestra, empezando por las primeras palabras de su Isis sin Velo, que «Ante el Velo» dicen:
«Según se nos dice, hace 19 siglos que la divina luz del cristianismo disipó las tinieblas del paganismo y dos siglos y medio que la resplandeciente lámpara de la ciencia moderna empezó a brillar entre la oscura ignorancia de los tiempos. Se afirma que en estas épocas respectivas se ha realizado el verdadero progreso moral e intelectual de la raza. Que los antiguos filósofos eran lo bastante sabios para su tiempo; pero eran poco instruídos, comparados con nuestros modernos hombres de ciencia. La moral del paganismo era suficiente para las necesidades de la inculta antigüedad, pero ya no lo fué desde que la luminosa “Estrella de Belén” mostró el camino para la perfección moral, y allanó el de la salvación. En la antigüedad el embrutecimiento era regla; la virtud y el espiritualismo, excepción. Ahora, el más empedernido puede conocer la voluntad de Dios en su palabra revelada; todos los hombres desean ser buenos y mejoran constantemente.»
«Tal es la proposición: ¿qué nos dicen los hechos? Por una parte, un clero materializado, dogmático y con demasiada frecuencia corrompido; un ejército de sectas y tres grandes religiones en guerra; discordia en lugar de unión; dogmas, sin pruebas; predicadores efectistas; sed de placeres y de riquezas en feligreses solapados e hipócritas, por las exigencias de la respetabilidad. Esta es la regla del día: la sinceridad y la verdadera piedad, la excepción. Por otra parte, hipótesis científicas edificadas sobre arena; desacuerdo completo en todas las cuestiones; rencorosas querellas y envidias; impulso general hacia el materialismo; lucha a muerte entre la ciencia y la teología por la infalibilidad.
Un conflicto de épocas… Entre estos dos titanes en lucha, ciencia y teología, hay una muchedumbre extraviada que pierde rápidamente la fé en la inmortalidad del hombre y en la Divinidad, y que aceleradamente desciende al nivel de la existencia animal.
¡Tal es el cuadro de la actualidad, iluminado por la meridiana luz de esta Era cristiana y científica!» (2)
Por esto en el prefacio de Isis sin Velo, decía la Maestra, aterrada por la enormidad de la empresa de rebeldía que echaba sobre sus hombros: «Acaban ya los tiempos en que el dogma dominaba al hombre… no será extraño que los sectarios arremetan contra nosotros. Los cristianos verán que ponemos en teja de juicio la pureza de su fe. Los científicos advertirán que medimos sus presunciones con el mismo rasero que las de la Iglesia romana, y que en ciertos asuntos preferimos a los sabios y filósofos del mundo antiguo. Los sabios postizos nos atacarán furiosamente desde juego. Los clericales y librepensadores verán que no admitimos sus conclusiones, sino que queremos el completo reconocimiento de la Verdad.
También tendremos enfrente a los literatos y autoridades que ocultan sus creencias íntimas por respeto a vulgares preocupaciones. Los mercenarios y parásitos de la prensa, que prostituyen su poderosa eficacia y deshonran tan noble profesión. . . pero nosotros dirigimos la vista al porvenir…Trabajamos para el alboreante porvenir.»
» Y al considerar la acerba oposición que ha de darnos en rostro, creemos que el mejor mote para nuestro escudo al entrar en el palenque, es la frase del gladiador romano; ¡Ave César; morituri te salutant!» Cuales deben de ser las creencias del teósofo, cuyo único dogma debe ser el de «la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de sexo, raza, credo, casta y color», están de mano maestra expresadas en estas palabras de La Doctrina Secreta (tomo III, páginas 97 y 137, de la edición española, a la que siempre nos referiremos):
«El teósofo no cree en milagros divinos ni diabólicos… Para él no hay santos ni brujos ni profetas ni augures sino tan sólo Adeptos u hombres capaces de realizar hechos de carácter fenoménico, a quienes juzga por sus palabras y acciones… El estudiante de ocultismo no ha de profesar determinada religión, si bien tiene el deber de respetar toda opinión y creencia para llegar a ser Adepto de la Buena Ley. No debe supeditarse a los prejuicios y opiniones de nadie y ha de formar sus propias convicciones de conformidad con las reglas de evidencia que le proporcione la ciencia a que se dedica…sin atender a encomios de fanáticos soñadores ni a dogmatismos teológicos… Jesús predicó una doctrina secreta y «secreta» en aquel tiempo, significaba: «Misterios de Iniciación» que han sido repudiados o alterados por la Iglesia.»
La eterna rebeldía de Blavatsky en demanda de la Suprema Meta espiritual está expresada en estas palabras, de dicho libro:
«Hay una Ley Eterna en la Naturaleza, que tiende siempre a ajustar los opuestos ya producir una armonía final. Merced a esta Ley de desarrollo espiritual, que se sobrepondrá a la física y a la puramente espiritual, la humanidad se verá libre de sus falsos dioses y se encontrará finalmente redimida por sí misma».
No otra cosa dijo Beethoven, el incomprendido teósofo (3), cuando al llevarle cierta partitura en la que el autor había puesto: «fin, con ayuda de Dios», tachó esta frase el maestro, substituyéndola con esta otra, que parece escrita para todos: «¡oh, hombre, ayúdate a ti mismo!» donoso complemento al Nosce te ipsum de Delfos. No otra cosa dijo Wagner en todas sus maravillosas obras de rebeldía, desde la de Tanhauser, el discípulo de Venus, cuya vara florece a pesar de la maldición papal, hasta la divina rebeldía de Sigfrido en el Anillo del Nibelungo, como tampoco dijo otra cosa Esquilo en su sublime trilogía de Prometeo.
El origen de las religiones y de los sacerdocios está resumido en estos otros conceptos:
«Se nos dice que en un principio no hubo Misterios Iniciáticos. El conocimiento (Vidya) era propiedad común y predominó universalmente durante la Edad de Oro o Satya-yuga. Como dice el comentario: «Los hombres aún no habían producido el mal en aquellos días de felicidad y de pureza, porque su naturaleza más bien era divina que humana». Pero, al multiplicarse rápidamente el género humano, se multiplicaron también las idiosincrasias de cuerpo y de mente y el espíritu encarnado maniféstose en debilidad.
En las mentes menos cultivadas y sanas arraigaron exageraciones naturalistas y sus consiguientes supersticiones. De los deseos y pasiones hasta entonces desconocidos nació el egoísmo, por lo que a menudo abusaron los hombres de su poder y sabiduría, hasta que, por último, fué preciso limitar el número de los conocedores. Así empezó la Iniciación.”
“Cada país se impuso un especial sistema religioso acomodado a su capacidad intelectual ya sus necesidades espirituales; pero como los sabios prescindían del culto a simples formas, restringieron a muy pocos el verdadero conocimiento. La necesidad de encubrir la verdad para resguardarla de posibles profanaciones, se dejó sentir más y más en cada generación; y así el velo, tenue al principio, fué haciéndose cada vez más denso a medida que cobraba mayores bríos el egoísmo personal, hasta que, por fin, se convirtió en Misterio.
Estableciéronse los Misterios en todos los pueblos y países, y se procuró al mismo tiempo evitar toda contienda y error, permitiendo que en las mentes de las masas profanas arraigasen creencias religiosas exotéricas inofensivas, adaptadas en un principio a las inteligencias vulgares, como rosado cuento de niños, sin temor de que la fe popular perjudicase a las filosóficas y abstrusas verdades enseñadas en los santuarios iniciáticos; porque no deben caer bajo el dominio del vulgo las observaciones lógicas y científicas de los fenómenos naturales que conducen al hombre al conocimiento de las eternas verdades que le consienten acercarse al dintel de la observación libre de prejuicios y ver con los ojos espirituales antes que con los del cuerpo…
Con el rodar de los tiempos, en la quinta raza, la aria, algunos sacerdotes poco escrupulosos se prevalieron de las sencillas creencias de las gentes y acabaron por elevar dichas Potestades a la categoría de Dioses, aislándolos completamente de la única y universal Causa de causas… En aquellos días primitivos no constituían los brahmanes o sacerdotes una casta aparte, sino que cualquier hombre podía ser brahmán por méritos propios y en virtud de la iniciación. Sin embargo, poco a poco fue prevaleciendo el despotismo, y la dignidad de brahmán pasó de padres a hijos como herencia.
Los derechos de sangre (nepotismo) suplantaron al verdadero mérito, y de esta manera se instituyó la poderosa casta de los brahmanes… Voltaire caracterizó en pocas palabras los beneficios de los Misterios, al decir que «entre el caos de las supersticiones populares existía una institución que siempre evitó la caída del hombre en absoluta brutalidad: la de los Misterios”.
»Verdaderamente, como Ragón dice de la Masónería: Su templo tiene por duración el tiempo eterno y por espacio el universo entero… -Dividamos para dominar, (habían dicho aquellos astutos perversos),- ¡Unámonos para resistir! (dijeron los primeros masones)”. Pero estas últimas frases, más que los masones mismos, las pronunciaron los primeros Iniciados, a quienes los masones consideraron siempre como sus primitivos y directos maestros… «Los Hijos de la Voluntad y del Yoga» se unieron para resistir las terribles y siempre crecientes iniquidades de los magos negros de la raza atlante, y esto determinó la fundación de escuelas todavía más esotéricas, de templos de instrucción y de Misterios impenetrables hasta después de haber sufrido tremendas pruebas.
Dice Ragón, al tratar de la Iniciación masónica: Estaban en lo cierto los sacerdotes egipcios al decir: “Todo para el pueblo, nada por el pueblo». En un país ignorante, la verdad ha de revelarse únicamente entre personas fieles. . . En nuestros días vemos seguir el falso y peligroso sistema de «todo por el pueblo, y nada para el pueblo».
El verdadero apotegma político ha de ser: «Todo para el pueblo y con el pueblo». Mas, a fin de realizar esta reforma, las masas han de pasar por una transformación dual:
1) Divorciarse de todo elemento supersticioso y de falsa piedad;
2) Educarse hasta el punto de evitar el peligro de ser esclavos, de ningún hombre ni idea.» (La Doctrina Secreta, tomo III, páginas 224 y siguientes).
No en vano era una iniciada la principesca fundadora de nuestra Sociedad Teosófica, tanto que las palabras transcritas de -«¡Unámonos para resistir!»- puestas por ella en labios de los primeros Magos Blancos Iniciados, fueron sus también últimas palabras al dejar la grosera envoltura de su cuerpo físico, en el día que conmemoramos, del año 1891: “¡Manteneos siempre unidos, para que esta mi última encarnación no resulte estéril para el mundo!»- dijo a sus discípulos – palabras de pavorosa responsabilidad para todo teósofo que, derivando hacia mojigaterías, nuevas o viejas religiones, regímenes autocráticos, falsos prejuicios, excomuniones más o menos embozadas bajo la hipócrita máscara de tachar a los demás de personalistas, y demás abusos de índole idéntica a los por las religiones cometidos, trate de romper esa unidad indispensable entre los teósofos, y de apartarse de los verdaderos rebeldes, o sea de los predilectos hijos de Blavatsky; de los rebeldes welsungos o lobeznos, hijos predilectos también del divino Wotam en El Anillo del Nibelungo…
Porque nosotros, los teósofos ocultistas, no podemos comulgar ya en religión positiva alguna, debiendo sí respetar la religión de los demás, pero no respetarla ya en nosotros mismos bajo capa positiva alguna, de hinduismo, shintoísmo, budismo o cristianismo, etc., pues nuestro único dogma es el de la Fraternidad y nuestro único Maestro Supremo, es nuestro Divino Ego, cuya voz es la Conciencia emancipada y libre, ya que Blavatsky ha dicho (4):
«Si se prescinde de las enseñanzas secretas, queda la religión reducida a un fraude. Sin embargo, las masas necesitan de un freno moral, porque el hombre está siempre ansioso del más allá y no puede vivir sin un ideal cualquiera que le sirva de faro y de consuelo. Al mismo tiempo, ningún hombre vulgar, aun en esta época de cultura general, puede satisfacerse con verdades demasiado metafísicas y sutiles de difícil comprensión, de lo que proviene el peligro de suplantar con el absurdo y cerrado ateísmo la fe en Dios y en sus santos. Ningún verdadero filántropo, y por consiguiente, ningún ocultista, supondrá ni por un momento que la humanidad pueda subsistir sin religión, y aun en nuestros días, las religiones de Europa, limitadas a la santificación de los domingos, vale más carecer de ellas.
Pero si, como dijo Bunyan, «la religión es la mejor armadura del hombre», no es menos cierto que es «la peor capa», y contra esta capa de hipocresía luchan ocultistas y teósofos. Si no apartamos esta capa tejida por la fantasía humana y arrojada sobre la Divinidad por la artera mano de sacerdotes ávidos de dominación y poderío, no le bastará al hombre el verdadero ideal de la Divinidad, el único Dios viviente en la naturaleza. La primera hora de este siglo anuncia el destronamiento del Dios de cada país y la proclamación de la Única y Universal Divinidad: el Dios de la inmutable Ley, no el de la piedad; el Dios de la justicia distributiva, no el de la misericordia, que es sencillamente un incentivo para cometer el mal y reincidir en él. Cuando el primer sacerdote inventó la primera oración de súplica egoísta, se perpetró el más nefando crimen de lesa humanidad…» (Doctrina Secreta, t. III, pág. 48).
Además, si para el teósofo, como para el Maha Rajá de Benarés «no hay religión superior a la verdad» (satyat nasti paro dharma) es nuestra obligación primera cantar un himno a Satán, a manera de aquellos grandes rebeldes que se llamaron Leopardi y Carducci, pues que en la Doctrina Secreta se nos dice:
«El sistema cristiano no es el único que ha degradado estos dioses en demonios, (los Suras o Dioses en Asuras o No-Dioses). El zoroastrismo y aun el brahmanismo se han aprovechado de ello para imponerse a la mente del pueblo. Hasta en el exotericismo caldeo los seres que rehusan crear son también denunciados como Espíritus de Tinieblas. Los Suras que obtienen su independencia intelectual, los supuestos ángeles rebeldes, luchan con los Suras que carecen de ella y que parece como si pasaran sus vidas en inútiles cultos basados en la fe ciega… La razón del por qué rehusaron estos «Dioses» crear hombres no es, como declaran los textos exotéricos, por su orgullo, sino por los motivos expresados… Los supuestos «Rebeldes» eran sencillamente aquellos que, obligados por la ley kármica a beber hasta la última gota de hiel, tuvieron que encarnar de nuevo-la caída- convirtiendo así en entidades pensantes responsables a los hombres…» (Doctrina Secreta, t. II, pág. 85 y 86).
Luego, hablando de estos «Rebeldes», Kabires, Fuegos Sagrados o Satanes, dice: «Las diversas ramas de la raza aria, la asiática y la europea, la india y la griega, hicieron lo posible por ocultar la verdadera naturaleza, ya que no la importancia, de dichos «Rebeldes» o Kumaras, cuatro de los cuales son los alter egos de Sanat, Sananda, Sanaka y Sanatina «o séase de los divinos Satanes tan envilecidos por las pecadoras religiones exotéricas.» (lb. 97).
Hablando después de los Edenes religiosos, dice: «Los cristianos sostienen que el Jardín del Edén es el santo Paraíso profanado por el pecado de Adán y Eva. El ocultista, al negar la interpretación de la letra muerta, demuestra todo lo contrario.(lb. p. 186).
“La Biblia, desde el Génesis al Apocalipsis, no es sino una serie de anales históricos de la gran lucha entre la Magia Blanca y la Negra; entre los Adeptos del Sendero de la Derecha o Profetas y los de la Izquierda o Levitas) el clero de las masas brutales.
(lb. 195).
«En el exotericismo religioso indo, los Asuras son también denunciados como enemigos de los dioses, que se oponen al culto ya los sacrificios de los Devas. En la Teología cristiana se mencionan como «Espíritus caídos», diversos héroes paganos. La «serpiente tortuosa» de los primitivos judíos tuvo siempre un significado completamente distinto, astronómico en un sentido, antes de que la Iglesia romana lo desnaturalizase» (lb. p.211)… El Logos es Sabiduría y también Lucifer o Satán… el rayo de luz y de razón; que caía del cielo como un rayo. (Lucas, X, 18)
En los corazones y mentes de los convertidos a la antigua Religión de la Sabiduría, presentada entonces bajo una nueva forma por el sabio Adepto galileo, fué desfigurada hasta el punto de no ser reconocible, como lo fué también su propia personalidad, arreglada para amoldarla al más cruel y pernicioso de los dogmas teológicos. . . y cuando Jesús observa en el pasaje citado que «ha visto a Satán caer del cielo como un rayo», es una simple declaración de sus poderes clarividentes y una referencia a la encarnación del Rayo Divino-Ángeles o Satanes-que cayeron en la generación. (lb. 212 y 213, nota)… «El verdadero punto de vista exotérico acerca de «Satán» y la opinión que sobre este asunto tenía toda la filosofía antígua, hállase admirablemente presentada en un apéndice titulado: «El Secreto de Satán», de la segunda edición del Perfect Way de la Dra. A. Kinsford (p. 214).
En él se dice: «En el séptimo día (o creación) prodújose de la presencia de Dios un ángel poderoso lleno de ardimiento y Dios le dió el dominio de la esfera extrema. La Eternidad produjo el Tiempo; el Ilimitado dió nacimiento al Límite; el Ser descendió a la generaci6n. Entre los Dioses no hay ninguno que se asemeje a aquel en cuyas manos están depositados el reino) el poder y la gloria de los mundos…
Pues, como dice Hermes, Satán es el guardián de la puerta del Templo del Rey y en el Pórtico de Salomón guarda las Llaves del Santuario para que no penetre en él profano alguno y sí sólo los ungidos que poseen el arcano de Hermes… Temedle y no pequéis:
pronunciad su nombre temblando…, pues Satán es el magistrado de la Justicia de Dios (Karma). Él tiene en sus manos la balanza y la espada, pues a él le están encomendados el Número, el Peso y la Medida… Satán es, en suma, el ministro de Dios, el Señor de las siete mansiones del Hades y el Ángel de los mundos manifestados.» (lb. 214 y 215). «Satán es el Dios de nuestro planeta y el Dios único yesto sin ninguna sombra ni metáfora de perversidad, pues es uno con el Logos…
Por lo tanto, cuando la Iglesia maldice a Satán, maldice el reflejo cósmico de Dios; anatematiza a Dios manifestado en la Materia o en lo objetivo; maldice a la Sabiduría por siempre incomprensible, revelada como Luz y Sombra, Bien y Mal en la Naturaleza, en la única forma comprensible a la limitada inteligencia del Hombre. (Id. 216). «Todos los cabalistas y simbologistas han demostrado suma repugnancia a confesar el significado primitivo de la Caída de los ángeles… Desde que la Iglesia en su lucha con el maniqueismo inventó al Demonio, colocando un velo teológico entre los hombres y Lucifer, la Divina Estrella, o sea el «Hijo de la Mañana», creó la más gigantesca de todas sus paradojas; una Luz negra y tenebrosa…» (lb. 219).
No continuaremos con las citas, porque habría que copiar todos sus libros, desde el primero hasta el último, como otros tantos cantos de una rebeldía como la de Satán, la de Prometeo, la de Fausto, la de Sigfrido y la de tantos y tantos personajes ora reales, ora simbólicos, desde que el mundo es mundo. El que quiera saber más acerca de la eterna rebeldía de la heroína que en Mentana luchó contra el poder papal al lado de Garibaldi y doquiera contra las más varias formas de ignorancia, ambición e hipocresía de los hombres, que pase la vista por la preciosa obra de Sinnett Incidentes de la vida de Blavatsky o por tas inmortales páginas del Old Diary leaves (5), de su queridísimo compañero H. S. Olcott, en que el bizarro caballero pone de relieve las características heróicas de aquella mártir de la Verdad tradicional, que pasó incomprendida para muchos de sus contemporáneos y que nunca será bastante estudiada y seguida por los que nos preciamos de teósofos o de ocultistas.
Tomado de “El Loto Blanco” de Mayo 1917. Fuente: Upasika.
Notas:
(1) Se refiere a la Primera Guerra Mundial.
(2) ¿Qué habría dicho la Maestra ante la horrible consecuencia bélica de este conflicto?Lo que nosotros, sus discípulos decimos; es a saber: «que una religión que no ha sabido evitar esta catástrofe, y una ciencia que la ha hecho más sangrienta y cruel con sus inventos, están juzgadas por sí mismas».
(3) Ver Roso da Luna, Mario “Wagner, mitólogo y ocultista”.
(4) Por esto Blavatsky se mantuvo siempre alejada de todas las religiones positivas, pues como se desprende de todas sus obras y especialmente de la de Por las grutas y selvas del lndostán (mal tenida hasta aquí por una mera obra de literatura y de viaje), su única creencia fue la de la primitiva Religión Sabiduría o de la Edad de Oro, que fue anterior a nuestros tiempos históricos; Religión Única de la que son pobres facetas todas las conocidas.
Por esto, sin duda, llevó a mal que Olcott marchase a su viaje a Ceilán (2da serie de la Histoire authentique de la Société Théosophique) y no obstante acompañarla luego y felicitarle por su obra… buddhista, buena sin disputa como buddhista, y mala en el sentido de que la Teosofía no es el Buddhismo de Gautama el Buddha (Véase Doctrina Secreta, t. I, introducción). Por esto no llevaría a bien tampoco, si viviese, que llamándonos teósofos y ocultistas, mostrásemos preferencias ningunas ora por el induismo, ora por el mazdeismo, ora por el cristianismo, etc.

































































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